Contactos por la red

Contactos por la red (14)

El éxito de internet estriba en que nos acerca todo. Nos
acerca a la información, al ocio, a los amigos, a lo ajeno… Tanto, que a veces
nos acerca demasiado a aspectos que siempre hubieron de quedar ocultos. Esta
historia es asombrosa, y quizás por ello más creible que otras. No emplearé
ningún tiempo en convencerles de su veracidad o de lo contrario. Solo, la
relataré.

Cierto día por disimulado aburrimiento o por morboso interés,
escarbé en una de esas páginas de gente liberal a la que accedí. Buceé por todos
los enlaces, por todas las galerías. Pueden suponerse que leí decenas de ofertas
de contactos de muy diverso tipo, o que miré decenas de fotos amateur que se
hacían a sí mismos o a sus parejas los propios contactantes. Es uno de los
entretenimientos de más éxito para los visitantes de páginas de corte erótico, o
al menos, eso me parece. Supongo que muchos, ven reflejadas muchas de sus
fantasías, en lo que otros, más valientes o seguros de sí mismos, son capaces de
demandar públicamente. A quién no le atrae leer:

"Pareja de 34 y 33 años, sana y de elevado nivel cultural,
busca a profesional de la grabación, para editar videos pornos caseros de
nuestras sesiones sexuales. Abstenerse aficionados y personas con interés
economico. No intervendrá nunca ni opinará nada, solo grabará. Interesados
dirigirse a mizaragl@mixmail.com.
Zaragoza."

O tal vez algo como:

"Esclava sexual de 27 años, se ofrece a amo de entre 28 y 42
años, que sepa obligarme a hacer absolutamente todo lo que él diga. Su placer
será el mio y el de mi joven marido, que podra asistir como mirón si mi amo así
lo quiere. Solo se pide discreción y dominación a tope. No disponemos de sitio
adecuado, pero sola o acompañada, según ordenes, nos desplazamos si es Alicante
o alrededores. Dime que prefieres a
POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO
."

Bueno, son ejemplos de los muchos y excitantes contactos que
se proponen. Ya lo conocen. El caso es, que de allí apunte el correo electrónico
de varios contactos de gentes de sitios cercanos a mi localidad, que me eran
sugerentes. Decidí escribirles a todos a ver que ocurría. Así que me dí de alta
una dirección de correo-e en hotmail, y desde allí les envié a todos, más o
menos el mismo mail. Les decía de donde era, mi edad, mi nivel de estudios y que
tenía pareja. Traté de ser jovial, y expresarles algo interesante, libertino.
Aún así solo contestaron dos.

Uno de ellos, era de mi ciudad. Casados, solo proponian
chatear, conocernos a mi y a mi pareja un poquito a través de preguntas, y
quedar en un sitio de la ciudad, tras si nos caíamos bien, poder proceder a un
intercambio de parejas. Quedé con ellos en el chat liberal, fuimos a un privado
y estuvimos hablando. No cuajó. En primer lugar porque parecían muy
desconfiados, se les notaba con miedo y bastante incrédulos (y tenían motivos
toda vez, que por mi parte me reservaba mucha información y mentí en alguna). En
segundo lugar, porque aunque yo tenía novieta y ésta era muy caliente, nuestra
relación no estaba tan madura como para asumir un intercambio de parejas.
Quedamos en contactar de nuevo, pero yo ya no lo hice.

El otro correo contestado, era de una ciudad cercana. Casados
sin hijos, eran directos y claros. Proponían intercambio de fotos y material
porno casero. Les contesté en el mismo tono franco y conciso que me habían
respondido ellos, diciendo que no podría mandarles nada de mi novia. Sí mío, si
lo que enviaban ellos era de calidad. La verdad, no tenía ninguna esperanza en
mantener ese contacto. Sin embargo, tres días más tarde recibí correo de ellos.

Me expresaban la alegría de mi contestación sincera, y la
confianza que tenían, en intercambiar conmigo material de calidad. También la
ilusión que tenían en que junto a ellos, pudiéramos meter a mi novia en el mundo
de los contactos. Me aleccionaban un poco sobre la discreción de este tipo de
contactos y mandaban como anexo, 3 archivos. 3 fotos: supuestamente una del pene
erecto de él, otra del sexo abierto de ella, y una tercera de ellos en plena
cópula. Digo supuestamente, porque fotos amateurs eran, pero quien sabe si de
ellos o de quien. Lo tenía que averiguar.

Así que les escribí muy familiarmente diciéndoles entre otras
cosas, que las fotos me habían encantado (eso era verdad), y que en mi primer
acercamiento a éste mundo (también verdad), necesitaba antes de mandar mis
propias fotos, saber si las de ellos eran verdaderamente de ellos, o no. Para
asegurarme les dije que me contaran el tipo de relación, que tenían entre ellos.
Las fantasías que creían que en un momento dado podrían llevar a cabo. Y
aquellas, que por su naturaleza, vieran difícil poder cumplir. Igualmente les
solicitaba fotos pero esta vez en todas ellas, debería de aparecer bien visible
un paquete de tabaco marca Sombra. Marca que bien se encuentra en los estancos
pero que apenas nadie fuma desde hace años. Esa sería la prueba que necesitaba
para asegurarme de su autenticidad. Tras lo cual, les mandaría mis fotos,
incluso algunas que ellos me solicitaran. Sobra decir, que seguía siendo
escéptico sobre su respuesta.

En un plazo igual al anterior, recibí su mail. Fue increíble.
Me dijeron que ambos eran profesionales licenciados superiores (pero no sus
profesiones). Que se habían casado hacía 5 años, y que creían que la base de su
matrimonio era la diferencia de físicos entre ellos. Ella era unos 20 cm más
alta que él y más pesada aunque no era gruesa. Se atrajeron desde que se
conocieron por eso, dada la inclinación dominante de ella y de dominado de él.
Practicaban juegos eróticos de dominación, de sodomía, y de sadomasoquismo sobre
él. Intercambiaban material porno casero desde hacía un año aproximadamente, y
la fantasía que creían posible cumplir (y ese era el motivo último de la
publicación de su contacto) era la de humillar a su marido viendo como un
tercero, se follaba sin piedad a su esposa. El marido llegaría a ser el
sirviente de ambos. Que preferían para ello a una pareja, porque creían que el
chico sería mas sano y menos peligroso que si fuera un hombre solo, y también
porque les agradaba pensar que la chica (en este caso mi chica), podía llegar a
integrarse en el grupo, si era como dominada mejor. Mandaron diez fotos (que aun
guardo) todas con el paquete de cigarrillos Sombra, bien visible. Ufff, algunas
geniales: Ella portando un consolador de esos atados a la cadera y entrepierna,
embistiendo a su marido por detrás (una con la punta del consolador dentro del
ano de él y otra con más de la mitad dentro). Otra de su pene erecto con marcas
de haber sido flagelado pocos segundos antes. Otra de los genitales de él con no
menos de 10 pinzas cogidas de su miembro y testículos. Otra de la espalda de él
con cicatrices más antiguas. Otra de ella, embutida en escasas prendas de látex,
ofreciendo su coño con 4 dedos de una mano de su marido, dentro. Y otra él
lamiendo su clítoris, mientras era visiblemente asido fuertemente del cabello
por ella. Las restantes eran más normales y sobre todo mostraban el cuerpo de
ella por detrás y delante.

Estaba impresionado! Me masturbé dos veces casi sin descanso
contemplando esa maravilla. Miles de sensaciones recorrieron mi cuerpo y mi
mente, al comprobar que tenía un contacto morboso y fiable con las posibilidades
que ello daba de sí. Tuve claro desde el principio que a esa pareja había de
proporcionarle mis propias fotos. Me compré una cámara digital y así hice. La
relación duró unos 6 meses, pero nunca pasó del ámbito ciber. Me mandaron unas
100 fotos de lo más calientes que podais imaginaros, e incluso, en un momento en
que la misma relación necesitaba un impulso, planteamos una cita en su ciudad,
pero una urgencia de última hora me impidió ir, tras lo cual la relación se fue
enfriando rápidamente. Y es que no se puede eternizar una relación y más de este
tipo, por internet. La pareja, buscaba un fín más allá del mero intercambio de
fotos, y yo no lo tenía muy claro. Además, había roto con mi pareja dos meses
atrás. Y bien fuera por todo esto o porque ellos ya habían contactado con otras
personas más atrevidas, lo nuestro acabó. Sinceramente no lo sentí demasiado. Me
sentía pagado con creces en mi primer acercamiento al mundo liberal.

Un año después volví a saber de ellos de la forma más casual
que os podeis imaginar. Llevaba 8 meses trabajando en la ciudad de ellos, pues
mi empresa me propuso un traslado que me convenía. Era la capital de mi
Comunidad Autónoma, con más posibilidades de promoción, mejor sueldo, y la
oportunidad de salir de una capital de provincias que había llegado a hartarme.
En ese tiempo la relación con mis clientes ya era plena. Mi dedicación esforzada
a ellos, me había permitido incluso congeniar bastante bien con algunos. Bien,
cierta mañana hacia mediodia mantenía al telefono una conversación típica.
Determinados informes, tenían que estar ya en el buzón de correo-e de un médico,
cliente mio, pero no lo estaban….

-"Joder, Roberto. Te los he enviado por dos veces. La primera
vez sobre las 9.30h. La segunda vez hacia las 11h. Las dos veces se me han
devuelto diciéndome que tienes lleno el correo, o no se qué…"

-"Pero, como es posible?? –Estaba alterado. No era mal
cliente, ni siquiera incómodo, pero sí bastante nervioso y algo histérico en la
primera impresión-. Si anoche lo dejé vacio! Lo necesito impreso para llevarlo a
la firma, y ya estoy frito de hora."

-"Entiendo, pero no puedo más que llamar a un mensajero y
hacertelo llegar entrega en mano. Esto deberíamos haberlo tenido previsto desde
antes si es que era tan urgente…"

-"Ya, ya, pero ahora necesitamos una solución para ya!
Ufff… mandamelo a este correo… Toma nota: Magrosm…@hotmail.com. Estaré
pendiente."

Y nos despedimos, pero… al colgar yo ya sabía donde había
visto antes esta dirección. Era del hombre (o pareja) con la que tuve un año
atrás el contacto porno. Jamás podría olvidar esa dirección. Sabia que era la de
las iniciales de ellos y ahora sabía que era la de su mujer Magdalena (a la que
no conocía personalmente, pero sí por documentos) y de Roberto, y sabía desde
siempre que sm significaba sadomasoquismo. Perdonadme que no ponga el resto del
correo por razones de discrecionalidad. Una vez, mandado el correo urgente que
esperaba, me pasé muchos minutos pensando en el descubrimiento. De ellos conocía
ahora, aparte de su cuerpo y sus tendencias sexuales, su cara, su profesión, su
domicilio habitual y el laboral…, todo!!! Y ellos ni sospechaban quien era yo.

Pensaba mucho en eso. Tenía que lograr acercarme a ellos,
aprovechar de alguna manera la información de la que disponía, pero pasaban los
días, y no sabía como. Decidí emplear mucho de mi tiempo laboral y mi encanto a
esa pareja, y simultáneamente, reiniciar los contactos por internet, desde mi
identidad anónima. Así que dos días después de mandarles un correo (sin
respuesta) donde les preguntaba como estaban y si tenian alguna relación con
alguien, estabamos citados los tres en un almuerzo de negocios. El restaurante
de calidad y no muy concurrido fue muy del gusto de Roberto y Magdalena. Allí
fue donde la conocí. 32 años (dos menos que yo). Facciones angulares con unos
vivos y rasgados ojos verdes. Mujerona de 1,80 m ., o algo más, de estatura. No
era mucho más baja que yo. Castaña clara con mechones rubios y tez clara. Algo
germanoide, contrastaba con su marido, de 37 años, de 1,60 m o poco más, enjuto
y delgado, de piel clara también, pero castaño oscuro de pelo y con una barba
lampiñita que se dejaba crecer.

El caro almuerzo, al margen de la excusa laboral, fue
perfecto. Nos caimos bien, charlamos mucho y bebimos bastante. Roberto más
serio, pero Magdalena estaba alegre. Ella decidió corresponderme con una
invitación, toda vez que yo pagué el almuerzo, y Roberto nada objetó.
Decididamente en esos momentos, Magda ya se imponía sobre su marido. Hablaban de
un pub, que yo no conocía, pero que parecían desechar al estar lejos del
restaurante. Por supuesto yo ofrecí ir en mi coche. Rehusaron pero… insistí.
Nos encaminamos a mi coche que estaba cerca y al montarnos con habilidad insinué
que quizás Magda (ya la llamaba así), iría muy estrecha en el asiento de atrás.
Roberto enseguida cedió el asiento de delante a ella. Ella subió sin decir
palabra y cruzamos parte de la ciudad para ir a ese local tan conocido por
ellos. Ambos me dirigieron y en unos 10 minutos, aparcamos muy cerca de la
puerta. Muy pocas veces había estado en ese barrio, más alla de la estación de
tren. "Triangulo", a las 5 p.m. de la tarde no te tenía mucha clientela. El
matrimonio saludo a un señor gordo y medio calvo, que estaba cerca de la puerta,
luego nos dirigimos a la barra. Había una pareja sentada en un lateral del
local, dos hombres de mediana edad charlando animadamente en la barra, y un
grupo de dos chicas y un chico en otra mesa cerca de lo que parecia una zona de
baile. El pub era espacioso, con mesas a los lados y una barra acolchada de
escay. Era del tipo de pubs poco iluminados aunque no oscuro, antiguos, pero
bien decorados. Una chica, mas o menos de nuestra edad atendía la barra. Besó a
la pareja a modo de saludo, y hablaron de la compañía, o sea yo. Me presentaron
por mi nombre, como amigo. Pedí un whisky con cola.

Hablábamos, reíamos y con la música, bastante buena por
cierto, Magda de pie movía levemente su cuerpo, como en un medio baile. Entre
bromas, exclamé:

-"Ey, Roberto! Tu mujer tiene ganas de bailar." Y empujándole
del brazo, entre risas, lo acerque a ella, en un gesto de que bailaran. Ella
aludió a su hombre como "chiquitín" lo abrazó, y se lo pegó al pecho poniendo su
cara en sus senos. Lo movía hacia los lados como un monigote, hasta que al poco
logró zafarse y siguió moviéndose junto a ella, patéticamente en algo que
parecía un pseudo baile. Yo echado de costado en la barra, los miraba con
sonrisa maliciosa, imaginando a esa pareja en sus actos sexuales. Me estaba
poniendo cachondo. Terminó la canción y volvieron a la barra. Unas risas, un
sorbito de copa, y en la siguiente canción, a Magda se le volvían a ir los pies.
Esta vez me retiré de la barra yo y bailé junto a ella. Ella se giró y empezó a
bailar frente a mi. Nos acercamos y empecemos a bailar tocándonos las manos,
girando, acercándonos y alejándonos. Miré a Roberto y le guiñé un ojo. Lo ví
sonriendo, mirándonos, con nada que poder decir. Ella ni le prestó atención.
Desde ese momento, tomé las riendas de la reunión. Bailé como quise con ella, y
creo que para ambos fue como un juego bastante erótico. Ella me echaba los
brazos por el cuello, me golpeaba con las caderas, le gustaba bailar de mi
mano… Mis manos se acostumbraron a su cintura y caderas, a sus hombros…. Le
hablaba al oido rozando mis labios con sus orejas…

Nos tomamos dos copas más, y dos horas después de haber
entrado, nos fuimos. O no estaban acostumbrados a beber, o ese día les dio
fuerte, porque ambos estaban bastante bebidos, lo que ocurre es que Roberto era
más discreto. Magda no. Nada más salir a la acera de la calle… me echó el
brazo por la cintura para evitar caerse. Los tres jugamos en la acera, como
borrachitos mientras llegamos al coche. Magda había perdido la noción de la
compostura. Los tres fuimos a la parte derecha del coche. Meti la llave para
abrirlo, abrí la puerta trasera y delantera, y ordené tajante:

-"Roberto, tú atrás".

Roberto entró y acto seguido dejé caer muy suavemente a Magda
en el delantero. Creo que la orden la impresionó pues mientras bajaba hacia el
asiento, me miró de la forma más sensual que se pueda imaginar. Monté en el
coche y le ayudé a ponerse el cinturón de seguridad. Era la excusa para sobarle
todo su pecho, cosa que hice a placer, mientras ella consentía disimulando
torpeza. De regreso a su casa, hablamos de los sitios de marcha, donde solían
ir. Me dijeron varios, pero me citaron como especial, el Triangulo. Me dijeron
que era un sitio restringido para clientes y que de noche, no dejaban entrar a
hombres solos. No me dijeron por qué, pero me lo imaginé: era un pub de
liberales. Les comenté que me encantaría volver a ir, y lógicamente dijeron que
si iba acompañado, el portero no me pondría ningún problema, si preguntaba por
Julián el dueño.

-"Pero no tengo pareja, y me gustaría tomarme una copa allí.
Si estais vosotros, mejor". Magda miró a Roberto, y éste dijo que no sabía
cuando irían. Pero que le llamara a casa el sábado al medio día por si tenían
pensado ir. En eso quedamos. Llegamos a su casa, y salieron del coche, diciendo
lo bien que lo habían pasado, y que sería bueno tomarnos otra copa, si no fuera
porque ya habían tomado bastante. Noté que Magda lo decía de verdad. Así que lo
dejamos en suspenso, hasta el fin de semana.

Al día siguiente, desde el correo anónimo, le escribí un mail
sumamente erótico e insinuante. Al día siguiente recibí respuesta, contestando a
mis insinuaciones, y confesando que recientemente habían tenido un contacto muy
agradable y de gran potencial, muy del gusto de la esposa. Era lo que necesitaba
saber!! Alabé lo calientes que eran, les pedí que me contaran todo y que de ser
posible, me mandaran fotos si se producía el encuentro. Como amigo conocido ya,
los llamé ese sábado al medio día. Quedamos a las 10 p.m. para tomar tapas y
después ir juntos al Triangulo.

Tapeamos en un par de bares, y lo pasamos bien. No apareció
el fantasma de una comprensible vergí¼enza. Al contrario. Estaban muy naturales.
Magda me sorprendió, pues no se cortó bebiendo vino, ni dejando entrever sus
efectos. Hacia las 12 p.m., llegamos al "Triángulo". Nos dirigimos a una mesa de
las verticales algo cercana a la pista de baile. Calculo habría unas 25
personas, en su mayoría parejas, aunque también habia grupitos charlando de 3 o
4. Al rato de estar bebiendo, decidí atajar:

-"Bueno y en realidad, por qué es este sitio tan…
selectivo?". Contestaban ambos… sin orden, aunque poco a poco lo iban
descubriendo, para concluir:

-"… y más o menos eso. La principal diferencia es que
mientras que en otros sitios, la gente que se conoce nueva tiene temas tabús,
aquí no. Todo el mundo viene por lo mismo, aunque a nada se está obligado…,
pero si alguien te gusta y te cae bien, se puede hablar de cualquier cosa."

-"Bueno, hay otra diferencia." Magda hablaba sin mirar a los
ojos, como ruborizada…

-"¿Cuál?" Pregunté, mientras observaba la cara de sorpresa de
Roberto. Magda me miro al rato, después a su marido mientras hablaba…

-"Aquí existe una parte que llamamos la Sala Oscura… Ven,
es mejor que lo veas." Me tomo de la mano y me guió.

Llegamos junto a la barra, cerca de donde habiamos estado la
vez anterior. Alli giramos a la derecha y nos encaminamos hacia una puerta negra
sin pomo. Me habia dado cuenta el dia anterior pero, no se me ocurrio preguntar
entonces. La empujó, y tras un breve pasillo, nos pusimos al principio de una
estancia, no muy grande, como de unos 8 x 6 metros. Estaba oscura, muy poco
luminada por varios foquitos blancos y verdes. En 3 de las paredes unos asientos
continuados de cogines, y unas pocas mesitas frente a ellos, con un candil
pequeñito en cada una. En la esquina de enfrente al pasillo, una mini barra
atendida por un joven. La vitrina de las bebidas era lo más iluminado de la
estancia. Lo que ví, me sacó de dudas por si me quedaba alguna. Una pareja
bailaba en el centro la musica lenta, distinta de la del local iluminado. Ella
se dejaba morder el cuello por él, mientras el hombre, bailando, le acariciaba a
ella los muslos y las nalgas con toda la falda subida. Mirándoles, hablando y
riendo, otra pareja sentada en el sofá en actitud muy cariñosa. Miré un rato las
escenas, sin parar de sujetar la mano de Magda, hasta que atiné a decir:

-"Vaya!, este sitio es ideal para pasarlo bien".

-"Te gusta?" Preguntó Magda muy sensualmente.

-"Ya lo creo –dije jovialmente-. Tú has venido aquí mucho?"

Por respuesta obtuve algo mejor, pues se situó frente a mi,
me rodeó el cuello con sus manos, y acercó su boca a la mía. Me metió toda la
lengua y la movió con frenesí, saboreando la mia a su antojo. La abracé,
acariciandole la espalda, y al poco, baje mis manos a sus nalgas, abriendoselas,
asiendolas con fuerza. Nuestra respiración se agitó con prontitud. Pasados un
par de minutos, se separó. Me miró con fuego en sus ojos. Bajó su mano a mi
entrepierna y acaricio sobre el pantalón fugazmente mi crecido pene, mientras
sonreía maliciosamente, y luego, se encamino al pasillo, tomándome de la mano.
Al llegar a la puerta, la frené, oponiendo para salir, mi erección.

-"No importa. Quiero que todos, y sobretodo Roberto, te vean
así." Ufff, más me excité!! Roberto se dio cuenta de todo, pero no dijo nada,
excepto preguntarme si me había gusta la Sala Oscura, a lo que respondí que sí.
Magda se colocó entre los dos, y nos abrazó. Le tocó la entrepierna a su marido
con toda la intención de que mirara. También lo hizo conmigo, para que mirara el
marido. Me beso mucho mientras, acariciaba al marido, como para no dejarlo
fuera. Otras veces yo sentado en el taburete, se sentaba sobre mi pene para
besar al marido. O levantaba una pierna apoyándola en mi taburete, dejando muy
provocativamente su entrepierna abierta muy cerca. Yo pregunté:

-"Y aquí, no conoceis a nadie?"

Miraron a conciencia por el local, para decirme que de vista
a algunas parejas, y de algo más solo una que me indicaron con la cabeza. Se
pusieron a recordar para contarme que entraron con ellos en la Sala Oscura, pero
que al final no cuajó porque la pareja no les terminó de gustar.

-"Se la meneé al tio, pero, ufff, que pequeña la tenía.
Además no se terminó de enderezar (su polla). No será porque no valgo más que su
esposa… con la barrigota que tiene la buena señora". Comentaba disgustada
Magda, mientras los tres reíamos. Roberto apostilló:

-"Y a mi la mujer, no me terminó de gustar tampoco.
Demasiados michelines. Demasiado blandita. No como Magda que parece piedra….,
fuerte como está…" Lo interrumpio Magda:

-"Además nene, que si yo no follo, aquí no folla nadie, y
como el tio ese no me gustaba…¿si o no?"

-"Desde luego cariño". Asintió dócilmente Roberto. Yo ví mi
oportunidad para decirle a Magda, sin esconderme del marido:

-"Bueno, con una persona como yo, no tendrías problemas de…
flacidez." Dije riéndome. A lo que ella, maliciosamente y exagerando respondió:
"Ya lo he visto. Ya. No veas como la tiene Roberto – dijo a su marido-. Me has
puesto como una moto, cielo."

Me quedé pensando en que debía seguir tomando las riendas
junto a Magda, sabiendo como sabía que Roberto consentía gustosamente.
Igualmente, en lo ocurrido con Magda en la Sala Oscura. Así que me arriesgué a
decir, antes de que bebiéramos más:

-"Son las 2 de la mañana. Si no hubiera cosas más interesantes que hacer a esta
hora, me gustaria pasar con vosotros a la Sala Oscura." –De hacer algo, no me
apetecía mucho exhibirme en público-. "¿Os apetece un sitio más tranquilo y más
íntimo?"

-"Podemos ir a casa si Magda quiere". Ofreció Roberto. Y
Magda, sintiendo como le acariciaba la nalga asintió. Salimos del pub.

Su piso era espacioso, pero pasamos directamente a su hermoso
dormitorio. Nos desnudamos los tres y Magda se puso una fina y transparente bata
de seda. Desnudos, nos indicó que nos apoyáramos semitumbados, en el cabecero de
la cama, y se aplicó a poner nuestros penes erectos.. masturbando… y en ricas
mamadas. Iba de uno a otro, sin descuidar ninguno. Cuando consiguió una buena
erección para ambos, se incorporó un poco y dijo:

-"Que dos buenas pollas tengo para mi –y dirigiéndose a
mi…-, ¿qué te parece la polla de mi maridito?"

-"No soy maricón, pero creo que es una buena polla." Y lo
decía en serio. No es que fuera muy grande, pero al lado de su cuerpo ligero, se
veía de buen tamaño.

-"Si? Pues verás como se le pone tiesa tiesa a Robertito". Lo
giró, lo colocó a cuatro patas, y empezó a meterle dedos por el ano. Ella decía
cosas sobre el culo del marido, le daba nalgadas, y metía los dedos
frenéticamente, hasta un total de 3, pero sin aparente esfuerzo. De cuando en
cuando le tocaba la polla a Roberto, y repetía las frases obscenas.

-"Mira como se le pone a mi putita (se referia a Roberto).
¿Verdad que te gusta, vicioso asqueroso? Te la voy a arrancar!!". Mientras
Roberto gemía y asentía con todo lo que le decía su mujer. Magda me miraba, con
sonrisa sadica. Como disfrutaba esa puta humillando a su marido en mi
presencia!!

Reconozco, que la escena me gustaba más de lo que hubiera
creido. Los miraba y me masturbaba, o acariciaba a Magda. Tras un rato
sodomizando a Roberto me pidió lo siguiente:

-"Ven, trae tu mano, y mete los dedos junto a los mios. Vamos
a reventarle el culo a este mariconazo." Más me sorprendió, el verme con dos
dedos más mios, follando junto a dos o tres de Magda, el ano de Roberto.

Después de eso, y con Magda como una moto, ella fue a por
cuerdas y ató al marido a los varales de la cama, mientras le golpeaba la cara.
Yo ayude a atarle los pies. Con otra cuerda, Magda le ató los testículos y el
pene a la altura de la base del glande. Muy fuerte. Dijo que así él, no podría
correrse mientras nos veía a nosotros follar. Ella me pidió comerme el pene de
nuevo, solo que esta vez, lo hizo sentándose sobre el marido y haciendose lamer
el coño por é. Yo creí que lo asfixiaría pues lo hizo sin cuidado ninguno.
Engullía mi polla, mientras me sujetaba los testículos, a veces, con bastante
fuerza.

-"Cuidado con mis huevos, que yo no soy tu marido". Dije
amenazante, medio en broma medio en serio.

-"Mmmm. Y si no tengo cuidado, que me harás?".

-"Te puedo dar de hostias, o correazos"

-"Te gusta castigar, cariño?"

-"Si alguien lo merece… Y mis cojones es un buen motivo".

-"Me gustaria verte castigar". Y dicho esto me apretó los
huevos. Lancé un grito. Le pegué una hostia en la cara, con todas mis fuerzas.

-"Uff si que das duro. Pero no más en la cara. Pero te dejaré
me des en el culo". Se levantó, abrió el armario y saco una fusta de fino cuero.
Volvió a la cama, y me preguntó. "Me merezco 20 latigazos… pero, no me los
darás todos. Me darás 10 a mi y los otros 10 a Roberto". Dicho esto, se puso a
cuatro patas, y me indicó empezar con su castigo. Empecé suave, pero fui
incrementando la fuerza. De los 10 dados, al menos los 5 ultimos, dejaron una
marca rojiza en sus nalgas. Ella sintió y se quejó por cada golpe, pero aguantó.
Luego me hizo golpear con la fusta, el pecho, costillas, y vientre de su marido.
Ella, jaleaba cada golpe. Insultaba al marido, y me acariciaba a mi. Cuando
terminé me tumbó en la cama, me puso un condom, se sentó sobre mi, y presa de
una lujuria incontenible cabalgo durante muchos minutos. Se frotaba el clítoris
con dureza, se pellizcaba los pezones o se tiraba del cabello. Muchas veces,
mientras cabalgaba sobre mi miembro, golpeaba al marido que lo tenía al lado. Se
corrió en una forma salvaje antes de que lo hiciera yo.

Comprobado que no habia eyaculado, me retiró el condom, y me
la comió con verdadera pasión. Pocos minutos después, no pude controlar por más
tiempo las sacudidas de mi pene y estallé en su boca. Ella trago mucho, pero no
todo. Recogió parte de la leche en su mano, y la puso en el pecho del marido.
Tras ello, desató el pene del marido, lo acarició, lo lamió, y cuando lo puso
bien erecto, se sentó sobre él, esta vez de espaldas a él. Se meneó con
destreza, haciendo gala de su agilidad y sus magnificas piernas musculadas. Creo
que ella y Roberto se corrieron a la vez, aunque ella con menos algarabía de la
emitida conmigo 10 o 15 minutos antes. Tras ello se retiró, se puso de pie sobre
su marido, y a la altura de donde dejo mi semen, apretando su coño, dejo caer el
que había recibido de él. Después se agacho junto a él, lo beso, y juntando las
dos corridas con su dedos, empezó a llevarle el semen de ambos a su boca.
Conforme ella llevaba los dedos llenos de semen, él los limpiaba con su boca.
Eso me excitó sobremanera. Así que me pegue a ella por detrás, y de lado,
acostados ambos… le introduje mi correoso pene.

Estuvimos hasta el amanecer haciendo el amor, antes de caer
rendidos. Os diré que me corrí otra vez más, hasta un total de 3. Igual que
Roberto. ¿Ella? Calculo que no menos de 8 veces. Jamás había visto una mujer tan
viciosa, tan depravada, tan sorprendente, tal y como me demostró en sucesivos
encuentros. Ella fue la que incitó en mi, esa parte que todos llevamos dentro,
tan salvaje y libertina, por la que hoy me distingo en mis relaciones. Por eso
la odio y la admiro. El otro día la ví en la calle mirando escaparates, como
cualquier mujer normal. Nada decía, que esa profesora de inglés, era lo más
caliente que podía encontrarse. Seguro que además de su marido, seguía
coleccionando amantes. Después de cortar nuestros encuentros, y cambiar de
oficina, dejé voluntariamente de tener contacto con ellos. Y pese a que estuve
tentado de acercarme por detrás y saludarla, no lo hice. No es bueno abusar del
destino, aunque, ante ellos ya me había salido bien una vez….

FIN.

 

Resumen del relato:
    Un contacto de intercambio de material fotografico, dio paso a uno real… alucinante!.

Mi prima Marta

Mi prima Marta (1)

Esta historia que os voy a contar, me ha
ocurrido hace un mes.

Me llamo Miguel, tengo 26 años, y soy de Madrid. Justo antes del puente
de la Constitución, mi prima Marta, vino a Madrid a recoger unos certificados.
Nosotros íbamos a ir a pasar el fin de semana a la casa que tenemos en
el campo donde ella vive y así aprovechaba y la llevábamos nosotros.

Ella tiene 22 años, no es una belleza, está muy delgada, y no
tiene mucho pecho. La verdad: no es un bombón.
Como digo, tenía que recoger unos certificados, y yo tenía que
ir al banco, así que convenimos en que mis padres iban el viernes con
mi mujer y yo iba el sábado con ella.

Como yo salía tarde de trabajar, le dije que dormiría en casa
de mis padres y así aprovechábamos mejor el tiempo.

Llegué a casa sobre las 9 y me fui derecho a dar una ducha. En ese momento
sonó el teléfono móvil, y mi prima lo cogió. Era
mi jefe que necesitaba un número de teléfono de un cliente. Yo
estaba en el baño desnudo y me puse la toalla que había cogido
que por cierto, era muy pequeña. Salí del baño con la toalla
puesta y busqué en la agenda el numerito. En ese momento se me cayó
la toalla quedándome desnudo ante mi prima mientras le daba el número
a mi jefe. Yo no dije nada, cogí la toalla y me la puse como pude, pero
mi prima puso una cara de alucine.

No sé que pasó en ese momento por mi cabeza, y quizás para
romper el hielo dije:
-¿No has visto nunca a un hombre desnudo?
Ella contestó tajante:
-No.

Y como yo no sabía que decir le espeté:
-Bueno, y que te parece?
-Pues casi no me ha dado tiempo a ver casi nada.

Y no sé por qué lo hice. Me quité la toalla quedándome
en pelotas delante de una tía de 22 años que además es
mi prima.

La cara que puso era un poema, así que yo le dije:
-Ahora que opinión tienes?
-No está mal, pero ¿no es un poco pequeña?
Yo nunca he presumido de tener una polla grande. En estado de reposo medirá
unos 10 cms. y erecta unos 15. Tengo el pubis afeitado dejando sólo un
poco de vello encima del pene, pues nos gusta así tanto a mí como
a mi mujer. Ella lo lleva afeitado y es genial.

Yo le dije:
-Para qué voy a tenerla más grande, si con lo que tengo me vale.

-Ya pero yo creía que estaba más tiesa y no colgando.

Me eché a reír; yo no sabía a qué jugaba ella, así
que le espeté:
-Tú no sabes que "esto" se empalma?
-Nunca he visto una, así que no lo sé. (Ella no tiene hermanos
varones, pero la verdad es que parecía muy cortita)
-Bueno, si quieres ver la mía la pongo a tono y ya está.

Y me suelta:
-Venga, vale.

Yo ya estaba en un punto en que no sabía si vestirme, si me estaba tomando
el pelo, si me vacilaba o qué, pero me estaba poniendo a cien. En eso
que empieza a levantárseme un poco y ella salta diciendo:
-Hala!!!, se está poniendo grande.

-No niña, todavía no.

-Venga sigue.

-A ver que te crees tú. Necesito algo de emoción para que se me
ponga dura. Yo estoy en pelotas delante de una tía pero eso no vale
Yo también estaba jugando.

-Que quieres que haga?
-Quieres tocármela?
Se acercó y me la cogió como si fuese a romperla. Le dije como
tenía que cogerla, y empezó a hacerme una semipaja, pues me la
doblaba y me hacia daño.

le dije:
-¿Ahora que te parece?
-Esto es otra cosa.

Nos ha jodido, la tenía a tope como para no ser otra cosa.

Le dije:
-Tú también te podrías desnudar.

Pareció un resorte, se quitó el pijama que llevaba puesto en nada
de tiempo sin decir nada. No tenía mucho pecho pero los pezones estaban
a tope. Y las braguitas blancas que tenía puesta dejaban entrever una
mata de pelo que sobresalía por los lados.

-Pero te tienes que quedar en bolas.

Titubeó un poco, pero se quitó el sujetador despacio dejando al
descubierto unas tetitas pequeñas pero muy bonitas, y se bajó
las braguitas apareciendo esa mata de pelo que ya había visto.

Mi polla estaba a 100, yo a mil, y mi prima a 2.000. Parecía una posesa
dándola a mi polla. La hice parar, y le dije que ahora me tocaba a mí.

La tumbé en el sofá, empecé a sobarle las tetas, y a besárselas,
y bajé hasta el bosque. le abrí las piernas, separé el
pelo, y empecé a chuparle su conejito. Estaba empapado, sabía
riquísimo y estaba sin usar.

-Tienes mucho pelo. Esto hay que arreglarlo para que lo pases mejor.

No dijo nada. Fui al baño, cogí una maquinilla desechable de mi
padre, espuma, una toalla y empecé a afeitarla. Me encanta hacerlo. Creo
que alguna vez me voy a correr de ver el conejo de una tía así.
Al cabo de un rato se lo había dejado con un poquito de pelo en el pubis,
y el resto lo tenía sonrosado. fuimos al baño, se lavó,
y le dije:
-Ahora te vas a correr enseguida.

empecé a chuparle el conejo y ella empezó a gemir de placer. Me
puse encima y le acerqué mi polla a su boca y no hizo falta decir nada.
Se la metió y empezó a hacerme una mamada de escándalo.
Al cabo de un momento yo ya no aguanté más. Me corrí dentro
de su boca, y ella hizo un par de gestos pero siguió chupando. Ella se
había corrido por lo menos 10 veces. Yo estaba empapado de sus flujos
y entonces paramos.

Tenía la cara desencajada pero estaba contenta.

-¿Qué te ha parecido?
-Que pasada. Tío, te has corrido y casi me atraganto.

-Pero te lo has tragado. Te ha gustado?
-Bueno, sí. Es raro.

-Ahora qué hacemos.

-Qué sigue después de esto?
-Pues echarte un polvo.

La conversación era de lo más raro que me ha pasado nunca. Y las
respuestas no digo, yo estaba alucinado por la situación, y más
cuando ella me suelta:
-pues a qué esperamos?, esto me gusta.

Y dicho y hecho, me agarró la polla con las manos y empezó a chuparmerla
otra vez, hasta que se me puso dura. La agarré, la tumbé en la
toalla que estaba en el suelo, y empecé a metérsela con un poco
de miedo. Entró, ella gimió, no sé si de gusto o de dolor,
y empujé hasta el final. Como se retorcía….qué caras
ponía. Yo casi no llego ni a 2 minutos, y tuve que sacarla. Me corrí
y todo le cayó en las tetas y la cara. No recuerdo cuánto hacía
que no tenía una corrida de esa magnitud y eso que era la segunda.

Después de eso, nos quedamos tumbados boca arriba, y me dice que quiere
más. Yo le digo que tiene que esperar un poco a que me recupere pero
empieza a sobarme y le digo:
-Tu lo has querido.

La puse con el culo en pompa y empecé a sobarle el coño. Se retorcía
de placer. Luego le metí un dedo en el culo y dio un pequeño salto.
La sujeté y empecé a menearlo. Acabé metiéndole
dos dedos en cada agujero y cada vez que los sacaba parecía la boca del
Metro. En ese momento, me agarró la polla y empezó a pajeármela.
Enseguida se me puso dura, me levanté y se la metí por el coño,
y a continuación por el culito. Se quejó, y se la volví
a meter despacio. Ya no se quejaba, así que la metía por un lado
y por el otro. ¡Que agujeros!. Como yo no quería correrme dentro
de ella para evitar malos rollos, me concentré en el culo hasta que descargué
todo lo que tenía. Estábamos extasiados y llenos de sudor. Miré
la hora y llevábamos 3 horas y media follando. Estábamos rendidos.
Nos duchamos tocándonos bien y nos acostamos juntos para dormir.
Al día siguiente, ella estaba muy seria. Le pregunté que qué
pasaba y me dijo que había estado follando con su primo que además
estaba casado. Le dije que no era una cosa normal, pero que habíamos
disfrutado y que por mí era nuestro secreto. Me dijo que ella no quería
que nadie lo supiese, y por la cuenta que me traía a mí tampoco.

La volveré a ver en Semana Santa y ya
veremos, pero desde entonces follo más con mi mujer y no se me quita
de la cabeza.

Un abrazo.

Miguel

 

Resumen del relato:
    Miguel y su prima pasaran un buen rato juntos.

La bruja

La bruja (5)

Cuando me enteré de que la
chica con la que me había acostado, amiga íntima de mi novia,
era una bruja, no supe cómo reaccionar; me dio miedo, terror, y
ese miedo pudo más que mi amor, así que, craso error, amenacé
con descubrirla, delatarla, aunque no sabía bien a quién.

Estábamos en su casa, acabábamos
de hacer el amor, y sus profundos ojos negros me estaban mirando fijamente
cuando yo estaba de los nervios; su cuerpo desnudo sobre la cama, su melena
negra azabache desparramada por la almohada, sus pechos erguidos y desafiantes,
todo hacía que perdiera la cabeza por ella, pero estaba tan asustado
que no me paré a pensar en lo que estaba diciendo.

Entonces, mientras me estaba vistiendo,
Esther se concentró, me miró, apuntó su dedito hacia
mí, y antes de que me pudiera dar cuenta, me encontraba dentro de
una jaula de un tamaño que apenas me mantenía encogido. Me
revolví, gesticulé, grité, pero solo provoqué
que ella volviera a apuntar su dedo, y me vi rápidamente fuertemente
atado y amordazado. Me explicó que la única forma de controlarme
es cuando estuviésemos juntos, a escasos metros, por lo cual ya
nunca se separaría de mí, por mucho que yo protestase; ya
podía ir olvidándome de todo, de mi novia, de mi familia,
de mis estudios, de mi vida, y que a partir de ese día solo viviría
por servirla, adorarla y darle placer. La verdad es que estaba en sus manos,
ya que con un movimiento de su dedo podía hacer de mí lo
que quisiese; me había puesto una mordaza en un instante, a lo mismo
que las ataduras, y la jaula, algo más grande no le había
costado ni un segundo.

La jaula desapareció en un
visto y no visto, y mi mordaza desapareció también; fui levantado
por una fuerza desconocida, levitado unos centímetros y acercado
a la cama donde Esther estaba echada, desnuda y acariciándose el
sexo. Mi cabeza fue llevada hacia su entrepierna, y aunque yo quería
girarla, aquella fuerza me lo impedía, con lo que mi cara quedó
perfectamente encajada. Entonces, aunque seguía mi cuerpo elevado
en el aire, la fuerza que me mantenía la cabeza desapareció,
pero sin un momento para relajarme, las manos de Esther me la cogieron
y la apretaron contra su sexo ávido de placer.

Mi nariz se enterró en el
bien recortado monte de Venus, mientras mis labios se pegaban como una
ventosa a sus labios vaginales, pero mi lengua se negó a dar el
placer que la bruja buscaba. Agarrándome por los pabellones auditivos,
aplastó más mi cara en su coño, instándome
a que le proporcionara lo que buscaba, pero como yo me negaba, conjuró
una nueva treta; yo sentí como si una lengua saliese de su propio
coño, se enroscara a mi lengua y la atrajese hacia el interior de
la gruta. Cuando mi lengua entró en su coño, la extraña
forma que me la tenía atrapada la guió hacia las zonas que
excitaban a Esther, así que le hice una mamada dirigida que le llevó
rápidamente al placer. Se corrió abundantemente, en mi boca,
e incluso la forma que tenía atrapada mi lengua introdujo sus flujos
en mi boca, empujándolos hacia mi garganta a medida que emanaban,
obligándome a tragarlos. Una vez satisfecha, soltó mi cabeza
y con su dedo me envió, a un metro de altura del suelo, a un rincón
de la habitación. Volvió a amordazarme. Se pasó un
buen rato pensando, cavilando, caminando de un lado a otro de la estancia,
meditabunda, mirándome de vez en cuando, una veces con ternura,
otras con curiosidad; finalmente se paró delante mío y me
dijo que le había estado dando vueltas a cómo me iba a tener
siempre cerca, ya que para tenerme siempre el control sobre mi debía
estar siempre a menos de dos metros de mí y encontró la mejor
solución, tanto para arreglar aquella situación como para
obtener un extra de placer durante todo el día. Me sacó de
la jaula una vez más, me mantuvo desatado, de pie, pero inmóvil,
y concentrándose, lanzó su dedo contra mí. Cuando,
lo hizo un escalofrío recorrió mi cuerpo, y al momento todo
cambió; yo podía ver la habitación, pero lo hacía
como si estuviese tumbado en el suelo. Veía el techo, pero me sentía
el cuerpo extraño, siguiendo en la inmovilidad en la que antes estaba.

Esther se acercó a mí,
la vi agacharse y agarrarme. ¿Podía subirme como si fuera
un folio? Entonces pensé en qué me había convertido,
y para que tuviera plena consciencia de mi situación, me llevó
hasta un espejo. No, no podía ser, no podía creérmelo;
Esther, sosteniendo en sus manos, mostraba al espejo unas braguitas de
algodón blanco, del tipo pantaloncito corto, aparentemente normal,
pero que yo supe que era yo mismo. Ya no tenía dudas de que estaba
completamente en sus manos, que no tenía escapatoria, y de que nadie
en el mundo sabría nunca de mi paradero. La bruja entonces se dispuso
a ponerse las braguitas; yo noté como si abarcara sus piernas con
mis brazos, y sentí cómo sus muslos se deslizaban por mis
biceps, acercándose su culo más y más a mi cara. Cuando
las tuvo puestas, sentía mi nariz entre sus nalgas, con la punta
apoyada en su botón rosado, mis ojos cegados por los glúteos
y mi boca pegada a su sexo. No era una sensación de dolor sino de
bienestar, cosa de la que me sorprendí; acaso una cierta sensación
de ahogo, no, no de ahogo, sino de algo que me llenaba, como una máscara.
Cuando empezó a caminar sentía sus nalgas sobando mi cara
y sus labios vaginales restregarse en mi boca, pero tampoco era una mala
sensación.

Pero cuando se sentó todo
cambió; mi cara se vio aplastada con una fuerza inusitada, mi nariz
a punto de explotar apretada contra su ano, y mi boca quedando totalmente
introducida entre los labios de su sexo. De aquella forma no podía
ni respirar, la cabeza a reventar y mi vida en sus manos, o mejor dicho,
en su culo. Traté en vano de buscar una posición más
cómoda, pero, ¿cómo hacerlo siendo una braguita inerte?.
Entonces oí la voz de Esther; ¡me estaba hablando con la mente!.
Me decía cómo me encontraba así, y le dije, no sé
cómo, que me ahogaba. Entonces noté como todo mi ser se introducía
entre sus nalgas; lo que en realidad estaba haciendo es que se metía
las bragas por el culo, oprimiendo todo mi cuerpo entre sus glúteos,
pero de esa manera encontraba un resquicio para respirar, aunque la sensación
de agobio y presión persistían.

Conseguí decirle mentalmente
que así ya podía respirar, con lo cual se reclinó
en el sofá en el que estaba sentada y cogió el teléfono;
fue entonces cuando su plan destrozó por completo mi vida. Llamó
a mi novia Marisa, y no sé cómo, cuando empezó a hablar
era mi voz la que salía de su garganta; yo me alarmé, quise
impedirlo, pero, ¿cómo hacerlo?. No había manera de
evitar que Esther hiciese lo que le diese la gana, así que traté
de llorar cuando oía cómo la bruja le decía a Marisa,
con mi voz, como si fuese yo, que ya no volvería a verme, que me
había enamorado de una extranjera y que desaparecería para
siempre de la ciudad y de su vida. Esther pudo notar cómo sus flamantes
braguitas humanas se mojaban, debido a mis lágrimas, y eso la excitó.

Esther notó algo que nunca
había sentido; a pesar de que sus poderes la habían acompañado
toda la vida, no había tenido la necesidad de usarlos para su provecho,
pero al pararse a pensarlo, únicamente lo sentía conmigo.
Decidió que seguiría su vida normal, pero con un pequeño
cambio en su placer.

Se reclinó cómodamente
en el sofá, se estiró la braguita, o sea, a mí, de
manera que mi nariz quedaba justo entre sus labios vaginales, y comenzó
a acariciarse, empujando mi nariz dentro de su coño, excitándose
y mojándose. Mi boca quedaba libre para poder respirar, pero mi
nariz se llenaba de jugos, y cuando se corrió, mi cara quedó
empapada.

Una vez saciada se dedicó
a hacer pruebas conmigo; se quitó las braguitas y las dejó
sobre una mesa; primero me convirtió en jarrón, y al echarme
agua me sentí totalmente mojado, pero introdujo dos rosas por la
boca, haciéndolo a la vez en mi culo. Me sentía humillado,
mojado y penetrado. Luego me convirtió en vela, que al encenderla
me llenaba el cuerpo de cera, en lámpara que me quemaba todo el
cuerpo y en consolador, que al introducírselo en su coño
todo mi cuerpo quedó dentro de ella.

Después me convirtió
en sofá, y justo cuando lo iba a probar, llamaron a la puerta; era
Marisa, desecha en un mar de lágrimas. Esther la acompañó
y se sentaron en el sofá (yo); el culo de mi novia quedó
sobre mi cara y Esther se acomodó en mi estómago. Mi novia
le contó la conversación que ella creía haber tenido
conmigo y su amiga la escuchó con atención, como si no supiese
nada del tema.

A continuación sucedió
algo que me llenó de rabia, aunque me excitó también;
Esther comenzó a acariciar a Marisa, susurrándole palabras
de cariño al oído, dándole pequeños besos en
el cuello, y mi novia se dejó llevar, sin duda afectada por el duro
golpe que acababa de sufrir. Así que se relajó y se entregó
a las caricias de su amiga, retozando con ella, deleitándose con
largos morreos y magreos de tetas; eso sí, era Esther la que llevaba
la iniciativa, y Marisa se dejaba hacer, pero noté como la braguita
de mi novia se mojaba a marchas forzadas, así como el coño
de Esther, ahora desnudo.

Cuando finalmente llegaron a su
placer, Marisa le confesó a su amiga que se había sentido
muy bien, que le daba las gracias, pero que sentía confusa, que
necesitaba pensar. Su amiga se quedó con una sonrisa en los labios,
satisfecha de su manipulación en nuestras vidas, pero quería
hacer a Marisa suya, sin contarle nunca lo que había hecho conmigo.
Volvió a convertirme en braguitas y se acostó.

A la mañana siguiente se
despertó pronto, para ir a clase; yo estaba dolorido, cansado, y
aunque había pensado en que todo era un sueño, pronto salí
de mi error. Al levantarse, lo primero que hizo fue ir al aseo, y se sentó
en la taza sin quitarme de su cuerpo; comenzó a mear y toda la orina
fue a para a mi garganta, sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo. Me
ahogaba, mi garganta esta a punto de estallar, y además ella tiraba
de su braguita, metiéndome dentro de su coño, con lo cual,
si no es porque la meada no fue muy larga, hubiera muerto.

Se metió en la ducha y fue
entonces cuando se deshizo de mí; cuando estaba en el suelo de la
bañera, me convirtió en una persona normal, aunque atado,
y estuvo duchándome durante un rato, sentada sobre mi pecho, frotando
mi cara con una esponja, y es que me aseguró que la mayor parte
de mi vida la iba a pasar pegada a su culo, aunque, si me portaba bien,
podría tener algunos privilegios.

Me puso a prueba; tras la ducha,
y mientras se vestía, me dejó en mi forma natural y me mandó
a prepararle el desayuno; me dio la espalda y se metió en el cuarto,
dejándome en la duda de salir corriendo o doblegarme a ella. Lo
mejor sería seguirle el juego, y esperar a que se confiara en su
dominio, no fuese que fallara en la primera ocasión y endureciese
mi esclavitud.

Le preparé el café
y cuando apareció en el salón estaba a medio vestir; llevaba
puesto el pantalón y la blusa, pero ésta abierta, mostrando
sus pechos. Me dijo que me pusiera a cuatro patas y se sentó sobre
mi lomo, y mientras desayunaba me contaba las ventajas de entregarme totalmente
a ella. Si así lo hacía, podría seguir disfrutando
de Marisa, ya que estaba segura de hacerla suya. Aguanté.

Una vez dispuesta, me convirtió
esta vez en sujetador, y me colocó en su pecho; yo sentía
sus dos tetas en mis manos, y mi cara entre ambas. Cuando me abrochó,
mi cara se aplastó contra su pecho, terminó de abrocharse
su blusa y salió de casa para ir a clase. Mientras caminaba, sus
pechos se movía y balanceaban al ritmo del paso, y mis manos no
podían sostener aquellos volúmenes que además estrujaban
mi cabeza entre ellos.

La mañana se pasó
entre clase y clase, y la mayor parte del tiempo estuve dormitando entre
sus senos, solamente sobresaltado cuando, entre clases, ella se levantaba,
salía al pasillo, fumaba un pitillo o iba al aseo.

Por la tarde, después de
comer, momento en el cual me había devuelto mi forma y le serví
la comida, nos fuimos de paseo, de compras, y el resto de la tarde la pasó
estudiando, y yo, un rato humano haciendo su colada, limpiando la casa,
un rato como consolador, alojado en su interior, luchando por poder respirar.

Pasaron tres días hasta que
volví a ver a Marisa; habían quedado aquella noche de viernes
para salir y bailar un ratito. Esther me llevaba de braguitas, así
que de entrada no pude verla. La bruja debía estar bastante contenta
conmigo, porque se dirigió al aseo, me quitó de su cuerpo
y me convirtió en un librito de bolsillo muy fino. Cuando regresó
al lado de Marisa, me mostró como algo que se había encontrado
en el aseo; fue cuando pude contemplar el rostro de mi amada, aunque nada
podía decirle, y le pidió que se lo guardara, ya que Marisa
llevaba pantalones. Mi novia me metió en uno de sus bolsillos traseros
y quedé aplastado entre su nalga y la tela del pantalón;
a pesar de estar tan incómodo, sobre todo cuando se sentó
un rato y me aplastó completamente, un sentir de felicidad me llenó
por estar cerca suyo.

Cuando se despidieron Esther le
pidió el librito a mi novia, y cuando llegamos a casa mi bruja me
sonrió con benevolencia, diciéndome que si en todo la obedecía
y me portaba bien podría disfrutar de muchas veladas en manos de
Marisa.

La vida transcurrió de esa
manera varias semanas, y hacía ya una que Esther había propuesto
a mi novia irse a vivir con ella. Pero aún debía pasar una
prueba bastante dura; un día se trajo a un amigo a casa para follárselo,
y tras los preparativos y juegos, él fue a penetrarla; entonces
Esther abrió el cajón donde yo estaba en forma de condón.
Me puso en la polla de su amante, y a la vez pude sentir como esa polla
me entraba por el culo y por la boca al unísono, rellenándome
como a un pavo por Navidad. Entonces agarró por las caderas a Esther,
apretó y yo me metí dentro de la bruja una vez más,
pero enculado y con la boca llena; el espacio era mucho más limitado,
ya que todo mi cuerpo quedaba entre la polla del amante y las paredes vaginales
del coño de mi dueña.

Cuando se corrió, por supuesto
toda la leche penetró tanto en mi culo como en mi boca, y cuando
la polla se encogió, yo lo hice como una pasa; mi terror acudió
cuando el hombre se fue al aseo, se quitó el condón y lo
tiró al water. Meó sobre él (yo) y se dispuso a tirar
de la cadena en el momento en que aparecía Esther y le dijo que
no lo hiciera, porque estaba rota, que ya lo recogería ella todo
por la mañana. Una vez que el hombre se fue de la casa, mi dueña
me rescató medio ahogado, me devolvió la forma humana pero
me dejó atado y lleno de semen y orina, metiéndome debajo
de la cama.

Dos días después mi
novia, aunque ya no podía llamarla así, apareció en
casa de Esther con su equipaje, dispuesta a quedarse a vivir allí,
y aceptando la relación con la bruja; mientras Marisa colocaba sus
cosas en el armario, Esther se/me quitó las bragas y me convirtió
en consolador, dejándome encima de la mesilla para más tarde.
No tardaron mucho en retozar sobre la cama, ya que Esther agarró
a Marisa por la cintura y la arrastró sobre el colchón. Cuando
se abrazaron en la cama, yo estaba encima de la mesilla, erguido, contemplando
como Esther acariciaba el sexo rasurado de mi novia mientras le mordisqueaba
los pezones; la pasión se desbordaba por los límites de la
cama, el calor subía hacia el techo en forma de nube condensada
y los sexos y bocas era volcanes en plena erupción.

Ahora era Marisa la que se encontraba
sentada a horcajadas sobre Esther, restregando su coño sobre las
tetas de su amiga mientras ésta, acariciándole el culito,
le comía las tetas sin parar, recorriendo toda la extensión
de los globos con su lengua, mordiendo levemente sus pezones. El coño
de mi novia era un hervidero de vapores, de jugos, de placer, y Esther,
notando ese placer sobre su propio pecho, la apartó a un lado, la
tendió boca arriba en el lecho, abrió sus piernas y, poniéndose
entre ellas, le prodigó una lamida que parecía que iba a
terminar con su vida.

Cuando la bruja me cogió
de la mesilla sentí como si unas enormes manos asieran todo mi cuerpo
a la vez, y aunque ella no presionara lo más mínimo sobre
el supuesto ser inanimado, yo sentí una presión bastante
fuerte. Mi novia ya estaba a cuatro patas sobre la cama, con su culo en
pompa y su sexo ofrecido al invasor que le iba a llevar al séptimo
cielo. Esther se dirigió a mi, diciéndome que me portara
bien, y acto seguido me apoyó sobre el coño de Marisa, presionó
levemente y mi cuerpo se fue adentrando en la gruta del sexo de Marisa.

La sensación de entrar allí
me impresionó fuertemente, era como si me metiera en una de esas
tripas de los monstruos que vemos en la tele, pero aquello era real; hacía
calor, mucho calor, todo estaba húmedo y la estrechez del cubículo
me hacía apretarme contra mi mismo. Mi posición era la de
firmes, con las manos pegadas al cuerpo, y como siempre, sin poder moverme,
y cada vez que Esther me introducía y sacaba del coño de
mi propia novia, mi cara, mi pecho, mis piernas, todo mi ser se rozaba
con las paredes vaginales de mi Marisa.

Estuvieron un buen rato así,
y cuando me sacó medio ahogado, se giró Esther, dejando derrotada
a Marisa, y me conjuró para convertirme en arnés, con la
misma disposición que antes, pero con correas. Se colocó
detrás de mi novia y la poseyó durante largo rato, haciéndome
penetrar en su coño, y a mi manera, me hacía a la idea de
que yo mismo le hacía el amor.

A partir de entonces casi nunca
volví a tener la forma humana, pero sí tenía una u
otra forma según el humor de mi dueña; cuando me quería
premiar me convertía en consolador o en braguitas, que algunas veces
se ponía Marisa, pero cuando no me portaba bien, me convertía
en taza de wáter, en condón o en zapato. Ellas vivieron juntas
por un tiempo, y cuando se separaron, nunca más volví a ver
a Marisa.

 

Resumen del relato:
    Enrollarse con una bruja puede traer complicaciones cuando además ésta tiene muchos poderes y mucho carácter.

Las 4 rosas (23)

Las 4 rosas (23) (11)

Blanche se pregunto cual seria la
mision del negrito junto a ella si el servicio estaba asegurado por las
negras?

Pero no tardo en descubrir su utilidad.
Cuando Hanna tomaba un bocado que no la apetecia especialmente o la costaba
trabajo tragar, lo escupia al suelo de donde era recogido directamente
por el negrito con la boca, sin tocarlo con las manos.

A Blanche la hizo gracia la idea
y se mostro generosa con su machito. Escupio muchas veces tan solo por
sentir el placer de ver a un negro comerse lo que ella escupia.

Finalizada la comida Hanna sugirio
a Blanche que fueran a recorrer los calabozos de la casa. Habia algo que
queria enseñarla.

Tras bajar una empinada escalera
de caracol que las hundio en las entrañas de la tierra Hanna ordeno
abrir una de las celdas. Era un habitaculo reducido excavado en la roca
sin nada que permitiera ni la mas minima entrada de luz ni comunicacion
con el exterior que no fuera a traves de la pesada y fuerte puerta.

Iluminadas solo por las antorchas
de las negras que las acompañaban, Blanche pudo descubrir a una
negra retenida a la roca por fuertes cadenas.

Colgaba de los brazos, pero hubiera
podido apoyar ambos pies en el suelo sino hubiera sido porque un rudimentario
pero eficaz mecanismo lo impedia.

Una corta cadena unia ambos pies
a traves de una argolla dispuesta como a medio metro del suelo.

De esta manera la negra estaba obligada
a estar apoyada sobre un solo pie. Cierto que podia cambiar de vez en cuando
pero no podia apoyar los dos al mismo tiempo.

Cuando entraron, la joven negra
tenia la cabeza caida sobre el pecho y no hizo ningun movimiento que indicara
que se habia dado cuenta de la presencia de su ama.

Hanna debio sentirse molesta por
la falta de cortesia de la negra y tomando una fusta, descargo sendos golpes
en los indefensos pechos de la negra que chillo durante un rato como una
endemoniada.

Hanna espero a que terminara de
chillar antes de decir.

– Supongo que te encuentras muy
sola?.

– Si ama. Contesto la negra todavia
con el rostro deformado por el dolor.

No te preocupes, te he traido compañia.

Por unos instantes los ojos de la
hembra brillaron al mirar hacia Blanche. Supuso que era la compañia
de la que su ama hablaba pero esto no contribuyo en absoluto a calmar a
la negra. Era evidente que desconfiaba de las intenciones con que su ama
pudiera proporcionarla la compañia de una joven blanca.

– Ama, la juro que no volvera a
ocurrir.

– Puedes estar segura de que no
volvera a ocurrir.

El tono de las palabras de Hanna
aclaro a Blanche que estaba decidida a acabar con la negra.

Te decia que te he traido compañia.
No te gustaria saber a quien he traido para que te acompañe?.

La negra no contesto, perecia intuir
en las palabras de su ama una nueva señal de peligro.

– Dame la jaula, ordeno a una de
las negras que las acompañaban.

Blanche se habia preguntado varias
veces que contendria aquel bulto que la negra habia tomado por orden de
su ama, pero que mantenia continuamente separada como si repeliera el contacto.

A la luz de las antorchas la negra
retiro el paño que lo cubria dejando al descubierto un monton de
ratas.

– No ama, no. Imploro la negrita
agitando las cadenas que la retenian.

– Si zorra, si. Grito a su vez Hanna.
Son ratas, asquerosas y famelicas ratas que te comeran poco a poco tan
pronto como las suelte.

Dos docenas de ratas que hace mucho
que no han comido y que seguramente encontraran exquisitas tus deliciosas
carnes.

Pensar que eras una de mis preferidas.
Pero no, no tenias bastante con la comoda vida y el placer que tu ama te
proporcionaba, tuviste que escoger ente yo y los machos y te inclinaste
hacia ellos. Ahora tu y ellos vais a pagar vuestras culpas.

– No ama, fueron ellos, me violaron.

– Mientes zorra asquerosa. Grito
Hanna volviendo a aporrear los pechos de la negra.

Sin mas, Hanna pidio a Blanche que
saliera de la celda y ordeno a una de las negras que abriera la jaula de
las ratas.

Esta, una vez cumplida la orden
de su ama salio de la celda lo mas rapidamente que pudo y cerro tras si
de un rapido portazo.

Tras la solida hoja de madera Blanche
pudo oir los gritos de desesperacion y terror de la hembra sumida de nuevo
en la oscuridad y posiblemente viendo el verdoso brillo de los ojos de
las ratas dispuestas a atacarla.

Hanna no se dejo impresionar por
los gritos y despues de escuchar un rato con una sonrisa maligna en el
rostro dio por concluida la estancia en tan tetricos y desagradables lugares.

Blanche se pregunto si Morceb estaria
encerrado tambien en alguno de los calabozos ante cuyas puertas pasaron
en el camino de regreso a la escalera que habia de conducirlas de nuevo
a las zonas nobles de la casa.

Se dio cuenta que deseaba la muerte
de Morceb, la de Morceb o la de cualquier negro, sus deseos eran producidos
en parte para demostrar a Hanna que era capaz de destruir a un negro, a
un magnifico macho por un motivo nimio. Pero en realidad lo que deseaba
era disfrutar con el placer de producir dolor. Era algo con lo que habia
soñado muchas veces pero que jamas habia hecho. Siempre que habia
matado a un negro lo habia hecho teniendo motivos suficientes para hacerlo,
por disciplina, por venganza, por seguridad,incluso por dinero, pero nunca
por capricho.

Ahora estaba en situacion de poder
hacerlo y lo iba a hacer, sabia que tambien a Hanna la gustaria la idea,
sabia que ella tambien disfrutaba torturando a los negros y no era cuestion
de desperdiciar la ocasion.

– Que piensas hacer ahora ?. Pregunto
Blanche.

– Pensaba en tomar un baño
y despues que nos fueramos a la cama. Dijo Hanna volviendo a tomar la actitud
conquistadora de un hombre.

– Me parece muy bien pero antes
me gustaria empezar a ajustar las cuentas a Morceb.

– El negro ?. Pregunto Hanna sin
identificar al macho por su nombre.

– Si, el negro.

– Tienes alguna idea de lo que le
quieres hacer?.

– No, pero ya se me ocurrira algo,
ademas cuento con tu inestimable ayuda.

Hanna sonrio durante unos instantes.
Despues dijo. Puedes estar segura de que colaborare gustosa en lo que quieras
pero antes dejame que durante unos minutos te deje sola, debo satisfacer
algunas necesidades, despues de comer me siento muy pesada y debo aliviarme.

– Hace rato que siento la misma
sensacion que tu, te iba a pedir que me indicaras donde podia aislarme
un momento.

Blanche vio que Hanna dudaba unos
instantes antes de preguntar.

– Te gustaria que lo hicieramos
juntas ?.

Blanche no entendio lo que queria
decir Hanna, suponia que a nadie le resulta agradable ser visto en tal
situacion ni oler los "perfumes" de los demas, pero imagino que
cuando Hanna lo sugeria debia ser por alguna razon especial. Era posible
a su distinguida amiga la gustaran semejantes exquisiteces ?.

– Por mi no hay ningun inconveniente.

– Es que veras, supongo que me habras
oido decirle a esa maldita negra que ella y los dos negros con que mantenia
relaciones iban a pagar su falta ?.

– Si, lo he oido.

Ya has visto que ella sera comida
lentamente por las ratas pero ellos moriran comiendo mierda. No comeran
otra cosa hasta que mueran. Blanche rio ante la originalidad del castigo
a que Hanna queria someter a los negros.

– Y como piensas obligarles a comerla?.
Pregunto pensando que no era tarea facil hacer que los negros comieran
los excrementos sin que lo vomitaran despues.

Ven, veras que facil.

Tardaron poco en recorrer un corto
y amplio pasillo antes de entrar en un cuartito que habia sido habilitado
como retrete.

Tumbado en el suelo boca arriba
estaba un negro retenido por las cuerdas que partian de cuatro argollas
empotradas en el suelo.

La cabeza del negro desaparecia
en un estrecho y alto recipiente de madera cuyo fondo ocupaba.

Encima del recipiente habia lo que
parecia un comodo asiento perforado por un amplio agujero.

Blanche comprendio rapidamente el
sencillo mecanismo. Bastaba con sentarse en el asiento, dejar que las materias
de deshecho salieran del cuerpo para que fueran a caer directamente sobre
el rostro del negro obstruyendole la boca y la nariz. El macho debia optar
entre asfixiarse, o comer lo que se le hubiera arrojado encima.

Ademas debia tener buen cuidado
para no devolver porque en tal caso debia volver a reingerir todo.

– Tu primero Blanche. sugirio Hanna,
yo puedo esperar.

Blanche no se hizo rogar. Con cierto
morbo imagino lo que deberia sentir el negro al oir la conversacion, al
notar los preparativos. Sintio un cierto placer sabiendo que en unos instantes
pondria sus zonas mas intimas descaradamente al alcance de su vista. Que
sentiria el negro cuando le cayeran en el rostro semejantes inmundicias?

Momentos antes de sentarse miro
al fondo del recipiente. Era evidente que ya habia sido usado pero no debia
llevar alli mas que un dia o dos.

Mientras se retiraba la braga hizo
una rapida inspeccion ocular sin que se la escapara la avidez con que Hanna
seguia sus movimientos y buscaba recrear su vista en las zonas intimas
que Blanche descubria para realizar la operacion.

Se sentia satisfecha de ver la excitacion
que sus actos producian en su amiga. La gustaba sentir que era capaz de
provocar en una mujer los mismos deseos que en un hombre.

Una vez sentada dejo que su vejiga
se vaciara en un ininterrumpido y fuerte chorro que caia sobre el rostro
del esclavo. Despues comenzo a defecar. Fue un proceso lento y placentero,
no tenia ninguna prisa en acabar las reservas que contenia su intestino.
Hanna se acerco decidida y con suma delicadeza introdujo las manos bajo
las ropas de Blanche comenzando a juguetear con sus pechos.

La sensacion era tan agradable y
excitante como lo hubiera podido ser con un hombre y lo fue mucho mas cuando
Hanna comenzo a besarla apasionadamente en los labios.

La atencion de Blanche se dispersaba
entre las deliciosas caricias que Hanna la proporcionaba y el saber que
bajo ella alguien debia esforzarse en comer sus excrementos para no morir
de asfixia.

Era evidente que su amiga no se
sentia molesta por el fuerte olor que emanaba de la materia que lentamente
abandonaba su intestino.

Los minutos pasaron lentos y deliciosos
antes de que Hanna viniera a ocupar su puesto y liberara su intestino de
los abundantes excrementos que retenia.

La operacion fue salpicada por retumbantes
sonidos que tenian origen en las olorosas masas de gases que abandonaban
el intestino de su amiga mezcladas con las materias fecales. Hanna aprovecha
cada nuevo ruido para pisotear al macho hasta que los ruidos desaparecian
acallados por sus gritos de dolor.

No fue necesario que Blanche volviera
a mirar en el apestoso recipiente, sabia que el rostro del negro habia
quedado cubierto por los excrementos salvo en la zona de la boca por la
que habia tragado cuanto habia caido a su alcance.

– No te quejaras negro. Dijo Hanna
mientras se ponia en pie. Hoy la comida tiene doble alimento y ademas ha
sido mas variada.

Blanche estallo en carcajadas por
la ocurrencia de su amiga antes de decir.

– Debe ser espantoso morir comiendo
mierda.

– Si, afirmo Hanna, debe ser espantoso,
pero antes de que muera sus ojos se pudriran, la mierda criara gusanos,
y los gusanos se los comeran.

Blanche descubrio entonces que el
esclavo no moriria solo de repugnancia, el tormento a que Hanna lo sometia
era mucho mas refinado, seguramente tambien los gusanos se formarian en
el interior del cuerpo del negro y lo irian devorando poco a poco antes
de que muriera.

Las dos jovenes abandonaron el escusado
riendo mientras Hanna encaminaba sus pasos de nuevo hacia la escalera que
conducia a los sotanos y calabozos de la casa. Blanche no pregunto. Sabia
que su amiga la llevaba al lugar donde debia encontrarse encerrado Morceb.

Pasaron por delante de la puerta
donde estaba encerrada la hembra con las ratas. Desgarradores gritos de
terror y posiblemente tambien de dolor atravesaban la dura y fuerte puerta
ante la que Hanna se detuvo en momento a escuchar.

Despues reanudo su flexible caminar
con una sonrisa cruel en los labios.

Las negras que las acompañaban
se encargaban de iluminar el tortuoso subterraneo con antorchas y lamparas.

No tardaron mucho en penetrar en
una amplia estancia en la que Blanche pudo descubrir a Morceb acuclillado
en una angosta y baja jaula de gruesos barrotes de hierro.

– Perdon ama, perdon, imploro el
negro nada mas verla. Sin duda estaba impresionado y asustado al ver los
distintos instrumentos de tortura que ocupaban la estancia y los que estaban
alineados en varias hileras en las paredes.

– No habra perdon para ti a no ser
que me obedezcas sin dudar en todo cuanto queramos mandarte.

– Si ama, hare todo lo me ordene.
Gimoteo el negro asustado como un animalito.

– En primer lugar vas a salir de
la jaula y tumbado boca arriba me vas a limpiar el culo con la lengua.
Acabo de cagar y lo tengo sucio.

– Si ama, hare lo que mande.

Tan pronto como una negra abrio
los candados de la jaula Morceb salio de ella tumbandose como su ama le
habia ordenado.

– Tu primero. Sugirio Blanche a
Hanna pensando que no habia lugar a tener escrupulos de una joven que la
habia cedido el turno en su propio escusado.

Hanna no se hizo rogar y acuclillandose
sobre el rostro de Morceb dejo que este cumpliera prolongadamente con su
labor higienica. Despues Blanche ocupo el puesto de su amiga gozando de
las delicadas y suculentas caricias del negro que retiraba a lametazos
los restos de excrementos que habian quedado adheridos en los escasos cabellos
que rodeaban el ano.

Continuara…

Datos del autor/a:

 

Resumen del relato:
    Las 4 rosas (23)…

En el teatro, y con Roberto

En el teatro, y con Roberto (10)

¿Qué tal estáis? Me llamo Pedro, tengo 17 años recién
cumplidos y soy gay. Hasta hace poco tenía novia, pero yo ya sabía que me
excitaban los hombres.

La primera experiencia que tuve fue muy bonita, excitante y
me proporcionó un gran, gran placer… Y esa será la que pase a relatar, la cual
ocurrió no hace mucho, en abril, pues yo cumplo los años en julio.

Durante varios meses en el instituto habíamos empezado a
preparar una obra de teatro, muy divertida, en la que yo protagonizaba a un
capitán pirata. En el reparto estábamos cuatro chicas y cuatro chicos, y uno de
ellos era Roberto.

Roberto tenía 16 años, le gusta el rap y en la obra salía
como bailarín de rap. Le gusta hacer tatuajes e ir de excursión en bici por el
campo como más tarde fui descubriendo.

El caso es que un día, en el Teatro Principal, a Roberto,
Ernesto y a mí nos dieron plantón, pues era viernes, día de ensayo, pero llamó
al móvil Julio, el profesor de Educación física, el cual se encargaba de los
ensayos, diciendo que ese día tenía una reunión en el instituto, y que si no nos
importaba mañana por la mañana acudiésemos al Teatro porque esa tarde le era
imposible ir.

Un poco decepcionados, aceptamos, y cuando Ernesto se iba
Roberto propuso que practicásemos por nuestra cuenta, pues entre bambalinas
podíamos estar.

Ernesto no se animó, y se despidió hasta el día siguiente,
pero Roberto y yo sí que nos metimos.

Allí ni siquiera empezamos a actuar, pues me dijo que si me
hacía un tatuaje con tinta china, y le dije que perfecto.

Fue entonces cuando empezó lo que para mí fue más excitante.

Me quité la camiseta, y cuando Rober me cogió el brazo,
empezó diciendo que vaya músculos, que como se notaba que hacía pesas. En
realidad yo tan solo hacía pesas y flexiones día sí día no, ese era todo el
ejercicio que hacía, pero se me notaba en los brazos.

Empezó pues ha hacerme el tatuaje, un dragón que estaba
chulísimo. Terminó pronto, y como era pequeño me propuso hacerme uno en la
espalda.

Mientras lo hacía, y como con ese tardaba más, había veces
que descansaba, que me hacía cosquillas, y me tocaba el culo de broma, dicienco
“ay, que te voy a dar, mamón, estate quieto”.

Al cabo de unos minutos más, estuvo terminado, y le pregunté
si él tenía alguno. Me dijo que sí, y que como no había nadie más me podía
enseñar uno que tenía en el culo.

Fue cuando me di cuenta de que Rober era en realidad bastante
guepo… Sí, era bastante atractivo. Se quitó la camiseta y vi que el también
hacía pesas, no se notaba mucho, pero era ancho de hombros. Era moreno y
completamente lampiño el pecho. Y siempre con esa sonrisa…

Mientras se desabotonaba los vaqueros para mi sonrojo, empezó
a soltarse y a decirme cosas que a mí personalmente me ponen, como por ejemplo
comentar que tenía ya bastantes pelillos en el ombligo, que entonces tendría que
tener un cipote peludo, que tendría el culo peludo también…


Yo me lo afeito, mira –y se bajó los calzoncillos, sin
darme tiempo a ver su parte delantera y dándose la vuelta.

¿Te lo afeitas? Yo no, y mira, me gusta más el mío –dije,
y lanzado yo me bajé la parte de atrás de los pantalones y de los
calzoncillos.

Mmm, ¿te puedo hacer un tatuaje ahí?

Pero, ¿cómo me los vas ha hacer ahí? No, no… –y nos
reímos.

Pero aun en la penumbra, a Rober se le distinguía su
cipote. Estaba medio erecto.

Tío, Rober, súbete los pantalones ya.

¿Por qué? –preguntó sentándose y mirando su manubrio. Lo
descapulló y enseguida comenzó a crecer entre sus manos. Era moreno y era lo
único que no se afeitaba, estaba claro.

Mi polla, encerrada, se disparó. Estaba muy excitado… ¿Se
daría cuenta?

Venga, hagámonos una paja. Qué te parece –me miraba con
una sonrisa pícara e invitadora.

Bueno…

Pues vamos, bájate los pantalones. Si seguro que ya la
tienes tiesa.

Yo me reí, y me los bajé cuado vi que el pene de Rober
medía más o menos lo que el mío, unos 15 cm de largo. Y me creció más cuando
Rober se acercó y terminó de bajarme los pantalones y los calzoncillos.
Entonces se repantigó y empezó a subir y bajar la piel del glande, muy
despacio, y mirándome para que yo lo viera con total claridad…

Yo hice lo mismo, y al cabo de poco empecé a gemir. Solo se
me ocurrió cerrar una vez los ojos y aprovechó Roberto para coger mi chorizo,
resbaladizo por el líquido que yo había extendido, y sin importale si pringó
la mano pero empezó a hacerme una paja.

A la vez podrías hacérmela a mí, no la dejes solita…


Sonreía pícaramente y cogí la primera poya ajena en mi vida
para dar una paja tan buena: ambos con las piernas abiertas, muy cerca y
enfrente el uno del otro, yo recibía su respiración y veía cómo intentaba carme
placer… La verdad es que la paja es un arte, y Rober lo hacía muy bien, pues
era como si supiese cuando parar, cuando seguir, cuando apretar.

Y así, sin más ni más, de repente se abalanzó y empezó a
chupármela.

De la sorpresa se la solté, y cuando sentí lo caliente que
estaba su boca, su lengua tan dinámica, me dejé hacer. Me eché sobre su espalda,
dejándole hueco en la entrepierna para su trabajo, y le masajeaba su culo, que
lo tenía también caliente y empezaba a sudar.

-Mmmm, vuelve a mover la cadera, métemela en la boca, muy
profunda… ¡Eso es ¡ Otra vez, sí, sin miedo que yo trago…

-Tío, me voy a correr…

Entonces paró y me dijo:

-No, antes mama tú –y echándose para atrás me enseñó aquel
mástil con dos bolas negras bajo él… Era unexperto, se lo dije, pero la verdad
es que en aquel instante me apeteció meterme en la boca aquel par de cojones
pelados.

-Eso, llámalos como quieras, cocos, pelotas, juevos –me decía
medio tumbado y disfrutando- Ohhh, lo haces de puta madre, con perdón, je je
je…

Aquella primera vez me estaba encantando. Pero cuando me
propuse hacer el 69, tampoco dudé. No sé si él era virgen, pero hacía lo posible
por perfeccionar las posturas… Me sentía un poco guarro por babear y chupar
aquella parte tan íntima de mi amigo, pero me gustaba, ma gustaba con locura.


Y… ahora, si not e importa… a cuatro patas, ponte a
cuatro patas.


Un vuelco me dio en el corazón, y me replanteé si debía
seguir con eso. ¡Estaba demostrando mi homosexualidad! Y ahora prentedía,
quería… por mi culo… No sabía cuánto dolía, pero mucho, seguro…


Tranquilo, no te haré daño –me sonrió; se le veía
inteligente y dispuesto- Hoy tan solo la punta –y se la tocó, aún bañada en
mi saliva.

Quiero seguir chupando…

No, el chupachups para después. Además, lo que te haga yo
me lo haces tú. Tenemos que hacer los dos lo mismo, ¿vale?

Bueno, pero ahora no la metas toda, por favor te lo
pido…


Y sin asco ninguno me metió su dedo impregnado en saliva en
mi agujerito, tan peludo, cerrado y caliente. Me dijo que le comiese un poco la
punta del cipote, y así lo hice, para darle la espalda de nuevo y dejarme
penetrar…

Todo fue bien, pues ese día solo me penetró con su gordo
glande. Me separó los glúteos y fue rápido. Conmigo fue igual, solo que yo le
metí un poco más.


¡¡Ah!! –gritó y apretó los dientes- Veo que te gusta
jugar con ventaja… –pero rió y me volvió a mirar con esos ojos, viéndolo
yo tan atractivo…


Después acabamos tumbados, yo encima de él, con las poyas aún
erectas, y nos frotamos… Yo froté mi cara sobre sus abdominales, su pecho
duro, y cuello… Y no me atreví a acercarme más a su cara, por si me besaba. No
estaba preparado…

Y al final, como no nos habíamos corrido, aunque parecía que
hubiese sufrido tres orgasmos seguidos, nos cogimos las poyas a la vez y
diciéndonos cosas, íntimas algunas, obscenas otras, incluso románticas,
eyaculamos.

Yo me guardé su semen, que había quedado sobre mi vello
púbico, el cual no limpié subiéndome los calzoncillos sin más.

Salimos de entre bambalinas al escenario y ya bajamos al
patio de butacas para salir a la calle.

Aun una vez más me tocó Rober el culo, y con la mano antes de
salir nos volvimos a refrotar los paquetes, mirándonos y riendo. Fue la primera
vez que me sentí excitado y erecto justo después de una eyaculación, a pesar del
cansancio…

Por la calle aún se notaban los bultos en la entrepierna.
Siempre son tan llamativos…

Más días nos vimos, unas veces para el teatro y sus ensayos,
otras en su casa. Y esas tardes en su casa, se pasaban volando…

Para la próxima vez, tengo preparado otro cuentecillo. Hasta
entonces, os espero a todos vosotros, actores…

Y si queréis, espero que sí, os responderé a vuestros e-mails
en POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Etnre bambalinas ocurren anécdotas, hechos graciosos, se pasa mucho tiempo… Pero si además es un día a solas con un amigo, puede ser mucho mejor… Se lo recomiendo.

La compra

La compra (28)

Como cada sábado por la mañana,
mi marido y yo fuimos a hacer la compra semanal a un gran supermercado, se agotan
las existencias y tenemos que cargar para el resto de la semana.
Hacía un día espléndido, despejado con un sol radiante
y bastante calor, así que decidí ponerme un ligero vestido estampado
y unas zapatillas blancas.

Entramos en el centro y empezamos a recorrer
los pasillos con el fin de coger todo aquello que nos faltaba en casa, verduras,
legumbres, leche, refrescos, etc. En uno de los pasillos estaban reponiendo
arroz y pasta, lo hacía un muchacho joven, de unos 18 o 19 años,
alto y fuerte, moreno de cabello y tez, ojos claros, muy guapo, las niñas
que iban con sus madres no paraban de contonearse por delate intentando captar
la atención de aquel joven, la mayoría de las veces sin éxito.

Después de un carro lleno de enseres
y víveres, mi marido y yo fuimos a la cafetería, a tomar un merecido
café como premio a nuestra hazaña semanal. Yo no me quitaba de
la cabeza a aquel joven, cogiendo cajas a pulso, mientras se le marcaban sus
músculos del brazo a causa del esfuerzo físico, y decidí
probar una nueva aventura. Le dije a mi marido:

-Cariño, me he dejado el arroz, ve pidiéndome
que ahora vuelvo.
-Bien.

Volví a entrar al comercio, con ánimo
de encontrarme al muchacho y allí estaba, seguía reponiendo las
enormes estanterías, me acerqué a él y con voz sensual,
casi susurrando le pregunté por una marca de arroz muy concreta, que
es difícil de encontrar en una gran superficie, él me miró
un tanto sorprendido y con sus
ojos recorrió mi cuerpo de arriba a bajo, y con una amplia sonrisa me
dijo:

-Un momento, voy a mirar si hay dentro.

Le seguí hasta las puertas del almacén,
y mirando a mi entorno para ver si nos observaba alguien, le di un empujón
y lo metí hacia dentro; su carita de adolescente adoptó un gesto
adulto y perverso que adivinaba que sabía que yo no buscaba solo el arroz.
Me cogió del brazo y me llevó hasta un montón de cajas
de madera, que habían amontonadas de manera que detrás de ellas
quedaba un acogedor espacio, suficiente para poder llevar a cabo nuestras lascivas
intenciones.

Me acerqué a él y le agarré
con fuerza la cabeza, como si se me fuera a escapar y le ofrecí mis labios
y mi lengua, él los besó con frenesí mientras me levantaba
el vestido y metía sus manos por debajo de mis bragas, me agarraba el
culo con fuerza y me apretaba hacia su cuerpo. Con el roce yo notaba como debajo
de sus pantalones había crecido notablemente su bulto mientras le iba
desabrochando los botones de su camisa para poder acariciar y chupar aquel torso
joven y fuerte. El bajaba su lengua por mi cuello mientras me abría el
vestido y sacaba mis tetas del sujetador, las apretaba con fuerza y con su lengua
deleitaba mis pezones, ya tiesos y duros, apuntando firmemente hacia su boca
pidiendo ser lamidos. Yo le desabroché el pantalón y saque una
hermosa verga, grande y dura como una estaca, no pude evitar bajar mi boca de
golpe para poder saborear un capullo rosado y brillante mirándome insolentemente,
lo rozaba con la lengua mientras mis labios lo apretaban suavemente dándole
un masaje placentero. En pocos segundo la tenía en lo más profundo
de mi garganta, de manera que con la lengua podía chupar todo lo largo
y ancho de su polla, él me agarraba del pelo y ayudaba a mover mi cabeza
para poder comerme mejor aquel manjar, me saqué la estaca de mi boca
y soltó un chorro de leche caliente y dulce que impregnó toda
mi cara.
Sin perder ni un minuto de nuestro precioso tiempo, se agachó y colocó
su cara ante mi coño, ya húmedo y a punto de caramelo, me bajó
las bragas de un tirón y con los dedos me abrió los labios para
así introducir su lengua y lamer mi clítoris, de manera casi salvaje,
lo chupaba y lo succionaba a la par que me metía sus dedos por el culo,
mmm que gusto me estaba dando aquel niñato, yo me agarraba las tetas
y me las sobaba, me las apretaba y estiraba mis pezones como si me los quisiera
arrancar, en un respingo de placer saboreó mi chocho hasta la saciedad.
Se levantó y me dio la vuelta, de manera que quedé a inclinada
y apoyada sobre los codos en una de las cajas de madera que allí había,
me abrió el culo y lo lamió como lo había hecho antes con
mi coño, cogió su nabo con las manos y lo introdujo en mi culo,
suave y despacio, hasta el fondo en un mete y saca que me hacía agonizar
de placer, le pedí que me follara también por el coño y
así lo hizo, sacó su estaca de mi ano y la metió en mi
chochito mojado, este se la tragó como si de una barra de chocolate se
tratara, me folló con la fuerza de un toro hasta soltar la última
gota de leche dentro de mi. Cuando sacó su polla, el líquido me
chorreaba piernas abajo, se agachó y con la mano lo restregaba por mis
muslos hacia arriba para untar mi suave coñito rasurado.

Después de componernos y limpiarnos
un poco, salimos del almacén, me ofreció un paquete de arroz de
una marca que no había visto en mi vida, pero ya me valía, pagué
y me acerqué a mi marido para tomar aquel café, ya frío.
El me preguntó:

-Dónde has estado tanto tiempo?
-Es que el chico ha ido a almacén a buscar a ver si había y al
final lo ha encontrado, pero se ha tirado un buen rato.
-Bueno, te pido otro café?
-Si, lo necesito.

Y le besé dulcemente.

 

Resumen del relato:
    Se hecha un polvo espectacular con el muchacho del gran almacen, mientras su marido compra.

El reencuentro (5)

El reencuentro (5) (8)

El reencuentro (Parte 5)

Seis meses después, el hotel estaba funcionando con
normalidad.

Una cuadrilla de operarios había realizado las reformas
proyectadas, se había renovado en parte el personal, y habíamos reinaugurado con
bombos y platillos cambiándole el nombre anterior por "La posada de los
horneros".

Cabe acotar que el hornero es un ave común en la cuenca del
Plata y el sur de Brasil donde se le llama Joao-do-barro. Un ave discretamente
marrón, trabajadora …y monógama. Se destaca por construir en parejas su
refugio con barro y ramitas dándole la forma redondeada de un horno de pan
rural. Claro que en la jerga popular, "hornero" alude al sexo homosexual, porque
se dice que esa avecita tiene siempre el pico sucio de barro. Este detalle un
tanto chusco nos fascinaba, porque era un secreto revelado a voces sin que nadie
pudiese censurar ya que el lugar estaba densamente poblado de estas aves
constructoras.

En ese tiempo, mi padre fue y regresó, cerrando
definitivamente su vida en Australia, yo me desennovié de Paula, aprendí los
detalles de mi nueva actividad, hice relaciones públicas, intensifiqué mi
contacto con la gente del pueblo y sobre todo me uní aún más a mi padre. Este
era una permanente fuente de sorpresas en todos los aspectos; en lo laboral
demostraba a cada instante su idoneidad y en la actividad privada desarrollada
en la habitación 23 era indudablemente un maestro que rápidamente iba siendo
alcanzado por su atento alumno.

 

Hicimos mucha propaganda en Buenos Aires y los fines de
semana teníamos un lleno casi total. El restaurante se transformó totalmente
gracias a una cuadrilla de cocina que mi padre contrató para impulsar esa
función antiguamente descuidada, y habíamos sido en muy poco tiempo compensados
con un flujo considerable de passants que se desviaban o venían directamente a
comprobar las bondades de nuestra cocina internacional.

Todo marchaba sobre ruedas, éramos absolutamente felices. Mi
madre, siempre celosa de mi recuperada relación con mi padre, aún sin sospechar
sus entretelones, estaba complacida de mi desempeño y se alegraba de verme más
maduro, con proyectos a corto, mediano y largo plazo y en posesión de un trabajo
que era evidente me encantaba. Hasta fue capaz de felicitar a mi padre por mis
cambios pese a no tener idea cabal de todos ellos.

La Posada de los horneros fue poco a poco convirtiéndose en
un lugar obligado y selecto para aquellos que gustasen un descanso pleno en un
medio rural con todas las comodidades del confort o tan solo comer muy bien con
excelentes vinos de la región y adyacencias. Cuando cumplimos nuestro primer año
mi padre me avisó que habiendo superado sus cálculos más optimistas, los
contenidos de mis dos cofres bancarios habían mejorado de status; y no se
trataba de un regalo sino de dividendos conseguidos por mi propio esfuerzo y
contracción al trabajo, lo que me enorgulleció mucho más, si cabe.

Siempre con la idea de un campo, quiso que me interiorizara
sobre la producción de quesos para lo que me sorprendió con una docena de
manuales técnicos con la esperanza de entusiasmarme. "Podremos producir nuestros
propios quesos al viejo estilo, y además distribuirlos- añadió- ahora que está
tan de moda el queso de cabra no vendría mal ampliar nuestra entrada
fabricándolos en forma casi artesanal y vender un producto cuidado y saludable".
"Déjate de pamplinas- repliqué- que la única leche que me mueve de interés es la
de mi viejo cabrón" Mi padre rió divertido con mi comentario pero insistió: "Es
que ya tengo planes para esto. La semana que viene estaremos en camino para ver
unas tierras en la sierra y tenemos que dar la oportunidad a la gente nueva de
probar su valía sin el ojo atento de los patrones. Por otra parte, la leche de
este viejo cabrón no está a la venta, es únicamente para nuestro consumo
personal"- respondió haciendo gala de su inteligente y rápido sentido del humor.

La semana pasó en la actividad de costumbre, quedando todo
listo para delegar en nuestra gente el trabajo. Teníamos una convención de
odontólogos que haría un lleno de lunes a jueves en la posada y Alicia, la ex
secretaria del escribano Bosetti ya jubilado era la nueva encargada de
administración, llevándola con una ejemplar eficiencia. Todo estaba bajo
control, pues.

El domingo siguiente, víspera de nuestro viaje a la sierra,
como todo estaba marchando sin contratiempos nos retiramos a nuestro "nido" para
arreglar las maletas, hacer los llamados telefónicos de rigor y entregarnos a
nuestros juegos predilectos. Creo que esa proximidad de aventura que se
avecinaba unida al recuerdo de que había sido así la forma como comenzamos a
conectarnos integralmente con mi padre produjo un aceleramiento increíble de
nuestras hormonas. Terminada la revisación de facturas, los telefonemas y
clausuradas las maletas con lo indispensable, nos dedicamos de lleno a seguir
entreabriendo las puertas de nuestra desenfrenada pasión filial…Un cadencioso
ir y venir de placer de él a mí, de mí a él nos permitió descubrir que ya pasada
la novedad siempre quedaba algún resquicio para explorar.

El amanecer nos sorprendió casi sin dormir, exhaustos y
sudorosos, ebrios de la entrega de nuestros cuerpos y mentes. Nos duchamos al
mismo tiempo, como de costumbre, recuperando bajo el agua la lucidez y los
restos de energía que aun quedaban para volver a perderlos ante la urgente
necesidad de sentirnos uno del otro envueltos en el abrazo resbaloso de la
espuma fragante del jabón. No podría describir de otro modo la sensual
experiencia de los olores, sabores y texturas que el agua en vez de apagar
descubría como si nada fuese capaz de tener término jamás. Nos secamos, vestimos
y dirigimos al comedor para bebernos un café en un comedor que recién daba
alguna señal de despertar.

Chela, una mucama que habitaba en el pueblo y debía haber
comenzado su turno un poco antes nos trajo unas rodajas de pan recién horneado
para mojar, como dos chiquillos maleducados, en la espuma abundante del café con
leche. Tomamos nuestro sencillo desayuno y recorrimos con la mirada mientras
salíamos hacia el coche el amplio panorama de nuestra casa. La posada estaba
despertando, lentamente, en pequeños ruidos cotidianos entremezclados con el
rumor incesante y creciente de los pájaros. Uno de los botones ya había cargado
el equipaje y nos estaba deseando un buen viaje y rápido regreso. Mi padre al
volante, yo a su lado, cruzamos nuestros cinturones de seguridad y nos
internamos en la cinta gris de la ruta rumbo a las sierras del Departamento de
Lavalleja.

 

Casi tres horas después, en el empalme de dos rutas, mi padre
que es un conductor excepcional no pudo evitar –tal vez debido al cansancio, tal
vez un momentáneo error de reflejos, que el enorme camión con troncos que nos
rozara a surecha nos terminara arrojando a la banquina. Descontrolado, nuestro
vehículo se dirigió directo a uno de los eucaliptos del costado de la carretera
angosta, del que lo último que recuerdo es la textura grisácea y desharrapada de
su tronco a pocos milímetros de mis ojos."

 

 

La mujer enjuta y rubia, de voz cansina y neutra hizo un
esfuerzo para recuperarse ante la atención del grupo. Era una habiatación
recargada de muebles, todos ellos pasados de moda, con unas seis o siete
personas ante una mesa redonda. Todos escuchaban atónitos el fin del relato que
la mujer terminaba de efectuar para ellos, todos miembros de un grupo
espiritista llamado "Un nuevo amanecer".

-Gloria- dijo uno de ellos, de mediana edad- qué desgraciado
fin el de esos dos hombres en medio de una carretera luego de poco tiempo de su
reencuentro. Realmente me conmueve y me alegra que haya podido lograr contacto.

-Es que desafiaban las leyes de Dios- lanzó con un siseo como
de ofidio una mujer gorda con aspecto de beata fanática.

-Hermanos- señaló la medium a quien habían llamado Gloria- no
juzguen para no ser juzgados. Por alguna razón este joven y su padre desde el
Más Allá nos entregaron su testimonio, y tal vez pueda ser de alguna utilidad
para alguien. Recordemos que el trabajo nuestro es comunicar, no tomar partido
sea a favor o en contra de aquello que nuestros hermanos desencarnadosnos
confían.

-Tiene razón, hermana Gloria- añadió una señora de cabello
entrecano- con la vara que uno mide será a su vez medido, lo dice el
Evangelio…

El grupo en un recatado silencio se levantó con parsimonia
para dirigirse a otra mesa, ésta con bocadillos y refrescos mientras Gloria
levantaba el interruptor de la luz disipando la penumbra y el recuerdo de la
narración que el "hermanito desencarnado" les transmitiera utilizando su seco
cuerpo.

-Oremos por esas almitas, por su descanso- propuso– Y
recuerden poner alguna limosnita en el canasto de las ofrendas…porque
necesitan mucho trabajo de caridad cristiana.

 

Resumen del relato:
    El destino tantas veces conjurado se hace presente y decide el fin de esta historia de amor filial…