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Sonó el movil en mitad de la noche…

Sonó el movil en mitad de la noche… (2)

Sonó el movil, eran las 3 de la mañana, estaba supercansada…
aún así cogi el movil, Juan llamando…

Juan es mi "amigo" en todos los sentidos, con el tuve mi
primera experiencia sexual, no somos novios ni nunca lo hemos sido… pero siempre
ha existido esa chispa entre nosotros…

-Qué quieres??? Sabes que hora es???

-Si lo se… Es que… estaba tumbado en la cama….y me he puesto
a pensar en ti… en tu cuerpo… en tus caderas.. en tus pechos…

-Y que?

-Necesito….necesito sexo Silvi…

-Juan, es muy tarde, vete a dormir..

-Desnudate por favor… dentro de la cama… rozando tu dulce
piel contra las sabanas… te puedo imaginar… yo estoy desnudo.. la tengo muy
dura…. Quiero acariciarte… tocarte esos pezones que tienes y que m vuelven
loco.. abrazarte por detrás… inmovilizarte y hacerte mia…

Si.. la verdad.. es que el calor empezó a invadir mi cuerpo…
mis pezones intentaban atravesar las sabanas… comence a rozarme… acariciarme…

-Te estas tocando…??

-Si….

-Estas mojada???

-Si…

-Deseo…. Deseo seguir….

-Yo también…

Comencé a tocarme los pezones… pronto baje al clítoris que
deseaba ser rozado…. El se estaba haciendo una paja.. podía escuchar sus gemidos
por el movil… y yo estaba haciendome un dedo al mismo tiempo…

-Por favor baja el movil… quiero oirte….

 

 

Así lo hice… el sonido de mis fluidos con el dedo entrando y
saliendo siempre le habia excitado… a mi también.. coloque el movil cerca de mi
clítoris… podía escuchar sus gemidos.. inconscientemente yo también empecé a
gemir….

Cada vez me metía el dedo más rapido…. Oi un gemido final..
el se habia corrido…. Dejé el movil en la almohada y puse el manos libres… segui
masturbandome… me faltaba poco para llegar el orgasmo… pero esta vez Juan me
guiaba poco a poco y yo obedecia…. Acariciate los pezones con una mano.. y con
la otra el clítoris… poco a poco … haciendo circulitos…

Si… acerca tus dedos a tu boca…. Chupalos.. saborea tus
fluidos… mm ahora metete 2 dedos en la vagina… despacito primero … entra…
sacalo.. metelo.. sacalo…

Ahora 3 dedos…. Cada vez más rapido…

Si……..

 

Que duermas bien Silvia…

Buenas noches Juan

 

Resumen del relato:
    Juan me llamó… le apetecía tener sexo.. los 2 sucumbimos ante un placer esquisito..me masturbé… por el móvil…

La bruja

La bruja (5)

Cuando me enteré de que la
chica con la que me había acostado, amiga íntima de mi novia,
era una bruja, no supe cómo reaccionar; me dio miedo, terror, y
ese miedo pudo más que mi amor, así que, craso error, amenacé
con descubrirla, delatarla, aunque no sabía bien a quién.

Estábamos en su casa, acabábamos
de hacer el amor, y sus profundos ojos negros me estaban mirando fijamente
cuando yo estaba de los nervios; su cuerpo desnudo sobre la cama, su melena
negra azabache desparramada por la almohada, sus pechos erguidos y desafiantes,
todo hacía que perdiera la cabeza por ella, pero estaba tan asustado
que no me paré a pensar en lo que estaba diciendo.

Entonces, mientras me estaba vistiendo,
Esther se concentró, me miró, apuntó su dedito hacia
mí, y antes de que me pudiera dar cuenta, me encontraba dentro de
una jaula de un tamaño que apenas me mantenía encogido. Me
revolví, gesticulé, grité, pero solo provoqué
que ella volviera a apuntar su dedo, y me vi rápidamente fuertemente
atado y amordazado. Me explicó que la única forma de controlarme
es cuando estuviésemos juntos, a escasos metros, por lo cual ya
nunca se separaría de mí, por mucho que yo protestase; ya
podía ir olvidándome de todo, de mi novia, de mi familia,
de mis estudios, de mi vida, y que a partir de ese día solo viviría
por servirla, adorarla y darle placer. La verdad es que estaba en sus manos,
ya que con un movimiento de su dedo podía hacer de mí lo
que quisiese; me había puesto una mordaza en un instante, a lo mismo
que las ataduras, y la jaula, algo más grande no le había
costado ni un segundo.

La jaula desapareció en un
visto y no visto, y mi mordaza desapareció también; fui levantado
por una fuerza desconocida, levitado unos centímetros y acercado
a la cama donde Esther estaba echada, desnuda y acariciándose el
sexo. Mi cabeza fue llevada hacia su entrepierna, y aunque yo quería
girarla, aquella fuerza me lo impedía, con lo que mi cara quedó
perfectamente encajada. Entonces, aunque seguía mi cuerpo elevado
en el aire, la fuerza que me mantenía la cabeza desapareció,
pero sin un momento para relajarme, las manos de Esther me la cogieron
y la apretaron contra su sexo ávido de placer.

Mi nariz se enterró en el
bien recortado monte de Venus, mientras mis labios se pegaban como una
ventosa a sus labios vaginales, pero mi lengua se negó a dar el
placer que la bruja buscaba. Agarrándome por los pabellones auditivos,
aplastó más mi cara en su coño, instándome
a que le proporcionara lo que buscaba, pero como yo me negaba, conjuró
una nueva treta; yo sentí como si una lengua saliese de su propio
coño, se enroscara a mi lengua y la atrajese hacia el interior de
la gruta. Cuando mi lengua entró en su coño, la extraña
forma que me la tenía atrapada la guió hacia las zonas que
excitaban a Esther, así que le hice una mamada dirigida que le llevó
rápidamente al placer. Se corrió abundantemente, en mi boca,
e incluso la forma que tenía atrapada mi lengua introdujo sus flujos
en mi boca, empujándolos hacia mi garganta a medida que emanaban,
obligándome a tragarlos. Una vez satisfecha, soltó mi cabeza
y con su dedo me envió, a un metro de altura del suelo, a un rincón
de la habitación. Volvió a amordazarme. Se pasó un
buen rato pensando, cavilando, caminando de un lado a otro de la estancia,
meditabunda, mirándome de vez en cuando, una veces con ternura,
otras con curiosidad; finalmente se paró delante mío y me
dijo que le había estado dando vueltas a cómo me iba a tener
siempre cerca, ya que para tenerme siempre el control sobre mi debía
estar siempre a menos de dos metros de mí y encontró la mejor
solución, tanto para arreglar aquella situación como para
obtener un extra de placer durante todo el día. Me sacó de
la jaula una vez más, me mantuvo desatado, de pie, pero inmóvil,
y concentrándose, lanzó su dedo contra mí. Cuando,
lo hizo un escalofrío recorrió mi cuerpo, y al momento todo
cambió; yo podía ver la habitación, pero lo hacía
como si estuviese tumbado en el suelo. Veía el techo, pero me sentía
el cuerpo extraño, siguiendo en la inmovilidad en la que antes estaba.

Esther se acercó a mí,
la vi agacharse y agarrarme. ¿Podía subirme como si fuera
un folio? Entonces pensé en qué me había convertido,
y para que tuviera plena consciencia de mi situación, me llevó
hasta un espejo. No, no podía ser, no podía creérmelo;
Esther, sosteniendo en sus manos, mostraba al espejo unas braguitas de
algodón blanco, del tipo pantaloncito corto, aparentemente normal,
pero que yo supe que era yo mismo. Ya no tenía dudas de que estaba
completamente en sus manos, que no tenía escapatoria, y de que nadie
en el mundo sabría nunca de mi paradero. La bruja entonces se dispuso
a ponerse las braguitas; yo noté como si abarcara sus piernas con
mis brazos, y sentí cómo sus muslos se deslizaban por mis
biceps, acercándose su culo más y más a mi cara. Cuando
las tuvo puestas, sentía mi nariz entre sus nalgas, con la punta
apoyada en su botón rosado, mis ojos cegados por los glúteos
y mi boca pegada a su sexo. No era una sensación de dolor sino de
bienestar, cosa de la que me sorprendí; acaso una cierta sensación
de ahogo, no, no de ahogo, sino de algo que me llenaba, como una máscara.
Cuando empezó a caminar sentía sus nalgas sobando mi cara
y sus labios vaginales restregarse en mi boca, pero tampoco era una mala
sensación.

Pero cuando se sentó todo
cambió; mi cara se vio aplastada con una fuerza inusitada, mi nariz
a punto de explotar apretada contra su ano, y mi boca quedando totalmente
introducida entre los labios de su sexo. De aquella forma no podía
ni respirar, la cabeza a reventar y mi vida en sus manos, o mejor dicho,
en su culo. Traté en vano de buscar una posición más
cómoda, pero, ¿cómo hacerlo siendo una braguita inerte?.
Entonces oí la voz de Esther; ¡me estaba hablando con la mente!.
Me decía cómo me encontraba así, y le dije, no sé
cómo, que me ahogaba. Entonces noté como todo mi ser se introducía
entre sus nalgas; lo que en realidad estaba haciendo es que se metía
las bragas por el culo, oprimiendo todo mi cuerpo entre sus glúteos,
pero de esa manera encontraba un resquicio para respirar, aunque la sensación
de agobio y presión persistían.

Conseguí decirle mentalmente
que así ya podía respirar, con lo cual se reclinó
en el sofá en el que estaba sentada y cogió el teléfono;
fue entonces cuando su plan destrozó por completo mi vida. Llamó
a mi novia Marisa, y no sé cómo, cuando empezó a hablar
era mi voz la que salía de su garganta; yo me alarmé, quise
impedirlo, pero, ¿cómo hacerlo?. No había manera de
evitar que Esther hiciese lo que le diese la gana, así que traté
de llorar cuando oía cómo la bruja le decía a Marisa,
con mi voz, como si fuese yo, que ya no volvería a verme, que me
había enamorado de una extranjera y que desaparecería para
siempre de la ciudad y de su vida. Esther pudo notar cómo sus flamantes
braguitas humanas se mojaban, debido a mis lágrimas, y eso la excitó.

Esther notó algo que nunca
había sentido; a pesar de que sus poderes la habían acompañado
toda la vida, no había tenido la necesidad de usarlos para su provecho,
pero al pararse a pensarlo, únicamente lo sentía conmigo.
Decidió que seguiría su vida normal, pero con un pequeño
cambio en su placer.

Se reclinó cómodamente
en el sofá, se estiró la braguita, o sea, a mí, de
manera que mi nariz quedaba justo entre sus labios vaginales, y comenzó
a acariciarse, empujando mi nariz dentro de su coño, excitándose
y mojándose. Mi boca quedaba libre para poder respirar, pero mi
nariz se llenaba de jugos, y cuando se corrió, mi cara quedó
empapada.

Una vez saciada se dedicó
a hacer pruebas conmigo; se quitó las braguitas y las dejó
sobre una mesa; primero me convirtió en jarrón, y al echarme
agua me sentí totalmente mojado, pero introdujo dos rosas por la
boca, haciéndolo a la vez en mi culo. Me sentía humillado,
mojado y penetrado. Luego me convirtió en vela, que al encenderla
me llenaba el cuerpo de cera, en lámpara que me quemaba todo el
cuerpo y en consolador, que al introducírselo en su coño
todo mi cuerpo quedó dentro de ella.

Después me convirtió
en sofá, y justo cuando lo iba a probar, llamaron a la puerta; era
Marisa, desecha en un mar de lágrimas. Esther la acompañó
y se sentaron en el sofá (yo); el culo de mi novia quedó
sobre mi cara y Esther se acomodó en mi estómago. Mi novia
le contó la conversación que ella creía haber tenido
conmigo y su amiga la escuchó con atención, como si no supiese
nada del tema.

A continuación sucedió
algo que me llenó de rabia, aunque me excitó también;
Esther comenzó a acariciar a Marisa, susurrándole palabras
de cariño al oído, dándole pequeños besos en
el cuello, y mi novia se dejó llevar, sin duda afectada por el duro
golpe que acababa de sufrir. Así que se relajó y se entregó
a las caricias de su amiga, retozando con ella, deleitándose con
largos morreos y magreos de tetas; eso sí, era Esther la que llevaba
la iniciativa, y Marisa se dejaba hacer, pero noté como la braguita
de mi novia se mojaba a marchas forzadas, así como el coño
de Esther, ahora desnudo.

Cuando finalmente llegaron a su
placer, Marisa le confesó a su amiga que se había sentido
muy bien, que le daba las gracias, pero que sentía confusa, que
necesitaba pensar. Su amiga se quedó con una sonrisa en los labios,
satisfecha de su manipulación en nuestras vidas, pero quería
hacer a Marisa suya, sin contarle nunca lo que había hecho conmigo.
Volvió a convertirme en braguitas y se acostó.

A la mañana siguiente se
despertó pronto, para ir a clase; yo estaba dolorido, cansado, y
aunque había pensado en que todo era un sueño, pronto salí
de mi error. Al levantarse, lo primero que hizo fue ir al aseo, y se sentó
en la taza sin quitarme de su cuerpo; comenzó a mear y toda la orina
fue a para a mi garganta, sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo. Me
ahogaba, mi garganta esta a punto de estallar, y además ella tiraba
de su braguita, metiéndome dentro de su coño, con lo cual,
si no es porque la meada no fue muy larga, hubiera muerto.

Se metió en la ducha y fue
entonces cuando se deshizo de mí; cuando estaba en el suelo de la
bañera, me convirtió en una persona normal, aunque atado,
y estuvo duchándome durante un rato, sentada sobre mi pecho, frotando
mi cara con una esponja, y es que me aseguró que la mayor parte
de mi vida la iba a pasar pegada a su culo, aunque, si me portaba bien,
podría tener algunos privilegios.

Me puso a prueba; tras la ducha,
y mientras se vestía, me dejó en mi forma natural y me mandó
a prepararle el desayuno; me dio la espalda y se metió en el cuarto,
dejándome en la duda de salir corriendo o doblegarme a ella. Lo
mejor sería seguirle el juego, y esperar a que se confiara en su
dominio, no fuese que fallara en la primera ocasión y endureciese
mi esclavitud.

Le preparé el café
y cuando apareció en el salón estaba a medio vestir; llevaba
puesto el pantalón y la blusa, pero ésta abierta, mostrando
sus pechos. Me dijo que me pusiera a cuatro patas y se sentó sobre
mi lomo, y mientras desayunaba me contaba las ventajas de entregarme totalmente
a ella. Si así lo hacía, podría seguir disfrutando
de Marisa, ya que estaba segura de hacerla suya. Aguanté.

Una vez dispuesta, me convirtió
esta vez en sujetador, y me colocó en su pecho; yo sentía
sus dos tetas en mis manos, y mi cara entre ambas. Cuando me abrochó,
mi cara se aplastó contra su pecho, terminó de abrocharse
su blusa y salió de casa para ir a clase. Mientras caminaba, sus
pechos se movía y balanceaban al ritmo del paso, y mis manos no
podían sostener aquellos volúmenes que además estrujaban
mi cabeza entre ellos.

La mañana se pasó
entre clase y clase, y la mayor parte del tiempo estuve dormitando entre
sus senos, solamente sobresaltado cuando, entre clases, ella se levantaba,
salía al pasillo, fumaba un pitillo o iba al aseo.

Por la tarde, después de
comer, momento en el cual me había devuelto mi forma y le serví
la comida, nos fuimos de paseo, de compras, y el resto de la tarde la pasó
estudiando, y yo, un rato humano haciendo su colada, limpiando la casa,
un rato como consolador, alojado en su interior, luchando por poder respirar.

Pasaron tres días hasta que
volví a ver a Marisa; habían quedado aquella noche de viernes
para salir y bailar un ratito. Esther me llevaba de braguitas, así
que de entrada no pude verla. La bruja debía estar bastante contenta
conmigo, porque se dirigió al aseo, me quitó de su cuerpo
y me convirtió en un librito de bolsillo muy fino. Cuando regresó
al lado de Marisa, me mostró como algo que se había encontrado
en el aseo; fue cuando pude contemplar el rostro de mi amada, aunque nada
podía decirle, y le pidió que se lo guardara, ya que Marisa
llevaba pantalones. Mi novia me metió en uno de sus bolsillos traseros
y quedé aplastado entre su nalga y la tela del pantalón;
a pesar de estar tan incómodo, sobre todo cuando se sentó
un rato y me aplastó completamente, un sentir de felicidad me llenó
por estar cerca suyo.

Cuando se despidieron Esther le
pidió el librito a mi novia, y cuando llegamos a casa mi bruja me
sonrió con benevolencia, diciéndome que si en todo la obedecía
y me portaba bien podría disfrutar de muchas veladas en manos de
Marisa.

La vida transcurrió de esa
manera varias semanas, y hacía ya una que Esther había propuesto
a mi novia irse a vivir con ella. Pero aún debía pasar una
prueba bastante dura; un día se trajo a un amigo a casa para follárselo,
y tras los preparativos y juegos, él fue a penetrarla; entonces
Esther abrió el cajón donde yo estaba en forma de condón.
Me puso en la polla de su amante, y a la vez pude sentir como esa polla
me entraba por el culo y por la boca al unísono, rellenándome
como a un pavo por Navidad. Entonces agarró por las caderas a Esther,
apretó y yo me metí dentro de la bruja una vez más,
pero enculado y con la boca llena; el espacio era mucho más limitado,
ya que todo mi cuerpo quedaba entre la polla del amante y las paredes vaginales
del coño de mi dueña.

Cuando se corrió, por supuesto
toda la leche penetró tanto en mi culo como en mi boca, y cuando
la polla se encogió, yo lo hice como una pasa; mi terror acudió
cuando el hombre se fue al aseo, se quitó el condón y lo
tiró al water. Meó sobre él (yo) y se dispuso a tirar
de la cadena en el momento en que aparecía Esther y le dijo que
no lo hiciera, porque estaba rota, que ya lo recogería ella todo
por la mañana. Una vez que el hombre se fue de la casa, mi dueña
me rescató medio ahogado, me devolvió la forma humana pero
me dejó atado y lleno de semen y orina, metiéndome debajo
de la cama.

Dos días después mi
novia, aunque ya no podía llamarla así, apareció en
casa de Esther con su equipaje, dispuesta a quedarse a vivir allí,
y aceptando la relación con la bruja; mientras Marisa colocaba sus
cosas en el armario, Esther se/me quitó las bragas y me convirtió
en consolador, dejándome encima de la mesilla para más tarde.
No tardaron mucho en retozar sobre la cama, ya que Esther agarró
a Marisa por la cintura y la arrastró sobre el colchón. Cuando
se abrazaron en la cama, yo estaba encima de la mesilla, erguido, contemplando
como Esther acariciaba el sexo rasurado de mi novia mientras le mordisqueaba
los pezones; la pasión se desbordaba por los límites de la
cama, el calor subía hacia el techo en forma de nube condensada
y los sexos y bocas era volcanes en plena erupción.

Ahora era Marisa la que se encontraba
sentada a horcajadas sobre Esther, restregando su coño sobre las
tetas de su amiga mientras ésta, acariciándole el culito,
le comía las tetas sin parar, recorriendo toda la extensión
de los globos con su lengua, mordiendo levemente sus pezones. El coño
de mi novia era un hervidero de vapores, de jugos, de placer, y Esther,
notando ese placer sobre su propio pecho, la apartó a un lado, la
tendió boca arriba en el lecho, abrió sus piernas y, poniéndose
entre ellas, le prodigó una lamida que parecía que iba a
terminar con su vida.

Cuando la bruja me cogió
de la mesilla sentí como si unas enormes manos asieran todo mi cuerpo
a la vez, y aunque ella no presionara lo más mínimo sobre
el supuesto ser inanimado, yo sentí una presión bastante
fuerte. Mi novia ya estaba a cuatro patas sobre la cama, con su culo en
pompa y su sexo ofrecido al invasor que le iba a llevar al séptimo
cielo. Esther se dirigió a mi, diciéndome que me portara
bien, y acto seguido me apoyó sobre el coño de Marisa, presionó
levemente y mi cuerpo se fue adentrando en la gruta del sexo de Marisa.

La sensación de entrar allí
me impresionó fuertemente, era como si me metiera en una de esas
tripas de los monstruos que vemos en la tele, pero aquello era real; hacía
calor, mucho calor, todo estaba húmedo y la estrechez del cubículo
me hacía apretarme contra mi mismo. Mi posición era la de
firmes, con las manos pegadas al cuerpo, y como siempre, sin poder moverme,
y cada vez que Esther me introducía y sacaba del coño de
mi propia novia, mi cara, mi pecho, mis piernas, todo mi ser se rozaba
con las paredes vaginales de mi Marisa.

Estuvieron un buen rato así,
y cuando me sacó medio ahogado, se giró Esther, dejando derrotada
a Marisa, y me conjuró para convertirme en arnés, con la
misma disposición que antes, pero con correas. Se colocó
detrás de mi novia y la poseyó durante largo rato, haciéndome
penetrar en su coño, y a mi manera, me hacía a la idea de
que yo mismo le hacía el amor.

A partir de entonces casi nunca
volví a tener la forma humana, pero sí tenía una u
otra forma según el humor de mi dueña; cuando me quería
premiar me convertía en consolador o en braguitas, que algunas veces
se ponía Marisa, pero cuando no me portaba bien, me convertía
en taza de wáter, en condón o en zapato. Ellas vivieron juntas
por un tiempo, y cuando se separaron, nunca más volví a ver
a Marisa.

 

Resumen del relato:
    Enrollarse con una bruja puede traer complicaciones cuando además ésta tiene muchos poderes y mucho carácter.

Lalita desvirgada

Lalita desvirgada (1)

Lalita desvirgada

La hermosura de mi padre cada día tenía a mamá con mas celos.
Por lo tanto cada vez que él viajaba por motivos de trabajo lo obligaba a que me
llevara.

Eran viajes deliciosos donde mi papi y yo disfrutabamos el
inmenso placer de tener sexo oral. Ya dos de sus inmensos dedos entraban
fácilmente en mi coño y en mi ano. Sin embargo el nunca me penetraba. Por mi
parte ya mi cuerpo de doce años deseaba mas acción y quería penetración.

En mi calentura, mas de mil veces le rogaba que me clavara,
pero él mas controlado se conformaba de acabar en mi boca, entre mis nalgas,
entre mis piernas o en mi cara.

Fue en un viaje a Aruba donde ocurrió lo indetenible.

Papá cada día daba signos de desearme más.

Estabamos en una playa muy concurrida en Aruba, mientras nos
bañabamos en el mar y nos acariciabamos disimuladamente ante centenares de
personas. Sentía su erección contra mis nalgas. Me tenía abrazada desde atrás, y
suavemente apartó mi hilo dental hacia un lado y fue introduciendo su miembro
dentro de mi vagina, esta se lubricó inmediatamente pero cuando ya comenzaba a
sentir el gustote, varios chorros de semen cayeron en mi coño. Allí se acabó
todo, y quedé realmente frustrada. Solo la pegajosidad entre mis piernas
empapando de semen mi traje de baño me daban una felicidad pasajera.

Mas tarde al llegar al cuarto del hotel venía dispuesta a
desquitarme. Me desnudé y lo abracé por la cintura, al momento que le bajaba el
traje de baño. Su pene estaba semi abultado. Me agache y comencé a mamarlo con
delicadeza. El me llevo al centro de la cama me levantó las piernas, mis
rodillas quedaron pegadas de mis hombros. Se colocó ante mí, untó saliva en la
punta de su huevo y empezó a meter centímetro a centímetro la codiciada presa.

Lo disfruté plenamente hasta el momento en que sentí una
dureza dolorosa debajo de mi ombligo. Sus bolas pegadas de mis nalgas y su vello
rasurado pegado de mi coñito afeitado.Se quedó inmóvil, solo movía su pene, era
un animal vivo dentro de mí. Baje las piernas y enganche sus muslos con mis
talones. Pase mis brazos bajo sus axilas y lo aferré de los hombros.

Con cada empuje sentía que me abría divinamente en dos. Mi
coño secretaba lubricantes que hacían mas rica las embestidas. Un dolor
tolerable y agradable en mi vientre cuando el lo afincaba todo dentro del hueco.
Estaba en extasis cuando de repente lo sacó y me colocó al borde de la cama,
atravezada. Me dio dos almohadas para que las abrazara. Pegó mis rodillas de mi
pecho, boca abajo con el culito al aire y la cara sobre la almohada. Mamó mi
orificio humedeciendolo con saliva. Sacó vaselina y untó mi ano, introdujo sus
dos dedos de la mano izquierda en mi culo, en el espejo se reflejaba como se
engrasaba el asta con la mano libre, al tiempo que retiraba los dedos,
presentaba la cabezota de su huevo en el hueco. Poco me dolió cuando entró la
punta. Me díjo que pujara. Y mandó todo aquella masa gruesa de un solo envión
hacia adentro de mis intestinos. Grité como una gata, me dieron ganas inmensas
de cagar aquel intruso. El inmóvil vibraba solo su pene, que me daba sensación
de corrientazos cada vez que lo movía. Comenzé a golpear mi clítoris con mi
índice y a mover las caderas. El me tomó por los hombros. Inició el jueguito de
sacarlo bruscamente y dejar tintineando mi hueco abierto, luego lo incrustaba de
nuevo. Lo repitió incansablemente, yo tenía la fuerza perdida, perdí toda
sensibilidad en mis piernas y brazos, solo sensación había en mis pelvis. Afincó
todo su peso sobre mí y quedé con los brazos y piernas abiertas sobre el
colchón, el puyaba y puyaba cada vez con mas fuerza. Mis nalgas comenzaron a
sonar con el contacto de sus muslos. Ya el culo lo tenía rodando libremente. La
verga entraba y salía sin piedad fácilmente. Yo iba cayendo en un barranco
profundo sin fondo. Comencé a temblar involuntariamente, y un quejido de placer
salió de lo mas profundo de mi pecho. Presentaba un orgasmo fabuloso y largo que
me dejó desmayada y casi sin respirar. Solo la verga de papá taladrandome me
hacía regresar a la realidad, el gruñó y comenzó a acabar en mi culo, las
contracciones peneanas me hicieron acabar de nuevo, allí si no me pude recuperar
mas. Estaba noqueada.

Papá y yo nos enamoramos mas aún. Nos cojíamos después en
cada oportunidad que teníamos.

Mi cuerpo inmediatamente tomó forma en una soberbia hembra
que llamaba la atención de todos, los próximos tres años fui la autentica mujer
de papá, quíen cojía a mamá mas por cumplir que por querer.

Recuerdo la vez en que mamá cumplió años y estaba muy ebria.
Yo con un gusano de curiosidad le díje a papá que quería ver cómo clavaba a
mamá.

Este me complació, yo me oculté tras la cortina y observé
como mamá hirviendo, mamaba huevo, y cómo a horcajadas se montó sobre aquel
tolete rosado. Me gustó la maravillosa forma como culeaba, era buenísima en eso.
Luego comenzó a subir y dejarse caer con fuerza sobre el asta de hierro,
acabando entre gritos y quedandose dormida profundamente.

Yo me había masturbado mientras los veía, pero eso no me
calmaba. Así que salí detrás de papá cuando este se iba a lavar su verga. Yo
quería olersela, y así se la mamé. Sintiendo el sabor de una hembra sobre su
miembro.

Mamá salió embarazada a los tres meses y de a llí no le parió
mas a papá.

Yo le parí a mi viejo tres hijas. Desde los quince años que
nació la primera y papá y yo nos escapamos sin rumbo conocido. Hoy en día
vivimos felices. Yo lo celo arrechamente.

Y creo que nunca lo dejaré de amar. Aunque cada día lo veo
mas viejito, aún me coje con mucho placer.

 

Resumen del relato:
    Al fin Lalita cumple su sueño de convertirse en la amante de su padre.

Bajo las Sabanas (1)

Bajo las Sabanas (1) (1)

"Cómo era posible que ya hubiesen pasado dos semanas?" Dos
semanas!" Mi esposa Marcela había tenido que salir fuera de la ciudad por
motivos de viaje durantes tres semanas, y yo con solo dos semanas sin ella, ya
no podía resistir.

Tenia que hacer algo, o encontrar a alguien, para aliviar los
dolores que sentía dentro, y es que no era un simple dolor, la masturbación me
había aliviado los primeros días que había estado sin la compañía de mi mujer,
pero ahora necesitaba urgentemente el contacto humano.

Decidí tomar un par de cervezas mientras consideraba las
opciones sobre lo que tenia que hacer, pero como la mayoría de los hombres, el
resultado fue que gastara demasiado dinero en las cervezas, no teniendo ya
suficiente para pagarle a una puta que calmara mis ardientes deseos. Así que un
poco frustrado salí del bar, debía caminar 15 minutos hasta la casa donde vivía
con mi esposa y mi suegra, esto me daría tiempo de refrescarme y lograr que se
me bajaran un poco las cervezas.

Vivíamos en una casa muy grande que tenia mi suegra, con
quien la compartíamos, en un área del centro de la ciudad. Era una ciudad donde
el alquiler era muy costoso, por lo que cuando nos casamos nuestra suegra, una
mujer divorciada de 57 años, insistió en que viviéramos con ella y nos ahorramos
el gasto.

Llegue hasta la casa, abriendo silenciosamente la cerradura
de la puerta principal entre, no quería hacer ruido para no despertar a mi
suegra, que era la única que estaba en estos momentos en la casa. Camine en
silencio hasta mi habitación pasando frente a la de mi suegra, su habitación se
encontraba en completa oscuridad. Pude escucharla respirar suavemente mientras
dormía, eso estaba bien, no la había despertado mientras regrese a casa.

Entre en la habitación de mi esposa y mía, definitivamente la
extrañaba mucho, nuestro cuarto estaba un poco alejado del de mi suegra,
separado por un baño. Sentándome en la cama, yo me recosté sobre la cabecera.

Tomando el control remoto, encendí la televisión y mire un
rato el canal de los deportes, pero de pronto me acorde que a esa hora ya estaba
activado el canal para adultos en la programación. Cambiando con el control puse
el canal de pornografía. Sentía mi estomago completamente repleto de liquido
seguro por las cervezas que había tomado, igual se encontraban mis bolas llenas
con mi semen.

Quitándome los pantalones, los tire en un rincón de la
habitación, golpeando fuertemente la pared, si mis pasos dentro de la casa no
habían despertado a mi suegra, este golpe quizás si lo hiciese, seguí mirando la
película mientras deslizaba mi calzoncillo y lo bajaba hasta mis rodillas, la
película estaba muy buena y ardiente, entonces coloque una delgada sabana sobre
mi cuerpo.

Siempre me ha gustado mirar películas porno solo o con mi
esposa, en muchas ocasiones lo hemos hecho y esta de mas decir que hemos
terminado en ardientes sesiones sexuales. Aun a mis 28 años me calienta mucho
mirar películas cuando mi esposa no esta y mitigar mis deseos, el sexo es una
necesidad natural y cuando usted lo necesita y no tiene una mujer con quien
hacerlo en ese momento creo que uno debe tiene que tener la solución en sus
propias manos.

Así que metiendo mis manos debajo de la sabana, empecé a
acariciar suavemente mi verga, mientras miraba la película porno. Mi verga casi
inmediatamente se puso completamente dura, llenando mi mano con su grosor y
longitud, estoy muy orgullo de tener la verga realmente grande, podría decir que
mide aproximadamente 20 CMS y es muy gruesa. Mi esposa siempre me decía que le
dolía pues al ser tan grande y gruesa y ella al tener su raja tan estrecha
muchas veces le dolía.

Soltando mi verga un momento, yo saco mi mano de bajo las
sabanas, y la acerco a mi boca y escupo en ella, luego meto mi mano de nuevo
bajo la sabana y sujeto mi verga, era una sensación placentera sentir como mi
húmeda mano resbalaba sobre mi verga, meneándola arriba y abajo más rápido y con
mas fuerza, mientras miraba como una chica de la película mamaba eróticamente su
verga a un tipo, sus senos eran pequeños pero firmes con grandes pezones,
entonces escupiendo de nuevo en mi mano, seguí masturbándome deliciosamente,
mientras cerraba mis ojos e imaginaba que la chica de la película que podía
escuchar gemir en la televisión, mamaba ansiosa mi verga, los sonidos de la
televisión se hacían mas fuertes, mas reales, mientras mi mano masturbaba mas
fuerte mi verga, la cama empezó a crujir con mis movimientos.

Entonces escupiendo otra vez en mi mano, continué
masturbándome mas despacio, sentía tan delicioso con la caricia que me estaba
haciendo que quería tardar un poco mas, imaginando que mi mano era la boca de la
chica que se deslizaba arriba y abajo sobre mi dura verga, imaginando sus tetas
entre mis manos mientras ella seguía mamandome, estaba muy caliente, estaba casi
a punto de terminar, cuando de pronto todo termino en un instante, interrumpido
por los pasos que escuchaba en el pasillo.

Nervioso maldiciendo subí mi calzoncillo y me acosté en
posición fetal, apagando el televisor justo en el momento en que la puerta se
abría y una cabeza se asomaba.

"Omar esta usted ahí?" pregunto mi suegra.

Fingiendo somnolencia, respondí suavemente un "Sí!"

"Esta usted bien?, escuche como un gemido de dolor, pensé que
se sentía mal" Dijo mi suegra con voz de preocupación.

"No suegra, estoy bien, vuelva a dormir" respondí mientras me
incorporaba en la cama sentándome con medio cuerpo cubierto con la sabana.

"Oh no, ya estoy levantaba yerno, iba a tomar una ducha
cuando lo escuche gimiendo, así que pensé que se sentía mal" respondió mi
suegra.

"Oh debieron ser mis ronquidos señora lo que escucho" trate
de disimular frente a mi suegra, aun un poco nervioso casi me encuentra en una
situación muy comprometedora.

"De verdad esta usted bien?" dijo mi suegra mientras se
acercaba un poco y se sentaba en la cama a poca distancia de mí.

Esto me inquieto porque yo aun bajo la sabana tenia mi verga
completamente dura.

"Me imagino que extraña a mi hija, dos semanas es mucho
tiempo separado," hablo mi suegra mientras colocaba su mano en mi hombro.

"Omar usted esta hirviendo, de verdad se siente bien?" Dijo
mi suegra mientras secaba su mano llena de mi transpiración sobre la sabana.

"Si suegra, estoy bien" sonreí levemente, tratando de fingir
que aun tenia sueño. Una de mis manos estaba bajo la sabana, y suave y
discretamente empezó a tocar mi verga, aun completamente dura dentro de mi
calzoncillo, mientras mi suegra estaba sentada cerca de mi sonriendo. No sabia
que me estaba pasando en aquel momento, nunca había pensado en mi suegra
sexualmente, pero seguramente la excitación de las ultimas horas me estaba
haciendo hacer cosas extrañas, además mi suegra me había interrumpido en mi
solitario desahogo sexual casi en el justo momento en que estaba por terminar,
por lo que mis bolas me dolían aun más pues estaban llenísimas de semen.

Entonces mi suegra hablo "Hay algo de lo que usted quiera
hablar yerno, usted sabe que puede tenerme toda la confianza por algo soy su
suegra, mientras se acercaba un poco mas a mí, al acercarse acciono
accidentalmente el control remoto que había quedado bajo las sabanas.

Entonces paso lo peor, el televisor se prendió y la película
pornográfica apareció de nuevo en la pantalla, ninguno de los dos reacciono, mi
suegra estaba demasiado sorprendida, y yo no podía moverme a buscar el control
por miedo a que mi suegra se diera cuenta que estaba completamente excitado bajo
la sabana. Entonces mi suegra asustada se levanto de cama, aun mirando la
película, por un momento sentí que estuvo a punto de salir de la habitación,
pero entonces hizo algo que me sorprendió.

De pronto volvió a sentarse en la cama cerca de mi,
sentándose a mi lado en esta, no me dijo una palabra solamente miraba la
película en la televisión, me sentía muy avergonzado, mi suegra había
descubierto que miraba pornografía en la televisión.

Me incorpore un poco mas, sujetando la sabana contra mi
cuerpo, tratando de ocultar mi erección.

"Suegra yo…" iba a hablar en el momento que ella me hizo
callar.

"Yerno, no tiene nada que explicarme y no tiene porque
avergonzarse, usted un hombre adulto, es natural que un hombre sin su esposa a
veces tenga ganas de mirar este tipo de películas" dijo mi suegra mirándome más
tranquila y en forma comprensiva.

Cuando estaba a punto de responderle algo, mi suegra me hablo
otra vez.

"Es mas yerno, no se sienta mal, le voy a confesar algo, en
algunas ocasiones yo también miro este canal" me dijo mientras sonreía
levemente. Estaba completamente aturdido, yo nunca me hubiera imaginado en una
situación de estas, con mi suegra confesándome una cosa como esas.

No sabia que responder, entonces ella me dijo "Córrase un
poco," mientras me daba un codazo suave en las costillas, y se acomodaba a mi
lado en la cama.

"Señora, que vergí¼enza" dije

"Esta bien yerno, si usted estaba mirando esto no hay
problema hay se lo dije, tiene algún inconveniente en que mire la película en su
habitación un rato?" me dijo mientras acomodaba su espalda contra la almohada.

"No suegra, ninguno" respondí, aun aturdido con todo lo que
estaba pasando. Mi suegra una mujer mayor, que siempre se había comportado muy
recatada y discreta en sus cosas, de pronto me confesaba que también miraba
pornografía y además insistía en mirar conmigo en mi habitación sin el menor
pudor.

Entonces mire como mi suegra acercaba su mano a la sabana,
parecía que quería cubrirse también con esta, pero yo agarrando fuerte la sabana
la sostuve contra mi, tuve miedo de que mi suegra también descubriera que miraba
porno, me había estado masturbando mirando la película. Mi suegra entonces
sonrió suavemente.

"Oh creo que es mejor que traiga mi propia sabana" me dijo
mientras se levantaba y caminaba hacia el pasillo, yo no sabia que hacer, mire
sus caderas ondularse mientras salía de la habitación, tenia un cuerpo maduro y
atractivo que hasta el día de hoy nunca había percibido.. Era una situación muy
incomoda, pero que en el fondo empezaba a excitarme.

Paso un minuto, y entonces regreso, venia cubierta con una
manta, entonces se sentó a mi lado en la cama. No sabia como, pero ahí estábamos
los dos sentados en el respaldar de la cama mirando la televisión en silencio,
entonces tomando el control en su mano mi suegra subió un poco el sonido de la
película, mi nerviosismo empezó a desaparecer, empecé a sentir el morbo de la
situación, empecé a gozar de lo que sucedía, mi verga empezó a ponerse aun más
dura, me dolían las bolas, las sentía llenas de semen, necesitaba solucionar ese
problema lo mas pronto posible, así que doble las rodillas hacia arriba tratando
de ocultar mi enorme erección.

Entonces yo la vi, mi suegra discretamente miraba hacia mi
regazo, la delgada sabana apenas ocultaba lo que procuraba hacer, pero en ningún
momento ella hizo algún movimiento para que parara. Entonces mi suegra imito mis
movimientos, doblando las rodillas, mientras una rozaba una de las mías. El
toque de su rodilla contra la mía era casi una invitación.

Entonces discretamente fingiendo mirar la televisión
empezamos a mirarnos los dos, como si ambos nos preguntáramos quien empezaría
primero, entonces decidiéndome empecé, sobre mi calzoncillo empecé a acariciarme
en seco, estaba completamente excitado, me hubiera gustado escupir mi mano para
hacer más suave la caricia, pero no lo haría delante de mi suegra, seria muy
obvio, y el morbo estaba precisamente ahí en que los dos fingíamos que no
sabíamos lo que el otro hacia.

Entonces como si mi suegra me leyera la mente, ella me dio
una botella de crema de manos, ahora no había duda ella sabia lo que iba a hacer
bajo la sabana!.

Entonces ahora mas seguro, con mi mano baje mi calzoncillo
discretamente fingiendo que mi suegra no se diera cuenta, y cuando lo tuve bajo
entonces vaciando un poco de crema en mi mano, la metí de nuevo bajo la sabana y
empecé a deslizar mi mano sobre mi verga, gozando de aquel morboso momento, que
sabia nunca me hubiera imaginado ni en mis mas calientes fantasías, ahí estaba
yo masturbándome mientras miraba la película, con mi suegra a mi lado espiando
lo que fingía no mirar.

No estoy seguro, pero creo que mi suegra también empezó a
acariciarse con su mano, mire el suave movimiento que se producía bajo su
sabana, entonces dejando de mirar la película, volví mi mirada directamente
sobre ella, la mire un poco colorada, se notaba que estaba excitada, su
respiración discretamente había cambiado volviéndose un poco mas agitada, lo que
sucedió después fue demasiado excitante, mirar a mi suegra en esa situación me
calentó mucho mas, tuve que detenerme un minuto para no expulsar en ese momento
todo mi espeso y abundante semen sobre la sabana.

Fue en ese momento que sentí una mano que buceaba bajo mi
sabana, era posible que la excitación de mi suegra llegara al punto de animarse
a tocarme ella a mí antes de que yo diera el primer paso, retirando mi mano,
acerque la suya, era una mano suave y cálida, mi suegra sujeto con ansias mi
verga entre su mano, un gemido de admiración salió de sus labios, seguramente al
sentir el enorme tamaño de mi verga, su mano empezó a acelerar sus movimientos
sobre mi verga, bombeando cada vez mas rápido, sentía como mis bolas se
contraían de excitación y placer ante la caricia que me estaba dando mi propia
suegra, su mano descendía sobre toda la longitud de mi miembro, por instantes
las yemas de sus dedos rozaban mis bolas que se encontraban completamente gordas
y llenas de semen, continué disfrutando de su erótica caricia, mientras mis
gemidos de placer ahora eran inconfundibles, mire como el movimiento de su mano
bajo su sabana, se aceleraba conforme lo hacia con su otra mano sobre mi verga,
mire como su mano por un momento se aferró con mas fuerza sobre mi verga
mientras detenía la caricia y un fuerte gemido salía de sus labios, mientras
cerraba los ojos y su cuerpo era recorrido por un temblor, estaba seguro mi
suegra había alcanzado el orgasmo, mientras acariciándome también se acariciaba,
no aguantando mas, gemí fuertemente mientras su mano apretaba mi verga en el
momento en que todo mi caliente y espeso esperma salía disparado desde mis
bolas, potentes chorros de esperma fueron a estrellarse contra la sabana y en su
mano, nunca había experimentado una venida tan intensa por medio de una
masturbación. Seguí disfrutando de mi orgasmo por unos instantes mas, mientras
sentía como mis bolas se vaciaban de la enorme cantidad de caliente esperma que
contenían.

Durante unos instantes permanecí inmóvil y relajado,
disfrutando del intenso placer que había experimentando, mi suegra yacía sentada
aun a mi lado, sin decir palabra, lentamente entonces retiro su mano de mi
verga, y levantándose de la cama, camino hacia la puerta, su mano hacia quedado
cubierta con gran cantidad de mi espeso semen, girándose un instante, mirándome
directa a los ojos, tomo su mano y acercando uno de sus dedos cubierto con mi
esperma, lo llevo a sus labios y metiendolo en su boca, lo chupo sensualmente,
mientras caminaba hacia la puerta y salía de la habitación.

 

Resumen del relato:
    Su suegra escucha lo sorprende mirando porno mientras su mujer esta de viaje iniciaran un erotico juego bajo las sabanas.

Candor a la alemana

Candor a la alemana (32)

Un
carnaval en Alemania

En un
mes de febrero, ya muy lejano en el calendario de los recuerdos, ibamos
caminando con dos amigos alemanes y un costarricense rumbo a la estación de
ferrocarril de una ciudad alemana llamada Dortmund. Ellos se llamaban Franz,
Jí¼rgen y Rafael. Ambos alemanes conocían sobre notas de guitarra así como su
interpretación, y por tanto iban armados con sus respectivos instrumentos.
Nosotros, los dos latinos, fungíamos de cantantes; era carnaval y nadie prestaba
atención a la calidad de las interpretaciones las cuales eran solamente dos:
Guantanamera y La bamba.

Nuestro destino era la ciudad de Dí¼sseldorf a orillas del río Rin y famosa por
sus festividades carnestoléndicas, época en la cual el pueblo alemán deja su
disciplina y puntualidad para entregarse a la juerga y la celebración. Camino de
la estación nos dio hambre y sed; decidimos dirigirnos a un bar-restaurant de
renombre situado en el centro de dicha ciudad. La tarde ya estaba avanzada y el
sitio se encontraba a media luz. De todas formas entramos allí para calmar
nuestra sed y apetito.

Franz
y Jí¼rgen abrieron la pesada puerta antañona y se dirigieron directamente a la
barra; Rafael y yo echamos un vistazo hacia una mesa larga, pues al final de
ella estaban sentadas dos chicas muy atractivas. Una rubia de pelo ensortijado y
corto, con ojos de sueño azul; labios gruesos y resecos; vestía una maxifalda y
un suéter blanco de manga larga. Al frente suyo una coqueta chica de pelo lacio
y corto de color castaño oscuro; nariz respingada y ojos muy alegres; una piel
más tersa que la porcelana; labios pequeños pero muy carnosos; una minifalda
roja y un suéter negro con trenzas a su espalda eran su atuendo; no era muy
alta, alrededor de 1,60 mts. Observé fijamente aquel rostro de muñeca viviente.

Rafael
y yo intercambiamos miradas de complicidad y nos lanzamos como chacales, en pos
de la cacería huyente, hacia ellas; las chicas sonrieron y se hicieron las
apáticas, no dándose por aludidas. Rafael se encaminó directamente a la rubia y
yo acerqué una silla para entablar conversación con la más pequeña; las
saludamos y las invitamos a una cerveza; rehusaron. No dimos nuestro brazo a
torcer y seguimos bromeando para sacarles una sonrisa de aceptación; ellas
intercambiaban miradas divertidas y nosotros aguijoneábamos con nuestras
palabras.

Los
dos alemanes llegaron en nuestra ayuda sin  quererlo, pues comenzaron a
rasgar las cuerdas de la guitarra y arrancamos con la ya mencionada canción de
Guantanamera; luego La bamba y después tomaron asiento con nosotros. Ello rompió
el hielo; ellas entonces aceptaron la cerveza y entramos en conversación. Les
interesaba mucho saber de qué país veníamos y cuánto tiempo teníamos en
Alemania; alabaron la capacidad para expresarnos en su idioma; bueno, y así
temas similares.

Yo me
le acerqué más a la pequeña chica cuyo nombre era Cecilia. Mi mente se acordó de
un solo brinco de una canción famosa y de moda por aquellos años de un grupo
llamado Simon and Garfunkel, pero callé para no apabullarla con tanto ataque
frontal. En realidad estaba como un caramelo aquella alemanita coqueta y
dicharachera.

Fui al
baño y al retornar a su lado no me senté en mi silla, sino que me acurruqué en
frente suyo, posé mis manos sobre sus rodillas, le besé la juntura de sus
piernas y esperé su reacción; sólo sonrió indefensa y buscó apoyo dirigiéndose a
su amiga, continuamos conversando; ambas reían mucho con nuestras ocurrencias
hasta que decidieron irse pues se les hacía tarde para tomar el tranvía; además,
estaba comenzando a nevar. Se despidieron y salieron en medio de carcajadas. 

Franz,
serio, nos indagó secamente si les habíamos preguntado por el teléfono o
dirección; ahora comprendíamos sus risas burlonas. Rafael y yo salimos en
estampida hacia la cercana parada del tranvía; apenas pudimos ver que nos hacían
señas de adiós. Regresamos a soportar las burlas de ellos y los pocos presentes
en el lugar; comimos y luego decidimos retornar a nuestra residencia estudiantil
porque las líneas del ferrocarril habían suspendido su servicio a causa de la
tormenta de nieve.

El
futuro es benigno

El
final del invierno se presentaba alegre y matizaba los días con esporádicas
apariciones del sol radiante ocasionando que las temperaturas no fueran tan
gélidas. Un día cualquiera regresaba yo del centro de dicha ciudad y entré a una
panadería para beber un chocolate y comerme un croissant. Tomé sitio en una mesa
alta; la señora me trajo la bebida  y un recien horneado panecillo al
tiempo que me deseaba buen provecho. Yo bebía chocolate y masticaba el
panecillo, lo terminé y pedí otro.

Intempestivamente se abre la puerta de la panadería y entra una chica muy
nerviosa y apurada solicitando una docena de pancitos, así como media docena de
croissants; la señora la atiende parsimoniosamente, en ese momento yo carraspeo
para llamar su atención; la chica gira, mira de reojo y lanza una exclamación de
sincera alegría: -"¡Agturo*!, ¿tú aquí?, ¡qué sorpresa!"-. [*Los alemanes
tienen mucho problema para pronunciar nuestra r intermedia y la rr.] 

Cecilia vestía esa mañana un traje de paño compuesto de un saco y maxifalda; era
la época de la transición de la mini a la maxifalda; una bufanda roja le
envolvía su cuello para protegerla del frío invernal. Sus manos temblaron al
poner las monedas sobre el platillo para pagar y se me acercó para solicitarme
un favor: -"Bébete pronto tu chocolate y me ayudas a cargar los panes hasta
la inmobiliaria donde trabajo, no es lejos, ven
"-. Su risilla nerviosa me
cautivó y convenció al instante.

Le
entregué a la señora la taza con su plato, pagué y salimos de allí con sus panes
y croissants; ella no hallaba cómo iniciar una conversación, el inesperado
reencuentro la ponía fuera de balanza. Hablábamos sobre tonterías interrumpidas
por sus preguntas sobre mí; le expliqué que vivía muy cerca de allí y que a
veces en las noches pasaba, con otros amigos, por un centro deportivo en el cual
tenían servicio de sauna. Ella aseveró conocer el lugar porque también iba allí
a sudar un rato de vez en cuando, comer algo y beberse una cerveza.
Intercambiamos nuestras direcciones y mi teléfono; ella estaba recien mudada y
aún no le habían instalado el aparato en su apartamento que compartía con otra
chica.

Llegamos a la oficina de la inmobiliaria, le entregué la bolsa con sus panes y
acordamos que nos encontraríamos en el centro deportivo en uno de esos días
siguientes, pero no fijamos cita alguna. Otro error mío. Entre el apretón de
manos y el intento de beso en su mejilla me olvidé de ese detalle. Caí en cuenta
al abrir la puerta de mi cuarto en la residencia estudiantil. Me tranquilicé
pensando que ya conocía su sitio de trabajo y podía ir a buscarla allí cuando yo
quisiera. 

Yo
necesitaba en ese momento urgentemente una chica para consolarme, pues me
acababa de separar de mi amiga francesa y las huellas estaban muy frescas
todavía. Esta criatura divina me venía como anillo al dedo y por ello
decidí buscarla en aquel sitio de esparcimiento deportivo. Varias noches estuve
allí con mis amigos comiendo, jugando a los dados; pero ella no se aparecía. Los
fines de semana se iba a su pueblo a visitar a su familia; estaba muy tierna
aún, sólo contaba con 19 años. 

Una
semana después del encuentro con ella en la panadería me fui solo al susodicho
lugar; me senté en la barra para platicar con la dueña así como beber una fría
cerveza pilsen. Estábamos enfrascados en una tonta conversación sobre el tiempo
cuando escuché unas voces masculinas que venían por el pasillo que daba acceso a
los salones de la sauna. Entraron al bar y tomaron asiento en una mesa; uno de
ellos le dijo a su vecino que hiciera espacio para una chica que llegaría
enseguida.

La
dueña y yo proseguimos con nuestra charla luego de que ella le sirviera las
bebidas a los veteranos; en ese momento vi que uno de ellos le hacía señas a
alguien para que se acercara. Era ella que venía de la sauna cargando un maletín
deportivo. Yo la estudiaba por el espejo; vestía un jean negro militar y suelto
que permitía admirar la sinuosidad de su trasero; un suéter rojo de manga larga
con cuello alto que resaltaba sus pechos firmes; unos zapatos negros de tacón
mediano completaban su atuendo. Giré sobre mí mismo y la miré fijamente; su
sorpresa fue muy espontánea y sincera: -"¡Agturo!, ¿qué haces tú aquí?,
siempre te encuentro donde menos lo espero; ven y te presento al jefe de la
inmobiliaria en donde trabajo
"-. Me acerqué e hicimos la presentación del
caso, tomé una silla y me senté a su lado.

Los
veteranos charlaban sobre sus negocios; ella y yo tratábamos de iniciar una
conversación, pero éramos interrumpidos por alguno de ellos. De pronto bostezó
dándoles a entender que estaba cansada y señaló que quería irse a casa. Se
levantó y fue a la barra para pagar su consumición, se enfundó en su abrigo
negro de maxifalda y regresó para alzar su maletín; me miró invitadoramente y me
preguntó: -"¿me puedes acompañar hasta mi apartamento?, no es lejos y de paso
te muestro donde vivo
"-. Asentí mudamente. Los veteranos interrumpieron para
despedirse y prosiguieron con sus negocios. 


Est-ce que tu….?

Salimos del lugar, afuera le quité el maletín y me lo eché a mis espaldas, ella
me señaló la dirección hacia su morada. Nos internamos en una calle mal
iluminada, incluso un poco tétrica. Unas voces grostescas de jovenes se oyeron,
eran unos melenudos de mal aspecto; entonces le pasé un brazo por su talle y
ella reconoció mi gesto: -"gracias, me das seguridad; no me gusta pasar sola
por aquí y menos de noche
"-. Sus ojos brillaban con el reflejo del
alumbrado, me indicó que al atravesar la avenida estaríamos cerca al edificio de
su apartamento.

Llegamos y me quedé parado esperando que ella abriera y se despidiera, pero no
fue así. Abrió la puerta, le entregué su maletín, sonrió muy pícaramente y
propuso: -"¿quieres subir conmigo?, tengo cerveza y emparedados para comer"-.
Nos contemplamos unos instantes; me percaté de que era temprano, asentí y ella
se alegró: -"no te arrepentirás, es muy cómodo y bien calientico, agradable;
además, Monika, mi compañera, ya está durmiendo; ven, entremos
"-. Me haló
hacia adentro y comenzamos a subir la escalera hasta el sexto piso. Un
minimaratón, ella se divertía.

Los
muebles eran bastante espartanos; una cama ancha y un sofá, un armario para la
ropa, un lavamanos con un tocador; la ducha y los servicios estaban en el
pasillo que unía a ambas habitaciones. Me indicó el sofá y me arrellené allí
para ver cómo arreglaba la ropa que traía de la sauna; me trajo una cerveza y
continuó con su tarea: -"espera saco todo esto y luego me dedico a ti; ¿estás
apurado?, no, no lo creo; ji, ji, ji, ji; enseguida te preparo un emparedado
"-.
Bebí un sorbo de la pilsen y me dedique a estudiar sus movimientos; se notaba
nerviosa e insegura; yo estaba igual. ¿Qué pasaría?….

Termino de colocar la ropa en su lugar y preparó unos sándwiches con baguette
-pan francés- salami hungaro picante, queso manchego, tomate, pepino y lechuga;
acercó la mesita al sofá para ponerlos allí y volvió para hacerme compañía: -"ahora
sí tengo tiempo para ti; pruébalos, seguro que no has cenado y te caerá bien con
la cerveza; ven,…. come….
"-. 

Fijé
mis ojos en los castaños suyos y le disparé un dardo directo: -"Cecilia, you
are breaking my heart…..
"-. Agachó su rostro y paseó la mirada por el
apartamento buscando un apoyo que no encontraría, cruzó sus piernas; una mano
mía tomó su tersa barbilla para que no me evadiese; estaba insegura, le susurré
nuevamente el estribillo de la canción de Simon y Garfunkel: -"Cecilia, you
are breaking my heart…..
"-. Sostuve su barbilla para darle vehemencia a
mis frases.

Sus
ojos resplandecían, sus labios se entreabrieron pero su voz se negaba; de su
garganta emanó un susurro interrogante, leve, casi insonoro: -"¿tienes una
amiga?
"-. Sus labios entreabiertos y rosadamente carnosos incitaban a
acariciárselos; me fui acercando a ella hasta que nuestros ojos no soportaron la
carga y se cerraron; posé mi boca sobre la suya; me aparté de ella y contesté en
tono muy sereno y confiado: -"tenía una amiga, pero se acabó hace varias
semanas
"-. 

Ella
quiso saber más: -"¿y dónde vivía?, ¿qué hacía?, ¿cómo la conociste?-"
Calmé su ansiedad pues yo deseaba seguir adelante con ella y sus preguntas
obstaculizaban mi sed de mujer, bebí algo de la cerveza y calmé su inquietud: -"la
conocí en una fiesta de carnaval el año pasado; ella hacía una práctica en un
instituto de idiomas aquí en Dortmund y ya regresó a Francia, era francesa; no
nos veremos más, todo se terminó; ……… tout est fini….
"-. Y la
abracé.

Nos
separamos un momento y me preguntó sonriente: -"¿no quieres saber si tengo un
amigo
"-; muy seguro de mí le dije simplemente: -"tú eres una chica bien y
no estás cada día con uno diferente; no eres una chica fácil, fíjate, llevo ya
varias semanas buscándote y sólo hasta hoy logro estar aquí para decirte que me
gustas, y mucho…
"-.

Posó
un dedo sobre mis labios para que silenciara y ella confesó: -"no digas más,
yo estuve igual todo el tiempo; el día que nos encontramos en la panadería me
iba muriendo de la sorpresa y alegría, viste que tiré las monedas y salí contigo
trastabillando; tonto, aquella noche en el restaurant no me pediste ni la
dirección ni el teléfono, y esta noche te tuve que rogar que me acompañases; ¿en
realidad te estoy rompiendo tu corazón?, ¡uhhh!, dímelo
"-. Mis manos
hurgaban entre su suéter; ella se defendía mientras me reprochaba por mi
torpeza, según su opinión.

Esbocé
una mueca sonriente de triunfo y le murmuré a su oído: -"sí mi muñequita
querida, sí; you really are breaking my heart
-" Sólo repitió suavemente: -"¿soy
tu muñequita?
"-; y se entregó: -"ven, bésame; te pertenezco"-. Se oyó
un solo chasquido de nuestras bocas uniéndose y nuestras lenguas atándose;
nuestras manos luchaban ardientemente.

Se
dejó atraer sin la menor oposición; sus redondos pechos presionaban asfixiados
sobre mi torax, nuestras manos eran un nudo indesatable; me mordió un lóbulo y
susurró una frase interrogativa: -"Est-ce que tu veux te coucher ce soir avec
moi? – [¿Te quieres acostar conmigo esta noche?]
"-. Hablaba francés,
reflexioné yo. 

Mi
respiración se contuvo ante una proposición tan sincera. Aspiré profundo y la
estrujé entre mis brazos sin hacerle daño y afirmé: -"oui"-. [].
La frescura de su piel llegó hasta mi olfato, recordé que había estado en la
sauna y debería estar totalmente deseable, para lamerla de arriba hasta abajo y
viceversa. Me ofreció nuevamente su boca en flor, como capullo en nacimiento;
rocé primero la suya con la mía y luego mis labios se fueron adueñando
lentamente de los suyos; nuestros efluvios bucales se confundieron; sus suspiros
se escucharon: -"¡uhhhmmm, uuuhhhmmm!; déjame respirar"-. 


¿Pasa algo?

La
puerta de la habitación estaba abierta aún, ella me explicó que se tenían mucha
confianza con su compañera; además, me recalcó que Monika dormía desde hacía
mucho rato y no tenía que preocuparme. Nos contemplamos y ella rompió el
silencio: -"no te has comido el emparedado; espera lo parto con el cuchillo y
lo compartimos; déjame probar de tu cerveza y así no tengo que destapar otra
botella
"-. Cortó el sándwich en varios trozos pequeños y los fue poniendo en
mi boca; ella comía también y bebíamos cerveza del mismo vaso; ambos estábamos
inseguros y en realidad no sabíamos cómo continuar, a pesar de que éramos
conscientes que en aquella noche ella sería mía y yo suyo; un cuerpo solamente. 

Recogió los restos y los colocó en el lavaplatos; retornó y se paró frente a mí
silenciosa y preguntándose qué sucedería a continuación; yo posé mis manos en su
trasero y la atrajé hacia mí; trastabilló y se sentó sobre mi regazo a
horcajadas; mis manos envolvieron su cintura tratando de subirle el suéter;
palpé la tersura de su piel en su torso; ¡que suave!, comprobé y continué
introduciendo mis dedos para deshacerla de su prenda. Ya no me pude contener y
halé hacia arriba su suéter; allí  entonces saltaron orondos y altivos sus
redondos senos que eran coronados por repletas frutillas rosadas. 

Su
cabecita se apoyó en mi frente; su nariz rozó la mía y mi lengua empezó a
masajear su torso admirable y deseado por mí; mis labios apresaron sus frutillas
una a una; ella suspiraba hondamente: -"sí, más; todas tuyas"-.
Entretanto, mis manos trataban de bajarle su pantalón; ella no se defendía y
observaba mi labor; el cierre de su pantalón cedió y a mi vista quedó la sedosa
pantaleta blanca escondiéndose fugazmente tras su mano; ella murmulleó: -"¿qué
quieres?; ¿qué buscas?
"-. 

Inclinó su cabeza hasta hallar mi hombro y me mordió allí con distracción;
insistió con una nueva pregunta: -"¿tu gatote quiere acariciar mi gatita
melosa?, ¿eso quiere él?
"-. Mis manos luchaban con su jean y yo silenciaba;
una mano mía resbaló  entre su pantaleta y su pubis; mi dedo corazón halló
la ranura de su historia y se fue introduciendo lento pero seguro entre sus
labios vaginales; permanecí tranquilo palpando aquella intimidad, su piedrecilla
penosa crecía con el roce de mi dedo y Cecilia aprobaba todas mis caricias; de
ella emanaba un aroma fresco pues la sauna la había liberado de todo mal sabor;
la fui empujando para que se levantara y así poder quitarle su pantalón.

Ambos
de pie, ella con su torso al aire libre, nos abrazamos lujuriosamente; mis manos
echaron su jean hacia abajo y éste fue cayendo lentamente hasta sus pies
desnudos; ella se aferró a mi cuerpo y me ordenó: -"quitate tu ropa y nos
vamos a la cama
"-. Sus dedos tremulantes desataron mi correa y bajaron el
cierre de mi pantalón; yo me deshice de mi chaleco y camisa; ahora estábamos en
paños menores y ella bajo sus ojos curiosos para admirar la erección atrevida de
mi miembro; dejó escapar unos leves sonidos: -"¡qué gatote tienes!,
¡uuhhhmmm!
"-; al tiempo que halaba el calzoncillo; mi pene saltó pendulante,
ella lo asió murmulleando: -"¡uuhhmm, qué duro es!, ji, ji, ji, ji; vamos a
la cama
"-. 

Se
tendió boca arriba y echó sus piernas hacia su pecho; su vulva no estaba
cubierta por mucho vello tupido, solamente unos pelitos cortos y ralos; me
posicioné en cuatro entre sus piernas y mi glande rozó sus labios mayores; ella
posó sus pantorrillas sobre mis hombros suspirando: -"ven a mí, ven a mí
pronto; veeen aaaa mííí, síííí
"-.     

Inicié
la penetración en aquella cosita inundada y estrecha; sus paredes se asían al
miembro como caracol a una roca resbalosa; Ceci empezó a gemir desesperada: -"más,
más, más hondo; sí, más hondo, más, más; uuuffggg
"-. 

Yo me
apoyaba sobre mis codos y los dedos de los pies, tenía temor de aplastar aquella
frágil y tierna hembra con el peso de mi cuerpo, pero ella deseaba más fogocidad
y hombría entre sus entrañas: -"Agturo, por favor; más hondo, más, más hondo;
uuggg, aayyyy
"-. Paré al oir su queja, no sabía cómo interpretarla: -"¿te
duele?, ¿te estoy haciendo daño?
"-.    

Su
respuesta fue clara e impulsó mi brío: -"no, no Agturo; no me duele ni me
haces daño, es que me siento feliz; …….. uhhhmm, muuaahhh; no pares y ven a
mí hasta lo más profundo que puedas; ……………. continúa, continúa, sí,
continúa; mi gatita melosa quiere más gatote; ………….más, más hondo
Agturo; …………… aaggghhhh, qué fuerte eres; más hondo; uuggghhhh; ahora
sí estás bien hondo en mí; al fin eres mío; aaayyyyyyyy, aaaayyyyy Agturo
"-. 

Sus
suspiros, aullidos y chillidos me daban más ánimo y me apoyaba firmemente para
darle el placer que ella pedía. De repente, una voz femenina interrumpió nuestra
refriega corporal: -"Ceci, Ceci, ¿te sientes mal?; ¿te están golpeando?;
Ceci, contéstame, ya te llego
"-. La puerta de la habitación había quedado
abierta, la habíamos olvidado totalmente.

De
pronto se sentó al borde de la cama una desgarbada rubia flacuchenta envuelta en
una dormilona de lana y con aire de preocupación; yo encima de Cecilia
forcejeaba para complacerla, y ésta debajo mío resoplaba suspirando; cesamos en
nuestro agradable trajín ante tan inesperada visita; nuestro acoplamiento se
deshizo y me tendí detrás de Ceci ocultando mi enhiesto miembro entre sus
nalgas; la Muñequita se cubrió con su frazada y la calmó: -"Monika, disculpa
que te hayamos despertado; me olvidé cerrar la puerta pues creía que ya dormías;
estaba muy entretenida con él y,…. bueno..
"-. 

La
rubiecita sonrió pícaramente y le contradijo segura: -"No Ceci, no dormía;
estaba leyendo con la luz de la mesita de noche y escuché toda su conversación
desde que llegaron, perdona, fue sin querer; ¿y éste?, ¿es tu amigo?; ¡qué pelo
tan negro tiene!; ¿es éste el sureño que me contaste que habías conocido en el
carnaval?
"-.

Antes
de contestarle Cecilia protestóme por mi jugueteo con mis manos en sus senos y
vagina: -"cálmate, mira que nos llegó visita sin saberlo"-; y una mano
suya se aferró a mis genitales para que cesara en mi exploración; le chupeteé un
hombro mientras observaba fijamente a la intrusa; Cecilia respondió a sus
preguntas: -"sí, es él; la casualidad quiso que nos encontrasemos; Monika,
estamos cansados y queremos dormir; por favor cierra la puerta; buenas noches
"-. 

Su
vecina se despidió sonriente y comprensiva: -"sí Ceci, ya te lo creo, con
tanto trabajo; cerraré la puerta y les deseo que la pasen bien y gocen mucho
"-.
Escuchamos el CLAC tranquilizador y soltamos ambos una carcajada que apagamos
con la almohada. Ella lanzó la cobija hacia un lado y preguntó inocentemente: -"¿y
ahora qué hacemos?
"-.


Perdón, me resbalé 

Su
mano masajeaba ardientemente mis testículos al tiempo que observaba mi reacción;
le susurré queda y ardientemente mi deseo extremo en ese momento: -"Muñequita,
te quiero dar un beso en tu cosita rica y después beber de las frutillas que
coronan tus senos
"-; mis palabras fueron un catalizador para ella: -"sí,
haz conmigo lo que quieras; Monika ya no vendrá más a interrumpirnos; uhhhmmm,
este gatote tuyo, uuhhhm
"-. Me arrodillé a su lado para besarle su vulva.

Estaba
seductoramente embrujador el sabor de su piel totalmente limpia por los efectos
de la sudadera en la sauna; sus poros aún refulgían; la punta de mi lengua
horadó en su ombligo y ella se sacudió indefensa: -"¿qué haces conmigo?"-;
hice caso omiso a sus palabras, proseguí en mi camino hacia su Monte de Venus
trazando jeroglíficos y dejando la húmeda huella de mi saliva sobre su terso
cutis Sus manos jugueteaban con mi cabello entre suspiros: -"más, así,
continúa; uhhmm
"-. 

Mis
labios se apoderan de su ralo Monte de Venus; una mano suya aprisiona mi miembro
tratando de acercarlo a su boca, pero no se atreve a engullirlo, sólo lo lame y
le propina besos; mis manos masajean fuertemente sus nalgas y mis labios se
adueñan de uno suyo vaginal; ella exclama entusiasmada: -"sí, lámela, dámele
muchos besitos
"-; luego el otro, su suave carne íntima me recordaba las
almejas recien pescadas; un frenesí irrefrenable se apoderó de mi mente y
cuerpo; hallé su perlita penosa y la empecé a saborear con plácido
entretenimiento: -"Agturo, me enloqueces; más, más, ven a mí"-. 

Ahora
fue ella quien levantó mi barbilla e imploró: -"no me hagas esperar más y ven
a mí; soy toda tuya, sírvete
"-; y se colocó otra vez en su posición como un
pollito asado a la parrilla; tomé mi miembro y empecé a refregarlo entre su
abertura; mi glande palpó la humedad de su excitación y empezó a introducirse
lentamente entre esas paredes ardientes y deseosas. 

-"Ahora
sí estás bien hondo en mí; Agturo, muahhh, eres muy fuerte para mí; no presiones
tanto y domínate porque deseo sentirte en mí bastante tiempo
"-; cesé mi
balanceo para que no sufriera y recordé una frase de mi maestra de artes
eróticas en Berlín: <<no eres una máquina, pero hazla feliz; opta por la
posición ideal para que ella goce
>>.

Sus
dedos y uñas se clavaban a mis espaldas mientras lanzaba suspiros insonoros; la
aprisioné entre mis brazos y empecé a darle vuelta para que ella quedara sentada
en mi regazo; reconoció satisfecha: -"¡oh Agturo!, qué bien me haces!"-.
Ahora ella estaba sentada sobre mí, la penetración era total y ella se
autosatisfacía porque controlaba toda la acción.

Su
cuerpo se balanceaba cadenciosamente de adelante hacia atrás; yo le mordisqueaba
sus pendulantes pechos delante de mi rostro, sorbía ávido de sus pequeños y
rojizos pezones; su vulva expelía montones de flujos que se extendían por todo
mi púbis; nuestras pelvis chasqueaban al rozarse frenéticamente; mis manos
oprimían fieramente sus glúteos; ella mordía y lamía mis hombros y lóbulos; echó
una mano suya hacia su espalda y buscó mis testículos entre mis muslos; los
apretó con tacto y haló para que mi erección se fortaleciera más: -"estoy
feliz con todo tu gatote; mi alma arde de dicha con todo él dentro de mí;
uuhhmm, ¡y cómo la acaricia!; eres muy fuerte para mí pero delicado y tierno
para amar, muah
"-. Sólo se oyó el chapoteo del miembro entre su vagina al
ella descargar todo el peso de su cuerpo sobre mi regazo. 

En un
balanceo suyo mi miembro queda al aire libre y busca donde refugiarse; ella
retrocede sus nalgas para permitirme que la penetre; toda su íntima genitalidad
está inundada, hasta la parte interna de sus muslos han llegado sus jugos
vaginales; mi hombría bamboleante encuentra una cueva e inicia su consabida
exploración constatando que esta caverna es algo estrecha pero muy dócil; la
Muñequita se inclina para balbucearme protestando: -"¿no te basta con mi
gatita melosa?; ji, ji, ji, ji, ¿sabes dónde estás?, es mi culito; ¡glotón
insaciable!; me lo estás deflorando, es la primera vez; uhmmmm
"-.

La
abracé vehemente y me disculpé: .-"perdón, él se resbaló y perdió la
dirección; ¿te dolió?
"-; me besuqueó para tranquilizarme: -"no, no me
duele, estoy muy excitada y mojada, se me dilata fácil mi culito; …..déjalo
ahí y sigue pues quiero saber cómo es por atrás; ……….. Monika no toma
píldoras y su coito con su amigo es siempre anal, me cuenta ella; ……….
ven, sigue entrando entre mis nalguitas y no pares; ………..soy toda tuya
esta noche y de ahora en adelante; aahhh, nunca me imaginé que me deflorarían el
culito; uuuhhhmm, eres muy delicado; ………..  Agturo, te amo, sí, te
amo; uhmm, muuahh; tu gatote en mi culito, uhmm; más hondo Agturo, más,
uuffffgggg
"-. 

Su
anito había sido presa de mi fragor sin yo quererlo; un temblor hormigueante fue
invadiendo toda mi humanidad y mi pene se endureció más todavía; la envolví
entre mis brazos y fui girando con ella hasta colocarla bajo mi cuerpo; nuestra
cópula no se desataba un sólo instante pues su esfínter se contraía y anillaba
al miembro; ella notó que mi dominio llegaba a su fin y pronto la irrigaría con
mi savia seminal, me suplicó tiernamente: -"Agturo, por favor, no te muevas
cuando eyacules, me harías daño ahí con tu gatote tan duro; ven, bésame mientras
me riegas mis intestinos
"-. 

Le di
un suave tope con mi pelvis a sus nalgas para iniciar y acelerar la eyaculación;
ya no me podía contener más; ella sintió en sus entrañas el pene que cabeceaba
expulsando el semen espeso y pesado: -"sí Agturo, así; muahhh, qué caliente
es; dámela todita esa leche tuya; aaayyyyy, no empujes; sí, quietico, así
"-.
Sus piernas eran un nudo sobre mi cadera; apretó fuertemente y luego cayeron
sobre el colchón desmadejadamente; permanecí sobre ella lamiéndole el rostro;
respiraba desordenadamente y sus brazos encerraban mi cabeza atrayéndola hacia
su pecho; sus convulsiones cesaron poco a poco.

-"Gracias,
gracias; lástima que no te conocí antes; eres muy fuerte pero tierno para hacer
el amor; ¿quieres ser mi amigo?, yo quisiera ser tu amiga, dime, ¿quieres ser mi
amigo?, tú me gustas mucho Agturo
"-; le aprisioné una oreja con mis labios
al tiempo que mi miembro se retiraba de su ano; me tendí a su lado y ella
oprimió el pene ansiosa; le musité entonces una frase complaciente: -"
Muñequita, tú también me gustas mucho y quiero que seas mi amiguita
"-.

-"Lindo,
lindo todo lo que me dices, lástima que yo no hablo español; sí seré tu amiga,
muahh, uhhmmm qué besote; sabes, anda lávate tu gatote porque te lo quiero mimar
con mi boca
"-; fui hasta el lavamanos dentro de la habitación para
aseármelo; ella se aproximó con un champú muy perfumado y lo embadurnó hasta
provocar una espuma muy jabonosa, lo enjuagó y lo secó: -"ahora sí te lo
puedo acariciar con esta boca que es tuya; muahhh
"-.


Ahora sí acertamos

Regresamos a su lecho muy alborozados; mas Monika entró sorpresivamente y nos
halló en el instante en que Cecilia se posicionaba para proceder a introducirse
el glande en su boca, se disculpó: -"perdón Ceci; pensé que ya habían
terminado y dormían, sólo quiero un poco de azúcar para mi té
"-. Moni apagó
la luz y salió cerrando tras de sí la puerta, pero esta inoportuna aparición le
cortó el entusiasmo a Cecilia; la consolé: -"ven, no importa, me lo acaricias
con las manos mientras nos dormimos, ya es tarde y mañana tengo que ir al
tecnológico y tú a tu trabajo
"-.

Se
arremilgó en mi hombro y regañó entredientes a Monika: -"esa tonta; cuando
viene su amigo ella le pasa el seguro a su puerta
"-; ella hablaba y yo le
recorría con mis dedos sus espaldas, sus nalgas; tomé una mano suya y la llevé
hasta mi miembro para que lo asiera y se distrajera; la besé para que
silenciara: -"uhhmm, uhhmm, déjame respirar; bueno, sí, te lo masajeo con mis
manos; ¿vienes mañana temprano en la tarde?, estaré más preparada; sabes, mejor
me buscas en el trabajo; ¡oohhh!, ¿qué es esto?, ji, ji, ji, ji; no puede ser,
si mi hermana te conoce, no te suelta
"-. 

Mi
hombría se había recuperado de la batalla anterior y se erguía presta a calmar
la sed de placer de cualquier chica; ella, muy golosa y al mismo tiempo
comprensiva propuso: -"sí ven y me haces tuya; déjame voltearme y me pongo
boca abajo; me gusta esa posición para copular; ji, ji, ji, pero mi culito me lo
dejas en paz por hoy; ahora te lo quiero envolver en la gatita melosa; ven,
tiéndete sobre mí y me la bañas, deseo tus jugos en mi vagina también
"-. 

Ella
yacía sobre su estómago y abrió sus piernas en compás para facilitar mi acceso a
su historia femenina; echó una mano hacia atrás para orientarlo; yo me apoyaba
sobre mis manos como haciendo flexiones; mi glande tocó su hendidura y descargué
mi cuerpo sobre el suyo; mi pene se introdujo en su vulva de improviso y ella
protestó: -"aayyyy Agturo, con cuidado que me arde; ….. así es mejor,
dámelo todo pero con mucha mañita, uhhmm, más, más, uhhmm
"-; lo hundí todo
en su deliciosa cosita linda y me limité a babearle sus hombros; su rostro
reposaba de medio lado sobre el almohadón, le lamí sus mejillas y labios; ella
sólo suspiró agradecida: -"uhhmmm, estás bien hondo en mi, riégame y dormimos"-. 

Empujó
sus nalgas para sentirse más penetrada aún y ello provocó que mi eyaculación se
adelantase; esta vez sí inicié un ligero bombeo sobre sus prietas nalguitas y
ella lo mismo; murmuró complacida: -"ahora sí tengo tu jugo también ahí donde
debe ser; quédate tendido sobre mi cuerpo; quisiera dormirme con él en mí, no te
separes, uhhhmm, qué lindo; uuhmm; dame un besito, muaahhh; buenas noches
Agturo; qué feliz y contenta me siento, uhhmm
"-. Reposé mi rostro sobre su
nuca y nuestras respiraciones se conjugaron hasta que el sueño nos venció a
ambos; en algún momento de la madrugada me bajé de su cuerpo y la cubrí con mis
piernas y brazos. 


Consumación total

En la
mañana nos vestimos y salimos de prisa; la acompañé un largo tramo pues el
trayecto era el mismo para ambos; al despedirse propuso sería: -"salgo a las
cuatro, me buscas y nos venimos para entretenernos; ¿te parece bien?; a esa hora
no llega aún Monika, ella viene entre las siete y media y las ocho, a veces más
tarde; te espero, muahhhh
"-.

Yo
acababa de comprar un carro de la marca Volkswagen y de un modelo conocido como
escarabajo; decidí sorprenderla y en la tarde me fui en el vehículo para
buscarla; me estacioné cerca de su oficina y esperé a que saliera a la calle. En
punto a las 4:05 apareció, miró su reloj y se plantó allí; yo encendí el motor y
aceleré hasta llegar a ella; los frenos chirrearon y ella saltó hacia atrás
exclamando divertida: -"¡Agturo!, ji, ji, ji, ji; ¡tienes un escarabajo!,
¡qué práctico!
"-. Abrió la puerta y tomó asiento, nos besamos y ella me
indicó: -"vamos al restaurant yugoeslavo, tengo mucho apetito, yo te invito"-. 

El
sitio no estaba lejos y hacia allá nos encaminamos. Nos atendieron pronto ya que
a esa temprana hora de la tarde estaba casi vacío el restaurant; luego de comer
nos fuimos a su apartamento. Ella constató que Monika no estuviera allí y
entramos a la habitación; yo de inmediato salté a la cama; colgó su abrigo en la
percha y se sentó en la cabecera; mi mano le señaló el lecho y le insinuó que se
tendiera junto a mí; anotó coqueta: -"estás muy perfumado y fresco, espera y
me ducho
"-. 

Y
lentamente se desabotonó su suéter, luego la blusa, no tenía brasier y le
pregunté por qué, contestó apenada: -"con el brasier me veo muy tetona, mis
pechos son muy grandes para mi estatura; sin brasier no se notan tanto
"-; yo
no pude ocultar una sonrisa burlona y agregué: -"je, je, pero son divinos tus
senos; déjame acariciarte tus pezoncitos
"-; protestó segura aunque burlona
al mismo tiempo; -"no, no, me quiero duchar primero, lavarme bien y 
perfumarme; ji, ji, ji, me esperas ahí tranquilito; te destapo una cerveza para
que te refresques; muah, ya vuelvo; muaah
"-.

Me
trajo la cerveza ya destapada y salió hacia la ducha; yo me tendí en la cama
impaciente, bebí un largo sorbo y me fui deshaciendo de mi ropa. Tenía razón, me
había excedido con mis jabones perfumados y mi loción, un vaho de aroma dulce se
escapaba de mi cuerpo; la oía tararear entre el ruido de la ducha; me eché
perezosamente en su lecho y una mano mía se encargaba de masajear mi hombría;
una ansiosa excitación incontrolable me embargaba; pensé en ir hasta la ducha
para sorprenderla, mas el pensamiento de que su amiga podría llegar en cualquier
minuto me hizo desistir; bebí de la cerveza y seguí masajeándome distraídamente,
mis testículos, el miembro, el púbis; la otra mano sostenía el vaso con pilsen.

Entró
y soltó una estruendosa carcajada: -"ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja; Agturo,
¿qué haces?, ja, ja, ja, ja; todo desnudo y con ese gatote tan despierto; ja,
ja, ja, ja, ¿no tienes frío?, espera y enciendo la calefacción
"-; así lo
hizo y vino a hacerme compañía: -"haz espacio para mí; bbrrrr, qué cuarto tan
frío, bbbrrr; Monika apagó el automático esta mañana; qué caliente estás, ven
abrígame; sí, así, espera y lo acomodo a este gatote tuyo tan impaciente
"-.

Nos
cubrimos con su cobija invernal; ambos de frente yacíamos en su lecho, mi pene
se refregaba contra su vientre; ella se burló de mí: -"ji, ji, ji; ¿te
estabas masturbando?, ¿no podías esperar a que volviese?; ¡aaayyy!, no que me
duele con tanta empujadera tuya en mi estómago y ombligo; cálmate, ¿sí?; ya
estoy a tu lado; ven, acaríciame y bésame para que se me quite este frío,
bbbrrr; dame tu boca y tu lengua; uuhhhhmmmm, ¡tan brusco no!
"-.

La
estrujé tiernamente para complacerla, ella se separó un poco para contarme sus
peripecias laborales: -"sabes, me llamó Monika al trabajo para decirme que no
la habíamos dejado dormir; ji, ji, ji, que mis gritos y tus bufidos la habían
excitado tanto que se había tenido que masturbar para dormirse, ji, ji, ji
"-;
hablaba mientras que los dedos de una mano suya oprimían ávidamente mi miembro;
mis dedos hurgaban en todas sus ranuras: -"préstame atención, qué mano tan
inquieta la tuya; uuhhhmm, déjame hablar, uuhhhmmm; Agturo, por favor,….. ji,
ji, ji, escúchame; te dejo que me poseas pero si te quedas esta noche aquí, ¿me
entiendes?, trajiste el carro y eso es por alguna razón"
-.  

Ni
había pensado yo en ese detalle; había ido con mi vehículo por comodidad y la
tranquilicé: -"Muñequita linda, vine en él porque de aquí salgo mañana
directo al tecnológico, traje mis libros y demás cosas, podemos desayunar juntos
y te llevo a la oficina
"-; me contempló perpleja y agradablemente
sorprendida: -"Agturo, perdóname pero creí que tenías algo para esta noche;
sí es una buena idea; entonces, ¿te quedas hasta mañana conmigo?
"-; asentí:
-"sí, muah"-.

Luego
de un lujurioso y largo beso ella se apartó para interrogarme: -"Agturo, dime
una cosa, ¿tanto te excito que te tienes que masturbar aunque yo esté cerca de
ti?; ¿por qué no fuiste a la ducha?, hubiésemos hecho como en la canción: …..
making love in the afternoon…; prefiero que lo hagas conmigo y no solo;
además, debe ser muy lindo con ambos cuerpos enjabonados y resbalosos, esta
noche lo hacemos; ¿sí?, estoy muy sedienta de ti……..
"-.

Me
miró esperando mi respuesta; mis manos no se cansaban de estrujarla y palparla;
ella oprimía ardorosa mi pene, asentí a su interrogación: -"sí, sí, me
excitas mucho porque estás muy bella, divina y sabrosa; sí, ahora más tarde
vamos a la ducha y hacemos el amor allá, bien enjabonados; verás que la
penetración es mucho más suave en la cosita y sobre todo en el culito,
disfrutarás más porque el miembro entra y sale fácilmente y el roce es mayor
"-. 

Me
mordió un lóbulo, apretó voraz mi hombría y me indagó lujuriosa: -"¿mi
culito?, ¿te gustó estar en él?, ¿por qué?
"-; hice lo mismo, le hablé a su
oído: -"porque lo tienes redondo, paradito, duro y es un buen refugio para mi
hermanito aquí abajo, estrecho y excitante
"-; manifestó estar de acuerdo: -"sí,
me causó mucho placer sentirte en mí ahí atrás, todo eso tuyo tan fuerte,
uuhhhm;  y ahora, ¿qué quieres que hagamos?, estoy enterita a tu
disposición
"-.

Mi
mano se fue hasta sus senos y se los acaricié uno tras el otro, enfaticé mis
gestos con palabras: -"tus pechos, tus pechos; quiero que me amamantes, tus
frutillas rosaditas quiero
"-; me animó: -"tómalos, sí, tómalos"-. Se
recostó contra la cabecera de su cama advirtiéndome: -"ahora sí,
acaríciamelos todo lo que quieras, pero no me los muerdas como anoche ni tires
los pezones con los dientes; solamente me les das besitos y me los chupas con
cariño, sin halármelos con tus labios, son muy sensibles, ¿sí?; tómalos
"-.
Me acerqué a su pecho para realizar su deseo. 

Se los
acaricié muy mimosamente y ello la entusiasmó hasta tal punto que me susurró
incitadora: -"déjame hacerte lo que no pude anoche; ahora voy a terminar lo
que empecé anoche; ahora voy a probar con mi boca de este gatote tan atrevido
que tienes aquí; ¿quieres?
"-. Me erguí y prácticamente me senté sobre su
pecho; su cabeza quedó presa entre mis muslos y mi miembro frente a su rostro;
pasé una mano por debajo de su cabeza para acercar su boca al glande; abrió sus
labios y lo tomó entre ellos; la punta de su lengua giraba sobre la cabeza
hinchada de mi hombría; lo soltó e indagó: -"¿te gusta así?"-; aprobé
silencioso y ella envolvió golosamente el glande nuevamente entre sus labios.

Chupaba y chupaba, yo sostenía su cabeza para su comodidad; sus manos se
aferraban a mis nalgas para atraerme hacia ella; succionaba desesperada entre
gemidos sordos míos y suyos. Súbitamente giré mi rostro hacia mi izquierda y vi
que su vecina nos espiaba tras la puerta, me hizo una seña de silencio con su
dedo sobre su boca; Ceci no se percató ya que estaba entretenida con mi pene y
mi cuerpo le impedía visión alguna, sólo mi púbis y pelvis podía apreciar al
abrir sus ojos. 

Mi
miembro empezó a dar señales de querer eyacular, ella lo notó y cesó para
implorarme: -"Agturo, ven, ven; en mí, en mí; ven a mí pronto, pronto"-.
Me bajé de su pecho y ella tiró sus piernas hacia su pecho; la vagina se me
ofrecía con todo su esplendor; Ceci introdujo dos dedos en ella y luego untó mi
pene con sus jugos: -"ven, es tuya, házmela feliz, no esperes más;
uuuufffffff, sí, sí, Agturo, sí, sí, uuuuffff, máááás hondo; lindo, bello,
uuggggmmmm, uuhhmm
"-.

Sus
piernas se apoyaban en mis brazos y mi pelvis golpeaba reciamente la suya; mi
pene la penetraba profundamente y salía totalmente húmedo de su vulva en rítmico
vaivén; gritó desesperada: -"tu lengua, dame tu lengua también"-. 

Mi
cuerpo se desplomó sobre el suyo; ella resoplaba ahogada entre mis besos y jugos
que la inundaban hasta desbordarse; permanecimos así bastante rato, ambos mudos
pero felices; de pronto se oyó un CLAC; despertó de su clímax: -"¿qué fue
eso?, ¿escuchaste?, uhh, ¿qué fue eso?
"-; la tranquilicé, aunque yo sabía
que era su amiga cerrando la puerta tras haber contemplado nuestra refriega
coital: -"eso fue el viento que empujó la puerta, dame tus senos"-;
levantó su pecho para que le acariciase sus frutillas; suspiraba dichosa y
complacida: -"aaahh, uuuhhmm, qué lindo es hacer el amor contigo; uuhm,
aaahhh, me siento muy feliz; muaahh, gracias Agturo, gracias; uhmm, aahh; esta
noche lo hacemos en la ducha y en el sofá, ¿sí?; hago todo lo que me pidas;
uuhhmm; qué lindo es estar enamorada, muahhh;… no con los dedos no; acaríciame
la gatita con tu boca, con tu lengua, con tus labios, como anoche;
uuhhhhhmmmm….
"-.

Así se
inició una muy intensa y romántica relación con esta joven chica alemana que
procedía de un pueblo cercano a la ciudad de Dortmund en el centro de Alemania.
Ella me hizo olvidar a la francesa, aunque Cecilia a veces me preguntaba por
ella porque todo estaba muy reciente aún. Yo me limitaba a satisfacerla
carnalmente y así se olvidaba de todo ese romance mío anterior con la franchute.
Terminábamos coitando frenéticamente y luego se disculpaba por sus celos. Seis
meses más tarde finalizó la relación  porque yo empecé a preparar el
regreso a mi país -Venezuela- y no quería dramas en la despedida.

 

Resumen del relato:
    ¡Qué viva la comprensión entre los pueblos allende y aquende los mares! ……. Un criollo venezolano mocetón y una jovenzuela alemana contribuyen a esa aproximación interracial con fogoso ardor.

Fetichista completo de los pies descalzos

Fetichista completo de los pies descalzos (9)

Hola a todos los fetichistas. Soy nuevo en el foro, tengo 42
años y conozco a Adrián, ya que varias veces he seguido sus posteos en el
forodepies y antes también cuando se llamaba piesargentinos.

Creo que el nick que utilizo les da una idea de que es lo que
me gusta: los deditos. En realidad desde que tengo memoria me gustan, me atraen,
me dan vuelta la cabeza y la líbido los pies de las mujeres. Me gustan los pies
bonitos, delgados y con dedos largos. Bien limpios y cuidados. Uñas pinadas de
bordó oscuro, violeta oscuro o rosa en todas las gamas.

Me declaro fetichista completo del pie descalzo, ya que sólo
puedo tener orgasmos entre los pies de una mujer, me excito besando, tocando,
lamiendo y chupando su cuerpo, especialmente los deditos de los pies, donde
puedo pasar horas sin cansarme, pero a la hora de mi propio placer, sólo culmino
con un buen trabajo de pies, especialmente con los deditos. No puedo de otra
forma, ni siquiera pensando en pies o mirándolos o tocándolos.

Tengo la suerte de que mi pareja, (40 años) tiene pies a mi
medida, delgados, de dedos largos, uñas delicadas, piel muy bien cuidada y una
extraordinaria habilidad para manejar mi miembro con sus pies.

Nos costó mucho tiempo, para aquellos que estén en pareja y
no tengan de su parte todo lo que desearían de ella, les digo que cometí muchos
errores y me costó mucho llegar a donde estamos, sin despersonalizarla. Es decir
que no se sienta sólo un pie, sino una mujer de lindos pies a la que amo con
todo mi corazón y de la que me obsesionan sus pies, que son parte de ella. Les
digo a todos los hombres que se puede llegar a una relación como la mía con
mucho trabajo, diálogo, franqueza y delicadeza. Les cuento un encuentro tipo con
mi compañera para satisfacer la curiosidad y la líbido de todos, incluso la mía.

Ella cuida mucho sus pies con cremas y lociones especiales,
tan es así que la suavidad de sus plantas y la yema de sus deditos es como la
piel de su rostro. Me gusta pintale las uñas de los pies mientras ella me mira.
Cuando se seca el esmalte, ella cruza sus piernas y yo comienzo a besarle muy
suavemente el empeine y el nacimiento de los dedos. Sigo con sus plantas y luego
empiezo a lamer y chupar sus deditos. hemos llegado al punto en que ella ha
cambiado su líbido y el chuparle los dedos la excita mucho. Se comienza a mojar.
Hay un lugar que yo digo que es el lugar más íntimo de una mujer: El espacio
entre el dedito más chico y el que le sigue, o sea el cuarto dedo. En ese lugar,
si uno separa ligeramente estos dos últimos deditos se hace allí una pequeña
depresión donde debe meterse la punta de la lengua y acariciar esa piel suave
con ella. No hay mujer que se resista a esta caricia. Y piensen en una mujer
desconocida o que recién conocen y que no oculte sus pies cuando uno las mira
fijo. Relaciones ocasionales pueden aceptar un cunnilingus, pero no una chupada
de pies, es muy raro. Por eso es más íntimo que la vagina, que también me atrae
oralmente.

Bueno siguiendo, cuando sigo con los deditos, uno por uno,
ella superpone los pies para que le chupe varios deditos a la vez de ambos pies.
Ya se ha colocado de espaldas, con una almohada bajo el pubis y mueve las
caderas rozando contra la almohada. Mi rerección ya suele ser brutal, y ella,
así de espaldas, toma mi miembro conm la punta de sus deditos y me lleva al
borde del orgasmo, con un suave vaivén de los pies y apretando y soltando
rítmicamente la cabeza del miembro con la yema de sus deditos. Cuando estoy que
no doy más, ella también. Tiene la ventaja de ser multiorgámica, así que se da
vuelta y la penetro y nos movemos como en una relación normal. Como yo no puedio
terminar si no es con los pies, generalmente ella llega a tener dos o tres
orgasmos, y si está muy excitada e insatisfecha, toma mi cabeza y la mete entr5e
sus piernas, y le hago el amor con mis labios y mi lengua. generalmente este
orgasmo la satisface por completo, y apenas recupera el resuello me hace acostar
sobre la cama y toma mi miembro entre sus deditos y lo amasa entre ellos o los
mueve arriba y abajo, deteniéndose con los diez deditos sobre la cabeza, paa
luegio comenzar nuevamente. Yo me pongo una almohada bajo la cabeza para poder
mirar, a ella le gusta que mire mientras me coge con los pies, y también me miro
en un espejo grande que está en la pared. Todo eso, además que ella me toma una
mano con las suyas y me susurrra cosas sobre lo que está haciendo con sus pies
hace que explote en un orgasmo que le baña los deditos con mis jugos, así
lubricado, ella sigue exprimiento mis testículos y mi pene por otro minuto más,
hasta que estoy derrumbado y satisfecho. Luego me acuesto a su lado, y nos
dormimos, enamorados y satisfechos.

La próxima les cuento algo más y de como descubrí los pies de
als mujeres. ¿Cómo?, con una tía y una mucama, por supuesto!!!!!

deditos

 

Resumen del relato:
    Un amante de los pies que se presenta y les cuenta un encuentro de pies con su compañera.

La ex de mi amigo fue mi amante

La ex de mi amigo fue mi amante (1)

Hola amigos lectores, la historia que narraré a continuación
se trata de algo que en su momento sentí culpa pero valió la pena, resulta que
la novia de mi amigo José, la conocí yo primero que él era mi amiga Norma, que
desde siempre se me atojo era morena, ojos grandes y expresivos, muy pocos senos
pero que se remediaba con esas piernas bien torneadas, esa figura exquisita,
todo su cuerpo era firme y una nalgas que sabia mover al caminar de forma
deliciosa, ella sabía lo que tenía y sabía cómo mostrarlo, siempre usaba
pantalones muy pegaditos y caminaba mejor que una modelo en pasarela. Bueno pues
ella con él tiempo se hizo novia de mi amigo José, y siempre la llevaba a los
sitios en el que nos reunimos que era un billar céntrico, íbamos todos los
sábados al caer las 9:00 PM, íbamos por separado cada quien iba llegando por su
lado, José le metía unos fajes bien ricos en establecimiento, que terminaban
siempre en sexo en el carro, pero esa mujer agregándole esos fajes me ponían
cachondo, no podía ver el desenlace de la relación pero José me platicaba con
detalle y decía que sabía coger muy rico; pero mientras fueron novios guarde mi
distancia, a pesar que Norma y yo éramos amigos y ya nos conocíamos desde hace
12 años.

En una ocasión mi amigo Pedro me dijo que Norma y José habían
terminado su relación, lo que me dio un poco de emoción, así que decidí ir a
visitarla salí a dar mis caminadas nocturnas cómo era costumbre y pase cerca de
su casa, y la vi con un pantalón café súper apretado, lo que despertó mi malicia
ella estaba platicando con una de sus vecinas y pase cerca de ella simulando que
no la había visto, entonces ella me hablo me dijo hey quiero platicar contigo, ,
me dirigí asía ella y le dije si Norma de que quieres platicar.

-¿sabias que terminé con José?

Yo simulando no saber nada le conteste que no.

Pues si ya terminamos

Por que?

Por que andábamos caminado rumbo al billar y yo iba vestida
cómo se vestir , unos sujetos se me quedaron viendo, José se molestó y me dijo
que yo los provocaba con mis prendas, yo le dije oye siempre he estado así
cuando salgo contigo y nunca habíamos tenido problemas que que le pasaba y sólo
se dio la vuelta y me dejo con la palabra en la boca

Yo moví suavemente la cabeza en forma de reprobación y
agregué, pues no se por que este actuando de esa forma

No sabes si tiene otra mujer?

Mi respuesta fue negativa

A decir verdad no tenía ni la más remota idea de lo que
sucedía, pero me gustaba la idea

Así que aunque ella quisiera sacarme información sobre José,
yo no se podía proporcionar por que desconocía del asunto, así que sólo me
dedique en decirle que todo estaría bien que no se preocupará que José volvería
por que ella era una joya, nos abrazamos y sobé su lomo, dando pequeñas palmadas
sobre su espalda, ella lloro en mis hombros, seque sus lagrimas y juntamos
nuestras mejillas, un instante, luego nos separamos y nos sentamos en la
banqueta. Seguimos platicando sobre el asunto, luego pose una mano sobre su
hombro, pero ella no lo aprobó así que la quite de inmediato. Yo sólo la escuche
, y deje que se desahogara, después me despedí.

Me fui pensando cómo José desperdiciaría ese culito, no lo
podía creer, ahora yo tenía una oportunidad.

Llamé a Norma el día siguiente era viernes por la tarde, para
saber cómo estaba.

Me dijo que estaba deprimida aun y que una amiga la invito a
una granja ese fin de semana, pero que no sabía si ir, por que no conocía a
nadie excepto su amiga, le dije que fuera que ocupaba distracción y me dijo que
si la acompañaba para no sentirse tan cohibida le respondía que claro que iría
con ella.

Al día siguiente estábamos en la granja, Norma tenía unas de
sus ya muy famosas licras, rojas y un TOP rojo, el color y en si la vestimenta
me decía cojéeme, comimos carne asada, pero la carne que yo quería devorar era
de Norma, no ocupaba agacharse para ver la firmeza de sus nalgas, después de
comer jugamos todos a las cartas y cuando me di cuenta Norma ya no estaba entre
nosotros, ni dos de sus amigos Raquel y no recuerdo el nombre de su amigo,
entonces me excuse y dije que abandonaría momentáneamente el juego, necesitaba
desentumirme los pies, entre a uno de los cuartos buscando a Norma y allí estaba
ella, tumbada en la cama boca abajo, abrazando la almohada con la mirada
perdida, me acerque y sólo acaricie su pelo, ella apretó mi mano, le di un beso
en la mejilla, sin decir nada me quede cerca de su cabello oliéndolo, pase mis
labios por los lóbulos de sus orejas, sople suavemente sobre sus orejas , masaje
por arriba de sus hombros y empezó a relajarse poco a poco, su respiración
empezó a hacerse lenta, cuando la noté más relajada, pasé mi mano sobre su
espalda y frote me acerque a su boca y al no ver resistencia le acomode un beso
que fue correspondido con amabilidad, primero succionado labios después mi
lengua en su boca, juntamos lenguas, baje mi mano sus piernas y las empecé
acariciar sus muslos ella acariciaba mi espaldas in separar nuestras lenguas
ella metió su mano por dentro de mis bermudas y acarició mis glúteos, le quite
el TOP, pase la lengua entre sus senos, eran pequeños, pero firmes chupe primero
un seno después el otro, hasta que sentí como se ponían duros , al igual que mi
pené también se puso erecto, ella lo tomo y empezó a jugar con el, tocaba mis
testículos, alternaba con mi pené, en eso escuchamos unos gemidos que provenían
de la sala, nos levantamos dejamos la puerta entre abierta y vimos a Raquel y al
amigo de Norma, que se la pasaban muy bien jugando con sus sexos, ella le daba
una rica mamada a su amigo, él se retorcía estaban de pie, yo excite al ver esa
escena y le pase mi mano por debajo de la licra roja y tocaba sus genitales y
acariciaba esas nalgas que tanto ansiaba, después vimos cómo Raquel se recostaba
sobre el sillón y abría sus piernas y era penetrada salvajemente por el amigo de
norma, Raquel lanzo unos grandes gemidos, entonces voltee le quite las licras y
se inclino y me abrí paso entre sus nalgas y le ensarte mi pené en su vagina,
que estaba muy apretada y sentí sus nalgas en mi abdomen y lo comenzó a menear
con un movimiento de caderas y lo más excitante es que los dos en esa posición a
parte de gozar podíamos ver a la otra pareja, si duramos 10 minutos, ninguna
pareja cambió de posición, saque mi pené de sus nalgas y lance chorros de semen
en su trasero, después se volteo asía mi nos quedamos abrazados yo esparcía con
mi mano el semen de sus nalgas, ella se separó de mi y me dijo voy a entrar a
bañarme, esta bien agregue, yo me quede al pie de la puerta viendo cómo se
cogían a Raquel, terminaron ellos y cuando Norma salía del baño lo cual tardo 20
minutos, Raquel se puso a cuatro patas y su amante le empezó a excitarle el ano,
que no tardo en penetrarlo y le dije a Norma ven a ver esta delicia, ella se
acerco ala puerta, le dije mira yo siempre te he deseado así, quiero hacértelo
de esa manera ella sin decir palabra se dirigió hacia la cama y se acostó boca
bajo verla húmeda y con ese apetecible trasero me balance sobre ella puse
tantito aceite sobre mis dedos y los metí en su trasero y cuado lo tenía muy
dilatado me puse un condom y pose mi pené en la entrada de su ano mmmmm ella
decía sí házmelo por el culo y metí poco a poco mi miembro hasta que lo tenía ya
todo dentro y le dije es todo tuyo, metí y saque con suavidad y me dijo no tan
despacio más aprisa , dale anda, me recosté totalmente sobre ella era fabuloso
era como si es me subiera en un cerro, nuestras sombras se reflejaban en la
pared, era muy excitante ver nuestras siluetas era mejor que un espejo, me vine
dentro de su culo liso, lampiño y terso cuando me venia ella apretó el culo y
mordió la almohada lanzamos a la par un gruñido de placer, nos dormimos un rato
después nos levantamos e incorporamos al grupo, ella cambio su humor
notablemente, parecía que por instantes se olvidó de José.

Al principio sentí remordimiento, pero ya no estaba
traicionando a alguien, ellos nunca volvieron y nunca supe por que terminaron en
esa ocasión aunque tampoco me importo

Hasta la próxima historia.

 

Resumen del relato:
    Termino con José su noviasgo pero inicio conmigo el buen sexo.