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Pequeña Vanesa

Publicado por el Wednesday, March 11th, 2009 a las 12:00 am

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Cuentos crueles. Relatos malvados. Historias malignas. Narrativa inteligente fuera de las normas morales.
I. Uno.

Marcelo no estaba seguro de haber escuchado bien. Jorge, su amigo, le había dicho que podría pertenecer al grupo de las equis. Era como un sueño hecho realidad… claro que pensaba que podría estar exagerando, pero estaba contentísimo con su trabajo. A sus 17 años no había tenido relaciones sexuales nunca y sus manos eran las únicas amigas sexualmente hablando. Desahogaba sus normales instintos de adolescente con revistas pornográficas y videos. Y ahora en “las equis” podría conseguir y ver todo tipo de revistas, películas y cualquier material pornográfico que se le pueda ocurrir (y también el que no le pueda ocurrir). Y ahí estaba Marcelo, frente al teléfono dándoles al fin, crédito a las palabras de Jorge. “Ey Marcelo, que crees… estás dentro” Parecía que hubiese ingresado a la universidad.

Eran las nueve y cuarenta de la noche cuando el teléfono de Jorge chilló.

- Alo…
- Jorge, soy yo, Marcelo. Llamaba para…
- ¡Marcelo! Cómo estás… no me digas que llamas para agradecerme.
- Ehh… en realidad si… y también…
- Jajaja, en realidad si, eres cómico eh. Vamos, ya dime que pasó.
- A bueno… mañana es domingo. Yo no voy a la academia, pero quería saber si “las equis” se abrirían mañana.
- Si, voy a abrir el negocio. Vente, necesitaré ayuda. Beto y Braulio seguro tardarán así que voy a necesitarte.
- A bueno, entonces estoy ahí… ¿a las ocho?
- Jajaja, esto no es un restaurante. Quién va a venir un día domingo a comprar pornografía.
- Bueno…
- Tú lo harías seguro jeje…
- Bueno este…
- Ya Marcelo, ven a las nueve. Chao.

Media hora después, sonó el timbre en la casa de Josselyn.

“Yo voy mamá” decía Josselyn mientras se acercaba a la puerta. “Marcelo, pensé que vendrían en media hora.”

- En realidad dije que vendría a las nueve.
- Ya bueno, entonces ¡Tardón! Jaja.
- Jaja… y…
- ¿Quién es Josselyn? – gritó su madre – Ah Marcelo… que tal – hizo una mueca entre desaprobación e incomodidad mientras regresaba a su cuarto.
- Qué tal señora Norma… Bueno… creo que no le caigo bien a tu mamá.
- Ah no hables tonterías, ven ya tengo listo el diálogo.

Josselyn condujo a Marcelo hasta su cuarto. Las paredes eran crema y el techo rosa. Tenía una super computadora que era super veloz y además con un super Internet. Peluches de monos en todas partes y cuadernos regados en su cama. Al lado de su cama, estaba un pequeño contenedor de ropa sucia. Al lado del contenedor, en el suelo, un calzón negro. No es que Marcelo se haya sentido excitado instantáneamente, si no que es que le habían dicho que la gente que usaba ropa interior negra era “ardiente”. Josselyn se percató del calzón negro y lo echó dentro del contenedor. Hizo como si no hubiera pasado nada y prendió el monitor de la computadora.

- Siéntate – le dijo señalando un pequeño banquito al lado de la silla de ruedas.
- Uao que rápida conexión. Mi Internet es tan lento que se demora hasta para cargar el google.
- Bueno ya estaba conectada. Pero si, tienes razón, tengo un Internet rápido. Pero… por qué no le dices a tus papás que te coloquen otra conexión, será más fácil para que estudies.
- No vivo con mis padres….
- Ah si… que tonta lo olvidé. Debe ser difícil
- Bueno… me mandan dinero.
- Pero nunca es lo mismo.
- No, normal, me gusta vivir solo.
- No te creo.
- De veras.
- …. Bueno, y si te mandan dinero, pídeles que te manden para que coloques otra conexión.
- Ya lo hice. De hecho me mandaron el dinero. De hecho… pedí la conexión.
- No jo… jaja, digo, no molestes. No me digas que los estúpidos no te quieren colocar la conexión.
- Si, ya es la tercera vez que se los digo… pero no se que les pasa.

Marcelo y Josselyn terminaron de revisar la tarea que les dejaron en el curso de inglés (una conversación) y prendieron la televisión, estaba pasando una película que la habían visto ya seis veces. Decidieron que una séptima vez no les haría daño.

- Podrás creer que esta película la tengo alquilada desde hace un año.
- No entiendo…
- La tengo alquilada. Nunca la compre, no se que pasó, en señor nunca me la reclamó. He ido a alquilar otras y nunca me ha pedido esta.
- Espero que no me toquen clientes como tú.

Josselyn tardó mucho menos de lo que Marcelo pensó que tardaría en asimilar eso.

- No me digas que trabajas alquilando películas. ¡UAO tienes trabajo!
- Shhh silencio.
- Por qué silencio. Es fantástico o no.
- Si. Aunque no se si a ti te guste.
- Por qué no habría de gus… ah no… No me digas que estás en el trabajo de Jorge.
- Pues…
- Marcelo… eso es denigrante.
- No es denigrante. Es normal, es como cualquier trabajo, no le hago daño a nadie… no le voy a vender material a menores de edad…
- Jajaja. Bueno bueno, tampoco soy tu mamá. Puedes hacer lo que quieras… nada más no me pidas que vaya a visitarte algún día.
- Bah… que me crees.
- Jaja… Propagandas. Voy por un poco de canchita ¿quieres?
- Eh… claro. Pero ¿la vas a preparar?
- Si, ya vengo.
- ¿Tu mamá no se enojara?
- No… por que habría de enojarse.
- ¿Te ayudo?
- No. O quieres que se enoje jeje… ya vengo.

“Y después dice que si le simpatizo a su mamá” pensó Marcelo. “Uao… me va a preparar pop corn (canchita)… ¿será que le gusto? Naaa… ella es siempre así.” Josselyn era la única amiga de verdad que tenía (amiga mujer). Compartían todo, se contaban casi todo. Sin embargo a él siempre le había atraído Josselyn. Sus hermosos senos de señorita, eran tan redondos y duros. Su cintura plana plana. Los chicos en la academia estaban tras ella casi todo el tiempo. Sin embargo su mal humor con los “conquistadores” los había apartado un poco. Pero a Marcelo, le dejaba entrar en su vida. Lastimosamente, como amigo. “Que trasero que tiene Joss… maldita sea, si yo fuera atractivo para ella… me imagino como sería desnuda… uao…” Marcelo cambió los canales para distraerse de sus propios pensamientos. Sin embargo se sumió mucho más en ellos. “Sexo” una película para adultos estaba pasando en el canal 45.

Era una mujer hermosa, y su pareja le estaba quitando el sostén. La besaba, y le quitaba su hermoso y delicado calzón negro. “Calzón negro” pensó Marcelo. Casi mecánicamente volteó a ver el contenedor de la ropa sucia de Josselyn. “Su calzón negro” De pronto Josselyn gritó desde la cocina.

- ¿Ya empezó?
- Eh… ¡no! No ha empezado todavía – dijo Marcelo mientras cambiaba los canales apresuradamente en busca de la película que estaban viendo.
- ¡Bueno… voy un momento a la bodega de la esquina… no hay suficiente, espérame!

Parecía que Josselyn se demoraba a propósito para que Marcelo caiga en la tentación.

- ¡Está bien! ¡No te demores Joss!
- ¡Yaaa no me grites! Jaja.

Esperó a que la puerta se cerrara y nuevamente sus ojos se centraron en el contenedor. Un fetiche oculto nació en ese momento. La ropa femenina, los olores. Se acercó al contenedor muy despacio y pudo ver el calzón negro. “Santo cielo… pero… si lo agarro, quizá ella se percate.” Lo observó durante un momento sin atreverse a agarrarlo. Sin embargo su vista lo llevó hacia la cama. Bajo la cama yacía otro calzón. Este era crema. Marcelo se agachó sin importarle que la película ya hubiera empezado. Cogió el calzón crema y lo acercó a su cara “Debo ser un enfermo” pensaba.

De pronto y sin previo aviso, oyó unos pasos apresurarse al cuarto. Pudo ver una sombra y en milésimas de segundo supo que era la mamá de Josselyn…

II. Dos.

El cuarto de Marcelo está totalmente desordenado. En el escritorio, lapiceros, medias, revistas, un teclado malogrado, papeles. En el suelo, una revista pornográfica, la radio enchufada, un vaso. En la cama, dos jeans, una mochila, el calzón de Josselyn y Marcelo dormido.

Suena el despertador. Son las ocho. “Maldita sea que sueño tengo…” Se levantó de la cama y vio el calzón crema de Josselyn. “ah… que buena paja” se había masturbado la noche anterior después de regresar con el calzón a su casa. Cuando la madre de Josselyn entró al cuarto, lo única reacción de Marcelo fue metérselo bajo el polo.

Marcelo se lavó los dientes y se alistó. Al ver que eran las ocho y media de la mañana aún prendió su DVD. “Siempre llego temprano… parezco un desesperado” Pesnó que una masturbación antes de ir al trabajo no le vendría mal, además, sería difícil que noten su excitación si ya se había desfogado en casa.

“Latinas ardientes III” decía la carátula del último DVD porno que se había comprado. “Veamos que tales están” Dio play a la película. La primera escena fue de dos hombres sentados en un sillón de cuero hablando en ingles. De pronto uno de ellos llama a alguien. Hace aparición una mujer morena de enormes pechos y con un trasero enorme tambaleándose mientras caminaba. “Mmm…” Marcelo adelantó el video hasta la próxima pareja. No le agradaban las exageraciones. Culos enormes, tetas enormes, piernas gruesas, labios muy carnosos. No era su tipo… le parecía grotesco. “Sabía que debía haberme comprado el de jovencitas de 18” pensaba.

En la siguiente escena estaba una mujer delgada, blanca, de pechos que le hicieron recordar a Josselyn. “Esto es a lo que me refiero” Un trasero prominente pero no era enorme. Estaba bien formada. No era una exagerada. Su pareja era un rubio con cara de pervertido sexual al que le gustaba sacar la lengua mientras la chica le hacía una mamada. “Oh my god, fuck me yeah… ohhh god… ohhh yeah” eran las palabras que repetía y repetía la mujer que ahora disfrutaba (al menos aparentemente) del sexo anal.

Marcelo terminó de masturbarse al fin. Estaba con calor, le gustaba quitarse el polo mientras se masturbaba, a veces se desnudaba para luego irse a duchar inmediatamente.

Las nueve y media de la mañana. Marcelo tocaba la puerta de “las equis” el negocio de Jorge. Jorge, era un ex compañero de la academia que decidió no ir a la universidad ya que se consideraba “negociante” y que podía hacer dinero sin la necesidad de estudios superiores.

- ¿Si? – dijo Jorge por el intercomunicador.
- Soy yo, Marcelo.
- Bueno… ya voy.

Marcelo esperó como diez minutos antes de que Jorge empezara a abrir el garaje que él había convertido en una tienda de material pornográfico.

- Ey no te quedes ahí parado, ayúdame con esto.
- Bueno…
- Jaja, es una broma. Pero si, ayúdame por favor.

Terminaron de abrir la tienda. Y acomodaron unas cajas de revistas pornográficas. Marcelo nunca había visto tantas revistas juntas. Parecía que Jorge fuera una especia de mayorista. Sin embargo su asombro fue mayor cuando pasó al pasillo de los videos. Aproximadamente había más de trecientos DVDs. Latinas, interracial, jovencitas, amateur, lesbianas, gays, orgías. También estaban las de enfermeras, secretarias, abogadas, bomberas, etc. Sin contar con las películas como blanca nieves, tarzán o un clásico como la cenicienta.

- Cielos… Jorge ¿y todo esto tú lo has comprado?
- Por su puesto. He invertido capital en esta porquería jeje, así que ten cuidado. Te tengo confianza Marcelo, por eso es que de vez en cuando te voy a dejar a cargo del negocio.
- No te preocupes.
- No lo haré.

Marcelo acomodó la nueva mercadería que había llegado. Nuevos videos. Cada video que acomodaba se quedaba viéndole la carátula. Más tarde llegaron Beto y Braulio.

- Hey Marcelo, aquí hay un cliente – dijo Braulio.
- Voy en seguida.

Marcelo se apresuró para atender a uno de los compradores. Sin embargo cuando llegó al mostrador se quedó con la boca abierta.

- Buenas…
- Bu… buenas.
- Quisiera un video lésbico por favor.

Ante él, una bella señorita de 20 años aproximadamente con un top que parecía sostén y un pantalón demasiado pegado para la modestia.

- S… si, en seguida.
- ¿Puedo escoger?
- Claro… aquí es… están los, el catalogo.
- Este es de heterosexuales amor.

Marcelo no recuerda como terminó de atender a aquella señorita, pero cuando lo hizo, estaba muy nervioso. Más allá, Jorge, Beto y Braulio se reían.

- JAJAJA, ¡hey Marcelo! Felicitaciones. Tu primer cliente, una mujer. ¡y qué mujer! Jaja
- El pobre aún no se lo cree.

III. Tres.

Dos semanas después.

- Oye Marce, adivina lo que traje.
- No me llames Marce.

Beto traía una caja llena de DVDs. Caminó por el pasadizo seguido de Marcelo.

- Como sea, jovencitas 18.
- ¿Todo? ¿Toda esa caja es de jovencitas 18?
- Así es.
- Increíble… ¡Uao! y a cuánto están para vender.
- Mmmm depende del cliente.
- Olvídate de eso, el valor de venta verdadero.
- Cuatro.

A Marcelo le gustaba bastante las chicas jóvenes. Muchas veces veía muchachas de 15 años y él creía que tenían 18. Se daba cuenta que su atracción por la “carne joven” se hacía más fuerte y no solo lo había notado él.

- Jorge, me voy a llevar estos videos hoy – le dijo Marcelo.
- Ok llévatelos – respondió Jorge sin mirar si quiera – pero primero ayúdame a cerrar el negocio ¿OK?
- OK.

A las diez de la noche Marcelo bajó la puerta enrollable y cerró todas las cajas. Guardo el DVD y el televisor en su sitio.

- Ok Marcelo hasta maña… qué demonios…
- Qué pasó – dijo Beto
- Que creo haber visto a Marcelo llevarse como media caja de DVDs.
- Ah si…
- ¿Ah si? Como que “ah si” para qué quiere tantos DVDs… ¿no los estará pirateando por su cuenta verdad?
- Jaja, no nada de eso, Marcelo te tiene respeto. No es de esos tipos, lo conoces. Son para él. Mañana los trae, como siempre.
- Pero son como veinte…
- Si a mi también me sorprendió, pero cuando le dijiste que si, pues…
- Si pero no pensé que fueran tantos. Debe ser alguna clase de super masturbador.
- Jajajaj
- Jajajaja
- Espera Marcelo ¿tiene 17 años verdad?
- Va a cumplir 18 en una semana.
- Ya… ¿y ya lo hizo?
- Qué cosa…
- ¿Ya tuvo sexo?
- No aún no.
- ¡¿No?! Y tú cómo sabes.
- Porque él me lo dijo pues.
- Mmmm… y dices que se acerca su cumpleaños ¿verdad?
- Si…
- ¿Estás pensando lo mismo que yo?
- Jaja creo que si.

Eran como las once de la noche cuando Marcelo fue interrumpido en plena masturbación por el teléfono. Se levantó de la cama y fue a contestar. Levantó el auricular y aparentó no estar agitado.

- ¿Diga?
- ¿Marcelo?
- Si… ¿Josselyn?
- Si soy yo Marcelo, cómo estás.
- A pues… bien… bien. Estoy bien.
- Ah… que bien. Yo… no estoy tan bien sabes…
- Que… que pasó – dijo mientras notaba que su miembro aún estaba en pie.
- Pues… una pelea con mi madre. Se fue a la casa de mi tía, parece que va a dormir allá.
- Ah… pero… qué pasó.
- No quiero hablar de eso…
- Ah…
- Marcelo…
- Que…
- ¿Puedes venir a mi casa?… se que es tarde, pero de veras quisiera que vengas a mi casa ahora.

Marcelo veía el calzón crema de Josselyn que aún conservaba en su habitación. Se imaginó por un momento las posibilidades a pesar de que sabía que estaba mal pensar en ello cuando su mejor amiga estaba pasando por un momento crítico. “Ella y yo… solos en su casa. Ella triste… necesitada de amor…” instintivamente agarró su pene y lo sobó. “Diablos Marcelo ¡qué estás pensando!” se dijo.

- Claro, en quince minutos salgo para allá. Estaba por irme a dormir… Me cambio y voy para allá ¿OK?
- Te espero entonces – y colgó.

Vio su televisor con la película pornográfica aún reproduciéndose y por un instante se le pasó por la cabeza terminar con su masturbación “jovencitas…” Pero decidió ir por Josselyn.

IV. Cuatro.

Marcelo caminó hasta la casa de Josselyn, estaba haciendo mucho frío en la calle y parecía que la gente había decidido guardarse en sus casas. La casa de Joss estaba apagada. Ni una sola luz encendida. “Quizá deba tocar el timbre” se preguntó.

Se acercó a la puerta, tocó el timbre y esperó. Tocó por segunda vez y esperó sin respuesta. “Quizá ya se durmió… vine por gusto…” De pronto, la vio. Estaba sentada en una de las bancas del parque frente a su casa. Ella lo estaba viendo desde ahí.
Marcelo un poco confundido se acercó a Josselyn.

- Qué haces aquí sentada… hace frío – dijo mientras se quitaba la casaca para dársela.
- Nada, solo pensaba – respondió al tiempo que se colocaba la casaca de Marcelo.
- ¿Estuviste mirándome todo el tiempo?
- ¿Te refieres a que si te estuve mirando cuando llegaste y tocaste el timbre?
- Si…
- Si.
- Ah…

Se quedaron sentados observando la casa de Josselyn por un buen rato sin decir palabra alguna. Marcelo rompió el silencio.

- Bueno… y ¿me quieres contar qué pasó?
- No… no quiero hablar de eso. Solo quería tu compañía.
- Ah…
- No te molesta ¿o si?
- No, para nada.
- Ah bueno…

Nuevamente quedaron en silencio. Marcelo trataba de pensar en algo alentador para decirle pero no se le ocurría nada. “Quizá deba hablarle de…” Josselyn interrumpió sus pensamientos:

- ¿Sabes? De niña, como cualquier niña creo, pensaba estar junto a mi padre y madre para siempre… y ahora… parece que me quedaré sola al fin.

Marcelo guardó silencio por un momento y luego dijo.

- Bueno… no lo vayas a tomar a mal pero… yo estuve solo gran parte de mi vida y… no es tan malo. No es algo de otro mundo… ¿entiendes?
- Para ti es fácil… tu no quieres a tus padres de la manera en que yo quiero a los míos…
- Pues… si… si… quizá sea verdad.
- … Marcelo… ¿has tenido alguna mujer en tu vida?
- Pues enamorada… si una vez…
- No, enamorada no. Mujer.
- … te refieres a…
- Aja.
- No… no, no nunca ¿y tú?
- Soy heterosexual.

Antes de que Marcelo entienda la broma ella dijo:

- Deberíamos salir uno de estos días. Tu sabes… salir no necesariamente quiere decir a la calle…
- Podría invitarte a mi casa si quieres…
- Claro – dijo sonriendo – Eso sería estupendo.
- ¿Si? Pues… bien… cuándo…

V. Cinco.

Eran las diez de la mañana cuando Marcelo llegó a “las equis”. Braulio y Beto estaban guardando los CDs en sus cajas. Jorge estaba cerrando el negocio.

- Ey qué pasó se te pegaron las sábanas. No son horas de llegar al trabajo…
- Eh… disculpa Jorge. Ayer estuve… ¿Por qué están cerrando?
- ¡Vamos a tener un día de chicos Marce! – dijo Beto.
- No me digas Marce… y… ¿Qué es eso de día de chicos?
- Por ahora – respondió Jorge – ayúdame a cerrar, te lo explicaré en el camino.
- ¿En el camino?… Pero ¿acaso voy con ustedes?
- Ey… no protestes tanto. Recuerda que estás en falta por llegar tarde ¿eh?

“¿Estoy en falta?” se peguntó Marcelo. Sabía que llegar tarde a “las equis” no era ninguna clase de falta.

- Bien, suban al auto muchachos. La ciudad a la que vamos está lejos y no queremos llegar tarde – Dijo Jorge.
- Espera – interrumpió Braulio – ¿Qué acaso no íbamos primero a la casa de tu hermano?
- Cierto, primero a la casa de mi hermano.
- Y eso para qué – Preguntó Marcelo.
- Él será nuestro guía.
- En dónde…
- En la ciudad del pecado… ¡Arranquemos!

Y el carro arrancó. Marcelo no tenía idea que aquel día marcaría el comienzo de una nueva vida.

VI. Seis.

A unos cientos de kilómetros de “las equis” Raúl Vásquez hacía probablemente la llamada más peligrosa de toda su vida.

- Dime…
- Hola Juan… soy yo Raúl, llamaba por el pedido de mi padre.
- A te refieres…
- Si a las revistas.
- ¿A… a las revistas?
- Si… tú sabes… mi celular no está protegido y esto era una urgencia…
- Jajaj Nadie nos está escuchando Raúl.
- Pues… no se.
- Vamos, no quiero que me hagas llevar mercancía por las puras. Te refieres a las niñas
- Pues… si a las jovencitas.
- No no no, niñas. Jovencitas son desde los 16 años.
- A bueno… pero no tan ni…
- Ya…. Tampoco creo que tu padre sea un bastardo… serán desde los once años ¿OK?
- …OK… OK… Ahora Juan… no vuelvas a mencionar a la mercancía…
- Bueno bueno… quiero estar seguro. El transporte no es gratis tu sabes.
- Bueno – respondió Raúl sudando – Cuándo las traes.
- Pues… pasado mañana. Si, pasado mañana.
- OK… adiós.
- Está bien… oye no deberías estar tan…

Pero Raúl no dejó que terminara la oración, simplemente le cortó la llamada. “Maldito sea este hijo de perra” pensaba. “Cómo puede ponerme en tanto riesgo… y si nos escucharon las autoridades… no… maldita sea… que no nos hayan escuchado nadie…”
Raúl tenía una familia que mantener y ahora estaba deseando no tener que comunicarse con su esposa desde una cárcel.

VII. Siete.

Dos días después de la partida de Marcelo a la ciudad “Y” se encontraba sentado en el asiento trasero del auto de Jorge junto a su hermano y a Beto. El hermano de Jorge, Jhon, era un joven adicto al sexo que viajaba a distintas ciudades para hacer “turismo sexual” Marcelo hace dos horas se había enterado que las intenciones de Jorge, Braulio y Beto eran llevarlo para hacer turismo con él dentro de las oscuras y frías calles de la ciudad “Y” una ciudad devastada por la prostitución.

Llegó la noche, eran las diez de la noche para ser exactos. Jorge acababa de remplazar a su hermano Jhon en el volante. Marcelo estaba pensando en Josselyn. Ella lo había llamado tres veces y él no le había contestado por temor a tener que explicarle en donde estaba o hacia dónde se dirigía. No quería mentirle… y si lo intentaba… no quería que la mentira sea increíble.
Sus pensamientos fueron interrumpidos de pronto por Jhon que aparentemente estaba dormido.

- En qué piensas Marcelo…
- Bueno… supongo que en la ciudad “Y”.
- Ajaja… ya veo, estás ansioso por llegar eh.
- Bueno…
- Dime… qué clase de mujeres te gustan en la cama.
- Marcelo no ha tenido relaciones aún – interrumpió Jorge que los estaba escuchando.
- ¿A no?
- Bueno… todavía no he tenido oportunidad de…
- Ajá… y con qué clase de mujer te gustaría acostarte…
- Pues… no se… que sea linda.
- A él le gustan las jovencitas – interrumpió nuevamente Jorge – ya sabes, él tiene 17 años aún.
- Ya veo… tú eres uno de los nuevos hombre con los gustos “nuevos”
- A… a que te refieres.

Jhon le dedicó una mirada cómplice a su hermano Jorge.

- No lo se Jhon… no creo que… – dijo Jorge.
- Estoy noventa por ciento seguro de que así es.
- A que te refieres – dijo Marcelo.
- Pues a que te gustan las tiernitas… tú me entiendes.
- ¿Las chicas jóvenes? A si… claro… las prefiero en realidad.
- Si… hubo una época en donde yo también las prefería…

La conversación fue interrumpida por un policía que había parado el auto. Les preguntó a donde iban y tuvieron que sobornarlo para que no tome el registro del auto. El turismo sexual clandestino estaba penado, y los policías acostumbraban a tomar las placas de los autos para que la policía de ciudad “Y” los siguiera o para que algún periodista de turno pudiera grabarlos en plena comercialización sexual.

Al fin llegaron a un hotel en donde se hospedaron todos. Durmieron hasta la una de la mañana, cuando Marcelo pensó que podía conciliar el sueño por fin, Jhon los despertó.

- Bien señoritas, a levantarse.
- Jajaja, qué crees que esto ¿un cuartel?
- Vamos, no se duerman, ya es hora, a esta hora es mejor. Marcelo, levántate.

“Pero qué tiene este tipo… ¿no sabe que hora es?” pensaba Marcelo mientras de desperezaba.

- Vamos alisten sus ropas más varoniles y sus preservativos de mejor calidad. Claro si no, vamos por unos a cualquier tienda o bar. No vine hasta aquí para dormir, no olviden que nos vamos en dos días nada más.

Todos bajaron hasta la recepción y subieron al auto de Jorge, arrancaron y se fueron al “Moto X” una discoteca entre los callejones de la ciudad “Y” conocida por contener un gran número de prostitutas.”

Al entrar, Marcelo supo que estaba en otra dimensión. Luces psicodélicas, mujeres en las barras bailando en ropa interior…

- ¿Ves a esas mujeres en las barras? – le preguntó Jorge a Marcelo.
- Si…
- No trabajan en la discoteca. Son clientas que quieren diversión ¿entiendes? Jajaja, ¡vamos por un trago!

Drogadictos, parejas acariciándose explícitamente en las mesas de la discoteca, prostitutas, camareras coquetas, gays, jóvenes revoltosos, y claro, más prostitutas.

- Sírvete un trago Marcelo, este se llama “Ilusión azul”. No te preocupes, no perderás tu virilidad, así es el nombre.

No pasó mucho para que sus compañeros consigan pareja, de hecho, ya tres chicas se le había insinuado. Sin embargo Marcelo estaba tan atontado que no supo decirles si. Para su desgracia estaba pensando en Josselyn… para su desgracia no estaba excitado aún cuando estaba rodeado de mujerzuelas.

Decidió Salir al fin. Era divertido, no lo negaba… pero tenía que admitir que esas mujeres lo intimidaban. Afuera, prendió un cigarro y vio pasar un auto tras otro.

“Josselyn…” Antes de que empezara a pensar nuevamente en ella, tuvo una aparición. “¿Es una aparición…?” pensó… Una aparición que combinaba sus frustraciones, deseos, masturbaciones, intimidades, miedos, decisiones, inquietudes y patologías. De un edificio salían cinco chicas. Cinco… ¿chicas? No, no me refiero a que él veía a travestís, si no a que quizá las edades de aquellas mujercitas no calificaban para ser llamadas “chicas.” Eran… Sabía muy bien que no tenían 18 años. Y algo le decía que no eran chicas de 15 años queriendo aparentar ser de 18 ¿Acaso era posible que fueran menores?

Una por una subió al auto negro. Sin embargo una en especial le pareció sumamente atractiva. Una en especial. No eran recatadas… se vestían como… “Además que hacen unas chicas así a las tres de la madrugada vestidas de esa forma entrando a un auto negro con lunas polarizadas” pensó. Sin embargo el bello ángel que vio por un momento desapareció al ingresar al vehículo. El auto avanzó y no tardó en desaparecer de su vista.

Antes de que Marcelo pudiera reaccionar ante esta aparición, la voz de Jhon lo interrumpió.

- Ya veo… – dijo mientras abrazaba a una mujer muy ebria.
- Qu… qué haces aquí. – respondió Marcelo.
- ¿Aquí? Es la vía pública jaja. Mira, un momento amor – le dijo a la prostituta ebria mientras la dejaba de lado – ya me di cuenta… yo… ya me di cuenta (su aliento olía a puro alcohol) cuáles son tus verdaderos gustos…
- P… pero a qué te refieres.
- No te hagas Marcelo, no tienes porqué avergonzarte. Te vi observando a esas chiquillas…
- A… a quienes.
- Por favor… ah… demonios. Espérame.

Jhon se acercó a la prostituta y le dijo al oído.

- Amor… ya vengo… es el amigo de mi hermano. En realidad vinimos por él, tengo que concederle una cita. Espérame en el hotel.
- Ay… y por qué no le dices que se venga conmigo pues…
- ¿Contigo?… que ¿quieres dejarme? ¿Eh?
- No no amor, yo no te dejo. Mami no te deja a ti ¿OK? Tengo varias amigas dentro amor…
- Jajaja, no olvídalo, te estaba bromeando… aquí mi amigo tiene otros gustos. Espérame en la cama desnuda ¿qué cuarto era? OK, espérame ¿si?

Se acercó nuevamente con Marcelo y le dijo.

- Mira… yo si me voy a divertir hoy ¿OK? No pienso aburrirme como tú. Pero tampoco quiero que termines asaltado o hasta violado. Estas calles son peligrosas. Te llevaré al hotel en donde nos hospedamos para que duermas.
- Yo se conducir, no te preocupes.
- Nada de que sabes conducir, no confío en ti. No lo tomes a mal… es el auto de Jorge, ya sabes.

“No lo tomes a mal… aquí el borracho es él” pensaba Marcelo mientras subía al auto.

VIII. Ocho.

Marcelo se quedó dormido en el trayecto, sin embargo lo despertó Jhon y le decía:

- Oye, tengo hambre, voy a comprarme un sándwich ¿Quieres algo?
- No, gracias.
- Bueno, igual, acompáñame afuera, no quiero caminar solo.

Jhon se paró frente a un puesto de hamburguesas mientras Marcelo lo esperaba más allá. L lugar era realmente terrible. Las paredes eran negras, y había muy poca luz. Estaban parados al lado de un hotel de muchos pisos. De pronto, para su sorpresa, se percató en un auto. Un auto familiar. Un auto negro con lunas polarizadas. Rápidamente buscó con la mirada a alguna chica y encontró a una de ellas. Estaba parada recostada en una pared. Esperaba a alguien al parecer. “¿Clientes?” pensó…

De pronto un hombre se le acercó. Estaba oscuro, no veía muy bien. Sin embargo la figura de aquel hombre se le hacía conocida… un detalle más. El hombre estaba llevándose a la boca la mitad de una hamburguesa.

Rápidamente se dio cuenta de quién era, se fijó en el puesto de hamburguesas y ya no estaba Jhon. “Maldición…” pensó. Al llevar la mirada nuevamente hacia el edificio no encontró ni a la chiquilla, ni a Jhon. De pronto le volcó el corazón.

- ¡Buuu! Jaja, Marcelo… estás distraído. – le dijo Jhon que ahora estaba acompañado de esta niña. Una niña bella a decir verdad.
- Maldición Jhon… me asustaste.
- Jajaj, nada de eso. Me llevaré el auto, cuando termines, por la mañana pide un taxi. Adiós.
- De que hablas.
- Oye. No seas mal agradecido. Ella es Mónica. Mónica, el es Jhon, espero que no tengan mucho de que hablar.

Dicho esto, se metió al auto y arrancó. Marcelo estaba por detenerlo, estaba por ir tras Jhon y decirle que no quería quedarse con Mónica. Pero a quién engañaría… extrañamente, esa chiquilla lo atraía en demasía.

Marcelo se quedó observando como el carro desaparecía en la oscuridad de la ciudad “Y” y finalmente voltio a ver a Mónica.
Ella lo estaba viendo. Luego, al no recibir ninguna palabra de él, dijo.

- Y bien… ¿vamos?
- A… a dónde.
- Ya sabes, arriba, a mi cuarto.

Marcelo no podía creerlo. Era muy repentino para él. Esa chica era menor que él… mucho menor. Se acercó a ella y le preguntó.

- Disculpa… qué edad tienes.
- 16…
Pero Marcelo sabía que no tenía 16. Era una mentira, sabía que le habían dicho que dijera eso cuando le preguntasen por su edad.

- Bien Mónica… dime la verdad… quiero saber con quién voy a…
- OK tengo 15

Una chica de quince años estaba dispuesta a acostarse con él. Es más, Jhon ya había pagado por sus servicios.

- Pues… entonces… vamos.
- Vamos.

Al entrar al hotel, Marcelo empezó a sentirse inseguro. Él había visto a una muchacha mucho más bella que Mónica, de hecho era hermosa. Se acordaba que cuando la vio, le había hecho acordar a Josselyn, pero una Josselyn pequeña.

- Disculpa… tú tienes… ¿más amigas? – dijo sin si quiera saber a qué tipo de conversación se dirigía.
- Sí, tengo más. Por qué.
- Pues… hoy vi a una chica… y pensé… ya que estoy aquí…
- ¿La viste hoy? Y cómo sabes que es mi amiga.
- Pues… el auto de afuera… la… la vi… estaba saliendo de un edificio, al lado de “Moto X”.
- Ahhh… las nuevas. Eso te costaría más. Pero… ¿no te gusto yo?
- No no… si me gustas… eres muy linda… pero la chica que vi…
- Menor o mayor.
- Pues no… no se… (él sabía que era menor)
- Bueno si no sabes cómo te puedo ayudar idiota…
- Menor. Era menor… y… no me digas idiota ¿si?
- Jaja… y cómo era ella.
- Pues… tenía cabello castaño. Castaño oscuro. Muy delgadita. No se… mejor… mejor olvídalo.

Marcelo se encontraba muy confundido como para hacer una petición más pervertida de la que estaba seguro tener. “No puede ser… esto no esta bien… creo que no…” pensaba. Sin embargo tuvo nuevamente aquella aparición…

En la sala de recepción, se encontraban dos chiquillas. Una de ellas era su “pequeña Josselyn” Mónica al darse cuenta de cómo la observaba se acercó a él y le dijo al oío.

- Cuál de ellas.
- La… cómo que… – dijo sin poder evitar tartamudear de los nervios.
- Que cuál de las chicas de aquel sillón. Vamos, no seas tan tímido.
- Pu… pues la de…
- ¿La de zapatos plateados?
- S… si… si… ella, ella.
- Bien ¿tienes diez monedas más? OK, espérame en el cuarto 801. Toma la llave. Ella se dirigirá a ti. Supongo que deberás tenerle paciencia… creo que es novata.

Dicho esto y dejando a Marcelo temblando de los nervios, se dirigió hacia la pequeña. Marcelo, muerto de vergüenza y sudando, se apresuró al elevador para que no lo vieran. Digitó el piso 8. El elevador subía, pero el sentía que descendía… que descendía mucho.

IX. Nueve.

Temblando de nervios, Marcelo abrió la puerta de su habitación. Dentro, estaba con un pánico terrible. Estaba seguro de que lo que hacía era ilegal. Era su primera vez… no bastando con que se sintiera nervioso por aquello, también estaban los factores de prostitución no permitida. “Qué voy a hacer…” pensaba.

Y de pronto tocaron la puerta. El corazón le latía con mucha fuerza. Preguntó.

- ¿Quién?
- Vanesa…

Rápidamente se acercó al orifico de la puerta para ver por este. Era la chiquilla. “Se llama Vanesa… que hermoso nombre” pensaba. Abrió la puerta con torpeza y la encontró parada frente a él.

- Pu… puedes pasar.
- Gracias… – Dijo tímidamente.

Entonces se dio cuenta que la pequeña que estaba frente a él no pasaba los trece años. Mucho más nervioso sacó un cigarro de su bolsillo y empezó a fumar.

- Cu… cuántos años tienes.
- Tengo 11, señor. Perdón… 12. Acabo de cumplir 12.
- Bien… No me llame señor ¿si? Soy Marcelo.
- Yo me llamo Vanesa.
- Bonito nombre Vane…

De pronto Vanesa se quitó los zapatos y se empezó a desabrochar el jean. Marcelo se la quedó viendo boquiabierto y no supo cómo reaccionar.

- No, no Vanesa, qué haces, todavía…
- ¿Todavía?…
- No o sea… – Pero ella seguía desvistiéndose.
- Estoy poniéndome cómoda.
- Cielos… eres hermosa. “Le dijeron que diga que se siente cómoda cuando está desnuda…” pensaba.
- ¿Te ayudo a quitarte la ropa? – pregunto ella.
- N… no… yo… yo puedo.

Marcelo no podía sentirse más excitado, frente a él estaba Vanesa tan solo con un pequeño calzón de flores y su piel era blanca como la sábana de la cama. “Hermosa… hermosa” pensaba mientras se bajaba el pantalón casi instintivamente.

- Solo quiero que… solo quiero que nos acostemos en la cama y nos tapemos con las sábanas y el cubrecama ¿si? – Le dijo a ella.
- Esta bien, lo que quieras.

Ambos, semidesnudos, se acostaron en la cama, y se cubrieron con las sábanas. Él la abrazó y aunque estaba muy excitado, la observó con lástima.

- Qué pasa… por qué me miras así…
- Tu… ¿te gusta esto que haces?
- A que te refieres.
- A… prostituirte… ¿Te gusta? “Qué pregunta más estúpida” pensó.
- No… solo lo he hecho tres veces. Pero… la verdad – dijo mientras se acurrucaba tiernamente entre sus brazos – no me gusta… aunque ahora si… estoy cómoda. No me había tocado nadie como tú.
- Cómo… cómo como yo.
- O sea… eres lindo… y me estás tratando bien. No eres grosero. – Al decir esto puso una cara de tristeza que hizo sentir mal a Marcelo.
- Cómo… ¿te tratan mal?
- Casi siempre… ¿sabes qué?… me haces acordar al enamorado de mi hermana. Ellos siempre estaban abrazados.
- Entiendo…

Se quedaron abrazados por un largo tiempo. Sintiendo sus cuerpos desnudos. Marcelo estaba excitado y Vanesa estaba cansada de su día de trabajo. Sentía que él la protegía con sus brazos… extrañamente ahora se sentía a salvo… pero no podía explicárselo.

- ¿Vamos a estar abrazados hasta que amanezca?
- No lo se… Nunca… ¿te digo la verdad? Nunca he tenido sexo con nadie…
- ¿Con nadie? – preguntó sorprendida.
- Así es… y la verdad… ahora… no es que quiera obligarte ni nada… no se… no me hagas caso… estoy muy excitado.
- Excitado… – Dijo mientras se escabullía entre las sábanas hasta llegar a la altura de la pelvis de Marcelo.
- Eh… no… no Vanesa… qué haces, no hagas eso pequeña, no quieres…

Ella subió nuevamente hasta encontrarse con el rostro de Marcelo y dijo.

- Que no haga qué… ¿Que no te la chupe?
- No es que… no se… no quiero obligarte…
- Quiero hacerlo… eres guapo. – dicho esto se escabulló como una pequeña gatita hasta la pelvis de él. Marcelo creía de pronto que estaba en alguna clase de paraíso endemoniado.
- Vanesa sabes como… OH… CIELOS…

Vanesa empezó a chupar el pene de Marcelo como si tuviera mucho apetito, trató en lo posible de metérselo lo más al fondo que podía. Le parecía un chico simpático, atractivo y buena gente, así que quería y sentía que debía esforzase por complacerlo lo mejor que podía. Marcelo, quitó las sábanas para poder verla, para poder ver la acción.

Y ahí se encontraba Vanesa, solo con un calzón de flores, blanca como sábana, no era pálida, era simplemente blanquísima, bellísima. Estaba entre las piernas de Marcelo acurrucándose y esforzándose por meter el grueso falo de Marcelo lo más al fondo que podía meter en su pequeña boquita. Cerraba los ojos como si se excitara al chupar y chupar el pene de Marcelo. Lo chupaba con ahínco y mucha fuerza. De pronto lo sacó de su boca y le dijo.

- ¿Te gusta así? O con más saliva.
- Dios… que… excitante eres Vanesa… maldición… si… me gustaría con más saliva… sigue…
- Bien – y se lo metió nuevamente a la boca.

“Santo cielo… si… si así pequeña… UAO…” Decía y pensaba Marcelo al sentir y ver como Vanesa ponía mucho de su parte para hacer aquel oral tan maravilloso. Ella se echó completamente boca a bajo para poder estar más cómoda a la hora de mamársela. Movía sus piernecitas juguetonas mientras se lo hacía, las movía como si se estuviera divirtiendo. Se acomodaba el cabello y acariciaba las piernas de Marcelo mientras seguí metiendo y sacando aquella vara de su muy bien humedecida boca. Nuevamente la saco de su boca para reírse del rostro super excitado de Marcelo. Con una bella sonrisa le dijo.

- jaja, me gusta tu rostro cuando te excitas.
- Jaja… – rió nervioso él.
- ¿Te gusta así? – y se lo volvió a meter a la boca.
- Mmmm sii…
- Jajaj… a ya… mmmm….

Marcelo no pudo aguatar más, y al sentir que se vacearía, se sentó en la cama y con cuidado apartó la cabecita de Vanesa para poder eyacular en el suelo.

- Disculpa pequeña un momen… AHHHHH…. CIELOS… AHHHH….

Decía mientras usaba la mano izquierda para masturbarse y de esta forma expulsar todo su esperma. Por fin, se tiró en la cama exhausto y jadeando. Observaba el techo como si estuviese en el cielo. Vanesa al verlo con una sonrisa de satisfacción, sintió que le había hecho un favor a una persona noble. Se echó a su costado y lo abrazó. Marcelo nuevamente tuvo el placer sentir su lindo y cálido cuerpecito junto al suyo. Con una mano acarició sus pequeños senos y la observó. La vio y se acordó de Josselyn, de cuando eran niños. Sabía que lo que le iba a decir a continuación era una estupidez tremenda pero lo dijo.

- Creo que me he enamorado Vanesa, de ti, me he enamorado de ti hoy.
- Qué estás diciendo – dijo sorprendida – ¿Te has enamorado de mi?
- Sí… no se como explicártelo… lo siento… no puedo – se levantó de la cama y se sentó al borde – no se cómo explicártelo… eres tan bella… se que pagué por tus servicios pero… no me gustaría que nadie te toque de nuevo…

Ella se sentó en la cama tras él e intentó verlo al rostro.

- Cómo puede ser… ¿Cómo puedo gustarte tanto…? Soy…
- ¿Prostituta? Tú no eres así. No quiero que seas una prostituta… no quiero que seas una prostituta más.
- Yo… te vi hoy. Afuera de la discoteca… estabas sentado… Me pareciste muy simpático… y cuando te vi en el edificio y Mónica me dijo que querías que yo venga a tu cuarto… no se porqué pero me sentí… feliz. Pero no tiene nada que ver eso… no tiene nada que ver… no podemos…
- Quiero que te escapes conmigo Vanesa… no se qué me pasa… no me pidas que te lo explique pero siento algo muy fuerte por ti… Ni… ni yo lo entiendo.
- ¿No quieres que yo esté con nadie más verdad?
- No… no…
- Entonces… ven todos los días y paga por mí. Así lo evitaremos.
- Pero Vanesa… yo no tengo tanto dinero…
- ¿Pero tú me amas no? ¡Tú dijiste que me amabas!
- Vamos Vanesa no te comportes así ahora.
- ¡Pero tú me lo dijiste! Ves, tú también mientes.
- ¿También?
- (Silencio)
- Te amo, te amo, te amo. Pero qué puedo hacer… Yo… yo buscaré la manera de sacarte de aquí.
- No puedes…
- Yo veré como hago.
- No… ¿sabes qué? Estoy confundida… estoy cansada, no he dormido bien… Ya va a amanecer… mejor vete…
- Vanesa… no seas así conmigo
- ¡Vete!
- No quiero… Vanesa… no te mereces esta vida.
- ¿A si? Y por qué dejaste que te la chupe entonces.
- Te pregunté si tú querías… y me dijiste que sí.
- … no… no me interesa. Ya vete… por favor… ya vete… tengo sueño… -Y empezaron a brotar unas lágrimas de sus ojos.
- No hermosa… no llores… No llores… eres hermosa… Discúlpame.
- Por favor vete…
- ¿En verdad quieres que te deje?
- Esta noche… si…

Marcelo entendió que estaba cansada, que necesitaba tiempo para ella, para dejar a los clientes. Decidió irse entonces, pero antes le prometió que estaría a primera hora para ser su primer cliente. Ella le dijo aún llorando que los clientes llegaban desde las cuatro de la tarde, cuando los policías ya se iban de fiesta. Se visitó y le dio un beso en la mejilla.

- Lo siento… no quise ser tu cliente hoy.
- Y yo no quise ser tu prostituta.
- ¿Amigos?
- Si quieres…

Afuera de aquél hotel, Marcelo reflexionó en la conversación que había tenido con Vanesa. Se dio cuenta que era él quien se había comportado como un niño caprichoso… que no estaba pensando bien. Sin embargo no podía dejar de pensar en algún beso más de ella. Extrañamente, no podía.

posters, carteles, cine, nazismo, guerra civil, desnudo, hadas, alcohol.

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Pequeña Vanesa

Publicado por el Wednesday, March 11th, 2009 a las 12:00 am

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Cuentos crueles. Relatos malvados. Historias malignas. Narrativa inteligente fuera de las normas morales.
I. Uno.

Marcelo no estaba seguro de haber escuchado bien. Jorge, su amigo, le había dicho que podría pertenecer al grupo de las equis. Era como un sueño hecho realidad… claro que pensaba que podría estar exagerando, pero estaba contentísimo con su trabajo. A sus 17 años no había tenido relaciones sexuales nunca y sus manos eran las únicas amigas sexualmente hablando. Desahogaba sus normales instintos de adolescente con revistas pornográficas y videos. Y ahora en “las equis” podría conseguir y ver todo tipo de revistas, películas y cualquier material pornográfico que se le pueda ocurrir (y también el que no le pueda ocurrir). Y ahí estaba Marcelo, frente al teléfono dándoles al fin, crédito a las palabras de Jorge. “Ey Marcelo, que crees… estás dentro” Parecía que hubiese ingresado a la universidad.

Eran las nueve y cuarenta de la noche cuando el teléfono de Jorge chilló.

- Alo…
- Jorge, soy yo, Marcelo. Llamaba para…
- ¡Marcelo! Cómo estás… no me digas que llamas para agradecerme.
- Ehh… en realidad si… y también…
- Jajaja, en realidad si, eres cómico eh. Vamos, ya dime que pasó.
- A bueno… mañana es domingo. Yo no voy a la academia, pero quería saber si “las equis” se abrirían mañana.
- Si, voy a abrir el negocio. Vente, necesitaré ayuda. Beto y Braulio seguro tardarán así que voy a necesitarte.
- A bueno, entonces estoy ahí… ¿a las ocho?
- Jajaja, esto no es un restaurante. Quién va a venir un día domingo a comprar pornografía.
- Bueno…
- Tú lo harías seguro jeje…
- Bueno este…
- Ya Marcelo, ven a las nueve. Chao.

Media hora después, sonó el timbre en la casa de Josselyn.

“Yo voy mamá” decía Josselyn mientras se acercaba a la puerta. “Marcelo, pensé que vendrían en media hora.”

- En realidad dije que vendría a las nueve.
- Ya bueno, entonces ¡Tardón! Jaja.
- Jaja… y…
- ¿Quién es Josselyn? – gritó su madre – Ah Marcelo… que tal – hizo una mueca entre desaprobación e incomodidad mientras regresaba a su cuarto.
- Qué tal señora Norma… Bueno… creo que no le caigo bien a tu mamá.
- Ah no hables tonterías, ven ya tengo listo el diálogo.

Josselyn condujo a Marcelo hasta su cuarto. Las paredes eran crema y el techo rosa. Tenía una super computadora que era super veloz y además con un super Internet. Peluches de monos en todas partes y cuadernos regados en su cama. Al lado de su cama, estaba un pequeño contenedor de ropa sucia. Al lado del contenedor, en el suelo, un calzón negro. No es que Marcelo se haya sentido excitado instantáneamente, si no que es que le habían dicho que la gente que usaba ropa interior negra era “ardiente”. Josselyn se percató del calzón negro y lo echó dentro del contenedor. Hizo como si no hubiera pasado nada y prendió el monitor de la computadora.

- Siéntate – le dijo señalando un pequeño banquito al lado de la silla de ruedas.
- Uao que rápida conexión. Mi Internet es tan lento que se demora hasta para cargar el google.
- Bueno ya estaba conectada. Pero si, tienes razón, tengo un Internet rápido. Pero… por qué no le dices a tus papás que te coloquen otra conexión, será más fácil para que estudies.
- No vivo con mis padres….
- Ah si… que tonta lo olvidé. Debe ser difícil
- Bueno… me mandan dinero.
- Pero nunca es lo mismo.
- No, normal, me gusta vivir solo.
- No te creo.
- De veras.
- …. Bueno, y si te mandan dinero, pídeles que te manden para que coloques otra conexión.
- Ya lo hice. De hecho me mandaron el dinero. De hecho… pedí la conexión.
- No jo… jaja, digo, no molestes. No me digas que los estúpidos no te quieren colocar la conexión.
- Si, ya es la tercera vez que se los digo… pero no se que les pasa.

Marcelo y Josselyn terminaron de revisar la tarea que les dejaron en el curso de inglés (una conversación) y prendieron la televisión, estaba pasando una película que la habían visto ya seis veces. Decidieron que una séptima vez no les haría daño.

- Podrás creer que esta película la tengo alquilada desde hace un año.
- No entiendo…
- La tengo alquilada. Nunca la compre, no se que pasó, en señor nunca me la reclamó. He ido a alquilar otras y nunca me ha pedido esta.
- Espero que no me toquen clientes como tú.

Josselyn tardó mucho menos de lo que Marcelo pensó que tardaría en asimilar eso.

- No me digas que trabajas alquilando películas. ¡UAO tienes trabajo!
- Shhh silencio.
- Por qué silencio. Es fantástico o no.
- Si. Aunque no se si a ti te guste.
- Por qué no habría de gus… ah no… No me digas que estás en el trabajo de Jorge.
- Pues…
- Marcelo… eso es denigrante.
- No es denigrante. Es normal, es como cualquier trabajo, no le hago daño a nadie… no le voy a vender material a menores de edad…
- Jajaja. Bueno bueno, tampoco soy tu mamá. Puedes hacer lo que quieras… nada más no me pidas que vaya a visitarte algún día.
- Bah… que me crees.
- Jaja… Propagandas. Voy por un poco de canchita ¿quieres?
- Eh… claro. Pero ¿la vas a preparar?
- Si, ya vengo.
- ¿Tu mamá no se enojara?
- No… por que habría de enojarse.
- ¿Te ayudo?
- No. O quieres que se enoje jeje… ya vengo.

“Y después dice que si le simpatizo a su mamá” pensó Marcelo. “Uao… me va a preparar pop corn (canchita)… ¿será que le gusto? Naaa… ella es siempre así.” Josselyn era la única amiga de verdad que tenía (amiga mujer). Compartían todo, se contaban casi todo. Sin embargo a él siempre le había atraído Josselyn. Sus hermosos senos de señorita, eran tan redondos y duros. Su cintura plana plana. Los chicos en la academia estaban tras ella casi todo el tiempo. Sin embargo su mal humor con los “conquistadores” los había apartado un poco. Pero a Marcelo, le dejaba entrar en su vida. Lastimosamente, como amigo. “Que trasero que tiene Joss… maldita sea, si yo fuera atractivo para ella… me imagino como sería desnuda… uao…” Marcelo cambió los canales para distraerse de sus propios pensamientos. Sin embargo se sumió mucho más en ellos. “Sexo” una película para adultos estaba pasando en el canal 45.

Era una mujer hermosa, y su pareja le estaba quitando el sostén. La besaba, y le quitaba su hermoso y delicado calzón negro. “Calzón negro” pensó Marcelo. Casi mecánicamente volteó a ver el contenedor de la ropa sucia de Josselyn. “Su calzón negro” De pronto Josselyn gritó desde la cocina.

- ¿Ya empezó?
- Eh… ¡no! No ha empezado todavía – dijo Marcelo mientras cambiaba los canales apresuradamente en busca de la película que estaban viendo.
- ¡Bueno… voy un momento a la bodega de la esquina… no hay suficiente, espérame!

Parecía que Josselyn se demoraba a propósito para que Marcelo caiga en la tentación.

- ¡Está bien! ¡No te demores Joss!
- ¡Yaaa no me grites! Jaja.

Esperó a que la puerta se cerrara y nuevamente sus ojos se centraron en el contenedor. Un fetiche oculto nació en ese momento. La ropa femenina, los olores. Se acercó al contenedor muy despacio y pudo ver el calzón negro. “Santo cielo… pero… si lo agarro, quizá ella se percate.” Lo observó durante un momento sin atreverse a agarrarlo. Sin embargo su vista lo llevó hacia la cama. Bajo la cama yacía otro calzón. Este era crema. Marcelo se agachó sin importarle que la película ya hubiera empezado. Cogió el calzón crema y lo acercó a su cara “Debo ser un enfermo” pensaba.

De pronto y sin previo aviso, oyó unos pasos apresurarse al cuarto. Pudo ver una sombra y en milésimas de segundo supo que era la mamá de Josselyn…

II. Dos.

El cuarto de Marcelo está totalmente desordenado. En el escritorio, lapiceros, medias, revistas, un teclado malogrado, papeles. En el suelo, una revista pornográfica, la radio enchufada, un vaso. En la cama, dos jeans, una mochila, el calzón de Josselyn y Marcelo dormido.

Suena el despertador. Son las ocho. “Maldita sea que sueño tengo…” Se levantó de la cama y vio el calzón crema de Josselyn. “ah… que buena paja” se había masturbado la noche anterior después de regresar con el calzón a su casa. Cuando la madre de Josselyn entró al cuarto, lo única reacción de Marcelo fue metérselo bajo el polo.

Marcelo se lavó los dientes y se alistó. Al ver que eran las ocho y media de la mañana aún prendió su DVD. “Siempre llego temprano… parezco un desesperado” Pesnó que una masturbación antes de ir al trabajo no le vendría mal, además, sería difícil que noten su excitación si ya se había desfogado en casa.

“Latinas ardientes III” decía la carátula del último DVD porno que se había comprado. “Veamos que tales están” Dio play a la película. La primera escena fue de dos hombres sentados en un sillón de cuero hablando en ingles. De pronto uno de ellos llama a alguien. Hace aparición una mujer morena de enormes pechos y con un trasero enorme tambaleándose mientras caminaba. “Mmm…” Marcelo adelantó el video hasta la próxima pareja. No le agradaban las exageraciones. Culos enormes, tetas enormes, piernas gruesas, labios muy carnosos. No era su tipo… le parecía grotesco. “Sabía que debía haberme comprado el de jovencitas de 18” pensaba.

En la siguiente escena estaba una mujer delgada, blanca, de pechos que le hicieron recordar a Josselyn. “Esto es a lo que me refiero” Un trasero prominente pero no era enorme. Estaba bien formada. No era una exagerada. Su pareja era un rubio con cara de pervertido sexual al que le gustaba sacar la lengua mientras la chica le hacía una mamada. “Oh my god, fuck me yeah… ohhh god… ohhh yeah” eran las palabras que repetía y repetía la mujer que ahora disfrutaba (al menos aparentemente) del sexo anal.

Marcelo terminó de masturbarse al fin. Estaba con calor, le gustaba quitarse el polo mientras se masturbaba, a veces se desnudaba para luego irse a duchar inmediatamente.

Las nueve y media de la mañana. Marcelo tocaba la puerta de “las equis” el negocio de Jorge. Jorge, era un ex compañero de la academia que decidió no ir a la universidad ya que se consideraba “negociante” y que podía hacer dinero sin la necesidad de estudios superiores.

- ¿Si? – dijo Jorge por el intercomunicador.
- Soy yo, Marcelo.
- Bueno… ya voy.

Marcelo esperó como diez minutos antes de que Jorge empezara a abrir el garaje que él había convertido en una tienda de material pornográfico.

- Ey no te quedes ahí parado, ayúdame con esto.
- Bueno…
- Jaja, es una broma. Pero si, ayúdame por favor.

Terminaron de abrir la tienda. Y acomodaron unas cajas de revistas pornográficas. Marcelo nunca había visto tantas revistas juntas. Parecía que Jorge fuera una especia de mayorista. Sin embargo su asombro fue mayor cuando pasó al pasillo de los videos. Aproximadamente había más de trecientos DVDs. Latinas, interracial, jovencitas, amateur, lesbianas, gays, orgías. También estaban las de enfermeras, secretarias, abogadas, bomberas, etc. Sin contar con las películas como blanca nieves, tarzán o un clásico como la cenicienta.

- Cielos… Jorge ¿y todo esto tú lo has comprado?
- Por su puesto. He invertido capital en esta porquería jeje, así que ten cuidado. Te tengo confianza Marcelo, por eso es que de vez en cuando te voy a dejar a cargo del negocio.
- No te preocupes.
- No lo haré.

Marcelo acomodó la nueva mercadería que había llegado. Nuevos videos. Cada video que acomodaba se quedaba viéndole la carátula. Más tarde llegaron Beto y Braulio.

- Hey Marcelo, aquí hay un cliente – dijo Braulio.
- Voy en seguida.

Marcelo se apresuró para atender a uno de los compradores. Sin embargo cuando llegó al mostrador se quedó con la boca abierta.

- Buenas…
- Bu… buenas.
- Quisiera un video lésbico por favor.

Ante él, una bella señorita de 20 años aproximadamente con un top que parecía sostén y un pantalón demasiado pegado para la modestia.

- S… si, en seguida.
- ¿Puedo escoger?
- Claro… aquí es… están los, el catalogo.
- Este es de heterosexuales amor.

Marcelo no recuerda como terminó de atender a aquella señorita, pero cuando lo hizo, estaba muy nervioso. Más allá, Jorge, Beto y Braulio se reían.

- JAJAJA, ¡hey Marcelo! Felicitaciones. Tu primer cliente, una mujer. ¡y qué mujer! Jaja
- El pobre aún no se lo cree.

III. Tres.

Dos semanas después.

- Oye Marce, adivina lo que traje.
- No me llames Marce.

Beto traía una caja llena de DVDs. Caminó por el pasadizo seguido de Marcelo.

- Como sea, jovencitas 18.
- ¿Todo? ¿Toda esa caja es de jovencitas 18?
- Así es.
- Increíble… ¡Uao! y a cuánto están para vender.
- Mmmm depende del cliente.
- Olvídate de eso, el valor de venta verdadero.
- Cuatro.

A Marcelo le gustaba bastante las chicas jóvenes. Muchas veces veía muchachas de 15 años y él creía que tenían 18. Se daba cuenta que su atracción por la “carne joven” se hacía más fuerte y no solo lo había notado él.

- Jorge, me voy a llevar estos videos hoy – le dijo Marcelo.
- Ok llévatelos – respondió Jorge sin mirar si quiera – pero primero ayúdame a cerrar el negocio ¿OK?
- OK.

A las diez de la noche Marcelo bajó la puerta enrollable y cerró todas las cajas. Guardo el DVD y el televisor en su sitio.

- Ok Marcelo hasta maña… qué demonios…
- Qué pasó – dijo Beto
- Que creo haber visto a Marcelo llevarse como media caja de DVDs.
- Ah si…
- ¿Ah si? Como que “ah si” para qué quiere tantos DVDs… ¿no los estará pirateando por su cuenta verdad?
- Jaja, no nada de eso, Marcelo te tiene respeto. No es de esos tipos, lo conoces. Son para él. Mañana los trae, como siempre.
- Pero son como veinte…
- Si a mi también me sorprendió, pero cuando le dijiste que si, pues…
- Si pero no pensé que fueran tantos. Debe ser alguna clase de super masturbador.
- Jajajaj
- Jajajaja
- Espera Marcelo ¿tiene 17 años verdad?
- Va a cumplir 18 en una semana.
- Ya… ¿y ya lo hizo?
- Qué cosa…
- ¿Ya tuvo sexo?
- No aún no.
- ¡¿No?! Y tú cómo sabes.
- Porque él me lo dijo pues.
- Mmmm… y dices que se acerca su cumpleaños ¿verdad?
- Si…
- ¿Estás pensando lo mismo que yo?
- Jaja creo que si.

Eran como las once de la noche cuando Marcelo fue interrumpido en plena masturbación por el teléfono. Se levantó de la cama y fue a contestar. Levantó el auricular y aparentó no estar agitado.

- ¿Diga?
- ¿Marcelo?
- Si… ¿Josselyn?
- Si soy yo Marcelo, cómo estás.
- A pues… bien… bien. Estoy bien.
- Ah… que bien. Yo… no estoy tan bien sabes…
- Que… que pasó – dijo mientras notaba que su miembro aún estaba en pie.
- Pues… una pelea con mi madre. Se fue a la casa de mi tía, parece que va a dormir allá.
- Ah… pero… qué pasó.
- No quiero hablar de eso…
- Ah…
- Marcelo…
- Que…
- ¿Puedes venir a mi casa?… se que es tarde, pero de veras quisiera que vengas a mi casa ahora.

Marcelo veía el calzón crema de Josselyn que aún conservaba en su habitación. Se imaginó por un momento las posibilidades a pesar de que sabía que estaba mal pensar en ello cuando su mejor amiga estaba pasando por un momento crítico. “Ella y yo… solos en su casa. Ella triste… necesitada de amor…” instintivamente agarró su pene y lo sobó. “Diablos Marcelo ¡qué estás pensando!” se dijo.

- Claro, en quince minutos salgo para allá. Estaba por irme a dormir… Me cambio y voy para allá ¿OK?
- Te espero entonces – y colgó.

Vio su televisor con la película pornográfica aún reproduciéndose y por un instante se le pasó por la cabeza terminar con su masturbación “jovencitas…” Pero decidió ir por Josselyn.

IV. Cuatro.

Marcelo caminó hasta la casa de Josselyn, estaba haciendo mucho frío en la calle y parecía que la gente había decidido guardarse en sus casas. La casa de Joss estaba apagada. Ni una sola luz encendida. “Quizá deba tocar el timbre” se preguntó.

Se acercó a la puerta, tocó el timbre y esperó. Tocó por segunda vez y esperó sin respuesta. “Quizá ya se durmió… vine por gusto…” De pronto, la vio. Estaba sentada en una de las bancas del parque frente a su casa. Ella lo estaba viendo desde ahí.
Marcelo un poco confundido se acercó a Josselyn.

- Qué haces aquí sentada… hace frío – dijo mientras se quitaba la casaca para dársela.
- Nada, solo pensaba – respondió al tiempo que se colocaba la casaca de Marcelo.
- ¿Estuviste mirándome todo el tiempo?
- ¿Te refieres a que si te estuve mirando cuando llegaste y tocaste el timbre?
- Si…
- Si.
- Ah…

Se quedaron sentados observando la casa de Josselyn por un buen rato sin decir palabra alguna. Marcelo rompió el silencio.

- Bueno… y ¿me quieres contar qué pasó?
- No… no quiero hablar de eso. Solo quería tu compañía.
- Ah…
- No te molesta ¿o si?
- No, para nada.
- Ah bueno…

Nuevamente quedaron en silencio. Marcelo trataba de pensar en algo alentador para decirle pero no se le ocurría nada. “Quizá deba hablarle de…” Josselyn interrumpió sus pensamientos:

- ¿Sabes? De niña, como cualquier niña creo, pensaba estar junto a mi padre y madre para siempre… y ahora… parece que me quedaré sola al fin.

Marcelo guardó silencio por un momento y luego dijo.

- Bueno… no lo vayas a tomar a mal pero… yo estuve solo gran parte de mi vida y… no es tan malo. No es algo de otro mundo… ¿entiendes?
- Para ti es fácil… tu no quieres a tus padres de la manera en que yo quiero a los míos…
- Pues… si… si… quizá sea verdad.
- … Marcelo… ¿has tenido alguna mujer en tu vida?
- Pues enamorada… si una vez…
- No, enamorada no. Mujer.
- … te refieres a…
- Aja.
- No… no, no nunca ¿y tú?
- Soy heterosexual.

Antes de que Marcelo entienda la broma ella dijo:

- Deberíamos salir uno de estos días. Tu sabes… salir no necesariamente quiere decir a la calle…
- Podría invitarte a mi casa si quieres…
- Claro – dijo sonriendo – Eso sería estupendo.
- ¿Si? Pues… bien… cuándo…

V. Cinco.

Eran las diez de la mañana cuando Marcelo llegó a “las equis”. Braulio y Beto estaban guardando los CDs en sus cajas. Jorge estaba cerrando el negocio.

- Ey qué pasó se te pegaron las sábanas. No son horas de llegar al trabajo…
- Eh… disculpa Jorge. Ayer estuve… ¿Por qué están cerrando?
- ¡Vamos a tener un día de chicos Marce! – dijo Beto.
- No me digas Marce… y… ¿Qué es eso de día de chicos?
- Por ahora – respondió Jorge – ayúdame a cerrar, te lo explicaré en el camino.
- ¿En el camino?… Pero ¿acaso voy con ustedes?
- Ey… no protestes tanto. Recuerda que estás en falta por llegar tarde ¿eh?

“¿Estoy en falta?” se peguntó Marcelo. Sabía que llegar tarde a “las equis” no era ninguna clase de falta.

- Bien, suban al auto muchachos. La ciudad a la que vamos está lejos y no queremos llegar tarde – Dijo Jorge.
- Espera – interrumpió Braulio – ¿Qué acaso no íbamos primero a la casa de tu hermano?
- Cierto, primero a la casa de mi hermano.
- Y eso para qué – Preguntó Marcelo.
- Él será nuestro guía.
- En dónde…
- En la ciudad del pecado… ¡Arranquemos!

Y el carro arrancó. Marcelo no tenía idea que aquel día marcaría el comienzo de una nueva vida.

VI. Seis.

A unos cientos de kilómetros de “las equis” Raúl Vásquez hacía probablemente la llamada más peligrosa de toda su vida.

- Dime…
- Hola Juan… soy yo Raúl, llamaba por el pedido de mi padre.
- A te refieres…
- Si a las revistas.
- ¿A… a las revistas?
- Si… tú sabes… mi celular no está protegido y esto era una urgencia…
- Jajaj Nadie nos está escuchando Raúl.
- Pues… no se.
- Vamos, no quiero que me hagas llevar mercancía por las puras. Te refieres a las niñas
- Pues… si a las jovencitas.
- No no no, niñas. Jovencitas son desde los 16 años.
- A bueno… pero no tan ni…
- Ya…. Tampoco creo que tu padre sea un bastardo… serán desde los once años ¿OK?
- …OK… OK… Ahora Juan… no vuelvas a mencionar a la mercancía…
- Bueno bueno… quiero estar seguro. El transporte no es gratis tu sabes.
- Bueno – respondió Raúl sudando – Cuándo las traes.
- Pues… pasado mañana. Si, pasado mañana.
- OK… adiós.
- Está bien… oye no deberías estar tan…

Pero Raúl no dejó que terminara la oración, simplemente le cortó la llamada. “Maldito sea este hijo de perra” pensaba. “Cómo puede ponerme en tanto riesgo… y si nos escucharon las autoridades… no… maldita sea… que no nos hayan escuchado nadie…”
Raúl tenía una familia que mantener y ahora estaba deseando no tener que comunicarse con su esposa desde una cárcel.

VII. Siete.

Dos días después de la partida de Marcelo a la ciudad “Y” se encontraba sentado en el asiento trasero del auto de Jorge junto a su hermano y a Beto. El hermano de Jorge, Jhon, era un joven adicto al sexo que viajaba a distintas ciudades para hacer “turismo sexual” Marcelo hace dos horas se había enterado que las intenciones de Jorge, Braulio y Beto eran llevarlo para hacer turismo con él dentro de las oscuras y frías calles de la ciudad “Y” una ciudad devastada por la prostitución.

Llegó la noche, eran las diez de la noche para ser exactos. Jorge acababa de remplazar a su hermano Jhon en el volante. Marcelo estaba pensando en Josselyn. Ella lo había llamado tres veces y él no le había contestado por temor a tener que explicarle en donde estaba o hacia dónde se dirigía. No quería mentirle… y si lo intentaba… no quería que la mentira sea increíble.
Sus pensamientos fueron interrumpidos de pronto por Jhon que aparentemente estaba dormido.

- En qué piensas Marcelo…
- Bueno… supongo que en la ciudad “Y”.
- Ajaja… ya veo, estás ansioso por llegar eh.
- Bueno…
- Dime… qué clase de mujeres te gustan en la cama.
- Marcelo no ha tenido relaciones aún – interrumpió Jorge que los estaba escuchando.
- ¿A no?
- Bueno… todavía no he tenido oportunidad de…
- Ajá… y con qué clase de mujer te gustaría acostarte…
- Pues… no se… que sea linda.
- A él le gustan las jovencitas – interrumpió nuevamente Jorge – ya sabes, él tiene 17 años aún.
- Ya veo… tú eres uno de los nuevos hombre con los gustos “nuevos”
- A… a que te refieres.

Jhon le dedicó una mirada cómplice a su hermano Jorge.

- No lo se Jhon… no creo que… – dijo Jorge.
- Estoy noventa por ciento seguro de que así es.
- A que te refieres – dijo Marcelo.
- Pues a que te gustan las tiernitas… tú me entiendes.
- ¿Las chicas jóvenes? A si… claro… las prefiero en realidad.
- Si… hubo una época en donde yo también las prefería…

La conversación fue interrumpida por un policía que había parado el auto. Les preguntó a donde iban y tuvieron que sobornarlo para que no tome el registro del auto. El turismo sexual clandestino estaba penado, y los policías acostumbraban a tomar las placas de los autos para que la policía de ciudad “Y” los siguiera o para que algún periodista de turno pudiera grabarlos en plena comercialización sexual.

Al fin llegaron a un hotel en donde se hospedaron todos. Durmieron hasta la una de la mañana, cuando Marcelo pensó que podía conciliar el sueño por fin, Jhon los despertó.

- Bien señoritas, a levantarse.
- Jajaja, qué crees que esto ¿un cuartel?
- Vamos, no se duerman, ya es hora, a esta hora es mejor. Marcelo, levántate.

“Pero qué tiene este tipo… ¿no sabe que hora es?” pensaba Marcelo mientras de desperezaba.

- Vamos alisten sus ropas más varoniles y sus preservativos de mejor calidad. Claro si no, vamos por unos a cualquier tienda o bar. No vine hasta aquí para dormir, no olviden que nos vamos en dos días nada más.

Todos bajaron hasta la recepción y subieron al auto de Jorge, arrancaron y se fueron al “Moto X” una discoteca entre los callejones de la ciudad “Y” conocida por contener un gran número de prostitutas.”

Al entrar, Marcelo supo que estaba en otra dimensión. Luces psicodélicas, mujeres en las barras bailando en ropa interior…

- ¿Ves a esas mujeres en las barras? – le preguntó Jorge a Marcelo.
- Si…
- No trabajan en la discoteca. Son clientas que quieren diversión ¿entiendes? Jajaja, ¡vamos por un trago!

Drogadictos, parejas acariciándose explícitamente en las mesas de la discoteca, prostitutas, camareras coquetas, gays, jóvenes revoltosos, y claro, más prostitutas.

- Sírvete un trago Marcelo, este se llama “Ilusión azul”. No te preocupes, no perderás tu virilidad, así es el nombre.

No pasó mucho para que sus compañeros consigan pareja, de hecho, ya tres chicas se le había insinuado. Sin embargo Marcelo estaba tan atontado que no supo decirles si. Para su desgracia estaba pensando en Josselyn… para su desgracia no estaba excitado aún cuando estaba rodeado de mujerzuelas.

Decidió Salir al fin. Era divertido, no lo negaba… pero tenía que admitir que esas mujeres lo intimidaban. Afuera, prendió un cigarro y vio pasar un auto tras otro.

“Josselyn…” Antes de que empezara a pensar nuevamente en ella, tuvo una aparición. “¿Es una aparición…?” pensó… Una aparición que combinaba sus frustraciones, deseos, masturbaciones, intimidades, miedos, decisiones, inquietudes y patologías. De un edificio salían cinco chicas. Cinco… ¿chicas? No, no me refiero a que él veía a travestís, si no a que quizá las edades de aquellas mujercitas no calificaban para ser llamadas “chicas.” Eran… Sabía muy bien que no tenían 18 años. Y algo le decía que no eran chicas de 15 años queriendo aparentar ser de 18 ¿Acaso era posible que fueran menores?

Una por una subió al auto negro. Sin embargo una en especial le pareció sumamente atractiva. Una en especial. No eran recatadas… se vestían como… “Además que hacen unas chicas así a las tres de la madrugada vestidas de esa forma entrando a un auto negro con lunas polarizadas” pensó. Sin embargo el bello ángel que vio por un momento desapareció al ingresar al vehículo. El auto avanzó y no tardó en desaparecer de su vista.

Antes de que Marcelo pudiera reaccionar ante esta aparición, la voz de Jhon lo interrumpió.

- Ya veo… – dijo mientras abrazaba a una mujer muy ebria.
- Qu… qué haces aquí. – respondió Marcelo.
- ¿Aquí? Es la vía pública jaja. Mira, un momento amor – le dijo a la prostituta ebria mientras la dejaba de lado – ya me di cuenta… yo… ya me di cuenta (su aliento olía a puro alcohol) cuáles son tus verdaderos gustos…
- P… pero a qué te refieres.
- No te hagas Marcelo, no tienes porqué avergonzarte. Te vi observando a esas chiquillas…
- A… a quienes.
- Por favor… ah… demonios. Espérame.

Jhon se acercó a la prostituta y le dijo al oído.

- Amor… ya vengo… es el amigo de mi hermano. En realidad vinimos por él, tengo que concederle una cita. Espérame en el hotel.
- Ay… y por qué no le dices que se venga conmigo pues…
- ¿Contigo?… que ¿quieres dejarme? ¿Eh?
- No no amor, yo no te dejo. Mami no te deja a ti ¿OK? Tengo varias amigas dentro amor…
- Jajaja, no olvídalo, te estaba bromeando… aquí mi amigo tiene otros gustos. Espérame en la cama desnuda ¿qué cuarto era? OK, espérame ¿si?

Se acercó nuevamente con Marcelo y le dijo.

- Mira… yo si me voy a divertir hoy ¿OK? No pienso aburrirme como tú. Pero tampoco quiero que termines asaltado o hasta violado. Estas calles son peligrosas. Te llevaré al hotel en donde nos hospedamos para que duermas.
- Yo se conducir, no te preocupes.
- Nada de que sabes conducir, no confío en ti. No lo tomes a mal… es el auto de Jorge, ya sabes.

“No lo tomes a mal… aquí el borracho es él” pensaba Marcelo mientras subía al auto.

VIII. Ocho.

Marcelo se quedó dormido en el trayecto, sin embargo lo despertó Jhon y le decía:

- Oye, tengo hambre, voy a comprarme un sándwich ¿Quieres algo?
- No, gracias.
- Bueno, igual, acompáñame afuera, no quiero caminar solo.

Jhon se paró frente a un puesto de hamburguesas mientras Marcelo lo esperaba más allá. L lugar era realmente terrible. Las paredes eran negras, y había muy poca luz. Estaban parados al lado de un hotel de muchos pisos. De pronto, para su sorpresa, se percató en un auto. Un auto familiar. Un auto negro con lunas polarizadas. Rápidamente buscó con la mirada a alguna chica y encontró a una de ellas. Estaba parada recostada en una pared. Esperaba a alguien al parecer. “¿Clientes?” pensó…

De pronto un hombre se le acercó. Estaba oscuro, no veía muy bien. Sin embargo la figura de aquel hombre se le hacía conocida… un detalle más. El hombre estaba llevándose a la boca la mitad de una hamburguesa.

Rápidamente se dio cuenta de quién era, se fijó en el puesto de hamburguesas y ya no estaba Jhon. “Maldición…” pensó. Al llevar la mirada nuevamente hacia el edificio no encontró ni a la chiquilla, ni a Jhon. De pronto le volcó el corazón.

- ¡Buuu! Jaja, Marcelo… estás distraído. – le dijo Jhon que ahora estaba acompañado de esta niña. Una niña bella a decir verdad.
- Maldición Jhon… me asustaste.
- Jajaj, nada de eso. Me llevaré el auto, cuando termines, por la mañana pide un taxi. Adiós.
- De que hablas.
- Oye. No seas mal agradecido. Ella es Mónica. Mónica, el es Jhon, espero que no tengan mucho de que hablar.

Dicho esto, se metió al auto y arrancó. Marcelo estaba por detenerlo, estaba por ir tras Jhon y decirle que no quería quedarse con Mónica. Pero a quién engañaría… extrañamente, esa chiquilla lo atraía en demasía.

Marcelo se quedó observando como el carro desaparecía en la oscuridad de la ciudad “Y” y finalmente voltio a ver a Mónica.
Ella lo estaba viendo. Luego, al no recibir ninguna palabra de él, dijo.

- Y bien… ¿vamos?
- A… a dónde.
- Ya sabes, arriba, a mi cuarto.

Marcelo no podía creerlo. Era muy repentino para él. Esa chica era menor que él… mucho menor. Se acercó a ella y le preguntó.

- Disculpa… qué edad tienes.
- 16…
Pero Marcelo sabía que no tenía 16. Era una mentira, sabía que le habían dicho que dijera eso cuando le preguntasen por su edad.

- Bien Mónica… dime la verdad… quiero saber con quién voy a…
- OK tengo 15

Una chica de quince años estaba dispuesta a acostarse con él. Es más, Jhon ya había pagado por sus servicios.

- Pues… entonces… vamos.
- Vamos.

Al entrar al hotel, Marcelo empezó a sentirse inseguro. Él había visto a una muchacha mucho más bella que Mónica, de hecho era hermosa. Se acordaba que cuando la vio, le había hecho acordar a Josselyn, pero una Josselyn pequeña.

- Disculpa… tú tienes… ¿más amigas? – dijo sin si quiera saber a qué tipo de conversación se dirigía.
- Sí, tengo más. Por qué.
- Pues… hoy vi a una chica… y pensé… ya que estoy aquí…
- ¿La viste hoy? Y cómo sabes que es mi amiga.
- Pues… el auto de afuera… la… la vi… estaba saliendo de un edificio, al lado de “Moto X”.
- Ahhh… las nuevas. Eso te costaría más. Pero… ¿no te gusto yo?
- No no… si me gustas… eres muy linda… pero la chica que vi…
- Menor o mayor.
- Pues no… no se… (él sabía que era menor)
- Bueno si no sabes cómo te puedo ayudar idiota…
- Menor. Era menor… y… no me digas idiota ¿si?
- Jaja… y cómo era ella.
- Pues… tenía cabello castaño. Castaño oscuro. Muy delgadita. No se… mejor… mejor olvídalo.

Marcelo se encontraba muy confundido como para hacer una petición más pervertida de la que estaba seguro tener. “No puede ser… esto no esta bien… creo que no…” pensaba. Sin embargo tuvo nuevamente aquella aparición…

En la sala de recepción, se encontraban dos chiquillas. Una de ellas era su “pequeña Josselyn” Mónica al darse cuenta de cómo la observaba se acercó a él y le dijo al oío.

- Cuál de ellas.
- La… cómo que… – dijo sin poder evitar tartamudear de los nervios.
- Que cuál de las chicas de aquel sillón. Vamos, no seas tan tímido.
- Pu… pues la de…
- ¿La de zapatos plateados?
- S… si… si… ella, ella.
- Bien ¿tienes diez monedas más? OK, espérame en el cuarto 801. Toma la llave. Ella se dirigirá a ti. Supongo que deberás tenerle paciencia… creo que es novata.

Dicho esto y dejando a Marcelo temblando de los nervios, se dirigió hacia la pequeña. Marcelo, muerto de vergüenza y sudando, se apresuró al elevador para que no lo vieran. Digitó el piso 8. El elevador subía, pero el sentía que descendía… que descendía mucho.

IX. Nueve.

Temblando de nervios, Marcelo abrió la puerta de su habitación. Dentro, estaba con un pánico terrible. Estaba seguro de que lo que hacía era ilegal. Era su primera vez… no bastando con que se sintiera nervioso por aquello, también estaban los factores de prostitución no permitida. “Qué voy a hacer…” pensaba.

Y de pronto tocaron la puerta. El corazón le latía con mucha fuerza. Preguntó.

- ¿Quién?
- Vanesa…

Rápidamente se acercó al orifico de la puerta para ver por este. Era la chiquilla. “Se llama Vanesa… que hermoso nombre” pensaba. Abrió la puerta con torpeza y la encontró parada frente a él.

- Pu… puedes pasar.
- Gracias… – Dijo tímidamente.

Entonces se dio cuenta que la pequeña que estaba frente a él no pasaba los trece años. Mucho más nervioso sacó un cigarro de su bolsillo y empezó a fumar.

- Cu… cuántos años tienes.
- Tengo 11, señor. Perdón… 12. Acabo de cumplir 12.
- Bien… No me llame señor ¿si? Soy Marcelo.
- Yo me llamo Vanesa.
- Bonito nombre Vane…

De pronto Vanesa se quitó los zapatos y se empezó a desabrochar el jean. Marcelo se la quedó viendo boquiabierto y no supo cómo reaccionar.

- No, no Vanesa, qué haces, todavía…
- ¿Todavía?…
- No o sea… – Pero ella seguía desvistiéndose.
- Estoy poniéndome cómoda.
- Cielos… eres hermosa. “Le dijeron que diga que se siente cómoda cuando está desnuda…” pensaba.
- ¿Te ayudo a quitarte la ropa? – pregunto ella.
- N… no… yo… yo puedo.

Marcelo no podía sentirse más excitado, frente a él estaba Vanesa tan solo con un pequeño calzón de flores y su piel era blanca como la sábana de la cama. “Hermosa… hermosa” pensaba mientras se bajaba el pantalón casi instintivamente.

- Solo quiero que… solo quiero que nos acostemos en la cama y nos tapemos con las sábanas y el cubrecama ¿si? – Le dijo a ella.
- Esta bien, lo que quieras.

Ambos, semidesnudos, se acostaron en la cama, y se cubrieron con las sábanas. Él la abrazó y aunque estaba muy excitado, la observó con lástima.

- Qué pasa… por qué me miras así…
- Tu… ¿te gusta esto que haces?
- A que te refieres.
- A… prostituirte… ¿Te gusta? “Qué pregunta más estúpida” pensó.
- No… solo lo he hecho tres veces. Pero… la verdad – dijo mientras se acurrucaba tiernamente entre sus brazos – no me gusta… aunque ahora si… estoy cómoda. No me había tocado nadie como tú.
- Cómo… cómo como yo.
- O sea… eres lindo… y me estás tratando bien. No eres grosero. – Al decir esto puso una cara de tristeza que hizo sentir mal a Marcelo.
- Cómo… ¿te tratan mal?
- Casi siempre… ¿sabes qué?… me haces acordar al enamorado de mi hermana. Ellos siempre estaban abrazados.
- Entiendo…

Se quedaron abrazados por un largo tiempo. Sintiendo sus cuerpos desnudos. Marcelo estaba excitado y Vanesa estaba cansada de su día de trabajo. Sentía que él la protegía con sus brazos… extrañamente ahora se sentía a salvo… pero no podía explicárselo.

- ¿Vamos a estar abrazados hasta que amanezca?
- No lo se… Nunca… ¿te digo la verdad? Nunca he tenido sexo con nadie…
- ¿Con nadie? – preguntó sorprendida.
- Así es… y la verdad… ahora… no es que quiera obligarte ni nada… no se… no me hagas caso… estoy muy excitado.
- Excitado… – Dijo mientras se escabullía entre las sábanas hasta llegar a la altura de la pelvis de Marcelo.
- Eh… no… no Vanesa… qué haces, no hagas eso pequeña, no quieres…

Ella subió nuevamente hasta encontrarse con el rostro de Marcelo y dijo.

- Que no haga qué… ¿Que no te la chupe?
- No es que… no se… no quiero obligarte…
- Quiero hacerlo… eres guapo. – dicho esto se escabulló como una pequeña gatita hasta la pelvis de él. Marcelo creía de pronto que estaba en alguna clase de paraíso endemoniado.
- Vanesa sabes como… OH… CIELOS…

Vanesa empezó a chupar el pene de Marcelo como si tuviera mucho apetito, trató en lo posible de metérselo lo más al fondo que podía. Le parecía un chico simpático, atractivo y buena gente, así que quería y sentía que debía esforzase por complacerlo lo mejor que podía. Marcelo, quitó las sábanas para poder verla, para poder ver la acción.

Y ahí se encontraba Vanesa, solo con un calzón de flores, blanca como sábana, no era pálida, era simplemente blanquísima, bellísima. Estaba entre las piernas de Marcelo acurrucándose y esforzándose por meter el grueso falo de Marcelo lo más al fondo que podía meter en su pequeña boquita. Cerraba los ojos como si se excitara al chupar y chupar el pene de Marcelo. Lo chupaba con ahínco y mucha fuerza. De pronto lo sacó de su boca y le dijo.

- ¿Te gusta así? O con más saliva.
- Dios… que… excitante eres Vanesa… maldición… si… me gustaría con más saliva… sigue…
- Bien – y se lo metió nuevamente a la boca.

“Santo cielo… si… si así pequeña… UAO…” Decía y pensaba Marcelo al sentir y ver como Vanesa ponía mucho de su parte para hacer aquel oral tan maravilloso. Ella se echó completamente boca a bajo para poder estar más cómoda a la hora de mamársela. Movía sus piernecitas juguetonas mientras se lo hacía, las movía como si se estuviera divirtiendo. Se acomodaba el cabello y acariciaba las piernas de Marcelo mientras seguí metiendo y sacando aquella vara de su muy bien humedecida boca. Nuevamente la saco de su boca para reírse del rostro super excitado de Marcelo. Con una bella sonrisa le dijo.

- jaja, me gusta tu rostro cuando te excitas.
- Jaja… – rió nervioso él.
- ¿Te gusta así? – y se lo volvió a meter a la boca.
- Mmmm sii…
- Jajaj… a ya… mmmm….

Marcelo no pudo aguatar más, y al sentir que se vacearía, se sentó en la cama y con cuidado apartó la cabecita de Vanesa para poder eyacular en el suelo.

- Disculpa pequeña un momen… AHHHHH…. CIELOS… AHHHH….

Decía mientras usaba la mano izquierda para masturbarse y de esta forma expulsar todo su esperma. Por fin, se tiró en la cama exhausto y jadeando. Observaba el techo como si estuviese en el cielo. Vanesa al verlo con una sonrisa de satisfacción, sintió que le había hecho un favor a una persona noble. Se echó a su costado y lo abrazó. Marcelo nuevamente tuvo el placer sentir su lindo y cálido cuerpecito junto al suyo. Con una mano acarició sus pequeños senos y la observó. La vio y se acordó de Josselyn, de cuando eran niños. Sabía que lo que le iba a decir a continuación era una estupidez tremenda pero lo dijo.

- Creo que me he enamorado Vanesa, de ti, me he enamorado de ti hoy.
- Qué estás diciendo – dijo sorprendida – ¿Te has enamorado de mi?
- Sí… no se como explicártelo… lo siento… no puedo – se levantó de la cama y se sentó al borde – no se cómo explicártelo… eres tan bella… se que pagué por tus servicios pero… no me gustaría que nadie te toque de nuevo…

Ella se sentó en la cama tras él e intentó verlo al rostro.

- Cómo puede ser… ¿Cómo puedo gustarte tanto…? Soy…
- ¿Prostituta? Tú no eres así. No quiero que seas una prostituta… no quiero que seas una prostituta más.
- Yo… te vi hoy. Afuera de la discoteca… estabas sentado… Me pareciste muy simpático… y cuando te vi en el edificio y Mónica me dijo que querías que yo venga a tu cuarto… no se porqué pero me sentí… feliz. Pero no tiene nada que ver eso… no tiene nada que ver… no podemos…
- Quiero que te escapes conmigo Vanesa… no se qué me pasa… no me pidas que te lo explique pero siento algo muy fuerte por ti… Ni… ni yo lo entiendo.
- ¿No quieres que yo esté con nadie más verdad?
- No… no…
- Entonces… ven todos los días y paga por mí. Así lo evitaremos.
- Pero Vanesa… yo no tengo tanto dinero…
- ¿Pero tú me amas no? ¡Tú dijiste que me amabas!
- Vamos Vanesa no te comportes así ahora.
- ¡Pero tú me lo dijiste! Ves, tú también mientes.
- ¿También?
- (Silencio)
- Te amo, te amo, te amo. Pero qué puedo hacer… Yo… yo buscaré la manera de sacarte de aquí.
- No puedes…
- Yo veré como hago.
- No… ¿sabes qué? Estoy confundida… estoy cansada, no he dormido bien… Ya va a amanecer… mejor vete…
- Vanesa… no seas así conmigo
- ¡Vete!
- No quiero… Vanesa… no te mereces esta vida.
- ¿A si? Y por qué dejaste que te la chupe entonces.
- Te pregunté si tú querías… y me dijiste que sí.
- … no… no me interesa. Ya vete… por favor… ya vete… tengo sueño… -Y empezaron a brotar unas lágrimas de sus ojos.
- No hermosa… no llores… No llores… eres hermosa… Discúlpame.
- Por favor vete…
- ¿En verdad quieres que te deje?
- Esta noche… si…

Marcelo entendió que estaba cansada, que necesitaba tiempo para ella, para dejar a los clientes. Decidió irse entonces, pero antes le prometió que estaría a primera hora para ser su primer cliente. Ella le dijo aún llorando que los clientes llegaban desde las cuatro de la tarde, cuando los policías ya se iban de fiesta. Se visitó y le dio un beso en la mejilla.

- Lo siento… no quise ser tu cliente hoy.
- Y yo no quise ser tu prostituta.
- ¿Amigos?
- Si quieres…

Afuera de aquél hotel, Marcelo reflexionó en la conversación que había tenido con Vanesa. Se dio cuenta que era él quien se había comportado como un niño caprichoso… que no estaba pensando bien. Sin embargo no podía dejar de pensar en algún beso más de ella. Extrañamente, no podía.

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