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Los hermanos (1)

Los hermanos (1) (1)

LOS HERMANOS – 1ª PARTE

Este relato, necesariamente corto por razones de su reciente
inicio, trata de completar aquellos otros que he leído en internet y que se
asemejan al mío, aunque la mayor parte de ellos carecen de una verosimilitud que
los haga medianamente creíbles. Por el contrario, he podido leer alguno de ellos
que sí parecen reflejar hechos ciertos y a los que deseo unirme en el
sentimiento de compartir con esos protagonistas una historia similar y liberar
mi conciencia de culpa con ésta confesión, aunque he de reconocer que este
sentimiento ha ido perdiendo carga emocional a medida que voy conociendo casos
similares y que "mi problema" está mas generalizado de lo que yo creía al
principio.

Estos acontecimientos han comenzado hace un mes
aproximadamente y su continuidad, salvo circunstancias ajenas a nosotros, tiene
todos los ingredientes necesarios para que continúe durante mucho tiempo,
incluso mejore, pues aún no hemos logrado alcanzar la técnica adecuada y nos
encontramos en la fase de experimentación, esa gratificante fase en la que ambos
protagonistas exploramos las posibilidades del otro y damos a conocer nuestros
deseos, contando con la total disposición de la pareja para darnos toda la
satisfacción posible y gozar de esta experiencia nueva para los dos.

Nuestra historia comienza hace 6 años, cuando mis padres, al
regreso de una fiesta en la que mi padre había bebido mas de la cuenta,
sufrieron un terrible accidente muriendo mi padre en el acto y quedando nuestra
madre tetrapléjica. Desde entonces, mi hermano menor, de 16 años y yo de 18,
tuvimos que hacernos cargo de mi madre que, además de inválida, sufría una
profunda depresión que la convirtió en un vegetal. De ser unos hijos protegidos,
pasamos a ser unos hijos protectores de nuestra madre. Ella solo desea, las
pocas veces que nos habla, que la saquemos al jardín de nuestro pequeño chalet y
tomar el sol los días que hace sol.

Yo me encontraba estudiando magisterio, en segundo, por lo
que esperaba terminar el año siguiente y posteriormente preparar la oposición y
aceptar el destino que me adjudicasen para, con el tiempo, volver a mi ciudad y
con mi familia. Mi afición fue siempre y lo sigue siendo, la informática.

Mi hermano no fue nunca buen estudiante. Su obsesión era la
de hacer una oposición para organismos públicos o el estado y disfrutar de un
sueldo, si no alto, sí al menos seguro y de un horario que le permitiese
disponer de tiempo libre para sí mismo, su televisión y el ordenador.

Todo aquello cambió y aunque los dos hemos terminado lo que
queríamos, nos ha costado bastante mas de lo previsto en función del
condicionante de nuestra madre, a cuyo cuidado siempre tiene que estar alguno de
nosotros. No hemos tenido motivo de conflicto por el asunto y, muy al contrario,
la adversidad nos unió mas que nunca y ambos nos hemos apoyado para conseguir
nuestra meta. Yo terminé mi carrera y mi hermano trabaja en un juzgado como
oficial. Yo me he especializado en el cuidado de mi madre y mi hermano ayuda lo
que puede por las tardes y los fines de semana y aporta sus ingresos a la
economía familiar, junto con la pensión que recibe mi madre y vivimos
dignamente. El salir de casa supone un sacrificio para el otro, pues alguien
siempre ha de estar con nuestra madre, por lo que nuestras salidas se limitaban
al mercado a comprar y poco mas. A ambos nos parecía feo el salir con los amigos
y dejar al otro solo en casa con mamá, así es que casi nunca propiciábamos
salidas quedándonos en nuestra casa a disfrutar de una grata vida familiar.

Como digo, de todo esto hace ya seis años, de modo es que yo
tengo 24 años y mi hermano 22. Ninguno de los dos tenemos pareja y apenas
salimos de casa, habiéndonos acomodado a una situación de hecho y en la que los
dos, mi hermano y yo, vivimos como deseamos.

Como es lógico, ninguno de los dos somos ajenos a nuestra
necesidades biológicas insatisfechas y nuestra falta de relaciones sociales nos
han volcado mas a una relación mas estrecha, siendo, además de hermanos,
confidentes de nuestras inquietudes y pensamientos. Ninguno ha renunciado a una
vida normal, en pareja y con hijos, pero nuestra situación actual no nos permite
plantearnos esta posibilidad a corto plazo, por lo que aceptamos lo que tenemos
con agrado y sin prisas –y ahora mucho mas- y procuramos no precipitar
acontecimientos mientras mi madre nos necesite.

Como digo, la estrecha confianza e intimidad que tenemos mi
hermano y yo nos ha impulsado a confiarnos, desde hace mucho tiempo, nuestras
necesidades y contarnos nuestras experiencias en solitario. También nos pasamos
información sobre aquellas páginas web que visitamos relacionadas con el mundo
del sexo y, ocasionalmente, sobre todo los fines de semana, nos quedamos algo
mas tarde, después de acostar a nuestra madre, a ver aquellos programas de
televisión que ponen películas porno y ambos compartimos nuestras impresiones
sobre el particular en total libertad.

Esta confianza habría de terminar como ha terminado y ese es
el motivo de contar mi historia y compartirla con otras personas que, quizá
acobardados de la aparente "inmoralidad", se están privando de disfrutar de lo
que la naturaleza ha puesto a nuestro alcance de forma gratuita, por lo que
hasta los mas pobres, todos podemos disfrutar de ello. Yo animo a quienes como
yo, tengan la posibilidad de gozar de su entorno mas cercano, no tengan el menor
reparo, pues es sumamente gratificante y sin contraindicaciones de ningún tipo,
salvo las que la propia ética de cada uno nos imponga y en razón a la mayor o
mejor mentalidad liberal de la que podamos disfrutar o padecer cada uno.

Entrando en el detalle, comenzaré relatando los preludios de
la situación actual, pues es de suponer que los acontecimientos no se
precipitaron en un solo día. Poco a poco y sin premeditación, fuimos tomando
cada día mas confianza el uno en el otro, llegando a contarnos incluso cuando
nos masturbábamos y las fantasías a las que acudíamos para mayor satisfacción.
Yo le comentaba con quien me imaginaba haciendo el amor y él igual.

Ya había habido entre nosotros alguna ocasión en la que la
excitación había llegado a afectarnos, tal es el caso de cuando nos veíamos en
la ducha, cuya puerta jamás cerrábamos, aunque teníamos la costumbre de llamar
antes de entrar. A pesar de ello, algunas veces y "por descuido", abríamos la
puerta sin llamar y nos sorprendíamos en la ducha desnudos, algo que no suponía
mas que una cortés invitación para pasar previa vuelta de espaldas para no
mostrar nuestra desnudez tan descaradamente. A mí me encantaba que mi hermano me
sorprendiese, y él lo sabía, esperando a sentir el ruido de la ducha para llegar
al baño con la excusa de una necesidad imperiosa. Ambos sabíamos que no era
cierto, pero lo tolerábamos complacidos y entre bromas. Yo me daba la vuelta y
le mostraba mi espalda y trasero, ofreciéndole, incluso, si quería pasarme la
esponja, a lo que accedía siempre. A pesar de ello, nuestra frivolidad no pasaba
de ahí y nos contentábamos con esa pequeña picardía. El hacía lo mismo,
permitiéndome pasarle la esponja por su espalda. Yo, cada vez que esto sucedía,
le veía su pene erecto en la sombra de la pared o parcialmente desde atrás. Si
le aludía al tema, el reía y me reprochaba mi atrevimiento y descaro. Yo, hacía
lo propio con mis pechos, facilitándole una visión parcial de ellos y sabiendo
que él los deseaba ardientemente.

Después de esta intimidad, era lógico que cada vez nos
acercásemos mas y buscásemos ocasiones de excitarnos con el mundo del sexo,
desconocido para los dos y con una pasión contenida propia de nuestra edad y
abstinencia.

Como decía, sobre todo los viernes y sábados, cuando mi
hermano no tenía que madrugar, nos quedábamos en el salón hasta altas horas de
la madrugada viendo películas porno en la tele. Esto nos excitaba sobremanera,
hasta que un buen día le propuse a mi hermano el masturbarnos durante la
proyección de una de estas películas y para no avergonzarnos con este menester,
nos cubriríamos con una toalla de baño cada uno, que nos serviría para
limpiarnos al terminar.

No es necesario decir que mi hermano estuvo totalmente de
acuerdo en la idea y que aquel fin de semana de hace aproximadamente mes y
medio, lo preparamos todo para el viernes llevar adelante el proyecto. Nos
procuramos de un refresco y palomitas, como nos gustaba hacer estas sesiones y
nos dispusimos para dejar a nuestra madre acostada lo antes posible.

La verdad es que aquella tarde estuvimos muy nerviosos ambos
y también con unos deseos incontenibles de que llegase la hora, así es que cada
uno se entretuvo con su afición favorita esperando que el tiempo transcurriese
rápidamente. Hacia los 2000 h ya le había dado de cenar a mi madre y le pregunté
si quería acostarse, mostrando su conformidad. Le pedí a mi hermano que me
ayudase con ella y tras ponerle el pijama, la acostamos en su cuarto, cerrando
parcialmente la puerta del dormitorio.

Le dije a mi hermano que si quería cenar y ambos comimos
algo, mirándonos de soslayo y con risitas de complicidad. Realmente mi
excitación era extrema, aunque confieso que aún no había llegado a comprender
cual era la verdadera razón. Yo solamente esperaba el disfrutar de una
masturbación mientras veía una excitante película porno con mi hermano y esa era
la única razón de mi excitación; la novedad de compartir con alguien el momento,
o así me lo parecía. Realmente, no veía a mi hermano como el objeto directo de
mi excitación, sino como un partícipe en mis fantasías sexuales.

Pronto nos situamos frente al televisor y a la espera de la
hora del inicio del programa que nos interesaba, me dijo mi hermano que tenía
una película porno que le habían dejado en el trabajo y que si quería verla para
hacer tiempo. Yo acepté y la pusimos. Realmente era una película excitante, pues
una pareja hacía el amor en un sofá en mil posturas diferentes y la criada les
observaba por un pequeño agujero de la puerta mientras se masturbaba. No es
necesario indicar que los protagonistas estaban para comérselos.

Mi hermano me propuso comenzar la actividad planeada, y
rápidamente le facilité la toalla que tenía preparada y me apropié de la otra.
Decidimos situarnos cada uno a un extremo del sofá y cubriéndonos ambos de
cintura para abajo, con cuidado nos quitamos el pantalón del pijama y la ropa
interior.

Cada uno recostado ligeramente en su sitio, comenzamos a
frotarnos y yo observaba la abultada entrepierna de mi hermano, mas que la
televisión, comprendiendo que mi excitación provenía de esa fuente tan cercana.

Mi hermano frotaba su pene visiblemente y yo acariciaba mi
zona mas sensible con un deseo ardiente.. Mi hermano me miró algo violento y yo
le devolví la mirada y una sonrisa, preguntándole si estaba disfrutando. Afirmó
con la cabeza y cerró los ojos.

Hasta este momento yo no había relacionado a mi hermano con
mi fuente de deseo, sino mas bien como el compañero de una travesura divertida.
Pronto alcancé un orgasmo estupendo y ví que mi hermano se limpiaba de otra
situación parecida.

La película seguía su curso y no dejaban de practicar el sexo
unos protagonistas especialmente dotados, algo que nos volvió a elevar la
temperatura lo suficiente como para plantearle a mi hermano el repetir la faena.
El aceptó y nos colocamos de nuevo en posición para pajearnos de nuevo. Yo
disfrutaba como nunca. El ambiente, otro partícipe en la sesión que me
estimulaba y excitaba especialmente y yo misma, que apenas requería ayuda alguna
para motivarme. Mi hermano parecía ir al mas deprisa que yo, y le vi en su sitio
disfrutando, al cabo de un rato, de otro orgasmo que le hacía suspirar y emitir
quejidos entrecortados y frecuentes. Yo, que estaba aún en los preliminares, me
llamaba la atención las dimensiones de su pene, o lo que se podía apreciar con
lo que mostraba, algo que me ofrecía una curiosidad irresistible.

Después de que él se corriese de nuevo, yo me encontraba aún
deseosa que encontrar mi satisfacción por segunda vez y así se lo dije a mi
hermano, que estaba del todo satisfecho.

Dado que aún era tiempo de esperar para ver el comienzo de la
película de tv., mi hermano se ofreció para ayudarme un poco en mi actividad,
proponiéndome que yo me tumbase en el sofá y relajadamente, disfrutase de sus
manoseos, eso sí, bajo la toalla y sin mirar en ningún momento… en fín, confieso
que la idea me turbó como nunca lo hubiese imaginado y me subió mi excitación
hasta un límite inimaginable. He de reconocer que mi hermano no mostraban ningún
signo de provocación, es decir, él, lo único que me proponía era ayudarme a
conseguir un placer que se retrasaba con mis medios, pero estaba lejos de su
propuesta, el aprovecharse de la situación en su beneficio, al menos así lo
apercibí yo en ese momento.

Nunca había disfrutado de una masturbación por alguien ajeno
a mí misma, por lo que la experiencia, nueva del todo, se me planteó como algo
irrenunciable. Por supuesto, le di mi aprobación y me dispuse a colocarme
cómodamente para no perder ni un segundo del placer que esperaba recibir. A fin
de cuentas, era mi hermano y no un desconocido el que me iba a tocar y
acariciar. En aquel momento, lo reconozco, yo también consideré la situación
como de una gravedad atenuada, pues no veía a mi hermano como un amante, sino
como un amigo de ciertas travesuras inocentes y compartidas, aunque sin la
sensación de dañar a nadie, pues no hacíamos nada que pudiese perjudicar a nadie
y así lo sentía yo en ese momento de excitación extrema. En realidad, no sentía
mucho pudor de mi hermano, quien, como digo, en ocasiones había pasado a la
ducha y me había ayudado a asearme en una evidente complicidad de situaciones al
borde de la ética y la moralidad que a ambos nos gustaba franquear, y esto, sin
duda, era un paso mas en la escala de valores que compartíamos, pero sin duda,
aún dentro de una legitimidad propia de la intimidad familiar que ambos
sentíamos.

í‰l, rodeado en su cintura por su toalla y cubriendo su sexo,
se acercó a mí y metió su mano bajo mi toalla, algo que me provocó un tremendo
escalofrío al notar su mano ardiente subir por mi muslo en busca de mi sexo, el
cual no tuvo dificultad alguna en localizar de inmediato y cuando colocó sus
dedos en mi agujerito tembloroso y húmedo, yo casi sentí un orgasmo inmediato.
Confieso que yo tambien sentí unos deseos irrefrenables de manosear su pene, aún
endurecido a lo que se podía apreciar bajo su toalla, pero contuve con
dificultades mi pasión para no causarle una alarma que no deseaba y evitar
pensase de mí algo que yo, en ese momento, estaba aún lejos de anhelar.

El momento fue especialmente erótico al suspirar mi hermano y
confesarme que era el primer "conejito" que tocaba, y que si no fuese su
hermana, no lo dejaría escapar. Eso sí, me pidió que le ayudase a diferenciar
las zonas mas erógenas para propiciarme un orgasmo delicioso; yo le orienté,
directamente, al clítoris, algo que fue para él todo un descubrimiento y una
curiosidad. Se centró en unas suaves caricias pero que alternaba con la
penetración de mi vagina con sus dedos ansiosos de conocer el cuerpo femenino.
Llegó a preguntarme si deseaba que me tocase los pechos bajo una camiseta suave
que llevaba puesta, algo que le prohibí por no parecerme conveniente, en fín,
algo ridículo por mi parte dadas las circunstancias, pero así fue como ocurrió.
Trató de levantarme la toalla y yo se lo impedí, simplemente por una vergí¼enza
tambien injustificada, pero que yo aún no había asimilado.

Pronto comencé a sentir un gusto terrible y le pedí que fuese
aumentando la velocidad de su frotación, aunque con suavidad y en unos segundos
sentí todo el placer junto del mundo en mi sexo…; un flujo intenso y abundante
se derramó desde mis entrañas ampapando la mano de mi hermano, el cual le oí
reír estrepitosamente y lleno de satisfacción por su "maestría" en estas artes
novedosas para ambos. Fue en ese momento cuando me di cuenta de que tenía el
pene de mi hermano en mi mano y que le apretaba ansiosamente y me dijo "por
favor, puedes dejar de apretar?" acompañando la frase de una grata sonrisa.

Cuando quiso quitar su mano, le retuve unos minutos mas
pidiéndole que fuese bajando su velocidad y su fuerza, y me aseguró que no tenía
que enseñarle nada, pues notaba perfectamente los espasmos y las contracciones
de las paredes de mi vagina en su mano, propias del orgasmo que estaba teniendo.
El me aseguró que le dura menos que a mí, por lo que tendría que aprender con mi
asesoramiento.

Después de esta experiencia y con mis sentidos aún anulados
del placer y las sensaciones nuevas para mí, cerré los ojos y me quedé recostada
en el sofá a disfrutar de los últimos latidos de mi placer, cuando sentí a mi
hermano que me avisaba de que la película de la tv estaba a punto de comenzar,
por lo que me acomodé en el sofá, a su lado, y nos dispusimos a ver juntos la
película porno que todos los viernes por la noche echaban en un canal de
adultos.

El tema, casualmente, iba de incesto!!!. En fin un tema que
nos resultó sumamente escabroso en ese momento, dadas las circunstancias y
aunque con algo de vergí¼enza por parte de ambos, reímos la situación violenta
que nos había deparado el destino.

Mi hermano, en ese momento, me dijo que estaba un tanto
incómodo en el salón y que pensaba irse a su habitación a ver allí la película,
pues él tenía un pequeño monitor en dormitorio. Allí se masturbaría mas
cómodamente y en la intimidad. Yo, sin comprender mi iniciativa, le propuse
acompañarle, pues tampoco estaba muy cómoda en el salón y dudaba de tener deseo
suficiente para repetir, así es que le podría ayudar en su "masaje" si me
permitía ver la película en su dormitorio y en su cama, que no era muy ancha por
cierto… Creo que todos habrán comprendido que mi hermano aceptó con una ancha
sonrisa de satisfacción imaginando lo que le esperaba.

Allí vimos la película juntos y… bueno, creo que lo contaré
en otra historia pues esta se ha hecho algo extensa a pesar de mis deseos.

 

Resumen del relato:
    Nuestras circunstancias nos impedian llevar una vida social normal. Nuestra intimidad terminaría así inevitablemente.

Mi sobrina Corina

Mi sobrina Corina (1)

Hola, este relato que voy a desarrollar se basa en una
situación que nunca me imaginé que iba a suceder.

Siempre fui considerado por mi familia como un conocedor de
temas sobre las pc y fue esto lo que me llevó a este suceso.

Soy de Argentina y vivo en la capital federal. Tengo 42 años
y soy muy deportista por lo cual tengo un buen cuerpo, muy fibroso y muy
marcado. Estoy en buena forma.

Estando un día en casa de mi cuñada con mi esposa, esta me
cuenta que mi sobrina Corina tiene problemas con el uso de la computadora y me
pide si yo puedo darle una mano con esto. Obviamente me ofrezco de muy buen
grado ante la solicitud de mi cuñada y de mi esposa.

Quedamos en que mi sobrina vendria a casa el martes de la
próxima semana ya que ese día es el cual yo llego más temprano de la oficina.

El martes llegué aproximadamente a las 18 hs, me di una ducha
y me vestí con una remera y un pantalón corto de tela muy liviana y no me puse
boxer para estar más cómodo. Mi sobrina tal lo acordado llegó a las 18:30 hs
directamente del colegio. Ella está estudiando su ciclo polimodal.

Llegado a este punto les debo contar como es Corina. Es una
hermosa criatura de cabellos castaños claros, unos inmensos ojos marrones muy
vivaces y carita angelical. Tiene 16 años pero parece muchos menos debido a que
es muy menudita. Mide un poco menos de 1.5 mts. y es muy delgadita. Tiene un
físico espectacular a pesar de su tamaño producto de su deporte favorito: el
patinaje. Esto hizo que se le desarrollaran unas hermosas piernas, muy bien
contorneadas así como una cola pequeña pero muy paradita. En resumen es un
bocado delicioso para cualquier jovencito de su edad.

Al entrar en casa la recibió Patricia que es mi esposa y se
pusieron a conversar un rato. Yo entré al living y al verla me encantó. Llevaba
puesto el unifome escolar: una blusa blanca de tela muy suave y una pollera
corta tableada de cuadros verdes y blancos. Preciosa.

Nos dimos un beso y le pedí que subiéramos al escritorio para
comenzar a trabajar. Hacia allí nos dirigimos. Nos sentamos en el escritorio de
la pc y le pedí que se sentara frente a la misma.

Comenzamos por las explicaciones básicas y fue avanzando muy
rápidamente. Solamente le costaba escribir. No se manejaba bien con el teclado.
Entonces me pidió ayuda con esto. Yo la miraba mientras escribía y realmente me
gustaba mucho lo que veía. El aroma de su cabello y sus muslos al descubierto
estaban haciendo estragos en mi. El tono dulce que utilizaba para dirigirse
haciendo las preguntas dentro de el marco que describí completaba el resto. Me
estaba excitando.

Hicimos una pausa y nos pusimos a conversar de diversos temas
y yo le pregunté cómo le iba con los chicos. Ella me comentó que los que había
conocido hasta ahora le parecían muy pavos y que no le atraían. En realidad
avanzando la conversación me dijo que le gustaban los hombres mas grandes. Yo
estaba empezando a ponerme al palo y se me notaba. El pantaloncito que vestía no
permitía disimular nada, la tela delgada y la falta de boxers hacía que se me
notara la erección.

Le pregunté si ya había tenido relaciones con alguien para lo
cual me dijo que no y que cuando tuviera relación con alguien quería disfrutar y
que la hicieran disfrutar enseñándole todo lo que necesitaba y eso no podría
dárselo ningún nene de su edad. Esto me puso a mil. Ya mi erección era
indisimulable y ella se dio cuenta. Pícaramente me dijo que volviéramos al
estudio y nos pusimos a trabajar.

Como su dificultad con el teclado subsistía me sugirió que la
mejor manera de aprender era si yo la iba guiando con el teclado. Yo le dije que
si y comencé a ayudarla con las manos pero ella me dijo:

Tío, no sería mejor si me siento en tus piernas y me vas
ayudando desde una posición más cómoda tanto para vos como para mí?

Esto fue el colmo, creí que me reventaba el pantalón. Se
acomodó sobre mis piernas y yo le fui guiando las manos tratando de que su
hermosa cola no se corriera para atrás y sintiera la enorme erección que tenía.
Claro esto no era el plan de ella que comenzó a moverse hacia atrás con el
pretexto de que le molestaba la pollera y al arreglarse se la levantó y quedó
con sus nalgas sobre mi enorme erección. Sentía sus carnes calientes debido a
que su tanguita estaba muy metida en su cola. Era imposible que no lo sintiera.

Le dije que por el día de hoy era suficiente y que el sábado
con más tiempo si quería le iba a seguir enseñando.

Me dijo: Espero que el sábado tengamos mas tiempo…….

 

Resumen del relato:
    Una explicación sobre pc te puede llevar al cielo.

El…

El… (10)

EL

Era once meses mayor que yo y por eso estábamos en cursos
separados. Aunque vivíamos a dos calles de distancia, solo nos conocimos en el
bus de la escuela. Nuestras madres hablaban de "tu amiguito", cuando se referían
a nosotros. En realidad eso y más fuimos. Un poco mayores, solíamos jugar en la
casa de uno u otro y en el cole nos reuníamos en los descansos.

Así es como empezó todo. Nos hicimos "yunta" uno del otro y
ninguno daba un paso solo o sin avisarnos mutuamente.

Nos gustaba el mismo equipo de fútbol, veíamos las mismas
pelis, leíamos las mismas revistas de comics, jugábamos los mismos juegos en
nuestras consolas y –nos decíamos que- nos gustaban más o menos las mismas
chicas.

Cuando teníamos once o doce años, nuestras familias nos
asumieron casi como a hermanos y empezaron a invitarnos a sus veraneos. Fue así
como, los dos, pasábamos dos meses de vacaciones juntos, primero con mi familia
y luego con la suya y esto en lugares distintos, lo que las hacía más
atractivas.

En esa época empezamos a dormir en la misma habitación.
Antes, nuestros padres, de mentalidad muy similar, jamás permitieron que nos
quedáramos en otra casa. Pero en las vacaciones, obligadamente, teníamos el
mismo cuarto.

A mí me gustaba verlo en bañador. Tenía un cuerpo armonioso.
Un culín respingón, unos muslos lisos y duros y muy formados y unos hombros
anchos. Para qué describir su pecho y abdomen. A los once años ya era un
hombrecito en miniatura, con un cuerpo que envidiarían los de gimnasio. Según
él, a mí me recuerda igual como yo le describo.

Me dio un tiritón electrizante el día en que lo vi quitarse
el pantalón y quedar en calzoncillos, mientras nos vestíamos el pijama la
primera noche que dormimos en el mismo cuarto. El, con toda naturalidad, vuelto
hacia su cama, se quitó el slip y se puso el pantalón de su pijama gris y dijo
que dormiría sin camiseta porque le daba calor.

El puño del pantalón apretaba sus largas piernas en las
canillas y hacía que sus pies se vieran enormes. Yo me reía de sus pies, no por
feos, sino por grandes. No me daba cuenta que pronto a mí me pasaría lo mismo,
mis pies empezarían a crecer antes que el resto de mi cuerpo y me harían sentir
ridículo. A él estas bromas no le agradaban demasiado, pero nunca se quejó, sólo
enmudecía. Como ya le conocía, dejaba entonces de molestarlo. Nos llevábamos
bien. Sabíamos respetar el espacio y el carácter del otro. Creo que nunca nos
enfadamos. Nunca. Eramos mutuamente generosos. Los demás nos veían como
hermanos. Jamás invitarían a uno sin el otro. Jamás vieron, tampoco, nada
"anormal" en nuestra amistad y compañía.

A partir de sus trece años, empezó a tocarse la entrepierna
más de lo normal. A cada momento se rascaba. Cuando estábamos jugando basketball
y sudábamos, estos rasqueteos se hacían más frecuentes. Un día su madre lo
reprendió. Le dijo, de un modo poco sutil, que no se llevara con las manos allí,
que era un cerdo. Me extrañó, porque era una mujer sumamente dulce y discreta.

Cuando subimos a su habitación, él estaba enfadado, pero
quizás más que enfadado, ofendido, por lo de "cerdo". Sintió la necesidad de
comunicarme sus sentimientos del momento. Me dijo que él no era así, que no lo
hacía por tocarse "las bolas", era porque sentía mucha picazón, "desde que le
habían empezado a salir los pelos…"

Me quedé mudo. Me embargó una sensación extraña, pudorosa a
la vez que curiosa, sentía un deseo enorme de verlo desnudo.

Es raro quizás, pero nunca nos habíamos desnudado frente a
frente. En el cole nos duchábamos todos los compañeros juntos, luego del
deporte, pero él y yo nunca coincidimos y en nuestros veraneos aunque
compartíamos la habitación nunca compartimos el tiempo del baño y supongo que
tampoco sentimos demasiada curiosidad, de otra forma nos las habríamos arreglado
para de alguna manera espiarnos.

El verano de mis trece años, recibí una invitación que no
pude rechazar, mis tíos que vivían en Brasil me pedían visitarlos por un mes. Me
hacía una ilusión enorme conocer ese país y sus playas y su gente. Cuando se lo
conté, esperaba una explosión de gozo de su parte, como la que sentía yo, pero,
por el contrario, me encontré con una actitud distraída y desinteresada.

Partí en cuanto empezaron mis vacaciones. Vino con mi familia
a despedirme al aeropuerto. Pero estaba "más serio que un ajo", le decía mi
padre, revolviéndole sus cabellos rubios y desordenándole el flequillo que ambos
llevábamos por esa época, casi echado sobre los ojos.

Descubrí que cuando nos dimos la mano, él se me acercó más y
me dio un esbozo de abrazo y yo tenía ganas de llorar.

El carnaval, que no solo se celebra en Rio, sino en todo el
país, tuvo la culpa de que no me quedara un mes, sino dos. Mis padres accedieron
cuando mis tíos les llamaron para pedir su autorización. Ellos tenían hijos
mayores y supongo que mi presencia les había renovado la ilusión de sentirse
padres nuevamente. Con ellos no tenía conflictos y me consentían en todo.
Tampoco yo era de los mimadillos, en realidad me conformaba con poco y todo lo
que recibía de todos siempre me era grato. Pregunté a mis padres por él y les
pedí que le comunicaran los nuevos planes, y ¡oh atrevimiento!, según lo veo
ahora, que le dijeran que lo extrañaba. Deben haberlo tomado como consecuencia
de nuestra amistad, y casi fraternidad.

Sí, en realidad lo extrañaba. Y creía que era porque estaba
solo entre mayores y porque necesitaba un compañero de juegos, pero no, en
realidad había algo más y hubiera sido mayor mi sentimiento de ausencia si
hubiera sabido en ese momento que él estaba sintiendo lo mismo. Yo necesitaba su
presencia y su compañía, su silencio y sus risas, nuestras riñas fingidas y
nuestras luchas cuerpo a cuerpo. Nuestras largas conversaciones por el teléfono,
pese a haber estado juntos todo el día. Su presencia tranquila y silenciosa
cuando estudiábamos en el mismo cuarto, cada uno en lo suyo, pero el uno junto
al otro. El calor de su cuerpo, sentado junto a mí, en el sofá, cuando veíamos
una peli o un partido de algo, football, tennis, basketball, porque a ambos nos
gustaban los deportes. Y… tenía que contarle que la humedad y el calor de
Brasil me estaban produciendo lo mismo que a él el verano anterior, una comezón
de campeonato en las ingles y en los huevos.

Yo no competía. El sí. De modo que cuando participaba en un
partido, lo esperaba y nos íbamos juntos a los camarines, abrazados, su triunfo
era mi triunfo y a él le gustaba compartirlo y celebrarlo conmigo. Recuerdo que
en una ocasión, en que las dos familias fuimos a uno de sus encuentros
futboleros, papá dijo: invito a todos a un helado en el Heléniko, -era la
cafetería de moda-. Su padre dijo que irían a ver a la abuela que no se
encontraba bien, de modo que terminado el partido nos separamos.

Salimos corriendo a nuestro coche y partimos a la cafetería.
No me pasó por la mente avisarle. Imaginaba que él y su familia habrían hecho lo
mismo pero en dirección a la casa de su abuela que, dicho sea de paso, vieja
extraordinaria, siempre nos invitaba a los dos, jamás a él solo, a comer sus
deliciosas "delicatessen" a la hora del te.

Cuando llegamos a casa subí corriendo a mi habitación a
llamarle para felicitarlo por su desempeño en el partido y comentar todas las
incidencias. Me habló su madre. Me dijo que se había ido a la cama pronto. Que
sufría un arrebato adolescente, porque llegando a casa, se había encerrado en su
cuarto y como no salía, ella lo había encontrado llorando tirado en su cama. Que
seguramente era por su abuela. Que si yo quería lo despertaría, pero que pensaba
que mejor debía dejarlo descansar.

Me extrañó. Pero sólo eso. Al día siguiente, cuando debíamos
encontrarnos para irnos al cole, juntos, como durante todos esos largos años
desde el primer día, sólo que ahora lo hacíamos en nuestras bicis, no apareció.
Casi llego con retraso por esperarlo. Cuando iba corriendo por el pasillo a mi
clase, lo veo entrar a la suya. No pude hablarle.

En el descanso, lo primero que hice fue buscarlo. No estaba
en su sala. Tampoco en los lavabos. Allí, allí estaba… cruzando el patio, en
la cafetería, riendo con un grupo de su clase, chicos y chicas y bebiendo un
refresco con una caña de plástico, contándoles sus peripecias del fin de semana,
en el football.

-Hola, dije. Parece que nadie me oyó, ni él, porque siguió
hablando como si hubiera pasado el viento y los demás embobados escuchándole.

En realidad, sus ojazos azules hipnotizaban, atraían y su
conversación, salida con gracia y fluidez por una boca de labios rojos y
hermosos dientes, dejaba a sus oyentes lelos ante su perorata.

Cuando sonó el timbre, todos nos dirigimos a nuestras clases.
El, al mismo tiempo que se despedía de otros que no eran de la suya, medio
dirigiéndose a mí, como entre sí y no, dijo, -Ahí nos vemos…

Me dio un vuelco el corazón. Se me hizo insoportable esa
actitud que sufrí como un desprecio. Sentí unos celos rabiosos de todos quienes
lo habían estado escuchando. ¿Por qué? ¿Acaso no era él amigo MIO, solamente
MIO? Tenía ganas de llorar a la vez que patear lo que fuera. Y el cubo de
papeles que colgaba de un gancho, en el pasillo, sonó como una explosión y dio
una vuelta de 360º … a tal punto que de las clases contiguas, se somaron a ver
qué pasaba.

Entré en mi sala con una ira espantosa.

Durante el resto de la mañana me fui calmando, de modo que a
la salida, como de costumbre me fui al lugar de las bicis y esperé que llegara
él a coger la suya para regresar.

Muy pronto lo vi aparecer. Venía solo. Cabizbajo. Sin decir
palabra, cogió la suya, montó y salió diciéndome, sin mirar atrás, -Vamos.

Obedecí. ¿Qué nos estaba pasando? Crisis de adolescencia, me
dije, o su abuela, pensé. Y ese argumento me borró gran parte de la angustia que
sentía.

Llegamos al barrio. Habíamos hecho el camino en silencio. De
muy diferente manera que las habituales carreras, toques de timbres y huidas,
persecuciones de animales asustados, brincos sobre lo que encontráramos,
frenazos bruscos, mira, sin manos, mira, con los pies en el manubrio, y tantas
otras tonterías.

A su casa se llegaba antes que a la mía. En la esquina giró
hacia su calle, en realidad un pasaje de pequeñas casas de dos plantas, con
jardín exterior. –Chau., -dijo simplemente-, alejándose.

Me quedé helado, con un pie en el suelo, sin saber si
seguirlo a su casa o irme directo a la mía. Escogí lo segundo.

Ya en mi cuarto, decidí llamar. Veamos que pasa, me dije. Le
consolaré si es por su abuela.

Respondió el mismo al llamado.

-Hola, -dije. ¿Cómo estás?

-Bien.

-Oye, que es grave lo de tu yaya?

-No, ya está bien, bueno, casi…

-¿Y…, por qué estás tan raro?

-No se. Cosas mías, además estoy igual que siempre, no me veo
lo raro.

-Es que me sabe mal que estemos como enojados.

-Yo no estoy enojado, aunque debiera estar…

-Pero, ¿por qué? ¿Tengo yo la culpa de algo?

-Te mandaste mudar luego del partido y ni siquiera me
invistaste.

-Tu papá dijo que twnían que irse donde tu abuela, además mi
padre invitó a todos a helados en Heléniko y el tuyo dijo que no.

-Hummm

-¿Qué hum? ¿Te parece mal?

-No sabía el detalle, pero podías haberme avisado.

-Tienes razón, me fui y no te di el abrazo de felicitación
por ser el campeón del equipo.

-¡Sin guasa eh!.

-Sí, tienes razón, siempre te espero y esta vez se me fue la
olla a Camboya. ¿Qué estás haciendo?

-Coméndome una zanahoria.

-Conejo.

-Conejo tú, con esos dientes…

-Te morderé el culo, verás.

-Ajá ja…

-¿Vienes a casa o voy para allá?

-Ven tú, ¡te voy a dar una paliza…!

-¿Qué más hice mal?

-¡Que no!, que es en ajedrez.

Nos gustaba competir en ajedrez. Eso nos mantenía horas
juntos, frente a frente, en silencio, cada uno contemplando al otro mientras
elaboraba su jugada.

Me abrazó por los hombros. Subimos a su cuarto hablando y
riendo. Todo había terminado. Ambos estábamos eufóricos. Nada más entrar me hizo
inclinarme y me dio dos palmetazos en pleno culete diciendo: -¿Ves?, ya te di tu
paliza.

Por primera vez me tocaba el culo. Ahora me doy cuenta que,
sin saberlo él lo deseaba y lo mismo yo, también sin saberlo lo necesitaba.

No nos sentamos frente a frente ante la mesa pequeña, nos
sentamos en la cama, tocándonos, con la mesilla enfrente. Debíamos hacer
contorsionismo para jugar. Pero ambos necesitábamos proximidad física.

Celebramos sus 14 años. Luego los míos y sus 15.

Cuando llegué con mi regalo, muy temprano en la mañana, aún
dormía. –Pasa, -me dijo su madre-, todavía está enredado en las sábanas, este
niño cada día está más gandul… a ver si tú logras desenredarlo.

Entré cantando el Happy Birthday, desafinando por supuesto,
con dos o tres gallitos como acompañamiento y él se tapó la cabeza con la
almohada. Tiré sus sábanas hasta atrás. Entonces se levantó con la almohada en
ristre para darme por la cabeza o por donde fuera, riendo ambos, a carcajadas,
pero cuando me vio quieto, con un paquete de regalo en la mano, se quedó con las
manos en alto, dejó caer la almohada por detrás y se abalanzó al regalo.

-¡Un regalitoooooo para el neeeene.!, -dijo.

Yo, antes de dárselo, estiré mi mano y lo abracé, acercando
mi cabeza a la suya. El recibió mi abrazo y lo mantuvo esperando que yo me
alejara. Noté que nuestros cuerpos no se habían tocado, sólo nuestras cabezas y
que él tenía una pequeña erección bajo su pijama.

Un escalofrío me recorrió la espina. En ese momento deseé
verlo desnudo.

Pero esto no ocurrió hasta que cumplió sus 16, poco antes de
que yo cumpliera mis 15. Como era habitual, estábamos de vacaciones. De partida
no tuvo reparos en desnudarse frente a mí. Por consiguiente yo me sentí obligado
a olvidar los míos. Nos vestíamos y desvestíamos frente a frente con la misma
naturalidad que si estuviéramos comiendo o lavándonos las manos.

Empezamos a gastarnos bromas durante el baño. Mientras uno se
duchaba, el otro se lavaba la boca y viceversa. Un día me dijo si me jabonaba la
espalda. –Qué más quisieras, le respondí. –Yo no, dijo, a ti te gustaría que te
lo hiciera.

Y así seguimos en plan bobo.

Pero, un día que teníamos prisa, nos metimos juntos a la
ducha. Fui yo el que empezó. Me eché gel en las manos, en abundancia, y empecé a
enjabonar su torso. –Ahhhh, que delicia, -dijo. De modo que no tuve
restricciones de su parte para continuar y le enjaboné todo el cuerpo, cuello,
espalda, orejas, pecho, vientre, muslos y hasta los pies.

-Esto es vida, tío.

Luego cogí la ducha y le eché agua por todos los sitios. No
dijo nada cuando enjaboné sus nalgas ni menos cuando pasé repetidamente, por
allí y entremedio, el chorro tibio.

Cuando estuvo enjuagado, casi con prisa, cogió la ducha,
volvió a colgarla y dándose jabón dijo: -Ahora a mí. E igualmente recorrió mi
cuerpo enjabonándome, sin prisa, como si estuviéramos acostumbrados a hacerlo o
como si fuera su propio cuerpo. Ambos teníamos una semi erección, que no
obstante, de conocernos tantos años y estar tan juntos, diría que nos pasó
desapercibida.

Desayunamos. Salimos. En el camino paramos para beber algo y
comer un bocadillo. De pronto, él se dirigió a los servicios.

Cuando regresó, estaba como agitado. Con la cara enrojecida,
como muy acalorado.

Mientras nos dirigíamos al coche, su padre caminando delante,
le dije casi en un susurro,

-¿Te sientes bien..?

–Sí, me hice una paja…, -dijo casi en mi oído. Juraría que
sentí, con un estremecimiento, sus labios en mi oreja.

¡Plop!

Nunca habíamos hablado de esas experiencias personales, de
nuestras erecciones o fantasías. En realidad, el sexo, no nos llamaba aun mucho
la atención.

Cuando nos acostamos esa noche, ya con la luz apagada, me
dijo en voz baja, aunque no era necesario, nuestra habitación quedaba lejos de
las otras:

-¿Te has masturbado?

-No. Nunca.

-Fue mi primera vez.

-Yo tuve un sueño una vez y desperté mojado. No olía muy
bien.

-Es que cuando me la sacudí se me paró. Y seguí. De repente
me dio una cosquilla enorme y zas que saltó un chorro de semen hasta el estanque
del water… tuve que limpiar con papel… fue rico.

-Yo soñé que hacía el amor con alguien y que sentía
cosquillas en la polla y me salía y salía semen.

-¿Te salió semen?

-Sí. Ya te dije. Me mojé, menos mal que estaba con
calzoncillo y pijama. Pero quedé todo pringado.

-¿Por qué no me contaste?

-No se. Después lo olvidé.

Nos dormimos.

Otro día, mientras nos bañábamos en el riachuelo, empezamos
con las bromas típicas. Hacernos "chinas", o sea, hundir uno al otro,
mutuamente, en forma inesperada y de allí a luchar en el agua, huir,
alcanzarnos, hundirnos y tantas bobadas.

Cuando salíamos del agua dijo:

-La tengo parada. Siento deseos de repetir lo del otro día.
Pero tú también tienes que hacerlo. Los dos juntos.

-No se, me da cosa.

-Pero si nos tenemos confianza, ¿por qué no?

Y lo hicimos. Frente a frente empezamos a masturbarnos, de
pie. Mirándonos. Contemplando cada uno las reacciones del otro.

Al sentir el orgasmo, de alguna manera intuitiva, nos
esperamos y explotamos al unísono. Nos manchamos mutuamente. Yo a él, más que él
a mí. No echamos a reír. Nos abrazamos estrechamente. Y corrimos al agua a
lavarnos.

Días después, ya casi dormidos, le dije en voz alta, sin
pensarlo, como que se me salió sin que mi voluntad interfiriera:

-Acostémonos juntos.

Levantó sus ropas de cama, invitándome a dar el primer paso.

-¿Por qué no se te ocurrió antes? A mí hace tiempo que me
gustaría que durmiéramos juntos.

Nos abrazamos y nos dormimos.

Desperté, con la luz del sol en la habitación y él me tenía
abrazado por el pecho y su cuerpo estaba pegado al mío a todo lo largo de mi
espalda, y su sexo en mis nalgas y sus muslos con los míos y el empeine de sus
pies tocando mis plantas.

Casi sentía que éramos un solo cuerpo.

Me moví y él despertó.

Levantó la cabeza, mordió tiernamente mi oreja:

-¡Ah, que bien dormí…! ¿tú?

-También. ¿Nos vamos a levantar ya?

-Sí, que no nos pillen acostados juntos porque van a pensar
que somos novios, jajaja

Me dolió eso. Yo empezaba a sentir que sí lo éramos. Pero
también necesitaba masoquearme pensando que para él nuestra relación sólo era
amistad, muy cariñosa pero nada más.

En forma natural se había establecido nuestra relación, nos
atraíamos mutuamente y en forma igualmente natural, yo sería el elemento más
pasivo que activo, al revés de lo que sería su actitud.

Una de estas noches, por alguna desconocida razón, tardábamos
en conciliar el sueño.

Como de costumbre, estaba detrás de mí y me tenía su brazo
cruzado por el pecho, apegándome a su cuerpo caliente. Yo sentía en mi trasero
su miembro erecto.

Me puse de espaldas y volviendo el rostro hacia el suyo,
pregunté:

-¿No puedes dormir?

-No. No tengo sueño…

-¿Te pasa algo?

El estaba afirmado en un codo, el que a su vez sostenía su
cabeza. Nos escudriñábamos en la oscuridad del cuarto. Nuestras cabezas estaban
casi unidas. No me fue difícil, por lo mismo, levantar un poco la mía y besarlo
en los labios.

Su respuesta fue automática, instantánea. Su boca se prendió
de la mía. Nuestros besos sonaban casi con eco en la pequeña habitación. Su mano
se posó en mi pecho, como para aquietarme, como para sujetarme, como para marcar
su territorio, como para inmovilizarme junto a él.

No sabíamos besarnos, pero durante el largo rato que lo
practicamos, aprendimos muchísimo. Por lo menos, saber qué era lo que agradaba
más al otro.

Me volví de costado, él se instaló como cada noche, detrás de
mí y apretándome contra sí, fuertemente, me dijo con su boca en mi nuca:

-Hasta mañana. Que duermas bien.

-Tú también.

Desperté con otro sonoro beso suyo, en la mejilla, cerca de
la oreja. Volví la cara y se lo devolví en la boca. Estuvimos así, morreándonos
un momento y decidimos levantarnos.

Ambos estábamos empalmados. Pero no era raro ya para
nosotros. Casi todas las mañanas nos ocurría. No sentíamos vergí¼enza el uno
frente al otro. Pero esta vez, yo sabía que nuestras erecciones no eran
priapismo matinal, eran consecuencia de nuestras caricias.

La noche antes de partir, cuando ya estábamos en nuestra
posición habitual en la cama, me dijo:

-Esta es nuestra última noche de dormir juntos. Me va a
costar dormir solo ahora.

-Cásate, -le dije.

-Salta p’al lado… Te digo en serio. Te voy a echar de
menos.

-¿Crees que yo no?

-¿Por qué no les decimos a nuestros padres que vamos a vivir
juntos para estudiar, seis meses en cada casa?

-¿Estás loco?, quizás qué pensarían.

-Pero es que cada día creo que me va a costar más estar sin
ti todo el día y toda la noche.

Sentí de pronto que algo húmedo me cayó en la cara. Yo estaba
de espaldas y él de costado, como siempre, afirmado en un codo. Presentí de
alguna manera que eso era una lágrima. Con razón había estado muy taciturno todo
el día. Ahora su angustia empezaba a escapársele por los ojos.

Sentí una pena enorme. Me contagió de angustia. Y me puse a
llorar. Me salió un sollozo desde lo más profundo.

El inclinó la cabeza y me besó. Respondí a ese beso como
jamás lo había hecho y nuestras bocas deben haber estado unidas por varios
minutos.

De pronto puso sus labios sobre los míos y sopló, produciendo
un ruido explosivo que nos hizo a ambos salpicar las salivas. Terminamos, como
de costumbre, riendo a carcajadas, entonces como movidos por un resorte, ambos
nos sentamos en la cama, prorrumpiendo en carcajadas que deben haber oído los
vecinos en una cuadra a la redonda.

Volvimos a acostarnos, tomando nuestra posición habitual y,
al menos yo, me dormí.

A media noche sentí y oí que se levantaba. En la semipenumbra
de la habitación, ver su sombra saltar de la cama por sobre mí, y balancear su
pene erecto –siempre dormíamos desnudos ahora-, me produjo una profunda
exaltación.

Al volver, simplemente se acostó sobre mí. Nuestras bocas
volvieron a restregarse, las lenguas a enredarse, las manos a cogerse,
entrelazando todos nuestros dedos.

Solté una de mis manos y busqué su sexo. Lo acaricié.

-Quiero hacértelo, -dije.

-¿Cómo me pongo?

-Ponte al lado.

Se acostó de espaldas e inicié su masturbación, muy
inexpertamente, pero no por eso menos placentera para él. Su falo era grande y
voluminoso. De glande pequeño, pero de cuerpo ancho y largo. Muy rosado y cuya
piel, se estiraba toda en la erección. Mientras lo masturbaba, nos besábamos.

En poco tiempo, alcanzó el orgasmo. Encogió las piernas
levantándolas y lanzó un ¡Ohhhhhhh!, de exquisito gozo.

-Ahora yo, -dijo, mientras por mi parte, amorosamente, le
limpiaba su semen esparcido por su torso y su vientre y besaba con ternura su
polla aún dura y estirada.

Siempre fue todo así entre nosotros. Primero uno, luego el
otro, o los dos a la vez. Jamás hubo egoísmo de su parte, ni de la mía. Eramos
el uno para el otro y viceversa. Y no me refiero a lo sexual. Así fuimos en
nuestros juegos, en nuestras competencias, en nuestros regalos. Ni siquiera hubo
conflictos con los típicos "¡yo primero…!, ¡después tú!…" Lo que hacía uno
era aceptado por el otro y retribuido de la misma forma.

El muy bruto se dejó caer sobre mi vientre. Dándome la
espalda, cogió mi pene, lo estrujaba, lo tomaba junto con el suyo en una mano y
apretaba. Me descubría el glande y volvía a cubrirlo, mientras yo le hacía
cosquillas en la cintura. Poco a poco lo fue dejando a merced de su mano
derecha, mientras guardaba el suyo con el puño apretado de la izquierda e
iniciaba un rítmico sube y baja de mi prepucio. Sin quererlo, yo apretaba y
volvía a separar mis muslos. Jadeaba y acariciaba su espalda, y le rascaba
suavemente con las uñas. Lo cogí de las caderas y empecé a apretar mis manos a
medida que el momento de mi orgasmo se acercaba y entre gemidos y agarrones
eyaculé hacia su pecho.

–¡Divino!, -Exclamé…

-¡Ay, divino…!, me remedó, con un tonillo amariconado,
mientras se volvía hacia mí y me aplastaba con todo su peso, quedándose,
placenteramente con su boca pegada a la mía.

Desde ese momento éramos amantes. Habíamos llegado a la
profundidad de nuestra amistad, de nuestro amor, tranquilamente, paulatinamente.
Habíamos evolucionado, en forma natural, nuestra relación hasta el punto de
unirnos físicamente en el placer sexual.

Cerca de las cuatro de la madrugada me despertó. Como era su
costumbre, sin ninguna suavidad. Tenía su mano apretada sobre mi hombro y me
remecía, -Oye, despierta. Otra vez tengo ganas.

Haciéndome el dormido y de sueño pesado, le dije algo así
como –déjame dormir, coño… y me volví boca abajo.

Se recostó sobre mí, -¿Qué quieres que te la meta?.

-Está biemmmmm, si eso es lo que quieres… mmmm…. dije
casi bostezando.

Se acomodó y sentí la punta del glande exactamente a la
entrada de mi ano. Y una clavada. El dolor fue insoportable. Claro, no teníamos
ninguna experiencia. Ni hablar de lubricantes, preparación, delicadeza.

Cuando advirtió que me había dolido hasta el alma, retiró la
punta de su miembro de mí y se recostó a mi lado acariciando mi espalda.

-¿Te dolió mucho?

En realidad yo no podía ni hablar en ese momento. Y en mi ano
quedó una sensación de ardor pero también de vacío. Me había gustado sentirme
penetrado. Pensé que teníamos que repetir, pero con más cuidado.

Me volví hacia él y nos besamos. El me acariciaba la cara,
como consolándome. Si hubiera podido retroceder el reloj para anular su
arremetida, lo habría hecho.

Le dije, -me dolió mucho, pero de seguro es porque estoy muy
estrecho y tú la tienes muy grande, además que sin vaselina… acordándome de
tantas bromas y chistes con eso de que "con vaselina entra…" , le sugerí: -Si
quieres te masturbo.

-No dejémoslo. Otro día, mejor.

Y nos dormimos.

En cuanto nos despertamos, nos levantamos, bañamos,
arreglamos nuestros bártulos y partimos a la monotonía escolar.

El viernes de esa primera semana de escuela, se me acercó
diciendo:

-¿Sabes?, Ya no aguanto más, quiero que durmamos juntos, que
nos hagamos unas pajas. Ahora no me gusta por mi cuenta, sólo quiero hacérmela
contigo.

-Yo también, -respondí.

De modo que me fui a dormir a su casa por el fin de semana.
¡Ya están los gemelos inseparables!, dijo mi madre cuando me despedí con mi
mochila, mi pijama (que no necesitaba), libros, CD y otras bobadas. Entre ellas,
¡Oh sorpresa para él!, una cajita de vaselina.

Llegado el momento y luego de un largo rato de morreos, con
hambre de una semana, se la pasé:

–Es mi regalo de navidad, así que luego no me pidas cosas.

-¿Qué es?

-Ponte donde tú sabes y a mí donde no me duela…

Cuando abrió la caja y se percató, empezó a revolcarse de
risa en la cama.

-Calla o nos descubren.

-¿De verdad quieres?

-Sí quiero.

-Pero te va a doler.

-Bien, pero en algún momento tengo que perder la virginidad,
¿no? ¿O prefieres que sea con otro?, añadí con cierta malignidad y un tonillo
irónico.

-¡Cómo te metas con alguien más, te baldo…!, dijo con
ademán de violencia, levantando la mano como para abofetearme.

Nos reíamos como tontos o como locos. Cada una de nuestras
expresiones era entendida a la perfección por el otro y celebrada en su
contenido y continente.

-¿Te digo una cosa?, preguntó.

-¡Qué!

-Cuando me la besaste la primera vez que me pajeaste, sentí
una cosa muy rica…

-¿Quieres que te la mame?

-Solo si tú quieres.

-Yo quiero que la pases bien cuando estamos juntos,
-respondí.

Sabíamos qué teníamos que hacer, de modo que se tendió y yo
me dediqué a tomar delicadamente su miembro en mis manos y a lamerlo y
succionarlo, saboreando, por mi parte, su olor, sabor y textura.

Cuando creí que podría eyacular le recordé que teníamos que
utilizar la vaselina.

Nos embadurnamos de tal modo que por poco vaciamos la caja.

A medida que se untaba el pene, iba corriendo la mano hacia
atrás, diciendo, entre risas:

-hasta aquí…, hasta aquí…, no mejor hasta aquí atrás…

Yo me ponía vaselina en la entrada, alrededor, hasta que
finalmente me metí el dedo con una pelota de la crema lo más adentro que pude.

El dolor que sentí cuando hundió la punta de su pene en mí,
fue tan fuerte como la primera vez, pero hice esfuerzos sobrehumanos para
reponerme y dejarlo disfrutar su placer. Sólo le pedí que se mantuviera quieto
un rato, momia, sin moverse un milímetro, mientras esperaba que el dolor
disminuyera.

Como nuestra comunicación era absolutamente inalámbrica,
adivinábamos lo que el otro pensaba o sentía, él esperó pacientemente, hasta que
preguntó:

-¿Ahora sí?, ¿De seguro que no te dolerá mucho?

-Empieza, pero de a poco…

Así lo hizo. Me fue penetrando lentamente. No quiso hundir
todo su largo pene en mí. Aun incómodo, afirmado en sus manos y pies, como quien
hace abdominales, frotaba un trocito de su miembro dentro de mi recto, mientras
con ambas manos, yo me abría las nalgas.

-¿Quieres que termine ya…?

-Síiiiiiiii…, -exclamé, muy adolorido.

Cuando sentí su humedad que me inundaba y el dolor parecía
disminuir, solté mis nalgas y apreté sus muslos con ambas manos.

Se retiró con una suavidad y una ternura que sólo puede tener
un enamorado verdadero con aquel o aquella a quien posea.

Se tendió a mi lado. Ambos de espaldas en la cama.

Lo cogí de la cabeza.

-Aquí, aquí, encima…

y él, obediente, se recostó sobre mi cuerpo, con su cabeza en
mi pecho y su mano buscando mi cara. Mientras le mordía los dedos, le dije:

-Nunca me abandones. Aquí quiero que estés siempre.

-"Ay lobe llu", dijo textualmente… riéndose.

E iniciamos una lucha, de las nuestras, hasta que quedamos
agotados, abrazados, besándonos.

-Te juro, que yo nunca te dejaré, me dijo quedito.

Hundí, agradecido, mi cabeza en su pecho. Sólo Dios sabía, en
ese instante, que no podría cumplir su palabra.

-Hey, no te me duermas… Ahora te toca a ti, se siente
delicioso… único, verás.

-Pero, ¿tú quieres también?

-Siempre los dos hacemos lo mismo o no vale. En realidad no
es que me mole, pero quiero lo que tú quieras.

-Mastúrbame, mientras yo te la chupo…

-¿En serio no quieres metérmela?

-Siempre te voy a complacer, me pidas lo que me pidas. Ahora
sólo quiero eso.

De algún modo intuitivo nos acomodamos en posición sesenta y
nueve y gocé un orgasmo desde la punta del pene hasta mi recto que, dolorido
aún, se contraía espasmódico, mientras eyaculaba y él recibía en su boca y en su
mano mi semen.

Limpié su boca y mi pene y las gotas que cayeron en mis
vellos del pubis. Me lo eché encima que era lo que más me agradaba y nos
dormimos en medio de nuestros besos.

El fin de semana siguiente, durmió en mi casa. Repetimos.
Había imaginado una variación. Lo hice ponerse boca abajo y lamí su cuerpo
entero. Desde sus pies a su cabeza y de su cabeza a los pies. Mordisqueé cada
uno de sus dedos. Mi lengua visitó cada uno de los recovecos de su cuerpo. Tenía
espasmódicos temblores cuando mi lengua tocaba su ano, o su entrepierna velluda,
o mis dientes mordisqueban sus suaves nalgas. Lo volví boca arriba e hice lo
mismo por su frente. Al final me apoderé de su miembro y más que succionarlo, lo
ensalivé a conciencia, lo unté de vaselina, él me untó a mí debidamente y me
senté en su falo. Poco a poco me fui cargando y levantando, hasta que el dolor
desapareció y yo estaba empalado sintiendo el roce áspero de sus vellos pubianos
en mis testículos y toda la longitud de su pene en mi recto.

Empezamos a movernos, desacompasadamente al principio, pero
luego de un poco de práctica, al unísono y le otorgué un orgasmo fantástico, a
juzgar por sus gemidos y expresiones de su cara

Al terminar, me tomó, me depositó en la cama y me masturbó.

Esos fines de semana compartidos "con todo", las vacaciones
que seguimos viviéndolas juntos, nos dieron una experiencia y sobre todo una
capacidad de goce inimaginable. Eramos una pareja perfecta.

Pero, bien sabe todo el mundo que nada bueno dura para
siempre.

 

Esa noche celebraríamos mis 18 años. El estudiaba ya en la
universidad y se vendría de inmediato, terminada su jornada, para llegar a la
fiesta. Un compañero se ofreció a traerlo rápidamente en el coche de su padre.
Partieron cantando, según supe después, y riendo al imaginar mi cara de sorpresa
por el regalo en broma que había encontrado para darme. En el camino, el
compañero aceleró más de la cuenta, en una curva derrapó, se volcaron, el
conductor quedó con heridas muy graves. El murió.

 

La policía de carreteras llamó a sus padres. Ellos llamaron a
los míos. Mientras todos lo esperábamos, mis padres no sabían como decírnoslo.

Al oir, "al parecer El está muerto", no supe más. Supongo que
me desmayé.

Cuando fuimos a retirar su cuerpo, al verme llorar a lágrima
viva, el médico que lo había recibido en urgencias me dijo: -Fue una muerte
instantánea, no sufrió.

 

Estaba con una depresión insostenible. Mis padres quisieron
llevarme a un psiquiatra. Me negué de plano. Nadie sabía qué hacer conmigo.
Pasaba los días y las noches encerrado en mi cuarto. No quería comer ni hablar
ni salir. Guardé en lo más profundo de un armario las fotos en que aparecía él.
Los videos que nos habíamos hecho. Borré del ordenador toda imagen que me lo
hiciera aparecer. Sin tenerlo a mi lado en la realidad, no quería ver ninguna
imagen suya.

Una tarde nos quedamos solos mi madre y yo en casa. Salí a
buscar algo de beber. Mamá estaba sentada en el sofá de la sala, frente a un
televisor que no miraba ni oía y tenía su pañuelo entre las manos nerviosas que
tiritaban y los ojos llenos de lágrimas que no paraban de fluir.

-¡Mamá!, ¿qué tienes?

-¿Yo?, pena; pero eso no me preocupa, más me preocupa qué
tienes tú.

Me senté junta a ella. Empecé a llorar como un niño,
estrujando sus manos. Ella cogió mi cabeza y la puso en su regazo. Yo en medio
de mis sollozos solo atinaba a exclamar:

-¡Mamá, mamá…!

-¡Cuánto lo querías, ¿verdad?…!

-Sí mamá.

Y eché fuera todo lo que sentía, todo lo que había sido
nuestra vida hasta entonces. No me importaba que mi madre supiera en ese momento
quienes éramos él y yo.

-Mamá, yo lo amaba. Y él a mí. El próximo año me iría a
estudiar a la misma Universidad. Ibamos a vivir juntos, para siempre. ¡Mamá!, no
se como vivir sin él. No puedo. ¡Mamá! Fuimos amigos desde el jardín. Crecimos
juntos, nos hicimos adolescentes juntos. Jóvenes. Somos amantes desde los 16
años. ¡Mamá! El es la única persona que he amado en mi vida y yo fui el único a
quien él amó. No se vivir sin él, madre, ayúdame, porque lo único que deseo que
deseo es morirme también.

Mi pobre madre, sufría en ese momento sus propios dolores. En
primer lugar estaba su hijo sufriente, que padecía una enfermedad depresiva. Por
otra parte, ahora se enteraba que tenía un hijo al que desconocía por completo,
con una personalidad extraña para ella y que ninguna madre quiere para su hijo.
Su niño había amado a otro hombre. ¡Pobre madre!, cómo acababa de herir dos
veces su corazón.

-Tenemos que hablar con papá. Tenemos que buscar una solución
para todo esto. No puedes quedarte así, ni nosotros nos vamos a quedar quietos
contemplando como te hundes más. –Dijo, sacando esas fuerzas que sólo las madres
tienen en su corazón, cuando se trata de sus hijos. Se sobrepuso a su sorpresa y
dolores y penas, por mí, su hijo.

Cuando llegó papá, ella sirvió la cena en silencio. Tenía los
ojos enrojecidos. Papá, discreto, no preguntó nada. Intuía que la situación
tenía que ver con mi estado de ánimo de los últimos días.

Se sentaron en la sala, casi a oscura. Yo los dejé solos.
Volví a encerrarme en mi cuarto. Afortunadamente para ellos y para mí, en esos
días mi hermana estaba fuera.

A la media hora, más o menos, sentí los pasos de papá
subiendo la escalera. Llamó a la puerta discretamente…

Me levantó de la cama donde estaba sentado, a oscuras y en
silencio. Me tomó por los hombros y me abrazó estrechamente. Largo rato.

-Hijo, -dijo al fin, retirándose pero sin soltarme, con sus
fuertes manos bien firmes sobre mis hombros, mirándome directamente a los ojos,
-¿Qué vamos a hacer contigo?. –No podemos dejarte así, hundirte solo. Me alegra
que se lo hayas contado a tu madre. –Tienes que ser fuerte. –Tienes que
rehacerte, cambiar. –El ya no está, es pasado, ahora tiene que empezar para ti
una nueva vida.

No se a qué llamaba mi padre "una nueva vida", ni quise
averiguarlo. Sólo asentía con la cabeza, mientras él me hablaba.

Cuando creyó que ya estaba dicho todo cuanto podía
transmitirme, salió, y al cerrar la puerta sentí que un sollozo se le escapaba
de lo más profundo del pecho.

 

EPILOGO

Camino por la playa. Es un lugar donde nunca estuvimos él y
yo. No soportaría andar por un lugar que hubiéramos pisado juntos.

Sólo llevo mi bañador, una toalla y mi audífono-radio. Miguel
Bosé canta TE AMARE…

"Te amaré, te amaré… a golpes de recuerdos…

"Te amaré, te amaré… aunque ya no estés presente…

"Te amaré, te amaré…

"Te amaré, te amaré…

Sigo escuchando mientras el agua moja mis pies. La siento
fría. Luego la siento en mis rodillas. Cuando el agua toca mi sexo siento un
escalofrío. Luego la siento en mi barriga. Al sentirla a la altura del corazón,
me estremezco. Pero sigo caminando, y sigo escuchando, "Te amaré… Te amaré…"
hasta que definitivamente dejo de sentir…

* Sus comentarios o diatribas, que todo sirve, los agradezco en <POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO>

 

Resumen del relato:
    MY SAD LOVE STORY… Como, desde el jardín infantil aprendimos a quierernos, desearnos, amarnos, ser pareja y como no pudimos abandonarnos…

De esposa ejemplar a puta de lujo (09)

De esposa ejemplar a puta de lujo (09) (11)

En las semanas siguientes, seguí haciendo el amor con
distintas mujeres, algunas prostitutas, amigas de Ana, y con la propia Ana, que
depuró mi técnica para comportarme como una auténtica lesbiana, haciéndome una
experta en el arte de dar placer a las mujeres.

Me enseñó a utilizar consoladores de correas, follando con
ellos a las mujeres por boca, coño y culo, utilizándolos como si tuviera una
polla de verdad. Y también me enseñó a moverme cuando me follaran a mi con
ellos, para conseguir más placer.

 

Entre unas cosas y otras nos metimos en el mes de mayo, mi
marido Carlos había acelerado los trámites para el divorcio, y me convocaron
para un careo con el juez, y así determinar como quedarían las cosas tras el
mismo.

Ana me dijo que no me podía permitir que me dieran la
custodia del niño, así que tenía que dar mala imagen al juez que además era
mujer para que no se pusiera de mi parte.

 

Como ya estábamos en mayo y el tiempo era bueno, fui vestida
con una minifalda negra de cuero por los muslos, unas sandalias con 10 cm de
tacón, con los dedos de los pies pintados de rojo, un polo rojo sin mangas, muy
ajustado que me marcaba todas las tetas y el sujetador, y por supuesto muy
maquillada.

Entré en la sala donde me habían citado, fumándome un
cigarro. Allí estaban Carlos, mi madre, su abogado y la juez que era una mujer
de unos 50 años con pinta conservadora, que me dijo que me sentara y que apagara
el cigarro que la molestaba.

Me senté cruzando las piernas. Ni Carlos ni mi madre me
saludaron. Su abogado dijo que querían la custodia del niño, y que además se
negaban a pasarme una pensión. Como mucho por bienes gananciales me darían 10
millones por la venta del piso que todavía no habíamos terminado de pagar, pero
que Carlos ya había vendido, porque dijo que no podía seguir viviendo allí,
porque le traía malos recuerdos.

 

De una carpeta, sacó fotos mías y un informe de una agencia
de detectives, que me habían seguido desde que me fui de casa en febrero.

 

Salían fotos mías con mujeres diversas y con Ana en
discotecas a altas horas de la madrugada e incluso entre semana, dándome el lote
con ellas, metiéndonos mano, besándonos, y bebiendo copas, etc. También fotos
entrando y saliendo con esas mujeres del apartamento que compartía con Ana.

 

Llegaron a hacerme fotos de la noche que estuve bailando
delante de Marta y Mario, en una discoteca, la noche que Mario la folló por
primera vez. Yo salía con la mini muy subida, y en una foto a través de los
panties, se veía que no llevaba bragas. Además salía perfectamente la blusa de
gasa transparente y las copas del sostén en fosforito por la luz ultravioleta.

Mi madre no paraba de llorar. Luego aportaron un dossier de
Ana. Con fotos y pruebas, la presentaron ante la juez como mi amante, desde
hacía meses, mostrando además su actividad en un burdel de lujo y en hoteles con
hombres y mujeres que la contrataban como prostituta.

Yo la verdad no me esperaba este seguimiento por parte de
Carlos, se veía que quería deshacerse de mi lo antes posible. Aportaron fotos de
cómo era antes y como era ahora para que la juez viera mis cambios tanto físicos
como en mi forma de vestir.

 

Luego la juez me sometió a un interrogatorio.

Me preguntó si era bebedora, si me iban bien las cosas en el
trabajo. Que cual era mi relación con Ana y con las mujeres en general, si era
homosexual, etc. Yo mentí a todas las preguntas, pero mi imagen era tan pésima
que evidentemente nadie me creyó.

Finalmente la juez dijo que era un caso muy claro y falló en
todo a favor de Carlos. Me quedé sin pensión, sin mi hijo al que no podría
volver a ver ni hacercarme a una distancia inferior a 100 m mientras fuera menor
de edad, ya que podría ser una mala influencia para él, y sólo me concedió los
10 millones por la venta del piso, que me pagarían esa misma semana si no
apelaba. La verdad es que aunque apelara con esas pruebas no tenía nada que
hacer así que opté por aceptar, y el dinero me venía bien para sanear mi
maltrecha economía.

Cuando terminamos Carlos se marchó con el abogado sin
mirarme, y mi madre llorando me dijo que nunca se hubiera imaginado que fuera
lesbiana, y que no quería volver a verme a no ser que me comprometiera a cambiar
y a someterme a un tratamiento psiquiátrico. Ella no podía entender mi
bisexualidad ni la nueva vida que había elegido.

Me contó que mi padre estaba mal del corazón desde que empezó
todo y que era mejor que no me viera y que no supiera toda la verdad.

 

Cuando se fue me quedé allí sola llorando, fui consciente
probablemente por primera vez de la realidad, al ver todas aquellas fotos,
comprendí en lo que me había convertido, y el que no pudiera volver a ver a mi
hijo, me partió el alma.

Aquello si cabe me descentró todavía mas, me entregué a todas
las perversiones que se le ocurrían a Mario, y desde entonces ya me ha dado
igual todo porque había perdido lo que más quería.

 

Esa semana, se casaba mi cuñado Luis, y Mario ya enterado de
los términos de mi divorcio, me obligó a que me lo follara el día de su boda,
según él para despedirme por todo lo alto de mi familia. Aquello sería como la
confirmación para Luis de que era una zorra, no me gustó lo que me pedían que
hiciera, pero le contesté que me lo follaría.

Como evidentemente no me invitaron a la boda, le llamé para
decirle que quería verle el sábado por la mañana en mi apartamento (se casaba
por la tarde), que tenía un regalo de bodas para él. Me contestó que no lo veía
claro, que sabía que su hermano me había puesto detectives y que si nos veían lo
pasaría mal.

Le respondí que ya me los había quitado, porque había ganado
el juicio del divorcio, y que podría entrar por el ascensor que subía del
garaje. Se lo pensó, pero como seguro que me deseaba, accedió.

Yo la verdad tenía muchas ganas de joder con un hombre, el
único hombre que había catado en tres meses era precisamente Luis, y ya estaba
un poco harta de comer tanto coño.

El sábado a las 12, llamó a la puerta, Ana estaba en la otra
habitación para no perderse nada y estaba grabando todo para que luego lo viera
Mario.

Ana me obligó a recibirle vestida sólo con un camisón negro
transparente que me llegaba justo a una cuarta por debajo del sexo y que dejaba
ver todo mi cuerpo, tetas, culo y coño.

Además me maquilló como si fuera una muñeca de estas de
nuestras abuelas, con colorete rojo en los carrillos, la cara espolvoreada de
blanco y con pestañas postizas negras. Mis gruesos labios de rojo y el pelo
recogido en dos coletas. Me dijo que quería darme un aspecto de muñequita, que
eso le gustaba a muchos hombres, aspecto que se acentuaba con mi coño todo
depilado.

Al abrir la puerta me tiré a mi cuñado, y le di un beso
metiéndole la lengua hasta la garganta, tocándole con una mano la polla, que ya
estaba empalmada, le dije que el regalo de bodas era yo, que era su muñequita.

Me dio un empujón y me dijo que su hermano estaba destrozado
que le había contado todo y que le había enseñado el reportaje de los
detectives. Me preguntó que si era verdad que era lesbiana, y le respondí que
era bisexual y que me gustaban tanto hombres como mujeres, aunque era algo más
hetero que gay.

Me propinó una hostia, y me dijo que mas que una muñequita lo
que era es una auténtica zorra, y que me iba a follar como a tal.

 

Me dijo que empezara a desnudarle y que se la chupara. Le
quité la ropa y empecé a mamársela como una auténtica muerta de hambre y lo
mejor que podía teniendo en cuenta que me follaba la boca como si fuera un coño
y me daban arcadas. Estábamos delante de un espejo, y me obligó a masturbarme
mientras tanto me decía que me mirara al espejo y que comprobara lo sucia que
era.

La verdad es que tenía razón, la imagen que me devolvía el
espejo era la de una auténtica puta de lo peor.

Cuando iba a correrse ya que estaba echando preseminal, se
salió de la boca me puso a 4 patas de cara al espejo y me obligó a encenderme un
cigarro, quería que fumara mientras me daba por detrás.

Se puso un condón, porque no quería contagiarle nada a su
futura mujer, y me la metió por el culo hasta el fondo. El tío me dijo que
empezara a tocarme el coño con fuerza y que no parara de fumar mientras tanto,
que eso le ponía cachondo. Desde luego Luis tenía que ser uno de esos hombres
fetichistas del tabaco, que le gusta ver a las mujeres echar humo mientras las
follan.

Mientras me masturbaba y fumaba, él me daba por el culo, con
gran violencia y me estaba haciendo daño, aunque se contrarrestaba con el placer
que me daba yo al masturbarme.

Cuando se me acabó el cigarro, me dio la vuelta y me la metió
por delante en el coño, y me obligó a fumarme otro cigarro. La verdad es que
aquello también me daba morbo, nunca había fumado mientras me follaban, y estaba
encadenando un orgasmo detrás de otro, además el morbo se incrementaba por el
hecho de estar viéndome todo el rato por el espejo.

Cuando se corrió yo me estaba acabando el segundo cigarro, se
salió, se quitó el condón y si dejar que me levantara, me obligó a que me
bebiera todo su contenido, cosa que hice como una gatita golosa, relamiéndome
cuando terminé.

Después me llevo al baño, me obligó a orinar con las piernas
bien abiertas, ya que decía que nunca había visto a una mujer hacerlo, y cuando
acabé me metió en la bañera, me hizo abrir la boca y se puso a mearme dentro y a
decirme que tragara. Aquello me daba asco y me negué, pero me dio otra hostia y
la abrí.

Al abrir la boca empezó a mear dentro, el pis sabía como
amargo (era la primera vez que me hacían una lluvia dorada), y estaba caliente.
Como vio que no podía tragarme todo, acabó la meada regando todo mi cuerpo,
incluido el pelo, cosa que me hizo sentir profundamente humillada.

Después de eso se la sacudió y me obligó a limpiarle la
polla.

Cuando terminé de limpiarle, me dijo que no me quería volver
a ver. Que lo que había hecho conmigo esa mañana, ya lo había hecho antes con
putas y que era como ellas, y que lo mejor que le podía haber pasado a su
hermano era deshacerse de mí.

 

Me dejó en la bañera empapada por el pis llorando. Yo estaba
muy sensible con el tema de mi familia al ser la ruptura muy reciente y porque
era muy duro que todos en mi familia pensaran que era una puta y además
homosexual.

 

Mientras se vestía yo le miraba y el se reía al verme llorar,
diciendo que tenía lo que me merecía.

 

Me di cuenta que hasta ahora en estos meses me había acostado
con hombres y mujeres, comportándome como una auténtica puta en la cama, pero
que aquella había sido la primera vez en que además de comportarme como una
puta, me habían tratado como a tal y que encima había sido un familiar. La
verdad es que ni Mario me había tratado con aquel desprecio.

 

Cuando se fue, salió Ana de la habitación diciendo que vaya
con mi cuñadito, que menudo guarro había resultado ser, que estaba perdida de
meados. Yo mientras tanto seguía llorando y Ana me consoló, diciéndome que aquel
había sido el último contacto con mi familia, y que a partir de ahora todo iría
mejor.

 

 

 

Continuará.

Se agradecen comentarios.

 

Autor: Corsarionegro

Correo:
POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Se produce el divorcio de Sonia, por lo que pierde ya por completo a su familia. Además Mario cumple el capricho de que Sonia se trajine a su cuñado el día de su boda.

Mi familia

Mi familia (25)

Mi madre ya escribió su relato de cómo se inició en el sexo.
Después de leerlo voy a contar mi historia. Me llamo Elena y voy a contarles mi
primera vez. Somos una familia muy especial. Vivimos en un caserón Valerio, que
es mi abuelo o padre (ni lo sé ni me importa), mis padres, Bruno y Marga, mis
tíos Walter, Ramiro, Hugo y Oliver y mis hermanos y yo.

Mamá me contó cómo con trece años, sin saber nada de sexo, la
casaron con Bruno "mi padre", y cómo se lió con toda la familia. Desde pequeña,
siempre los he visto follando, haciendo el 69, etc, y ya me habían explicado
entre todos, todo lo que había que hacer. Cuando cumplí los trece años, me tocó
el turno. Los encargados de desvirgarme fueron papá Bruno, Oliver y mi hermano
mayor Eduardo. Nos juntamos toda la familia en el salón. Mientras los demás
miraban, el abuelo Valerio me desnudó. Luego, fui desnudando a los tres de uno
en uno. Para cuando terminé todos tenían la verga super parada. Me tumbaron en
el suelo, boca arriba.

Cerré los ojos y cogí la primera polla que resultó ser el de
Eduardo y me la metí a la boca; luego, papá se tumbó y empezó a comerme la
concha mientras que Oliver me chupaba y lamía las tetas. Tuve mi primer orgasmo.
Mientras papá me comía la concha, me iba metiendo los dedos por la vagina
mientras que su otra mano andaba por mi culo y también sentía sus dedos entrando
y saliendo de mi ano. Cuando vio que ya estaba lista, se sentó en el suelo, me
puso de espaldas a él y me metió su verga por el ano. Chillaba y lloraba por el
dolor. Luego, se unió a nosotros, Eduardo que me clavó su garrote en la vagina.
Al mismo tiempo, Oliver me metía su pene en la boca. Después de unos instantes
sintiendo los dos garrotes dentro de mi cuerpo, empezaron a moverse lentamente.
Si al principio eran gritos de dolor, ahora eran grititos y gemidos de placer y
cada vez más hasta que volví a tener otros dos tremendos orgasmos.

A todo esto, los demás viendo mi inicio, estaban totalmente
excitados. Mamá se acercó al abuelo, le quitó el pantalón y se lo metió dentro
de su vagina, mientras que el tío Walter se la clavaba por detrás. Cuando
terminó con ellos la cogieron Ramiro y Hugo. Cuando llegó la noche, fui a la
habitación del abuelo. Quería pasar la noche con él a solas. ¡¡¡DIOS!!! Es un
follador maravilloso a pesar de su invalidez y de que ya no es joven. Al día
siguiente les tocó el turno a Walter, Ramiro y Hugo a disfrutar conmigo.

Después de varios meses de disfrutar con toda la familia,
llegó a la ciudad un amigo del tío Walter. Era de su misma edad, aunque era
mucho más alto y corpulento. Medía más de dos metros. Nada más verlo, me imaginé
su polla dentro de mí. No hacía más que mirarlo de reojo cuando no me veía
pensando en el tamaño de su polla.

Después de cenar, a la hora de acostarnos, mamá me dio unas
toallas para que las llevara a la habitación de Manuel, el invitado diciendo
"que se le habían olvidado". Llamé a su puerta y la no oír nada más que el ruido
de la ducha, entré. Seguí al baño para dejarlas y me lo encontré totalmente
desnudo. ¡Madre mía! Tenía una polla acorde con su tamaño, y totalmente tiesa.
Yo no llevaba más que el albornoz ya que mamá me mandó con las toallas cuando
acababa de salir de la ducha. Manuel y yo nos quedamos mirándonos. No podía
dejar de mirar su verga tiesa. En esto, él reaccionó, me quitó las toallas de la
mano, las tiró al suelo y me abrazó. Me dijo al oído que tenía la verga
totalmente tiesa pensando en mis pechos y mi conchita. Que no había podido dejar
de mirarme desde que entró en nuestra casa. Yo le confesé que él también me
tenía fascinado.

Empezamos a besarnos y él me quitó el albornoz. Vi su mirada
de alegría cuando vio que estaba totalmente desnuda. Se quedó mirándome unos
instantes mientras sus manos acariciaban mi cuerpo suavemente. Luego, nos
tumbamos sobre la cama, y nos pusimos a hacer un 69. Aunque me metía su verga
hasta la garganta, no entraba toda entera. Nos corrimos a la vez. Luego, me di
la vuelta sobre él, me senté encima de él y me clavé su pene dentro de mi
cuerpo.

–Síiiiiiiiiiii, dame más, sigue asíiiiiiiii,
aaaaaaaggggghhhh, métemelo hasta el fondo, fóllame toda, dame tu rica leche,
así….

–Sigue, mi niña, tómalo, lo haces muy bien cariño…

Después, antes de correrse, se salió, me puso a cuatro patas
y me la clavó en el año. Allí se corrió. Fue alucinante, tuve no sé cuántos
orgasmos sintiendo los chorros de semen dentro de mí. Después de recuperar el
aliento, le dije que no era justo, que quería sentir su rica leche dentro de mi
vagina. Me la volvió a meter a la boca, y cuando ya había crecido lo suficiente,
volvió a clavármela en la vagina, mientras su dedo masajeaba mi clítoris. Creí
volverme loca de placer. Lo hacía de tal forma que parecía que me había vuelto
de gelatina por los temblores de placer que sacudían mi cuerpo. Y entonces sí
que se corrió. Fue maravilloso, sentir toda su rica leche dentro de mi vagina.
Los gritos de placer despertaron a los demás y en eso, apareció en la habitación
Eduardo. Al ver la escena, se bajó el pantalón y metió su pene en mi culito.
Creía que iba a romperme y que no iba a poder moverme nunca más de donde estaba.

A la mañana siguiente, mamá estaba en la cocina, y Manuel
entró para dejar su taza en la fregadera. Mamá estaba medio desnuda y Manuel le
clavó la estaca dentro de su vagina mientras le mordisqueaba sus pechos.
Mientras los veía, entraron en el salón el abuelo y Walter. Les dije que quería
a Manuel en la familia, o por lo menos muy cerca. Después, entró mamá diciendo
lo mismo. Manuel, que había conseguido trabajo en la ciudad, dijo que no le
importaría entrar ser parte de nuestra familia, ya que él no tenía a nadie y que
se casaría conmigo. Sabía dónde se metía y no le importaba. Tenía de momento dos
mujeres a las que follar y en el futuro alguna más aunque compartidas con todos
los demás hombres. El abuelo le dijo entonces que la norma de la familia era
tener varios bebés. Manuel estuvo de acuerdo.

Después de unos días, nos casamos en la misma iglesia que
mamá y papá Bruno se casaron. Antes del mes, ya me había quedado embarazada ya
que hasta entonces no había querido.

Han pasado varios años. El abuelo murió y toda la familia
tiene ahora otra chica con la que disfrutar; mi hermana menor Teresa. Dentro de
unos años, también lo podrá hacer con mis hijas Marta y Cristina. En estos años,
también se han unido a la fiesta mis hermanos menores Germán, ílvaro y Roberto.

 

Resumen del relato:
    A igual que mi madre, los hombres de mi familia me iniciaron en las maravillosas artes del sexo.

Historias de chateo (I)

Historias de chateo (I) (21)

Hace ya un tiempo que aburrido en la oficina me puse a entrar
en lugares de juego de internet. Busque en yahoo y encontré el pool. Ahí
rápidamente hice de gente conocida y jugábamos varias hora tantas que tenia
problemas con mi trabajo.

Hasta que un día conocí a elena. Ella estaba jugando con una
amiga mía y yo entre para saludar. Mi amiga nos presento y nos quedamos los tres
charlando un buen rato. Ella era de Mar del Plata, ciudad distante a 400 Km. de
Buenos aires, famosa por sus playas y sus mujeres hermososa, y también estaba
trabajando. Los dos nos contábamos grandes mentiras sobre la gente que
conocíamos y lo que hacíamos ahí. Nuestra amiga rápidamente comprendió que
estaba de mas y nos dejo seguir solos.

Esta relación continuo varios días de la misma manera y cada
día adquiríamos mas confianza. En estas conversaciones que al principio solo se
referían a que hacíamos y quienes éramos fueron cambiando de tema hasta llegar
al sexo.

En este punto, tengo que contar un poco mi historia, Soy
casado tengo 3 hijos y siempre fui fiel a mi mujer. Nuca en los 10 años de
casado fui infiel mas por convicción que por necesidad. Si bien no tenemos un
sexo maravilloso, no esta mal tampoco con la única salvedad que ella, es mas
bien muy tradicional y no acepta demasiadas cosas, con lo que mis fantasías
siempre quedan postergadas.

Yo siempre creí que decir la verdad era el mejor camino y así
lo aplique. Cuando las conversaciones se empezaran a calentar, yo le aclare un
poco mi historia y esto a ella mas la calentó. Así fue como pasamos a contarnos
nuestras fantasías más eróticas y cada día que pasaba pasábamos largo tiempo
charlando en privado subiendo el tono. Así fue que ella se entero de mis
fantasías con dos mujeres y yo de sus fantasías en la playa. O nuestras mutuas
ganas de encontrarnos en lo que en ese momento era su oficina y hacerle el amor
mientras ella atendía al publico sin que nadie se diera cuenta.

Como el tema cada día se ponía más caliente pronto llegamos
al sexo telefónico y ambos gozamos mucho con sentirnos gozar telefónicamente. Yo
le contaba como me masturbaba pensando en ella y que cosas le haría si la
tuviera enfrente y ella me decía también como se tocaba y sentía mi sexo
recorrerla por cada parte del cuerpo.

Hubo un momento que no hubiera día que no gozáramos
mutuamente y yo me masturbara en el baño de la oficina escuchando por mi celular
sus gemidos de placer y sus orgasmos me enloquecían.

Toda esta situación duro largo tiempo, ya que la distancia y
mi familia complicaban los encuentros.

Igualmente tuvimos sesiones de sexo telefónico realmente
tremendas. Una de las que más quedo en mi recuerdo, fue un día que estando solo
en mi casa y ella en la suya nos comienza a provocar mutuamente y yo le empece a
pedir que se tocara los pechos para mí. El dialogo fue mas o menso de la
siguiente manera

Federico dice: dale linda hoy me vas a hacer gozar como nunca

Elena dice: si quiero quiero sentir tu leche dentro mío y
quiero oírte gritar

F DICE: por favor pásate el dedo por tus pezones, hacelos
gozar a tus tetas que me encantan

E DICE: así te gusta mira como me toco para vos

F DICE: si más, dale quiero mucho mas

E DICE: no estoy muy vestida

F DICE: si sácate todo rápido por favor, no mejor deja que la
tanguita te la saque yo con la boca

E DICE: Sí dale

F DICE: listo ya esta ahora mete los deditos adentro de tu
conchita

E DICE: Uffff así te gusta

F DICE: si dale juga entra y salí dentro tuyo

E DICE: vos que te haces?

F DICE: yo me estoy pajeando para vos. Mi pija crece pensando
en vos

E DICE: si dale seguí que me gusta cuando hablas así todo
exitado

F DICE: estas mojadita ya?

E DICE: si bebe muy mojada, me estas matando

F DICE: haceme probar tus jugos dale

E DICE: como me gusta tenerte asi

F DICE: es mi boca la que te chupa esos dedos

E DICE: si segui asi

F DICE: mas quiero sentirte mas

E DICE: SI meteme mas

F DICE: metete algo en tu conchita asi difrutas mas

E DICE: si el vibra hasta el fondo……..ahhhhhhhhh

F DICE: siiiiiiiiiiiii

 

Y asi estuvimos casi dos horas dandonos sexo telefonico, yo
terminando 3 veces y ella muchas mas.

 

Continuara….

 

Resumen del relato:
    Esta es la historia de Elena y yo. Empezó virtual y no se como va a terminar.

Mi padre se consoló conmigo…

Mi padre se consoló conmigo… (1)

Mi padre se consoló conmigo y yo goze como nunca

Hola me llamo melisa y todo ocurrió cuando tenia yo 17 años,
(hace ya 8 años).En mi familia somos cuatro, un hermano menor que yo tres años,
mis padres y yo. Mis padre tenían, 45 años él y 43 ella.

Mis padres solían discutir muy a menudo era corriente oírlos
sobre todo por las noches,al parecer mi madre no queria sexo y mi padre lo
necesitaba mas que dormir.

Yo ha veces oía como mi padre le decía que se pusiera así o
de esta manera y eso me estremecía, hasta la fecha yo no había tenido sexo solo
unos toqueteos con unos amigos pero nada más.

Yo solía consolarme sola con algunas películas (lo que
desconocía que mi padre me había espiado y se había pajeado viendo como yo me
introducía algún consolador),una noche oí que mi padre le decía a mi madre " si
no me dejas me tiro a tu hija, a ella si que le gusta no como tu que eres más
fría que el hielo ella ha salido a mí en eso"mi madre- respondió déjate de
tonterías-y todo se quedo en calma pero a mí me produjo una sensación muy
excitante esas palabras.

No hice mas caso al tema pero al cabo de dos días cuando
todos dormíamos entro mi padre a mi cuarto.

-¿que pasa papa?-pregunte

-Nada, hoy tu vas ha ser mía

-¿cómo?

-Tu madre no me deja y ya me canse de discutir a partir de
ahora te follaré todas las veces que tenga ganas.

-pero papá eres mi padre y mama esta ahí además yo nunca lo
he hecho

-mejor yo te enseñare serás mi zorra, mi puta, yo te enseñaré
todo ya veras que bien lo pasamos.

Mi padre es muy fuerte y grande y yo no podía luchar contra
él lo amenazé, pensando que se cortaría pero nada

-papa chillaré y te oirá mama y Carlos

-no te preocupes les di con la leche una pastilla que
duerme a un caballo no se despertaran

-No pude evitarlo mientras hablaba me fue desnudando me
dejo totalmente desnuda, como me resistía me ato a la cama con sus manos alzo
mis piernas, he introdujo sus dedos en mi chochito que empezaba ha estar
humedo,ves como te gusta déjate lavar y lo pasaras mejor cerda.

Me chillaba palabras groseras que lejos de hacerme sentir
mal al contrario me iban gustando,me fue metiendo la polla,poco a poco yo
chillaba me hacia daño pero le suplicaba que continuara, la saco de mi
chochito y me ordeno que se la comiera yo no sabia y me deba asco pero me
obligo y me indico como-despacio de arriba abajo chupa cerda-estuvimos así un
rato yo permanecía atada sin poderme soltar, de repente me volteo y me la
volvió a meter en el chochito ,me corri enseguida con un placer muy grande,
ahí guarra correte ves como tu padre sabia que te gustaría si papá sigue
sacame toda mi leche uuuffffff,al decir esto mi padre se corrió en mi culo
abriéndomelo con los dedos .

Me ordeno que me la metiera en la boca y se la limpiara y
así lo hice.

-Te gusto?me dijo

-Si pero mama esta ahí y tú eres su marido, aparte de eso
me has violado ni siquiera me preguntaste.

-Si te hubiera preguntado me ¿habrías dejado?

-No nunca

-Por eso no pregunte

-Me vas ha soltar?

-si te suelto me obedecerás?

-si papá te lo prometo seré tu puta.

-así me gusta serás mi puta y mi esclava.

-Lo que tu ordenes papa

 

Resumen del relato:
    Mi madre no tenía sexo con él y pensó en abusar de mi y someterme a sus placeres es algo muy especial y yo disfruto mucho.