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Empezando a deshinibirnos (2)

Empezando a deshinibirnos (2) (11)

EMPEZANDO A DESHINIBIRNOS II

Estaba contenta por como habia sucedido la tarde, no me
arrepentia de nada, y lo mejor: él tampoco. Cuando llegamos a casa, mientras
preparabamos la cena, él me conto lo que estuvo haciendo mientras yo estaba
disfrutando a manos de Dani. No fue nada del otro mundo, aunque si algo nuevo y
excitante. No es raro que un hombre se masturbe viendo una pelicula porno, pero
si que lo haga viendo a su mujer disfrutando con otro hombre.

Tomamos una cena ligera y nos acostamos, pues despues de
aquella tarde de tanto disfrute habia quedado exhausta. Jorge me dio un beso de
buenas noches en la boca y cerre los ojos, para no abrirlos ya hasta el dia
siguiente.

Pasaron unos dias hasta probar, esta vez ya nosotros dos
solos, todo lo que compramos en el sexshop. Fue una noche de sabado,
aprovechando que al dia siguiente no trabajaba, pudimos acostarnos tarde.

Cuando llegue a casa, la mesa estaba puesta y la cena
servida. La casa estaba iluminada unicamente por velas de todos los tamaños y
colores. El ambiente era realmente romantico. Jorge estaba sentado ya en la
mesa, pero llevaba muy poca ropa: llevaba solamente los calzoncillos.

Me acerque a él, se levanto y empezo a quitarme toda la ropa
que según el me sobraba: toda excepto las bragas y el sujetador. Me sente a
cenar con algo de vergí¼enza en mi interior, pero el champan me ayudo a no
preocuparme de eso.

Al acabar nos sentamos en el sofa a reirnos de una peli porno
que pusimos. Entre risa y risa los calores nos iban subiendo poco a poco y
decidimos poner en practica todas las posturas que iban saliendo en el video.
Gracias al alcohol que llevabamos no sentiamos vergí¼enza.

Tengo que puntualizar que yo era una persona algo retacada,
muy cortada para hablar sobre sexo y mas aun para practicar según que cosas,
como el sexo anal o cualquier cosa que se alejara de la normalidad. En aquellos
dias aprendi a vivir mi sexualidad abiertamente y a disfrutar con ello, sin
sentirme culpable y/o sucia. Por primera vez en nuestra relacion, aquella noche
conseguio de mi mas que ningun chico antes.

La pelicula parecia entretenida. Empezo mostrando a una chica
joven y desnuda, probandose un vestido de novia en una habitacion mientras un
chico, tambien joven, escondido debajo de la cama la observaba y se excitaba.
Eran hermanos. Inmediatamente aquella chica bajo a algo parecido a un salon,
saludando a alguien que podria ser su tio, o quizas su abuelo, y empezaban a
follar. En la primera postura que hicieron el hombre estaba sentado en una
butaca y la chica se sento encima de él, dandole la espalda.

Aquella postura nunca la habiamos probado porque pensaba que
era muy incomoda, y aunque lo cierto es que se estaba mejor en la cama tumbada,
era muy placentera, puesto que al estar yo encima era yo la que llevaba el
control, la que elegia los movimientos y la rapidez, por lo cual pude alargar mi
orgasmo y hacerlo mas intenso. Ademas, Jorge no paraba de acariciarme la
espalda, los pechos, las piernas,… y de susurrarme que le encantaba como me
movia encima de él, excitandome aun mas. Alcanzamos el orgasmo casi al unisono e
inmediatamente nos fundimos en un abrazo eterno. Se levanto y, despues de ir al
baño, me trajo una copa de vino.

En la television ahora salia la misma chica del principio,
ahora acompañada de un hombre distinto, seguramente de su futuro marido, en la
ducha los dos. í‰l tenia una ereccion importante, la cogio por la cintura
levantandola y colocandola en sus caderas. Ella enrosco sus piernas alrededor de
su cuerpo para sujetarse y él tenia las manos en su culo, para ayudarse en los
movimientos. Se volteo, apoyo a la muchacha en los azulejos del baño y empezo a
follarla, haciendo que ella soltara unos gemidos terribles de placer. El hermano
de ésta seguia escondido mirando a la pareja como hacia el amor, y pense que
quizas no fuera mala idea que un dia dejaramos que alguien pudiera observarnos
mientras lo haciamos, era algo que me ponia cachonda. Nos miramos Jorge y yo y
decidimos que dejariamos esa postura para el final, para poder acostarnos recien
duchados y cansados. La chica se arrodillo y mientras le caia el agua sobre todo
su cuerpo, cogio la enorme polla de aquel chico y se la metio en la boca entera,
provocando que él cerrara los ojos y la agarrara del pelo, con unos movimientos
muy bruscos.

Antes de que el chico pudiera correrse, la levanto
(agarrandola aun de los cabellos), la sento en el borde de la bañera y se la
metio por el culo sin ningun tipo de contemplaciones. Ella cogio un pene algo
grande para meterselo por el coño. La cara de placer que tenia y lo poco que
tardo en alcanzar el climax me dejaron de piedra. Hubiera dado lo que fuera por
haber sido la protagonista de aquellas escenas. Agarre el miembro de mi novio y
empece a masturbarle. Lo que venia ahora me gustaba: se veia una habitacion,
algo tetrica, con muchas estanterias llenas de objetos tipo latigos, cuchillos,
pañuelos, penes de plastico, cuerdas,… Una madera horizontal cuega de aquella
pequeña mazmorra y otra paralelamente esta situada en el suelo. La sirvienta se
vistio de cuero negro y ató las muñecas y los tobillos de su señora a las
argollas de las maderas, de tal manera que dejo a la muchacha sin movilidad
alguna. Rasgo todas sus ropas con un cuchillo, sin remediar que alguna que otra
vez aquel objeto punzante hiriera la sensible piel de la ahora “esclava” y se
escaparan algun hilillo de sangre, que inmediatamente era lamido por la “ama”.
Cuando estubo completamente desnuda se acerco a la estanteria, agarro un bote y
extendio su contenido en el cuerpo de la atada. Se trataba de vaselina o algun
tipo de aceite, que hacia que su cuerpo brillara y resbalara al tacto de otro
cuerpo.

Con una tablilla de madera le golpea las nalgas a la chica
rubia sin control, y en pocos segundos aparecen rojas, como a reventar. Ahora,
que parece que ya se ha divertido bastante y ha hecho llorar a la rubia, se
enfunda un cinturon que incorpora una polla de plastico y se dirige a follarla
por todos lados. Le desata las esposas de las muñecas y la obliga a chuparle la
falsa polla, le vuelve a atar a la argolla y la embiste sin compasion. La rubia
no creo que estubiera muy excitada, por lo cual la penetracion no habia sido
facil. Gritaba de dolor. La “ama” disfrutaba viendola asi, le azotaba en el culo
y la insultaba.

Yo ya no podia mas, ni Jorge tampoco. Hacia unos diez minutos
que habia empezado a masturbarle y, aunque los movimientos de mi mano eran muy
lentos, su polla estaba ya durisima. Me levante y despues de apagar el video y
la television le agarre el brazo para llevarmelo al baño. Tenia unas ganas
inmensas de follarlo, de hacerle mio. Como estabamos aun desnudos, no tuve que
perder tiempo quitandonos la ropa. Encendi la ducha y la enganche arriba,
dejando que mojara su cuerpo de una forma muy sensual cuando se metio en la
bañera.

Cuando estubo empapado le enjabone todo su cuerpo con una
dulzura indescriptible. Su polla estaba a cien viendo como ahora me tocaba
enjabonarme a mi, viendo como acariciaba mis pechos, mis muslos, mis culo, mi
entrepierna,… No aguanto mas. Poniendo su mano en mi cabeza me agacho,
pudiendo ver sin esfuerzo mi coño y mi ano. Me separo las nalgas con sus grandes
manos y me penetro alli mismo, con el agua cayendo sobre nuestras cabezas y
nosotros gimiendo de placer. Despues de decirme algunas palabras malsonantes,
estilo puta, golfa,etc., y algunos azotes en el trasero, se corrio. Como yo aun
no habia llegado al orgasmo, se sento en el suelo de la bañera y dejandome en la
misma posicion que yo estaba me hizo sexo oral mientras me metia dos dedos de
una mano en el coño y un dedo de la otra mano en el culo. ¡Que sensacion…! Fue
un orgasmo increible. Nos besamos, terminamos de ducharnos y asearnos y nos
fuimos a la cama dispuestos a descansar; eran ya las cuatro de la madrugada.

Esto de ir quitandonos la vergí¼enza e ir probando cosas
nuevas me empezaba a gustar. ¿Por qué tenia la sensacion de que aquel era el
principio hacia una locura desenfrenada llena de pasion y placer? En un proximo
relato contare cual fue nuestra nueva experiencia antes de volver al sexologo.

Espero vuestros comentarios. Un beso.

Resumen del relato:
    Seguimos probando cosas nuevas mientras la vergí¼enza poco a poco desaparecia. Empezaba a disfrutar plenamente del sexo, y a interesare y excitarme viendo nuevas practicas. Esto me ayudaria a que en otra ocasion pudiera ser yo la protagonista.

Un tour de mucho sexo

Un tour de mucho sexo (13)

Un tour de mucho sexo

íbamos a salir a pasar unas vacaciones en Brasil y decidimos
Andrea y yo ir con el coche, ya lo habíamos comentado con nuestros amigos y hubo
muchos que se anotaron a nuestra aventura, solo le dijimos el camino que vamos a
hacer lo importante es que cada uno debía a venir acompañado de su esposa, los
que coincidía con nosotros o nosotros con ellos y podían follar con todos los
que habían llegado al hotel.

Había hecho lo imposible para convencer a Andrea a que se
acueste con algún chico porque hoy tenía muchas ganas de follar con una tía y
sabiendo las predilecciones de mi mujer, tenía la certeza que se iba a acaparar
todas las féminas y nosotros no íbamos a ver un coñito húmedo ni por joda.

A las 20:30, llegamos a un Motel de la ruta cerca de Santa Fé
y nos registramos eran varios bungalow la entrada estaba diseñada para
estacionar el coche, se componían de un salón muy grande en el cual había
montones de juguetes eróticos como potros se cuero para montar cuyas monturas
tenían unas franjas llenas de pinchos de goma para que las chicas puedan
refregar la almejita y masturbarse y televisores que pasaban películas porno un
canal eran de orgías, chicos con chicos, chicas con chicas y así sucesivamente,
el dormitorio como en todas las habitaciones el cielo raso estaba compuesto de
espejos y los colchones eran de agua, el baño era muy espacioso con un jacuzzi
para cuatro personas, hacía bastante calor y pusimos el aire acondicionado de
forma tal que estando desnudos no pasáramos frío y lo más importante un bar
sensacional había bebidas de todo tipo y aditamentos para hacer el cocktail’s
mas extravagante.

Andrea fue recto al baño y se metió en la bañera para
relajarse y refrescarse, salió a la media hora yéndose en el dormitorio para
cambiarse mientras yo me bañaba era tanto lo que nos conocíamos que no quiso
vaciar la bañera porque sabía que siempre mi ilusión era meterme en el agua que
había usado mi mujer, era algo que me excitaba de sobremanera, me sonreí y me
sumergí en ella, no pude dejar de sentir su perfume diluido por el agua pero
perceptible todavía.

Ya vestidos de petit gala y bebiendo una bebida refrescante,
sentimos unos golpecitos en la puerta, sabíamos que se debía tratar de alguna
parejita amiga, y así fue era Alfredo con una sobrinita de Paloma, su esposa,
que tenía quince añitos y desde hace dos añitos era la amante de Alfredo y de
Paloma, siendo ésta la mujer preferida de Afrodita, al entrar nos saludó a todos
con un beso en la mejilla.

Al ver la niña a Andrea en la barra se dirigió corriendo
hacia ella besándola apasionadamente en los labios mientras Andrea le acariciaba
la carita, era pasión lo que tenía la niña por mi mujer, y ella le correspondía
con mucha ternura, nunca habían tenido una relación amorosa y mi mujer que era
demasiado puta, le encanta ver a la pendeja caliente de sobremanera con ella, y
la chavalita le refregaba su chochito por las rodillas de mi mujer y pensar que
yo era el único que me daba cuenta de los orgasmos que tenía con Adriana, (ese
es el nombre de la niña), pero los disimulaba con una maestría inigualable.

Sonaron dos tímidos golpecitos en la puerta, abrió Adriana y
asomó Ricardo y Nelly, su mujer, recién casados y la chica no sabía nada de
nosotros, me aproximé a Ricardo y le pregunté si le había contado a Nelly porqué
nos habíamos reunido, a lo que contestó que no, pero porque no le dijiste y me
contestó que Andrea la iba a preparar, pero si ella no sabe nada, además estás
en plena luna de miel, te casaste hace dos días Ricardo.

Si es que por mas que intento la tipa es como mama y papa, y
mi mujer tiene que ser bien puta sino no la aguanto. Que quieres que te diga, si
no pude follarla todavía, es virgen, cuando la quiero ensartar me pregunta si
estoy seguro que no es pecado lo que estamos haciendo, De la casa de Papá, al
Opus Dei y de allí al matrimonio. Estoy seguro que Andrea me la dejará a punto
de caramelo, lo que no haga tu mujer con una tía no lo hace nadie.

Vale, habla con Andrea.

Antes fui yo y le aclaré todo lo que Ricardo me había
contado.

Yo vine aquí a divertirme no a degenerar monjitas que después
te hacen la contra.

Bueno, pero ahora salva al Ricardo que te lo agradecerá.
Enróllate con ella y demuéstrale lo hija de puta que eres mi amor, pero que no
se dé cuenta. ¿Vale?.

Vale. Me acerqué por detrás y abrazándola a Nelly le
pregunte. ¿Cómo está la recién casada?

Muy bien Andrea, enamorada de mi maridito.

¿Qué quieres tomar Nelly?

Un refresco, pero sin alcohol. Por fa, que se me sube pronto
a la cabeza y no sé lo que hago ni lo que digo.

Ven vamos a sentarnos en el sillón de la terraza.

¿De qué lo prefieres?

De fresa.

Ya te lo traigo, Puse medio vaso de jugo de fresa y el otro
medio de Gin y le eché jugo de plátano para disimular el gin y bastante hielo.

En media hora se lo tomó todo y ya estaba con la lengua un
poco trabada, comenzamos a hablar de la parte sexual , mientras mis manos la
acariciaban las piernas, primero sobre la falda y luego las rodillas desnudas y
con mucho tacto los muslos de la parte interna mientras hablábamos, su
respiración se agitó, le pregunté ¿Quieres otro refresco?.

Si, porque estoy un poco sofocada.

Ya te lo traigo. ¿Igual que el otro?

Si, estaba muy rico.

Ya vengo, Lo hice igual que el otro.

Cuando regresé, tomo de un sorbo la mitad. Ven –Le dije- te
noto muy tensa, vamos al dormitorio que te haré unos masajes en la espalda para
que te relajes ¿Quieres?

Si, creo que me vendrán muy bien.

Nos levantamos y nos fuimos a la habitación, le hice una seña
a Carlos que nadie fuera al dormitorio y asintió con la cabeza.

Sácate la blusa y recuéstate boca a bajo, disminuí la
potencia de la luz con el atenuador, busqué el aceite perfumado y comencé con el
masaje, le hacía sentir mis manos reafirmando su piel, poco a poco fue
excitándose, su respiración se aceleraba, estaba encantada con mis masajes.
Nelly, -le dije- te saco el sostenedor para no manchártelo.

Si, espera que lo saco yo, se puso de pie y se lo sacó,

Sácate también la falda que te la vas a arrugar.

¿Es que abajo solo tengo una tanguita?

No importa, total entre mujeres no tiene importancia ¿No?.
Comencé a acariciarla mis manos ya no masajeaban solo acariciaban todo su cuerpo
su piel era suave, tenue hermosa, jadeaba sin disimulo, me dediqué a acariciar
sus piernas y sus nalgas. Levanta el culito que te saco la tanguita, dudo un
momento, pero permitió que lo hiciera, empecé a acariciar su rajita y gemía como
si nunca la hubieran tocado, subía y bajaba su cuerpo para que tocara su sexo,
yo evitaba hacerlo porque iba a llegar al orgasmo y no sabía cual sería su
proceder. Date vuelta Nelly, Eres hermosa mi pequeña comencé a sobarle fuerte
sus duras tetas, al tocarle su coñito, porque era pequeño, sentí que ya había
empapado las sabanas y entre gritos de placer tuvo su anhelado orgasmo, me
desnude y me aceité las tetas y todo mi cuerpo y allí comencé en refregarnos
nuestros cuerpos Mientras fue inevitable que sus gritos de placer hicieran venir
todos los que estaban en el salón, Ella al estar de espaldas no veía los que
entraban y en silencio se pusieron a observar. Nelly, lo único que sentía era lo
que yo le hacía sentir, yo era su mundo y ella el mío, nos besábamos, y
rozábamos nuestros sexos dándonos mutuamente placer, comenzó a tener un orgasmo
de alaridos y ojos en blanco, me sentí empapada y cuando mire vi que Nelly
orgasmeaba y orinaba a la vez y así como cuatro o cinco veces era tanto la
excitación que me causaba que yo también empecé a tener multiorgasmos mientras
orinaba en su sexo, que gran placer cuando exhausta levanto la vista veo que
Adrianita desnuda mirándonos alucinada resistía los embates de Alfredo
perforándole su coñito mientras Ricardo se apropiaba de su culito y saliendo de
el pequeñas gotas de sangre, Mientras Carlos besando a la niña ella lo
masturbaba, nosotras íbamos de orgasmo en orgasmo el primero en correrse fue
Ricardo dentro del culito de la niña, después de dejar toda su lechecita en
ella, cuando terminó de sacar su soberana polla de la niña esta en un orgasmo
conjutamente con Alfredo. Comenzó sin aguantarlo mas a orinarse y a tener
orgasmos cada vez más profundos. Ricardo ya repuesto de su orgasmo se agacho
frente a Carlos y cogiendole la polla comenzó a hacerle una mamada sensacional a
juzgar por los gritos que daba Carlos. Los cinco quedaron tirados en la cama
exhaustos, excepto yo que lamía suavemente el anito de Adrianita para suavizar
su dolor, solo la escuche decir que la próxima vez quería estar en el lugar de
Nelly, júramelo Andrea.

A la mañana siguiente mandamos a Ricardo y Alfredo a comprar
churros y traer chocolate mientras Carlos, Nelly, Adrianita y yo nos metimos en
el jacuzzi.

Luego de un rato de estar entre todos masturbándonos con los
pies, Nelly se levanto y se puso entre mis piernas y besándome en los labios y
mordiéndome los pezones caliente al máximo, ¿quién hubiera dicho hace un mes que
estaría comiendo las tetas a una mujer pensar lo brutal que fue anoche cuándo
nos comimos el coñito en la cama y tu marido mirándonos, eso fue lo mas
excitante.

Y él encantado que lo hagas mientras tu maridito le chupaba
la polla de una manera sensacional. Es que a Ricardo lo tienes muy caliente,
tendrás que atenderlo mucho mas. Y ahora ve con Carlos que está deseando
llenarte de lechita caliente, yo atenderé a Adriana que el bestia de Alfredo con
semejante estaca le hizo mucho daño en el culito a mi nena, estaba deseosa
Adriana de que Andrea la atendiera La acostó en el borde de la bañera con el
culito en pompa mientras le lamía vehementemente, con la lengu dura de Andrea y
la nena aflojando todo el esfínter anal pudo meter la lengua muy profundamente
esto hizo sentir a la niña que se aproximaba un orgasmo tan violento que se lo
gritó a Andrea, esta la hizo girar quedando su almejita en la boca de Andrea
justo en el momento que la chica orgasmeaba y se orinaba en la boca de Andrea
esto hizo que mientras se bebiera los jugos y el orin de la niña ella a su vez,
al ver como gozaba la chica a Andrea le sobrevino un orgasmo violentísimo y
mientras orgasmeaba y orinaba Nelly y Carlos bebiéndose los jugos y los orines
de su mujer llegaron a un climax estupendo.

Al rato la niña desnuda se sentó en el water y sintiendo
tanto dolor le pedía ayuda a Andrea. Está saltó de la bañera y calentando el
culito de la niña con su lengua le dilató el pequeño agujerito hasta que con el
calor que le prodigaba a la nena ésta pudo defecar en la mano de Andrea y dejó
caer las heces dentro del water.

Andrea sentó a la chica el bidet mientras con agua caliente
le acariciaba y limpiaba el cerradito ano de Adriana, Mientras lo hacia se
cerraron en un ardiente beso de lengua donde primaba todo el cariño que se
dispensaban.

Mientras tomaban el chocolate con churros, cuando hubieron
terminado salieron al porche y el coche de Andrea y Carlos había desaparecido,
sobre la cama encontraron un papel que decía.


¿Cuál será el próximo hotel?, y lo mas intrigante.
¿Será con alguno de ustedes.?….

Carlos y Andrea


 

Resumen del relato:
    Adrianita era la amante de los componentes de un matrimonio, a los quince añitos ya competía con la mas profesional de las meretrices.

Encuentro realmente inesperado (3)

Encuentro realmente inesperado (3) (10)

Pese a que todavía era de mañana, no pude evitar sorprenderme
cuando me percaté que eran las 11:03. Es totalmente contra mi costumbre
levantarme tan tarde, y se lo hice saber a Fernando, que acababa de llegar a la
mesa luego de terminar lo que tenía que hacer allí.

Lo dejé servirse tranquilamente, mientras yo daba por
concluído el desayuno. La televisión mostraba las imágenes de una emisión por la
cual yo no tenía realmente interés, pero al menos me permitía desviar la mirada
a otra parte que su bajo vientre.

— Oye, ¿ya te fijaste que son las 11?– le cuestioné
súbitamente.

— ¿Sí, y qué?– responde, haciendo una pausa en el proceso
de servirse una tostada con mermelada.

El desayuno tardío también es contra mis costumbre más
elementales, pero en esas circunstancias especiales, intenté separarme un poco
de mis rituales, como concesión a su compañía.

— ¿Qué haces normalmente, los sábados por la mañada?

— Duermo, hasta que me duela la piel de tanto estar
acostado.

— Según recuerdo, me presumiste ser un chico más bien
deportivo.

— Lo soy, pero no el sábado por la mañana, ¿y tú?

— A esta hora yo debería estar en el gym, a mi edad es
necesario hacer atención.

–¿A tu edad? ¡no inventes! si solamente me llevas por 4
años.

— Diferencia importante, ya lo verás cuando tengas 33.

— Hablas como si deveras estuvieras al borde de la tumba–
me dice, y se sirve otra tostada. Yo había concluído desde hacía mucho, y fumaba
un cigarrillo mientras esperaba a que él terminara a su vez.

— La vida no es tan larga, ¿sabes?– le digo.

— Sobre todo si continúas fumando– responde.

— Eh, cuidado, que tengo en muy alta estima mis defectos.

— De eso ya me había enterado.

Yo continué en mis cavilaciones, pensando detenidamente en
qué es lo que haría con ese tiempo que yo robaba al asignado a mis viejas
costumbres. Fernando parecía dispuesto a continuar sin hacer nada. Me percaté
que había olvidado -por increíble que parezca- que esa era precisamente la idea
que habíamos tenido al principio: un fin de semana nada más para nosotros. Pero
por alguna razón, yo estaba con un humor levemente irritable. No queriendo
perjudicar la naciente relación con Fernado, se lo hice saber:

— Estoy un poco aburrido.

— Se te nota, desde que saliste del baño esta mañana estás
pensativo y hablas como si quisieras forzar una buena conversación.

Yo reí de su observación, pero no dije nada, él continuó.

— No tienes necesidad de impresionarme: ya lo has hecho, o
de lo contrario no habríamos repetido.

— ¿Repetir qué?

— La cogida, como la otra vez.

— A decir verdad, es sólo la mitad de la otra vez.

í‰l pareció haber sido atrapado ligeramente con la guardia
baja, pues estuvo reflexionando mis palabras durante unos segundos, pero
rápidamente hizo un gesto de reconocimiento, mezclado de una sonrisa peculiar.

— Solo te basta decirlo. Estamos en confianza, ¿no?

— Me da no se qué.

— Dilo, me gustaría escucharte pedirme lo que quieras. Con
tus palabras.

— Bien… estar contigo anoche fue maravilloso.

— Mucho mejor.

— Pero… creo que me faltó…

— Tomar el turno de ser el pasivo. Lo sé bien.

— ¿No que me ibas a dejar terminar?

— Me siento especialmente caliente, así que no quiero
esperar más para que vengas a chuparmela– diciendo eso, empuja la silla donde
estaba con sus pies y me muestra su verga, en una erótica semi-erección. Sus
pectorales y torso formaba una especie de rombo sumamente atrayente, de no ser
por la pieza de carne que pendía entre sus piernas, la cual definitivamente
atraía más mi mirada.

Empezó a frotar sus manos alrededor de ella, tallando sus
vellos púbicos de color negro y delineando sus ingles. Observé su vello púbico
ensortijado, y noté la gradual disminución de su densidad en los extremos de las
ingles. Me pasó por la mente la idea obvia que hombres y mujeres tienen en
realidad formas bien diferentes en la distribución del vello pubiano, y que la
forma masculina tampoco me resultaba para nada desagradable.

— Ven y chúpamela, anda.

Sintiendo la llamada ardiente de su sexo al descubierto, me
levanté despacio de donde estaba y me hinqué al lado suyo, mientras él me miraba
con aprobación cómplice.

— ¿Ves la punta?¿ves esa gotita de leche que le sale?

— Sí.

— Quiero que tu lengua la saboree ahora mismo.

Yo obedecí sin tardanza, saqué la lengua y la pasé sobre el
orificio al extremo de su glande al descubierto. El sabor salado de sus líquidos
seminales se extendió sobre mi lengua, procuré tenerlo en todas partes, para que
cada papila me demostrara el mismo sabor.

— Ahora chúpamela, métetela hasta al tope– me ordenó,
mientras finalizaba con su tazón de cereal.

Abrí la boca y empecé a ingerir su miembro, extendiendo un
poco el cuello y sintiendo como rozaba con las paredes internas de mis mejillas,
y con mi paladar. Sentí como se erectaba por completo, como cambiaba de forma de
ser una especie de golosina tierna a ser un cuerpo duro a la presión.

— ¿A tí hay que enseñarte las cosas dos veces? abre bien la
boca, no quiero que me muerdas.

Abrí bien la boca y extendí mis labios, para tocarlo
únicamente con las partes blandas tal y como ya me había enseñado. Su miembro no
tardó en encontrar el camino hacia mi garganta, cuando de nuevo empecé a
experimentar una fuerte sensación de náuseas. Empecé a dar de arcadas, pero
intenté contenerme.

— Por lo visto voy a tener que acostumbrarte a chupármela.
Métetela hasta el fondo.

Continué varias veces intentando introducirlala lo más
posible, acercándo los labios cada vez más del ras de su vello púbico. Lo hice
durante varios minutos, hasta que la sensación de asco empezó a disminuir. Es
una maniobra en apariencia complicada, pero la sensación de su glande en el
fondo de mi paladar me animaba a seguir.

En cierto momento, logré introducirla toda dentro de mi boca,
mis labios tocaban ahora sí la base de su vello púbico así como el comienzo de
la suave piel del escroto. El lanzó un gemido de reconocimiento.

— Oh, sí, puedo sentir tu garganta sobre mi verga.

Yo no podía decir nada, pero me contenté con lanzar un gemido
de reconocible placer.

— ¿Estás ganoso de verga?¿verdad?

Asentí con otro gemido.

— Quiero que te metas el dedo mientras me la mamas.

Cambié de posición para poder hace lo que él decía. Me
encorvé como una puta en espera de su macho y dirigí una mano hacia mi culo, y
empecé a repasar mi ano con mi dedo medio. Comencé a meterme y a sacarme su
verga de mi boca más a prisa.

Toda irritación desapareció de mi cabeza como por encanto. Yo
me entretenía adorando su falo, succionándolo. Esporádicamente me lo sacaba de
la boca, para admirarlo frente a mi cara y para luego lamerlo, dando giros
lentos con mi lengua sobre el orificio urinario, en el frenillo o detrás del
glande. Yo estaba totalmente transportado por mi actitud licensiosa, dejándome
llevar como él lo había hecho el día anterior.

De su verga fluía esporádicamente una descarga de fluido
lubricante, demostrándome que sí le gustaba que se la chupara como lo hacía. A
cada reflujo yo me separaba para recoger las gotas del líquido con la punta de
mi lengua, abriendo bien la boca y volteándolo a ver. El juego de las miradas
licensiosas era al parecer una nueva complicidad entre él y yo.

— Tú también adoras ser mi puta, ¿verdad?

Yo asentí, dejando que un hilo de fluido seminal se formara
entre su miembro y mi lengua.

— Así, bien–me dice, de pronto agrega : –voltéate–

— ¿me vas a dar?– le pregunté.

— Te la voy a meter toda, tal y como pides a gritos.

Yo me sentí intensamente tentado a dejarlo penetrarme tal
cual, mi culo ya adivinaba la sensación de su verga entrando y saliendo de él.
Pero la prudencia salió avante, a duras penas.

— Sin condón, no– le dije, para enseguida abrir la boca y
meter uno y luego el otro de sus testículos velludos. Yo sentía desde el
principio una especial predilección por sus dos suaves glándulas, siempre bien
guardadas en su saco de piel con una capa velluda suave al tacto.

— ¿Tu tienes una fijación con los condones o qué?– me dice,
mientras yo continuaba sintiendo ambos testículos deslizándose juntos en mi
paladar, mientras yo tiraba levemente con los labios para alejarlos de su
posición usual. Los liberé un instante para contestarle:

— Y tú tienes una fijación con el sexo sin condón.

— ¿No te gustaría tener esa verga que lames en tu culo ahora
mismo?

— Sí.

— ¿Entonces?

— Pero las enfermedades… tu sabes–

í‰l parecía contrariado, o al menos, contrariado de la manera
en que puede estarlo un hombre mientras le practican una mamada atencionada. Yo
estaba caliente, cierto, más no tenía la intención de dejarlo hacer.

Después de un par de insistencias, Fernando cesó de pedirme
que lo dejara penetrarme sin protección. Yo seguí sin embargo, lamiendo,
succionando, adorando sus testículos un buen rato. Era un juego para mí
agradable estar simplemente lamiéndole las bolas, y él también parecía
entretenido. Levantaba la cara, centrándose en mis atenciones, respirando más y
más agitadamente conforme yo aceleraba las succiones. Lo tenía por el pito y los
huevos, literalmente, así que era yo el que podía imponer mis reglas.

— ¡Oh, está bien!– exclamó de pronto –¡trae los pinches
condones!–

— ¿Hablas en serio?

— ¡Sí! pero rápido antes de que te viole.

— Voy entonces.

Me puse de pie y procedí a alejarme, pero sorpresivamente, él
me retiene de una mano y me dice:

— Espera un poco.

Me recliné ligeramente, para darle un beso profundo en la
boca y darle a probar un poco de lo que él mismo fabricaba. í‰l abrió la boca
ansioso y recibió con gusto lo que yo quería darle a probar, rodeando mi lengua
con sus labios. Sentí que sus manos bajaban por mi espalda, y sin mucho
préambulo se insertaban en mis nalgas, abriéndolas. Con un dedo se puso a buscar
mi agujero. Lo encontró pronto y comenzó a tallarlo.

— Este ano tiene ganas de verga.

— Sí, pero protegida.

— ¿Y si te meto el dedo no hay problema?

— No– e inmediatamente sentí la presión de su dedo
empezando a abrirme. Yo no estaba lubricado, así que sentí algo de incomodidad.

–¡Aau!–

— ¿te duele? ¿está muy seco?– me pregunta.

— Sí.

Sacó la mano de su lugar y la dirigió a mi boca, me ofreció
el dedo y me dijo:

— Lubrícalo.

Yo abrí la boca y empecé a succionar su dedo, que era
notoriamente largo y firme, un dedo áspero de hombre. De pronto lo extraje y le
dije:

–Tengo una mejor idea.

Tomé su mano y la dirigí hacia mi verga, que estaba
notoriamente mojada por toda la excitación que yo había experimentado esos
últimos minutos. í‰l comprendió lo que yo quería y empezó a empapar su dedo en
mis fluidos seminales, pasándolo sobre todas las partes mojadas sobre mi glande.

Separó su mano y la dirigió de nuevo hacia mi culo, el dedo
húmedo de mis secreciones seminales se sentía frío. Pero rápidamente se calentó
al empezar a presionar para entrar. El avance fue notoriamente más fácil: en
unos cuantos segundos lo tuve dentro. Yo me lancé para besarlo de nuevo, todavía
de pie y él en la silla, mientras sus manos me abrían las nalgas y uno de sus
dedos me penetraba. Yo estaba en el paraíso de la pasividad total. Empecé a
masturbarlo mientras tanto.

El humor licensioso extremo había vuelo, como el día anterior
en la bañera, pero ahora era yo el recipiente y él el donador.

 

Resumen del relato:
    Es sábado en la mañana y Fernando me ayuda a entretenerme mientras desayunamos.

Amándose

Amándose (2)

Eran las 5 de la madrugada, acababa de llegar de fiesta, su
cuerpo iba de un lado de las escaleras hacía el otro, se le hicieron eternas,
pero al final llego a su puerta, la abrió como pudo, la maldita cerradura
parecía no parar de moverse de sitio.

Por fin en casa, se descalzó y tiro las botas por el salón,
mientras que intentaba quitarse aquel horrible top que le aprisionaba los
pechos, olía a humo, bueno, toda ella era una mezcla de olores, sudor, alcohol,
tabaco, perfume…necesitaba una ducha rápida, de camino al lavabo, se desabrocho
los botones del jean, estiro de ellos hacía abajo, los tenía apegados a la piel
por causa de la sudor, pero al final pudo quitárselos y dejarlos en medio del
pasillo hechos un rebujillo.

Entro en el baño, dios mío, estaba para hacerle una foto y
enviarla por e-mail a mastercard, aquella imagen no tenía precio. Su larga
melena de color castaño oscuro, estaba enredada, sus ojos verdosos, se
encontraban en medio de un maquillaje desdibujado, sus carnosos labios, ahora
mismo resecos. Las únicas cosas que seguían en su sitio sin degradarse, eran sus
pechos de un tamaño normal, firmes y duros, con aquellos pezones de color
canela, que descarados se erguían hacía el techo, su vientre plano por el
deporte, sus piernas largas, duras, bien formadas y el vello de su sexo, bien
cuidado, en forma de triángulo.

Extendió una mano hacía la manecilla del agua caliente y dejó
caer el chorro de agua, hasta que realmente saliera caliente, paso sus dedos
entre el chorro, jugando con está, para notar su temperatura, y poco a poco se
fue introduciendo debajo del agua, sintió como resbalaba por su cuerpo,
acariciando cada centímetro de esté, sin dejar ninguna zona sin humedecer, cerro
los ojos y empezó a enjabonarse lentamente la cabeza. La espuma se deslizaba por
su piel, devolviéndole su suavidad y olor.

Bajo sus manos cubiertas de jabón hacía su pecho, lo acaricio
en forma de círculos, enjabonándolo, con una dulzura extrema, de tal forma que
sus pezones no tardaron en reaccionar, mostrándose duros, excitados, bajo sus
manos por su vientre, el cual acaricio tiernamente hasta llegar a su sexo, el
cual también enjabono delicadamente, con suavidad, sintiendo su forma, sus
pliegues, jugueteando con sus vellos, recreándose en él un tiempo, para
continuar bajando hasta acariciar sus muslos, sus nalgas, sus rodillas, sus
pantorrillas y finalmente sus pies.

Una vez acabo de enjabonarse, volvió debajo del chorro para
aclarase, para desprenderse de la espuma que vestía su cuerpo, salió de la ducha
en busca de una toalla. El vaho inundaba el cuarto de baño, las gotas de agua
resbalaban por su cuerpo, marcando un recorrido, hasta llegar al piso, con una
mano intento desempañar el espejo, pero tras unos segundos volvió a empañarse,
descalza con una toalla alrededor de su cuerpo y otra en su cabello, se dirigió
a su habitación, se desmaquillo, se desenredo la melena, y volvió a mirarse en
el espejo, mmmmm, ahora sí, estaba como nueva, el mareo se le había pasado, ya
se encontraba mejor.

Mirándose al espejo se quito la toalla que envolvía su
cuerpo, se observo detenidamente, se sentía excitada, tenía ganas de seguir con
las caricias que había empezado en la ducha y sin demorarse más, sus manos
acariciaron sus pechos, en busca de sus pezones, para entrelazarlos con sus
dedos y pellizcarlos con suavidad, recreándose en cada caricia, para poder
sentir en la yema de sus dedos la dureza de sus pezones, duros, firmes,
descarados, cerro los ojos, y un suspiro entreabrió sus los labios, los cuales
acabo por morder.

Acerco uno de sus dedos a sus labios y mirándose fijamente al
espejo, con una mirada lasciva, lo paso entre estos, humedeciéndolos con la
punta de su lengua, para después bajarlos hasta la aureola de su pezón y
acariciarla en forma de círculos, mientras que su otra mano había bajado por el
canalillo en dirección a su sexo.

Paso la palma de su mano por encima de esté y sintió la
textura de sus vellos, enredándolos en sus dedos fue bajando poco a poco hasta
notar la humedad de su vagina e impulsivamente paso dos de sus dedos por está,
estaba totalmente húmeda, aquello la excito más y volvió a pasar sus dedos por
su sexo, a la vez que separo sus piernas, y como un flash recordó la promesa que
le hizo a Pedro.

Pedro le había enviado un cassette donde se había grabado, su
cálida voz, tan sensual, tan varonil, llenaba el silencio de su habitación,
hacía 6 meses que se había ido a trabajar al extranjero, y después de varias
sesiones de cibersexo, se les ocurrió la idea de grabarse en cinta mientras se
masturbaran. Pedro ya lo había hecho, ahora le tocaba a ella, mientras oía su
voz que la excitaba sobre manera, y más todavía si esta era entrecortada e
incluía gemidos. Pulso el botón de grabar, mientras se sentaba en el borde de la
cama e iba relatándole a él, que hacía en cada momento.

Estoy completamente desnuda ante el espejo, son casi las seis
de la mañana y estoy muy cachonda, me siento en el borde de la cama, con las
piernas bien abiertas, para que puedas ver lo mojada que estoy, una de mis manos
esta acariciando mis pezones, si cielo, esos que tan malo te ponen, imagino que
me lo succionas con tus labios, que ahora mismo son las yemas de mis dedos
estirando de ellos, los tengo super duros. Mi otra mano esta en mi sexo, paso
dos de mis dedos separando mis pliegues y sintiendo el calor que desprende,
mmmmm, introduzco uno de mis dedos, pero lo vuelvo a sacar, mientras me muerdo
los labios, ojalá estuvieras aquí, estoy muy caliente, mmmmmm, meto dos de mis
dedos en mi coño, estoy mojadísima, los saco y los vuelvo a meter, ahhhmm,
empiezo un lento mete saca, imaginándome que es tu polla, mientras que con la
otra mano masajeo mis tetas…

Su excitación era tanta que dejo de hablar, para poder gemir
de placer, y estirarse en la cama, mientras su respiración se entrecortaba y su
pecho subía y baja a un ritmo acelerado, sus movimientos se hicieron cada vez
más rápidos en busca de un orgasmo, los dos dedos que entraban y salían fueron
sustituidos por tres, arqueo su cuerpo en busca de más placer, pero hasta
después de una serie de caricias en su clítoris, no sintió aquella serie de
pequeñas contracciones que iban en aumento, y que le advertían de su orgasmo
tras un largo gemido, quedándose dormida en el más placido y profundo de los
sueños.

 

Resumen del relato:
    Para que quedarte con las ganas de algo, si tu misma también lo puedes hacer.

Sonó el movil en mitad de la noche…

Sonó el movil en mitad de la noche… (2)

Sonó el movil, eran las 3 de la mañana, estaba supercansada…
aún así cogi el movil, Juan llamando…

Juan es mi "amigo" en todos los sentidos, con el tuve mi
primera experiencia sexual, no somos novios ni nunca lo hemos sido… pero siempre
ha existido esa chispa entre nosotros…

-Qué quieres??? Sabes que hora es???

-Si lo se… Es que… estaba tumbado en la cama….y me he puesto
a pensar en ti… en tu cuerpo… en tus caderas.. en tus pechos…

-Y que?

-Necesito….necesito sexo Silvi…

-Juan, es muy tarde, vete a dormir..

-Desnudate por favor… dentro de la cama… rozando tu dulce
piel contra las sabanas… te puedo imaginar… yo estoy desnudo.. la tengo muy
dura…. Quiero acariciarte… tocarte esos pezones que tienes y que m vuelven
loco.. abrazarte por detrás… inmovilizarte y hacerte mia…

Si.. la verdad.. es que el calor empezó a invadir mi cuerpo…
mis pezones intentaban atravesar las sabanas… comence a rozarme… acariciarme…

-Te estas tocando…??

-Si….

-Estas mojada???

-Si…

-Deseo…. Deseo seguir….

-Yo también…

Comencé a tocarme los pezones… pronto baje al clítoris que
deseaba ser rozado…. El se estaba haciendo una paja.. podía escuchar sus gemidos
por el movil… y yo estaba haciendome un dedo al mismo tiempo…

-Por favor baja el movil… quiero oirte….

 

 

Así lo hice… el sonido de mis fluidos con el dedo entrando y
saliendo siempre le habia excitado… a mi también.. coloque el movil cerca de mi
clítoris… podía escuchar sus gemidos.. inconscientemente yo también empecé a
gemir….

Cada vez me metía el dedo más rapido…. Oi un gemido final..
el se habia corrido…. Dejé el movil en la almohada y puse el manos libres… segui
masturbandome… me faltaba poco para llegar el orgasmo… pero esta vez Juan me
guiaba poco a poco y yo obedecia…. Acariciate los pezones con una mano.. y con
la otra el clítoris… poco a poco … haciendo circulitos…

Si… acerca tus dedos a tu boca…. Chupalos.. saborea tus
fluidos… mm ahora metete 2 dedos en la vagina… despacito primero … entra…
sacalo.. metelo.. sacalo…

Ahora 3 dedos…. Cada vez más rapido…

Si……..

 

Que duermas bien Silvia…

Buenas noches Juan

 

Resumen del relato:
    Juan me llamó… le apetecía tener sexo.. los 2 sucumbimos ante un placer esquisito..me masturbé… por el móvil…

La bruja

La bruja (5)

Cuando me enteré de que la
chica con la que me había acostado, amiga íntima de mi novia,
era una bruja, no supe cómo reaccionar; me dio miedo, terror, y
ese miedo pudo más que mi amor, así que, craso error, amenacé
con descubrirla, delatarla, aunque no sabía bien a quién.

Estábamos en su casa, acabábamos
de hacer el amor, y sus profundos ojos negros me estaban mirando fijamente
cuando yo estaba de los nervios; su cuerpo desnudo sobre la cama, su melena
negra azabache desparramada por la almohada, sus pechos erguidos y desafiantes,
todo hacía que perdiera la cabeza por ella, pero estaba tan asustado
que no me paré a pensar en lo que estaba diciendo.

Entonces, mientras me estaba vistiendo,
Esther se concentró, me miró, apuntó su dedito hacia
mí, y antes de que me pudiera dar cuenta, me encontraba dentro de
una jaula de un tamaño que apenas me mantenía encogido. Me
revolví, gesticulé, grité, pero solo provoqué
que ella volviera a apuntar su dedo, y me vi rápidamente fuertemente
atado y amordazado. Me explicó que la única forma de controlarme
es cuando estuviésemos juntos, a escasos metros, por lo cual ya
nunca se separaría de mí, por mucho que yo protestase; ya
podía ir olvidándome de todo, de mi novia, de mi familia,
de mis estudios, de mi vida, y que a partir de ese día solo viviría
por servirla, adorarla y darle placer. La verdad es que estaba en sus manos,
ya que con un movimiento de su dedo podía hacer de mí lo
que quisiese; me había puesto una mordaza en un instante, a lo mismo
que las ataduras, y la jaula, algo más grande no le había
costado ni un segundo.

La jaula desapareció en un
visto y no visto, y mi mordaza desapareció también; fui levantado
por una fuerza desconocida, levitado unos centímetros y acercado
a la cama donde Esther estaba echada, desnuda y acariciándose el
sexo. Mi cabeza fue llevada hacia su entrepierna, y aunque yo quería
girarla, aquella fuerza me lo impedía, con lo que mi cara quedó
perfectamente encajada. Entonces, aunque seguía mi cuerpo elevado
en el aire, la fuerza que me mantenía la cabeza desapareció,
pero sin un momento para relajarme, las manos de Esther me la cogieron
y la apretaron contra su sexo ávido de placer.

Mi nariz se enterró en el
bien recortado monte de Venus, mientras mis labios se pegaban como una
ventosa a sus labios vaginales, pero mi lengua se negó a dar el
placer que la bruja buscaba. Agarrándome por los pabellones auditivos,
aplastó más mi cara en su coño, instándome
a que le proporcionara lo que buscaba, pero como yo me negaba, conjuró
una nueva treta; yo sentí como si una lengua saliese de su propio
coño, se enroscara a mi lengua y la atrajese hacia el interior de
la gruta. Cuando mi lengua entró en su coño, la extraña
forma que me la tenía atrapada la guió hacia las zonas que
excitaban a Esther, así que le hice una mamada dirigida que le llevó
rápidamente al placer. Se corrió abundantemente, en mi boca,
e incluso la forma que tenía atrapada mi lengua introdujo sus flujos
en mi boca, empujándolos hacia mi garganta a medida que emanaban,
obligándome a tragarlos. Una vez satisfecha, soltó mi cabeza
y con su dedo me envió, a un metro de altura del suelo, a un rincón
de la habitación. Volvió a amordazarme. Se pasó un
buen rato pensando, cavilando, caminando de un lado a otro de la estancia,
meditabunda, mirándome de vez en cuando, una veces con ternura,
otras con curiosidad; finalmente se paró delante mío y me
dijo que le había estado dando vueltas a cómo me iba a tener
siempre cerca, ya que para tenerme siempre el control sobre mi debía
estar siempre a menos de dos metros de mí y encontró la mejor
solución, tanto para arreglar aquella situación como para
obtener un extra de placer durante todo el día. Me sacó de
la jaula una vez más, me mantuvo desatado, de pie, pero inmóvil,
y concentrándose, lanzó su dedo contra mí. Cuando,
lo hizo un escalofrío recorrió mi cuerpo, y al momento todo
cambió; yo podía ver la habitación, pero lo hacía
como si estuviese tumbado en el suelo. Veía el techo, pero me sentía
el cuerpo extraño, siguiendo en la inmovilidad en la que antes estaba.

Esther se acercó a mí,
la vi agacharse y agarrarme. ¿Podía subirme como si fuera
un folio? Entonces pensé en qué me había convertido,
y para que tuviera plena consciencia de mi situación, me llevó
hasta un espejo. No, no podía ser, no podía creérmelo;
Esther, sosteniendo en sus manos, mostraba al espejo unas braguitas de
algodón blanco, del tipo pantaloncito corto, aparentemente normal,
pero que yo supe que era yo mismo. Ya no tenía dudas de que estaba
completamente en sus manos, que no tenía escapatoria, y de que nadie
en el mundo sabría nunca de mi paradero. La bruja entonces se dispuso
a ponerse las braguitas; yo noté como si abarcara sus piernas con
mis brazos, y sentí cómo sus muslos se deslizaban por mis
biceps, acercándose su culo más y más a mi cara. Cuando
las tuvo puestas, sentía mi nariz entre sus nalgas, con la punta
apoyada en su botón rosado, mis ojos cegados por los glúteos
y mi boca pegada a su sexo. No era una sensación de dolor sino de
bienestar, cosa de la que me sorprendí; acaso una cierta sensación
de ahogo, no, no de ahogo, sino de algo que me llenaba, como una máscara.
Cuando empezó a caminar sentía sus nalgas sobando mi cara
y sus labios vaginales restregarse en mi boca, pero tampoco era una mala
sensación.

Pero cuando se sentó todo
cambió; mi cara se vio aplastada con una fuerza inusitada, mi nariz
a punto de explotar apretada contra su ano, y mi boca quedando totalmente
introducida entre los labios de su sexo. De aquella forma no podía
ni respirar, la cabeza a reventar y mi vida en sus manos, o mejor dicho,
en su culo. Traté en vano de buscar una posición más
cómoda, pero, ¿cómo hacerlo siendo una braguita inerte?.
Entonces oí la voz de Esther; ¡me estaba hablando con la mente!.
Me decía cómo me encontraba así, y le dije, no sé
cómo, que me ahogaba. Entonces noté como todo mi ser se introducía
entre sus nalgas; lo que en realidad estaba haciendo es que se metía
las bragas por el culo, oprimiendo todo mi cuerpo entre sus glúteos,
pero de esa manera encontraba un resquicio para respirar, aunque la sensación
de agobio y presión persistían.

Conseguí decirle mentalmente
que así ya podía respirar, con lo cual se reclinó
en el sofá en el que estaba sentada y cogió el teléfono;
fue entonces cuando su plan destrozó por completo mi vida. Llamó
a mi novia Marisa, y no sé cómo, cuando empezó a hablar
era mi voz la que salía de su garganta; yo me alarmé, quise
impedirlo, pero, ¿cómo hacerlo?. No había manera de
evitar que Esther hiciese lo que le diese la gana, así que traté
de llorar cuando oía cómo la bruja le decía a Marisa,
con mi voz, como si fuese yo, que ya no volvería a verme, que me
había enamorado de una extranjera y que desaparecería para
siempre de la ciudad y de su vida. Esther pudo notar cómo sus flamantes
braguitas humanas se mojaban, debido a mis lágrimas, y eso la excitó.

Esther notó algo que nunca
había sentido; a pesar de que sus poderes la habían acompañado
toda la vida, no había tenido la necesidad de usarlos para su provecho,
pero al pararse a pensarlo, únicamente lo sentía conmigo.
Decidió que seguiría su vida normal, pero con un pequeño
cambio en su placer.

Se reclinó cómodamente
en el sofá, se estiró la braguita, o sea, a mí, de
manera que mi nariz quedaba justo entre sus labios vaginales, y comenzó
a acariciarse, empujando mi nariz dentro de su coño, excitándose
y mojándose. Mi boca quedaba libre para poder respirar, pero mi
nariz se llenaba de jugos, y cuando se corrió, mi cara quedó
empapada.

Una vez saciada se dedicó
a hacer pruebas conmigo; se quitó las braguitas y las dejó
sobre una mesa; primero me convirtió en jarrón, y al echarme
agua me sentí totalmente mojado, pero introdujo dos rosas por la
boca, haciéndolo a la vez en mi culo. Me sentía humillado,
mojado y penetrado. Luego me convirtió en vela, que al encenderla
me llenaba el cuerpo de cera, en lámpara que me quemaba todo el
cuerpo y en consolador, que al introducírselo en su coño
todo mi cuerpo quedó dentro de ella.

Después me convirtió
en sofá, y justo cuando lo iba a probar, llamaron a la puerta; era
Marisa, desecha en un mar de lágrimas. Esther la acompañó
y se sentaron en el sofá (yo); el culo de mi novia quedó
sobre mi cara y Esther se acomodó en mi estómago. Mi novia
le contó la conversación que ella creía haber tenido
conmigo y su amiga la escuchó con atención, como si no supiese
nada del tema.

A continuación sucedió
algo que me llenó de rabia, aunque me excitó también;
Esther comenzó a acariciar a Marisa, susurrándole palabras
de cariño al oído, dándole pequeños besos en
el cuello, y mi novia se dejó llevar, sin duda afectada por el duro
golpe que acababa de sufrir. Así que se relajó y se entregó
a las caricias de su amiga, retozando con ella, deleitándose con
largos morreos y magreos de tetas; eso sí, era Esther la que llevaba
la iniciativa, y Marisa se dejaba hacer, pero noté como la braguita
de mi novia se mojaba a marchas forzadas, así como el coño
de Esther, ahora desnudo.

Cuando finalmente llegaron a su
placer, Marisa le confesó a su amiga que se había sentido
muy bien, que le daba las gracias, pero que sentía confusa, que
necesitaba pensar. Su amiga se quedó con una sonrisa en los labios,
satisfecha de su manipulación en nuestras vidas, pero quería
hacer a Marisa suya, sin contarle nunca lo que había hecho conmigo.
Volvió a convertirme en braguitas y se acostó.

A la mañana siguiente se
despertó pronto, para ir a clase; yo estaba dolorido, cansado, y
aunque había pensado en que todo era un sueño, pronto salí
de mi error. Al levantarse, lo primero que hizo fue ir al aseo, y se sentó
en la taza sin quitarme de su cuerpo; comenzó a mear y toda la orina
fue a para a mi garganta, sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo. Me
ahogaba, mi garganta esta a punto de estallar, y además ella tiraba
de su braguita, metiéndome dentro de su coño, con lo cual,
si no es porque la meada no fue muy larga, hubiera muerto.

Se metió en la ducha y fue
entonces cuando se deshizo de mí; cuando estaba en el suelo de la
bañera, me convirtió en una persona normal, aunque atado,
y estuvo duchándome durante un rato, sentada sobre mi pecho, frotando
mi cara con una esponja, y es que me aseguró que la mayor parte
de mi vida la iba a pasar pegada a su culo, aunque, si me portaba bien,
podría tener algunos privilegios.

Me puso a prueba; tras la ducha,
y mientras se vestía, me dejó en mi forma natural y me mandó
a prepararle el desayuno; me dio la espalda y se metió en el cuarto,
dejándome en la duda de salir corriendo o doblegarme a ella. Lo
mejor sería seguirle el juego, y esperar a que se confiara en su
dominio, no fuese que fallara en la primera ocasión y endureciese
mi esclavitud.

Le preparé el café
y cuando apareció en el salón estaba a medio vestir; llevaba
puesto el pantalón y la blusa, pero ésta abierta, mostrando
sus pechos. Me dijo que me pusiera a cuatro patas y se sentó sobre
mi lomo, y mientras desayunaba me contaba las ventajas de entregarme totalmente
a ella. Si así lo hacía, podría seguir disfrutando
de Marisa, ya que estaba segura de hacerla suya. Aguanté.

Una vez dispuesta, me convirtió
esta vez en sujetador, y me colocó en su pecho; yo sentía
sus dos tetas en mis manos, y mi cara entre ambas. Cuando me abrochó,
mi cara se aplastó contra su pecho, terminó de abrocharse
su blusa y salió de casa para ir a clase. Mientras caminaba, sus
pechos se movía y balanceaban al ritmo del paso, y mis manos no
podían sostener aquellos volúmenes que además estrujaban
mi cabeza entre ellos.

La mañana se pasó
entre clase y clase, y la mayor parte del tiempo estuve dormitando entre
sus senos, solamente sobresaltado cuando, entre clases, ella se levantaba,
salía al pasillo, fumaba un pitillo o iba al aseo.

Por la tarde, después de
comer, momento en el cual me había devuelto mi forma y le serví
la comida, nos fuimos de paseo, de compras, y el resto de la tarde la pasó
estudiando, y yo, un rato humano haciendo su colada, limpiando la casa,
un rato como consolador, alojado en su interior, luchando por poder respirar.

Pasaron tres días hasta que
volví a ver a Marisa; habían quedado aquella noche de viernes
para salir y bailar un ratito. Esther me llevaba de braguitas, así
que de entrada no pude verla. La bruja debía estar bastante contenta
conmigo, porque se dirigió al aseo, me quitó de su cuerpo
y me convirtió en un librito de bolsillo muy fino. Cuando regresó
al lado de Marisa, me mostró como algo que se había encontrado
en el aseo; fue cuando pude contemplar el rostro de mi amada, aunque nada
podía decirle, y le pidió que se lo guardara, ya que Marisa
llevaba pantalones. Mi novia me metió en uno de sus bolsillos traseros
y quedé aplastado entre su nalga y la tela del pantalón;
a pesar de estar tan incómodo, sobre todo cuando se sentó
un rato y me aplastó completamente, un sentir de felicidad me llenó
por estar cerca suyo.

Cuando se despidieron Esther le
pidió el librito a mi novia, y cuando llegamos a casa mi bruja me
sonrió con benevolencia, diciéndome que si en todo la obedecía
y me portaba bien podría disfrutar de muchas veladas en manos de
Marisa.

La vida transcurrió de esa
manera varias semanas, y hacía ya una que Esther había propuesto
a mi novia irse a vivir con ella. Pero aún debía pasar una
prueba bastante dura; un día se trajo a un amigo a casa para follárselo,
y tras los preparativos y juegos, él fue a penetrarla; entonces
Esther abrió el cajón donde yo estaba en forma de condón.
Me puso en la polla de su amante, y a la vez pude sentir como esa polla
me entraba por el culo y por la boca al unísono, rellenándome
como a un pavo por Navidad. Entonces agarró por las caderas a Esther,
apretó y yo me metí dentro de la bruja una vez más,
pero enculado y con la boca llena; el espacio era mucho más limitado,
ya que todo mi cuerpo quedaba entre la polla del amante y las paredes vaginales
del coño de mi dueña.

Cuando se corrió, por supuesto
toda la leche penetró tanto en mi culo como en mi boca, y cuando
la polla se encogió, yo lo hice como una pasa; mi terror acudió
cuando el hombre se fue al aseo, se quitó el condón y lo
tiró al water. Meó sobre él (yo) y se dispuso a tirar
de la cadena en el momento en que aparecía Esther y le dijo que
no lo hiciera, porque estaba rota, que ya lo recogería ella todo
por la mañana. Una vez que el hombre se fue de la casa, mi dueña
me rescató medio ahogado, me devolvió la forma humana pero
me dejó atado y lleno de semen y orina, metiéndome debajo
de la cama.

Dos días después mi
novia, aunque ya no podía llamarla así, apareció en
casa de Esther con su equipaje, dispuesta a quedarse a vivir allí,
y aceptando la relación con la bruja; mientras Marisa colocaba sus
cosas en el armario, Esther se/me quitó las bragas y me convirtió
en consolador, dejándome encima de la mesilla para más tarde.
No tardaron mucho en retozar sobre la cama, ya que Esther agarró
a Marisa por la cintura y la arrastró sobre el colchón. Cuando
se abrazaron en la cama, yo estaba encima de la mesilla, erguido, contemplando
como Esther acariciaba el sexo rasurado de mi novia mientras le mordisqueaba
los pezones; la pasión se desbordaba por los límites de la
cama, el calor subía hacia el techo en forma de nube condensada
y los sexos y bocas era volcanes en plena erupción.

Ahora era Marisa la que se encontraba
sentada a horcajadas sobre Esther, restregando su coño sobre las
tetas de su amiga mientras ésta, acariciándole el culito,
le comía las tetas sin parar, recorriendo toda la extensión
de los globos con su lengua, mordiendo levemente sus pezones. El coño
de mi novia era un hervidero de vapores, de jugos, de placer, y Esther,
notando ese placer sobre su propio pecho, la apartó a un lado, la
tendió boca arriba en el lecho, abrió sus piernas y, poniéndose
entre ellas, le prodigó una lamida que parecía que iba a
terminar con su vida.

Cuando la bruja me cogió
de la mesilla sentí como si unas enormes manos asieran todo mi cuerpo
a la vez, y aunque ella no presionara lo más mínimo sobre
el supuesto ser inanimado, yo sentí una presión bastante
fuerte. Mi novia ya estaba a cuatro patas sobre la cama, con su culo en
pompa y su sexo ofrecido al invasor que le iba a llevar al séptimo
cielo. Esther se dirigió a mi, diciéndome que me portara
bien, y acto seguido me apoyó sobre el coño de Marisa, presionó
levemente y mi cuerpo se fue adentrando en la gruta del sexo de Marisa.

La sensación de entrar allí
me impresionó fuertemente, era como si me metiera en una de esas
tripas de los monstruos que vemos en la tele, pero aquello era real; hacía
calor, mucho calor, todo estaba húmedo y la estrechez del cubículo
me hacía apretarme contra mi mismo. Mi posición era la de
firmes, con las manos pegadas al cuerpo, y como siempre, sin poder moverme,
y cada vez que Esther me introducía y sacaba del coño de
mi propia novia, mi cara, mi pecho, mis piernas, todo mi ser se rozaba
con las paredes vaginales de mi Marisa.

Estuvieron un buen rato así,
y cuando me sacó medio ahogado, se giró Esther, dejando derrotada
a Marisa, y me conjuró para convertirme en arnés, con la
misma disposición que antes, pero con correas. Se colocó
detrás de mi novia y la poseyó durante largo rato, haciéndome
penetrar en su coño, y a mi manera, me hacía a la idea de
que yo mismo le hacía el amor.

A partir de entonces casi nunca
volví a tener la forma humana, pero sí tenía una u
otra forma según el humor de mi dueña; cuando me quería
premiar me convertía en consolador o en braguitas, que algunas veces
se ponía Marisa, pero cuando no me portaba bien, me convertía
en taza de wáter, en condón o en zapato. Ellas vivieron juntas
por un tiempo, y cuando se separaron, nunca más volví a ver
a Marisa.

 

Resumen del relato:
    Enrollarse con una bruja puede traer complicaciones cuando además ésta tiene muchos poderes y mucho carácter.

El reencuentro (5)

El reencuentro (5) (8)

El reencuentro (Parte 5)

Seis meses después, el hotel estaba funcionando con
normalidad.

Una cuadrilla de operarios había realizado las reformas
proyectadas, se había renovado en parte el personal, y habíamos reinaugurado con
bombos y platillos cambiándole el nombre anterior por "La posada de los
horneros".

Cabe acotar que el hornero es un ave común en la cuenca del
Plata y el sur de Brasil donde se le llama Joao-do-barro. Un ave discretamente
marrón, trabajadora …y monógama. Se destaca por construir en parejas su
refugio con barro y ramitas dándole la forma redondeada de un horno de pan
rural. Claro que en la jerga popular, "hornero" alude al sexo homosexual, porque
se dice que esa avecita tiene siempre el pico sucio de barro. Este detalle un
tanto chusco nos fascinaba, porque era un secreto revelado a voces sin que nadie
pudiese censurar ya que el lugar estaba densamente poblado de estas aves
constructoras.

En ese tiempo, mi padre fue y regresó, cerrando
definitivamente su vida en Australia, yo me desennovié de Paula, aprendí los
detalles de mi nueva actividad, hice relaciones públicas, intensifiqué mi
contacto con la gente del pueblo y sobre todo me uní aún más a mi padre. Este
era una permanente fuente de sorpresas en todos los aspectos; en lo laboral
demostraba a cada instante su idoneidad y en la actividad privada desarrollada
en la habitación 23 era indudablemente un maestro que rápidamente iba siendo
alcanzado por su atento alumno.

 

Hicimos mucha propaganda en Buenos Aires y los fines de
semana teníamos un lleno casi total. El restaurante se transformó totalmente
gracias a una cuadrilla de cocina que mi padre contrató para impulsar esa
función antiguamente descuidada, y habíamos sido en muy poco tiempo compensados
con un flujo considerable de passants que se desviaban o venían directamente a
comprobar las bondades de nuestra cocina internacional.

Todo marchaba sobre ruedas, éramos absolutamente felices. Mi
madre, siempre celosa de mi recuperada relación con mi padre, aún sin sospechar
sus entretelones, estaba complacida de mi desempeño y se alegraba de verme más
maduro, con proyectos a corto, mediano y largo plazo y en posesión de un trabajo
que era evidente me encantaba. Hasta fue capaz de felicitar a mi padre por mis
cambios pese a no tener idea cabal de todos ellos.

La Posada de los horneros fue poco a poco convirtiéndose en
un lugar obligado y selecto para aquellos que gustasen un descanso pleno en un
medio rural con todas las comodidades del confort o tan solo comer muy bien con
excelentes vinos de la región y adyacencias. Cuando cumplimos nuestro primer año
mi padre me avisó que habiendo superado sus cálculos más optimistas, los
contenidos de mis dos cofres bancarios habían mejorado de status; y no se
trataba de un regalo sino de dividendos conseguidos por mi propio esfuerzo y
contracción al trabajo, lo que me enorgulleció mucho más, si cabe.

Siempre con la idea de un campo, quiso que me interiorizara
sobre la producción de quesos para lo que me sorprendió con una docena de
manuales técnicos con la esperanza de entusiasmarme. "Podremos producir nuestros
propios quesos al viejo estilo, y además distribuirlos- añadió- ahora que está
tan de moda el queso de cabra no vendría mal ampliar nuestra entrada
fabricándolos en forma casi artesanal y vender un producto cuidado y saludable".
"Déjate de pamplinas- repliqué- que la única leche que me mueve de interés es la
de mi viejo cabrón" Mi padre rió divertido con mi comentario pero insistió: "Es
que ya tengo planes para esto. La semana que viene estaremos en camino para ver
unas tierras en la sierra y tenemos que dar la oportunidad a la gente nueva de
probar su valía sin el ojo atento de los patrones. Por otra parte, la leche de
este viejo cabrón no está a la venta, es únicamente para nuestro consumo
personal"- respondió haciendo gala de su inteligente y rápido sentido del humor.

La semana pasó en la actividad de costumbre, quedando todo
listo para delegar en nuestra gente el trabajo. Teníamos una convención de
odontólogos que haría un lleno de lunes a jueves en la posada y Alicia, la ex
secretaria del escribano Bosetti ya jubilado era la nueva encargada de
administración, llevándola con una ejemplar eficiencia. Todo estaba bajo
control, pues.

El domingo siguiente, víspera de nuestro viaje a la sierra,
como todo estaba marchando sin contratiempos nos retiramos a nuestro "nido" para
arreglar las maletas, hacer los llamados telefónicos de rigor y entregarnos a
nuestros juegos predilectos. Creo que esa proximidad de aventura que se
avecinaba unida al recuerdo de que había sido así la forma como comenzamos a
conectarnos integralmente con mi padre produjo un aceleramiento increíble de
nuestras hormonas. Terminada la revisación de facturas, los telefonemas y
clausuradas las maletas con lo indispensable, nos dedicamos de lleno a seguir
entreabriendo las puertas de nuestra desenfrenada pasión filial…Un cadencioso
ir y venir de placer de él a mí, de mí a él nos permitió descubrir que ya pasada
la novedad siempre quedaba algún resquicio para explorar.

El amanecer nos sorprendió casi sin dormir, exhaustos y
sudorosos, ebrios de la entrega de nuestros cuerpos y mentes. Nos duchamos al
mismo tiempo, como de costumbre, recuperando bajo el agua la lucidez y los
restos de energía que aun quedaban para volver a perderlos ante la urgente
necesidad de sentirnos uno del otro envueltos en el abrazo resbaloso de la
espuma fragante del jabón. No podría describir de otro modo la sensual
experiencia de los olores, sabores y texturas que el agua en vez de apagar
descubría como si nada fuese capaz de tener término jamás. Nos secamos, vestimos
y dirigimos al comedor para bebernos un café en un comedor que recién daba
alguna señal de despertar.

Chela, una mucama que habitaba en el pueblo y debía haber
comenzado su turno un poco antes nos trajo unas rodajas de pan recién horneado
para mojar, como dos chiquillos maleducados, en la espuma abundante del café con
leche. Tomamos nuestro sencillo desayuno y recorrimos con la mirada mientras
salíamos hacia el coche el amplio panorama de nuestra casa. La posada estaba
despertando, lentamente, en pequeños ruidos cotidianos entremezclados con el
rumor incesante y creciente de los pájaros. Uno de los botones ya había cargado
el equipaje y nos estaba deseando un buen viaje y rápido regreso. Mi padre al
volante, yo a su lado, cruzamos nuestros cinturones de seguridad y nos
internamos en la cinta gris de la ruta rumbo a las sierras del Departamento de
Lavalleja.

 

Casi tres horas después, en el empalme de dos rutas, mi padre
que es un conductor excepcional no pudo evitar –tal vez debido al cansancio, tal
vez un momentáneo error de reflejos, que el enorme camión con troncos que nos
rozara a surecha nos terminara arrojando a la banquina. Descontrolado, nuestro
vehículo se dirigió directo a uno de los eucaliptos del costado de la carretera
angosta, del que lo último que recuerdo es la textura grisácea y desharrapada de
su tronco a pocos milímetros de mis ojos."

 

 

La mujer enjuta y rubia, de voz cansina y neutra hizo un
esfuerzo para recuperarse ante la atención del grupo. Era una habiatación
recargada de muebles, todos ellos pasados de moda, con unas seis o siete
personas ante una mesa redonda. Todos escuchaban atónitos el fin del relato que
la mujer terminaba de efectuar para ellos, todos miembros de un grupo
espiritista llamado "Un nuevo amanecer".

-Gloria- dijo uno de ellos, de mediana edad- qué desgraciado
fin el de esos dos hombres en medio de una carretera luego de poco tiempo de su
reencuentro. Realmente me conmueve y me alegra que haya podido lograr contacto.

-Es que desafiaban las leyes de Dios- lanzó con un siseo como
de ofidio una mujer gorda con aspecto de beata fanática.

-Hermanos- señaló la medium a quien habían llamado Gloria- no
juzguen para no ser juzgados. Por alguna razón este joven y su padre desde el
Más Allá nos entregaron su testimonio, y tal vez pueda ser de alguna utilidad
para alguien. Recordemos que el trabajo nuestro es comunicar, no tomar partido
sea a favor o en contra de aquello que nuestros hermanos desencarnadosnos
confían.

-Tiene razón, hermana Gloria- añadió una señora de cabello
entrecano- con la vara que uno mide será a su vez medido, lo dice el
Evangelio…

El grupo en un recatado silencio se levantó con parsimonia
para dirigirse a otra mesa, ésta con bocadillos y refrescos mientras Gloria
levantaba el interruptor de la luz disipando la penumbra y el recuerdo de la
narración que el "hermanito desencarnado" les transmitiera utilizando su seco
cuerpo.

-Oremos por esas almitas, por su descanso- propuso– Y
recuerden poner alguna limosnita en el canasto de las ofrendas…porque
necesitan mucho trabajo de caridad cristiana.

 

Resumen del relato:
    El destino tantas veces conjurado se hace presente y decide el fin de esta historia de amor filial…