Lésbicos | Tus Relatos Calientes - Part 3
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Lesbovampiras (IV: El lado oscuro 1)

Lesbovampiras (IV: El lado oscuro 1) (15)

Quedaban pocos días para acabar el verano, pronto tendría que
volver al trabajo, pensaba como iba a influir mi condición de lesbovampira en mi
mundo habitual, tener tan cerca a compañeras de trabajo, percibir sus aromas y
no poder poseerlas para no revelar mi verdadera identidad…seria complicado
pero tendría que aceptarlo y aguantar cualquier tipo de ansia.

Por ahora lo que mas me traía de cabeza era el misterioso
sobre que Nadia había dejado para mi en la fiesta de la noche anterior, nada mas
llegar a casa abrí el sobre, contenía una foto de una hermosa joven con un
vestido de noche, era una chica pelirroja, con unas facciones duras en el rostro
pero extremadamente bella, era delgada y alta con unos pechos muy marcados y
redondos, saque la carta, la letra era muy bonita, estaba escrita a mano y decía
así:

"Querida Jessy: el motivo de esta misteriosa carta es para
ponerte al corriente de algo que lleva meses inquietándome, tal como explique
ayer noche a todas las hermanas reunidas, existe un grupo todavía no muy
numeroso de lesbovampiras renegadas, pero que esta creciendo en numero y eso me
preocupa. Sobre todo porque el origen de estas diosas del lado mas siniestro
partieron de un error cometido por mi falta de experiencia hace ya algún tiempo.
Ocurrió en Venecia hace cerca de 60 años (recuerda que nosotras no envejecemos),
yo era una lesbovampira recién iniciada y en mi nueva ansiedad por los jugos
vaginales capte y transforme a una hermosa joven italiana de pelo rojo como la
sangre, de unos 25 años cuyo nombre es Julietta, al principio todo iba bien,
cumplía con las reglas de nuestra raza sin problemas, era una seductora nata,
con una facilidad increíble para alimentarse. ….hasta que un día empecé a
escuchar y leer noticias en los periódicos relacionado con mujeres secuestradas,
violadas y torturadas sexualmente, todas ellas coincidían en que su agresora era
una chica joven, delgada, muy hermosa y pelirroja, cuando en mis sospechas le
pedí explicaciones a Julietta descubrí en ella su lado mas perverso y
sadomasoquista..nuestra señora la condesa húngara Ballaut al saber las terribles
noticias me encargo que me deshiciera de ella… pero falle y el resultado ha
sido la aparición de esta nueva raza que se hacen llamar Sadovampiras, su
principal objetivo consiste en intentar captarnos a nosotras y llevarnos al lado
mas siniestro de nuestra forma de vida, hacernos con nuestro alimento por la
fuerza y no por la seducción, todas ellas llevan un símbolo en la nalga derecha
marcada a fuego, un circulo con una serpiente en forma de "s", ¿te preguntaras
porque te cuento esto?..muy sencillo, necesito tu ayuda. Yo parto por unos días
para Hungría para ver a nuestra condesa y quiero que tu te ocupes de vigilar los
movimientos de Julietta que según nuestras ultimas noticias se encuentra en
Madrid intentando captar a nuestras hermanas, como ves te adjunto una foto de
ella y una dirección donde se la visto la ultima vez, así como algún dinero,
solo quiero que la vigiles,¡¡es importante que en ningún momento te acerques a
ella ni a su entorno..solo vigila!!.volveré pronto… Tu señora….Nadia.

El caso estaba claro, se me había encomendado una misión de
vigilancia y debía cumplirla, la dirección era de un hotel muy elegante, así que
decidí utilizar algo del dinero que venia en el sobre y reservar una habitación,
pero antes me fui de compras..me acerque a una tienda y me hice con algo de
ropa, vaqueros, camisetas, gafas, gorra, un vestido muy seductor de tonos claros
y escotes generosos, algo de lencería y una pequeña maleta.

El hotel era una verdadera maravilla, pasar allí una noche
costaba lo que un sueldo mensual normalito, en la recepción pregunte por una tal
Julietta y me informaron que se alojaba en una suite en la tercera planta. Pedí
mi habitación en la misma planta, unas puertas mas alejada de la habitación de
la sadovampira, me ayudo a subir la maleta una botones muy apetitosa, era una
jovencita rubia de unos 19 años, llevaba el pelo recogido con un moño estilo
italiano y tenia unos ojos azules sorprendentes. El traje reglamentario del
hotel le quedaba perfecto, unos pantoles grises perfectamente amoldados a sus
curvas que marcaban un culito muy bonito, una blusa blanca inmaculada y una
chaquetita gris torera con el anagrama del hotel a la altura de su pecho
derecho. Subimos solas en el enorme ascensor y el aroma de su sexo enseguida
perturbo mis sentidos, la jovencita me miraba de reojo sin duda prendada de mi
belleza y elegancia. Cuando entramos en la habitación y después de dejar mi
maleta y descorrer las cortinas la hice ademán para que viniera a por la
propina.

_Cómo te llamas preciosa?. le pregunte
_soy Maria y estoy a su entera disposición.

Saque de mi bolso 200 euros y se los tendí, Maria abrió sus
hermosos ojos azules como platos al ver tan generosa propina..

_Maria…¿harías algo por mi?…..¿un pequeño favor?
_Por supuesto Señorita..lo que usted quiera…

_Bueno, veras…hay una amiga mía en este hotel a la que
quiero darle una sorpresa….pero me gustaría que no se me extraviara…¿serias
tan amable de vigilarla y si sale o entra hacer el favor de llamarme y
decírmelo?.

_Claro!!!, no hay problema…¿quien es su amiga?
_se aloja en la habitación 326, su nombre es Julietta…es pelirroja..

_Ahhhh!!, ya se quien es..es una mujer muy guapa…vino hace
un par de días..esta casi siempre en la habitación..la acompaña una mujer alta y
fuerte, con el pelo muy corto y teñido de amarillo, también muy guapa….tanto
como usted..

La jovencita se sorprendió un poco de si misma al soltarme el
piropo, sin duda no sabia porque lo había hecho, pero yo si..era los efectos de
nuestra aura seductora..su aroma sexual me estaba volviendo loca..así que decidí
pedirla que se fuera antes de que mi apetito me hiciera meter la pata..

_Entonces de acuerdo, Maria..si ves que salen o entran me lo
dices y te prometo otra propina como esta..y ahora vete….por favor.

Maria salió de la habitación..cosa que agradecí..estaba a
punto de estallar, su aroma juvenil me ponía a cien..pero había venido a
vigilar, ya tendría tiempo de alimentarme mas tarde. Deshice mi maleta, y tome
una baño de burbujas, después me tumbe a descansar un poco, quería estar
despejada para cuando Julietta hiciera algún movimiento.

A eso de la media hora sonó el teléfono de mi habitación, era
la hermosa voz de la botones.

_Señorita, su amiga ha pedido un taxi y sale en diez
minutos..

_Muy bien, Maria..lo has hecho muy bien..pídeme también a mi
un taxi por favor..

_Si señorita, enseguida.

Me vestí con ropa cómoda, vaqueros, camiseta, zapatillas de
deporte, una gorra y gafas oscuras y baje a la recepción..allí abajo divise
enseguida dos hermosas mujeres esperando en la puerta, era Julietta y su
acompañante la cual portaba un maletín negro, eran centro de atención por su
belleza, aunque yo también atraía miradas y por eso intente ocultarme tras unas
plantas hasta que partieron en taxi, ocasión que aproveche para montar en mi
taxi y pedir que siguiera al coche que llevaba a las sadovampiras.

El taxi salió de la ciudad y se dirigió a una especie de
polígono, allí paro y se apearon sus ocupantes, unos metros mas atrás lo hice yo
y continué siguiéndolas a pie. Andaron unos metros y se metieron en una gran
nave en cuyo cartel ponía " Refrigeración Industrial S.A.". intente ver una
manera de entrar a la nave que no fuera por la puerta principal y descubrí una
ventana con un cristal roto, el único problema es que estaba lo menos a dos
metros de altura..cosa que solucione empujando un contenedor de basura con
ruedas y usándolo de improvisada escalera. Accedí a la nave por una especie de
oficina, y sigilosamente salí a un pasillo. Este tenia unas ventanas que dejaban
ver el interior de la nave, se veían enormes bloques de hielo apilados, un ruido
ensordecedor producido por las maquinas refrigeradoras y todo un paisaje blanco
y frío en el interior del edificio, era como si el polo norte estuviera allí,
así como en el centro de la nave había como una especie de división entre
enormes pilas de bloques de hielo, me aproxime hasta un bloque cercano que me
dejaba ver y escuchar sin ser vista, por fortuna el nivel sonoro allí era mucho
mas bajo aunque hacia frío, vi varias mujeres, conté cinco incluyendo a las dos
recién llegadas, pero había una sexta chica, estaba atada a unas cadenas que
pedían de un rail en el techo y de una grúa, sin duda utilizada para mover
bloques de hielo, ella estaba lo suficiente elevada para que casi estuviera de
puntillas, estaba totalmente desnuda y amordazada, no pude en principio ver su
cara, pero desde luego tenia un cuerpo muy bello, tres de las otras chicas
vestían igual, con botas rojas de cuero que llegaban hasta sus rodillas, un body
ceñido rojo también de cuero con varios corchetes metálicos y eslabones que
cruzaban los escotes, algunas tenían los pezones al aire atravesados por aros
metálico, una de ella llevaba mascara que tapaba cabeza, ojos y nariz, pero
dejaba la boca al descubierto, las otras dos no llevaban mascara..pero a todas
se les veía casi todo el culito ya que los body eran muy escasos en tela, y se
les apreciaba una señal en la nalga derecha, una serpiente en forma de S y
encerrada en un circulo, ¡¡así que eran sadovampiras y aquella chica era una
pobre victima!!…Julietta que acababa de llegar con su extraña acompañante de
pelo amarillo y maletín negro se acerco a la chica encadenada, la cual a
consecuencia de la mordaza solo emitía gemidos..oí a Julietta que decía..

_Vaya, vaya…hermosa lesbovampira sin duda…parece que mi
antigua mentora..la poderosa Nadia cada vez las escoge mas bonitas..casi mejor,
así cada vez me gustara mas hacerlas mías…

Julietta, empezó a acariciar los pechos de su prisionera con
fuerza, apretándoselos con dureza..después le arrebato la mordaza..

_¡¡Eres una deshonra para nuestra raza…espero que Nadia
acabe contigo…!!
grito la encadenada, y entonces reconocí esa voz….¡¡era Gema!!, una de las
chicas que conocí en la fiesta de la noche anterior, concretamente la que me
entrego el sobre..ahora era una presa de las sadovampiras…

Julietta acallo los reproches de Gema amarrándola fuertemente
de su sexo y apretandola hasta subirla incluso unos centímetros del suelo…

_ahhhggg, me haces daño!!!, suéltame….

se quejaba Gema
_pronto suplicaras ser una de las mías…y te arrastraras ante tu nueva
diosa…¡¡Súbditas!!, ¡¡proceder al castigo!!…

Las tres sadovampiras en traje rojo de cuero se aproximaron a
Gema y empezaron a someterla a tocamientos violentos..apretando sus tetas con
fuerza..retorciendo sus pezones..introduciendo sus dedos tanto por el culo como
por su raja, Gema se basculaba de un lado a otro intentando librarse de ellas
pero era en vano..yo quería ayudarla..pero recordé mis instrucciones..¡¡¡solo
vigilar!!!. Las castigadoras siguieron con sus magreos
una de ellas saco una pequeña fusta y se cebo con las nalgas de Gema,
sometiéndola a latigazos que marcaban su culito pero que inmediatamente esas
marcas desaparecían..debido al poder autocurativo de las lesbovampiras..claro
que eso no impedía que dolieran en el momento que impactaban en la piel. En un
momento una de ellas elevo a Gema de las piernas y poniéndola a la altura de su
boca comenzó a devorarla el coño con violencia..mientras las otras dos mordían
sus tetas y pezones, Gema no paraba de gritar..el castigo duro mas de veinte
minutos..y yo sufrí mucho ante la impotencia de no poder ayudar.. la mujer del
pelo teñido en amarillo y Julietta observaban el espectáculo con agrado..hasta
que esta ultima levanto la mano y grito ¡¡basta!!, las tres sadovampiras dejaron
a Gema la cual se abandono a su propio peso y colgaba de las cadenas agotada por
el castigo. A pesar del frío del ambiente, Gema tenia el cuerpo brillante por el
sudor, Julietta se acerco a ella, la levanto la barbilla para verla la cara..y
empezó a hablarla.

-Bien, Gema…ahora tendrás que decidir….¿puedes quedarte
aquí, encadenada…sin posibilidad de alimentarte de flujos vaginales..por lo
que como sabrás..envejecerás rápido y morirás o convertirte en una
sadovampira…y vivir sirviéndome a mi, alimentándote de hermosas mujeres a las
que previamente castigaras y humillaras…dejando ese estúpido juego de
seducción y glamour que las lesbovampiras utilizan..que solo sirve para perder
el tiempo…..¡¡decídete ahora!!.

Gema, respirando con cansancio…miro a Julietta, sus
opciones eran pocas, desde luego…y bajando la cabeza….murmuro..

_servirte a ti….¡oh mi diosa Sadovampira!
Una sonrisa se dibujo en todas las presentes….Julietta hizo una señal con la
cabeza a la mujer del maletín que lo abrió y empezó a sacar algo de el..las
otras chicas soltaron a Gema y la pusieron un collar de cuero al cuello con una
cadena, luego la obligaron a ponerse a cuatro patas..Mientras Julietta se
desnudo quitándose su vestido y quedándose solo con los zapatos de bacón
puestos, dejando ver un cuerpo delgado pero seductor y voluptuoso, se sento
encima de una silla de oficina colocada ahí para la ocasión por una de las
sadovampiras y abrió sus piernas, mostrando unos labios mayores muy sensuales y
apetitosos, obligaron a Gema a caminar a cuatro patas y tirando de la cadena
aproximarse a la raja de la diosa sadovampira.

_¡¡¡Ahora, te convertirás en una sadovampira y me servirás
con lealtad y devoción..devora mi sexo y bebe mis jugos..y conoce el lado oscuro
del lesbovampirismo!!!.

Todo a continuación paso muy rápido, Gema comenzó a devorar
el coño de Julietta con la maestría que solo una lesbovampira puede tener,
relamiendo con la lengua los contornos de aquellos apetitosos labios, mientras
las tres sadovampiras vestidas de cuero rojo la sujetaban en esa posición a
cuatro patas sobre el suelo, mientras la mujer del pelo amarillo que se
encontraba a la espalda de Gema, saco del maletín un objeto metálico, una
varilla en cuyo extremo y en ángulo de noventa grados, tenia una insignia
encerrada en un circulo, concretamente una serpiente en forma de "s", también
saco un pequeño soplete de gas el cual encendió con un mechero y procedió a
calentar con la viva llama la insignia antes descrita. Gema seguía recorriendo
con su rápida lengua toda la longitud de los labios de la raja de Julietta, esta
a su vez se contorsionaba en la silla disfrutando de tan abrumador placer..

_Sii, sii, sigue..asiii..chupa mas rápido!!!, mas rápido!!!,
quiero correrme..

Hasta donde yo estaba percibía el olor fuerte e embriagador
del sexo de la diosa sadovampiresca, mientras la mujer del pelo amarillo tenia
ya al rojo vivo el escudo metálico y preparado a una señal de Julietta que
estaba aprovechando al máximo el placer que el buen hacer de Gema le estaba
proporcionando, a punto de correrse, agarro con su mano izquierda el pelo de
Gema y la empujo mas hacia su entrepierna y levanto el brazo derecho..mientras
gritaba:
_¡Y ahora..a punto de alimentarte con mis fluidos.. y como diosa y creadora del
sadovampirismo..te hago a ti…Gema…a partir de ahora, súbdita mía y
permitiendo a tu inmortalidad disfrutar de las sensaciones del placer y el
dolor…!
en ese momento Julietta bajo su brazo derecho y la mujer del pelo amarillo
impacto sin titubeos el escudo al rojo vivo el la nalga derecha de Gema..un humo
blanco y un ruido chisporreante salió al producirse el contacto..un olor a piel
quemada llego hasta mi olfato, Gema grito pero su grito se ahogo al tener su
boca pegada a la raja de Julietta que a su vez se corría abundantemente sobre
ella:
_Siii, me corroooo, siii,, ahhhhhhh!!!!!!!
Las otras sadovampiras sujetaban fuerte a la recién iniciada que aunque ya le
habían apartado el hierro candente..todavía sentía el calor penetrando en su
piel..se había quedado la insignia de las sadovampiras perfectamente grabada en
su culo..marca que no se le quitaría ya que el fuego era de las pocas cosas que
si podían dañarnos.

Gema cayo al suelo fatigada por el orgasmo brutal que había
tenido, de su boca chorreaba la abundante corrida de Julietta, la cual se
levanto y se vistió lentamente mientras daba instrucciones a las otras
sadovampiras para que se hicieran cargo de la nueva iniciada, a la cual se
llevaron casi a rastras hasta un coche aparcado en el exterior de la nave. La
mujer del pelo amarillo guardaba su elemento de tortura en el maletín.

Yo decidí quedarme escondida hasta que se fueran, no quería
hacer ruido y ser descubierta. Al poco todas las Sadovampiras desaparecieron
dejando aquel sitio frío y yo me acerque a la zona donde habían iniciado a Gema
todavía sintiendo el aroma del intenso flujo de Julietta mezclado con el olor a
carne chamuscada..estaba observando y memorizando todo lo que podía para poder
contárselo a mi señora Nadia e informarla lo mas detalladamente posible cuando
me di cuenta que en el suelo, al lado de donde había estado Gema estaba el
maletín negro que portaba la misteriosa acompañante de Julietta, ¿se lo habría
olvidado?, de repente oí un ruido a mi espalda…me gire y a solo un metro de mi
estaba aquella mujer del pelo amarillo y corto.

¡de cerca era impresionantemente alta y parecía muy fuerte!,
no me dio tiempo a reaccionar, emitió un gruñido aterrador y se alabanzo sobre
mi, ¡¡su cara era de furia y rabia!!.Era muy fuerte y no podía quitármela de
encima, me empujo fuertemente y caí al suelo..quiso pisarme el estomago pero
pude apartarme, entonces me agarro del pelo y me levanto, la tenia a mi
espalda..note como mi camiseta se rasgaba desde atrás y mis pechos quedaban al
aire, entonces me empujo hacia adelante hasta un gran bloque de hielo el cual
por su posición parecía una mesa, la enorme fuerza de mi agresora me obligo a
apoyar mis tetas sobre el hielo y empecé a notar un frío helado en ellos, note
como se pegaban al hielo para después sentir como me quemaban.

_¿Quién eres? ¿Quién te envía?!!..¡¡habla!!
Su acento parecía alemán, yo intente apoyando mis manos despegar mis tetas y mis
pezones del hielo pero no podía, ya no se si notaba frío o calor en ellos, solo
se que aquello dolía.

_¡¡ahhhhh, suéltame por favor!!!, ¡¡me haces daño!!..

_¡¡¿¿Quién eres??!!….será mejor que hables….o lo
lamentaras..

_Soy una lesbovampira!!, me llamo Jessy..solo estaba
mirando!!… por favor suéltame!!!
De repente note como tiraba de mi pelo hacia atrás y como la piel de mis senos
se despegaban del hielo con dificultad y dolor..entonces aquella mujer me dio la
vuelta..mis pechos estaban amoratados y me ardían, vi como su cara esbozaba una
media sonrisa y después su puño se acerco cada vez mas a mi, el impacto en mi
cara me aturdió, ocasión que aprovecho aquella salvaje para atarme las muñecas y
colgarme del gancho de la grúa donde minutos antes había estado Gema. En mi
mareo note como me bajaban los pantalones hasta quitármelos y luego como tiraban
de mis bragas fuertemente hasta que se rasgaban dejándome desnuda ante semejante
animal.

_¿Así que eres una espía, no?, creo que vas a tener que
contarme muchas cosas…¡¡vas a saber quien es Brenda!!
La tal Brenda se puso delante mía, yo colgaba de aquella grúa aunque mis pies
apenas apoyaban en el suelo, mis pechos empezaban a volver a coger su aspecto
rosado gracias al rápido poder curativo de las lesbovampiras, intente soltarme
pero no pude, mientras Brenda se despojo de su camisa y dejo al descubierto unas
enormes tetas, redondas como pelotas, se las agarro con las manos y las aproximo
a las mías, rozando sus pezones con los míos, eran tremendamente duros y se
clavaban como agujas, yo quería evitar el contacto pero me era imposible, apenas
podía moverme hacia atrás, Brenda se restregó a gusto contra mi, dándome
lametazos húmedos con su lengua en mis mejillas y en mis labios que me
proporcionaban un asco y unas nauseas terribles, había algo en aquella mole de
mujer que no terminaba de gustarme.

_déjame!!!, eres repugnante!!!,¡¡suéltame!!
_¿ahora?.jajajajaaj….si viene lo mejor, querida..

Brenda se echo hacia atrás…comenzó a desabrocharse los
botones del pantalón de corte ancho que llevaba…mientras su cara dibujaba una
sonrisa maliciosa, dejo caer la prenda y entonces vi algo increíble…debajo de
una cuidada mata de pelo púbico Brenda tenia un enorme pene erecto, ¡tan natural
como la vida misma!, ahora entendía porque era tan fuerte, el resto del cuerpo
era enteramente el de una mujer, con curvas sinuosas y piel suave..Brenda agarro
su pene grande y venoso con su mano derecha y empezó a tocárselo para ponerlo
todavía mas duro de lo que ya lo tenia a la vez que paseaba alrededor mío.

_¿no te esperabas esto, verdad..?.., hubo una época en que yo
era un hombre, pero gracias a la cirugía y a las hormonas ahora soy una mezcla
explosiva capaz de satisfacer a cualquier mortal o inmortal, soy la mano derecha
de la diosa Julietta, y aunque no puedo ser una sadovampira por mi condición
varonil y no puedo gozar de la eterna juventud..se me permite vivir entre ellas
y disfrutar del placer de castigar a hermosas lesbovampiras como tu…

Brenda se coloco detrás mío, tan cerca que oía su
respiración, sus enormes pechos se apoyaron en mi espalda..y un aroma fuertísimo
a semen se percibía en mi olfato..

_¿que vas a hacerme?..déjame ir o te arrepentirás, si se
entera mi señora Nadia lo vais..

_¡cállate!, esa Nadia no es mas que una estúpida inmortal que
no sabe gozar de los poderes que se le han sido concedidos..podría tener a quien
quisiera cuando quisiera sin necesidad de tanta seducción ni tanto espamento, me
resulta patética y muy pronto sabrá lo que las Sadovampiras le tenemos
preparado…

_¿que la vais a hacer?…sois unas enfermas…

_¿sabes, Jessy……?¿no te preguntas porque no me operado
este enorme pene que tengo?…¿sabes que es lo que mas me gusta hacer con el?.

_noo, ni quiero saberlo!!!, suéltame!!!
_jajajajaja, ni hablar!!!, lo que mas me gusta…..es….

Brenda bajo sus manos hasta la parte trasera de mis muslos,
justo debajo del culito..

_lo que mas me gusta es…..¡¡¡¡dar por el culito a una
patética lesbovampira como tu!!
Brenda me subió desde atrás hacia arriba a la vez que abría mis piernas, note
como me elevaba con una facilidad increíble para después dejarme caer, mi culo
noto algo duro como una piedra que se abría paso a través de
el y entraba por mi ano..note un dolor desgarrador y hasta que mis pies no
aterrizaron otra vez en el suelo aquello no dejo de entrar dentro de mi..

_aaaaaaaahhh!!!!, que dolor!!!!…sácala!!!!, por favor!!!!!
Brenda agarro desde atrás mis tetas apretándomelas con fuerza a la vez que
comenzaba a moverse en un movimiento rítmico enculandome sin compasión, notaba
sus fuertes acometidas, sus enormes tetas y sus rígidos pezones en mi espalda,
su respiración jadeante en mi cuello…metía todo su pene lo mas dentro que
podía, mi culo ardía..notaba como se dilataba al paso de su polla y como sus
huevos chocaban contra mis nalgas, las lagrimas asomaban por mis ojos, el dolor
era desgarrador..yo sabia que luego se me pasaría gracias a mis poderes
curativos pero en ese momentos el dolor era insoportable..para colmo Brenda
agarro en cada mano dos trozos de hielo del tamaño de una pelota de tenis que
cogió de un bloque cercano y empezó a restregarlo por mis tetas, mis aureolas,
mis pezones, mi estomago..hasta bajar uno de ellos a través de mi monte de venus
y empezar a restregarlo sin compasión por mis labios vaginales..el frío era
terrible..la sensación era de quemarse!!!, aquellos hielos se derretían por
efecto de la fricción y el liquido húmedo por mi cuerpo, por mis piernas, Brenda
acelero aun mas su ritmo…

_¿no me digas, aahhh, que esto….ooohh,… no te gusta???
_ahhhggg, deja…mee…por …favor..ahhh..ahhh…me duele mucho!!!
Brenda derritió el hielo de una de sus manos sobre mis morados pezones, mientras
el otro trozo ya mas pequeño entraba a través de mi raja rumbo a mi interior
helándome el clítoris para terminar de hacerse frío liquido que se deslizaba
entre mis muslos..

_me voy a correr!!!!..ahhhhgg…dentro de tu culito….sii,
siiii, ahooooraaaaaa!!!
de la sensación del frío dentro de mi raja note la sensación de calor dentro de
mi culo, una corrida abundante se depositaba dentro de mi…los jadeos de Brenda
eran mas parecidos a los de un animal que de una persona, se quedo quieta y
rígida dejando salir toda su leche..a la vez que notaba una sensación
tremendamente placentera por todo mi ser, me abandone a mi peso, victima del
cansancio y del dolor que se repartía por mi cuerpo..note como salía aquel
enorme falo..como mi ano parecía tres veces mas grande de lo habitual..y como el
semen se deslizaba por el, cayendo a través de mi culo hacia mi entrepierna y
después gotear por mi pierna…

Brenda soltó mis muñecas y caí al suelo, sudada, sucia y
mareada..

_ ahora te voy a dejar marchar…..quiero que les digas a tus
compañeras con quien se enfrentan…pero la próxima vez que te vea…créeme..no
seré tan generosa…

fue toda una amenaza en ese tono alemán tan característico de
los tiempos nazis.., Brenda cogió su ropa y su maletín y oí como se alejaban los
pasos poco a poco, hasta quedarme allí sola..lo menos estuve así cuarenta
minutos..dejando que mi poder autocurativo pusiera las cosas en su sitio..pronto
el dolor desapareció y mi cuerpo volvió a su ser. Me vestí con mis pantalones,
ya que mis bragas a lo mismo que la camiseta estaba rota, busque en los
vestuarios del almacén y tuve suerte de encontrar una camiseta de esas de
propaganda, salí por el mismo sitio que entre y volví al hotel en taxi..procure
no ser vista por las sadovampiras alojadas en el hotel y cuando llegué a mi
habitación respire con tranquilidad..me duche y me lave bien todo los restos de
semen que quedaban impregnados en mis nalgas y en mi piel….solo había dos
cosas que me preocupaban en ese momento, una era que yo también me había corrido
con aquella salvaje experiencia, cosa que disimule en manos de aquella loca y
otra era el ansia que tenia por alimentarme, llevaba dos días sin probar ninguna
hembra..estaba hambrienta!!!, entonces recordé a la hermosa botones rubia de
ojos azules, Maria….cogí el teléfono del hotel y le pedí que me subiera unos
refrescos….la duda en mi era si todavía seria capaz de seducir a aquella chica
o por el contrario en mi ansia utilizaría la fuerza…….

continuara…..


POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Todavía quedaba muchos misterios por descubrir…

Humo sagrado (II)

Humo sagrado (II) (15)

Este relato está dedicado a DJShoon, por majo ;-)

28/04/02

A Patricia ya a la conocemos (*ver "Humo
Sagrado
", primera parte). Es alta, elegante, hermosa, de cabello negro
recogido y mirada penetrante. Está apoyada en el marco de la puerta. Chasquea el
mechero y enciende un cigarrillo, dejando que las volutas de humo broten de sus
labios, ascendiendo por la tenue luz del cuarto.

Patricia dice:

- No me lo puedo creer… ¿porqué nadie me había dicho que
tenía una sobrina tan guapa?

Andrea es nueva en esta historia. Es la chica sentada ante su
tocador, la sonriente chica que aun no se ha quitado el uniforme del colegio
privado (medias verdes, falda corta escocesa, camisa blanca con corbata negra).
Es esa tierna sonrisa, sorprendida después de tanto tiempo, es el cabello negro
recogido en una coleta, los ojos dulces y enormes, la piel oscura y suave.

Sin embargo, está un poco inquieta. Lo primero que Andrea
dice es:

- Oh… Perdona tía: si mi madre huele que alguien ha fumado
en mi cuarto, me mata. ¿Podrías…?

- No te preocupes. Si tu madre dice algo, le diremos que he
sido yo, ¿de acuerdo? Yo a tu madre la manejo como quiero.

Y ambas ríen. Por fin van la una hacia la otra y se abrazan.

- Madre mía, no me lo puedo creer… Estás tan… -Patricia
duda un momento. Muchos adjetivos pasan por su cabeza- … mujer. ¿Qué te dan de
comer? ¿Y cuánto tiempo hace que no nos vemos?

- Pues creo que la última vez fue en la boda de íngeles.
¿Recuerdas?

- Sí, sí que me acuerdo. Pero recuerdo que tú llevabas aun un
vestidito de niña, es increíble… Espera, entonces, ahora debes tener…
¿dieciocho años?

- ¡No, tonta! Sólo dieciséis.

- ¡¿Dieciséis?!

- Sí -Andrea ríe por la reacción de su tía.

- Caray, pues podrías engañar a quien tú quisieras. Te has
hecho en seguida toda una mujer, ¿sabes?

- Venga ya, tía…

- Pero si, fíjate, tienes todo el cuerpo de una mujer. Te lo
digo de verdad.

- Bueno, supongo que eso es bueno, ¿no?

- No sé -Patricia se pone en plan pensativo, aprovecha para
dar una calada-. ¿Te gusta estar convirtiéndote en mujer?

- Creo… Creo que vale la pena, sí -dice Andrea, muy
decidida.

Patricia se sienta en la cama de la niña, y ella vuelve a
sentarse ante su tocador. Tiene un espejo enorme, redondo y bien iluminado, y
una mesilla con sitio para todo lo que ella desee: revistas, perfumes, cepillos,
maquillaje, cajitas de música… Incluso seguro que hay algún cajoncito donde
guarda sus prendas íntimas favoritas. Puede que ya haya empezado a tomarse
molestias pensando en los chicos, y que alguna vez se ponga uno de esos tangas
súper-finos, por si acaso. Y, quién sabe, puede que ya algún chico afortunado lo
haya visto.

Hace mucho que no se ven y tienen tantas cosas que
contarse… Andrea pone a su tía al día de prácticamente todo lo que es su vida,
su adolescencia. Todos los viajes, las anécdotas familiares, las visitas, los
encuentros, los buenos y malos momentos en la escuela, los amigos y las
amigas… No menciona su relación con ningún chico.

- ¿Y tú?

Patricia apenas tiene nada que contar. Al menos nada
disponible para los oídos de una niña. Acabó la carrera de Filología Inglesa y,
después de varios años sobreviviendo a base de trabajos bastante insulsos y poco
gratificantes, adquirió por fin un puesto como profesora en la universidad, y
actualmente su reconocimiento como tal va aumentando. Vive sola en un piso
enorme y maravilloso en el centro de la capital. Siempre que puede conquista a
alguna mujer hermosa, la lleva a su piso y allí le hace el amor salvajemente,
hasta que la relación dure. Pero claro, eso no se lo cuenta.

Andrea sigue hablando y hablando. Patricia la escucha
embelesada, asiente con la cabeza, da una calada al cigarrillo. Han hablado
tanto que se ha fumado ya tres. Ha tenido que ir a buscar un cenicero a algún
lugar de la casa.

Es increíble.

Está tan guapa, ha crecido tan deprisa… Su vestido de
colegiala no le hace justicia a su cuerpo de mujer. Parece como si hubiera
tenido prisa por madurar. Sus piernas largas y fuertes, ya ha tenido que empezar
a depilárselas, le cuenta. Su voz suave de mujer. Su rostro de rasgos
atractivos, redondeados, le recuerda a la belleza de las mujeres hindúes. La
India, el país con las mujeres más hermosas del mundo, dicen algunos, y Patricia
piensa que puede ser cierto. Su forma de hablar, decidida y segura, como si ya
supiera todo lo que tiene que saber y lo que tiene que hacer. Sus pechos ya
bastante crecidos, pidiendo una buena talla de sostén, asomando la piel morena
brevemente por el escote desabrochado de la camisa. En definitiva, su cuerpo
grande, largo, atractivo.

Patricia se ha encendido el tercero.

- Hay que ver cómo fumas, ¿no? -dice su sobrina.

- Me gusta fumar. No lo hago por vicio. Bueno, quizá a veces
sí… -admite riendo- Pero es que me gusta el sabor, y sobre todo, el ritual,
sabes, todos los pasos y la parafernalia alrededor del acto de fumar… -para
demostrarlo da una larga calada, y saborea el humo en su interior- El humo
elevándose lentamente, haciendo espirales, el color, el aroma… El pedir fuego
o el compartir un cigarro con alguien especial… Seguro que tú ya lo has
probado, ¿eh? -le pregunta con una sonrisa malvada.

- Bueno… -Andrea se hace la inocente.

- Me lo imaginaba. ¿No quieres uno?

- Pero mi madre…

- Tu madre es mi hermana. Créeme, yo te protegeré de lo que
sea, ¿de acuerdo? Además, no lo va a notar, seguro.

- Bueno, si tú me proteges…

Patricia saca uno de su pitillera. Andrea lo coloca en sus
labios y espera a que su tía saque el mechero y se lo encienda.

- Gracias… -le dice, soltando un hilo nuevo de humo.

- ¿Ves? Ahora no fumo sola. Es mejor así, ¿no? ¿Sabes? Yo
tuve una… amiga… Bueno, todavía somos muy amigas, la verdad. El caso es que
esta amiga cree que la escena de una mujer bonita y elegante fumando es lo más
excitante del mundo.

- ¿En serio? Qué cosas se oyen. En fin, pensándolo bien,
puede ser -Andrea da unos golpecitos con el dedo, tirando la ceniza en el
cenicero-. De todas formas no creo que yo le pareciera muy sexy.

- ¿Estás de coña? -Patricia usa su voz más grave y
perturbadora- Eres bonita y tienes mucho estilo, incluso con esa ropa, lleves lo
que lleves en cualquier momento. Seguro que le encantabas. Seguro que le
parecías súper sexy.

- Oye, pero ¿qué tipo de amigas tienes tú? -bromea la
inocente Andrea.

- Amigas -dice Patricia, por toda respuesta.

¿Qué más pueden hacer tía y sobrina, aparte de compartir un
cigarrillo en secreto, para pasarlo bien, después de tanto tiempo sin verse?

Patricia enseña a Andrea a maquillarse. Ella ya sabe lo que
hay que saber, pero Patricia le va a enseñar los verdaderos secretos, los
detalles que marcan la diferencia entre un rostro maquillado y un rostro que
cautiva tu mirada. Se sienta junto a ella ante el tocador y comienza la lección.
Su maestra le va a hablar de cómo los colores deben combinar bien entre sí, del
colorete, nunca demasiado, pero sí bien visible, haciendo un rostro sonrosado y
apetecible; le habla de las sombras de ojos, los tonos azules, los verdes, y los
más oscuros como el negro, que dan la impresión de una mujer dura y dominadora.
Estos términos van cayendo en los inocentes oídos de la chica sin que ella
parezca saber qué significarían en otro contexto. Es el juego perverso y
pervertidor de Patricia.

De vez en cuando, una u otra da una calada al cigarrillo.

De vez en cuando, no lo puede evitar. Desde su posición, sus
ojos se asoman sin querer al escote. Entonces sí que puede ver unos pechos
redonditos y morenos. Con mucho esfuerzo se concentra en el maquillaje y vuelve
su mirada al rostro de Andrea. Se diría que ella no se da cuenta.

Con los mofletes sonrosados, los párpados sombreados de un
verde muy difuminado, unas pestañas negrísimas y unos labios carmín oscuro
perfilados suavemente, con una capa de brillo, que a la vista son tres veces más
gruesos y grandes que antes, no hay más que mirarla bien para decidir que ha
sido una gran lección.

Ambas miran el resultado, divertidas, en el espejo. Luego
intercambian sus miradas.

La mano de la chica se posa en el muslo de su tía.

- ¿Sabes?… Ojalá pudiéramos vernos más veces. Sería muy
divertido.

- Eso no es tan difícil. Si de verdad es lo que quieres,
podríamos…

- Sí, sí que quiero. Siento que no te conozco, y que me estoy
perdiendo algo.

- Vas a hacer que me ponga colorada.

- ¡Más que yo no, seguro! ¡Mírame! -dice riendo a su reflejo
en el espejo- ¡Parezco una..!

- ¿Una qué…?

- Iba a decir… una puta -completa ella la frase, arrobada
por la vergí¼enza.

Su tía ríe.

- Pues sí -dice-. Me gustaría que nos viéramos más a menudo a
partir de hoy. Pasar más momentos juntas.

- ¿Salir de compras, quizá?

- Salir de compras, fantástico. Te compraría algo bonito.

Y por fin el silencio. El silencio previo al beso. Hacía
mucho tiempo que Patricia no sentía esta emoción genuina e inocente, estos
nervios. Ha besado mucho, y muy bien, hasta morir de excitación, pero lo que se
siente en este momento de no-beso casi lo había olvidado.

Ha llegado ese silencio que tan bien conoce, esas miradas que
se esquivan, esa inmovilidad.

Por un momento parece que sólo va a ser ese beso familiar que
la sobrina le da a su tía. Parece que sólo será eso y nunca nada más, pero ahí
llega. Los rostros se acercan y las bocas se tocan. Un beso tan inocente y dulce
como hacía tiempo que no experimentaba. Se miran y se vuelven a besar.

La mano sigue sobre su muslo.

Sus labios se succionan mutuamente, con suavidad. Cuando las
lenguas se tocan por fin, apenas la punta, el beso se corta.

- Lo… lo siento… -dice Andrea ruborizada- Espero que no
te haya molestado. Sólo quería probar. Yo… No sé.

- Tranquila -susurra Patricia-. No me ha molestado, te lo
prometo -tiene que sujetar su barbilla para lograr que la mire-. Ha sido un beso
muy bonito, gracias.

- Vale. Sólo quería saber qué se sentía. Alguna vez lo he
hecho con alguna amiga, y pensé que no sería malo probar contigo. Pero ahora…
En fin, lo siento.

- No, tonta, no te preocupes por nada. Mi niña…

La abraza para tranquilizarla, la besa en la mejilla.

- Gracias, tía -dice, muy sinceramente, casi con lágrimas en
los ojos. Apaga el cigarrillo en el cenicero y se levanta-. Tengo que… ir un
momento al baño, ¿vale? Me cambio la ropa y vuelvo. No es plan de ir todavía con
el uniforme del colegio, estando tú…

- ¡No, no te molestes! No te pongas ahora elegante por tu
tía. De verdad, a mí me parece una ropa muy bonita.

- Bueno, entonces voy sólo al baño y vuelvo.

- Hasta ahora.

Sale del cuarto. Patricia resopla. La excitación casi no la
deja respirar. La excitación y la carga de saber que ha besado a su sobrina
adolescente. Necesita calmarse, no quiere dejarse llevar y acabar haciendo algo
malo. Apaga el cigarrillo y se levanta, pasea por el cuarto respirando
profundamente. Observa las pertenencias de la chiquilla: revistas juveniles en
las estanterías, un armario lleno de ropa escogida con muy buen gusto, ni de
niña pija y pendón, ni de mojigata. Colores bonitos, un poco apagados, en
general. Dibujos de paisajes y personas, hechos por ella seguramente, con un
profundo sentido poético quizá algo difícil de captar. Sobre la cama, todo un
séquito de muñecos de peluche que, imagina Patricia, la acompañan en los
momentos de incomprensión o de soledad, o quizá de necesidad insatisfecha.
Patricia acaricia la graciosa trompa de un pequeño elefante de pelaje gris.

La curiosidad también puede remorder, como la buena o mala
conciencia. Patricia acaricia el tirador del cajón de la mesilla de la niña,
jugando en su cabeza con la posibilidad de violar su intimidad. ¿Quién lo
sabría?

Despacio, sin hacer ruido, abre el cajón. La visión del
contenido la golpea como un piropo tremendamente obsceno.

Una revista femenina, y no precisamente de las que te
aconsejan qué hacer para conquistar al chico que te gusta.

Bajo unos pañuelos, un objeto alargado, y no precisamente un
tampón.

Cierra el cajón de golpe y vuelve deprisa al tocador. Su
respiración excitada la traiciona.

- ¿Con que sí, eh…? -murmura para sí, sonriendo.

La chica vuelve al cuarto, fresca como una lechuga.

- Bueno… ¿Qué hacemos ahora?

Patricia se levanta del asiento. Hace ademán de dirigirse
hacia la puerta, pero sin mucha prisa. Le da un beso a su extrañada sobrina.

- Andrea, cariño, me tengo que ir. Eres un encanto. Tenemos
que pasar más ratos juntas. Llámame un fin de semana, ¿vale?

Andrea la coge por el brazo.

- ¡No! O sea… No te vayas todavía. ¿Tienes mucha prisa?

Patricia hace como que se lo piensa.

- Mmmmh… Regular.

- ¿No vas a quedarte a compartir el último? Nos lo fumamos a
medias, ¿Vale? Anda, sólo eso, y luego te dejaré marchar.

- Vaya, vaya. ¿Ya no tienes miedo de tu madre?

- No. Sé que tú me defenderás.

- Está bien. Fumémonos el último.

Patricia saca un cigarrillo de su pitillera y lo coloca en
los carnosos labios de su sobrina. Le da fuego. Mientras se lo enciende,
sostiene la mirada penetrante de su sobrina. No sabe lo que significa, pero sí
lo que le gustaría que significara.

Su cuerpo tiembla sólo de pensar que esa ha estado dentro del
cuerpo de su sobrina.

- ¡No tengas tanta prisa! Ven, siéntate conmigo.

"Siéntate" en realidad quiere decir "túmbate" conmigo. Andrea
se arrellana en su cama, entre sus fieles muñecos, mientras el humo gris
asciende desde sus dedos.

Patricia se sienta en el suelo. Está enmoquetado, no es para
nada incómodo. Durante ese rato, tan sólo se miran y comparten el último
cigarrillo. No hablan.

Cuando la droga se apaga en el cenicero, Patricia vuelve a
levantarse, muy despacio, calcula todos sus movimientos para que tengan el
efecto deseado. La seda de sus medias negras susurra.

- Bueno, se nos acabó. Ahora sí que me tengo que ir, lo
siento, cariño.

Y la vuelve a besar en la mejilla. Cuando va a salir del
cuarto, oye a sus espaldas más o menos las palabras que quería oír.

- ¡Espera, jo! No te vayas. ¿No hay nada que pueda hacer para
que te quedes?

Patricia se vuelve. Se toca la barbilla en gesto pensativo.

- Para que me quede… Emmmm… Pues… Lámeme los zapatos.

La mueca de la niña es cómica.

- ¡¿Qué?!

- Lo que has oído, nena. Lámeme los zapatos y me quedaré.

Andrea sigue riendo. Aun no lo cree. Es una broma extraña,
quizá de un mal gusto que no comprende, pero al fin y al cabo, una broma.

- Hazlo, si no quieres que tu mamá se entere de que has
estado fumando. Y… de otras cosas peores. Como los secretos que guardas en tu
cajoncito.

Andrea está al borde del puchero. Por un momento, Patricia
casi siente pena por su sobrinita.

- No serías capaz…

- ¿No? No lo sé.

- No te creía así. Todavía no entiendo…

- Yo sólo sé una cosa -y aquí es donde por fin utiliza su
famoso tono de voz, el que la ha hecho cosechar éxitos con las mujeres más
exigentes y hermosas de todo el mundo, su tono de voz melifluo y amenazante de
mujer dominadora:- Lámeme los zapatos, y te aseguro que te alegrarás de haberlo
hecho.

Andrea duda. Se rinde. Sin dejar de mirar a los ojos de su
tía -para poder ver en todo momento si se trata por fin de una broma- se baja de
la cama y se arrodilla. A cuatro patas, se acerca a sus pies. Al inclinarse, el
principio de su tierno trasero asoma por el borde de la faldita.

Al final de dos largas piernas negras, los pies están
embutidos en sendos zapatos de charol negro, de tacón. Muy elegantes.

Vuelve a mirar a su tía. No es broma.

Asoma la punta de la lengua y lame. Sólo la imagen ya valdría
cien orgasmos juntos.

La lengua de Andrea es pequeña, sonrosada, como si toda su
vida su boca no hubiera probado más que agua cristalina, fresas, nata y terrones
de azúcar.

Patricia se retuerce de placer, del placer que entra por sus
ojos.

- Y no me refiero a una lamida corriente. Quiero que repases
mis zapatos bien con tu lengua, hasta dejarlos más brillantes que antes.

Increíblemente, obedece. No hay duda: hay una química
especial. Una nació para dominar, y la otra para ser dominada. Y ambas nacieron
para encontrarse en este preciso momento.

Andrea, muy aplicada, lame con su lengí¼etita el charol, de
arriba a abajo, de una punta a otra, sin quejarse.

- Ahora túmbate… Eso es… Bésame los tacones, bésalos…

Andrea se tumba bocarriba y besa los tacones que se posan
sobre sus labios.

- Dales una lamida, vamos… Sólo una, quiero ver esa lengua
tan bonita que tienes…

Andrea lame los costados del tacón, no la punta, porque está
sucia. No obstante, no importa.

Patricia se inclina sobre ella hasta que sus bocas están casi
juntas, al revés. La mira con adoración.

- ¿Cómo es posible que seas tan buena chica? Dime…

- Lo he hecho porque… Porque tú me lo has pedido.

Patricia apenas da crédito a lo que oye.

- Eres una chica buena, y mereces un premio…

La besa profundamente, sin recatos. Sujeta su cara entre sus
manos e introduce su lengua en lo más profundo. Muerde sus labios, los chupetea,
los lame, inspecciona toda su boca. La niña tampoco se queda atrás, va
aprendiendo cada movimiento y los repite como buena alumna. Pronto están la una
comiéndose y chupándose a la otra, compartiendo saliva y labios, besándose con
desesperación, como si intentaran derretir a la otra con energía calorífica.

- Ven…

La toma de la mano y la levanta, la lleva a la cama, la
tumba.

- ¿Cuándo volverá tu madre? -le susurra al oído.

- Está muy ocupada… Aun puede tardar dos horas por lo
menos.

Patricia se eriza.

- Perfecto. Entonces tenemos mucho tiempo. Sobrinita, te voy
a hacer cosas que te van a encantar, estoy segura. De todas formas, eres libre
de pedirme que pare en cualquier momento. ¿De acuerdo?

Andrea asiente.

Mientras la besa, le coge los pechos. Lo hace por encima de
la camisa, por encima de la pequeña corbata infantil, no le importa. Comienza a
moverlos en círculos, hasta que arranca los primeros gemidos de su garganta, que
se ahogan en lo profundo de la suya, a través del beso. Le desabrocha la camisa,
aparta el sostén, y vuelve a acariciárselos, amasárselos en círculos
caprichosos. El tacto es maravilloso: dos tetas tan jóvenes, y a la vez ya tan
grandes. Cambia una y otra vez el sentido de los círculos, ahora los para, ahora
vuelve a empezar, ahora acaricia con lentitud demencial, ahora los retuerce
acelerada, con ansia…

Le da un último chupetón a su pequeña lengua y se separa de
su boca. Quiere oír sus gemidos, su respiración animal. Quiere ver sus ojos
cerrados, su deliciosa expresión de sufrimiento.

- ¿Te gusta?

- … Mmm-hm.

- ¿Quieres que pare?

- ¡No! -se le escapa un gritito- No, por favor… Sigue…
Sigue… Me… Ammmmh… Me gusta mucho…

Andrea ya despide calor por cada uno de sus poros, por su
aliento, por sus movimientos. Patricia también arde, pero tiene mucho trabajo
aun que hacer.

Sujeta un pezón y comienza a juguetear con él, como si
quisiera enrollarlo sobre sí mismo. La otra mano va bajando, se interna bajo la
falda del uniforme y se encuentra con una húmeda declaración de deseo. Sus
medias verdes están salpicadas con gotitas de flujo que han ido escapando muslo
abajo. Prueba el placer irrepetible de acariciar unos muslos adolescentes:
blancos, puros, cubiertos por un vellito suave, casi invisible. Acaricia la tela
de las bragas e introduce un dedo bajo ellas. Al vello púbico le queda mucho aun
por crecer. Aquí la humedad es desbordante, le da la bienvenida a todas las
intenciones y proposiciones, borra cualquier duda. Sumada a la mirada de entrega
de su sobrina, hacen a Patricia imparable. Con un dedo acaricia sus labios
resbaladizos. La chica se estremece. Encuentra el clítoris. Le da suaves toques,
muy espaciados, torturadores. La chica gime.

Su pecho es abandonado un momento. Le extrae las bragas, las
examina, y las arroja a un rincón con desdén. Vuelve al pecho, esta vez con la
boca. Atrapa el montículo, succiona suavemente, le da leves caricias en la punta
con la lengua.

- Ooooh… No… Por favor… Por favor… -lloriquea Andrea.

- ¿Qué? ¿Qué? ¿Quieres que pare?

- No, por favor, no pares, por favor… Mmmmh…

Mientras saborea su pecho, le sube la falda todo lo que
puede. Comienza una lenta masturbación, acariciando su tierna rajita de arriba a
abajo. No la penetra, aun no. Ahora es el momento para las caricias. El clítoris
ya ha crecido y espera su turno. Lo atrapa fuerte entre el corazón y el anular y
lo acaricia en rápidos círculos.

Andrea bota en la cama. Patricia apenas puede retener su
pecho en la boca.

- Oh… Oooh… Ooooh… ¡Oooooooooh!

Andrea queda rendida con el primer orgasmo verdadero de su
vida. Se desploma sobre la cama. Los muñecos de peluche se desparraman a su
alrededor en solidaridad.

- Ah-ah… ¡Pero si acabamos de empezar! No te quedes así.

Como Andrea no se mueve, Patricia continúa. La penetra con
mucha delicadeza con el dedo corazón. Le hace la paja más dulce que se ha visto
jamás. El cuerpo de la chica lo agradece con otro orgasmo y un montón de besos.

Patricia la obliga a darse la vuelta, poniéndola a cuatro
patas sobre la cama.

- Pero… ¿es que todavía me vas a hacer más cosas?

- No hemos hecho nada aun, cariño.

Se aleja y la observa un momento. Qué deliciosa imagen: la
colegiala en su cama, rodeada de animalitos de peluche, inclinada hacia
adelante, la falda subida, las medias húmedas, la camisa abierta y la corbata
colgando sobre el colchón.

Abre el cajón. Seguramente Andrea ha reconocido el sonido.
Extrae el consolador a pilas, un ejemplar realmente bueno. Algún día le
preguntará de dónde lo sacó, y cómo llegó a sus manos sin que nadie lo supiera.

Lo enciende, comprueba que tiene pilas. El aparato rosa
zumba. Es bastante largo, pero estrecho, adecuado.

Vuelve con su sobrina. Comienza a lamer. Su lengua, sus
labios de besos húmedos suben de sus labios vaginales hasta su diminuto ano, y
vuelta hacia abajo. Quiere asegurarse de que su niña estará bien húmeda, pero
sin hacer aun que se corra.

- Sólo te pido… -gime Andrea- que no me hagas -uh- daño,
porque -mmmh- alguna vez que lo he usado, me he hecho un poco de daaaaahhh…

No puede seguir articulando palabras. La boca de su tía acaba
su trabajo. Está húmeda, lubricada y a punto. Aprieta el interruptor. El aparato
zumba. El sonido se va acercando. De pronto se vuelve a apagar. Se sobresalta
cuando siente por fin el plástico caliente en sus labios. No está vibrando.
Parece que a su tía le gusta siempre pillarla por sorpresa. Separa con cuidado
los labios y comienza a penetrar, muy despacio, girando un poco el aparato,
abriéndose paso. Patricia aprieta hasta que lo nota: a la niña no le cabe más
aparato.

Entonces vuelve a activarlo. El aparato vibra en su interior.
Grita. Lo apaga. Lo mueve un poco. Lo saca un poco y lo vuelve a empujar. Zumba
de nuevo. La niña grita, al borde del llanto. Sigue con el infernal juego de
arrancadas y parones mientras le lame el agujerito del culo. Cuando está bien
húmedo y algo abierto, intenta introducir un dedo.

- Oooh, nooo… Por ahí no, tía, por favooor… Ten
cuidado…

Está claro que no puede hacer mucho con esta zona o la niña
sufriría mucho. Introduce el dedo corazón todo lo que puede, apenas hasta la
primera falange, y se conforma con ello, con estimular su esfínter al mismo
ritmo que el consolador en su coño, acelerando cuando él se acelera, parando
cuando se para, deprisa cuando hay que ir deprisa, y a un ritmo frenético y
terminal cuando ya no se puede aguantar más.

- ¡AAAAAAAAAAH! ¡SIIIIIIIII! ¡QUIERO!
¡QUIEROOOOOOOOOOAAAAAAHHHH!

- ¡Algún día! ¡Algún día te daré por este culito que tienes!
¿Me oyes? ¡¿Me oyes?!

Andrea tiene su último orgasmo del día. Andrea se desploma
con la respiración agitada. Patricia le coloca bien la falda antes de dejarse
caer en la cama junto a ella. La besa largo rato para que se relaje.

Después, saca un cigarrillo y se lo enciende.

- Yo también quiero uno… -dice la vocecita de Andrea.

Patricia lo enciende ella misma y lo pone en los labios de
Andrea. Ambas fuman tranquilamente en la cama, mirando al techo, cogidas de la
mano.

Al cabo de un rato, Patricia mira su reloj.

- ¿Qué? -pregunta Andrea.

- ¿Faltará aun mucho para que llegue tu mamá?

- Un rato aun, sí. Depende para qué… -dice, simulando
inocencia.

Patricia se sienta cómodamente en una silla. Se saca las
bragas y las arroja sobre las de su sobrina. Se arrellana y se abre bien de
piernas. Dando una profunda calada dice:

- Te toca, cariño. Mámame el coño.

Andrea deja el cigarrillo en el cenicero.

- Sabrás que nunca lo he hecho, ¿verdad?

- No importa, cielo, eres maravillosa. Sé que lo harás
perfecto.

Se dan un húmedo beso, y Andrea comienza a lamerle el coño.
Patricia se deshace de placer.

———–

Muy pocos meses después, Andrea se fue a vivir con su tía a
su apartamento. Según ella, tenía motivos suficientes. Las broncas con su madre
eran constantes debido a su carácter obsesivo y agobiante, a su manera de hacer
un problema y un llanto con cosas tan normales como un suspenso o un día en el
que su hija tenga el ánimo un poco bajo. Andrea decía necesitar cosas que no
tenía ya en casa con su madre: tranquilidad, intimidad, reconocimiento, un buen
ambiente para, por lo menos, estudiar, y una visión no-paranoica de los hechos
cotidianos.

Patricia le propuso a su hermana aceptar la mudanza temporal
como un experimento que seguro enriquecería en algo su experiencia. Aprendería
durante un tiempo lo que es vivir lejos de casa, valiéndose por sí misma,
medianamente sola.

Casi le fallaron las piernas cuando ella aceptó.

La vida con Andrea es una delicia. Cuando vuelve del trabajo,
muchas veces se encuentra con que le ha preparado una buena cena, o un baño
caliente, o le ha hecho la limpieza. A veces se encuentra con sorpresas: flores
nuevas, una rosa sobre la almohada, barillas de incienso perfumando el ambiente,
o todas las luces apagadas, excepto la de un montón de titilantes velas
dispuestas por toda la casa.

Era una chica maravillosa.

A veces, en mitad de la noche y sin aviso previo, Andrea
salía de su cuarto y se introducía en la cama de su tía. La besaba suavemente en
el cuello, en los hombros… Hasta que se despertaba y, durante unas horas,
dejaban de ser familiares. Sólo mujeres.

Durante el trabajo, un pensamiento perturbaba a Patricia:
"Estoy cometiendo incesto. Esto tiene nombre, y se llama incesto. Vivo con mi
sobrina y le hago el amor cuando se me antoja… Estoy cometiendo incesto… Y
me gusta".

Una mañana muy temprano, Patricia entra a su cuarto. Andrea
se está vistiendo para ir al colegio.

- ¿Qué vas a hacer con eso?

- Hoy no vas a ir al colegio. Estoy harta de que cada mañana
te vayas de casa y te pases el día por ahí, haciendo vete a saber qué y con
quién. Me preocupas mucho. Hoy te quedas aquí hasta que yo vuelva. ¡Y no quiero
protestas!

Con una buena cuerda de nylon le hace un nudo no muy apretado
alrededor del cuello y la ata a una tubería de calefacción del salón. Le trae un
cojín mullido.

- Quédate aquí hasta que vuelva.

Se va sin darle siquiera un beso de despedida.
Increíblemente, ella no rechista.

Cuando vuelve, ella está ahí, sobre el cojín, sonriente, sin
señas de haber desobedecido. Patricia está extasiada. La besa profundamente. La
desata de la tubería y, con la soga aun al cuello, la lleva a su cama. Allí le
dedica una mamada de locura.

A partir de entonces, a veces a Patricia le apetece
prohibirle a Andrea ir al colegio. Le escribe justificantes de asistencia
perfectamente válidos para presentárselos al director. A veces ella tampoco va
al trabajo. Se quedan las dos en casa haciendo el amor, hasta que los vecinos
que aun quedan a esa hora en el edificio comienzan a extrañarse con esos ruidos
tan raros. Otras veces le apetece que Andrea le coma el coño mientras come, o
mientras cena. Otras se sienta cómodamente en el sofá, se enciende un
cigarrillo, se abre de piernas y deja que Andrea se lo coma durante horas, hasta
que ya no puede más, hasta que lo tiene hinchado y dolorido. Pero Andrea parece
una esclava incansable.

Otra vez le ordena que vaya al colegio sin braguitas. Otra
vez volvió del trabajo y abrió su armario para encontrársela aun allí, tal como
la dejó: desnuda, esposada de pies y manos, paciente, deseosa de amar a su ama.

Un día Patricia volvió, encontrándose la casa sumida en la
voluptuosa luz de una lámpara cubierta con un pañuelo rojo. No se oía nada en
toda la casa. Sobre el sofá, un uniforme de colegio, que seguramente no le
vendría, junto a una nota. Por un momento se le pasó lo peor por la mente. A
pesar del evidente clima preparado, a pesar de la luz roja. Pensó que se había
marchado.

Leyó la nota y se convenció de que no era así. Obedeció
aliviada. Se puso el uniforme con gran esfuerzo: la camisa, la corbatita, la
falda, las medias. Todo era tan pequeño que su ropa estaba a punto de romper la
ropa. Fue a su cuarto, allí, fumando, sentada en una silla de mimbre, había una
mujer que tal vez era una chica de dieciséis. Su perfecto maquillaje, sus
zapatos de tacón, su ropa negra, sus medias, decían que era una mujer. Una mujer
seria.

- Arrodíllate delante mía…

La colegiala obedeció. Andrea le hizo esa noche cosas que
Patricia aun no había probado en su vida. Le dio azotes en el culo. Se había
portado mal en el colegio. La golpeó hasta dejarle el culo rojo, lleno de
huellas blancas de manos, hasta que de verdad le dolía. Descubrió que, a pesar
del escozor, la excitaba tremendamente. La poseyó por el ano, hasta introducirle
tres dedos. Creyó romperse. La obligó a introducirse una zanahoria en el coño…
y luego otra… y otra. La hizo beber champagne conforme lo derramaba en su
vientre y caía por su coño. Se masturbó mientras contemplaba cómo se chupaba sus
propios dedos de los pies en una pose imposible. Al final de la noche el
uniforme quedaría reventado. Habría que comprar otro.

Acabaron en la cama, barnizadas en nata y sudor, en un
sesenta y nueve colosal y escandaloso. El sol las sorprendió dormidas una entre
las piernas de la otra.

El porqué de la furia y variedad de aquella noche, lo
comprendió Patricia dos días después. Por qué se había empeñado en poner en
práctica tantas fantasías disparatadas en una sola sesión, por qué habían hecho
el amor con tanta desesperación.

Dos días después la chica se había ido del piso, dejando sólo
una nota de explicación. Hacía tiempo que había planeado fugarse con unas amigas
a recorrer el país, en libertad y armonía con la naturaleza, tocando la guitarra
por la calle y esas cosas tan bonitas. Podía decírselo o no a su madre, eso ya
no le importaba. "Ahora por fin soy libre", decía en la nota.

Patricia se despidió de ella con una copa de vino y un
cigarrillo en el balcón. La vista nocturna de la ciudad era preciosa. Tantas
luces, tanto ruido, tanto calor ya…

No es el mejor final, pero es el único que hay, pensó
Patricia.

FIN

3 de Mayo del 2002

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POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Patricia está sorprendida. ¿Por qué nadie le había dicho que tenía una sobrina tan guapa?

Relatos de Ana (I: Lourdes)

Relatos de Ana (I: Lourdes) (15)

Hola, me llamo Ana, vivo sola en un pisito de soltera y
trabajo como administrativa en una gran empresa. No tengo pareja estable (marido
o compañero ni compañera), pero si una relación cercana con mi amigo Juan y mi
amiga Lourdes, que no se conocen entre si, y cuando tengo que cubrir mis
necesidades sexuales, los llamo, a uno o a otra, sin problemas ya que somos
liberales o si no ligo con cualquiera que me sea atractivo o atractiva, por
cierto si no lo habéis notado soy bisexual ("que importa el sexo si el amor es
puro").

Soy muy imaginativa en lo que al sexo se refiere, os contaré
algunas de las cosas que he hecho, y que recuerdo al transcribirlas.

Ahora me acuerdo cuando conocí a Lourdes, Lulú para las
amigas. Fue en la fiesta de fin de año de hace tres años. Nos habíamos juntado
unos cuantos amigos para ir a alguna de las fiestas que se organizaban por la
ciudad, nos costó cierta cantidad, que yo veía algo exagerada, pero que a la
postre, la doy por muy bien empleada. Fuimos seis amigos, nosotras tres y ellos
tres, casi emparejados, aunque mas bien por libre, tras las uvas, ya se sabe que
con la familia, nos presentamos a la una en el local en cuestión que estaba casi
lleno (unas 100 personas), no conocíamos a casi nadie, pero que mas da.

El local no era muy grande pero de al entrar, mi mirada se
posó en una joven de unos 25 (yo tenía 27 en aquel año) que me llamó la
atención, no era la más guapa pero algo en ella me atraía, puede ser que su
peinado era de los que me gustan, lacio abundante con media melena, o su
vestido, que era de escote sin mangas pero largo, dejando ver sus hombros, o su
blanca piel, lo cierto es que sin premeditación estuve un buen rato haciendo
maniobras de aproximación, ya se sabe, bailando cerca, sentándome cerca cuando
iba a descansar, etc. Hasta que vi alguien conocido que hablaba con ella, era un
viejo conocido de la facultad, así que me separé de mi grupo y me acerqué como
si fuéramos íntimos, lo saludé en plan amigos de toda la vida e hice que nos
presentara, estuve hablando con ellos hasta que el conocido se retiró a saludar
a otras personas, aún trato de recordar su nombre, y nos quedamos solas.

Observé entonces que tenía facciones regulares, unos
preciosos ojos azul oscuro, pecas en su piel, y estaba un poco más alegre de la
cuenta, sugerí ir a la pista a bailar, y allí fuimos, en el momento que la
música cambiaba a lento, ya que estabamos allí, y en plan cachondeo nos pusimos
a bailar juntas, mi interés por ella creció al sentirla entre mis brazos, y me
dije que esta caería, de repente me entraron ganas de follar con ella, ya había
tenido experiencias con otras mujeres así que esto es un tema que tengo asumido,
además sentí, y no se explicar cómo, que Lourdes, que así se llamaba, también
quería estar conmigo.

Lo que tenía claro en aquel momento es que no quería
precipitarme, ya sabéis, ir al servicio a follar o al coche en que había venido,
sino seducirla y pasarlo bien y rematar la noche con un buen polvo, pero
disfrutando cada momento, porque además notaba que no era de las chicas de sólo
una noche y hasta luego, ni tampoco yo soy asi, intento que me dure una relación
el tiempo que tenga que durar, puedo ser liberal pero tengo mis principios. Así
que estuvimos bailando juntas un buen rato, sintiéndonos a gusto una con otra, a
todo esto de la gente con la que había venido ni me acordaba.

Al oído nos dijimos cariñitos, e incluso recuerdo que la
mordí la oreja, suavemente eso si. Yo también había bebido algo más de la
cuenta, pero ninguna de las dos estabamos borrachas, sólo el puntillo. Nos
sentamos a descansar en el rincón más oscuro que encontramos a chalar para
conocernos mejor y pasar a la acción, me contó que también vivía sóla y sin
compromiso, y que había venido a la fiesta con unos conocidos a los que ni los
veía, por no quedarse en casa en una fecha tan señalada.

Por entonces ya teníamos unidas las manos y luchábamos por no
acariciarnos tan en público, todavía entonces nos preocupaba aquello de los
amores prohibidos, homosexualidad en público etc., así que la propuse ir a mi
casa que estaba más cerca que la suya "a tomar una copa" (a follar que me dijo
al oído), y sin despedirnos de nadie, nos escabullimos sin olvidar pasar por el
guardarropa.

Ya en el coche empezamos a meternos mano, mi vestido era de
falda corta y algo de escote, el suyo largo, ella llegó antes a mi sexo que yo
al suyo, sólo una caricia para notar lo húmedas que estabamos. "Aquí no, en
casa", arranqué y partimos, no sé bien como llegué con su mano entre mis
piernas. Garage y ascensor, al subir nos dimos el primer beso de la noche, largo
y apasionado, profundo, entrelazando nuestras lenguas. Puerta, ya estamos en
casa, pero decidí no precipitarnos, follaríamos, si pero lentamente, quería
sacar todo el placer de que éramos capaces.

Pasamos al salón entrelazadas las manos a las cinturas, un
beso menos apasionado, empieza de desnudarse, "no aún no es el momento,
sentémonos en el sofá", una frente a otra, mis manos la acarician por fuera del
vestido, se deja hacer en un tácito acuerdo, la iniciativa es mía, me llevo su
mano a mi boca, un dedo un beso, mi otra mano en su hombro desnudo, su mano en
mi regazo, las faldas aún púdicamente abajo. Otro dedo otro beso, suelto la
mano, mi boca en su hombro derecho, un suave beso, ahora en el cuello, echa la
cabeza atrás, paso al otro lado del cuello, acaricio su pelo, es suave, sube su
mano a mi pelo, mirada a lo ojos, seducción completa, beso apasionado, cálido,
húmedo, mmmm …

Ahora bajo la boca a su escote, beso por encima de un pecho,
del otro, recorro con mi boca el vestido por fuera de sus pechos, abajo, a la
barriga, más abajo, me siento en el suelo, que medias tienes, suavemente paso mi
mano desde la punta de su zapato de salón hacia arriba, un tobillo, pantorrilla,
otra pierna, abre las piernas, la falda es muy larga pero no importa, se puede
subir poco a poco, ¿suspiras mi amor?, Muslo, cara interna, caricia, beso, otro
muslo. Ahí esta el final de la media y poco más arriba sus bragas, "voy a
bajarlas", poco a poco, junta las piernas un momento, ya, ya están fuera, su
coño es mío, tanteo, me chupo dos dedos y se los meto, poco a poco, hasta
dentro, acerco mi boca a sus "labios", mmm que rico, chupo, chupo, está bueno,
siento su mano acariciando mi pelo, chupo mas y mas, ¿te estás corriendo? Se
estremece, Aaaannnaaa, Aaaannnaaa. Paro, "tumbate en el sillón", se echa,
reinicio el ataque a su coño, levanta la pierna hasta el respaldo, pie arriba,
que bonito lo tiene, el otro abajo, ahora tengo mi lengua en el borde de sus
labios, juego un poco, arriba, abajo, un poco dentro, me ayudo con las manos a
separar sus labios, ahí esta, se erige como rey de la profundidad, lo ataco a
rápidas lametadas, luego más lentas, las noto estremecerse. Miro arriba, su mano
ha bajado el escote y se acaricia las tetas, se está corriendo suave,
profundamente, siento su gozo, con un arqueo del cuerpo entiendo que se acaba de
correr, es mía para siempre pero yo aún no he gozado.

Me incorporo, aún llevo mis bragas, mojadas eso si, procedo a
quitármelas en un amago de striptease, me levanto la minifalda, mi coño depilado
está a su merced, me tiendo encima de ella, coño contra coño, otro beso boca a
boca, cálido, húmedo, empiezo a moverme, ella también, los sexos se palpan uno a
otro, me levanto, estoy de pie, Lourdes se incorpora y acerca su cara a mi sexo,
siento su lengua entrar, sus dedos jugar con mi clítoris, me acaricio las tetas,
estan erectas desde hace tiempo, no pasa mucho tiempo hasta que me corro,

Que bien, ahora si, incorpórate, vamos al dormitorio, nos
podremos desnudar y echar otro polvo.

Me desperté a las 5 de la tarde, desnuda y abrazada a
Lourdes, también desnuda, después del mejor comienzo de año que he pasado, y
antes de pasar mi mano por su coño para que despierte. Despierta y nos
prometemos que esta no será la única ocasión, tiene que irse pero antes me deja
su teléfono, yo el mío, llámame cuando quieras amor mío, nos amaremos hasta que
nos cansemos, sabemos que comienza una relación profunda pero sin ataduras, yo
no la exijo nada ni ella a mi, pero al oído nos prometemos días gozosos de sexo.

 

Resumen del relato:
    Las aventuras sexuales que tiene nuestra amiga Ana, muy muy calientes.

Maravillas en el país de la delicia (II)

Maravillas en el país de la delicia (II) (15)

MARAVILLAS EN EL PAíS DE LA DELICIA

12 de abril de 2002

CAPíTULO II. AMENO INTERMEZZO, ALGO EXTRAí‘O Y CON CIERTA REMINISCENCIA
CINEMATOGRíFICA

En el camino de búsqueda de su prima por la casa, por las
manos de Maravillas fueron pasando gran cantidad y variedad de vasos y bebidas.
Ya que estaba en una fiesta donde todas parecían pasárselo bien, al menos debía
beber todo lo que le pidiera el cuerpo. Aunque sólo fuera eso. Ya había tenido
bastante ración de emociones con Pony Girl y su paseo.

Sin embargo no podía engañarse a sí misma. El encuentro la
había dejado muy excitada. Ahora todo su cuerpo estaba a una temperatura
superior a la que tenía cuando había llegado. Había dado placer, había
satisfecho la fantasía de una chica, muy hermosa, por cierto, pero ella no había
sido satisfecha. ¿Qué pasaba con ella? ¿Debía seguir así toda la vida, siendo
tan educada, manteniéndose en esa impecable actitud de princesa tímida y llena
de secretos, mirando cómo los demás disfrutaban abiertamente del sexo simple y
sincero?

En esos pensamientos estaba cuando se bebió de un sólo trago
un cubata que alguien le ofreció al pasar por un corredor lleno de chicas
bailando. Ni siquiera vio la cara de quién la invitaba. De pronto decidió que un
cubata de un sólo trago y sin miramientos era algo alarmante, y que debía
calmarse un poco. Su cerebro mareado decía lo mismo. También decía "¡Que paren
el barco, que me bajo!".

Debía buscar a su prima. No quería estar sola allí. Todo era
muy agradable, una casa llena de mujeres dispuestas a cualquier cosa, desde una
charla sobre pintura hasta una sesión de besos tras una palmera en el jardín.
Gente parecida a ella, sólo que sin complejos. Pero nunca le había gustado estar
sola. Debía encontrar a Conchi, entonces se sentiría más cómoda.

Llegó a una cocina, una enorme. Todas las habitaciones de
aquella casa, fuera quien fuera el propietario, parecían enormes.
Sorprendentemente, estaba casi deshabitada. Sentada en una silla, una chica
dormitaba con la cara entre los brazos y apoyada en una mesa de madera
envejecida. Tenía el pelo revuelto y -aun sin verle la cara- aspecto de haberse
divertido más de lo que su cuerpo pudo aguantar.

Y eso que la noche acababa de empezar.

De espaldas a Maravillas, otra chica con minifalda de cuadros
escoceses buscaba en la nevera una botella de leche para tomar un vaso.

- Perdona… -dijo Maravillas- Estoy buscando a alguien. A lo
mejor tú puedes ayudarme.

La chica se dio la vuelta. Tenía un gracioso bigote blanco de
leche, y no parecía saberlo.

- ¡Ah, hola! Perdón… -tragó y se relamió. El bigote blanco
seguía estando allí- Perdona, estaba bebiendo. -la chica era deliciosamente
risueña- Dime… Oh, pero, ¿quieres un poco? -dijo, ofreciéndole la botella
blanca.

- No, muchas gracias. Estoy buscando a mi prima Conchi. Me ha
invitado a esta fiesta, pero no sé dónde está ella.

- ¿Conchi? Mmmmh… -meditó, bebiendo.

- Sí, creo… Creo que es amiga de la dueña de esta casa. Se
conocieron por un amigo común, un arquitecto, un tal Ventura. Un tío
insoportable, dice ella -Maravillas rió al recordarlo- pero buena persona.
Bueno, no sé si tú…

La chica del bigote meditó.

- Mmmh. Sí, puede que conozca a la hermana de ese arquitecto.
Se llama Alba. ¿La conoces?

- No. Creo que no.

- Pues quizá ella sepa dónde está tu prima. Suele saber dónde
está todo el mundo. Es, ya sabes, una controladora. Y además es muy amiga
también de la dueña. Casi se puede decir que han organizado la fiesta entre
ellas.

- Gracias. Si me dijeras dónde está…

- Claro, mujer. Mira, ¿siguiendo este pasillo? Pues tuerces a
la izquierda. Por esa zona encontrarás un cuarto de baño. Por ahí la dejaron
hace un rato, creo.

- ¿Le pasa algo?

- No bueno, está un poco pedo, ya me entiendes. Hay gente que
no sabe lo que bebe.

- Por el pasillo a la izquierda, vale, muchas gracias. Por
cierto -dijo, cuando ya estaba a punto de dejar la cocina- ¿Quién es la dueña de
esta casa?

La chica tomó otro trago de leche.

- La verdad… no tengo ni idea.

Por el pasillo y luego a la izquierda se iba siguiendo el
reguero de una música débil, como salida de una radio. Un tango, o quizá otra
cosa. Maravillas no era muy buena catalogando aquel tipo de música.

La música salía de detrás de la puerta de madera del cuarto
de baño. Un letrero decía "Señoras". Se cansó de llamar con los nudillos sin que
le respondieran, así que entró.

Dos chicas, sentada una sobre otra en el retrete, se
exploraban mutuamente. Le dedicaron una mirada desconfiada a Maravillas al
entrar, como de perras guardianes, pero parece que la aceptaron como una
molestia inofensiva. Volvieron a los besos y las caricias bajo la tela. Para
ellas parecía que aquella era la última noche del mundo.

En la bañera, había otra chica en plan zombie, agarrada a una
botella. Una zombie muy linda, pero una zombie beoda en toda regla. Tenía los
ojos entornados, parecía pensar en algo muy trascendente para la humanidad, o
quizá sólo en si valdría la pena el gran esfuerzo de llevarse la botella a los
labios para dar otro trago.

No había nadie más allí.

- Ejem… -titubeó Maravillas- ¿Está por aquí una tal Alba?

La chica de la bañera no reconoció su nombre hasta que lo
pronunciaron por tercera vez.

- ¡Yo! -exclamó de pronto, levantando la mano- ¡Yo! ¡Yo me
llamo Alba!

- Estoy buscando a…

- ¡¿Qué?!

- Todavía no he dicho nada… joder… -borracha o no,
Maravillas no se atrevió a decir esto último sino por lo bajo. Ella era así.-
Digo que estoy buscando a alguien. Se llama Conchi. Es mi prima. Me han dicho
que tú la conocías…

- Bueno, sí, oye… ayúdame primero a levantarme, ¿quieres,
guapísima?

Dejó la botella en la bañera y le tendió la mano. Maravillas
la ayudó a incorporarse fuera de la bañera, pero no fue tarea fácil. Aquella
chica se resbalaba e inclinaba todo el tiempo como si lo hiciera aposta. Una vez
de pie se abalanzó a abrazarse a Maravillas, buscando un apoyo. Parecía que
estaba muy a gusto de aquella manera, incluso Maravillas estuvo a punto de
preguntarle si se había dormido.

La zombie la miró a los ojos. Verdaderamente era una mujer
hermosa. Ridícula en su borrachera, pero hermosa. Sus ojos rasgados rebosaban
amabilidad y deseo. Su nariz también. pequeña, muy fina.

La cogió de la mano y la cintura.

- ¿Quieres que bailemos…? -le preguntó. Las eses silbaban
entre su dentadura y sus labios cuando las pronunciaba, sonaba como una
serpiente.

- Yo, la verdad es que no venía aquí a eso.

- Vale, vamos a bailar.

Comenzó a moverse lentamente, llevando a Maravillas al ritmo
de la vieja música de la radio, quizá un bolero. La abrazaba fuerte contra ella.
Maravillas descubrió unos pechos muy pequeños aplastados contra los suyos,
bastante más voluminosos. Aquella era el tipo de mujer hermosa pero delgadísima
con apenas un pecho de niño, ni siquiera de niña. Era el prototipo de bailarina.
Y la verdad es que bailando perdía toda su ridiculez y torpeza etílica. Se
sentía bastante a gusto entre sus brazos, incluso caliente y acogida, sin
necesidad de tener que aprender a bailar, cosa que en realidad no hacía muy
bien.

- Mmmmh… ¿qué me querías preguntar?

- Estaba buscando a Conchi.

- Mmmmh, sí… Habrase visto par de guarras. Míralas, ahí,
dándose lengua y metiéndose mano hasta en el carné del paro. Sí, vaya par de…
Así no hay quien pueda meditar tranquila… Bailas muy bien, ¿sabes?

- Pues qué gracia, porque en realidad no sé bailar muy bien.

- Chorradas. Bailas de miedo.

Siguieron bailando.

La chica le echó una mano al culo. No era la mano que el
chico llevaba disimuladamente, milímetro a milímetro, al trasero de su chica en
el baile del instituto. Le cogió descaradamente un cachete y se lo apretó.

- ¡Oye! -rió Maravillas, por no llorar- ¿Qué confianzas son
esas?

- Mmmmh… -gimió ella- ¿El qué? ¿Qué pasa?

Bajó la otra mano y le cogió el segundo cachete. Rió como una
sinvergí¼enza.

- ¿Es que hago algo malo?

- Te pasas un poco, ¿no crees?

La puerta del baño se abrió. Entró una chica con mucha prisa,
abriendo su bolso. Cerró tras de sí.

- ¡Nada, nada, seguid con lo vuestro, como si no estuviera!
Es que la puta lentilla se me ha vuelto del revés, y necesito… Aaaaaah…

Fue ante el espejo y comenzó a hurgarse en el ojo enrojecido
y lacrimoso. No parecía dar con el artilugio.

Siguieron bailando. Maravillas sintió su respiración en el
cuello. Los vellos se le pusieron de punta, un estremecimiento recorrió su
cuerpo. Luego sintió unos labios que sólo parecían querer regalarle besos
suaves, nada más.

En aquel preciso momento, Maravillas comenzó a pensar que
nunca encontraría a su prima.

La puerta se abrió. Entraron dos chicas jovencísimas,
Maravillas les echaba no más de diecisiete. Sus ropas de mujer provocativa y
abiertamente sexual no la engañaban. Reían y decían tonterías sin parar.

- ¡Eh, qué buena idea! -dijo una de ellas – Vamos a bailar,
¿te parece?

- Venga. Pero una tiene que hacer de hombre, ¿no?

- Tú me llevas que eres más alta.

Y las dos chiquillas se unieron al salón de baile, agarradas
la una a la otra, muy acarameladas.

- ¿Te imaginas? Dentro de un tiempo oiremos esta canción y
diremos: "¿Oyes? Está sonando nuestra canción…".

- Sí…

Mientras tanto, la chica de la lentilla tenía el ojo aun más
rojo y la paciencia aun más alterada; las chicas del retrete no se daban ni un
respiro. Los sonidos de sus succiones y lametones se oían mezclados con la
música.

Otras tres mujeres se asomaron al baño y decidieron entrar.
Rondaban la treintena. Iban en busca desesperada de bebida, y encontraron la
botella en la bañera. Ni siquiera pensaron que alguien podía haberla estado
chupeteando y babeando. Comenzaron a llenar sus copas y a brindar, entrelazando
sus brazos.

El cuarto estaba abarrotado. No era precisamente un lugar
amplio. Maravillas y su nueva amiga -que le amasaba el culo ya como si hiciera
pan- bailaban entre la bañera y una mesilla con estanterías y toallas, rozándose
con la chica de la lentilla. Cuando alguien más entró en el baño, todas se
tuvieron que apretar. Maravillas y la bailarina sintieron sus cuerpos más juntos
que nunca.

Se miraron a los ojos.

La chica recién llegada levantó exclamaciones y silbidos. Por
todo atuendo llevaba una mini-cazadora de cuero negro que seguramente le habría
robado a su hermana de diez años, una rocker precoz. En su cabeza, una gorra
negra de motorista, también de cuero. Unas botas negras altísimas, con tacón
metálico, unas medias y un tanga. Un ejemplar increíble.

Traía un pequeño radiocasette.

- ¡Mariola! -comenzó a llamar- ¿Alguna de vosotras es
Mariola?

- ¿Qué? ¡Yo! -exclamó la chica de la lentilla. Al volverse
mostró un ojo rojo que lloraba como el de una Magdalena- ¿Qué pasa?

La chica nueva se abrió paso como pudo hasta llegar a ella.

- Hola cariño. Soy tu streaper. Esto es un regalo de cierta
persona que te quiere mucho. Lo ha pagado todo, así que tú solo mira y
disfruta… Y si eres buena, puede que incluso te deje tocar un poco.

- Ooooh, mierda, precisamente ahora tengo el ojo así. Me voy
a perder el cincuenta por ciento… ¿De verdad te han pagado para que bailes
para mí?

- Eso es, cariño. Sólo para ti.

La motorista puso en marcha el radiocassette. Amablemente,
alguien había apagado previamente la radio.

La nueva música era muy sensual y potente, un soul lo
suficientemente lento como para que algunas pudieran seguir bailando, mientras
otras dejaban sus brindis para gritar cosas como "¡Eso es, mueve el culo!",
"¡Vaya cuerpazo! ¡A ver si lo manejas igual de bien fuera del trabajo!" o
"Bombonazo, eso es carne y no lo que me dan en la charcutería!". Todo ello
bastante facilitado por el estado de embriaguez que allí cundía.

El cuerpo de la chica en movimiento era un espectáculo para
los ojos y las hormonas. Era toda una profesional. Bailaba, se retorcía,
acariciaba su cuerpo de curvas perfectas, se inclinaba hacia adelante, y cuando
la chica del ojo rojo hacía además de tocarla, se retiraba y la castigaba con la
mirada. Se contoneaba ante ella al ritmo negro del soul. Sus enormes pechos
temblaban insoportablemente a cada paso. Su preciosa cara destilaba malicia y
saber hacer.

Maravillas sintió una mano entres sus muslos, tanteando sus
bragas. Miró hacia atrás: la chica sentada en el retrete la acariciaba, sin
dejar por ello de besar a su novia. Le guiñó un ojo.

- ¡Será posible! ¡Nunca he visto cosa igual…!

Una rubia salida de la nada, se les acercó.

- ¿Os importa que baile con vosotras…?

Con una mirada de la bailarina, como si ella fuera su
propietaria, la compartieron. Ahora Maravillas era la pareja de baile de ambas.
Aquella mano seguía bajo sus muslos, y no podía alejarse de ella. Apenas tenía
espacio para bailar…

La recién llegada no dejaba de mirarla. Habría visto algo
especial en ella. Maravillas se sentía halagada, pero no se atrevió a devolverle
la mirada. Se sonrojó, en parte también por el calor que hacía en aquel
cuartucho.

Una mano sobre su pecho. Su nueva pareja la acariciaba. La
miraba como esperando una reacción. No podía estar en todo: intentaba evitar
aquella mano que le bajaba las bragas para acariciarla por debajo, incluso la
reprendió, pero en aquel bullicio nadie le hizo caso.

Sus compañeras de baile estaban prendadas cada una de uno de
sus pechos. ¿Qué tendría ella que atraía a tantas chicas? ¿Le habían colgado en
la espalda algún cartel de "Estoy cachonda, lo hago gratis"?.

La streaper cogió la cara de la chica de la lentilla y la
insertó entre sus enormes pechos, restregándola contra ellos, dejándola que
disfrutara unos segundos de algo que no iba a probar más que en sueños, horas
más tarde, quizá.

"Me encanta mi trabajo", decían sus ojos.

En plan exhibicionista, entró una mujer muy elegante con un
dogo enorme sujeto de una correa. Todas estallaron en monerías, caricias y mimos
para el enorme animal.

El cuarto estaba a reventar.

Ahora eran las dos chicas del retrete las que intentaba
alcanzar su vagina, mientras sus compañeras de baile le propinaban mordiscos en
las tetas por encima de la ropa. Maravillas estaba algo angustiada: tener tantos
cuerpos humanos pendientes de ti, sobándote, comprimiéndote, manejándote.
Aquellas manos habían alcanzado su vagina, ya húmeda. Estaba muy agobiada,
incluso asustada, y aun así húmeda. Increíble. Una buscaba su clítoris en vano,
mientras la otra jugueteaba con sus labios.

Intentó quejarse, por algún motivo, pero no lo hizo.

Entraron tres mujeres más, armando jaleo. Una de ella, entre
gritos, agitó una botella de cava. El tapón salió volando y cayó sobre todas
ellas una lluvia de espuma blanca. Unas aplaudieron y otras se cagaron en su
madre por mancharle el traje.

Mientras la chica de la lentilla lamía la línea del culo de
la streaper, mientras alguien le acariciaba los labios vaginales, mientras un
par de jovencitas al fondo bailaban y se besaban enamoradas, mientras una boca
le besaba el pecho izquierdo y otra le mordía el derecho, mientras un montón de
manos acariciaban el pelaje corto del dogo, mientras la streaper le dedicaba una
mirada disimulada de vampiresa, mientras un dedo torpe rondaba su clítoris sin
encontrarlo nunca, mientras le era acariciado el culo, y la espalda, y besado el
cuello y los hombros por un montón de bocas y manos que ya no sabía de dónde
habían salido, mientras sonaba la música soul… Mientras todo eso ocurría,
Maravillas creyó tener el primer orgasmo compartido de su vida. Ni siquiera la
habían penetrado, pero con todo aquello lo sintió. Al menos eso creía. Fue una
sacudida que le subió de la cintura hasta el cuero cabelludo, un calor que venía
en ráfagas y más ráfagas, que iba y volvía, que se apagó como el último rescoldo
de la chimenea en invierno. Esperaba que hubiera habido algo penetrándola, o al
menos lamiendo, esperaba un chorro enorme de algún líquido saliendo de su
vagina, quizá por algún concepto erróneo sacado de alguna película o alguna
ilustración de cómic japonés. Nada de eso sucedió. Y no podía comparar con
ningún otro orgasmo provocado por otra persona (por todo un tropel de personas),
pero estaba casi segura de que lo fue.

Estuvo a punto de caer al suelo, pero un montón de manos lo
impidieron.

Asustada, desorientada, se libró a la fuerza de aquellas
manos y bocas. Le costó un gran esfuerzo, pero se libró, y se abrió paso hasta
salir por la puerta del cuarto de baño. Al volver su vista atrás, no vio un
vacío donde ella había estado. Vio chicas besándose y queriéndose, vio cava y
fiesta. Incluso vio algo extraño: un perro que si se pusiera de pie sería más
alto que una persona. ¿Qué hacía allí?

Maravillas se marchó.

Sentía que aquel era un momento para estar sola.

Continuará…

19 de abril de 2002

 

Resumen del relato:
    Sigamos buscando a la prima de Maravillas. Conoceremos a una chica que bebe leche, y viviremos una escena apasionante en un cuarto de baño, rodeadas de manos, besos y miradas por todas partes.

De las sabias curaciones de la acupuntura

De las sabias curaciones de la acupuntura (15)

A Celine le ocurría algo que a Lorraine le preocupaba. Celine
tenía 28 años y no sabía de qué se trataba tener un orgasmo, porque para ella
era una elección más de una mujer joven y autosuficiente que sentía que no
necesitaba nada, ni siquiera del sexo, para ser una mujer feliz. Según ella, la
felicidad y el placer se podía encontrar en muchos aspectos de la vida. Lorraine
estaba de acuerdo en esto cuando lo discutían, pero también intentaba transmitir
a Celine cuánta felicidad y gratificación podía lograr darnos el placer, el
poder sentir, experimentar sensaciones instintivas de nuestro cuerpo. Y aunque
no quería molestar a Celine, Lorraine intentaba explicarle cuánto más relajada
se sentiría físicamente si permitía a su cuerpo una de las mayores delicias de
esta vida: el disfrute de un orgasmo.

Lorraine tuvo una idea: la mejor solución sería llevarla a
ese viejo acupuntor chino de la callejuela del barrio antiguo, que sabría
resolver lo que en realidad padecía su amiga: sus sentidos y sensaciones estaban
bloqueados, anestesiados.

Cuando Celine se enteró de dónde quería llevarla su amiga, su
primera reacción fue de estupor y escepticismo. Después de tanto discutirlo,
terminó cediendo ante la insistencia de su amiga, con la condición de que la
acompañara en todo momento.

En la sala de espera Celine estaba más tensa de lo habitual y
Lorraine empezaba a disfrutar secretamente y con antelación de la experiencia
que su amiga no olvidaría jamás.

En ese momento la secretaria llama a Celine y ambas entran en
la consulta. El médico era un anciano que sin embargo conservaba una mirada que
transmitía cuánta vida contenía aún su cuerpo. En cuanto el médico comenzó a
hacer preguntas a Celine acerca de la razón de su consulta, ella percibió cuánta
lucidez había en la mente del anciano.

El médico le pidió suavemente que se desvistiera y se pusiera
una bata blanca colgada detrás de un bombo donde podía dejar su ropa. Luego
Celine se acostó sobre la camilla, boca arriba, y el médico desabrochó uno a uno
los botones frontales hasta dejar su desnudez a la vista total.

Celine no pudo evitar sonrojarse de pudor, pero teniendo a su
lado a Lorraine, no se preocupó. Lo que no supo es que tanto el acupuntor como
su amiga se maravillaron del cuerpo que estaban viendo, pleno de exhuberancia y
juventud, y secretamente Lorraine se excitó al pensar que un cuerpo tan deseable
estuviera aún virgen. Su fantasía más profunda hubiera sido ayudar a Celine a
descubrirse con su ayuda, pero en la realidad su pudor era mayor.

Mientras Lorraine se encontraba inmersa en sus pensamientos y
sus impulsos comenzaban a despertar, el médico estaba ya colocando varias agujas
alrededor del sexo de Celine. Afortunadamente, Celine estaba acostada y no se le
ocurría mirar tal espectáculo nada atractivo por cierto.

Cuando el médico dio por terminado este paso, el sexo y pubis
de Celine se encontraban llenos de agujas, tantas que pensé que Celine viviría
una experiencia muy intensa.

El médico me comentó que debía tener tres orgasmos, que para
debutar no estaba nada mal. Discretamente agregó que prefería irse para que
Celine pudiera sentirse cómoda y lo más relajada posible, y que le avisara
Lorraine cuando Celine haya llegado a su tercer orgasmo.

Yo decidí quedarme observando cómo se producía tan exquisito
"milagro".

Celine se encontraba adormecida, no era demasiado consciente
de lo que sucedía a su alrededor, como si necesitara tener su mente concentrada
en lo que estaba a punto de sentir. Necesitaba aprender los pasos que su cuerpo
seguiría hasta llegar a ese punto tan desconocido para ella.

Ya comenzaba su cuerpo a sentir esa inquietud, los poros de
su piel comenzaban a dilatarse, sus caderas empezaban a moverse rítmicamente.

Me acerqué a su sezo y comencé a observar cómo sus labios
rosados se inflamaban, su color rosado se transformaba en rojo intenso, y se
tornaban carnosos, como si transmitieran los latidos del deseo. El cuerpo de
Celine iniciaba un ritmo enloquecido, que yo sabía llegaría a ser frenético.

Celine comenzó a gemir. Su sexo ya humedecido, sus piernas se
apretaban y, acompañadas por el contoneo enloquecido de sus caderas, llegó mi
amiga a su primer clímax. Celine emitió un gemido placentero y relajó su cuerpo.

Entonces me sentí tentada a estimularla en su camino hacia el
segundo así que comencé a acariciar sus pezones, cada vez más erguidos y
calientes. A Celine le fascinó el tacto de otras manos cargadas de deseo, con lo
que mi excitación fue aumentando a medida que acariciaba y apretaba sus senos
turgentes. Nunca antes había imaginado poder sentirme atraída por una mujer,
pero con Celine mi deseo era frenético.

Celine mientras tanto comenzó a usar sus dedos para reconocer
su sexo. Le costó muy poco reaccionar con placer a mis caricias ya sus dedos que
cada vez recorrían con más avidez sus labios, cuya creciente humedad me excitaba
cada vez más, despertando mis ansias de lamer su vulva hasta llegar a su
clítoris y así enloquecer al mío.

Pero Celine ya gozaba sin necesidad de mí; estaba
descubriendo el placer de su vagina encendida. Y empecé a ver cómo gemía al
meterse sus dedos cada vez con más profundidad, mientras levantaba su cadera y
la contoneaba con más fuerza, y así las agujas se iban desprendiendo. Su gemido
fue ahora más profundo e intenso.

El médico debía de estar comenzando a oír sus exitosos
resultados. Lo que el médico no sabía era que yo estaba tan excitada que estaba
decidida a complacer a Celine con mis labios y con mis manos. A esa altura mis
labios también latían cada vez con mayor aceleración, y necesitaba gozar de la
lujuria de Celine. Me quité la camisa y el sujetador con nerviosismo y comencé a
tocar con mis tetas suavemente las de Celine, quien instintivamente comezó a
gemir mientras sus manos buscaban mis tetas hinchadas. Pero yo se las acerqué a
sus labios tentadoramente y entonces ella las atrapó con sus manos,
acariciándolas y apretándolas y luego se las

Llevó a sus labios que empezaron a lamer y chupar mis pezones
y mis tetas calientes. Entonces yo comencé ahora ese balanceo rítmico de mi
cuerpo, y restregaba mi vulva inflamada contra el abdomen de Celine. Mi clítoris
necesitaba placer, así que no dudé en hurgar en él con mis dedos para aliviarlo,
acariciando mi vulva cada cada vez más mojada por cómo me estaba chupando las
tetas Celine.

Pero decidí dejar que se quedara con ganas de más, así que
retiré mis tetas de su boca y con ellas, tan hinchadas y calientes como estaban
comencé a recorrer el cuerpo de Celine, que estaba cada vez más afiebrado,
provocando impulsos electrizantes en mi amiga. Comencé a lamer sus tetas
suavemente, y cuando estaban bien hinchadas se las chupé con …… Seguí
recorriendo cue cuerpo con mi lengua hasta llegar a su vagina calenturienta. Los
labios empapados de su vulva estaban deseosos de que la abriera hasta que todo
su deseo se encontrara saciado, algo que por fortuna no ocurriría en el caso de
mi amiga.

Comencé lentamente a lamer sus labios, los rincones de su
vulva y Celine temblaba convulsivamente mientras que su vagina comenzaba a
expulsar sus jugos dulces, y yo la enloquecía más llegando a su clítoris y
mordiéndoselo suavemente. Ella me entregaba todo su goce y eso me excitaba más
aún. La que se iba a correr ahora era yo, mientras metía mi lengua enloquecida
en los interiores de Celine que estaba por llegar a su tercer orgasmo. Mientras
Celine se fundía en un gemido explosivo, mi vulva estaba en la mayor excitación
así que decidí saciarme montándome encima de Celine nuevamente y mientras con
mis dedos la mantenía excitada, ella me volvía a chupar las tetas como una
experta, y así restregándome, le entregaba mi vulva y mis labios que chorreaban
sobre su vientre y su sexo.

Así fue el comienzo de la etapa más placentera en la vida de
Celine, y de la mía, que nunca había imaginado descubrir el goce sexual con otra
chica.

Las dos le estaremos siempre agradecidas al sabio acupuntor
que nunca supo que sus agujas no llegaron a curar a Celine por sí solas.

 

Resumen del relato:
    Celine es una joven que no lograba tener orgasmos hasta que su amiga la condujo hasta la acupuntura para lograrlo.

El ascensor

El ascensor (15)

Me llamo Mónica, tengo algo mas de treinta años, y la verdad
es que nunca había hecho demasiado caso a los maliciosos cotilleos que
circulaban por el bloque en el que vivo con mis padres, respecto a que mi amiga
y vecina Paqui, de mi misma edad, era una lesbiana. He de reconocer que algunas
veces me había dado la sensación de que me miraba con un cierto deseo e interés.
Pero como ella nunca me había hecho ni la más mínima insinuación achaque esta
impresión a haber oído alguno de esos rumores, y no le di ninguna importancia.

Ese día iba a salir de compras con mi amiga, y estaba muy
contenta porque, gracias al buen tiempo, podía volver a ponerme un vestido de
primavera que me gustaba mucho, pero que me costaba horrores de abrochar ya que
tenia un montón de odiosas trabillas en la espalda que eran muy difíciles de
ajustar. Dio la casualidad de que también estrenaba un coqueto sujetador calado
con cierre por delante, realmente precioso, que me ayudaba a realzar todavía mas
mis ya de por sí grandes y firmes pechos; que siempre he pensado que eran la
parte más atractiva de mi anatomía, dado que es en la que más se fijan todos los
hombres que conozco.

Mi vecina iba con una corta minifalda, que le permitía lucir
sus largas piernas; y un fino suéter, que lucia como de costumbre sin sujetador.
Pues, en verdad, sus pequeños senos apenas necesitan nada que los mantenga
firmes. Aun así en mas de una ocasión le había aconsejado su uso, aunque solo
fuera para disimular los traviesos y puntiagudos dardos de carne que se marcaban
claramente en la ceñida blusa, como queriendo atravesarla.

Les cuento todos estos detalles para que se hagan una idea de
lo mal que lo pase cuando nada mas arrancar el ascensor, en el que por suerte
bajábamos las dos solas, note que se me soltaba el cierre del sujetador. Así se
lo dije a Paqui, y esta paro el ascensor de inmediato. Le comente que tendríamos
que subir hasta mi casa a que me lo pusiera bien, pero ella me dijo que lo mas
seguro es que no hiciera falta llegar a esos extremos.

Después, soltándome el lazo del vestido con desenvoltura, se
metió hábilmente debajo del mismo, para intentar arreglar la incomoda situación
allí mismo. Yo me sentí muy violenta, sobre todo cuando note la insinuante
presión de su rodilla en mi intimidad, bien instalada entre mis piernas
separadas, pues mis braguitas eran muy finas y me hacían notar todos sus roces
con demasiada intensidad. Pronto sentí su cálido aliento entre mis senos; y,
aunque no vi ningún motivo para ello, note como apretaba suavemente mis pechos
al tiempo que conseguía cerrar de nuevo el sujetador.

Mientras Paqui salía de debajo de mi vestido pude notar
claramente como se apoyaba, brevemente, en mi sensible entrepierna. La verdad es
que no me enfade lo mas mínimo ante su osadía; al contrario, me sentí bastante
excitada con la insólita experiencia. Por eso me puse roja como un tomate y no
me atreví a mirarla de nuevo a los ojos. Ni siquiera cuando, a los pocos
instantes de arrancar, note que se me volvía a soltar el sujetador. Al oírme
maldecir se imagino lo que sucedía, volvió a parar el ascensor y, dedicándome
una sonrisa de lo más turbadora, se introdujo de nuevo bajo mi vestido.

Esta vez Paqui palpo de manera rápida, pero claramente
posesiva, toda mi intimidad por encima de las bragas, antes de llegar a mis
pechos, que ya temblaban de excitación. Y, durante todo el tiempo que estuvo
bajo el vestido, el continuo roce de su inquieta rodilla se hizo tan insidioso
que termine por empapar las braguitas con mis dulces flujos. Luego, al llegar a
la altura de mis senos, abrió totalmente el sosten aunque no tenia porque.
Dedico todo el tiempo que quiso a contemplarlos con detenimiento, mientras yo
sentía su cálido aliento a escasos centímetros de mi piel mas sensible. Después
utilizo las dos manos para, con mucho tacto, y unas caricias tan suaves como
enervantes, volver a introducir uno de los senos dentro de su copa.

Como vio que yo no decía nada (aunque mi corazón latía a toda
maquina y mi respiración era cada vez mas agitada), al introducir mi otro seno
en su copa correspondiente, me masajeo a fondo todo el pecho; amasándolo, y
estrujándolo, de una forma realmente cariñosa y sensual. En vista de mi
pasividad aprovecho la estupenda ocasión que se le brindaba para acariciar y
jugar, dulcemente, con mi grueso pezón rosado; hasta que este, agradecido, se
endureció como una pequeña piedra entre las amorosas manos que lo cobijaban.

Una vez que Paqui hubo abrochado mi sujetador, no puso el
menor disimulo en apoyar toda la palma de su mano en mi excitada entrepierna;
llegando al extremo de deslizar uno de sus dedos a lo largo de mi húmeda rajita,
antes de salir del vestido, con una sonrisa de oreja a oreja. Pues mientras
salía sus dedos se deslizaban por encima de mis bragas, de un modo turbador,
empapándose en el abundante fluido que encharcaba la prenda.

Después, ya con el ascensor en marcha, me miro fijamente a
los ojos, y empezó a oler su mano como si se hubiera probado el mejor de los
perfumes. Yo estaba tan cortada que no hacerte a reaccionar, ni siquiera cuando
se me volvió a soltar el cierre del sujetador; pero se me debió de notar en la
cara, pues ella, sin necesidad de consultarme, volvió a detener el ascensor.

Esta vez, sin decirme ni una sola palabra, se fue directa al
asunto. Paqui solo se detuvo unos breves instantes en juguetear con mis húmedas
braguitas, haciendo que sus hábiles dedos con solo unos movimientos separaran
mis labios menores hasta provocar un indecente bostezo, antes de llegar de nuevo
ante mis pechos. En cuanto abrió el sujetador del todo, perdió solo unos
momentos en recrearse la vista con el abrupto paisaje, antes de empezar a
masajear uno de mis senos con sus largos y hábiles dedos. Su boca, y su lengua,
se encargaron de que el otro se convirtiera en un autentico volcán; y pense, al
sentir sus maravillosos mordisquitos en mi pezón, que me iba a correr en
cualquier momento.

Pero fue su otra mano, la que introdujo dentro de mis bragas,
para explorar mi todavía virginal cueva, la principal culpable de que me
corriera como nunca antes lo había hecho, mientras mordía mis manos para
amortiguar los escandalosos jadeos que emitía. Mi viciosa vecina no se conformo
solo con eso y, desentendiéndose de mis agradecidos pechos, bajo su cabeza hasta
llegar a la altura de mi entrepierna. Allí, después de bajar mis lindas
braguitas hasta sacármelas por los tobillos, se dedico a contemplar a su gusto
mi encharcada intimidad, generosamente expuesta ahora que por fin podía separar
mis piernas mucho más, como ella deseaba.

Pronto se entrego a una larga serie de succiones y lameteos
que me hicieron alcanzar una increíble serie de orgasmos que, aun hoy, los
recuerdo y me tiemblan las piernas. Sobre todo el ultimo que alcance dentro de
aquel ascensor, en el que Paqui además de pellizcarme el abultado clítoris con
una mano mientras saboreaba golosamente mi cueva, se las ingenio para introducir
uno de los expertos dedos de su otra mano en mi estrecho orificio posterior;
incrustándolo casi por completo en su interior antes de empezar a maniobrar
hábilmente, consiguiendo arrancarme un autentico aullido de placer.

Quede tan floja después de este violento orgasmo que me tuve
que apoyar en mi amiga, debido a que mis débiles rodillas amenazaban con
doblarse de un momento a otro. Desde luego ese día no fuimos de compras, subimos
a su casa y me enseño todo lo que una mujer puede enseñar a otra respecto a los
secretos del amor. Desde entonces vivimos juntas, y no hay día que no riamos al
recordar la cara que pusieron los ancianos vecinos que abrieron, aquella mañana,
la puerta del ascensor, y vieron el aspecto que teníamos.

 

Resumen del relato:
    Una chica termina por ceder a los deseos de una amiga lesbiana dentro de un ascensor.

Nueva lesbiana (II)

Nueva lesbiana (II) (15)

He de admitir que se me pusieron los pelos de punta cuando escuché a Cristina
pronunciar aquellas palabras: ahora te toca a ti, no te escapes.

En ese
momento no sabía que pensar, lo que había pasado la noche anterior no tenía
una explicación exacta, pero creo que mi amiga no le dió importancia, es
decir, importancia a lo que eso significaba, a que por primera vez alguien le
había tocado, a que ese alguien era una mujer, una de sus mejores amigas y lo
más relevante de todo, que siendo una supuesta hetero había disfrutado con una
lesbiana.

Por eso yo estaba intranquila, pensaba más en mi amiga que ella misma y
hasta que no rozo con sus dedos mi sexo empapado no llegué a comprender que en
realidad no existía ningún problema, que Cristina había descubierto algo
impensable para ella y que por suerte le había gustado.

La miré con asombro cuando hundió su cabeza en uno de mis pechos, su mano
temerosa aún no se decidía a seguir, la sentía en mis labios externos,
moviéndose, acariciandolos y también el interior de mis muslos, la sentía
insegura pero dispuesta, necesitaba el empujoncito primero que la animaría
después y ayudándole ya ansiosa de que por fin me tocará, decidí dejarme
llevar y le cogí su mano llevándola justo donde yo la requería, de la forma
más natural, mostrándole donde deseaba que fuera, como si aquello que en
realidad estabamos descubriendo ya lo hubieramos hecho cientos de veces.

No sé como lo consiguió pero me encantó, era cuidadosa conmigo porque nunca
antes lo había hecho y creo que temía sobretodo hacerlo mal.

Pero fue
estupendo como hizo reaccionar a cada centimetro de mi cuerpo con su manos y
su lengua, yo no había imaginado que practicar sexo fuera así, empezó a
mover sus dedos alrededor de mi clitoris, lo hacía despacito pero le pedí que
lo hiciera más rápido y más fuerte, como lo hacía yo en la intimidad,
asegurandole que no me hacía daño, sino todo lo contrario.

Con la otra mano se había dirigido a mis pechos, se veía que le habían
gustado, los masajeaba fuertemente, exitándome y haciendo que no pensara en
nada más que en sus manos por mi cuerpo y su lengua en mi boca, sin imaginarlo
así, llegué al primer orgasmo que me provocaron las caricias de otra persona.

Le pedí que parase y me dejó respirar, me di la vuelta y traté de
relajarme, sentí como ella suavemente apoyaba parte de su cuerpo sobre mi
espalda, abrazándome como pudo por detrás.

Cuando las palpitaciones de mi corazón tomaron de nuevo un ritmo 
tranquilo, ella debió de notarlo y empezó a darme un agrdable masaje por mi
espalda, menudas manos tenía, al principio relajó aún más todos mis musculos,
pero enseguida, sus dedos empezaron a alejarse de la zona del masaje y se
fueron hasta mi culo y bajaron por mis muslos, aquello era maravilloso, subía
y bajaba acariciando toda mi piel.

Al cabo de un rato se detuvo en el interior de mis muslos y la noté ya
rozando mis ingles, instintivamente separé las piernas y oí salir de sus
labios una sonrisa de satisfacción, de pronto metió sus dedos y con la mano me
cogió el coño, del primer contacto, me dió un espasmo que me encantó, parecía
que mi amiga volvía a la carga y empezó de nuevo a calentarme, me coloqué casi
a cuatro patas, iba notando como ella quería introdcir un dedo dentro de mí,
asi que solo le facilité el paso, la primera vez que lo metió fue muy
despacito, pero cuando vió que estaba más que lubrificada, esta vez arremetió
y lo introdujo bien dentro, lo metia y sacaba muy rapido y sin poder
aguantarme empecé a chillar de gusto, a ella parecía realmente encantarle lo
que me estaba haciendo y empezó a mover su dedo dentro de mi, sin sacarlo esta
vez.

Mi coño ya estaba a su disposicion, no habría podido escaprme de ella si
hubiera querido y Cris aprovechó para meterme otro dedo, esta vez por detras,
me tenía cogida por todos los sitios y yo solo chillaba como una loca,
pidiéndole más y más.

– Te vas a enterar de lo que soy, voy a follarte bien – me dijo

Yo me movia
y me movia mientras ella me metia y sacaba los dedos de mi coño y mi culo,
jamas habia tocado yo éste ultimo y descubrí el gran placer que me había
perdido.

- Así, así – le decía fuera de mi ser y enseguida me descubrí a mi misma
llegando al orgasmo más desgarrador que había tenido nunca.

Caí exausta a la cama y sonreí, miré a Cris a los ojos y cansadas nos
volvimos a dormir.

Hacer el amor con aquella mujer había resultado francamente más que facil;
las dos sabíamos que no nos profesamos amor, pero sentíamos la una por la otra
un tremendo cariño que acompañado con la complicidad y confianza que existía
entre nosotras había sido más que suficiente para que hubiese sucedido
aquello.

Después de aquel día yo volví a casa y seguimos tan normales, amigas como
siempre.

A los pocos meses de aquel primer y único encuentro entre las dos, Cris se
marchó a Oviedo con sus padres, ahora tiene una novia alli y está muy
contenta. Yo también estoy con unamujer y en unos meses voy a marcharme a
vivir con ella.

Cada vez que me llama o me escribe se despide diciendo:

Gracias querida Ana
por haberme convertido en lesbiana…

 

Hadaria

 

Resumen del relato:
    Continuan sus aventuras y descubrimientos…

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