Yo era un tierno infante
Publicado por el Wednesday, March 11th, 2009 a las 12:00 am
Mejores dividendos en bolsa española e internacional. Ibex,, Dow Jones...
MI PRIMERA EXPERIENCIA
Yo era un tierno infante. 14 años.
En el internado ya habíamos tenido
nuestras primeras experiencias en el descubrimiento de que al “chisme de mear”
se le podía sacar algo más de partido. Tampoco sabíamos muy bien el qué y el
cómo hacerlo, pero… era un descubrimiento.
En el verano, en vacaciones un primo
mío, mayor que yo, 16 años, vino a pasar unos días al pueblo con nosotros. Todos
los días nos acostábamos la siesta por prescripción familiar y lo que menos nos
gustaba era dormir. El abuelo dormía en la misma habitación que nosotros. El si
que dormía. Nosotros jugábamos o hablábamos.
Una tarde, en plena siesta, comenzamos a
hablar.
— Tú cómo la tienes?. — Preguntó mi
primo casi en un susurro.
A mí me sorprendió la pregunta. Nunca
habíamos hablado de esas cosas. Era mi primo, era de la familia, y estas cosas
no se hablaban en la familia.
— Como la voy a tener,… como todos. —
Respondí un poco nervioso y sin saber bien qué decir.
— Seguro que la tienes más grande que
la mía.
Por momentos me estaba poniendo rojo
como un tomate. La sangre había subido toda hacia la cara. Bueno no toda. Parte
había marchado hacia la gaita, que, no sabía muy bien la razón, pero estaba
cambiando de tamaño. Aquello me excitaba. Algo que no me había sucedido nunca.
— Como la voy a tener mas grande que
la tuya si tú eres más mayor.
Yo creí en esos momentos que lo decía
para provocarme y hacer, de esta manera, que yo se la enseñara demostrándole así
que él la tenía mas grande. A todo esto yo tenía miedo que mi abuelo se
despertara y que nos oyera hacer semejantes comentarios. Me avergonzaba la idea
de que pudiera escucharnos.
— Que sí, que la tienes mas grande
que yo… Si no mira.
Y sin encomendarse a Dios ni al diablo
levantó la sábana, y… Me enseñó su gaita inflada y, ciertamente, yo tenía razón.
La suya era más grande. Pero lo importante no era eso. Era que esa era la
primera vez que veía otro miembro viril distinto al mío. Eso si que terminó de
excitarme y ante semejante gesto de mi primo, no me quedó más remedio que, con
mucha vergüenza todavía, enseñarle la mía. Era también la primera vez que se la
enseñaba a alguien y sobre todo en la situación en la que estaba. Poco a poco la
vergüenza desapareció.
— Tú te la cascas? — Le pregunté.
— NO. ¿Qué es eso?
Joder, eso me confundió. Yo, un tierno
infante, ya hacía días que me la cascaba, y él, con 16 abriles no sabía lo que
era aquello.
Intenté explicarle la técnica pero creí
mejor que la práctica sería mas fácil de transmitir. Le dije que se vistiera ,
que teníamos que ir a un sitio. El sitio en cuestión era un huerto de la
familia, con un nogal enorme. A su sombra, en la tranquilidad del huerto, nos
quitamos los pantalones y los calzoncillos. Yo no había conseguido rebajar la
excitación por el camino. Sólo pensaba en lo que ibamos a hacer. Y que yo le iba
a enseñar a cascarsela. Y allí estábamos los dos en pelotas, en la hierba.
Comenzamos a acariciar el miembro y a mover la mano de arriba abajo.
— Ves cómo se hace? — Le dije.
— ¿Así?
La verdad es que no lo hacía muy allá y
entonces, joder que recuerdos, se la cogí y comencé a mover la mano suavemente
por su gaita.
— Así se hace.
El continuó el trabajo y yo atendí el
mío.
— Notas el gusto?— Le decía
— No mucho.
A mi me extrañaba pues a mi ya me estaba
viniendo. Enseguida me llegó y de la punta de mi gaita salio… nada, una pequeña
gota de algo…
De pronto mi primo dijo:
— Ahora, ahora parece que noto algo…
si, si, ahoraaaa
De su rabo si que salió. Un chorro
disparado hacia delante,… y otro. Joder, pensaba yo, cuando me saldrá a mí así.
Los dos nos miramos como cómplices de algo que nos había unido más de lo que ya
estábamos. Nos vestimos y nos fuimos a casa. No comentamos nada más entre
nosotros en ese momento. Pero cada vez que nos juntábamos en los veranos no
perdíamos ocasión para irnos a bañar juntos. No necesitábamos bañador y casi
siempre acabábamos de la misma manera. Luego el se casó… y todo se terminó. No
hemos hablado nunca más del asunto.
Por otra parte dudo que aquella fuera la
primera paja de mi primo. Sigo creyendo que me engañó y sabía muy bien lo que
hacía… Pero me da exactamente lo mismo.
Ya se que no es una historia morbosa, ni
de grandes placeres exóticos. Pero fue mi primera experiencia. Y me marcó. Ahora
cuando quiero excitarme pensando en algo, pienso en aquel momento y lo revivo.
Sigo poniéndome a cien. Me gustaría haber podido encontrar en la vida alguien
con quien sentir y hacer lo mismo que hice con mi primo. Pero no lo he
conseguido. Tal vez porque la vergüenza , o el pudor, o el miedo me han frenado
para dar el primer paso.
Monegrino.

