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Zoofilia

Dos días para mi vicio (02 – Final)

Dos días para mi vicio (02 – Final) (23)

Lidia pide a Neila que le afeite el pubis al igual que lo
tenemos ella y yo. También se interesa por los anillos de los pezones y la
vagina de la negra hembra, asombrándose de la gran argolla que perfora su
clítoris y preguntando curiosota por los efectos. Neila le cuenta el placer que
se siente cuando tu macho te estira de ahí durante la cópula, sobre toso cuando
se está próxima al orgasmo.

Pregunta la nena.

– Neila, ¿Quién es tu macho?. Es un macho afortunado el que
usa tu cuerpo tan perfecto.

– Gracias Lidia, tu también estas en camino de tener un
cuerpo más atractivo que el mío o el de Maite, que no se queda atrás. Mi macho
es mi hijo Esteban.

– ¿Tu hijo?. Yo me considero una pervertida por ser la hembra
de papá, pero no puedo evitarlo, lo amo. Yo no puedo soportar compartir a papá.
Maite ya lo ha notado. ¿Cómo puedes compartir a Esteban con Katia?

– Cuando seas adulta comprenderás que el amor es entrega, no
posesión.

– Quiero ser adulta pronto. Quiero que papá me preñe ya para
ser madre y experimentar ese placer. Quiero dar a papá leche de mis pechos y
quiero que mi hijo me folle también cuando le llegue la edad. ¿No soy demasiado
pervertida?

– Pues un poco si, mi lolita.

– Quiero ser perversa.

– Está bien. Llevas un buen camino.

Después de ducharnos nos reunimos con el padre de Lidia para
dar un paseo, no sin recordarme Neila que dentro de dos horas tengo sesión con
un cerdo.

– Papá. Mira mi coñito pelado. Neila me lo ha afeitado como
el suyo y el de Maite. ¿Te gusta mi coñito?.

– Me encanta, cariño. Déjame besarlo.

Sin ningún pudor la niña se sube en una mesa, abre sus
esbeltas piernas, separa los labios vaginales con su blancos dedos y ofrece la
vulva a su padre, quien no duda en besar la dulce fruta. La niña se excita
nuevamente y exige al papá un orgasmo que éste no duda en concederle chupando y
mordisqueando el juvenil clítoris hasta que la nena obtiene su premio.

Salimos al exterior. Hace buen tiempo y no necesitamos ropa,
pero Lidia, coqueta, se pone un tanga bien ajustado que desaparece en el surco
de sus prietas nalgas y entre sus labios vaginales. Yo no llevo nada más que
unas zapatilla de tenis, al igual que su padre.

– Papá, quiero anillarme los pezones y la vulva para ti como
los tienen Neila y Katia. Quiero tatuarme tu nombre en el monte de Venus.

– Cariño. Me parece bien, pero es mejor esperar a tener
nuestro bebé. Psariás un tanto de vergí¼enza para explicar durante el parto por
qué razón tienes el nombre de tu papa sobre el coñito. Y no es un nombre muy
corriente.

– Tienes razón papi. Esperaré a que me preñes y tenga el
bebé. La semana que viene dejo la píldora.

– ¿Estás segura cariño?. ¿No es un poco pronto?

– Papi, sabes que quiero ser yo quien inicie en las delicias
del sexo a nuestro hijo. No quiero que me vea vieja cuando llegue el momento.
Quiero tener un buen cuerpo que entregarle. Si puedo parirlo a los 16 y puedo
iniciarlo a sus 12, tendré 28 años y estaré en la plenitud.

– Y tu Maite, ¿Qué opinas de lo que desea mi hija?

– Pues que ojalá yo no hubiera sido nunca tan pacata para
descubrir las extremas delicias del sexo hasta que no superé los 35 años. Tengo
dos hijos y siempre he soñado con follarlos, pero no me atrevo. Admiro la
decisión de Lidia. Soy tan timorata que ni tan siquiera mi marido conoce mi
vicio zoofílico. Ahora mismo cree que estoy en Ginebra en viaje de empresa.

Topamos con una pareja de hospedados. El hombre, de pie sobre
una bancada está follando a una apacible yegua en tanto que su esposa se
encuentra montada a horcajadas sobre el animal frente a su marido y dando la
espalda a una de las camareras y gime de placer.

Les explico a mis acompañantes, ya que he disfrutado de esa
delicia: ¿Veis la cinta gris que cruza el vientre de la yegua?, pues sujeta un
falo metálico que la mujer tiene metido en la vagina. La camarera ha introducido
en el ano de ella otro falo metálico y ambos están conectados a un regulador
eléctrico de corriente suministrada por una batería que está en las alforjas.
Según la regulación de los impulsos eléctricos de aparato se puede proporcionar
un suave y relajante placer continuado en tus partes bajas hasta unos violentos
orgasmos que te dejan satisfecha para un mes, pero eso sí, destrozada. Os lo
recomiendo, esta noche lo he pedido yo. Hay una versión masculina que requiere
la introducción de una sonda en el pene. Y hay otra versión de pareja que
requiere una suerte de condón metálico. Hay gran cantidad de parejas con
impotencia de él o frigidez de ella que vienen solamente por ese aparato.

Más adelante vemos a otra pareja representar una fantasía de
él. Montado a caballo, vestido con traje medieval y con un perro de caza, su
presa es su pareja a la que, cuando cerca desnuda, la ata al pie de un árbol,
hace violar por el perro y obliga a masturbar al caballo hasta que queda bañada
en esperma como yo esta misma mañana.

Al regreso del paseo observamos cómo una mujer, en traje de
toreo, da unos capotazos a un hombre que porta unos cuernos bien fijados y un
consolador en el ano con cola de toro. Tras ello la mujer se hace follar por un
perro mientras el hombre debe conformarse con vaciar sus cargados testículos en
una vaca.

Queda poco para mi apareo con el cerdo y nos vamos hacia la
pocilga. Ya están casi todos los hospedados allí concentrados para verme. No es
que sea una proeza o algo extremadamente inusitado. Es que yo he pedido a
Esteban el favor de ser follada en público por el cerdo porque esa circunstancia
es la que me proporcionará placer. La polla del cerdo no da para mucho
físicamente, pero el morbo de hacer de cerda en público me satisface hasta
extremos que no consigo describir.

La práctica es difícil y cansada. El cerdo no es fácilmente
manejable y debo ser yo quien se acomode continuamente para recibir su retorcido
pirulillo. Cuando por fin es introducido en mi vagina por Esteban, el estúpido
animal lo saca cada dos por tres amenazando con aplastarme con su enorme peso
tocinil. No consiguiendo que se vacíe en ninguno de mis agujeros inferiores opto
por utilizar mi boca para sorber el esperma del extraño pene. Y después dicen
que la genética del cerdo es la más parecida a la del hombre. No será en su
pilila.

No me gusta follar con cerdos, pero era una práctica que
debía anotar en mi vicio de zoófíla. Después de beberme el esperma del torpe
animal me masturbo ante los espectadores asistida por Katia que me sujeta por la
espalda para mostrar mejor mi coño y la visión de todo un corro expectante es la
que me proporciona el orgasmo.

Vuelvo, acompañada por mi público a las habitaciones para que
Katia me limpie y desinfecte otra vez. Prefiero mil veces a la negra Neila antes
que a esta eslava que, no dejo de reconocer, debe tener gran atractivo para los
varones.

Estoy destrozada y a punto de dormirme cuando viene una de
las camareras para conectarme al maravilloso aparato de placer electrónico. Me
inserta en el ano uno de los electrodos en forma de pene, de tan excesivo tamaño
que tiene que esforzarse para meterlo dentro. La tonta se ha olvidado del
lubricante y se lo recrimino, pero dice que el lubricante que les han
suministrado últimamente no es buen conductor de la electricidad. Paso del
asunto y miro como me mete en el coño otro también demasiado grande. Le pregunto
por qué el tamaño y me dice que son instrucciones de Estaban de cara al caballo
que me follará mañana. Hay que dilatar. Me sobresalto. Es verdad. He pedido la
verga de un caballo dentro de mi. ¿Estaré loca?.

La camarera me entrega los mandos de aparato para que yo
regule la intensidad que me resulte cómoda. Elevo hasta una muy suave y
agradable. Me duermo. Me despierto a media noche con el culo encharcado y una
flojera tremenda. Me dormí y no apagué el aparato. Sabe dios cuantos orgasmos me
habrá proporcionado. Me angustio. No estaré en condiciones para mañana. Esteban
ya me lo había advertido. Soy idiota. Lo que podrían haber sido dos días
agradables se van a convertir en uno de excesos y otro de pesadilla.

Vuelvo a dormir pero en otro instante me despierta Katia. Son
las once de la mañana ya. Tengo mi sesión equina. Katia me dice que no es
necesaria indumentaria especial, estorbaría. Así que bajo desnuda al salón. Me
esperan Neila, Katia y Esteban. Me tranquilizan y me llevan a la cuadra.

Veo al caballo. No es el mismo de ayer. Este me parece
enorme, Me entra pavor y Neila me tranquiliza acariciando mis pechos desde atrás
y diciéndome al oído que el monstruo tiene la misma envergadura que el anterior.
Comienzo a trabajarme el gran mástil igual que hice ayer y, mientras, Esteban
acerca una mesa con mecanismo de ajuste de altura donde me tumbo boca arriba.
Ajustan la altura de manera que mi coño sea accesible a la enorme manguera. Yo
no dejo de frotarla con las manos ansiosamente y de restregar su extremo contra
la entrada de mi vagina y mi clítoris. Después se hace cargo de la verga Neila
que comienza a empujar su cabeza para hundirla lentamente en mi interior. Poco a
poco entra, me empiezo a sentir repleta. Noto que las tetas de Neila comienzan a
sacudirse mientras trabaja con el pollón. Detrás de Neila veo a Esteban, se está
follando a su madre pero no se por donde. Mas allá veo como Katia sujeta al
animal de las riendas y le tranquiliza. No se cuanto pene está dentro de mi.
Repentinamente me siento invadida en mi interior y la cabeza de la verga sale
despedida violentamente de mi coño. El caballo se ha corrido y yo estoy llena de
esperma que sale a borbotones de mi vagina. Katia retira al caballo y se pone a
beber el esperma de mi coño en dura competición con Neila, que sigue siendo
follada por su hijo.

Katia gana la batalla porque Neila desatiende el manantial al
sufrir un orgasmo. Después escucho a Esteban gruñir el suyo mientras se vacía en
su deliciosa madre. Esteban hace subir a su madre a la mesa para que ofrezca su
culo a mi boca de donde sale su semen. Lo bebo con ansia. Ya se por donde
follaba Estaban a su madre. Katia sigue succionando mi coño intentando sacar más
esperma del caballo. Me siento agotada y mareada. Y me doy cuenta de que la
monstruosa penetración no me ha proporcionado ningún placer. Sin embargo sí me
lo da la lengua de Katia hurgando en el interior de mi vagina. Me entrego al
orgasmo y quedo semidesfallecida. Entre los tres me llevan a mi habitación donde
duermo hasta la hora de la comida. Bajo al comedor. Hay gente nueva y mi dulce
Lidia y su padre ya no están.

Me llamo Juan y soy un feliz zoófilo.

Me llamo Luisa, 38 años, estoy casada, un hijo, y me encanta
aparearme con perros. Mi familia no lo sabe. Soy dichosa con mi zoofilia.

Llega el turno a un hombre del que me doy cuenta que sujeta
una cadena que parte de la ingle de una mujer que está sentada desnuda en el
suelo a su lado.

Me llamo Adolfo, 28 años, soltero. No soy zoófilo, pero me
encanta ver a mujeres copulando con bestias. He traído a la bestia de mi esclava
para aparearla con sus semejantes.

Tira de la cadena para hacer levantar a su esclava y que se
presente.

Me llamo Elisa, 34 años, divorciada y quiero ser zoófila para
hacer feliz a mi hermano del que soy dichosa esclava.

Elisa tiene grandes argollas en los pezones y otra en el
clítoris donde está trabada la cadena cuyo extremo tiene su dueño. También porta
un collar de acero y tiene el nombre de Adolfo tatuado sobre un pecho, en el
monte de Venus y en una nalga. Solamente por el peso de la cadena su clítoris
está espantosamente estirado

Me llamo …

Esteban comunica la programación de actividades. Hoy no tengo
siesta. Inmediatamente soy llevada a una sala con un estrado y asientos a su
alrededor. Yo ya se lo que va a ser de mi. Yo lo pedí. Seré follada en público
por tres perros en mis tres agujeros. Después regresaré a casa con mi cariñoso
marido.

El público llena la sala y yo permanezco orgullosamente en el
estrado mostrando todas mis intimidades mientras Neila relata lo lasciva que soy
y que yo misma he pedido aparearme con los animales en público porque me encanta
exhibirme impúdicamente y que soy feliz de ser una degenerada zoófila.

Traen un perro, que es el que debo tirarme con la boca.
Cuando lo tengo ya con el pene erguido, Neila trae otro al que ella ya a
calentado para que me folle el coño. Lo deja a su aire, me pongo en posición y
con una mano lo guío hasta que penetra mientras la otra mano sigue trabajando la
verga del otro perro. Me dejo penetrar totalmente y sigo mamando el otro pene al
que en poco tiempo extraigo toda la leche que no pudiendo retener en la boca, me
baña toda la cara, tras enseñar al público mi boca llena, me bebo sin reparo
alguno el contenido y cosecho, difícilmente por las sacudidas de mi amante, los
restos de mi cara para llevarlos también a la boca.

El público aplaude y me jalea.

Poco después el dóberman que folla mi coño vierte su semen en
mi interior y queda abotonado en mi vientre. Mientras espero el desinflado de su
bulbo, Esteban entra desnudo en el estrado con una silla, se sienta y su madre
Neila se arrodilla ante él, toma su gran miembro y lo comienza a pajear hasta
animarlo. Después se comienza a mamarlo suavemente. No parece tener intención de
hacerlo vaciarse. Enganchada de rodillas al perro, culo contra culo, me siento
desconcertada. No se por qué la pareja negra quiere quitarme protagonismo ante
el público.

Cuando me desabotono del perro lo entiendo. Es una bonita
sorpresa la que me guardaban. Katia sube al escenario con una palangana y un
irrigador vaginal. Se bebe el esperma canino que aflora de mi coño y después me
limpia el interior. Neila me lleva ante su hijo de quien dulcemente me ofrece su
polla haciéndome sentar sobre ella cara a su hermoso hijo y empalada por él en
mi coño. Trae al tercer perro ya animado por Katia y hábilmente, su culo contra
el mío, introduce el pene del chucho en mi recto. Estoy siendo follada en
sándwich por un humano y una bestia. Y en público. Rápidamente me sobreviene un
profundo y prolongado orgasmo. Neila sujeta al perro y los movimientos de
Esteban hacen que el pene del perro deslice hacia fuera cuando el penetra y
viceversa.

Cuando Esteban se derrama en mi coño, tengo otro orgasmo que,
antes de desvanecerse es sustituido por otro cuando siento en mis intestinos el
esperma del perro.

Noto como la hermosa polla del negro se encoge en mi interior
mientras cortésmente espera a que mi culo quede desocupado por el acoplado
chucho. Mientras él y su madre acarician mis agradecidas tetas y pezones. Cuando
el perro se va conducido por Katia, Esteban se levanta de la silla ocupándola
ahora su madre que, abriéndose de piernas me ofrece sus soberbios labios. No
dudo en refocilarme con su pelado coño y mi lengua juega con su anillos. Noto
como Katia se encarga de sorber el semen de perro que resbala de mi ano.

Cuando Neila obtiene su orgasmo se levanta, yo aún de
rodillas a sus pies. Abre sus labios y poco después un dorado chorro se estrella
en mi cara. Abro la boca y bebo cuanto puedo de su divina orina. Después, me
tumban en el suelo y es Katia quien orina sobre mi coño, que Neila abre al
máximo con sus dedos para que el chorro se introduzca.

El público aplaude a rabiar. Casi nadie está sentado y muchas
mujeres son usadas sin contemplaciones por cualquiera de los hombres. Nadie se
preocupa de si existen parejas estables. Hay demasiada temperatura en la sala.

Ya no puedo más. Me llevan a la habitación para desinfectar y
duchar. Cuando con mi equipaje me dirijo al coche para regresar a mi hogar con
mi marido y mis niños, me topo con Elisa, la esclava, ataviada con arreos de
caballo tirando de un carrito donde se sienta su hermano dueño.

Arranco el motor con desgana. Me hubiera gustado ver la
iniciación de Elisa.

 

– – – –

Lo sabía, sabía que debía haber dejado el coche en el
aeropuerto. Ensimismada en mis recientes placeres, tuve un pequeño accidente que
necesitó grúa. Mi esposo averiguó que nunca fui a Ginebra y, bastante intrigado
por el engaño, no sé con qué mañas en poco tiempo conoció mis visitas a la
granja-hotel.

El divorcio llegó. Esteban y Neila me sugirieron trabajar en
su establecimiento y aquí estoy. Adiestrando bestias para uso sexual humano. Soy
feliz como nunca.

FIN.

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Resumen del relato:
    Debo reconocer que la granja-hotel satisface perfectamente todas las bajas pasiones, sobre todo las animales.

Dos días para mi vicio (01)

Dos días para mi vicio (01) (23)

Porque lo estoy reviviendo en mi mente voy a relatar en
presente lo que viví aquellos dos días.

No puedo más y tengo que satisfacerme. Ya llevo un mes sin
saborear mi mayor vicio. Hoy es miércoles mediodía. Llamo a Esteban para
reservar los servicios para el jueves y viernes. Llamo a mi marido para decirle
que tengo un viaje a Ginebra por asunto de negocios. Me llevará el jueves y
viernes y tengo que salir el jueves a primera hora. Llamo a mi madre para
dejarle a los chicos esta noche y esos dos días.

El jueves por la mañana no me dirijo al aeropuerto, sino a la
granja de Esteban, a dos horas de Barcelona. Como siempre, me angustia el hecho
de no dejar el coche en el aparcamiento del aeropuerto como debería hacer por si
acaso, pero no quiero que ningún taxista sepa adonde voy.

Me recibe Esteban como siempre con un jugoso y largo beso en
la boca durante el cual su lengua explora toda la cavidad y la mía intenta lo
mismo pero siempre se queda en esos carnosos labios de negro que me perturban.
También como siempre están su madre negra y su esposa blanca. Su esposa es
eslava, no sé de que país. Se conocieron cuando eran inmigrantes sin papeles y
la idea del negocio nació de ella. Ahora conforman una familia sin tacha
dedicada a la agricultura ecológica con gran solvencia financiera.

– Maite. Me pediste demasiada cosa para dos días, casi el
menú completo, y para eso la recomendación es de una semana. No te garantizo que
puedas seguir tras el primer día.

– Bueno Esteban, lo que pueda. Te prometo decir basta si me
veo mal. Pero es que estoy absolutamente salida. No aguanto más. Tengo verdadera
obsesión. Me da vergí¼enza que siendo una señora de irreprochable conducta y
modélica madre me entregue a estos excesos.

– No te preocupes mujer, hay mucha gente así aunque no lo
creas. Ahora mismo hay tres para iniciarse y cuatro de las habituales, de ellos
dos son hombres. Pero ya sabes que, quieras lo que quieras hay que registrarlo
en vídeo.

– Si claro, ya me lo dices siempre. Que es la única forma de
que los otros residentes respeten al confidencialidad si reconocen a otro
pervertido o pervertida como yo.

– Bien, anda sube a la habitación 23 y ponte la ropa que hay
allí.

– ¿Por qué vamos a empezar?

– Sorpresa. Tu reserva tan apretada de tiempo me ha hecho
componer un programa especial. Ni siquiera podría responder de mi propia polla
para atender todo, así que tengo previsto un suplente.

– ¡Ay! Esteban, no me defraudes. Si no puedes tu prefiero que
me manejen el coño tu mujer o tu madre, que ya estoy habituada. No me pongas a
un extraño en este trance.

– No te preocupes Maite, eres clienta VIP, no te dejaré en
malas manos.

– Gracias Esteban. Subo a la habitación y en diez minutos
estoy.

– Te esperamos.

En la habitación me pongo "la ropa" con ansiedad contenida.
Una capucha con una cresta simulando la de un caballo, un collar de cuero con
riendas, corpiño con sujetador de media copa, también de cuero, que impulsa
hacia delante mis grandes tetas y comprime mi ya abundante cintura. Unas botas
de gran plataforma y altos tacones que me abarcan hasta medio muslo completan la
indumentaria. Todo el conjunto es negro. No, me faltaba algo. No se donde
meterlo, pero opto por el ano: es un consolador con una cola de caballo y me
queda bien ahí. En el coño hubiera quedado poco airoso.

Me miro al espejo. Pese a mis 44 años no me veo mal. Es más,
me veo atractiva. Madura apetitosa, bien conservada. Si fuera profesora de
bachillerato tendría a todos los elementos masculinos de mi clase enamorados de
mi … y quizá bastantes femeninos. Estoy satisfecha de mi físico a esta edad.
No puedo pedir más de mi misma.

Bajo al vestíbulo de la granja-hotel y me espera Neila, la
negra madre de Esteban. Es una mujerona corpulenta, de mi edad, una altura de
1.75, una perfecta y sana piel de ébano brillante, enormes tetas atractivamente
suspendidas y dotadas de impresionantes aréolas y gruesos pezones, formidables
nalgas bien levantadas y acordes con macizos muslos rematados en recia pierna y
tobillo. Me gustan singularmente sus grandes y cálidas manos rematadas en anchas
uñas lacadas en nácar con perfecta manicura. Pienso que, si la humanidad
estuviera a punto de extinguirse y yo fuese hombre, seleccionaría una hembra
como ella para perpetuarme. Y siendo mujer, siento una instintiva atracción por
ella. Creo que así debió ser la madre Eva de toda la humanidad.

Neila me engancha una correa a mi collar y me saca al
exterior mientras su nuera Katia filma la escena con una cámara. Katia debe
rondar los 25 años, es de piel muy blanca, esbelta, cara bellísima y casi
infantil, sin apenas pechos pero con amplias caderas y culito respingón. En
general es muy atractiva pero no destila una seducción sexual tan perceptible
como el de su negra suegra.

Envidio a las dos mujeres por sus ornamentos. Las dos
presentan sus pezones y labios vaginales decorados con espléndidas argollas y
cadenas, doradas para Neila y plateadas para Katia. Su vestimenta es similar a
la mía: cuero ceñido y resaltando atributos. Y sobre atributos, las dos tiras de
cuero a los lados de los labios vaginales de Neila los impulsan descaradamente
hacia fuera evidenciando su magnitud y el extraordinario clítoris perforado por
una argolla que yo creí la soportaba el capuchón del delicado apéndice.

A la puerta hay una ligera carreta a la que me unce Neila y
me coloca un bocado de caballo. Siento un temor de inmediato. Yo no quería
comenzar por un caballo, nunca lo he hecho. Solamente me he acoplado con perros
y carneros. Me espanta lo que viene. Neila, comprendiendo mi nerviosismo me
calma mencionando que es una toma de contacto. Me arrea con un látigo y parto
cargando con ella en el ligero carricoche hacia las cuadras mientras Katia sigue
grabando mi actividad.

En la cuadra espera Esteban. Sus dos mujeres me conducen a
él, quien no pierde tiempo en calentar más mi ya ardiente cuerpo con hábiles
manejos en mis zonas erógenas. Cuando estoy al límite con mi mano aferrada a su
verga me obliga a acercarme a un caballo semental que está sujeto por cuerdas en
ambos remos y al que calman y acarician Neila y Katia. Ellas dos guían mis manos
al miembro del animal que paulatinamente va creciendo y me enseñan y ayudan en
la tarea de masturbarlo. Cuando la monumental y adorable verga del caballo está
al máximo me vuelvo medio loca. Ya no hace falta que me dirijan o ayuden. Me
apropio de la gran salchicha, la beso, la restriego por mis pechos, la
fricciono, suavemente unas veces, con energía otras. No soy dueña de mi. Me
abrazo a ese pene, me abalanzo a morderlo. Las mujeres de Esteban me calman y
retiran el gran vergajo de mis manos porque el caballo se crispa asustado de mis
descontrolados impulsos.

Me calmo, Neila me devuelve la tranca del caballo mientras
Katia acaricia y succiona mis grandes pechos y siento la gruesa y larga verga de
Esteban penetrando mi ano. Neila, con una mano sobre mi hombro y otra sobre las
mías, que se aferran nerviosamente al pene del caballo, me asiste a acompasar el
vaivén de la polla de Esteban con el ritmo de mis manos sobre el miembro del
semental. A poco me encuentro en la gloria, relajada, besando y lamiendo la
tremenda verga mientras el negro me sodomiza y su madre me ayuda en la faena.
Percibo como Katia vuelve a utilizar la cámara de vídeo. Pienso que quiero verme
en esa película. Me gusta que me graben. Me gusta que la utilidad de mi cuerpo
sea pública. Me gustaría que mil personas me vieran mamando la verga del
caballo.

Vuelvo en mi cuando Neila me avisa de que el caballo está a
punto de soltar la carga y que me prepare. Y tanto que me preparo. Arrecio la
presión de mis manos y la viveza de la fricción y abro mi boca para recibir su
esperma. Estúpida de mi, en mi brumosa mente no me di cuenta de que no estaba
tratando con un perro como otras veces, el chorro que soltó aquella manguera
casi me ahoga. Mi cara y todo mi torso quedaron bañados en esperma al mismo
tiempo que los testículos de Esteban se vaciaban en mi recto y obtenía mi primer
orgasmo. Más por la consciencia de ser una cerda lúbrica rellena de esperma que
por los estímulos físicos.

Quedo exhausta por la intensidad y profundidad del orgasmo y
por el esfuerzo para mantener la postura inclinada de acceso a la tranca del
bicho. Me recojo en el suelo mientras advierto cómo Katia toma con su cámara mi
cara bañada por el esperma del caballo, además soy consciente de que de mi boca
resbala buena cantidad que no he podido tragar y que, por si fuera poco, mi
expresión debe ser una mezcla entre estúpida y perturbada. Después escucho el
motor de la cámara filmando mi ano del que sale el semen de Esteban mezclado con
las heces fecales que soy incapaz de contener. Por no ser capaz de contener
también me meo. Y a mi meada acude la cámara de Katia y, por razones que no
sabría explicar, la estampa mental de la imagen real de mi coño meando ante una
cámara me provoca otro orgasmo que me deja tan débil que me transportan al hotel
en el mismo carricoche al que yo había sido uncida una hora antes.

 

CONTINUARí.

Comentarios a
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Final del anterior capítulo:

Quedo exhausta por la intensidad y profundidad del orgasmo y
por el esfuerzo para mantener la postura inclinada de acceso a la tranca del
bicho. Me recojo en el suelo mientras advierto cómo Katia toma con su cámara mi
cara bañada por el esperma del caballo, además soy consciente de que de mi boca
resbala buena cantidad que no he podido tragar y que, por si fuera poco, mi
expresión debe ser una mezcla entre estúpida y perturbada. Después escucho el
motor de la cámara filmando mi ano del que sale el semen de Esteban mezclado con
las heces fecales que soy incapaz de contener. Por no ser capaz de contener
también me meo. Y a mi meada acude la cámara de Katia y, por razones que no
sabría explicar, la estampa mental de la imagen real de mi coño meando ante una
cámara me provoca otro orgasmo que me deja tan débil que me transportan al hotel
en el mismo carricoche al que yo había sido uncida una hora antes.

– – – –

Despierto en mi habitación con sensación de cansancio, hambre
y suciedad. Me ducho recordando entretanto mis últimos trajines y, ante su
recuerdo, no tengo más remedio que acudir a mi maleta y sacar el consolador
vibrador que siempre llevo en mis viajes. Cuando me encuentro en plena faena
llama a la puerta Neila. La atractiva mujer pregunta como me encuentro y se lo
cuento sin reparo. Ella tampoco tiene escrúpulo en ofrecerme alivio y yo,
alucinada por la oferta de tal mujer, me entrego en sus deliciosas y hábiles
manos que recorren todo mi cuerpo arrancando placer de cada punto. Descubro
zonas erógenas donde jamás creí que hubiera la menor posibilidad, pero esta
mujer conoce perfectamente la anatomía femenina y como obtener de cada palmo de
piel un cáliz de deleite.

He tenido ya tres orgasmos cuando se detiene en mi vulva. Su
lengua la abre y penetra totalmente apoderándose del gran caudal de mis néctares
que asemejan casi una meada. Después se centra en mi clítoris mientras dos de
sus deliciosos dedos largos y fuertes penetran en mi interior. Después un tercer
dedo, … un cuarto … su mano entera está en mis entrañas. Se abre, palpa y
acaricia por dentro mis órganos, suave, delicadamente toda mi cavidad recibe su
atención, ni un centímetro de mis paredes se queda sin caricia. Después cierra
el puño y comienza un suave vaivén.

Me está follando con su puño rítmicamente, despacio primero,
acelera, cuando comienzo a llegar al orgasmo su ritmo es frenético y después de
mis demenciales convulsiones sigue hasta provocarme otros dos profundos y largos
orgasmos más.

Quedo reventada sobre su acogedor y plácido cuerpo mientras
sus cautivadoras manos acarician mi cabeza y sus suaves labios se posan sobre
los míos.

Quedamente se levanta para dejarme descansar. Escucho, a
punto de dormirme su aterciopelada voz que me dice que dos horas subirá a
despertarme para la comida.

Me parece que apenas han pasado unos segundos cuando Neila me
aparta de unos plácidos sueños que hacen que encuentre mis muslos empapados.
Cuando veo la brillante piel de ébano de esa diosa, pretendo continuar en la
cama con ella, pero afectuosamente me rechaza y me invita a la comida. Me pongo
una leve y casi transparente bata corta y bajo al comedor sin siquiera limpiar
mis muslos.

Hay una docena de personas sentadas a una larga mesa en la
que están además Katia y Esteban. A varias la conozco, son hombres y mujeres de
mediana edad, como yo, algunos son matrimonio. Me fijo en una chica nueva, no
parece tener más de 16 años y está junto a un hombre de unos 40. Es bellísima,
no lleva ninguna prenda y muestra unos soberbios pechos de pezones erguidos
hacia el cielo.

– Antes de empezar a comer saben ustedes el protocolo. Por
favor.

Empiezo yo.

– Me llamo Maite, tengo 44 años, estoy casada, dos hijos y
soy una feliz zoófila.

– Me llamo Ramón, tengo 50 años y soy un orgulloso zoófito.

– Me llamo ….

La niña.

– Me llamo Lidia, tengo 15 años, soy amante de mi papá,
quiero darle un hijo y quiero ser una feliz zoófila junto con él.

– Me llamo ….

– Bien, pues a comer.

Entran un par de camareras a quienes conozco de otras veces.
Van ligeras de ropa como todo el mundo. Solamente un delantal, cofia, medias con
liguero y zapatos de tacón muy alto. Además de camareras las chicas también
trabajan en el otro "negocio" de la granja-hotel. Como con apetito. Durante la
comida Esteban programa las actividades.

– Maite, si no te importa, durante tu coyunda con el perro de
esta tarde estará presente Lidia que se iniciará en ello, para que vea como se
hace, aunque tendrá ayuda en sus primeras veces.

– No, no me importa enseñar a esa belleza. ¿Cual perro será?.

– Tu te aparearás con Moro, el gran danés y Lidia lo hará con
Caín, el pastor alemán.

– Que suerte tienes nena, Caín, pese a su nombre es muy dócil
y muy hábil con las humanas. Moro es muy brusco, pero tiene un enorme pene que
siempre me deja muy satisfecha.

– Estoy muy nerviosa señora.

– No te preocupes, Neila, Katia o cualquiera de las otras
chicas son expertas y te iniciarán muy placenteramente. Gozarás desde la primera
vez, te lo prometo.

Esteban comunica a los demás su programa. Me llama la
atención que uno de los matrimonios haya solicitado que la esposa sea sodomizada
por un perro mientras el marido le folla el coño. Estoy en duda de que un perro
consienta compartir la hembra, pero si Esteban no se opone, es que habrá alguno.

Vuelvo a la habitación y me entrego a una siesta hasta la
hora de mi apareo con Moro. Bajo al salón y Neila nos conduce a Lidia, su padre
y yo a una sala alfombrada donde ya he sido follada varias veces.

Neila invita al padre a sentarse en un sofá y me indica que
yo debo mamarle la polla mientras el perro me monta. Lidia mirará, aunque hace
un mohín. Siente celos de que yo me coma la polla que ella ama.

Neila trae a Moro con las patas ya vendadas y me unta
fragancias de perra entre mis piernas. Me dice que yo misma le conduzca al
agujero que quiera y lo deja a mi disposición. Con el perro tumbado acaricio su
bajo vientre hablándole quedamente como si de un amante humano se tratase.
Consigo hacerle aflorar su pene y entonces lo trabajo con la boca, notando como
se hincha el enorme vergajo. Mientras, he decidido entregarle mi ano y, en honor
a Lidia, para que vea que no es arriesgado, le dejaré que meta dentro su bulbo.
Se lo digo a Neila y asiente. La niña tendrá que esperar después hasta que el
perro me desabotone. Moro suele tardar bastante, más de media hora. Mientras
tanto me solazaré con la polla de su padre.

Me ensalivo la entrada del agujero, me pongo a cuatro patas
cara al padre ed Lidia, sentado en el sofá, y llamo al inteligente animal que ya
sabe como montarme con presteza. Tomo su pene y lo encauzo a mi esfínter
sujetándolo para que me penetre poco a poco, pues su pene es muy voluminoso y
ahusado. Le permito la entrada completa hasta que siento la piel de su barriga
en mis nalgas. El animal comienza una frenética cabalgada que me agita
totalmente y me impide tomar en mi boca la polla del hombre.

Escucho a Neila dar instrucciones a Lidia y asegurarla que
cuando ella sea penetrada las primeras veces se sujetará a su amante canino para
que no sea tan violento. Cuando tenga experiencia ella misma decidirá, como yo,
que agujero ofrecer y hasta que extremo.

Mi mente se va ofuscando y evadiendo del entorno, renuncio a
la otra polla, de momento me basta con la enormidad que ocupa mi sufrido recto.
Tan arrebatadamente como el perro me cabalga, froto yo mi clítoris. Alcanzo un
maravilloso orgasmo en el mismo momento que siento la descarga del esperma
llenando mis intestinos.

Moro se da la vuelta dejándome abotonada a él por su bulbo.
No intenta despegarse, ya tiene suficiente experiencia. Entonces recibo en mi
boca la polla del hombre y me dedico de lleno a ella ante la cara de disgusto de
Lidia. Para cuando el hombre se descarga y comienzo a beber su esperma, Moro se
despega de mi y siento como resbala su enorme cantidad de leche desde mi agujero
por los muslos. Neila, atenta, ya ha colocado una toalla para no ensuciar la
alfombra y con ella limpia lo que aún me va saliendo del recto.

Una vez limpia me siento en el sofá ya que Lidia me invita a
presenciar su iniciación en agradecimiento por prestarme a la lección preliminar
que le he ofrecido.

Neila prepara a Lidia. La coloca también a cuatro patas de
espaldas a su padre que quiere ver bien la primera penetración de su nena por un
animal.

Lidia está agarrotada u Neila la acaricia para calmarla. Pero
aún tiembla cuando la hermosa negra hace pasar a Caín. Unta a la niña con los
extractos de perra y la fuerza a acariciar la tripa del chucho para hacer
expandir el pene. La chica no se atreve a mamar esa verga tan roja y Neila lo
hace dándoselo después a ella quien comienza tímidamente pero se va animando y
al final mama con verdadera ansia. Neila la acaricia sus espléndidos senos con
una mano y el clítoris con la otra. La atractiva mano negra con sus nacaradas
uñas sopesando los níveos pechos de la niña es una visión conmovedora. Intento
reanimar la polla de su padre y no me cuesta mucho, él también está embelesado
con el contraste de pieles que envuelven los dos perfectos cuerpos.

Cuando Neila hace montar a Caín sobre Lidia, me arrodillo
ante el hombre para no impedirle la visión de la penetración de su hija y
nuevamente vuelvo a albergar su polla en mi boca mientras le introduzco un dedo
en el ano.

No sé si por efecto de la visión de su hija montada o por el
efecto de mi dedo en la próstata la polla crece más y tengo dificultades para
introducirla entera en mi boca ya que es demasiado gruesa, Soy experta en
mamadas y no tengo dificultad en hacer pasar una polla hasta mi esófago, pero
soy impotente para abrir la boca más de cierto grado.

Me pierdo el apareo de Lidia, pero escucho los esfuerzos de
Neila para templar el vaivén del perro. La niña gime y grita, pero no de dolor.
Si ha sido capaz de albergar en su coñito la gorda polla de su padre no tendrá
dificultad con el pastor alemán.

Por fin la niña estalla en un orgasmo. Es difícil que suceda
la primera vez. Pero además más tarde viene otro, cuando siente el chorro del
perro en su vagina, que manifiesta con grandes alaridos y convulsiones.

Coincidiendo con el último orgasmo de la niña, su padre se
vacía por segunda vez en mi boca y vuelvo a solazarme con su leche que paladeo
tranquilamente antes de empezar a beberla.

Pero no la bebo, veo como me mira la chica con resquemor y me
acerco a ella, tirada en el suelo, para devolverle el néctar de su propiedad.
Antes de manifestar mi intención ella la intuye, me da las gracias y abre su
boca para que deposite en ella el apreciado caldo de su padre.

Después la niña se deja caer en el sofá donde estamos su
padre y yo, poniendo su respingón culito entre las piernas de él y le agradece
con besos la grata experiencia que le ha proporcionado. El padre le promete
comprar un perro y hacer el amor entre los tres.

Cuando nos retiramos al baño para que Neila nos lave, nos
detenemos un rato en el salón contemplando como un perro sodomiza a uno de los
hombres mientras Katia le mama la polla. Más allá su esposa disfruta de un pene
doble de silicona que una de las camareras empuja y retira con un extremo
encajado en cada agujero mientras la mujer se frota el clítoris y contempla a su
marido.

Neila nos ayuda haciendo una irrigación vaginal a Lidia e
inyectándome a mi un copioso enema que no tarda en hacer efecto. La chica
observa curiosa cómo mis tripas se vacían explosivamente. Después Neila nos
introduce un desinfectante diciendo, cosa que yo ya se, que es por asegurarse,
puesto que los animales de la granja que aparean con los humanos tienen una
higiene extrema.

CONTINUARí.

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Resumen del relato:
    Quiero mucho a mi marido y mis hijos, pero no puedo evitar tomarme de vez en cuando unos días para dedicarlos a mi amor por los animales.

Caniche

Caniche (23)

Estaba hoy sentado mirando unas paginillas guarras y
masturbándome tan ricamente frente a mi ordenador, mientras mi mujer miraba en
el salón de casa la cutrada esa de Gran Hermano, cuando me ha venido a la mente
la última vez que tuve un orgasmo con un animal. He dejado de meneármela y he
decidido escribir esa anécdota para compartirla con vosotros:

Debía tener yo unos 25 o 26 años y estaba saliendo con una
chica cuya madre vivía en otra ciudad. Frecuentemente íbamos mi novia y yo a
visitarla el fin de semana. Obviamente, dormíamos en habitaciones separadas,
aunque por la noche hacíamos alguna escapada para echar un clavito.

La madre de mi novia tenía una perrita, una caniche toy
blanca, jovencita, de un año, que se llamaba Piki. Era una perrita muy cariñosa
y muy besucona; a la que te descuidabas, ya te estaba lamiendo.

Ese día, no había habido sesión de sexo por la noche y estaba
yo bastante caliente. Aprovechando que mi novia y su madre se habían ido de
compras, me saqué toda la ropa y me estiré en el sofá de la casa dispuesto a
hacerme una buena paja, mientras dejaba que por mi imaginación volaran las
fantasías más increibles y obscenas. A Piki le debió parecer que me lo pasaba
demasiado bien sin ella o debió sentir curiosidad por el rítmico movimiento que
estaba realizando, así que empezó a ponerse a dos patas, intentando subirse al
sofá.

Por supuesto, yo estaba concentrado en lo mío y le hice caso
omiso, continuando con el movimiento de bombeo sobre mi polla. Pero la perrita
insistía, quería subirse conmigo, así que se me encendió la bombilla… La
agarré y la subí al sofá. Ella inmediatamente fué a buscar mi cara para llenarme
de lengí¼etazos, pero yo me abrí de piernas, la coloqué entre ellas y, tamando
con mi mano derecha mi polla y con la izquierda su cabecita, la guié hasta la
punta de mi capullo. Dió dos lengí¼etazos tímidos, se paró un momento y empezó a
lamerme el miembro con dedicación increible. Yo estaba a mil.

Al cabo de un rato, me cansé del juego, ya que Piki no
dirigía su lengua sólo allí donde a mi me interesaba, sino que lamía toda la
longitud de mi nabo e incluso mi peludo escroto. Parecía que ya se le había
acabado el gusto a la punta de mi pene… Bueno, sería mejor que continuara con
mi paja del modo tradicional…

Pero mi pervertida imaginación volvió a jugar su papel y se
me ocurrió una nueva tarea para Piki. Levanté mis piernas hacia arriba,
atrayendo mis rodillas hacia mi pecho. Mi culo quedaba abierto y a la entera
disposición de la perrita. No me hizo falta indicarle mucho para que se diera
cuenta de donde estaba el lugar adonde debía dirigir sus lamidas. Efectivamente,
su lengua se fue directa a mi ano y empezó a chupar como si aquello fuera el
majar más bueno del mundo.

En esa postura, con mi culo totalmente expuesto a las
atenciones orales de la caniche, reanude mis movimientos masturbatorios. Estaba
en la gloria, la sensación era inigualable. Pronto noté la sensación eléctrica
de un inminente orgasmo, pero decidí parar un momento y esperar a que me pasara
para poder rotomar otra vez mi paja, mientras Piki no cejaba en su tarea.

En esa postura grotesca pude observar como mi polla palpitaba
tremendamente inchada por la excitación que me producía la situación. La
caniche, por su parte, debía haber acabado de saborear el exterior de mi ano y,
pegando su chato hocico a mi agujero, intentaba introducir su pequeña y ágil
lengua en mi interior. Como a veces me introducía algún objeto en el recto en
alguna de mis sesiones onanistas, no lo tenía muy cerrado, así que a la perra no
le resulto muy difícil conseguir su objetivo.

La verdad es que no pude aguantar mucho rato la exquisita
sensación de ese beso negro realizado por la mascota de mi novia. Cuando noté de
nuevo, sin siquiera tocarme el miembro, la urgencia del orgasmo, bastó con
agarrármelo para que una inmensa corrida fluyera placentera y mansamente sobre
mi estómago. Os aseguro que me han comido el culo más de una vez, tanto tías
como algún tío, pero nunca nadie ha sido capaz de igualar la técnica y la
perfección que consiguió Piki.

Cuando acabé de soltar el semen, agarré mi polla y,
dirigiéndola hacia abajo, se la acerqué a la caniche al tiempo que forzaba su
cabecita a dejar su situación entre mis nalgas para que prestara atención a la
punta de mi nabo, llena de leche calentita. Había intentado alguna vez que algún
perro lamiera el semen, pero os puedo asegurar que es una cosa bien dificil, no
es manjar del gusto de su paladar… Pero para mi sorpresa, la lngua rapida y
ágil de la joven perra se esforzó a que no quedara ni rastro de que ese nabo
acababa de correrse. Cuando acabó con mi polla, la dirigí a mi estomago, donde
estaba el charco con los restos de mi orgasmo y, de igual forma, dio cumplida
cuenta de la leche que allí había, librándome de una de las tareas más
engorrosas de hacerse una paja en el sofá: ir hasta el baño sin manchar nada.

Esta fue, hasta día de hoy, mi última experiencia sexual con
animales, aunque no había sido la primera. Después de ese día ya no tuve
oportunidad nunca más de estar a solas con mi querida Piki ya que poco tiempo
después acabó mi historia con esa chica, después de soportar que me pusiera más
cuernos que a una manada de ciervos.

Otro día más cosas que me han pasado, ¿vale?

 

Resumen del relato:
    De como la caniche de la madre de mi novia me ayudo a acabar una masturbacioncilla que me estaba realizando en el sofá (H~perra, mast, zoo).

Turismo

Turismo (23)

Como la economía ya se había mejorado mucho decidimos irnos
de vacaciones. Nos apetecía hacer turismo rural. El lugar escogido fue las
afueras de la ciudad, esa ciudad que nos ahogaba y en la que tantos malos ratos
habíamos pasado en el ultimo año.

Salimos de casa muy temprano como le gusta hacer a T.J, como
el dice quiero aprovechar todo el día, y tiene toda la razón. Llegamos a la
casita de madera echa con un gusto estupendo y nos acostamos un ratito cansados
por el largo trayecto.

Después de descansar un par de horas nos dispusimos a dar un
paseo, mientras el se daba un baño y preparaba un bolso yo cociné algo rápido
para comerlo por ahí. Ya llevábamos caminado un buen trecho cuando vimos un buen
lugar en el que pararnos para almorzar. Mientras estabamos allí, sentados y
degustando la deliciosa comida oíamos el ruido de los pequeños conejos saltando
de aquí para allá.

Nos levantamos para caminar un rato mas, pero cual fue mi
susto cuando vi, que por encima de los matorrales se encontraba un hombre con su
burro, al darse cuenta de que lo habíamos pillado se echo a correr dejando allí
al pobre animal que nos miraba con cara de no saber que pasaba.

T.J llamó al burro y no se como, éste vino manso a nuestro
lado. Cuando yo mire a T.J a la cara ya sabía en lo que estaba pensando, tenía
ese brillo en los ojos de niño malo, que tanto conozco yo. Pero como yo tampoco
soy una santa comprendí perfectamente el porqué T.J extendió la manta de nuevo
en el suelo y me miró con sus ojos brillantes. Yo me tumbé no sin antes y sin
mediar palabra sonreír a T.J, para hacerle saber que lo que pensaba hacer a mí
me pareció una idea sensacional.

í‰l se desvistió tan rápido como nunca lo había echo, bueno de
que hablo si cuando él ya estaba con el pantalón yo ya estaba totalmente
desnuda, me di cuenta de que no llevaba nada bajo el pantalón y me puse todavía
mas cachonda si cabe, me miró a mi entrepierna y pasó su lengua alrededor de su
boca indicándome lo que me iba a hacer al ver que mi coñito estaba totalmente
rasurado, curioso que estuviéramos los dos como dos bebés, totalmente calvos en
nuestras zonas mas ardientes.

T.J se agachó y me acarició todo el cuerpo desde los pies que
no se como pero deje que me los comiera y masajeara. Luego subió hasta mi
conchita la abrió con su lengua y me la comió como nunca lo había hecho. Yo
suspiraba cada vez que su lengua pasaba por mi rajita. Lo aparte y me metí su
dura polla en mi boca, no sin antes comerle sus huevos que estaban totalmente
inflados y muy duros de la leche que contenían y como no de lo cachondo que
estaba. Le pasaba mi lengua por cada rincón de su falo, y, lo miraba para saber
si lo que hacia era de su agrado, en efecto creo que al echar los ojos hacia
detrás me estaba indicando que si le gustaba mi manera de saborear su gorda
verga hinchada de excitación.

Como tenemos que ser muy amables con los invitados, cogimos a
nuestro curioso amigo el burro, y lo acercamos hasta la manta. Me acorde de que
llevaba miel en la cesta de la comida y se la puse a T.J en su culito después de
que éste se colocara a cuatro patas igual que si fuera un perro, aquí empezaba
la realización de una de nuestras fantasías eróticas mas deseadas por los dos,
creo que por el burro también.

Como decía le puse miel a T.J, entonces el burro capto la
indirecta y se apresuro a recoger toda la miel de tan rico plato, con su lengua
la lamía toda, yo había tenido la idea de ponérsela por todo el culo, pero sobre
todo por su agujerito, que se por experiencia que es su punto débil. Cada vez
que nuestro amigo pasaba su lengua por allí, T.J soltaba un suspiro: ¡mmmmmmmmm!
Mientras que yo me ponía cada vez más cachonda viendo como un burro se
beneficiaba a mi chico, y, como él gozaba con cada lengí¼etazo.

Cuando se acabo la miel del plato, me puse en mi coño y el
burro la comió igual, así gemía T.J, joder que placer daba su lengua. Había un
tronco por allí, T.J se coloco encima, y, yo le puse miel en la polla y en los
huevos, descubrimos entonces que el burro resulto ser muuuuuuuuuy goloso, no
dejaba ni una gotita de miel. Luego me coloque yo y T.J le empezó a tocar la
polla, ¡y que polla! Al burrito. í‰ste ya estaba con su verga fuera, pero
necesitaba una ayudita, como se notaba que estaba bien cuidado y muy limpio, T.J
se la metió en la boca, bueno toda no porque eso era imposible por muy profunda
que uno tenga la garganta ese pollón no le cabe en la boca a nadie, pero T.J la
saboreaba igual, al tiempo que se la comía se la cascaba y así el burro gemía y
rebuznaba como un loco.

T.J llevó la polla del burro hasta mi coño, con cuidado para
no hacerme daño y, este me folló como si yo fuera su hembra, mientras le comía
la polla a T.J, que de repente se corrió soltando toda su leche en mi boca, no
se como pero la saboree como nunca y la trague toda, absolutamente toda. Esto a
él lo puso aun más cachondo, y como vio que ya yo me había corrido ya un par de
veces con la polla del burro en mi coño, me pregunto si le dejaba el sitio libre
para ser agujereado por el asno. Yo encantada le dije que si, no sin antes
comerle la polla al burro, ya que estaba de mi coñito para dejársela muy bien
ensalivada a mi chico empalmado. El burro no podía aguantar mucho más así que se
la espichó a T.J hasta lo mas hondo, él dio un grito de dolor y se quedo blanco
como una hoja de papel, al burro se ve que esto no le importo ni lo mas mínimo y
siguió metiéndola yo le eché a T.J agua fresca en la cara y reaccionó, vaya si
lo hizo que me comenzó a comer el coño

El burro la metía y la sacaba una y otra vez, se notaba que a
T.J ya se le había pasado el dolor, ya tenia colorcito en la cara y se movía
como un loco. El burro estaba a punto de caramelo, rebuznó y se corrió en el
culito de T.J, llenándolo de leche caliente que se le salía por todos lados. T.J
se levantó, y me tumbo sobre el tronco, como todavía no se había corrido después
de la enculada, me abrió el coño con sus dedos se ensalivó la polla y me la
metió una vez en el coño y otra en el culo, una en el coño y otra en el culo, y
así unas cuantas veces hasta que se corrió dentro de mi coño al mismo tiempo que
yo.

Nos despedimos del burro dándole algo de comer y nos fuimos a
la cabaña. Allí nos duchamos y nos quedamos dormidos. Fueron una vacaciones
fuera de lo común, ya que las compartimos con varios animales, entre ellos un
perro y una cabra. Mas que turismo rural se debería llamar turismo zoológico.
Después de un mes y al regresar a casa yo me encontraba muy mal, fuimos al
medico y nos dieron la noticia de que esperábamos un hijo, vaya unas vacaciones
muy completas, tanto que al año siguiente volvimos para que nuestro niño viese
donde había sido engendrado.

No se puede decir que mi amor y yo no adoremos la naturaleza
y los animales, sólo que de una manera diferente, más cercana.

Para ti T.J para que veas que te quiero mucho y que no puedo
vivir sin ti.

 

Resumen del relato:
    Lo que puede pasar hasiendo turismo.

Mi experiencia canina

Mi experiencia canina (23)

Hola soy una chica de tan solo 15 años, pero con deseos
grandes por el sexo, me considero una chica deliciosa, puesto que a mi edad
muchos hombres maduros quisieran hacerme suya, pero yo no los dejo, tanto que
hasta mi profesor ya me follo y solo lo deje para que me pasara, y otros
maestros y compañeros, pero siempre lo hago con protección, bueno en fin, a lo
que voy es de mi primer experiencia zoofilica y ahí les va, antes de comenzar
mis medidas son 89,58,88(una delicia verdad), bueno ahí les va.

Era jueves por la tarde y estaba gozando ese dia y el otro
tambien de un fabuloso descanso puesto que el miércoles en mi escuela me
avisaron que no iba a ver clases el jueves ni el viernes, ese dia entre a
internet y comence a buscar paginas de sexo, en eso una de tantas paginas que se
habrian solas venia una de zoofilia y vi a una chava cogiendo a cuatro patas por
un perro, le di un clic y me llevo a una pagina donde habian videos, fotos y
relatos con o sin fotos, solo de verlas fotos me exite demasiado en ese momento
entro mi mama y me dijo que se iba a ir a ver a mi abue, entonces apague el
monitor y le dije que estaba bien, cuando ella se fue me quede sola en casa y mi
papa llegaria hasta las 10 de la noche, entonces fue cuando comence a leer
relatos y al leerlos me exitaba, tanto que me masturbe tres veces, la apague y
me fui a dormir a eso de las 10, cuando mi papa llega, ya en mi cuarto acostada
en mi cama me masturbaba pensando en que era cogida por un perro.

Al otro dia fui decidida a comprar un perro para realizar
esos deseos que tenia, agarre mi dinero ahorrado que eran unos 300 pesos y fui a
una tienda de mascotas, una que esta cerca de mi casa llegando a la tienda veo
que el perro mas barato costaba 600 pesos y era un perrito y vio los grandes y
unos perros costaban desde 900 hasta 2000 pesos asi que me desanime, pero al
verlos me recordo a los del internet, me regrese a mi casa con una desilusión,
ya una vez en mi casa me dirigi a la computadora y entre a internet a buscar mas
relatos, en eso veo que a los perros les gusta seguir y follarse a las perras
que estan en celo y me dije que como haria eso, entonces pense en ir de vuelta y
preguntar en la tienda si una perra estaba en celo, me sali de internet pero
deje la computadora encendida, en eso mi mama me habla y me dice que no iba a
llegar a dormir por que se habia enfermado mi abue, entonces aproveche ese dia,
me dirigi de nuevo y pregunte al vendedor por una perra en celo me dijo que solo
tenia una y me la enseño estaba alejada de los demas y era lógico todos los
machos caninos se la querian coger, la vi y lo que se me vino a la mente era en
un relato que con un pedaso de papel o tela limpiara la vagina de la perra para
llevarme su olor, entonces eso hice, fui al baño de la tienda y saque papel , me
dirigi a la perra le limpie su vagina y me fui, al salir y pasar por un terreno
baldío vi que al pasar en la mano con ese papel me seguían muchos perro como
unos cuatro y me senti cachonda por eso, pero unos me veian como si estuviera
sucia y que por eso me seguían, pero no tome importancia , al llegar a la puerta
de mi casa eran siete perros asi que dije que era mi oportunidad de hacerme de
un perro y asi fue, escogi al mejor y lo deje pasar y a los otros los deje
afuera, cerre la puerta y el perro empezo a lamer mi mano con el papel y era
obvio con ese olor de perra en celo que perro macho no se iba a exitar, lo meti
y lo amarre con un lazo, después prepare el baño, para lavarlo puesto que estaba
muy sucio y asi fue lo bañe y quedo como perro fino, lo peine y todo eso quedo
muy limpio, lo volvi a amarrar pero ahora en el patio de atrás, después de eso
me prepare, para lo qu vendría, ya tenia al perro y a su pene, yo ya estaba
lista y mi vagina tambien para recibir su pene, pero se me vino a la cabeza
vestirme de perra para el, entontes recorde que por mi casa habia una tienda de
disfraces y fui, al llegar, a la persona que atendia le pregunte que si tenia un
traje de perro y me dijo que si que solo tenia uno, entonces lo pedi , lo compre
y vi que tenia su cabeza con orejas y cara de perro(lógico), sus patas y manos
de perro y su cola que era un liston que se amarraba a la cintura, me dirigi a
mi casa y una vez ahí, lo empeze a rediseñar a mi manera, le corte la cara y
solo de deje las orejas pero que mi cara se viera, corte como guantes, solo las
manos y como botas los pies y quite la cola, lo demas lo escondi debajo de mi
cama, después de eso estaba decidida, me meti al baño y me di una ducha como de
una hora y media sino es que mas, saliendo oigo que mi papa llega, pero era muy
temprano, eran las 8:30 de la noche en eso me dijo que habia ido con mi mama y
habia pedido permiso en su trabajo para llegar temprano, me dijo que para que no
estuviera sola, en eso no me acorde del perro y fui a mi recamara, y ahí fue
donde lo recorde mi papa ya se iba a dormir pórque me habia dicho que al dia
siguiente se iba alas diez para ver a mi mama, asi fue, escondi al perro en una
casita que hay en mi patio y ahí se quedo.

Al otro dia mi papa se fue a las diez de la mañana y me quede
sola, ese era el dia decisivo, me di un baño igual de hora y media, al salir
solo con una toalla que me cubria, suena el telefono y era mi mama y me decia
que llegaria hasta la noche con mi papa, entonces aproveche fui a mi recamara a
preparar el traje, fui por el perro lo meti y lo deje en la sala y le dije que
me esperara que me cambiaria para el, entre y me encerre en mi cuarto no sin
antes cerrar con llave y seguro la puerta de la entrada de mi casa, ya en mi
cuarto saque la vestimenta, y desnuda por completo, me coloque la cola de perro
sujetada por un liston en la cintura que la tengo planita, después las patas en
los pies y en las manos y las orejas, me vi al espejo y parecia toda una
perrita, después fui por el papel con el olor que seguia igual de fuerte y por
unos calcetines para sus patas, para que no me rasguñara como en relatos habia
escuchado, sali y le dije, mi amor este es tu dia de suerte:

ME VAS A COGER, hazlo soy tu perrita, hazme lo que quieras,
me dirigi a el le coloque los calcetines y puse la toalla en el suelo, me sente
abierta de piernas y deje que se acercara, yo nerviosa pero con unas ganas de
que me cogiera, vi como se me acerco olio mi vagina, en eso me paso el papel por
mi vagina, mis pechos, mi cara, mi boca, y mis piernas, el perro al olerlo se
puso como loco, entonces me ladro como diciéndome que me volteara para que me
montase, y asi hize, me gire en cuatro patas dejando mi culo para su ocico y
abriendo lo mas que pude las piernas en eso me mota y al voltar a ver vi como
salia su pene rojo, delicioso, ya lo queria dentro de mi, entonces ayude a
dirigirlo y asi fue , entro a mi vagina de un solo golpe, senti dolor, pero
tambien goze , después de eso senti sus embestidas y gemi como una perra, senti
su bola y la deje entrar, en eso yo le gritaba SIIIII PERRITOOO DAME MASSSSS DE
ESSSEE PENEEEEE TAN GRANDE QUE TIENES DAME TODO LLENAMEEEEE DEE ESE SEMENNNQUE
TIENES TAN ABUNDANTE, SOY TU PERRAAA, COGEMEEEE, MMMMM, parecia que me entendia
y me daba mas duro cada vez, yo gemia bastante y muy fuerte asi dure bastante
tiempo, ese momento duro como 30 minutos o mas en lo que se corrio dentro de mi
y saco su bola pero yo habia tenido como 5 orgasmos en ese momento o mas,
después de eso lo bañe junto conmigo y se la mame mientras nos bañábamos, y se
volvio a venir en mi boca y cara, trage el semen, pero decidi que no solo iba a
ser de el sino de mas perros callejeros y tambien de clase, los finos, asi que
una vez bañado lo saque a dar una vuelta vestida con un short de licra muy
pegado y un top igual, sali y lo deje por ahí, hasta que lo perdi para que no me
siquiera, asi fue y volviendo a mi casa pase por una tienda y tres hombres
arriba de 25 años me siguieron mientras me decian que que BUENA ESTABA, me
pusieron a mil pero a la vez me asuste porque me podian violar entre los tres,
por suerte o por mala suertes se fueron y yo seguí hasta mi casa y en eso veo
que llega mi papa con un perro y me dijo que era para mi, ya estaba algo
crecido, asi que decidi, que el perro tendrá la suerte de cogerme y hacerme
suya, pero esa es otra historia…

Si quieren invitarme a salir y porque no a divertirnos en una
casa solos para… escríbanme y si tienen un perro háganme una cita con el..
besos y mamadas, bye…..


POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Era jueves por la tarde y estaba gozando ese dia y el otro tambien de un fabuloso descanso puesto que el miércoles en mi escuela me avisaron que no iba a ver clases el jueves ni el viernes, ese dia entre a internet y comence a buscar paginas de sexo, en eso una de tantas paginas que se habrian solas venia una de zoofilia y vi a una chava cogiendo a cuatro patas por un perro, le di un clic y me llevo a una pagina donde habian videos.

El primer perro de Laura

El primer perro de Laura (23)

EL PRIMER PERRO DE LAURA

Laura y yo llevamos viviendo juntos varios años. Ella está
espléndida a sus 32, la misma edad que yo. Tenemos una vida muy activa de sexo y
no tenemos niños. Ella es bajita, de 1.55, cerca de 55 k, y un cuerpecito muy
bien hecho, con muchas curvas.

Conseguimos acceso a Internet hará alrededor de un año y medio. Como mucha
gente, estaba yo navegando una noche, curioseando por todos esos sitios pornos,
y visité algunos de zoofilia. ¡Nunca había visto algo parecido en toda mi vida!
Me puse calentísimo, perros, caballos y burros que se tiraban a mujeres. ¡Y esas
mujeres se los mamaban, follaban y bebían de sus calientes corridas! Me excitó
demasiado.

Un día, Laura se acercó al ordenador una noche y mientras, yo miraba a una mujer
que estaba mamando a un caballo, y se tragaba toda su corrida. Comentó que la
chica debía de estar enferma y que yo era un pervertido por mirar esas cosas.
Intenté atraer su curiosidad hacia el tema pero no le interesó. Desde entonces
me cuidé de que no me viera navegando por esos lugares.

Después de mucho mirar todas esas escenas de sexo con animales, el tema me ponía
tan caliente que empecé a fantasear de ver a Laura haciéndolo con un perro
grande, no sé porqué, solamente pensar en ella con una enorme polla de perro en
su coñito apretado me volvía loco. Pensé que podría hablar con ella de esto de
alguna manera. Nunca he deseado compartirla con otros hombres, y no creo que lo
vaya a considerar excepto solamente con un gran perro, algo que me ponía loco de
lujuria.

Nunca pensé que podría suceder, teniendo en cuenta su primera reacción al ver
las fotos por la red.

Entonces ocurrió que un día, varios meses después, se mudaron unos vecinos a una
casa de nuestra urbanización. Vivimos en una vecindad agradable de clase media y
quisimos recibirlos con afecto vecinal. Tras darles tiempo a alojarse nos
presentamos en su casa para darles la bienvenida.

Ante mi sorpresa, salió de la casa un perro labrador negro y bastante grande,
que comenzó a menear su cola como un helicóptero, parecía muy simpático. Su
nombre era "Duque" y tenía unos 2 años. Nuestros vecinos, Francis y Virginia
dijeron de él que era un animal muy sociable. Charlamos un poco y nos
despedimos.

Durante un tiempo nos juntábamos para jugar en nuestras casas a juegos de
sociedad o para hacer barbacoas. Tenían casi la misma edad que nosotros y eso
hizo que nos lleváramos bien. No como amigos de toda la vida, pero nos caíamos
bien.

Bueno, unos 3 meses más tarde, Francis y Virginia necesitaron de salir de la
ciudad por algunos días y les fastidiaba mucho tener que llevarse a Duque con
ellos, con muchos reparos nos preguntaron si podíamos hacernos cargo de él, a lo
que aceptamos como buenos vecinos. Dejaron las instrucciones sobre su comida,
cuidados, etc. Era un buen perro y tenía como típica diversión de perros el
lanzarle una bola para él perseguirla, etcétera

Se fueron de viaje y nosotros nos quedamos con Duque en casa, lo dejamos en el
jardín donde tenía mucha libertad y se divertía jugando él solo.

Esa noche se quedó en el jardín mientras nosotros íbamos "al lío". Después de
algunas bebidas, nos empezamos a entonar y comenzamos nuestros "juegos". Laura
se quitó su camiseta y los pantalones, y comprobé que no tenía ropa interior,
creo que estaba claro que ella tenía algo diferente en mente. Laura es una tía
muy caliente y sexy, tiene un culito redondito y duro, apretado, una delgada
línea de rubio vello púbico y pequeñas p lamerla con ganas. Se veía que le
gustaba el sabor. También vi que se estaba excitando, su pene comenzaba a salir
ligeramente de su envoltura. Duque lamió todos los jugos del coñito de entre mis
dedos, y mientras lo hacía ideé algo. Dejé la puerta entreabierta un poco y le
dije a Duque que se quedara ahí.

Volví de nuevo al salón, donde Laura estaba acabando otro vaso de vino, en ese
momento ella estaba bastante "contenta", y eso me pareció bien, mientras más
cachonda estuviera mejor para poder intentarlo con Duque. Sabía que más pronto a
más tarde saldría y podría así conseguir mi deseo.

Laura estaba sentada en pelotas en el sofá, bebiendo otro vaso de vino y ya
estábamos a punto para proseguir cuando Duque se acercó a una esquina del sofá y
le puso su negra narizota en su pierna. Ella pegó un repullo y gritó, asustada
por la repentina intrusión del perrazo.
– "¡Llévate a esta bestia de aquí, me ha dado un susto de muerte!" dijo ella

Le dije que no pasaba nada, que sólo quería cariño y ella que no le importaba,
que lo llevara fuera. En ese instante, Duque se puso a lamerle la mano y ella se
calmó un poco, acariciándole su gran cabeza.

"Vaya, perrito, "-dijo ella- "me acabas de dar un susto de muerte, Duque. No lo
vuelvas a hacer ¿eh?"

Y Duque que le empieza a lamer la pierna.

"No hagas eso, quieto, eres un perro muy malo" le dijo ella

Pero Duque no paraba; y comenzó a acercar su nariz a la zona de su coñito. Ella
intentaba empujarle su cabezota, pero era demasiado insistente y fuerte, debía
estar bastante excitado por el aroma de su coño. Le dije, "Parece que le gustas
mucho, mira lo excitado que le has puesto". Laura miró hacia abajo y se le
abrieron los ojos al ver un pedazo de carne colgante y roja salida de la
envoltura. Parecían unos 18 o 20 cm. y se veía que había más dentro. La cara de
Laura era todo un poema, se puso rojísima cuando le vio esa pollaza roja
brillante. "Joder, es realmente enorme, vaya rabo" alcanzó a decir.

El vino la tenía muy excitada y el pollón del perro grande la calentó aun más,
sobre todo al saber que ella era la causa de que saliese ese enorme trozo de
carne. No podía apartar la vista. Le dije de intentar tocárselo.

"No me atrevo, podría morderme."

Le dije que seguramente le iba a gustar mucho. Ella se decidió al fin y se
agachó un poco y comenzó a frotarle ligeramente la herramienta. A él le debió
encantar porque la polla comenzó a crecer y a crecer. Duque sabía de qué iba el
tema y metió la nariz en el coñito jugoso de Laura. Ella pegó un brinco al
principio pero le dije que se echara y que lo disfrutara.

Antes de que ella pudiera decir nada, Duque le estaba lamiendo el coño como
poseído. Laura empezaba a gemir, sus ojos se ponían en blanco. Duque la lamía
sin parar con su lengua áspera y ella disfrutaba a cada segundo. Separó las
piernas de par en par para permitirle entrar lo más adentro que pudiera. No
paraba de mojar, pero todos los jugos que le salían lo lamía el perro, pasándole
toda la lengua por el clítoris y ella sabía que se iba a correr. Duque era
incansable, venga lamer y lamerle el coño. Ella ya estaba que no podía más,
levantó el culo lo más que podía para que también le lamiera su ano. í‰l le
concedió ese deseo; y se puso a lamerle el culo también como loco. Era toda una
máquina de lamer.

Lamía con tantas ganas que a ella se le escapaban grititos "!Síííí, chúpame
asíííí´, el coño y el culo asiiiii, mi perritoooo!"

Ella ya se estaba corriendo y le salían más gritos de placer, orgasmos múltiples
que la tenían como poseída. Nunca había sentido tanto placer, ¡y de un animal!.
Hasta me dio un poco de celos. A ella ya no le importaba lo que estaba haciendo,
era demasiado tarde para parar. Ella deseaba más de ese perrazo y sólo quería
que no parara de lamerle su coño y su culito.

Cuando los orgasmos comenzaron a remitir, abrió los ojos y me miró, con Duque
aun lamiéndole el culo, su cara toda encendida.

"No me puedo creer que le haya dejado hacer esto" me dijo.

Le dije que no pasaba nada y que estaba contento de que le hubiera gustado la
experiencia. En ese instante, Duque estaba echado, lamiéndose el pene. Seguía
grueso y muy salido del capuchón.

Laura lo miró, miró su enorme pene y dijo: "te quiero dentro de mi"

Yo e Al rato ella se levantó y se colocó sobre el sofá con su precioso culito
para arriba y me pidió que le ayudara a que le folle nuestro amigo. Su coño
estaba todavía muy mojado y brillante de sus jugos, y ayudé a Duque a entrar
dentro de ella. No fue complicado, aunque Duque no paraba de culear, conseguí
poner la punta dentro..

Ella estaba muy sorprendida del tamaño: "¡¡Jodeeeer!!, ¡¡es muy grandeeeee, y
está taaaan caliente!!"

Duque comenzó a follarla como poseído, desde el comienzo, nada de
contemplaciones. Sólo follar lo más rápidamente que él podía, empujando su gran
palo dentro y fuera de ella. Debía de tener, viendo lo que le salía de ella, más
de 20 cm. pero bien gruesa, y a ella le encantaba. Ella comenzó a gritar con
cada embestida de ese pollón. Laura también culeaba para atrás al mismo ritmo
del animal, muy fuerte. í‰l empezó a gemir por el placer y la lujuria de poseer,
y su saliva goteaba sobre el pelo de Laura, mientras le clavaba las garras en su
carne, aunque a ella no parecía importarle, ella sólo necesitaba toda esa carne
dentro de su coño caliente. Estaba llevada por la pasión, no podía creer que
estuviera siendo follada por un perro. Sentía vergí¼enza pero al mismo tiempo
deseaba ser follada por él, dios mío, qué morbo. Quería sentir esa enorme polla
caliente tan dentro de ella, entrando y saliendo con tanta fuerza, era tan
fuerte.

Duque seguía follándola como si fuera lo único que supiera hacer, sin parar,
dentro fuera, una y otra vez, y así llegó a los 20 o 30 minutos, siempre igual.
Laura sólo podía jadear y aguantar, hacía rato que ya no podía seguir a su ritmo
y se mantuvo aguantando las continuas embestidas, tratando de coger aire con
cada entrada de él. Estaba empapada de sudor.

No quería que saliera de ella nunca, deseaba ese enorme trozo de carne dentro
para siempre. Y llegó un momento en el que dijo, "Está empezando a crecer más,
hostias, joder, su polla es más grande ahora, ¡¡¡no se si podré soportarlo!!!"

Se estaba refiriendo a la bola que ya la tenía pillada. Llegué a pensar que la
podría hacer realmente daño, estaba asustada. Ella comenzó a gritar cada vez más
fuerte, eran ya aullidos, y la bola realmente le estaba causando cierto dolor.
No sabía qué hacer.

Después de un minuto o dos, ella ya parecía estar mejor y ahora empezaba a
disfrutarlo de nuevo. Duque estaba nuevamente culeando fuerte, como la bestia
salvaje que era, pero sin sacar la polla, moviendo la bola dentro de la vagina
estirada de Laura. El animal empezó a gemir cada vez más y se veía que estaba a
punto de correrse.

Laura estaba igual, gimiendo también de placer, nuevamente sus ojos en blanco,
el preludio de sus orgasmos.

" Oh, ooooooohh, oooooooh"- gritó, tras sentir el primer chorro del semen
caliente en su vagina torturada.
Duque se corría y se corría dentro de ella, tantos chorros que Laura pensó que
nunca pararía, y así lo deseaba. Se sentía tan rico ese semen caliente dentro de
ella. Estaba MUY caliente. Y no quería que él se saliera, para mantener ese
semen dentro de ella, tan calentito. Duque, al acabar de correrse intentó salir,
pero al estar bloqueados no pudo, así que se quedó sobre ella. Después de un
rato, la bola se deshinchó y Duque pudo salir de ella. No podría creer la
cantidad de semen de perro que salió de su coño. Salió despedido de su vagina
corriendo por sus piernas. Debía tener mucho más dentro de ella aun, Laura
intentaba taparse el coño para que no se saliera.

Al acabar hablamos de lo que acababa de ocurrir y me comentó
que le había gustado mucho…demasiado, tanto que quería repetirlo. Le comenté que
no había problema con eso, siempre que fuera un animal y no otro hombre.
Entonces me respondió que no lo haría con otro hombre salvo conmigo, pero que
estaba segura de que tenía que repetir con Duque. Reímos sobre la nueva
infidelidad y mis futuros cuernos. También dijo de tener un perro de nuestra
propiedad, y me pareció bien.

 

Resumen del relato:
    La primera experiencia de mi pareja con un perro.

Vida de Perros

Vida de Perros (23)

VIDA DE PERROS

Descubrí el mundo de la zoofilia cuando participé en una
fiesta campestre que describí en un relato que titulé "Confundida". A partir de
aquel momento he tenido algunas experiencias más y he conocido a muchas personas
que comparten esta inclinación, he oído sus historias y con la autorización de
las protagonistas quiero compartirlas contigo, así que al grano:

Hacia la mitad de mis estudios superiores dejé de recibir el
apoyo económico de mi familia debido a que mi padre quedó sin empleo como
consecuencia de la reducción de las plantas de personal con que los estados
pobres hemos recibido el tercer milenio. Mis opciones eran terriblemente
sencillas: Abandonaba mis estudios ó trataba de buscar alguna fuente de ingresos
que me permitiera costearlos. Comencé a sondear algunas posibilidades como las
asesorías en trabajos escolares, la asistencia en tareas, las clases a
domicilio, las ventas, y otras. Probé con la mayoría de los trabajos temporales
honestos pero los ingresos eran irrisorios y los trabajos agotadores quitándome
mucho tiempo por lo que tuve que dejar algunos cursos pendientes. Como éramos
muchos los estudiantes que compartíamos una situación similar, se formaron
"Centros de rebusque", nos reuníamos algunos amigos, para comentar y evaluar las
posibilidades que cada uno había explorado, en una ocasión un amigo nos habló de
un trabajo que le daba buenos ingresos y le dejaba tiempo para estudiar, se
trataba de cuidar perros, se necesitaba ser responsable, paciente y cariñoso con
los animales y cumplir con los horarios acordados con los propietarios; su
trabajo me llamó la atención y estando al borde de la desesperación, decidí
informarme mejor, encontré la manera de hablar a solas con él y le pedí que me
describiera mejor su trabajo.

Me dijo que era sencillo, solo hay que sacar a determinadas
horas al perro, llevarlo al parque para que alivie sus necesidades, tener un
recipiente y una pala o recogedor para recoger sus excrementos y ejercitarlo un
rato, luego regresarlo a su casa. Eso era todo. El trabajo me parecía un poco en
contra de mi dignidad pero en la situación en que me encontraba necesitaba
cualquier ingreso para mantener esa dignidad. Le pregunté como podría yo
encontrar un trabajo así y me orientó para colocar una anuncio en el diario. Así
lo hice y a la semana siguiente ya tenía algunos contratos, (no es tan feo
recoger los excrementos, si no miras al perro haciéndolo, eso te ayuda a
disminuir tu asco). Los contratos conseguidos me obligaban a moverme rápido por
una área amplia de la ciudad quitándome mucho tiempo y parte de mis ganancias
que debía gastar en transporte; decidí entonces organizar el trabajo y reducir
la zona. Comencé a ser selectiva y acepté contratos en un solo sector, esto me
permitía incrementar el número atendido y disminuir el tiempo necesario
favoreciendo ampliamente mis ingresos y el tiempo para estudiar, ah!, el pago
variaba según el tiempo que tenía que dedicarles, según la situación económica y
la vinculación afectiva de sus propietarios.

Los perros son como las personas, usualmente tendemos a
verlos todos iguales pero no, tienen sus particularidades, su personalidad;
jamás me comprometí a cuidar un bulldog, un rottweiler, un pittbull, un doberman
o un boxer , los primeros por su agresividad: siempre les he tenido miedo, y el
ultimo porque lo encuentro muy feo y perezoso. Me encariñé bastante con un Husky
siberiano de unos niños, era como ellos, cariñoso, juguetón y muy travieso. Una
perra pastor belga se parecía bastante a su dueña, era altiva, engreída y
petulante dándome la impresión de que me consideraba su sirvienta, no la tuve
por mucho tiempo. Un poodle de una periodista ladraba todo el tiempo y un collie
que pertenecía a un político, siempre se las arreglaba para comerse lo de los
demás y me daba la impresión de que se reía ladinamente.

Desde luego tuve varios contratiempos como aquel de dos damas
que me contrataron para pasear un dálmata fuerte, bien desarrollado; me gustaba
este animal porque era dócil, porque podía sacarlo después de cumplir con todos
los demás, porque me pagaban muy bien y porque había un parquecito solitario muy
cercano a la casa y no tenía que caminar mucho. Cierto día llevaba al perro
sujetándolo tranquilamente de la correa como de costumbre y al llegar a la
plazoleta se puso inquieto, olisqueaba como siguiendo un rastro y no quiso
obedecerme sino que siguió su propio camino tirando cada vez más fuerte de la
correa hasta que no pude sujetarlo y se me escapó a la carrera, lo seguí un poco
asustada y entonces vi la causa de su inquietud, era una perra de la misma raza
que paseaba en compañía de una chica un poco menor que yo, el can se lanzó sin
remilgos y comenzó a olerla allí en el lugar que codiciaba, la perra tenía la
vulva hinchada y roja y un hilillo viscoso colgaba de su vértice, pensé que
estaría enferma y temí algún posible contagio al perro que yo cuidaba, la chica
me sonrió y me pidió que lo dejara actuar pues su perra estaba en calor y su
unión podría darle unos lindos cachorros pura raza. Miré a todos lados y al no
ver mas gente en el parque me dispuse a satisfacer mi curiosidad puesto que
nunca había visto los animales en actividad sexual. Mi perro al tiempo que olía,
lamía y dejaba ver la punta de su verga que ya segregaba un poco de líquido, en
un abrir y cerrar de ojos se le trepó y la sujetó con sus patas delanteras en un
ademán casi humano, la perra trató de escapársele pero ya la tenía bien sujeta y
no logró huir, lo que consiguió fue que su viscosa entrada quedara frente al
pene del macho y de envión se la metió reacomodándose e iniciando un movimiento
excitante, uniformemente acelerado.

Creo que en un momento debió lastimarla porque dio un
chillido y volteó la cabeza tratando de morderlo, pero el perro estaba más allá
de cualquier sentimiento de compasión y por el contrario, se la clavó aun más,
luego se detuvo y quedó quieto como idiotizado durante un tiempo y ya satisfecho
se bajó,¡ pero que raro no podía separarse!, quedó allí enganchado, prisionero
de su amor, yo a estas alturas estaba muy excitada y húmeda (la dueña de la
perra estaba peor, lanzaba suaves gemidos y apretaba las piernas) pero con lo
que estaba viendo ahora, me asusté mucho al creer que el perro estaría lastimado
o que la perra le iba a arrancar pene. Quedaron los dos enganchados, con aspecto
triste y como avergonzados, la chica con voz entrecortada me explicó que siempre
era así, que sería el quinto embarazo de la perra y siempre había retenido al
macho después del encuentro sexual, entonces me tranquilicé y recordé algunas
escenas que había visto de reojo en otras ocasiones. Al cabo de una interminable
media hora por fin lo soltó y pude apreciar esa verga amoratada con una gran
bola en la base y un hormigueo recorrió mi entrepierna, miré a la perra
esperando verla destrozada pero estaba como si nada hubiera sucedido, solo el
líquido que goteaba abundantemente de su vulva daba testimonio de lo que acababa
de ocurrir. El perro se echó en el prado y se dio a la sucia tarea de lamerse el
miembro. Yo no disponía de más tiempo o perdería una clase y tuve que llevarlo a
casa con esa cosa colgando como el badajo de una campana.

Cuando una de sus dueñas salió a recibirlo y lo vio
exhibiendo sus atributos se armó la de Troya pero Troya era yo, llamó a su
hermana y las dos montaron en cólera reclamándome a gritos e improperios por
haber permitido que su "Niño" se hubiera manchado con cualquier perra; yo no
esperaba esta reacción tan inusitada y como me gritaba yo también grité, les
dije que no era un niño sino un perro, que controlaran su ataque de celos, que
me pagaran y en adelante le limpiara la mierda a su "Niño" ellas mismas y que si
lo querían tanto se la comieran. Me fui enfurecida sin cobrar la quincena.

Durante el día tuve tiempo de meditar sobre el incidente y la
explosiva reacción de las propietarias y por más que intentaba encontrar una
explicación sana, siempre llegaba a lo mismo: Celos, esta certeza me dejó un
poco desorientada, no comprendía por qué se pueda sentir celos rabiosos por que
un animal haya obedecido a su instinto.

Otros sucesos posteriores contribuirían a aclararme el
enigma: Entre mis clientes estaba un pastor alemán que pertenecía a una
jovencita de unos 15 años, la madre me había contratado para sacarlo dos veces
al día, en la mañana a las 5:30 y en la tarde a las 7:00, desde el comienzo vi
que había una relación muy especial entre la chica y el can, el perro era su
adoración , casi siempre nos acompañaba y corría o jugaba con él de manera que
mi papel se reducía a recoger sus excrementos, cuando la chica no podía salir me
pedía, casi me suplicaba que no le permitiera acercarse a ninguna perra, tanta
insistencia debía haberme llamado la atención, pero no comprendí cabalmente el
amor a su mascota hasta una tarde en que por requerimiento de mis estudios tuve
que adelantar la hora del paseo con el can, entonces llamé a la madre de la
jovencita para explicarle la situación, ella lo comprendió y me dijo que podía
ir a la hora que fuera más conveniente para mi, que ella por su trabajo no
estaría en casa pero si su hija. Llegué a su casa, timbré una, dos tres veces y
nadie abrió, pensé que la chica había salido, sin embargo esperé unos minutos
más y volví a timbrar, entonces oí algún ruido y seguí esperando. Por fin salió
la chica en ropa de casa, despeinada, y bastante nerviosa, como avergonzada;
concluí que habría estado durmiendo, la saludé y pasé por el perro, lo encontré
en el patio, echado, lamiéndose la verga la cual tenía descubierta hasta detrás
del nudo, la chica había desaparecido y pronto oí el ruido característico de la
ducha. No podía llevármelo así, se burlarían de mí, tuve que esperar unos 15
minutos para que guardara su falo, luego lo saqué a su paseo, estuvo dócil,
cabizbajo y con frecuencia se paraba para lamerse de nuevo. Todo esto me dejó
muy pensativa: ¿a qué mundo me estaba asomando?. En lo sucesivo la chica no
volvió acompañarnos, no la vi hasta unos dos meses después cuando, como de
costumbre fui por el perro y al parecer habían discutido seriamente madre e hija
y ésta le lanzaban unas miradas asesinas, desde la escalinata la niña le dijo
"no olvide que fuiste tu quien lo enseñó, ¿creíste que no lo sabía? ". La señora
trató de serenarse, me pagó el tiempo adeudado y me pidió que no volviera porque
había tenido que regalar el perro.

Estos y otros indicios me fueron dando una imagen clara del
tipo de relación que muchas propietarias sostenían con sus mascotas, no se si es
por su naturaleza o por algún tipo de aprendizaje que algunos (no pocos) canes
intentan montarse a las personas, esto me sucedió muchas veces ¡que vergí¼enza!,
si desafortunadamente había un hombre mirando no perdía ocasión para decirme o
proponerme alguna obscenidad. La primera experiencia fue poco tiempo después de
haber iniciado este trabajo, llevaba un perro de color amarillo y blanco de
patas cortas, cuerpo alargado como si lo hubiesen agarrado de la cola y las
orejas y lo hubiesen estirado, y con una funda desproporcionadamente larga, iba
pensando en dejarlo correr por ahí y sentarme en un banco a estudiar pero no
pude porque cuando me senté el perro me trepó sus patitas delanteras a las
rodillas y trató de hacerle el amor a mis piernas: Tuve que levantarme de
inmediato; me repetía la escena siempre que me sentaba. Muy similar era el
comportamiento de un pastor alemán de una pareja de cierta edad sin hijos, la
primera vez me dio un susto bárbaro: Cuando me agaché para anudarme un zapato en
un segundo lo tenía encima tratando de clavármela. Un gold retriever se
comportaba de manera semejante, con este no podía ni sentarme ni agacharme y más
de una vez, aun caminando me atacó por la espalda tratando de hacerme agachar.
Experiencias análogas tuve otros perros grandes y medianos de diferentes razas
pero más frecuentemente con labradores, daneses y pastor alemán.

Me había encariñado mucho con un labrador dorado bien
desarrollado que pertenecía a una familia compuesta por una dama joven y dos
niños, el perro era muy especial, me saludaba con grandes manifestaciones de
alegría, siempre caminaba a mi derecha muy dócil y obediente, si me sentaba él
se echaba a mis pies, en todo momento estaba atento a mis palabras y gestos para
obedecerme y al parecer había asumido el papel de protector porque adoptaba una
actitud amenazadora cuando otro perro o un hombre se me acercaba, cuando lo
dejaba en casa se quedaba mirándome con unos ojos tristes que partían el alma.
Su dueña era también muy especial, muy cordial comprensiva y generosa, más de
una vez me sacó de apuros económicos. Me tenía cariño y confianza y por eso me
dejó al cuidado de la casa y del perro en una ocasión que se fue de vacaciones
con sus dos niños, pagándome por esto generosamente. ¡Nunca olvidaré esas
vacaciones!

Durante los primeros tres días no estuve mucho por la casa
por requerimientos del estudio, solo iba a sacar el pero a sus paseos diarios y
darle su alimento, me conmovía verdaderamente su tristeza cuando me disponía a
dejarlo. Como la señora me había dejado las llaves pidiéndome que abriera las
alcobas para que se airearan, el cuarto día, un sábado en la mañana después del
paseo con el perro, me vestí con una camisa larga y como estaba sola me concedí
el placer de liberarme de la ropa interior; me dispuse a hacer un aseo de la
casa, mi compañero el perro estaba feliz y me seguía a todas partes, Al darle su
ración matutina tuve que agacharme para acomodar el recipiente y con ello quedó
al descubierto mi trasero, de pronto sentí entre mis nalgas el roce de algo frío
y húmedo, me levanté como impulsada por un resorte ¡que susto bárbaro!, pero de
inmediato me di cuenta de que había sido el perro, éste me miraba fijamente con
sus ojos tiernos como rogando mi aprobación, entonces le rasqué detrás de las
orejas y me agaché de nuevo por probar y sentí otra vez su nariz fría; era tan
tierno y cariñoso que lo dejé hacer, al momentito sentí su lengua áspera
explorando mi peluchito como he llamado siempre a mi vulva, una descarga
eléctrica de alto voltaje recorrió mi cuerpo dejándome momentáneamente sin
respiración, me dio unos lengí¼etazos que me dejaron paralizada, luego,
inexplicablemente se retiró. Me embargó una tremenda sensación de pérdida. El
animal se retiró un poco y se volvió dando un pequeño ladrido, como yo seguía en
mi puesto vino hacia mí, me olisqueó de nuevo con delicadeza y se alejo
repitiendo su acción anterior, comprendí que quería que lo siguiera y así lo
hice. Daba saltitos y movía la cola con evidente alegría al ver que lo seguía.
Se paró frente a la puerta de la alcoba de su ama y hacía el gesto de empujarla
con su hocico, entonces una chispa de comprensión brotó y fue creciendo en mi
mente: El perro me estaba seduciendo, me invitaba a la cama, hice ademán de
regresarme y di unos pasos y al instante estaba frente a mí empujándome con su
quijada y mirándome con unos ojos llenos de amor y súplica. Así fuese yo de
mármol igualmente me habría enternecido, regresé y cuando metí la llave en la
cerradura el animal cambió un poco su actitud mostrándose impaciente, arañaba la
puerta y la empujaba como tratando de abrirla con urgencia, al abrir fue el
primero en entrar, y se sentó en la alfombra de frente a la cama en actitud de
espera, admiré la alcoba muy bonita y cómoda, la pared del fondo estaba
completamente cubierta por un gran espejo, ¡que hermosa y delicada decoración!.
Entré busqué una toalla y me senté en ella en el borde de la cama con las
piernas abiertas para ponerlo a prueba, no necesité esperar nada, con ternura y
pericia buscó mi raja y comenzó a darme la lamida más maravillosa que he
soportado en mi vida, era increíble, no podía creer que un perro pudiera
proporcionar tanto placer, su lengua estimulaba al tiempo mi clítoris y mis dos
huequitos produciéndome escalofríos de placer y felicidad, tanto que en menos de
un minuto me sobrevino el orgasmo más maravilloso que había tenido hasta ese
momento, era para enloquecer. Me tiré de espaldas en la cama sin aliento y como
en las brumas de un fantástico sueño fui poco a poco consciente de que el can se
había retirado de mi feliz peluchito. Había recostado su cabeza en la cama entre
mis rodillas, respiraba agitado con la lengua afuera.

De una manera poco usual como si me trasmitiera su
pensamiento, tuve la certeza de que el perro me estaba esperando. Me concedí
unos minutos para calmarme y mientras tanto no se movió de su sitio, cuando me
senté de nuevo, me miró a los ojos y comenzó a darme unas suaves y acariciantes
lamidas superficiales. Me sentía en deuda con él y me acomodé mejor de tal forma
que podía acariciarlo a mi antojo al tiempo que permitía a su lengua recorrer mi
zona genital. Pronto la funda estuvo e mis manos, estaba calientísimo y con la
puntita por fuera rezumando líquido, llevaba un tiempo acariciándolo y ya estaba
nuevamente a nivel cuando cambió de táctica, dejó de lamerme y me enganchó con
una pata delantera por la cintura e intentaba darme la vuelta, lo comprendía al
instante y colocando la toalla sobre un almohadón me arrodillé en el y dejé
descansar mi busto sobre la cama, había olvidado el espejo y ahora lo veía, es
decir me veía con las nalgas desnudas y levantada y un perro lamiéndome el culo,
me quité la camisa para poder verme las tetas y al parecer fue la señal para que
el perro me montara; comenzó a hurgarme las nalgas con la punta del pene y yo a
tratar de acomodarme para que encontrara mi babeante gruta, pronto la encontró y
como estaba lavadita en mis flujos me la metió con suavidad. ¡Era todo un
galante caballero!, comenzó a menearse y a ganar velocidad, sentía su verga que
llenaba y abandonaba y volvía a llenar mi vagina, su pelo me acariciaba la
espalda causándome escalofríos y para completar la dicha lo veía todo en el
espejo. Su miembro se sentía mas grueso y ya me había llenado de su líquido
cuando empujó un poco más fuerte llegándome más adentro, di un gritito de
felicidad pero fue suficiente para que mi amante cesara en su avance y lo sacara
un poco, parecía estar preguntándose ¿qué debo hace ahora? cuando con una mano
lo atraje hacia mí, al instante reanudó sus movimientos y pronto me la volvió a
calvar a fondo esta vez debía estar más gruesa porque me produjo un notorio
escozor en la entrada, ahora se movía como si le fuera en ello la vida pero no
lo hacía con brutalidad sino con sabiduría y amor y yo era partícipe y
espectadora de esta electrizante escena gracias al espejo.

De pronto se quedó quieto y arqueándose al máximo se metió
aun más profundo en mis entrañas, había llegado a su perruno orgasmo. Mi
peluchito glotón estaba repleto y feliz, aun procuró espacio para la gran
cantidad de semen que estaba recibiendo, entonces todo se desdibujó, se hizo
borroso y sintiendo que yo era nada más que vagina, dando un alarido
incontrolable me sumergí en el pozo sin fondo del más sublime orgasmo que he
tenido mi vida. Creo que gritaba, estrujaba y mordía las sábanas y no terminaba
nunca porque mi amante se movía renovando la intensidad de mis sensaciones. Creí
que no podría salir de este arrasador vendaval de sensaciones y no lo deseaba
pero finalmente el huracán fue disminuyendo dando paso a una laxitud y un
desaliento que me dejó inerte en la cama mirando sin ver al espejo. El perro
también había terminado y estaba anudado a mí, ahora sentía las palpitaciones de
su caliente miembro y eso me daba un tranquilo placer. Mi tierno amante en lugar
de tratar de sacarla se me echó encima recostando su cabeza en mi espalda y
permanecimos así en un dichoso sopor durante por lo menos media hora, luego dio
un tirón que me causó dolor y su enorme bola abandonó mi vagina permitiendo la
salida a presión de un abundante torrente de semen, afortunadamente había
colocado una toalla y los líquidos no llegaron a las sábanas o al almohadón.

Ya repuestos de este maravilloso trance, mi inteligente galán
entró al cuarto de baño y volvió con unas babuchas en su hocico, las colocó a
mis pies y luego regresó arrastrando una bata de seda y la depositó en la cama
junto a mí y se echó a lamerse su aún hinchado y amoratado miembro.

Los días restantes hasta el regreso de la dueña de casa
fueron una completa enajenación, como autómata salía a la calle e iba a estudiar
pero no lograba concentrar mi dispersa atención y esperaba con insoportable
ansiedad el momento de encontrarme con mi amante, nos anudamos a diario hasta
dos veces, ya no volví a sacarlo a sus paseos diarios porque se tornó muy
agresivo con cuanto ser vivo macho se me acercaba. En este frenesí olvidé cuidar
de algunos detalles como el aseo y desodorización de la alcoba, cuando la dueña
llegó captó de inmediato nuestro olor que mi embotado olfato pasaba por alto y
en el momento oportuno mirándome fijamente a los ojos me dijo: "Se que te lo has
estado montando con mi perro, pero no te avergí¼ences, en verdad no esperaba otra
cosa conociéndolo como lo conozco, Yo lo he educado con arte y ya desesperaba de
no poder enseñarle mi obra a nadie, ahora todo será más emocionante porque
participarás en nuestros juegos y ya veremos si compramos otro cachorro, ¡Te
espero esta noche porque vengo muy caliente!"

 

Resumen del relato:
    Para poder continuar estudiando Nini tuvo que buscar esmpleo, despues de varios trabajos encontró uno que le daba buenos ingresos pero la acercó a la zoofilia y terminó metida de llano.