Sexo Anal | Tus Relatos Calientes
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Archive for the 'Sexo Anal' Category

Tania

Tania (31)

Mi nombre es Tania…, actualmente tengo
18 años y soy Venezolana, lo que voy a contar, me ocurrió hace
cuatro años, en la ultima fiesta entre compañeros del liceo luego
de graduarnos de bachiller en una casa la cual alquilaban para reuniones , cabe
destacar que no fue esta la fiesta de graduación, fue el ultimo matinée
(fiesta entre estudiantes jóvenes de día), tenía un novio
llamado Arturo.

Quiero describirme, para que tengan una idea
de cómo soy, mi piel es morena clara, pelo liso negro corto, ojos castaños,
para ese momento, ya comenzaba a tener cuerpo de mujer, una característica
de todas las mujeres de mi familia es que tenemos nalgas algo grande, a pesar
de que mis senos no eran grandes y no lo son actualmente, era una chica con
mucha suerte con los muchachos, en las fiestas siempre querían bailar
conmigo, en los recesos siempre me buscaban, a parte de la características
antes mencionadas, mis familiares y personas allegadas, decían que era
bonita, el ser muy popular me traía problemas con Arturo, se ponía
celoso, a pesar que siempre le aclaraba que yo no era una chica fácil,
la cual tenía múltiples novios, hasta salir del liceo, el fue
mi único novio.

Ahora recuerdo y me da mucha risa, lo que es
la inocencia, acá bailamos mucho merengue y salsa, cabe destacar que
bailamos muy pegados, cuando bailaba con cualquiera de los chicos, sentía
como se pene se comenzaba a endurecer, me quedaba tranquila porque me resultaba
agradable, hoy día entiendo que eso es normal a esa edad, sobre todo
en los varones, por eso Arturo casi no me dejaba sentada en ninguna fiesta,
para que más nadie bailara conmigo.

En una oportunidad, a dos amigas mías
y a mi luego de salir de clases, a eso de las tres de la tarde, Arturo y dos
amigos suyos, (los cuales eran los novios de mis dos amigas), nos invitaron
al apartamento donde vivía uno de los muchachos, a esa hora no había
nadie en casa ya que los padres y hermanos mayores estaban en otras actividades,
bien fuese en el trabajo o la universidad, las chicas pensábamos que
era un matinée, pero era otra cosa, la cual les voy a relatar.

Cuando llegamos, nos sentamos cerca de televisor
y el dueño de casa saco una película, tenía un nombre como
backdoor o algo parecido, y eran varias historias relativamente cortas, pero
hicieron énfasis y una de las historias, donde la protagonista era virgen
y el novio le pedía una prueba de amor, y ella le decía que no,
pues quería llegar siendo virgen al matrimonio, el hecho es que el novio
la convence de que existe una forma de hacer el amor sin perder la virginidad,
y comienzan a mantener relaciones anales, bueno el resto de la película
se lo pueden imaginar, salimos del apartamento como a la cinco, mi mente estaba
llena de preguntas y pensamientos extraños.

A partir de ese momento Arturo comenzó
a insinuar que mantuviéramos relaciones sexuales anales, siempre le dije
que no hasta el día de la fiesta mencionada al principio, luego de bailar
por largo rato, Arturo me condujo a sitio algo solitario para que nos besáramos,
habían tres puertas, una era un baño de damas, otra un baño
de caballeros y una tercera cerrada con un candado, luego de muchos besos, y
ciertas pasadas de mano, Arturo me acerco a la puerta cerrada con candado, para
mi sorpresa, tenia la llave, desconozco como la consiguió, era como una
especie de deposito, habían gaveras vacías, mesas apiladas y sillas,
de inmediato me imagine sus intenciones, y no me negué.

Hoy veo que energía suelen tener los
chicos a esa edad, era primera vez de ambos, y Arturo no fue nada tierno, más
bien me pareció desesperado, claro, no tenia ninguna experiencia, no
nos dirigimos palabras, ambos nos imaginábamos a donde nos llevaría
todo, yo me aflojaba la correo del pantalón y me bajaba el cierre, el
hacía lo mismo, nos bajamos los pantalones algo más debajo de
las rodillas, y el puso a mi espalda, por instinto y recordando algo del video
me incline hacia adelante, abrí las piernas (lo que me permitió
el pantalón), saque las nalgas hacia fuera, y sin ningún tipo
de lubricante artificial, Arturo empujó su duro pene en mi culo, lo introdujo
completo, no recuerdo haber tenido otro dolor tan intenso en mi vida, pero fue
rico, Arturo acabo dos veces seguidas, ahora se que los muchachos a esa edad
tienen esa facultad, esa escena quedo grabada en mi mente para siempre, aun
lo recuerdo como si fue ayer, en los días siguientes, el dolor en mi
culo fue fuerte, duro como una semana, pero luego vinieron otras experiencias,
espero poder contárselas en el futuro, si les gusto envíeme sus
comentarios a mi e-mail, si le quieren agregar alguna foto, mejor las colecciono.
Chao….

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Resumen del relato:
    Después de una fiesta, estos jovenes practican sexo anal para así no perder la virginidad.

Experiencia anal

Experiencia anal (31)

He probado todas las fantasías
posibles del sexo anal: lo he hecho masturbándome con los más
diversos objetos, desde velas y cirios, pasando por una variada gama de
verduras y legumbres como pepinos, zanahorias y calabacines, hasta consoladores
de silicona de los tamaños más diversos, algunos inflables,
otros vibratorios e inclusive algunos con la fría sensación
del metal. Alguna vez una mujer me dio un beso negro, introduciéndome
su lengua dentro de mi ano, lo que me hizo ver estrellas. No me considero
gay, pero ya lo he probado con algunos varones en medio de un trío
bisexual, experimentando alguno que otro cierto dolorcillo que luego se
transforma en intenso placer. Puedo por ello asegurar que disfruto con
fruición y deleite en toda su intensidad las sensaciones del sexo
anal.

Sin embargo últimamente sentía
que no llegaba tan intensamente al orgasmo como antes. Mi ano se dilata
ya con cierta facilidad lo cual hace que las penetraciones sean cada vez
menos dolorosas. Tenía que experimentar algo más fuerte.

Hace pocos días encontré
en la nevera de mi casa un huevo de plástico de tamaño similar
al de un huevo de gallina. Dicho huevo es hueco por dentro pues permite
colocar en su interior una pequeña bolsa conteniendo carbón
activado para el control de los malos olores. Como ya el carbón
estaba muy viejo y no servía para nada, decidí darle al huevo
un uso diferente. Lo llené con algunos balines de hierro para darle
peso y le amarré en la parte inferior algunos alambres eléctricos
trenzados. Metí luego el huevo dentro de un condón de silicona.
Estaba listo para ser utilizado.

La primera inserción fue
muy dolorosa. El diámetro del huevo exigía una buena dilatación
previa, pero lo forcé hasta que entró dificultosamente por
mi abertura anal. Sentí como si mis intestinos quisiesen abrazar
aquel cuerpo extraño y no lo fuesen a soltar nunca más. Afortunadamente
disponía de los alambres trenzados para jalarlo y poderlo sacar.
Cuando se tiene el huevo dentro es realmente difícil que salga por
sí solo, ni siquiera tratando de expulsarlo. Se necesita de la ayuda
de la mano para poderlo extraer.

La segunda vez que lo hice con el
huevo me fue mucho mejor. Con la ayuda de un consolador comencé
a trabajar dentro de mi ano con el fin de que estuviese dispuesto a recibir
a su nuevo invitado. Embadurné mi orificio con abundante aceite
y crema humectante para que hubiera una buena lubricación y procedí
a introducírmelo. Al principio como siempre dio alguna dificultad,
pero al fin entró con el ano previamente dilatado. Luego, me introduje
el consolador hasta alcanzar el huevo y empujarlo más adentro. No
sé explicar lo que se siente pero es algo emocionante y perturbador
al mismo tiempo. Se está ante algo desconocido. Predominan las ganas
de defecar, pero al mismo tiempo se controlan relajando el esfínter
y masturbándose el pene al mismo tiempo. Cuando ya no puedes más,
eyaculas con el pene casi fláccido. Se queda así con la sensación
de poder tener otro orgasmo casi simultáneo, que es posible aún
con los pocos restos de semen que quedan en tu interior.

Por supuesto que existe la inquietud
de expulsar algunas heces durante ese momento. No me considero escatofílico
o sea aquel que disfruta con las heces. Pero para poder disfrutar del sexo
anal se debe atravesar por un proceso un poco largo para llegar a acostumbrarse
a tener contacto con la materia fecal, sin tener que sufrir de náuseas,
pues aquello es inevitable a menos que se tenga la seguridad de tener los
intestinos completamente limpios. Se debe por lo tanto estar casi siempre
en el sanitario con papel higiénico y agua a la mano, estar constantemente
lavándose y lubricando el ano.

Además subsiste la sensación
de dolor que aunque es de corta duración puede llegar a ser muy
intenso. Aquí es donde se debe afrontar cierta dosis de masoquismo.
Afortunadamente es uno mismo el que lo está controlando y puede
en cualquier momento interrumpir lo que está haciendo si ya no es
posible soportarlo más. Especialmente recomiendo que cuando exista
algún tipo de sangrado lo mejor es interrumpir pues puede ser riesgoso,
en especial por la probabilidad de adquirir alguna infección. Afortunadamente
esto se puede superar después de algunos días sin ningún
problema.

Si se logran superar estos prejuicios
, puedes llegar a la sensación increíble de experimentar
en todo su potencial el placer del sexo anal.

Si alguien desea añadir a
estas notas, mi e-mail es POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Un hombre cuenta su experiencia masturbatoria a través del sexo anal.

Mayra, debut anal

Mayra, debut anal (31)

Pasado un tiempo de aquel fogoso
primer encuentro sexual entre Mayra y Carlos, ambos se habían evitado
durante días, incómodos ante el cariz que habían tomado
las cosas. Pero al cabo de unas semanas habían tenido un nuevo encuentro
en el cual Carlos había hecho las delicias de la preciosa mujer
haciéndola gritar de placer, penetrándola en varias posiciones,
eyaculando sobre ella en cada orgasmo, dándole de beber su semen,
algo que según había descubierto, ella adoraba, la maravillaba
ver fluir caudaloso el semen de su gran verga, pero aún quedaba
algo que comenzaba a obsesionar a ambos.

La pija de Carlos y el hermoso culo
de Mayra eran como polos magnéticos opuestos, su atracción
era evidente, y el encuentro entre ambos inevitable mal que le pese a la
pudorosa Mayra, que se resistía a cualquier tipo de insinuación
de Carlos acerca de la sodomía. Estaban hechos el uno para el otro,
las blancas redondeces de Mayra eran la meca, el paraíso para el
potente pene del muchacho, y el ardiente deseo carnal de ambos vería
su cumbre en el encuentro anal. Mismo que se dio en forma casual, en una
tranquila noche porteña.

Mayra se encontraba ataviada de
papeles, contratos y su casilla de correo atestada, daban las 8 pm y necesitaba
un café, salió de su oficina con su taza corporativa en mano,
y tomó el pasillo rumbo a la maquina de café, pero siguió
hasta la cocina para lavar el recipiente, el piso entero se encontraba
en silencio, como era costumbre a estas horas, los empleados más
atrasados se retiraban 7:30. La puerta se encontraba abierta, entró
y se dispuso a enjuagar su taza.

Carlos, cuyo escritorio se encontraba
en el pasillo central junto a los ascensores, sabía que sólo
quedaba su amante en todo el piso, por lo que había dejado su puesto
y se dirigía sigilosamente hacia la oficina de Mayra con la esperanza
de encontrarla dispuesta a tener un encuentro sexual, cuando oyó
pasos en el pasillo de la cocina. Tomó ese rumbo silenciosamente,
y al entrar descansó un minuto bajo el marco de la puerta admirándola
sin que ella advierta su presencia.

Ver a la hermosa mujer de espaldas,
semi recostada sobre el fregadero encendió nuevamente el deseo del
chico por su abultado trasero, vestía un saquito de lana, por encima
de una de sus blancas camisas que siempre delatan sus bellos pechos, una
pollera no muy corta, por debajo de las rodillas, de tela suave, seda quizás,
que contorneaba magníficamente sus piernas, se ajustaba bellamente
a su cintura y cadera, dibujando finamente su figura esbelta e insinuando
moderadamente la tanga que ocultaba a medias sus preciosas nalgas. Extasiado
por sus bellas redondeces, no titubeó al acercarse, tomándola
decididamente por detrás, aferrando sus caderas y apoyando su ya
abultada pelvis en medio de sus cándidas redondeces, reprimiendo
el intento de Mayra de voltearse, sorprendida al encontrarse repentinamente
manoseada.

Mayra no dudó siquiera un
instante en saber quién era el osado que la tocaba, suprimió
un leve acceso de furia al sentirse oprimida cuando intento voltearse,
y asaltada prontamente por el deseo se dejó hacer, aflojando la
tensión.

Las manos del muchacho pasaban de
su cintura a sus piernas describiendo la muy pronunciada pero armoniosa
curva que describían sus caderas, deslizándose suavemente
por encima de la tela, su pene tomando progresivamente su acostumbrada
consistencia, frotaba insistente en medio de las nalgas de Mayra haciendo
que su vagina segregue los primeros flujos.

Prontamente Carlos agobiado por
el deseo elevó la falda descubriendo los encantos de la mujer, hizo
a un lado la delgada tanguita blanca, cuyos finos y ajustados bordes se
hundían apenas en su cálida piel de su cadera, marcándola
con una suave tonalidad rozagante, penetró la vagina ya perfectamente
lubricada de Mayra, en intervalos cortos y regulares, ayudado por ella
que curvó su espalda apoyando ambos brazos extendidos sobre la mesada
y abriendo sus piernas en actitud relajada recibió el miembro con
gran placer, albergando su objeto de devoción, dándole todo
su calor. A poco Mayra con desenfreno sintiendo colmada su vagina se retorcía
frenéticamente con gran velocidad por momentos, y luego golpeando
con fuerza pero lentamente sus nalgas contra Carlos al alcanzar un orgasmo,
que inundaba la pija del muchacho con sus jugos, haciendo que gotas de
flujo blanco surcaran sus testículos llegando algunas a caer hasta
el suelo, manchando la alfombra gris.

El muchacho veía no sin una
cuota de recelo a su fiel amante como en trance, obteniendo placer de él
en forma egoísta, ignorándolo, veía a su casi madura
rubia autosatisfaciéndose, como masturbándose frenéticamente
con su pene, haciéndolo sentir un gran consolador ambulante. Esto
lo decidió a actuar. Repentinamente y tomando a Mayra por sus finos
cabellos claros, comenzó a mover sus caderas con fiereza hacia ella,
haciéndola soltar resoplidos forzados, irguiéndola un poco
con cada embestida, y cuando la tuvo apoyando casi su pubis contra el frió
mármol de la mesada, de una patadita acercó un banco hasta
ellos y tomando la pierna izquierda de Mayra por debajo de la rodilla,
sin abandonar la penetración, la elevó hasta apoyar su pie
entre una de las patas del banco, con la intención de ver su verga
venosa entrar y salir del elongado coño de su linda puta.

Carlos tomaba a Mayra por su estrecha
cintura admirando la belleza de su desnudez, dominando la cadencia del
acto sexual, cuando en determinado momento, habiendo suavizado sus movimientos
de cadera hasta casi detenerse, retiró su pene de la vagina de su
amante y sin miramientos, apuntó la punta de su escroto hacia el
delicado esfínter de Mayra, oculto aún entre las inmaculadas
paredes carnales que conformaban sus nalgas.

Mayra había temido este final,
pero el éxtasis sexual en el que se encontraba le impedía
reaccionar, dejando a Carlos proseguir, sintió el enajenado pene
del muchacho abrirse paso en medio de sus nalgas, que sin ofrecer resistencia,
se abrían suavemente ante el paso decidido del lubricado falo hasta
su orificio anal, que reaccionaba en regulares periodos de contracción
y relax, en una especie de latidos al primer contacto de la punta del glande.
Sentía su culo en forma extraña, ahora no le producía
rechazo, un calor abrasador agobiaba su zona anal y se acentuaba con cada
uno de los involuntarios periodos de contracción y relajación
que en su esfínter había dado lugar la situación.

Carlos una vez que se hubo acomodado
y empalmando su verga cuya cabeza se hallaba oculta en medio de tan hermosas
nalgas, ansiaba penetrarla y llenarla con su leche, pero se tomó
unos instantes, esperando quizás una reacción que jamás
llegó, y por el contrario, vio como Mayra tensó un poco su
cuerpo, e inclinándose sobre la mesada, apoyando sus brazos detrás
del lavabo, su rodilla izquierda sobre el banco y estirando su pierna derecha
hasta ponerse en puntillas de pie, esperó plácidamente la
penetración.

Desconcertada ante esta nueva sensación,
Mayra se dejó llevar por el sentido de curiosidad que le proporcionaba
la nueva experiencia que ahora viviría, acomodó su cuerpo
para Carlos, poniéndole toda su atención y con todos sus
sentidos enfocados en su canal rectal. Sentía de momentos su culo
ardiente, un calor abrasador la obligaba a contraer su círculo anal,
que luego involuntariamente se relajaba haciéndola sentir que se
ensanchaba cada vez más, en espera incierta del contacto que no
llegaba, para nuevamente sentir la irreprimible necesidad de contraer sus
músculos rectales, por periodos cada vez más prolongados,
casi temblorosamente, repitiéndolos aceleradamente hasta que ese
incomprensible sentimiento la apoderaba, y su culo volvía a aflojarse
lánguidamente ansiando ese contacto físico que Mayra inconscientemente
asociaba cada vez más con un pene. Habida cuenta de su estado, Mayra
tomó mayor conciencia de su predisposición, decidida a la
penetración anal y sintiéndose algo extraña aunque
dispuesta a ser sodomizada, exclamó:

-”No sé qué me
has hecho, pero quiero ofrecerte mi culo. Tómalo.”- Y presa
del deseo que le provocaba la sensación en su ardiente trasero,
agregó:

-”Quiero recibir tu virilidad,
quiero que me sodomices y obtengas el máximo placer de mí,
tómame y satisface tu deseo, descarga toda tu hombría en
mi culo.”- Finalizó casi en susurros, mirándolo a sus
ojos de costado, como avergonzada.

Carlos perplejo por el discurso
pero tremendamente excitado con aquellas palabras de su hembra, inesperados
y bien recibidos símbolos de entrega absoluta, se encontraba en
el más maravilloso clímax y con infinito placer volvió
a detener la cabeza empalmada en medio de las grandes y deliciosas nalgas
de la hermosa Mayra, tomando contacto con el dilatado y latente circulo
de su esfínter anal; a punto de sumirse en el placer máximo,
el que sólo se encuentra sodomizando a una bella dama dispuesta
a serlo, en medio mismo de la clase de orgasmo más poderoso que
hombre alguno pueda ofrecer, y que sólo una mujer al ofrecerse por
primera vez puede recibir; empujó su gruesa verga hacia el fondo
del ardiente culo de la preciosa doncella, sellando así para siempre
el lazo que los unía desde su primer encuentro y que ya no podría
romperse…

Aunque este relato es una nueva
fantasía, se asemeja mucho a experiencias vividas, y por ello esta
dedicado a aquellas damitas que tuve la suerte de amar, y a las que quizás
aún estén en mi camino.

Chantal, mailto:POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Ambos están solos en los locales de la empresa. Y se encuentran en la cocina, él comienza a tocarla hasta que terminan follando. En ese momento ella decide entregarle la virginidad de su culo.