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Liria (09: y Francia)

Liria (09: y Francia) (11)

Llegó como siempre las consabidas vacaciones de Liria. En
éste tiempo ella se desaparecía yendo a su amada Francia. Flor le legó su
departamento y la cafetería donde se conocieron, además de la administración de
su mansión para fines filantrópicos.

Desde entonces, según me dijo, hizo modificaciones ampliando el local; dando más
cabida a sus parroquianos y por otra parte le dio la alegría contagiosa de su
personalidad. Gracias a su actitud, las gentes “diferentes”, se sentían con el
más profundo agradecimiento a la barbie y como todo negocio bien manejado
florecía.

El departamento lo había acondicionado a su gusto: amplia sala, dormitorio muy
cómodo, habitación para eventuales huéspedes (entre los que me contaba yo como
su invitada y por razones de querer terminar mi carrera profesional trunca, aún
no había podido ir), cocina con todos los accesorios modernos, el cuarto de baño
mantenía las características de su antiguo origen con grandes y ostentosos
aparatos incluyendo una tina de baño de hierro esmaltado; por ser la buhardilla
se accedía a un gran azotea exclusiva directamente, mi amiga la había mandado
cercar, poner una alfombra muy mullida de césped artificial, almohadones como en
un harem y flores naturales con un jardinero que conoció en la cafetería. Esta
terraza era para broncearse con el sol del verano boreal, pasarse totalmente
desnuda como lo hacía cuando estaba en casa y disfrutar de la naturaleza en el
viejo barrio francés.

En esta oportunidad mi amada pequeña pasó todo sus asuetos en París, cuando
volvió intrigada le pregunté la causa y me relató su aventura.

Después de llegar fue al departamento, se tomó un tiempo y se dirigió a su 
cafetería “Chez Jeune”, nombre dado por cierta película de los años cincuenta o
sesenta francesa relacionado con una casa similar. El administrador la recibió
con la característica cortesía francesa, informándole y poniéndola al día con
los sucesos durante su ausencia.

Entre estos estaba también los chismes sobre los asiduos parroquianos. Esto lo
hacía a pedido de ella, pues para no cometer errores en el trato a sus clientes
y mantener la calidez que tenía el ambiente particular que creó.

El chisme más importante trataba de cierta pareja que hacía un par de meses
frecuentaba el local. Se trataba de dos adolescentes, a poco de llegar a la
mayoría de edad, que habían sido expulsados de rancias y antiguas familias
conservadoras francesas por los propios parientes. Como parte de la tarea, el
administrador, los había enviado a la mansión Flor para que pudieran solventarse
gastos haciendo alguna tarea que pudiera proporcionarles dinero.

Liria le pidió le presentara a esa pareja en cuanto se hicieran presente. Dejó
al francés y fue a su lugar, el reservado que otrora fuera de Flor. Le trajeron
una champaña francesa y cigarrillos. Ella vestía como aquella vez, falda negra
muy corta, blusa de seda negra transparente y ropa interior roja, labios
pintados rojo fuego, el mismo perfume, medias labradas y zapatos negros de
tacones muy altos. Cuando ingresó desde la puerta posterior del reservado los
parroquianos la miraron y la mayoría levantó  su copa para brindarle la
bienvenida. Al rato cuando se interiorizó de la concurrencia comenzó a
saludarlos mesa por mesa. La música estaba en el aire, las parejas charlaban,
bebían, bailaban. Las luces tenues del ambiente permitían a algunos dúos liberar
sus manifestaciones de sentimientos con cierta libertad. La bohemia damita
amenizaba todo, se unía a las pláticas y a las parejas en danza, dando confianza
y familiaridad.

De vuelta a su mirador, el camarero un gesto desde la barra, le indica que vea
hacia la entrada. Liria gira, ve dos jovencitos casi púberes vestidos
correctamente, que sobresalían por su aspecto entre los demás presentes. Nada de
bohemio en ellos, cabello muy bien cortado, ambos de pelo oscuro sin ser negro,
cutis blanco, muy escaso bozo, con cara de niños, ojos claros y cejas finas.
Vestían camisa, que sin ser formal, era elegante y fina. Pantalones de buen
corte y muy caros zapatos.

Al llegar a la barra el camarero les indicó que fueran hacia la pequeña.
Llegaron y quedaron mirándola con aire de pregunta. Les indicó sentarse. Lo
hicieron frente a ella que les preguntó que había sucedido y por que
frecuentaban ese lugar.

Respondieron que los había traído su jardinero, empleado de una de las familias,
que a su vez la conocía a ella por ser quien mantenía su jardín. Y por lo que
sabían frecuentaba por aquí. La causa fue cierta falta que ellos cometieron que
fueron expulsados de sus hogares y de las familias.

Ella quiso saber sobre delito cometido para tener la tal pena. Como sabían lo
comprensiva que era nuestra damita, por dichos de personas que conocieron allí,
además por la propias palabras del jardinero, le confiaron que en una fiesta
familiar los encontraron dos parientes besándose en la boca en el retablo de la
mansión.

La noticia llegó a sus respectivos padres y esa misma noche fueron desterrados
de sus casas para siempre.

Ella les dijo: “Por lo pronto vean que aquí nadie se admira o espanta por ello,
son todas personas que desean vivir su amor y felicidad tal cual cada uno la
siente. Miren aquellas chicas besándose y acariciándose. Aquellos dos caballeros
en una amorosa actitud de enamorados. Por aquí o allá ven caras de gentes
felices de ser como son. También vean a quienes son parejas heterosexuales en
las mismas situaciones sin dejar de ser discriminantes con sus congéneres. Aquí
se puede vivir lo que alguna parte de la sociedad aún ve con ojos antiguos, la
moral solo es inmoral cuando agravia física o sicologicamente a la persona. Los
que segregan son los agresores y no los agredidos”

Luego que nuestra abogada diera el discurso de la defensa les preguntó si
pasaban la noche en Chez Flor para pedir a Pierre (el chofer de Flor) los
viniera buscar; le dijeron que no pues no había habitaciones disponibles,
dormían en este reservado o en el retablo cuidado por el jardinero que los
dejaba entrar a hurtadillas.

La damita, viendo la triste situación de los jovencitos, les ofreció su hogar
hasta que consiguieran ubicarse mejor. Siendo algo tarde los guió hasta el piso,
al arribo les indicó las exigencias de primer orden en su casa: aseo y armonía.
Luego los llevó a la habitación de huéspedes donde había un par de camas
individuales. Después de su consabido baño, cenaron un refrigerio y se
acostaron.

Transcurrieron unos días, la amistad crecía junto a la confianza. Durante el día
el dúo laboraba, en la noche el encuentro en la cafetería donde ya se
manifestaban una parejita feliz, más tarde el hogar de su protectora donde
retozaban, cambiaban bromas y sentían como en casa. Ella cuidaba de ellos como
hermana mayor disfrutando los avances en la relación entre los tres, siendo tal
la familiaridad que se mostraban en bata como cuando yo era su visita.. Mi
barbie observaba que los interiores de ellos habían cambiado al gusto de las
suyas, muy insinuantes.

Una noche la pequeña siente la necesidad fisiológica de ir a hacer pipi,
despierta, oye que sus protegidos hacen cierto ruido y murmuran algo. Se
levanta, la puerta de huéspedes no está total cerrada, ve luz, mira por el
entorno y ve que están cogiendo. Al instante recordó a Boris y Daniel, su mente
se turbó un poco. La verga de Claude estaba dando al culo de Ives (nombres de
los pibes) “Dame clávame la pija, así.. así..” decía “Toma siente mi verga
lanzando leche dentro de ti, toma…, toma…” replicaba el otro.

Liria dejo rápido el lugar, fue a la sala de baño, se masturbó un poco e hizo su
necesidad.  Al dormir nuevamente soñó el recuerdo del mandadero con su
abogado y los acontecimientos que siguieron, al despertar en la mañana estaba
empapada de sudor y jugos, había tenido orgasmos por el erótico sueño.

La noche siguiente, luego de una película erótica que vieron en tv, casi
inmediato a acostarse, sintió desde su recámara que cogían sin disimular

“Dame clávame la pija, así.. así. Me acabo, así que me acabo” decía Claude,
“Toma siente mi verga lanzando leche dentro de ti, toma…, toma… caliente
lechita…” replicaba Ives. Esta vez oía claramente la cogida, su abstinencia
sexual debido al hospedaje se estaba haciendo muy dura. Comenzó a masturbarse
con una de sus pijas de juguete mientras escuchaba. Cuando dijeron acabar tuvo
un hermoso orgasmo.

La noche del sábado le dijeron a Liria que habían conseguido un trabajo, con
residencia para ambos, por lo que dejarían el lugar en poco días. Barbie se
alegró dándoles el enhorabuena. Como anticipo de despedida querían agasajar a
Liria brindándole una pequeña e intima fiesta familiar en el departamento. Ella
aceptó el convite mientras se iban a descansar. Tuvieron una frugal cena entre
bromas y pláticas. Los tres estaban en batas, sin ropa interior, charlando de
sus logros en lo sentimental. Liria sin dar nombres les contó sobre abogado y el
mandadero, de cómo los descubrió y como comprendió al profesional al este
contarle luego del in-suceso (por supuesto que su cogida posterior se la
guardó).

Ellos mientras discurría el relato se habían estado besando en los labios, dando
suaves y eróticas caricias que no pasaron desapercibidas para la pequeña, dado
que lo hacían sin disimulo y muy naturalmente.

Cuando concluyó le preguntaron si no se calentaba cuando contaba algo así, si
los había escuchado coger alguna noche, pues, en alguna ocasión percibieron que
habían dejado la puerta de la habitación entornada.

Evocar esas cosas me calienta y sentirlos coger, además de que me parece
natural, también. Una de esas noches tuve que hacerme una tal paja, no estoy
acostumbrada a estar tantos días sin sexo.

Les preguntó si alguna vez tuvieron sexo con una mujer. Ives le dijo que su
mucama, a los quince años, hizo la cogiera por el culo cuando lo encontró
masturbándose, acto que repitió muy seguido hasta la llegada de su amor. Claude
lo hacía con la sobrina de esa mucama y a su instancia a partir de uno de los
ágapes familiares, también le daba por nalgadas. Nunca habían tenido sexo en la
concha de ninguna. Luego vino su relación, que la mucama, hembra del jardinero,
apañó junto con éste ocultando sus intimidades en el retablo donde los
encontraron.

Se fueron a dormir, la chica estaba algo caliente por el contenido de sus
pláticas y la virginidad de conchas de los jovencitos. Su noche fue plena de
sueños eróticos, fantasías, quería tener una pija virgen en su concha caliente.

A la mañana siguiente se levantó temprano en espera del agasajo, buscó a los
pibes y estos no estaban. En la mesa de la sala había una nota expresando que
vendrían a media mañana después de hacer unas diligencias. La damita se bañó y
aprovechando el tiempo se fue a su jardín privado a tenderse desnuda a tomar el
sol. Se había levantado excitada por sus sueños, el calor cosquilleaba su cuerpo
y su sexo, comenzaba a sentir una extraña y agradable sensación. Entre recuerdos
y fantasías no pudo evitar dormirse.

Despertó por el sonido de la los pasos de los chicos. Estos la vieron y sin
inmutarse por su desnudez comenzaron a poner sobre la alfombra de verde césped
los elementos para su opíparo almuerzo.

Liria a un lado observaba, rodearon su cuerpo con los enseres: Tres cazos de
tierra cocida de aspecto de tazas sin agarradera, bandejas llanas del mismo
material, una caja con seis botellas de vino oscuro y dos de color dorado; tres
bananos con los que armaron una especie de pabellón rodeado manzanas y de
flores. A nuestra heroína el arreglo de las frutas y flores le encantó, los
lirios de adorno eran una gran demostración de ternura hacia ella.

Los cazos eran para beber, las bandejas para poner las carnes asadas y humeantes
y algunos vegetales cortados. Dijeron que la idea era tener una comida al estilo
medieval bizantino, tendidos, recostados a los almohadones y con las manos. El
vino lo birlaron de la cava de los padres, con la ayuda del jardinero y la
mucama, excelente tinto añejado y champaña; la pierna ahumada de cerdo también,
lo demás lo compraron. La damita miró las etiquetas de las botellas, conocedora
de ello les dijo que el vino es suave pero por su edad debe de tener una gran
concentración, la champaña de sabor dulzón y con burbujas pedirá ser bebida,
debido a eso deberían tomarlo con cuidado y moderación.

Les dijo que estando ya pronto, siendo mediodía se daría un remojón y vestiría
para la ocasión. Ellos le dijeron que no sería necesario ponerse vestida, que no
les molestan senos visibles, si sentía más cómoda; habían pensado ponerse las
tanguitas que usaban solamente para disfrutar de la belleza de la naturaleza.
Liberal como era en su manera de ser les aceptó la propuesta.

Ya reunidos se dispusieron en círculo alrededor del arreglo, tendidos sobre el
césped recostados a los almohadones, los pibes con sus cabezas casi rozándose.
Liria vio la escena como una bacanal romana descrita por Bocaccio. Al pensar
esto se dijo que estaba algo caliente, además los jovencitos con su aspecto
púber, sin mácula, la excitaban. Sus tanguitas sensuales apretaban la
masculinidad ocultando los atributos, por detrás el fino cordón que las sostenía
hendían sus glúteos resaltándolos, firmes, parados. La intriga por lo oculto la
turbaba impidiéndole apartar la visión de los cuerpos que le parecían esculturas
griegas, a pesar de no destacarse sus músculos, por la falta de un definido
vello masculino.

Le gustaba las infantiles caras, sus ademanes y voces casi  femeninas; su
cabeza tenía un torbellino de ideas; pensó que lo mejor sería aprovechar los
licores para así escapar de las ideas turbadoras.

Por suerte la distrajo de sus lascivas ideas el llamado a comenzar el ágape que
vino acompañado de música muy suave y sensual de manera que no distrajera las
pláticas de la tertulia. Lo primero fue un brindis hasta dejar vacíos los
tazones, de inmediato las manos masculinas despedazaron las carnes para servirla
y servirse. El festín se fue desarrollando entre recuerdos felices, vasos de
vino y ejercicio de las mandíbulas. La parejita tenía ya las mejillas encendidas
cuando comenzaron a mimarse, alternando con intercambios de frases con Liria.
Besitos cálidos, alguna caricia. La chica alguna vez dirigía distraídamente la
mirada hacia el sexo de los jóvenes. Ella trataba de beber algo más que ellos
para tratar de dispersar sus ideas, pero como era muy resistente a los efectos,
estaba más caliente que con sueño. Dejó de comer primero, luego uno de ellos y
por fin el otro, la opípara comida había satisfecho sus estómagos. Siguieron
bebiendo hasta terminar el vino.

A esta altura del día, los jóvenes estaban algo incontenibles en sus deseos
personales y ella bastante caliente de verlos y no poder liberara su pasión. Y
peor cuando vio que sus pijas estaban algo duras por las mutuas y efusivas
demostraciones de amor. Se abrió la champaña para acompañar las frutas que
serían de postre. Un nuevo brindis hasta vaciar los cazos. Estimulados por el
licor dijeron a la barbie que tenían una curiosidad sobre ellos y que los podía
ayudar. Asintió. Les parecía que al coger con la pija adentro del culo la
sentían mas grande. Liria en tono de broma y riendo les dijo que tal vez el que
esta metiendo deba tener un tercero que le haga a él. Rieron por su salida.
Luego de las risas le dijeron que querían que ella juzgara. Mirando la fruta se
le ocurrió que tal vez con una pija de juguete se arregle todo entre ustedes. Le
respondieron que era una buena idea, que podían probar con una de las de ella. A
dúo le dijeron de probar allí, ahora pues con su experiencia los podría guiar.

Mi amiga se encendió como una tea. Dijo que si. Le indicó a Ives donde estaban.
Este trajo los dos íntimos juguetes. Una hermosa pija de veinte centímetros algo
gorda, con un botón rojo de girar y de otra unos veinticinco mas delgada sin
nada extra.

Ives y Claude al comenzar a mirarlas en sus manos comenzaron a excitarse, sus
vergas comenzaron a hacer fuerza en la tela de sus sensuales tanguitas. La rubia
miraba crecer los voluptuosos bultos y su concha comenzaba a enviar jugos.

Ellos se olvidaron de ella y comenzaron con sus juego erótico, besos en la boca,
en el cuello, mientras se tocaban mutuamente sus sexos sobre sus ropas.
Besándose se las quitaron. Ella por fin vio las vergas, no eran enormes,
normales pensó. Ni grande ni chica, sus formas; una algo derecha y gruesa, no
mucho grosor; la otra curva, no toda hacia arriba, algo al costado. La saliva
inundaba su boca al pensar en chuparlas, tragar la leche, tenerlas dentro.

Ives pidió que Liria dictaminara a ambos, le dio el consolador delgado e hizo
que su amigo se dispusiera abriéndole el culo. Saliendo de su ensueño por el
pedido, tomó la pija gruesa, la lamió para lubricarla con su saliva. Empujó a
Claude suave hacia delante para que su culo quedara al descubierto. Al ver la
sonrosada piel de las nalgas, que era solo algo más oscura en el esfínter, no
pudo contenerse y lo lamió metiendo la lengua dentro. Una descarga eléctrica
recorrió su cuerpo al sentir el sabor, el pibe también sintió un rayo. Empezó a
introducir la pija lentamente, el chico se estremecía de gusto. Su verga era
mamada por su pareja. Cuando la tuvo toda dentro el amigo quitó su boca y le
dijo la tocara. Palpó con un estremecimiento la verga, suavemente rozaba con la
palma de su mano temblorosa, sintiendo el calor que despedía. Su suavidad la
trastornaba. El falo dio síntomas de estar listo cuando cabeceó y una gota de
blanca e incipiente leche asomó por su agujerito. Al momento Liria se como
avalancha atrapó la punta de la verga y para que no se perdiera la gota que
pretendía caer. Tragó el néctar, sus jugos se deslizaron desde los labios de su
vagina por las piernas. Soltó el caramelo. “Es algo más grande” dijo “Veamos
contigo” para disimular su placer y pretender que solo era cuestión sólo de la
curiosidad de ellos.

Ives algo enardecido se dispuso, Claude separó sus glúteos, la pequeña vio el
agujero tan delicioso como el otro, lamió el juguete y luego el culo del pibe
para que estuvieran lubricados. “Pensándolo mejor, te sacaré un poco de tu
leche, si no te importa” dijo muy naturalmente a Claude. Este asintió. Lo mamó,
cuando sintió que se venía, le dijo que sólo un poco. Bajo nuevamente la boca y
la leche la inundó. Dejó caer la miel en el culo y lo lamió hasta acabar. El
chico gemía de gusto. Al momento y de una estocada envió a fondo el muñeco del
placer. Esta vez dijo que utilizaría la boca para dictaminar mientras movía el
falo en el esfínter del adolescente. Cuando la verga la previno de la salida del
semen apretó los labios atrapando la cabeza y lamiéndola. El néctar le llegó
hasta la garganta. Lo tragó despaciosamente saboreando cada vez que pasaba el
cremoso líquido por su garganta. Un orgasmo y otro determinaron que esta también
se notaba mas gruesa.

 Ives giró que dando con su culo en espera de la verga de Claude. Este lo besó
desde su agujero hasta el cuello, lo lamió y luego le fue poniendo la pija
despacio y disfrutando. Cuando sus bulbos dieron en los glúteos comenzó el
vaivén. “¡Ya..!” dijeron ambos a Liria. Ella miraba embelesada la penetración,
el serruchar; la exclamaciones de placer “¡Mi vida.., mete tu pija más…,
dame…, quiero sentirte dentro…!”-”¡Siente como estoy dentro de ti…, goza..
gime…mi vida…!” la hacían ver grandes nubes que impedían su visión. Deseaba
coger, ser cogida, sentirse penetrada.

Su pija se puso tensa en el culo de su pareja y los tres gimieron un orgasmo.

Liria contuvo un segundo flujo de jugos, dijo a Claude que si sentía una segunda
acabada, se concentrara en su espina dorsal, para poder evitar la salida. El
pibe se contuvo. Con el culo lubricado por la mamada, ella punteó la candela en
entrada. Cuando penetró la cabeza, el chico comenzó a bombear, el juguete
acompañaba sus movimientos entrando en su culo cuando el retrocedía.
“¡Fantástico…, bello…, hermoso.., me calienta…..!” decía la damita; “Me
gusta.., anda.., sigue…” decía Claude; “!Tu pija está grande… como me
llena…me dan orgasmos..!” repetía Ives.

Cuando se venía para acabar, ella lamió a Claude en su esfínter; al turno de
Ives puso las manos en la verga de este para que descargara en ellas, luego
bebió la leche del chico y acabó con un gritito.

Enardecida por la calentura, en su mente veía pasar estrellas, luces fugaces,
como nave espacial que recorre el negro espacio a infinita velocidad. Pero no
sabía como hacer para hacerse coger.

El ejercicio siguió Ives cogió a Claude. Acto seguido los tres se tendieron a
descansar. Mi amiga seguía navegando en la nave espacial ya no podía pensar.

Pasado unos minutos los chicos se sentaron y vieron hacia la celestina. Ella
seguía acostada pasando su mano por su concha ardiente de deseo. Vieron que
desde la vagina hasta las rodillas tenía marcados brillantes ríos de líquido. Le
preguntaron curiosamente si era su leche. Les dijo que era sus jugos
provenientes de los orgasmos, no leche. Pasaron dedos por la mojada piel del
interior de las piernas a la vez y probaron su gusto; ella se enardeció con el
suave contacto de los dedos. El sabor de el jugo de la vulva de Liria los excitó
haciendo que sus pijas quedaran como mástiles. Acto seguido ambos comenzaron a
lamer las piernas siguiendo el curso de la ardiente lava. Ella comenzó a sentir
caer rayos sobre todo su cuerpo. La suave lamida con las lenguas vírgenes de
sexo de mujer la ponía al borde de la locura. Lentamente, saboreando el néctar
de la rosada flor, intercambiándose besos con la que mezclaban su saliva con el
vaginal licor, llegaron al volcán. Ella habría sus piernas para que el ataque
siguiera, deseaba que continuaran. A la vez alcanzan la concha de ella, las
leguas batían a la vez haciendo que perdiera todo contacto con la realidad, el
ataque iba de los labios de la vagina al clítoris ardiente. Llenaban su boca de
jugos e intercambiaban su sabor. “¡Quiero más lengua…, más…, así…, que
placer…! ¡Tomen mis jugos…, bébanlos,..tráguenlos!” sus orgasmos se hacían
mas intensos. “¡Quiero verga.., pija..! No imaginan lo que es una pija en una
funda húmeda.., mojada…, caliente…es divino..quiero coger….mi concha.. mi
culo llenos de esas divinas vergas que tienen, las dos en mi boca llenándome de
leche…mucha leche…me acabo” Ya gemía, ya gritaba. Estaba los tres en el
delirio, liberado por completos. Liria envió el tal orgasmo múltiple, sus jugos
salían como agua de una gran fuente. “¡Mi fantasía…mi calentura…mi concha
quiere pija, mi culo también….llenarme de la crema caliente de ellas!”

En el paroxismo de la lujuria los detuvo. “Hoy probarán mi caliente sexo” dijo

Los hizo ponerse boca arriba, los enfrentó, luego abrió sus piernas, se las
cruzó en equis y los acercó hasta que las vergas se tocaron. Se veían como los
palos de una fragata, los dos erguidos, duros. Les dio una mamada, ellos estaban
tan frenéticamente calientes que su leche salía a gotas continuas sin lograr el
gran desenlace. A la barbie le brillaban los ojos desencajado por el fervor del
sexo. Se paró sobre ellos y descendió hasta sentir que la verga mas larga, la
delgada y curva tocara la puerta de su culo. Lentamente descendió, cuando la
cabeza quemó sus entrañas sintió que los labios de su concha eran abiertos por
la penetración de la gruesa. Comenzó a menearse descendiendo, cada meneo le
provocaba una gran salida de flujos. Otra vez comenzó el viaje a las estrellas,
al fondo en el vacío del espacio la esperaba el infinito. Cuando sintió que los
bulbos detuvieron el viaje, comenzó a moverse. Las vergas estaban muy hinchadas,
sentía sus músculos dilatarse. “¡Así.., así.., Gocen…, acaben en mi…,
llénenme de leche caliente…Sientan como mi vulva absorbe sus
jugos..Denme…más..más…Como mi interior aprieta sus vergas!” “¿Mi leche es
para ti, bebe con tu concha de ella…si…si…toma!” decía uno “¡Llenare tu
culo de caliente leche…si..menearé mi pija dentro de el…toma..toma divina
puta…!”

Los dos falos presionaron el punto ge de ella y lanzó un grito de gloria
“¡yaaaaaaaaaaa aaaaaaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhhhh ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh
sssssssssssiiiiiiiiiiiiiiiiiii¡”

Sus músculos se contrajeron y apretaron hasta sacar toda la leche de los
conductos. Estaba posesa, quería más. Se paró, con su dilatado culo buscó la
gruesa pija; a su concha se dirigió la curva. Se dejó caer en cuanto sintió las
rojas y calientes cabezas dentro. Los líquidos contenidos en sus esfínteres
fueron expulsados, deslizándose luego hasta caer en los pibes, que mojaron sus
dedos y lamieron con fruición. Sus vergas estaban otra vez prontas para el
ataque, Liria lo sintió y salvajemente comenzó a darle al serrucho. Sus orgasmos
múltiples se sucedieron con prisa. Gritaba en forma descontrolada, gemías, hasta
lloraba del gran placer que sentía. “¡mis pijas amadas.., mis niños divinos…,
denle verga a su mami…, claven con furia sus vergas…acaben mucho.., laman
mis jugos…aaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhh, ssssssssssiiiiiiiiiiiii!” su última acabada
hizo que casi partiera los falos con los músculos de su agujero calientes. Un
gigantesco temblor de placer recorrió todo su cuerpo como rayo. Se detuvo,
aspiró aire.

Libró las tensiones y se salió. Chupó cada verga con amor hasta dejar la limpia.
Tragó toda la viscosa crema saboreándola. Se tumbó boca arriba y quedó
quietecita.

Claude dijo “¡Te bautizaré como una nave, vaciaré mi botella en ti!” la pequeña
vio que se hacía una paja con la pija apuntando a una de sus tetas. Ives también
la bautizaría dejando caer su cremosa champaña en ella. A la vez brotó la crema
de ambas pijas, ella dejó que cayera. Al dejar de caer las besó, luego la
desparramó por sus senos, cara, por último lamió sus dedos y dejo caer los
brazos. Ellos chuparon y lamieron toda la nata, cuando sus bocas estuvieron
llenas se besaron en la boca. Luego cayeron a los lados de Liria.

Al despertar nuestra damita encontró una nota de la pareja: “Hasta pronto
profesora. Tus alumnos no te olvidarán. Nos encontraremos el año próximo listos
para el curso de verano. Esperamos traigas nuevas recetas. Te amamos. ¡Vive la
France!”

Al terminar de leer dice a viva voz “¡Vive la France!” y murmura “Sean muy
felices en su amor Jean y Claude”

 

Resumen del relato:
    La pequeña damita tiene una aventura especial con dos chicos.

Liria (06: y Boris)

Liria (06: y Boris) (11)

Liria y Boris (CAP. VI)

Recuerdo aún el retorno de nuestro jefe después de su
cumpleaños, fue una semana más tarde. Como mi amiga dijo no recordaba nada de lo
pasado, en varias oportunidades que debí ir a su oficina insistí sobre su fiesta
y sólo recordó lo feliz que pasó divirtiéndose con nosotros. Lo que más lamento
es que no recordara la orgía de sexo que le brindé.

A poco más ingresó un joven de dieciocho años, hijo de un
antiguo amigo del abogado que trabajó en relaciones diplomáticas, para hacer
trabajos de mensajería.

Este chico había pasado desde la salida de la primaria (que
fue en un colegio privado para varones muy exigente en conducta) recorriendo el
mundo. El segundo nivel lo hizo en universidades de intercambio en oriente
medio, por las dificultades de usar dos idiomas más diferentes del propio pasó
prácticamente enclaustrado. Volviendo al país el primer trabajo que obtuvo y
para poder estudiar diplomacia, a ofrecimiento del jefe a su padre, fue con
nosotros.

Es un joven de estatura aproximada a un metro setenta, pelo
castaño oscuro, ojos marrones, tez bronceada por el sol del oriente, complexión
media, apenas el bozo asomaba en sus mejillas. Me resultó atractivo, lástima por
su edad.

Muy respetuoso, nada de trato familiar, su proceder muy
victoriano. Parecía un mayordomo inglés.

Liria, como es natural en ella, ganó su confianza e hizo que
se mostrara con nosotros algo amistoso.

Después del aniversario de nuestro protector, las reuniones
en su casa de descanso mensuales se hicieron allí. Por suerte siempre
conseguíamos nuestro deseo irnos aparejadas a terminar cogiendo cada una por su
lado las reuniones. Seguíamos manteniendo en secreto nuestro hallazgo, además de
alguna vez aprovechar que el jefe se iba antes de las reuniones, para dar una
mirada a su dormitorio.

Esta fiesta sería la bienvenida de Boris. Esta vez el abogado
se excusó por que salía a visitar al padre de muchacho que estaba en otra
ciudad, dejando a Liria la libertad de usar igualmente la casa de descanso.

El día señalado se inició la reunión tempranamente como era
costumbre, aunque esta vez estábamos más distendidos por la ausencia del
anfitrión. Los entremeses y el licor comenzaron a correr entre todos de manera
mas libertina, por lo que los efectos se adelantaron. Yo ya había tomado a una
pija cuyo dueño había estado tocando mis muslos. Por allá alguien asomaba sus
zapatos y pantalones hincado detrás de una cortina mientras que una de mis
amigas escondía su piernas abiertas hacia el lado del escondido. Otros habían
desaparecido de la escena.

En un sofá mi pequeña diosa charlaba entretenidamente con
nuestro héroe del día, mientras él observaba, de vez en cuando, con aire de
desconcierto los acontecimientos a su alrededor, pero sin dejar de platicar con
ella.

Las parejas desaparecimos por el tiempo que duró este
aperitivo sexual, cuando volví estaban todos los demás preparándose para el
almuerzo. Nuestra barbie junto al joven servían los platos abundantes para
paliar el hambre ocasionada por el ejercicio.

El vino, aromático, de grueso paladar y exquisito, sabor
acompañaba la comida en la misma cantidad.

A los postres seguíamos con el negro licor, que nuevamente
comenzaba a afectar nuestros sentidos. Nuestros servidores muy rápido despejaron
la mesa quedando solo las bebidas. Allí me detuve a observar a Boris, no bebía
vino sino refresco, recordé también no haberlo visto antes, durante el
aperitivo, con una copa.

En una ida de Liria hacia la cocina a traer más botellas de
vino, me levanté para ir con ella, una pregunta me asaltaba con su conducta
hacia el chico.

A solas le pregunté sobre su charla con él, me dijo “Me contó
su vida hasta hoy. Nada de beber, es abstemio; sus noviazgos han sido muy
platónicos. ¡ES VIRGEN…! Cero en sexo. Como no hay manera de incentivarlo a
ser menos formal, comenzaré a darle en su refresco un poco de ese licor
transparente para ver que sucede”

Volvimos y comencé a seguir los acontecimientos que iba a
promover mi amiga. Mientras seguí mis juegos eróticos con otro amigo que ya
había hecho de lo suyo con otra de mis compañeras; todos hicimos cambio para
salir de lo monótono. Bailamos, y bebimos hasta la noche. Luego cada pareja se
fue retirando, quedamos seis, tres mujeres y tres hombres, entre ellos, Liria,
Boris y yo. Antes de despedirme se me ocurrió (cosas de mujeres) hacer pipí,
pues el líquido había excedido mi capacidad. Al volver mi acompañante me había
abandonado e ido con una pareja que lo había traído.

Recordé el cumpleaños del jefe con mi adorada pequeña y eso
me alegró, ambas solas para una lésbica orgía aderezada con películas eróticas
totalmente para nos.

Volví a la sala y Liria volcaba el licor que había ido
agregando al refresco directamente en el vaso del homenajeado. Mi sueño de sexo
con ella se desmoronó.

El estaba algo embriagado, pero conservaba toda la prestancia
de un caballero inglés, aunque noté que su charla era mas distendida.

Ella le decía “…verás que no es tan pecaminoso como te lo
contaron, además pudiste ver como nuestros amigos disfrutaban con alegría” Tomó
su lápiz labial se pintó la boca, vi sus labios de fuego y comencé a sentir
convulsiones en mi vagina; le dio un beso en la boca muy sensual, él quedó algo
sorprendido por la iniciativa. Ella repitió la acción un poco más profunda,
Boris dejó salir un leve suspiro.

“Te agradó” le preguntó, el asintió. “Deja que Sandra lo
haga” le dijo. Me dirigí hacia él, la verdad es que me estaba calentando la idea
de su virginidad, le estampé un beso metiendo la legua dentro de su boca. Esto
lo sorprendió y me quedó mirando con cierto asombro. Tragó saliva, se lamió los
labios y entrecerró los ojos.

Liria con una risita vivaz, tocando sus muslos lo quitó de su
ensueño. Esto hizo que se relajara. Otro vaso para Boris, lo bebió totalmente.
Parece que le estaba dando coraje el líquido. Involuntariamente paso su mano por
su entrepierna, vi que algo comenzaba a dibujarse allí. Esto nos excitó a Liria
y a mi, imaginando que habría detrás de esa demostración. Lo cierto es que el
bulto decayó.

“Probemos otra vez los besos, así irás sabiendo para cuando
encuentres una chica que te guste la manera de hacerlo. Aquí las tías son muy
besuconas, gustan de los que saben besar bien y otras cosillas, que, si quieres
podremos enseñarte con mi amiga” dijo la pequeña con mirada de súcubo hacia el
joven virgen.

“Por lo que me dices tengo mucho para aprender, realmente de
las chicas no conozco nada sobre ellas ni que se acostumbra aquí. Me gustaría me
pongan al tanto de todo sin olvidar nada” acotó él.

Mi cabeza, supongo que mi barbie también lo sentía, era un
volcán. Sentía vibraciones dentro de mi vulva, los labios de mi concha se
dilataban pidiendo verga. Mis ojos estaban nublado de deseo. Quedan unas cuantas
horas de la noche pensé, eso me dio para intentar acelerar los acontecimientos.

“¿Comenzamos?” dijo. Puso los labios para recibir los besos.
Contra mi voluntad sólo besé sus labios, sin lengua, varias veces. Lo dejé,
Liria hizo lo mismo un poco más; lo dejó. El suspiró “Quiero hacerlo yo” dijo.
Puso sus labios en los míos y comenzó a apretar mi cuello para hacer presión
sobre mi boca, dejé hacer; sentí que su lengua comenzó a lamer mis labios
cerrados; la entreabrí y comenzó a introducirla hasta tocar la mía. Aprendía con
rapidez. Tocó el turno de mi Safo. Ella entornó los ojos, el observó su boca
anhelante y la besó con calidez. A mi me empezó a palpitar el corazón, me
desesperaba la escena.

Ella pasó muy suave las manos por los muslos del incipiente
galán, tratando de ver como reaccionaba. Como de descuido rozó el bulto con la
parte anterior de la mano y la quitó rápidamente como si hubiera sido un
accidente involuntario.

Cuando dejó los besos, ella me guiñó un ojo, dando el visto
bueno por lo hecho.

“Bueno ya haz aprendido, creo que serás bueno con los besos
en la boca. Ahora iremos a algo más íntimo, pero para que no tengas temor, lo
haremos como en una cátedra universitaria con escenas de películas. Ven vamos a
la recámara”

Fuimos los tres al dormitorio, lo sentamos en el bendito
sillón directamente delante del panorámico, nosotras a cado lado de él sobre la
mullida alfombra de lana. Liria tomó el control remoto y me indicó la primera
cinta para que yo la colocara en la video.

Por el título, poco sugestivo además, recordé que era una con
escenas de sexo poco explícito, pero estimulante.

Corrió las escenas, veíamos una pareja en un sillón
comenzando la antesala de lo que sería tan solo besos de todo tipo y caricias de
cierto tono sobre los sexos. La más interesante es la que muestra el bulto de la
verga dura del hombre en la pijama.

“Ahora la clase si te parece” dijo Liria. El en su suave
nebulosa de licor, pero también con las primeras manifestaciones del instinto
sexual, asintió.

“Sandra y yo nos quitaremos toda la ropa, hazlo tu también”
Procedimos con presteza a despojarnos, yo mas que nada por que quería ver los
atributos del virgen. Nuestros sexos femeninos despedían un aroma peculiar por
la calentura reprimida. Al fin pudimos ver la pija del chico, estaba algo
flácida. Un enorme miembro grueso y largo con el prepucio recogido dejando ver
un enorme glande algo mas corpulento que el resto del pene. Imaginé el sabor de
su semen, yo estaba que explotaba; Liria no demostraba nada, pero yo sabía que
la celestina sentía tal igual que yo.

“Comienza a besarnos en la boca como sabes y sigue por el
cuello” La práctica comenzó. Nos besó una, por vez la boca, introduciendo su
lengua con cierta maestría a pesar de la inexperiencia. Aflojé mis músculos
imitando a mi amada y me dejé llevar. Con las manos, mi amiga, tomó sus mejillas
dirigiendo su besos a mi cuello; “Lámeselo con ternura” indicó. “Sigue por su
pecho” Sentí el fuego de su lengua, la caliente saliva de él comenzó a humedecer
el nacimiento de mis tetas. Siguió su lengua en mi pezón, luego de la magistral
salva de besos en cada seno, “Sorbe el pezón con suavidad” oí. Mi cuerpo se
convulsionó, comencé a dejar salir mis jugos. Mientras Liria le acariciaba los
muslos, sus glúteos. Vi cuando el lamía mi ombligo como ella le daba un beso
negro haciéndolo emitir un gemido de placer. El se detuvo, ella insistió en que
siguiera empujando suavemente su torso para que descendiera hacia mi concha, a
la vez le pasó la lengua por el culo con suavidad. Vi las manos de ella
acariciar a Boris entre las piernas, en mi posición no apreciaba el suceso,
luego vi desaparecer los rubios cabellos descendiendo. El tenía la cadera
levanta, el dorado pelo de ella surgió delante, entre las piernas del cabrón. La
verga estaba muy parada, su punta púrpura y brillante, se la tomó con ambas
manos, luego desapareció parte en la boca de ella que gemía de placer al
engullir la superlativa pija. í‰l sumergió su lengua en mi concha lamiendo con
desenfrenada pasión, sus labios apretaban mi coño, luego los labios de mi
vagina. Me hizo acabar al fin, cuando sintió el sabor de mi placer lamió más
aún. Puso sus labios en mi concha haciendo ventosa y paso su lengua por dentro
de mi, al instante me convulsioné por un orgasmo múltiple, apreté su cabeza con
mis piernas en el estremecimiento y dio un grito de angustia y placer. Boris
había acabado, ambos acabamos; los tres acabamos a la vez; lo supe al oír dar a
Liria un largo gemido sin soltar la verga que entraba en su boca abultando una
de sus mejillas.

El ex eunuco se irguió con los ojos cerrados y gimiendo, mi
amiga seguía encarnizada en la verga. Sin soltarla seguía absorbiendo la crema
acompañándola con un vaivén de su cabeza, que a la vez Boris le indicaba con sus
manos sobre el dorado pelo. í‰l gimió a cada salida de su semen, conté tres
gemidos. A la celestina se le comenzaron a abultar las mejillas, estaba
recogiendo en su boca las descomunales acabadas del joven semental. í‰l se salió
unos minutos después de la tercera y se dejó caer agotado.

Liria con su boca llena del caliente calostro, vino a mi,
posó sus labios sobre los míos en un excitante beso, abrí la boca para que
depositara parte de la leche que contenía. La cantidad era formidable, de gusto
y aroma fuertes que invadió mi pituitaria. Mi amante dejo el beso y se puso
recostada a mi lado, lentamente ambas abrazadas comenzamos a tragar el semen
saboreándolo y acabándonos a la vez.

Boris había perdido parte de su virginidad con el doble
placer de sentir como se acaba y como es el sabor del jugo de una concha deseosa
de sexo.

Luego de un intervalo, mi pequeña reinició los juegos de sexo
que comenzaron con la demostración de un sesenta y nueve entre ella y yo. Se
inició con besos en la boca, con las lenguas buscando en las salivas el gusto de
la mezcla de jugos apasionantes. Nuestras conchas tenían los labios abultados
por el deseo, sus coños asomaban refulgentes de calentura. Las manos los
recorrían en una vorágine de placer. Los dedos mojados los lamíamos con gula.
Nos cruzamos los cuerpos y avanzamos sobre las tetas, los pezones eran chupados,
siguieron lenguas en el ombligo, el monte de Venus. Por fin casi al borde del
orgasmo alcanzamos nuestros coños. Los chupamos hasta que nos llegó un orgasmo
múltiple a ambas, acto seguido libamos los jugos hasta el agotamiento.

Nos recostamos y miramos hacia Boris, sus ojos estaban
desencajados y brillaban con un brillo libidinoso. Se hinco con una pierna a
cada lado nuestro, vi la pija en todo su esplendor. Esta vez me tocaba beber el
cremosos licor directo de la botella, así que la tome del gollete.

Con una mano a continuación de la otra agarré la enorme pija,
su cabeza quedó lejos de mis dedos, tenía la forma de una palta sólo que su
color era púrpura brillante. Al instante su agujero se dilató dejando salir muy
lento un poco de leche que se desplazaba como lava ardiente por la ladera de un
volcán. Mi excitación estaba casi incontrolada, deseaba que saliera poco más,
contuve mis orgasmos. Cuando creí suficiente con una mano comencé a extender la
crema por la verga, eso me excitaba. Liria le hizo contener a Boris una soberbia
acabada diciéndole “Trata controlar tu sexo, evita acabar, concentra tu mente en
tu espina dorsal haciendo que ese placer recorra tu cuerpo y podrás hacerlo”
Realmente fue magistral la acotación, pues, el orgasmo de él quedo en suspenso y
su pija se puso mas tiesa aún.

De tanto frotar la leche con mi mano sobre la verga se
convirtió en una crema muy espesa, blanco amarillenta, el aroma era muy fuerte;
otra vez mi pituitaria fue invadida, mi sexo emitió sus jugos en un orgasmo.
Mientras mi bella aprovechaba para lamérmelos besando con pasión mi concha
caliente in extremis. Abrí la boca haciendo que la palta púrpura se perdiera en
ella, apreté con mis labios en la unión del prepucio y pasé mi lengua
rodeándola. Boris gemía tratando de controlar la salida de su leche y por el
placer que mis lengí¼etazos le causaban. Mi chica seguía hurgando mi fuente, me
llegó otro orgasmo, ella lo sintió lanzando un gemido de placer y replicando con
otro; al mismo tiempo apreté con mis labios la pija, desplacé su forro para
sentirla mas dentro de mi boca y Boris me lanzó una bomba de leche caliente que
llegó hasta mi garganta. No podía creer la cantidad, me sacó de este pensamiento
otra brutal acabada y otra seguida. Mi boca estaba llena a tal forma que
dilataba mis mejillas. Boris cayó después de minutos a mi lado. Comencé a
saborear, tragando muy lento, la leche. Guardé un resto que pasé a Liria de la
misma forma que ella lo había hecho conmigo. Luego un poco de reposo para seguir
acabando en silencio a medida que el sabor seminal se diluía. Me abracé a mi
amiga y dormimos. Boris ya dormía el sueño del guerrero.

Una voz me despertó “¡….sigamos!” escuché, abrí los ojos.
Mis compañeros de orgía estaban despiertos, no supe quien despertó primero de
ellos. Boris sobre Liria mostraba su pija mientras con la otra mano le tocaba el
sexo metiendo un dedo en su concha.

Le quité la mano que agarraba la enorme verga y comencé a
tratar de hacer que le saliera un poco de su leche, a medida que le salía mis
masajes la fueron convirtiendo en crema blanco amarilla. Mi amiga adivinó la
intención.

Se puso al borde de la cama en posición perrita en celo. Con
el chico tomado de la verga lo movilicé hasta que quedó de pie sobre la
alfombra. Apunté su pija a la concha de ella, previamente besé los labios
vaginales para que enviara sus jugos. Acerqué la enorme palta púrpura al agujero
rosa brillante de la perrita, cuando sintió el calor la concha se dilató
abriendo el camino. La pija empujó su cabeza dentro, a medida que penetraba los
labios se estiraban tratando de tragar el enorme bulto. Vi salir jugo fuera con
un poco de leche ante el frenético empujón que hundió la cabeza y parte de la
curva cimitarra.

Cuanto la cabezota penetró, Liria emitió un corto quejido de
placer, a medida que el gusano entraba en su cueva el gemido se hizo mas
prolongado disfrutando del avance de la penetración. Ella forzó hacia atrás para
sentirlo en toda su dimensión. “Dame lechita, ahhh, así…” murmuraba. El se
paró, arqueó su cuerpo hacia atrás y la verga entró un poco más. A la vez la
penetrada dejó caer cabeza y hombros sobre la cama, elevó su cadera, tomé sus
nalgas abriendo la hendidura, vi como diez centímetros de pija aún fuera de la
funda que le brindábamos. í‰l tomo sus nalgas apretando mis manos,

comenzó a levantar y bajar las caderas de la caliente barbie
hamacándola sobre su enhiesto y duro palo mayor. Cada vaivén hacía que salieran
los jugos que había dentro de mi muñequita de placer, sonidos y líquido salían
de la ocupada cueva bañando la pija. El espacio entre el agujero de la gozosa y
el cuerpo del delirante joven era suficiente, puse mi cara tocando glúteos de un
lado y abdomen del otro, abrí la boca y bebí la leche que escurría junto con los
jugos vaginales. Pasé mi lengua cual la del camaleón, dando latigazos a lo largo
de la ardiente candela hasta llegar al culo de ella.

“Quiero mas leche…, dame más…, empújala mas adentro” oía,
“Toma pija, verga, leche” replicaba “Alcanza mi punto G, así…., así….”
volvía la primera

Entre frases y sonidos me acabé varios orgasmos múltiples. El
joven sacó la cimitarra de su funda después que Liria se estremeció con el tal
orgasmo. Su arma seguía queriendo desgarrar carne. Yo estaba a mil, no, diez
mil. Me puse como perrita en celo y tomando la punta del mandoble lo puse en mi
concha. El sintió el calor y envió a guardar la pija dentro de mi. Cuando la
palta abrió mi cueva de placer, mis labios se estiraron a rasgarse, sentí un
breve dolor que me dio más deseos de poseerla. Empujé mi cuerpo hacia atrás con
fuerza, a la cabeza siguió el cuerpo de la verga. Lancé un alarido de gozo,
varios orgasmos salieron tropel, mientras la leche desbordaba mi concha. Comenzó
a hamacarme sobre la descomunal pija y yo a acabar, a cada movimiento me daba un
envión de leche y yo una salva de jugos. Cambió el movimiento en un adelante y
atrás muy rápido, me puse a esperar el huracán; sentí los huevos pegar contra
los labios vaginales, al tenía toda hasta el nacimiento. El robusto tronco me
penetraba una y otra vez. Se detuvo, sentí moverse el gusano dentro y arrojar
toneladas de leche, abría las piernas para que mi cuerpo quedara colgado de la
verga y tres orgasmos múltiples me enviaron a la lona. Para terminar la juerga
me monté sobre Liria y nos mandamos un descomunal sesenta y nueve.

Nos dormimos festejando la victoria. Liria cerró diciendo
“Reprimirse en el sexo es causa de trastornos emocionales e infelicidad, hay que
darle…..” y se durmió placidamente, Boris roncaba profundo, yo seguí.

 

Resumen del relato:
    Los gustos sexuales de la pequeña dama continúan.

Liria (05: y Sandra)

Liria (05: y Sandra) (11)

Liria y Sandra (CAP. V)

Mi amiga Liria tenía una cantidad muy grande de argumentos
para saciar su sexo, nada le parecía demasiado, por el contrario, cuando su
concha se calentaba ardía con una llama voraz y debía de apagar el incendio.

Nos veíamos todos lo fines de semana, pláticas de sexo era el
tema preferido; su anecdotario era jugoso y por lo general terminábamos en unas
orgías de juguetes sexuales indescriptibles.

Tenía un arsenal de lo más variado para placer de nuestras
conchas, por otro lado servía para ejercitarme para los placeres con mi amante
de turno; era como hacer maniobras militares para estar preparadas para
cualquier batalla. Nunca nos insinuamos en tener sexo lésbico.

Aprendí de ella a hacerme exámenes médicos propios de nuestro
sexo para que las armas siempre estuvieran prontas; además también a asegurarme
que mi pareja fuera de las mismas costumbres en cuanto al cuidado de su físico,
pues, no me gustan las pijas con guante quirúrgico “Es como chupar un chupete”
decía mi buena amiga “de la tetina tapada no sale leche y eso es inaceptable
para mi”

Llegó un día en que, Liria tuvo la iniciativa como siempre,
de hacer una reunión de oficina. Nuestro jefazo enterado nos prestó para ese fin
su casa de descanso que hacía tiempo había dejado de usar desde que su hija
Julia se fuera ya casada a Londres.

El viejo leguleyo además cumplía años de edad, sesenta y no
quería estar solo.

A nuestra barbie le pareció magnífica la iniciativa e hizo
las diligencias del caso, recibió como adelanto la posesión las llaves de la
casa quinta delante nuestro.

El día anterior a la reunión fui con la pequeña a ver el
lugar en el automóvil de ella, obsequio de Aarón. La residencia era enorme,
aunque era de pocas habitaciones. La entrada daba a una enorme sala con una mesa
oval para doce personas, las sillas eran de madera muy pesada como la mesa,
parecía la de los caballeros del rey Arturo; el piso totalmente alfombrado;
armarios con vidrios y espejos guardaban objetos de todo tipo.

Luego, a un lado había una enorme cocina como de restaurante,
no faltaba ningún tipo de elemento que quitara comodidad al cocinero. Esta
conectaba con un despensa que estaba atestada de comestibles y bebidas.

Al otro lado de la sala un gran dormitorio, el mobiliario era
de madera de similar estilo al salón. La cama era enorme, sostenidas en patas
que la sostenían eran altas hasta el techo ( el techo era bastante bajo poco por
encima de la dos puertas que tenía) para sostener una especie de toldo de cual
pendían cortinas por los cuatro lados, la tela esta era muy pesada, terciopelo
muy grueso en rojo y con bordado dorado. Denotaba tener colchón muy alto, que
palpé y noté que era de agua, debajo del tendido que era de seda bordada.

El decorado era peculiar, una reproducción de La maja
desnuda, una sílfide muy hermosa junto a un macho cabrío apuntando con su falo
al sexo de la jovencita, una venus despojada de su túnica mostrando en forma
insinuante su sexo y mirando hacia el lugar del reposo a poco de la enorme cama
un espejo muy grande que reflejaba las grandes almohadas de pluma del lecho
iluminado desde la parte superior con una luz de color negro hacia el reflejo
(como los cuadros de las galerías de arte pero de luz negra), un sillón muy
moderno de aire y material transparente. El viejo tendría problemas de glúteos
por las sillas de la oficina.

Ambas tuvimos la misma idea al ver aquello nos miramos y sin
decir nada avanzamos hacia el gran armario empotrado en la pared. Revolviendo
encontramos una tv panorámica, un reproductor vhs, cintas de películas que a
juzgar por los títulos eran de sexo explícito. Por último una caja con una
muñeca inflable muy cuidadosamente guardada con todos sus atuendos en las
gavetas; una lencería envidiable, aunque de talle grande para Liria y pequeños
para mi. Después de esto no había más nada y seguimos la inspección.

Nuestro comentario volvió al sexo referido al hallazgo, pero
quedando a los sucesos del día siguiente.

La puerta siguiente de el dormitorio daba a una sala de baño
con todos sus artefactos y el agregado de un bello yacuzi que daba a un
patiecillo íntimo a través de una gran puerta de vidrio. A su vez este lugar
comunicaba con la sala grande. Otra puerta en el salón daba a una pequeña sala
de aseo con los artefactos necesarios, inodoro y lavabo.

Así era la casa de descanso. Hicimos los pedidos por teléfono
de lo necesario que notamos faltaba en la despensa y las extras de una fiesta.

Volvimos para regresar al día siguiente antes de la llegada
del abogado. Todos preparamos la recepción que se concretó dos horas más tarde.

Liria encabezó la bienvenida con el consabido cántico de
cumpleaños, nuestro jefe lagrimeó, nuestra muñequita le frotó las lágrimas y a
modo de largada le tendió un gran vaso del licor preferido que acompañamos con
un brindis de “fondo blanco” todos nosotros.

El aperitivo duró dos o tres horas, la botellas se vaciaban,
todos entonamos cánticos a la vez de canciones diferentes y parloteábamos al
unísono los mas variados temas que eran, a esta altura de sexo. Cinco hombres y
cinco mujeres conté antes de comenzar a ser invadida por los vapores de licor en
mi sangre y empezar a sentir el deseo que esto terminara en una orgía, pues
había uno o dos compañeros que me querían coger y no me gustaban, pero a esta
altura ya estaba el horno encendido.

Llegó la hora del ejercicio de los masticadores, aquí el
licor de líquido dorado o incoloro, dio paso al de color negro y corpulento. Un
par de horas calculo que duro.

Seguimos con la música y nuestra pigmea alta comenzó con la
danza organizando un gran baile.

Nuestro anfitrión no había cambiado de licor, seguía con el
mismo gusto desde el principio. Miraba nuestros avances, escuchaba atentamente
nuestras frases. Lo miré a él, primera vez que lo veía con atención, es un
hombre estatura media, atlético para su edad, supongo que por el ejercicio de
caminar, no denotaba sus sesenta.

El día se hallaba entre las luces del atardecer y el ambiente
marcaba un vapor de coger, alguna vergas se mostraban en todo su esplendor a
pesar de estar los hombres vestidos, las frases eran invitaciones directas. Las
manos recorrían conchas y pijas. En un rincón Berta le daba la tal mamada a
Eugenio. El jefe veía en silencio.

Poco a poco se fueron despidiendo las parejas, había llegado
la hora de irse a darle con todo a los desbocados instintos de la lujuria.

Liria y yo no logramos aparejar, pues uno de los invitados
había caído por la ingesta y quedaba el jefe algo alcoholizado pero aún en pie
de guerra para darle al trago.

Yo me dediqué a tratar de reanimar al caído y Liria a tratar
de que nuestro albacea se retirara a descansar.

Mi tarea demoró mas de lo previsto, tuve que levantar al
caído en el jardín como a treinta metros de la casa e intentar de alguna forma
reanimarlo para introducirlo en su auto. Tardé unos treinta minutos.

Volví, silencio por doquier, me detuve; me dirigí al
dormitorio.

Antes de entrar me detuve, algo me lo impidió. La voz pausada
del jefe. Presté atención “Mira que manera de coger, esa verga enorme como le
sacude los labios mientras ella se la chupa. Ahora cuando se la mete en el culo
como ella siente la pija dentro y comienza a tener los orgasmos a cada vaciada
que le manda el tipo. Sus gemidos me ponen a mil. Pon otro video, el que dice
Amor colgado”

Aquí me intrigué, estaba caliente, imaginaba las imágenes que
comentaba y mi concha deseaba coger. Busqué mejor posición para observar sin ser
vista, la encontré en el yacuzi observando por reflejo el espejo de este que
daba al enorme del dormitorio, la escena era panorámica. El jefe desnudo con la
pija parada sentado en el sillón de aire, Liria también, sentada al borde de la
cama y mirándose ambos.

Pude ver, aunque algo de lado la imagen en el panorámico, ya
estaba el video nuevo y ella manejaba el control remoto.

“Que la cinta corra hasta donde está el número doscientos
veintitrés, ahora en marcha normal” dijo la voz del hombre.

“Ahí hay un perro con la verga parada y una mujer con la
concha en posición de que se la meta dentro” dijo ella.

Si, la mujer de la película estaba en posición canina
esperando que el perro la montara; empecé a sentir un orgasmo incipiente con las
imágenes de la cinta y el recuerdo del relato de Liria y Jazmín.

La escena mostraba ahora a la mujer en ángulo sobre un diván,
las piernas colgando donde se podía ver el perro sobre ella con las patas
delanteras a cada lado de su cuerpo, las traseras en el piso, con una enorme
verga muy roja dirigiéndola a la concha que ella habría tirando de cada nalga
con sus manos. El can, un gran danés, daba vaivenes intentando penetrar ese
agujero que dejaba caer gotas de la leche que le había chorreado el mastín. A
cada rociada ella gemía. La toma cambió, se veía desde bajo la pija enorme con
dos bolas en la parte que aun la funda mantenía oculta, la concha abierta, los
puntazos del miembro divino y sabroso se apreciaban en todo su esplendor.

“Eso está divino decía la fémina, me estoy mojando” mientras
su mano paseaba por los labios vaginales rozando al tiempo su clítoris.

“Mira como gotea la mía, como el blanco caliente se ve con la
luz negra” replicaba la otra voz.

Ambos se miraban y mojaban sus labios con la lengua. Seguían
viendo la bella cogida que continuaba con suspiro de la actriz.

Otra toma desde atrás y debajo de los actores mejoraba la
vista de los labios abultados de la vulva sin vello, un clítoris superlativo, la
descomunal verga púrpura de calentura con sus bolas mas grandes aún dentro de la
piel. Los vaivenes arreciaron hasta que la penetración se colmó. Cundo la piel
del enorme miembro se corrió hacia atrás descabezando el gusano, se notó que las
bolas entraron por la dilatación que produjo en los labios de la cocha femenina.
Luego se pudo ver, pues, a cada retroceso del mastín la boca de la concha se
habría algo por los bultos que no podían salir por la presión de los vaginales
que querían tragarse todo.

“Eso me hace acabar” decía Liria “como me gusta, me calienta”

“Me sigue corriendo leche de mi pija, es divino”

Yo me estaba masturbando, quería sentir vergas dentro de mi,
una sola no era suficiente en ese momento.

Las personas del dormitorio se miraban y seguían con el juego
personal. La pija del jefe no era grande en largo, pero si robusta y tenía una
gran cabeza el gusano, muy poco vello. Quería darle una gran lamida.

La concha de mi barbie tenía reflejos de los líquidos que
salían de ella. Quería darle otra lamida.

La filmación seguía desde la misma posición. La verga del can
era gruesa como mi antebrazo donde se coloca el reloj, donde estaban las dos
bolas como mi mano cerrada en puño. El gran danés siguió largo rato bombeando
leche dentro de la vulva, gemidos y gritos de placer salían del dormitorio,
acompañando los cuadros. En un momento hizo un giro, la dama lanzó un gran grito
de delirio, sin desconectar su pija de la concha de la mujer quedó en oposición,
quedando los culos besándose. Cesó su vaivén, la concha estaba dilatada por la
pluscuamperfecto miembro que contenía.

Se veía el cancerbero quieto, con las patas traseras tiesas y
extendidas, sus ojos se cerraban a pocos minutos dando la muestra que estaba
largando los chorros mas grandes de su caliente semen sin moverse. Cundían
gemidos y gritos.

El jefe tenía la leche cremosa alrededor de su pija de tanto
masajearla; Liria estaba en un orgasmo perpetuo, apretaba sus piernas con la
mano acariciando su concha con desesperación.

Yo tenía dos o tres dedos en mi vulva y le daba a mas no
poder. Tampoco dejaba de mirar, no quería perder nada, eso hacía que no pudiera
acabar. Me gustó calentarme de esa manera, pues presagiaba que si lo hacía
perdería el final.

Vi que el perro trataba de desenganchar su carga, tiraba,
pero el enchufe estaba atorado.

Las bolas y los labios de la concha eran una sola cosa. En el
esfuerzo arrastró el cuerpo femenino hasta que se salió del lugar donde reposaba
quedando colgada de la enorme verga sin que sus pies tocaran el piso, la escena
era delirante, yo veía que mis ojos se nublaban de sangre, la calentura que mi
cuerpo y mi sexo despedían podía incendiar la casa.

De pronto la mujer cayo al suelo, allí vi el enorme falo del
mastín, era como dije y colgaba con un tamaño que en largo era desde el puño al
antebrazo mío. La mujer quedó en un gemido agónico de placer denotado por los
temblores de su cuerpo, como se encogía y la forma de apretar su sexo con las
piernas. Luego quedó tendida. Aquí finalizó el filme.

Adentro, Liria y el abogado se miraban, ella se levantó, se
puso delante de él, se arrodilló, le separó las piernas, tomo la verga con suma
delicadeza viéndola mientras sus lengua remojaba sus labios. Le corrió la piel
dejando la enorme cabeza del gusano fuera que aumentó en color y tamaño. Con
gran maestría comenzó a chupar, la lengua en la punta, con ella la rodeaba, la
metía dentro de la boca, así varias veces. Se detenía, miraba y escuchaba al
hombre. Repetía el rito, a los breves minutos él se encogía despacio y se
extendía rápido emitiendo un gemido, ella cerraba los ojos y se tragaba la tal
cantidad de leche. Una de sus manos seguía dándole a su sexo. El le mandó otra
acabada, un gemido y cayó para atrás. Barbie se detuvo, esperó, se levantó con
rapidez, puso el oído en el corazón del viejo general caído, se irguió y dio un
suspiro de alivio. Allí miro la verga algo dura aún y le terminó de mamar para
su placer.

Yo quedé tiesa, petrificada con lo sucedido, recordé como
había acabado Aarón.

Si poder moverme me encontró mi amiga, aún tenía mis manos en
mi concha, sin tanga ni falda, nada me cubría estaba desnuda, porque me había
ido sacando la ropa esperando en participar en un trío, en esa orgía.

Me miró con sorpresa, sin inmutarse demasiado me volvió en mi
diciendo: “Es la primera vez que lo hago con él, le debo mucho de lo que soy. Es
un hombre muy honesto, aunque solitario, luego de enviudar se casó con el
trabajo alejándose de la sociedad, la oficina y esta casa son su pequeño mundo,
su amante es la muñeca de aire me dijo entre la nebulosa del alcohol. Ahora esta
como hipnotizado, le pasa siempre que toma más de su rutina, escucha, ve,
siente, sólo que no habla; hace todo lo que se le dice como robot y mañana no
recordará nada de lo que pasó luego que se levantó de la mesa.

Es mi regalo de cumpleaños aunque lo olvidará por completo”

La miré pensativa, en el fondo yo seguía con ganas de coger y
se me ocurrió algo.

Le pregunté si podía darle el mismo regalo que ella.
–”Podemos terminar de regalarle hasta que definitivamente caiga dormido que será
cuando la pija deje de estar tiesa”-

Besé su boca en un arranque de lujuria, realmente deseaba
lamer la boca de Liria y probar el sabor que le había dejado la leche que había
tomado; ella dejó hacer, luego me tocó la concha con gran maestría, separando
los labios de ella rozó mi coño encendido, al instante acabé. Después rodeó mi
cintura conduciéndome al dormitorio, el hombre. El estaba de pija medio dura
recostado sobre el sillón de manera tal que le emergía plenamente, se la miré,
busqué los ojos de mi amada; ella se dio cuenta de mi intención. Me hizo
arrodillar entre las piernas del alcoholizado, tomo con suavidad mis mejillas
conduciendo mi boca a la verga. Comencé a lamer la cabeza del falo replegando su
piel con mis labios; comenzó a tomar forma, dentro de mi boca sentía como su
diámetro crecía, como su punta aumentaba en calor. La pequeña besaba la boca del
hombre, este respondía tocándola en las tetas, metiendo su dedo mayor en la
vulva, luego en su culo. Ambas gozábamos, gemíamos de placer.

La pija, muy gruesa ya, comenzó a largar gotas de caliente
calostro en mi boca, me llevaba al éxtasis. Extendí mis piernas, mi cadera quedó
levantada, en esa posición la pija me colmaba más, podía saborear mejor sus
jugos candentes que aumentaban en cantidad. Barbie dejó sus delicias, yo seguí
mi rito. Sentí que mi concha era invadida por un volcán de calor, Liria me
estaba chupando por detrás, metía su lengua en ella y al instante lamía mi culo.
Los vaivenes de su lengua por la hendidura me llevaban al paroxismo, comencé a
tener un orgasmo, luego otro. La ceremonia seguía, la pija me envió una andan
ada de leche que casi me ahoga, orgasmos múltiples me invadieron. Quería
sentirla dentro. Saqué mi boca de la fuente conteniendo la crema en ella, me di
vuelta hacia mi Safo, nos abrazamos, puse mi boca en la suya y le pasé todo el
contenido, le indiqué antes de que la tragara toda que la pasara a mi concha.
Hecho eso con expertas lamida de ella acabé nuevamente, con mi vagina llena
busqué la verga, la dirigí a mi concha y me dejé caer con lenta energía. A
medida que mi vulva se dilataba por la penetración, me vinieron orgasmos que
hicieron chorrear el semen entre mis piernas. Liria observaba masturbándose, al
ver el espectáculo de mis piernas abiertas, se reclinó y comenzó a lamer desde
el nacimiento de la pija hasta el extremo de mi coño enrojecido de calentura
toda la mezcla. Alguna vez succionaba con fuerza sintiendo el sonido de la
aspiración y otro orgasmo me hacía apretar las piernas. No se cuanto duró.

Cuando casi me agotaba cambiamos la táctica, Liria se puso la
candela dentro de la vagina y yo chupaba el coctel. La verga comenzó a
desinflarse el tiempo había terminado.

Sentadas al borde de la cama miramos la flácida pija. Nos
miramos comenzamos a besarnos para probar nuestras bocas cada una con su sabor
especial, después de unos orgasmos me hizo poner de culo para arriba, volvió al
juego de recorrer la hendidura uniendo con su cálida saliva los dos agujeros.
Luego me tocó hacérselo a ella. Nuestro éxtasis estaba al borde del paroxismo.
Los orgasmos seguían en rápida sucesión. Cuando nos vimos llenas las conchas de
jugos, nos cruzamos haciendo que esos labios se besaran con un roce de clítoris.
Como final hicimos un sesenta y nueve hasta que nuestras energías nos dejaron,
quedando ambas desfallecidas en la cama.

Despertamos al día siguiente aún cruzadas la una con la otra.
El abogado dejaba salir ronquidos desde su garganta indicando que su sueño sería
aún muy largo. Nos aseamos y nos fuimos a la oficina.

Otra vez a la rutina de papeles, pero con algo más para mi
experiencia con mi amiga Liria.

 

Resumen del relato:
    Otro picante encuentro de nuestra heroína

Liria (03: y Eros)

Liria (03: y Eros) (11)

Liria y Eros (CAP. III)

Lo que me contó de Jazmín no me alarmó y tampoco me pareció fuera de lugar.
Creo que hasta sentí cierta excitación con su anécdota. Realmente ella era una
persona muy especial, todos en el trabajo la apreciábamos y cuidábamos con gran
celo. Representaba muchas cosas, tales como: amiga, hermana, novia, esposa y
hasta madre para ambos sexos. Nos preocupábamos por su soledad aunque ella decía
que sabía como afrontar todas las cosas y realmente le creíamos por su trato
hacia nosotros.

La única visita que recibía era la mía. Así poco a poco fui conociendo su
departamento, lamentablemente ya no tenía a Jazmín; debió de darlo a unas
personas, pues se convirtió en un perro demasiado grande para que le permitieran
tenerlo en el edificio. Me comento que extrañaba las cogidas y mamadas que se
daban mutuamente, además de la cantidad de leche que le daba por la boca y la
concha.

Yo también le comenté que le último chico con el cuál salí me dejó sin más,
aunque no me importó, pues no era bueno en la cama y siempre me dejaba muy
caliente, aunque estaba sintiendo la necesidad de una buena verga dentro de mi.

“Yo me cuido mucho en todas mis necesidades corporales” decía “desde la
salud, que comenzó por lo que le pasó a Aarón, otros cuidados propios de la
mujer y también necesidades como satisfacer mis instintos sexuales; me gusta ser
sincera, no me preocupa la opinión ajena; hago lo que me hace sentir bien a mi.
Además soy muy higiénica, me levanto y me baño, luego que vuelvo del trabajo
antes de acostarme repito el rito del baño. Los días que no trabajo y hago
quehaceres de la casa me baño hasta cuatro veces si es necesario y para el
relajamiento del cuerpo me compré un yacuzi para darme largos hidromasajes,
mientras, leo un buen libro, o sólo cierro los ojos, o hago ciertas cosillas”.

Esta última frase agudizó mis sentidos y dejó una incógnita en mi.

Como siempre que estaba en su casa conmigo, tenía puesta una bata corta que
terminaba sobre sus rodillas. Así preparó la cena, levantó los trastos para
poner en el lava vajilla. Antes de pasar a su estar para disfrutar de un buen
café con su licor preferido me dijo que deseaba darse un buen hidromasaje. Si yo
deseaba podía ver televisión en su receptor gigante, escuchar música en su
centro musical. O si me parecía bien, podíamos charlar mientras estaba sumergida
en el agua.

Se fue a preparar su baño, me quedé sentada pensando en eso de “las cosillas”

Su llamada me libró del pensamiento y fui a su encuentro. Guiándome por la
voz llegué hasta ella, era una parte del piso que no conocía. Sólo conocía su
sala, comedor, cocina, dormitorio de ella, de huéspedes (que yo utilizaba
algunas veces a su invitación) y el baño pequeño.

Era antes un pequeño estudio, como ya no le daba utilidad, lo convirtió en su
sala de relax. Hacía algún ejercicio que se notaba, pues, a pesar de su baja
estatura era incansable y ágil de movimientos, que demostraba bailando y
amenizando las veladas del grupo. El yacuzi era elevado, sobresalía sobre un
ángulo, de color rojo (su color favorito) dentro y fuera, con grifos dorados que
tenían piedras amatistas incrustadas.

Ella estaba dentro, del agua salía un vapor tenue, también un suave aroma (le
ponía sales) , el líquido burbujeaba al impulso de los chorros que salían por
varios agujeros al efecto dentro de el. No había espuma de jabón. Me recibió con
una sonrisa, como preguntando mi opinión, mientras impulsaba el elemento con su
manos y brazos como intentando apartarla.

El cuerpo sonrosado de ella sobresalía en el oscuro fondo, aunque se difundía
en el fragor del movimiento del agua. La observé con curiosidad y ansiedad
tratando de adivinar como era en todo su forma oculta.

Charlamos un rato hasta que la conversación se desvió a recuerdos sexuales de
ambas. Comenzamos un anecdotario lleno de adjetivos y ciertas onomatopeyas
relacionados a los actos del sexo. En el interín comentamos ambas, casi al
unísono, que teníamos una excitación que nos mojaba, sentíamos la concha llena
de flujos y jugos.

Ya comenzamos con palabras mas directas sobre el particular, excitándonos más
a cada frase.

Recordé sus “cosillas”, directamente le pregunté si se trataba del tema que
platicábamos. Me respondió que si, pero más que nada como aplacar “sus
necesidades corporales” que había mencionado a poco de yo llegar.

La miré con desconcierto. Replicó directamente. “Me masturbo cuando mi ansia
es superlativa, como ahora”, entonces vi que su mano se movía dentro del agua
con cierto ritmo. No me asombré, pues de ella sólo se pueden esperar respuestas
directas, no tiene rodeos. Cierto fue que mi cerebro hizo un clic dentro que
avivó mi curiosidad, con cierto aire de deseo de hacer lo mismo que ella.

Comentó. “Quiero tener una enorme verga dentro de mi, que me llene de
placer”.

Le replique eso no me parecía posible, salvo que saliera así y se enganchara
al primero que pase. Dijo: “Para coger con alguien, debo primero tener tiempo
para conocerlo y sobre todo saber que no se acuesta con cualquiera. El proceso
es de tiempo y yo tengo la urgencia ya”

Le hice una mueca cuestionando como lo hace. “Simple, tengo juguetes
sexuales. Una enorme verga muy suave que parece real, otra un poco mas fina y
algo mas larga, un vibrador y una serpiente. Estas sales aromáticas en el agua,
el chorro que se bate en mi coño y la temperatura, le dan mas excitación a mi
cuerpo. Además de la plática que nos cruzamos. Abre la gaveta debajo del lavabo,
allí están mis juguetes”

Hice lo que me pidió, me acerqué al lugar indicado, había un espejo con una
forma peculiar, su marco era el de un dios romano (lo supuse pues estaba
coronado por una cabeza humana con ramas de cómo de olivo). “Ese es el dios Eros
de los romanos del amor y el sexo, es decir de la lujuria” me comentó. Abrí el
cajón, vi sus enceres y sobre todo las pollas que eran como parte amputada del
cuerpo de un hombre, mi sangre baño mis neuronas. Cuando se las di, me dijo:
“Miraste con lujuria mis instrumentos, me percaté que te dieron ganas de probar,
es Eros el depositario del deseo sexual”.

Asentí con la cabeza, no podía apartar los ojos de ellos, mi cuerpo pedía
sexo y mi mente me impulsaba a hacer la prueba, el Eros me había atrapado.

“Quítate la ropa con confianza, ambas somos mujeres, entra en el yacuzi y
relájate”

Muy rápido me despojé de la vestimenta, ella me observaba, sobre todo cuando
me fui quitando las bragas. Tengo mi pubis prolijamente rasurado, a pesar que
poseo muy poco bello, por lo que se ve muy bien su piel sin las sombras que se
insinúa cuando se tiene mucho pelo y oscuro. Los labios de mi vagina son
delgados, apenas abultados, mi coño es muy rosado, aunque asoma bastante fuera y
sobre todo cuando estoy excitada como en ese momento. Ella miraba con sus ojos
muy brillantes y pícaros todos mis movimientos denotando cierta ansiedad.
También me observaba el busto, de tetas grandes, firmes, con pezones rodeados
por un halo oscuro, que al momento tenía erguidos por la calentura.

Ingresé al agua, a medida que me sumergía el vapor aromático penetraba todos
mis sentidos exaltándome más, mis jugos comenzaron a hacer brillar mi clítoris y
a abultar algo mas los labios que lo rodean. Me senté, ella me masajeó con afán
de distenderme más, aunque sólo logró calentarme más pues estaba demorándome en
probar lo que ansiaba: tener uno de sus falos dentro de mi concha llena de
placentero jugo.

Ambas quedamos en silencio sumidas en nuestras fantasías personales, Liria
rompió el silencio al salirse del yacuzi, con un ademán me insinuó que también
lo hiciera.

Se acostó en una grande y mullida alfombra que había a un lado,. Sin secarse,
con las piernas muy separadas, comenzó a frotar en los labios de su concha la
punta de la enorme verga. Yo estaba muy caliente observándola. Pasó algo
viscoso, de aspecto graso por el falo, lo acarició como si fuera real, mientras
lamía sus labios lo fue penetrando en su concha con suaves vaivenes, dentro,
fuera, dentro fuera…

Empecé a sentir que me quería correr, pequeños estremecimientos me recorrían
comenzando en mi concha hasta llegar a mi vientre. No podía dejar de ver a Liria
dándole cada vez más rápido a su auto penetración, acompañada de susurros y
gemidos de placer. Supe que tuvo un orgasmo cuando la mandó muy dentro de ella y
por un instante apretó la verga con ambas piernas mientras su cuerpo se sacudía
en pequeños y sucesivos espasmos.

Empecé yo con el juego, me olvidé de la barbie de la cual seguían emergiendo
gemidos placenteros.

Durante muy largo rato me di de verga y orgasmos, hasta que me sentí cansada
de brazos, aún quería más. Me detuve, mire a mi pequeña amiga, amabas estábamos
recuperando aliento, con la diferencia que ella metía sus dedos dentro de si
sacando su propia leche y bebiéndola. Me inspiró e hice igual. El gusto de mis
jugos me excitó, sentí deseos y le pedí me prestara probar su candela, quería
sentir el tamaño en mi concha.

Intercambiamos, le dimos otro rato, luego observé que Liria se ponía en
cuclillas.

Las vergas tenían en su nacimiento ventosas, puso ésta en el piso cerámico y
quedó muy parada, enhiesta, como en el cuerpo del macho. Mi mente obligaba a mis
ojos a seguir el progreso de lo que vendría, mientras hacía calentar más mi
sangre y bombear a mil mi corazón.

Volvió a pasar el lubricante en la polla, puso los labios de su vagina en
ella y llenó su vulva; comenzó a menearse, a subir y bajar su cadera. Cuando
tuvo un orgasmo, que se insinuó por la manera de dejarse caer sobre el mástil
parado, quedó un instante quietecita saboreando la magnífica acabada.

Mientras miraba yo ya hacía lo mismo, con la diferencia que mis lecheadas
eran más rápidas por el hecho de que la veía a ella al mismo tiempo.

Volvió al ataque, otra vez el gel sobre el vergajo, también su culo recibió
el tratamiento con dos dedos llenos del resbaloso producto. Presté mayor
atención, aunque ya me imaginaba el desenlace.

Tomo sus glúteos con sus manos dejando muy abierto el agujero, lentamente
descendió sobre la erguida estaca, cuando los bultos emblemáticos del macho
tocaron sus nalgas, quitó las manos de ellas, cerró los ojos y otra vez el
conocido vaivén rítmico de la relación sexual. El movimiento fue cada vez más
enérgico, suspirando a cada caída, gimiendo cada vez más fuertemente. Al poco
tiempo emitió un grito, su ansiedad fue colmada, estertores de placer llenaban
el ambiente. Los ruidosos gemidos de ella y míos, sonaban a coro, pues yo, para
no variar había realizado el mismo rito de mi amiga Liria, viéndola acabar tuve
tres orgasmos múltiples.

Nos miramos a los ojos, luego nuestros culos atravesados, un pequeño gemido
por separado, nos desclavamos y nos tiramos sobre la alfombra a dormir el sueño
de las amazonas.

 

Resumen del relato:
    Otra experiencia de Liria.

La niña (VI: Despedida de soltero)

La niña (VI: Despedida de soltero) (11)

Nuestra relacion continuo asi un tiempo, pero ya no era solo sexo, tambien se
formo un buena amistad, era mi confidente, aunque no podia hablarle de otras
chicas, se ponia celosa aunque no lo admitiera.

Pero como es natural, al terminar el colegio e ir a la universidad, comenzo a
frecuentar otra gente, nuevos amigos, no tendria problemas en conseguir novio,
si siendo niña era apetecible, ahora ya siendo mujer era deseable. Ahora media
1.72 aproximadamente, sus formas seguian siendo esbeltas, se habia desarrollado
mas, pero no era exuberante, desbordante, lo que tenia lo tenia bien, y bien
firme.

Yo de manera similar me involucre mas con mi trabajo, asumi nuevas
responsabilidades y segui con mi vida. A veces nos encontrabamos, saliamos,
otras veces teniamos relaciones, como para renovar una vieja pasion. Me llamaba
cuando se peleaba o terminaba con algun novio, y claro yo la consolaba.

Comence a salir con otra chica, Maricarmen, digamos que me enamore, dedidi
casarme y le propuse matrimonio. Le envie una invitacion a Cinthya, me llamo, y
contrario a lo que imagine, me felicito… yo todavia pensaba que era la
muchachita caprichosa que se habia enamorado de mi, que iba a ser un berrinche
al enterarse, aunque ciertamente su voz no era del todo feliz, pero se alegraba
por mi, ya tiene 20 años debe haber madurado un poco me dije.

Aun asi, dias antes de mi boda se presento en mi departamento, vestida con
una gabardina, lucia un poco triste, la hice pasar.

- Hola que sorpresa.

- Aqui visitando,

- No claro, me permites tu abrigo.

Ella lo abrio lentamente… debajo de el no traia ninguna prenda, estaba
completamente desnuda, salio a relucir su magnifico cuerpo, me quede
hipnotizado, y pensar que yo disfrutado de todo eso, me decia a mi mismo. Y al
parecer lo volveria a disfrutar, ella vino dispuesta a darme mi despedida de
soltero, que a su vez seria practicamente nuestra despedida.

Ahora estaba mas alta (1.72m), sus senos hace mucho habia dejado de ser los
de una niña, sino los de una mujer, redondos y tan apetecibles como los melones.
Sus muslos mejor formados, y su trasero, bueno su trasero no cambio mucho,
digamos que se amoldo de acuerdo a su altura, si hubiera crecido tanto como ella
seria por demas escandaloso.

- Profesor, vine a darle su despedida…

- Oh, pero no es necesario… me iba a casar y otra vez tenia la manzana de
la tentacion frente a mi, y ella sabia que no podia resistirme.

- Pero yo quiero… y diciendo esto se acerco y me beso con ternura.

No le devolvi el beso, mi conciencia no me lo permitio, trataba de pensar en
Maricarmen, pero con semejante silueta ante mi era casi imposible. Ella se
aparto un poco, nos miramos a los ojos, ella tenia un extraño y magico brillo
que resaltaba no solo el verde de sus ojos sino tambien su belleza, belleza de
mujer. Involuntariamente me fui inclinando hacia ella, mi invitacion fue
respondida y nuestros labios se unieron.

Vamos, es la ultima vez, por los viejos tiempos, me decia a mi mismo. Mis
manos recorrian suavemente su cuerpo, como intentando grabar en mi memoria sus
dulces y armoniosas formas. Ella me devolvia cada caricia con un besos mas
profundos, apasionados. Sentia todo su cuerpo contra el mio, sus senos se
bifurcaban en mi pecho invitandome a tocarlos, y asi lo hice.

Cinthya entre beso y beso me desabotonaba la camisa, luego siguio con el
cierre de mi pantalon, de mas esta decir que mi verga salio disparada, la sola
presencia de su cuerpo era un estimulo irrefrenable. Ella lo miro, luego lo
cogio tambien como queriendo grabarse en la memoria cada centimetro. Despues
procedio a inclinarse, entendi lo que venia…

- No, no es necesario, le dije.

- ¿Por que?, me pregunto con su voz que aun conservaba algo de la ingenuidad
infantil.

- No se, es solo no quiero que sea asi…

Era nuestro ultimo encuentro y no queria que fuera solo pasional, sexual…
deseaba conservar un recuerdo mas tierno de esa ultima vez. Ella lo entendio
bien, tan bien que se me avalanzo y me lleno de besos, me tenia contra la mesa
donde habitualmente comia, esa noche me despacharia algo diferente…

Gire hasta dejarla a ella contra la mesa, ella seguia frente a mi, sus
pesones se clavaban contra mi pecho. Al entender la intencion de mi movimiento
Cinthya subio automaticamente a la mesa, quedando sentada sobre esta,
inmediatamente me rodeo con sus bien torneadas piernas.

Mi pene no tardo mucho en hallar su conchita, parecia ya amaestrado, conocia
bien el camino, no fue necesario mayor tiempo para que se ubicara frente a sus
labios vaginales completamente humedos. Mi verga se deslizo por su conchita,
ahora completamente poblada por castaños vellos.

- Ohhh, asiii.. que bien se siente.

Se la hundi sin mayor dificultad, ella me abrazaba con fuerza y sus piernas
se aferraban ami cintura. La deje un momento metida hasta el fondo, como para
que no olvidara hasta donde lograba perforarla mi pene.

La aleje un poco, ella se echo para atras, pero todavia sus manos se
sostenian de mi cuello y de mis hombros, Cinthya abrio las píernas para permitir
la continua entrada y salida de mi verga. Esa noche mi mesa sirvio para albergar
un suculento y muy carnoso bocado, rico en potasio.

La tomaba por la cintura, mis arremetidas arreciaban, ella buscaba de que
asirse, sus manos resbalam de mi hombros, apoyo una de ellas en la mesa,
mientras seguia recibiendo su dosis de salchichon. Sus melones saltaban
ritmicamente siguiendo la secuencia de mis perforaciones.

- Ahhh… asii profe, asiii….como en los viejos tiempos.

Mi excitacion venia en aumento, y se me ocurrio acomodarme de otra manera
queria, que ella tambien tuviera control de la situacion… pase mis dos brazos
por debajo de sus piernas, la invite a que se aferrara a mi cuerpo, asi lo hizo,
sus brazos rodeaban mi cuello, la cargue separandola de la mesa para permitirle
que obrara, ella me beso profundamente agradeciendome que le cediera la posta.

Acomode mejor mis brazos debajo de sus muslos, y sin previo aviso ella
comenzo el descenso, recorriendo toda mi verga hasta su raiz. Volvio a subir, y
su conchita extrañando aquel trozo de carne descendio nuevamente. Ahora ella
subia y bajaba a placer, se pentraba a su gusto, sus labios buscaban los mios y
cuando los encontraba les imprimia calidos y jugosos besos mezclados con sus
gemidos.

- Uuhhhmmm…. que rico… ohhhhh… asiii

Sus senos chocaban contra mi pecho, se estrujaban contra mi, vibraban con
cada clavada, les juro que me hubiera gustado tener dos manos mas para
disfrutrar de ellos, era casi un delito no degustar esos dos deliciosos frutos.

Su ritmo fue bajando, el sudor nos invadia, note que el cansancio comenzo a
hacer mella en su rendimento, asi que volvia a tomar la posta, a tomar el
control de la suituacion… acomode mis brazos nuevamente y esta vez las palmas
de mis manos agarraban sus grandes nalgas.

Ahora con mis brazos yo imponia el ritmo de nuestro placer, ayudandola a
subir y bajar… cada vez mas arriba hasta casi sacarle toda mi verga y
dejandola caer rapidamente sobre mi estaca, su trasero vibraba con cada caida.

- Oohhh no pares… dame mas… mas fuerte… uuhhmmmm

Sus deseos fueron ordenes, sintiendo que me venia aumente el ritmo para
acabar y tambien, porque no decirlo, acabarla a ella… tenia los brazos
entumecidos y pense que a ella le habia dado un calambre, pero fue en ese
momento que los dos nos rendimos y acabamos juntos en un orgasmo que parecio
interminable… mi leche que salia a borbotones inunado su vagina, tratando de
luchar contra la gravedad y permanecer dentro de su concha.

Terminamos exaustos, ella se descolgo de mi, yo tampoco ya no tenia fuerzas
para sostenerla mas, pero siguio abrazadandome, sentia el ir venir de su
respiracion, como no sentirla con semejantes senos martillandome el pecho.
Estuvimos en silencio, recuperandonos de la agitacion producida por nuestro
nuevo, y tal vez ultimo, encuentro sexual. No me atrevia a hablar, o no se me
ocurria que decir, asi que tuvo que ser ella quien finalmente rompio el
silencio:

- No vas a extrañar esto?, me pregunto compungida.

- Como no extrañarlo… respondi algo melancolico

- Entonces ¿Por que…? y no llego a decir mas, sabia que esa pregunta quizas
estaba demas, por que arruinar ese momento con cuestionamientos… yo tampoco
queria responderle.

Seguimos un momento mas asi aferrados el uno al otro, sin decir nada,
sintiendo como el calor corporal y nuestra agitacion disminuia… hasta que nos
separamos, ella fue al baño a ducharse. Al entrar para lavarme yo tambien, vi su
silueta distorsionada por la puerta semitransparente que separaba rodeaba la
regadera, ello estimulo nevamente mi instinto sexual, imaginar como el agua
recorria su cuerpo… no lo pense dos veces y corri la puerta, ella me miro algo
sorprendida, luego con su sonrisa me invito a pasar.

Sus senos endurecidos por el agua fria que discurria en su piel, de la misma
forma que sus jugosos muslos y sus carnosas nalgas… mi verga endurecio
nuevamente a pesar de que yo tambien estaba bajo el agua fria, ese estimulo
visual era suficiente.

- Ayudame a enjabonarme la espalda… me pidio juguetonamente.

Mis manos llenas de jabon recorrieron su espalda desde los hombros, pasando
por debajo des sus brazos, sintiendo sus senos y aquellas dos cerezas que lo
coronaban, bajando mas por su cintura hasta toparme con su trasero, firme,
durito, provocaba morderlo para saber si era cierta esa armonia de formasa,
seria de carne o de acero.

- Creo que por aqui abajo vas a necesitar mas jabon…

- de verdad?

- si creo que necesitas una enjabonada mas profunda…

- Muestreme como profesor…

Diciendo esto coloco las palmas de sus manos contra la pared, levanto su culo
y se preparo para recibirme… yo me enjabone todo el pene y diriji la cabecita,
abriendome paso entre sus nalgas, hacia su anito. La cogi salvajemente por
detras, recordando la primera vez que le rompi su culito, recordando aquella vez
en la escalera. Ella gemia, se retorcia, me hubiera gustado tener un espejo
frente a ella para ver como su rostro cambiaba entre el dolor, la lujuria y el
placer; para ver como sus senos saltaban, se bamboleaban ante mis embates, pero
me conformaba con apreciar sus nalgas vibrando. Metia y sacaba con fuerza, como
exorcisandome de mi solteria, hasta que acabe nuevamente dentro de ella…
exausto otra vez, ella se volteo y nuestros cuerpos se unieron confundiendose
entre abrazos y besos apasionados, caricias, y el agua que seguia cayendonos…

No recuerdo bien cuantas veces mas lo hicimos esa noche, lo que si es que no
quedo lugar sin explorar. Hasta que finalmente sucumbimos los dos exaustos. Al
dia siguiente, me desperte tardisimo y ella no estaba a mi lado, me dejo una
nota:

“No se si pueda ir a tu boda, espero me comprendas.

Deseo de todo corazon que seas feliz en tu nueva vida.”

Con cariño Cinthya.

Me parecio dulce de su parte, ¿aun seguiria algo enamorada de mi?, bueno yo
tambien sentia algo por ella, me hizo dudar, en un momento llegue a pensar si me
estaba casando con la chica correcta. Vamos, amo a Maricarmen, me dije, ya tengo
casi 30 años, es hora de que tenga una familia, la vida de soltero no dura para
siempre.

Me case, me ofrecieron un mejor cargo fuera de la ciudad, asi que me fui…
desde la despedida no supe mas de Cinthya, quise llamarla para despedirme pero
no la encontre, supuse que ese era nuestro final, pero…

Continuara…

Adrian

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Resumen del relato:

    Liria (02: y Jazmín)

    Liria (02: y Jazmín) (11)

    Liria y Jazmín (CAP. II)

    Después del relato de su noviazgo con Aarón, comencé a sentir por Liria un
    gran aprecio. Nos hicimos grandes amigas.

    La barbie algo llenita, apenas más alta que la famosa muñequita, pero, tan
    atractiva, que muchos de los compañeros de la oficina querían poseerla más que
    al juguete.

    Siempre bien vestida, coqueta y vivaz, dicharachera, pero solemne en la
    empresa, a tal punto que sospechaban que tenía intimidad con el jefe.

    Cuando yo necesitaba consejo sobre tratar a los hombres en la cama recurría a
    ella, dado que siempre tenía la certera respuesta y sugerencias para que yo
    sintiera colmada mi sexualidad plenamente.

    Cuando se presentó la oportunidad le pregunté que tan grande era la relación
    con el ogro, ella me comentó que hacía tiempo esperaba le pidiera comentario
    sobre el particular. Me dijo que lo conoció poco después de que Aarón acabara en
    ella su vida, era su catedrático de Derecho Penal, viudo desde hacía mucho, su
    hija fue su compañera el año anterior en un curso de Derecho administrativo. De
    esta última es muy gran amiga y como estudiaban juntas se creó un lazo de
    amistad que la encaminó a conocer con detenimiento al abogado y como era muy
    reservada logró su confianza por compartir la afición al licor, que ella había
    comenzado a ingerir en la soledad del piso que Aarón le dejara legado.

    Me contó que Julia tenía una gran perra San Bernardo que ha poco tiempo había
    parido y un día, que vio triste a Liria, le ofreció como regalo, para su
    compañía, un cachorro de cuatro meses. El cachorro era casi tan grande como
    nuestra barbie, muy juguetón y hacía las delicias de ella cuando estaba juntos;
    por ser totalmente blanco lo llamó Jazmín.

    El hecho era que hacía tiempo ya que no satisfacía su instinto sexual, en las
    noches tenía sueños eróticos, recordando a su amado. Extrañaba su polla, sus
    chorros de semen en su boca, en su concha y en su culo. Cuatro meses más pasaron
    y sus deseos sexuales iban en aumento, sus sueños eran más seguidos y muchas
    veces despertó con un gran deseo de coger, más allá de haberse mojado en
    orgasmos nocturnos debido a los mismos.

    Un día de asueto, agotada por sus sueños, rendida, se acostó sobre la
    alfombra del estar cerca del hogar de leña encendido. Como siempre que estaba en
    su casa, estaba desnuda. Jazmín se acerco a ella, se recostó a su lado. Era mas
    grande que la pequeña Liria, extendido le sobraba la mitad de una de sus patas
    en el largo.

    Allí recostado jugueteaba con ella, dándose de vueltas, lamiéndole, como
    hacen todos los perros. Ella lo acariciaba en la cabeza, en el hocico, patas;
    cuando se ponía panza arriba le pasaba por ella sus dedos cosquilleándole. En
    una de tantas vueltas al perro se le empezó a asomar la polla, muy roja y
    brillante; entre el pelo níveo de Jazmín resaltaba. Ella lo observó y recordó la
    enorme verga de Aarón y sintió un estremecimiento al recordar como satisfacía
    sus mas cálidos deseo sexuales.

    Siguió el juguete con Jazmín, éste que ya estaba en la etapa que comienza a
    dejar la adolescencia perruna, comenzó a mostrar su instinto, dejando ver cada
    vez más grande y roja su enorme polla. Liria sintió excitación, por tratarse de
    su pero, dejó las caricias, le hizo aquietarse , se recostó sobré un almohadón y
    se durmió soñando con Aarón.

    En su sueño evocó cuando su amado la besaba, acariciaba y su forma de coger;
    la enorme polla caliente que había roto su virginidad, tanto por delante como
    por detrás. Se despertó en una enorme acabada de sus flujos debido a sus
    recuerdos. También sintió en su sexo, ya a medio despertar, algo caliente y
    húmedo que le removía todos los jugos de la concha, que le causaban deleite. Con
    los ojos cerrados, pero ya despierta, dejó seguir su sueño. La penetración era
    extraña, pero placentera; le removía el interior de su vulva con cierto frenesí
    que la hacía gozar al extremo. Dejaba hacer y habría mas sus piernas para que su
    sexo sintiera esa satisfacción. Seguía manteniéndose de ojos cerrados, no quería
    despertar.

    Le llegó un orgasmo, otro y luego uno múltiple, gozaba tanto que no quería
    cerrar sus piernas, que satisfacción que hace tanto no sentía. La imagen de su
    Aarón estaba en su mente y quería que no terminara nunca.

    Con cierto agotamiento se dejó caer, su cuerpo se relajó, sintió un sonido a
    su lado, era Jazmín que se lamía la polla, una verga enorme, púrpura, que
    brillaba con la luz de los rescoldos del hogar. La vio, era enorme, sus deseos
    aumentaron con gran frenesí. Toco ese enorme falo, su humedad, con las gotas
    leves que salían por su punta, aumentaron el deseo de Liria. Lo miraba, lo
    deseaba.

    Cuando Jazmín dejo de lamerse, lo observó con mas precisión, era muy grande,
    deseable; la tocó con temor, el perro dejó hacer, lamiendo la cara de ella.
    Mientras hacía, salía jugo de la verga del can, gotas, algún chorrito y se ponía
    mas grande, tomando un color violáceo. Comenzó a dejar la precaución y a agarrar
    con su mano aquella cosa caliente que mojaba sus dedos con algo suave y
    resbaloso. La recorrió haciéndole una suave puñeta, a continuación corrió la
    peluda piel hacia atrás para saber como era en toda su dimensión; dos enormes
    globos comenzaron a crecer sobre la misma, uno a cado lado, extraño y delicioso,
    esto aumentó su curiosidad y siguió pajeando al Jazmín. Con unos quejidos muy
    suaves, que excitaron a Liria, el perro comenzó a acabar con chorros que
    enviaron lejos su semen, ella seguía para ver cuanto salía de esa verga que ya
    estaba dándole deseos de chupar. El perro excitado se paró y comenzó a
    hamacarse, ella dejó su mano quieta, este siguió cada vez más rápido, saliéndole
    en cada embestida un largo chorro. Después de mucha arremetidas, mandó un envión
    grande y se quedo quieto, cerrando sus ojos Jazmín siguió acabando un ratos mas.
    Quedo definitivamente quieto, se recostó, comenzó a lamerse sus gotas esparcidas
    por su pelo hasta que las secó por completo.

    El deseo de Liria estaba en el paroxismo, a tal punto que, sus jugos corrían
    por su entrepierna haciendo brillar las gotas sobre su tersa piel; de piernas
    muy abiertas, pasaba sus deditos por su acabada y los lamía con gran placer.
    Estaba sumamente caliente.

    Jazmín se levantó y comenzó a querer juguetear con ella, la olfateó hasta que
    llegó al lugar que seguramente le llevo el olor: su concha. Ella le dejó hacer
    dejando muy abierto ese agujero lleno de jugos calientes para que le metiera
    lengua, pero, en su mente había otra idea. Poco a poco fue girando, mientras el
    can, a cada lamida iba excitándose mas, haciendo asomar su verga desde su funda.
    Ella había puesto sus ojos nuevamente en falo de Jazmín, quería llegar a el con
    su mano, en poco tiempo quedó con la cabeza entre las patas traseras del perro,
    extendió su mano, comenzó a masturbarlo. Cuando estuvo cerca del tamaño máximo,
    no le corrió el forro para atrás, puso su boca para recoger el líquido que
    comenzaba a gotear sobre su cara, al primer chorro lo atrapó en su boca; luego
    levantó cabeza y tomo con sus labios la verga. El perro sintió aquello caliente
    y suave que le había cerrado su sexo, comenzó a moverse. Liria trataba de que no
    se desenfundara, pues quería tragarse toda la leche canina que salía a raudales,
    de ese caño caliente, que mojaba su lengua , el interior de su boca y que
    tragaba como licor.

    Mientras le venía orgasmos, ella habría su concha con las dos manos para que
    la lengua entrara hasta el fondo.

    Su excitación iba en aumento, comenzó a desear que la leche perruna le
    inundara la concha, mojando su coño, que, tenía un tamaño enorme por la
    fogosidad que había despertado en si misma el deseo de coger.

    Soltó la robusta candela del can, este seguía largando chorros al aire; se
    puso en cuatro patas debajo del perro, pues por su tamaño, parecía una perrita
    cocker debajo de él.

    Encogió los brazos apoyándose en los codos, levantó su cadera poniéndose de
    rodillas, intentando guiarse por los chorros que brotaban de la fuente del perro
    hacia la verga del Jazmín. Cuando sintió la proximidad del volcán por un efluvio
    que dio en los labios de su vagina, retrocedió para que quedara el camino
    abierto a la penetración. La punta del falo sintió el calor, la suavidad de la
    concha mojada, empujó una y otra vez sin demasiada velocidad como buscando el
    hueco que le dejara entrar. Al tercer intento penetró, al siguiente movimiento
    fue moviéndose más rápido, más adentro. Liria sintió como su concha se iba
    agrandando por la verga enorme que le penetraba, comenzó a sentir un orgasmo
    incipiente cuando la siguiente arremetida le obligaba a sentir otro, la
    velocidad del perro fue en aumento; los orgasmos que se le habían a ella
    acumulado los largó al siguiente envión. Jazmín sintió la acabada en su verga
    comenzando a arremeter más y más ligero En cada embestida el tamaño de la polla
    aumentaba dentro de ella haciéndole tener un orgasmo y otro y otro. Esa cosa que
    le llenaba la hacia ponerse más y más cachonda. Acomodó un almohadón bajo sus
    rodillas para quedar mejor a las embestidas, que, con cada empujón iban
    llenándole con mas jugos calientes. La muñeca estaba en el limbo. En la
    siguiente avanzada sintió algo muy grueso, sumamente caliente que le hacía doler
    intentando entrar, entonces recordó las enormes bolas que se formaban a cado
    lado del falo; se distendió liberando el dolor inicial, dejando que siguiera el
    juego. En el instante siguiente, menos de un segundo, un golpe dentro le dió la
    certeza que tenía toda la verga de Jazmín dentro. Sentía como su interior
    rebozaba de leche, del enorme palo caliente con sus enormes bolas le revolvían
    los ovarios haciéndola calentar más y acabar a raudales, convirtiendo su concha
    en un coctel de jugos. Jazmín quedó quieto lanzando mas y mas de su leche dentro
    de la barbie; en un extraño movimiento, el perro pasó sus patas de tal forma que
    el culo de Liria quedó contra el rabo. Aquí siguió la andanada de chorros del
    perro que comenzó a moverse muy lento arrastrando a la doncella colgada,
    enganchada de las bolas que adornaban su mástil, ella al sentirse colgada de esa
    manera sintió también salir una avalancha de sus propios orgasmos quedándose
    quieta, gozando de cada salida de los ardientes jugos de ambos. Cuando el perro
    terminó con el total del contenido de jugos, las bolas comenzaron a desinflarse
    hasta que ella se descolgó suavemente.

    El acto siguiente de nuestra heroína fue lamerle la polla al perro hasta
    dejarla que se entrara nuevamente en la funda donde su dueño celosamente la
    guardaba

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    Resumen del relato:
      Un sexo muy especial.

    Liria (01: y Aarón)

    Liria (01: y Aarón) (11)

    Liria y Aarón (CAP. I)

    Hacía poco tiempo había conocido a Liria, fue cuando comenzó
    a trabajar en la misma firma de abogados que yo.

    Recuerdo muy bien su arribo el primer día. Entró con un paso
    muy seguro, mirando a todos lados, como tratando de interiorizarse de que se
    hacía allí.

    Llamó mucho la atención de todos, pues es muy rubia, un
    cabello muy bien cuidado que brillaba con reflejos de polvo de oro, tez muy
    rosada sin maquillaje; pero con unos labios pintados con un rojo fuego, que le
    daba un toque muy particular a su cara; además con un cigarrillo encendido que
    fumaba con ademanes muy graciosos y femeninos. De sus pequeñas orejas colgaban
    unos pendientes enormes. Ni que hablar de su ropa, “lo último”, exclusivo; con
    una falda muy ajustada por encima de sus rodillas bien torneadas como sus
    piernas; sus brazos muy formados y sus manos, pequeñitas, con unas uñas
    sumamente largas, algo curvas y muy bien cuidadas. Pero eso no lo era todo pues
    una mujer muy elegante no es un bajo porcentaje, Liria mide 1 metro con 43
    centímetros de altura, con busto muy bien proporcionado al igual que sus caderas
    y cintura, no delgada, sino algo llenita.

    Los hombres que estaban allí la miraron con cierto aire de
    asombro y de lobos hambrientos de carne fresca; las mujeres, algunas con
    admiración y en otras cierta envidia.

    Lo cierto es que ella era una estudiante avanzada de Derecho,
    con un lenguaje muy fluido, tanto para hablar como para redactar y era por ello
    que el ogro de nuestro Jefe la había contratado.

    Con el tiempo vimos que era excelente anfitriona en todas las
    reuniones que realizaba el ogro y que ella organizaba. Era la secretaria de
    nuestro jefe, ella hacía y deshacía, no solo por su capacidad creativa, sino por
    todo lo que conocía de los temas que abordaban los abogados empleados, que, casi
    definitivamente solo firmaban lo que ella redactaba y con el tiempo lo hacían
    hasta sin leer los textos que nosotros escribíamos.

    Y había un secreto, Liria tenía la confianza del ogro pues
    padecían la misma afición: el licor; todas las mañanas al llegar el abogado
    supremo al entrar su oficina, ella ya le tenía servido dos dedos de gí¼isqui, sin
    hielo, cada una hora se repetía el rito mientras discutían entre ambos los casos
    mas complicado y que luego ella hacía que la Sociedad ganara sus dineros por el
    éxito de la empresa.

    A medida que se fueron realizando las reuniones que se hacían
    mensualmente entre nosotros, fuimos apreciándola más cada día; si estábamos
    tristes al comenzar, ella iniciaba los bailes, cantos, juegos y otras cosas que
    hacía que todos comenzáramos a sentir en reunión olvidando nuestros problemas
    caseros. Era cantante, bailarina, cuentista (chistes y de subido tono),
    celestina y todo cuanto pudiera amenizar una velada. Y por supuesto las
    competencias de ingesta siempre las ganaba ella; perdía el equilibrio pero no la
    cordura.

    Ahora sobre mi. Mi nombre es Sandra, dicen que tengo una
    subyugante belleza femenina.

    Soy de estatura media, cabello castaño con algún reflejo,
    piel blanca y ojos negros, de rasgos suaves y nariz respingada que armonizan con
    mi cuerpo con curvas de esas que los hombres consideran infartantes.

    Liria y yo nos hicimos muy amigas, por haber roto con mi
    novio después de dos años estaba muy deprimida, entonces ella para darme
    consuelo me contó su historia y de allí como se convirtió en lo que era hoy: una
    amante y no una mujer.

    Su ex lo conoció en la preparatoria, su primera relación fue
    con él a los 16 años, recalca que fue muy caliente es primera vez de ambos, sin
    frustraciones y ni siquiera dolor; allí surgió su pasión por el sexo. Ambos
    tienen la misma edad con días de diferencia, ella dice que son así por el signo
    zodiacal de ambos.

    Me contó que no había día, después de los dos años de
    noviazgo, que no cogieran; además de una sexualidad completa.

    Las preliminares eran de besos, caricias y manos por doquier,
    dedos en su concha y en la polla de Aarón (nombre de su pareja)En cuanto a uno
    de ellos le empezaban a salir el primer flujo, el otro se lo mamaba hasta que
    largara la primer oleada; no les apetecía el sesenta y nueve en principio, se
    saboreaban los jugos con una delicia (según narraba) de lamerse los labios para
    no desperdiciar nada. Así estaban dándose de cogidas (decía concha y polla a
    todo tren) hasta descubrir la llegada de su última acabada, que eras después de
    seis o siete orgasmos de ella y dos o tres de él, en ese punto siempre acababan
    juntos; luego venía un buen sesenta y nueve para no desperdiciar nada de lo que
    habían largado y saborearlos juntos como un cóctel de pasión. Y terminaban
    dialogando sobre todo lo hecho, siempre le gusta coger de luz encendida o
    ventana abierta para que entre el sol y verse totalmente desnudos, tiene los
    ojos atentos para ver si mientras hablan se le empieza a poner dura la polla de
    su pareja y así seguir con el placer de coger.

    Le encanta cuidar su cuerpo, se mira al espejo desnuda y se
    toca todos los lugares sensibles al sexo.

    Cuando va a coger y está algo caliente, le gusta desnudarse
    con música siguiendo el compás de la misma y calentar a su amante de turno o
    hacer que este la desvista para sentirse caliente y mojada, pasarse los dedos
    por la concha y saborear sus propios líquidos.

    Cuenta que el licor no la excita y tampoco le quita deseo,
    toma para que su pareja le responda a como ella le gusta tener sexo.

    Aarón era un individuo con una polla de buen tamaño, de 23
    centímetros de largo y una circunferencia de ocho y medio (ella cuenta se la
    midió en una de esas orgías que tenían ambos, cuando vio que la tenía al máximo
    de parada), “Recuerdo que mi concha la recibía ajustada, apretada, pero como yo
    me mandaba cada mojada que parecían acabadas me entraba con un placer fabuloso”
    contaba.

    Con el tiempo sólo se reunía para coger, ambos salían por
    separado, se calentaban por ahí y se daban placeres juntos. Una vez él la invita
    a una reunión de parejas, para festejar un aniversario (que no recuerda de que),
    como dije ella toma como un cosaco; Aarón comenzó a seguirle el juego del licor,
    luego de la fiesta se fueron en coche de alquiler pues ambos no podían guardar
    equilibrio; sólo que él estaba casi al borde de perder el sentido (pero caliente
    como una polla, dice) y quería coger.

    “Ese día tenía la polla más grande que nunca, yo le miraba el
    bulto, mientras viajábamos y comencé a calentarme. Hasta me vino un orgasmo,
    pues le desprendí el cinturón, metí mano y toque aquella verga caliente, la
    sentí tan grande en mi mano, que sin importar el conductor le mande una mamada
    que lo hizo largar un grito cuando largó su primer chorro de leche en mi boca”
    contaba Liria.

    “Llegamos al departamento, mientras él trataba de abrir la
    puerta, comencé a desnudarlo, cuando entramos estábamos ya totalmente desnudos;
    nos tiramos en la alfombra, hicimos un sesenta y nueve de leche y flujos
    fantástico; después de tres acabadas parecía que su polla había tomado un tamaño
    que me desorbitaba los ojos.”

    “Estaba boca arriba y aquel monumento al falo pedía que
    pusiera eso en mi culo, nunca antes lo habíamos hecho, pues en un intento, me
    había dolido bastante; pero esa noche lo quería aunque me doliera, parecía que
    me quería dar un ataque de masoquismo sexual”

    “Quería esa verga dentro de mi culo, la llene de besos,
    saliva y deje caer una acabada mía en él, estaba bien lubricada; me paso la
    lengua por mi culo ardiente y también aceitó mi máquina. Me acomodé sobre esa
    brillante punta púrpura, cuando sentí su calor en la puerta de mi culito me vino
    un orgasmo, así me dejé caer, él lanzó un grito de queja y placer, yo igual,
    pero a medida que iba entrando dentro la descomunal polla, me mande un orgasmo
    múltiple, hasta que sentí sus bolas calientes tocar mi concha. Allí fue el
    acabóse, comencé a jinetear el caballo, saltando vallas y corriendo desbocada.”

    “Largué un grito y él también, luego sintió su suspiro.
    ¿Sabes que? Fue el último. Murió de un ataque cardíaco”.


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