Una nueva experiencia con Dayana (1)
Publicado por el Wednesday, March 11th, 2009 a las 12:00 am
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Me imagino que la mayoría de Uds. leyó mi primer relato así
que están preparados para el que viene, recuerdan a Guillermo, el dueño de la
agencia de viajes que me violó con su amigo? Pues la historia no queda allí.
Saben que después de todo lo que ocurrió renuncie a mi
trabajo, pues bien, conseguí un trabajo como promotora pero en locales
nocturnos, saben? De esas muchachas que promocionan los licores en las
discotecas, mi uniforme era una maya sumamente pegada de color blanco,
obviamente no podía usar pantys ya que se notarían, la espalda era descotada
casi hasta el termino de mi columna vertebral, y la parte del pecho tenia un
hueco en el que se veía la unión de mis senos, realmente era un vestuario muy
insinuante, pero debo admitir también que me quedaba espectacular, claro, era
necesario que las promotoras se vistieran así para que los caballeros compraran
más bebidas y debo confesarles, la propina era muy buena, hice muchísimos amigos
y más que un trabajo se convirtió en una diversión. Después del trabajo me
quedaba en la disco bailando y tomando con los amigos que hacia noche a noche.
Siempre venía alguien de la agencia a supervisar que las
chicas estuviéramos bien y al terminar el turno se iban, siempre ofrecían
llevarnos a la casa, pero la mayoría de las veces nos quedábamos para seguir la
fiesta. Ahí conocí a Dayana, otra de las promotoras, era una chica sumamente
sexy, con grandes senos y un cuerpo envidiable, poco a poco nos fuimos haciendo
muy amigas, salíamos juntas de compras, nos contábamos nuestras intimidades y la
verdad, hasta nos intercambiábamos chicos, o sea, cuando una se cansaba de un
chico se la pasaba a la otra, eran buenos tiempos, en fin, nuestra relación fue
creciendo cada vez más hasta que un día me confesó que ella había tenido
relaciones con otras mujeres, realmente yo quedé impactada, pero la escuche, me
dijo que en la universidad había experimentado con mujeres y que le había
gustado, me dijo que las mujeres éramos mas suaves, mas sutiles, mas frágiles,
que ella amaba a los hombres, pero que variar no era mala idea
- A ver, por que no probamos? Me dijo en plena discoteca
- Pero, Dayana, no se, a mi como que no me parece-
- Mira- me agarró de la mano y me llevo a un sitio oscuro
cerca de los baños- Vamos a probar y si no te gusta te dejo tranquila y aquí no
ha pasado nada, te parece?
Yo titubeé, pero accedí, total, iba a ser una experiencia y
además me excitaba mucho la idea. En el rincón Dayana aparto el cabello que caía
en mi rostro, me beso las mejillas muy suavemente y se deslizo hasta mi cuello,
sentí su lengua caliente lamerme y sus labios carnosos y suaves mordisquear mi
cuello, le agarre la cabeza con las manos y pasé mi lengua por sus labios,
mmmmmmmm, que bien olía, su cabello era suave y sedosos y su piel era
indescriptible, metí mi lengua en su boca y nuestros cuerpos se acercaron aún
mas, podía sentir sus tetas contra las mías y sus manos sobando mi culo ansioso
por sentirla, no podía resistirme, era un deseo descontrolado, mis manos fueron
subiendo por su cintura hasta llegar a sus tetas divinas, llegué a su pezón y lo
pellizque muy suavemente, yo me olvidé de todo, de la música, de los tragos, de
la gente, solo estabamos ella y yo, pero no era así, teniamos espectadores, pero
no nos habíamos dado cuenta.
- Vamonos de aquí, aún tengo mucho que mostrarte- me dijo
picandome un ojo
Nos reímos y nos fuimos tomadas de la mano hacia la salida de
la disco
- Vamos a tomar un taxi y nos vamos para mi casa- me dijo
Dayana sonriéndome
Nos paramos en la acera frente a la disco a esperar el taxi,
mientras esperábamos dos chicos salieron de la discoteca y se pararon junto a
nosotras.
- Esperando taxi?- dijo uno de ellos
Si- respondí viéndolo de reojo, claro, esa noche no quería
nada con hombres, sólo quería estar con Dayana y descubrir todo lo que alguien
como ella me podría enseñar.
Los chicos insistieron en que nos fuéramos con ellos, que
ellos nos daban un aventón hasta donde fuéramos, pero nosotras nos rehusábamos.
El más alto le dijo a su compañero – Mira Edgar, las niñas no
se quieren ir con nosotros, que será? Será que quieren gozar ellas solitas?- Y
soltó una carcajada.
Yo lo miré como si quisiera matarlo
No mamita, no me mires así, que creen? Que no vimos lo que
estaban haciendo Uds. dos allá adentro? – soltó otra carcajada y se agarró el
bulto que se le hacia en los pantalones- y debo decirles que me pusieron, muy,
pero que muy caliente-
Mire a Dayana y le dije que fuéramos caminando que mas
adelante encontraríamos un taxi, todo para alejarnos de esos babosos. Empezamos
a caminar siempre mirando hacia atrás para confirmar que no nos estuvieran
siguiendo. Al fin encontramos un taxi y nos dirigimos a casa de Dayana,
besándonos y tocándonos era imposible darnos cuenta que en realidad un carro
había estado siguiéndonos, pero nosotras continuábamos con nuestra excitación
casi empañándole los vidrios del taxi al taxista. Llegamos a casa de Daya
entrelazadas, besándonos en la puerta antes de que ella siquiera metiera la
llave en el cerrojo, nos reíamos y nos tocábamos casi al punto de desvestirnos
allí en frente.
- Ya va Vane- me dijo ella acariciándome el cabello – ya
vamos a entrar, esto es peligroso aquí afuera – en cuanto metió la llave en la
cerradura dos hombres se abalanzaron sobre nosotras, eran ellos, eran los de la
discoteca, nos taparon la boca y nos introdujeron dentro de la casa, yo gemía y
pataleaba al aire tratando de soltarme al igual que Dayana que me miraba con los
ojos llenos de terror.
- Bueno chiquitas, les dije que nos habían puesto muy
calientes, esas cosas que Uds. hicieron no se hacen en frente de gente grande,
lo sabían? Ahora a las niñas que se portan mal hay que castigarlas y eso es
precisamente lo que vamos a hacer con Uds.
Eran dos hombres, uno de ellos era alto, moreno, musculoso y
se llamaba Edgar, el otro, que se veía que era el líder, se llamaba Humberto,
(lo se porque eran muy asiduos a la discoteca), también era alto pero no muy
atractivo, tenia cejas gruesas y siempre usaba cadenas de oro muy vistosas y
grandes anillos, como queriendo llamar siempre la atención.
Nos acostaron a las dos en el piso de la sala y Humberto se
abalanzó sobre mi tapándome la boca, se acerco a 2 cms. De mi cara y me la
lamió.
Mis gritos se ahogaban por su mano que me tapaba la boca
mientras sentía como su bulto crecía entre mis piernas.
A ver Edgar, gózate a la putita, mira que esta noche nos
vamos a divertir en grande- le decía a su compañero que ya estaba amordazando a
Dayana – y a ti, – me dijo quitándome la mano de la boca- no sabes lo que te
espera, Edgar! Tráeme algo para amarrarle las manos a esta, mira que no quiero
terminar con arañazos por todas partes- Edgar terminó de amarrar a Dayana y vino
hacia mi con unas cuerdas.
Me amarraron las manos por encima de mi cabeza a la pata del
sofá de la sala, sacó un cuchillo de su bolso y procedió a cortarme la ropa.
-Vaya, vaya, mira lo que tenemos aquí… que te parece esto
Edgar? No trae nada puesto, quien lo iba a decir.
- Déjame a mi primero- dijo Edgar visiblemente excitado
- Ya va, ya va, sabes que lo bueno se hace esperar, estas
venían para hacer sus cosas entre ellas no es así? Pues que yo sepa ninguna de
las dos tiene huevo o algo que se les parezca así que vamos a darles lo que
venían a buscar.
- Tráeme aquella botella, vamos a divertirnos un ratito y
tráete a la otra puta para acá- acercaron a Dayana a mi lado y la amarraron
igual que a mi.
Nos abrieron las piernas a las dos mientras luchábamos por
soltarnos.
- Gózate esto mamita a ver si te gusta- entre los dos
abrieron mis piernas y me introdujeron la punta de botella por mi concha, le
daban vueltas dentro de mi, mientras Edgar metía sus dedos en el coño de Dayana,
los sacaba, los lamía y los volvía a introducir. Humberto se abría el pantalón
mientras empujaba mas adentro la botella, la sacaba y la metía, cada vez mas
rápido, yo no soportaba el dolor, lloraba y rogaba que todo eso se terminara,
Dayana yacía casi inconsciente a mi lado, dejándose tocar por Edgar que la
manoseaba como si nunca hubiera visto una mujer. Agarraba sus tetas grandes y
firmes y pellizcaba sus deliciosos pezones rosados y parados, pasaba su lengua
por su abdomen como queriendo memorizar el sabor, sacó los dedos de su concha y
los metió en la boca de Dayana mientras se abría el pantalón y sacaba su
poderoso miembro de entre una selva de pelo y lo acercaba a la boca de Dayana
que sin mucha resistencia abría la boca para recibirlo.
Lo único que podía a hacer era ver lo que Edgar le hacia a
Dayana tratando de olvidarme de mi propio dolor, de sentir el vidrio frío de la
botella deslizarse dentro de mi coño. Solo veía a Dayana, solo veía como ese
hombre gozaba al introducir cada vez mas profundo su miembro en la boca de ella,
como simulaba cogersela como si se estuviera cogiendo su coño, pero Humberto me
sacó de mi trance apuntándome con su miembro erecto a punto de estallar, sin
sacarme la botella de entre mis piernas me pasó su huevo por mis labios y me
desamarró, me volteó en fracción de segundos, me puso en cuatro y sumergió su
cara entre mis nalgas lamiendo mi raja e introduciendo su lengua en mi ano
lubricándolo, se incorporó y me metió sus dedos por mi ano, tratando de que este
cediera, los saco y sin sacar la botella de mi concha me embistió por el culo,
al principio costo un poco porque mi ano no se ajustaba al gran tamaño de su
huevo y el dolor fue terrible, tanto que solté un grito entre todas las lágrimas
que ya había llorado, era terrible lo que sentía pero a la vez era una sensación
extraña sentirme penetrada por los dos lados al mismo tiempo y empecé a
excitarme, sin darme cuenta gemía, gozaba su pedazo de carne incrustado en mi
culo, entrando y saliendo cada vez con mas rapidez y demencia, sentía sus dedos
clavarse en mi carne separando mis nalgas para hacer mas profunda su
penetración, yo cada vez me movía más a merced de este hombre que me cogía por
la fuerza, empecé a gritar pero esta vez de gozo, sentirlo entrar y salir de mi
culo era demasiado para mi, era una excitación que no podía controlar, con mi
mano empujaba más la botella, mientras dejaba que el se introdujera mas en mi
culo, ya no existía Dayana, ya no me ocupaba de ella, ahora solo gozaba.


