Juicio a un Retrasado Mental (2: Las Mellizas)
Publicado por el Wednesday, January 21st, 2009 a las 12:00 am
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Juicio a un Retrasado Mental (parte 2-Las Pequeñas Mellizas)
Las niñas eran idénticas, rubias, ojos celestes, nariz
respingada, labios sensuales, eran preciosas, Maria Emma 12 añitos de inocencia,
Maria Laura 12 añitos diabólicos.
Doña Luz terminó de contar, habían sido 50 cepilladas exactas
para cada una, el rubio pelo de la niña brillaba, miró a su hermana para
compararse pero ya Maria Emma salía de la habitación para jugar con el pequeño
gato negro. De pie frente al espejo la pequeña aprobó con una sonrisa el reflejo
de su propia imagen, pese a su corta edad ya era consiente de las miradas de los
chicos y sobretodo de los mayores, sentía como una enorme fuerza, un inmenso
poder cuando descubría las miradas lascivas de los hombres, mientras retocaba su
peinado recordaba aquella tarde, su hermana Emma dormía la siesta y ella jugaba
con una muñequita en la sala de espera del consultorio de su padre, sentada en
el sillón le hablaba a su muñeca, de reojo veía al viejo Anselmo que la
observaba sentado en el sillón de 3 cuerpos, lentamente se bajo el bretel del
vestidito y apoyo a la muñeca sobre su pecho.
Vamos hijita a tomar la leche de la teta de mamá.
Sintió al hombre removerse inquieto en el sillón y supo que
había captado toda su atención, cambió de posición a la muñeca y desnudó sus
pequeños botoncitos rozados, posando uno de ellos sobre la boca de la muñeca.
Unos segundos después la colocó dentro del cochecito y le dió unas palmaditas en
la espalda, de un bolsito sacó un crayón y como al descuido dibujó pequeñas
líneas a lo largo de sus muslos.
Dirigió una mirada angelical al anciano, mientras levantaba y
acomodaba su pollerita, era totalmente consiente del estado nervioso del hombre
y disfrutaba siendo la causante, como al descuido abría y cerraba las piernas
mientras miraba a la muñeca y entonaba una canción de cuna, de repente se
levantó.
Don Anselmo me podría atar mas fuerte la tira de mis
zapatillas?
Claro hija acércate
Levanto su pierna y la apoyo sobre la rodilla del hombre,
cuidando que en el movimiento quede a la vista su bombachita, las manos del
hombre ataban el cordón pero sus ojos observaban la entrepierna de la niña.
Gracias Don Anselmo, mire no puedo sacarme estas marquitas,
me ayuda?
Mirándolo fijamente levantó su vestidito y señaló las líneas
pintadas en el borde de sus braguitas.
El hombre tragó saliva y mirando a todos lados paso
rápidamente un dedo grande y tosco alrededor de las manchitas.
No así no saldrá, yo le mostraré, primero hay que mojar el
dedo con saliva
Y en un solo movimiento se metió el dedo en la boquita y lo
chupó delicadamente.
Sin soltarlo se lo apoyo en el muslo y comenzó a guiarlo
lentamente hacia arriba.
Así, tiene que frotar hasta que salga
Con movimientos circulares fue acercando el dedo a su
entrepierna, hasta rozar el elástico de la bombachita, el viejo sudaba a mares y
su respiración sonaba ronca, la pequeña gozaba con el contacto del dedo pero más
aun viendo la reacción que ella producía en el hombre, apretando aun más el dedo
del viejo lo guió adentro de su pantaletita y recorrió sus pequeños labios
vaginales con el calloso dedo, abrió un poco mas las piernas para sentirlo en
toda su rajita, mientras le sonreía, subía y bajaba el dedo a través de su
conchita mojada.
Basta ya Don Anselmo no me toque más que me hago pis, mire
como tengo todo mojado.
No es pis princesita son unos juguitos que le salen a las
niñas cuando se las acaricia aquí abajo, que rico olorcito que tiene tu
chuchita, mira como me chupo todos tus juguitos
La voz del anciano se hacia cada vez mas ronca, la pequeña
instintivamente supo que el hombre estaba terriblemente excitado.
Bueno me voy a despertar a mi hermana Laura y a jugar con
ella
Había tomado el lugar de su hermana, como cada vez que hacía
algo que podría traerle problemas.
La bocina del coche de su padre la sorprendió y salió de su
habitación corriendo.
Bueno niñas este joven es Juan y vivirá con nosotros durante
un tiempo.
Juan miraba a una y a otra, fruncía el seño como tratando de
entender porque veía a las dos niñas idénticas, pero lo que más lo atraía era el
pelo rubio, largo y brillante de las pequeñas, se acercó a ellas y acarició sus
cabellos como embelesado.
Maria Emma reía nerviosa y buscó la mirada de su hermana,
pero Maria Laura muy seria, imaginaba como sería tener apretada entre sus
piernas a esa mano que la acariciaba.
Cuantos años tienes Juan?
Me temo que no va a contestarte, todavía no se si es mudo o
no esta acostumbrado a hablar ni que le hablen. Bueno vamos niñas al coche que
tenemos que ir a misa, y Doña Luz por favor ubique a nuestro invitado en la
habitación de servicio.
Sin dejar de mirarlas Juan se dejó conducir mansamente por la
niñera.
Estaba decidida a volver loco de deseo al joven huésped, sin
embargo los primeros días habían sido decepcionantes, Laura había notado que
Juan seguía una estricta rutina, luego de desayunar comenzaba a trabajar muy
temprano y solo interrumpía la faena cuando le indicaban que se sentara a
almorzar, luego se dedicaba a limpiar todas las herramientas utilizadas
incluyendo un gran cuchillo de monte, parecía que era su juguete preferido, lo
afilaba y engrasaba todos los días y con mucho cuidado lo guardaba en una vieja
funda de cuero debajo de su camastro. Al caer la tarde desaparecía entre 20 a 30
minutos, solamente se escuchaba el ruido de la pequeña ducha instalada en el
cuarto que ocupaba el muchacho, finalmente ya limpio se reunía con Maria Emma y
juntos jugaban sin hablar durante horas, parecía que ella no existiera, si bien
le molestaba que su propia hermana no la buscara para jugar lo que mas odiaba
era pasar totalmente desapercibida frente al muchacho, había utilizado todos sus
trucos sin resultados.
Juan mira que piernas largas que tengo, te gusta mi nueva
bombachita blanca, toca que suave se siente, préstame tu mano que te enseño como
late de fuerte mi corazón, podrías mirar dentro de mis braguitas creo que se
metió una hormiga.
Si bien el chico hacia todo lo que le indicaba, su actitud
era indiferente y solo esperaba el momento de terminar con lo que le pedía para
seguir jugando con su hermana.
Por mas que Laura lo intentaba no podía estar jugando con
ellos mas de 5 minutos, se trataba de juegos tontos y aburridos propio de niños
chicos, ella estaba para otras cosas, estaban sentados sobre el césped cuando su
vista por primera vez se dirigió al bulto entre las piernas de Juan, súbitamente
sintió una deliciosa sensación en el vientre, tenia que tocar eso que había
debajo de los pantalones.
Esperen, vamos a jugar a las escondidas, tu Emma vas a contar
con los ojos tapados y Juan y yo nos esconderemos y debes buscarnos.
Sin esperar respuesta, tomó a Juan de la mano y salió
corriendo en dirección a los árboles del fondo, mientras su hermana comenzaba la
cuenta, Laura cambio súbitamente la dirección y arrastró al chico rumbo a su
habitación.
Ven vamos a escondernos, no debes hacer ruido sígueme
entremos en el baño.
En cuanto entraron cerró con llave la puerta del pequeño
bañito y obligo al joven a sentarse en el borde de la bañera.
Quédate quieto aquí Juan y no hagas ruido, debes hacerme caso
en todo lo que te digo porque sino Emma nos encontrará.
Una sonrisa cómplice se dibujaba en el hermoso rostro del
muchacho y pacientemente se sentó esperando que le indiquen como seguía el
juego.
Yo me sentare arriba tuyo para estar mas cómoda, pero que es
esto tan grande que tienes entre las piernas?
Metió su mano bajo el pantalón y encontró un pedazo de carne
grande pero fláccido, Juan que pito grande, déjame verlo, ohhhhh mira como va
creciendo, te gusta que te acaricie?, ven párate y bájate el pantalón.
Embelesada comenzó a tocarlo con ambas manos, con una lo
agarraba fuertemente sintiendo como se endurecía y crecía y con la otra palpaba
los huevos del chico. Sentía un vacío delicioso en el estomago, y percibía como
su vulva chorreaba jugos entre sus piernitas, quería sentir esa enorme pija
dentro de su conchita, sin embargo difícilmente esa gran cosa podría entrar en
su cuquita, sabia además que no era ni el lugar ni el momento propicio, ahora
debía terminar el juego y ya planearía con tiempo como hacer para cojerse al
macho que tenia en su casa y que le pertenecía.
No podía dormir, cerraba los ojos y solo veía a Juan desnudo
con el tremendo aparato colgando entre sus piernas, imaginaba que lo tocaba, que
lo besaba, necesitaba sentirlo nuevamente entre sus manos, tan suave, tan
caliente, quería olerlo, chuparlo.
Se levantó decidida, la noche era el mejor momento, se
encaminó al cuarto de servicio y abrió la puerta. Le sorprendió ver la cama
vacía, en ese momento sintió un chorro de agua tras la puerta del baño, se asomó
y vio al joven orinando copiosamente. El chico pareció no sorprenderse de
encontrarse de frente con Maria Laura, aunque nadie lo sabia, él reconocía
perfectamente a cada una de las hermanas, pese a que eran dos gotas de agua y a
veces hasta el padre parecía confundirlas.
Ven Juan acuéstate conmigo y déjame ver la enorme verga que
tienes
Ohhhhh si que dura esta, quiero ver como te crece, te gusta
que te corra esta pielcita?
El muchacho acostado boca arriba con los ojos cerrados se
dejaba hacer y disfrutaba.
La niña arrodillada en la cama se inclinaba sobre el enorme
falo y con ambas manos lo manoseaba, se lo llevó a la boca y muy despacio
comenzó a chuparlo, el olor la embriagó, enseguida sintió un suave sabor salado,
pasaba su lengua por todo el tronco, mientras que lo apretaba sorprendida de su
suavidad y dureza, de repente llevo su mano libre bajo su bombachita y metió dos
dedos dentro de su vulva, sentía pequeñas convulsiones y bajándose la pantaleta
se subió arriba del muchacho, guiando el pene hasta tocar con él los húmedos
labios vaginales, con la otra mano los abrió y muy despacio se sentó sobre el
endurecido miembro.
Cuando el capullo penetró, tuvo que morderse el labio para no
gritar, dolorida permaneció inmóvil, el muchacho tampoco se movía, enseguida la
vulva se adaptó al miembro ayudada por los jugos lubricantes que salían de su
vagina, comenzó a invadirla un placer indescriptible, necesitaba sentirlo mas
adentro, poco a poco se fue introduciendo el pene del muchacho, por momentos
debía quedarse muy quieta soportando el dolor que le producía, pero junto con el
dolor crecía en ella una oleada de sensaciones desconocidas que la embriagaban,
sintió el desgarro del himen y comenzó a moverse sobre el muchacho subiendo y
bajando sobre su miembro. Abrió los bellos ojos muy grandes sintiendo una
repentina erupción de placer, casi al mismo tiempo sintió muy dentro suyo un
cálido liquido que la inundaba.
Se dejó caer sobre el pecho transpirado del joven, extenuada
y feliz como nunca había estado.
Juan te gustó, por favor dime que me quieres, te das cuenta
que ahora soy tuya?
Te quiero Emma, te quiero …
La voz del chico aunque apenas audible, fue como un golpe
físico, no se refería a ella, sino a su estúpida hermana, la misma que usaba su
ropa, la que desde siempre había acaparado la atención de su padre, la que le
había robado todo en la vida hasta su propio rostro. Se levantó como aturdida,
gruesas lagrimas rodaban por sus mejillas todavía coloradas, aunque su cara no
reflejaba dolor, su mirada en cambio tenia una extraña dureza y determinación,
esos ojos no serian nunca mas los de una niña.
El grito fue desgarrador, el médico se incorporó de un salto
y corrió a la habitación de las niñas.
Sobre una de las camitas, el cuerpo de una de sus hijas
aparecía atravesado por un enorme cuchillo, la imagen le pareció obscena e
irreal, a partir de ese momento comenzó a verlo todo en cámara lenta, como en
una película, Maria Laura lloraba arrodillada junto a la cama de su hermana,
estaba desnuda. Sin hablar el hombre levantó a su hija y la envolvió en una
frazada, miró una vez más a la niña muerta como tratando de entender y salió de
la habitación cargando a su hija que se sacudía con pequeñas convulsiones.
El muchacho sentado en el duro banco de nogal, escuchaba sin
entender los numerosos diálogos, a veces se asustaba por el tono grave y fuerte
de algunas voces, otras veces lo sorprendía algún grito desde el fondo de la
sala, rostros severos lo miraban fijamente, sin embargo no podía encontrar entre
tanta gente la carita de su amiga, quería salir de aquel lugar y jugar, comenzó
a recordar a Maria Emma pero una fuerte puntada en el estomago le informo que
tenia hambre, ahora necesitaba comer …
Como siempre, leeré atentamente y contestaré todos los
comentarios que me envíen a
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