Mi fantastica novia
Publicado por el Wednesday, March 11th, 2009 a las 12:00 am
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Me llamo Oscar y vivo en Vigo. Tengo 26 años y desde hace
cuatro salgo con una chica, Estefanía, que ahora cumplirá 24 años. Estefanía
mide 1´70, pesa 55Kg es morena y tiene unas curvas que causan sensación. Tiene
unos pechos grandes y redondos pero lo mejor son sus largas piernas rematadas en
un culito saliente y respingón. Ella es consciente de las pasiones que despierta
entre los hombres y le gusta que la deseen y la miren. Tanto es así que a la muy
golfilla le encanta ponerse minifaldas ultracortas y ropitas ceñidas y muy
escotadas. Como digo, los tíos, allá por donde vamos, no hacen más que mirarla
con ojos obscenos. Seguro que más de uno se ha pajeado pensando en como se la
follaba o como mi novia les mamaba sus pollas hasta que ellos se corrían en sus
gordas tetas y en su boquita golosa. Estoy seguro de que piensan cosas así…
Sin embargo yo creía que estas cosas se quedarían en meras fantasías. Pero no
fue así. La cosa fue a más.
Una noche, durante el verano pasado, salimos de copas con los amigos pero, al
llegar las 2 o las 3 de la mañana nos quedamos solos Estefanía y yo en un pub
abarrotado de gente. Ella vestía como siempre: una minifalda corta y ceñida para
así marcar bien su culito y ensañar sus piernas morenas y una camisita- top que
se anudaba a la cintura mostrando de esta forma su vientre moreno y un escote
por el que sobresalían sus dos pechitos, también muy morenos pues, como os
podéis imaginar, mi novia es de esas que les gusta tomar el sol en la playa sólo
con un tanguita. El caso es que nos encontrábamos dentro del pub y a nuestro
lado había dos chicos, jóvenes pero de cerca de 30 años. Los dos iban muy bien
vestidos y hablaban con acento de fuera. Como es fácil imaginar no le quitaban
el ojo de encima a Estefanía que, notándose el centro de admiración, bailaba
conmigo, cada vez, de una manera más provocativa. La muy zorrita, al moverse, no
se daba cuenta de que su minifalda se le estaba subiendo, incluso tanto que se
le adivinaba el contorno de su culito. Los tíos debían estar como motos y me
consta que Estefanía se estaba dando cuenta. De repente, Estefanía paró de
bailar y me dijo al oído que se iba al baño. Yo mientras me quedé sólo, apoyado
en la barra pero pegado a los dos guapitos. Uno de ellos, bastante más alto que
yo, se me acercó y me dijo:
- Vaya novia que tienes, amigo. Consérvala bien porque está muy buena y hay
mucho tiburón suelto.
- Tranquilo que ya es mayorcita y sabrá lo que hace- le contesté.
- Sí pero de las mujeres nunca hay que fiarse, y menos cuando están
borrachas…- me dijo el otro, más bajo que su amigo pero más o menos de mi
altura, sobre 1m 80.
En ese preciso instante apareció ella. Me miró y al verme hablando con esos dos
tíos pensó lo mismo que yo, sé que lo pensó porque se lo noté en su mirada. Esta
era la típica escena que a mí me gustaba describir en nuestras fantasías. Ella
se muere de gusto mientras la follo, ella encima, y al tiempo que toco su
agujerito trasero con mis dedos, le cuento historias en las que ellas se
comporta como una auténtica golfa, llegando, incluso, a acostarse con dos o tres
tíos a la vez. Por todos esto sé que ella se mojó, se calentó al verme charlar
con esos dos tipos que, la verdad, eran altos y apuestos. Se llamaban Martín y
Carlos. Martín era el más alto de los dos, 1´90 y el tío pesaría más de 90 Kg.
No es que estuviese gordo sino que, aunque corpulento, se le veía ancho y bien
formado. El otro, Carlos, se parecía más a mí. Era aproximadamente de mi peso y
estatura. Como Estefanía y yo nos quedamos callados pensando los dos en los
morboso de la situación, Carlos rompió el hielo preguntando:
- Oye, amigo! ¿por qué no nos presentas a tu novia?. Y, ¡que no decaiga, que
siga bailando!
Estefanía se sonrojaba. La presenté y Martín y Carlos se cobraron sus dos
primeros besos… esta vez en las mejillas. Entonces, mientras nosotros tres
estábamos apoyados en la barra yo repetí en alto:
- ¡Venga, Estefanía, que no se diga que eres una sosa!
- Esos, eso, tu baila que nosotros te pediremos otra copa- dijo el grandullón,
Mientras Martín pedía las copas, Estefanía estaba "bailando" delante de Carlos y
de mí. ¡Cómo se movía!. Poco hubo que esperar para que Carlos, en mi presencia,
se atreviese a agarrarla por la cintura, más bien por el culo, y se pusiese a
mirar descaradamenta a su escote. Yo estaba un poco cortado pero muy excitado.
- Estefanía, acércate aquí que te está esperando tu cubata- dijo entoces Martín
salvando así a Estefanía de los brazos de Carlos. Por un momento me sentí
aliviado pero poco me duró porque nada más Estefanía se acercó a la barra,
Martín la rodeó por la espalda. ¡Qué descaro!- A pesar de haber mucha gente se
notaba como la apretujaba contra la barra. Y ella, en vez de protestar, se
retorcía de tal forma que estaba frotando su culito salido contra el paquete de
Martín. Este, por su parte, empujaba y con su mano izquierda intuí como le
sobaba el vientre y sus pechos.
- – La cosa se estaba desmadrando: Martín achuchando a Estefanía, ésta dejándose
achuchar y Carlos a la caída. Mientras tanto yo, allí, mirando como un tonto
aunque cada vez más cachondo. Por lo que respecta a Estefanía, además de dejarse
sobar, no dejaba de mirarles y susurrarles cosas al oído de las que por tanto,
no me enteraba. Martín y Carlos seguían erre que erre. Hubo un momento en que
los dos la rodearon. ¡Qué excitante!. Martín frotaba su paquete contra el culo
de Estefanía mientras que Carlos la empujaba agarrándola por delante. Estefanía
se reía y se adivinaba en sus ojos esa expresión pícara de zorrita que es ella.
En un descuido la agarré por la cintura:
- – - ¿Qué pasa?- pregunté.
- – - Prométeme que no montarás ningún numerito y que no te enfadarás. ¿Sabes lo
que me han dicho?
- – - ¿Qué?
- – - Quieren que me haga la tonta, que te diga que me lleves para casa para
después ellos venir a recogerme y llevarme no se dónde.. Oscar… me he puesto
muy cachonda con todas las cositas que me han dicho mientras bailaban conmigo…
- – - Pero, ¿a dónde quieres llegar? ¿Que quieres, tirarte a esos tíos? ¿Es eso?
- – - No…- respondió ella bajando la cabeza.
- – - ¡Cómo que no! Se valiente, esto es lo que tú y yo queríamos que pasase.
Tienes que estar decidida si lo vas a hacer… Supongo que si lo haces sabrás
cómo comportarte… ¿eh?
- – - ¿Y tú?
- – - Diles lo que hay. Voy contigo. Yo mientras voy al servicio.
- – No sabía muy bien lo que estábamos haciendo pero lo que sí era cierto es que
estaba caliente como un burro y sabía que Estefanía también lo estaba. Llegué al
baño y cuando quise mear no pude de lo empalmado que estaba. Me puse a pensar en
mi novia y en que les estaría diciendo a Martín y a Carlos. Acabé y salí
disparado a por ellos cuando Martín me paró a la puerta del baño:
- – - De acuerdo, tío. Ya veo que no eres celoso y que tienes una novia que
confía mucho en ti. La verdad es que está muy rica, ¡ya lo creo que está rica!.
¡Carlos ya se la está disfrutando, vete y verás!
- – Seguí hacia la barra inmerso en un estado de excitación en el que no me
había encontrado jamás. Cuando me estaba acercando los vi. Eran Carlos y mi
novia. Se estaban besando, qué digo besando, se estaban morreando. Ella tenía su
espalda apoyada en la barra y él tenía su rodilla entre las piernas de Estefanía
y por si fuera poco sus dos manos agarrándole el culito. Por momentos notaba
como metía sus manos por debajo de la minifalda e imaginaba lo que estaría
pensando el tío al encontrarse con sus nalgas desnudas, pues, como buena zorrita
que es, a Estefanía le gusta utilizar tangas minúsculas. Me acerqué a ellos y
les dije que parasen, que esperásemos a que viniese Martín del baño para irnos a
otro sitio. Llegó y nos dirigimos los cuatro a la salida. Más bien 3 y 1 porque
Estefanía iba delante con Carlos a un lado, Martín al otro y yo, detrás, viendo
como las manos de estos dos tíos sobaban el culo de mi novia. Al llegar a la
calle Carlos dijo:
- – - Vamos a por mi coche y después ya veremos.
- – Estaba a nuestro lado. ¡Vaya cochecito! Grande, negro, metalizado, precioso.
Mirando hacia mi y mientras achuchaba a Estefanía, Carlos me tiró un manojo de
llaves:
- – - Conduce tu que Estefanía está borracha y a lo mejor se marea- me dijo
sonriendo pícaramente.
- – - Oye, cabrón, seré yo quien vaya atrás con ella- le recriminó Martín al
darse cuenta de las intenciones de su colega.
- – - Mío es el coche y yo tendré el derecho de elegir así que Estefanía y yo
vamos juntos en la parte de atrás. Oscar y tú iréis delante y, si queréis,
podréis mirar.
- – - Oye Carlos, ¿pero quién te has creído que es mi novia?- le recriminé
asustado y nervioso al darme cuenta de que aquello se me iba de las manos. Fue
entonces cuando Estefanía, con su pícara sonrisa y en plena ebullición después
de los bailoteos de dentro del pub, me miró fijamente y me recordó:
- – - ¿Qué me dijiste dentro del pub? ¿Cómo me pediste que me comportara?-
repetía al mismo tiempo que se llevaba a Carlos de la mano en dirección al
coche.
- – Entraron los dos en la parte de atrás. Podía quedarme ahí fuera o subir.
Abrí la puerta del conductor y antes de haberme sentado ya pude ver como
Estefanía se estaba morreando con Carlos en la parte de atrás. Este no perdía el
tiempo y se dedicaba a meterle mano por encima del top y así sobarle las tetas.
Además, debido al revolcón Estefanía se retorcía en el asiento provocando esto
que se le subiese tanto la minifalda que ya se le veía la tanguita y medio culo
de fuera.
- – - ¡Qué putita es esta nena!- dijo Martín a la vista del espectáculo. Al
estar sentado en el puesto del copiloto no se cortó y le bastó estirar la mano
para acabar de subirle la minifalda a mi novia y empezar a tocar su culito
desnudo. Carlos, que en ese momento se dedicaba a desnudar y a besar los pechos
de Estefanía me dijo:
- – - Arranca chaval y tira hacia las afueras al motel Caribe donde nos
hospedamos
- – Arranqué. Estefanía, desde que entró en el coche se había limitado a dejarse
hacer y a suspirar. ¡Cómo se estaba comportando!. Nada más salir del centro, al
parar en el primer semáforo, volví a echar la vista atrás.
- – Estefanía estaba ya sin el top y con su wonderbra caído sobre los hombros de
forma que se le veían los pezones. La minifalda la tenía ya en la cintura y
debido a la minúscula tanga roja se le veía también todo el culo. No es que se
le viese el culo y las tetas, lo peor es que Carlos no paraba de chuparla y
sobarla por todo el cuerpo. Ella disfrutaba, tanto es así que poco tardó en
sentarse encima de él, con su cara mirando hacia la ventanilla trasera y
abriendo las piernas para poder notar todo el paquete de Carlos. Este le
masajeaba las dos cachas con sus manos y metía su cabeza entre sus pechos.
Estefanía suspiraba. Carlos intentaba bajarse los pantalones.
- – - Te gusta, ¿eh? bonita, te gusta notar mi polla, ¿verdad?- le decía Carlos
a mi novia- ya verás qué rica cuando me la chupes, ¿eh nena? seguro que te gusta
chupar pollas…
- – Antes de que dejase de hablar, Estefanía, borracha y "herida" en su orgullo
de putita, ya se había agachado para ayudarle a quitarse los pantalones y sin
decir palabra, le sacó con su mano la polla de dentro del calzoncillo y empezó a
chupársela como una posesa. Martín, sin perderse detalle, no dejaba de hablar y
de preguntar a su colega a cerca de cómo la chupaba, qué guarra era y cosas por
el estilo. Yo tampoco me pude reprimir:
- – - ¿Esto es lo que te gusta?, ¿verdad?, si se te nota a leguas, lo sabes,
fíjate si lo sabes que hace un par de horas no conocías a estos dos tíos y ahora
ya estás dispuesta a que te follen y a que hagan contigo lo que quieran.
Guarrilla… Me parece que hoy te vas a hartar de pollas.
- – Creo que con mis palabras aún se ponía más cachonda y aún chupaba con más
ahínco la polla de Carlos. Otro semáforo. Estaba yo asustado pensando en si
alguien nos veía cuando, de repente, Martín abre su puerta y en un instante
aparece en la parte de atrás, a la derecha de Estefanía. Me quedé de piedra. Yo
solo conduciendo como si fuese un chófer y detrás mi novia, se puede decir que
en tanga puesto que la falda y el sujetador le hacían únicamente de cinturón,
con Martín a su derecha chupándole las tetas y Carlos a su izquierda morreándola
al tiempo que mi novia le pajeaba con su mano izquierda. Martín debió sentir
envidia ya que no tardó en imitar a Carlos, se bajó los pantalones y llevó la
otra mano de Estefanía a su paquete. Ella, al notar la enormidad de su bulto,
dejó de morrear a Carlos, se encaró a Martín y sacándosela del calzoncillo le
dijo con voz inocente:
- – - ¿Quieres que le de besitos? Está muy gorda y dura y creo que te gustará…
- – Martín la agarró con fuerza a Estefanía y dirigió su cabeza hacia su polla.
Ella no pudo hacer otra cosa que tragársela, al menos lo que pudo pues toda ella
no le cabía en la boca. Carlos aprovechaba el momento y la posición de mi novia
para restregar su polla por las cachitas de Estefanía. Le estaba rondando con su
capullo todo su chochito y el ojete del culo, tanto que creo que llegó a mojarlo
en caliente aunque sin follársela como dios manda. Estaba así la cosa cuando
llegamos al hostal donde se hospedaban nuestros dos nuevos amigos. Debido a las
luces y a la gente que a esas horas aún había por las aceras les dije que se
contuviesen y que se vistiesen. Aparcamos cerca del apartamento que tenían
alquilado. Salimos del coche, los cuatro, y mientras caminábamos aproveché para
agarrar a Estefanía por la cintura y decirle:
- – - Quieres seguir hasta el final, ¿verdad? ¿Quieres subir al apartamento?
¿eh?- le preguntaba yo
- – - Oscar, si que quiero… creo que sí. Pero, hay algo que no te he contado.
- – - ¿Qué?
- – - Sabes que querían que tu me llevases a casa para después ellos recogerme,
¿verdad?. Después de hablar contigo les dije que tú vendrías…
- – - Y ellos aceptaron- interrumpí.
- – - Sí pero con una condición: tengo que dedicarme por entero a ellos
- – - ¿A qué te refieres?
- – - Conténtate con mirar como nos la follamos- dijo entonces Martín agarrando
a mi novia de un brazo y quedándosela para él y para Carlos.
- – Llegamos al portal. Por suerte no había nadie. Mientras esperábamos al
ascensor Estefanía ya sintió sus primeros achuchones en las nalgas y en las
tetas al tiempo que ellos no paraban de halagarla y de susurrarle cerdadas como:
- – - …Te lo pasarás bien… 2… ó 3… eh putita… estarás más que
ocupada… ya sabemos cómo mamas, ahora veremos como follas, y te follaremos…
¡claro que te follaremos!…
- – En el acensor ya empezaron a desnudarla, primero las tetas al aire y de
nuevo la mini ya sólo era era un trapo en su cintura. Estefanía se reía
lujuriosamente cuando uno de ellos dejaba de morrearla momento que aprovechaba
el otro para abalanzarse sobre ella para besarla y restregarse contra su
entrepierna como cuando Martín la volteó, apoyándola contra una de las paredes
del ascensor… se abre la puerta… tampoco hay nadie por la hora que es pero
imagino a los vecinos mirando por las mirillas -luces de pasillo encendidas-
como se paseaba un chica, mi novia, casi desnuda entre tres chicos y además,
entrando con ellos en la habitación…
- – Por fin pasó el mal trago. Cerramos la puerta al entrar. Encendieron las
luces. Había dos camas gemelas que, Martín, de un empujón y haciendo mucho
ruido, unió para completar una gran cama. Carlos empujó ligeramente a Estefanía
y ésta quedó tendida en la cama que al estar en la mismísima esquina de la
habitación hacía que Martín a un lado y Carlos al otro, desnudándose, apenas si
me dejaban sitio para ver como mi novia, muy diligente, se quitaba el top, se
desabrochaba el sujetador y cuando se estaba quitando la minifalda ya Carlos se
le había acercado para ayudarla y así volver a restregar su dura polla contra su
culo al tiempo que con sus dos manos manoseaba las tetas de mi novia. Martín
también se desnudó y lo primero que hizo fue agarrarla con sus potentes brazos
para frotar su cuerpo desnudo con el suyo momento que aprovechó para darle un
tremendo morreo a Estefanía.
- – - ¡Agáchate bonita! ¡Fíjate en nuestras pollas porque te vamos a follar,
putita!
- – - Venga nena, ¿A qué esperas? Chupa nuestras pollas que pronto te estaremos
taladrando para que tu novio sepa lo guarra que eres… ¿verdad que te apetece?-
decía Carlos al tiempo que mi novia, agarrando las dos pollas con sus manos,
pajeándolas, se metía la suya en la boca. Así empezó todo. Estefanía en tanga,
agachada en la cama chupando las pollas de esos dos tíos, que estaban desnudos
en frente de ella follándosela alternativamente por la boca. Pronto se
impacientaron y antes de que yo hubiese intervenido en la fiestecilla que
montaba mi novia ya estaban discutiendo a cerca de quién sería el primero en
follarla. Estefanía se había levantado y mirándome pícaramente se sacó el
tanguita para mostrar así su culito y su chochito afeitado, más bien arreglado.
Martín, con su enorme polla apuntando al cielo cogió a Estefanía por el brazo,
se tendió de espaldas en la cama para que así mi novia pudiese montarlo. Mi
novia empezó a moverse, poco a poco, pegando sus tetas contra el pecho de Martín
que no paraba de morrearla y de tocarle el culo con sus dos enormes manos.
Carlos y yo nos limitábamos a mirar y esperar. Martín se la estaba follando con
fuerza y mi novia respondía como una gatita en celo. Carlos se colocó en frente
de ella y le metió su dura polla en la boca. La escena era superexcitante, tanto
que sólo pude limitarme a ver lo que le hacían a Estefanía, que por cierto se
estaba corriendo por primera vez.. Aprovechando la explosión de Estefanía y
cuando todavía estaba jadeando montando la polla de Martín cambiaron de
posición. Carlos agarró a mi novia por las caderas y la abalanzó sobre la cama
de forma que su culito y toda la raja de su chocho afeitado quedó a su
disposición. Carlos le clavó su polla iniciando un vaivén primero lento pero con
el tiempo los envites empezaron a ser sanamente violentos de forma que Estefanía
empezó a jadear escandalosamente. Pronto sus jadeos cesaron ya que Martín la
agarró por los hombros y le acercó su enorme estaca para que se la mamase. No
podía ser de otra forma y Estefanía se corrió por segunda vez Martín y Carlos,
con sus pollas tiesas como palos (la mía también) reían y repetían obscenidades
del tipo:
- – - ¡Qué bien chupas, golfa, sigue así, trágatela toda! – ¿Te gusta que te
follen eh, putita? ¿A que te gusta cómo te follamos? – Verás cuando te follemos
el culito, verás…
- – Había llegado la hora que tanto habíamos esperado ella y yo y estaba
dispuesto a no perdérmelo. Martín lo organizó muy rápidamente. Le dijo a
Estefanía que se montase otra vez encima de él. Estefanía, en plena lujuria se
subió a su polla y dejó que Martín lo volviese a follar con su enorme estaca
además de dejar que le metiese un par de dedos en su culito. Estefanía se movía
y sentía como se le dilataba el ano. Sabía lo que le esperaba. Carlos se le
acercó por detrás y apuntó su capullo contra el ano. Entró sin dificultad pero
cuando empezaron a moverse la cosa cambió. Estefanía gritaba, sufría de gusto y
cuando estaba dudando sobre si parar aquello oí como me decía entre sollozos y
gemidos:
- – - ¡Ven, ven, Oscar, ven, me muero de gusto, ven!
- – Me acerqué desnudo y con mi polla tiesa como nunca en mi vida. Mi novia me
la empezó a chupar, más bien los empujones de Martín y Carlos conseguían que yo
me la pudiese follar por la boca. Mi novia volvío a correrse, profundamente,
intensamente, tanto como el placer que pueden proporcionar tres pollas en el
cuerpo de una mujercita de 22 años.
- – Nosotros, por sugerencia de Carlos sacamos nuestras pollas y nos pusimos
alrededor de mi novia que yacía, boca arriba en la cama. Bastaron unos meneos
para que, casi al unísono, llenásemos de leche los pechos y la cara de Estefanía
que, muy diligente, besaba nuestras pollas cuando estás ya habían soltado los
primeros y fogosos chorretones de esperma. Así terminó el juego. Esta fue la
primera experiencia de este tipo que tuvimos Estefanía y yo pero ha sido tan
satisfactoria que, ahora, siempre que follamos juntos no hacemos otra cosa que
hablar de lo que pasó y de lo que podrá pasar en un futuro.

