El verdadero amor llegó con el sexo
Publicado por el Wednesday, March 11th, 2009 a las 12:00 am
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Éste relato, el cual no me he atrevido a contar, narra la
primera vez de la que pronto va a ser mi esposa. Nunca he sido un gran fan de
los relatos eróticos, pero necesitaba escupir todo esto.
Actualmente tengo 20 años y vivo en el Estado de México. Soy
de tez morena, mido 1.72 y aunque no soy un Van Damme tengo un cuerpo algo
musculoso gracias a las tres horas diarias de artes marciales que practico.
En cuanto a la otra persona implícita en el relato es mi
exvecina y ahora compañera de cuarto. Para no revelar su identidad y evitar un
enfado conmigo le pondremos simplemente N. Ella es de tez apiñonada. Mide 1. 69
y tiene unos senos muy bien proporcionados para su edad, además de un trasero
bastante respingado y una cintura delgadita que la hacen ver como una Barbie.
Sus maneras y sus modales son finos, lo que la hace aún más apreciable, y su
largo y cuidado cabello negro la hacen ver ante mis ojos como una diosa. Ella
tiene actualmente 16 años.
Bueno, pues esto comenzó desde que me mudé a una casa en lo
alto de una colonia. Las casas eran de tipo dúplex, y puesto que la de abajo ya
estaba vendida nos tocó el segundo nivel. Yo por ese entonces tenía 12 años.
Ella llegó una semana después de mí, siendo un niño quizá era lógico que me
fijara en ella. Yo tengo una hermana de la misma edad que ella, de hecho tienen
sólo unos días de diferencia. Así las cosas, inmediatamente mi familia y la de
ella se hicieron de mucha amistad y apenas dos meses después había pasado a ser
como mi tercera hermana. Nos teníamos tanta confianza que poco a poco me empezó
a contar todas sus intimidades, y así crecimos los dos, ella volviéndose una
mujer, mientras yo, ya vuelto un hombre me quedaba embelezado.
Comenzamos a salir los dos solos con motivos de amistad, pero
yo cada vez era más atrevido con ella, hasta llegar al límite de que estando en
una sala de cine (Se estrenaba el Dragón Rojo y con un poco de influencias la
dejaron pasar) le pedí un beso y terminamos con un faje genial (y mis dedos algo
pegajosos). Ese mismo día peleamos, pues me dijo que no habíamos hecho lo
correcto, que éramos como hermanos y que si nuestras familias se llegaban a
enterar tendríamos serios problemas. Yo la verdad con la indecisión que había
soportado por cinco años, entre que me atrevía y que no decidí emplear a mi
hermana para enterarme de todo lo que ella sentía por mí. Yo sabía perfectamente
(Porque créanme que ella de verdad es madura) que hablando no le sacaría ninguna
confesión.
Me enteré que realmente me ha amado siempre, y que de hecho
por lo que se me había negado era porque tenía grandes deseos de perder su
virginidad conmigo. Apenas enterarme me puse a saltar de gusto, no podía creer
tanta suerte. Además, por si fuera poco todos mis sueños húmedos eran pensando
en ella.
Fue entonces cuando decidí buscar el momento preciso para
decirle todo lo que sentía. Y ese momento se dio en una pequeña fiesta que hice
con motivo de mi cumpleaños. Siempre me han tocado esos cumpleaños en los que de
cien personas que van a festejar tú invitaste a cinco. Así que mejor me recluí
en mi cuarto. Puse mi música a todo volumen y me recosté sobre mi cama. Poco a
poco me fue venciendo el sueño y me puse a pensar en ella para dormirme con
húmedos y dulces sueños. En eso sentí que alguien abría mi puerta, estaba a
punto de moverme, pues de tanto recordarla se me había hecho una grandiosa
erección, cuando descubrí que era precisamente ella quien estaba en la puerta.
Me hice el dormido y, al ver mi erección ella se quedó en la puerta. Esperaba
que se retirara ó se diera la vuelta asustada, pero en lugar de eso se acercó a
mí. Me movió un poco para ver si estaba dormido y, convencida de que lo estaba
se acercó a mi erecto miembro y se le quedó mirando, luego subió hasta mi cabeza
como queriendo escuchar mi respiración.
Entonces la tomé por la cintura y le robé un beso. Lo que
pasó a continuación me ha recordado hasta ahora el pensar dos veces las cosas.
Apenas la había jalado gritó por el susto y, veinte segundos después toda mi
familia estaba en mi cuarto. Explicamos lo sucedido como un pequeño susto tan
típicos de mí y todo siguió en paz. Pero no fue lo mismo.
Los demás días se portó esquiva, hasta que encontré su casa
sola y decidí meterme a esperarla (Mi familia tenía llaves de su casa y
viceversa). Hablé con ella y quedamos que seríamos pareja, pero que tendríamos
nuestros límites. Preferí empezar por ese lado y así, tuvimos cinco lindos meses
de relación y faje (Lamentablemente sobre la ropa).
Llegó su cumpleaños número quince y yo fui el primer invitado
a la celebración, sus padres no sabían de lo nuestro, así que tendríamos qué
disimular. Se veía hermosa en su vestido color azul, lo que más me impresionó
fue el escote tan pronunciado en los senos. Según supe después ella ordenó que
fuera así.
La celebración transcurrió normal, pero de cuando en cuando
ella bajaba su mano de la mesa y acariciaba mi verga. Yo la verdad estaba a mil,
pero tenía que controlarme. Como pude me mantuve y, al final de la celebración
su papá y su mamá decidieron ir a dejar a unos familiares míos a Pachuca, yo por
lo pronto prometí llevarme a N. a casa y ver que estuviera bien. Apenas llegamos
a su casa le dí su regalo: un conjunto mini y muy sexy que había deseado en uno
de sus viajes fugaces y no se había podido comprar, nos deshicimos en besos,
pero en cuanto le quise meter mano me lo negó y se despidió. Esperando no
volverla a ver subí y me desnudé, me metí al baño para esperar que se me bajara
lo caliente. No tenía ni cinco minutos en el baño, cuando escuché que se abría
la puerta de la entrada a mi casa. Esperando que fuera mi hermana o mi madre no
le presté mayor atención. Seguí bañándome, pero de repente la puerta del baño se
abrió y ví una sombra por la cortina. Era una sombra de mujer, abrí un poco la
cortina y, ante mí, se mostró el mejor paisaje que jamás hubiera visto. Ahí
estaba N., totalmente desnuda y con el conjunto en las manos, con un gesto
seductor me preguntó:
-¿Me puedo bañar para probarme tu regalo?-Dejó el conjunto
encima del lavabo y abrió la cortina.
-¿Qué haces aquí?- Le pregunté, pero no enojado, sino
sorprendido.
-Respóndeme algo-me dijo-¿Te gusto de verdad?
-Sí, más que nadie ni nada en el mundo-respondí.
-Entonces-Me dijo,- Deja ahora que yo te de tu regalo. Me he
rasurado solamente por ti. Quería estar perfecta en esta ocasión.
-Pues lo estás-Dije porque realmente sentía que así era.
Ella se introdujo al baño y yo la tomé por la cintura.
-¿Estás segura que quieres hacer esto?-Le pregunté.
-Si ha de ser con alguien será contigo-me dijo- No quiero
dejar de ser virgen con nadie más, Te Amo y quiero regalarte mi virginidad.
Yo no esperé más y le di el beso que para mí ha sido el más
apasionado de toda mi vida. A continuación ella bajó su mano al abdomen y luego
a mi verga, masajeó mis testículos, no sabía cómo había obtenido esa
experiencia, pero fuera como fuera lo estaba disfrutando. Yo tomé sus senos y
los empecé a restregar suavemente, ella emitió un pequeño gemido, la verdad casi
ni lo escuché, así de bajo lo emitió. Le besé el cuello y los lóbulos de las
orejas, luego besé sus senos y zona baja que los une a la caja toráxica. La
recargué contra el azulejo del baño y pude sentir su escalofrío al recargar la
espalda en ese material frío. Con una de mis manos seguí masajeándole un seno,
ella tenía en su mano derecha el otro y con mi mano sobrante le comencé a hacer
caricias por todo el abdomen y el pubis hasta bajar a su linda y hermosa vagina.
Estaba rosita rosita.
En lugar de meter de inmediato mis dedos en ella bajé mi cara
y le empecé a lamer su riquísima pucha, ella se empezó a tensar y puso las manos
en mi espalda, comenzó a empujar mi cabeza hacia adentro de ella. Yo estaba
maravillado. Tuvo su primer orgasmo y le pedí que se agachara a hacerme el mismo
favor que yo le había hecho. Pensé que se iba a negar, pero en lugar de ello se
hincó y puso mi verga delante de su cara. Dudó por unos segundos y después
empezó a darle largos lengüetazos, luego más atrevida se la empezó a meter y a
sacar de la boca, yo estaba loco y le ordené que parara poco tiempo después,
pues ante la sensación y la escena me iba a correr:
-Detente-Le dije- Por favor detente que me voy a venir.
Pero en lugar de sacársela de la boca se la metió un poco más
y aceleró el ritmo. Entendiendo el significado se la saqué de golpe, me vendría
en su cara y en su boca, pero sería luego, ahora tenía más interés en
desvirgarla, me calmé por tres segundos y luego le levanté una pierna
aprovechando que estaba recargada en la pared.
Ligeramente le introduje la punta de mi verga en su vagina,
luego comencé a meter un poco más y a acelerar el ritmo, ella se excitó
demasiado y, viendo que tenía oportunidad poco a poco la fui penetrando más
profundamente hasta romper su hímen, aunque mostró un pequeño síntoma de dolor,
no duró ni tres minutos, se podría decir que tuve éxito al desvirgarla sin
causarle mucho dolor. Mis penetraciones se habían acelerado y yo ya estaba hasta
el fondo de ella, entonces la cargué de las nalgas y la puse a la altura de mi
cintura, ella prensó sus piernas a mi cadera y el vaivén continuó. Cada vez más
rápido, más, más, y luego la dirigí al chorro de la regadera. La sensación se
intensificó y, aunque sentí que las piernas se me hacían chicle por la falta de
fuerza para no resbalarme intenté aguantar y los dos nos corrimos en una venida
espectacular, jamás me había sentido así de bien.
Pero, la verdad, yo no me conformo con venirme una vez y le
dije a N.:
-Ahora amor, es tiempo de que utilices tu linda boca.
Ella bajó hasta que mi verga estuvo a la altura de su cara y
se la introdujo de un empujón en su boca. Ella la mamaba genial. No pasaron ni
tres minutos cuando me volví a correr, y fue tanto, que la boca no le fue
suficiente para retener toda mi leche, no pudo tragársela toda y lo demás calló
en su pecho y cara. La levanté y nos seguimos bañando, pero la verdad verla
bañándose y ella verme bañar a mí nos volvieron a dar ganas de hacerlo, así que
le propuse algo a N.:
-Oye amor-Le pregunté-¿te gustaría sentir mi verga muy
detracito de ti?
-¿A qué te refieres?-Me preguntó.
-Déjame darte sexo anal.
-No, yo he oído que duele muchísimo, no te pases-Fue su
respuesta.
-Por favor amor, realmente te amo, pero yo no he quedado
satisfecho.
Entendiendo mi mensaje se agachó y empezó a masajearme
apretando mi verga entre sus senos. Ya se me había hecho tremenda erección y,
sabiendo que podía doler, salí del baño mojando todo para ir por un poco de
vaselina. Cuando regresé al baño ella estaba en cuatro patas lista para que la
poseyera. No esperé más y le unté un poco en los senos, al sentir esta nueva
experiencia se le pusieron duros los pezones. Le unté un poco de vaselina en el
ano y luego le introduje lentamente un dedo, no hizo ninguna exclamación y seguí
jugando con ella hasta que cupieron tres de mis dedos en su ano dilatado.
Entonces me puse detrás de ella apuntando a su ano con mi
verga y le introduje lentamente la punta, un leve gemido salió de su garganta y
empecé con el mete y saca, primero la punta, luego la mitad y por fin, después
de algún tiempo entró totalmente en su ano. Ella gritaba, pero, había
descubierto yo, eran gritos de pasión. Seguimos así hasta que los dos nos
corrimos.
Acabamos pegados en el baño y besándonos, luego de una larga
ducha salimos y, después de probarse su conjunto la fui a dejar a su casa. Desde
entonces seguimos teniendo relaciones cada que podemos y, fruto de este amor,
ahora ella vive conmigo y estamos esperando a nuestro primer hijo.

