Fantasías Eróticas | Tus Relatos Calientes
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Dos a un tiempo

Dos a un tiempo (8)

Yo estaba esperando el autobús que cada día a la misma hora me llevaba a
casa después de mi jornada de trabajo, ese día me sentía especialmente
cansada y no solo del duro día que había tenido en el hospital donde
trabajaba como enfermera, sino que estaba cansada de mi vida en general, una
vida monótona en la que todo, salvo la identidad de los personajes era igual
cada día al anterior y al siguiente, y nada excitante ocurria desde hacía
mucho tiempo. Mi autobús venía con retraso.

Esto significaba que además de
estar esperando mas tiempo, lo cual ya era un castigo por los incómodos
zapatos de tacón que llevaba, encima el autobús vendría lleno por lo que no
encontraría ningún asiento y tendría que hacer el recorrido de pie.

Veinte
minutos después de su llegada habitual divisé a lo lejos el autobús y como
había imaginado estaba lleno, subí los tres escalones saludé con desgana al
conductor al que ya conocía de vista por las veces que había cogido el mismo
transporte y a duras penas avancé unos metros colocándome como pude entre
una señora mayor que protestaba porque la gente no pasaba al fondo y un par
de estudiantes de arquitectura que hablaban sobre una asignatura de su
carrera, de la cual yo no sabia nada de nada.

A los pocos minutos de haber
arrancado el autobús sentí un leve roce en mi fina falda, roce al que no
presté la más mínima atención, el autobús iba completamente lleno y esas
cosas eran normales, de hecho, ni siquiera miré hacia detrás, pero unos
segundos después el mismo leve toque se repitió y a causa de mi cansancio
esta vez si miré como si fuera a matar a alguien, el enfado que se
manifestaba en mi rostro cambió de inmediato cuando vi al hombre que tenia a
mis espaldas, tenia unos treinta y cinco años, debía medir un metro ochenta
y cinco, su apariencia era corpulenta, su piel morena al igual que su pelo y
sus ojos negros te atravesaban de una forma que un escalofrío me recorrió el
cuerpo y me hizo de inmediato apartar la vista de aquella impresionante
figura que estaba justo detrás de mi espalda y que me había mirado con una
cara deseo como hacia mucho que ningún otro hombre me había mirado.

El
tercer movimiento no se hizo esperar, esta vez fue mas intenso, noté
perfectamente como la mano de aquel desconocido se había deslizado suave
pero firmemente por mis glúteos, una mezcla de indignación y de nervios
afloraban en mí, por mi mente había pasado armar un alboroto en el autobús y
decirle a la cara cuatro cosas, pero yo no era la clase de mujer que hacia
eso, ni siquiera era, (pensaba yo entonces), la clase de mujer a la que un
desconocido sobara en un autobús, yo solo era la típica persona que pasaba
completamente desapercibida por todos sitios y aquel tipo no tenía pinta de
necesitar tocar ligeramente el culo de una del montón ya que seguro que
mujeres increíbles se tirarían de inmediato en sus brazos, además no pude
evitar cierto grado de excitación que se manifestó en mis pezones que se
endurecieron en pocos segundos.

Por un momento pensé en pasar hacia el
interior aprovechando que en una parada algunas personas se habían bajado,
pero quedé paralizada en la misma postura en la que estaba, y al entrar
nuevos viajeros el hombre avanzó unos leves pasos situándose justo detrás de
mí, tan cerca que podía sentir como mi espalda y su pecho se tocaban, y
llegando a notar su duro pene con los acelerones y los frenazos que daba el
conductor.

De nuevo la misma sensación, esta vez, no podía echarle la culpa a la
cantidad de gente que había, la mano de aquel hombre estaba recorriendo mi
culo de un lado a otro, acariciándolo lentamente, no pude articular palabra,
mi cuerpo temblaba mitad miedo y mitad lujuria y mis pezones se endurecieron
otra vez.

Aquella fuerte mano bajo un poco mas recorriéndome los muslos
entre mis piernas y noté como el se pegaba a mi con fuerza de tal forma que
parecía querer atravesarme con su enorme pene allí mismo.

Estuve a punto de
emitir un gemido que ahogué a duras penas y en ese preciso momento sentí
como aquella masa que había tenido tan cerca se separaba sin avisar, volví
la vista atrás y estupefacta contemplé como aquel hombre con cuerpo de
atleta y con los ojos mas increíbles que nunca me habían mirado estaba a
punto de bajarse del autobús, no lo pensé ni un momento, corrí hacia la
puerta pero a causa de los muchos viajeros tardé mas de lo que hubiese
deseado, grité al conductor que esperase un momento y entre empujones logré
abandonar el lugar y plantarme en mitad de la calle, miré a un lado y a otro
y no veía a la persona que me había conseguido excitar de aquella forma y
apesadumbrada comencé a andar lentamente hacia mi casa y a prepararme para
un largo camino ya que su parada estaba todavía bastante lejos de allí.

Cuando llegué a la primera esquina, mis ojos no podían creer lo que veían,
el, estaba allí, apoyado en un coche con sus enormes brazos cruzados y
mirándome con una media sonrisa que me desconcertaba, casi no podía
mantenerme de pie no había ni un solo músculo en mi cuerpo que no estuviera
en tensión, me acerqué lentamente intentando mantener una compostura
femenina y cuando estuve delante de él, intenté hablarle pero la mano de
aquel hombre fue directa a mis labios y no dejó que sonido alguno saliera de
mi boca.

De nuevo me miró fijamente y no pude mantener su mirada y terminé
agachando la cabeza, él me cogió sin mediar palabra del brazo y entró en un
piso cercano mientras yo no tuve fuerzas para negarme si es que en algún
momento quise hacerlo.

í‰l llamó el ascensor y los dos entramos en aquel
espacio reducido, yo no era capaz de levantar la cabeza y enfrentarme de
nuevo a aquellos ojos negros, él puso levemente la mano bajo mi barbilla y
me obligó a mirarlo y comenzó a acariciarme la cara, el ascensor se paró en
la planta séptima y ambos lo abandonamos, se dirigió a la puerta A de la
planta e introdujo la llave en la cerradura.

Tuve ganas de huir, no sabía
como había llegado a esa situación, si un día antes alguien me hubiera
contado que estaría en la casa de un desconocido a solas con él sin que ni
siquiera supiera su nombre no habría parado de reírme en un mes, pero lo
cierto es que allí estaba yo, entrando en un piso con alguien con el que no
había intercambiado ni una sola palabra.

Avancé por el estrecho pasillo
hasta llegar al salón principal de la casa y las manos de aquel hombre me
cogieron con firmeza mis pechos desde atrás mientras nuestros cuerpos se
fundieron en uno, su lengua y su boca paseaban por mi cuello y creí que iba
a desmayarme de la sensación que mi cuerpo estaba sintiendo en aquel
momento.

Mientras me llevaba a su cuarto me quito la blusa y me desabrocho
el sujetador quedando desnuda de cintura para arriba y una vez dentro de su
alcoba me dejo caer en la cama de espaldas situándose de rodillas delante de
mí, me subió la falda y comenzó a besarme y a morderme los glúteos y un
momento después me dio la vuelta y a bajarme mis bragas.

Yo no podía creer
lo que estaba pasando, me sentía desarmada, de mi boca sólo salían gemidos
de satisfacción y me había abandonado a aquel maravilloso hombre que me
había transportado a un mundo de sensaciones que yo pensaba no existía.

Una
vez que me había bajado las braguitas me sentí indefensa, y cuando la cabeza
de mi amante se acercó a mi clítoris, un rubor me recorrió de abajo a arriba
incrementándose cuando sus dedos me perforaron por primera vez.

Estaba al
borde del orgasmo, ese misterioso ser me manejaba con firmeza y haría
cualquier cosa que él me pidiera, no podía mas iba a correrme, no podía
controlar mi cuerpo que se movía en continuos espasmos cuando de repente el
paró, levantó su cabeza y me miró con cara de satisfacción. Yo estaba
completamente avergonzada, pero sin mas descanso me levantó y me sentó en
una mesita que estaba cerca de la cama, me volvió a abrir de piernas y se
metió en medio mientras me besaba sin darme tregua, paró un instante, para
desabrochar los pantalones, y sacó el pene más duro, grueso y grande que yo
jamás habia visto ni siquiera en fotos o películas, las venas se le marcaban
en la piel como si quisieran reventar y su enorme cabeza brillaba como un
espejo morado por la inmensa presión de su erección.

Entonces, situando su
punta a la entrada de mi encharcada raja, me atravesó con el, grité de
placer y el siguió con movimientos fuertes, uno tras otro, penetrándome más
y más al mismo tiempo que me besaba el cuello y me pellizcaba ahora con
fuerza los pezones.

En la habitación sólo se me escuchaba a mí que no podía
parar gritar pidiendo mas, quería más de aquello que él me estaba dando,
quería que no se acabara nunca, hacia tanto tiempo que nadie me hacia sentir
así de deseable, hacia tanto tiempo que no sentía aquel inmenso placer. í‰l
disminuyó el ritmo un poco, me miró sonriendo y yo le correspondí con la
sonrisa mas seductora que supe conseguir, me bajo de la mesa y me puso de
espaldas mirando a la puerta.

Estando en esa postura, de repente ví un hombre joven,
desnudo que estaba apoyado en la puerta del dormitorio, su cara revelaba una
excitación increíble y no tuve la menor duda de que se había estado tocando
mientras a mi me hacían el amor, pués un larguísimo pene así lo demostraba
por su enorme erección. Intenté zafarme de las manos de mi desconocido
amante, que me sujetaba por los brazos, pero el me cogió con fuerza,
mientras aquel hermoso joven, digno, de la portada de cualquier revista de
moda masculina, se acercaba a nosotros.

Se plantó delante y me miró de arriba abajo con una
sonrisa maliciosa que me asustó, pasó la mano por mi cara y se deslizó por
mi cuello hasta llegar a mis pechos. Intenté escapar de nuevo pero me
mantenían bien agarrada, aquel joven comenzó a besarme y mientras yo pensaba
no, mi cuerpo volvió nuevamente a rendirse, era increíble, nunca se me había
pasado por la cabeza tener una relación con más de un hombre al mismo
tiempo, por muy atractivos que estos fueran, pero lo que estaba sintiendo
mientras el me besaba los pezones nunca lo había sentido antes, lo hacía con
tal mezcla de dulzura y de pasión, que con ningún hombre, ni siquiera con el
que ahora me estaba sosteniendo por los brazos, había llegado a niveles
parecidos.

Me tumbó en la cama se puso encima y comenzó a deslizarse
frotando su durísimo pene contra mi empapados labios y mi endurecido
clítoris. Entré en extasís, me estaba volviendo loca, el orgasmo estaba de
nuevo a punto de hacerme estremecer pero nuevamente paró y dándome la
vuelta, me hizo sentar a horcajadas sobre su candente falo que se hundió en
mí como un cuchillo en la mantequilla.

Empezó un mete y saca vertiginoso que me hizo estremecer
en un rompedor orgasmo. No habían terminado las incontables ondas de placer
de recorrer mi cuerpo de arriba abajo cuando sentí en mi dilatado sexo la
presión de algo grande, caliente y duro que empujaba abriendose camino poco
a poco a lo largo de aquella polla que seguía aún alojada en mi sexo,
penetrándome hasta llegar a tocarme el cuello del utero. Nunca creí que me
dilataría hasta el punto de admitir ambas pollas en mi interior.

Sentía que iba a reventar, pero de placer, un placer que
me inundaba hasta el último cabello de mi cabeza cuando ambos penes
empezaron a moverse dentro de mi al unísono. Sentir como aquellas duras
vergas entraban y salían de mi coño era una sensación nueva.

De pronto empecé a sentirme inundada por una riada de
caliente semen que con la fuerza de un grifo empezó a golpearme en lo más
profundo de mí, lo que disparó en mi interior el más brutal orgasmo que
jamás habia sentido y que seguro nunca sentiré. Quedé desvanecida de la
misma fuerza del orgasmo y cuando desperté aquella pareja tan misteriosa que
había conseguido llevarme a sentir cosas que jamas hubiera imaginado, habian
desaparecido dejándome empapada en mis jugos y los de ellos y aún temblando
de puro extasis.

Me levanté como pude, me puse la ropa y abandoné el piso
dolorida pero más satisfecha que nunca habia estado. En el momento que el
ascensor llegó, yo no sabia bien lo que había sucedido pero lo que si tuve
claro fue que aquel día lo recordaría perfectamente y lo diferenciaría de
todos aquellos monótonos días que habían ocupado últimamente mi vida.

 

Resumen del relato:
    Una mujer sumida en la monotonia de su aburrida vida, despierta de forma bestial al sexo y la depravación.

Viaje ajetreado en autobus

Viaje ajetreado en autobus (8)

Soy Rosalba, una chica de 16 años, mi cuerpo se ha formado
rápidamente, proporcionándome un culo y unas tetas bastante generosas, esto se
lo debo a la genética de mi madre, que tiene un cuerpo excitante, ella apenas
tiene 32 años ya que me tuvo muy pequeñita por un "accidente" con mi padre, mi
madre tiene un cuerpo de película, su delantera y su culo son formidables,
además tiene una cara que irradia cachondez, su forma de vestir es sexi y algo
atrevida, pero sin rayar en lo vulgar, yo también para mi edad visto bastante
provocativa, ustedes saben short entallados, minis, vestidos muy delgaditos,
jeans de moda, tops, etc., juntas al caminar logramos que las miradas de los
hombres se distraigan en las curvas de nuestros cuerpos, por esto es común que
mas de uno nos diga piropos subidos de color, los cuales dejamos pasar de largo.

Pero bueno les comentare una experiencia al dirigirnos a
visitar a mis abuelos, quienes viven a las afueras de la cuidad, ese día mi
padre no pudo llevarnos debido a compromisos de trabajo, por lo que nos vimos en
la necesidad de tomar un autobús foráneo, este tipo de buses, siempre van
atestados debido a que existen pocas corridas y cuentan con paradas
restringidas, además que es un trayecto largo y es el único medio de transporte
de la región, bueno pues, ese día nos dirigimos a la terminal principal, donde
esperamos en una larga fila a que llegara algún bus, delante de nosotros existía
gran cantidad de gente esperando, todo debido a que la descompostura de uno de
los buses había causado un considerable retraso en sus corridas y la gente se
había acumulado mas de lo común.

Mi madre se había comenzado a desesperar por la tardanza del
bus y yo ya estaba cansada de esperar, por lo que decidimos, que sin importar si
nos tocaba de pie o sentadas, igual nos iríamos, ya que no desperdiciaríamos el
tiempo invertido en la fila, al retirarnos a casa sin visitar a los abuelos, al
fin al cabo de unos minutos arribo el ansiado bus, de inmediato la gente se dio
a la tarea de abordarlo, casi de inmediato se encontraba a reventar, tocándonos
a nosotras de pie en el pasillo central, completamente atrapadas entre un mar de
cuerpos, allí quedamos un poco separadas una de la otra, no mucho, solo nos
separaba un hombre como de 30 años, que se encontraba junto a mi madre, quien
debido al calor ese día se le ocurrió ponerse un vestido largo a las rodillas,
muy delgado, de tipo aldeana, de esos entallados por la cintura pero de vuelo
por la parte baja, y que por la parte de adelante cuentan con una larga fila de
botones, es tan delgado este vestido que si se mira a traz luz se aprecia
completamente su figura, con ese vestido se le marcaba mucho su firme culo e
incluso se notaba a la perfección el canal que separa sus nalgas, esto también
debido a la tanga que mi madre llevaba puesta aquel día.

Al fin se puso en marcha el bus y al cabo de unos minutos del
viaje pude notar ciertos movimientos raros del tipo junto a mi madre, sobre todo
de sus brazos, pero no alcanzaba a notar el por que, pero cuando se hizo un
espacio en la muchedumbre pude notar como el tipo tenia su palma de la mano
completamente abierta tomando descaradamente el culo de mi madre, la cual
parecía no notar tal atrevimiento, ya que miraba al frente como sin nada
ocurriera, el fulano frotaba las nalgas de mi madre en forma circular, así como
le recorría el culo de arriba a abajo, incluso note que en repetidas ocasiones
colocaba sus dedos en la parte central de sus nalgas, completamente metidos en
la raja del culo de forma por demás descarada, como es posible que mi madre no
sintiera tal intrusion a su intimidad, que no se percatara de que la estaban
manoseando, fue entonces que me enfade, quería echarle a perder la fiesta al
fulano, por lo que de forma muy difícil logre acercarme a mi madre empujándolo
con mi cuerpo, logrando separarla lo suficiente del extraño, y logrando
colocarme cerca de mi mama, mi madre solo me sonrió y se acomodo haciéndome un
espacio a su lado, solo que esta vez mi madre quedo completamente de espaldas al
fulano, y yo de frente a ella, por lo que no podía observar la parte trasera de
mi madre, tapando a mi vista todo lo que pudiera suceder atrás de ella, yo
continuamente la miraba a la cara pero no notaba ningún gesto raro en mi madre
por lo que pense que mi ya madre no era molestada por el tipo, pero al cabo de
unos minutos, sentí nuevamente movimientos raros, solo que movimientos eran en
el espacio entre mi madre y yo, así que baje la mirada y note como una mano
masculina discretamente desabotonaba la falda de mi madre, como lentamente abría
de uno en uno los botones de su ropa, dejando solo el botón de la cintura,
supongo que esto era para que no se le cayera la falda a mi madre, así siguió
logrando dejar las diminutas bragas de mi madre completamente a la vista, se le
veia todo, aun no me puedo explicar como no le dije nada a mi madre, ya que me
quede petrificada ante la situación, solo atine a mirar que era lo que esa mano
tenía en mente, así que calle y me limite a observar.

Entonces la mano ayudada por la otra, comenzaron a tirar de
la falda de mi mamá hacia atrás, donde supongo debe haberla atorado en algo para
que no volviera a la parte delantera, ya que mi madre tenia su sexo y muslos por
completo al descubierto, era como si no llevara falda, así pues la mano volvió
al ataque, deslizándose lentamente por sus muslos, los acariciaba recorriendo su
blanca piel, se notaba como apretaba sus carnes, marcandoi sus dedos en sus
caderas y muslos,encaminándose lentamente a el sexo de mi madre, hasta llegar a
la escasa tela de su tanga, donde de inmediato se poso en su abultado sexo,
notaba como su dedo corazón delimitaba toda esa zona, tratando de memorizar cada
centímetro de el pubis de mi madre, la cual parecía seguir sin mostrar ningún
tipo de reacción, era como si esa mano fuera la de un fantasma y no estuviera
invadiendo su sexo, para este entonces yo tenía sensaciones completamente nuevas
para mi, me llenaba de morbo mirar como mi madre era usada de tal manera, tenía
gran curiosidad por ver que era lo siguiente que el tipo le haría a mi madre, y
que es lo que ella sentía para permitir tal atrevimiento, de pronto muy
lentamente la mano se dirigió al elástico de su ropa interior y se introdujo
dentro del tanga, notaba como su mano se movía en ese pequeño triángulo de tela,
incluso algunos dedos salían de tan escasa prenda, así como algunos bellos del
sexo de mi mamá, fue hasta este momento que mi madre por fin dio muestras de
vida, ya que pude notar como sus piernas se arquearon ligeramente, supongo que
para facilitar que el desconocido tuviera mejor acceso a sus partes intimas,
incluso levanto mas su culo presionándolo discretamente hacia el miembro del
tipo detrás de ella, estaba comprobado que mi madre consentía el manoseo, pero
lo disimulaba para evitar que me diera cuenta, supongo que para no quedar en
vergí¼enza ante mi, la delgada tira de su tanga fue metida en el canal delantero
de su vagina….como una tanga metida en su sexo por la parte de enfrente se le
veia todo su cuidado y depilado cocho.

De pronto un escalofrío me electrizo el cuerpo, cuando sentí
una mano que me palpaba el culito, por lo que dirigí mi mirada a mis nalgas y
pude notar que era el mismo tipo que manoseaba a mi madre, solo que utilizaba su
mano libre para palparme el culo a conciencia, supongo que al notar que mi madre
no decía nada, pensó que yo seria igual de dejada que mi madre, como dicen de
tal palo tal astilla, lo cual no estaba lejos de la realidad, ya que las escenas
con mi madre, me habían acelerado el pulso, rompiendo mi resistencia ante los
manoseos del fulano, al contrario, ansiaba que el fulano continuara de forma mas
atrevida.

El tipo se estaba deleitando de lo lindo con madre e hija,
fue entonces que repare en algo, justo en la parte baja del sexo de mi madre,
asomaba una brillante carne roja, !!!era el pene del desconocido!!!, que se
friccionaba entre los muslos y el sexo de mi madre, como si la estuviera
follando, solo que sin penetrarla, eso quiere decir que su pene era descomunal,
al poder verse por la parte de enfrente de mi madre, fue cuando mi excitación
llego al grado de la locura, cuando nada te importa, solo quieres que tu
calentura sea satisfecha, me puse de lado presentándole en vez de mi culo, mi
vientre casi infantil, para facilitarle al tipo que tuviera acceso a mi
conchita, mi acción no pasó desapercibida por el desconocido y claro que el tipo
no dejo pasar la oportunidad de tocar mi cosita, no saben que sensación cuando
al fin su mano se poso directo en mi conchita, mis piernas perdieron fuerza, se
volvieron de trapo, como yo llevaba una faldita pequeña, no le fue difícil tomar
el vuelo de mi falda y meter su mano, directo sobre mi piel, primero tocando mis
muslos, para después sobar mi sexo sobre mis cándidas braguitas, y con su dedo
central colocado entre mis labios vaginales, presionando levemente tratando de
meterse a mi agujerito, pero la tela de mi braga dificultaba la operación, me
manejaba el botoncito de tal forma que me sentía como extraviada, fue entonces
que en un magistral movimiento, tomo el elástico y deslizo uno de sus dedos bajo
ellas, tocando mi sexo completamente ausente de bello, ya que todavía no me
salía bello púbico, por lo que imaginen la excitación del tipo acariciando una
conchita completamente calva, la fantasía de cualquier hombre, calva y virginal,
durante la mayor parte del viaje mi madre y yo ni siquiera parpadeábamos,
tratando de aumentar el grado de sensación, hasta que en cierto momento, pude
notar como las caderas de mi mama, se movían impulsadas desde atrás, en un
vaivén de atrás a adelante, el tipo aumento el ritmo de sus embestidas, también
pude notar como una de sus enormes tetas se encontraba atrapada en una de las
manos del fulano, entre los dedos del señor se apreciaba el pezón erecto de mi
madre, después de un apagado resoplido por parte del extraño, pude notar a la
perfección cuando el tipo arrojo un liquido blanco y baboso, mojando en
abundancia la tanga de mi madre, tanto que los pelos de su coño se notaban
perfectamente a través de la tela, mientras un hilillo blanco se deslizaba
lentamente por sus muslos, fue cuando un corrientazo eléctrico me sacudió de
pies a cabeza, y sentí como si me orinara, !!era mi primer orgasmo!!.

Logrado por los hábiles jugueteos del desconocido en mi
virginal conchita.

Mi madre que no sabía que yo también disfrutaba del momento,
se comenzaba a arreglar su ropa, esparciendo con sus manos el semen en su piel y
abotonando de nuevo su falda, creí que todo había terminado cuando aprovechando
un reacomodo de la gente, el tipo se coloco frente a mi, muy pegado, tanto que
me percate que su miembro se volvía a poner duro, el tipo aprovecho para subir
una mano y tocar mis senos, que apenas comenzaban a formarse, tomando especial
interés en mis pezones, su otra mano frotaba su pene sobre mi falda, y sentí
como su pene erecto se apoyaba en mi conchita, en dado momento su mano levanto
mi falda de nuevo y deslizando de lado mi braga, lo apoyo en mis labios
vaginales, el calor de este trozo de carne era delicioso, claramente notaba como
trataba de abrirse paso en mi virginal sexo, fue entonces que el tipo
aprovechando un enfrenón del bus, me empujo con fuerza su miembro y me penetro,
arrancándome un apagado grito, el cual fue opacado por las quejas de los
usuarios del bus para con el chofer ante tan brusco movimiento, mi madre por
supuesto tampoco lo noto, y literalmente el tipo me tenía cargada, mis pies no
tocaban el suelo, yo discretamente me sostenía de su cuerpo como podía, mientras
tanto el tipo me bombeaba discretamente, me había arrancado mi virginidad, pero
en esos momentos no me importaba, era a la mar de delicioso, después de unos
minutos de alojarse en mi estrecho sexo, sentí como un torrente de liquido
caliente me llenaba las entrañas, por fin el tipo me deposito en el suelo,
pasado cierto tiempo sentí como su flácido miembro abandono mi cálida funda,
completamente húmedo, mientras por mis piernas su semen, mi sangre y mis flujos
se escurrían por mis piernas.

Fue cuando mi madre me volvió a la realidad, para decirme que
ya llegábamos a nuestro destino, para acabarla al tratar de bajar, note como
tanto a mi madre como a mi, varias manos nos tocaban lo mas que podían, a mi
madre un tipo le apretó rápidamente su enorme culo, a mi en tanto alguien logro
arponear mi culito, aprovechándose de lo atestado del bus, metiendo rápidamente
como dos dedos en mi ano, de forma algo violenta, ya que sentía que mi agujerito
me dolía ante tal invasión, de no ser por la ayuda de mi madre no hubiera podido
bajar, ya que este tipo, el que me metía los dedos en el ano, me tenia cogida
por un brazo, para impedirme bajar rápidamente, pero ante los jaloneos de mi
madre logramos al fin abandonar el autobús, una vez abajo al caminar sentía como
los líquidos que escurrían de mis orificios se embarraban en mis muslos,
mientras el aire ayudaba a secar estos fluidos, recordándome como deje mi
virginidad en un bus.

 

Resumen del relato:
    Manosean a madre e hija en el atestado autobus.

Penitencia de semana santa con una diosa alemana

Penitencia de semana santa con una diosa alemana (8)

ESTA HISTORIA NO ES REAL (YA ME GUSTARIA A MI QUE LO FUESE) Y
LOS LUGARES Y SITUACIONES SON INVENTADOS. SI QUEREIS COLABORAR CON LA
CONTINUACIÓN DíNDOME IDEAS, O DARME VUESTRA OPINIÓN, ESCRIBIRME A
POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

Era un miércoles justo antes del jueves Santo, y yo me
encontraba en Almería por motivos de trabajo. Tenía una reunión con unos
clientes, pero la reunión se había alargado demasiado, y perdí mi vuelo para
volver hasta mi ciudad de origen.

Al ser víspera de Semana Santa, no hubo manera de conseguirme
plaza en ningún vuelo, ni tampoco de alquilar ningún coche para volver por
carretera, y tras esperar más de dos horas en el aeropuerto, llamé a mi
secretaria para que intentase conseguirme algún hotel en el pasar la noche, y
probaría suerte de nuevo al día siguiente. Al poco rato me llamó y me dijo que
me había conseguido una habitación en un hotel de Roquetas de mar, una localidad
cerca de Almería, y, tras conseguir un taxi, me dirigí hacia el hotel.

í‰ste estaba situado en primera línea de playa, y era un hotel
de cuatro estrellas, bastante nuevo y con buen aspecto.

Después de llegar a la habitación, y darme una ducha, miré el
reloj. Eran poco más de las seis y media de la tarde, así que pensé que tal vez
podría aprovechar algo de lo que me quedaba de día. Presté atención a los
múltiples servicios que ofrecía el hotel y vi que uno de ellos era una piscina
cubierta. Decidí que esa sería la mejor forma de emplear el tiempo hasta la
cena, de modo que bajé a la tienda del hotel a comprar un bañador (en mi escaso
equipaje no llevaba bañador, claro está), me cambié en la habitación, y me
dirigí a la piscina. Esta no era demasiado grande, pero al ser climatizada el
agua estaba realmente caliente, y se estaba de vicio allí.

Estuve nadando un rato, y después me recosté contra el borde
de la piscina. La piscina había varios niños jugando, con sus madres vigilantes
sentadas en unas tumbonas, pero se estaba bastante bien, por que los niños no
molestaban mas de lo que suele ser habitual en esos casos. Entonces entró en la
piscina una pareja, y ella era la mujer más apetitosa que he visto nunca.

Una altísima morenaza de bellísimos ojos grises, con el pelo
ligeramente rizado y un cuerpo de infarto, que pude apreciar mejor cuando,
momentos después, se quitó la ropa y se quedó vestida solo con un bikini negro
increíblemente favorecedor. Sus pechos eran grandes y apetitosos, y era
ligeramente ancha de caderas, vamos, como me gustan a mi las mujeres, que haya
donde agarrarse.

Realmente estaba como un queso. Se metió con el novio/marido
en el agua y al instante comenzaron a besarse y a abrazarse, con bastante
discreción. He de destacar que, cuando pasaron cerca de mí en sus juegos, pude
apreciar que ella tenia una sonrisa pícara increíble, que hizo que se me pusiese
dura solo de pensar en lo que esa sonrisa prometía. La verdad es que ella me
había puesto como una moto, y yo no podía dejar de mirarla a escondidas, pero
aun así me pillaron varias veces apreciando la generosa anatomía de la chica.

Cuando finalmente conseguí controlarme un poco y mi tienda de
campaña bajó, decidí que ya era hora de salir de allí antes de que me pusiese
malo, y me fui a secar. Solo quedaba una madre con dos niñas en el otro extremo
de la piscina, y la pareja se acercó hacia donde yo estaba. Mientras me secaba,
ellos hablaron en susurros, y momentos después, el hombre salió de la piscina
para dirigirse a mí. Yo me quedé de piedra, pensando en que tal vez venía en
busca de problemas por el hecho de que me hubiese pillado admirando a su chica,
pero en cuanto le vi salir de la piscina y comprobar que era una cabeza mas bajo
que yo y mucho menos robusto, me tranquilicé al pensar que era él el que podía
meterse en problemas. Se acercó a mi y me saludó con una inclinación de cabeza.

-Hola- me dijo, con un fuerte acento.- ¿ tu hablar alemán?

-No, no hablo alemán.- respondí yo, sorprendido por la
pregunta.

-¿Inglés?-preguntó él

-Sí, inglés sí hablo- hablaba ingles bastante bien por motivo
de mi trabajo.

-Ah bien.- dijo él hablando en este idioma con más claridad
que el español.- Mi nombre es Ralph, y he visto que a ti gustar mi novia.

Es evidente que me quedé de piedra, y sólo hacerte a decir:
¡¿Qué!?

-Si, yo querer saber si tu gustar mi novia.- insistió él- ¿Tú
pensar ella guapa?

Y que respondía yo. La chica estaba como un queso, pero si le
decía eso el alemanito podía calentarse y todavía tenia que sacudirle. " Bueno,
si tengo que sacudirle, tampoco creo que vaya a perder nada".

-Si, ella muy guapa.

-Ah, bien. Tu también gustar ella.

Me quedé de piedra, como es normal y la miré. Estaba apoyada
en el borde de la piscina, con la mitad del cuerpo fuera del agua, mirándonos, y
sus pechos rebosaban por encima del borde de la piscina, haciéndolas más
apetitosas aún si cabe. Cuando vio que la miraba, me dirigió una mirada y una
sonrisa tan llenas de lujuria que creí que me iba a matar a polvos allí mismo.
Yo ya no sabía que hacer, así que Ralph continuó con la explicación.

- Ella querer ir cama contigo

-¡¿Quéé?!- dije de nuevo, como un estúpido.

-si, ella querer…. ¿joder? Contigo.

Al ver mi mirada, que debía de expresar toda la sorpresa e
incredulidad que yo sentía, él levanto las manos en un gesto para
tranquilizarme.

-Tranquilo, yo explicar. Yo gustar ver mi novia en cama con
otros hombres, yo solo mirar.

-A ver si me he enterado bien.¿Quieres que yo joda con tu
novia mientras tu miras?

-Si, yo sentarme en silla y veros juntos, yo excitar mucho
eso.

Definitivamente, el tío era tonto…

-Ella ver que tu mirar ella, que ella gustarte, y querer ir
cama contigo. ¿Tu querer?

-¿De verdad quieres que me acueste con tu novia?

-Si, mi gustaría mucho.

Dudé. Coño que si dudé. No sabia que hacer. De repente un tío
se me acerca, y me pide que me tire a su mujer, que está como un queso, y que él
sólo mira. Pensé que había una cámara oculta, o que era una tomadura de pelo,
pero después pensé que nadie me conocía allí, y que podía ganar mucho y no
perder nada, así que decidí arriesgarme a que se tratase de una broma de mal
gusto y acepté.

-Está bien, acepto.

-¡Bien!- dijo él. Se acercó a la toalla y cogió algo. Volvió
junto a mí y me lo mostró. Era la llave de nuestra habitación. Me enseñó el
numero.

-Mira. Este ser número habitación nuestra. ¿Tú ir allí a las
ocho? -Eso era media hora más tarde.- Llamar tres veces, ok?

-Si- asentí yo como un autómata.. ya estaba hecho, había
aceptado, no podía echarme atrás. Ralph se volvió un momento hacia donde estaba
su novia y asintió con la cabeza. La sonrisa de ella se ensanchó
considerablemente. Ralph y yo cerramos nuestro pacto con un apretón de manos y
me fui a mi habitación a prepararme. Una vez allí me duché y me afeité,
preparándome par mi cita. Estaba nerviosísimo. Cualquiera no. El tío quería que
me follase a su novia delante de él. Y vaya novia. Puff. Yo estaba enfermo solo
de pensarlo. La media hora de plazo que nos habíamos dado fue la media hora mas
larga de mi vida, sin duda.

Por mi mente aparecía una y otra vez la idea de que era una
broma, que me la estaban jugando, pero instantes después recordaba su sonrisa y
me decía a mí mismo que si era verdad, no tendría otra oportunidad como esa en
toda mi vida. Así que me puse un pantalón y una camisa, y me fui para allá.
Cuando llegué, tome aire profundamente, y golpeé tres veces la puerta. Creí que
mi corazón se iba a paralizar.

De hecho, creo que lo hizo durante unos segundos. Entonces él
abrió la puerta apenas una rendija, y tras ver que era yo, me dejó pasar. í‰l
estaba vestido sólo con una toalla y parecía estar mucho menos nervioso que yo.
Cerró la puerta y me guió hacia ella. La habitación estaba iluminada por una
excitante luz roja por el sencillo método de poner unas braguitas de encaje
rojas sobre la lámpara.

Y allí estaba ella. "Dios mío"- pensé "es lo más increíble
que he visto en mi vida." Y así era. Sin lugar a dudas. Ella estaba de rodillas
en la cama, con un camisón negro que ocultaba lo justo a la vista para hacerla
más deseable aún, si eso era posible, y que realzaba su cuerpo. Y que cuerpo,
por favor. Era maravillosa. Deseaba sentir sus sensuales y carnosos labios por
mi polla, estrujar sus generosos pechos y sobar su apetitoso trasero. Y, a
juzgar por como me miraba, ella deseaba hacer lo mismo conmigo. Ralph pasó
silencioso tras de mí. Se quitó la toalla y se sentó desnudo en una silla
situada en un rincón frente a la cama, listo para disfrutar del espectáculo.

-Es tuya- me dijo.

Yo no sabia que hacer. Me había acostado con muchas chicas,
pero no había estado nunca en una situación así. Me acerqué dudoso a la cama,
con toda mi atención puesta en ella, y ella se acercó también a mi, de rodillas,
hasta situarse al borde de la cama. La mujer mas excitante del mundo estaba
rozándome en ropa interior y con unos ojos que me pedían que la follara, y yo no
sabia que hacer. Era frustrante, porque la excitación me dominaba. Decidí
empezar por algo sencillo, y la di un corto beso. Un pico, como dicen ahora los
jóvenes. Los dos retrocedimos y nos miramos mutuamente, buscando la aprobación
en los ojos del otro.

Volvimos a darnos un pequeño beso, sin separarnos, y
continuamos besándonos lentamente, cada beso más ansioso que el anterior, y cada
vez más sedientos de la boca del otro. Poco después, mi lengua batallaba con la
suya, y, cuando su mano rozó mi pecho, exploté y, tomándolo de su delicioso
trasero, la atraje hacia mí. No se cuanto tiempo estuvimos besándonos, pero todo
el mundo debería ser besado así antes de morir para saber lo que realmente es un
beso. La sensación solo se rompió cuando ella llevó la mano sobre mi pantalón
para indicarme que tenía otro tipo de sed. Se separó de mí para empezar a
desnudarme con sus manos produciéndome escalofríos al tocar mi piel, mientras yo
trataba de robarla un beso de nuevo. La ayudé a quitarme los pantalones y los
calzoncillos, y quedé desnudo, con mi polla erecta como un asta de bandera
apuntando amenazadora hacia ella.

Ella emitió un ligero gemido de sorpresa al ver mi polla, y
no pudo resistir acariciármela con una mano. Después, visiblemente sorprendida,
dirigió unas palabras a su novio. Yo le miré para ver el motivo de su reacción.
Su novio estaba sentado en la silla, completamente desnudo y muy excitado,
masturbándose lentamente. Pero su polla era diminuta, parecía casi de juguete.
Debía de medir menos de diez centímetros. A su lado yo parecía Príapo, a eso se
debía la sorpresa de ella.

-Esta sorprendido de tu tamaño- me dijo él.- Yo no hago que
ella disfrute con el sexo. Muy pequeño, por eso buscar tu.

Yo asentí y volví mi atención a mi diosa, deseoso de
mostrarle lo que mi herramienta podía proporcionarla. Ella se abalanzó sobre mi
polla y me besó suavemente en la punta. Fue tal la sensación que recorrió mi
cuerpo que casi me corro en ese mismo instante. Su lengua acariciaba mi polla
con suavidad, dándola ligeros lametones hasta recorrerla en su totalidad, y
entonces empezó a chuparmela poco a poco. Puede que nunca hubiese tenido una
polla en condiciones, pero desde luego sabia muy bien como chupar. Me estaba
poniendo enfermo. Hubo un momento en que me flaquearon las piernas y me sujeté a
su cabeza para no caer, lo que ella interpretó como una señal para que chupase
más profundamente, y se metió mi polla en su boca por entero.

Qué gusto, qué maravilla, qué sensación tan extraordinaria.
Sus tiernos labios se apretaban contra mi glande y bajaban hasta hacer
desaparecer por completo mi instrumento en su linda boca. En el interior de su
boca, su lengua lamía mi polla, y con sus manos me acariciaba los cojones. En
ocasiones aceleraba el ritmo de forma bestial, follandose mi polla como si su
boca fuera un coño, haciéndome gemir de placer, y luego reducía de golpe el
ritmo, limitándose a mantener mi polla en su boca, o pasando a lamerme la base
de mi cipote. Estuvo chupándomela más de un cuarto de hora, consiguiendo que yo
disfrutase pero no me corriese durante todo ese tiempo.

Pero lo mejor de todo es que me miraba a los ojos con una
mirada de puta viciosa y de satisfacción inmensas, como si pudiese pasar sin
problemas el resto de su vida allí abajo, chupandomela. Cuando ella aceleró de
nuevo el ritmo, yo la avisé de que iba a correrme, aunque seguramente ella no me
entendiese, pero pareció hacerlo y, apretando más aún sus carnosos labios, me
hizo explotar en su boca, llenándosela toda de leche, tragándosela toda como si
la fuese la vida en ello. Cuando terminé de eyacular, y ella hubo devorado hasta
la ultima gota de mi semilla, me lamió de nuevo toda la polla, de arriba a
abajo, dejándola limpia y reluciente, tras lo que se incorporó sobre la cama,
sonriéndome, esperando a que yo continuase. Y vaya si estaba dispuesto a
continuar.

Terminé de desnudarme y me puse de rodillas en la cama,
avanzando hacia ella mientras retrocedía con gestos de evidente satisfacción.
Pese a no hablar el mismo idioma, sabía perfectamente por mi mirada que me la
iba a comer entera, y lo estaba deseando.

Cuando llegó al cabecero de la cama se quedó allí,
esperándome, y cuando llegué, me besó con ansia, mientras yo empezaba a
acariciar todo su cuerpo y nuestras lenguas jugaban en el interior de su cálida
boca. Bajé mis labios por su cuello, haciendo que se estremeciese, y la fui
tumbando con suavidad, acariciando sus pechos por encima de la ropa interior.

Durante unos minutos, proseguimos con los besos y yo
disfrutaba metiéndola mano, sintiendo como se iba calentando por momentos, así
que decidí pasar al siguiente nivel y la despojé de su ropa interior,
revelándome unos pechos rosados y apetitosos, y un coñito bien abierto y lleno
de flujos.

Me incliné a devorar sus tetas, chupándolas como un
cachorrillo hambriento, pasando de una a otra sin motivo, besándolas con
fruición, tirando de sus pezones, y estrujándolas con mis manos a la vez. Ella
cerraba los ojos y gemía levemente, disfrutando de mi boca ansiosa mientras yo
sentía como sus pezones iban creciendo y endureciéndose bajo mi boca, y ella
gemía fruto de mis atenciones. Cuando me di un atracón de sus maravillosas
tetas, fui bajando poco a poco, lamiendo su vientre y su ombligo, lo que hizo
que ella se riese, y cuando la miró, me encantó de nuevo con su deliciosa
sonrisa, de modo que me hizo besarla ansiosamente de nuevo antes de descender de
nuevo por su cuerpo para degustar sus otros labios, que ya tenia ganas de
probar.

Sus muslos eran muy suaves, y olían intensamente a sexo,
indicándome con su aroma además de con sus gestos que necesitaba que la diese
placer, a lo que me dediqué con gusto. Enterré mi boca en su sexo, besando sus
labios con delicadeza, y dándola ocasionales lametazos, notando como sus flujos
bullían bajo mis atenciones. Entonces me dediqué a su ya hinchado clítoris,
besándolo y sorbiendo ligeramente sus jugos, notando como crecía y como ella me
rodeaba con sus piernas y me empujaba de la cabeza para que yo no abandonase su
jardín de Venus, pero por supuesto que yo no estaba dispuesto a abandonar el
paraíso que ella había dispuesto para mí.

A la vez, acariciaba sus pezones con mis manos, y notaba como
ella se retorcía a cada lamida que la daba, mientras gemía y susurraba cosas en
alemán, lengua que no tenia que conocer para entender lo que decía. Estaba claro
que todavía quería más, y yo estaba dispuesto a dárselo. Introduje mi dedo
índice en su coño, donde casi se ahoga en sus flujos, y aproveché para meter el
dedo bien al fondo, lo que a ella la encantó. Cuando se lo saqué, ella elevó las
caderas hacia mí, protestando por que solo mi lengua seguía otorgándola placer,
pero se relajó en cuanto notó que mi dedo índice empezaba a entrar en su ano.
Ella abrió los ojos al notar esa intrusión, pero la sonrisa que me dedicó dejaba
claro que quería que siguiese. Y yo no iba a negarme.

Mientras seguía comiéndome su coño, fui introduciendo poco a
poco mi dedo en las profundidades de su delicioso culito, y sus gemidos fueron
haciéndose más profundos a cada momento. Finalmente, y arqueando la espalda,
empezó a convulsionarse presa de un orgasmo increíblemente largo, ya que yo en
ningún momento dejé de proporcionarla placer, y mi dedo ya entraba y salía con
toda facilidad de su culito. Un aluvión de flujo emergió de su vagina, llenando
mi cara y empapando sus muslos.

Finalmente, quedó quieta por unos instantes, recuperándose, y
cuando notó que yo me apartaba de su chochito, se levantó hacia mí sonriéndome
para besarme apasionadamente, compartiendo sus flujos conmigo. Mientras lo
hacia, dirigió su mano hacia mi polla, que, después del memorable espectáculo de
gemidos que había acompañado a mi exploración de su sexo estaba durísima, y yo
tenia un dolor inmenso de huevos que esperaba ser aliviado. Ella lo entendió, y
a la vez yo estaba seguro de que quería más, así que mi alemana tomó un condón y
lo puso sobre mi polla, mientras yo la acariciaba.

Una vez listo, me tumbó boca arriba y se puso sobre mí,
besándome mientras ponía la puntita de mi polla en la entrada de su coño y se
iba dejando caer poco a poco, alargando el momento, porque su coño estaba más
que lubrificado y hubiese entrado a la primera si ella hubiese querido.
Finalmente, se introdujo todo mi miembro en su interior, y juro que solo con eso
ya estuve a punto de correrme, del placer que me hacia sentir mi polla dentro de
esa cueva tan cálida y apretadita. Ella notó como se tensaba mi cuerpo, y quedó
quieta, sin moverse, durante unos instantes, para indicarme que esperaba mucho
más de mi, y yo estaba dispuesto a dárselo sin duda.

En cuanto notó que yo me relajaba y volvía a abrir los ojos,
ella me regaló de nuevo la calidez de sus labios, y acarició con sus manos de
piel de seda mi pecho.

Entonces, con lentitud y ayudándose de mis manos sobre sus
caderas, comenzó a subir y bajar por mi polla, estrujándomela con su estrecho
coñito. Poco a poco comenzó a aumentar el ritmo, mientras ella se inclinaba
sobre mi, rozándome con su olorosa cabellera y dejándome estrujar sus tetas y
sobar su culo. Yo observé entonces a su novio, que continuaba sentado allí,
pajeandose lentamente mientras los ojos le brillaban. Sin embargo, puesto que su
novia, mi querida alemana no le hacia ni puto caso, no iba a hacérselo yo.

Ella tomó mis manos de sus caderas y las levó a sus pechos,
acariciándoselos los dos pares de manos juntos, jugando con sus pezones, los
cuales, cada vez que los tocaba parecían haber crecido desde la vez anterior. El
rozar de mi polla en su coño empezaba a ponerla como una moto, mientras
aceleraba el ritmo, y emitía suaves gemidos como de un ronroneo, pero sin dejar
de mirarme a los ojos, indicándome que estábamos más unidos que lo que nuestros
cuerpos demostraban.

Cuando estaba próxima al orgasmo, se abrazó a mi, dejando que
fuese yo el que continuase culeando en el ritmo infernal que ella había impuesto
y que la hacia derretirse de placer. Finalmente, abrazados los dos como si
quisiéramos unir aun más nuestros cuerpos, nos entregamos juntos al placer del
orgasmo, yo en silencio, ella con gritos de placer y convulsiones que llegaban
hasta los músculos de su coño, desde donde se transmitían a mi polla, que se
descargó en su funda de goma.

Permanecimos unos instantes abrazados, unidos aun por la
conexión mística y sexual que nos fusionaba. Cuando ella se recuperó, me besó de
nuevo, agradeciéndome con sus ojos el placer que la había dado, se puso a cuatro
patas y me sacó el condón de la polla, y acto seguido se puso a chuparmela,
lamiéndola bien de arriba a abajo para limpiarme los restos de semen que
quedaban allí. Después dirigió una mirada a su novio, que se estaba limpiando la
polla con un pañuelo después de correrse, y le dirigió unas palabras, tras lo
que se volvió hacia mí y se me quedó mirando.

-Dice que ella gustar mucho tu follar ella. –me tradujo su
novio.

-A mi también me ha gustado ella. – el tradujo y ella me
besó, frotándome las tetas contra el pecho.

- Dice no fin aun. Ella querer que tu polla en su culo.

-¿Quiere que la de por el culo?

-Si, eso querer ella.

-Por mi encantado, pero aquí mi amigo el calvete está algo
cansado. –dije, refiriéndome a mi polla, que descansaba flácida entre mis
piernas, a escasos centímetros del coño que tan bien había disfrutado.

í‰l tradujo de nuevo, y ella me besó (no me cansaba de beber
de sus labios, y al parecer ella tampoco) y después le dijo algo.

-Dice que ella gustaría y que ella ayuda tú.

Dicho y echo. Comenzó a besarme con pasión de nuevo, y
dirigía mis manos por su cuerpo, acariciando sus piernas y su culo, y rozando
sus tetas, hasta que me puso sus melones en la boca y yo me lancé a devorarlos,
alternando los besos a sus pezones con los besos a sus labios, disfrutando de
ambos mientras no paraba de sobar su culo y su coño. Su lengua jugueteaba con la
mía, y en los momentos en que abandonada el interior de su cálida boca era para
degustar sus pezones, mientras ella se encogía de placer y me besaba el cuello.

Es evidente que ante tal tratamiento uno funciona por muy
cansado que esté, y mi polla despertó de su letargo volviendo a elevarse
ligeramente. Ella notó esto, y, sonriéndome como diciéndome lo bien que lo iba a
pasar (yo creo que me la levantaba más su sonrisa que otra cosa.), se giró,
poniéndome frente a mi cara su coño y su culito, y empezó a pasarme su melena de
terciopelo por mis muslos, mi polla y mis cojones, dejando que colgase sobre
estos y dándoles ocasionales lametones. Se giró un poco para ver si yo estaba
disfrutando, y al ver que yo asentía, se inclinó sobre mi miembro, contribuyendo
a su recuperación con una excepcional mamada que me empezó a regalar. Ante tal
atención, y viendo su trasero respingon y su coñito meneándose a tan escasa
distancia de mí, no pude resistirme y empecé a lamer la raja que iba de su coño
a su culo.

Ella paró un instante para ver excitada lo que yo la estaba
haciendo y aprobarlo asintiendo con la cabeza, para seguir chupando mi polla
como si fuese un chupachups., así que yo seguí con sus lamidas. Su coño tenia
ese olor a hembra, a sexo que a todos los hombres (o al menos a mí) nos vuelve
locos. Para ir preparando el camino a lo que vendría después, mojé mi dedo en
los flujos de su vagina, y se lo introduje en el culo mientras seguía lamiendo.
Como era el mismo dedo que antes, y mi diosa alemana seguía excitadísima, el
dedo entró con facilidad, y comencé a meterselo y a sacárselo.

Cuando consideré que entraba y salía con facilidad, lo
sustituí por el dedo corazón, que costó un poquito, pero con mas facilidad que
antes, por que ya estaba dilatado. A cada arremetida de mi dedo, su boca
reaccionaba chupandomela más a fondo, de modo que poco después ya estaba
plenamente recuperado. Para terminar de preparar su trasero, la metí
conjuntamente el índice y el corazón, lo que la hizo protestar un poco porque la
dolió con el grosor, pero debía de prepararla para mi polla, mas gruesa aun. Sin
embargo, el dolor apenas la dolió unos instantes, y pronto empezó a gemir de
placer, hasta el punto de que cuando los dedos entraron y salieron con
facilidad, y metí otros cuatro dedos en su coño, dejó de chupar mi polla y
empezó a gemir para correrse minutos después. Ahora, con mi polla como una
piedra y ella bien mojada, si que estaba preparada para que se la metiese por el
culo.

Me salí de debajo de su cuerpo, y ella, deseando y sabiendo
lo que la esperaba, demasiado debilitada aún por su orgasmo para moverse,
permaneció como estaba, tumbada sobre la cama, con la cara apoyada en la manta y
el culito apetitoso en pompa, expectante. Yo no me hice de rogar y me puse de
rodillas tras ella, acercando mi polla a la estrecha entrada, y empecé a besarla
los hombros, el cuello, la espalda, y cuando terminé de besar sus nalgas, a lo
que ella respondió con un ronroneo de placer, yo empecé a empujar mi ariete,
intentando forzar su deliciosa puerta trasera. La resistencia fue mas fuerte al
principio, pero en cuanto mi mano empezó a acariciar su sexo para que se
relajase y su esfínter se abriese, mi glande se introdujo en su interior, y todo
resultó mucho más fácil.

Mi polla se abrió paso casi de golpe hasta sus profundidades,
y cuando estuvo toda dentro, aguardé un poco para que su culito se acostumbrase
al tamaño antes de empezar a moverme. Cuando lo hice, fue muy despacio, poco a
poco, hasta que solo mi glande quedó dentro y entonces volví a empezar. Al cabo
de unas cuantas embestidas ella se puso a cuatro patas para colaborar a mi
trabajo, y yo, con la polla como una piedra, comenzé a follarmela mas
rapidamente.

Su culito era mas estrechito y delicioso aun que su lindo
coño, y apretaba mi polla dándome oleadas de placer. Pronto mis cojones
golpeaban contra sus nalgas, de la fuerza de mis embestidas, y sus tetas se
bamboleaban colgantes, asi que me acerqué mas a ella, y comenzé a estrujárselas
cuando ella tuvo un nuevo orgasmo, ya que mientras se estaba masturbando con una
mano.

La verdad es que los continuos gemidos que ella lanzaba
mientras la follaba me excitaban mucho, pero el que soltó cuando su orgasmo
coincidió con una de mis embestidas más profundas fue demasiado. Yo, que aún no
me habia corrido, esperé paciente con mi polla en su interior a que se
recuperase, y que me mostrase que deseaba seguir, lo que no tardó mucho en
seguir. Yo continué embistiendola, empeznado de nuevo con un ritmo lento, y
aumentándolo mas deprisa que antes. La verdad es que cuando me he corrido un par
de veces, yo tardo mucho en correrme de nuevo, asi que desde que se la metí por
esa joya de culo hasta que se la saqué transcurrió casi media hora.

Nuestro orgasmo fue mutuo esta vez, y los dos gritamos al
estremecernos de placer, cuando yo me vacié en el condón y el flujo de ella
rodaba por sus muslos. Nos separamos para besarnos, notando como el culo de ella
estaba enrojecido, y después, como una niña buena, se arrodilló para sacarme el
condón y limpiarme la polla que tanto placer la habia dado.

Después se levantó, besó a su novio, y los tres nos acostamos
juntos en la cama, con ella en medio y una teta en cada mano para disfrutar de
un merecido sueño.

CONTINUAR큅

 

Resumen del relato:
    Un hombre recibe una placentera invitación por parte del novio de una diosa alemana.

Danielita

Danielita (8)

Danielita siempre había sido para mí la hermanita menor de
Federico, mi amigo de toda la vida, y por extensión algo así como mi propia
hermanita menor. Sin embargo para ella yo era un amor imposible, un chico
"grande" que no se fijaba en ella porque era solo una niña. Con el pasar del
tiempo ella se fue convirtiendo en una pequeña mujer, y una increíblemente
bella. Cara de niña, de una piel bien blanca manchada con algunas pecas. ojos
del color del cielo, naricita respingona, y una boca con labios tan provocativos
que parecían desubicados en un rostro tan angelical. Cuello largo, un busto muy
desarrollado para una chica de su edad, cinturita de avispa, una pancita plana
que su ropa siempre dejaba al aire, cola bien redonda y piernas bien largas que
la ayudaban a lograr sus espléndidos 175 cm de altura. Sin embargo este
desarrollo físico parecía pasar desapercibido para su familia, que la seguía
tratando como a una niña.

Con el correr del tiempo ella fue perdiendo el respeto que me
tenía y me provocó de todas las maneras posibles, ocasionándome unas calenturas
cada vez más difíciles de controlar.

Yo solía salir de la universidad todos los días e ir a la
casa de Fede, lo esperaba allí hasta que él llegara de la suya (tardaba más o
menos una hora más en llegar) para cenar juntos y ver un poco de televisión o
jugar a algún juego. Como era como de la familia, los padres de Fede tomaban mi
llegada como la hora de irse a la cama, y yo me quedaba jugando con Gulliver el
enorme perro gran danés de Fede y últimamente resistiendo los ya descarados
acosos sexuales de Daniela. De a poco fui cediendo hasta que esa hora, desde que
llegaba hasta que lo hacía Fede, se convirtió en una hora de lujuria total.
Daniela era de lo más caliente y realmente no conocía límites, me costaba
muchísimo seguirle el tren y todos los días traía alguna sorpresa que me hacía
poner colorado. Pero sin dudas lo que más la excitaba era mantener esa imagen de
niñita buena e inocente frente a su familia y portarse como una puta cuando no
la estaban mirando. Adoraba hacer cosas muy pervertidas, en lugares muy
expuestos, jugando con la posibilidad de ser sorprendida y que su disfraz de
niña inocente fuese descubierto.

Hasta que llegó ese día. Había decidido tomar la iniciativa y
demostrarle quién era el jefe. No podía dejar que una chica de su edad me
manejara a su antojo, así que en mi mochila tenía una sorpresa para ella.

Cuando sus padres me saludaron y se retiraron a dormir ella
de inmediato comenzó a caminar hacia mí con actitud de come-hombres. Yo le dije
desde mi sillón: "¡Quédate donde estás!", en una voz firme pero la baja, para no
llamar la atención de sus padres. Sorprendida abrió la boca como para decir
algo. La interrumpí: "¡Ni una palabra!, hoy harás todo lo que yo te diga o no
haremos nada, ¿de acuerdo?". Asintió con la cabeza, su rostro mostraba una
mezcla de sorpresa y satisfacción, con una sonrisa nerviosa que no podía
ocultar. Le ordené que se quitara toda la ropa ahí mismo. Dudó un instante,
estaba en el medio del living, sus padres sólo tenían que asomarse a la amplia
escalera y la verían, lo mismo cualquier transeúnte que mirara hacia la casa por
cualquiera de los tres amplios ventanales. Sin embargo la excitación pudo más y
lo hizo dejando al descubierto su hermoso cuerpo, sus pezones ya estaban
totalmente erectos y todavía no la había tocado. Le ordené que trajera mi
mochila y me entregara su contenido. Se apresuró a hacerlo, ansiosa por ver qué
le tenía preparado. Cuando la vi desnuda, con las cuerdas en su mano, el rostro
ruborizado y una mueca de incredulidad y sorpresa supe que por primera vez la
había puesto en una situación que la superaba, por dentro me sentía triunfante.

"Date la vuelta y cruza tus muñecas en tu espalda" le dije,
ahora mucho más seguro. "Pero si mis papás…" comenzó a decir. Yo la interrumpí
nuevamente: "Dije que ni una palabra, si desobedeces una sola de mis órdenes te
castigaré.". Más sorpresa en su rostro, vacilante, me dio la espalda y cruzó sus
muñecas. Con un trozo de cuerda las até juntas. Acerqué una de las pesadas
sillas de estilo y la puse frente a ella y le ordené que pusiera sus pies la los
lados de las patas delanteras. Así lo hizo y comencé a atar sus piernas a las
patas de la silla. Ella por supuesto no entendía nada de lo que traía entre
manos, la silla estaba de frente a ella, ¡si intentaba sentarse se iría al piso
con silla y todo!. Le ordené que apoyara sus tetas contra el respaldo y até
firmemente su torso contra el mismo, sus pezones asomaban entre los gruesos
barrotes. Seguía intrigadísima, en la posición en que estaba sólo podría
acariciarla, su coñito y su culo apuntaban hacia abajo, cada vez entendía menos.
Por último, aprovechándome de su total inmovilidad le introduje sus bragas en la
boca sin ninguna resistencia y las aseguré con un pañuelo.

Cuando comencé a recostar la silla sobre su respaldo su cara
se transformó, sonrojándose violentamente, se dio cuenta que ahora estaba
totalmente indefensa. Me alejé un poco para disfrutar de mi obra, ¡era lo más
erótico que había visto en mi vida!. Su culo perfectamente redondo apuntaba al
cielo a la altura justa para que cualquiera la penetrase de pie, su propio peso
hacía que su espalda se arqueara contra la silla haciéndolo resaltar aún más.
Sus pechos estaban bien oprimidos contra el respaldo soportando gran parte de su
peso y su cabeza descansaba de costado contra la peluda alfombra. Sus ojos me
miraban, ahora provocativos, respiraba fuertemente. Un manjar a la vista, pero a
la vez pensé que si sus padres aparecían o Fede llegaba más temprano estaría en
serios problemas.

Me acerqué y comencé a acariciar todo su cuerpo, ella
respondió meneándose todo lo que podía y emitiendo gemiditos. Cuando llegué a su
sexo noté que estaba empapado como nunca antes, sus jugos ya corrían por sus
piernas, yo tenía que probar eso. Me senté en otra silla frente a ese tentador
coñito y hundí me cara en él, casi de inmediato ella se sacudió en un violento
orgasmo y llenó mi cara de jugos. Yo seguí lamiendo, chupando y mordisqueando
hasta que se corrió de nuevo, aún más violentamente. Evidentemente esto le
encantaba. Decidí que era mi turno así que le quité el pañuelo y sus braguitas,
me bajé los pantalones, y tomando la pesada silla por el respaldo ubiqué su cara
a la altura de mi hinchada polla, Daniela entendió de inmediato y levantó su
cabeza y abrió su boca. La hice desear pasando mi polla por sus labios mientras
ella la buscaba con desesperación y luego de un rato se la introduje suavemente.
Empezó a mamarla con fruición, me aproveché de la situación y comencé a
introducirla más profundamente, ella cooperaba abriendo más su boca luego de
varios intentos logró metérsela toda, era la primera vez que lo hacía. Yo
todavía tenía sus bragas en mi mano así que las tomé y estirándome se las
introduje en su coño y comencé a acariciar su clítoris. La mamada se hizo aún
más fuerte, Daniela estaba fuera de sí. Al poco tiempo ya no aguanté más y
retirándome de su boca me corrí en su cara inundándola completamente, ella me
acompañó con otro violento orgasmo haciendo lo imposible por no gritar de
placer. En ese momento volví a la realidad y agucé el oído para detectar
cualquier ruido, por ahora estábamos a salvo.

La obligué a limpiar cuidadosamente mi polla con su lengua,
lo que hizo que se recuperara inmediatamente. Apoyé nuevamente la silla en el
piso y retiré de su coño las braguitas, ahora totalmente empapadas en sus
propios jugos y tomándola por sorpresa las coloqué nuevamente en su boca,
asegurándolas nuevamente con el pañuelo. Esto pareció hacerla reaccionar, y
nuevamente comenzó a respirar con agitación cuando me coloqué en posición para
penetrarla.

La penetré en un solo y firme movimiento hasta el fondo,
Daniela gimió con fuerza y siguió haciéndolo con cada uno de los violentos
embates, luego de un rato sentí que estaba por correrse y yo me retiré y coloqué
mi hinchado glande en la puertita de su culito. Ella trataba por todos los
medios de indicarme que no quería hacerlo por ahí (nunca lo había hecho), pero
no le hice caso y empecé a presionar, sintiendo como de a poco el agujerito iba
cediendo.

Ella me miraba con una mezcla de miedo y calentura que hacía
que tuviera que esforzarme en no correrme. La cabeza ya estaba adentro y su cara
no denotaba dolor, sino lujuria, así que seguí penetrándola lentamente. En un
momento Daniela me sorprendió y violentamente empujó sus caderas contra mí
clavándosela hasta el fondo, emitiendo un fuerte gruñido ahogado por su mordaza.
"¿Con que la quieres así, putita?" le pregunté, y comencé a follarla con fuerza.
Ella perdió el control y seguía empujando sus caderas, emitiendo toda clase de
sonidos ahogados. Ya era más de lo que ambos podíamos soportar y nos corrimos
con un último y violento empujón. Pude sentir cómo llenaba sus entrañas de sémen
mientras chorros de sus jugos me mojaban los testículos y corrían por mis
piernas.

Después de un momento se la saqué y pude comprobar que había
perdido el conocimiento. La desaté, quité la mordaza, y la lleve al sofá donde
la abracé hasta que se despertó. Cuando lo hizo me llenó de besos y
agradecimientos y luego de ver el gran reloj de pie tomó sus cosas y fue
corriendo hacia el baño. En ese preciso momento sentí un ruido de llaves en la
puerta de calle, a toda velocidad me subí los pantalones, recogí las cuerdas y
acomodé las sillas en su lugar, la puerta del living se abrió justo cuando yo
aterrizaba sobre el sillón. Fede entró apurado y me pidió disculpas por haber
llegado media hora tarde, un profesor lo había retenido.

Me preguntó si me había aburrido y le dije que no, que
Daniela me había atendido muy bien. En ese momento llegó ella en su papel de
niña buena e inocente, yo no podía creer que fuese la misma persona de hace unos
instantes. Se despidió de su hermano con un beso y se alejó subiendo la
escalera, Federico no pudo ver cuando a mitad de camino levantó su falda
mostrándome su culo desnudo con sus bragas colgando del dedo índice a la vez que
me guiñaba provocativamente un ojo.

 

Resumen del relato:
    Danielita siempre había sido para mí la hermanita menor de Federico, mi amigo de toda la vida, y por extensión algo así como mi propia hermanita menor… …Con el correr del tiempo ella fue perdiendo el respeto que me tenía y me provocó de todas las maneras posibles, ocasionándome unas calenturas cada vez más difíciles de controlar… …Hasta que llegó ese día…

La Bruja de Matemáticas

La Bruja de Matemáticas (8)

Era un hecho, el examen de Díaz merecía aprobar. Las
respuestas no eran las correctas, pero los procedimientos eran los adecuados,
para su sorpresa, también él había estudiado. Sus propias palabras no dejaban de
resonar en su mente "¡Haré lo que ustedes quieran… !".

De haber imaginado que por una vez en su vida todos los
holgazanes del último año división "C" estudiarían para un examen no las habría
pronunciado. Le habían rogado por una última oportunidad para aprobar la materia
y ella accedió a tomarles una prueba de integración el último día de clases con
las siguientes condiciones: Si alguno reprobaba todos lo harían. Fue entonces
cuando Acevedo, con su acostumbrada insolencia hizo la pregunta fatídica: "¿Y si
aprobamos todos?". "¡Haré lo que ustedes quieran… !" contestó con soberbia,
esa soberbia que hoy tendría que tragarse. Realmente estaba de malhumor, la
habían derrotado en su propio terreno y sin contemplaciones.

De pronto, mientras preparaba su desayuno, una ola de calor
recorrió su cuerpo. ¿Qué la obligarían a hacer?. ¡No serían capaces de… !,
miró hacia abajo, su cuerpo estaba desnudo debajo del "salto de cama".
Lentamente desanudó la prenda y la abrió dejándolo al descubierto. ¡Sí eran
capaces! ¡Le pedirían que se quite la ropa! ¡Y ella había dado su palabra!.
Recorrió su cuerpo con la mirada, siempre había estado orgullosa de él, y ahora,
a pesar de sus treinta años, nunca había estado mejor. Sus largas y estilizadas
piernas la ayudaban a alcanzar sus 1,77 metros de altura, las horas de gimnasio
habían hecho maravillas, estaban mejores que hace diez años. Su pancita era bien
plana, con los abdominales que apenas se adivinaban debajo de la tersa piel, y
estaba adornada por hermoso ombligo vertical que siempre se le había antojado
demasiado erótico. Sus grandes, puntiagudos y firmes pechos seguían desafiando
la gravedad haciendo que sus sensibles pezones, pequeños y rosados, apuntaran
ligeramente hacia arriba, igual que cuando ella misma era una colegiala. Y su
brevísima cintura no hacía otra cosa que hacer imposible de disimular la parte
de su cuerpo que más orgullo le producía: Ese culo realmente perfecto, en forma
de corazón invertido, redondeado, firme, una obra de arte. Esos degenerados
realmente le darían un festín a sus ojos. Seguramente le pedirían eso, y ella no
podía faltar a su palabra. Se preguntaba si tendría el valor para hacerlo.

Tomó su desayuno mientras pensaba en que, si se lo pedían
realmente, estaba en la obligación de hacerlo y se imaginaba a sí misma parada
completamente desnuda al frente de la clase, mientras los chicos la devoraban
con la mirada. Cuando terminó de lavar la vajilla, otra ráfaga de calor la
recorrió. No se contentarían con eso, probablemente la harían pasear entre las
filas de asientos, meneando su culo para disfrutar de cerca de toda su piel, de
su olor, de sus movimientos. Dejó caer el salto de cama y comenzó a caminar
sensualmente por la casa, buscando su reflejo en cada vidrio, en cada espejo. El
piso de las aulas estaría desierto, las clases habían terminado, sólo en la
planta baja había un grupo de personas cumpliendo tareas administrativas. Con
certeza la harían pasear desnuda por los pasillos vacíos, subir y bajar las
escaleras, todos lugares que antes había recorrido con gesto altivo… Sentía
que hacía más calor que cuando se había despertado a corregir los exámenes, ¿O
tal vez era ella?. Llegó a su habitación y se detuvo frente al gran espejo que
tenía uno de sus muebles. ¿Y si la obligaban a posar en posiciones obscenas?.
Acercó una silla y comenzó a posar mientras se miraba en el espejo, siempre
había disfrutado de las fotos que sus "amigos virtuales" le enviaban a su
casilla de correo electrónico y ahora se encontraba ella misma reproduciendo las
más atrevidas. Seguramente le pedirían que se pellizque los pezones así… o que
abra su sexo así… o que separe sus nalgas así… o que acaricie su clítoris
así… En ese momento se dio cuenta de que estaba a punto de correrse y decidió
que su fantasía había llegado demasiado lejos. De ninguna manera se atreverían a
tanto.

Se dirigió al baño y abrió la ducha, esperó a que el agua
tomara la temperatura adecuada y se deslizó dentro de la bañadera. Sus
pensamientos comenzaron a flotar nuevamente, relajada por el agua caliente. Una
vez desnuda lo lógico sería que quisieran tocarla. Sus propias manos enjabonadas
recorrían su cuerpo sensualmente. Serían muchos pares de manos acariciándola,
masajeándola, pellizcándola, hasta que alguno (¿Sería Frola, con sus ojos
celestes clavados en los suyos, el primero?) deslizaría su mano hasta su
entrepierna y la acariciaría de la forma más íntima posible y la frotaría y la
penetraría con sus dedos… Sintió nuevamente esa corriente que subía desde su
vulva y anticipaba el orgasmo, abrió sus ojos y vio su propia mano hundida en su
sexo. Nuevamente se reprochó por dejar que su imaginación la dominara y
reprimiendo su corrida, se apuró a terminar su baño. íntimamente estaba
convenciéndose de que el desarrollo de los acontecimientos sería inevitable, es
más, los estaba esperando.

Llegó a su habitación y se recostó en la cama, su imaginación
otra vez tomó el control de su mente. Ellos ya estarían más confiados, seguros
de que ella no diría que no a nada, de que estaba demasiado caliente para
ofrecer resistencia. Aprovecharían para vengarse de ella, para castigarla por
haber sido tan mala niña durante todo el año. Sabía que Gordon, detrás de su
apariencia tímida, era un sádico pervertido. La haría inclinarse sobre el
escritorio y le daría nalgadas hasta dejarle su colita de color rosa, tal vez
use la larga regla de madera del pizarrón. Ella se lo merecía, lo había
humillado tantas veces aprovechándose de su timidez, esta vez la humillada hasta
la sumisión sería ella… El sonido de su propia mano impactando con fuerza
contra su cola la sacó de la ensoñación. ¿Qué le estaba ocurriendo? Nunca había
tenido fantasías masoquistas, tal vez esta experiencia le serviría para
conocerse a sí misma como realmente es, para dejar de engañarse. Se estiró y
abriendo el cajón de su mesa de luz y tomó el vibrador que su último novio le
había regalado y que nunca se había atrevido a usar. ¿Quién se animaría a
penetrarla? Muchas veces había oído a la pasada a los profesores de gimnasia
comentar con evidente admiración el impresionante tamaño de la verga de Carbone
(¡Lo que daría por poder espiar algún día las duchas de los muchachos!).
Seguramente sería él el primero en penetrarla. Deslizó sin ninguna resistencia
el vibrador hasta el fondo de su sexo y comenzó a bombear cada vez con más
violencia. Se imaginaba la enorme polla entrando y saliendo de ella mientras los
compañeros del violador la sujetaban sobre el escritorio. Otra vez el orgasmo
era inminente… Acevedo pediría que la den vuelta y le abrieran las nalgas,
apoyaría su glande contra el diminuto agujerito de su culo y comenzaría a
presionar más y más. Sentía como su culo iba cediendo a la presión y el vibrador
se abría paso, lubricado por sus propios jugos. Siguió empujándolo cada vez más
adentro suyo, el orgasmo ya estaba a punto de romper como una ola gigante
cuando, debido al entusiasmo, se le escapó totalmente dentro y su agujerito se
cerró detrás del intruso. Su orgasmo se vio nuevamente interrumpido. Estuvo un
rato largo tratando de quitárselo sin éxito, hasta que vio el reloj. ¡Por Dios!
¡Era tardísimo! ¡Tendría que ocuparse de eso luego!.

Se sentó nuevamente frente al espejo, con la extraña e
inquietante sensación del vibrador muy dentro suyo. Cada pequeño movimiento que
efectuaba se reproducía dentro suyo. Decidió que el día de hoy dejaría su pelo
rubio suelto, por primera vez en años, y usaría un poco de maquillaje y sus
labios los pintaría de rojo. Su pensamiento comenzó a flotar nuevamente. ¿Y si
la obligaban a mamárselas a todos?. ¡No podría! ¡Eran ocho!. Se los imaginó a
todos parados en fila y ella recorriendo la fila de rodillas deteniéndose frente
a cada uno para mamarles deliciosamente la polla. No tardarían mucho en
correrse, ¡Eran tan jóvenes! ¡Y sus descargas serían enormes! Ella bebería toda
su leche sin dejar escapar una gota, se lo exigirían. Se vio a sí misma
relamiéndose con su pancita hinchada de semen. Se estremeció y apareció ante
ella su propia imagen con dos dedos dentro de su boca. ¡Ya basta! Se dijo,
¡Ahora sí que es tarde!. Decidió que se daría otra oportunidad de quitarse el
vibrador de su culito. Se puso en cuclillas y mojando sus dedos se introdujo uno
en el culo intentando acomodar el vibrador para expulsarlo. Un rato después eran
tres los dedos dentro de su culo y otros dos en su coño, en vez de preocuparse
estaba cada vez más caliente, y el vibrador seguía firme dentro de ella. Hasta
que sucedió algo inesperado… El vibrador se encendió a su máxima potencia. Un
gemido, casi un aullido, escapó de sus labios. Un mundo de nuevas sensaciones se
apoderó de ella. Segundos después el postergado orgasmo la alcanzó como un rayo,
ella se sacudía en el piso involuntariamente totalmente fuera de sí. Cuando pudo
recuperarse vio nuevamente el reloj, ¡Ya debía estar en el colegio!. Dedicó unos
momentos más al vibrador, pero no sólo no pudo quitárselo, sino que ni siquiera
logró apagarlo. Estaba sumamente incómoda, pero ya no podía demorarse más. A
toda velocidad se puso unas braguitas de encaje, una blusa blanca sobre sus
pechos desnudos (¿Se notaban mucho sus pezones o era su imaginación?) y una
falda escocesa muy corta, no había tiempo para medias. Se calzó sus zapatos de
tacones y partió hacia el carro. Caminar era una tarea titánica, el vibrador la
estaba volviendo loca. Salió de su garage raudamente hacia el colegio.

El vibrador seguía excitándola, por más que intentaba
concentrarse en el tránsito la sensación estaba apoderándose de ella nuevamente.
Tomó conciencia de su atuendo, si los chicos tenían alguna duda de aprovecharse
de su promesa su apariencia la despejaría de inmediato. No le darían tiempo a
nada, se abalanzarían sobre ella y la penetrarían inmediatamente… de a tres,
uno en su coñito, otro en su culo (¡Dios, se encontraría con el vibrador!) y
otro en su boca. Y tomarían turnos para follarla durante horas sin cesar, no
podría evitar el correrse muchas veces, la llamarían puta, calentona, guarra y
de muchas otras maneras. La corriente comenzó nuevamente, ¡No podía correrse en
el medio de la avenida! Giró violentamente a la izquierda hacia una calle menos
transitada, casi estrellándose contra un carro azul en el proceso. Detuvo el
auto a un lado y tuvo el tiempo justo para meter su mano dentro sus bragas y
penetrar su coño con cuatro dedos antes de correrse violentamente en medio de
espasmos descontrolados. Cuando se recuperó miró por la ventanilla y vio al
atónito dueño del carro azul contemplándola, seguramente se había acercado para
insultarla y se había encontrado con su show erótico. Muerta de vergí¼enza
arrancó a toda velocidad y dobló en la esquina, por suerte el semáforo cambió a
rojo detrás de ella.

Llegó al colegio, momentos antes de bajarse del auto se había
quitado las bragas, estaban demasiado mojadas. Podía sentir su propio olor a
hembra en celo, era inocultable, pero decidió presentarse así ante los
muchachos, así ya no podrían evitar sus impulsos, los necesitaba para satisfacer
su deseo animal. Cuando cruzó por la puerta del aula caminando, tratando de
disimular la incomodidad del vibrador, escuchó un murmullo de sorpresa y
admiración. Trató de guardar la compostura, pero su voz sonaba agitada,
quebrada, sensual. Cuando les informó que todos habían aprobado la algarabía fue
general, ¡Después de todo lo que les importaba era aprobar la materia!. ¡Había
sido una tonta!. Pero cuando se aprestaba a retirarse, sucedió lo que había
esperado, Acevedo se puso de pie y le preguntó "¿No se olvida de algo
profesora?". Sentía que estaba a punto de desmayarse, no podía creer que todo se
convertiría en realidad. Con un hilo de voz les preguntó "¿Qué quieren que
haga?", estaba totalmente resignada, sus manos ya recorrían el trayecto al
primer botón de su blusa. Acevedo, decidido, contestó "¡Nos tiene que llevar a
todos a comer hamburguesas!". No daba crédito a sus oídos, quedó petrificada por
unos momentos. Pereyra preguntó: "¿No tiene dinero? ¡Nosotros la invitamos!".
Esas palabras la sacaron del sopor y la enternecieron, ¡Después de todo aún eran
unos niños!.

Pasaron todos un día muy agradable y se integró a ellos como
una más del grupo. Todos prometieron que la visitarían en el colegio en cuanto
pudieran. Sólo una cosa perturbaba su pensamiento mientras se divertía con ellos
¡¿Cuándo se agotarían las baterías del vibrador?!.

 

Resumen del relato:
    Una bella de profesora de matemáticas promete cumplir los deseos de 8 alumnos si aprobaban un exámen, segura de que no lo harían… pero todos aprobaron.

El Fantasma (I)

El Fantasma (I) (8)

EL FANTASMA

Capitulo 1: m/f

Lo primero que me gustaría decirles es que cuando todo esto
que voy a contarles nos ocurrió, hace ya bastantes años, los fenómenos
paranormales (como se les llama ahora) eran casi del todo desconocidos y, las
cosas inexplicables que sucedían a veces eran solo "cuentos de fantasmas",
validos tan solo para asustar a los pequeños y a los que nadie hacia caso.

Hoy en día parece que la gente cree mas en estas cosas, pero
estoy segura de que mi relato seguirá pareciendo tan fantástico en nuestros días
como cuando esto me sucedió.

Pero aun así creo que ya va siendo hora de que cuente lo que
nos ocurrió, a mi y a mi familia, en la casa encantada de mis abuelos, aquel
verano de hace ya tantos años.

Yo tenia por aquella época unos dieciocho años recién
cumplidos y era una chica muy delgada, todo huesos, con una cara bastante
vulgar. Supongo que por eso nunca había conseguido salir con ningún chico de
forma estable, por mas facilidades que les diera y por mas cosas que me dejara
hacer o estuviera dispuesta a hacerles para conseguirlo.

He de aclarar que por esas fechas ya no era virgen. Había
entregado la apreciada flor de mi pubertad a un pícaro vecino mío, unos años
mayor que yo, con la esperanza de que fuera mi primer novio de verdad. Algo que
él parecía dispuesto a hacer a cambio de sexo

El muy truhán siempre que salíamos me llevaba a los sitios
mas oscuros y apartados que conocía, donde poder meterme mano por todas partes
sin testigos, y donde podía masturbarlo cómodamente con las dos manos, como a él
le gustaba y me había enseñado.

Se pasaba las tardes chupando y mordisqueando mis largos
pezones. Pues, debido a que tenia muy poco pecho, estos destacaban bastante mas
de lo normal. La verdad es que en aquella época eran la única parte de mi
escuálido cuerpo que lograba despertar interés en los chicos.

Cuando consiguió vencer mi asco inicial, no había velada que
no acabáramos en algún oscuro rincón del vecindario, obligándome a mamar su duro
bastón hasta que manchaba mis manos, y a veces mi cara, con su espesa virilidad,
mientras me magreaba.

Al final aprovecho una tarde que no había nadie en su casa
para poseerme, venciendo mi escasa y débil resistencia con unas hábiles y
enervantes caricias por todo mi cuerpo.

Esa primera vez fue de lo mas doloroso y, si no llego a
experimentar un poco de placer al final, creo que no le habría dejado que me
volviera a poseer en ocasiones sucesivas.

Pero a la postre no me sirvió de nada el sacrificio. Pues en
cuanto hubo satisfecho sus sucios deseos, reiteradas veces, ya fuera en su casa
o en la mía, con mi consentimiento o sin el, se olvido de mi, y rápidamente se
busco a otra incauta chica a la que desvirgar.

Aquel año fui junto con mis padres y mi hermanita Rosa a
veranear a la vieja casona de mis abuelos, perdida en un pequeño valle, bastante
lejos del pueblo mas cercano.

Ocurría que estos hacia ya tiempo que vivían en un asilo de
ancianos de la ciudad, mis padres querían reparar la casa, para alquilarla a los
turistas que nos empezaban a invadir.

Como debido a mi escaso atractivo físico y a mi árido
carácter casi no tenia amigos, no me importo demasiado pasar las largas
vacaciones en el campo acompañada de la familia.

La verdad es que la casa estaba bastante mas apartada del
pueblo de lo que esperaba; y, aunque no les quise decir nada a mis padres, no
veía probable que algún turista quisiera recorrer varios kilómetros por un
descuidado sendero de tierra en mal estado, para llegar hasta el viejo caserón.

Este, por suerte, estaba en mejores condiciones que el camino
y, con bastante trabajo, podía quedar en un estado bastante aceptable en poco
tiempo.

Dado que había habitaciones de sobra me quede con una para mi
sola, aunque Rosa me insinuó que no le hubiera importado compartir la suya
conmigo. A mi me hacia mucha gracia que con sus trece años aun tuviera esos
detalles, propios de una niña mucho mas pequeña.

Sobre todo si teníamos en cuenta el cuerpo serrano que Dios
le había dado.

Pues la afortunada mocosa no solo era realmente guapa, sino
que a su edad ya tenia la delantera bastante mas grande y firme que la de mi
madre, y que la mía por supuesto.

Con el esbelto tipo que poseía, a poco que se cuidara,
llegaría a ser una gran belleza.

Pero, por mucho cuerpo que tuviera, seguía teniendo cosas de
cría pequeña, como el no poder dormir nunca sin la compañía de su osito de
peluche, que la hacían parecer mucho mas cría de lo que era en realidad; y que
le restaban un poquito de fuerza a los celos, y la envidia, que yo sentía de
ella, aunque se que esta feo que lo reconozca.

Pues, aunque yo la quería con locura, no me hacia gracia ver
como la gente, y en particular los hombres, solo parecían tener ojos para ella,
cuando estabamos juntas las dos en algún sitio.

Me daba mucha rabia ver como hasta mis mejores amigos
parecían olvidarse de mi en cuanto mi bella hermana rondaba a nuestro alrededor,
clavando sus hambrientas miradas en el apetitoso y pletórico cuerpo de ninfa que
ella lucia inocentemente, sin malicia.

A los pocos días de estar en la vieja casona Rosa y yo nos
dimos cuenta de lo bien que le estaba sentando a nuestra querida madre vivir en
el campo; pues, aunque aun ella no había cumplido los cuarenta, ahora parecía
que tuviera tan solo treinta, o incluso menos.

Se la veía ir todo el día de aquí para allá, la mar de
contenta, mejorando a ojos vista.

Cuando le pregunte por su secreto me insinúo, entre risas y
rubores, que el amor y, sobre todo el sexo, hacen maravillas en una mujer. La
verdad es que mi padre se tenia que estar portando magníficamente, pues la
mejoría era mas que notable, ya que todo su cuerpo parecía estar cogiendo el
volumen y firmeza que había perdido con la edad.

Fue uno de esos días cuando una mañana, al despertarme, me di
cuenta de que había estando haciendo cosas muy feas durante la madrugada. Tenia
las braguitas hechas un ovillo al pie de la cama, y el camisón arrugado, y
bastante húmedo a la altura de mi intimidad, como si lo hubiera mojado con mis
espesos fluidos, al acariciarme con él.

No tenia motivos para pensar que había sido otra persona la
que me había manoseado, pues no solo tengo la costumbre de cerrar mi cuarto
siempre con llave desde el interior; sino que, además, todas las ventanas de la
casa tenían rejas.

Como el cálido escozor que sentía en mis partes mas nobles no
dejaba lugar a dudas, deduje que el calor de la noche me había hecho tener algún
sueño erótico, y que debido a el me había masturbado; cosa bastante rara en mi,
pero que no era la primera vez que hacia, por supuesto.

Durante tres o cuatro días me desperté de la misma forma, sin
bragas, y con el camisón mojado por mis continuas travesuras nocturnas. El suave
escozor de mi intimidad me duraba un par de horas, mas o menos, y después estaba
todo el día con una alegría, y unas ganas de hacer cosas, que me hacían recordar
lo que insinúo mi madre aquel día.

Ella no solo parecía ya una jovencita, en el físico y en el
carácter, sino que llegue a pensar que podía estar embarazada, pues los pechos
se le veían mucho mas grandes y firmes; pero no podía ser, pues mi padre estaba
operado desde que nació mi hermana, para que no tuviéramos ya mas hermanitos. Y
hasta yo sabia que eso era incuestionable.

Capitulo 2: S/f, EX

Y entonces llego la noche decisiva, la noche en la que me
desperté, siendo aun de madrugada, en mitad de un violento y poderoso orgasmo.

Aun no me había recuperado del mismo cuando me di cuenta de
que no era yo quien me estaba masturbando, sino que alguien me estaba poseyendo
muy suavemente con un miembro enorme, que me llenaba por completo, y que me
obligaba a tener las piernas totalmente abiertas de par en par.

Lo terrible fue cuando vi, gracias al resplandor de la luna
que entraba por mi ventana, que no había nadie montado sobre mi.

Pues veía perfectamente todo el dormitorio y en él no había
ninguna otra persona que no fuera yo.

Reconozco que me asuste muchisimo.

Quise gritar, y no pude, pues no me salía la voz; pero oía,
claramente, mis jadeos entrecortados, ya que algo enorme seguía penetrando, sin
descanso, dentro de mi.

Después intente moverme, para escapar de lo que fuera que me
estaba violando, pero tampoco pude, parecía que mi cuerpo estuviera pegado a la
cama por muchisimas manos.

Cuando mis ojos se acostumbraron a la oscuridad pude ver, a
través del gran espejo que había en la pared de enfrente, sobre la cómoda, como
mi propio camisón de raso blanco era el que abusaba de mi, introduciéndose
dentro de mi intimidad, hasta el mismo fondo.

Pues por mas que me esforzaba solo veía un grueso cilindro de
oscuridad, justo en el centro de mi dilatada almejita, y el suave balanceo del
resto de mi cuerpo, siguiendo el suave ritmo de las firmes acometidas del
gigantesco e incansable miembro invisible.

Poco a poco se me fue quitando el miedo; gracias, sobre todo,
al enorme placer que sentía cada vez que penetraba dentro de mi. Por eso no me
avergí¼enza reconocer que me hizo gozar varias veces, con fuertes y violentos
orgasmos, antes de que todo terminara.

Después del ultimo orgasmo me quede tan cansada que no me
quedaron ganas ni de gritar, ni siquiera cuando sentí como una especie de aire
helado que se paseaba por toda la habitación.

Así que me gire como pude, y me quede dormida casi al
momento.

A la mañana siguiente no sabia si lo que me había pasado era
el producto de algún sueño erótico mientras me masturbaba, o era realidad.
Decidí, por lo tanto, no decir nada todavía a mis padres, hasta no estar segura
de lo que estaba pasando, no me fueran a tomar por loca o mentirosa.

Pues ni siquiera yo estaba segura del todo acerca de lo que
había sucedido.

Esa mañana había mercado en el pueblo, por lo que acompañe a
mi madre mientras mi hermana se quedaba a ayudar a mi padre, como siempre.

Aunque su aspecto era radiante, me sorprendió ver el interés
que mi madre despertaba en los hombres, los cuales la devoraban con la mirada.
Ella, orgullosa y algo coqueta, se paraba en todos los puestos, bromeando y
sonriendo ante sus continuos requiebros. Como andaba un poco rezagada, podía
escuchar los soeces y hasta groseros comentarios que ella provocaba a su paso.

En uno de los tenderetes encontró un fino vestido de lino que
pareció encantarle.

Como no había donde cambiarse accedió a la proposición del
amable vendedor de entrar en la parte trasera de su destartalada furgoneta a
probársela. Este, además de acompañarla, se quedo junto a uno de los cristales,
al igual que un puñado de chicos de mi edad, para no perderse ni un solo detalle
del strip-tease. A mi madre no pareció importarle el publico, pues salió con el
puesto, a pesar de que se le marcaban horrores los pezones en la tela.

Esa noche cerré mi cuarto a cal y canto y me quede sentada
sobre la cama, temblando de miedo, a la espera de lo que pudiera pasarme. Como
el camisón de raso se estaba ya lavando llevaba puesto otro, algo viejo, de un
tejido muy duro y rasposo, cuyo tacto me provocaba estremecimientos solo de
pensar en lo que sentiría si se volvía a repetir lo de la noche anterior.

Debí quedarme algo traspuesta, pues no me desperté del todo
hasta que sentí ese curioso aire frío que se acercaba a mi cama. Me tape a toda
prisa con la sabana, pero no me sirvió de nada.

Note como si un montón de manos, muy hábiles, acariciaran mi
cuerpo por encima de la ropa jugando hasta con mi ombligo, y pellizcando
suavemente mis sensibles y rígidos pezones.

Creí oír como una voz que, susurrando, me preguntaba al oído
si quería volver a disfrutar; y yo, con una voz muy débil, dije que no.

Las insidiosas caricias se hicieron entonces mas intensas y
enervantes, dedicando una especial atención a mis agradecidos pezones, ya
completamente rígidos, y a mi cálida entrepierna, cada vez mas húmeda y
excitada. Sin darme cuenta fui separando poco a poco los brazos y los muslos,
para sentirlas con mayor intensidad por todas partes.

Y cuando la voz me volvió a preguntar si quería mas placer le
respondí, con la voz ronca, que si.

Fui yo misma la que me despoje rápidamente de las incomodas y
húmedas bragas, y la que me abrí completamente de piernas, para que el camisón
me penetrara de nuevo hasta lo mas hondo, enardeciendo todo mi cuerpo con su
áspero roce mientras me invadía.

Esta vez tuve que taparme la boca con una mano, para que mis
gritos de gozo no se oyeran por toda la casa. En varias ocasiones sentí como si
unas fuertes manos acariciaran mis temblorosos senos por encima del camisón, y
rugí de placer, mordiendo la almohada, cuando me retorcieron los dos pezones a
la vez en mitad de un orgasmo bestial. No se cuantos mas tuve después de aquel.
Fue la noche mas salvaje que había vivido nunca.

Esa misma mañana me prometí que la repetiría todas las veces
que pudiera.

Pase pues el día hecha un verdadero saco de nervios, deseando
que llegara la noche de una vez, para poder sentir a mi nuevo amante otra vez
dentro de mi con su gigantesca presencia.

Esta vez había recortado un gran trozo de seda, de una pieza
de tela que guardaba mi abuela en el desván, y lo esperaba totalmente desnuda,
para que el fantasma, pues no se me ocurre otro nombre que suene mas apropiado,
no me manchara de nuevo el camisón; pues estaba segura de que mi madre empezaría
a pensar cosas raras si me veía lavarlos tan de continuo. Este se introdujo
dentro de mi habitación a altas horas de la madrugada, como de costumbre, y
agradeció el detalle a su manera, acariciando todo mi cuerpo con la fina seda,
hasta que le tuve que rogar, entre suspiros, que entrara dentro de mi. Ni que
decir tiene que fue otra noche loca, en la que disfrute de lo lindo.

Y no solo por el sexo en si, sino también viendo como se
pegaba la pieza de tela a mi cuerpo, ayudada por una infinidad de viciosas manos
invisibles que moldeaban el contorno de mi silueta, pusiera la postura que
pusiera, mientras su gran presencia me perforaba a fondo sin descanso.

Cuando me quede dormida, de puro agotamiento, aun todavía
tenia el enorme miembro fantasma incrustado dentro de mi, penetrándome a
conciencia una y otra vez, cada vez mas violentamente, mientras sus ayudantes
invisibles se ensañaban de nuevo con mis doloridos pitones, estrujándolos sin
piedad, hasta hacerme sentir placer de tanto dolor.

Capitulo 3: S/f, S/F, V, EX

Así transcurrieron un par de semanas, en las que descubrí,
con muchisimo gusto, todo lo bueno que tiene el sexo. Y la mejor prueba de lo
que digo era ver lo bien que le sentaba a mi madre.

Esta, orgullosa del increíble cambio que estaba experimentado
todo su cuerpo, se dedicaba a lucirlo donde fuera. Digo esto por como se vestía
para ir al pueblo o a por leche a casa de unos vecinos relativamente cercanos. A
menudo solía contarnos que se había encontrado a los hijos de estos vecinos en
el río, o en pueblo. Esto no era raro, pero si me extrañaba que los nombrara y
tratara como unos mocosos cuando los dos chicos eran mayores que yo.

Hasta que una mañana en la que tardaba demasiado en salir de
la vaquería de los vecinos entre y sorprendí a los chicos mientras enseñaban a
mi madre a ordeñar ocultos tras una vaca.

Interrumpieron la clase nada mas oírme llegar, pero el rubor
que tenían los tres, así como la camisa casi desabrochada de mi madre me
hicieron sospechar cosas muy raras.

Una noche, después de un buen rato de placer, oí como la voz
susurrante me decía que me pusiera enfrente del espejo. Cuando lo hice creí que
soñaba otra vez.

La que estaba reflejada era yo, pero mucho mas bella.

La cara, siendo la misma, parecía mucho mas bonita, sobre
todo la boca, que hasta yo la veía apetecible ahora que tenia los labios mas
gruesos. Los pechos eran mucho mas grandes y perfectos, con una amplia aureola
que enmarcaba mis preciosos pezones alargados. El culo era mas firme y
respingón, y hasta los muslos habían mejorado, haciéndose mas esbeltos y firmes.
La imagen que estaba viendo reflejada era una versión perfecta de mi cuerpo,
pero falsa como ya supondrán.

Cuando acabo el espejismo, la voz me dijo que podía hacer que
yo fuera así en realidad; y yo, llorando, me puse de rodillas y le suplique que
lo hiciera.

La voz, riéndose de una forma muy curiosa, me dijo que no me
podía dar algo por nada; y que yo debía darle, a cambio, lo mismo que recibía.
Le dije que no entendía nada y la voz me prometio que me lo explicaría al día
siguiente. Yo ya no pude pegar ojo pensando en el cuerpo que podría llegar a
tener, y el día se me hizo mucho mas largo esperando que volviera a visitarme.

La noche siguiente la voz me hizo salir al pasillo y, con
mucho sigilo, ir hasta el cuarto donde dormian mis padres.

Allí pude ver, a través de la puerta entreabierta de su
habitación, como mi madre, totalmente desnuda, estaba montando, fogosamente,
sobre mi padre; el cual me dio la impresión de que estaba completamente dormido,
pues hasta se le escapaban unos pequeños ronquidos de vez en cuando.

En su espléndido físico aprecie que realmente estaba mucho
mas joven de lo que yo la recordaba, sobre todo sus lindos pechos que parecían
ahora los de una chica de mi edad. Empece a sospechar que el fantasma tenia
bastante que ver en el cambio que se había producido; sobre todo cuando oí a mi
madre susurrar … el culo … ahora quiero el culo que tenia antes. La voz que
yo conocía tan bien le dijo que de acuerdo, que al día siguiente fuera al lugar
de costumbre en el bosque.

Acto seguido, y sin que mi madre dejara en ningún momento de
cabalgar fogosamente sobre mi padre, vi como se formaba a sus espaldas un
gigantesco miembro, hecho con las finas sabanas de franela, apuntando hacia su
diminuto agujerito.

Pense que el fantasma la destrozaría por dentro, antes de que
pudiera entrar todo eso por su orificio mas estrecho; pero ella, echándose todo
lo posible hacia delante, recibió muy dócilmente, entre ahogados grititos de
dolor, el inmenso regalo que la voz le introducía por la entrada posterior.

Cuando vi que sus gemidos eran ya de placer, y no de dolor, y
que se movía como una ansiosa serpiente, para poder recibir aun mejor los
envites de ambos instrumentos a la vez, me marche de allí, silenciosamente.
Deseando, eso si, que acabara lo antes posible, para así poder tener yo también
mi parte. Pues me había excitado muchisimo viendo como mi madre se entregaba al
sexo con tanta pasión; y, mientras la veía gozar, me acariciaba yo también el
cuerpo, pensando en lo que me esperaba a mi poco después.

Un rato mas tarde, mientras la voz fantasmal me mataba de
placer, a base de frenéticas y continuas penetraciones, me dijo que si mi madre
quería volver a tener el tipito que tuvo cuando era joven tenia que ofrecer esas
partes del cuerpo en sacrificio a los espíritus mágicos del bosque, y que él
solo era un simple intermediario, que cobraba su parte del trato como mas le
apetecía.

Con mucho sexo, como ya sabia, como había presenciado antes,
y como me aseguro que hacían también los espíritus, aunque ellos solían usar su
magia para obtener el máximo placer de sus encuentros con las mujeres que
requerían sus favores.

Capitulo 4: S/F, S/f, V

Al día siguiente, mientras mi hermana pequeña ayudaba como de
costumbre a mi padre en unas reparaciones, seguí sigilosamente a mi madre,
asesorada por la voz, hasta un apartado rincón del bosque. Allí pude ver como
ella se desnudaba por completo, dejando toda la ropa a un lado, mientras
aguardaba impaciente nuevas ordenes de la voz invisible.

Reconozco que me asuste muchisimo cuando vi aparecer una
pequeña manada de lobos de entre unos espesos matorrales. Si no grite fue porque
vi que mi madre se lo tomaba con mucha tranquilidad, como si los estuviera
esperando. La voz me susurro al oído que los espíritus del bosque no suelen
adoptar formas normales; y que no me dejara llevar a engaño, que lo que tenia
ante mi no eran lobos normales, que esto era solo apariencia.

Pronto me di cuenta de que tenia razón, pues no se
comportaban como animales, ya que la media docena de lobos se pusieron a dar
vueltas alrededor suya, tranquilamente y en completo silencio, como esperando
que fuera ella la que rompiera el hielo e hiciera algo.

Mi madre, cuando por fin se relajo, se puso a cuatro patas
sobre la hierba y, agachando la cabeza, separo al maximo las piernas, mientras
decía lo mismo de la otra noche … el culo … quiero el culo.

Los lobos se fueron acercando poco a poco hasta ella,
repartiéndose a su alrededor; y, como si lo hubieran ensayado, se pusieron a
lamer todos su cuerpo al mismo tiempo. Así, mientras unos le lamían los pechos,
prestando especial atención a sus pezones, otros se dedicaban a su intimidad y
se turnaban en degustar su entrada posterior, con un ansia que hasta a mi me
estaba excitando.

Cuando sus gemidos de placer se hicieron mas intensos uno de
ellos se preparo para penetrarla por detrás. Fue cuando me di cuenta de que en
verdad no eran normales, pues el miembro que lucia ese lobo era descomunal hasta
para una persona, y mas todavía para un animal.

El caso es que, como la noche anterior, mi madre volvió a
demostrar que era capaz de admitir cosas increíbles por su entrada mas estrecha.

No solo albergo el enorme aparato con relativa facilidad en
su acogedor interior, sino que gozo horrores, gritando a voces su placer cuantas
veces quiso; pues todos los falsos lobos se turnaron, silenciosa y
ordenadamente, para entrarle por la parte de atrás, ignorando su asequible
intimidad como si no existiera.

Cuando acabaron se marcharon en silencio, dejándola tirada
sobre la yerba, agotada y feliz, rezumando esperma por su orificio desgarrado.

La vi vestirse e irse al río a lavarse. Ya pensaba marcharme
cuando oí voces y risas.

Me acerque y pude ver a mi madre todavía mojada tonteando con
los hijos de los vecinos.

Uno de ellos le hablaba al oído mientras el otro le acariaba
un pecho por encima de la ropa.

No quería ver mas así que me fui cuando ya la estaban
tumbando sobre la hierba.

Esa noche le dije a la voz que estaba convencida y dispuesta
a sacrificar mi cuerpo para lograr ser como la imagen que vi en el espejo, pero
la voz me dijo que no era tan fácil.

En el caso de mi madre si, pues era su cuerpo el que
sacrificaba para volver a ser como era antes; pero en mi caso era diferente,
pues yo tenia que sacrificar un cuerpo que fuera como el que quería, para
poderlo obtener a cambio. Lo cierto es que no entendí nada.

Como estaba hecha un lío me lo aclaro mas todavía, tenia que
sacrificar voluntariamente a mi hermanita para que mi cuerpo fuera tan perfecto
mañana como el suyo lo era hoy.

Yo, al principio, me negué; pero la voz me dijo que no fuera
tonta, que si no lo hacia yo lo haría mi madre, pues los espíritus del bosque se
habían encaprichado de mi hermanita, y si no la habían poseído ya era porque
primero tenia que ser doncella, y aun le faltaban dos o tres semanas para
convertirse en mujer. Después caería bajo su hechizo sin duda.

La voz se dio cuenta de que no estaba convencida del todo,
así que me hizo ir al cuarto de Rosa, para que viera que era verdad todo lo que
decía.

Cuando abrí la puerta la vi durmiendo, abrazada a su osito de
trapo como de costumbre; pero, cuando me acerque mas a ella, me di cuenta de que
su peluche estaba tirado a los pies de la cama, junto con su arrugado camisón
infantil y que lo que abrazaba amorosa era otra cosa, muy diferente.

No se como podría describírselo, lo mas aproximado que se me
ocurre es decirles que era una especie de ovillo de carne, hecho a base de
docenas de enormes lenguas y labios.

Mi querida hermana gemía dulcemente, apretándolo con cariño,
mientras las bocas se desplazaban bajo sus brazos, poco a poco, para besarla por
todas partes, saboreando su cara y su cuerpo con total impunidad. Las enormes
lenguas que no lamían su lindo rostro se enroscaban sinuosas por todo su
cuerpecito. Dedicando, al igual que las bocas, una especial atención a sus
preciosos pechos, y a sus puntiagudos pezones, anormalmente gruesos y grandes
para una chica de su edad.

Luego vi como varias de las lenguas mas largas se introducían
bajo sus castas braguitas infantiles, penetrando por ambos laterales a la vez,
para lamer lo mas intimo de su persona, aprovechando la indecorosa separación de
sus piernecitas para alcanzar sus objetivos con mayor facilidad, degustando su
culito y su almeja a un mismo tiempo. Así fue como ella, sin despertar en ningún
momento, que yo sepa, alcanzo los primeros orgasmos de su vida a manos de un
raro ser fantasmal.

Mas tarde, cuando regrese a mi habitación, aun bastante
azorada, la voz me recordó que al cabo de pocas semanas mi hermana seria ya
mujer, y los espíritus del bosque la harían suya de un modo u de otro, así que
yo debía aprovecharme todo lo que pudiera, para mejorar mi cuerpo. No lo dude
mas y me puse a las ordenes de la voz, para que me dijera que era lo que tenia
que hacer.

Al día siguiente, me dijo, empezaríamos por la boca.

Capitulo 5: S/f, S/F, V

Ese día mi madre trajo una vaca, que le habían prestado
durante unos días sus jóvenes amigos, y mi hermana se puso la mar de contenta,
pues nunca había visto una.

La voz me asesoro sobre lo que tenia que hacer. Y,
aprovechando que nuestros padres nos dejaron solas toda la tarde, lleve a mi
hermana al establo, para enseñarle como debía ordeñarla.

La pobrecilla vino la mar de contenta, y no sospecho lo mas
mínimo, aunque yo me di cuenta enseguida de que las ubres de ese gran animal no
eran como deberían ser, pues los extremos parecían diminutos glandes
descapullados. Después de lavar con abundante agua esas raras ubres convencí a
mi ingenua hermanita de que las ordeñara siguiendo mis instrucciones, y estuvo
encantada de hacerlo, disfrutando al ver salir de ellas tanta leche.

Cuando la voz así me lo indico convencí a mi cándida
hermanita de que chupara de una de las tetillas al mismo tiempo que la ordeñaba,
para probar así la leche autentica.

Al principio creí que no la convencería, pero después de
pensarselo un poco se puso a chupar ansiosamente, al tiempo que pegaba pequeños
tirones de la ubre. Desde donde yo estaba se veía claramente que le estaba
haciendo una buena mamada a algún afortunado espíritu del bosque.

Pero Rosa no solo no lo sabia, sino que estaba disfrutando de
lo lindo con el juego; pues, entre risitas, me decía que la leche estaba
riquisima. Cuando la pequeña se harto de beber de las diferentes tetillas de la
vaca tenia toda la cara y la camiseta empapadas de una sustancia espesa, que yo
estaba segura de que no era leche, al menos no de vaca.

Para que el sacrificio fuera completo, esa noche me toco a mi
entregar mi boca a la voz.

Me hizo tapar la cara con el retal de seda y pase un montón
de horas sintiendo como penetraba el enorme miembro de tela en mi boca, una y
otra vez, al tiempo que sentía como pequeños mordiscos, pellizcos y chupetones
por todo el rostro.

Fue una sensación rarisima que me dejo con toda la cara
adormecida. A la mañana siguiente ya empece a notar una cierta mejoría en ella,
aunque no tanta como deseaba y quería fervientemente.

Pero la voz me pidió, riéndose, que tuviera algo de
paciencia, ya que en muy poco tiempo mi cuerpo seria como la bella imagen que vi
de mi rostro en el espejo, aquel día.

Para poder sacrificar los pechos tuve que armarme de
paciencia y esperar varios días, a que los espíritus del bosque volvieran a
reunirse de nuevo para mi. Los aproveche espiando las múltiples travesuras que
hacia la enigmática voz durante el día en la casa.

Aparte de mi madre, yo era la única que sabia que cuando
corría un aire fresco por la casa era que el espíritu estaba presente, haciendo
alguna de las suyas; y, disimulando todo lo que podía, prestaba mas atención que
nunca a lo que pasaba a mi alrededor.

Así fue como pude darme cuenta de que lo que mas le gustaba
hacer al pícaro fantasma era provocar sexualmente a mis padres siempre que tenia
la mas mínima oportunidad.

Mi madre, por orden expresa de la voz, iba casi siempre sin
ropa interior, y la voz sabia sacar provecho de ello. En cuanto estabamos todos
reunidos para la comida o la cena, el espíritu se dedicaba a acariciar sus
pechos y su intimidad, hábilmente; hasta que ella, la mayoría de las veces,
terminaba por correrse en su asiento, abochornada y en silencio.

Solo yo sabia, al ver sus durisimos pezones marcados
descaradamente sobre los vestidos, que el fantasma se los estaba pellizcando o
retorciendo.

Y alguna que otra vez fui testigo silenciosa de como la
poseía en los sitios mas insólitos, usando para ello un enorme pañuelo que mi
madre llevaba siempre encima.

Aunque nunca he hablado con ella sobre esto, se que
disfrutaba tanto como yo con estas salvajes penetraciones, pues solo había que
ver las caras de placer que ponía mi madre cuando la poseía, en la cocina o en
algún dormitorio vacío, mientras ella ronroneaba, como una gata en celo,
llorando de puro gozo.

Aun puedo verla, con las faldas levantadas, abierta de
piernas, con el paño incrustado en su intimidad, apoyándose de cualquier forma
sobre algún mueble, mordiéndose los labios para que no se oyeran sus gemidos,
mientras sus caderas se meneaban frenéticamente al ritmo de las fuertes
acometidas del picaro ente.

Capitulo 6: M/f, IN, V

Para divertirse a costa de mi padre, usaba a mi hermanita,
por la que este sentía una especial predilección. Yo sabia que ella era la niña
de sus ojos, pero no supe del interés sexual que tenia para él hasta que un día
vi, desde la puerta, como se le formaba un aparatoso bulto en los pantalones,
bastante delatador, mientras le miraba las braguitas, aprovechándose de que las
estaba luciendo, inocentemente, mientras quitaba el polvo de un mueble, subida
en lo alto de una silla. El, mientras la sostenía para que no se cayera, metía
la cabeza bajo su reducida minifalda, para no perderse ni el mas mínimo detalle.

La voz si debía saberlo, pues siempre estaba haciendo que la
pequeña Rosa se luciera delante de mi padre, usando para ello sus curiosos
poderes. Cada vez que creían estar solos, la voz soltaba sigilosamente algún que
otro botón de su blusa, o le descolocaba el vestido con cuidado, para que este
pudiera ver sin ningún esfuerzo los preciosos pechos de mi hermana; pues, por
entonces, no usaba todavía sujetador, ni maldita la falta que le hacia.

No había día que no soplara por toda la casa un travieso
airecillo que permitía ver las castas braguitas de mi inocente hermanita en el
momento mas inoportuno, sobre todo cuando la víctima estaba subida en algún
sitio, o agachada de tal forma que no podía taparse adecuadamente para que los
demás no se las viéramos. Pero de todas formas, ella no se preocupaba en
ocultarlas, pues apenas le daba importancia a su posible desnudez.

La verdad es que he de reconocer que mi padre no era
precisamente lo que se dice un santo, y solía llevarse a Rosa para que le
ayudara en las reparaciones de la casa, ya que a ella le encantaban todas las
manualidades. Así podía toquetearla, de forma mas o menos disimulada, sin que la
ingenua de mi hermana se diera cuenta de lo que pasaba realmente.

Ahora que ya sabia de que pie cojeaba mi progenitor procuraba
espiarles a escondidas, pues era una forma como otra cualquiera de matar el
aburrimiento que me embargaba durante el día.

Así pude ser testigo de como lo hacia. Generalmente fingía
caerse, o tener que apoyarse, mientras reparaba alguna cosa, para poder
agarrarse a sus abultados senos, o a su culito respingón, sin que mi hermanita
recelara lo mas mínimo de sus tocamientos.

Una de las jugadas mas audaces que presencie fue cuando mi
padre la obligo a empujar con su cuerpo sobre un viejo somier, mientras él
restregaba su enrojecido rostro entre sus generosos senos, intentando apretar
sus oxidados tornillos. Mi hermanita era tan ingenua que incluso le preguntaba
si le hacia daño con sus empujones mientras mi padre disfrutaba de la dureza de
sus pechos, sin que la fina tela del vestido fuera obstáculo para sus manejos.

El muy descarado no dejaba de asesorarla todo el tiempo para
que no recelara al sentir sus labios incrustándose ávidamente en la cima de sus
senos. Mi progenitor realizo su labor con tal maña y destreza que para cuando
finalizaron el trabajo mi cándida hermanita tenia el vestido totalmente empapado
a la altura de los duros pezones, como muestra de lo mucho que la boca de mi
padre había disfrutado de ellos durante la ardua reparación.

Aunque me imagino que lo mejor de todo el verano fue sin duda
el día que madrugaron para irse a pescar los dos solos. Esa mañana salía
casualmente del aseo cuando sonó el despertador y oí a mi padre, ya vestido y
preparado, entrar en el cuarto de mi hermanita.

La oscuridad del pasillo me amparaba y me permitió ver como a
la luz del amanecer y con mucho cariño mi padre le quitaba el camisón y a
continuación le ponía las braguitas y su vestidito mas liviano de tirantes.
Rosa, adormilada, apenas prestaba atención a las afectuosas manos que recorrían
su anatomía descaradamente, sobándola con descaro.

Luego, mientras mi hermanita iba al baño pude ver como mi
padre hurgaba en su bolsa de playa, retirando de su interior la parte de arriba
de su bikini.

No se lo que paso aquel día, pero cuando Rosa volvió a ultima
hora de la tarde, y la acompañe a la ducha, pude apreciar que traía colorado no
solo sus altivos globitos sino también su pétreo culito.

(Si quieres saber lo que sucedió lee el relato "DIA DE
PESCA")

Mi padre no solía dormir casi nunca la siesta, a diferencia
del resto de nosotras, que teníamos que descansar adecuadamente para poder
disfrutar mejor durante la noche.

Así que por las tardes se acercaba hasta donde estuviera
durmiendo Rosa, generalmente un sofá o una mecedora, y la contemplaba a placer,
durante largo rato. Aflojándole la poca ropa que solía ponerse si era necesario
para no perderse ningún detalle revelador.

Yo le vi hacerlo un par de veces, pero no dije nada. Porque a
fin de cuentas él, a lo mas que llegaba era a bajarle un poco las braguitas
infantiles, para ver su incipiente felpudito.

Y yo pensaba aprovecharme mucho mas de su adorable cuerpecito
de ninfa.

Capitulo 7: S/f, M/f, IN

El día que la voz me dijo que podía sacrificar los pechos de
mi hermanita, y la forma de hacerlo, la convencí de que se pusiera su vestido de
verano mas ligero, de tirantas, y me acompañara al mismo lugar del bosque donde
los lobos habían poseído a mi madre; con la excusa de enseñarle un nido de
ardillas, con sus crías, que había encontrado paseando.

Rosa vino la mar de contenta y feliz, y no dudo lo mas mínimo
en subirse a las ramas de un árbol enorme, que yo le indique, para ver las
supuestas ardillas. Solo pudo echarles un rápido vistazo, pues enseguida la rama
sobre la que se apoyaba cedió, y ella incrusto sus voluminosos pechitos en el
agujero del árbol mientras abrazaba el tronco con sus brazos.

Por mas que la pobre grito no pudo soltarse de la trampa y
yo, desde abajo, solo fingía buscar una forma de bajarla. Mi hermana, llorando,
me dijo que las ardillas le habían roto el vestido y que le estaban mordiendo
las tetas. De todas formas no debían de hacerle demasiado daño, pues veía
claramente su cara, expresando todo el placer que sentía.

La pobre estuvo un buen rato atrapada en el agujero, hasta
que, sorprendentemente, se soltó sin mas, sin que ninguna de las dos hubiéramos
tenido que hacer nada en concreto.

Cuando Rosa bajo del árbol, con los pechitos al aire, vimos
que no tenia ninguna marca de dientes, aunque estaban bastante enrojecidos;
sobre todo los pezones, que seguían estando duros como piedras, para atestiguar
que algo raro les había pasado allí arriba.

A duras penas conseguí que no le dijera nada a mis padres,
con la excusa de que había sido todo culpa mía, y que me castigarían severamente
por dejarla subirse a los arboles.

Como realmente no tenia ninguna herida en los lindos pechos,
al final accedió a callarse, por hacerme un favor; y yo se lo agradecí,
invitándola a dulces y pasteles en el pueblo.

Esa noche fui yo la que sufrí, y hasta goce, de las divinas
torturas que la voz tuvo a bien hacerme en mis tiernos pechos, usando el viejo
retal de tela.

Lo mismo me hacia delirar de placer, mientras me acariciaba
los senos con mil manos invisibles, que me tenia que morder la lengua para no
gritar de dolor, cuando me retorcía y pellizcaba los sensibles pezones, sin la
mas mínima consideración.

Sus caricias no cesaron en toda la noche, ni siquiera cuando
me penetro, durante varias horas, con su gigantesco miembro de seda.

Por la mañana, además de empezar su mejoría, tenia a los
pobres pezones tan irritados que el mas mínimo roce con el vestido me molestaba,
por lo cual estuve casi todo el día con los pechitos al aire. Para alegría de mi
pícaro padre, que no se perdía ningún detalle de lo que empezaban a ser un par
de preciosos pechos, cada vez mas bellos y lozanos.

No me cabe la menor duda de que tuvo que ser la voz la
culpable de que, ese mismo día, me quedara sin agua mientras me estaba duchando.

Dado que mi madre había salido al pueblo de compras con mi
hermana hacia poco rato, tuve que ser yo la que ayudara a mi padre a reparar la
avería del lavamanos.

Mi padre me aseguro, muy sonriente, que seria cosa de un
momento, por lo que no me moleste en vestirme; y, ataviada con mi corto batin de
baño, me senté como pude en la caja de herramientas, para sujetar la cañería.

Como aun me sentía cansada por el fogoso encuentro de la
noche anterior me quede un poco adormilada en esa postura, con la cabeza apoyada
en el lavamanos, escuchando los apagados ruiditos que hacia mi padre debajo mía,
mientras trasteaba en la vieja tubería.

Tenia las piernas bastante separadas para no molestarle cada
vez que tenia que coger una herramienta de la caja, por lo que me extraño
muchisimo notar el intenso roce de su ruda mano en mis sensibles labios menores,
mientras sacaba una gran llave inglesa; cuyo áspero mango, al salir, aun rozo
mas a fondo mi intimidad, deslizándose insidiosamente por la rosada abertura.

Como era bastante consciente de que mi querido tutor nos
había salido bastante pícaro, me asome, poco a poco, para ver que estaba pasando
hay abajo.

De lo primero que me di cuenta era de que me había aflojado
el nudo del batin lo justo para que mis senos quedaran totalmente a la vista,
mostrándole su nívea desnudez, y sus cada vez mas atractivos fresones. Pero yo
aun se lo había puesto mejor, pues al haber separado ingenuamente mis piernas le
colocaba mi desprotegida intimidad a tan solo un par de palmos de su sudorosa
cabeza. Mostrándole así hasta el ultimo rincón de mi flor.

Como era la primera vez que mi padre mostraba algún tipo de
deseo sexual por mi, en lugar de por mi dócil hermana pequeña, decidí continuar
haciéndome la adormilada, y ver así hasta donde era capaz de llegar con mi
consentimiento. Mi padre no tardo en volver a guardar la llave inglesa en la
caja, volviendo a incrustarla como por equivocación en mi cálida y sensible
gruta, de forma aun mas ruda e insistente, al mismo tiempo que lo hacia.

Al ver que yo no reaccionaba de ninguna manera, aparentemente
dormida como un leño, apoyo su mano temblorosa en mi espeso bosquecillo oscuro,
mientras soltaba por fin la dichosa herramienta, deslizándola a continuación por
el resto de mi asequible intimidad.

De ahí paso directamente a acariciar y sobar el sugestivo
seno que había descubierto, donde tuve que hacer mil esfuerzos para contenerme y
que mi padre no se diera cuenta de lo mucho que me dolía el irritado pezón
mientras lo estrujaba con su ruda manaza.

Pero pronto lo soltó para volver a juguetear con mi húmeda y
acogedora cueva, donde se entretuvo metiendo los dedos, con muchisimo mas
cuidado que de costumbre, durante casi media hora, magreandome a placer todo el
orificio. Solo el regreso de mi madre y mi hermanita interrumpió sus picaras y,
por que no decirlo, gratas exploraciones intimas.

Desde ese día retrase el sacrificio del culo todo lo que
pude, pues era tan virgen por ahí como mi candorosa hermanita, y temía el dolor
que podían hacernos los espíritus. Sobre todo cuando me acordaba de los enormes
miembros que había recibido mi madre por ese sitio tan estrecho.

Cuando la voz me aseguro que se me acababa el tiempo, hice de
tripas corazón, y convencí a mi hermanita para que viniera a pasear conmigo por
el bosque.

Ese día habíamos bebido mucho liquido las dos, pues hacia mas
calor que de costumbre y, en un momento dado, Rosa se fue detrás de unas matas
para hacer pipí. Yo ya sabia lo que sucedería, así que la acompañe; y vi,
asombrada, como crecía un grueso tronco justo donde caía su orina, sin que ella
se diera cuenta. Cuando acabo orinar, la oscura madera tenia la forma exacta de
un miembro de hombre, bastante grande por cierto, y apuntaba justo adonde quería
ir. Solo tuve que fingir que tropezaba para empujar suavemente a mi hermanita y
la gravedad hizo el resto. Se clavo el miembro de madera hasta la raíz en el
culo, entre desgarradores gritos de dolor. Yo, haciéndome la sorprendida, fingí
ayudarla, tirando de sus bracitos; pero, en realidad, me limite a ver como Rosa
se empalaba sin querer, una y otra vez, en el afilado tronco, mientras intentaba
zafarse de la trampa.

Mi hermanita termino por rechazar mi ayuda, al ver de lo poco
que le valía, e intento liberarse por sus propios medios, apoyando firmemente
brazos y pies, y balanceando suavemente sus finas caderas hacia delante y hacia
atrás, tratando de encontrar el final de la impertinente raíz.

El sensual vaivén de Rosa fue haciéndose cada vez mas
frenético, quizás por el ansia de liberarse, o puede que por el desconocido
placer que empezaba a sentir, pues yo observaba que llevaba algún un tiempo
mordiéndose los labios para que no me diera cuenta de que sus encantadores
gemidos eran mas de gozo que de dolor.

Desde luego, recordarla allí, con su precioso rostro sudoroso
bañado de lagrimas, el vestido arremangado, rezumando fluidos por su virginal
intimidad, mientras meneaba su lindo trasero con ardor, es la estampa mas
sensual que había visto en toda mi vida.

Cuando al fin consiguió escapar, debido al fuerte espasmo que
provoco su violento orgasmo, quizás el primero de su vida, no me hecho en cara
el empujón, pero si estaba la mar de sorprendida por no haber visto ese gran
palo cuando se agachó para hacer pipí.

Al irnos recogí el largo y grueso palo del suelo, sin
problemas, pues la voz me dijo que mas adelante me haría falta. Esa noche me di
ánimos, recordando los gemidos de placer que había ahogado mi hermanita, para
recibir mi ración correspondiente.

Pero la voz me volvió a sorprender, pues en vez de ocuparse
solo de la entrada posterior, se ensaño con los dos agujeros a la vez,
penetrándome simultáneamente y haciéndome sentir llena como nunca me había
sentido, ni me volví a sentir. Llegue a romper la funda de la almohada de los
mordiscos que le di, impulsada por el dolor, y el placer, que sentí aquella
noche.

Desde esa noche memorable, y hasta que nos marchamos, siempre
que la voz me venia a visitar, y era casi todas las noches, me penetraba por los
dos orificios, de uno en uno o a la vez, para recordarme que una mujer nunca
tiene bastante con un solo hombre.

Como, por desgracia, he tenido ocasión de comprobar tiempo
después durante mi matrimonio.

Capitulo 8: 2m/f, S/f, f/f, IN

Yo mejoraba a ojos vista, igual que le sucedía a mi mama, que
ya se parecía mas a una hermana que a una madre. Ella me observaba con
extrañeza, quizás sospechando algo, pero estoy totalmente segura de que no sabrá
toda la verdad hasta que no lea este relato.

Me hacia gracia ver como me espiaba, con escaso disimulo, de
vez en cuando. Pero no tardaba en aburrirse e irse a buscar a sus jóvenes
amantes, en vista del poco caso que le hacia mi padre.

Sus esporádicos encuentros en el bosque acabaron
convirtiéndose en una especie de rutina, pues rara era la tarde que no acudía al
encuentro de los dos hermanos.

Supongo que algo tuvo que pasar en la vaquería, pues en vez
de ir nosotras a por la leche un buen día empezaron ellos a traérnosla a casa.
Vinieron tan temprano que solo mi madre estaba despierta para recibirlos. Mas
tarde la voz me comento, muy divertida, que había habido una gran fiesta privada
en la cocina. Fiesta que repitieron muchos días.

Una mañana la voz me despertó de improviso, diciéndome que
bajara en silencio a la cocina. Cuando lo hice pude ver que mi candorosa
hermanita había madrugado ese día, y hacia compañía a los pícaros hermanos
mientras mi madre se duchaba.

Lo malo es que su breve camisón infantil apenas velaba el
espléndido cuerpo desnudo que había debajo, y sus inocentes poses dejaban a la
vista demasiadas cosas. Los chicos, que no se perdían ni un detalle, no dejaban
de bromear con ella; y Rosa, encantada, les seguía el juego.

Uno de ellos pronto se envalentono y decidió hacerle
cosquillas, de las que mi hermanita se defendió dando unas pataditas al aire.
Estas provocaron que hasta desde donde estaba yo pudiera ver su rubio felpudito
y su intimidad. El otro también se unió a la fiesta y ya solo vi manos
metiéndose por todas partes. Entre risas, quejas y jadeos las cuatro manos
exploraban a sus anchas bajo el camisón. Afortunadamente mi madre salió del baño
al oír el alboroto y los sorprendió en plena faena. Aunque Rosa se apresuro a
colocarse bien la ropa no pudo ocultar los estragos que el combate amoroso había
hecho en los tres contendientes.

Ni que decir tiene que los viciosos hermanos no volvieron a
pisar mi casa, teniendo que recurrir de nuevo a la intimidad del bosque para sus
frecuentes encuentros con mi madre.

Cuando la voz me aviso de que esa noche tendría lugar el
sacrificio final, accedí muy a gusto; pues la única virgen que quedaba en la
casa era Rosa, y no lo consideraba justo.

Esa velada, poco después de la media noche, entro mi
hermanita en mi dormitorio y, la mar de ilusionada, me confeso que ya era toda
una mujer, aunque casi no había sangrado.

Yo la convencí para que pasara la noche conmigo, y la muy
ingenua accedió encantada.

Poco a poco fui llevando ladinamente la conversación hasta
que acabamos hablando de chicos y, mientras yo le hablaba acerca del sexo, le
iba haciendo pequeñas caricias, cada vez mas enervantes, sobre su camisón
infantil, para ilustrarla a conciencia sobre el tema.

Cuando note que la pequeña estaba bastante excitada pase a
atacarla en serio; y, a la vez que estampaba dulces besos en su cara y en su
cuello le solté todos los lazos del camisón, para apoderarme por fin de sus
lindos senos desnudos y conseguir así ponerla a cien.

En cuanto estuvimos las dos desnudas empece a acariciar
suavemente su intimidad, y a rozar mis pechos contra los suyos, hasta que se nos
endurecieron los pezones a las dos.

En el momento en que mas excitada estabamos me metí dentro de
mi intimidad, sin que ella se diera cuenta, el tronco aquel de madera, que la
voz me había dicho que guardara bajo mi almohada.

Aunque acogí en mi interior todo lo que pude, sobresalía mas
de la mitad fuera de mi. Era caliente al tacto, y se movía como si fuera una
especie de ser vivo.

Aproveche que Rosa estaba situada en ese momento encima mío
y, antes de que se diera cuenta de lo que pasaba, conseguí penetrarla a la
primera con un seco golpe de riñones.

Mi hermanita, que estaba besándome en ese momento, intento
gritar, pero yo apreté su cabeza contra la mía, para que no se oyeran sus
aullidos.

En agradecimiento me dio un fuerte mordisco en el labio que
me hizo sangrar.

También intento mover las caderas para apartarse, pero el
instrumento parecía tener vida propia; y, en vez de separarse, lo que la pobre
conseguía era metérselo cada vez mas adentro clavándoselo hasta la empuñadura.

Al final tuvo que claudicar, dejándose llevar por el placer,
como hacia yo, mientras mezclábamos nuestros interminables gemidos de gozo como
buenas hermanas y amantes.

Como el extraño chisme no paraba de moverse, aunque nosotras
nos estuviéramos quietas, tuvimos varios orgasmos muy seguidos. Rosa, supongo
que debido a la falta de costumbre, se durmió, de puro agotamiento, estando
todavía enganchada, y subida encima de mi.

La bella durmiente se apodero de uno de mis senos con sus
manitas, y se puso a chupar el largo pezón como si fuera un bebe, mientras que
se le escapaba, de vez en cuando, algún que otro tierno gemidito de placer.

Yo seguí jugueteando con sus bonitos pezones, pues era una
autentica delicia ver como respondían a mis suaves caricias, endureciéndose bajo
mis dedos una y otra vez mientras amasaba sus túrgidos senos. Seguí disfrutando
también del aparato, incluso cuando la voz vino a reclamar su parte.

Tapándonos con el viejo retal de tela, nos penetro a las dos
por detrás, simultáneamente, pasando de un orificio a otro.

Yo, como ya estaba acostumbrada, lo recibí con mucho gusto.
Pero mi hermanita, como era tan solo su segunda vez, se revelo contra la
intromisión, meneando, inútilmente, su bonito trasero; y, como seguía dormida,
me mordió el pezón mientras lo hacia, con tanta saña que me dejo una marca de
recuerdo, que aun hoy conservo.

Por la mañana mi pobre hermanita se marcho del cuarto
mientras yo todavía dormía agotada, sin squiera despedirse, con la cabeza hecha
un autentico lío, y tardo algún tiempo en perdonarme el que la hubiera despojado
de su virginidad.

Con el paso de los años lo hizo; pero, hasta que no lea este
relato de mis memorias no sabrá los verdaderos motivos que me impulsaron, solo
en parte, a desgraciarla de esa manera, privándola rudamente de su malograda
virginidad.

Dentro de unos días iré, con mi marido y mi adorada hijita, a
la vieja casona de mi abuela, pues ya pronto cumpliré los odiosos cuarenta, y a
mi hija, que es una verdadera preciosidad, aun le faltan unos dos o tres años
para llegar a ser una mujer.

Creo, por tanto, que ahora es el momento oportuno de
recuperar la belleza que siempre me ha caracterizado, desde que pase aquel
glorioso verano en compañía de un pícaro fantasma que me convirtió en lo que soy
ahora.

 

Resumen del relato:
    Una jovencita y su familia sufren el acoso de un fantasma muy cachondo.

El elegido

El elegido (8)

¿Quién de ustedes no ha tenido nunca una fantasía erótica?

Yo creo que todos los hombres, hemos imaginado más de una vez
una situación cachonda con nuestra esposa, nuestra novia o alguna mujer de
nuestra familia.

A mis 37 años, llevo casado 7 años con una mujer preciosa, de
mi misma edad, que está además viviendo sus mejores años, tanto física como
sexualmente. Ha dejado de ser desde hace algunos años la chica preciosa con la
que me casé, para convertirse en una mujer en plenitud, mas bella y con mejor
cuerpo que nunca, y por si fuera poco, una verdadera fiera en la cama. Poseerla
es un verdadero deleite.

Por venir de una familia muy conservadora y educada a lo que
hoy llaman "a la antigua", mi esposa vive conmigo en la cama, muchas fantasías
que disfruta hasta el paroxismo, aunque ambos sabemos que nunca las podrá hacer
realidad.

Al paso de los años, la he enseñado a masturbarse, lo cual
actualmente disfruta tremendamente, le he enseñado todas las posiciones posibles
y hasta hace un año aproximadamente me ha permitido tener con ella sexo anal, lo
cual aunque lo niega, sé que también disfruta excesivamente.

El mes pasado, al estarse dedeando frente a mí, como
preámbulo a poseerla y deslecharme en ella, entre gemidos y la respiración
entrecortada, me comentó que al encontrarse sola, se masturbaba deliciosamente,
imaginando como era cogida al mismo tiempo por mí y por otra persona.

Si bien es cierto que de inmediato imaginarme dicha situación
atizó mi ya alta calentura, no pude evitar el piquete de los celos que me obligó
a preguntarle quién era el otro.

Su respuesta, aunque ya conocía como se transformaba en la
intimidad, no dejó de sorprenderme: –Nadie en
especial……………ahhhhhhh……el que sea………..simplemente necesito
ser poseída por dos al mismo tiempo…………..ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…..—

Su orgasmo fue terrible. Yo veía como a pesar de estarse
viniendo tan largamente, sus dedos no dejaban de frotar se erecto y enrojecido
clítoris. Su respiración era un constante jadeo entrecortado únicamente por
verdaderos bramidos de placer, mientras arqueaba sus caderas y sus bellas
piernas y pies se tensaban de una manera que parecían iban a romperse en
cualquier momento.

Me suplicó la penetrara de inmediato, lo que hice sin ningún
tipo de reparo. Ya se imaginarán el estado de erección que tenía.

De una manera desesperada, separó sus bellas piernas, y
prácticamente se auto ensartó en la enorme verga que rozaba su humedecida
vagina.

Totalmente desquiciada, apretó ambas piernas alrededor de mi
cadera, y me obligó a desarrollar un frenético ritmo de embestidas hacia delante
y atrás, mientras ella seguía teniendo un orgasmo tras otro.

Entre sus bramidos de hembra recibiendo un placer
indescriptible, escuché su voz entrecortada suplicando ser penetrada analmente
al mismo tiempo.

Obviamente no pude contenerme más, y tan sólo hice un
verdadero esfuerzo para sincronizar mi deslechada a un nuevo orgasmo de ella.

Ya tranquilos, me atreví a preguntar algo que me estaba
quemando:—¿En quien más piensas?, ¿quién es el otro a quien deseas tener en la
cama?—–

La pregunta primero la enojó. Pero ante mi insistencia y mi
falsa promesa de que no me enojaría sino por el contrario, era una situación que
a mi también me excitaba, me contestó: —-Ya te dije que nadie en
especial…….sólo es una situación que me gustaría vivir………Me gustaría
que mientras tu me coges por la vagina, otro me penetrara por el
ano………….y luego cambiaran………en fin………es sólo una
fantasía—-

Se incorporó rápidamente de la cama, como para eludir de
hablar de un tema, cuya conservadora educación no le permitía hablar sin estar
en excitación y no volvió a tocar el temas en los siguientes días.

Nuestras sesiones de sexo volvieron a la normalidad de
siempre, aunque en mí había quedado el gusanito de satisfacer a mi mujer.

Concluí entonces, que esperaría el momento y la ocasión para
cumplirle su principal fantasía. Claro, que debería yo planear todo a la
perfección. No podía ser alguien conocido, es más ni siquiera podía ser en
nuestra ciudad, no sola para evitar cualquier riesgo de reconocimiento posterior
, sino para evitar nuevos encuentros entre mi mujer y su ocasional amante, si
como esperaba, le gustaba sobremanera.

Fue hasta tres meses después cuando se presentó dicha
oportunidad. Un viejo amigo y compañero de trabajo nuestro, se casaba el fin de
semana en una pequeña ciudad situada aproximadamente a 300 Km., por carretera de
la nuestra.

Sin comentar mis intenciones, emocionados platicamos y
planeamos el pequeño viaje, aceptando ella a que pernoctáramos una noche en
aquella ciudad, a pesar de ser el festejo al medio día.

Y así lo hicimos. El viaje y la fiesta pasó sin mayores
novedades, como no fuera el meterle mano a mi gusto a mi preciosa mujer toda la
tarde, situación que aunado al alcohol que ambos ingerimos, nos puso a los dos
verdaderamente calientes.

En una parada a bailar, noté que uno de los meseros de la
reunión, al igual que muchos de los presentes, se comían a mi mujer con los
ojos. Ella llevaba un ajustado vestido negro que resaltaba su envidiable figura
y sus bellas nalgas, el cual le cubría solamente la mitad de sus torneados y
bronceados muslos. Era claro, era objeto de gran deseo para más de dos de los
que se encontraban en la reunión.

La peor parte de mi tarea empezaba en ese momento. Escoger
quien sería quien disfrutara junto conmigo a ese sabrosísimo manjar. Escoger a
quien convidaba yo con lo más preciado para mí en esta vida: mi bellísima mujer.

Créanme que no fue nada fácil. Uno a uno, los candidatos iban
siendo eliminados por encontrarles a todos algún defecto. Muy viejo, muy gordo,
muy flaco, mal aspecto, muy sucio, muy vulgar, en fin, nadie era el elegido.

Cuando pensaba que nadie de los ahí presentes llenaba las
cualidades que yo buscaba, situación que debo aceptarles que me alegró
considerablemente, mi esposa acercó su boca a mi oído para susurrarme que uno de
los meseros no le quitaba la vista de encima y la estaba incomodando con esas
miradas.

Al voltear en busca del tipo que incomodaba a mi esposa de
tal forma, descubrí al mismo muchacho a quién yo había sorprendido mirando
descaradamente las piernas de mi mujer.

Rápidamente hice un reconocimiento de aquel tipo.
Aproximadamente 25 años, moreno, alto, de espalda bastante ancha, perfectamente
arreglado, con uniforme impecable y no mal parecido. De pronto, algo llamó
poderosamente mi atención. Aquel chico, no sólo no ocultaba el deseo que sentía
por mi mujer, sino que hacía saber a mi esposa este deseo sin ningún recato, al
colocarse frente de ella constantemente, para poder enseñarle un tremendo bulto
en su entrepierna, que era lo que ponía a mi esposa verdaderamente nerviosa.

De inmediato me dirigí hacia el, no sin antes escuchar la
súplica de mi mujer de que no fuera a ocasionar ningún escándalo.

La sorpresa del chico fue mayúscula, cuando en lugar de
reclamarle su proceder le solicité cruzar con el unas palabras en las afueras
del salón de fiestas.

Me siguió temeroso, pensando tal vez en mi reclamación de
hombre ofendido, pero se relajó bastante al darse cuenta de que no era esa mi
intención.

–Te he observado como miras a mi esposa y también como te
pone hacerlo— le comenté tranquilamente mientras señalaba su entrepierna.

—Yo no……—alcanzó a balbucear nerviosamente antes de que
yo lo interrumpiera.

—No es reclamo, calma— le comenté para que pudiera estar
verdaderamente tranquilo para pensar en mi oferta.

—Como te decía–, continué—he visto que te excita
verdaderamente mi mujer y creo que eres la persona indicada para algo que quiero
hacer, siempre y cuando aceptes mis condiciones—

–¿ Y como de que se trata— preguntó el, más tranquilo pero
tenso por la inesperada situación que estaba viviendo.

–Quiero llegar a un acuerdo contigo, para coger al mismo
tiempo a mi esposa hoy por la noche—– le solté sin más rodeos, por el temor
de arrepentirme a hacerlo si seguíamos dándole vueltas al asunto.

No podré olvidar nunca su cara de verdadera sorpresa e
incredulidad.

–¿Me está pidiendo que yo me coja a su preciosa
mujer?—preguntó azorado.

–No, no confundas—le contesté rápidamente. –Te estoy
invitando a que cuando yo te diga y en las condiciones que yo te indique, puedas
tener a una mujer que deseas tanto—

Viendo que no acababa por entenderme, le expliqué que ser
penetrada por dos hombres al mismo tiempo era la mayor fantasía de mi esposa y
que por el amor tan grande que yo le profesaba, estaba dispuesta a complacerla
esa noche. Qué esto no quería decir, que mi esposa tuviera algún otro tipo de
interés en él.

–Aprovecha la oportunidad de poder tener en la cama a una
mujer que te aseguro no se parece para nada a las que puedas haber tenido hasta
ahora. Es una oportunidad que no se te va a presentar nunca más—.

En fin, que todavía algo azorado, aceptó mi propuesta con sus
respectivas condiciones, la primera de las cuales, fue que en ese preciso
momento se desapareciera del salón, cosa que tras haberle dado nombre y
habitación del hotel en el que pasaríamos la noche, hizo rápidamente. Claro está
que le di también todas las instrucciones a realizar por la noche.

Al regresar a la mesa, mi esposa verdaderamente preocupada
por mi tardanza, me interrogó sobre lo que había pasado, a lo cual yo di
explicaciones que consideré lógicas.

Ella se tranquilizó, aunque noté que de vez en cuando buscaba
sin éxito a aquel chico.

Al anochecer, quedando propiamente en el salón los familiares
de los novios únicamente, y bastante alegres como resultado de la cantidad de
tragos ingeridos, decidimos retirarnos al hotel.

Al llegar a nuestra habitación, mi esposa rápidamente se zafó
el estrecho vestido quedando ante mi totalmente desnuda ya que como pude
comprobar en ese momento no llevaba nada de ropa interior debajo de el.

Verla parada al centro del cuarto, sin nada más que el par de
zapatillas de pulsera, me causó de inmediato un estado tal de excitación, que mi
pene de inmediato empezó a luchar por liberarse de la ropa opresora, cosa que
tuve que hacer, pues ella, separado ambas piernas, se sentó en la orilla de la
cama masturbándose frenéticamente.

Al estar yo también sin ropas, me acerque hacia ella, no sin
antes sacar el seguro de la puerta, quedando mi pene totalmente erecto y
engrosado a la altura de su boca, la cual golosamente se abrió para dar entrada
al inflamado miembro.

Lo rico de su mamada, sus gemidos y el estado de excitación
que me embargaba no me permitió escuchar la puerta de nuestra habitación.

De pronto, sentí a mi lado un bulto. El chico, desobedeciendo
mis instrucciones, no había podido soportar el espectáculo y puso su duro y
moreno miembro junto al mío.

Los ojos de mi mujer se abrieron denotando verdadera
sorpresa. El, rápidamente para evitar cualquier aclaración, perdió su miembro en
la boca de mi mujer, la cual mamaba golosamente, sin quitar su mirada de la mía
y agarrando mi miembro como tratando de convencerse que por fin tenía dos vergas
a su disposición al mismo tiempo.

Al asentir con la cabeza, empezó a alternarse ambas trancas
en la boca, mientras reanudó su masturbación con tal intensidad, que alcanzó l
mejor orgasmo que le he visto desde que nos casamos.

Le retiré la boca de la tranca del chico, y recostándola en
la cama, invité a mi compañero a prendernos a los ricos pezones que erguidos,
pedían a gritos ser mordidos y succionados.

Yo no podía concentrarme de lleno en mi mujer. Era evidente
que si bien es cierto estaba disfrutando el hecho de tener a dos hombres al
mismo tiempo, su interés estaba

abocado en lo nuevo, en la boca y el miembro desconocido que
recorrían todo su cuerpo

aunque la boca y el miembro conocido que hacían lo propio,
también le causaban gran placer.

Totalmente desquiciada, colocó su boca sobre la del
desconocido amante, enredando sus lenguas mientras acomodaba cada una de sus
bellas piernas a cada lado de la estrecha cadera del invitado, quien ni tardo ni
perezoso, colocó el miembro que parecía estallaba en cualquier momento, en la
chorreante vagina de mi esposa, clavándola de un solo empujón, que causó en la
mujer un placer que no se como narrarles, su cuerpo lo demostraba.

Apretó las piernas alrededor del cuerpo de su cogedor, clavó
las uñas en la ancha espalda, y sin desprender la boca de la de el, se agitó
frenéticamente debajo del chico hasta correrse de nuevo. Yo, al quedar
únicamente como observador, comprendí que era demasiado tarde para arrepentirme
y empecé a masturbarme mientras un placer desconocido por ver a mi esposa siendo
cogida y totalmente entregada a otro hombre, me embargaba totalmente.

De pronto, cuando creí que se había perdido por completo el
objetivo de la loca noche, mi mujer tras venirse varias veces, se quitó de
encima a aquel tipo que al tiempo que chupaba sus pezones y su cuello, seguía
bombeándola sin cansancio, como queriendo disfrutar el manjar que seguramente no
volvería a tener.

Mi sorpresa y excitación fue mayúscula, cuando mi mujer
tendió sobre la cama al chico, sentándose sobre el, dándole la espalda, guío el
miembro batido de jugos femeninos hacia su orificio anal. La enrojecida cabeza
se colocó sobre el pequeño esfínter, y suficientemente lubricado por los mismos
líquidos de mi esposa, lentamente se fue perdiendo hacia el interior del
estrecho conducto.

Ella ponía los ojos en blanco conforme la gruesa tranca fue
penetrando, abriendo la boca en un desesperado intento por jalar aire. Les juro
que claramente pude observar como el esfínter anal de mi esposa, fue haciéndose
cada vez más grande, hasta tener totalmente ensartado un miembro que si bien es
cierto no era de un exagerado tamaño, por la condiciones de erección que tenía,
si denotaba un crecimiento importante.

El mío no era para menos, y sentía yo a punto de salir
disparada la leche como respuesta a mi masturbación, cuando mi mujer abrió los
ojos y extendió una mano invitándome a meter mi instrumento en su enrojecida y
chorreante vagina.

Me coloqué sobre ellos, quedando mi cadera entre las piernas
de ambos, y la penetré salvajemente lo que ocasionó en mi mujer un nuevo
orgasmo.

Mientras mi miembro entraba y salía del inflamado canal
sexual, podía yo sentir como tocaba a través de mi esposa, el duro miembro que
ya entraba y salía también del culo de mi esposa.

Gemidos, chillidos, bramidos y los chasquidos de las vergas
al entrar y salir de mi esposa fue todo lo que se oyó en la habitación los
minutos siguientes, solo interrumpidos por los sonidos in entendibles, que
brotaban de la garganta de ella, cada vez que alcanzaba un nuevo orgasmo.

Cuando ya no pudo más, casi sollozando, nos suplicó nos
viniéramos, cosa que creo ambos estábamos esperando, pues nos chorreamos al
mismo tiempo.

Créanme que sentí cuando el fuerte chorro de leche inundó el
culo de mi esposa, salpicando mi entrepierna, a la vez que el tiene que haber
sentido el chorrear de mi leche, al no quedarse toda en el interior de mi mujer
dada la fuerza y la cantidad de brotó de mi pene por la excitación que me
embargaba.

En el clímax de la situación descrita, mi esposa en medio de
su ultimo y desesperado orgasmo, besó frenéticamente mis labios mientras
balbuceaba….—Gracias, gracias, mi amor……………te amo mucho.—

Nos quedamos los tres acostados, teniendo desde luego como
punto de atención de ambos a mi mujer y nos dormimos.

Más tarde, fui despertado por los besos de mi esposa, a quien
descubrí ensartada de nuevo por aquel fogoso muchacho iniciando de nuevo una
placentera sesión de sexo, cogiéndonos a mi esposa el resto de la noche de todas
las maneras posibles.

Al amanecer, aquel chico salió de nuestra habitación y al
intentar pagarle lo convenido, sin aceptar el dinero me dijo que me agradecía
haberle dado la oportunidad de disfrutar a una mujer que ni en sueños hubiera
podido tener y tras asegurarme que ella en verdad me amaba pues no había
aceptado tener sexo sólo con el, es decir, sin estar yo presente. Me dio un
fuerte apretón de manos y tras darle un beso en la mejilla a ella, ya que no
permitió la besara en los boca, salió para siempre de nuestras vidas.

A partir de entonces, mi esposa y yo, nos llevamos mejor que
nunca, y hemos también cumplido otras fantasías. Claro que los tríos, los hemos
practicado dos ocasiones más que hemos salido de viaje, con la variante que la
ultima vez, fuimos yo, mi esposa y otra mujer.

 

FIN

 

Resumen del relato:
    Que dificil elegir al candidato para satisfacer una de las fantasías de mi esposa…

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