Grandes Series | Tus Relatos Calientes - Part 2
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Nosotros que no somos como los demás (II)

Nosotros que no somos como los demás (II) (11)

Cuando regresamos a Madrid después de nuestras pequeñas vacaciones en los
Picos de Europa y en Oviedo, yo ya sabía que Rubén, el chico con el que había
tenido mi primera experiencia homosexual, tenía una novia, de nombre Marta, y de
mentalidad sexual semejante a la de él. Es decir, ella también era bisexual.

Rubén y yo habíamos pasado todas las vacaciones follando y él me contó que a
su novia no le importaba. Que, cuando la viese en Madrid, se lo contaría y ella
lo aceptaría sin ningún problema. Que, incluso, era posible que ella también
hubiese tenido alguna experiencia extra en su ausencia. Con una chica o con un
chico. Y que ambos estaban de acuerdo.

Habíamos vuelto a Madrid la última semana de agosto y en la siguiente semana
no nos vimos nada. Yo estaba muy confuso porque, aunque sabía que me gustaban
las chicas, la experiencia con Rubén me había gustado mucho y empezaba a
replantearme mi sexualidad. No sabía si era gay, si sólo me gustaba Rubén, si
aquello era el despertar de mis deseos homosexuales reprimidos… pensaba en
ello todo el tiempo pero no llegaba a ninguna conclusión clara.

En la primera semana de septiembre fui a hacer un examen y me encontré con
Rubén en la facultad. Verle allí me alteró mucho porque era un entorno tan común
a otros recuerdos y tan ajeno a lo que habíamos vivido en Asturias, que de
repente haberme acostado con otro tío me pareció algo de otro mundo totalmente
distinto, pero sin embargo, él estaba allí para recordarme lo real que había
sido todo.

Estuvimos juntos en el examen. Rubén salió antes que yo y cuando le encontré
estaba en la cafetería sentado con una chica… que resultó ser Marta. Al verla,
no podía ni imaginar que aquella chica con aspecto de niña de papá, fuese
bisexual. No encajaba acostándose con otra chica. Parecía la típica persona que
a los 30 años lleva una vida de lo más convencional. Y por supuesto, dentro del
aspecto sexual, costaba creer que fuese capaz de mayores hazañas que follar en
la cocina en un arrebato pasional. Pero las apariencias engañan.

Yo quería hablar con Rubén a solas para decirle que me apetecía repetir y
quería saber si él estaba dispuesto. Pero al verle con Marta supe que tendría
que aplazar la conversación para otro día. Sin embargo, me senté con ellos a
tomar un refresco. Estuvimos hablando de muchas cosas pero el tema del sexo no
se mencionó para nada.

Hacia el final de la conversación, Marta nos invitó a los dos a ir a su casa.
Estaba sola esa semana y pensó que era buena idea que fuésemos a comer con ella
y a pasar la tarde. A mi me extrañó porque pensé que, estando sola, podría
aprovechar para estar con Rubén. Por eso deseché la invitación. Pero Marta
insistió tanto que al final me pareció una grosería no ir. Rubén, a todo esto,
nos miraba riendo.

Marta resultó ser un encanto de chica. Simpática, dicharachera, bromista… y
físicamente no estaba mal. Un poco delgada para mi gusto pero muy guapa.

Llegamos a su casa y nos sentamos en el sofá mientras ella recogía su
habitación. Luego nos fuimos los tres a la cocina a preparar la comida. Fue un
rato muy agradable. Los dos me hicieron sentir muy cómodo, como si no estuviese
con una pareja, si no que fuésemos tres amigos. Eran encantadores.

Después de comer nos sentamos en el sofá a ver la tele. Estaban echando un
rollo de películas y de programas así que nos empezamos a quedar medio dormidos.
Al rato, Rubén se fue al baño víctima de un apretón estomacal. Marta y yo nos
quedamos solos en el salón. Entonces ella me miró y me dijo:

-¿Qué tal lo pasaste en las vacaciones?-yo no sabía si Rubén le había contado
ya nuestro rollo o aún no, así que me puse un poco nervioso. Si no lo sabía, la
pregunta era inocente pero si lo sabía, estaba claro que quería hablar del tema.

-Pueees… bien. Muy bien.

-Ya me contó Rubén que dormíais juntos todos los días – mi idea de antes se
confirmaba. Estaba seguro que ella lo sabía todo.

-Si… bueno, casi todos – Marta parecía divertida con la situación.

-Oye, no te cortes. Que ya lo sé todo – de repente me dio mucha vergí¼enza que
aquella chica supiese que me había acostado con su novio. Supongo que mi
mentalidad no estaba tan preparada como yo creía para lo que me pedía el cuerpo.

-¿Ah, si? – fue lo único que acerté a decir.

-Si. Rubén me lo contó todo. El primer día. Tenemos una relación muy abierta.
Si no fuese así, estaría condenada al fracaso.

-Eso es cierto – dije meditando eso último que había dicho.

-¿Te gustaría volver a hacerlo con Rubén?.

-Si. Supongo que si – reconocí yo contagiado por ese ambiente liberal y
sincero que había creado Marta. En ese momento, Rubén volvió al salón.

-¿De qué hablabais? – preguntó inocentemente.

-De nada – contesté un poco nervioso.

-Me decía que le apetecía volver a hacerlo contigo -miré fugazmente a Marta
con falso enfado por haber revelado el tema de nuestra conversación pero
comprendí que en aquella pareja todo funcionaba así y que si no se lo decía en
ese momento, lo haría cuando yo no estuviese. Rubén sonrió y se sentó junto a
mi.

-¿De verdad te apetece?.

-Si. Si, bastante – confesé yo. Y entonces Rubén me besó…¡¡con su novia
delante!!. Marta nos miraba y sonrió cuando la miré yo. Volví a besarme con
Rubén. Estaba muy excitado. Rubén le hizo un gesto a su novia para que se
acercase. Marta se sentó a mi otro lado y se besó con Rubén. Yo estaba en medio.
Comprendía lo que querían que pasase y decidí seguir adelante. Tenía una
erección tremenda.

Rubén volvió a besarme. Nuestras bocas se fundieron en un apasionado beso.
Mientras, Marta me sacó la polla del pantalón y empezó a chupármela. Como pude,
saqué la polla de Rubén de su pantalón y empecé a hacerle una paja sin dejar de
besarnos y acariciarnos. Yo sentía la dulce boca de Marta en torno a mi polla y
estaba seguro de que era una gran mamada, la chupaba muy bien. El caso es que
Rubén se puso de pie en el sofá y me metió su enorme salami en la boca. Fue un
placer increíble tener mi polla metida en la boca de Marta mientras yo se la
chupaba a su novio. Como mis manos quedaron libres, la llevé hasta la
entrepierna de Marta y empecé a acariciarla el coño por encima del pantalón.

-Ooooooh, si, si, que bien, que bien la chupas, me estás matando, me muerooo
-gemía Rubén mientras yo chupaba su polla. Marta dejó de chuparme la polla y se
levantó para quitarse la ropa. Tenía un cuerpo muy elegante. Delgadita, con
formas proporcionadas.

-Déjamela a mi – me dijo retirando mi boca de la polla de Rubén. Rubén se
volvió a sentar en el sofá y Marta se colocó de rodillas en el suelo chupando la
polla de su novio. Yo me quedé extasiado mirándolos mientras me acariciaba el
rabo.

-Joder, cariño, que bien, que bien, ooooooooooh, dioooooos, que buena
mamadaaaaaa – Rubén estaba a punto de correrse. Entonces Marta dejó de
chupársela un instante y me miró.

-¿A que esperas para follarme? – me dijo. Yo reaccioné y me coloqué tras ella
que volvió a mamársela a su chico. A nuestro chico, mejor dicho. Porque Rubén se
había convertido en el amante de los dos. Yo se la metí a Marta por el coño y
ella gimió al recibir mi polla. Empecé a follarla por detrás. Miré a Rubén sin
dejar de joderme a su novia. Estaba con los ojos cerrados al borde del extasis.
Cuando los abrió y me miró, yo le hice un gesto pidiéndole que se colocase
detrás de mi.

-Espera, amor, espera – dijo retirándose de la boca de Marta. Salió del sofá
y se colocó detrás de mi culo.

-¿Quieres que te la meta? – me dijo acariciándome la espalda.

-Si, por favor.

-Quiero oírtelo decir. Di “quiero que me folles” – yo estaba cachondisimo.

-Rubén, por Dios, metemela ya. Quiero que me jodas, que me metas tu enorme
rabo en mi culo. Vamos, jódeme.

-Así me gusta – Rubén hizo que me inclinase sobre Marta y entonces me
ensartó. Que delicioso placer recibir en el culo otra vez.

-Oooooh, si, me corro, me corroooooo – grité yo extasiado.

-Si, si, amooooooooor, correte, correteeeeeeeee – me pidió Marta. Entonces mi
polla lanzó un gran chorro de semen que rebosó el coño de Marta. Tal había sido
la excitación porque Rubén me la hubiese metido que me corrí en seguida. Rubén
empezó a joderme por detrás mientras Marta se sentaba en el sofá y empezó a
masturbarse mientras nos miraba follar.

Estaba siendo increíble. Rubén también estaba cachondisimo y tardó muy poco
en correrse eyaculando de forma bestial en mi culo. Bueno, parte en mi culo y
parte fuera porque se la sacó en el momento en que se corría y me eyaculó en la
espalda. Sin dejar que me incorporase, me lamió la espalda limpiándomela de
semen. A mi me puso tan cachondo que la polla se me volvió a poner dura.

Marta seguía masturbándose sentada en el sofá. Rubén y yo intercambiamos
nuestras posiciones y yo me dispuse a penetrarle. Marta se colocó de tal forma
que Rubén la podía comer el coño mientras yo le follaba. Ensarté mi rabo en su
culo y empecé a moverme dentro de él.

-Oooooooooh, diooooooooos, Rubén, que bien. Como me haces gozar, amor – gemía
Marta.

-Uuuuuuuuuuhmmmmmm, no pares, por favor, no pares, quiero que te corras en mi
culo – me pidió Rubén. Así pasamos tres o cuatro minutos. Yo follando a Rubén
por el culo y él comiéndole el coño a su novia. Hasta que, efectivamente, volví
a correrme en el culo de Rubén.

-Oooooooooooh, dioooooos, que bien, que corridaaaaaaaa – gemí yo. Me retiré
totalmente exhausto y me senté junto a Marta. Empecé a besarla en la boca
mientras acariciaba sus pequeñas tetas. Entonces Rubén se incorporó y la penetró
con su enorme polla. Marta se estremeció, yo creo que se corrió sólo de sentirla
dentro y Rubén empezó a follarla ferozmente.

-Ooooh. Oooooh, ooooooh, que bien, que bien, oooooooh, Rubén, si, si, no
pares, vamos, sigue, sigue, oooooooooh, sigueeeeee – Marta estaba cachondísima.

-Me corro, me corro cariño, me corroooooo – exclamó Rubén.

-Espera, espera, aún no – le dijo Marta. Se sacó la polla de Rubén a toda
prisa y se la metió en la boca. Entonces Rubén eyaculó en la boca de su novia.
Marta se incorporó y me besó, pasándome la corrida de Rubén con la lengua. Fue
un beso increíble. Los tres, agotados, nos recostamos en el sofá.

Había sido una tarde increíble. Yo no podía creer que hubiese participado de
aquello. Me gustaba mucho. Me gustaban mucho los dos. Mi vida sexual había
cambiado por completo. Y mi vida también. Aquella tarde fue el principio de una
relación a tres maravillosa. Pasamos una semana deliciosa en casa de Marta,
follando los tres como si se acabase el mundo al día siguiente. Yo empezaba a
descubrir cosas. En parte por la propia experiencia y en parte por
conversaciones que tuve con Marta y Rubén aquellos días. Por ejemplo, que el
sexo era algo que podía ser tremendamente satisfactoria y que no tenía porque
reducirse a encuentros convencionales. Estaba dispuesto a ir probándolo todo.
Estaba muy contento de formar parte de esto. Ya os iré contando más experiencias
porque os juro que hay algunas que no vais a creer.

NOTA DEL AUTOR: mi dirección de correo es
POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO, por si
quereis escribirme.

 

Resumen del relato:
    Después de mi primera experiencia homosexual, conocí a la novia de Rubén. Los tres nos lo pasamos muy bien juntos…

Nosotros que no somos como los demás (I)

Nosotros que no somos como los demás (I) (11)

Hola, me llamo Roberto y quería contaros algo en lo que llevo
mezclado casi medio año y que empezó la primera vez que estuve en una acampada
con unos amigos.

Sucedió el verano pasado. Como ya he dicho, fui con unos
amigos a los Picos de Europa. íbamos a estar cuatro días y luego nos iríamos
hacia Oviedo, a casa de uno de ellos. Todos éramos de la misma clase de la
facultad y nos conocíamos bastante.

La primera noche yo dormí con Diego, uno de mis mejores
amigos y el chico con el que mejor me llevaba de toda la clase. Pero la segunda
noche, cuando estábamos todos en torno al fuego, Diego y una de las chicas que
nos acompañaba, Tania, empezaron a tontear. En realidad ya habían estado
tonteando un tiempo pero aquella noche acabaron enrollándose. Se metieron en la
tienda antes que lo hiciese yo así que me vi obligado a dormir con Rubén, otro
amigo, con el que tenía mucho trato pero con el que nunca había llegado a
intimar de verdad.

Todos se fueron metiendo en sus tiendas y yo me quedé el
último. Estuve apagando el fuego y recogiendo algunas cosas. Cuando me iba a
meter en la tienda, con Rubén, pasé por delante de la tienda de Diego y oí un
gemido. Imaginé que mi amigo y Tania estarían follando pero aún así, mi
curiosidad me hizo asomarme. Efectivamente, Tania estaba sobre Diego, sin nada
de ropa en la parte de arriba. Debo decir que Tania era una de las tías buenas
de clase. Una chica muy bien proporcionada y con unas tetas preciosas… que yo
vi botar al compás de los movimientos de pelvis de Diego.

Corriendo me fui a la tienda y me metí en mi saco pero las
imágenes de las tetas de Tania estaban en mi cabeza y tuve que sacarme la polla
y empezar a masturbarme. Rubén ya estaba medio dormido pero mis jadeos le
desvelaron y se volvió hacia mi.

-¿Qué haces? -me dijo extrañado.

-Joder, acabo de ver a Tania follando y me ha puesto muy
cachondo, si no me hago una paja, no puedo dormir -y seguí a lo mío. De repente
note que Rubén se incorporaba y se acercaba a mi. Se puso casi al lado de mi
oído y me susurro:

-Si quieres, te la hago yo -me volví sobresaltado.

-¡¡Que dices tío, estas loco. Déjame en paz!!.

-Bueno, bueno. No te pongas así… -dijo volviéndose a
tumbar. A mi se me cortó el rollo y me puse muy nervioso. Sin embargo empecé a
excitarme mas. Yo nunca había estado con otro chico y de repente, la idea de que
Rubén me la menease, me ponía muy caliente. Estuve unos minutos dudando. No
sabía como acabaría la cosa y, porque negarlo, me daba un poco de palo. Sin
embargo al pensar en lo que podía pasar, me excitaba aún más, así que me giré
hacia él y le toqué en el hombro. Se giró y me miró. Yo me había sacado el saco
y tenia la polla, durísima, fuera.

-Oye, que mira, no logro correrme -le dije un poco nervioso.
í‰l sonrió y se incorporó. Me agarró la polla con la mano izquierda y empezó a
masturbarme. Yo estaba cachondisimo porque Rubén manejaba muy bien mi polla. Me
eché para atrás y no pude evitar empezar a gemir. Nos quedamos mirándonos unos
segundos y entonces Rubén me besó sin dejar de masturbarme. A mi me estaba
poniendo a cien. Me gustaba estar besándome con otro tío. Le puse la mano en la
nuca para que no dejase de besarme. Y lo hacía muy bien. Cuando nos separamos,
él me dijo:

-¿Quieres que te la chupe?.

-Vale -contesté sin pensarlo mucho – después te la puedo
chupar yo – no sé porque lo dije pero si que, de repente, me
apetecía chupársela. Estaba descubriendo todo un mundo nuevo de sensaciones y
chupar una polla era una de ellas.

Rubén se trago mi polla entera. La chupaba de maravilla.
Sacándola y metiéndola con un ritmo muy bueno y dando, de vez en cuando unos
buenos lametones. Masajeaba mis huevos pero con mucha delicadeza. Yo empecé a
acariciarle el pelo y la espalda. Estaba como loco.

-Joder Rubén, que bien, madre mía, que buenaaaaaa -yo
murmuraba porque tenía miedo de que mis amigos se enterasen de lo que pasaba
allí dentro. Pero es que nunca me habían chupado la polla así. De repente, él se
la sacó de su boca, dió dos meneos con su mano y un lecharazo enorme salió
despedido contra la lona de la tienda.

-Ooooooooooh, diooooos, que corrida -Rubén me miró sonriente,
se puso de rodillas, tocando su cabeza en el techo de la
tienda y se desabrochó el pantalón. Se lo bajó y se sacó un pedazo de nabo
enorme y durísimo.

-A ver si me voy a ahogar -bromeé ante el tamaño
desproporcionado de su polla. Lo cierto es que no me entraba mas que un
poco. Rubén se recostó, yo me tumbé entre sus piernas y me tragué lo que pude de
su polla. Antes de empezar le había avisado que iba a ser la primera polla que
me comiese. í‰l estaba supercaliente y gemía un montón.

-Ooooooooh, si, si, no pares, lo haces muy bien, sigue, sigue
-yo hacia lo que podía con aquel salami y mas que chuparla la lamía como un
helado. Me gustaba el sabor agrio de su polla. Y el tacto de la piel al
deslizarse en mi boca.

De repente, no se porque, me incorporé y le dije:

-Me gustaría que me la metieses – Rubén sonrió y asintió. Yo
me puse a cuatro patas, ofreciéndole mi culo a mi nuevo amante. í‰l me cogió de
las caderas, ensalivó mi ano, colocó su enorme verga en mi culo y empujó. Fue
una sensacion única la de tener una polla en mi culo. Estaba superexcitado, como
nunca y tuve una erección brutal. Entonces el agarró mi polla con su mano, se
recostó sobre mi y empezó a follarme al tiempo que me hacía una paja. Yo sentía
su vergazo entrar y salir de mi culo y su mano deslizarse por mi polla a la vez
y pensaba que iba a perder el conocimiento. Entonces él aceleró sus embestidas

-Me voy a correr, me corro. ¿Dónde lo quieres, donde? -me
apremió.

-Dentro, dentro, echamelo dentro -dio dos embestidas más y se
corrió dentro de mi culo. Los dos caimos rendidos,
semidesnudos, uno al lado del otro. Tras un par de minutos, él se echó sobre mi
y volvió a besarme en la boca.

-Esto ha estado muy bien, nunca lo había hecho con otro chico
-dije yo aún flipando por lo que había pasado.

-Bueno. Ahora ya has probado algo más.

-Oye, no sabía que fueras gay -Rubén se rió y volvió a
besarme.

-Y no lo soy. A mi me gusta acostarme con la gente que me
atrae, hombre o mujer. Y tú me atraes -yo me quedé un poco alucinado. Rubén tená
una mentalidad demasiado abierta para mis esquemas. Sin embargo estaba dispuesto
a cambiar.

-Me apetece metértela -le dije. Era verdad. Deseaba dar por
culo a Rubén. Hacer con él lo mismo que él había hecho conmigo. Rubén asintió y
yo me puse detrás de él. Le clavé mi polla con menos dificultades de las que
esperaba y empecé a follarle. El culo de Rubén era una maravilla. Yo pensé que
ya había tomado por detrás porque no era para nada estrecho.

-Siiii, sigue, sigue, oooooooh, que bien, que bien -susurraba
excitado por el placer.

-Me corro, Rubén, me corro – le apremié. Yo no entendía como
podía correrme tres veces tan seguidas.

-Si, si, correte, correte dentro – me pidió. En un momento,
los dos gemimos y yo lancé un enorme lecharazo dentro de su culo. Rendidos, nos
tumbamos medio desnudos sobre los sacos. Se me habían olvidado las tetas de
Tania del todo. Tal es así que dormí como nunca y cuando me desperté, eran cerca
de las dos. Sólo podia pensar en el momento en que llegase la noche otra vez y
Rubén y yo nos volviésemos a meter en la tienda…

En contra de lo que os pueda parecer, esta no es una historia
de sexo gay. Bueno, esta parte en concreto si pero no toda la historia. Estar a
la espera y recibireis nuevos capitulos en los que ireis descbriendo lo mismo
que he ido descubriendo yo.

Y si quereis hacerme algún comentario sobre este relato,
podeís mandarme un mensaje a mi cuenta de correo:
POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Mi primera experiencia homosexual con un amigo sólo fue el principio de una increíble vida sexual llena de grandes esperiencias

Liria (10: y Maurice)

Liria (10: y Maurice) (11)

Liria y Maurice (CAP. XI)

Como decía anteriormente, yo ya preparaba mi último examen
para terminar mi carrera de arquitectura. En la universidad conocí a un
arquitecto extranjero que hacía un postgrado, que además nos dio alguna cátedra
sobre el tema que yo preparaba. Trabamos amistad entre las clases y la
biblioteca.

Tiene veintiocho años, como un metro noventa de estatura,
delgado aunque atlético, cutis muy moreno, cabello muy enrulado pegado al
cráneo, imberbe, facciones de adolescente (como todos los del lugar que
provenía), ojos muy negros, labios muy gruesos, nariz pequeña, cejas pequeñas,
una dentadura blanca y envidiable por lo perfecta. Su charla era amena, muy buen
español, aunque gruñía las eres dobles y todas sus palabras eran fonéticamente
graves.

Había nacido y crecido en una primitiva aldea, su niñez la
pasó entre cuidado de ganado (estando hasta varios días fuera de su hogar a sol,
lluvia, frío, sin mas abrigo que una piel que le cubría muy poco, a la
intemperie y mal comido, algo que lo hizo un resistente atleta) y la escuela de
misioneros. Estos clérigos viéndolo muy inteligente, le dieron un pequeño
trabajo y le brindaron apoyo para que siguiera estudios hasta llegar a la
universidad. En esta etapa mejoró su trabajo y logró finalizar sus estudios.

Durante el período de preparación, en mis encuentros con
Liria la interioricé sobre Maurice (este su nombre) y le comenté que además me
resultaba sumamente atractivo.

Mi amiga, en este tiempo había comprado un terreno edificado
en un lugar apartado y tranquilo, de manera de poder librarse del asedio de
clientes y protegidos en algunos momentos de mucha tensión por el trabajo.
Estaba en una zona de depósitos casi todos abandonados, entre vías férreas y
anchas calles. En la hora de más trabajo apenas se veía alguno que otro
transporte pesado. Era un almacén, al extremo mas alejado frente a una explanada
grande como una plaza, de un nivel entre dos de doble altura que éste. Aquí la
inactividad era total. Quería tener un refugio, por eso me propuso que dijera a
mi amigo si tenía disposición para ser contratado para el trabajo. "El trabajo
es sencillo" dijo "quiero algo parecido a mi piso en París pero que pase
desapercibido y sabes el por qué"

Vi el almacén, un antiguo depósito que ocupaba todo el solar,
de unos quince por cincuenta metros y cinco de altura, sin ventanas en su
frente, salvo un gran portón para el paso de camiones cargados, dos grandes
claraboyas sobre el techo lo iluminaban naturalmente. Maurice aceptó el trato y
me pidió participara del proyecto. Durante el tiempo de trabajo fuimos creando
los tres una gran amistad, se despachaba a gusto con mi amiga hablando el
francés de su país, sin olvidar su dialecto pues era respetuoso de la tradición
de su aldea natal. Yo aprendía francés con ellos para no pasar desapercibida y
poder participar de las pláticas. Yo reía al ver a la barbie que parecía una
pigmea rubia al lado del gigante moreno, muchas veces bromeábamos sobre ello.

Concluido el trabajo llevamos a nuestra amiga que la habíamos
dejado fuera en esto para que viera los resultados. La vieja entrada la había
convertido en una esclusa para evitar ver de fuera las modificaciones. El viejo
portón mantenía sus característica en aspecto, ahora era automático, detrás era
una cochera, al cerrarse era necesario abrir una puerta normal, que por una
pequeña vereda empedrada (antiguo piso del local) cubierto por un techo curvo,
conducía a la residencia, a los lados un jardín muy florido. Esto quedaba bajo
la primer gran claraboya permitiendo el solaz a los setos y césped.

Al entrar una sala con dos sillones, alfombra y una antigua
sinfonola. A la derecha una cocina con todo lo necesario, cruzando un pequeño
comedor con un ventanal del cual se ve una piscina (un sótano oculto debajo del
antiguo empedrado del piso) rodeada de macizos de coloridas flores sobre un
manto de verde césped. Aquí la techumbre se había quitado por estar en muy malas
condiciones. Una puerta doble de cristal daba a la habitación más importante: el
dormitorio. El tal dormitorio era una habitación en forma de cilindro,
totalmente revestido en madera; al centro de él la segunda claraboya, más
pequeña, con una cortina corredera que dejaba totalmente parejo el bajo techo
falso. Bajo esta luminaria natural: la cama, muy grande de patas que tocaban el
cielorraso y faldones colgando de los tres lados libres de muro, hacia los pies
un sillón doble, todo rodeado de alfombras sobre un piso de madera. Simétrica a
la salida del comedorcillo otra puerta doble, vidriada como la anterior,
mostraba el yacuzi elevado, que era visible desde la cama. Desde ésta podía
verse un hogar muy grande con dos puertas más, iguales a las anteriores a cada
lado, que a su vez daban al jardín posterior. Sobre el hogar un moderno tv
panorámico. Una pequeña puerta a izquierda del yacuzi daba al aseo personal,
luego otra al vestidor y desde este al lavadero.

Imaginaba a mi amiga sobre su cama viéndose rodeada de los
hombres y mujeres con los cuales tuvo sexo, incluyéndome, claro…

Nos miramos con mi pequeña y nuestras ideas comenzaron a
balancearse en una conjetura muy común en nosotras: sexo.

Ella estaba encantada con la idea que habíamos llevado a la
realidad. Al final dijo"Mi gran fantasía esta lograda, faltan los aderezos".
Maurice la observó con aire de sorpresa por el extraño comentario, que yo si
capté. "Este fin de semana tendremos inauguración. Prepárense, están invitados
ambos" dijo.

Llegó el sábado a la noche y los tres fuimos a la gran fiesta
que nuestra anfitriona tenía preparada para estrenar su piso de retiro
espiritual (¡Je. Je. Je. Je!)

Como es normal un brindis con champaña (nos pillamos tres
botellas) mientras platicamos de temas generales, mas sobre las profesiones de
cada uno, en el comedorcillo. Nuestro amigo no estaba acostumbrado a beber
(¡Cuando no!. Nuestro hombre, como los otros, no era de ingesta) más que un
licor hecho con alguna semilla de cierto fruto de su aldea con muy poco alcohol.
Por eso que tomó y sin darse cuenta el vino lo liberó un poco de su timidez
(¡Mejor para nos!) Como aperitivo de la cena principal, abrí un vino muy
corpulento, suave de paladar, que comenzamos a libar prestamente.

A mitad de la segunda botella mi amiga dijo que acostumbraba
a estar bañada para la comida, más con el ajetreo de traer las vituallas
necesarias para la reunión. Por lo tanto lo haría. En unos minutos la vi pasar
desnuda, detrás de la puerta de cristal del yacuzi. Sin avergonzarse se metió en
la burbujeante, espumosa y caliente agua. Desde allí con una sonrisa muy feliz
levantaba su mano en saludo. Nuestro amigo miraba fijo el blanco busto que
emergía del agua entre el leve vapor. Lo miré, mis ojos fueron a donde debían y
me percaté que su pantalón abultaba con gran rapidez. Con un gesto descuidado,
lo distraje de su visión, volvió otra vez la cabeza. Una segunda vez, como sin
intención por errar el brazo, le toque la entrepierna. ¡Que arma tan imponente!
Pensé.

Sin más, algo calientita, dije que haría igual que mi amiga
para estar mas cómoda luego. Me desnudé en el vestidor y dejé que me viera
caminado lento desnuda e ingresando despacio al yacuzi. Sus ojos estaban muy
grandes con el espectáculo.

"Ven sin miedo. Por lo que has contado en tu aldea se bañan
en el río cristalino todos juntos y desnudos. Esto será igual" dijo mi pequeña.
Nuestro amigo más distendido se quitó su vestimenta. Cuando se plantó frente a
nosotras lo observamos de abajo a arriba, por supuesto. Vimos a un negro Orfeo,
su piel oscura brillaba, hermoso y masculino. Claro que también miramos nuestro
trofeo más preciado: sus atributos.

Una enorme y morena verga de un codo de larga, diámetro
proporcionado a la longitud (como el brazo de Liria, incluyendo el puño, solo
que negro) y dos enormes bolas redondas anunciando que estaban con su carga
completa. Apenas un vello muy crespo y apretado adornaba sus huevos y hasta la
mitad de la deseada pija, la otra mitad desprovista de él medía como dieciséis
centímetros. Un cilindro perfecto con una ojiva nuclear al extremo, muy
brillante, bien delimitada por un estrechamiento. El prepucio se veía recogido
en esa hendidura, estaba circuncidado según la creencia tribal.

Vi burbujas en el agua entre las piernas de Liria que
observaba aquella singular belleza, me dijo que se debieron a una contracción de
su concha por un orgasmo que no pudo contener. Mis piernas temblaban a cada
acabada de mi gloriosa concha sedienta de ese pedazo de carne viva en ella.

Se introdujo en la tina, dejamos espacio entre ambas,
nuestras miradas seguían habidas de la colgante verga. Ansiábamos verla
preparada para la acción. Sentado su pubis apenas quedaba unos centímetros de
bajo de la superficie y sus piernas emergían sobre el agua. Emitió un suspiro de
placer al sentir el agua caliente mojar su cuerpo. Nos dijo que a pesar de haber
planificado yacuzi, nunca había estado inmerso en ellos, su cuerpo solo sabía
baño de lluvia y de la fría agua de su río.

Cerró los ojos disfrutando, se adormiló por esa impresión de
éxtasis y por los efectos del alcohol. Sus riñones acusaron el efecto de la
caliente agua, en su ensueño su verga comenzó a emerger entre sus piernas. El
negro periscopio con su convexa lente iba saliendo lentamente, comenzando a
mostrar su primitivo poder. Calculo que a tres cuartos de longitud se detuvo,
por que se veía algo del vello de su caño. Era una impresionante escultura al
falo, como veinte centímetros de altura y siete de diámetro. Se movía
rítmicamente con la respiración del dueño, alguna vez daba cabezazos rápidos.
Nuestra ninfomanía se manifestaba incontenible.

Con mi amiga comenzamos a bromear tratando de volver de su
sopor al Adonis negro. Ya salido de su letargo hablamos de la manifestación
física que miramos, él siguió las chanzas diciendo que cuando pasaba esto en su
tribu era motivos de ser ridiculizado por no contenerse. Le dijimos que esa
demostración no era para ser ridiculizada, que no debía contenerse, pues era
natural. Le contamos como reaccionábamos las mujeres en estos casos, que nos
mojábamos y esas cosillas, que era invisible, pero no por ello no se sintiera.
Allí comenzamos a juguetear con él, dándole tranquilidad. Claro que nuestros
inocentes juegos trataban de despertar a la fiera, para que sintiera confianza
también nos tocábamos. El hombre pantera se comportaba de manera felina. ¡Que
rico!

Salimos del yacuzi tomándolo de la mano, nos dejamos caer en
la alfombra delante del gran sillón, nuestros avances siguieron. Por fin nuestro
guerrero comenzó a ser llevado por su naturaleza. Estaba acostado mirando hacia
arriba asediado por nuestras manos que tocaban y acariciaban su cuerpo sin
olvidar sus tributos de macho. El correspondía igualmente a nosotras. Su verga
comenzó a levarse despacio, ya en este punto estábamos deseosas de seguir todo
el espectáculo, directamente comenzamos a pajearlo entre risas y jugos
vaginales. Tocábamos el palo mayor junto con su espectacular base.

La pija crecía más a cada caricia de sus huevos. Sin
incontinencia le lamí la ojiva. En respuesta mostró todo su magnífico esplendor.
Con ambas manos con mi barbie apreciamos el enorme diámetro. Ella lamió
suavemente, pregunté "¿Que puede contener esta hermosura en su interior?"
Inmediato me puse a lamer también, nuestro dúo de lamidas era atroz, nos
besábamos en la boca con el enorme glande por medio. Los incesantes ataques
lograron que aquella pija se endureciera más aún. Comenzaron a venirnos un
orgasmo profundo. Bajamos los labios a lo largo de la carne endurecida hasta
besar las grandes bolas que sentimos llenas de un jugo que deseamos probar y no
lográbamos que saliera. Esto nos enervaba más aún. Nuevo sabroso orgasmo .

Nuestros jugos corrían por las piernas cual ríos de ardiente
lava, el jugaba con nuestros sexos mojados y calientes con un dedo en ellos.
Disfrutaba nuestros embates mirándonos tratando de desquiciar su pija para que
nos diera un disparo en las bocas juntas. Me detuve en mi furia, Liria seguía
buscando el disparador con sus sensuales chupadas. Puse dos dedos en mi concha,
estiré un poco su cavidad y la situé sobre la morena verga ensalivada por
nuestros besos. Sentí que su cabeza tenía un calor febril al tocar los labios de
mi vagina. Descendí haciendo la dilatación lenta, saboreando su penetración que
era acompañada por un suave dolor, que, combinado con mi exaltación me colmaban
de placer. Sentí alivio cuando su cabeza estuvo adentro, la tensión cedió
indicándome que la tenía hasta la circuncisión. En el cuello de su pija envié
una andanada de jugos. En cuclillas sobre el miraba cuanto quedaba por penetrar
y me exaltaba. Los labios de mi vulva estaban perdidos entre la piel por el
estiramiento, solo veía la hendidura empalada por el negro sirio que perdió el
pabilo dentro de mi. Yo quería más. Mi amiga siguió su orgía de lengua en mi
culo. Al sentir un nuevo orgasmo me dejé deslizar para seguir siendo empalada.
La pija se deslizaba por mi interior provocándome un bello éxtasis. Maurice
miraba embelesado el paisaje. No lográbamos que saliera su néctar, aunque eso
era lo mejor, pues queríamos más y más…

A poco sentí que había llegado al final de su carrera cuando
mi punto G fue mancillado y en una vorágine de exaltación comencé a tener
orgasmos múltiples sucesivos, bellos, hermosos e incontenibles. Comencé a
agitarme sobre la superlativa pija dando incontenibles gritos y gemidos, llegué
al paroxismo de mi placer. Me agitaba, contraía, temblaba, luces de mil colores
vagaban ante mis cerrados ojos y mi cuerpo era estremecido por las descargas
eléctricas de cada orgasmo. Mis desesperados movimientos lograron que crispara
su imponente verga, la sentí vibrar dentro, moverse, crecer y darme un gigante
envión de su leche. Al sentirme colmada me moví con mayor placer, más rápido, el
resbaloso líquido me permitió disfrutar las movidas con más celeridad. En el
máximo de mi excitación me detuve y me dejé caer sobre el falo hasta que no
logró penetrar más. Seguí mis movimientos tratando de que horadara las paredes
de mi útero, quería sentir hasta sus duros huevos dentro de mi. Un nuevo orgasmo
múltiple me tiró a tierra acompañado de un grito salvaje, estaba agotada, la más
bellas de las emociones humanas me había colmado. Más de veinte minutos de sexo,
lo máximo y nuestro amigo seguía con todas las energías.

Mi Liria había sido pasiva espectadora. Aunque se notaba
exaltada por nuestro acto. Cuando vio emerger de mi concha la leche, me chupó y
lamió. Con sus dedos aceitó con el cremoso néctar su máquina para probar su
vigor. Apenas en cuclillas sobre la pija probó su ardiente cabeza, cerró los
párpados para que la sensación se hiciera más profunda. Cuando comenzaron a
estirase los labios íntimos suspiró con deleite. Tendida yo observaba. Con poco
esfuerzo entró el ardiente gollete de la botija. Sus músculos se contrajeron, su
concha apretó salvajemente la cabeza de la verga, un espasmo eléctrico recorrió
su cuerpo y en un suspiro acabó. Mientras su interior era hurgado por la dura
carne, miraba la penetración y con sus manos rodeaba la gran tea que se
internaba en su concha. A cada avance otra descarga y un suspiro. Cuando los
vellos del tronco comenzaban a ingresar, Liria lanzó un alarido y se dejó
suspendida del ariete. Varios gritos y gemidos, su punto G fue encontrado,
espasmos de placer desenfrenado la embargaban. Comenzó a jinetear la verga con
depravada delicia, El macho muy caliente la miraba y tocaba. Vi su verga
tensarse como cuerda de ballesta, en dos movimientos descargó su andanada dentro
de la pequeña. Al sentir la caliente leche inundarla dio un grito de desenfreno
y placer, luego cayó agotada hacia un lado. El macho volteó con ella pues aún no
había terminado de vaciar su fuente. Con suavidad desclavé a mi amada y antes de
que la pija diera los últimos estertores chupé la nata. Su viscosidad era
mayúscula, un sabor muy fuerte y un aroma que invadía mi pituitaria
enardeciéndome.

Ese pegamento me drogaba. Me puse arrodillada en el sofá
dejando mi sexo expuesto, le induje a una nueva cópula. Ahora de pie su pija no
había perdido su dureza, a pesar de su tamaño estaba muy erguida. Mi pose era
perfecta, bajó un poco su punta dejándola horizontal y me embistió
enérgicamente. Demoré la estocada apretando los labios de mi concha untada de su
crema, su roma cabeza dilató con prontitud la hendidura provocándome un leve
dolor seguido de una maravilloso placer. Al instante mi punto G estaba siendo
estimulado para que yo me hundiera en una profunda serie de orgasmos. La oleada
provocó en mi inevitables gritos a cada acabada. Apreté mi esfínter con fuerza,
la presión ahogó su pija en un colosal orgasmo que le hizo llenarme de
placentero calor lácteo. Enardecida me desclavé tomando el ébano con una mano y
dirigiéndolo hacia mi culo abierto por mi desbocada calentura. Al sentir su
afiebrada cabeza en su entrada reculé, quería sentir el ariete negro dentro de
él. Mi upite sintió un desgarrante dolor por la introducción, aflojé el músculo
y entró hasta que solo los gordos huevos pegaron en mi concha. Un grito de
triunfo del hombre me hizo sentir realizada. Gemí y grité mientras bombeaba
dentro de mi su gomosa leche. Me quedé quietecita hasta que cesaron los
cabezazos dentro de mi. Lentamente me liberó del empalamiento hasta sacar todo
el caliente cilindro. Mis esfínteres seguían dilatados e hinchados por el
salvaje asedio como si aún la verga estuviera dentro de ellos. La sensación era
soberbia.

Liria viendo que yo me había satisfecho, me imitó poniéndose
arrodillada junto a mi dejando su sexo libre a la penetración. Su pequeña
estatura hacía que su sexualidad no quedara a la altura del pene de Maurice, por
lo que este la tomó con amabas manos del vientre levándola hasta que su pija
tanteó los labios de su concha. La resbalosa rama del ébano la penetró con
presteza haciéndole a ambos gritar de sabroso placer. En su delirio el macho
soltó la cadera de la hembra dejándola suspendida entre su verga y el respaldo
del sillón (recordé la tranca donde la colgó Jazmín) Ella se hamacaba con sus
brazos ejecutando los vaivenes del coito. Esta vez Maurice precipitó su leche
sin aviso, la expulsión del torrente estimuló en ella un fenomenal orgasmo,
acompañado de un bramido de placer reculando con fuerza hacia la fuente. Extrajo
el garrote y finalizó la evacuación en el portal del culo de la pequeña. La
ambarina leche brillaba sobre la tersa piel del esfínter, acto seguido empujó
dentro la pija. Con un grito de placer acabó en un orgasmo múltiple. Su cuerpo
vibraba recorrido por descargas eléctricas haciéndola agitarse con espasmos,
gemía y gritaba, a cada acabada. Soltó el yaciente cuerpo de Liria a mi lado.
Sudaba por la fragorosa batalla. Sonreía con cara de placer satisfecho.

Nuestro amigo arrodillado frente a nos mantenía su verga
henchida insaciable. Nuestra ninfomanía seguía aún con menos fuerza, pero,
pronta para desafiar al oponente. Comenzamos a pajearlo con dulzura, lamimos y
chupamos su verga con desenfreno; mientras acariciamos su culo alternándonos
para pasar nuestras lenguas por el negro aro. Esta nueva experiencia lo
enardeció, seguimos lamiendo a dúo su verga, a poco esta se estremeció y una
descarga cayó en nuestras bocas. Al instante otro lanzamiento. Al siguiente
desviamos el geiser a nuestras tetas, le dirigimos las manos para que pintara
nuestros pezones y labios. Otro estremecimiento avisó de otro envión que
dirigimos a nuestras caras. Su cuerpo comenzó a contraerse, su pija se endureció
como acero. De pronto se distendió, con un grito un largo y continuo chorro bañó
nuestros rostros. Los restantes marcados por cabezazos cada vez menos enérgicos
marcaban la entrega total.

Agotado se tendió. Limpiamos de su cuerpo y el nuestro toda
la primitiva leche haciéndonos un libidinoso banquete de lascivia sorbiendo y
tragando el líquido primigenio con gula.

Como conquistadoras plantamos la bandera en el terreno
aldeano bravío y con gloria nos entregamos al merecido descanso. Después del
lonche la lid seguiría.

Creo que nuestro amigo nunca imaginó el sexo fuera de la
selección natural de Darwin. Tal vez a partir de ahora tenga un nuevo concepto.
¿No creen…?

 

Resumen del relato:
    Un sexo especial…

Liria (10: y Alberto)

Liria (10: y Alberto) (11)

Liria y Alberto (CAP. X)

Después del agasajo a Liria por su título universitario,
decidí continuar mi carrera de arquitecta trunca por mi desaliento amoroso.
Estudiaba en las noches (salvo cuando tenía invitación de mi amiga u otro
compromiso) y hacía mis prácticas en un estudio pequeño los sábados y en mis
vacaciones. La elección de trabajar con abogados fue para que la diferencia de
tareas me hicieran olvidar mi desazón amorosa. Por suerte conocí mi amiga que
también fue quién insistió que siguiera, pues con un par de exámenes podría yo
también ser una novel profesional.

Entonces la abogada necesitó un despacho donde poder
trabajar. Su vieja sala de estudios convertida en yacuzi, debió volver a su
destino inicial. Por su inclinación a la filantropía contrató un estudio de
arquitectura muy pequeño y desconocido.

Ve comisionó a mí para hacer el contacto. El negocio estaba
en un barrio poco recomendable. Habitantes y transeúntes me observaban con
extrañeza al paso, además de dedicarme alguna frase de muy mal gusto,
relacionado con mi atractivo físico. Cuando encontré el lugar los epítetos
cesaron, un silencio reinó en rededor. A mi llamada una chica atractiva, vestida
en forma casual, me hizo pasar. Si bien por fuera era una especie de almacén
abandonado a punto de derrumbarse, por dentro parecía un aula de la universidad.
Lo que imaginé oscuro, lleno de polvo y telarañas; era una prolija sala muy
grande, iluminada, donde había diez escritorios con un ordenador con todos los
elementos y una impresora gráfica para planos en cada uno. Al momento sólo
algunos lugares estaban disponibles. Observé que eran todas mujeres y sólo un
hombre.

En un rincón con una de las máquinas y un pequeño escritorio
lleno de planos y papeles se hallaba un hombre. Se paró para recibirme, algo mas
bajo que yo; pelo cano muy corto y algo despeinado; cejas pobladas; pestañas
largas y arqueadas; ojos castaños que miraban fijo y profundo; mentón partido
con un hoyuelo que le daba aspecto de energía; una sombra negra en la cara, muy
bien afeitada, demostraba una barba muy profusa. Su ropa era casual como la que
usaban casi todos allí, a través del cuello desprendido de la camisa asomaba un
mazo de vello de su pecho.

Me acercaron una cómoda butaca, sentada le expuse la razón de
mi visita. Dijo que tenía buenas referencias de la abogada a través de sus
empleadas alumnas, reaccioné con aire de curiosidad. í‰l trabajaba con chicas del
barrio que deseaban progresar, que estaban estudiando cosas relacionadas a la
arquitectura, le pagaba un sueldo y les enseñaba para complementar. Sabía de la
“rubia pequeña” pues muchas personas del lugar habían sido defendidas por ella
en ciertas causas legales gratuitamente. En fin mi amiga me había ocultado la
grandeza de su filantropía y yo me encontraba frente a otro mecenas.

Reinaba en el lugar un ambiente muy familiar que me gustaba.
Al salir en el exterior la vida pasó desapercibida, noté que la actitud hacia mí
había tenido un vuelco, ahora algunas gentes me saludaban con respeto y otras me
veían con aire curioso. Había salido un comentario de dentro sobre quien era yo.
Me sentí bien y segura.

Por el camino pensé en el Arquitecto Alberto (ese su nombre)
Su manera de mirar fijo y francamente tenía algo, aunque sus ojos se veían
tristes; el tono de su voz, clara y firme, brindaban seguridad.

Acordadas las partes comencé a trabajar más con el arquitecto
que con mi amiga, me fascinaba su creatividad. Mis nuevas compañeras hablaban
muy bien del amigo Alberto. Algunas veces se intercambiaban pícaras frases que
no pasaban de eso, otras cuando en alguna de “sus chicas” percibía tristeza, él
estaba allí para brindarle apoyo moral y cuando era asunto económico les
adelantaba dinero “a cuenta” de nunca cobrar.

Nunca habló de su familia. Me enteré luego que ya no la
tenía, que está bien con esta otra parte de su vida. No tenía pareja mujer u
hombre. Las mujeres que lo rodeaban eran muy atractivas, desde la más joven
hasta una que rondaba cuarenta y siete. Me preguntaba que pasaba con su
sexualidad, puesto que al hablar las féminas mostraban una evidente atracción
por él.

Dentro se platicaba sin frases chabacanas como las que alguna
vez oí fuera. Había algo que me intrigaba, creo que era su voz cuando
intercambiábamos ideas, él y yo, su mirada carismática, alguna vez me sentí
caliente, con ganas de darle un beso, acariciarle allí… (Eros se paseaba
dentro de mi)

Le comenté esto de las calenturas que me daba el tío Alberto
a Liria; también le dije que a las otras les pasaba igual. Y que me estaba
gustando mucho a pesar de su madurez, pues tiene cincuenta y seis. Mi amiga me
miró con asombro. Enamorada… sería por su virtud, por su celibato o sólo
calentura.

Cada vez que venía Alberto a ver los avances de los arreglos,
Liria trataba de estar presente. Así, varias veces tomamos un café en casa de
ella intercambiando opiniones.

Mi barbie con gran habilidad trataba de desviar el tema a lo
personal, él con mucha sagacidad se salía y terminábamos contándole de nosotras.
Esa mirada tan triste, esa voz tan arrulladora, sus ademanes… era nuestro
comentario después que el se retiraba y quedábamos solas. Ambas padecíamos de
calentarnos con el tío, su respeto.. , tan pragmático. Sería eso. El primer
hombre que nos calentaba y nos reprimíamos, terminado luego con nuestro sexo
lésbico que tanto nos gustaba.

Con urgencia Liria demandó a Boris y el Dr. Daniel (¿los
recuerdan?) Averiguar de él todo.¡TODO!

Resultó que el arquitecto estuvo casado doce años, enviudó en
un accidente carretero hacía once, donde además murieron sus cuatro hijas.
Estaba entonces en la cumbre de su carrera, Se deshizo de sus propiedades y
negocios, compró una suerte de campo muy extenso a unos doscientos kilómetros,
donde se hizo una cabaña para refugio personal, un pequeño avión que utiliza
todos los fines de semanas para ir. No tiene automóvil, no fuma, no bebe, no
tiene pareja de ninguna especie, hace natación en la piscina olímpica de su
descanso campestre, su pasión por la profesión lo llevó a instalarse tomando
empleo a mujeres para tener una familia. Es muy paternal, amistoso,
dicharachero, aunque sus pláticas, no relacionadas a su trabajo es parca, tiene
algo de Liria diferenciado por su voluntario celibato.

En siguientes encuentros nuestros Liria comenzó a inquirir a
Alberto que le agradaba viajar, aunque, ahora con el trabajo necesitaba salirse
a lugares donde reinara tranquilidad, naturaleza pura. Donde pudiera escapar del
sonido de bocinas, motores, teléfonos y toda estridencia de ruidos. Yo la veía
venir. Otra vez su habilidad asomaba.

En una de las charlas nos invitó a ir a su refugio, su
extenso campo poseía un pequeño río de cristalinas aguas, con arenales, una
pequeña cascada, rodeado de frondoso árboles, flores y aves canoras; en su casa,
espacio como para que pudiéramos quedarnos los tres. Esto si no nos parecía un
intento de seducción, pues dijo ser un caballero y que la invitación la hacía
por la amistad que le brindamos. En principio, con cierta defraudación,
aceptamos el convite.

Muy cerca del verano ya estaba para disfrutar el clima, sobre
todo que sería mejor en la latitud que se encontraba la estancia de Alberto.

El sábado a la mañana nos encontramos en el aeródromo. Un
pequeño avión de cuatro plazas propiedad del arquitecto, quien era el piloto,
nos aguardaba; pusimos las maletas en la porta equipajes y volamos raudamente a
nuestro desconocido destino. Durante el vuelo de dos horas platicamos entre
sendas tazas de café poniendo cada uno su historia personal sobre el tapete,
aquí se explayó a gusto contando su vida (que ya conocíamos)

Cuando el tema era la sexualidad, nuestro piloto nos dijo que
habíamos llegado. Desde el aire apreciamos la casita, a unos cincuenta metros de
ella, el arroyuelo con atravesaba una pequeña laguna rodeada de árboles, de
flores, de césped y la cascada; todo ello en una especie de cuenco formado por
la pequeña altura que daba origen a la caída de agua. Dentro del espacio y a
orilla de la laguna, la piscina olímpica. El pasto aplastado nos indicó la pista
y luego de un breve carreteo llegamos.

La casa era muy parecida en diseño a la de nuestro jefe, sólo
que tenía un par de dormitorios más. En cada dormitorio dos camas sencillas muy
coquetas y cómodas. Un cuarto de aseo moderno y no muy grande, la cocina daba
directamente a la sala que era también comedor, una mesa con seis sillas, tres
sillones dobles, una alfombra muy grande y un hogar. Decorado con cuadros,
fotografías y una cantidad muy grande de títulos, menciones, certificados y
honores con el nombre de nuestro anfitrión. Realizada la inspección dirigida por
nuestro hombre, nos acomodamos en el dormitorio que se halla en pasillo apuesto
al de él. Desde el ventanal de la sala se veía la cascada, el río y la piscina,
un serpenteante camino la comunicaba con el pequeño paraíso. Imaginé o vi un
macho cabrío.

Nos miramos con mi barbie, suspiramos, nuestros sexos querían
algo que era provocado por ese bello paisaje: La naturaleza nos llamaba,
nuestros sexos palpitaban, fantaseamos con el “veterano” amante célibe.
Pensábamos como volverlo a la vida. Si bebiera sería un camino, como con nuestro
abogado en jefe (¿lo recuerdan?) ¡Estuvo genial!

Fuimos a los tres por el camino, ya ataviados para un
chapuzón. Nuestros atuendos eran por demás insinuantes, unas bikinis muy
pequeñas que sólo tapaban el sexo y los pezones. Nuestro amigo tenía un
pantaloncito ajustado de playa, sus glúteos se denotaban duros, redondos,
erguidos; el bulto se veía atractivo.

Lo miramos darse un clavado desde el alto trampolín y caer
cual pez casi sin desplazar el agua. Era un perfecto clavadista, lástima que
sólo al agua. Nadamos un rato en la cristalina agua, nos dejamos llevar hasta la
caída de agua y allí retozamos. De rato nos llamó desde la casa para almorzar,
nuestra algarabía nos había hecho olvidar de él, al punto que nos mandamos unos
calientes besos y toques en nuestros sexos.

Continuamos el anecdotario personal, durante la comida la
cual era acompañada (para nuestra satisfacción) con vino que el no bebió, trunco
en el avión volviendo al tema: sexo en los postres. “El sexo es algo muy
especial, es bueno cuando hay algún sentimiento mediante. Puede ser una gran
amistad o algo así. Es pleno cuando es amor el conductor de la plenitud. En su
expresión no importa el sexo de los amantes, sólo lo que sienten ” dijo. Nos
miramos admiradas, sus palabras daban a entender él porque de nuestras
manifestaciones de sexo, tanto entre nos, como Liria con sus anécdotas, pues
siempre tenía sentimientos con aquellos que hizo el amor. Nos esperábamos algo
tan filosófico y actual de un hombre tan maduro.

Boquiabiertas lo miramos, él nos veía fijamente al punto de
incomodarnos. “Me he dado cuenta de que entre ambas hay algo hermoso. Lo
comparto sin calificarlo como otras personas y no me importa que lo manifiesten
abiertamente. Aquí somos nosotros mismos”

“También que se preguntan sobre mí, pues, les intriga mi
soledad y mi sexualidad. Soy común, digamos no conservador, parezco tradicional
por mi comportamiento y tal vez lo sea; mas aún por el hecho de que hace mucho
no tengo sexo. Cuando mi instinto trata de despertar nado mucho, me entrego al
trabajo… No hago sociedad, que sería el lugar para conquistas, no soy bueno en
materia de pláticas a una dama para conquistar su corazón. Soy algo tímido ene
ese tema”

Calló, cada una agradeció que fuera tan honesto y le dijimos
que entre ambas había una conexión íntima, aunque además, teníamos otras
relaciones. Nos gustaba el sexo, lo experimentábamos y luego compartíamos las
experiencias.

Asintió con la cabeza sin dejar de fijar sus ojos en los
nuestros. Su forma de hablar tranquilizaba, sus ademanes, gestos, eran un
atractivo especial que nos llevaba a querer poseerlo.

“Creo que es bueno practicar el sexo como lo hacen, siempre
hay algo para transmitirse. Sin una convivencia monótona que lleva al hastío.
Veo que son muy felices, sus caras me lo están diciendo. En mi caso quisiera
tener una pareja de igual forma, no quiero alguien que me acompañe en los
tiempos que me van llegando”

“Sí. Puede que en algún momento me vengan los achaques
propios de la edad. Mi compañera deberá convertirse en nana en ocasiones y
desperdiciar tiempo de ser feliz. Eso no lo quiero, no soportaría evitar la
felicidad a otra persona. Por ello sigo siendo el solitario”

Concluimos la charla algo tristes. Nos agradaría que pudiera
ser feliz un hombre como él. Para olvidarnos nos fuimos al prado de la laguna a
disfrutar la naturaleza. Haciendo alarde de audacia me desnudé totalmente para
que el sol tostara mi piel. Tenía deseos de que me viera desnuda. Me gustaría
complacer su sexualidad y la mía pensé. Liria leyó mis ideas, hizo lo mismo. Tal
vez nuestros jóvenes cuerpos desnudos le llamaran a intentarlo. En el aire
Neptuno y Eros rondaban. Otra vez vi al dios Pan entre las flores.

Despertamos sintiendo el chapoteo de nuestro amigo en el agua
de la laguna, desde la cascada nos hizo un ademán cuando vio que lo
observábamos. Vino nadando. Se sentó entre ambas. “Es agradable sentir el sol
bañar el cuerpo” dijo, como si nuestra desnudez pasara desapercibida a él. Nos
levantamos y con familiaridad, diciéndole de quitarse sus pantaloncillos,
mientras reíamos lo dejamos desnudo. Su cuerpo es velludo, negros pelos en su
pecho con mechones canos. Sus atributos también con pelos más largos aún.

Lo miramos de arriba a bajo sin disimulo. Cuando volvimos en
si, seguimos el juego de tirar de los pelos de su pecho y brazos. Reíamos, nos
revolcamos en la arena, llegamos al agua continuando el adebacle. Pan tocaba su
pífano, su melodía atraía a Eros.

Mi amiga y yo sentíamos que las mejillas comenzaban a
colorearse, nuestros sexos comenzaban a temblar como volcán a punto de expeler
lava. En las cristalinas aguas la verga de Alberto se veía crecer. “Creo que mi
sexualidad despierta” dijo al sentirse observado. Intentó salirse. Liria con
rapidez lo detuvo. Yo lo acaricié en la pija tratando de evitar que su sexo
durmiera otra vez. Cerró los ojos dejándose llevar. Se dejó caer sobre el
césped. Muy despacio comencé a mimarlo, besándolo en la boca. Supe de su sabor
cuando metió su lengua en mi boca con gran maestría. Me tomó por la nuca con
suave energía, me apretó besándome hasta dejarme sin aliento. Liberó la presión,
tomé aire. Liria besaba su pecho. Luego besó su boca. Cupido también hacía de
las suyas.

Yo me fui al falo que estaba muy duro y se agitaba
desesperadamente. Aquí los vellos cubrían hasta la mitad el erguido tronco.
Corrí el prepucio dejando su cabeza fuera, estaba muy roja, gotas del calostro
comenzaban a deslizarse desde su orificio. Pasé mi lengua desde la punta hasta
el nacimiento del grueso mástil. Envolví el glande con mi lengua, lo metí con mi
boca presionando frenéticamente. Su cuerpo se estremeció, cerré mis ojos
esperando el envío. Al instante mi boca se llenó con una cantidad de semen que
hizo inflar mis mejillas. Saqué la verga de mi boca, saboreé el gusto fuerte de
la leche de Alberto, su cremosa viscosidad; al instante me llegó un orgasmo. El
aroma especial de su sexo y sus jugos me provocaron otro.

Liria sintió el olor del macho, caliente por la visión de mi
orgasmo. Me pidió con un beso en la boca probar el néctar. Luego lamió la
latente verga que dejaba salir lentamente la secuela de su primera acabada. No a
mucho tuvo un orgasmo múltiple, sus piernas prensaron las del hombre con un
espasmo en su cuerpo. Este le envió otro torrente que alcanzó su garganta e
inflamó su cara. Otro orgasmo para mi amiga.

El miembro iba adquiriendo toda su magnitud, cuando mi amiga
termino de libar, en cuclillas dejé caer mi sexo sobre la ardiente pija. Cuando
penetró su cabeza sentí un divino placer hasta ahora experimentado, a medida que
mi concha se dilataba, le lanzaba torrentes de jugos. Los mojados pelos de su
pene, me indicaron que ya había entrado su mitad; esa cierta aspereza me provocó
un gran orgasmo.

Me sentí elevada. Alberto tensó su cuerpo, apoyado en su
torso y pies me levantó haciéndome sentir en la gloria, sus testículos dieron en
los labios de mi vagina. En un grito acabé y al momento dentro de mí su caliente
leche rebozó mi concha. Puso a Liria a horcajadas sobre su boca, mientras me
tenía en el aire, lamiéndole el sexo apasionadamente. A poco los tres nos
corrimos.

Nos tendimos, nuestros sexos deseaban más aún. Apoyé mi
cabeza sobre su estómago mirando el mástil que se alzaba ante mí. Comencé otra
lamida con lujuria, él acariciaba mi sexo con lascivia. Liria también comenzó a
chuparlo. Su cuerpo hervía enviando el aroma de sus hormonas a las narinas e
invadiendo nuestras pituitarias.

Me puse en perrita, le pedí que me cogiera. Tomó mi cadera,
de una estocada su alfanje se envainó en mi concha. Un gemido de gloria escapó
de mi. Comenzó el vaivén. Su miembro cabeceaba dentro de mi, parecía que se
correría. Lo sentí duro, rígido. Esperando su leche me vino un orgasmo, sintió
el baño de jugos. Tomó mi pubis con las manos y me alzó ensartándome más aún.
Colgada de su pija me comenzó a balancear, la dura carne dentro de mi me
recorría todo, mezclando su leche con mis jugos. Liria lo chupaba todo bañándole
de saliva y besos, la lengua lamió el encuentro de nuestros sexos. Un orgasmo
múltiple me dio por tierra luego de haber visto en mi cerebro el recorrido del
sol, la noche, estrellas fugaces y un oscuro vacío que terminó al acabarme.

“¡Cielo..te amo…que verga divina… como coges! ¡Ah. Ah.
Ah. Aaaaaaaaaahhhhhhhhh!”

Habíamos estado dándole como quince minutos, el enérgico
veterano era un soberbio amante.

Mi amiga vio de salida de mi vulva que la bella cimitarra se
encontraba aún pronta para seguir batallando, con ansias de desgarrar carne.

Se inclinó a perrita. No fueron necesarias palabras. Tomó su
pubis y el estoque se hundió hasta la empuñadura. Como ella es muy pequeña, el
mandoble asomaba; al verlo mojado penetrando a la dama, puse mi boca en el
lamiéndolo desde el culo de ella hasta su nacimiento. Alberto tensó el cuerpo,
su pija quedó quieta aguantando que la leche saliera. La colgó hundiéndolo todo
y la meneó con energía. Mientras, me envolví en él como serpiente besándole
todo. Lo bañé con mi saliva extendiéndola con mi lengua por todo su peludo
cuerpo. “¡Dame tu pija. Más. Más, Hazme acabar. Así… Así… Aaayyy!”

Mi amiga aflojó la tensión rindiendo su cuerpo. Ambas nos
tendimos juntas y nos besamos llenas de satisfacción.

Miramos a nuestro amigo. Estaba hincado detrás de nuestras
cabezas y su estaca seguía dura. En dúo con mi barbie la agarramos y comenzamos
a hacerle una paja. Lentamente corríamos el prepucio dejando el glande fuera. La
leche corría sin fuerza, su color era blanco amarillento, muy aromática y
espesa. La lenta salida de la crema nos enardecía. Deseábamos ver un fuerte
chorro, más que eso sentirlo dentro. Dijo que dejaría salir un chorro corto para
cada una. Su autocontrol es fabuloso. Me adelanté para ganar a mi amiga. Yo
primero.

Hincada me la puse en la boca, apreté por el cuello la verga.
Con un suave vaivén esperé. “¡Ya!” dijo Un fuerte surtidor me invadió la boca.
Al sentirlo reiteré el viaje por el infinito. Estrellas fugaces danzaban en mi
mente, cuando llegué a fin del viaje todo se oscureció, volví en mí sacudida por
una descarga eléctrica. Esa sensación que nos invade cuando el orgasmo se
convierte en el mas maravilloso de los momentos. Eso que no hay adjetivo que
pueda describir pero que sabemos lo hermosos que es sentirlo.

Al turno de Liria la tomo con una gran suavidad y delicadeza.
La miraba con los ojos brillantes de lujuria. Su lengua relamía sus labios.
Abrió la boca en piquito, suavemente la fue tragando. Disfrutaba como se
deslizaba sobre su lengua y pujaba su cara. El rito siguió hasta que escuchamos
“¡Así, ya…!” La pequeña dejó sus abiertos ojos en blanco y siguió la ceremonia
tal cual la había comenzado. Apretó muy fuerte el canuto y fue dejando libre el
tieso miembro tratando de escurrir en su boca todo el contenido. Golosamente
saboreaba la leche. Su cuerpo se estremeció, apretó sus piernas, puso sus manos
en su sexo y acabó con un estremecedor orgasmo.

Las dos jugábamos con la leche en nuestras bocas tratando de
guardar su gusto tan especial y diferente. Aún caliente me puse en sesenta y
nueve sobre mi amiga y comencé a lamerla. Cuando abrió su concha dejé caer resto
de lecha de mi boca y la chupé. Nos giramos y quedó ella arriba y repitió la
práctica.

Alberto nos observaba con su verga aún en ristre. Luego que
ambas consumimos el enervante licor de nuestros sexos, comenzó a lamer el culo
de Liria, ahora arriba. Introducía su lengua, excavaba en él y lamía. Me besaba
en la boca y mezclaba el gusto suyo con el mío. Mi a miga y yo empezamos a
navegar por el perdido infinito, un mundo irreal nos envolvía, nada existía,
solo las sensaciones mas celestiales, era la gloria. El upite de Liria se
dilataba, desde el culo podía verse el interior muy rojo y mojado. Nuestro
amante dejo de lamerle, dirigió su verga al dilatado esfínter que clamaba
realizarse. Puso la caliente cabeza púrpura allí. Al sentir el afiebrado miembro
en su orificio Liria se encorvó de placer, gimió por el éxtasis de sentirlo. A
medida que era penetrada un orgasmo múltiple tras otro la embargó “¡Es hermosos,
divino! ¡No puedo evitar acabar así…! ¡Me gusta…!” Alberto dio un par de
salvajes vaivenes que ambos gozaron y le previno de que le enviaría una salva de
leche. Quietecitos los dos la andanada llegó “¡Siente este amor…! ¡Ahora
más…! ¡Otro…! ¡Así….!” dijo el caballero andante a la ensartada dama. Mi
amiga no podía hablar solo gemía y exhalaba algún profundo suspiro con los ojos
cerrados. Yo debajo lamía los huevos del macho y besaba su húmedo culo de manera
casi salvaje.

Me sentí con algo de rabia con mi amiga, me había dejado sin
lo más hermoso. Yo quería también. Me estaba frustrando.

“Ahora a ti mi amor” me dijo Alberto. Salí de mis falsas
cavilaciones. Quedé sobre Liria. Alberto empezó a lamerme el culo, mi esfínter
deseaba lo que vendría. Sentía la lengua en mi caliente orificio. El intervalo
en que besaba a mi amiga y mezclaban sus jugos bucales. Ese lapso me alteraba
más, él lo hacía ex profeso para que me enervara más aún de lo que ya estaba. Mi
vagabundear por el espacio comenzó cuando puso sus manos en mis caderas y la
cabeza de su dura verga en mi amado culo. En mi éxtasis podía ver la pija desde
dentro de mi culo como avanzaba con su cabeza hurgando mis calientes entrañas.
Vi como comenzó a enviar los chorros de su leche, muy espesa ya de color blanco
amarilla, inundando el túnel hasta dejarme totalmente a oscuras. “¡Ah .Ah. Ah.
Así ….Si… ssss…!” mi propia voz me trajo al mundo real.

Los tres quedamos tendidos al borde del estanque entre lo mas
bello de la naturaleza. Habíamos encontrado un nuevo Edén. Una forma diferente
de hacer el amor, algo… No, no, no..;a alguien muy especial….

Podríamos compartir AMOR con él, además le contaríamos
nuestras más liberales experiencias fuera de aquí y tendríamos siempre su
comprensión. (Parece la historia de Liria y Francia, ¿la recuerdan? Si no,
léanla) Las siguientes horas con Alberto fueron de desenfrenada pasión, hasta
que debimos volver a la rutina del trabajo.

Y con más sobre Liria y yo.

 

Resumen del relato:
    Liria y yo tenemos una relacion muy “especial”

Liria (09: y Francia)

Liria (09: y Francia) (11)

Llegó como siempre las consabidas vacaciones de Liria. En
éste tiempo ella se desaparecía yendo a su amada Francia. Flor le legó su
departamento y la cafetería donde se conocieron, además de la administración de
su mansión para fines filantrópicos.

Desde entonces, según me dijo, hizo modificaciones ampliando el local; dando más
cabida a sus parroquianos y por otra parte le dio la alegría contagiosa de su
personalidad. Gracias a su actitud, las gentes “diferentes”, se sentían con el
más profundo agradecimiento a la barbie y como todo negocio bien manejado
florecía.

El departamento lo había acondicionado a su gusto: amplia sala, dormitorio muy
cómodo, habitación para eventuales huéspedes (entre los que me contaba yo como
su invitada y por razones de querer terminar mi carrera profesional trunca, aún
no había podido ir), cocina con todos los accesorios modernos, el cuarto de baño
mantenía las características de su antiguo origen con grandes y ostentosos
aparatos incluyendo una tina de baño de hierro esmaltado; por ser la buhardilla
se accedía a un gran azotea exclusiva directamente, mi amiga la había mandado
cercar, poner una alfombra muy mullida de césped artificial, almohadones como en
un harem y flores naturales con un jardinero que conoció en la cafetería. Esta
terraza era para broncearse con el sol del verano boreal, pasarse totalmente
desnuda como lo hacía cuando estaba en casa y disfrutar de la naturaleza en el
viejo barrio francés.

En esta oportunidad mi amada pequeña pasó todo sus asuetos en París, cuando
volvió intrigada le pregunté la causa y me relató su aventura.

Después de llegar fue al departamento, se tomó un tiempo y se dirigió a su 
cafetería “Chez Jeune”, nombre dado por cierta película de los años cincuenta o
sesenta francesa relacionado con una casa similar. El administrador la recibió
con la característica cortesía francesa, informándole y poniéndola al día con
los sucesos durante su ausencia.

Entre estos estaba también los chismes sobre los asiduos parroquianos. Esto lo
hacía a pedido de ella, pues para no cometer errores en el trato a sus clientes
y mantener la calidez que tenía el ambiente particular que creó.

El chisme más importante trataba de cierta pareja que hacía un par de meses
frecuentaba el local. Se trataba de dos adolescentes, a poco de llegar a la
mayoría de edad, que habían sido expulsados de rancias y antiguas familias
conservadoras francesas por los propios parientes. Como parte de la tarea, el
administrador, los había enviado a la mansión Flor para que pudieran solventarse
gastos haciendo alguna tarea que pudiera proporcionarles dinero.

Liria le pidió le presentara a esa pareja en cuanto se hicieran presente. Dejó
al francés y fue a su lugar, el reservado que otrora fuera de Flor. Le trajeron
una champaña francesa y cigarrillos. Ella vestía como aquella vez, falda negra
muy corta, blusa de seda negra transparente y ropa interior roja, labios
pintados rojo fuego, el mismo perfume, medias labradas y zapatos negros de
tacones muy altos. Cuando ingresó desde la puerta posterior del reservado los
parroquianos la miraron y la mayoría levantó  su copa para brindarle la
bienvenida. Al rato cuando se interiorizó de la concurrencia comenzó a
saludarlos mesa por mesa. La música estaba en el aire, las parejas charlaban,
bebían, bailaban. Las luces tenues del ambiente permitían a algunos dúos liberar
sus manifestaciones de sentimientos con cierta libertad. La bohemia damita
amenizaba todo, se unía a las pláticas y a las parejas en danza, dando confianza
y familiaridad.

De vuelta a su mirador, el camarero un gesto desde la barra, le indica que vea
hacia la entrada. Liria gira, ve dos jovencitos casi púberes vestidos
correctamente, que sobresalían por su aspecto entre los demás presentes. Nada de
bohemio en ellos, cabello muy bien cortado, ambos de pelo oscuro sin ser negro,
cutis blanco, muy escaso bozo, con cara de niños, ojos claros y cejas finas.
Vestían camisa, que sin ser formal, era elegante y fina. Pantalones de buen
corte y muy caros zapatos.

Al llegar a la barra el camarero les indicó que fueran hacia la pequeña.
Llegaron y quedaron mirándola con aire de pregunta. Les indicó sentarse. Lo
hicieron frente a ella que les preguntó que había sucedido y por que
frecuentaban ese lugar.

Respondieron que los había traído su jardinero, empleado de una de las familias,
que a su vez la conocía a ella por ser quien mantenía su jardín. Y por lo que
sabían frecuentaba por aquí. La causa fue cierta falta que ellos cometieron que
fueron expulsados de sus hogares y de las familias.

Ella quiso saber sobre delito cometido para tener la tal pena. Como sabían lo
comprensiva que era nuestra damita, por dichos de personas que conocieron allí,
además por la propias palabras del jardinero, le confiaron que en una fiesta
familiar los encontraron dos parientes besándose en la boca en el retablo de la
mansión.

La noticia llegó a sus respectivos padres y esa misma noche fueron desterrados
de sus casas para siempre.

Ella les dijo: “Por lo pronto vean que aquí nadie se admira o espanta por ello,
son todas personas que desean vivir su amor y felicidad tal cual cada uno la
siente. Miren aquellas chicas besándose y acariciándose. Aquellos dos caballeros
en una amorosa actitud de enamorados. Por aquí o allá ven caras de gentes
felices de ser como son. También vean a quienes son parejas heterosexuales en
las mismas situaciones sin dejar de ser discriminantes con sus congéneres. Aquí
se puede vivir lo que alguna parte de la sociedad aún ve con ojos antiguos, la
moral solo es inmoral cuando agravia física o sicologicamente a la persona. Los
que segregan son los agresores y no los agredidos”

Luego que nuestra abogada diera el discurso de la defensa les preguntó si
pasaban la noche en Chez Flor para pedir a Pierre (el chofer de Flor) los
viniera buscar; le dijeron que no pues no había habitaciones disponibles,
dormían en este reservado o en el retablo cuidado por el jardinero que los
dejaba entrar a hurtadillas.

La damita, viendo la triste situación de los jovencitos, les ofreció su hogar
hasta que consiguieran ubicarse mejor. Siendo algo tarde los guió hasta el piso,
al arribo les indicó las exigencias de primer orden en su casa: aseo y armonía.
Luego los llevó a la habitación de huéspedes donde había un par de camas
individuales. Después de su consabido baño, cenaron un refrigerio y se
acostaron.

Transcurrieron unos días, la amistad crecía junto a la confianza. Durante el día
el dúo laboraba, en la noche el encuentro en la cafetería donde ya se
manifestaban una parejita feliz, más tarde el hogar de su protectora donde
retozaban, cambiaban bromas y sentían como en casa. Ella cuidaba de ellos como
hermana mayor disfrutando los avances en la relación entre los tres, siendo tal
la familiaridad que se mostraban en bata como cuando yo era su visita.. Mi
barbie observaba que los interiores de ellos habían cambiado al gusto de las
suyas, muy insinuantes.

Una noche la pequeña siente la necesidad fisiológica de ir a hacer pipi,
despierta, oye que sus protegidos hacen cierto ruido y murmuran algo. Se
levanta, la puerta de huéspedes no está total cerrada, ve luz, mira por el
entorno y ve que están cogiendo. Al instante recordó a Boris y Daniel, su mente
se turbó un poco. La verga de Claude estaba dando al culo de Ives (nombres de
los pibes) “Dame clávame la pija, así.. así..” decía “Toma siente mi verga
lanzando leche dentro de ti, toma…, toma…” replicaba el otro.

Liria dejo rápido el lugar, fue a la sala de baño, se masturbó un poco e hizo su
necesidad.  Al dormir nuevamente soñó el recuerdo del mandadero con su
abogado y los acontecimientos que siguieron, al despertar en la mañana estaba
empapada de sudor y jugos, había tenido orgasmos por el erótico sueño.

La noche siguiente, luego de una película erótica que vieron en tv, casi
inmediato a acostarse, sintió desde su recámara que cogían sin disimular

“Dame clávame la pija, así.. así. Me acabo, así que me acabo” decía Claude,
“Toma siente mi verga lanzando leche dentro de ti, toma…, toma… caliente
lechita…” replicaba Ives. Esta vez oía claramente la cogida, su abstinencia
sexual debido al hospedaje se estaba haciendo muy dura. Comenzó a masturbarse
con una de sus pijas de juguete mientras escuchaba. Cuando dijeron acabar tuvo
un hermoso orgasmo.

La noche del sábado le dijeron a Liria que habían conseguido un trabajo, con
residencia para ambos, por lo que dejarían el lugar en poco días. Barbie se
alegró dándoles el enhorabuena. Como anticipo de despedida querían agasajar a
Liria brindándole una pequeña e intima fiesta familiar en el departamento. Ella
aceptó el convite mientras se iban a descansar. Tuvieron una frugal cena entre
bromas y pláticas. Los tres estaban en batas, sin ropa interior, charlando de
sus logros en lo sentimental. Liria sin dar nombres les contó sobre abogado y el
mandadero, de cómo los descubrió y como comprendió al profesional al este
contarle luego del in-suceso (por supuesto que su cogida posterior se la
guardó).

Ellos mientras discurría el relato se habían estado besando en los labios, dando
suaves y eróticas caricias que no pasaron desapercibidas para la pequeña, dado
que lo hacían sin disimulo y muy naturalmente.

Cuando concluyó le preguntaron si no se calentaba cuando contaba algo así, si
los había escuchado coger alguna noche, pues, en alguna ocasión percibieron que
habían dejado la puerta de la habitación entornada.

Evocar esas cosas me calienta y sentirlos coger, además de que me parece
natural, también. Una de esas noches tuve que hacerme una tal paja, no estoy
acostumbrada a estar tantos días sin sexo.

Les preguntó si alguna vez tuvieron sexo con una mujer. Ives le dijo que su
mucama, a los quince años, hizo la cogiera por el culo cuando lo encontró
masturbándose, acto que repitió muy seguido hasta la llegada de su amor. Claude
lo hacía con la sobrina de esa mucama y a su instancia a partir de uno de los
ágapes familiares, también le daba por nalgadas. Nunca habían tenido sexo en la
concha de ninguna. Luego vino su relación, que la mucama, hembra del jardinero,
apañó junto con éste ocultando sus intimidades en el retablo donde los
encontraron.

Se fueron a dormir, la chica estaba algo caliente por el contenido de sus
pláticas y la virginidad de conchas de los jovencitos. Su noche fue plena de
sueños eróticos, fantasías, quería tener una pija virgen en su concha caliente.

A la mañana siguiente se levantó temprano en espera del agasajo, buscó a los
pibes y estos no estaban. En la mesa de la sala había una nota expresando que
vendrían a media mañana después de hacer unas diligencias. La damita se bañó y
aprovechando el tiempo se fue a su jardín privado a tenderse desnuda a tomar el
sol. Se había levantado excitada por sus sueños, el calor cosquilleaba su cuerpo
y su sexo, comenzaba a sentir una extraña y agradable sensación. Entre recuerdos
y fantasías no pudo evitar dormirse.

Despertó por el sonido de la los pasos de los chicos. Estos la vieron y sin
inmutarse por su desnudez comenzaron a poner sobre la alfombra de verde césped
los elementos para su opíparo almuerzo.

Liria a un lado observaba, rodearon su cuerpo con los enseres: Tres cazos de
tierra cocida de aspecto de tazas sin agarradera, bandejas llanas del mismo
material, una caja con seis botellas de vino oscuro y dos de color dorado; tres
bananos con los que armaron una especie de pabellón rodeado manzanas y de
flores. A nuestra heroína el arreglo de las frutas y flores le encantó, los
lirios de adorno eran una gran demostración de ternura hacia ella.

Los cazos eran para beber, las bandejas para poner las carnes asadas y humeantes
y algunos vegetales cortados. Dijeron que la idea era tener una comida al estilo
medieval bizantino, tendidos, recostados a los almohadones y con las manos. El
vino lo birlaron de la cava de los padres, con la ayuda del jardinero y la
mucama, excelente tinto añejado y champaña; la pierna ahumada de cerdo también,
lo demás lo compraron. La damita miró las etiquetas de las botellas, conocedora
de ello les dijo que el vino es suave pero por su edad debe de tener una gran
concentración, la champaña de sabor dulzón y con burbujas pedirá ser bebida,
debido a eso deberían tomarlo con cuidado y moderación.

Les dijo que estando ya pronto, siendo mediodía se daría un remojón y vestiría
para la ocasión. Ellos le dijeron que no sería necesario ponerse vestida, que no
les molestan senos visibles, si sentía más cómoda; habían pensado ponerse las
tanguitas que usaban solamente para disfrutar de la belleza de la naturaleza.
Liberal como era en su manera de ser les aceptó la propuesta.

Ya reunidos se dispusieron en círculo alrededor del arreglo, tendidos sobre el
césped recostados a los almohadones, los pibes con sus cabezas casi rozándose.
Liria vio la escena como una bacanal romana descrita por Bocaccio. Al pensar
esto se dijo que estaba algo caliente, además los jovencitos con su aspecto
púber, sin mácula, la excitaban. Sus tanguitas sensuales apretaban la
masculinidad ocultando los atributos, por detrás el fino cordón que las sostenía
hendían sus glúteos resaltándolos, firmes, parados. La intriga por lo oculto la
turbaba impidiéndole apartar la visión de los cuerpos que le parecían esculturas
griegas, a pesar de no destacarse sus músculos, por la falta de un definido
vello masculino.

Le gustaba las infantiles caras, sus ademanes y voces casi  femeninas; su
cabeza tenía un torbellino de ideas; pensó que lo mejor sería aprovechar los
licores para así escapar de las ideas turbadoras.

Por suerte la distrajo de sus lascivas ideas el llamado a comenzar el ágape que
vino acompañado de música muy suave y sensual de manera que no distrajera las
pláticas de la tertulia. Lo primero fue un brindis hasta dejar vacíos los
tazones, de inmediato las manos masculinas despedazaron las carnes para servirla
y servirse. El festín se fue desarrollando entre recuerdos felices, vasos de
vino y ejercicio de las mandíbulas. La parejita tenía ya las mejillas encendidas
cuando comenzaron a mimarse, alternando con intercambios de frases con Liria.
Besitos cálidos, alguna caricia. La chica alguna vez dirigía distraídamente la
mirada hacia el sexo de los jóvenes. Ella trataba de beber algo más que ellos
para tratar de dispersar sus ideas, pero como era muy resistente a los efectos,
estaba más caliente que con sueño. Dejó de comer primero, luego uno de ellos y
por fin el otro, la opípara comida había satisfecho sus estómagos. Siguieron
bebiendo hasta terminar el vino.

A esta altura del día, los jóvenes estaban algo incontenibles en sus deseos
personales y ella bastante caliente de verlos y no poder liberara su pasión. Y
peor cuando vio que sus pijas estaban algo duras por las mutuas y efusivas
demostraciones de amor. Se abrió la champaña para acompañar las frutas que
serían de postre. Un nuevo brindis hasta vaciar los cazos. Estimulados por el
licor dijeron a la barbie que tenían una curiosidad sobre ellos y que los podía
ayudar. Asintió. Les parecía que al coger con la pija adentro del culo la
sentían mas grande. Liria en tono de broma y riendo les dijo que tal vez el que
esta metiendo deba tener un tercero que le haga a él. Rieron por su salida.
Luego de las risas le dijeron que querían que ella juzgara. Mirando la fruta se
le ocurrió que tal vez con una pija de juguete se arregle todo entre ustedes. Le
respondieron que era una buena idea, que podían probar con una de las de ella. A
dúo le dijeron de probar allí, ahora pues con su experiencia los podría guiar.

Mi amiga se encendió como una tea. Dijo que si. Le indicó a Ives donde estaban.
Este trajo los dos íntimos juguetes. Una hermosa pija de veinte centímetros algo
gorda, con un botón rojo de girar y de otra unos veinticinco mas delgada sin
nada extra.

Ives y Claude al comenzar a mirarlas en sus manos comenzaron a excitarse, sus
vergas comenzaron a hacer fuerza en la tela de sus sensuales tanguitas. La rubia
miraba crecer los voluptuosos bultos y su concha comenzaba a enviar jugos.

Ellos se olvidaron de ella y comenzaron con sus juego erótico, besos en la boca,
en el cuello, mientras se tocaban mutuamente sus sexos sobre sus ropas.
Besándose se las quitaron. Ella por fin vio las vergas, no eran enormes,
normales pensó. Ni grande ni chica, sus formas; una algo derecha y gruesa, no
mucho grosor; la otra curva, no toda hacia arriba, algo al costado. La saliva
inundaba su boca al pensar en chuparlas, tragar la leche, tenerlas dentro.

Ives pidió que Liria dictaminara a ambos, le dio el consolador delgado e hizo
que su amigo se dispusiera abriéndole el culo. Saliendo de su ensueño por el
pedido, tomó la pija gruesa, la lamió para lubricarla con su saliva. Empujó a
Claude suave hacia delante para que su culo quedara al descubierto. Al ver la
sonrosada piel de las nalgas, que era solo algo más oscura en el esfínter, no
pudo contenerse y lo lamió metiendo la lengua dentro. Una descarga eléctrica
recorrió su cuerpo al sentir el sabor, el pibe también sintió un rayo. Empezó a
introducir la pija lentamente, el chico se estremecía de gusto. Su verga era
mamada por su pareja. Cuando la tuvo toda dentro el amigo quitó su boca y le
dijo la tocara. Palpó con un estremecimiento la verga, suavemente rozaba con la
palma de su mano temblorosa, sintiendo el calor que despedía. Su suavidad la
trastornaba. El falo dio síntomas de estar listo cuando cabeceó y una gota de
blanca e incipiente leche asomó por su agujerito. Al momento Liria se como
avalancha atrapó la punta de la verga y para que no se perdiera la gota que
pretendía caer. Tragó el néctar, sus jugos se deslizaron desde los labios de su
vagina por las piernas. Soltó el caramelo. “Es algo más grande” dijo “Veamos
contigo” para disimular su placer y pretender que solo era cuestión sólo de la
curiosidad de ellos.

Ives algo enardecido se dispuso, Claude separó sus glúteos, la pequeña vio el
agujero tan delicioso como el otro, lamió el juguete y luego el culo del pibe
para que estuvieran lubricados. “Pensándolo mejor, te sacaré un poco de tu
leche, si no te importa” dijo muy naturalmente a Claude. Este asintió. Lo mamó,
cuando sintió que se venía, le dijo que sólo un poco. Bajo nuevamente la boca y
la leche la inundó. Dejó caer la miel en el culo y lo lamió hasta acabar. El
chico gemía de gusto. Al momento y de una estocada envió a fondo el muñeco del
placer. Esta vez dijo que utilizaría la boca para dictaminar mientras movía el
falo en el esfínter del adolescente. Cuando la verga la previno de la salida del
semen apretó los labios atrapando la cabeza y lamiéndola. El néctar le llegó
hasta la garganta. Lo tragó despaciosamente saboreando cada vez que pasaba el
cremoso líquido por su garganta. Un orgasmo y otro determinaron que esta también
se notaba mas gruesa.

 Ives giró que dando con su culo en espera de la verga de Claude. Este lo besó
desde su agujero hasta el cuello, lo lamió y luego le fue poniendo la pija
despacio y disfrutando. Cuando sus bulbos dieron en los glúteos comenzó el
vaivén. “¡Ya..!” dijeron ambos a Liria. Ella miraba embelesada la penetración,
el serruchar; la exclamaciones de placer “¡Mi vida.., mete tu pija más…,
dame…, quiero sentirte dentro…!”-”¡Siente como estoy dentro de ti…, goza..
gime…mi vida…!” la hacían ver grandes nubes que impedían su visión. Deseaba
coger, ser cogida, sentirse penetrada.

Su pija se puso tensa en el culo de su pareja y los tres gimieron un orgasmo.

Liria contuvo un segundo flujo de jugos, dijo a Claude que si sentía una segunda
acabada, se concentrara en su espina dorsal, para poder evitar la salida. El
pibe se contuvo. Con el culo lubricado por la mamada, ella punteó la candela en
entrada. Cuando penetró la cabeza, el chico comenzó a bombear, el juguete
acompañaba sus movimientos entrando en su culo cuando el retrocedía.
“¡Fantástico…, bello…, hermoso.., me calienta…..!” decía la damita; “Me
gusta.., anda.., sigue…” decía Claude; “!Tu pija está grande… como me
llena…me dan orgasmos..!” repetía Ives.

Cuando se venía para acabar, ella lamió a Claude en su esfínter; al turno de
Ives puso las manos en la verga de este para que descargara en ellas, luego
bebió la leche del chico y acabó con un gritito.

Enardecida por la calentura, en su mente veía pasar estrellas, luces fugaces,
como nave espacial que recorre el negro espacio a infinita velocidad. Pero no
sabía como hacer para hacerse coger.

El ejercicio siguió Ives cogió a Claude. Acto seguido los tres se tendieron a
descansar. Mi amiga seguía navegando en la nave espacial ya no podía pensar.

Pasado unos minutos los chicos se sentaron y vieron hacia la celestina. Ella
seguía acostada pasando su mano por su concha ardiente de deseo. Vieron que
desde la vagina hasta las rodillas tenía marcados brillantes ríos de líquido. Le
preguntaron curiosamente si era su leche. Les dijo que era sus jugos
provenientes de los orgasmos, no leche. Pasaron dedos por la mojada piel del
interior de las piernas a la vez y probaron su gusto; ella se enardeció con el
suave contacto de los dedos. El sabor de el jugo de la vulva de Liria los excitó
haciendo que sus pijas quedaran como mástiles. Acto seguido ambos comenzaron a
lamer las piernas siguiendo el curso de la ardiente lava. Ella comenzó a sentir
caer rayos sobre todo su cuerpo. La suave lamida con las lenguas vírgenes de
sexo de mujer la ponía al borde de la locura. Lentamente, saboreando el néctar
de la rosada flor, intercambiándose besos con la que mezclaban su saliva con el
vaginal licor, llegaron al volcán. Ella habría sus piernas para que el ataque
siguiera, deseaba que continuaran. A la vez alcanzan la concha de ella, las
leguas batían a la vez haciendo que perdiera todo contacto con la realidad, el
ataque iba de los labios de la vagina al clítoris ardiente. Llenaban su boca de
jugos e intercambiaban su sabor. “¡Quiero más lengua…, más…, así…, que
placer…! ¡Tomen mis jugos…, bébanlos,..tráguenlos!” sus orgasmos se hacían
mas intensos. “¡Quiero verga.., pija..! No imaginan lo que es una pija en una
funda húmeda.., mojada…, caliente…es divino..quiero coger….mi concha.. mi
culo llenos de esas divinas vergas que tienen, las dos en mi boca llenándome de
leche…mucha leche…me acabo” Ya gemía, ya gritaba. Estaba los tres en el
delirio, liberado por completos. Liria envió el tal orgasmo múltiple, sus jugos
salían como agua de una gran fuente. “¡Mi fantasía…mi calentura…mi concha
quiere pija, mi culo también….llenarme de la crema caliente de ellas!”

En el paroxismo de la lujuria los detuvo. “Hoy probarán mi caliente sexo” dijo

Los hizo ponerse boca arriba, los enfrentó, luego abrió sus piernas, se las
cruzó en equis y los acercó hasta que las vergas se tocaron. Se veían como los
palos de una fragata, los dos erguidos, duros. Les dio una mamada, ellos estaban
tan frenéticamente calientes que su leche salía a gotas continuas sin lograr el
gran desenlace. A la barbie le brillaban los ojos desencajado por el fervor del
sexo. Se paró sobre ellos y descendió hasta sentir que la verga mas larga, la
delgada y curva tocara la puerta de su culo. Lentamente descendió, cuando la
cabeza quemó sus entrañas sintió que los labios de su concha eran abiertos por
la penetración de la gruesa. Comenzó a menearse descendiendo, cada meneo le
provocaba una gran salida de flujos. Otra vez comenzó el viaje a las estrellas,
al fondo en el vacío del espacio la esperaba el infinito. Cuando sintió que los
bulbos detuvieron el viaje, comenzó a moverse. Las vergas estaban muy hinchadas,
sentía sus músculos dilatarse. “¡Así.., así.., Gocen…, acaben en mi…,
llénenme de leche caliente…Sientan como mi vulva absorbe sus
jugos..Denme…más..más…Como mi interior aprieta sus vergas!” “¿Mi leche es
para ti, bebe con tu concha de ella…si…si…toma!” decía uno “¡Llenare tu
culo de caliente leche…si..menearé mi pija dentro de el…toma..toma divina
puta…!”

Los dos falos presionaron el punto ge de ella y lanzó un grito de gloria
“¡yaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh
sssssssssssiiiiiiiiiiiiiiiiiii¡”

Sus músculos se contrajeron y apretaron hasta sacar toda la leche de los
conductos. Estaba posesa, quería más. Se paró, con su dilatado culo buscó la
gruesa pija; a su concha se dirigió la curva. Se dejó caer en cuanto sintió las
rojas y calientes cabezas dentro. Los líquidos contenidos en sus esfínteres
fueron expulsados, deslizándose luego hasta caer en los pibes, que mojaron sus
dedos y lamieron con fruición. Sus vergas estaban otra vez prontas para el
ataque, Liria lo sintió y salvajemente comenzó a darle al serrucho. Sus orgasmos
múltiples se sucedieron con prisa. Gritaba en forma descontrolada, gemías, hasta
lloraba del gran placer que sentía. “¡mis pijas amadas.., mis niños divinos…,
denle verga a su mami…, claven con furia sus vergas…acaben mucho.., laman
mis jugos…aaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhh, ssssssssssiiiiiiiiiiiii!” su última acabada
hizo que casi partiera los falos con los músculos de su agujero calientes. Un
gigantesco temblor de placer recorrió todo su cuerpo como rayo. Se detuvo,
aspiró aire.

Libró las tensiones y se salió. Chupó cada verga con amor hasta dejar la limpia.
Tragó toda la viscosa crema saboreándola. Se tumbó boca arriba y quedó
quietecita.

Claude dijo “¡Te bautizaré como una nave, vaciaré mi botella en ti!” la pequeña
vio que se hacía una paja con la pija apuntando a una de sus tetas. Ives también
la bautizaría dejando caer su cremosa champaña en ella. A la vez brotó la crema
de ambas pijas, ella dejó que cayera. Al dejar de caer las besó, luego la
desparramó por sus senos, cara, por último lamió sus dedos y dejo caer los
brazos. Ellos chuparon y lamieron toda la nata, cuando sus bocas estuvieron
llenas se besaron en la boca. Luego cayeron a los lados de Liria.

Al despertar nuestra damita encontró una nota de la pareja: “Hasta pronto
profesora. Tus alumnos no te olvidarán. Nos encontraremos el año próximo listos
para el curso de verano. Esperamos traigas nuevas recetas. Te amamos. ¡Vive la
France!”

Al terminar de leer dice a viva voz “¡Vive la France!” y murmura “Sean muy
felices en su amor Jean y Claude”

 

Resumen del relato:
    La pequeña damita tiene una aventura especial con dos chicos.

Liria (06: y Boris)

Liria (06: y Boris) (11)

Liria y Boris (CAP. VI)

Recuerdo aún el retorno de nuestro jefe después de su
cumpleaños, fue una semana más tarde. Como mi amiga dijo no recordaba nada de lo
pasado, en varias oportunidades que debí ir a su oficina insistí sobre su fiesta
y sólo recordó lo feliz que pasó divirtiéndose con nosotros. Lo que más lamento
es que no recordara la orgía de sexo que le brindé.

A poco más ingresó un joven de dieciocho años, hijo de un
antiguo amigo del abogado que trabajó en relaciones diplomáticas, para hacer
trabajos de mensajería.

Este chico había pasado desde la salida de la primaria (que
fue en un colegio privado para varones muy exigente en conducta) recorriendo el
mundo. El segundo nivel lo hizo en universidades de intercambio en oriente
medio, por las dificultades de usar dos idiomas más diferentes del propio pasó
prácticamente enclaustrado. Volviendo al país el primer trabajo que obtuvo y
para poder estudiar diplomacia, a ofrecimiento del jefe a su padre, fue con
nosotros.

Es un joven de estatura aproximada a un metro setenta, pelo
castaño oscuro, ojos marrones, tez bronceada por el sol del oriente, complexión
media, apenas el bozo asomaba en sus mejillas. Me resultó atractivo, lástima por
su edad.

Muy respetuoso, nada de trato familiar, su proceder muy
victoriano. Parecía un mayordomo inglés.

Liria, como es natural en ella, ganó su confianza e hizo que
se mostrara con nosotros algo amistoso.

Después del aniversario de nuestro protector, las reuniones
en su casa de descanso mensuales se hicieron allí. Por suerte siempre
conseguíamos nuestro deseo irnos aparejadas a terminar cogiendo cada una por su
lado las reuniones. Seguíamos manteniendo en secreto nuestro hallazgo, además de
alguna vez aprovechar que el jefe se iba antes de las reuniones, para dar una
mirada a su dormitorio.

Esta fiesta sería la bienvenida de Boris. Esta vez el abogado
se excusó por que salía a visitar al padre de muchacho que estaba en otra
ciudad, dejando a Liria la libertad de usar igualmente la casa de descanso.

El día señalado se inició la reunión tempranamente como era
costumbre, aunque esta vez estábamos más distendidos por la ausencia del
anfitrión. Los entremeses y el licor comenzaron a correr entre todos de manera
mas libertina, por lo que los efectos se adelantaron. Yo ya había tomado a una
pija cuyo dueño había estado tocando mis muslos. Por allá alguien asomaba sus
zapatos y pantalones hincado detrás de una cortina mientras que una de mis
amigas escondía su piernas abiertas hacia el lado del escondido. Otros habían
desaparecido de la escena.

En un sofá mi pequeña diosa charlaba entretenidamente con
nuestro héroe del día, mientras él observaba, de vez en cuando, con aire de
desconcierto los acontecimientos a su alrededor, pero sin dejar de platicar con
ella.

Las parejas desaparecimos por el tiempo que duró este
aperitivo sexual, cuando volví estaban todos los demás preparándose para el
almuerzo. Nuestra barbie junto al joven servían los platos abundantes para
paliar el hambre ocasionada por el ejercicio.

El vino, aromático, de grueso paladar y exquisito, sabor
acompañaba la comida en la misma cantidad.

A los postres seguíamos con el negro licor, que nuevamente
comenzaba a afectar nuestros sentidos. Nuestros servidores muy rápido despejaron
la mesa quedando solo las bebidas. Allí me detuve a observar a Boris, no bebía
vino sino refresco, recordé también no haberlo visto antes, durante el
aperitivo, con una copa.

En una ida de Liria hacia la cocina a traer más botellas de
vino, me levanté para ir con ella, una pregunta me asaltaba con su conducta
hacia el chico.

A solas le pregunté sobre su charla con él, me dijo “Me contó
su vida hasta hoy. Nada de beber, es abstemio; sus noviazgos han sido muy
platónicos. ¡ES VIRGEN…! Cero en sexo. Como no hay manera de incentivarlo a
ser menos formal, comenzaré a darle en su refresco un poco de ese licor
transparente para ver que sucede”

Volvimos y comencé a seguir los acontecimientos que iba a
promover mi amiga. Mientras seguí mis juegos eróticos con otro amigo que ya
había hecho de lo suyo con otra de mis compañeras; todos hicimos cambio para
salir de lo monótono. Bailamos, y bebimos hasta la noche. Luego cada pareja se
fue retirando, quedamos seis, tres mujeres y tres hombres, entre ellos, Liria,
Boris y yo. Antes de despedirme se me ocurrió (cosas de mujeres) hacer pipí,
pues el líquido había excedido mi capacidad. Al volver mi acompañante me había
abandonado e ido con una pareja que lo había traído.

Recordé el cumpleaños del jefe con mi adorada pequeña y eso
me alegró, ambas solas para una lésbica orgía aderezada con películas eróticas
totalmente para nos.

Volví a la sala y Liria volcaba el licor que había ido
agregando al refresco directamente en el vaso del homenajeado. Mi sueño de sexo
con ella se desmoronó.

El estaba algo embriagado, pero conservaba toda la prestancia
de un caballero inglés, aunque noté que su charla era mas distendida.

Ella le decía “…verás que no es tan pecaminoso como te lo
contaron, además pudiste ver como nuestros amigos disfrutaban con alegría” Tomó
su lápiz labial se pintó la boca, vi sus labios de fuego y comencé a sentir
convulsiones en mi vagina; le dio un beso en la boca muy sensual, él quedó algo
sorprendido por la iniciativa. Ella repitió la acción un poco más profunda,
Boris dejó salir un leve suspiro.

“Te agradó” le preguntó, el asintió. “Deja que Sandra lo
haga” le dijo. Me dirigí hacia él, la verdad es que me estaba calentando la idea
de su virginidad, le estampé un beso metiendo la legua dentro de su boca. Esto
lo sorprendió y me quedó mirando con cierto asombro. Tragó saliva, se lamió los
labios y entrecerró los ojos.

Liria con una risita vivaz, tocando sus muslos lo quitó de su
ensueño. Esto hizo que se relajara. Otro vaso para Boris, lo bebió totalmente.
Parece que le estaba dando coraje el líquido. Involuntariamente paso su mano por
su entrepierna, vi que algo comenzaba a dibujarse allí. Esto nos excitó a Liria
y a mi, imaginando que habría detrás de esa demostración. Lo cierto es que el
bulto decayó.

“Probemos otra vez los besos, así irás sabiendo para cuando
encuentres una chica que te guste la manera de hacerlo. Aquí las tías son muy
besuconas, gustan de los que saben besar bien y otras cosillas, que, si quieres
podremos enseñarte con mi amiga” dijo la pequeña con mirada de súcubo hacia el
joven virgen.

“Por lo que me dices tengo mucho para aprender, realmente de
las chicas no conozco nada sobre ellas ni que se acostumbra aquí. Me gustaría me
pongan al tanto de todo sin olvidar nada” acotó él.

Mi cabeza, supongo que mi barbie también lo sentía, era un
volcán. Sentía vibraciones dentro de mi vulva, los labios de mi concha se
dilataban pidiendo verga. Mis ojos estaban nublado de deseo. Quedan unas cuantas
horas de la noche pensé, eso me dio para intentar acelerar los acontecimientos.

“¿Comenzamos?” dijo. Puso los labios para recibir los besos.
Contra mi voluntad sólo besé sus labios, sin lengua, varias veces. Lo dejé,
Liria hizo lo mismo un poco más; lo dejó. El suspiró “Quiero hacerlo yo” dijo.
Puso sus labios en los míos y comenzó a apretar mi cuello para hacer presión
sobre mi boca, dejé hacer; sentí que su lengua comenzó a lamer mis labios
cerrados; la entreabrí y comenzó a introducirla hasta tocar la mía. Aprendía con
rapidez. Tocó el turno de mi Safo. Ella entornó los ojos, el observó su boca
anhelante y la besó con calidez. A mi me empezó a palpitar el corazón, me
desesperaba la escena.

Ella pasó muy suave las manos por los muslos del incipiente
galán, tratando de ver como reaccionaba. Como de descuido rozó el bulto con la
parte anterior de la mano y la quitó rápidamente como si hubiera sido un
accidente involuntario.

Cuando dejó los besos, ella me guiñó un ojo, dando el visto
bueno por lo hecho.

“Bueno ya haz aprendido, creo que serás bueno con los besos
en la boca. Ahora iremos a algo más íntimo, pero para que no tengas temor, lo
haremos como en una cátedra universitaria con escenas de películas. Ven vamos a
la recámara”

Fuimos los tres al dormitorio, lo sentamos en el bendito
sillón directamente delante del panorámico, nosotras a cado lado de él sobre la
mullida alfombra de lana. Liria tomó el control remoto y me indicó la primera
cinta para que yo la colocara en la video.

Por el título, poco sugestivo además, recordé que era una con
escenas de sexo poco explícito, pero estimulante.

Corrió las escenas, veíamos una pareja en un sillón
comenzando la antesala de lo que sería tan solo besos de todo tipo y caricias de
cierto tono sobre los sexos. La más interesante es la que muestra el bulto de la
verga dura del hombre en la pijama.

“Ahora la clase si te parece” dijo Liria. El en su suave
nebulosa de licor, pero también con las primeras manifestaciones del instinto
sexual, asintió.

“Sandra y yo nos quitaremos toda la ropa, hazlo tu también”
Procedimos con presteza a despojarnos, yo mas que nada por que quería ver los
atributos del virgen. Nuestros sexos femeninos despedían un aroma peculiar por
la calentura reprimida. Al fin pudimos ver la pija del chico, estaba algo
flácida. Un enorme miembro grueso y largo con el prepucio recogido dejando ver
un enorme glande algo mas corpulento que el resto del pene. Imaginé el sabor de
su semen, yo estaba que explotaba; Liria no demostraba nada, pero yo sabía que
la celestina sentía tal igual que yo.

“Comienza a besarnos en la boca como sabes y sigue por el
cuello” La práctica comenzó. Nos besó una, por vez la boca, introduciendo su
lengua con cierta maestría a pesar de la inexperiencia. Aflojé mis músculos
imitando a mi amada y me dejé llevar. Con las manos, mi amiga, tomó sus mejillas
dirigiendo su besos a mi cuello; “Lámeselo con ternura” indicó. “Sigue por su
pecho” Sentí el fuego de su lengua, la caliente saliva de él comenzó a humedecer
el nacimiento de mis tetas. Siguió su lengua en mi pezón, luego de la magistral
salva de besos en cada seno, “Sorbe el pezón con suavidad” oí. Mi cuerpo se
convulsionó, comencé a dejar salir mis jugos. Mientras Liria le acariciaba los
muslos, sus glúteos. Vi cuando el lamía mi ombligo como ella le daba un beso
negro haciéndolo emitir un gemido de placer. El se detuvo, ella insistió en que
siguiera empujando suavemente su torso para que descendiera hacia mi concha, a
la vez le pasó la lengua por el culo con suavidad. Vi las manos de ella
acariciar a Boris entre las piernas, en mi posición no apreciaba el suceso,
luego vi desaparecer los rubios cabellos descendiendo. El tenía la cadera
levanta, el dorado pelo de ella surgió delante, entre las piernas del cabrón. La
verga estaba muy parada, su punta púrpura y brillante, se la tomó con ambas
manos, luego desapareció parte en la boca de ella que gemía de placer al
engullir la superlativa pija. í‰l sumergió su lengua en mi concha lamiendo con
desenfrenada pasión, sus labios apretaban mi coño, luego los labios de mi
vagina. Me hizo acabar al fin, cuando sintió el sabor de mi placer lamió más
aún. Puso sus labios en mi concha haciendo ventosa y paso su lengua por dentro
de mi, al instante me convulsioné por un orgasmo múltiple, apreté su cabeza con
mis piernas en el estremecimiento y dio un grito de angustia y placer. Boris
había acabado, ambos acabamos; los tres acabamos a la vez; lo supe al oír dar a
Liria un largo gemido sin soltar la verga que entraba en su boca abultando una
de sus mejillas.

El ex eunuco se irguió con los ojos cerrados y gimiendo, mi
amiga seguía encarnizada en la verga. Sin soltarla seguía absorbiendo la crema
acompañándola con un vaivén de su cabeza, que a la vez Boris le indicaba con sus
manos sobre el dorado pelo. í‰l gimió a cada salida de su semen, conté tres
gemidos. A la celestina se le comenzaron a abultar las mejillas, estaba
recogiendo en su boca las descomunales acabadas del joven semental. í‰l se salió
unos minutos después de la tercera y se dejó caer agotado.

Liria con su boca llena del caliente calostro, vino a mi,
posó sus labios sobre los míos en un excitante beso, abrí la boca para que
depositara parte de la leche que contenía. La cantidad era formidable, de gusto
y aroma fuertes que invadió mi pituitaria. Mi amante dejo el beso y se puso
recostada a mi lado, lentamente ambas abrazadas comenzamos a tragar el semen
saboreándolo y acabándonos a la vez.

Boris había perdido parte de su virginidad con el doble
placer de sentir como se acaba y como es el sabor del jugo de una concha deseosa
de sexo.

Luego de un intervalo, mi pequeña reinició los juegos de sexo
que comenzaron con la demostración de un sesenta y nueve entre ella y yo. Se
inició con besos en la boca, con las lenguas buscando en las salivas el gusto de
la mezcla de jugos apasionantes. Nuestras conchas tenían los labios abultados
por el deseo, sus coños asomaban refulgentes de calentura. Las manos los
recorrían en una vorágine de placer. Los dedos mojados los lamíamos con gula.
Nos cruzamos los cuerpos y avanzamos sobre las tetas, los pezones eran chupados,
siguieron lenguas en el ombligo, el monte de Venus. Por fin casi al borde del
orgasmo alcanzamos nuestros coños. Los chupamos hasta que nos llegó un orgasmo
múltiple a ambas, acto seguido libamos los jugos hasta el agotamiento.

Nos recostamos y miramos hacia Boris, sus ojos estaban
desencajados y brillaban con un brillo libidinoso. Se hinco con una pierna a
cada lado nuestro, vi la pija en todo su esplendor. Esta vez me tocaba beber el
cremosos licor directo de la botella, así que la tome del gollete.

Con una mano a continuación de la otra agarré la enorme pija,
su cabeza quedó lejos de mis dedos, tenía la forma de una palta sólo que su
color era púrpura brillante. Al instante su agujero se dilató dejando salir muy
lento un poco de leche que se desplazaba como lava ardiente por la ladera de un
volcán. Mi excitación estaba casi incontrolada, deseaba que saliera poco más,
contuve mis orgasmos. Cuando creí suficiente con una mano comencé a extender la
crema por la verga, eso me excitaba. Liria le hizo contener a Boris una soberbia
acabada diciéndole “Trata controlar tu sexo, evita acabar, concentra tu mente en
tu espina dorsal haciendo que ese placer recorra tu cuerpo y podrás hacerlo”
Realmente fue magistral la acotación, pues, el orgasmo de él quedo en suspenso y
su pija se puso mas tiesa aún.

De tanto frotar la leche con mi mano sobre la verga se
convirtió en una crema muy espesa, blanco amarillenta, el aroma era muy fuerte;
otra vez mi pituitaria fue invadida, mi sexo emitió sus jugos en un orgasmo.
Mientras mi bella aprovechaba para lamérmelos besando con pasión mi concha
caliente in extremis. Abrí la boca haciendo que la palta púrpura se perdiera en
ella, apreté con mis labios en la unión del prepucio y pasé mi lengua
rodeándola. Boris gemía tratando de controlar la salida de su leche y por el
placer que mis lengí¼etazos le causaban. Mi chica seguía hurgando mi fuente, me
llegó otro orgasmo, ella lo sintió lanzando un gemido de placer y replicando con
otro; al mismo tiempo apreté con mis labios la pija, desplacé su forro para
sentirla mas dentro de mi boca y Boris me lanzó una bomba de leche caliente que
llegó hasta mi garganta. No podía creer la cantidad, me sacó de este pensamiento
otra brutal acabada y otra seguida. Mi boca estaba llena a tal forma que
dilataba mis mejillas. Boris cayó después de minutos a mi lado. Comencé a
saborear, tragando muy lento, la leche. Guardé un resto que pasé a Liria de la
misma forma que ella lo había hecho conmigo. Luego un poco de reposo para seguir
acabando en silencio a medida que el sabor seminal se diluía. Me abracé a mi
amiga y dormimos. Boris ya dormía el sueño del guerrero.

Una voz me despertó “¡….sigamos!” escuché, abrí los ojos.
Mis compañeros de orgía estaban despiertos, no supe quien despertó primero de
ellos. Boris sobre Liria mostraba su pija mientras con la otra mano le tocaba el
sexo metiendo un dedo en su concha.

Le quité la mano que agarraba la enorme verga y comencé a
tratar de hacer que le saliera un poco de su leche, a medida que le salía mis
masajes la fueron convirtiendo en crema blanco amarilla. Mi amiga adivinó la
intención.

Se puso al borde de la cama en posición perrita en celo. Con
el chico tomado de la verga lo movilicé hasta que quedó de pie sobre la
alfombra. Apunté su pija a la concha de ella, previamente besé los labios
vaginales para que enviara sus jugos. Acerqué la enorme palta púrpura al agujero
rosa brillante de la perrita, cuando sintió el calor la concha se dilató
abriendo el camino. La pija empujó su cabeza dentro, a medida que penetraba los
labios se estiraban tratando de tragar el enorme bulto. Vi salir jugo fuera con
un poco de leche ante el frenético empujón que hundió la cabeza y parte de la
curva cimitarra.

Cuanto la cabezota penetró, Liria emitió un corto quejido de
placer, a medida que el gusano entraba en su cueva el gemido se hizo mas
prolongado disfrutando del avance de la penetración. Ella forzó hacia atrás para
sentirlo en toda su dimensión. “Dame lechita, ahhh, así…” murmuraba. El se
paró, arqueó su cuerpo hacia atrás y la verga entró un poco más. A la vez la
penetrada dejó caer cabeza y hombros sobre la cama, elevó su cadera, tomé sus
nalgas abriendo la hendidura, vi como diez centímetros de pija aún fuera de la
funda que le brindábamos. í‰l tomo sus nalgas apretando mis manos,

comenzó a levantar y bajar las caderas de la caliente barbie
hamacándola sobre su enhiesto y duro palo mayor. Cada vaivén hacía que salieran
los jugos que había dentro de mi muñequita de placer, sonidos y líquido salían
de la ocupada cueva bañando la pija. El espacio entre el agujero de la gozosa y
el cuerpo del delirante joven era suficiente, puse mi cara tocando glúteos de un
lado y abdomen del otro, abrí la boca y bebí la leche que escurría junto con los
jugos vaginales. Pasé mi lengua cual la del camaleón, dando latigazos a lo largo
de la ardiente candela hasta llegar al culo de ella.

“Quiero mas leche…, dame más…, empújala mas adentro” oía,
“Toma pija, verga, leche” replicaba “Alcanza mi punto G, así…., así….”
volvía la primera

Entre frases y sonidos me acabé varios orgasmos múltiples. El
joven sacó la cimitarra de su funda después que Liria se estremeció con el tal
orgasmo. Su arma seguía queriendo desgarrar carne. Yo estaba a mil, no, diez
mil. Me puse como perrita en celo y tomando la punta del mandoble lo puse en mi
concha. El sintió el calor y envió a guardar la pija dentro de mi. Cuando la
palta abrió mi cueva de placer, mis labios se estiraron a rasgarse, sentí un
breve dolor que me dio más deseos de poseerla. Empujé mi cuerpo hacia atrás con
fuerza, a la cabeza siguió el cuerpo de la verga. Lancé un alarido de gozo,
varios orgasmos salieron tropel, mientras la leche desbordaba mi concha. Comenzó
a hamacarme sobre la descomunal pija y yo a acabar, a cada movimiento me daba un
envión de leche y yo una salva de jugos. Cambió el movimiento en un adelante y
atrás muy rápido, me puse a esperar el huracán; sentí los huevos pegar contra
los labios vaginales, al tenía toda hasta el nacimiento. El robusto tronco me
penetraba una y otra vez. Se detuvo, sentí moverse el gusano dentro y arrojar
toneladas de leche, abría las piernas para que mi cuerpo quedara colgado de la
verga y tres orgasmos múltiples me enviaron a la lona. Para terminar la juerga
me monté sobre Liria y nos mandamos un descomunal sesenta y nueve.

Nos dormimos festejando la victoria. Liria cerró diciendo
“Reprimirse en el sexo es causa de trastornos emocionales e infelicidad, hay que
darle…..” y se durmió placidamente, Boris roncaba profundo, yo seguí.

 

Resumen del relato:
    Los gustos sexuales de la pequeña dama continúan.

Liria (05: y Sandra)

Liria (05: y Sandra) (11)

Liria y Sandra (CAP. V)

Mi amiga Liria tenía una cantidad muy grande de argumentos
para saciar su sexo, nada le parecía demasiado, por el contrario, cuando su
concha se calentaba ardía con una llama voraz y debía de apagar el incendio.

Nos veíamos todos lo fines de semana, pláticas de sexo era el
tema preferido; su anecdotario era jugoso y por lo general terminábamos en unas
orgías de juguetes sexuales indescriptibles.

Tenía un arsenal de lo más variado para placer de nuestras
conchas, por otro lado servía para ejercitarme para los placeres con mi amante
de turno; era como hacer maniobras militares para estar preparadas para
cualquier batalla. Nunca nos insinuamos en tener sexo lésbico.

Aprendí de ella a hacerme exámenes médicos propios de nuestro
sexo para que las armas siempre estuvieran prontas; además también a asegurarme
que mi pareja fuera de las mismas costumbres en cuanto al cuidado de su físico,
pues, no me gustan las pijas con guante quirúrgico “Es como chupar un chupete”
decía mi buena amiga “de la tetina tapada no sale leche y eso es inaceptable
para mi”

Llegó un día en que, Liria tuvo la iniciativa como siempre,
de hacer una reunión de oficina. Nuestro jefazo enterado nos prestó para ese fin
su casa de descanso que hacía tiempo había dejado de usar desde que su hija
Julia se fuera ya casada a Londres.

El viejo leguleyo además cumplía años de edad, sesenta y no
quería estar solo.

A nuestra barbie le pareció magnífica la iniciativa e hizo
las diligencias del caso, recibió como adelanto la posesión las llaves de la
casa quinta delante nuestro.

El día anterior a la reunión fui con la pequeña a ver el
lugar en el automóvil de ella, obsequio de Aarón. La residencia era enorme,
aunque era de pocas habitaciones. La entrada daba a una enorme sala con una mesa
oval para doce personas, las sillas eran de madera muy pesada como la mesa,
parecía la de los caballeros del rey Arturo; el piso totalmente alfombrado;
armarios con vidrios y espejos guardaban objetos de todo tipo.

Luego, a un lado había una enorme cocina como de restaurante,
no faltaba ningún tipo de elemento que quitara comodidad al cocinero. Esta
conectaba con un despensa que estaba atestada de comestibles y bebidas.

Al otro lado de la sala un gran dormitorio, el mobiliario era
de madera de similar estilo al salón. La cama era enorme, sostenidas en patas
que la sostenían eran altas hasta el techo ( el techo era bastante bajo poco por
encima de la dos puertas que tenía) para sostener una especie de toldo de cual
pendían cortinas por los cuatro lados, la tela esta era muy pesada, terciopelo
muy grueso en rojo y con bordado dorado. Denotaba tener colchón muy alto, que
palpé y noté que era de agua, debajo del tendido que era de seda bordada.

El decorado era peculiar, una reproducción de La maja
desnuda, una sílfide muy hermosa junto a un macho cabrío apuntando con su falo
al sexo de la jovencita, una venus despojada de su túnica mostrando en forma
insinuante su sexo y mirando hacia el lugar del reposo a poco de la enorme cama
un espejo muy grande que reflejaba las grandes almohadas de pluma del lecho
iluminado desde la parte superior con una luz de color negro hacia el reflejo
(como los cuadros de las galerías de arte pero de luz negra), un sillón muy
moderno de aire y material transparente. El viejo tendría problemas de glúteos
por las sillas de la oficina.

Ambas tuvimos la misma idea al ver aquello nos miramos y sin
decir nada avanzamos hacia el gran armario empotrado en la pared. Revolviendo
encontramos una tv panorámica, un reproductor vhs, cintas de películas que a
juzgar por los títulos eran de sexo explícito. Por último una caja con una
muñeca inflable muy cuidadosamente guardada con todos sus atuendos en las
gavetas; una lencería envidiable, aunque de talle grande para Liria y pequeños
para mi. Después de esto no había más nada y seguimos la inspección.

Nuestro comentario volvió al sexo referido al hallazgo, pero
quedando a los sucesos del día siguiente.

La puerta siguiente de el dormitorio daba a una sala de baño
con todos sus artefactos y el agregado de un bello yacuzi que daba a un
patiecillo íntimo a través de una gran puerta de vidrio. A su vez este lugar
comunicaba con la sala grande. Otra puerta en el salón daba a una pequeña sala
de aseo con los artefactos necesarios, inodoro y lavabo.

Así era la casa de descanso. Hicimos los pedidos por teléfono
de lo necesario que notamos faltaba en la despensa y las extras de una fiesta.

Volvimos para regresar al día siguiente antes de la llegada
del abogado. Todos preparamos la recepción que se concretó dos horas más tarde.

Liria encabezó la bienvenida con el consabido cántico de
cumpleaños, nuestro jefe lagrimeó, nuestra muñequita le frotó las lágrimas y a
modo de largada le tendió un gran vaso del licor preferido que acompañamos con
un brindis de “fondo blanco” todos nosotros.

El aperitivo duró dos o tres horas, la botellas se vaciaban,
todos entonamos cánticos a la vez de canciones diferentes y parloteábamos al
unísono los mas variados temas que eran, a esta altura de sexo. Cinco hombres y
cinco mujeres conté antes de comenzar a ser invadida por los vapores de licor en
mi sangre y empezar a sentir el deseo que esto terminara en una orgía, pues
había uno o dos compañeros que me querían coger y no me gustaban, pero a esta
altura ya estaba el horno encendido.

Llegó la hora del ejercicio de los masticadores, aquí el
licor de líquido dorado o incoloro, dio paso al de color negro y corpulento. Un
par de horas calculo que duro.

Seguimos con la música y nuestra pigmea alta comenzó con la
danza organizando un gran baile.

Nuestro anfitrión no había cambiado de licor, seguía con el
mismo gusto desde el principio. Miraba nuestros avances, escuchaba atentamente
nuestras frases. Lo miré a él, primera vez que lo veía con atención, es un
hombre estatura media, atlético para su edad, supongo que por el ejercicio de
caminar, no denotaba sus sesenta.

El día se hallaba entre las luces del atardecer y el ambiente
marcaba un vapor de coger, alguna vergas se mostraban en todo su esplendor a
pesar de estar los hombres vestidos, las frases eran invitaciones directas. Las
manos recorrían conchas y pijas. En un rincón Berta le daba la tal mamada a
Eugenio. El jefe veía en silencio.

Poco a poco se fueron despidiendo las parejas, había llegado
la hora de irse a darle con todo a los desbocados instintos de la lujuria.

Liria y yo no logramos aparejar, pues uno de los invitados
había caído por la ingesta y quedaba el jefe algo alcoholizado pero aún en pie
de guerra para darle al trago.

Yo me dediqué a tratar de reanimar al caído y Liria a tratar
de que nuestro albacea se retirara a descansar.

Mi tarea demoró mas de lo previsto, tuve que levantar al
caído en el jardín como a treinta metros de la casa e intentar de alguna forma
reanimarlo para introducirlo en su auto. Tardé unos treinta minutos.

Volví, silencio por doquier, me detuve; me dirigí al
dormitorio.

Antes de entrar me detuve, algo me lo impidió. La voz pausada
del jefe. Presté atención “Mira que manera de coger, esa verga enorme como le
sacude los labios mientras ella se la chupa. Ahora cuando se la mete en el culo
como ella siente la pija dentro y comienza a tener los orgasmos a cada vaciada
que le manda el tipo. Sus gemidos me ponen a mil. Pon otro video, el que dice
Amor colgado”

Aquí me intrigué, estaba caliente, imaginaba las imágenes que
comentaba y mi concha deseaba coger. Busqué mejor posición para observar sin ser
vista, la encontré en el yacuzi observando por reflejo el espejo de este que
daba al enorme del dormitorio, la escena era panorámica. El jefe desnudo con la
pija parada sentado en el sillón de aire, Liria también, sentada al borde de la
cama y mirándose ambos.

Pude ver, aunque algo de lado la imagen en el panorámico, ya
estaba el video nuevo y ella manejaba el control remoto.

“Que la cinta corra hasta donde está el número doscientos
veintitrés, ahora en marcha normal” dijo la voz del hombre.

“Ahí hay un perro con la verga parada y una mujer con la
concha en posición de que se la meta dentro” dijo ella.

Si, la mujer de la película estaba en posición canina
esperando que el perro la montara; empecé a sentir un orgasmo incipiente con las
imágenes de la cinta y el recuerdo del relato de Liria y Jazmín.

La escena mostraba ahora a la mujer en ángulo sobre un diván,
las piernas colgando donde se podía ver el perro sobre ella con las patas
delanteras a cada lado de su cuerpo, las traseras en el piso, con una enorme
verga muy roja dirigiéndola a la concha que ella habría tirando de cada nalga
con sus manos. El can, un gran danés, daba vaivenes intentando penetrar ese
agujero que dejaba caer gotas de la leche que le había chorreado el mastín. A
cada rociada ella gemía. La toma cambió, se veía desde bajo la pija enorme con
dos bolas en la parte que aun la funda mantenía oculta, la concha abierta, los
puntazos del miembro divino y sabroso se apreciaban en todo su esplendor.

“Eso está divino decía la fémina, me estoy mojando” mientras
su mano paseaba por los labios vaginales rozando al tiempo su clítoris.

“Mira como gotea la mía, como el blanco caliente se ve con la
luz negra” replicaba la otra voz.

Ambos se miraban y mojaban sus labios con la lengua. Seguían
viendo la bella cogida que continuaba con suspiro de la actriz.

Otra toma desde atrás y debajo de los actores mejoraba la
vista de los labios abultados de la vulva sin vello, un clítoris superlativo, la
descomunal verga púrpura de calentura con sus bolas mas grandes aún dentro de la
piel. Los vaivenes arreciaron hasta que la penetración se colmó. Cundo la piel
del enorme miembro se corrió hacia atrás descabezando el gusano, se notó que las
bolas entraron por la dilatación que produjo en los labios de la cocha femenina.
Luego se pudo ver, pues, a cada retroceso del mastín la boca de la concha se
habría algo por los bultos que no podían salir por la presión de los vaginales
que querían tragarse todo.

“Eso me hace acabar” decía Liria “como me gusta, me calienta”

“Me sigue corriendo leche de mi pija, es divino”

Yo me estaba masturbando, quería sentir vergas dentro de mi,
una sola no era suficiente en ese momento.

Las personas del dormitorio se miraban y seguían con el juego
personal. La pija del jefe no era grande en largo, pero si robusta y tenía una
gran cabeza el gusano, muy poco vello. Quería darle una gran lamida.

La concha de mi barbie tenía reflejos de los líquidos que
salían de ella. Quería darle otra lamida.

La filmación seguía desde la misma posición. La verga del can
era gruesa como mi antebrazo donde se coloca el reloj, donde estaban las dos
bolas como mi mano cerrada en puño. El gran danés siguió largo rato bombeando
leche dentro de la vulva, gemidos y gritos de placer salían del dormitorio,
acompañando los cuadros. En un momento hizo un giro, la dama lanzó un gran grito
de delirio, sin desconectar su pija de la concha de la mujer quedó en oposición,
quedando los culos besándose. Cesó su vaivén, la concha estaba dilatada por la
pluscuamperfecto miembro que contenía.

Se veía el cancerbero quieto, con las patas traseras tiesas y
extendidas, sus ojos se cerraban a pocos minutos dando la muestra que estaba
largando los chorros mas grandes de su caliente semen sin moverse. Cundían
gemidos y gritos.

El jefe tenía la leche cremosa alrededor de su pija de tanto
masajearla; Liria estaba en un orgasmo perpetuo, apretaba sus piernas con la
mano acariciando su concha con desesperación.

Yo tenía dos o tres dedos en mi vulva y le daba a mas no
poder. Tampoco dejaba de mirar, no quería perder nada, eso hacía que no pudiera
acabar. Me gustó calentarme de esa manera, pues presagiaba que si lo hacía
perdería el final.

Vi que el perro trataba de desenganchar su carga, tiraba,
pero el enchufe estaba atorado.

Las bolas y los labios de la concha eran una sola cosa. En el
esfuerzo arrastró el cuerpo femenino hasta que se salió del lugar donde reposaba
quedando colgada de la enorme verga sin que sus pies tocaran el piso, la escena
era delirante, yo veía que mis ojos se nublaban de sangre, la calentura que mi
cuerpo y mi sexo despedían podía incendiar la casa.

De pronto la mujer cayo al suelo, allí vi el enorme falo del
mastín, era como dije y colgaba con un tamaño que en largo era desde el puño al
antebrazo mío. La mujer quedó en un gemido agónico de placer denotado por los
temblores de su cuerpo, como se encogía y la forma de apretar su sexo con las
piernas. Luego quedó tendida. Aquí finalizó el filme.

Adentro, Liria y el abogado se miraban, ella se levantó, se
puso delante de él, se arrodilló, le separó las piernas, tomo la verga con suma
delicadeza viéndola mientras sus lengua remojaba sus labios. Le corrió la piel
dejando la enorme cabeza del gusano fuera que aumentó en color y tamaño. Con
gran maestría comenzó a chupar, la lengua en la punta, con ella la rodeaba, la
metía dentro de la boca, así varias veces. Se detenía, miraba y escuchaba al
hombre. Repetía el rito, a los breves minutos él se encogía despacio y se
extendía rápido emitiendo un gemido, ella cerraba los ojos y se tragaba la tal
cantidad de leche. Una de sus manos seguía dándole a su sexo. El le mandó otra
acabada, un gemido y cayó para atrás. Barbie se detuvo, esperó, se levantó con
rapidez, puso el oído en el corazón del viejo general caído, se irguió y dio un
suspiro de alivio. Allí miro la verga algo dura aún y le terminó de mamar para
su placer.

Yo quedé tiesa, petrificada con lo sucedido, recordé como
había acabado Aarón.

Si poder moverme me encontró mi amiga, aún tenía mis manos en
mi concha, sin tanga ni falda, nada me cubría estaba desnuda, porque me había
ido sacando la ropa esperando en participar en un trío, en esa orgía.

Me miró con sorpresa, sin inmutarse demasiado me volvió en mi
diciendo: “Es la primera vez que lo hago con él, le debo mucho de lo que soy. Es
un hombre muy honesto, aunque solitario, luego de enviudar se casó con el
trabajo alejándose de la sociedad, la oficina y esta casa son su pequeño mundo,
su amante es la muñeca de aire me dijo entre la nebulosa del alcohol. Ahora esta
como hipnotizado, le pasa siempre que toma más de su rutina, escucha, ve,
siente, sólo que no habla; hace todo lo que se le dice como robot y mañana no
recordará nada de lo que pasó luego que se levantó de la mesa.

Es mi regalo de cumpleaños aunque lo olvidará por completo”

La miré pensativa, en el fondo yo seguía con ganas de coger y
se me ocurrió algo.

Le pregunté si podía darle el mismo regalo que ella.
–”Podemos terminar de regalarle hasta que definitivamente caiga dormido que será
cuando la pija deje de estar tiesa”-

Besé su boca en un arranque de lujuria, realmente deseaba
lamer la boca de Liria y probar el sabor que le había dejado la leche que había
tomado; ella dejó hacer, luego me tocó la concha con gran maestría, separando
los labios de ella rozó mi coño encendido, al instante acabé. Después rodeó mi
cintura conduciéndome al dormitorio, el hombre. El estaba de pija medio dura
recostado sobre el sillón de manera tal que le emergía plenamente, se la miré,
busqué los ojos de mi amada; ella se dio cuenta de mi intención. Me hizo
arrodillar entre las piernas del alcoholizado, tomo con suavidad mis mejillas
conduciendo mi boca a la verga. Comencé a lamer la cabeza del falo replegando su
piel con mis labios; comenzó a tomar forma, dentro de mi boca sentía como su
diámetro crecía, como su punta aumentaba en calor. La pequeña besaba la boca del
hombre, este respondía tocándola en las tetas, metiendo su dedo mayor en la
vulva, luego en su culo. Ambas gozábamos, gemíamos de placer.

La pija, muy gruesa ya, comenzó a largar gotas de caliente
calostro en mi boca, me llevaba al éxtasis. Extendí mis piernas, mi cadera quedó
levantada, en esa posición la pija me colmaba más, podía saborear mejor sus
jugos candentes que aumentaban en cantidad. Barbie dejó sus delicias, yo seguí
mi rito. Sentí que mi concha era invadida por un volcán de calor, Liria me
estaba chupando por detrás, metía su lengua en ella y al instante lamía mi culo.
Los vaivenes de su lengua por la hendidura me llevaban al paroxismo, comencé a
tener un orgasmo, luego otro. La ceremonia seguía, la pija me envió una andan
ada de leche que casi me ahoga, orgasmos múltiples me invadieron. Quería
sentirla dentro. Saqué mi boca de la fuente conteniendo la crema en ella, me di
vuelta hacia mi Safo, nos abrazamos, puse mi boca en la suya y le pasé todo el
contenido, le indiqué antes de que la tragara toda que la pasara a mi concha.
Hecho eso con expertas lamida de ella acabé nuevamente, con mi vagina llena
busqué la verga, la dirigí a mi concha y me dejé caer con lenta energía. A
medida que mi vulva se dilataba por la penetración, me vinieron orgasmos que
hicieron chorrear el semen entre mis piernas. Liria observaba masturbándose, al
ver el espectáculo de mis piernas abiertas, se reclinó y comenzó a lamer desde
el nacimiento de la pija hasta el extremo de mi coño enrojecido de calentura
toda la mezcla. Alguna vez succionaba con fuerza sintiendo el sonido de la
aspiración y otro orgasmo me hacía apretar las piernas. No se cuanto duró.

Cuando casi me agotaba cambiamos la táctica, Liria se puso la
candela dentro de la vagina y yo chupaba el coctel. La verga comenzó a
desinflarse el tiempo había terminado.

Sentadas al borde de la cama miramos la flácida pija. Nos
miramos comenzamos a besarnos para probar nuestras bocas cada una con su sabor
especial, después de unos orgasmos me hizo poner de culo para arriba, volvió al
juego de recorrer la hendidura uniendo con su cálida saliva los dos agujeros.
Luego me tocó hacérselo a ella. Nuestro éxtasis estaba al borde del paroxismo.
Los orgasmos seguían en rápida sucesión. Cuando nos vimos llenas las conchas de
jugos, nos cruzamos haciendo que esos labios se besaran con un roce de clítoris.
Como final hicimos un sesenta y nueve hasta que nuestras energías nos dejaron,
quedando ambas desfallecidas en la cama.

Despertamos al día siguiente aún cruzadas la una con la otra.
El abogado dejaba salir ronquidos desde su garganta indicando que su sueño sería
aún muy largo. Nos aseamos y nos fuimos a la oficina.

Otra vez a la rutina de papeles, pero con algo más para mi
experiencia con mi amiga Liria.

 

Resumen del relato:
    Otro picante encuentro de nuestra heroína

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