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Premeditadamente (2)

Publicado por el Wednesday, March 11th, 2009 a las 12:00 am

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Cuentos crueles. Relatos malvados. Historias malignas. Narrativa inteligente fuera de las normas morales.

Cerca de las 12:00 del día, Esther llegaba al Aeropuerto del
Callao procedente de Cuzco, no llevaba equipaje, sólo permanecería unos días. A
las afueras del terminal aéreo le esperaba un auto deportivo de color rojo que
era conducido por Liseth, su prima, abordó el vehículo, se sentía algo cansada
por el viaje, eran 4 años sin subirse a un avión.

Tomaron dirección con destino a la casa de Liseth, en el
centro de Lima; llegando allí, cada cual se duchó y se cambió por turnos
empezando Esther por ser quien estaba más estresada.

Liseth le tenía preparada un almuerzo agradable al paladar,
con una buena decoración, tal como a Esther le gustaba, comieron, charlaron
contándose sus experiencias y anécdotas. Ya Liseth había planeado acostarse con
su prima aprovechando que la tendría en su casa por tres días; ella vivía sola y
así le sería más íntimo poder tomar su cuerpo por completo sin ningún
inconveniente. Para esto había puesto en el refresco de Esther un poco hachís,
producto del cáñamo con la particularidad de adormecer a la persona, espero un
rato prudencial para poder iniciar su plan.

-Y, ¿Qué tal el vuelo?, debe ser agotador.

-Sí y mucho, a pesar de la ducha y de la comida, aun me
siento fatigada y algo estresada.

-Si quieres, puedo ayudarte a calmarte un poco para que te
relajes y te sientas mejor.

-Me caería bien y te lo agradeceré, en verdad.

Era lo único que le bastaba para poder dar marcha a su plan.
Ella practicaba la Parasicología y la Hipnosis, lo había practicado con su
hermano mayor de quien obtuvo el deportivo rojo, lo había hecho en la
universidad para terminar aprobada sin necesidad de dar exámenes finales, lo
había hecho con Mary, su amiga, a quien había sometido la noche anterior para
sus fines lésbicos, ahora era el turno de su prima Esther, ya el hachís empezaba
a causar sus efectos.

-Ven, siéntate en la sala en el sofá.

Así lo hizo, se acomodó un poco echando su largo pelo hacia
atrás. Lioseth se acercó por detrás de ella casi susurrándole.

-Bien, te daré unos masajes, ponte cómoda, tranquila, confía
en mí, relájate.

Empezó a deslizar sus manos en círculos sobre los hombros de
su prima, su voz sonaba suave y monótona.

-Sí, sabes que confío en ti.

-Siente mis manos que se mueven suavemente en tus hombros y
en tu cuello, siente cómo te relajan poco a poco.

Lo hacía con suavidad, con buen tacto, que la hizo sentirse
bien sin que sospechara nada.

-Te sientes mejor, verdad, Esther, te sientes bien ahora que
estás en mis manos.

-Sí, me siento muy bien.

-Así es Esther, deseas sentirte así todo el tiempo, deseas
estar en manos siempre.

-Sí, lo deseo.

Ya la había capturado, ya la estaba dominando. Liseth sabía
perfectamente que uno de los factores para poder hipnotizar a alguien es la
confianza, que ese detalle ayuda en mucho para inducir a la hipnosis a una
persona. Por eso lo había logrado fácilmente con su hermano y con Mary, ahora lo
lograba sin dificultad con Esther. Le dio un rodeo al sofá hasta ponerse delante
de Esther sin dejar de tocar sus hombros y su cuello, allí le clavó la mirada
directo a sus ojos, empezó a hacerle pequeños masajes en las mejillas.

-Mírame a los ojos, prima, mírame para que te sientas mejor
todavía, siente mis dedos en tus mejillas deslizarse libremente haciéndote
sentir cada vez mejor, cada vez más relajada, cada vez más placida.

-Sí, me siento mejor.

-Deja que te envuelva con mi mirada, deja que tus
pensamientos se desvanezcan, que tu mente se blanquee totalmente, deja que tu
voluntad vaya muriendo poco a poco, así te sentirás cada vez mejor, mucho mejor.

-Sí, cada vez mucho mejor.

-Eso es, Esther, eso es, sin nada que pensar, sin nada en tu
mente, sin hacer nada por ti misma te sientes cada vez más relajada, más
placida. Te sentirás mejor si te entregas al sueño, puesto que estás cansada,
sabes que necesitas dormir y que te hará mucho bien entregarte al sueño.

-Sí, debo dormir.

-Sí, Esther, dormir, duerme, duerme, duerme que yo me
encargaré de todo, duerme, Esther.

Le tocó la cabeza y ella se quedó dormida, sin embargo, podía
escucharla cada cosa que le decía y hacer cada cosa que le pedía, estaba
sumergida en un sueño por el cual se sometía más y más a su voluntad.

-Esther, te sientes bien así, verdad, de ahora, en adelante,
cada vez que te mire a los ojos y te toque la frente, te encontrarás otra vez en
este estado de relax y harás todo cuanto te diga.

-Sí, entiendo.

-Ahora, me besarás, conforme nos vayamos besando te irás
despertando, pero te sentirás absorbida por mí y sólo recordarás que estábamos
charlando y te pedí ser mi pareja lo cual aceptaste, entendido, Esther.

-Sí, entiendo, Liseth.

Se acercó a ella, puso su manos derecha en sus cabellos, la
otra en su cintura y juntó sus labios a los suyos, era un beso tierno, suave,
pero alargado, acompañado con las caricias de ambas mujeres; entretanto, Esther
despertaba de su estado hipnótico sin percatarse de ello, en su mente se
dibujaba una escena en que Liseth le pedía ser su pareja y que había aceptado
con el mayor entusiasmo y cariño de su ser. Terminado dicho beso, ambas mujeres
se miraron y sonrieron en un tono muy suave como si se tratara de una pareja
ideal.

Eran las 5:00 de la tarde y el plan de Liseth había
funcionado bien, había ya sometido a su prima y la tendría por dos días más para
ella sola; en un par de horas llegaría Mary, pero quería estar a solas con ella,
se dirigió a Esther, le estampó un beso correspondido, era un beso apasionado
acariciándose a la vez sus cinturas y sus espaldas, terminado el beso, la miró
fijamente a los ojos y le tocó la frente haciéndola entrar nuevamente en estado
hipnótico.

-Bien, Esther, de ahora en adelante, no consentirás que nadie
te bese, solamente yo podré besarte y tocarte, entendido.

-Sí, entiendo.

-Ahora te besaré nuevamente, y después de eso despertarás de
este estado y saldrás a visitar a la tía Soffy, allí pasarás la noche, no le
dirás nada de mí, entendido.

-Sí, entiendo perfectamente.

Nuevamente la besó, pero esta vez fue más atrevida, le
acaricio la entrepierna, a la altura de la vajina por encima de la ropa;
terminado el beso, Esther se arregló y salió de la casa diciendo que iría a ver
a la tía Soffy. Una vez quedando sola en casa, suspiró, pensaba ya en hacerla
suya y en tomar posesión de su cuerpo, pero eso lo haría al día siguiente, de
momento, tenía que preparar lo necesario para la llegada de Mary a quien la
haría suya esa misma noche.

posters, carteles, cine, nazismo, guerra civil, desnudo, hadas, alcohol.

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