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Sevilla

Sevilla (10)

Tenia que desplazarme a Sevilla por trabajo, dudaba entre el
avión o el coche cuando un amigo me recomendó ir en tren, coche cama "y te
levantas por la mañana y estas en el destino", tiene razón probaremos a ver que
pasa.

Reserve el billete con tiempo pero cuando fui a coger el tren
por una huelga de Iberia estaba a tope y la señorita del mostrador me dijo que
si quería viajar ese día tendría que ser compartiendo un camarote, no me quedo
mas remedio que aceptar pues había quedado en Sevilla con un cliente a 1º hora
del día siguiente, eso o conducir toda la noche.

Me dirigí al compartimiento y estaba vacío, me puse cómodo y
al rato llego un muchacho joven de unos 18 años.

Buenas me llamo Gerard parece que tenemos que compartir esto.

Pues si eso parece.

Me respondió con un claro acento francés. Le invite a escoger
cama y el enseguida me ofreció la de abajo, estuvimos hablando de varias cosas
entre ellas de la huelga y de las consecuencias, me comento que iba a Sevilla a
participar en un decatlón.

Bueno es tarde, si te parece uso yo el baño y después tú.

OK

Salí del baño con una toalla enroscada y sin nada más.

Disculpa pero no tengo pijama esperaba dormir solo.

No pasa nada yo tampoco tengo se duerme mas cómodo.

Empezó a desnudarse delante de mí, tenía un cuerpo atlético
aunque no muy musculado, apenas tenia pelo, al salir del baño lo hizo
completamente desnudo luciendo un instrumento que aunque flácido dejaba claro su
tamaño, uff pensé yo vaya pene. En ese momento me acorde del móvil.

Uy el móvil voy apagarlo que me quedo sin batería.

Me levanté desnudo y el sin cortarse un pelo se me quedo
mirando.

Vas medio rasurado ¡

Bueno si un poco sobre todo por debajo, es más cómodo.

Curiosamente aquel chico que apenas tenía pelo ni siquiera
barba en la zona pubica lucia un importante y espeso matojo.

A mi me gustaría pero no me atrevo.

Porque?

Porque no se por donde empezar y además de miedo que después
no pare de crecer.

Nada hombre no te preocupes el pelo de esta zona solo crece
unos cms. y para, no es como la barba. Y la 1º vez te lo tendría que hacer
alguien.

A si? Entonces probaría.

Bueno yo tengo ahí dentro una maquina de arreglar lar barba
si quieres que te ayude?

Hombre me da un poco de corte.

Pues nada por mí que no sea.

Bueno si de verdad que no te importa?

Claro que no aunque lo mejor es afeitar la parte de abajo.

Si? Bueno tú mandas.

Le hice estirarse en la cama y con sumo cuidado empecé con la
maquinita a cortar el vello naturalmente para pasar la maquina tenia que tocar y
apartar su pene, este cada vez que lo tocaba iba adquiriendo mas tamaño, mas
tarde pase a rasurar los testículos de un tamaño normal y haciendo que se
abriese de piernas deje completamente al descubierto su ano que con espuma de
afeitar empecé como hiciera con los testículos a rasurarlo, como se me quedaba
seca la cuchilla la mojaba de vez en cuando con saliva, yo estaba inmerso en mi
trabajo con aquel agujero delante mío que cada vez mas limpio de pelo dejaba ver
su forma, mientras hablábamos de mil cosas y yo le explicaba lo que iba
haciendo.

Te hago daño?

No para nada al contrario.

levanté la vista y la polla de aquel chico estaba completarte
erecta, volví al agujero y esta vez para mojarlo use mi lengua el chaval se
estremeció y soltó un pequeño grito seguí afeitando hasta que su agujero quedo
completamente limpio, al acabar sin mas clave mi lengua en su ano y un suspiro
salio de su boca, empuje y coloque sus rodillas a la altura de su cara y
mientras me comía aquel culito el imponente cipote de aquel muchacho tieso como
un palo apuntaba a su propia cara y el con la punta de su lengua llegaba a rozar
su glande, yo al verlo me puse a cien y sin mas clave mi polla en aquel joven
agujero y empecé a bombear dentro y fuera poco rato pues yo dentro de su culo y
él sobre su propia cara empezamos sendas corridas, de su ano salían borbotones
de semen y sobre su lengua caía una colosal corrida que casi no le daba tiempo a
tragar.

La saque me tendí a su lado cuando abrí los ojos vi la polla
Philip tiesa como si nada, él se acerco a la mía empezó a lamer bajando por mis
testículos hasta mi ano lo mojo bien durante bastante rato y jugaba con sus
dedos preparando el terreno para su pene que además bastante lago era muy
grueso, poco a poco la fue metiendo hasta que al fin note sus huevos pegados a
los míos el resto de la noche paso así su polla dentro de mi culo solo salía
para cambiar de posición no se las veces que se corrió, por lo menos tres yo
también varias pero el no paraba de entrar y salir de mi hasta que al final la
saco y dijo:

no puedo mas no me que nada mas

esto es lo ultimo

y diciendo esto empezó a mearse encima mío mi excitación fue
tal que yo también empecé a orinar y el mientras dirigía su chorro hacia mi se
agacho para lamer mi polla mientras esta meaba.

 

Resumen del relato:
    Un simple viaje de trabajo en tren se convirtió en la mejor sesion de sexo que habia tenido últimamente.

El aparcamiento

El aparcamiento (13)

Aquella tarde volvía de viaje, y como siempre, media hora
después de comer me entró ese sopor de la siesta. Busqué el sitio adecuado y lo
encontré en un amplio aparcamiento de un hotel restaurante típico de las
autovías, con gasolinera, tienda, bar, restaurante, etc.

Aparqué mi coche en un segundo aparcamiento, cubierto de
chapas que eliminaban el sol, y un poco alejado del ruido de los coches y
camiones. Sólo había un vehículo. Lo aparqué incluso lejos de él pensando que si
arrancaba podría despertarme del sueño en el que sin duda iba a caer.

Eché el asiento para atrás, dejé caer el respaldo, y con mis
gafas de sol y un poco de música suave comencé a entrar en el soporífero trance
de la siesta. Siempre llevo un cojín para recostar la cabeza. Me gusta cuando lo
hago. Me dejo caer en el vacío, sin pensamientos, y a veces no sé si me muero o
me duermo.

En ello estaba cuando un coche aparcó unos metros más allá
del mío, quizá a un solo espacio más. Lo oí y me dio igual, lo cierto es que
entreabrí los ojos ocultos tras las gafas de sol y no sentí a nadie salir. Seguí
en lo mío.

No sé cuanto tiempo pasó. El sueño no tiene tiempo, pero
cuando abrí los ojos, pude observar en la ventanilla del coche que había llegado
lo que en principio me pareció un culo. Los sueños, pensé se me han vuelto hoy
eróticos. Pero en una mirada más atenta, y despegando el oído de la nada, sí que
lo vi. Era un culo desnudo de mujer, con una mano que lo rodeaba entre
acariciándolo y sobándolo. Los dedos entraban y salían por los dos agujeros que
quedaban a mi vista sin ningún pudor. Unos pequeños gritos se dejaban colar por
las ventanas.

Pensé "El culo y la mano no pertenecen a la misma persona".
El trasero era claramente femenino, y la mano violenta era de hombre. Aquellos
dedos largos y fuertes seguían arremetiendo contra los agujeros, mientras el
trasero se movía lujurioso contra la ventanilla y chocaba con la raja del
cristal entreabierto.

Me acomodé mejor. Me excite y comencé a tocarme suavemente
por encima del pantalón.

No sé si me distraje con los tocamientos o fue cuestión de un
guiño, pero enseguida vi a una chica hacer fuertes movimientos sobre la otra
persona que estaba sentada en el asiento del conductor. Subía y bajaba al tiempo
que sus pechos se movía al compás de su cuerpo, pero en sentido inverso, cuando
ella subía sus pechos bajaban, cuando ella bajaba, sus pechos subían.

Mi excitación ya no necesitaba imaginar nada. Esa chica
cabalgaba sobre su macho. La cara del chico no la veía, los brazos de ella y su
movimiento continuo lo impedían. De pronto miró hacia mi coche. Quedé inmóvil,
creyendo que la oscuridad de mis gafas no me delatarían. Pensará, me dije, que
estoy dormido.

Sus ojos desencajados no me quitaban la mirada. Yo tampoco lo
hacía, pero en la intimidad de mi tumbona improvisada me tocaba más deprisa. Sus
ojos subieron al cielo y dejaron de mirarme, su respiración se agitó, y varios
susurros (o pequeños gritos) llegaron hasta mí. El orgasmo fue largo. Se
retorció varias veces y dejó caer sus hermosos senos sobre la cara de su
compañero.

Seguí inmóvil. Salió del coche con los pechos de fuera y la
falda (muy mini) remangada hasta las caderas. Se acercó a mi coche y mi corazón
empezó a latir deprisa. "No me lo puedo creer, viene hacia mí". Mientras se
arreglaba la ropa agachó la cabeza hasta mi ventanilla y cuando pudo verme
tumbado en el coche me dijo:



- "bonito espectáculo, eh?"

- No me corté, porque nunca lo hago: "No ha estado mal
– le dije- tienes un culo y unos pechos preciosos".

- "ya veo que te han gustado" dijo mirando mi empalme
con descaro.



La verdad es que me sentí incómodo, porque era impresentable
mi estado de excitación. Salí como puede del coche y observé como le corría
semen por las piernas.



- Tendrás que limpiarte – le dije.

- Voy al bar ¿vienes? Te invito a un café.

- De acuerdo. Voy. ¿Y el chico? – Pregunté.

- Se está arreglando, ahora vendrá – dijo ella.



Y nos dirigimos al bar. Descaradamente la miré por delante y
por detrás. Era rubita, joven, quizá 22 o 24 años. Rellenita, no gorda. Pechos
tirando a grandes y unas bonitas piernas que se lucían casi en su totalidad por
debajo de la falda.

Ya en el bar me contó que había conocido al chico en una
fiesta la noche anterior y que entre la bebida y la juerga no se habían
desprendido de la pandilla hasta esa hora y que habían decidido echar un polvo.
En ello llegó el chico que traía una cara entre bobalicona y asustada. Los ojos
en el infinito. Y casi no se le entendió cuando dijo con una sonrisa imbécil:
"hola". Ya no dijo más.

Bebimos un café y una coca cola (el chico no sé que bebió),
invité yo y ya me disponía a marcharme cuando me dijo:



- ¿Quieres que te acabe lo que habías empezado?

- ¿Qué tenía yo empezado? – pregunté socarrón. Vámonos
que tengo que seguir viaje –seguí.

- Espera me lavo y voy. ¿o quieres ayudarme a lavarme?
–dijo mientras se tocaba con descaro.

Te espero –le dije.



Yo miraba alrededor por si alguien escuchaba. La chica
conseguía ponerme nervioso, y excitado, porque otra indecente erección me
asomaba. Ella miró riéndose y tocándome con disimulo con su pantorrilla se alejó
a los lavabos.

Ya en el aparcamiento se situó de espaldas a la puerta
trasera de su coche y cuando fui a despedirme con un amistoso beso, me agarró
con fuerza de la solapa y me hundió la lengua en mi boca que casi me quedo sin
respiración. Como no podía más, cuando sentí sus pechos en los míos, solté las
manos hacia su trasero, que ya conocía de lejos, y me la arrimé para que
sintiera esa erección que tanto le había llamado la atención. Cuando quise darme
cuenta había abierto la puerta sin dejar la posición y me tumbó sobre ella en el
asiento trasero del coche.

Casi con violencia le saqué aquellos cántaros de su refugio y
los besé y succioné con pasión. Ya casi no me acordaba que estaba en un
aparcamiento público y con las piernas por fuera de un coche encima de una
chica.

Como pude la introduje en el coche y mientras me desabrochaba
el pantalón, ella se había remangado la falda, asomando su sexo que era lo que
llevaba puesto. Mi aparato, aunque pequeñín es muy juguetón y comenzó a
acariciar sus pezones que sentía duros como rocas. Ella masajeaba sus tetas
contra todo lo que sobresalía de mi cuerpo, entallaba de vez en cuando mi
miembro erecto y lo masturbaba. Se nos había olvidado el chico, que sentado en
el volante se rascaba con fuerza viendo lo sucedía detrás.

Mi miembro entraba y salida de sus tetas a su boca con una
facilidad pasmosa. A veces no sabía dónde lo tenía. Mis manos acariciaban su
clítoris con una experiencia que se notaba en su rostro. Mis dedos jugaban,
entraban, acariciaban, salían, haciéndose el juego cada vez más violento. Mi
vara desparecía como si nada en su boca y mi palma de la mano abarcaba todo su
sexo, que manaba ya flujo a borbotones. Creo que se corrió, porque sentí sus
dientes apretarme el miembro, pero seguía como en una batalla que no quería dar
por perdida.

Yo arrodillado, ella arrodillada, frente a frente, no besamos
y tocamos por todo nuestro cuerpo. Sentí que el chico había sacado toda su
artillería por el ruido que producía al masturbarse con tanta fuerza. Lo miré y
me alcanzó un preservativo. Se lo agradecí con un gesto.

Pensé, mientras me lo ponía, que iba a estallar cuando, de
pronto, con una habilidad sorprendente, me sentó y se puso a cabalgar sobre mí.
Aquello era la gloria. Sus tetas sobre mi cara me daban alegres y repetidos
bofetones. Yo intentaba coger sus pezones con la boca y cuando lo conseguía ella
se retorcía más desencajando la cara.

El chico con una mano en su miembro deslizó la otra por la
fina piel de su antigua amante. Ella lo sintió, y con la misma habilidad se dio
la vuelta sobre mí para cabalgarme de nuevo, pero ahora dejándome que abarcara
su tetas con mis manos. Pronto tuvo la vara del chico en la boca. En una
incómoda posición consiguió meterla entre los asientos delanteros hasta llegar a
ella.

Yo no podía más seguía dándole empujones hacia arriba
mientras manoseaba sus pechos y pellizcaba los pezones. Avisé y me corrí
mientras ella giraba su culo sobre mí, y con una mano terminaba con las fuerzas
de su compañero y con la otra se acariciaba el clítoris con una fuerza que
llegaban hasta mis testículos con sus uñas y con una violencia que llegaba a
gritar de placer. No veía su cara, pero su cuerpo se retorcía cada vez más,
dándome un placer inusual. Los orgasmos, no fueron a la vez, pero casi. Primero
fui yo. Luego el chico que derramó su semen sobre sus tetas y mis manos. Ella lo
dejó creo que deliberadamente para el final. Estaba siendo penetrada por mí,
tenía la vara del chico en la otra mano, y sus jugos, abundantes, por cierto, le
servían de suavizante para su otra mano mientras se acariciaba. Casi se desmaya.
Sus movimientos fueron tan bruscos que se me salió de su cuerpo, entre mi
satisfacción ya pasada, su entusiasmo y la tremenda humedad que desprendía su
sexo. Pero la recogió, la volvió a meter y dándole círculos a su cuerpo
consiguió prolongar lo que parecía para todos que no tenía fin.

Quedamos extasiados, casi sin respirar, jadeando con
dificultad.

- Ha estado bien – dijo ella.

Yo miré al chico que seguía con la cara de tonto angelical y
no dije nada.

Nos vestimos como pudimos, salimos del coche y nos fumamos un
cigarro en silencio.

Les dije que tenía que marcharme, le di la mano al chico y
cuando iba a darle un beso a ella, le advertí con un gesto. Lo entendió. Me rozó
largamente los labios con los suyos y se marcharon.

Cuando ya se iban les llamé pero creo que no me oyeron.

Olvidé preguntarles sus nombres.

Es mi primer relato. Dime si te gustó en
POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Nunca pensé que lo que iba a ser un placentera siesta en mi coche se convirtiera en un fabuloso polvo.

Sólo para mujeres

Sólo para mujeres (27)

Había publicado un relato erótico en una de esas páginas web
que tanto abundan en la que contaba detalladamente como forzaba una joven muy
tímida y que estaba como un tren y como ella acababa disfrutando como una loca
del primer polvo de su vida. No era nada del otro mundo, una historia como
muchas otras que hay en la red, producto de nuestra fantasia aunque
patéticamente intentemos convencer a las personas que la leen de que lo contado
había sucedido en realidad.

El caso es que dos días después recibí un correo de una chica
que decía que le había encantado mi relato, me dio su nick y me dijo que solía
estar a ciertas horas en alguna de las salas de yahoo, y que si quería que la
buscara. Ese mismo día hablé en privado con ella.

Me contó que tenía 17 años y era hija única, que su familia
era muy estricta y no la dejaban tener novio y que tenía bastante de miedo
acerca del sexo por su desconocimiento. La única manera que tenía de enterarse
de cuestiones sobre ese tema era a traves de sus compañeras del colegio de
monjas que sabían tan poco como ella y a través de internet que hacía poco le
habían instalado en casa. Desde ese momento se había aficionado a los relatos
eróticos.

Se la notaba muy tímida, me dijo que si se había atrevido a
hablar conmigo era por el medio de comunicación que empleábamos y que le
proporcionaba bastante seguridad. Yo trataba de no asustarla, pues no quería
perder la oportunidad que se me presentaba.

-Yo misma no lo entiendo, y no sé si es normal, ¡pero me
resultó tan excitante tu relato…! Me pusé en el papel de la protagonista y mi
cuerpo reaccionó de una manera que me sorprendió.

-Es normal, a todas las mujeres les gusta que las posean de
esa manera, les gusta sentirse muy deseadas.

-Me excitó mucho los insultos que la lanzabas y como ella al
final acababa pidiendo más y más y suplicando que la dejaras ser tu puta.

-Bueno…

Me corté antes de soltar la burrada que pensaba decirla.

-El placer sentido debe ser increible para hacer que una
chica se comporte así, uff!!

-Sí, pero es algo que no se puede explicar, hay que
experimentarlo.

Trataba de ver si se animaba a dar el gran paso, pero no
quería ser muy directo.

-Lo supongo… ¿y qué fue de la chica? -preguntó tratando de
cambiar de tema.

-Pues durante el resto de la vacaciones hicimos el amor cada
día, y ella cada vez me pedía que probáramos cosas nuevas y más atrevidad. Le
gustaba que fuera muy rudo con ella….

-A mí también me gustaría… :$

-¡¿Eh?! -exclamé sorprendido.

-Perdona sigue contándome -dijo arrepintiéndose de sus
palabras.

-El caso es que acabó el verano y cada uno nos fuimos a
nuestra ciudad. Al principio nos llamábamos todos los días, pero pronto me dijo
que había encontrado a otro chico y que aunque lo sentía mucho pasaba de mí
porque tenía unas necesidades que yo ya no podía satisfacer.

-¡Qué puta! ¡Después de lo que hiciste por ella!

Caramba, pensé, parece que la niña se está empezando a
soltar.

-Bueno, ella se lo pierde. Además creo que no tardaré en
encontrar a alguien mucho mejor ;)

-¡De veras! ¡Has conocido a alguien! -exclamó algo
decepcionada.

-Sí, a alguien muy especial -dije tratando de picarla.

-Es tarde, tengo que marcharme, adios -dijo de pronto.

Vaya idiota, la has cagado, tenías que haberle dicho que te
referías a ella.

Al día siguiente volví a verla, enseguida me disulpé.

-Mónica, quería decirte que cuando ayer hablé de una chica
especial, me refería a ti.

-….lo sé, si me fui tan rápido es porque sentí miedo y…

-¿Y?

-Un deseo muy grande de acariciarme…

-Es natural, no te preocupes.

-…..

Esperé con paciencia a que ella se animase a continuar.

-Pensaba en ti, llamándome zorra y que ibas a enseñarme lo
que era un hombre de verdad. Yo te suplicaba que lo hicieras.

-¿Te gustaría que lo hiciera?

Me refería a lo de llamarle puta por el privado.

-Si, tengo miedo y vergí¼enza, pero también deseos de sentir
esos placeres tan grandes.

-Bueno, a mi me gustaría enseñarte todo lo que quisieras y
tratarte como a una puta -dije. Había decidido que hoy sería más atrevido en mis
comentarios.

-¡¿De verdad?!

-¡Pues claro! -exclamé encantado de su candor.

No podía creerlo iba a hacer realidad mi sueño.

-No sé….

-Sé que lo estás deseando… ¿A que estás toda húmeda? -me
arriesgué a preguntar.

-¡Oh, sí! ¿Cómo lo has sabido?

-Pues porque conozco a las mujeres y esa es la prueba de que
deseas hacerlo con todas tus fuerzas.

Estaba asombrado de lo fácil que estaba resultando todo,
estaba a punto de picar el anzuelo.

-¿Entonces… lo que siento es normal?

-Por supuesto, a todas las hembras aunque digan lo contrario,
se chiflan por sentir dentro de ellas una buena polla. Os encantan que os
dominen y abusen de vosotras, así os sentís realizadas como mujeres. Cuanto peor
os tratamos más disfrutáis.

-Uf!! estoy completamente húmeda de pensar que puedo provocar
tales deseos.

-Pues cuando quieras yo te haré sentir muy mujer, ya verás.

-No sé….

-Comprendo que tengas miedo, pero no me negarás que lo que
sientes es muy excitante, aunque, si eres una cría mejor lo dejamos para cuando
crezcas.

Me lo acababa de jugar todo a una carta….

-¡No!, ¡no!, te lo ruego, no te vayas… pero… una cosa….

…Y parecía que me había salido bien.

-Dime.

-En el relato decías que eras alto, rubio y que te parecías a
Beckham…

Así que era eso, la chica quería imaginar que era deseada por
su ídolo.

-Quizá exageré un poco -tuve que decepcionarla, de nada me
servía mentir ahora si muy pronto descubriría la realidad -de todos modos te
envío una foto escaneada para que me conozcas.

-Soy el del bañador rojo, los otros son amigos míos.

-¡Vaya! ¡Estás buenísimo!

Esas palabras me sorprendieron un poco, tampoco era para
tanto, así que empecé a sospechar.

-¿Y tú? ¿No me mandas una foto?

Quizá la chica era un pequeño monstruo deseosa de tener su
primera experiencia y por eso estaba dispuesta a acostarse con cualquiera.

-Es que no tengo escaner, pero no te preocupes, espero que
nos veamos pronto.

-¿Sí? ¿Cuando? -Estaba ansioso por follármela, aunque si
resultaba ser un callo, la mandaría a la mierda.

Tras un tira y afloja de varios días conseguí convencerla de
que nos viéramos prometiéndole que si ella no quería, no pasaría nada. Era una
promesa que por supuesto no estaba dispuesto a cumplir, a la mínima oportunidad
abusaría de ella. Quedamos en que yo viajaría a su ciudad y me dijo el lugar y
la hora donde debía esperarla.

-Si no resultas ser el de la foto, no esperes que me presente
-me advirtió.

Ese sábado nos encontramos, era una chica guapísima y a pesar
del discreto traje que llevaba, se notaba que estaba buenísima. Intenté darle un
beso, pero ella me rehuyó con timidez.

-Aquí no, que hay mucha gente. Acompáñame, vamos a un piso
que tiene mi padre aquí al lado. Estoy deseando empezar de una vez, espero que
te resulte una experiencia que no olvides jamás -dijo con una enigmática
sonrisa.

-Tú si que no la vas a olvidar, ya verás -no pensaba
desaprovechar la ocasión que se me ofrecía, la chica se merecía lo que le pasara
por incauta y por liarse con un desconocido.

Sacó las llaves del piso de su pequeño bolso, abrió y pasó
dentro, yo la seguí y al ir a cerrar la puerta, recibí un puñetazo en pleno
rostro que me tumbó.

-Como grites te arranco la lengua -dijo un tío que al menos
debía medir dos metros de alto y otros dos de ancho.

Al momento salieron de una habitación otro matón acompañado
de un chico joven y otro viejo, gordo y feo que parecia el hermano gemelo de
Rappel y que al ver como me llevaba la mano a la mandíbula exclamó:

-¡Bruto!¡No le pegues en en la cara que me lo vas a
desfigurar!

Me arrastraron al salón que a pesar del calor tenía las
ventanas cerradas y la persianas echadas.

-¿Qué queréis de mí? -pregunté suplicante a Mónica.

La mirada y los labios apretados de ésta mostraban ahora un
gesto de odio y desprecio.

-No te preocupes cielo, sólo queremos hacerte pasar un buen
rato como hiciste tú con la chica de tu relato. Ahora desnúdate, pero hazlo
bailando, como si fueras un striper.

-Pero.., si lo del relato era una invención -intenté
protestar.

-¡HAZLO! ¡No me hagas repetírtelo!

Uno de los matones se acercó a mí amenazante.

-Está bien, está bien.

Comenzé a desnudarme, me sentía totalmente ridículo…,
humillado… y las burlas hirientes que recibía de unos y los piropos de otros
no me ayudaban en nada. Estaba a punto de llorar.

-¡Guapo! Baila sólo para mí -dijo la mariquita vieja.

Tenía los ojos cerrados, pero podía sentir sus manos sudadas
recorriendo mi cuerpo.

-Verás que bien lo vamos a pasar -me prometía entre risas de
locuela.

Cuando quedé completamente desnudo el primer matón me
retorció el brazo y me llevó a uno de los dormitorios.

-Ahora os lo traigo -dijo con una voz carente de emoción.

Una vez dentro del cuarto me dio un puñetazo en el estómago a
traición que me hizo caer de rodillas sin aire en los pulmones.

-Te vas aportar muy bien, vas a hacer todo lo que te pidan.
Al principio podrás protestar y lloriquear, pero al final tendrás que
convencernos de que disfrutas muchísimo ¿entendido?

-No podéis hacerme nada, sé la dirección de este piso y..

.

Otro puñetazo, mucho más fuerte que el anterior, volvió a
impactar en mi estómago.

-¿Me estás llamando estúpido? ¿Es eso? ¿Crees que no soy
capaz de alquilar un piso sin dejar ni rastro? Los tíos como tú me dan asco,
sois una mierda sin nada en la cabeza, jugáis a imaginaros que la única función
de las mujeres es la de estar a vuestro servicio, os divierte leer relatos en lo
que las mujeres son humilladas y tratadas como objetos. No sois capaces de daros
cuenta de lo despreciable de vuestro comportamiento. Pero hoy vas a descubrir lo
que se siente estando en el otro lado, verás que no es nada divertido, que
cuando las mujeres dicen no, no significa que en el fondo estén deseando que sí.
Te darás cuenta de que al final no se acaba disfrutando de una violación como
pasaba en tu relato y en otros muchos. Si por mí fuera, te aplastaría como la
cucaracha que eres, así que no me des ni un motivo más que me incite a hacerlo.

Me agarró del cuello con una mano para demostrarme lo fácil
que le resultaría cumplir su amenaza. Y mirándome a los ojos para que me diera
cuenta de que había hablado totalmente en serio me dijo:

-Ahora regresemos al salón y procura actuar bien.

Las dos mariquitas estaban ya desnudas y al verme se lanzaron
sobre mí. La vieja empezó a morrearme mientras la otra me abrazaba por detrás y
no paraba de meterme mano y de decirme obscenidades al oído. Era aqueroso sentir
esa lengua no deseada en mi boca… Yo me resistía, pero sin mucha fuerza y no
porque me estuviera gustando lo que pasaba, sino por la amenaza silenciosa de
los matones. Al rato, el viejo se sento en un sillón y me dijo que se la
chupara, yo protesté pero no me sirvió de nada.

-Ya verás como te gusta, los tios como tú soñáis con tener
una polla en la boca ¿Verdad? -preguntó uno de los matones.

-¿VERDAD? -insistió.

-Si -contesté en voz baja.

-¡Huy! que timido es, eso me encanta -dijo la maricuela
vieja.

Me vi obligado a hacerle una mamada y a tragarme su asqueroso
semen, mientras el otro marica no dejaba de lamerme por detrás. Cuando intentó
metérmela me resistí con todas mis fuerzas y no pudo hacer nada. Yo suplicaba
una y otra vez que eso no, que me iba a doler mucho, que había aprendido la
lección y que me dejaran marchar. Ellos insistian, "que sí, ya verás como te
gusta… a la chica de tu relato al principio también le dolió pero luego
disfrutó como una puta ¿verdad? Pues verás como tú también acabas sintiendote
muy puta". Un matón me metió los calzoncillos en la boca y me la tapo con una
tira ancha de espadadrapo, no querían que mis gritos llamaran la atención de los
vecinos. A continuación me forzaron con un duro consolador de goma. No podía
gritar pero las lágrimas de dolor corrieron por mi rostro, sentí que me habían
desgarrado por dentro. Notaba un tremendo ardor que me quemaba y ni asomo de
placer. Con el ano dilatado el joven pudo por fin penetrarme cabalgándome con
fuerza.

-¿A que te gusta mucho? ¿A que es una gozada que te rompan el
culo? Eres una puta maricona, ¿a que te sientes muy puta? Seguro que si no
tuvieras la boca tapada gritarías que eres la más puta de todas y me suplicarías
que te diera más fuerte -dijo corriéndose por fin.

La vieja marica se dedicaba a chupármela, y aunque le costó
muchísimo al final logró que mi sexo reaccionara. Entoces aplaudiendo empezó a
dar grititos de alegría.

-¡Lo conseguí! ¡Lo conseguí! ¡Ahora me merezco un premio!
-dijo recostando su gordo cuerpo contra el sillón ofreciéndome su asqueroso
culo.

Un matón me arrancó el espadadrapo y me susurró que por mi
bien era mejor que ahora demostrara lo mucho que estaba disfrutando. Mientras
culeaba al viejo, empece a gritar lo mucho que gustaba soltando expresiones que
sonaban de lo más ridículas y absurdas.

-¿Te encanta ser mi machito verdad?

-¡Si, vieja loca, me encanta darte por culo! ¡Me haces la
persona más feliz del mundo, es una delicia!. Te voy a matar de gusto para que
me lleves contigo.

Cuando acabé el segundo matón me arrastró y con un rápido
movimiento ató mis muñecas a la pata de una gran estantería. Me quedé tumbado en
el suelo, boca arriba totalmente indefenso.

-Vosotros dos vestiros y largaros, ¡rápido!

-Cielito, espero que no me olvides nunca -se despidió la
vieja mariquita.

Tras unos segundos de angustiosa incertidumbre Mónica habló.

-Eres patético, y un cobarde…

Se acercó a mí y sacó una navaja automática, el chasquido que
hizo al aparecer la reluciente y afilada hoja me hizo sentir un escalofrío de
terror.

-¿Sabes? A mi me violaron cinco chicos y te aseguro que no me
gustó nada,,,, al final no acaba una disfrutando como habrás podido comprobar
hoy…

Yo sollozaba sabiendo lo que me iba a ocurrir, pero era
incapaz de decir nada; los dos matones estaban agachados junto a mí y hubieran
silenciado cualquier grito de auxilio. El filo de la navaja comenzó a subir por
mi pierna.

-Me destrozaron física y mentalmente… por eso me revienta
leer esos relatos en los que gentuza como tú se pavonean de "sus hazañas" sean
verdad o mentira…

-A lo mejor piensas que disfruto haciendo esto -continuo tras
una breve pausa- pero no, sólo siento amargura y asco porque los tipos como tú
sois tan estúpidos que estoy segura de que no tardáis en olvidar olvidar la
lección recibida. Por eso no me queda más remedio que dejaros un recuerdo
permanente….

El frio acero recorría ahora mi ingle y una mano tapó mi boca
con fuerza. Cerré los ojos y mi cuerpo instintivamente se puso rígido.

-…debería caparos a todos, pero no tengo el valor
suficiente para hacerlo, todavía me queda un resto de humanidad.

Cortó las cuerdas que me ligaban y se marcharon. Yo me quedé
quieto durante no se cuanto tiempo, pensando en lo que me había pasado,
sintiendo dolor en todo mi cuerpo… y en mi mente. Por primera vez en mi vida
fui consciente de la basura humana que era.

 

Resumen del relato:
    Lo que me sucedió tras publicar un relato erótico con una joven de 17 años no tan ingenua como me pareció en un principio.

El Debut de mi mujer (06: Embarazada)

El Debut de mi mujer (06: Embarazada) (16)

El Debut de mi esposa 6

(El embarazo)

Los meses pasaron y la pancita de Sandy comenzó a crecer.
Dentro se estaba gestando lo que fue el fruto de una maratón sexual, o mas bien
el fruto de una calentura irrefrenable.

Ella creía a ver disfrutado de todos los placeres sexuales y
pensó que eso calmaría su sed y así por fin podría dedicarse a ser un ama de
casa común y corriente. Pero no podía estar mas lejos de la realidad, puesto que
el estado de preñez la hizo sentirse aún mas caliente, ella no podía creer lo
que le sucedía parecía una pesadilla, ya habían pasado 5 meses de la maratón
sexual y trato por mil maneras de contener su apetito sexual, pero yo no podía
con ella , ya que lo hacíamos diariamente y terminaba muy agotado. Ella pasaba
todo el día masturbándose frente al espejo o cuando se duchaba hasta mirándola
TV , todo momento era propicio para auto saciar su sed, pero claro eso la
calmaba tan solo por unas horas.

Decidió ir al ginecólogo y decirle lo que le pasaba, este
solo le dijo que la mujer en ese periodo tenia mas necesidades sexuales, era una
cosa totalmente natural, claro en ella que era una mujer de un apetito sexual
mayor al común de las mujeres se potenciaba aun mas. Sin poder encontrar ninguna
solución departe del ginecólogo, ella opto por lo mas practico, y termino
tirandoselo, eso fue la primer piedra de todo lo que iba a suceder.

Para ella fue una solución practica pero tan solo lo visitaba
una o dos veces por semana, puesto que el era un hombre casado y de pensamientos
ambiguos, no encontraban ningún otro lugar mejor que su propio consultorio,
siempre sucedía lo mismo ella se acostaba en la camilla tan solo vestida con un
camisón descartarle que el le facilitaba para estar mas cómoda y revisarla
tranquila, luego ella apoyaba las piernas en unos soportes especiales que le
dejaban toda la vagina expuesta a su querido doctor este la revisaba bien, con
un especulo y después con sus propias manos hasta el ultimo rincón de su sexo,
comenzaba a hacerle pequeñas caricias que en mi esposa desencadenaba una
reacción atroz, sus jugos vaginales brotaban a borbotones de su cavidad y sus
gemidos eran irremediablemente una alarma final para evidenciar que ella estaba
dispuesta a cualquier cosa. El terminaba por besarle esa vajina tan grande y
caliente, grande de tanto usarla, el propio medico se asombraba por la fácil
dilatación que tenia, el la besaba eufóricamente como queriendo meter su cabeza
dentro de ella, cosa que con un poco de practica no dudo que lo hubiera logrado.
Luego de jugar con su puño en la rapada vagina, sacaba su instrumento personal
que era de un buen tamaño y la penetraba haciéndole la broma que le estaba
tomando la temperatura vaginal. Cada movimiento eran muy bien disfrutado por
ambos, por lo que Sandy sabia el era muy fetichitista y su fantasia era cojerse
a embarazadas atractivas como ella, cosa que se reprimía por su profecionalismo
y timidez , pero con mi esposa no había ningún problema ella es muy directa y a
esa altura no se iba a privar de tener sexo con el primero que la deseara, mas
por el estado en que estaba. El medico se inclinaba para succionar los grandes
pezones que cada día crecían mas y mas junto a los pechos de ella, que ya en
poco tiempo estaban dispuestos a producir leche.

El orgasmo de Sandy era inmediatamente seguido por el del
medico, este dejaba caer toda su esperma en la dulce pancita de mi mujercita,
fregándola toda con su mano como si fuese una crema para la piel.

Sandy soltaba un deseado suspiro de satisfacción y placer,
como descargando de su interior todo el estrés que le producía la necesidad de
sexo. Luego se vestía rápido y fríamente. No se marchaba sin antes arreglar su
próxima cita.

Salia del consultorio con una hermosa sonrisa y los pacientes
que estaban esperando su turno la miraba de reojo como sabiendo lo que sucedía
en ese lugar.

Pero Sandy necesitaba aún mas sexo y yo tenia que hacer
viajes de negocio al extranjero eran cortos pero muchos, esto a ella la dejo
enfurecida y no soporto la idea de quedarse sola en el estado en que estaba ,
además el embarazo la hacia sentirse fea, su autoestima había bajado mucho, no
se sentía muy atractiva y no podía usar ropa provocativa, sentía que no podía
conquistar a nadie. Yo le insistía que ahora ella tenia un atractivo mas
salvaje, los hombres al verla en ese estado fantaseaban mucho, puesto que se
imaginaban como quedo embarazada. Le comente en traer una pareja de amigos para
tener sexo , pero ella no quiso, dijo que lo iba a solucionar sola, que
igualmente me mantendría al tanto de todo.

El mismo día que salí de viaje, decidió arreglarse un poco
mejor y como estábamos en verano se puso un short de jean que le quedaba
sueltito y una remera corta que dejaba a la vista de todo el mundo su linda
pancita de ya de 6 meses. Solo salía para hacer las compras diarias y pasaba por
una obra en construcción que estaba solo a una cuadra de su casa. En ese lugar
se estaba construyendo ya hace un tiempo lo que parecía ser una real mansión de
tres plantas. Los obreros al verla pasar no dudaban en decirle un montón de
guarangadas que solo a ellos se les podía ocurrir, pero increíblemente esto a
Sandy pareció gustarle mucho, así que al otro día fue dispuesta a todo y a
mostrar a pleno su belleza materna.

Al medio día cuando los obreros paraban a descansar ella
pasaba moviéndose sutilmente provocativa, los muchachos al verla comenzaron a
piropearla insistentemente, ella fingió apurar el paso, tropezarse y caer. Los
obreros salieron a su ayuda inmediatamente, a los 10 minutos ella ya estaba
adentro hablando con ellos, diciendo que se sentía sola y poco atractiva. Sin
dudarlo y cayendo en la telaraña los muchachos comenzaron a alabarla y a decirle
cosas bonitas, dentro de su vocabulario vulgar.

Ellos eran muy poco atractivos aparte estaban realmente
sucios y transpirados, pero esto parecía provocar aún mas a Sandy. Uno de ellos
el mas vulgar comenzó a decirle cosas obscenas a mi dulce esposa, pero ella lo
apuro y le dijo que seguro el no se atrevería a hacerle nada a ella, que seguro
era muy poco hombre, que talvez ni se le paraba. Esto enfureció al tipo y
comenzó a sacarse el cinto en señal de que se bajaría los pantalones, Sandy
insistía y lo seguía insultando para ponerlo aún mas bravo. Mientras todos
observaban la situación boquiabiertos.

El hombre saco su miembro dentro de su slip sucio y mugriento
, comenzó a sacudirlo y a decirle a mi esposa – Veni a ver si sos tan mujer y te
comes esta – Sandy con una sonrisa de oreja a oreja se acercó, se agacho,
dejando al acechó de cualquiera su prominente colita, y puso el asqueroso pene
en su boca, lo comenzó a succionar como si fuera el mas hermoso del mundo, este
comenzó a tomar forma dentro de su boca y poco a poco buscaba lugar en su
garganta. El hombre tenia los ojos desorbitados no podía creer que esa hembra
hermosa y embarazada le estaba comiendo su pene. No tardo mucho en acabarle
dentro de su boca y ella como sabe hacerlo bien se trago hasta la ultima gota de
semen. Otro muchacho sin desaprovechar la opotunidad, le comenzo a bajar el
shorcito de jean y luego su diminuta tanguita. Mientras Sandy facilitaba el
tramite moviendo sus piernas y dejándose desnudar completamente de la cintura
para abajo. Ella seguia lamiendo el pene que ya estaba quedando flacidoluego de
su orgasmo inesperado, y los muchachos se aglomeraban a su alrededor observando
la colita de Sandy desnuda y su hermoso conejito que se asomaba entre sus
piernas. Salvajemente se abalanzaron hacia ella chupandole la cosita peluda, y
manoseando sus crecidas tetas. Otro miembro erecto ya ocupaba el lugar en su
boca, y otros se asomaban en sus mejillas esperando ser también succionados.
Mientras ella seguía agachada esperando ser ensartada en cualquier momento, uno
de los muchachos con un pene bastante prominente corrió a los demás de atrás y
le dijo a mi dulce esposa – Ahora vas a ver como te hago otro pibe arriba de
este – y sin esperar ninguna contestación, la tomo de la panza de embarazada y
la ensarto hasta los testículos de una vez. Sandy quiso largar un suspiro de
satisfacción pero tenia la boca muy ocupada, solo le permitió relajar su
garganta aún mas y permitir la entrada completa del pene que tenia en su frente.
Sandy disfrutaba y mostraba lo buena que era para el sexo oral.

Ella estaba siendo utilizada como un objeto, era tomada de la
nuca y llevada hasta los testículos de su amante y luego retirada, una y otra
vez como si su boca se tratase de una vagina mas, y con un sincronismo total era
tomada de la cintura y pentrada hasta el fondo de su útero preñado. Estuvo así
unos minutos hasta que le acabaron tanto en su garganta como en su vagina,
largando unos gritos de satisfacción desgarradores, parecía que su panza y
estomago, habían sido inundados con litros y litros de semen. Los muchachos se
retiraron exhaustos, y fue el turno de otros dos mas, así estuvieron dándole a
mi esposa por casi dos horas en distintas posiciones siempre cómodas para su
pancita de mama.

Los obreros estaban realmente enfiestados el día para ellos
era un regalo de dios y para Sandy también ya que tuvo pija como para dejarla
tranquila un par de días.

Un par de días después, por la mañana temprano, llegue yo a
casa y ella me contó todo lo que sucedió yo no podía creer al punto de
desesperación que llego, una mujer hermosa que siempre fue exigente en su
elección, pero confeso que se enamoro de la rudeza y crudeza de los albañiles.
Ese mismo medio día preparo unas milanesas y las envolvió como para llevar, yo
le pregunte que iba a hacer y ella respondió – Amor les estoy cocinando a los
muchachos así que vos ásete cualquier cosa para comer y come solo que yo voy a
comer con ellos.

Después de terminar de cocinar se ducho, perfumo y peino como
si fuera a salir a una reunión importante, terminado ese ritual me pidió que la
ayudara a hacerse unos enemas porque les iba a entregar la colita a los pobres
muchachos y no quería que se ensucien con restos fecales , así que apoyándose en
la bañera dejo toda su ano al descubierto para que yo hiciera la labor. Le
aplique una buena dosis de enema y ella sentía como el liquido limpiaba todo su
intestino, luego de esperar unos segundos dejo todo el resto en el inodoro,
dejando despedir ruidosos y jugosos gases, luego hicimos otro mas para que
quedara perfectamente limpio, una ves terminados y despedido todo el liquido de
su esfínter, tome un pote de vaselina y con mis dedos unte el interior del
agujerito para que no costara nada de trabajo penetrarla, yo después de ese
ritual estaba super excitado, así que probé con mi miembro erecto el trabajo que
había hecho, pudiendo comprobar que se perdía con mucha facilidad en el ano de
mi dulce esposa, al sacarlo salió tan limpio como entro quedando demostrado que
la limpieza fue perfecta. Ella estuvo muy agradecida con mi labor pero prefirió
que no tuviéremos sexo así estaba con mas ganas y atrevida en el momento de
encarar a los salvajes.

Luego de vestirse, puso la comida en una canasta y junto con
un par gaseosas y se marcho a la obra, la muy atrevida se había puesto un
portaligas y un conjunto de ropa interior de encaje trasparente, y para taparse
solamente se puso un sacon largo, mi calentura volaba a mil de solo pensar como
quedarían los tipos al verla con esa lencería cuando ella se quitase el saco.

Llego a la obra y los muchachos ya la esperaban, ella
deposito la canastita sobre un barril, de la misma saco un mantelito lo apoyo en
el piso simulando un día de campo, puso la comida sobre el mantel, las bebidas y
unos vasitos para que se sirviesen, los muchachos la miraban con unos ojos de
querer comerse mas a ella que a la comida. Luego de que los obreros se devoraran
en segundos la comida, ella tomo la canastita y dijo – Hay quedo totalmente
vacía, ahora quien me la va a llenar – , seguido a esas palabras ella se saco el
saco negro que llevaba puesto y dejo a la vista de todos su cuerpo hermosamente
vestido con las portaligas y el conjunto de encaje, culminando con su hermosa
panza de 6 meses que provocaba aún mas excitación en los comensales. Los
muchachos se desnudaron todos al unísono, pero ella les dijo – hoy mando yo así
que háganme caso- le ordeno a uno acostarse y ella muy delicadamente se sentó
sobre su polla rígida como un mástil , insertándola en su tan trabajado ano,
luego llamo a otro y le ordeno que se acomode encima de ella sin aplastar su
pancita de mama, así fue penetrada por la vagina luego inclino su cabeza hacia
atrás y ordeno que otro insertara un pene en su boca, así hizo una hermosa doble
penetración acompañada de sexo oral. Los tipos estaban como locos, super
calientes, menos uno que se quedaba en un rincón apartado ella lo percibió desde
el primer día, era un pibe alto con gesto de miedo o timidez en su rostro.

Sandy en esa posición se paso a todos los tipos que le iban
acabando dentro de su ano y algunos dentro de su vagina o sobre su pancita que
ya estaba convirtiéndose en un mar de semen.

Cuando termino con la mayoruia de ellos, se incorporo, ella
noto que estaba realmente agotada, tenia miendo de pasarse de la raya en el
estado en que estaba, su ano estaba completamente abierto y dejaba correr entre
sus piernas, un mar de semen que brotaba del mismo, esa sensación de fluidez a
ella le apasionaba, sentirse llena y desbordada de semen era lo mas excitante de
todo para ella. Su panza estaba toda encastrada por semen que algunos de sus
amantes dejaron depositado pero su boca estaba limpia ella no había permitido
que ninguna gota sse escapara por ahí, claro que podía sentir el gusto a semen
en su boca y la sensación de tener restos en la garganta, cosa que le provocaban
un poco de tos, además de sentir el estomago lleno de ese liquido tan hermoso
que dejo ingerir.

Antes de marcharse, prometió seguir yendo pero y les pregunto
que pasaba con ese muchacho que no quería participar. Uno de los obreros le dijo
que el pibe era acomplejado pues tenia el miembro deforme, y ella intrigada
pregunto que clase de deformidad tenia, sin contestarle lo fueron a buscar y el
chico con cara de vergí¼enza y tímidamente se acerco y bajo su pantalón. Sandy
quedo asombrada, el muchacho saco un miembro totalmente flácido pero de un
tamaño asombroso, algo que ella jamás había visto y eso que conocía del tema. El
muchacho tímidamente sin que Sandy le pregunte le dijo que le costaba que
funcione puesto que no tenía suficiente sangre para erectar al pene. Ella sonrío
y prometió ayudarle, pero en este momento tenia miedo por el embarazo.

Los días fueron pasando y Sandy seguía yendo a la obra, esta
realmente había dejado de

Avanzar , los obreros estaban todos agotados y mi esposa cada
vez mas puta, yo no podía con ella ni el ginecólogo ni todos los obreros
calentones de la obra en construcción.

Sandy entro en el séptimo mes y su calentura iba en aumento ,
ella no podía soportar ver la carita del muchacho cada vez que se tiraba a sus
compañeros de trabajo, además la tentación de poseer esa pene deforme era muy
grande y consultándolo conmigo me dijo si podía traerlo a casa para ayudarle, yo
le dije a Sandy que estaba bien a mi la idea me calentaba mas que a ella, pero
estaría presente, ya que ella últimamente solo me contaba sus aventuras sexuales
pero yo no participaba de ellas. Así fue como una tarde después de salir de
trabajar el muchacho se presento en casa, yo ese día tenia franco así que
estaría presente en lo que sucedería.

La noche anterior Sandy me pidió que la ayudara a lavar bien
su ano haciéndole unos enemas que reiteramos repetidas veces, para tener bien
listo su colita por si lograba comérsela por ahí, luego le practique fisting, en
su ano y vagina, con unos buenos aceites logre insertarle una mano en ambos
lugares, haciéndolo aún mas delicado en su vagina por el estado de gravidez
avanzada.

El muchacho entro a casa, y Sandy lo recibió en la entrada de
casa a plena luz del día y a la vista de todo el mundo, con un conjunto de ropa
interior blanco totalmente trasparente, que dejaba ver sus grandes pezones, y su
abultada vagina. El muchacho ya estaba entrando en calor pero Sandy tendría que
hacer mucho trabajo para lograr erectar ese miembro. Una vez adentro me lo
presento diciéndole – Este es mi marido, pero no te preocupes el hoy va estar a
pura disposición nuestra para que vos logres tu cometido que es cojerme
plenamente- el pibe me saludo con cara de miedo puesto que no se esperaba mi
presencia para nada, ella le dijo – No te preocupes el disfruta mucho ser
cornudo y aún mas asistir en el acto, así que no lo defraudemos y vallamos a la
habitación.

Sandy le pidió que se relajara completamente y comenzó a
besarlo como si fuera su mas preciado amante, delicadamente lo desnudo
completamente, mientras yo sentado en un rincón observa todo. Ella al sacar el
boxer del muchacho me miro a los ojos como complicidad del asombro de lo que
estábamos viendo, calculo que ese miembro tendría el tamaño de un ante brazo,
pero era muy flácido y costaría erectarlo. Sandy saco su lengua y comenzó a
pasarlo por todo el pene de punta a punta lo recorrió, abrió bien grande su
carnosa boca, pero era imposible dejarlo ingresar el grosor no se lo permitía,
ella insistió hasta que me pidió que le trajera una crema especial para esos
cazos. Se la paso por todo el pene y lo masturbaba a la vez, lo tomaba con ambas
manos, sin pode lograr cerrarlas por lo ancho y quedaba lugar para un par de
manos mas por lo largo, eso a mi me dejo estupefacto.

Mi esposa insistía en masturbar y masajear ese pene, pero
lograba poco, así que recurrió a un viejo truco y pidiéndole al pibe que se
relaje aún mas ella agachada como estaba y agarrando el miembro solo con una
mano, con la otra mano comenzó a recorrer los testículos y hasta acercarse al
ano del muchacho. Lo acaricio un poco y el miembro comenzó a cobrar vida, así
que sin perder tiempo, ella retiro la mano de ese lugar y los ensalivo todo,
volviendo al ano del pibe y delicadamente le penetro dos dedos, inmediatamente
el pene se erecto como si fuese cuestión de apretar un botón de encendido en el
ano del amante. No tenia una gran erección pero era lo suficiente como para
presionar cualquier agujero.

Ahora era el turno de Sandy ella, se puso de cuatro en la
cama, y dejo la cola bien paradita para arriba, ahí ella me pidió para que le
ponga vaselina. Yo tome el pote y unte bastante el ano de Sandy, poniéndole un
par de dedos para agrandar el agujero. Sandy sabia que por ese lugar podría
dolerle muchísimo pero tenia miedo de que ese pene en la vagina pudiera daña el
embarazo de ya siete meses.

El muchacho se acomodo detrás de Sandy mientras yo con mis
manos estiraba los cachetes de la cola de ella hacia los costados, como abriendo
la cancha del lugar a penetrar. El muchacho con ambas manos tomaba su pene y
apoyaba la descomunal cabeza en la entrada de tan pequeño orificio. Intento
empujar pero no sucedía nada, así que seguimos probando yo tiraba mas y mas de
los cachetes y el ano de Sandy se notaba bastante abierto pero no lo suficiente,
así que el muchacho sin mediar palabras tomo el frasco de vaselina y unto toda
la cabeza de su pene, y luego volvió a apoyarla. Sandy en ese momento dejo de
sostenerse con su brazos y apoyando su cara en la almohada inclino aún mas su
cola y con sus manos libres me ayudo a tirar de sus cachetes para abrir aún mas
su ano.

Eso fue un espectáculo que debí filmar pero gracias a dios
pude presenciar, y ver con mis propios ojos como esa tremenda pija comenzaba
entra en el ano de mi esposa. Ella cerraba fuertemente los ojos y su boca como
conteniendo el dolor y esperando lo que iba a venir.

El miembro se perdía en el esfínter de mi esposa y ella moría
de dolor y placer, su cara estaba morada y sus lagrimas brotaban de sus ojos
cerrados.

Ella me pidio a gritos que le chupara su vagina, eso a ella
le hacia soportar mas el dolor del ano, asi que en una pocioncion media
incomoda, pase mi cabeza por debajo de las piernas del muchacho y me hubique en
la altura de su vagina, de ahí podia ver a escasos centímetros el tremendo troso
de carne que se undia en la cola de mi esposa, con mi lengua comenze a chupar su
clítoris con la mayor fuerza posible ella seguia con sus manos estirando su cola
para sentir menos dolor pero era casi imposible.

cada milimetro que entraba y era como si la estuvieran
empalando, ella no soportaba mas y pidio que se detenga pero el pobre pibe nunca
habia podido poseer a una mujer y no estaba dispuesto a detenerse bajo ninguna
circunstancia ahora.

Yo seguia com mi labor y sentia mi propio pene estallar por
lo exitado que estaba tenia ganas de penetrarla ahora y no hiba a desperdiciar
esta oportunidad que me tenia tan caliente. Le dije a mi esposa que soltara su
cola y se pusiera en cuatro. Sin pensarlo ella lo hizo y esto le hizo modificar
su postura y sentir un dolor de rajadadura mortal en su recto. Ahí nomás sin
vacilar yo me acomode debajo de ella pasando mi cara y toda mi lengua por su
pancita, hasta sujetarla con mis manos de los hombros, y poder chupara esas
tetas apunto de dar leche.

Ella me imploraba que detenga al pibe pero yo opte por
enterrar mi pene en su mojada vagina que debido a las circunstancias parecía una
vagina virgen, por lo estrecha que se había puesto al estar tan apretado debido
al tremendo trozo de carne que tenia en su ano.

Ahí Sandy dio un grito desgarrador y me grito – Mátame –sin
pensarlo comencé a moverme como loco y el pibe me acompaño, enterrando casi
hasta el fondo su tan mostroso pené. Realmente no tarde en acabar puesto que esa
situación me había excitado por demás, y conservando mi posición deje terminar
al pobre pibe. Sandy ya no gritaba solo sollozaba de dolor, apoyándose en mi
pecho.

Con un fuerte grito desgarrador el muchacho le acabo y
durante un minuto entero dejo descargar dentro de los intestinos de Sandy todo
un mar de leche, que venia acumulando durante muchos años.

Yo al darme cuenta que el estaba por retirar todo eso dentro
de mi esposa, le dije que me esperara y saliendo de debajo de ella me ubiqué a
centímetro del lugar y pude observar como se iba retirando poco a poco el pené
semiflacido del pobre peón de albañil. El miembro seguía manteniendo el grosor
original, y cada centímetro que se salía veía como Sandy se contorsionaba de
forma tal que pareciera que un poco de ella se saldría con ese pene. Al llegar
la cabeza le costo retírala puesto que esta se había sobre inflamado a la hora
del orgasmo, y al salir se sintió un fuerte sonido a sopapa, demostrando que se
había provocado un vació en el interior del ano de mi esposa. Al salir por
completo el pene se veia un espectáculo digno de un sadomasoquista, el ano de
Sandy había quedado totalmente abierto como nunca antes, totalmente rasgado y
literalmente hecho una flor. Mi puño entraba cerrado a esa cavidad y sin rozar
las paredes, pero lo peor fue ver que no se contraía.

El muchacho quedo tendido en el piso totalmente desmayado,
agotado de un día de trabajo pesado y de una sección de sexo que para el fue
totalmente desgastante. Mi esposa seguía boca abajo en la cama con las piernas
completamente abiertas sin emitir una palabra. Y yo seguía bien de cerca lo que
sucedía con el ano de Sandy, que por fortuna comenzaba muy lentamente a cerrarse
dejando emanar de su interior restos de semen con sangre, que me tenia un poco
preocupado.

El muchacho se despertó un par de horas después y Sandy
siguió acostada por los siguientes días. El ginecólogo de ella la vino a visitar
y nos dijo que ni se nos ocurriera tener sexo anal, puesto que había sufrido un
fuerte desgarro externo é interno, Sandy después de esto estuvo un par de
semanas casi sin levantarse de la cama y solo consumiendo alimentos líquidos,
puesto que no soportaba ni el mínimo rocé en su ano.

Pero cuando entro al octavo mes ya estaba casi nueva, y con
ganas de volver a las andadas, lamentablemente para ella la obra en construcción
se había detenido por la fuerte recensión que vivía el país. Pero esta ves yo me
traía algo entre manos, junto con el club de amigos swingers estábamos
organizando una fiesta, donde el plato principal seria una hermosa embarazada de
casi nueve meses. Claro ya sabemos de quien ser trataba, pero ella no lo sabia,
todo iba a ser una sorpresa inolvidable para ella.

Continuara ….

POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

Remitente: Relato

 

Resumen del relato:
    Sandy afronta el embarazo, recuerdo de la maraton sexual, ella creia que esto la calmaria pero su apetito sexual ahumento ahun mas…

El Superdotado (01)

El Superdotado (01) (12)

AMORES Y AMORIOS

DE UN

SUPERDOTADO

 

 

Aí‘O 1.923

 

Al nacer, mis berridos se unieron al estampido del último
cañonazo de la Primero Guerra Mundial, aquella inútil matanza que, en todos los
campos de Europa, dejó centenares de miles de muertos, inválidos y
desaparecidos.

Me han dicho que nací en un barco en 1.918; que mi madre
murió de fiebres puerperales durante la travesía desde Cuba a España y que su
tumba está en algún lugar del Atlántico; que nos marchamos de La Perla del
Caribe porque estalló la insurrección de los macheteros y los negros querían
matar a mi padre; que mi hermana Irene, una chica preciosa catorce años mayor
que yo, estuvo muy enferma por la pena que le causó tener que abandonar a su
novio cubano.

En el decurso de los años descubrí que todo esto era mentira.

Pero será mejor que empiece por el principio, y, éste
principio, naturalmente, comienza con mi primer recuerdo a la edad de cinco
años, y, por lo tanto, ocurrió en 1.923 durante el verano; sé que era verano
porque hacía un calor que hasta sudaban las bombillas.

La enorme casa del Pazo de Quiroga, a veinte kilómetros de
Lalín, Pontevedra, estaba silenciosa, aunque afuera, en la arboleda, chirriaban
las cigarras compitiendo entre ellas en estridencia. Oyendo su monocorde
sinfonía acostumbraba yo a dormir la siesta. Aunque la habitación estaba en
penumbra, entraba la suficiente claridad por las entornadas contraventanas para
darse cuenta de que fuera lucía un sol de justicia.

Desperté sudando, pese a estar desnudo sobre las sábanas.
Abrí los ojos y vi la blanca pared de la habitación tan conocida como mi propia
mano; me giré hacia el otro lado. La sorpresa me hizo abrir los ojos como
platos, parpadeando a causa de la impresión que recibí.

Concha, la chacha que me cuidaba, una garrida moza de
diecinueve años, pelo negro, ojos negros, carnes blancas, prietas y macizas,
estaba acostada a mi lado como todos los días. Tenía los ojos cerrados, la
faldilla en la cintura y no llevaba bragas. Los blancos y macizos muslos al
aire, separados casi en compás, me dejaban ver un panorama tan extraordinario
que por poco me da un soponcio.

Una de sus manos se movía suavemente sobre los negros rizos
de su pubis. Las aletas de su nariz se dilataban de cuando en cuando, se mordía
los labios y levantaba el trasero como si debajo de él tuviera un acerico. Con
la otra mano se acariciaba un hermoso y erguido pezón oscuro del blanco pecho
que sobresalía de su corpiño.

No supe por qué mi pirulí comenzó a levantarse y a ponerse
duro y berroqueño como el granito. No sabía entonces explicarlo, pero si sabía
que mirar su desnuda entrepierna de negros rizos me la ponía tan tiesa que hasta
me dolía.

Me senté en la cama y, al oírme, abrió los ojos y me miró.
Sus manos se detuvieron y suspiró. Luego, sin cambiar de postura, separó las
manos de su cuerpo, miró mi tiesa verga y me sonrió. Animado por la sonrisa, me
incliné sobre lo que más llamaba mi atención: los negros rizos que cubrían su
carnosa herida. Los acaricié enredando mis dedos en ellos.

Ni se movió.

Volví a mirarla, seguía con media sonrisa en los labios, y
aquello quería decir que mi curiosidad no la molestaba y que podía seguir
adelante.

Tenía los muslos lo bastante separados como para que pudiera
apreciar todo su sexo nítidamente. Los abultados labios de su vulva me incitaron
a tocarlos. Se abrieron al jugar con ellos, dejando al descubierto una carne
rosada y brillante que humedeció mis dedos cuando la toqué.

Tampoco sé por qué tuve deseos de chupar aquella tierna y
húmeda carne, pero mi posición lateral no era la adecuada para hacerlo como
quería. La miré, seguía sonriendo levemente, de modo que pasé por encima de su
muslo, colocándome en medio de ellos.

Entonces si que pude hocicar mi boca sobre aquella parte de
su cuerpo que tanto me excitaba. Tenía un olor que me encantaba: el de la playa
en la bajamar cuando la marea deja al descubierto las algas sobre las rocas. Lo
chupé. Su sabor me recordó de inmediato al percebe, especie marina que me gusta
con delirio. Lo lamí de arriba abajo y de abajo arriba.

Se estremecía cada vez que mi lengua tocaba un duro botón de
carne, pero yo, demasiado inocente, no supe darme cuenta. Fue ella la que me
obligó a detenerme sobre el botón de marras, sujetándome la cabeza con las
manos. Entonces si que comprendí rápidamente que allí radicaba su deseo; el
deseo que se lo chupara. Y así lo hice, aspirándolo con fuerza y lamiéndolo con
toda la lengua. Sus muslos se estremecieron sobre mis mejillas, sus manos
oprimieron mi cabeza contra su sexo, y sus caderas se levantaban ofreciendo a mi
boca toda su vulva abierta. Yo tenía la barbilla hundida en lo que más tarde
supe era la entrada de la vagina.

De pronto noté su mano oprimiendo mi dura verga. Tiraba con
fuerza de la piel del prepucio hacia abajo y me hacía daño, pero mi excitación
era tanta que hubiera soportado el doble de dolor sin quejarme. Mi capullo quedó
al descubierto y el roce de su mano en sitio tan delicado y protegido, me hizo
estremecer de gusto.

Justo en ese momento la puerta se abrió de golpe. Estábamos
tan entretenidos que no la oímos caminar por el pasillo.

– Pero… ¿ qué es esto? – su voz sonaba atónita y furiosa.

Concha me dio un empujón enviándome contra la pared y
poniéndose de pie mientras se arreglaba el vestido. Mi hermana, mordiendo las
palabras y tratándola de usted, resopló:


– Haga el favor de recoger sus cosas y desaparecer de
esta casa inmediatamente. Y no la hago detener por la Guarida Civil porque
es usted menor de edad y por no darle un disgusto a sus padres. ¡Fuera de
esta casa ahora mismo!


Concha salió disparada de la habitación sin decir palabra.
Por desgracia, no volví a verla nunca más ¡ Lástima grande!

Algún psiquiatra o psicólogo dirá que aquella primera
experiencia marcó mi mente infantil de forma indeleble y de ahí mi posterior
comportamiento sexual. Posiblemente tendrá razón, pero yo no lo considero muy
probable. De la mujer, como del cerdo, me gusta todo. Nunca me han gustado las
lentejas, y no por eso tengo visitar al psicoanalista.

Cuando Concha desapareció, mi hermana se encaró conmigo.

– Y a ti ¿ no te da vergí¼enza hacer esas guarradas, marrano?

– No, ¿ por qué? ¿ Es algo malo? A mí me gustaba, Nere – por
aquel entonces yo decía Inere, en vez de Irene y a ésta le quedó Nere para el
resto de su vida.

– Pero habrase visto el muy… – movió la cabeza con enfado
– Si se lo digo a tu padre te mata.

–¿Se lo vas a decir? – pregunté asustado y haciendo
pucheros. Sabía que Nere no podía verme llorar y explotaba esa debilidad suya
cada vez que me convenía. También esta vez dio resultado. Si Nere le hubiera
dicho a mi padre todas mis jugarretas, no hubiera llegado a viejo, porque me
hubieran enterrado antes de cumplir los seis años. Mi padre era una bestia, alto
como un chopo y ancho como un tonel. Me parecía tan viejo, con su barba y
leonino pelo gris, como los ancianos patriarcas de los cuadros que colgaban de
las paredes de la biblioteca.

– No llores, por favor, cariño. Si me prometes que nunca más
volverás a hacerlo, no le diré nada. Además, bien mirado, la culpa no es tuya –
murmuró acunándome entre sus brazos.

Inmediatamente pensé si ella también tendría entre los muslos
lo mismo que Concha. Claro, me dije, es una mujer y debe tenerlo más bonito
todavía que el de Concha, porque también es muchísimo más guapa.

Me miró la erección y volvió a mover la cabeza, ¡ Jesús! –
exclamó asombrada.

Ya la había visto en el mismo estado más de una vez, pero
siempre ponía la misma cara de asombro y soltaba el Jesús de marras. Supe más
tarde que todo se debía a la capacidad de intumescencia de mi miembro viril, que
era asombrosa. Tanto es así que, a los cuatro años, cuando por las mañanas la
tenía empinada con las ganas de orinar, no podía abarcarla entera con la mano.
Ni Nere tampoco, pese a tener casi diecisiete años.

Aquella tarde, Nere me llevó al cuarto de baño y me dio una
ducha de agua fría que, poco a poco, logró reducir mi verga a su estado normal.

Pocos días después de que Concha desapareciera de mi vida
apareció Elisa. Era mucho mayor que Concha, pues, por lo que recuerdo de años
posteriores, quizá rondaría los veinticinco o veintiséis años.

Pero sus deberes para conmigo ya no fueron los mismos de
Concha. Tenía prohibido entrar en mi habitación, vestirme, desnudarme y bañarme.
A partir de aquella tarde todo esto lo hacía Nere. Elisa sólo me preparaba la
comida, la ropa, los zapatos y me sacaba a pasear por los jardines para que
jugara, aunque siempre a la vista de la casona del Pazo. También a partir de
aquel suceso, Nere consideró necesario que yo debía comenzar a estudiar.

En la gran casa del Pazo había cuatro mujeres sin incluir a
Nere. Manuela, la cocinera, que tenía unas cachas que se bamboleaban al caminar
como una barca sobre las olas; Marisa, la doncella de Nere, bastante guapa y
joven y con unas piernas casi tan bien torneadas como las de mi hermana; Elisa,
que hubiera sido muy atractiva de no tener el carácter de una virago y ser tonta
del culo, y, finalmente, Pepita, pequeña y vivaracha como una ardilla. Cada vez
que la veía caminar, su trasero me parecía el péndulo acelerado de un reloj. Yo,
a los cuatro años, le llegaba a las tetas bastante prominentes por cierto. Se
las pellizcaba en cuanto se descuidaba un poco. Claro que, según decían, yo
sería un gigante aún más alto que mi padre, si seguía creciendo como hasta
entonces. No se equivocaron, a los dieciséis años media un metro noventa y
cuatro, diez más que mi progenitor; y esa es mi estatura desde entonces.

Fuera de la casa del Pazo, pero dentro de los muros que
circundaban los jardines y el parque, estaba la casa de los guardas. Allí vivía
Teo, Teófilo, un gigantesco negro cubano tan alto como mi padre, que hacía de
chófer, jardinero, portero y cuantos otros oficios le ordenara el déspota que
tenía por amo. Teo nos vigilaba como un halcón cada vez que el ogro salía de
casa para cazar o para alguno de sus negocios. Nunca me gustó Teo, creo que era
por su forma de mirar a mi hermana. Se excedía en su labor de vigilante en
ausencia de mi padre, se aprovechaba para estar siempre cerca de ella,
comiéndosela literalmente con los ojos cuando creía que nadie lo miraba.
Afortunadamente, tenía prohibido entrar en la casa del Pazo.

Teo vivía con su mujer, Margot, una espigada mulata de la
Martinica, de prominentes senos y curvadas nalgas, que a mí me parecía preciosa.
Vivían en la casa de los guardas, a escasos metros de la verja de entrada.
Margot, al revés que su negro esposo, podía entrar en la casona del Pazo siempre
que tuviera motivo para ello. Por alguna razón desconocida para mí en aquel
entonces, excepto mi padre y yo, en la casa del Pazo sólo podían entrar mujeres.
Mi padre le daba los órdenes a Teo por el teléfono interior, del que disponían
todas las habitaciones y dependencias del Pazo. Hasta en las cuadras de los
caballos y en los graneros había ese interfono. La centralita la tenía mi padre
en su habitación y, de hecho, no necesitaba salir de ella para dirigir a todo el
personal del Pazo. Gracias a Dios, el poco tiempo que estaba en casa se
encerraba en su habitación revisando cuentas con mi hermana e impartiéndole
órdenes sobre las cosechas y las plantaciones.

Una vez a la semana y muy de madrugada Teo enganchaba las
mulas al carro y regresaba después de anochecer cargado de víveres, abonos y
enseres para el Pazo y para los labradores de la aldea cercana que cuidaban o
tenían arrendadas nuestras tierras. Era una aldea de pequeñas y viejas casas de
piedra de cuyas minúsculas chimeneas salía el humo tanto de día como de noche.
En realidad era menos que una aldea, pues no habría más de seis o siete casuchas
desperdigadas a un tiro de piedra de los muros del Pazo.

No tardé en darme cuenta de que, invariablemente, el mismo
día en que Teo salía con el carro y las mulas, mi padre salía también a media
mañana con la escopeta en bandolera, pero sin perros y sin caballo. No regresaba
hasta bien entrada la tarde para encerrarse de nuevo en su habitación.

Cierto día, picado por la curiosidad, me las ingenié para
seguirlo a distancia escondiéndome entre los árboles del parque. Lo vi traspasar
la verja de entrada y mirar a derecha e izquierda. << Bueno – me dije
desilusionado -, irá a las perdices >>

Iba a regresar a la casa, cuando tuve que esconderme
rápidamente al ver que se giraba en redondo. Me latía el corazón como el de un
pájaro atrapado en una red. << Se habrá olvidado algo en la casona – pensé –
pero, si te ve, vas a tener un serio disgusto, Toni >>

Esperé oír sus pasos sobre la gravilla del camino y como no
oía nada, volví a asomar la cabeza con mucho sigilo con el tiempo justo de verlo
entrar en la casa de los guardas donde vivían Teo y Margot. Esperé durante un
tiempo para verlo salir, se me hacía tarde, y si Nere notaba mi ausencia tendría
que darle una razón plausible de mi escapada, y no se me ocurría ninguna. Con
las mismas precauciones regresé a la casona, colándome por la puerta trasera
hasta mi habitación.

Poco después de entrar Elisa en la casa llegó Megan Reynols,
una inglesa rubia, con unos ojos azules increíbles, pómulos altos y labios que,
sin necesidad de carmín, estaban siempre rojos. Tenía la dentadura más perfecta
y blanca que yo haya visto nunca en mujer alguna, excepto Nere, y su risa era
tan contagiosa como la viruela. Al principio creí que era de la misma edad de
Nere, pues tenía el mismo tipo y la piel tersa y nacarada como mi hermana.
Luego, para gran sorpresa mía, supe que era cuatro años mayor. Nadie lo hubiera
dicho. Verdaderamente era guapísima, casi tanto como Nere.

Cuarenta años más tarde, cuando por primera vez vi la
película Vértigo interpretaba por Kim Novak, creí que alucinaba: Megan
clavadita. Incluso llegué a interesarme por la ascendencia de la actriz. No, no
tenía nada que ver con Megan.

Me enamoré de Megan nada más verla. Tenía un cuerpo capaz de
poner derecha la torre de Pisa, unas piernas de delirio y una risa que, al
oírla, se reía hasta el caballo del Apóstol Santiago. Excuso decirles mi alegría
cuando Nere me dijo que sería mi profesora. Bueno, pues, con todo, mi hermana
Nere aún era más guapa y su cuerpo y sus piernas… ¡Bueno! Hasta el famoso
Babieca se habría encabritado si hubiera podido echarles una ojeada.

Nere había encargado a una agencia de Vigo la contratación de
una profesora (los hombres estaban prohibidos en la casona), a poder ser
licenciada, que pudiera encargarse de la educación y enseñanza, al nivel de
primaria y secundaria, de un niño de cinco años y que además de español, pudiera
enseñar inglés y francés. Así fue como apareció Megan. Durante once inolvidables
años fue mi tutora, mi profesora de inglés, francés, español, latín y catorce
asignaturas más. La que me preparó para examinarme por libre hasta que entré en
la Universidad para cursar la carrera de medicina. Fue la primera que se dio
cuenta de que yo tenía una memoria fotográfica y, según su test de inteligencia,
un coeficiente mental de 176. Ella le dijo a Nere que tenía un genio por
hermano; Nere se hinchó de orgullo como un pavo real. Las dos se hicieron muy
amigas.

La verdad es que yo ponía tanto interés en congraciarme con
Megan y en hacer todo lo que me pedía que a los dos meses leía el periódico de
corrido, y seis meses más tarde me defendía bastante bien con The Times o
Le Monde, periódicos a los que mi padre estaba suscrito. Antes de cumplir
los seis años sabía las cuatro reglas, raíz cuadrada, regla de tres,
multiplicaba por cuatro números casi de memoria y dividía por dos o tres de la
misma forma. Esta facultad mía admiraba a la misma Megan. La verdad es que yo
sólo necesitaba leer los libros una sola vez para acordarme página por página de
su contenido. En fin… está mal que lo diga yo, pero… ¿quién lo va a decir
sino?

Con el tiempo me enteré de que Megan estaba divorciada, no
tenía hijos, y que sus padres habían muerto en un accidente de aviación. Los
abuelos maternos vivían en Exeter, ciudad al sudoeste de Inglaterra donde Megan
había nacido. De sus abuelos paternos nunca quiso decirme nada.

Durante un tiempo, que por aquel entonces me parecieron años
y años, me despertaba por las mañanas pensando en Megan y me dormía pensando en
Megan. Tenía unas piernas que me hacían sudar, mirándole las cachas, bizqueaba,
si le miraba las tetas me acordaba del biberón, e imaginando su entrepierna
deseaba convertirme en bragas. Un escándalo. Durante las clases, mis suspiros
eran tan profundos que tenía que aguantar las hojas del libro con las manos. Los
primeros días Megan creía que tenía hipo. No tardó en comprender lo que me
pasaba, pero como también me pasaba lo mismo, o peor, con Nere acabó por tomarme
a cachondeo, revolviéndome el pelo y riéndose cada vez que me oía suspirar.

Megan me tenía embobado y Nere turulato. Y es que Nere no
tenía desperdicio, aún era más guapa que Megan y estaba más cachonda, si es que
ello era posible. Y lo era.

Aquel año pocas cosas más ocurrieron dignas de mención. En
realidad, sin las mujeres de la casa, la vida hubiera sido aburridísima para mí.
Por eso era yo tan inteligente.

 

Resumen del relato:
    Vida sexual de un obseso sacada de los Diarios íntimos de un anciano nacido en 1.918 y relatada por años.

Elena

Elena (13)

Elena estaba guapísima ese día. Habíamos quedado en mi casa
para estudiar juntos un tema difícil de matemáticas. Elena y yo somos amigos
desde que los dos teníamos 12 años, y en el momento de la historia teniamos
dieciocho. Si bien es una chica muy guapa y bien que me gustaba su cuerpo, nunca
había pensado en llevar nuestra relación mas allá de la amistad.

Ella tiene el pelo castaño y liso, los ojos marrones y la
piel clara. Un cuerpo bastante bueno y, como comprobaría mas tarde, un excelente
movimiento de caderas. Tras perder un rato contándonos las cosas que nos habían
ocurrido desde la última vez que nos vimos, nos pusimos a trabajar en el salón
de la casa. Tras unos cuantos minutos intentando concentrarnos mientras oíamos a
mi hermana Ana con la televisión muy fuerte, Elena sugirió que fuéramos a mi
cuarto, donde pondríamos la música y así no nos molestaría el sonido.

Acabamos de traspasar los libros de una habitación a otra y
pusimos musica suave. Tras otros cuantos minutos, mientras le intentaba explicar
un complicado problema de geometría ella me dijo que quería descansar un rato de
tanto número, y se tumbó en una mitad de la cama. Yo, ingenuo de mí, me tumbé en
la otra y comenzamos a hablar de temas intrascendentes. Pensando en lo que hacía
ahora que todo ha pasado me doy cuenta de lo que tardé en darme cuenta de sus
intenciones y de su paciencia.

En medio de un chiste que le estaba contando Elena me
sorprendió echando su cabeza sobre mi pecho. Sus senos me rozaban el cuerpo y
yo, que no estaba preparado para eso, reaccioné de forma exagerada.

- ¿Y eso?

- Nada, me apetece estar mas cómoda.

Intenté continuar con el chiste, a pesar de mi nerviosismo
evidente, pero ella me cortó en ese mismo momento.

- Vamos tío, ni a ti ni a mi nos apetece hacer matemáticas ni
escuchar chistes, ¿verdad?.

Algo mas tranquilo y decidido a sacar tajada del asunto,
comencé a seguirle el juego.

- ¿Ah, no?. Entonces, ¿que nos apetece?.

Me dirigió una mirada y una sonrisa que parecía decirlo todo
y se puso de rodillas delante mía. Se acercó a mí y comenzamos a besarnos
durante un largo rato, sin que ninguno dijera nada. Al poco yo comencé a
quitarle las distintas capas de tela que me impedía llegar a lo que mas deseaba
en este momento, sus tetas. Ella me ayudó a desvestirla y, cuando ya tenía el
manjar casi en los labios se levantó un poco:

- ¿Te crees que nunca me he dado cuenta de como las mirabas?.
Llevas muchos años poniendome cachonda con esos ojitos fijos en ellas… ¿las
quieres? – dijo sujetándolas con ambas manos.

- Si Elena, dámelas. Es lo que más deseo ahora.

Ella se sentó abierta de piernas sobre mí y acerco sus tetas
de nuevo a mi cara. Yo comencé a lamerlas, y como quería que el momento durara,
lo hice suavemente, con la punta de la lengua. Pasaba la puntita de una a otra,
por los pezones y el canalillo, y ella suspiraba de vez en cuando. Tenía los
ojos cerrados y la cara en la misma expresión de lujuria que me había mostrado
antes.

Se separó de mí, y comenzó a bajarme los pantalones
lentamente. Yo la miraba hipnotizado, ver a una chica que conocía tanto agachada
de forma que sus tetas rozaban contra mis piernas mientras me quitaba los
pantalones me daba un morbo increíble.

- Eres un mal anfitrión. Me invitas a tu casa y ni siquiera
me invitas a un buen vaso de leche. ¿Me dejas que la ordeñe yo misma?.

La muy zorra sabía como ponerme a cien. Asentí con la cabeza
y ella comenzó a besar la punta de mi polla mientras sobaba mis huevos. Me
encantaba, y Elena lo sabía perfectamente. Siguió metiendo mas y mas en su boca,
hasta que al bajar y subir la cabeza me daba la impresión de que le estaba
follando la boca.

- Mmmmm… mmmmm… – gemía Elena.

Pero ella no quería que esto acabara en su boca, o al menos
no por el momento. Otra vez se separó en el mejor momento, y se levantó de la
cama. Ante mi sorpresa cambió la canción que estaba sonando y puso una con mucho
mas ritmo. Se colocó de pie enfrente de mí y comenzó a moverse con la música.

Yo la había visto bailar en las discotecas muchas veces, y
todos llegaban a la misma conclusión: si te hiciera ese mismo baile encima te
morirías de gusto. Ella comenzó a agitar las caderas sensualmente y a bailar
mientras se acariciaba los pechos. Se desabrochó el pantalón y se desprendió de
él con mucha soltura, quedandose con un tanga negro. Tras un baile que hico que
se me pusiera como una roca se puso sobre mí.

- Quiero cabalgarte – me confesó -, quiero botar sobre tu
rabo hasta caer rendida.

Yo la cogí por las caderas y la acerqué a mi miembro. Ella se
lo clavó entero al primer golpe, y comenzó a saltar sobre ella como una posesa,
hasta el punto de que el placer que sentía parecía fuego. A la vez continuaba
contoneándose, y ese movimiento de su cuerpo a la vez que la penetraba era lo
mejor de todo. Ahora apretaba los dientes y lanzaba gemiditos y suspiros. Acabé
cogíendola por las tetas para sentirlas saltar y levantándome para recibirla
cada vez que bajaba; era delicioso. De pronto se movió mucho mas suavemente y su
vagina se inundó: se estaba corriendo. Tras tomar aire se levantó y se puso a
cuatro patas.

- Quiero que me revientes el culo.

No lo podía creer. Elena, a la que creía conocer tan bien,
era una culera. Quizá me hubiera visto mirarle de vez en cuando las tetas, pero
lo que sí miraba con plena atención era su trasero. Firme y redondito, cada vez
que andaba se contoneaba de una forma que me encantaba. Le escupí en el ano y
comencé a meterle un dedito suavemente para abrir la apertura. Ella me suplicó
que fuera mas rapido y comencé a meterle tres. Si bien me apretaba mucho los
dedos y a ella debía de dolerle, no dijo nada. Probablemente era una fantasía
que tenía conmigo y que quería complacer cuanto antes.

La agarré por la cintura que tan bien movía y mi polla
comenzó a abrirse paso por su entrada trasera. Primero iba muy lentamente, y la
presión que hacía su culito intentando liberarse del cuerpo extraño era
fenomenal. Con la voz entrecortada me dijo:

- Quiero que me destroces el culo cabrón, no que me lo folles
como un marica.

Definitivamente no conocía a esta chica, al menos en lo que a
sexo se refiere. Las cosas que dijo me enfadaron y me calentaron a la vez, y la
clavé de un golpe. Ella tuvo que morder la almohada para no lanzar un grito, y
sus ojos se llenaron de lágrimas. Yo comencé a bombearla por detrás cada vez mas
rápido. Ella seguía lagrimeando pero a mi no me importaba. Si tantas ganas tenía
de que la petara no se iba a ir con las ganas. Tras un par de minutos
metiendosela hasta casi los huevos, ella empezó a gemir otra vez y se vió que ya
si estaba disfrutando. Yo la tenía fuertemente cogida y cada vez que la
penetraba tiraba de su cuerpo para atrás para penetrar un poco mas en su ano.

- Aaaaaah…. aaaaaaah…

Ella estaba gimiendo como una perra, y cuando se lo dije
pareció gustarle todavía mas. Al rato me susurró:

- Llenamelo de tu leche cabrón… enculame…

No pude mas, mientras le sobaba las tetas y sin parar de
petarla solté un inmenso chorro de leche (creo que el mas grande de mi vida) en
sus intestinos. En ese momento ella se derrumbó y yo me tumbé sobre ella sin
sacar el rabo.

A los pocos minutos parecía estar mas recuperada y pudo decir
algo.

- Oye, despues de esto quiero que sigamos siendo amigos.

- ¿Con derecho a buenos roces como este?.

- Claro tío, no he gozado tanto en mi vida y esta la
repetimos.

Y puedo asegurar que cumplió su promesa, y que esta
maravillosa tarde de sexo salvaje tuvo consecuencias imprevistas y placenteras.

Espero ansiosamente sus mails diciendome que les parece
chicas.

 

Resumen del relato:
    Nunca pude suponer que en esa tarde de estudio mi amiga del alma pasaría a ser mi amiga del cuerpo…

Ligue en el Gimnasio

Ligue en el Gimnasio (28)

LIGUE EN EL GIMNASIO

Hola de nuevo, este es mi segundo relato, para los que no me
conozcan, mi nombre es Sara, tengo 34 años, mido 1,65 cm peso 52 kilos, llevo el
cabello tintado de pelirroja, y utilizo la talla 95 de sujetador.

En mi anterior relato "Mi
primera infidelidad
", relataba como gracias a mi marido, empecé a despertar
toda mi sexualidad, ya que él me indujo a cometer una infidelidad consentida.

De eso hace mas de un mes, y todavía hay noches que me
despierto húmeda recordando todo lo que paso. Pero este es otro relato.

El pasado domingo, tuvimos un largo día de playa, tomando el
sol, nadando, y paseando.

Después de cenar nos acostamos, y pese a estar un poco
cansada, la verdad es que me encontraba algo excitada. Me acerque un poco a
Javier (mi marido) y comencé a acariciarle la espalda. Pero pronto me di cuenta,
que esa noche no conseguiría nada, por lo visto él estaba francamente cansado.
Así que me di la vuelta, y decidí dormirme.

Tuve una serie de sueños eróticos, que me hicieron despertar
por la mañana con muchas ganas de hacer el amor. Solo había un problema, Javier
ya se había marchado al trabajo.

Por un momento, pensé en masturbarme, pero decidí levantarme,
desayunar y marcharme al gimnasio.

Una vez en el, ya cambiada, me senté en la bicicleta
estática, y comencé a pedalear. De pronto hizo lo mismo Pablo en la bicicleta de
al lado.

-"Hola Sara, tan guapa como siempre" dijo él.

-"Gracias, sobre todo con esta cara de lunes por la mañana"

Estuvimos un rato charlando sobre temas banales, cuando de
repente me di cuenta que lo empezaba a mirar de una manera especial, me estaba
imaginándome con él, y eso me estaba excitando.

Pablo, era todo lo contrario a un guaperas, tenia 45 años
aproximadamente, mediría 1,70 cm y pesaría unos 80 kilos. Pero a las mujeres, no
solo nos atrae un cuerpo perfecto, a veces no sabes por que motivo, te
encuentras fantaseando con un hombre que no te mirarías por la calle.

Yo sabia que le gustaba, siempre que podía, hacia ejercicios
cerca de mí, entablaba conversación, y cuando creía que no me veía me repasaba
con la vista de arriba abajo.

Ese día estaba francamente eléctrica, así que le dije:

-"Pablo ¿Te apetece tomar un café?"

-" Claro, eso esta echo" dijo él

Me duche me puse mi vestido y salí al vestíbulo del gimnasio.
Pablo ya estaba allí.

Nos dirigimos al bar de la esquina, y mientras estábamos
bebiendo, pude observar como me miraba las piernas.

-"Tengo que comprar crema Hidratante, por que las tengo un
poco resecas del sol y el agua del mar" le dije.

-"Unas piernas así de bonitas hay que cuidarlas" dijo

-"Gracias, que tonto eres" y me reí

Pero ese piropo me había gustado.

El comercio junto al bar, era un supermercado, y le pregunte
a Pablo, si no le importaba acompañarme a comprar unas cosas que necesitaba, y
ayudarme con las bolsas.

í‰l accedió encantado. Al llegar a mi casa, le envite a pasar.

-"¿Te apetece tomar algo? Dije

En ese instante, me acerque muy lentamente a su oído, y en
voz baja le dije

-¿Quieres tomarme a mí?

Se quedo petrificado, supongo que nunca una mujer como yo, le
había propuesto algo así, de repente.

Entramos al salón, y nos besamos, su aliento olía a tabaco,
pero eso no me molesto, al contrario, ese hombre sabia besar. Un beso largo,
húmedo y pasional.

En ese momento note sus manos en mi trasero, acariciándolo
suavemente, eran grandes y fuertes.

Yo me quite el vestido, y me quede con el tanga, y el
sujetador. Me estaba mirando con una expresión entre deseo e incredulidad.
Podría tenerme, él lo deseaba, y yo también.

-"Te confieso, que me he masturbado alguna vez, pensando en
ti, y en un momento como este" exclamo Pablo.

-"Hoy no será necesario" le dije.

Entonces empecé a pensar en una sorpresa para Javier mi
marido, y le pedí a Pablo que esperase un segundo.

Me dirigí al dormitorio, cogí la cámara de video, y la puse
en un lugar estratégico.

Había decidido grabar la sesión con mi amigo, para que más
tarde Javier pudiera comprobar que no era necesario que él me buscase los
amantes ( Como conté en mi anterior relato) .

Llame a Pablo, y él entro en el dormitorio. Nos volvimos a
besar.

Se le notaban las ganas, Era separado, y posiblemente llevara
un largo tiempo sin acostarse con una mujer.

Le quite la camiseta, los zapatos, y los pantalones. Se quedo
con un Calzoncillo tipo bañador. Al sentarme en la cama, le mire, y al verle esa
barriguita, que en otras ocasiones me hubiese parecido ridícula, me humedecí.

Se sentó a mi lado, y me quito el sujetador, sus manos
empezaron a recorrer mis senos, y los empezó a apretar, con deseo y rabia
contenida.

Me pellizco los pezones, que ya empezaban a estar muy duros.
Me paso la lengua por encima, haciendo círculos, mordisqueándolos suavemente.

Entonces me empujo suavemente para que me acostara, y me
quito el tanga.

Me separo un poco las piernas, y empezó a besarme en mi sexo.
Se debió dar cuenta de lo húmeda que estaba, por que paro y me dijo.

-¿Tu marido no te folla bien, Sara?

Quería excitarle mas, mucho más de lo que él podría haber
imaginado en sus fantasías conmigo.

-"La verdad es que el pobre no sabe dejarme satisfecha,
necesito un hombre como tu ahora." Le dije.

Le quite los calzoncillos, y pude observar su miembro, era
bastante más pequeño que el de Javier, debería de medir unos 12 cm, pero lo
tenia duro como una roca.

Lo empezó a acaricia con la mano, y me lo intruje en la boca
para humedecerlo, cuando lo tuve bien lubricado, lo saque, y continué moviendo
la mano mas deprisa.

-"¿Quieres correrte así?" Le pregunte.

-" Si Sara, quiero correrme en tu boca" dijo Pablo.

Todos los hombres tienen esa fantasia, y yo estaba tan
caliente que la haría realidad.

-"Que polla mas dura, no como la de mi marido"

Le estaba mintiendo, pero ver lo excitado que estaba con mis
palabras, me encantaba.

Empecé a lamerle impregnando de mi saliva todo su aparato,
cuando volví a masturbarlo con la mano, escuche ese sonido tan característico
del roce de la mano con una polla húmeda.

-"Ummmm, sigue, sigue. Quiero correrme." Dijo él.

Volví a introducírmela en la boca, y empecé a mover mi cabeza
compulsivamente, cada vez mas deprisa. Podía oír sus gemidos, y su respiración,
como una señal de que no tardaría mucho en correrse.

De pronto recordé que estaba filmando en video todo, y me di
cuenta de que no seria demasiado espectacular que se corriera dentro de mi boca
sin mas, así que la saque, y la agarre por el tronco, moviéndola muy deprisa
mientras con la boca abierta y la lengua fuera lamía la punta de su capullo.

En ese momento, note que se tensaban sus pelotas, y que
empezaba a temblar.

La aparte un poco, y empezó a escupir semen. Fue directo a mi
nariz a mi pelo, y parte había caído en mi boca abierta. La imagen que luego
podría visionar Javier, era perfecta.

Pablo se recostó en la cama, y yo le limpie con mi boca bien
su aparato.

-"Gracias Sara, ha sido brutal" dijo él.

-"Tenia muchas ganas de hacerlo, con mi marido no suelo hacer
muy a menudo estas cosas"

Evidentemente era mentira, pero me encantaba que se sintiera
especial.

Pablo se incorporo un poco, y me abrió las piernas,
levantando un poco mi culo.

Y hundió sé cara en mi sexo, empezó a lamer separándome los
labios, e introdujo la punta de su lengua dentro, me estaba follando con la
lengua, y eso me encantaba.

Luego se centro en mi clítoris, y empezó a mordisquearlo
suavemente, pasando su lengua a continuación, y lamiéndome todo el coño.

Empecé a notar que estaba a punto de correrme, le cogí la
cabeza, y con mis manos la apreté contra mí.

-"No pares ahora, que te mato." Le grite.

No tenia ninguna intención de parar, si una cosa sabia hacer
Pablo era utilizar la lengua.

Me corrí inmediatamente, yo creo que mi grito le sobresalto
un poco.

No suelo gritar, pero la situación me tenia muy excitada, y
el hambre sexual que tenia últimamente se añadió a esta, así que no pude
evitarlo.

Le pedí que me abrazara, se acostó a mi lado y me rodeo con
sus brazos. Me encantaba estar así, y pude apreciar que a el también. La tenia
dura otra vez.

Sin decir palabra, me di la vuelta, y me quede de lado
mientras apretaba mi culo contra él.

Separe un poco las piernas, busque con la mano su aparato, y
la puse en la entrada de mi coño.

-"Empuja Pablo" le susurre.

No hizo falta que le dijera nada más. Introdujo su polla
dentro de mí, y empezó a moverse rítmicamente.

A mí esa posición me encanta, muchas mañanas la practicaba
con Javier, pero ahora era otro el que estaba dentro de mí, y además lo estaba
grabando en video.

Empecé a acariciarme el clítoris cada vez mas deprisa,
siguiendo el ritmo de las envestidas de Pablo. Note que me venia otro orgasmo, y
movía mi culo golpeándole el vientre a el.

En ese momento me corrí, y continué moviendome para Pablo.

No pudo resistirlo mucho mas, empezó a moverse
espasmódicamente, y note que se estaba corriendo.

Nos quedamos un cuarto de hora aproximadamente así, y luego
nos duchamos, nos vestimos, y salimos a tomar otro café.

Le explique que esto había sido muy bonito, pero que me
sentía un poco culpable, y que no quería que volviese a ocurrir.

Lo que en verdad no le dije, es que yo no quería ninguna
relación estable, y que además Javier era mil veces mejor en la cama. Pero no se
trata de hacer daño a la gente.

Luego visione la cinta de video, y la verdad es que había
quedado muy excitante, pese a tener solo un Angulo fijo. Escribí una nota para
Javier contándole lo que había pasado, se la deje encima de la mesa del comedor,
y me fui a dar una vuelta.

Calcule el tiempo en que él volvería del trabajo, y vería la
cinta, y volví a casa.

Al llegar estaba viendo la cinta, y pude ver que estaba
sumamente excitado.

-"Sara, Menuda puta que estas echa" me dijo él

Yo me acerque, le bese, y le dije

-"Hace unos días que no me haces caso, estaba necesitada"

Yo ya estaba Húmeda otra vez, la idea de que me viera en
video, y se pusiese a tono viéndome con otro, había sido genial.

El se levanto, y se dirijo a mí sin decir palabra. Me recostó
contra la mesa de manera, que yo no le veía, y dejando mi trasero en pompa,
Separo mis piernas y subió la falda de mi vestido hasta mi espalda, me toco el
coño, y comprobó que lo tenia mojado.

No se molesto, ni en quitarme el tanga, lo aparto a un lado,
y me penetro salvajemente.

Creía morir, Ahora si que me notaba llena de el, me lo estaba
haciendo sin decir palabra. Y sé que estaba mirando el video mientras lo hacia.

La situación nos excitaba a los dos sobremanera, así que no
tarde en correrme.

Unos dias tanto, y otros tan poco. Pero que le vamos a Hacer.

Espero que os guste este relato. Y no os engañéis, quiero a
Javier con locura, pero no pienso parar ahora de disfrutar de mi sexualidad.

Ya os contare nuevas experiencias.

Un Beso

Sara pi

 

Resumen del relato:
    Me exite hablando con un compañero de gimansio, y gracias a que mi marido no habia cumplido ultimamente, aproveche la ocasión.