La licenciada en farmacia

La licenciada en farmacia (15)

Por fin había aprobado, tenia el
puesto conseguido, Ana Maria a sus 26 años, lo había superado
todo y el próximo mes, entraría a trabajar en un hospital como
farmacéutica.

El primer día, le entregaron su bata blanca junto a su credencial y llena
de nerviosismo, preparo la primera receta, llego a su casa agotada pero muy
contenta.

Su compañera de trabajo, se llamaba Rocío, una morena de 30 años,
alta con buenos pechos y un poco rellenita, se peinaba con cola de caballo,
siendo su belleza tan sorprendente que llamaba siempre la atención, había
estado casada con un medico durante 2 años de autentico infierno, ya
que era un alcohólico y había muerto con el hígado destrozado.

Desde el primer momento, formaron un equipo compacto y bien avenido y al cabo
de dos meses y pese a la diferencia de edad, se hicieron amigas inseparables.

Ana Maria, había tenido varias relaciones esporádicas que nunca
cuajaron y tenia un concepto bastante malo de los hombres, era una rubita de
piel blanca, con unos pechos pequeños, pero tenia un culo y unas piernas
de infarto, sus muslos, redondos y duros eran su mayor orgullo.

Aquella mañana, Ana Maria, llego muy seria y cabreada, Rocío,
se dio cuenta y por mas que le preguntaba, no le sacaba el motivo, durante la
media hora del desayuno, sentadas frente a frente delante de una taza de café,
medio llorando, le contó que había tenido una fuerte pelea con
sus padres.

Cuando llegaron de nuevo al laboratorio, nada mas cerrar la puerta, Ana Maria,
comenzó a sollozar, Rocío, la abrazo y pasándole la mano
por el pelo, intentaba consolarla, en un momento dado, la cogió por la
barbilla y comenzó a besarla en la cara mientras le decía palabras
cariñosas, cuando por fin Ana Maria, embozo una sonrisa, con mucha suavidad,
Rocío, la beso en los labios y se retiro para seguir con su trabajo.

Aquella noche Ana Maria se fue a su habitación mas temprano de lo normal
y después de pasar unos apuntes al ordenador, se acostó, no conciliaba
el sueño, pensando en lo ocurrido aquella mañana en el hospital,
su mente formaba escenas que pronto hicieron que sus pezones se pusieran duros,
bajo su mano derecha hasta su entrepierna y por encima de las bragas se masajeaba
toda su rajita.

La mano izquierda, levantándose el camisón, se había apoderado
de sus pezones, y los retorcía cada vez con mas ferocidad, de sus labios
escapaban suspiros entrecortados, se pasaba la lengua por los labios y metiendo
la mano por el elástico de las bragas, tocaba su pelambrera rubia, el
clítoris fue sometido a un masaje sabio y bien efectuado hasta que con
un espasmo fabuloso y un gritito corto, tuvo una colosal corrida que la dejo
tranquila y sosegada, cogiendo de inmediato un sueño reparador.

El resto de la semana, paso rápido y con mucho trabajo ya que un virus
se había apoderado de la ciudad y el hospital era un hervidero de pacientes.

El fin de semana, habían quedado para ir al cine, pues reponían
la película "Las cataratas del Niagara" que había tenido
una mejora en cuanto a calidad de sonido y colorido de imagen, Rocío
quería verla ya que era su actriz preferida.

Compraron frutos secos y ocuparon sus asientos en la parte trasera del cine
que por cierto estaba medio vacío por ser un día entre semana
y una hora en que los comercios estaban abiertos.

Cuando las luces se apagaron, Ana Maria, vacío los paquetes de golosinas
encima de su falda y le dijo a Rocío que cogiera lo que deseara.

Ana Maria, se había puesto para la ocasión, una falda corta estrecha
y un suéter de manga larga, no llevaba medias, ya que había estrenado
unas botas altas y utilizaba calcetines.

Rocío, cogía avellanas de la falda y dejaba su mano descansando
en los muslos de su amiga, una de las veces, buscando un garbanzo tostado, rozo
varias veces el chocho de Ana Maria que no dijo nada.

La escena de la cascada de agua era ensordecedora y Ana Maria, tuvo un sobresalto
de susto. Rocío, le echo el brazo por lo alto y apretándola contra
ella, la tranquilizo dándole un beso en la mejilla, dejo la mano suavemente
sobre su pecho izquierdo y lo apretó un par de veces.

La barca era zarandeada por la furia del agua y la protagonista estaba a punto
de caer por la gran cascada, la mano de Rocío, se había bajado
hasta la rodilla de Ana Maria y se había metido entre sus muslos calientes,
mientras la otra mano no paraba de masajear el pecho por encima del suéter.

El letrero que indicaba el final de la película fue el detonante para
que de inmediato se recuperara la compostura en todo el cine con gran movimiento
de cuerpos ruidos de toses y cierres de cremalleras.

Una ligera lluvia, caía a la salida del cine y Rocío propuso tomar
una merienda cena en una cafetería del centro que se había inaugurado
la semana pasada y que le habían hablado muy bien. Ana Maria acepto pero
siempre que ella pagase la invitación.

El local era muy acogedor y estaba lleno ya que los empleados del Corte Ingles
habían salido recientemente y estaban recuperándose de su jornada
laboral, ocuparon un lugar alejado de la barra y sentadas en un taburete dieron
buena cuenta de varias cervezas y tapas.

El coche conducido por Rocío, salió de la ciudad y cogió
la dirección del Monte del Águila, un mirador natural que estaba
a 12 Km de distancia y lugar preferido por las parejas de novios por su vista
panorámica y discrecionalidad, rodeado de pinos era un lugar precioso.

Ana Maria iba recostada en el asiento medio adormilada, pues no estaba acostumbrada
a la cerveza y esa noche se había pasado, al llegar al lugar deseado,
solamente había 2 coches con las luces apagadas y Rocío se situó
lo mas lejos posible.

La vista era preciosa con la ciudad totalmente iluminada y sin mediar palabra
Rocío, le paso el brazo por encima del hombro y atrayéndola hacia
ella, comenzó a besarla en la boca, Ana Maria no opuso resistencia y
es mas, abrió sus labios permitiendo que la fogosa lengua de Rocío,
jugara con la suya y respondió devorando a su vez la boca de ella.

Mientras, le había levantado el jersey y le había sacado los pechos
del sujetador pasando de uno a otro magreandolos a placer, se paraba de vez
en cuando en los pezones y pellizcándolos, había conseguido ponerlos
duros.

Ana Maria jadeaba, mientras sentía que un calor se iba apoderando de
su cuerpo, nunca antes la había tocado una mujer y la verdad es que era
una experiencia muy gratificante.


Rocío, dejo su boca y bajando la cabeza, comenzó a chuparle los
pezones, dándole de vez en cuando suaves mordisco en los mismos, una
mano se había metido por la falda ý magreaba los muslos de Ana
Maria que intentando defenderse, había cerrado las piernas no dejando
subir la mano mas de medio muslo.

La lluvia comenzó a caer con fuerza y los cristales del coche, se empañaron,
mientras tanto Rocío se había vuelto a apoderar de la boca de
Ana Maria y le mordía los labios con pasión, la mano derecha retorcía
los pezones con mucha suavidad y por fin la mano izquierda se había abierto
camino hasta las braguitas pequeñas y por encima, de las mismas, le estaba
efectuando una paja tremenda.

Ana Maria suspiraba y jadeaba, un intenso placer se iba apoderando de ella,
tenia las piernas abiertas totalmente y la falda se había subido dejando
al descubierto sus preciosos muslos.

Rocío, metiendole la mano por el pernil de las bragas, le tenia colocados
dos dedos en su vagina, los cuales metía y sacaba mientras con el pulgar
le rozaba suavemente el clítoris.

Una tremenda convulsión, seguido de un gran placer, indico que había
tenido un orgasmo fabuloso, de su garganta salió un largo suspiro y encogiéndose
en posición fetal, quedo recostada en el asiento mientras Rocío
le acariciaba el pelo.

La vuelta para la ciudad, fue callada y silenciosa, había dejado de llover
y al llegar a su casa, Ana Maria, salió del coche y dándole un
beso en la mejilla a Rocío se despidió con un lacónico
"CHAO AMORE".

Fistulo.

 

Resumen del relato:
    Disfrutará hasta la saciedad de los encantos de su compañera de trabajo.

Leave a Reply