Zoofilia | Tus Relatos Calientes
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Iniciación zoofilica (05)

Iniciación zoofilica (05) (23)

El sábado por la mañana me despertó una voz muy sensual, era
Sole, estaba a mi lado en la cama, ¿había dormido en mi cama?, su brazo estaba
bajo mi cuello lo cual indicaba que al menos si llevaba allí un rato, su cuerpo
era cálido con una piel muy suave, su aliento en mi nuca, su voz cálida me daba
los buenos días.

Me di media vuelta y acerqué mis labios a los suyos, nos
dimos un beso y nos miramos a los ojos, estaba radiante, su brazo me atrajo,
nuestros cuerpos se juntaron y sus labios se posaron de nuevo sobre los míos
pero a diferencia del anterior beso, sentí su lengua buscar mi boca, abrí mis
labios y empezó un beso desenfrenado, su lengua en el interior de mi boca,
recorriéndola de lado a lado, profundizando y llegando hasta el fondo, sus manos
en mi espalda no paraban de acariciarme, las mías poco a poco se fueron
despertando y buscando su cuerpo, hummmmmm, iba a ser una mañana muy movida por
la forma de empezar.

Los besos fueron mas intensos, las caricias mas amplias,
pronto dejamos la espalda para pasar a las nalgas, los muslos, los senos, los
pezones, dios, como me estaba calentando nuevamente.

Me quedaba claro que no iba a tener mucho descanso en todo el
día, si bien me esperaban los dos perros antes tendría que hacer algo con mi
Ama, lo cual no me disgustaba, sino mas bien todo lo contrario. Bajé mi cabeza y
alcancé los pechos de Sole, sus pezones ya estaban duros, inchaditos,
encantadores y muy apetitosos, no pude apenas disfrutarlos, las manos de mi Ama
me hicieron bajar casi sin rozarlos directamente a su sexo, olía su excitación,
su calentura, su humedad, estaba claro que deseaba sentir mis labios, mi lengua
y no la hice esperar, abrí sus piernas me puse de rodillas y metí mi cabeza
entre sus muslos, besé suavemente sus labios rasurados, bajé hasta su culito y
desde allí comencé a lamer con suavidad ascendiendo hasta llegar a la entrada de
su vagina, metí mi lengua todo lo que puede y sentí como su cuerpo se
estremecía, subí hasta su clítoris y lo acaricié dulcemente, lo rodeé con mi
lengua una y otra vez, bajé de nuevo a su vagina y de nuevo mi lengua dentro.

Mis manos acariciaban sus caderas, su vientre, sus pechos.

Acariciaba todo su cuerpo sintiendo que poco a poco se estaba
acercando al orgasmo, mi lengua, mis labios, mis manos no paraban de acariciar
aquel maravilloso cuerpo, notaba como respondía a cada caricia a cada beso a
cada lamida, sus manos se posaron sobre mi cabeza acariciándome el cabello,
primero con suavidad pero poco a poco fue presionando con mas fuerza, sentí como
sus dedos se enredaban en mi cabello hasta agarrarlo con fuerza y con
movimientos bruscos a veces provocando dolor en mi piel me guiaba mi lengua y
mis caricias hacia donde ella mas lo deseaba, me apretaba con fuerza contra su
sexo, hacía fuerza como si quisiera que mi cabeza entrara dentro de ella, no
podía casi respirar pero seguí con mis caricias, con mis lametazos hasta que su
cuerpo empezó a estremecerse, hasta que su orgasmo fue evidente y sus uñas se
clavaron en mi cabeza, ya no eran tirones de pelo, eran sus uñas clavadas en mi
cabeza, empujando con todas sus fuerzas para sentir lo mas a dentro posible mis
caricias.

Sus muslos se cruzaron en mi espalda, toda ella era un único
movimiento de acercamiento de mi cabeza a su interior, temblaba y levantaba la
cadera para sentir aún mas si cabe mis caricias.

Mordí suavemente su clítoris y de su garganta salió un grito,
mas bien un aullido de placer, un último tirón, un último empujón de su cadera,
mi cara estaba en su totalidad entre sus labios vaginales y su cuerpo en la
mayor tensión.

Fueron unos segundos maravillosos, su placer me había
excitado de tal forma que no me vendría mal que me devolviera el trabajo pero
sabía que no iba a ser así. Solo una caricia en mi cara, una sonrisa amplia y
unas palabras de agradecimiento diciéndome lo maravilloso que había sido aquel
orgasmo.

Nos levantamos, a la ducha y a tomar un maravilloso desayuno
a base de frutas, tostadas y un café con leche.

Pregunté si había un plan para este día y la respuesta de mi
Ama fue sencillamente que no, todo se haría con improvisaciones, sobre la marcha
y viendo como respondía en cada momento. No le gustaban las programaciones
cerradas, prefería ir adaptándose en cada momento a lo que mejor se adaptara
para un mayor goce de ella y de su jauría. Jo, estaba claro que yo, desde aquel
momento no era mas que una de sus perras, era solo un miembro mas de su JAURIA.

No es que me disgustara aquella sensación pero después de lo
acontecido por la mañana en mi cama esperaba un poco mas de sensibilidad, pero
estaba claro que mi estancia allí era simplemente para mi adiestramiento, no era
un fin de semana de placer para cumplir mis caprichos, no, solo era eso un fin
de semana de adiestramiento como perra.

Estaba claro que eso no se aprende en un día y menos si se
cumplen los caprichos de la aprendiza

En la parte posterior de la casa existía algo que la noche
anterior no había visto y mi Ama me llevó a visitar nada mas terminar de fregar
los útiles del desayuno. LAS PERRERAS, si, una construcción muy elemental, había
visto muchas por mi trabajo, un suelo de cemento, una pared al fondo de bloque
de hormigón y un cierre de malla metálica de casi dos metros de alto.

Estaban divididas en tres partes, cada una con una puerta de
acceso e intercomunicadas interiormente por puertas similares a las de acceso,
lo cual indicaba que si había dos perros y tres compartimentos, no tuve
necesidad de mucho análisis para saber que en uno de esos compartimentos iba a
estar yo encerrada. Un simple vistazo y adiviné que le mío sería el del centro,
estaba mas “humanizado”, en los tres había un bebedero para perros y un plato
con comida, la diferencia es que en el central la comida eran trozos de fruta y
pan, en los otros comida para perros, bueno, al menos no tendría que comer lo
mismo que los perros pero si de la misma forma.

Mi vestimenta para esta mañana era diferente, tenía un
pantalón corto y un top, al menos no estaría desnuda allí dentro. Sole hizo
entrar a los perros, cada uno a su perrera y a mi me abrió la puerta de la
central, había acertado. De rodillas, solo podría estar en esa posición, serían
al menos cuatro horas, esa fue la única explicación de mi Ama, cuatro horas
encerrada con los perros.

Una vez dentro cerró con lave todas las perreras y se fue sin
decir ni una palabra, solo una mirada con una sonrisa maliciosa en sus labios y
una única explicación: prohibido pasar a los compartimentos de los perros.

Pasados unos minutos oí el sonido del motor del coche lo cual
indicaba que me quedaba sola en mi jaula, como una perra allí encerrada sin
posibilidades de salir, sin poder ir al aseo. Había bebido agua en abundancia
antes del desayuno y después de este, mi Ama se había preocupado de que así
fuera, ingenua de mi, yo creyendo que era por mi salud y era un castigo.

No podía hacerlo allí, la perrera estaba impecable y
cualquier señal de orina hubiera sido evidente. Al cabo de dos horas mi vejiga
estaba a punto de reventar, necesitaba con urgencia evacuar mis líquidos pero no
había posibilidades a no ser me expusiera a un castigo. Veía los perros
inquietos mirándome y dando vueltas en la jaula, ellos también necesitaban salir
para hacer sus necesidades pero tenían sus métodos, uno de ellos, el precioso
que la noche anterior, se acercó a la vaya, levantó su pierna y lanzó su meada
fuera de la valla, dentro no quedaba ni el mas mínimo rastro de su acción, en mi
caso era diferente yo no podía hacerlo, las mujeres no estamos preparadas para
eso, a los diez minutos el otro perro hizo lo mismo, se acostaron y medio
dormidos no sacaban ojo de mis movimientos, estaba nerviosa, no podía aguantar
mas mis necesidades, mi orina estaba a punto de llegar hasta mis labios
vaginales, o meaba o reventaba.

Oí el ruido del motor de un coche, supuse sería el de mi Ama,
acerté, se acercó a la vaya nada mas bajar del automóvil y mirándome me preguntó
si tenía algún problema, le expliqué en dos palabras mis necesidades y sonrió,
media vuelta y a casa, solo llegó a mis oídos sus carcajadas y su monólogo
riéndose de mis pobres necesidades y de lo mal que lo estaba pasando. Al cabo de
unos minutos apareció con la correa en la mano, abrió la jaula y me sacó a
pasear por el campo, no me dejó sacar el pantalón que llevaba, oriné con el
puesto, mi orina mojó el pantalón y las piernas.

Una vez hecho esto me encerró de nuevo en mi jaula sin decir
una palabra, únicamente una caricia en mi cabeza igual a las hechas a los perros
cuando los encerró en sus jaulas.

A las cuatro horas justas vino y soltó a los perros, a mi me
dijo que ya había salido hacía un rato a pasear por lo tanto no me tocaba paseo
hasta las dos horas siguientes. Tenía hambre y sed, miré el suelo y los dos
platos estaban allí, uno con agua y otro con trozos de pan, lo había comprobado
antes, estaba seco, debía tener por lo menos tres o cuatro días, pero era la
única comida existente.

Miré a mi alrededor y no vi a mi Ama por ningún lado, de
rodillas acerqué mi boca y empecé a comer pan, estaba muy duro, cada trozo había
que tenerlo en la boca y dejarlo ablandar un ratito, mojarlo con agua y dejarlo
deshacer poco a poco. Llevaba unos cuatro o cinco trozos devorados cuando una
voz a mi espalda me dejó helada, era ella, había estado allí todo el tiempo,
espiándome, viéndome como comía aquel pan y como bebía agua con mi lengua, metió
la mano entre los enrejados y acarició mi cabeza al mismo tiempo decía que era
una perrita muy obediente y muy fácil de adiestrar, iba a ser una auténtica
perra en un par de fin de semanas.

Estaba contenta de haberme tomado como perrita para
adiestrarme, haría un buen trabajo conmigo.

A las 4 de la tarde vino a buscarme, bueno, vino a buscarnos,
nos ató a los tres con nuestras correas y fuimos conducidos hasta la habitación
de la noche anterior. Estaba recién fregada, el catre colocado, café caliente y
los radiadores a la temperatura adecuada lo cual me hizo suponer la existencia
de una tercera persona en la casa pues era materialmente imposible que Sole
tuviera tiempo para hacer todo aquello eso me desconcertaba, me preocupaba en
cierto modo.

Ató un perro en cada argolla y yo fui llevada por toda la
estancia con la correa, caminando a cuatro patas al lado de mi Ama dándome
tirones de vez en cuando para ir corrigiendo mi posición, un paso por detrás de
mi Ama pero no mas, siguiendo su ritmo de marcha, unas veces lento, otras más
rápido, parándonos y enseñándome a sentarme con la cabeza alta y el culo a ras
de suelo, era algo humillante, me sentía de verdad una perra, pero para eso
estaba allí para ser adiestrada como una buena perrita, obediente, cariñosa, y
sobre todo muy servicial.

Pasada una hora larga tenía sed, la boca estaba seca y los
labios temía se me agrietaran, no hizo falta pedir agua, me fue dada en un plato
para saciar mi sed. Una vez hecho esto mi Ama me colocó un palo de unos dos
centímetros de diámetro entre los dientes y así volvimos a la marcha, al
adiestramiento, con este palo entre los dientes, caminando a cuatro patas era
inevitable el babear, que la saliva me cayera continuamente de la boca, cuando
me sentaba en la espera de mi Ama la saliva seguía cayendo pero sobre mis tetas.

Así sucia de andar a cuatro patas, mojada de mi propia baba
estaba cuando me acercó al catre y fue de nuevo atada a un larguero con la
correa, pero esta vez muy corta, a penas podía moverme hacia los lados o
levantar la cabeza, tenía literalmente metido el hocico en el jergón, podía
respirar con comodidad pero no hacer ningún otro movimiento, así estaba cuando
la mano de mi Ama se metió entre mis piernas, subió hasta mi sexo y sus dedos
hurgaron en mi interior, estaba excitada, todo el adiestramiento recibido me
había puesto a buen tono, no hizo falta mucha preparación para que saliera de mi
sexo ese líquido inconfundible que demuestra el estado de hembra en celo.

En la posición en que me encontraba no podía ver sus
movimientos, había sacado sus zapatos de tacón y no escuché sus pasos, solo
sentí el jadeo de uno de los perros acercándose a mi y su hocico oliéndome entre
las piernas, luego su lengua lamiendo desde el clítoris hasta el culo, una y
otra vez, su lengua entraba en mi sexo, su aspereza me hacía ver miles de
estrellas en cada pasada y eran rápidas, no había dejado de sentir una cuando ya
estaba la otra, y así una tras otra hasta sentir como mi cabeza daba vueltas y
mi cuerpo estaba en tensión, un orgasmo encantador, fuerte, y continuo, no
dejaba de lamer el animalito para dejarme descansar ni un segundo, solo pensé
una cosa: y si los hombres tuvieran una lengua asi?, jajajaja.

La lengua dejó de lamer, la correa se aflojó y vi la cara de
satisfacción de mi Ama, ella también estaba excitada, se le notaba en su
respiración, pero no dio la más mínima muestra de buscar una caricia. Ordenó al
perro poner las patas sobre el catre, su polla empezaba a salir de la funda,
estaba empezando la erección, el animal no se movía, sabía lo que le iba a
suceder.

Con un tirón de la correa me acercó a la polla y me ordenó
que la chupara, jo, era demasiado, eso no lo esperaba, me negué con la cabeza,
se puso a mi espalda y con la misma correa recibí un fuerte golpe en las nalgas:
“mámasela, es tu congénere, así que no te debe dar asco, venga perra, métela en
la boca entera, trágala hasta la garganta”, la orden era inequívoca, haciendo un
esfuerzo acerqué mi boca y poco a poco fui introduciendo aquel pene rojo,
puntiagudo y húmedo en mi boca, primero con asco, por que no decirlo pero luego,
poco a poco con lujuria y deseo de llenar mi boca con aquel precios y caliente
mástil.

Tuve que hacer esfuerzos para conseguir introducirlo todo
dentro pero al final tocaba con mi boca el nudo de la base del pene, era
hermoso, no había gran diferencia con la de un hombre a no ser por la forma, mas
lisa y puntiaguda lo cual facilitaba la entrada en la garganta.

Mi “compañero” no se movía, no hacía el mas mínimo gesto de
desaprobación, mas bien al contrario, tenía ligeros movimientos para conseguir
una mayor penetración pero no era una follada, no, sabía perfectamente cual era
su papel, estaba bien adiestrado y a mi me estaban adiestrando en la misma
escuela. Pasaron unos minutos y sentí como empezaba a correrse, iba soltando
chorritos de esperma dentro de mi boca, uno tras otro, parecía no terminar
nunca, pensé en cuantos orgasmos de hombre serían necesarios para obtener tal
cantidad de semen, luego mi Ama me explicó que entre 7 y 10 veces mas que un
macho humano.

Cuando el perro terminó y su pene se aflojó dentro de mi boca
fui de nuevo atada al catre en la misma posición, las piernas muy abiertas y el
culo alto dejando al descubierto todo mi sexo. No hizo falta ninguna
explicación, iba a ser de nuevo follada por el otro perro, sentí su polla
intentando buscar la entrada y la mano de Sole apuntando hacia mi sexo, la
entrada de la polla, los empujones fuertes, rápidos y continuos del animal hasta
que estuvo totalmente dentro de mi, su fuerza, su potencia bestial haciendo ver
las estrellas.

La correa que me ataba al catre fue liberada, me vi a cuatro
patas sobre el suelo, los empujones de la bestia me hacían ir hacia delante, no
daba aguantado si fuerza, me sentí de verdad poseída por aquel precios animal,
por su fuerza irracional por su instinto de follar y nada más.

Sentí su nudo entrar en mi interior, como me quedaba
enganchada y como empezaba a eyacular en mi interior, como se bajaba de mi
espalda y los dos atados por nuestros sexos no podíamos soltarnos, pero él
trataba de moverse de ir hacia un lado y con este movimiento me arrastraba a mi,
me hacía ir a donde quería, como y cuando lo deseaba. En ese precios momento si
que me sentí suya, me sentí poseída por el animal, convertida en su hembra, su
perra.

No había duda, el adiestramiento conseguía no solo la
enseñanza de las costumbres de los perros, caminar, sentarse, comer, beber, sino
también el sentir, el sentirse sin voluntad para decidir sino solamente para
servir. Servir al macho, servirle como su fuera mi Amo, servir solo como
instrumento sexual, como un coño a disposición de los instintos de mi Amo, EL
PERRO.

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Resumen del relato:
    Después de una matutina e intensa sesión de sexo con Sole… sus perros la esperan.

Iniciación zoofilica (04)

Iniciación zoofilica (04) (23)

CAPITULO 4

El martes por la tarde recibí una llamada de Luis, teníamos
que vernos a las ocho, no era necesario que fuera vestida de ninguna forma en
especial, era solo para presentarme a una amiga suya, alguien que era necesario
que conociera y según sus palabras alguien muy importante para mi
adiestramiento, y de nuevo esa palabra, se volvía a referir a mi como una perra.
El nerviosismo se adueñó de mi para el resto de la tarde, empezaba a sentir un
cosquilleo en todo mi cuerpo, me costó volver a concentrarme en el trabajo, pero
lo logré. Llamé a Juan para comunicarle mi regreso tardío esa noche, no se
alegró mucho, las cosas entre nosotros se estaban enfriando un poco, la relación
se había ralentizado a consecuencia de mis ausencias continuas, sabía que el
próximo fin de semana tampoco estaría con él, dudaba de mis decisiones, temía
que fuera a embaucarme por un camino sin control y no quería perderme por nada
del mundo, pero mi decisión era seguir al menos por unos meses mas, quería
conocer este mundo que se había abierto para mi.

A las ocho en punto llegué a la cafetería Minueto, tal como
habíamos acordado, ni un minuto de retraso. Luis estaba sentado en una mesa del
fondo acompañado de una mujer de unos 40 años, morena, delgada, fuerte y a la
que se le notaba en sus facciones el mucho tiempo que dedicaba al ejercicio
físico. Al verme acercar Luis se levantó y me dio un beso al tiempo que me
presentaba a su compañera, su nombre Sole, me sorprendió al verla levantada y
acercarme para darle un beso, el movimiento que hizo para esquivarlo y darme la
mano de una forma muy fría, no besaba nunca a una sumisa al menos en la
presentación y menos si se trataba de alguien a quien había que adiestrar. Me
quedé un poco cortada por la reacción de Sole, me desconcertó pero solo unos
segundos, después de todo mi trabajo consistía principalmente en relacionarme
con personas de muy diferente carácter por lo que me adapté en seguida a la
situación.

Luis me puso en conocimiento de lo explicado a Sole sobre mis
gustos, mis deseos y hasta donde él quería llegar en mi adiestramiento, Sole me
miraba con ojos inquisidores, me estaba analizando hasta el alma, sentía su
mirada penetrar hasta lo mas profundo de mi ser, hasta lo mas profundo de mis
pensamientos, estaba pendiente de mis manos, de mis ojos, de mi boca, en fin, de
todo tipo de reacciones a los comentarios que Luis estaba haciendo, a veces muy
duros y crueles pero reales, por supuesto yo tampoco perdía ni uno de sus
gestos, era un análisis mutuo, cada una trataba de saber en el menor tiempo
posible lo mas de la otra, era una batalla terrible sin un solo gesto pero con
miles de análisis simultáneos. La presencia del camarero fue en un momento
maravilloso, rompió aquella tensión creciente y proporcionó unos segundos de
relajación los cuales fueron aprovechados por nosotras para atender al camarero
y luego prestarle mas atención a Luis.

Una vez servidas las consumiciones por el camarero, Sole me
anunció su intención de llevarme el fin de semana siguiente a su casa de campo,
estaríamos las dos solas desde el viernes por la noche hasta el domingo al medio
día, hora en la que tenía un compromiso familiar por lo que a la una y media
estaríamos de vuelta en la ciudad. Una sonrisa pasó por mis labios, no
desapercibida por ella, le dije que de esa forma podría comer con Juan, el cual
se levaría una alegría pues si bien no teníamos el fin de semana entero para
nosotros, al menos si tendríamos la tarde entera del domingo. Una sonrisa
maliciosa por parte de Sole y el comentario de Luis me hicieron desconfiar y el
comentario posterior me hizo pensar en la seguridad de pasar esa tarde
durmiendo.

El viernes a las siete de la tarde, después de cerrar la
oficina, Juan me espera a la puerta, vamos a tomar un café y despedirnos, una
hora mas tarde cojo un taxi y me dirijo al punto de encuentro con Sole, una
estación de servicio en el extrarradio en la carretera nacional. No tengo que
esperar, a pesar de mi puntualidad adelantada en cinco minutos mi anfitriona
esta al volante de su coche, abro el maletero y deposito allí mi bolsa de viaje
con la ropa indicada para esta ocasión por ella misma. Arranca el vehículo nada
mas sentarme en el asiento posterior, nos dirigimos a la autovía y una vez en
ella Sole me indica una bolsa que esta a mi lado, la abro y en su interior esta
un vestido de color rojo, me desnudo completamente y me lo pongo, las medidas
son exactas, caray con el ojo que tiene para calcular mi talla, me queda como un
guante, es ajustado, quedan al descubierto mitad de los senos, es muy corto, a
penas me tapa un cuarto de muslo, ¿a dónde me llevará vestida de esta forma?, no
me encaja con lo esperado, ¿acaso no vamos a su casa?, ¿me presentará ante
alguien vestida de esta manera?, ¿no íbamos a estar solas durante todo el fin de
semana?, pronto salgo de dudas, ella misma me indica que aunque vamos a estar
las dos solas durante casi dos días quiere verme vestida como a ella le gusta
que vistan sus sumisas. Me cuanta que tiene una cuadra de cuatro sumisas, las
cuales pasan semanas enteras en su finca pero este fin de semana es solo para
nosotras dos y un par de invitados muy especiales los cuales no se van a fijar
como voy vestida sino como me comporto.

Llegamos a la finca, es una vivienda unifamiliar amplia de
planta baja, pintada en un color crema y con un porche enorme, una construcción
aneja que a primera vista parece un garaje y me sorprende no ver ninguna puerta
de acceso para vehículos lo cual me indica estoy en un error. Desde el exterior
no es posible ver nada, una fila de tuyas muy bien colocadas impide ver lo que
ocurre entre la casa y esta construcción, un cierre metálico recorre todo el
perímetro de la finca, con lo cual no se accede sin permiso. En fin, vamos a
estar solitas las dos, ¿y ese par de amigos?, nada más bajar del coche los
conozco, un par de perros de raza pastor alemán nos saludan, saltan, corren, dan
vueltas alrededor de Sole, esta los acaricia, los besa, los mima y con una
sonrisa mirándome les dice que tienen una nueva compañera de juegos para todo el
fin de semana. Ahora caigo, ahora empiezo a entender algunas cosas,
“adiestramiento”, esa era la palabra, y los dos compañeros, esos dos perros iban
a ser los amigos de los que ella hablaba, claro, no les interesa la ropa que
lleve puesta, solo faltaría que además se fijaran en mi estilo de ropa. El
camino aunque no muy largo si lo suficiente como para que fueran las nueve y
media, deshacemos nuestros equipajes y preparamos una cena para las dos, me
sorprende la diferencia de trato de Sole, es amable, cariñosa, es alegre, ha
sufrido una metamorfosis, no es la fría dama que vi en la cafetería la noche que
la conocí, cuando nos sentamos a la mesa antes de abrir la botella de albariño
que vamos a beber me sorprende con un beso en la mejilla y un “buen provecho”
casi me hace poner colorada. Durante la cena hablamos de mi trabajo, de las
distintas forma de hablar y tratar a los clientes. Ella tiene una representación
a nivel nacional de una casa de cosmética francesa, no tiene problemas
económicos y se puede permitir el tener un piso en Madrid, otro en Lugo y
aquella “joya” como ella la llama para sus juergas, sus juegos y sus
“invitadas”. Mientras cenamos los perros no están presentes, lo ha encerrado en
la construcción anexa a la vivienda. Después de cenar, mientras tomamos un café
me cuenta que hace diez años se separó de su marido, desde entonces vive sola,
en compañía de sus perros y de sus sumisas, aunque hasta llegar a esta situación
pasaron tres años desde la separación. Es bisexual confesa, le encantan los
tríos y tiene una preferencia por los perros, son los mejores amantes y los mas
fieles, no se les puede pedir mas.

Desde el sótano de la casa y a través de un túnel se pasa a
la otra construcción, son casi las doce de la noche cuando me invita a seguirla
hacia el sótano, allí veo una sala dedicada a castigos, esta todo a la vista
desde látigos, fustas, trallas, cadenas, correas, varas, una cruz en forma de X,
argollas en las paredes, en el techo, en fin, que hay de todo, una mesa de
madera con argollas en las patas, los lados, en la parte baja, dos agujeros en
la tabla para poder descolgar por ellos los pechos, no falta de nada de lo que
una se pueda imaginar. Me comenta que es en este lugar, bien aislado
acústicamente en donde se dan los mayores castigos, por supuesto sin mordaza
para que la sumisa o sumiso pueda gritar todo lo que desee sin que nadie por
ello haga el más mínimo caso, por supuesto también existen mordazas por si el
castigador prefiere no oír los lamentos del torturado. Supe solo con verlo que
en algún momento yo sería castigada, no se si esta vez o en sucesivas, pero
tenía la certeza de que algún momento de mi vida me vería allí como esclava,
sino a que venía tanta explicación.

Entramos en la planta alta, era un local de una sola pieza,
muy amplia en la que solo existía la iluminación artificial y unos lucernarios
en cubierta, los cuales durante el día debían dar luz suficiente en toda la
sala, en un lateral unos cómodos sofás para seis o siete personas, una tele, un
vídeo, una mesa de centro y un mueble bar y en una esquina un catre con solo un
colchón y una sábana bajera, el resto libre, las paredes pintadas de color ocre,
el suelo de madera barnizada le daba un cierto color y calor, por las paredes
varios radiadores mantenían una temperatura muy agradable, varios altavoces
colocados en la parte alta de las paredes, cerca del techo con una música que me
pareció de Tchaikoski hacían de la estancia aun sin muebles un ambiente
aceptable.

Los perros estaban allí, acostados en una esquina como
sabiendo de antemano lo que iba a pasar, no se movieron ante nuestra presencia,
si quietud me sorprendió con la recepción dada a Sole cuando llegamos a la casa.
Los llamó y se acercaron con rapidez, los volvió a acariciar y mirándolos a
ellos me preguntó cual de ellos prefería para esa noche, tiempo tendría de
probarlos a los dos, pero para esa noche, por ser la primera, uno solo sería
suficiente. Los dos eran muy parecidos, no había apenas diferencia entre ellos,
tal vez uno parecía mas tranquilo y al mismo tiempo un poco mas bajo, escogí
ese, estaba muy nerviosa pero al mismo tiempo una cierta excitación empezaba a
recorrer mi cuerpo.

Sole sacó de la sala al otro perro, vino hacia mi y me ordenó
sacarme el vestido, la única prenda que llevaba. Puso una correa al collar del
perro, lo ató a una argolla de la pared y me puso a mi otro collar con una
correa, con un ligero tirón de la correa me indicó la posición de a cuatro
patas, y me llevó hasta el catre situado en la pared opuesta, me senté en él y a
una orden suya comencé a masturbarme, me fijé en el perro, estaba nervioso, se
movía con rapidez, daba vueltas sobre si mismo y trataba de venir hacia donde yo
estaba. Fue un instante de miedo, pero solo un instante, comencé a sentir los
efectos de mis dedos sobre mi sexo, la excitación era evidente, estaba a cien,
el perro debía de oler mi estado porque cada vez estaba mas nervioso, tiraba con
fuerza para soltarse quedando a veces colgado de la correa y sobre sus patas
traseras, era evidente que sabía lo que venía a continuación. Sole se acercó al
perro y le puso una especie de calcetines en las patas delanteras, las ató con
una correa y trajo al perro hacia mi. Abrí las piernas todo lo que pude y el
perro se lanzó como un loco sobre mi, tras varios tirones de la correa por parte
de mi anfitriona y varias órdenes dadas el animal comenzó a lamerme el sexo, ya
era una sensación conocida, pero no por eso dejé de ponerme nerviosa, la lengua
era áspera pero mojada, larga y sinuosa, con mi posición entraba en mi sexo con
lametazos desde mi culo hasta mi clítoris de cada vez, estaba terriblemente
excitada, me acaricié los pechos, mis pezones estaban duros, los cogí con mis
dedos y los apretaba para sentir dolor y el placer que me estaba dando aquel ya
para mi precioso perro.

Sole separó el animal de mi cuerpo y me indicó me acercara y
lo masturbara, tenía ya media polla fuera de su funda, al empezar con los
movimientos de mi mano salió toda, puede notar el tremendo bulto que se estaba
formando en la base de la polla, era como mi puño por lo menos, me puse de
rodillas y acerque mi lengua a aquella preciosa herramienta, no lo había hecho
nunca, al principio me dio asco, la voz de mi ama me hizo reaccionar y sin mas
la metí en la boca. Era diferente a la de cualquier hombre, un sabor mas dulce.
Antes de que empezara a correrse me puse de espaldas al perro, apoyada con mi
pecho en el catre, las piernas abiertas y el culo muy hacia arriba, tal como me
indicaba Sole, esta una vez comprobada que la posición era la correcta soltó la
correa del animal el cual se lanzó sobre mi, apoyó sus patas delanteras en mi
espalda, luego las bajó a los costados y sentí como su polla se acercaba, no
encontraba la entrada de mi sexo, estaba dando golpes en mis nalgas hasta que la
mano de Sole lo puso en su sitio, una vez encontrado el camino el perro dio una
serie de empujones muy seguidos, muy cortos, pero en cada empujón entraba un
poco en mi interior hasta que sentí aquella gran bola contra mi sexo, los
empujones que me daba me hacían ir cada vez mas en el catre hasta que mis muslos
tocaron con el larguero, ya no podía ir mas allá, a partir de ahí todos los
empujones del animal eran para ir metiendo en mi interior poco a poco lo que
quedaba. Estaba llena, sentía la punta de la polla en lo mas dentro de mi
vagina, sentía como a cada empujón que daba una ola de placer recorría mi
cuerpo, no se el tiempo que tardé en tener el primer orgasmo, pero no fue mucho,
los movimientos del perro eran continuos, cada vez mas fuertes, cada vez mas
llena, cada vez mas excitada, ya me consideraba llena del todo, tenía los ojos
cerrados, no oía ni veía nada, solo sentía, sentía como mi vagina crecía dentro,
como iba haciéndose sitio en mi interior para acomodarme a la medida de aquel
miembro perfecto, largo, grueso, puntiagudo, pero suave, caliente, excitante. La
mano de Sole me acarició el pelo, el cuello, la cara y oí su voz que me decía lo
contenta que estaba con su nueva perrita, lo bien que lo estaba pasando al verme
como disfrutaba con su perro preferido, me decía que era una perra perfecta. Al
sentir como el perro trataba de meter toda su polla en mi interior, temiendo no
pudiera encajarlo y me hiciera daño traté de mover mi culo, mi cadera hacia un
lado para evitar siguiera empujando pero la mano de Sole cogiéndome del pelo,
tirando con fuerza de él hacia el colchón al tiempo me decía no me moviera, el
perro tenía que follar a su perra en toda su intensidad y no le podía defraudar
en la primera ocasión, había que dejarlo correrse dentro y para eso necesitaba
meterla entera dentro de mi coño, no había problema, otras mas chicas que yo
habían pasado por allí y a todas aquellas perras les había entrado, no iba yo
ahora a defraudarla, yo sería su perra preferida y para ello tenía que
demostrarle mis cualidades, lo fuerte que era, lo caliente que mantenía a su
perro y lo mucho que disfrutábamos las dos.

Cerré los puños, apreté con todas mis fuerzas la sábana entre
mis dedos y esperé a que el perro acabara de penetrar en mi interior, no se el
tiempo que tardó lo que si sé es que una vez dentro con toda su polla no me
cabría ni un milímetro mas, pero otra vez mas estaba equivocada. Cuando Sole
comprobó que había entrado en su totalidad me dio un cálido beso en mi boca, la
tenía seca, estaba sudando, tenía el sexo como no lo había tenido nunca de
dilatado, ni cuando Juan intentaba sin éxito meter su mano dentro de mi me
sentía tan llena y al mismo tiempo tan excitada. El semen empezó a fluir dentro
de mi, sentía cada chorrito que soltaba dentro mi vagina, estaba a punto de
reventar pero en ese momento sentí un orgasmo como no lo había sentido en toda
mi existencia, no se si fue uno o dos o tres encadenados, la sensación me cogió
de sorpresa, no paraba nunca, se hacía eterno pero maravilloso al mismo tiempo,
me asusté un poco ante la duración, no podía pensar, solo sentir, sentir, sentir
y caray si sentí, lo que nunca había logrado, un orgasmo múltiple y encadenado.
No era posible sentir con un perro lo que no había sentido nunca antes ni con un
hombre ni con una mujer, era una sensación de dominio sobre mi cuerpo, la sentía
en aquel momento, de pertenencia, de ser solo eso una PERRA a su disposición,
solo podía esperar y al mismo tiempo desear que no terminara, que durara una
eternidad, la sensación de pertenecer por completo a otro ser, de solo darle
placer, pero ahora que lo pienso ¿sentiría el animal tanto placer como yo
sentía?, no, seguro que no, ellos solo lo hacen por instinto o ¿tendrán también
su parcela de placer dentro de su cerebro?, no se cuanto tiempo pasó hasta que
mi amante se soltó, al sacar su polla de mi interior el semen y mis jugos
salieron de golpe, mis piernas quedaron mojadas, el suelo con un charco y yo en
el séptimo cielo. Estaba cansada, agotada, pero con una paz interior, la
excitación estaba bajando, poco a poco, mi corazón estaba volviendo a la
normalidad, mi piel dejando de ser tan sensible, mi cuerpo entrando en una
somnolencia imparable, había sido demasiado para un corto espacio de tiempo.

Sole sacó al perro fuera de la sala, me ayudó a incorporarme
y juntas nos dirigimos al cuarto de baño donde me di una reconfortante ducha,
aceite para la piel y a la cama. El domingo se presentaba a priori maravilloso,
dos perros, ¿los dos para mi sola?…..

 

 

Si os apetece hacer algún comentario:
POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Hoy iban a conocer a una chica que sería fundamental para el adiestramiento de nuestra protagonista.

Zoofilia

Zoofilia (23)

En homenaje a una amiga a la que le gustan las pollas enormes,

no como la mía pequeñita y juguetona, para compensarla

he aquí este relato

Aquella mañana regresaba tranquilamente de dar mi
acostumbrado paseo con el perro de la casa un precioso doberman de buena traza.

Al llegar al portal, sabiendo que a esa temprana hora no hay
vecinos transitando por la escalera, amén de que somos realmente muy pocos los
que vivimos en el edificio, solté al perro para que fuera subiendo las escaleras
hasta el último piso, mientras yo lo hacía por el ascensor, tardaba este más de
lo normal , por lo que opté por subir andando.

Estaba ya como hacia el piso noveno, cuando oí la voz de la
portera hablándole al perro

.- Anda mi perrito, que haces aquí tan solito, mira que eres
goloso
.

Me llamó la atención tales comentarios y me acerqué
lentamente al rellano, muy lentamente observé por la esquina como la portera de
rodillas se dedicaba a fregar las escaleras, mientras el perro se metía bajo sus
faldas, de hecho llegué a ver como su braga se enrollaba entre el nalgatorio
cuando el perro sintió mi llegada. Quedé sorprendido por la situación pues mi
inocencia hasta ese momento podía ser considerada como superlativa.

Dejé pasar un trocito de tiempo, y me hice ver por la
portera, que alabó la bella estampa del perro y su preocupación porque no sacara
más veces a pasear al perro, aunque lo comprendía dadas mis múltiples
ocupaciones, trabajo en casa con Internet y la aglomeración de pedidos no me
dejan mucho tiempo.

Acepté su ofrecimiento y le fui dejando al perro a algunas
horas para que le diera el consabido paseo. La verdad es que la escena de las
bragas de la portera seguían en mi mente pero no establecía aún mucha relación
tan absorto como estaba en el trabajo, pero si notaba que el los paseos de
alargaban más de lo que yo estimaba, y el perro cuando venía en vez de dar
saltos de alegría por verme, se iba directamente a su camastro.

Durante algunos días lo observe y veía que esta allegar se
iba al camastro y se dedicaba a lamerse su partes con más fruición de lo
acostumbrado, le toque por la zona por si tuviera alguna herida y comprobé que
la zona estaba húmeda y que olía con bastante intensidad, por otro lado el perro
cada vez daba más muestras de inquietud cuando llegaba la hora de sacarlo .

Comprobé pues por la ventana que había un gran trecho de
tiempo entre que la Portera la Sra. Rosina , una viuda fornida y entrada en años
y carnes, entraba en el edificio y procedía a devolverme el perro, un día ante
tal tardanza decidí bajar yo mismo a comprobar que era lo que pasaba . Al llegar
a la parte baja del edificio el cubículo de la portera se hallaba vacío y
abierto, señal de que no podía estar lejos, mire fuera del portal y no ví nada,
cuando ya iba camino del ascensor oí un pequeño quejido del perro en la zona
baja de las escaleras, baje pues a la zona de las calderas y allí encontré a mi
perrito y a la portera, la escena era increíble y totalmente obscena.

Mi portera estaba arrodillada encima d e una mullidas
alfombras, y tenía a Terry en doberman sobre la espalda literalmente cayéndose
sobre su nuca , no era que la estuviera atacando, era que la estaba follando,
así de literal, el jodido perro tenía incrustado su aparato en el culo de la
doña y el gran cebollón que alguna vez había visto pugnaba por salir del
agujero, a lo que resistía Doña Rosina rogándole al perro:

_- No te vayas ahora cabrón que me tienes inundada, clávamela
un poquito más como tu ya sabes….

Mientras esto le decía echaba la mano atrás para que la polla
del animal no le saliera de negro cubículo. _- Además si te vas a me tienes que
hacer feliz por donde tu ya sabes perrito mío …

EL perro de un tirón se dejó resbalar espalda abajo dejando
ver como su vergajo se iba saliendo culo arriba, pero el gran bulto impedía tal
cuestión, pues el perro seguía escupiendo leche que a la portera le iba
corriendo por la pelona chocha, no lo dude un minuto más, era irracional y no
sabía que podía pasar, pero la propia posición de la portera a cuatro patas con
los codos hincados, dando saltitos para que la movimiento de perro por no caerse
hacia un lado le hacía sentir mejor el badajo de Terry que se presentía
descomunal por lo ayes de la portera.

Como les decía no lo dudé más, llevaba mucho tiempo sin
probar chocha pues una enfermedad que padecía priapismo, me había hecho volcarme
sobre el trabajo al ser rechazado por la amigas que tenía al ver tan descomunal
polla.

Me deshice de toda la ropa y allé me fui , Doña Rosina estaba
tan enfrascada en su gozo que dio todo un respingo cuando sintió que algo la
atacaba por la chocha que con tanto badurno se abría como flor en primavera,
Miró hacía tras echó mano al bandullo y viendo su longitud y groso me animó a
seguir en la faena. El perro debió sufrir un poco más pues pronto sintió que su
polla era aplastada por algo más voluminoso , y así fue como mi leche merengada
de casi un años se fue chocha adentro, sintiendo tan honda cueva un vástagao que
a través de una fina membrana se rozaba con el mío. Casi matamos del polvo a
Doña Rosina a la cual dejamos allí boqueando tras más de media hora de bombeo.

No me dejé ver ni yo ni Terry por una temporada, hasta que un
día sonó el timbre y allí estaba mi portera palpando mi bragueta a la vez que
Terry daba saltos de alegría oliscando lo que aquella bruja necesitaba .

Asi me inicié en la zoofilia con mi portera, que nos
utilizaba a los dos para remediar sus necesidades.

Abelardo de Leire

 

Resumen del relato:
    Iniciación zoofilica con la portera.

El amante inesperado

El amante inesperado (23)

EL AMANTE INESPERADO

Capitulo 1: ZOO, C

Lo cierto es que no se muy bien como contarles esto… aunque
supongo que desde el principio será lo mas fácil. Disculparan que no de nombres
ni demasiados detalles acerca de nosotros, pero es que me da algo de vergí¼enza.
Supongo que les bastara con saber que somos un matrimonio de casi treinta años;
y que, aunque yo soy del montón, mi esposa es bastante llamativa, sobre todo por
sus sinuosas curvas.

Aquel era un fin de semana como otro cualquiera, y decidimos
(decidió ella) ir a hacerle una visita a mi suegro. El cual, desde que enviudo
hace unos años, vive solo en su chalet de la sierra. No es exactamente el fin
del mundo, entiéndanme, son varios dúplex adosados en una zona de esas
aparceladas al final de un pueblecito con bastantes habitantes. El caso es que
nos plantamos allí un viernes por la tarde, después de una interminable caravana
de esas que te hacen llorar de la emoción para poder salir de la ciudad.

Nada mas abrir la vallita de la entrada (se entra por un
pequeño jardín rodeado de altos setos) oí una especie de sordo gruñido a la
derecha. Me quede como las estatuas del parque al ver a un par de metros a una
fiera disfrazada de perro que me miraba con cara de mala leche. Creo que hasta
deje de respirar del susto que me dio ver aquel gigantesco perro que parecía
querer tomarme de merienda. Mi mujer se limito a decir ¡que lindo!… como si
aquella mole de músculos y dientes no fuera mas que un simpático gatito.

Por suerte salió mi suegro a saludarnos y he de reconocer que
tenia muy entrenado a la bestia, pues le basto un par de palabras muy raras
(luego supe que era alemán) para que se quedara callado y sentadito. Eso si, sin
quitarnos la vista de encima, como esperando que su amo le diera permiso para
limpiarse los dientes con mis huesos. Mientras repartíamos los consabidos besos
y saludos de rigor (yo siempre con los ojos puestos en el descomunal bicho por
si acaso) mi esposa le pregunto acerca de "Satán" (nunca mejor puesto un
nombre). Y mi suegro nos explico que lo había comprado para sentirse mas seguro,
pues habían habido varios robos en la vecindad.

Luego nos dijo que nos estuviéramos quietos que lo iba a
soltar de su caseta para que nos oliera y así no nos gruñera la próxima vez que
nos viera. Yo, cuando le vi soltarlo, no sabia si salir corriendo de vuelta al
coche o subirme al árbol limonero que tiene allí. Decidí quedarme quieto, como
hacen en las películas, a ver si no me comía.

Si mientras olisqueo mis manos yo estaba pálido y sudoroso,
cuando metió su hocico directamente en mi entrepierna pense que me desmayaría
del susto. Por suerte se limito a husmear y pronto pude escaparme a la seguridad
de la calle, con la excusa de ir a recoger el equipaje, mientras Satán se
acercaba a oler a mi esposa. Lo ultimo que vi mientras abría la vallita fue que
el bicho había metido la cabeza bajo la minifalda de mi mujer para oler también
su entrepierna.

Es curioso, si me voy solo de viaje un mes a algún sitio me
llevo un par de bultos. Sin embargo, cuando salgo con mi esposa de fin de semana
parece que nos mudamos. Por eso tarde un buen rato en sacar todos los bártulos y
trastos del maletero y llevarlos hasta la entrada. Cuando me asome a la vallita
vi que la imagen seguía igual que al salir.

No puedo saber si el perro estuvo todo el tiempo bajo la
minifalda, pero en ese momento me dio la impresión de que había estado todo el
rato con la cabeza hay metida, mientras mi esposa charlaba con mi suegro sin que
al parecer le molestara la insólita situación. Al oír el ruido de la vallita el
chucho saco el hocico de debajo de la minifalda de mi mujer, y casi podría jurar
que el muy cochino se relamía el morro mientras me miraba con ojos asesinos.

Esa noche no paso nada. Entiéndanme, nada de nada, pues creo
que mi suegro ha dejado las viejas camas sin engrasar a propósito. Estas hacen
un ruido endiablado cada vez que te das la vuelta, con que imagínense lo que
seria hacer el amor en ellas. Yo también lo tengo que imaginar puesto que mi
esposa se niega a hacer el amor en condiciones tan ruidosas.

Me pase todo el sábado metido en la casa, hablando y
discutiendo con mi suegro de mil cosas, mientras mi mujer aprovechaba el dia
soleado para tomar el sol en el jardín. Si no la acompañe fue tan solo, y no me
duele admitirlo, por el acojone que me daba el perrazo. Al contrario que ella,
que parecía encantada con su presencia, pues hasta lo había soltado para que
correteara libremente por el jardín. Yo, cuando quería preguntarle algo, me
asomaba a la puerta y desde el quicio de esta le preguntaba. Pues ella estaba
tumbada en una esquina de la casa y desde la entrada no podía ver mas que la
punta de sus pies.

Cuando le pregunte que porque se había escondido tanto me
dijo que era porque estaba haciendo toples y no quería que algún vecino entrara
de improviso y la sorprendiera. Yo dudaba que alguien fuera tan suicida, dado
que el animal estaba todo el tiempo a su lado, salvo cuando oía que yo abría la
puerta y venia a gruñirme por mi insensata osadía.

Por la tarde salimos los tres a dar una vuelta por el pueblo,
y a saludar de camino a algunas viejas amistades que alli teniamos. A nuestro
regreso me sorprendió ver que el animal mostraba mucho mas interés en saludar a
mi esposa que a su dueño, mientras que a mi ni siquiera me miraba. Mi mujer, en
correspondencia a sus alegres meneos de cola, se acerco a jugar con el; y a
desatarlo, por lo que me apresure a entrar en la casa en pos de mi suegro.

Desde la acogedora protección de la puerta le pregunte si
quería tomar algo, y mientras me decía que no vi como el descarado chucho tenia
introducida toda la cabezota en el holgado escote de su camisa. Yo sabia que esa
tarde había salido sin el sujetador, como hace a menudo, por lo que no me
explicaba porque estaba respondiéndome tan tranquila mientras el bicho campaba a
sus anchas bajo sus ropas, haciendo vete a saber que.

Capitulo 2: M/F

Bien, y ya llegamos a la noche en cuestión, cuando mi esposa
vino muy melosa hasta mi cama a besarme, mientras su manita empezaba a jugar con
mi virilidad. Que ya se había puesto casi rígida solo con ver como se marcaban
sus abultados senos en el tenue tejido. Créanme si les digo que esa visión es
capaz de ponérsela dura a cualquiera. Empece a acariciarla yo también, metiendo
mis manos bajo su camisón para constatar su total desnudez, viendo que esa noche
prometía haber juerga… y vaya si la hubo.

Cuando intente recostarla a mi lado se negó, diciendo que la
cama hacia mucho ruido. Y cuando la mire interrogante para saber como quería
hacerlo me indico, muy melosa, que se le había ocurrido hacerlo en el jardín.
Como supondrán su respuesta me anonado. Yo sabia, desde hacia algun tiempo, que
uno de sus sueños eróticos era hacerlo en el campo, pero ella nunca lo había
hecho conmigo, a pesar de haber tenido varias oportunidades, por exceso de
vergí¼enza y pundonor. Pues temía que alguien pudiera sorprendernos.

Así que decidí seguirle el juego, pues con el recalenton que
llevaba a esas alturas no era cosa de parar ahora. Además ella estaba mucho mas
excitada de lo que la había visto en años. Ella salió primero a colocar la
amplia toalla en el césped, y yo la seguí tan solo unos minutos después, tras
asegurarme que los tremendos ronquidos que emitía mi suegro eran de verdad, y no
los efectos sonoros de una película de terror, pues cuando ronca da hasta miedo
oírlo.

Nada mas llegar junto a mi esposa me obligo a tumbarme sobre
la toalla, lamiéndome de arriba abajo mientras me quitaba el pijama. Era una
delicia verla tan cachonda. El colmo fue cuando poco después, arrodillada entre
mis piernas, le pego varios besos, largos y absorbentes, a mi pétreo aparato,
dejándolo mas que listo para el inminente acople, algo que solo hace en
ocasiones muy puntuales. Este fue como la seda, pues se sentó encima mío con una
suavidad de lo mas elocuente, señal de que su intimidad estaba encharcada como
hacia tiempo que no lo estaba.

Yo, que ya había desabrochado los lazos frontales de su fino
camisón para apoderarme de sus pechos fácilmente sin tener que desnudarla del
todo, empece a sobar complacido sus duros y gruesos melones, jugueteando
extasiado con los sensibles pezones que tanto me gustan. Mientras ella empezaba
un cabalgar, cada vez mas frenético, que me estaba derritiendo de placer.

Capitulo 3: M/F, ZOO, C

Ahí estaba yo, pegando uno de los polvos mas entusiastas de
mi breve vida conyugal, cuando de repente sentí un húmedo y áspero lengí¼etazo en
todos los huevos. Fue tan grande el sobresalto que ni siquiera grite. Me quede
helado, quieto como si fuera un palo a la espera de que el despiadado y
diabólico chucho (pues solo podía ser Satán el causante) decidiera comerse de un
bocado mis huevos después de haberlos ya saboreado.

No fue así y, como pasaron un par de minutos sin ninguna
novedad, empezó a remitir poco a poco mi pavor, hasta que volví a sentir otro
húmedo lengí¼etazo en el mismo sitio. El pánico me invadía segundo a segundo, por
lo que le dije a mi esposa, que seguía cabalgándome sin descanso, ajena a mis
tormentos y sufrimientos, que el perro estaba suelto por el jardín con un
angustiado hilillo de voz. Ella, entre gemido y gemido, me dijo que ya lo sabia
y que no importaba, que siguiera.

No podía creer lo que me estaba pasando, así que me gire un
poco y aparte el amplio camisón que obstaculizaba mi vista, hasta ver al
causante de mis desgracias. Gracias a la pálida luz de la luna pude ver con
bastante nitidez a Satán situado detrás de mi esposa. Fue entonces cuando repare
en que sus lengí¼etazos habían sido solo un par de errores, porque lo que estaba
lamiendo el chucho, vete a saber desde hacia cuanto rato, eran las apetitosas
nalgas de mi mujer. Desnudas e indefensas ante su continuo ataque.

El perro tenia el hocico incrustado entre sus dos cachetes,
degustando su estrecho canal una y otra vez, dejando ver la punta de su
larguisima lengua rosada solo cuando esta asomaba por alguno de los dos extremos
de sus glúteos en alguno de sus lengí¼etazos. No sabia como reaccionar ante lo
que estaba viendo, pues aun no me había hecho a la idea de que era el apetitoso
culo de mi esposa lo que estaba lamiendo el chucho con tanto afán.

Sobre todo porque es la parte de su cuerpo que me es mas
prohibida. Apenas me deja acariciarselo y salta como si le picara una serpiente
cada vez que, durante nuestros encuentros amorosos, le planto un besito o un
mordisquito en salva sea la parte. Solo una vez pude meter el dedo en su
agujerito mientras pegábamos uno de nuestros polvos mas frenéticos en el viaje
de novios. Y me hizo prometer que no lo volvería a intentar mas. Por lo que
sodomizarla ni siquiera había entrado en mis planes, por ahora.

Y, sin embargo, ahí estaba el perro, lamiendo la mar de
feliz, sin que ella dijera ni mu. Pues no solo aceptaba gozosa sus continuos
lameteos sino que estos estaban consiguiendo que su cabalgar fuera cada vez mas
frenético. Tan ansiosa me poseía que logro el milagro de que mi miembro siguiera
rígido, ajeno a lo mal que lo estaba pasando su dueño.

Como a pesar de todo no me fiaba, seguía mirando al bicho
mientras continuábamos, y pude ver como empezaba a salirle del capuchón de abajo
un cipote rojo cereza descomunal. Yo la tengo normalita, para que lo voy a
negar, pero he visto, como supongo que todos ustedes, a bastantes tíos desnudos,
sobre todo en mi época militar. Pues bien, muy pocos de ellos podrían competir
con el exagerado chisme que empezó a descapullar ante mi atónita mirada.

Le dije a mi esposa que el bicho se estaba excitando y ella,
besándome con pasión en la boca me dijo que lo dejara en paz, que era normal. Yo
sabia que no era "normal" lo que estaba viendo, pero me deje llevar por sus
fogosos besos y trate de no pensar en el animal, nunca mejor dicho, que estaba
entre mis piernas.

Todo sucedió muy rápido. Cuando note que dos zarpas rozaban
la cara interna de mis muslos, y que las otras dos arañaban mi estomago, mi
esposa me mordió salvajemente un hombro, mientras chillaba quedamente ( aun hoy
no se si de dolor o de placer ). Durante un instante, que se me hizo eterno, nos
quedamos los tres quietos, como si fuéramos una aberrante postal navideña. Yo no
podía dejar de mirar el negro hocico de la bestia por encima del hombro de mi
mujer. Hasta que este inmundo bicho, a un metro escaso de mi, con la boca
abierta y la lengua fuera, empezó a menear las caderas poco a poco.

Fue como si le dieran cuerda a mi esposa, pues ella empezó a
seguirle enseguida el ritmo, con su cabeza todavía sobre mi hombro, gimiendo
quedamente ante su primera enculada. Yo, estoico, notaba como los duros y
ásperos pelos de la entrepierna del odioso animal rozaban mis propios
testículos. Sobre todo ahora que la bestia, completamente alojada dentro del
hats ese instante virginal culito de mi mujer, aumentaba el ritmo de su
penetración, hasta hacerlo vertiginoso.

Su violento vaivén me obligaba a adoptar un ritmo
inusualmente rápido, pero efectivo, pues mi lujuriosa esposa pronto encadeno no
menos de tres orgasmos seguidos. Yo no estaba acostumbrado a una penetración tan
acelerada, salvaje y profunda, por lo que me corrí bastante antes de lo
habitual, acompañando a mi mujer en un nuevo orgasmo.

Mi pobre miembro, al encogerse, salió por si solo de la
cálida y chorreante funda que lo albergaba, dejándome tumbado debajo de ellos
dos, que continuaban cabalgando incansables. Decidí, por lo tanto, quitarme de
en medio, y salí reptando de la toalla hasta colocarme a un lado de la pareja.

Ahora que podía ver mucho mejor la escena me parecía algo de
lo mas aberrante. Mi dulce esposa, arrodillada, y con la carita enrojecida y
perlada de sudor apoyada de cualquier forma sobre sus codos y sus brazos
jadeaba, con la boca abierta, ante las enculadas del animal. Y este, aferrado
sobre su espalda, babeaba satisfecho sobre su espalda, mientras incrementaba el
ritmo de sus embestidas de un modo realmente despiadado.

Pense que todo había acabado cuando el afortunado bicho por
fin eyaculo, empujando de tal modo que arranco un nuevo y violento orgasmo a mi
insaciable mujer, sacando del interior del trasero recién desvirgado de esta un
trozo de carne roja aun mayor de lo que recordaba. Pero de nuevo me equivoque
lastimosamente.

El chucho, nada mas bajarse de mi satisfecha esposa, empezó a
lamer los restos de la contienda, no haciéndole ascos ni a los suyos ni a los
míos, lamiendo por igual por delante y por detrás. De echo fue dedicándose cada
vez mas a su intimidad, para alegría de mi esposa, que gemía y suspiraba como si
la larga lengua de su amante la estuviera volviendo loca.

En vista de que seguía con todo el chisme al aire, igual de
rígido que antes, si no mas, empece a temerme lo peor. Sobre todo por el ansia
con que lamía ahora su conejo. Y así fue. La bestia volvió a acomodarse sobre mi
sumisa esposa, aferrándola firmemente por las caderas con sus patas, para
introducirse hasta el fondo en su intimidad. La pobre, acostumbrada al calibre
mediano de mi arma, solo podía boquear, jadeando medio asfixiada ante el enorme
cañón que acababa de alojarse violentamente en su estrecho cuartel. Y bien hasta
el fondo que entro, pues con cuatro embestidas se la metió hasta el final.

De nuevo su frenético vaivén obro el milagro de convertir a
mi apocada esposa en una autentica viciosa suspirando de gozo entre sus fuertes
patas. Alcanzando en pocos minutos el enésimo de los incontables orgasmos que
tuvo aquella memorable velada. Por lo que a mi respecta diré que algo de lo que
vi cambio el asco inicial por algo parecido al deseo, pues los gemidos de mi
cónyuge así como sus violentos orgasmos lograron el milagro de volver a poner mi
querido aparato rígido sin que ni ella ni yo lo tocáramos.

No pude resistir la tentación de acercarme cautelosamente a
su lado y poner al alcance de sus labios gordezuelos mi miembro. Ella, al sentir
el roce de mi glande contra su mejilla abrió los ojos y, sonriéndome, se la
metió en la boca sin dejar de suspirar. He de decirles que casi nunca me la
mama, pues le da asco, pero aquella noche absorbió mi polla como si le fuera la
vida en ello, logrando que me corriera con una abundancia inusual.

Si no fuera por el temor que aun me inspiraba la cercanía del
odioso animal hubiera disfrutado aun mas de su espectacular felación. Sin
embargo ella disfruto tanto de su amante de cuatro patas que cuando este por fin
acabo, y se marcho tan tranquilo y feliz a su caseta, tuve que cogerla en brazos
y llevarla a la cama, pues no se sostenía siquiera en pie.

El domingo no se pudo levantar hasta mediodía, pero paso toda
la tarde tomando el sol en el jardín mientras su padre y yo veiamos la tele
cerveza en mano. Aunque admito que yo no dejaba de pensar en que estaria
sucediendo fuera y sin animos de salir a averiguar la verdad. Solo la vi una
vez, cuando salí a avisarle de que ya pronto nos íbamos y la vi toda sudorosa y
espatarrada sobre la toalla arrugada mientras el perro le lamía concienzudamente
el sabroso conejo desnudo.

¿Qué por que les cuento todo esto? Porque desde que volvimos
me esta diciendo que no ve bien que su padre pase tanto tiempo solo. Y a
insistido tanto que al final se va a ir toda una semana a hacerle compañía. Y yo
tengo la certeza de que solo quiere ver de nuevo a Satán. Y, posiblemente,
copular con el. Por eso acudo a ustedes, por si alguien se ha visto en una
situación similar y me puede aconsejar sobre como he de actuar.

 

Resumen del relato:
    El esposo narra como el perro del suegro viola a su esposa mientras hacen el amor.

El rodaje

El rodaje (23)

EL RODAJE

Capitulo 1: ZOO/F, V (mono)

Empezare diciendo que me llamo Raquel, tengo algo menos de
treinta años y que, sin ser ninguna belleza, soy bastante atractiva, aunque
reconozco que a los hombres siempre los he atraído mas por mi exuberante físico,
dotado de unas firmes curvas, algo mas que generosas, que por mi cara.

Y, hasta hacia muy poco, vivía con mi novio en la ciudad.

Pero una tarde, al regresar a mi casa unas horas antes desde
el trabajo, por culpa de una repentina y molesta jaqueca, me lo encontré dándose
el lote con una de mis mejores amigas en nuestra propia cama, ambos medio
desnudos y la mar de divertidos al parecer.

Ni que decir tiene que desde ese momento me quede sin novio y
sin amiga.

Debido a este inesperado y desagradable incidente decidí
adelantar unos días mis vacaciones de verano y marcharme en julio en vez de en
agosto, como había previsto, para tratar de olvidar lo cerdos que pueden llegar
a ser algunos hombres.

Cuando llame a mi anciana madre para decirle lo que había
pensado hacer me comento que mi hermano se había trasladado hacia poco mas de
una semana, a la vieja casa que tenia nuestra familia en el pueblo, y que podía
pasarme a verle antes de ir al extranjero.

He de confesarles que he sido una ferviente admiradora de mi
hermano mayor desde que era una niña, admiracion que seguia profesandole. Pues
no en vano Lucas es el aventurero de la familia y, desde que se marcho de mi
casa, ha desempeñado mil y un oficios diferentes.

Ha sido bailarín, electricista, músico, fontanero,
representante, acróbata, actor, instalador de videos de seguridad, ayudante de
veterinario y, la ultima vez que me escribió, me contaba que era ayudante del
domador de animales de un pequeño circo de provincias que actuaba en el
extranjero.

Como lo cierto es que tenia muchisimas ganas de volver a
verlo, no me lo pense dos veces, y me fui hasta el pequeño pueblo donde habían
nacido mis padres, pues allí estaba la vieja casa del abuelo. Esta se encontraba
en las afueras, algo alejada de la población, pero en perfecto estado de uso;
pues mis padres, o mis tíos, solían pasar por la localidad alguna que otra vez,
a lo largo del año, para mantenerla habitable y en buen estado.

Cuando llegue, sin avisarle, me lo encontré hecho un
autentico desastre.

Estaba mucho más delgado que la ultima vez que lo había
visto, un par de años atrás, y presentaba un aspecto general de desaliño y
cansancio que me hizo pensar que se encontraba enfermo.

Me preocupo tanto su mal aspecto y semblante que casi no
repare en el pequeño monito que se escondía juguetón entre sus piernas. Este era
un chimpancé joven, muy gracioso, que llevaba una serie de raros aparatos atados
en la cabeza, los brazos y la cintura.

Lo cierto es que el animalito era muy cariñoso y, en cuanto
mi hermano Lucas lo soltó, se me echo encima, loco de alegría, para abrazarme
efusivamente, mientras jugaba con mi larga melena morena, de la que siempre me
he sentido bastante orgullosa.

Yo no entiendo nada de animales, aunque me gustan mucho, así
que pense que su gran pene, si consideramos su pequeño tamaño, era normal. Por
lo que procure no fijarme mucho, ni darle mayor importancia de la que tenia,
aunque he de confesar que atraía la mirada con su gracioso pendular, golpeando
sus muslos a cada paso que daba.

Mientras Lucas me contaba algunos detalles de su azarosa vida
pasada, y se preocupaba por la mía actual, Brutus, que así se llamaba el mono,
dejo de interesarse por mi pelo y, sentándose en mi regazo, empezó a jugar con
mis grandes pechos, toqueteándolos con sus pequeñas manitas.

Como mi hermano no le daba la menor importancia y el animal
los apretaba con bastante cuidado y suavidad, decidí tratar de ignorarlo yo
también.

Pero cuando al fin se me endurecieron los sensibles pezones,
marcándose de un modo llamativo en la ropa y Brutus empezó a lamerlos y
mordisquearlos delicadamente a través de la fina tela de la camisa, decidí que
había llegado el momento de quitármelo de encima.

Iba a hacerlo cuando Lucas me susurro que me estuviera quieta
y que no me moviera, no supe porque me lo decía hasta que me fije en que el
monito estaba intentando soltar uno de los grandes botones de la camisa. Me
quede tan absorta como mi hermano viendo los encomiables esfuerzos que realizaba
el hábil animal por soltar el botón en cuestión.

Parecía que el pobrecillo iba a desistir de lograrlo cuando,
al fin, consiguió soltar uno de ellos.

El monito enseguida aprendió como debía hacerlo y, en breves
instantes, me había desabrochado otros dos botones más; los justos para poder
meter los dos bracitos dentro de mi camisa, y tratar de liberar uno de mis
grandes senos de la opresión del sujetador.

Como el que llevaba puesto ese día era de fino encaje cedió
enseguida a sus frenéticos tirones, dejando uno de mis abultados senos
completamente a la vista del osado animal.

Mi grueso fresón endurecido atrajo pronto su interés. Pues el
glotón, pellizcándome suavemente el gordo pezón, intento metérselo dentro de la
boca, sujetándose con la otra manita a mi pecho para entrar de cabeza por el
amplio escote de mi camisa entreabierta.

Yo, bastante sofocada, no sabia como reaccionar ante su
súbito ataque, pero por suerte fue justo en ese momento cuando Lucas, loco de
alegría, me lo quito por fin de encima, y se lo llevo a la cocina, para darle un
par de plátanos como recompensa a su esfuerzo.

Cuando se le paso la euforia me contó, bastante abatido, cual
era su problema.

En primer lugar me llevo a ver a otros dos animales, un
precioso pastor alemán llamado Atila, y un enorme orangután al que llamaba
Cesar. Estos también tenían esos curiosos chismes atados en la cabeza, y en la
barriga, además de en las manos del orangután.

Según me enseño Lucas un rato después lo que tenían puesto en
sus cuerpos eran unas pequeñas cámaras de vídeo que mandaban la imagen a diez
pequeños televisores, uno por cámara, que estaban acoplados a un aparato de
vídeo que podía poner en marcha cuando quería, gracias a un control remoto, y
grabar de esta manera todo lo que se veía a través de ellas.

Según me contó mi hermano todo empezó cuando el domador de
monos del circo quiso sacrificar a Brutus. Ya que los padres se quejaban de que
su exuberante miembro no era lo mas apropiado para los niños, pues se fijaban
demasiado en el, y poco en la actuación.

Lucas, que le había cogido mucho cariño al animal, ideo lo de
las cámaras en la cabeza y en las manos, para ver si así le sacaba alguna
utilidad científica y no lo sacrificaban, pero a nadie parecía interesarle el
proyecto.

Hasta que un día, en una ciudad alemana, conoció a un
promotor de películas pornográficas, que estaba interesado en saber si Brutus
podía servirle como partenair para la filmación de alguna de sus películas.

Estuvieron bebiendo y charlando durante toda la tarde, hasta
que a Lucas se le ocurrió que si podía añadirle una de sus cámaras en la cintura
conseguiría un rodaje muy original de todo el coito.

Al productor alemán le pareció una idea realmente magnifica y
le presto, aparte del dinero necesario para comprar todos los útiles para el
rodaje, a Atila, un perro que había sido entrenado desde que era un cachorro
para hacer el amor con mujeres; y, por su gran aparato, y su gran habilidad con
la lengua, se había convertido en una estrella porno muy conocida.

Gracias a las influencias del alemán también pudo sacar a
Cesar del viejo zoo en que estaba recluido. Ya que también su enorme miembro le
había producido algunos problemas al director del mismo, ordenando por ello su
encierro en una celda aparte.

Mi hermano se trajo a toda la trupe a la casa de nuestros
abuelos, para poder trabajar en paz.

Y, con muchisima paciencia, había conseguido que se
acostumbraran a llevar las cámaras bastante antes de lo que había previsto;
pero, cuando creía haber conseguido lo más difícil, empezaron realmente sus
problemas con los animales.

Como el presupuesto de que disponía no daba para mucho Lucas
se había tenido que contentar con utilizar maniquíes comprados de segunda mano y
unas muñecas hinchables para que sus animales practicasen, y lo cierto es que
así no adelantaba nada.

El perro estaba tan acostumbrado a hacer el amor con mujeres
desnudas, y dispuestas, que no se quería molestar ni siquiera lo mas mínimo para
obtener su dulce recompensa.

Pues Lucas recompensaba a todos los animales con comida cada
vez que hacían las cosas bien, como hacían en el circo, pero Atila lo mas que se
dignaba era a olfatear, y a veces incluso lamer, las bragas, a la espera de que
su dueña se las quitase voluntariamente.

Y eso no le interesaba ni a mi hermano ni al productor. Pues
la idea era que se viera bien a las claras, gracias a las minicámaras ya
mencionadas, como los tres animales usaban sus habilidades innatas para desnudar
y poseer a las actrices de forma natural y espontanea.

Y no le iba mucho mejor con los simios.

Brutus había aprendido rápidamente a bajar sujetadores,
bragas y cremalleras para obtener su recompensa, que solía ser una especie de
pasta de plátano que Lucas untaba en los rígidos senos de los maniquíes y que al
monito le gustaba con locura. Acabábamos de ver que también podía soltar botones
y, quizás, con un poco de practica, hasta aprendería como abrir los broches y
corchetes.

Pero el simpático Brutus no quería saber nada de las mujeres
en el aspecto sexual, mucho dinero tuvo que tirar mi hermano en contratar
prostitutas hasta que se convenció de que el apático animal no sentía el menor
interés en hacer el amor con una hembra humana.

Y con Cesar, el orangután, ni siquiera llego a intentarlo,
pues ninguna se quiso acercar a él, a pesar de lo tranquilo y pacifico que era
el pobre animalito; aunque eso sí, mi hermano aun no había conseguido que
soltara ninguna prenda sin romperla primero.

Yo misma vi como rasgaba rudamente la gruesa blusa que
llevaba puesta uno de estos maniquíes, sin hacer ningún esfuerzo, para saborear
después, con toda tranquilad, la pasta de plátano, con una delicadeza que no
parecía corresponder, en lo mas mínimo, a su fiero aspecto.

Y a Lucas estaba apunto de acabársele el dinero de que
disponía, por eso estaba tan abatido, porque no sabia como iba a poder no solo
devolver lo que le habían dado, sino mantener después a los dos simpáticos
monos, que ya eran de su exclusiva propiedad.

A mí la verdad es que dinero no me sobra, pero si corazón,
así que decidí usar el dinero que iba a emplear en el viaje para ayudar a mi
hermano en todo lo que pudiera, a ver si lográbamos salvar su curioso proyecto,
aunque tuviera que hacer de cobaya para él.

Solo le puse dos condiciones. La primera es que no me dejaría
poseer por ningún animal, pues era una experiencia que no me apetecía tener en
absoluto. Y la segunda es que todo lo que se grabara durante las pruebas seria
borrado antes de que yo me fuera de la casa.

Mi hermano, ilusionado de nuevo, lo acepto todo sin dudar un
momento, y me instale en una de las habitaciones disponibles, con la esperanza
de que mi querido Lucas volviera a ser, muy pronto, el alegre compañero de
diversiones que era antes.

Capitulo 2: ZOO/F, V (mono, perro)

Al día siguiente empezamos las practicas con el pequeño
Brutus, pues era el que menos miedo me daba. Así que me unte un poco de pasta de
plátano en los pezones y me puse un top de cuero con cremallera, sin sujetador,
para ver como abría la cremallera.

El monito se me hecho encima, gozoso, nada mas verme, y
después de alborotarme un poco el pelo se lanzo de lleno a jugar con mis
abultados pechos. Como el cuero no le permitía acariciarme con comodidad no
tardo apenas nada en bajarme la cremallera y llegar hasta mis enormes pechos
desnudos. De los cuales se adueño en breves instantes.

Yo lo veía todo, al igual que Lucas, a través de las pequeñas
cámaras que llevaba, y me sentí un poco incomoda al ver como las diminutas y
potentes luces que llevaban acopladas todas las cámaras permitían observar, con
excesiva nitidez, como el monito lamía y saboreaba mis gruesos pezones,
limpiándolos de la capa de pasta a base de lametones, hasta hacerlos endurecer.

Pero lo cierto es que mi hermano solo parecía estar atento a
las hábiles maniobras de Brutus, así que llegue a calmarme lo suficiente como
para disfrutar con la rápida y áspera lengua que se enroscaba en mis rígidos
pitones. Cosa que en verdad no me esperaba.

Mi hermano, como me había prometido, nada mas terminar la
prueba se dedico a borrar toda la grabación bajo mi intranquila y atenta mirada,
para después dedicarse a trastear en sus complicados instrumentos, mientras yo
me daba una ducha rápida con agua bien fría. Pues, para mi sorpresa, el monito
me había excitado bastante mas de lo que hubiera creído posible.

Lo que yo no podía saber era que, en ese mismo instante, el
espabilado de Lucas estaba ultimando los detalles para acoplar su vídeo con otro
vídeo que tenia de repuesto, y que escondió dentro de los otros aparatos, para
que ambos grabaran a la vez. Así, aunque borrara las cintas de vídeo en mi
presencia, aun le quedaría otra copia en su poder.

Al final de mi relato sabrán como he llegado a averiguar lo
que hizo el muy truhán con todo lo que se grabo en las mencionadas cámaras a
partir de ese momento.

La primera grabación que obtuvo de esa manera fue esa misma
tarde, con Atila.

El perro, metiendo su cabeza por debajo de la camisa, apenas
se digno a darme un par de rudos lengí¼etazos en mis senos, los justos para
limpiarme los pezones de mermelada.

Pero cuando Lucas, comprensivo, se fue del cuarto para
dejarnos solos y le enseñe mi intimidad, desnuda bajo la breve minifalda, se
convirtió en un autentico torbellino.

Les puedo asegurar que ningún hombre había conseguido jamas
hacerme alcanzar tanto gozo solo con la lengua, pues tuve que morder la camisa
para que mi hermano no oyera mis gritos de placer desde el comedor. Me corrí al
menos en tres ocasiones antes de que me diera cuenta de que el animal estaba
buscando ya la mejor posición para penetrarme.

Con las piernas temblando me aparte de él como pude. Pues, a
pesar del enorme placer que me había proporcionado, no estaba dispuesta a
dejarme poseer por un animal. Así que le deje solo en la habitación, jadeando y
aullando de deseo insatisfecho, mientras me marchaba de nuevo a la ducha, para
intentar apagar el fuego que había encendido en mi interior.

Creo que el dejar a Atila con las ganas de poseerme fue una
buena idea pues, en los días sucesivos, mejoro de forma prodigiosa su habilidad
para deshacerse de mis bragas.

Si estas me quedaban flojas se contentaba con introducir la
habilidosa lengua por uno de los laterales para alcanzar mi húmedo trofeo, al
que no me hacia falta untar de pasta para atraer su atención; pero cuando me
quedaban ajustadas las rasgaba, con un seco tirón de los dientes, para que nada
le impidiera saborear mi gruta todo el tiempo que podía soportar el placer.

Pero con los pantalones no había manera, pues no sabia por
donde atacar.

Al final, tras muchos esfuerzos, conseguimos que, si le
dejaba abierta la bragueta, y me abría lo suficiente de piernas, metiera el
húmedo hocico hasta lo mas hondo, rompiéndome las braguitas para saborear mi
dulce intimidad. Pero, aunque el placer fuera el mismo, la grabación salía
fatal, ya que la cámara no conseguía enfocar correctamente. Lucas apenas
insistía en comprobar la calidad de las grabaciones mientras veía el progreso de
los animales, pues se hacia cargo del apuro que yo pasaba, y que no disminuía
hasta que borraba las cintas.

Pero eso si, él podía ver las copias, a su antojo, cada noche
en su cuarto, todas las veces que le daba la gana; contemplando, cómodamente,
como disfrutábamos todos.

Capitulo 3: ZOO/F, V (orangutan, mono)

En poco tiempo me hice una gran amiga de Cesar, pues todo lo
que tenia de grande lo tenia de bueno. Me pasaba las horas acomodada en su
regazo, dejando que buscara bichos imaginarios por mi larga cabellera, mientras
leía algún libro.

Solo se interesaba por el resto de mi cuerpo cuando se lo
pedíamos; y entonces si que no había quien le parara. El muy bestia, con solo
unos zarpazos, me dejaba con los dos senos al aire, para saborear, con mucha
parsimonia, y con mucho cuidado, la pasta de plátano que allí había.

Me sentía totalmente indefensa desnuda frente al enorme
animal, mientras sus grandes manazas se apoderaban de mis globos, rodeándolos
casi por completo.

No me quedaba tranquila hasta que limpiaba mis senos de la
pasta a lengí¼etazos; ya que entonces, como mis lindos pezones le dejaban
indiferente, me dejaba marchar de su lado sin problemas.

A decir verdad, estos solo le interesaban al pequeño monito,
pues cada vez que lo soltábamos me perseguía por toda la casa, con la esperanza
de poder apoderarse de ellos.

En cuanto perfecciono la técnica de soltar botones no tardo
en aprender la manera de abrirme cualquier clase de camisa, o vestido, para
llegar en un pispas hasta el sujetador.

Una vez allí solo tardaba unos segundos en dejarme con ambos
pezones al aire, para poderlos mordisquear tanto rato como le dejara. Ya no
hacia falta que me pusiera nada en ellos, pues parecía que su sabor le gustaba
mas que la mermelada que usábamos.

Recuerdo con agrado aquella tarde en la que, aprovechando la
ausencia de mi hermano, me tome la libertad de deambular por la casa ataviada
tan solo con el pantalón corto del pijama. Y este tan solo para evitar que Atila
hiciera de las suyas. Pues bien, Brutus paso toda la velada colgado de mis
globos, balanceándose de uno a otro mientras me los lamía ebrio de placer. No
solo se lo permití sino que incluso me masturbe en un par de ocasiones al tiempo
que lo hacia.

Una noche Lucas se olvido encerrarlo en la habitación de los
animales, o al menos eso creía yo entonces. Y, a la mañana siguiente, cuando me
desperté por la mañana, me lo encontré durmiendo, acomodado entre mis opulentos
senos desnudos, aferrado a uno de mis pezones mientras chupaba del otro como si
fuera un bebe. Como tengo el sueño bastante pesado no tengo forma de saber
cuanto tiempo estuvo jugando con mis pechos, pero mis irritados pezones me hacen
suponer que fueron muchas horas de degustación.

Capitulo 4: ZOO/F, ZOO/f, V (mono, orangutan, perro)

Por todo lo narrado se harán una idea aproximada de lo bien
que iban las cosas, hasta el día en que vinieron mis tíos a pasar la noche.
Ellos iban camino de la casa de sus suegros y pararon, como de costumbre, en
casa de mis abuelos, para que mi tío pudiera descansar antes de seguir el viaje.

Como no teníamos teléfono su llegada nos pillo de improviso,
y no tuvimos tiempo de alojar a los animales en otro lugar mas idóneo.

Por suerte no sospecharon nada raro, y se dejaron convencer
de que las cámaras eran unos sensores médicos, y que el resto de los aparatos
eran para poder seguir con un experimento de veterinaria que mi hermano estaba
realizando esos dias. Como conocen el carácter bohemio y estrafalario de mi
hermano mayor no insistieron mas en el tema y, cuando Lucas les aseguro
reiteradamente que no le importaba lo mas mínimo dormir en el comedor, para que
yo pudiera usar su habitación, se quedaron bastante conformes.

Ante la insistencia de mi pequeña prima, pues apenas acaba de
cumplir los quince años, Lucas tuvo que dejarle jugar con Brutus.

Y aunque ambos nos temíamos que el monito vendría enseguida a
aprovecharse de mis pechos, nos quedamos sorprendidos al ver que no se separaba
de mi primita; pues, por mas carantoñas que le hiciéramos, solo asomaba su linda
y peluda cabecita de debajo del amplio peto de su pantalón de granjera cuando
esta lo sacaba a la fuerza.

Dado que mi prima es tan escasa de pecho como mi tía no
entendía que interés podía encontrar Brutus en ella, hasta que mi hermano me
dijo, al oído, que mirara lo que estaban grabando las cámaras. En cuanto lo hice
entendí lo que pasaba.

Resulta que mi prima escondía un curioso secreto debajo de su
blusa, sus pezones, en relación con sus senos, eran descomunales. Estos eran
casi tan gruesos como los míos, y bastante mas largos; parecían dos pequeños
dedos meñiques rosados, de los que Brutus parecía haberse enamorado.

El animalito solo abandonaba uno para apoderarse del otro, y
así estaba todo el rato, chupando y mordisqueando sin descanso, loco de
contento.

Con todo, lo mas sorprendente era el perfecto dominio que
ejercía mi prima sobre sus expresiones; pues, si no llegamos a ver la grabación,
no nos hubiéramos enterado de lo bien que se lo estaban pasando ambos, pues su
cara apenas reflejaba los escalofríos de placer que debía sentir mientras Brutus
se amamantaba incansable de sus largos pezones.

Pero la verdad es que tenia una buena maestra, su madre, como
pudimos comprobar poco después.

Durante la cena, que realizamos todos juntos sentados
alrededor de la gran mesa del comedor, mi tío, gran amante de los perros, dejo
salir a Atila de su encierro forzoso, para que pudiera comer las sobras del
asado que mi tía, y yo, habíamos preparado.

Cuando vimos que Atila se metía debajo del largo mantel nos
temimos lo peor, pues la amplia falda que llevaba puesta mi tía esa velada, a
diferencia de los pantalones que llevábamos el resto, permitirían al animal
hacer de las suyas. No tardo mucho, ya que al poco rato pudimos escuchar el
característico ruido que hacia Atila mientras rasgaba sus bragas.

Su repentina rigidez me hizo suponer que el animal había
logrado su objetivo, como de costumbre.

Pero ahí quedo todo, pues mi tía siguió cenando como si no
hubiera sucedido nada, no delatando por su impávida expresión que pasara algo
raro bajo la mesa.

Como el ruido que hacíamos al comer amortiguaba los que se
pudieran producir bajo el mantel, aproveche que tenia que ir a la cocina a por
unas viandas para acercarme, en una carrerita, al cuarto de mi hermano, y
quitarme las dudas que tenia.

No me equivocaba en mis suposiciones, pues allí pude ver, en
un clarisimo primer plano, como unas bragas destrozadas enmarcaban su rosada
cueva, donde la áspera lengua de Atila entraba, una y otra vez, para saborear
sus jugosos líquidos mientras la llevaba al borde del orgasmo.

El resto de la cena me lo pase admirando la increíble sangre
fría que tenían, madre e hija, para satisfacer sus mas íntimos deseos sin que
nadie se percatara de sus lúdicos actos.

Pero eso no era nada comparado con lo que sucedió luego,
cuando nos fuimos a dormir.

Dado el carácter frívolo de mis familiares, y el
apasionamiento de Atila, decidí llevarme al perro a mi habitación, para que
pasara la noche conmigo, y evitar que mi ardiente tía pudiera armar algún
alboroto si decidía visitarlo en su cuarto, como leía en su mirada.

Antes de acostarme decidí revisar las cámaras de Brutus, que
dormiría con mi prima, como era su deseo, y de esta manera fui testigo de los
libertinajes de la pequeña.

Pues la muy picara se acostó completamente desnuda con el
hábil monito.

Así, mientras el animal seguía divirtiéndose a costa de sus
curiosos pezones puntiagudos, podía masturbarse en la soledad de su habitación,
metiéndose los deditos en la intimidad como yo había hecho tan solo unos dias
antes.

Eran unas escenas tan eróticas las que se estaban grabando en
el vídeo que termine por despojarme de las braguitas, para que Atila calmara mi
creciente ansiedad con su larga y áspera lengua, mientras yo me acariciaba mis
sensibles pezones endurecidos. Creo que ambas alcanzamos el violento orgasmo
liberador casi a la vez. Creyendo que ya había acabado todo, borre las cintas,
apague los televisores, y me dispuse por fin a dormir.

Perdiéndome así el resto de los sucesos de aquella noche, y
que hubiera debido saber.

Para no tener mas problemas con Atila, que se había excitado
mas de la cuenta durante la velada, decidí dormir con los pantalones cortos
puestos, pues en la reducida habitación no había ningún sitio donde atarlo.

La mejor prueba de su tremenda excitación estaba en que no
dejo de lamerme los pechos desnudos en ningún momento hasta que me quede
dormida, les confieso que de puro agotamiento, mientras él seguía lamiendo mis
gruesos y duros pezones sin descanso; siendo esta la primera vez que lo hacia
voluntariamente y sin estímulos.

Durante la madrugada soñé que había hecho las paces con mi
exnovio, y que ambos nos devorábamos a besos en el parque al que solíamos ir de
vez en cuando, para celebrarlo.

En ese raro estado de vigilia en el que no distingues la
realidad de los sueños me pareció que no era mi novio, sino Atila el que
introducía su afilado hocico dentro de mi ansiosa boca abierta; enredando su
larga lengua en la mía, mientras saboreaba y lamía mis labios.

Quiero creer que fue solo eso, una vulgar pesadilla, pues
después soñé que le hacia a mi exnovio una espectacular mamada, de las que a él
tanto le gustaban. Chupándole a fondo hasta tragarme el abundante semen que
mano.

Y no quiero ni pensar que el raro sabor de boca, con el que
me desperté al otro día, se debiera a otra cosa distinta de lo que cene.

Lo que Lucas si pudo ver, y grabar, fue lo que hicieron mi
viciosa tía y su no menos viciosa hija, cuando todos dormíamos. Pues mi prima
logro por fin que Brutus se interesara por los espesos fluidos que tan
abundantemente habían manado de su gruta.

La forma en que lo hizo fue de lo mas natural y lógica.

En vista de que el monito no prestaba la menor atención a la
húmeda abertura que había desnudado en su honor la jovencita, ni corta ni
perezosa se apodero de su grueso cipote.

Una vez en su poder se dedico a restregar la sensible punta
por su hendidura una y otra vez, hasta que por fin Brutus reacciono. Así, con un
poco de ayuda de su parte, consiguió que el inteligente monito la penetrase por
su virginal abertura rosada. Pero no debía ser lo suficientemente estrecha, pues
este al poco rato decidió cambiar de agujero, y buscar otro mas pequeño.

Por fortuna la posición de mi prima era la adecuada y
localizo su abertura mas estrecha enseguida.

Su pasividad y permisividad ante esta inusitada intromisión
dejo bien patente que no le importaba demasiado por donde la hicieran feliz…
mientras lo hicieran.

Yo no conocía los progresos de Brutus en el aspecto sexual,
ni tampoco los de Cesar.

Pues mi lujuriosa tía, cuando aquella noche entro
sigilosamente y medio desnuda en el cuarto de los animales, en busca de Atila, y
no lo encontró, decidió probar fortuna con el orangután.

Al ver que Cesar permanecía indiferente ante los escasos
encantos que había desnudado para él, por mas que se los mostrara e insinuara,
decidió estimular su grueso miembro con sus ardientes labios gordezuelos, como
según dicen solía hacer con su apático marido, para podérselo introducir a
continuación, cuando estuviera en plena forma. Como de costumbre.

Pero le salió el tiro por la culata, pues al orangután le
gusto demasiado sentir su húmeda lengua degustando su enorme y rígido cilindro;
y, sujetándola firmemente por la cabeza, le impidió levantarse de su entrepierna
hasta que hubo eyaculado, en su interior, en tres ocasiones sucesivas, como
mínimo.

Mi tía se marcho frustrada de la habitación, habiendo
enseñado a Cesar bastante mas de lo que debía saber acerca de las virtudes de la
felación.

Capitulo 5: ZOO/F, V (mono y perro)

La mañana siguiente fue bastante ajetreada, pues ayude a mi
despechada tía a ordenar y limpiar gran parte de la casa, antes de que, por fin,
se fueran.

Lucas, que había tenido ocasión de ver, y guardar, todo lo
que se había grabado durante la pasada noche, empezó a mirarme de un modo
extraño, aunque en ese momento yo no me diera cuenta de nada en absoluto.

Después de comer estaba tan cansada que decidí dormir la
siesta, y como hacia bastante calor decidí aprovechar la soledad de mi
habitación para dormir completamente desnuda.

Mirando hacia atrás sospecho que tuvo que ser mi espabilado
hermano el que ayudara a Brutus a colarse por la ventana entreabierta de mi
dormitorio, supongo que para poder grabar aun mejor mi cuerpo desnudo, gracias a
la abundante luz del día que se filtraba.

Solo que, como supondrán, en su día no caí en ello.

Lo único que recuerdo claramente es que tuve un dulce
despertar, mientras le murmuraba, en sueños, a mi exnovio, que no entrara por
ese agujerito, que usase el de siempre, mientras meneaba de vez en cuando
inutilmente el trasero para incitarlo a salir del estrecho túnel en el que se
había alojado tan cómodamente.

Sin embargo fue el fuerte orgasmo el que me termino de
espabilar, y entonces si que me di cuenta de que el que me estaba poseyendo
fogosamente por tan incomoda entrada era el osado monito.

Este, firmemente aferrado a mis amplias caderas entraba y
salía con una rapidez endiablada, perforando mi estrecho conducto a conciencia
con su muy aceptable aparato.

Aprovechando, por lo visto, la involuntaria separación de mis
piernas para hacer de las suyas.

Por suerte para el monito, el placer domino finalmente la ira
que me embargaba, y le permití que siguiera penetrándome, hasta que su cálida
eyaculación me produjo el tercer orgasmo.

Luego ya no tuve valor para pegarle, pues había disfrutado
tanto o mas que él.

Así que separe aun mas las piernas y le deje hacer en paz.

Mi pasividad se vio premiada por una nueva enculada, que me
produjo varios orgasmos antes de que lograra obtener el su segundo.

Desde ese día Brutus se divertía el doble conmigo, pues
además de seguir disfrutando horrores con mis senos siempre buscaba la ocasión
propicia de meterse dentro de mis bragas, para intentar el acoplamiento. Eso si,
centrándo sus atenciones en mi orificio mas estrecho.

Lucas consiguió hacerse con unas grabaciones de lo mas
interesantes. Pues, aunque solo consiguió poseerme en algunas ocasiones, estas
fueron realmente memorables.

Una de ellas fue cuando Brutus logro introducirse dentro del
amplio mono de mecánico que solía utilizar cuando limpiaba la casa.

Estaba limpiando los muebles en ese momento, así que decidí
dejar que me lamiera los pechos tranquilamente, pues no me estorbaba y me daba
bastante satisfacción.

Y eso hizo, ayudándose con el arnés de mi sujetador para
desnudar y apoderarse de mis sensibles pezones. Con los cuales jugo y lamió
durante un buen rato arrancándome apagados suspiros y gemidos de placer de vez
en cuando.

Hasta el momento en que, deslizándose por mi cintura, se
introdujo en la parte trasera de mis braguitas. Fue todo tan rápido que no me
dio tiempo a reaccionar ni a quitármelo de encima antes de sentir su afilado
dardo haciendo las veces de supositorio, y después me dio igual, pues el enorme
placer que sentía bien valía la molestia de su intromisión.

Otra ocasión fue cuando me sorprendió, bastante excitada por
cierto, mientras fregaba los platos en la cocina, sola en la casa.

Esta vez, a pesar de saber lo que se proponía, consentí que
trepara por mis piernas hasta alcanzar mi trasero, bajándome las bragas de un
tirón hasta medio muslo no solo para que no le estorbaran durante el coito sino
para que le sirvieran de apoyadero.

Después me tuve que agarrar al fregadero para no caerme, pues
las frenéticas embestidas que efectuaba el monito por mi estrecho conducto con
su adorable bastón, deliciosamente aferrado a mis caderas, me hicieron flaquear
las piernas.

Estaba tan enfrascada en mi propio placer que no me di cuenta
de que Atila se acercaba a nosotros hasta que lo tuve debajo.

Supongo que los espesos fluidos que manaban de mi fuente
debían de saberle a gloria al chucho libertino, pues se acomodo rápidamente para
lamer a fondo mi desprotegida intimidad.

Estuve tanto rato recibiendo placer por ambos orificios a la
vez que termine por recostarme sobre el mármol, dado que mis piernas se negaban
a sostenerme ni un solo orgasmo mas. Aunque ellos siguieran abusando de mi
durante muchisimo mas rato.

Supongo que mi hermano guardo como oro en paño aquella
ocasión en la que, después de ducharme, me acomode en el sofá con mi batin
entreabierto, para ver la tele.

Como Brutus ya me había poseído hacia unos minutos en el
aseo, antes de la ducha, estaba lo suficientemente desfogado como para saborear
mis pezones tranquilamente mientras yo comía palomitas viendo la interesante
película.

Atila, con la cabeza sepultada entre mis piernas separadas me
lamía el conejo metódicamente, degustándolo con laxitud. El motivo de su apatía
no era otro que el baño que le había dado antes de ducharme. Pues, en vista de
que su nerviosismo no me permitía lavarlo con facilidad había optado por cogerlo
por su parte mas sensible. Dio el resultado apetecido, pues se quedo rígido al
momento.

Así, mientras lo lavaba con una mano, usaba la otra para
masturbarlo con habilidad.

Cuando acabe mi trabajo manual estaba yo tan excitada como el
desfogado, por lo que permití que entrara Brutus en el aseo para calmar mi
ansiedad.

Y, como ya iba siendo costumbre, lo hizo perforando mi
orificio mas estrecho, aquel que cada vez disfrutaba mas con sus visitas.

Por eso, a pesar de lo erótico de la escena que describía al
principio, estabamos todos tan relajados.

Tanto que termine por quedarme dormida tal y como les he
descrito.

Cuando me desperté estaba arropada y acostada en mi cama,
aunque desnuda del todo.

Por lo que, en mi estúpida inocencia, supuse que mi hermano
había echo de buen samaritano. Lo cierto es que aun no se que vio, o que hizo,
pero ahora me temo lo peor.

Capitulo 6: ZOO/F, V (mono y perro y orangutan)

Pero la mejor de todas las grabaciones la realizo mi hermano
el día que se llevo a Brutus al veterinario y me pidió que diera de comer a los
otros dos animales en su ausencia.

Como habíamos decidió no contar ya con Cesar, en vista de lo
nervioso que se había vuelto desde que se marcharon mis familiares, yo llevaba
casi una semana sin acercarme demasiado a él, pues mi presencia le ponía
frenético, y aun no sabia porque.

Esa mañana llevaba puesta solo una fina camisa de tirantes y
una minifalda, ya que quería aprovechar la ausencia de Lucas para hacer algunas
pruebas con Atila. Pues, aunque ya sabia, por propia experiencia, que estaba
listo para el rodaje, quería sentir su lengua por ultima vez.

Mientras el perro devoraba su comida me acerque al orangután,
para darle también la suya.

Supongo que fue un error.

Pues este, en cuanto me tuvo a su alcance, me tumbo sobre su
entrepierna y, sujetándome la cabeza, me introdujo el grueso miembro dentro de
la boca.

Como mi cabeza era muy pequeña para sus dos manazas solo uso
una para obligarme a chupar, mientras con la otra aferraba uno de mis enormes
senos, para que mi inmovilidad fuera total.

Tuve que aplicar toda la habilidad bucal de que disponía para
intentar que el rudo animal se corriera cuanto antes, pues no me atrevía a hacer
ningún movimiento brusco, para no irritarlo; y por que sabia que, arrodillada
como estaba a los pies del orangután, era muy vulnerable a cualquier tipo de
ataque por parte de Atila.

El perro, como si me hubiera leído el pensamiento, pronto se
desentendió de su comida y, con un simple mordisco, desgarro la débil protección
de mis finas braguitas.

Aunque el enorme miembro de Cesar casi me asfixiaba intente
succionarlo lo mejor posible para que me soltara cuanto antes.

Pero no hubo forma.

Atila, experto en estas lides amorosas, pronto acomodo sus
patas en mis caderas y me poseyó, gozoso, cuantas veces quiso.

Pues debido a los continuos e intensos entrenamientos que
habíamos tenido estaba tan excitado que tuvo que eyacular varias veces en mi
interior antes de calmarse por fin.

Si he de ser sincera les diré que pronto olvide el asco que
debía experimentar, pues el desconocido placer que sentía al estar siendo
poseída por dos gruesos miembros a la vez me hizo olvidar a que seres
pertenecían. Por lo acabe entregándome al acto con frenesí.

Al final, como no, alcanzamos múltiples orgasmos los tres,
acoplándonos en perfecta armonía, mezclando nuestros sonidos guturales de placer
como si formáramos parte de un increíble coro sexual de la selva.

Fue el coito mas salvaje que hubiera podido imaginar

Luego, mientras me duchaba, limpiando a fondo los restos del
combate, me arrepentí de haberme dejado enredar en semejante proyecto.

Pero la gran alegría del traidor de mi hermano cuando se
llevo, por fin, los animales, y las cintas grabadas a escondidas, me compenso de
los remordimientos que pudiera albergar por todo lo sucedido esos días.

De esto que les estoy contando hace ya mas de dos años, y yo
habría seguido manteniendo las buenas relaciones con mi hermano, que esta ahora
en un país centroafricano, ayudando en un proyecto humanitario, de no haber sido
por los dudosos gustos sexuales de mi jefe en la empresa.

Yo no sabia nada de su vida privada hasta que el otro día, a
su regreso de unas gestiones en Alemania, me llamo para proyectarme un vídeo
pornográfico en su oficina.

La voz no era la misma, y aparecía siempre con una banda en
negro sobre los ojos; pero, ni él, ni yo, dudamos por un solo instante acerca de
la identidad de la protagonista de la película.

El traidor de Lucas había consentido que el avispado
productor empalmara las mejores escenas de sus grabaciones hasta obtener una
película porno de zoofilia de primera a mi costa.

Mi jefe, como no, a cambio de su silencio me a convertido en
su esclava y amante.

Y lo peor de todo es que el muy cochino disfruta mas viendo
como me poseen la media docena de perros de caza que tiene en su chalet que
haciéndolo él mismo.

Casi todos los fines de semana me obliga a acompañarle hasta
allí, para someterme a toda clase de perversiones y abusos, obligándome a hacer
cosas inimaginables.

Y así me veo ahora, como esclava de un depravado por intentar ayudar a un
ingrato.

 

Resumen del relato:
    Una chica ayuda a su hermano a rodar una película porno con animales amaestrados.

Mi primera experiencia Zoo y Anal

Mi primera experiencia Zoo y Anal (23)

Soy una chica de 18 años me declaro lesbiana y ahora me
inicio en la zoofilia.

Esto me sucedió el pasado 12 de marzo de 2002.

Hace algún tiempo una mujer de nombre Johana de unos 27 años
se mostraba interesada en mi, al parecer sabia cuales eran mis tendencias
sexuales y se la pasaba haciendo invitaciones a salir y a que conociera su
apartamento, pero yo sentía algo de miedo puesto solo he tenido relaciones con
chicas de mi edad, pero al mismo tiempo sentía gran curiosidad por estar con una
mujer 10 años mayor que yo aunque joven todavía. Así que un día decidí aceptar
su invitación y el fin de semana nos fuimos de a un restaurante de la ciudad y
comenzamos a charlar como si nos conociéramos de hace tiempo. Pero Johana quería
ir directo al grano y me dijo que yo le gustaba muchísimo y que se moría de las
ganas por meter su lengua en mi vagina al principio no supe como reaccionar
había quedado traumatizada nunca pensé que ella fuera tan lanzada, y sin pasar
aquella pena me dijo que si estaba dispuesta a tener sexo con ella esa misma
noche, yo no sabia que decir y lo único que hice fue mover mi cabeza diciendo
que si.

Entonces Johana ordeno una botella de brandy para que nos
fuéramos calentado antes de ir a su casa, empezamos a consumir el brandy y como
yo no estaba acostumbrada a tomar bebidas alcohólicas comencé a sentirme mareada
muy rápido se lo hice saber a Johana y me dijo que tranquila que se pasaría
rápido yo me sentía ebria así que le dije que no esperamos mas que nos fuéramos
rápido para su apartamento para dar comienzo a su fantasía erótica con migo.

Ya en casa de Johana no queríamos esperar mas y comenzamos a
desnudarnos al mismo tiempo Johana me tomo la mano y llevo con ella hacia su
cuarto una vez allí Johana me tiro a la cama y comenzó a darme besos y caricias
yo lo disfrutaba muchísimo, Johana era una experta en eso me daba besos desde la
cabeza hasta los dedos de mis pies nunca me habían hecho esto estaba súper
mojada y aun no había pasado lo mejor. Johana me dijo que me pusiera en cuatro,
que quería ver mi trasero yo de inmediato obedecí y comenzó a besar y acariciar
mis nalgas, comenzó a lamer con lentitud mi vagina y chupaba mis labios y mi
clítoris yo no aguantaba mas era demasiado placer estaba al limite luego y
comencé a mover mi culo adelante y hacia tras como para sentir esa lengua bien
adentro, Johana no paraba de chupara mi vagina comenzó a introducir un dedo allí
y para mas sorpresa fue cuando Johana comenzó a pasar un dedo por mi ano lo
pasaba lentamente yo imagine que quería meter ese dedo en mi culito virgen
cuando de repente sentí su lengua en ano lo lamía suavemente yo levante mas mi
culo sentía la necesidad de que esa lengua entrara en mi ano, Johana con una voz
muy sensual me pregunto que si me gustaba que me lamieran el culo yo de dije que
si que era la primera vez que me lamían el ano, y nuevamente dirigió su lengua a
mi culo fue cuando sentí mi primer orgasmo fue monumental, profundo,
convulsionaba, como nunca había sentido un orgasmo.

Di un gritó y me tire hacia tras, contraía mi culito, Johana
trataba de desvirgar mi ano con su lengua luego sentí un dedo un dedo en la
entrada de mi rosado y estrecho culito y presiono el dedo para que entrara en mi
ano, emití un leve quejido, tanto de dolor como de placer. Relaje el culo y el
dedo pudo entrar mas suave me lo estaba metiendo el dedo con suavidad como para
no lastimarme Quise que el dedo entrara por completo y levanté un poco mas mi
culo, Johana lo entendió y empujo el dedo con mayor fuerza y metió el dedo así
amor mío, así mételo más, mételo, le decía a Johana y ésta metió el dedo por
completo, luego sentí la lengua de Johana en mi vagina, me chupaba mi clítoris y
lo estiraba con su boca como queriéndolo arrancar, yo estaba en lo máximo de la
excitación y le dije a Johana, por favor necesito una verga; quiero una verga la
necesito, quiero la verga que se pero rápido Johana dijo a quieres una verga
putita pues ya te la traigo y como a los dos minutos apareció con un perro, no
pensé nada e ingenuamente le pregunte donde tienes la verga que necesito y
Johana con una sonrisa picarona y de maldad me dijo mi amigo Lucas tiene la
verga que tanto deseas, yo nunca me imagine tener sexo con un perro y le dije
estas loca si crees que me voy a dejar culear por tu perro;

Johana se acerco a su armario y saco un látigo no imagine
para que era cuando de repente sentí un latigazo en mis nalgas fue muy doloroso
y di un grito hayyyyy… porque me pegaste mis nalgas me ardían me di vuelta y
pude ver la marca del látigo en mi culo; me dijo pediste una verga y te la traje
así que no es el momento de arrepentimientos dejaras que Albert de folle, me dio
temor puesto que si no aceptaba Johana me podría dar otros latigazos y yo no
quería eso a si que con mucho temor le lije que aceptaría, Johana me dijo así
esta mejor mi putita solo relájate que Albert hará bien su trabajo me dijo ponte
en cuatro para que Albert te de una buena lamida yo le obedecí y así fue el
perro se acerco y empezó a lamer mi vagina que por cierto estaba bastante húmeda
por mis orgasmos mientras el perro lamía mi vagina Johana se acerco a mis nalgas
y de nuevo metió su lengua en mi ano, mientras el animal continuaba lamiendo mi
vagina y mi trasero esa lengua se acoplaba muy bien en mi sexo, al parecer
Albert ya estaba acostumbrado a este tipo de situaciones, me fui excitando
nuevamente mire hacia atrás y vi que Johana acariciaba el pene de su mascota con
sus manos y se le empezó a asomar la punta de su verga era de color rosa en ese
momento vi la verga pequeña (claro yo no conocía nada de los perros y no
imaginaba que esa verga pudiera crecer mas) de repente el perro se abalanzó
sobre y con sus pata delanteras se abrazo en mi cintura y comenzó a intentar
meter su miembro en alguno de mis hoyitos, pero no atinaba de repente Johana se
acerco ayudarle a Albert a meterlo en mi vagina y lo dirigió a entrada y de un
solo empujón lo metió todo, el pene del perro entro fácil debido a que estaba
bastante mojada de repente sentí que esa verga estaba creciendo en mi interior
era algo único el perro eran bastante rápido en su mete y saca yo estaba
disfrutando lo que ese perro me hacia nunca imagina algo así, estaba disfrutando
algo nuevo mi excitación cada vez era mayor y obtuve mi primer orgasmo animal.

Luego Johana saco el pene de Albert de mi vagina yo le dije
que haces por que la sacaste cuando de repente sentí un dedo en mi ano y me dijo
te lo saque por que lo voy a meter en otra parte; lo meteré en tu culo, tu ano
será desvirgado por Albert, que lo meterás en mi culo; dije muy asustada y mire
hacia atrás y vi al verga en toda su dimensión que ya no era de color rosa ya su
color era como rojo lleno de venas y con una bola grande que salía de su capucho
era una verga grande y esto me asusto, jamás he tenido algo de ese tamaño en mi
trasero y Johana me dijo tranquilízate y comenzó a empapar mi ano con saliva y a
meterla bien adentro de mi culo, veras lo bien que se siente yo he tenido vergas
mas grandes que esa en mi culo y lo disfruto mucho así que relaja ese ano para
que pueda ser follado en ese momento pude entender el porque Johana le dedico
mas a lamer mi ano en nuestra relación era una verdadera lame culo.

Johana ubico el pene de Albert en anito sentí algo frió y lo
fue deslizando suavemente hasta allí todo bien , pero Albert dio un empujón y
metió toda esa verga roja en mi culo di un grito hayyy me rompió en culo por
favor sácalo me hace daño pero Johana me tomo por las caderas y me sujeto bien
como para que yo no intentara soltarme, no termine de quejarme cuando nueva
mente el dichoso animal dio otra estocada fueron momentos muy dolorosos y otra
me sentí morir., Johana se metió debajo de mi y empezó a lamer mi vagina como
para ayudarme a reducir el dolor, el Perro tomo ritmo y la verga se acomodo bien
en mi anito lastimado y el dolor fue reduciendo y la excitación fue apareciendo
esa verga que entraba y salía de mi ano me estaba calentado la máximo, sentía
los pelos de Albert que rozaban mi espalada y mis nalgas y de repente se vino un
orgasmo maravilloso pasaron así como 10 minutos de eterno placer cuando de
momento sentí que algo caliente inundaba mi recto era el esperma de Albert que
estaba llenado mi intestino de semen una vez depositado todo el esperma en mi
ano Albert lo saco y con el salió de mi trasero un liquido café oscuro la
parecer era una mezcla de sangre, semen y mierda de mi culo. fue un día
inolvidable que marco mi vida

Si algunas chicas quieren escribirme para contarme sus
historias o comentarios lo pueden hacer a esta dirección


POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Soy lesbiana, otra mujer estaba interesada en mi y acepte una invitacion a salir y marco mi vida para siempre

Me dicen -Lobuna-, pero soy…

Me dicen -Lobuna-, pero soy… (23)

Para poder completar la frase del título,
necesitaré hacer un poco de historia.

Llegué a Puerto M…, en el sur argentino, a los cuatro años.
Papá, empresario pesquero, rompió con mi madre cuando yo tenía
esa edad y a consecuencia de ello, el suegro lo quiso sacar del negocio. Mi
viejo lo madrugó: llenó una valija de billetes, abordó
el mejor barco, me cargó en él, y se fue lo más lejos que
pudo.

Una vez aquí, con el dinero que trajo consiguió papeles fraguados,
compró casa, comenzó a trabajar, años después se
convirtió en propietario de una rentable empresa.

Abandonado el idioma inglés para siempre, el uso del lunfardo argentino
multinacional sumado al inocultable acento gringo, acarreó al bondadoso
gigante Colin D…, el sobrenombre "Culín" ideado por pescadores
bromistas.

Lo primero que hizo mi padre, parco y práctico, fue conseguir mujer que
se encargara de la casa, al tiempo que de nosotros dos (en todos los aspectos)
Eligió a una "chilote" dotada de contundentes atributos físicos,
vigorosa como pocas mujeres he visto. Alternando en el aprendizaje, con Dolores
en las pesadas tareas domésticas y con el viejo en la no menos ruda labor
marinera, me convertí en hembra de fortaleza superior a la de muchos
machos. Una "camionera", como dicen por aquí.

Se me obligó a completar el secundario. Cuando al terminarlo en menor
tiempo del necesario creí quedar libre para hacer lo que quisiera, recibí
la ingrata noticia de que me esperaba la universidad.

Chillé y protesté en vano, no hubo manera de convencer al tozudo
de mi padre, quien quería que aprovechara la enseñanza gratuita.

Desde muy pequeña me gustaron los fierros, mascota de los mecánicos
náuticos, se me permitió manejar herramientas tan pronto las pude
cargar. Desahuciada, fui la única mujer inscripta para Ingeniería
Mecánica en la ciudad de La Plata, con dos condiciones so pena de fugar
en cuanto me fuera posible: nada de vivir en pensión o departamento para
estudiantes y tener motocicleta para desplazarme a mi antojo.

El viejo compró – por cuestiones de precio – una casa quinta en Punta
Lara, que aunque algo alejada de la facu eso se compensaba con la veloz Triumph
de dos cilindros en V adquirida en Baires.

Hinché hasta que pusieron la moto en M…, cargué en el sidecar
mis petates, lo cubrí con lona impermeable por si llegaba a llover en
el camino y ante el asombro general partí de motociclista.

Punta Lara me gustó un montón, casi desierta fuera de estación
y aire fresco de río que me hacía sentir como en casa. La idea
era devorarme la carrera para volver a los pagos lo más rápido
posible… ¡Y heredé la tozudez!
Muy poca joda, por lo tanto. Pero allá había muchos jugadores
de basquet y no pude resistir algunas propuestas. Les cuento que mido 1,87,
peso más de 80, de musculatura bien definida, facciones estándar,
huraña… eso deja escaso margen para ligar pierna.

Cursaba materias de segundo año cuando decidí entregar el virgo.
Fue un aceptable ejemplar con más de 100 kg distribuidos en 2 m, el elegido.
Me duró un par de encamadas nomás, no soportó mi tendencia
a llevar la iniciativa, ni el gran empeño puesto en lograrlo.

Descartados algunos estudiantes – bochados en sexo por mí -, empecé
a hacerme la croqueta soñando revolcarme con un fornido maringote. A
los cultos les faltaba la polenta que yo había admirado en los hombres
de mar… quise probar platos fuertes.

Levanté un humanoide muy parecido a un ropero con pelo – casi del tamaño
de mi progenitor – en un tugurio del puerto de Ensenada, lo cargué en
la moto y me lo llevé para casa ¡Este sí que me hizo sentir
mujer con todas las de la ley! Nada es perfecto: se echó un par de polvos
que no duraron ni diez minutos cada uno, se chupó todo lo alcohólico
que encontró y después durmió la mona con tremendos ronquidos
hasta la madrugada siguiente.

¡No había caso, basta de galanes, a estudiar se ha dicho! Terminé
en cuatro años, lo que fue considerado récord por mis profesores,
ya que eran cinco que en la práctica y por lo común se hacían
seis.

Volví diplomada a los 21, de entrada le bajé la persiana al viejo.
Ya le había dado lo que quería, ahora que se dejara de joder.
Lo obligué a comprar torno y fresadora, e instalé mi propio taller.

Seis meses más tarde enterramos a papá, la tripulación
contó que en medio de una tormenta se soltó una jarcia, le dio
en la nuca… y de cabeza al mar. Debieron arriesgar la vida para recuperar
el cuerpo, pero el patrón lo merecía según sus austeras
opiniones.

Los trámites a su muerte, revelaron que Colin fue un hombre previsor
y justo. La gran mayoría de sus posesiones estaban a mi nombre, excepto
una cuenta bancaria al de Dolores, respecto de la cual encontré una carta
en la caja fuerte, donde expresaba la voluntad de que ese dinero le fuera entregado
a la fiel servidora.

La chilena pudo así realizar un sueño: regresar a su patria con
la vejez asegurada.

Para consolar mi inocultable tristeza, trajo a casa una entenada suya, muchacha
de mi edad aquejada por una peculiar deficiencia mental aunque dotada de exuberante
físico. Recomendando que no le confiara el manejo de artefactos eléctricos,
aseguró que por lo demás entendía todo lo que se le decía,
había sido entrenada por ella misma en los quehaceres domésticos,
y que a pesar de que solo balbuceaba, se hacía entender muy bien.

Acepté a Marta con reservas, mas al poco tiempo se confirmó lo
dicho por Dolores: servicial, laboriosa y, por sobre todo, no jodía para
nada.

Me acostumbré a volver del trabajo, encontrar todo en prolijo orden,
reluciente, y siempre alguna atención gastronómica especial.

Un día, entrando a casa, escuché gritos provenientes de los fondos.
Salí a la disparada armada del cepillo que encontré en el camino:
un vago tenía acorralada a mi muchacha, la que mostraba desgarros en
la ropa.

Le sacudí con todo, el tipo escapó, llevé a la aterrorizada
víctima a casa, hice la denuncia de inmediato, luego a atenderla. Como
no hablaba, la revisé palmo a palmo sin encontrar lesiones. Sus firmes
y grandes pechos se agitaban al ritmo espasmódico de la respiración,
le di un sedante y la llevé a mi cama acostándome al lado para
calmarla ¡Ni pensar en mandarla a su cuarto en el exterior!
Al día siguiente tomé la decisión de ocupar por fin la
habitación de mi padre, a efectos de cederle la mía. La tranquilizó
mucho la noticia, entre las dos y en dos patadas, subimos al desván las
cosas del viejo efectuando las correspondientes mudanzas.

Ya en el laburo me puse a carburar el asunto, mi casa quedaba en las afueras
de la ciudad, la muchacha necesitaba de protección en mi ausencia. Recordé
a un vecino criador de huskyes siberianos, perros lobos que siempre me impresionaron
por su mirada humana.

El entrenador alabó el carácter de sus pupilos, limpios, dóciles
con el amo, excelentes guardianes, silenciosos… pensé que exageraba,
pero igual pedí que me eligiera el mejor macho del lote. Aseguró
que para lo que necesitaba sería mejor una yunta, de manera que si uno
era sorprendido, el otro acudiera en auxilio.

Acepté con la condición de que fueran machos, ya que no me seducía
la idea de atender prole perruna. De camino a casa dijo que había elegido
a esos, porque Hielo – ejemplar casi albino con leve manto gris perla, ojos
celestes trasparentes como el glaciar a la luz del atardecer – había
acatado la autoridad de Pinkay – manto negro, más corpulento, zarco,
celeste un ojo, marrón el otro – y que esa circunstancia facilitaría
mucho la convivencia pacífica.

Frente a la entrada les explicó con palabras precisas que ese sería
su nuevo hogar, hecho lo cual transpuso la puerta con la rienda de uno de los
perros en cada mano, tomándose el paciente cuidado de recorrer el extenso
perímetro – 2 Ha – permitiéndoles orinar unas gotas cada 15 o
20 metros, primero el líder siempre.

Una hora más tarde se encontraba con Marta y conmigo en la sala, enseñándonos
las palabras claves indispensables para manejarlos y recomendando que en cada
oportunidad que les brindáramos comida o atención especial, respetáramos
el orden de jerarquía.

Por último, llevó los animales hasta el galpón que les
serviría de alojamiento, les ordenó sentarse, con aspavientos
me entregó las correas pidiendo que yo misma los liberara. De esa manera,
los perros comprenderían quien era su nueva ama.

Lo tomé en broma, pero ocurrió así nomás, nos escoltaron
hasta la casa dejando que el entrenador saliera sin intentar seguirlo. Nosotras
entramos, ellos quedaron afuera, no registramos su presencia hasta la mañana
siguiente.

Ese fue un increíble espectáculo, embarrados hasta los ojos nos
esperaban sentados bajo el alero, tendidas inertes a su frente cuantas alimañas
habían encontrado en el terreno. En especial, una decena de ratas grandes
que más de una vez nos pusieran en apuros.

Les acaricié la cabeza tal como se me había indicado hacerlo,
pronunciando el "it" que les indicaría que podían comer
de eso lo que quisieran, aunque por razones que imaginarán señalé
también el lugar que sería su comedero. Transportaron al sitio
indicado las presas… yo no quise presenciar lo que harían después.

Por la tarde, pedí a Marta que me ayudara a bañar a los intrépidos
cazadores. Gran sorpresa, se los veía tan limpios como cuando llegaron
a casa.

"¡Perros autolimpiantes!" Pensé "¿Pero…
y qué tal el olor?"
Nada de olor, ni siquiera aliento fuerte ¡Una maravilla!
Nos encariñamos con los amables bichos, tropezando con el inconveniente
de que las uñas filosas rayaban el piso de madera y en ocasiones nuestra
piel, cuando se ponían efusivos. Confeccioné, para subsanar el
problema, unas manoplas de cuero suave con cordones, las que Marta les debía
colocar cada vez que entraran.

Cosa resuelta, nos acostumbramos a la presencia de alguno de los perros dentro
de la casa, con la condición de que siempre quedara uno afuera para vigilar.

Me agradaba ver a mi empleada jugar con los animales, ella – en su simplicidad
– era un animalito también, de modo que se revolcaba a la par con ellos.
Me agradaba demasiado, a decir verdad, sobre todo cuando sus generosas redondeces
escapaban de las prendas en el calor del juego, situación que al tiempo
provocaba sentimientos extraños obligándome a apartar la vista.

0-0-0-0-0
Un sábado por la mañana, estaba haciendo sobremesa del desayuno
mientras Marta – de rodillas, con vigor – enceraba el piso de la sala. Dándome
el frente, vi sus gomas bamboleantes en primer plano y me turbé. Abandoné
el lugar con brusquedad, buscando refugio en el dormitorio.

Una vez allí, se me hizo evidente que volaba de calentura "¡Hace
meses que no tengo un orgasmo!" Recordé, y de golpe se me vino todo
el deseo acumulado junto: me despojé de la ropa, me acosté atravesada
boca arriba en la cama con las piernas abiertas y los pies apoyados en el piso
fuera del borde; una vez a gusto, estimulé los pezones con una mano,
en tanto la otra atendía la vulva.

Estaba muy concentrada haciéndome la paja, cuando de repente sentí
sensación de frío, seguida por otra tibia en la cara interna de
los muslos. Me incorporé alarmada: era Pinkay, olfateando la olorosa
entrepierna.

La lengua volvió a salir, esta vez para lamer la pringosa mano. Lo dejé
hacer, al tiempo que la iba recogiendo hacia el pubis con la intención
de averiguar si se interesaría en mi concha.

¡Puta, si se interesó… se ve que le encantó el sabor,
porque me hizo una mineta gloriosa!
Nunca en mi vida había experimentado tanto placer, encontré genial
esa combinación frío/calor hocico/lengua, sumada la textura un
tanto áspera aunque muy excitante de las papilas. Entrando a fondo por
momentos, prolongadas barridas exteriores en otros, la musculosa lengua me llevó
al orgasmo en segundos. No paró ahí, el perro continuó
por mucho tiempo: yo, acabada tras acabada sin menguar la excitación.

Quise cambiar de posición, entonces vi otra lengüeta de color rojo
intenso, asomando del vientre de Pinkay.

"¡Quiero coger!" Exigió la libido ¡Deseché
prejuicios, estaba decidida a volterame al perro!
Subí todo el cuerpo, ubicándome en el centro de la inmensa cama
diseñada a medida para dar cómoda cabida a las corpulentas humanidades
de Colin y Dolores, ya instalada a gusto palmeé el acolchado a un costado,
señal que Pinkay interpretó enseguida.

Otra cosa fue ponerlo de espaldas con el lujurioso propósito de hacer
el 69, hasta que recordé la palabra "daun" entregándose
entonces el remiso a mis designios.

La mano que viajaba hacia la trémula columna roja, frenó su impulso
a pocos cms. de arribar a destino, porque la verga me pareció ser todo
glande. Dado el color y el brillo intenso de la lubricación que la empapaba
deduje que tenía que ser muy sensible al tacto, decidiendo manipularla
por sobre el prepucio hasta tanto me familiarizara con la sexualidad del animal.
Fue una acertada decisión, mis labios también se mostraron prudentes,
probando con precaución.

El sabor de la abundante secreción, resultó más agradable
que el de la de los machos humanos. La textura del miembro, muy superior, al
extremo que más que una picha parecía una suave lengua. Me coloqué
en posición apropiada para que el perro devolviera atenciones.

Arremetió contra el ojete, no obstante lo placentero de la sensación,
contraje las nalgas para que su explorador apéndice no pudiera ingresar
al recto. No es prudente mezclar contenidos de ambas cavidades porque pueden
producirse infecciones, dejé para otro momento idear un ardid en procura
de recibir solo por el culo.

La verga crecía en la boca – calculé que ya tenía por lo
menos 10 cm. fuera -, los jugos brotaban de continuo, las patas traseras de
mi paciente se encogían en espasmos, un nuevo orgasmo tuvo el contradictorio
efecto de ponerme más caliente que nunca… ¡Necesitaba acción,
quería que me la diera, que me trincara con toda su bruta fuerza!
Cambié a la posición del perrito, Pinkay no se dio por enterado
sino cuando escuchó el permisivo "ap", entonces se me vino
al humo ¡Qué buena idea haberle fabricado esas calzas! Las patas
delanteras aferraron con tanta fuerza mi cintura, que de no ser por esa protección
hubiera resultado lastimada; lo mismo mis pantorrillas, que eran pisoteadas
en el intento de acomodarse.

Sentí el miembro entre los muslos, separé entonces las rodillas
para bajar la vulva a la altura adecuada. Hubiera deseado que tuviera un trozo
más voluminoso, colegí que la ansiedad por tener algo adentro
compensaría carencias.

Quedé ensartada en cuanto se la puse a tiro, me alegró sentir
tal como si continuara la mineta, la lengüeta se deslizaba suave obedeciendo
a los movimientos acompasados del animal.

Me extrañó la parsimonia, los perros que yo había visto
culeaban como endemoniados. Pero algo estaba ocurriendo, percibí que
el aparato seguía creciendo en mi interior. Entusiasmada por el descubrimiento,
acompasé con las nalgas intentando apurar el trámite.

Pinkay dio muestras de satisfacción, emitiendo un aullido suave que me
crispó los pelos de la nuca ¡Entonces nos desatamos, culo va, pija
viene, arranqué viaje hacia una acabada espectacular! Pensé que
el animal se iba a venir conmigo pero no fue así, siguió dándomela
con tanto entusiasmo que volvió a encenderme de inmediato.

Calculé que la verga había alcanzado mayor tamaño que la
del marinero de Ensenada, la vagina se sentía rellena de carne e inundada
de jugos.

¡Estaba en la gloria!
Sin embargo, la satisfactoria experiencia previa solo había sido la preliminar:
¡De golpe, algo inmenso me obturó el vestíbulo de la vulva;
hocico y lengua del animal desplegaron imponente actividad sobre el canal de
mi columna desde omóplatos hasta nuca, acompañando con cosquilleante
goteo de saliva a los costados; si antes me sentí llena, ahora estaba
repleta; si creí que el perro me había sacudido con todo, comprendí
entonces mi error!
"¡El famoso botón!" Deduje, gozando el rotundo poder
del animal que semejaba arrastrar un pesado trineo en cada embestida. Tuve que
afirmarme con todo para evitar ser tumbada.

Era lo que siempre había deseado, soportar a cuerpo desnudo el accionar
de un poder avasallador, dominada sin lugar a dudas. Aulló Pinkay al
tiempo que su caliente semen inundaba mi útero – así lo percibí
al menos -, aullé yo también, remecida por el clímax inagotable
que solo menguó cuando sentí al canino amante desmadejarse sobre
mi espalda.

Su peso – más de 40 kg – estaba a punto de doblegarme, era necesario
conseguir mejor apoyo. Abrí los ojos que mantuve cerrados durante todo
el episodio sexual precedente, recibiendo otra sorpresa: Marta, quien con seguridad
habría acudido al conjuro de nuestros apasionados aullidos, tenía
la vidriosa mirada aprisionada por el erótico espectáculo que
tan extraña pareja debía brindarle; friccionando el monte de Venus
por sobre la pollera, con ambas manos y mucha fuerza, parecía estar en
trance.

Mi fatiga se esfumó al verla, regresando la calentura en todo su esplendor:
¡Poseería también, a ese otro animalito adorable!
Acto reflejo, palmee a mi frente recibiendo respuesta más inteligente
aún que la de Pinkay: Marta se despojó del transpirado vestido,
acomodándose desnuda boca arriba a lo largo de la cama.

"¡No es para nada tonta!" Celebré, al quedar mi cabeza
a la altura de su vientre, posibilitada de escoger entre boca, tetas y vulva.

Los pesados limones eran lo que más me tentaba, a ellos dediqué
las primeras atenciones. En respuesta, sus acezos surgieron con mucha fuerza
indicando que la paja debía continuarse de inmediato. La intrusión
de mis dedos en su pubis, tornó acezos en ronco bramido. Acabó
con tanta intensidad, que pude ver las fibras musculares de los muslos contraerse
cada una por separado. Fui arrastrada por su torrente de gozo… a las espasmódicas
contracciones de mi vagina, respondió Pinkay recuperando el interés.

¡No podía creer lo que pasaba… un incendio pasional se desbocó
en el sistema nervioso: el voluntarioso lobo – cuya poronga sentía más
grande y dura que nunca – se iba a echar otro tremendo polvazo sin sacar, en
tanto al frente se me ofrecía el voluptuoso físico de Marta, ansioso
de recibir lo que yo quisiera dar!
Tanta pija y tanto líquido adentro, imaginé que así gozarían
las parturientas a la culminación del período expulsivo. Marta
humedeció sus labios en ese preciso momento, atrayendo mi sedienta boca
hacia la suya.

Besé con pasión sin obtener respuesta "¡No sabe!"
Sacada esta conclusión, mandé lengua a tentar fortuna… ¡Y
la tuvo!
Tal cual el perro llenaba mi vagina, así la lengua de Marta colmó
mi boca. Se me hizo la luz: ¡Pedazo de gualén que había
tenido, con razón no podía articular palabras!
Dejé también esa cuestión para ser resuelta en su oportunidad,
Pinkay aceleró el ritmo, hecho que me trastornó. Precipité
la cabeza, esta vez en pos de renegridos pendejos y la inflamada vulva que decoraban.

¡Mis labios bocales se acoplaron a pleno con los suyos mayores, fueron
saliva y lengua al encuentro de la vagina, el cojudo se mandó a fondo,
mi cabeza se sacudió con todo, Marta estalló entre gorgoteos guturales,
Pinkay con largo aullido… yo grité mi orgasmo dentro de la cavidad
que mamaba!
El peso de la robusta bestia venció mi resistencia en esta ocasión,
aunque conseguí caer de costado con ella detrás. Inteligente el
animal, se abstuvo de efectuar movimientos bruscos.

En cuanto mi empleada reaccionó, le pedí fuera en busca de un
par de toallas grandes. Sabiendo que mi vagina contenía inimaginable
cantidad de liquido, presupuse un imponente desborde tan pronto saliera el tapón.

"¡Isi, isi!" Ordené al perro que intentaba incorporarse,
indiqué a Marta la manera de distribuir las toallas, hecho lo cual maniobré
con las caderas buscando un desacople sin traumas.

En el ínterin, las intensas sensaciones producidas por el bulbo deslizándose
hacia afuera milímetro a milímetro, prepararon el terreno para
una yapa concurrente con el desagote de las entrañas.

Entrecerré los ojos en preparación, casi de inmediato operó
una gran lengua estimulando los volcanes que coronan las cumbres nevadas de
mis pechos. Tomé el bulbo con una mano al zafar del atoro, la misma que
se fue deslizando a lo largo del tubo emergente – 22 cm, bulbo incluido, por
3 a 8 de diámetro, medí en otra ocasión – conteniendo la
expulsión de fluido seminal.

"¡Gou, gou!" Mandé al saberlo del todo afuera, se retiró,
aflojé la presión de golpe, ocurrió el desborde… ¡Y
yo me vine por enésima vez, lamida como los dioses por la incomparable
lengua de Marta!
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Pinkay intentó paladear – con insistencia – las secreciones de nuestros
genitales, pedí a Marta que lo sacara de la casa porque me asqueó
imaginarlo haciéndolo.

De regreso, levantamos las toallas empapadas rumbo al baño. Este y el
dormitorio, fueron los lujos mayores que el viejo se permitió en vida.
Activado el yacuzzi, hube de convencer a mi aterrada empleada de que el agua
no estaba hirviendo ingresando en primer lugar, una vez adentro no pudo refrenar
exclamaciones de júbilo.

Allí pude gozarla a discreción, fue perfeccionando sus besos a
ritmo tan acelerado que me sorprendió. En determinado momento quise sostener
su cabeza entre mis manos, entonces descubrí en la mirada adoración
tan incondicional, que fui conmovida.

Me recordó la de Pinkay, cuando le acariciaba la cabeza en recompensa
por la excelente primera mineta.

"¡Mi Dios!" Pensé "¡Qué bárbaro,
el futuro ha quedado resuelto por completo!" Así era en efecto,
bienestar económico, y por si eso fuera poco tres hermosas, fieles criaturas,
siempre dispuestas a colmarme de amor.

Para probar el grado de entrega de Marta, me senté en el borde de la
tina con los muslos abiertos, me miró a los ojos comprendiendo de inmediato
la orden implícita. Gocé hasta lo increíble con esa lengua
gruesa y caliente, que lamía y hurgaba con tanto entusiasmo como el demostrado
por el lobo, teniendo las ventajas adicionales de la suavidad por una parte
y, por sobre todo, la motivación de buscar mi placer en lugar del suyo.

Continuó hasta que, agotada, dije basta. Al erguirse, vi su rostro congestionado
por el sostenido esfuerzo, jadeó con ansiedad reponiendo oxígeno,
no obstante eso, su actitud daba a entender que esperaba órdenes.

"¡Genial, Marta, me hiciste gozar como nadie podría hacerlo!"
Aprobé, iluminando su sonrisa al hacerlo "No me da el cuero para
nada más por ahora, sécame que necesito dormir un rato"
Lo hizo, me ayudó a llegar al lecho, me arropó y arrulló.
Desperté renovada, al percibir mi olfato deliciosos aromas procedentes
de la cocina. Al llegar allí, encontré la mesa preparada como
para celebrar un banquete.

Ella nunca había aceptado compartirla conmigo, rondaba alrededor observándome
comer y tratando de adivinar lo que se me pudiera antojar. Tampoco la había
visto servirse en plato, en alguna que otra ocasión la sorprendí
ingiriendo algún bocado, siempre muy pequeño.

Desdeñando la abundante oferta, no cargué el estómago,
en cambio consumí un par de copas de vino de más. Seguía
muy excitada, quería actividad sexual… ¡Y pronto!
La muchacha me obsequió con una maliciosa sonrisa, cuando le pedí
traer a Hielo. En tanto cumplía mi orden, adapté un par de bombachas
de tela elástica tal como había imaginado durante las acciones
con Pinkay.

Desnudé a Marta cuando estuvieron listas, y ella a mí. Miró
con sorpresa cuando le hice poner uno de mis inventos, que le cubría
el trasero dejando expuesta la vulva. La mía justo lo opuesto, culo al
aire y concha cubierta.

Jugando con el perro sobre la alfombra de la sala, lo fuimos excitando hasta
ponerlo a punto de caramelo. Mi plan le concedía el primer turno a ella,
festejó con extasiados grititos y ruidosos orgasmos, el trabajo del can
en su gruta.

Manejándome por señas la hice colocarse en posición de
perrita y en cuanto fue montada, le estimulé los pechos al tiempo que
supervisaba el accionar del animal. En el momento preciso sujeté el bulbo
evitando que lo calzara, Marta había acabado varias veces para entonces,
yo tenía otras intenciones para esa eyaculación.

Necesité tres "daun" para lograr que el excitadísimo
animal obedeciera, ya ubicado como yo quería, me di a mamársela
con fruición. Quería ver y gustar la volcada, medir por experiencia
directa el volumen de semen que desalojaría al acabar.

Conté con la colaboración de una experta en investigación
zoofílica, quien al comprender mis intenciones se ocupó de mantener
bajo control la mitad superior de Hielo, dándole a lamer la tetas.

Tuve que hacerme a un costado de tanto que sacudía las patas posteriores
intentando serruchar dentro de mi boca, la verga era algo más pequeña
que la de Pinkay – con el correr del tiempo igualó el tamaño -,
no obstante, imponente. Estaba muy congestionada, en su mayor expresión,
los jugos goteaban de continuo y sabían parecido a los que ya había
degustado.

Curiosos sonidos procedentes de adelante, me incitaron a mirar en esa dirección:
¡Marta se estaba dando un bruto beso de lengua, de igual a igual con el
perro!
Probaría luego también yo, ahora a lo inmediato, exprimirle el
elixir de las bolas. Apreté el bulbo por accidente y resultó ser
que allí estaba la llave, dos apretadas después escupió
el primer chisguete, que dio en mi frente con inusitada fuerza. Para el resto
orienté la herramienta al busto, fueron muchos y copiosos, quedé
que parecía tener un delantal de esperma.

Las ultimas gotas se las saqué a chupones, catando un sabor muy semejante
al de la glucosa. Calmados los ánimos, superé los ascos permitiendo
que Hielo primero, en colaboración con Marta después, limpiaran
la volcada con las lenguas… ¡Me vine, mientras lo hacían!
La verga continuaba tiesa, ya sabía que de presentarse la oportunidad
el bicho no la desperdiciaría, de manera que le arrimé el orto
a tiro de lengua. No se hizo desear, al poco rato me tenía bramando –
a la manera de mi socia -, ininterrumpidas acabadas. Lo hice durar, hasta que
el perro comenzó a quejarse de puro caliente.

Entretanto fui explicando a Marta lo que pensaba hacer, y la ayuda que esperaba
de ella en la protección de mi invicto ojete. Al ser cubierta, el impacto
fue moderado por un oportuno brazo interpuesto. Supuse, y estaba en lo cierto,
que una cosa sería ser enchufada con el catzo a medio llenar, y otra
muy distinta estando repleto: aunque había tomado la precaución
de lubricarme con sus fluidos, igual me hizo ver las estrellas.

Obedeció el "estop" no sé si por la orden en sí,
o porque Marta lo tenía bien sujeto. Pasé la mano entre las piernas,
pensando "¡Se la agarro y regulo, si le duele que se joda… con
tal que no me duela a mí!"
Pero no hubo necesidad de extremar precauciones hasta más adelante, la
copiosa emisión de lubricante hizo su trabajo, el perro agarró
ritmo… ¡A gozar se ha dicho!
Mucho mayor placer que por adelante, sin haber llegado al bulbo ya me sentía
tan llena que era una delicia. Orgasmo termina, acabada comienza, llegó
el momento de la acelerada. Los farfulleos de mi asistente, informaron que de
a poco no había caso, el bicho se frenaba si no lo dejaba mandarse cuando
el zocotroco tocaba la entrada.

Tenía dos alternativas, o lo hacíamos acabar sin meterlo y me
perdía de esa sensación, o me las bancaba afrontando las consecuencias.
Indiqué a Marta que se me metiera por debajo y mordisqueara un rato los
pezones; en tanto los estímulos me hacían levantar revoluciones,
retuve el asunto conflictivo en la mano.

La argucia surtió su efecto, poniéndome temeraria. Pedí
a la mamona que se retirara, hecho lo cual solté la presa, afirmándome
con todo en espera del embate.

"¡Mierda, mierda… miiierrrdaaaa!" Grité al sentir como
que el esfínter se partía en gajos. Apreté los dientes
cuando gruesos lagrimones escaparon de las órbitas, contraídas
con la esperanza de retener los globos oculares que de otra manera hubieran
desalojado la cavidad.

Para colmo no había retorno posible, si el perro me la sacaba así
de dura, con seguridad que no zafaba del prolapso rectal. Fueron minutos angustiosos
que no creí poder sobrellevar con vida… ¡Pero lo que vino luego,
pagó con creces la patriada!
De improviso se acomodó todo, el dolor cedió paso a la gratificación
continua, una bruma rojiza del mismo color de la picha que las inundaba, inflamó
mis vísceras. No podía imaginar placer mayor que el que estaba
experimentando: ¡Hielo y yo, éramos un todo sexual consolidado!
Para poner palabras que consigan aproximarlos en algo a la comprensión
de lo que quiero decir, verga y recto sublimados anularon el entorno. No hubo
– durante tiempo que pareció eternidad – otra cosa en el universo, que
gozo… trascendido el clímax, solo se me ocurre pensar que pueda haber
sido nirvana.

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Siguieron muchas experiencias tanto o más placenteras que las relatadas,
que no viene al caso exponer por repetidas. De los ingenios que diseñe
y luego fabriqué, para fifar con perros en posturas humanas, contaré
en otro momento.

Han pasado cinco años a partir de la llegada de los tres fieles servidores
que alegran mi vida. La dulce Marta me deleita con su melodiosa voz, ahora.
Consultado un especialista en Buenos Aires, la cirugía le redujo el volumen
de la lengua, desde entonces come y habla bien. Podrían pensar que esto
me ha privado de uno de mis placeres favoritos… ¡Se equivocarían!
Menguó en lo ancho, es cierto, mas al serle removido el grueso frenillo
que la contenía ensanchando, se extendió en largo al punto que
alcanza con facilidad el cuello del útero, brindándome sensaciones
incomparables.

Durante la visita a capital, adquirí también unos prácticos
consoladores con arnés, los que puestos del derecho permiten convertir
en macho a una u otra de nosotras, en cambio del revés, sirven para obturar
– agregando placer – aquellos orificios que queramos vedar a los perros.

Para vacaciones, embarco a mis tres mascotas proa a disfrutar de nuestra actividad
sexual cotidiana, con el aditamento excitante del vaivén marino.

Mi padre nunca admitió visitas en su casa, que yo continúe con
la tradición, no sorprende a nadie por lo tanto. A veces en la oficina,
o compartiendo tragos en calas de marineros, algún comedido me actualiza
acerca de lo que de mí se rumorea en M…:
Algunos opinan que Marta y yo, somos pareja gay.

Los más, nos piensan hembras de los lobos, de allí que a mis espaldas
se me moteje "Lobuna"
Todos tienen algo de razón, pero hasta el momento no he visto – ni aún
en Internet – poner nombre exacto a lo que en realidad me considero.


Zoofílica bisexual, por asociación: BIZOO

 

Resumen del relato:
    Lo pasa realmente bien con Marta… y no solo con ella.

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