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Voyeurismo

Mostrando a mi novia (y 3)

Mostrando a mi novia (y 3) (22)

"Estupefacto: adj. Atónito, pasmado."

Sí, se ajusta bastante a la realidad, pero no sé, se me queda
corto. No, definitivamente no me vale.

"Estupro: 1. m Coito con persona mayor de 12
años y menor de 18, prevaliéndose de superioridad, originada por cualquier
relación o situación. 2. m. Der. Acceso carnal con persona mayor de 12
años y menor de 16, conseguido con engaño. 3. m. Der. Por equiparación
legal, algún caso de incesto. 4. m. Antiguamente, coito con soltera núbil
o con viuda, logrado sin su libre consentimiento."

Vale, no tendrá nada que ver con esta historia, pero suena
bien. Sobretodo eso de "coito con soltera núbil". Pero bueno, volvamos al tema:

"Petrificado: adj. Asombrado o aterrorizado hasta el
punto de quedarse inmovilizado."

Aquí lo tenemos: "petrificado". Así me quedé yo: petrificado.
Completamente petrificado. Petrificadísimo. (Vaya, pues parece que el corrector
del procesador de textos no reconoce la palabra "petrificadísimo"… sabrá él si
me quedé así o no, hombre).

Sí, sí, ahora me lo tomo a broma, más que nada porque ya nada
se puede hacer, pero si tenéis la bondad, amables visitantes, de continuar
leyendo esta humilde vivencia, podréis comprobar por vosotros mismos que de
divertido no tuvo nada de nada.

Corría el verano del año pasado, el "Aserejé" barría en todas
las pistas de baile, en San Sebastián apenas llovía (y creerme que eso sí que
fue algo histórico), los papás de mi novia se habían ido de vacaciones a
Tenerife y yo, aprovechando la coyuntura, estaba disfrutando de unos
maravillosos días en su casita con su querida hijita.

Aquella mañana concretamente y tan solo tres minutos antes de
quedarme petrificado, me había despertado descubriendo que estaba solo en la
cama de matrimonio de sus padres, cuartel general de nuestros escarceos amorosos
desde el "día D", cuando les habíamos despedido en el aeropuerto entre lágrimas
de tristeza (ellos) y de cocodrilo (nosotros), hacia ya casi una semana.

Dos minutos treinta segundos antes de quedarme petrificado,
recuerdo que había pensado que podría ser una buena idea levantarme, ducharme e
invitar a mi novia a dar una vuelta por el Paseo de la Concha (que no se rían
mis queridos cómplices argentinos, que juro por mi honor que se llama así) para
terminar comiendo en algún lugar pintoresco del puerto. Para, a su vez, acabar
comiéndonos en algún otro rincón del puerto, puede que no tan pintoresco, pero
sí más privado.

Cuarenta segundos antes de quedarme petrificado, por fin,
había logrado reunir las fuerzas necesarias para levantarme de la cama. Y fue
entonces, en aquel fatídico momento, cuando elegí el camino equivocado: en lugar
de dirigirme a la ducha, o mejor aún a la calle o todavía mejor, al primer
banderín de reclutamiento de la Legión Extranjera, decidí buscar antes a mi
novia para darle los buenos días.

Treinta y cinco segundos antes de quedarme petrificado, salí
al pasillo. Treinta y tres segundos después, volví a entrar a por mis
zapatillas, pues sí bien toda la casa tenía alfombras, no me gusta caminar sin
mis zapatillas con forma de conejito.

Nueve segundos antes de quedarme petrificado volví a salir al
pasillo, ya convenientemente calzado con mis cálidas zapatillas de conejito.
Seis segundos antes de quedarme petrificado pasé junto a la puerta de su
dormitorio, el mismo donde ambos habíamos perdido la virginidad seis meses
atrás. N.del A.: Sí, ya sé que ambos teníamos ya veinte años, pero lo que
vosotros no sabéis, ni podéis imaginaros siquiera, es lo difícil que es perder
la virginidad en Guipúzcoa.

Cuatro segundos antes de quedarme petrificado miré al
interior de su dormitorio y vi que estaba vacío. Dos segundos después llegué al
siguiente cuarto, donde estaba el ordenador. Uno después, giré la cabeza y miré
hacia el interior. Treinta décimas después, la vi sentada frente a la pantalla
del mismo. Treinta décimas después mi cerebro procesó a que página pertenecían
las imágenes que estaba proyectando el tubo de rayos catódicos de aquella
pantalla.

Puede que Alvaro Z. "te comería todo ese culo que tienes,
morenaza", no supiera a quien pertenecía aquel culo. Puede que Luis M. "Relinda,
si fueras mía te haría más mujer aún", tampoco lo supiese, pero yo si sabía a
quien pertenecía, y lo que era peor: su propietaria también lo había
descubierto.

Un amigo mío dijo una vez que, como tributo a la belleza de
la novia de otro, deberían poderse ver fotos de su cuerpo desnudo en toda la
red. Y sí, a todos mis amigos (el novio de la perfecta interfecta no se hallaba
presente, claro) nos pareció una brillante idea, pero a ninguno se nos ocurrió
llevarla a cabo, al menos a mí no aún y tampoco con aquella "modelo". Y es que
aquello había sido pura teoría, mientras esto era la terrible realidad.

Allí estaba yo, muerto en pie, sin poder mover un solo
músculo, ni tan siquiera, o mejor aún, sobretodo, el corazón. Muerto en pie con
la vista clavada en la pantalla que ella estaba viendo, en las fotos de su
cuerpo desnudo que yo le había sacado y en los comentarios de decenas de chicos
(y alguna que otra chica) le habían dedicado.

Fue su brazo derecho el que me despertó. Fue un movimiento
ligerísimo, de milímetros tal vez, pero gracias a él, en lugar de derrumbarme y
echarme a llorar como una Magdalena pude volver de nuevo a la vida.

Al principio me costó entender que era lo que estaba pasando
frente a mis ojos, lo reconozco. Aquella camisa de cuadros escoceses
desabotonada y abierta cayéndole a ambos lados de su cintura, aquellos brazos
aparente quietos aunque en constante y lento movimiento, y aquellos suavísimos
suspiros me dibujaron poco a poco la imagen que se estaba componiendo al otro
lado de la silla.

Yo solo podía ver su espalda, su bonita cabellera morena y el
respaldo de la silla, pero al otro lado, mi novia se estaba dando un festín con
su propio cuerpo enardecida con los comentarios que decenas de anónimos le
habían dedicado.

Sus manos estaban recorriendo suave y lentamente sus pezones,
su pubis y su vulva, alterando sutilmente la normalidad de todos aquellos
resortes que solo ella sabía activar, mientras de su boca se escapaban de vez en
cuando algún que otro jadeo mal callado.

Evidentemente se me había olvidado borrar las direcciones
visitadas una vez cerrada mi última sesión de "voyeur-onanismo". Evidentemente,
ella curiosa había entrado "por casualidad" en aquella página. Y evidentemente,
lo que menos me importó en aquel momento fue el "cómo", ya que estaba
complemente loco con el "qué".

Sabía, porque ella misma me lo había confesado que alguna vez
se había masturbado, pero jamás había tenido la gentileza de explicarme con
ejemplos prácticos como lo hacía, limitándose a satisfacer mi enorme curiosidad
con un cortante "pues así, ¿como si no?", que me dejaba tal cual.

Pero esta vez estaba allí, a dos metros de mi, tocándose,
acariciándose, excitándose, sin imaginar mi presencia, solo para sus ojos.
Estaba a dos metros de mi, y a uno del espejo. Dichosa coquetería.

Sabía que podía verme reflejado en el espejo tan bien como yo
podría verle a ella, pero no me importó. Realmente ni lo pensé. Tan solo alcé mi
mirada hacia aquel cristal maravilloso y me quede embobado viendo a su cara de
niña mujer reaccionando ante los estímulos de sus dedos.

Tenía la cabeza ligeramente inclinada, los ojos cerrados, y
salvo cuando ya no podía esconder por más tiempo algún suspiro, los labios
haciendo el gesto de ir a dar un beso.

Sus pezones, apenas sí los podía ver, estaban erectos y
encogidos, como dos piedrecitas de arcilla, saludando respingones a los dulces
pellizcos que ella misma se estaba dando con suma delicadeza. Tenía unos pechos
preciosos, pero hasta ese día nunca me había dado cuenta de cuanto.

Poco a poco fue dejando escapar cada vez más suspiros, hasta
que llegó un momento en el que los suspiros se tornaron jadeos, sus suaves
movimientos se volvieron más enérgicos y su cuerpo, hasta entonces casi inmóvil,
comenzó a moverse como si estuviera siendo empujado desde su cintura hacia
arriba.

Fueron unos largos segundos en los que contemplé como todo su
cuerpo se estremecía al ritmo de aquel orgasmo, unos segundos en los que no me
explico como pude contenerme y no saltarle encima para hacerla mía.

Su cabeza, rendida tras el último jadeo, venció sobre su
nuca, dejando caer a plomada su melena. Sus ojos, cerrados, parecía que tratasen
de retener entre los párpados los estertores de aquel intenso placer mientras el
resto de los músculos de su cuerpo se iban distendiendo lentamente.

Un último suspiro se escapó de entre sus labios cuando sacó
los dedos de su interior. Después, se pasó la lengua por las comisuras de su
boca y, con la cabeza aún rendida hacia atrás, comenzó a abrir lentamente los
ojos.

Debía de tener un aspecto grotesco, paralizado bajo el umbral
de la puerta, asombrado aún con el espectáculo, sin embargo ella, en cuanto me
vio entrar en el campo de cisión de sus ojos, me saludó con una satisfecha
sonrisa.

"Te voy a matar", me dijo.

Dejamos el paseo y la comida para el día siguiente. Aquella
tarde y aquella noche tuvimos otras cosas más importantes que hacer.

Y no, a pesar de que estuvo cerca de matarme, no lo hizo.

 

Gracias por el consejo, amigo… tú si que sabes lo que es
rendir un tributo a la belleza.

 

Resumen del relato:
    Un final… ¿un final?

Soy una zorra (5)

Soy una zorra (5) (22)

Preparando las vacaciones de verano (V):

Esta vez seré yo, Juan, el que os narrará este capítulo de
los que componen nuestras experiencias. Aunque Marta ya os ha dicho como soy,
deseo antes de continuar, contaros algo más de mí.

Cuando nos conocimos, yo ya estaba trabajando de arquitecto
en un estudio. Físicamente no era (ni soy, al menos para mi mujer) mal parecido.
No tenía excesivos problemas para ligar pero una cosa hacía que mis ligues me
dejasen, mi adicción al sexo, entendiendo por adicción una gran afición a todo
lo relacionado con el sexo, sin tabúes, abierto a todas las experiencias
posibles. En mi diccionario no existe el "eso no se puede hacer", o expresiones
similares. Pienso que podemos hacer todo siempre que lo realicemos
voluntariamente y en libertad. Y ese era el problema en la mayoría de los casos.
Si a alguna de las chicas con las que comenzaba a salir les proponía
abiertamente que quería ver como se masturbaban delante de mí, malas caras; si
quería practicar el sexo anal, eso era anti-natura; si incorporar una tercera
persona, tampoco. Y ya no hablar de que comprendieran el hecho de gustarme las
revistas y las películas porno, masturbarme con su ropa interior, ponérmela,
etc.

Y encontré a Marta. Y ya veis lo que pasó, resultó que era
tan viciosa o más que yo. Le iba la marcha, le gustaba el sexo y se atrevía con
todo. Así que juntos fuimos avanzando en nuestros juegos, en nuestras
placenteras perversiones, sin dejar de lado nunca la espléndida relación de
pareja que manteníamos.

Bueno, reanudaremos, tras este breve paréntesis, nuestra
historia de amor y sexo.

Por lo que ya os ha contado Marta sabréis que me gusta
exhibirla ante otros hombres, ver como es follada por otras pollas. Mi mente no
cesaba de imaginar nuevas pruebas a las que someterla, pero era consciente de
que todo debía llevar un orden. Mi propósito era continuar haciendo que se
desnudase sin rubor, que sintiese ella misma deseos de provocar y de ser
humillada en público, de compartir sus fantasías más ocultas conmigo, de
experimentar cosas nuevas.

Antes de marcharse Marta de vacaciones a Cádiz apenas tuvimos
dos días para estar juntos pues estuvo muy liada con los lógicos preparativos
del viaje, ayudando a su madre, y haciendo recados diversos. Mientras tanto le
hice entrega de varias revistas porno de las que acostumbro a comprar, alguna de
contactos con fotos de chicas y de parejas como nosotros, para que viera que no
éramos nada excepcional, y también le di un par de cintas porno, en concreto una
cuyo protagonista es un conocido artista porno famoso por su poderoso vigor
sexual (Rocco S…..), titulada S….., y que trataba de la iniciación de una
joven rubia en el sexo por él, y luego la iba entregando a otros, siendo follada
por delante y por detrás sucesivamente por un grupo de negros, jóvenes, viejos,
asiáticos, un travesti, etc. Esta película le llamó mucho la atención y me
confesó que no le importaría llegar a realizar esas prácticas, siempre que yo se
lo pidiera. Desde luego le contesté que todo lo haríamos a su debido tiempo.

Como os decía, Marta tenía previsto marcharse el sábado (la
noche del parking había terminado el miércoles de madrugada), y hasta el jueves
no pudimos volver a encontrarnos.

Quedamos sobre las cuatro de la tarde. Había decidido llevar
la cámara de fotos y la de vídeo porque hacía un día espléndido. Nada más verla
aparecer me arrojé sobre ella, salido como estaba. No había dejado de pensar en
Marta, en volver a follarla, en tenerla desnuda junto a mí. Había soñado con la
escena del parking, recreando la visión de Marta con otra polla en su boca. No
hace falta deciros que me había hecho más de una paja recordando todo ello. Por
eso, al verla la abracé, la besé de forma apasionada, metí mi lengua en su boca
y la acaricié, llevando mi mano directamente a su culo. Enseguida noté cómo se
apretaba a mí, como le nacía a ella también el deseo, noté su lengua cerca de mi
oreja, introduciéndose en ella, mientras me decía que tenía ganas de mí.

Decidimos dar un paseo por el parque del Retiro. Le pregunté
por la noche del miércoles, si estaba arrepentida por lo que había pasado. Me
dijo que no, y le respondí que me alegraba. Le expliqué que no me importaba
compartirla con otras personas en el terreno sexual y que incluso me había
gustado verla en brazos de otro hombre. Me preguntó qué me había excitado más,
si follarla yo o ver cómo la follaba el guardia. Tardé en contestar, y
finalmente le dije que era distinto, pero que me había excitado más verla con
otra verga dentro de su sexo, que follarla yo. Me sonrió y me dio un beso,
susurrándome que era un cerdo maravilloso.

Luego le expliqué que el vigilante era en realidad un amigo
de mi pandilla que había dejado los estudios, y que lo de llevar a algún ligue
al parking no se me había ocurrido a mí ni era la primera vez que lo hacíamos.
Varios amigos de la pandilla habíamos ido en más de una ocasión al parking con
alguna chica para que Julián lo viera todo y lo grabara en vídeo con la cámara
de seguridad. Por la cinta le dije a Marta que no se preocupase, que ya la tenía
yo y que más tarde, si quería, la podríamos ver en casa.

Bueno, Juan, espero que fuera lo suficientemente cachonda
para ti, cabrón!.

Todavía puedes serlo aún mas, le contesté maliciosamente.
Me apetece hacerte unas fotos y filmarte. Colócate ahí, le dije, señalando un
pequeño rincón rodeado de un seto de media altura y diversos arbustos. Le hice
unas cuantas fotos. Luego le dije que ahora tocaban poses más atrevidos, a lo
que Marta accedió divertida.

Te gusta así, Juan, con mis tetas al aire?.

Se había subido la camiseta y me mostraba sus pechos
desnudos. Le contesté que sí y disparé la cámara. Marta estaba cada vez más
salida, más excitada. Vestía una camiseta blanca y un pantalón negro, de lycra,
bastante ajustado, que realzaba su figura y le marcaba su perfecto culito.

Ahora Marta, me gustaría que te acercases un poco al seto.
Eso es. Bájate los pantalones hasta las rodillas y déjate puestas las
braguitas.

Marta obediente hizo lo que le pedía. Mientras le hacía
nuevas fotos de esta guisa, le dije que no se preocupase por la gente, que ya
estaba yo pendiente de si venía alguien. Estaba preciosa, con los pantalones en
las rodillas y con el pequeño tanga cubriendo su sexo y desnudando su culo. Ella
misma fue posando por delante, por detrás, sacando el culito hacia fuera,
levantando el tanga para mostrarme el inicio de su sexo, separando la tela de la
parte posterior para enseñarme mejor su culo, expuesto, ofrecido, tocándose el
coño por encima del tanga, poniendo cara de viciosa, con la lengua fuera
recorriendo sus labios ………

Vamos Marta, ¡desnúdate entera aquí mismo, en pleno parque
y a la luz del día!. Pareces una perra en celo.

Miramos en derredor. Salvo una pareja que caminaba a bastante
distancia no se veía a nadie más. Marta debió pensar que le daba tiempo a
desnudarse antes de que llegaran a nuestra altura, pues dispuesta se deshizo del
pantalón, se quitó la braguita, y se quedó totalmente desnuda.

Disparé la cámara una, dos, tres veces, le pedí que se girara
(yo estaba ya muy excitado), que me mostrara el culo, y finalmente que se
pusiera a cuatro patas, como las perras. Marta lo hizo, junto al seto, parecía
una auténtica perra obediente, desnuda, haciendo lo que le pedía, dejándose
fotografiar todos los rincones de su cuerpo. Dejé la cámara de fotos y la
sustituí por la de vídeo. Marta me esperó impaciente, pues la pareja estaba ya
muy cerca de nosotros. Podíamos distinguir que eran de mediana edad, y que iban
charlando, pero Marta no los veía al estar arrodillada en el suelo y tapada por
el seto.

Marta, ahora camina a cuatro patas un poquito, siguiendo el
seto, mientras te grabo en vídeo, venga. ¡Fíjate en qué te has convertido!.
Quién te viera en cueros en mitad del parque, junto a un seto!

Era alucinante tenerla así, desnuda. Me situé tras su culo y
lo seguí con la cámara, filmando el modo en que se movía al deslizar sus piernas
por el suelo, el coñito prieto entre sus muslos. Ya se podía oír a la pareja.
Marta me miró sobresaltada, asustada, temblando sin saber si era de miedo o de
puro placer por el morbo de ser descubierta de esta forma.

¡Vamos, vístete!. Corre, te van a ver.

Marta empezó a vestirse sentada en el suelo para que no la
vieran. Yo seguía grabándola sin perder detalle. Estaba muy nerviosa, apenas
acertaba a ponerse los pantalones, pero consiguió terminar a tiempo.

Mira como estoy, Juan, ¡tócame!, estoy toda mojada. Creo
que me he corrido …………..

Se abrazó a mí, con la respiración entrecortada, le acaricié
el coño separando el elástico del pantalón de su cintura y posando mi mano
directamente en su sexo. Le introduje dos dedos dentro, los saqué y se los di
para que los limpiara, diciéndole que tenía razón, que era una guarra y que
estaba encharcada. Con cara de vicio me los chupó, relamiéndose.

Más tarde continuamos paseando por el parque, haciendo más
fotos y Marta enseñándome alguna parte de su cuerpo en cualquier rincón en el
que se lo pedía. Se notaba que le divertía, que le gustaba exhibirse en público.

Cuando llegamos a unas escaleras le pedí que se subiera a la
barandilla y se masturbara frotándose contra ella. Siempre me ha excitado ver a
una mujer subida a una barra, viendo como se ajusta su sexo al metal, como le
viene el placer a medida que se restriega. Además la visión de su culo,
protegido por el pantalón ajustado, que ofrecía la postura que Marta adoptaba al
frotarse me ponía a mil. Esta vez cuando un grupo de turistas (cuatro o cinco)
llegaron hasta nosotros, Marta permaneció subida a la barandilla, una pierna a
cada lado, con el sexo contra ella y cara de tener un orgasmo, ofreciendo su
culo cubierto por el pantalón de lycra como una segunda piel a la vista de los
turistas, que podían apreciarlo en todo su esplendor.

La fotografié, la filmé e incluso, una vez se fueron los
turistas, se atrevió a bajarse un poco el pantalón mostrando a la cámara el culo
desnudo y al aire. Marta se corrió en medio del parque por segunda vez.

Más tarde, sobre las seis y media, decidimos ir a un centro
comercial a ver algo de ropa que Marta quería comprar para las vacaciones. Le
dije que de acuerdo, pero quería que se comprase prendas que a mí también me
gustasen. Aceptó la condición que le impuse y pronto entramos en una de las
numerosas boutiques del centro. Logré, sin apenas esfuerzo, convencerla para que
se comprara un pantalón blanco ajustado y bastante transparente, muy de verano,
un vestido corto de color rojo que le quedaba espléndido, un traje tipo "mono
vaquero" de pantalón muy ajustado, sin bolsillos detrás, y cremallera por
delante, que le favorecía enormemente y dejaba que escogiera a su voluntad
(subiendo o bajando la cremallera) la amplitud del escote, una minifalda recta
de color negro, muy cortita y baja de cintura, un par de tops ajustados, y unas
braguitas tanga, tipo cordón por la parte de atrás, rojas y azules claro.

En el vestuario de uno de los comercios, mientras se probaba
una de las prendas, no le permití que cerrara del todo las cortinas del
probador, y así un señor que estaba con su mujer esperando a que terminara de
probarse algo pudo apreciar el cuerpo y la ropa interior de Marta por el hueco
que le dejé a propósito, si bien éste miraba intentando disimular, así que yo,
para facilitarle las cosas, descorrí de pronto las cortinas del probador de
Marta justo cuando ella estaba vestida solo con las braguitas y se agachaba para
ponerse un pantalón. Mientras lo hacía le pregunté sonriendo:

Marta, ¿me has llamado?

Ella se sorprendió al verse desprovista de la intimidad de la
cortina, y más aún cuando vio al señor mirando atentamente su cuerpo. Pero para
mi sorpresa, se enderezó, y en pie, con los pechos erguidos, me dijo que sí, que
pasara adentro. Entré, dejé la cortina entreabierta y nos besamos, sobándole yo
todo el culo delante del mirón.

Cuando terminamos las compras la verdad es que estábamos muy
calientes. Le pregunté a Marta si me acompañaría ahora a un sitio algo especial.
Si decía que sí tendría que afrontar un nuevo reto. Me dijo que estaba dispuesta
a todo, así que sin decirle a dónde nos dirigíamos empezamos a caminar fuera del
centro comercial, hacia Gran Vía.

Y llegamos a las puertas de un cine. Marta parecía
sorprendida y me preguntó si realmente me apetecía ver esa película (ni siquiera
recuerdo el título). Le dije que no, que lo que quería era que se desnudase en
el cine y me permitiera acariciarla en plena sala. Le consulté si se atrevía a
intentarlo y me contestó que bueno, que depende. Entramos. Afortunadamente la
sala estaba prácticamente vacía, sin embargo escogí sentarme hacia el medio del
patio de butacas, dejando a unas diez o doce personas en las filas de detrás de
nosotros y justo a un señor mayor delante, concretamente en la butaca de la
derecha de Marta.

Se apagaron las luces y comenzó la película. Marta y yo
pronto empezamos a besarnos, susurrándome que estaba muy nerviosa. Le contesté
que estuviera tranquila, que no iba a pasar nada. Le enseñé mi jersey y le dije
que lo tendríamos a mano por si tuviera que cubrirse de forma inesperada.
Primero le acaricié entre las piernas, por encima del pantalón. Se resistió un
poco al principio, pero pronto se abandonó a mis caricias abriéndose de piernas
en la butaca y estirándose hacia atrás todo lo que pudo para sentirme mejor. A
la vez levanté la camiseta por encima de sus tetas, dejándoselas al aire, si
bien mi mano de vez en cuando las cubría y sobaba convenientemente. Pronto le
pedí que fuera ella misma la que se las tocara mientras yo me dedicaba a su
conejito. Era una delicia ver su cara de viciosa, estrujándose los senos en
medio del cine.

Al cabo de media hora de sentirla gemir ligeramente, de
tocarla sin cesar, le susurré:

Marta, ahora es un buen momento. Levanta el culo y déjame
que te baje los pantalones.

Ella se movió ligeramente, separándose apenas los centímetros
necesarios para que el pantalón se deslizase desde su culo hasta las rodillas.
Le dije que se descalzase y terminé de sacarle el pantalón. Estaba en braguitas,
con la camiseta puesta pero levantada, mostrando los pechos. Miré en derredor y
nadie parecía haberse dado cuenta.

¿Estás excitada, verdad Marta?, le pregunté al oído
mientras pasaba mi mano por encima de sus bragas, acariciándole el sexo. Las
tenía empapadas. Tiré de ellas hacia arriba, logrando que se le metieran por
su rajita, y tiré más fuerte todavía, hasta que ella gimió al notar como se le
introducían dentro del coño.

¡Para, por favor, me las estás clavando!l. Ufff, qué
gozada!, …. Mejor sigue…. así, un poco más, apriétalas más ……..!
Vamos, joder, qué gusto!

La cara de Marta era todo un poema intentando evitar que la
pudieran oír, la vergí¼enza que estaba pasando por encontrase semidesnuda en
medio del cine, gozando sin poder remediarlo antes mis caricias continuas y
directas sobre su coño.

Marta, ahora toca la camiseta. ¡Quítatela!.

Se despojó de ella sin pensarlo. Solo le quedaban las
braguitas. Su sexo estaba empapado, mis dedos entraban y salían sin obstáculo
alguno, arrancándole cambios de postura y gemidos ahogados de placer. No cesaba
de moverse sobre la butaca. La tuve así al menos diez minutos y finalmente le
dije:

Las braguitas Marta, ya puedes sacártelas, ¡puta!.

Marta obedeció y quedó totalmente desnuda, expuesta.

Mira cabrón qué puta soy, mira cómo me toco el coño, mira
como me meto los dedos dentro del coño. ¡soy tu guarra, tu cerda!

Estaba llegando al orgasmo y no dejaba de masturbarse, yo la
miraba y le ayudaba a tocarse, acompañando mis manos a la suya. Mientras le
tocaba le decía al oído, ¡ánimo cerda!, ¡Te vas a correr en medio del cine!,
¡Menuda zorra eres!, ¡una niña pija y viciosa que se corre en pelotas delante de
la gente!. Estas frases la hacían perder más el control hasta que apretando las
piernas aprisionó mi mano entre su coño y se corrió.

No resistí la tentación de comprobar hasta dónde podía llegar
Marta. Reconozco que fue una putada, pero en ese momento me apeteció humillarla
algo más. Todavía se encontraba desnuda por completo cuando toqué el hombro del
señor que estaba delante de nosotros. Se volvió, descubriendo a Marta tal como
había venido al mundo, desnuda, abierta de piernas, despeinada, con su
respiración entrecortada …………………….

Marta empezó a vestirse tranquilamente, sin esquivar la
mirada del hombre que no salía de su asombro. Se puso el pantalón, la camiseta,
me cogió del brazo, y dándome un beso me dijo, vámonos antes de que termine la
película. Y nos fuimos.

Marchamos a mi casa y tuvimos otra antológica sesión de sexo,
donde la volví a penetrar por el culo corriéndome finalmente en su boca, pues
como ella misma me confesaría en otro momento una de las cosas que más la
excitaban era tener que limpiar una polla que acabase de salir de un culo.

Y ya no tuvimos otra ocasión de vernos hasta mi visita a
Cádiz a mitad del mes de agosto.

Continuará.

 

Resumen del relato:
    Continúan las aventiras de Marta, cada vez más lanzada…

Los jovenes del autobus

Los jovenes del autobus (22)

Roces en el autobús

Hola , les contare lo que me encanta hacer junto con mi novio
en los transportes públicos , Soy Andrea tengo 21 años estoy estudiando el
ultimo semestre de Ingeniería civil en Pachuca soy rubia ojos verdes cabello
chino corto , delgada senos tamaño mediano , buen abdomen y culo grande , mi
novio se llama Alejandro estudia el 6 sexto semestre de Filosofía y tiene 20
años somos novios desde hace 2 años y nos encanta realizar el siguiente juego
cada vez que podemos .

Aun que ambos tenemos nuestro propio automóvil nos encanta
abordad autobuses públicos a las hora pico , en especial aquellos que recorren
por lugares de fabricas donde salen muchos obreros , me subo claro esta con un
ropa muy elegante pero pequeña , usando escotes en la espalda tacones altos y
mini faldas muy pequeñas , el siempre aborda junto a mí como un extraño y
obviamente abordamos hasta el bus esta casi lleno , los hombres me miran con
deseo y es cuando comienza todo , el aparenta ser un extraño mas y comienza a
pegarme su verga de manera notoria de tal modo que los tipo de junto lo notan
posteriormente el se retira insinuando a los demás que lo hagan y estos al ver
que no me molesto sino que solo volteo con una sonrisa lo hacen encantados y
miren que me han tocado una vergas enormes así como cada apretón de culo

Un día por la noche hicimos lo mismo de siempre y como es
costumbre al descender el baja tras de mi y finge comenzar charla para
conocernos y evitar que alguien se acerque , pero en esa ocasión se bajaron tras
de mi 2 jovencitos como de 17 años , no mal parecidos y de inmediato comenzaron
a platicarme tonterías , ya en el bus sentí sus miembros , en esa ocasión yo
usaba un pequeñito vestido negro con escote en espalda y pecho con la faldita
muy corta y pegada a mi culo , Alejandro no se acerco y me temía que deseaba
algo mas que apretones en el bus así que continua con el juego , pasamos por un
jardín un tanto oscuro y sin pesarlo puse a uno de los jóvenes contra el árbol y
le bese , no lo creían , estaban perplejos , les dije a ver sus vergas niños ,
ellos se la sacaron y mira que ambas de buen tamaño , las toque con mucho cariño
mientras Alejandro miraba de muy cerca todo comencé a mamar una con pasión , la
metía toda a mi boca hasta la garganta , mientras masturbaba al otro joven con
mis lindas y delicadas manos , ellos gemían de lo lindo mientras yo me
intercambiaba mamando una y otra verga mientras pajeaba la otra , después la
tome y metía ambas en mi boca , se corrieron casi al mismo tiempo , uno de ellos
en mis pechos y el otro en mi boca , era riquísimo , al terminar ambos sonrieron
les dije que se marcharan y que me llamaran después dándoles un numero falso ,
al llegar a casa Alejandro era ya un volcán y esa noche fue riquísima.

 

Resumen del relato:
    Me mostraba en lso autobuses y mi novia miraba hasta que un dia fua mas que mostrar.

Mostrando a mi novia (1)

Mostrando a mi novia (1) (22)

¿Un pervertido?. Sí, tal vez lo sea. ¿Acaso no tenemos todos
alguna pequeña perversión?.

La mía, la principal al menos, comenzó una calurosa noche del
pasado verano. Mi novia y yo, que nos habíamos apoderado de la casa de sus
padres aprovechando que éstos se habían ido una semana de vacaciones a Tenerife,
llevábamos tres días dedicados a hacer el amor, a comer y a dormir, que no es
mala manera de pasar el tiempo.

Sin embargo, aquella noche no me podía dormir, así que me
levanté y me conecté a Internet en busca de algo que me ayudase a pasar el rato…
y vaya si lo encontré. El caso es que no recuerdo muy bien como accedí a aquella
página, lo que sí puedo recordar es que sorprendió mucho la cantidad de cabrones
que andan sueltos por el mundo.

El único objetivo que tenía aquella página era el de mostrar
a todos los internautas del mundo las fotos de centenares de mujeres dormidas o
simplemente cazadas despistadas en situaciones poco decorosas como cambiándose,
duchándose, etc.…(fotos sacadas, por cierto, por sus novios o maridos, sus
hermanos e incluso sus hijos, o al menos, eso decían) para que luego, cada cual,
diese su opinión.

Lo primero que pensé fue que todo era un timo, y
efectivamente, en muchas de las fotos se podía observar claramente como las
"fotografiadas" posaban descaradamente, algunas con demasiada profesionalidad
para pasar por amateurs, pero no en todas, no. En otros muchos casos, se podía
ver con claridad como aquellas mujeres habían sido fotografiadas no ya sin su
consentimiento, sino siquiera sin su conocimiento.

Sin embargo, lo que más me sorprendieron fueron los
comentarios que dejaban los visitantes, en su mayoría hombres, aunque no
siempre. "Esta tía esta buenísima, se lo comería todo". "Ay mamasita ahoritita
ya te daría para que supieras lo que es bueno", en incluso algunos en inglés y
francés.

El caso es que las fotos, los comentarios, y la idea de
imaginarme lo que dirían de mi novia me llevaron a caer en la tentación casi sin
darme cuenta. Y creedme que no miento, pues cuando empecé a ser consciente de lo
que estaba haciendo ya era demasiado tarde: armado con su cámara digital, me
acerqué a la cama, le quité la fina sábana de lino que cubría su bonito cuerpo
desnudo y comencé a sacarle fotos.

Al principio pensé que sería mejor sacarle solo fotos de
espaldas no fuera que le fuese a buscar algún problema, o que sé yo, si alguien
la reconocía, y de hecho, en cuanto quedé satisfecho con las doce o trece fotos
que le había hecho, la tapé de nuevo y me volví al ordenador para descargarlas
rápidamente.

Sin embargo, cuando comencé a ver el impresionante culo de mi
novia acaparando las catorce pulgadas del monitor, volví a perder la cabeza,
agarré de nuevo la cámara y me planté otra vez junto a los píes de la cama.

Ella aún estaba boca abajo, pero no me costó mucho girarla
sin que se despertara. Afortunadamente para mi perversión, mi novia tiene el
sueño menos ligero que podáis imaginar. Entonces, de nuevo le quité la sábana,
le cubrí un poco la cara con su melena morena para que no se la pudiese
reconocer con facilidad y de nuevo me lancé a hacerle fotos.

Las primeras se las hice tal como estaba tumbada, pero a
medida que la iba fotografiando me iba poniendo cada vez más caliente, así que
enseguida, aunque con sumo cuidado, comencé a hacerle tomar las más diversas
poses según se me iban ocurriendo. Que si una con las piernas más abiertas, que
si otra con la mano sobre su pubis, que si otra más tapándose los pechos con el
brazo izquierdo.

Cuando me di por satisfecho, dejé la cámara sobre la mesita
de noche, me puse de rodillas sobre su cuerpo, con una pierna a cada lado de su
cintura, aunque sin rozarla siquiera y me masturbé como si fuera la primera vez
que lo hacía. De hecho, estaba tan excitado, que el primer chorro de esperma que
salió disparado de mi pene fue a caer a escasos centímetros de su cara, aunque
sobre la sábana que cubría el colchón. El resto conseguí que cayera solo en mi
mano izquierda.

Estaba tan excitado, aún después de haberme corrido, que
apenas sequé la sabana del colchón con la que de nuevo cubría el cuerpecito de
mi novia, me lancé de nuevo al ordenador a colgar las fotos que le había hecho
en Internet.

Quince minutos después ya engrosaba la nómina de los cabrones
que eran capaces de violar la intimidad de sus parejas para goce del resto de la
humanidad.

 

Resumen del relato:
    De como empecé a sentir placer exhibiendo a mi novia ante desconocidos sin que ella lo supiese.

Soy una zorra (4)

Soy una zorra (4) (22)

Licenciada en Derecho (IV):

La víspera del examen de Derecho Civil, último obstáculo para
obtener mi licenciatura de derecho, estaba muy nerviosa. Apenas había visto a
Juan durante esa semana para no distraerme, aunque todos los días conversábamos
por teléfono un rato. La verdad es que se mostró muy comprensivo en todo momento
y me animaba diciéndome que no me preocupara que seguro que iba a aprobar.
Serían eso de las nueve de la noche, encontrándome repasando por enésima vez,
cuando decidí llamar a Juan para quedar a tomar un café frente a mi casa. En el
bar le agradecí que hubiera venido, y le pedí repasar juntos algunos temas, a lo
que accedió encantado. Eso me tranquilizaba, pues comprobé que dominaba bastante
bien el temario. Después le dije que lo peor de todo era que el examen fuese
oral.

¿Cómo?. ¿No es escrito?.

No, es oral. Es un fastidio, pues me pongo histérica.
Además tienes que entrar antes y ves cómo lo van haciendo los cuatro o cinco
anteriores. La verdad es que no sabes ni a dónde mirar.

Juan, con una sonrisa maliciosa e replicó: Pues yo creo que
es una ventaja para ti. ¿Cuántos te examinan? ¿Un catedrático? ¿varios?

Me examina el catedrático y uno de los profesores del
departamento. Se alternan en las preguntas y me harán exponer dos o tres temas
del programa, le informé.

¿Cómo son, jóvenes, mayores, serios, simpáticos, ….?
¿Cómo los definirías?

Pues, …. no sé. El catedrático es el típico cincuentón,
feo, serio. Incluso nos parece un poco tipo "viejo verde", pues nos mira
bastante a las chicas cuando pasamos junto a él. Por otro lado creo que es
buena persona y da bien las clases. Me tiene que conocer de sobra porque
apenas he faltado. El profesor es más joven, unos treinta años, y siempre anda
de juerga con estudiantes.

Ves, lo tienes tirado. En lugar de ponerte nerviosa lo que
vas a hacer es ponerles nerviosos a ellos. Me has dicho que entras antes de
examinarte y que tienes que esperar a que te toque el turno. Te pones en un
sitio dónde ellos puedan verte bien desde donde están examinando, llevas una
falda corta, y les pones a mil. Es muy fácil. No se enterarán ni de lo que te
preguntan ni de lo que les contestas.

Me reí.- Eres tonto Juan, qué cosas se te ocurren.

Marta, hablo completamente en serio. Piénsalo. Nosotros
tenemos la mayoría de las veces la cabeza en la polla y ellos no van a ser
menos. Somos todos iguales. Además, si ves que no funciona, paras y te
comportas de forma natural.

Umm, no sé. Además, !Qué vergí¼enza!.

Bien vale una licenciatura. Anímate.

Bueno, ya veremos.

En ese punto dejamos la conversación y proseguimos con el
repaso. A la mañana siguiente me desperté temprano, a las siete de la mañana. El
examen sería sobre las once, y dispuse de nuevo a repasar sin lograr
concentrarme mucho. A las nueve empecé a vestirme para ir a la facultad. Me puse
unos pantalones y una blusa, me miré al espejo y me dije, vamos Marta, hay que
jugar todas las bazas. Volví al armario y descolgué una minifalda de color azul
y una blusa blanca escotada en pico. Estaba bastante sexy con esa ropa. Me puse
unas braguitas blancas y me senté frente al espejo para ver el efecto. Abrí y
cerré las piernas, y la verdad pensé que no sería suficiente con lo que dejaba
entrever, solo la tela blanca de mis braguitas. Decidí quitármelas pues si
quería ponerles calientes qué mejor que pudieran ver en vivo mi coñito.

Ensayé frente al espejo, primero cruzando y descruzando
rápidamente las piernas, comprobando que ofrecía una panorámica fugaz,
suficiente para llamar la atención pero no para permitirles percatarse de si
llevaba bragas o no. Luego, repetiría el movimiento más lentamente y así verían
que no tenía las bragas puestas, y por último me abriría de piernas,
manteniéndolas entreabiertas para que pudieren deleitarse en la visión que de mi
coño les ofrecería. El resultado lo consideré óptimo.

Ya en el aula donde me iban a examinar me senté en las sillas
de la primera fila y comencé mi actuación. Primero, mientras se examinaba una
compañera, tiré un bolígrafo al suelo, truco muy mañido pero siempre eficaz para
llamar la atención, sobre todo porque ya habían visto que vestía una minifalda y
sabían que cualquier movimiento mío les enseñaría algo más de mí, algo que todos
los hombres ansían ver, nuestra entrepierna. Noté como sus ojos seguían mi
cuerpo mientras me agachaba a recoger el bolígrafo. Ya los tenía en mi poder,
pensé.

Al retornar a mi posición inicial descrucé las piernas,
cruzándolas después en el sentido contrario. Alcé la vista y observé que ambos
no perdían detalle. Se estaban olvidando de la chica a la que examinaban y
atendiendo a lo que no debían. Seguí con el juego, tal como lo había preparado,
mientras se examinaban los dos siguientes compañeros de clase. Para entonces ya
sabían que no llevaba bragas, ya estaban babeando, deseando que esa estudiante
de la primera fila fuera aún más allá y se mostrara más guarra, les exhibiera el
coño desnudo bajo la falda. Y llegó mi turno.

Me senté en una silla frente a ellos. El resto de compañeros
quedaban tras de mí, sin posibilidad de ver lo que yo hacía. Les sonreí con cara
de viciosa, separé lentamente las piernas, y les mostré el sexo, el coño quedaba
a apenas dos metros de ellos, y me hicieron la primera pregunta. Sabía la
respuesta, era un tema que dominaba. Antes de iniciar la exposición, adelanté mi
culo al borde de la silla para que tuvieran una visión óptima de mis partes
íntimas. La verdad es que no dejaron de mirarme el coño durante la exposición de
ese tema y del siguiente. Estaban nerviosos, con un tremendo bulto asomando por
sus pantalones y finalmente me dijeron que estaba aprobada y que podía
marcharme. Ya era licenciada.

Salí contentísima, sentía algo especial, por fin había
terminado mis estudios, iba a comenzar una nueva vida, buscaría trabajo, ……
En eso estaba pensando mientras descendía por las escaleras de la Facultad
cuando divisé a Juan, que me estaba esperando abajo. Aunque estaba con otros dos
chicos que no conocía, le grité desde arriba:

Juan, ¡lo he conseguido!, ¡He aprobado!, apresurándome para
tirarme en sus brazos.

í‰l me cogió al vuelo y me dio una vuelta completa alrededor
de sí mismo, sin sospechar que sus amigos iban a poder admirar como su novia no
llevaba las bragas puestas.

Cuando me di cuenta le susurré al oído:

¡Para, Juan, estáte quieto!, Verás, …. seguí tus consejos
y, ……, no llevo bragas……, les he puesto a mil mientras me examinaba,
me han visto todo el coñito, sabes?. Deja de moverme así porque de lo
contrario tus amigos me van a ver que voy sin ropa interior ………………

Se separó de mí, me sonrió y como si quisiera comprobarlo
introdujo su mano derecha bajo la mini hasta acariciarme el sexo y hacer que de
mi garganta saliera una exclamación, breve, de placer.

Menuda zorra te estás volviendo, Marta. Ven, te presentaré
a mis amigos.

Nos dimos unos besos y yo creí morirme de vergí¼enza cuando
uno de ellos me miró de forma especial, como avisándome de que me había visto
"al natural". El otro en cambio no debió percatarse de nada. Hechas las
presentaciones, nos dimos un beso, y me despedí de ellos para ir a casa y dar la
buena noticia.

De todas formas quedé con Juan en que esa noche íbamos a
salir a morir y olvidar el horrible mes de encierro y estudio que llevaba
encima. Acordamos telefonearnos sobre las ocho de la tarde.

A la hora acordada sonó puntualmente el teléfono. Era Juan.
Le conté que mis padres estaban encantados conmigo, que toda la familia había
celebrado durante la comida mi licenciatura, que después había dormido una
tremenda siesta por los nervios y lo cansada que estaba, y que estaba preparada
para salir y pasarlo de muerte.

También le anuncié que me iba de vacaciones a Cádiz con mi
madre y mis dos hermanos lo que quedaba del mes de julio y todo agosto, mes en
el que mi padre se reuniría con nosotros (Mi madre, al ser profesora, tiene las
vacaciones coincidentes con el calendario escolar). Eso le contrarió un poco
pero finalmente me dijo, que bueno, que intentaría reunirse conmigo al menos 15
días también en Agosto, si a mí me apetecía verle. Le respondí que claro que
querría verlo, que le quería junto a mí, en definitiva, le dije "te quiero,
Juan, eres mi vida". í‰l respondió que también me quería.

Finalmente nos pusimos a hablar sobre lo que íbamos a hacer
por la noche. Juan me preguntó:

¿Qué te apetece hacer esta noche?

Ya sabes, salir a tope, pasarlo bien, olvidar todos estos
meses de encierro. Podríamos ir a cenar, luego a tomar unas copas por algún
pub, a una disco a bailar, y luego, ¡hacer el amor!

Entonces, ¿te apetece que te folle, que te eche un buen
polvo?

Otra vez esa sensación extraña, placentera, que me venía
cuando Juan empezaba a hablarme así, directamente de sexo, de forma vulgar, sin
rastro de ternura o amor en sus palabras, pero que dejaban entrever su deseo
sexual hacia mí, empezó a recorrer mi cuerpo. Me mojaba irremediablemente al
trasmitirme así sus intenciones, obligándome a manifestarle abiertamente mis
deseos sexuales.

Sí, cabrón, quiero que me folles, le contesté excitada.

¿Por dónde? ¿Por el coño, por la boca, que te dé por el
culo, cerda?. ¿Quieres?

Sí guarro, por todos los sitios, quiero que me penetres por
todos mis agujeros. Seré tu puta otra vez.

Vale Marta, pero quiero que te vistas de forma especial.

No me importa, cariño. Deseo satisfacerte, que te sientas
orgulloso de mí. ¡Dime cómo te gustaría verme!, Juan.

Vístete con una falda o vestido transparente, o casi, de
color blanco o similar, y la tela como de gasa, para que pueda verse la ropa
interior que lleves puesta. ¿Tienes algo así?

Creo que sí, contesté. Un vestido blanco que suelo usar
para ir a la playa. Es de corte recto, algo ajustado en las caderas, y que
recuerde trasparentaba el bikini totalmente.

Perfecto, es la idea que tenía. La ropa de playa suele ser
ideal para exhibir un cuerpo como el tuyo. Ya sé que no es un traje de noche
pero estarás guapísima de todas formas.

Lo que pasa Juan es que es vestido entero, con cremallera
por detrás y escote recto a la altura de donde comienzan los pechos, y
bastante informal. ¿Te sirve?.

Sí. Irás sin sujetador.

¡Joder Juan!, Voy a ir casi con las tetas al aire, se me
van a ver perfectamente en cuanto me agache.

Eso es lo que pretendo, exhibirte ante todo el mundo. Verás
que excitante es y cómo vamos a disfrutar.

Eres un cerdo, pero lo haré. Me parece que me estoy
convirtiendo en una exhibicionista, y la verdad, en el fondo disfruto con
estos juegos, con lo de provocar y excitarte a ti. ¿Te pone cachondo que me
miren, que me vean desnuda? Me empieza a gustar lo de provocar.

Marta, la polla la tengo a reventar mientras dices eso, si
te tuviera ahora junto a mí ya la tendrías dentro de tu boca.

Ya tendrás ocasión de que te la chupe después. ¿Y las
braguitas, cuáles quieres que me ponga?

El tanga negro, para que todo el mundo vea la ropa interior
que llevas. Seguro que más de uno pensará que eres una chica fácil.

A lo mejor es que lo soy, le respondí maliciosamente.

A qué hora quedamos?

Te recogeré a las nueve y media.

Un beso, hasta luego.

Después de colgar fui a mi habitación a vestirme. La verdad
es que me encontraba alterada, bastante nerviosa y excitada, imaginando que esa
noche podría ocurrir cualquier cosa. Algo desconocido me hacía seguir adelante
en este juego que Juan y yo misma habíamos iniciado. Me puse el tanguita negro,
cuya parte posterior era simplemente un cordón delgado que se metía entre la
raja de mi culito. Luego me puse el vestido. Me contemplé en el espejo y no me
gusté. La trasparencia del tanga negro bajo el vestido blanco era demasiado
obvia, y además no favorecía la ropa interior, sino más bien la vulgarizaba. Me
cambié las braguitas y me puse un tanga blanco, con más consistencia en la parte
posterior, lo que hacía que se dibujara perfectamente su contorno, y también el
de mi trasero, bajo el vestido. Además, también transparentaba por delante,
dejando entrever el bonito encaje que cubría mi sexo. Me felicité por la
elección pensando sobretodo que también a Juan le gustaría.

Tuve especial cuidado al marcharme de casa evitando que mis
padres me vieran salir vestida de forma tan descocada y provocativa, pues era
algo a lo que no les tenía en absoluto acostumbrados.

Juan al verme me sonrió complacido, me hizo dar una vuelta
completa girándome sobre mi misma y exclamó:

¡Estás preciosa, Marta, vas a causar sensación!. Llevas
unas braguitas muy bonitas. Has hecho bien, seguramente te quedan mejor que
las negras, pero verás, no se trataba de eso. Lo que yo quería es que
parecieras una chica fácil, accesible, y no que fueras conjuntada. Ahora ya no
importa, y me gustas como estás, pero te agradeceré que para otra vez te
limites a hacer lo que yo te indique.

Mientras me decía estas palabras le miraba sintiendo que en
el fondo estaba complacido, por eso no me importó la pequeña reprimenda que
acababa de hacerme.

No te preocupes, le contesté, la próxima vez me pondré solo
lo que tu quieras.

Fuimos a cenar, a tomar unas copas, la noche iba
transcurriendo de forma perfecta, encontrándome muy a gusto en su compañía. A
eso de las cuatro de la mañana (y la verdad es que yo ya estaba bastante
entonada) nos encontramos con un grupo de compañeros/as de mi clase en la
facultad que estaban celebrando también el haber terminado los exámenes. Se
encontraban muy "alegres" y nos dijeron que iban a una discoteca céntrica que
ese día celebraba la "fiesta de la espuma" y la elección de "chica de la
semana". Juan y yo nos unimos al grupo y fuimos todos juntos.

Al entrar en la discoteca, fuimos todos directos a la pista
de baile. Estuvimos un buen rato bailando sin parar, y la verdad es que yo
empezaba a sentirme excitada sabiendo que mientras bailaba me podían ver
perfectamente las braguitas y el culo. Además alguno de mis compañeros ya habían
realizado comentarios del tipo, ¡caray Marta como vienes hoy!, etc., y notaba
como de forma disimulada acercaban sus cuerpos a mi trasero, y yo, animada por
las copas que me había tomado, por el ritmo de la música, por el ambiente y por
la complicidad de Juan, me dejaba sobar. Al cabo de un rato Juan me susurró al
oído que iba a la barra a pedir una copa, pidiéndole que le acompañara. Fuimos
los dos y entonces empezó a acariciarme el culo sobre el vestido, explicándome
lo que quería que hiciese:

Ahora Marta, escúchame con atención, me dijo. Su mano
continuaba sobre mi culo. Te estoy acariciando el culo, y te gusta, verdad?

Sí cariño, me gusta.

Sabes Marta, todos tus compañeros de clase están viendo
cómo te toco, como te lo acaricio, y ahora voy a levantar lentamente el
vestido para dejar tu trasero al aire, para que puedan verte bien el culo. ¿Te
importa?

Estaba excitadísima. No, uff, no me importa, le dije, y me
abracé a él. Noté como deslizaba su mano bajo el vestido y sentí como éste se
alzaba. Luego era su mano la que acariciaba directamente mis nalgas. Estaba
expuesta públicamente a sus caricias.

Para ya por favor, Juan, creo que ya me han visto lo
suficiente.

Bien Marta. Ahora volverás como si tal cosa a la pista de
baile. Cuando anuncien el inicio del concurso "chica de la semana" quiero que
te presentes. Me han comentado que hay que bailar sobre una tarima y luego,
cada chica hace lo que se atreva, bailar solo, un pequeño strip-tease, etc.
También te rociarán con espuma y agua mientras bailas.

Y hasta dónde quieres que llegue? Le pregunté.

Tu misma has de ponerte el límite. Y seguidamente me besó
de forma apasionada diciéndome que me quería.

Tras anunciar el inicio de la elección de la chica de la
semana nos presentamos alrededor de nueve o diez aspirantes al premio (una
minicadena bastante completa). La verdad todas eran bastante guapas o al menos
lo parecía, alguna de ellas con aspecto de putón de feria o de profesional de
esta clase de concursos. Las cuatro primeras bailaron de forma sensual,
agachándose, moviendo las caderas, los pechos, el trasero, dos de ellas
prácticamente mostraban sus pechos casi desnudos bajo sus blusas empapadas de
agua, circunstancia que no hizo sino aumentar los gritos de todos los salidos
que estaban animándonos sin parar, llamándonos desde tías buenas hasta zorras,
desde pedirnos que nos quitásemos la ropa hasta gritarnos que nos la meterían
hasta la garganta, etc.

La quinta era una compañera de clase, Patricia. Llevaba un
top negro y la verdad es que montó un numerito muy excitante que culminó cuando
se bajó el top y mostró al natural sus pechos. La temperatura ambiente cada vez
era más alta.

Y me tocó a mí. Y bueno, fue algo inolvidable. Me subí al
escenario, bailé y perdí el control bajo la dirección de la mirada de Juan.
Tenía el vestido blanco empapado y notaba cómo se pegaba a mi cuerpo, dejando
traslucir completamente mis braguitas y mis tetas desnudas. De pronto me di la
vuelta, dándole la espalda al público, y empecé a subirme el vestido hasta
llegar a la cintura, mostrando mi culo cubierto solo por el tanga. Moví el
trasero como lo hacen las strippers, me agaché, lo sacaba hacia fuera, hacia el
público, y lo volvía a tapar con el vestido. Estuve a punto de terminar ahí mi
actuación, pero seguían animándome, pidiéndome más, que siguiera, y sin pensarlo
siquiera les sonreí a todos y metí las manos bajo el vestido, cogí las braguitas
y las deslicé hacia abajo, despojándome de ellas. Todo el mundo me las pedía,
las arrojé y entonces como colofón volví a subirme el vestido de espaldas y les
exhibí mi culo desnudo, acariciándome yo misma las nalgas mientras oía:

¡Qué culo tienes! ¡Eres la gran zorra de la semana! ¡El
coño!, ¡Enséñanos el coño, puta! ¡Quítate toda la ropa, guarra!

Y lo hice. Me quité el vestido. Me quedé completamente
desnuda sobre el escenario, con las piernas abiertas, sonriente, hasta que me
vino la vergí¼enza y cogiendo el vestido me lo puse de nuevo. Luego, aplausos,
gritos, ….. ¡Gané el concurso!.

Juan estaba muy orgulloso de mí. Ya a su lado, empezó a
acariciarme sin parar, a encenderme y hacerme perder el control.

¿Te ha gustado Juan?. Lo he hecho por ti, porque sé que te
pone cachondo que me vean desnuda, verdad?, ahí en el escenario, mostrándome
delante de toda esa gente ……

¡Fóllame Juan, vamos, quiero que me poseas, que me la metas
por donde quieras, deseo tener tu polla dentro de mí!

Juan me abrazó de nuevo, me besó con pasión, con deseo,
entrelazando nuestras lenguas, intercambiando saliva, comiéndonos la boca como
si fuera lo último que íbamos a hacer en nuestras vidas, incluso quería
morderle, …

Pequeña zorra. Eres estupenda. Vamos, quiero follarte.
Tenemos el coche en el parking. Y va a ser allí donde voy a follarte y a dejar
que te follen

¿Qué quieres decir?.

Pues eso, que voy a dejar que otro te folle. Te gustará y a
mí me encantará verte disfrutar con otro macho.

No dije nada pero solo pensar que iba a ser follada por un
desconocido ante las mismas narices de mi novio hacía que perdiera por completo
el control de mi misma. Solo pensaba en entregarme, gozar y complacerle.

Salimos de la discoteca y entramos en el garaje. Caminábamos
juntos, entrelazados, acariciándonos mutuamente sin pudor alguno. Yo le
acariciaba la polla por encima del pantalón y le decía que me la iba a tragar
entera, y él me sobaba el culo sin parar, y los pechos, y me besaba …

A la entrada del parking nos topamos con el guardia de
seguridad, que se encontraba dentro de una cabina. Dada la hora que era parecía
bastante adormecido y al vernos entrar, riendo y acariciándonos nos siguió con
la vista, sobre todo a mí. Noté como al pasar junto a su puesto de trabajo Juan
levantaba mi vestido y le mostraba con descaro mi culo desnudo. Yo reía
complacida ante el hecho de que Juan me mostrase como una mercancía, como una
vulgar ramera, y le besaba. No me importaba y me ponía más caliente todavía.

Juan me indicó que caminara como una puta, que me moviera
provocativamente para darle envidia al vigilante. Lo hice, obediente, andando
con el vestido enrollado sobre mi cintura y totalmente desnuda de ella para
abajo. Decidí que no era suficiente y me quité el vestido, dándoselo a Juan,
quedando desnuda y de espaldas al guardia.

Vamos al coche, cariño, y por favor no dejes de tocarme el
culo o el coño, de acariciarme todo el tiempo. Quiero que ese guardia tenga
que hacerse una paja viendo en su monitor a la puta de tu novia desnuda y
follada en medio del garaje.

Llegamos hasta donde estaba aparcado el coche, busqué con la
mirada la cámara de vigilancia, se la mostré a Juan y me puse de espaldas a
ella. Me arrodillé en el suelo y seguidamente me coloqué a cuatro patas,
levantado el culo y acariciándome el coño, masturbándome. Juan se bajó los
pantalones se sacó la polla y también de espaldas a la cámara me la metió en el
coño.

¡Cabroooón!, Jódeme como a una puta! Métemela dentro de mi
coño de zorra, vamos, cerdo, follaje,…así.. más fuerte, venga ……ahhh,
que gusto, ahhhhh……!

¡Guarra!, ¡Mira que eres puta, Marta, toma mi polla, te voy
a reventar, cerda, estás a cuatro patas, y te están viendo por una cámara!,
……

Sííí, vamos fóllame fuerte, jódeme…….espera. Me levanté
y me puse de pie, me fui a una columna y alzando los brazos me situé junto a
ella. !Dame en el culo, pégame, azótame, cabrón!.

Juan se acercó a mí. Tal como estaba, totalmente desnuda,
abrazada a la columna, con el culo en pompa hacia fuera, esperando el castigo
que yo misma le había pedido. Juan levantó su mano derecha y la dejó caer sobre
mis nalgas. Luego me dio otro azote, y otro, hasta ocho. Notaba el trasero rojo,
caliente y no sé cuántas veces me había corrido mientras escuchaba el eco del
ruido que hacían las palmadas de Juan al golpear mi culo. Cubriéndome con el
cuerpo de Juan me arrodillé junto él, me introduje su polla, dura a reventar, en
la boca y se la mamé hasta que se derramó en mí, llenándome de su leche. Nos
besamos y nos fuimos al coche. Nos volvimos a besar. Yo seguía caliente y Juan
alucinaba conmigo.

Marta, pareces una perra en celo, no paras, me dijo, pues
ya tenía de nuevo mi mano sobre mi coño, tocándome.

Arrancó el coche. Yo ni siquiera me había vestido, seguía
desnuda, abierta de piernas sobre el asiento, acariciándome, con cara de estar
poseída por algún demonio que hacía que perdiera el control de mi misma.

Teníamos que parar junto a la cabina del vigilante de
seguridad. Juan detuvo el coche y empezó a hablar con el guardia. Luego me
miraron y continuaron hablando. Finalmente Juan se acercó y me dijo:

Marta, le he pedido al vigilante que nos entregue la
grabación de la cámara de seguridad, pues nos ha filmado follando. No hay
problema, nos la va a dar, pero le gustaría ver lo guarra que eres más de
cerca.

¿Qué quieres decir, Juan? ¿Quieres verme follando con otro?
¿Es eso? Te gustaría que el guardia metiera su polla dentro de mí?

Yo estaba realmente caliente por el polvo monumental que nos
acabábamos de echar, y ni siquiera pensaba en lo que decía. Unicamente me sentía
muy excitada, un poquitín fuera de control, con ese punto que te hace traspasar
sin miedo alguno la frontera de la vergí¼enza y del pudor, de los tabúes
sexuales, y además seguía teniendo ganas de follar. Si Juan quería verme en
brazos de otro hombre, me vería. En ese momento no pensaba en las consecuencias
que mis actos desencadenarían mas tarde, y que ya no tendrían marcha a tras.

Juan me abrió la puerta del coche, me tendió la mano y me
ayudó a salir. Desnuda por completo, nos dirigimos hacia la cabina. Juan nos
presentó. El se llamaba Julián y yo era simplemente la guarra de su novia.
Mientras me presentaba de esta forma introdujo dos dedos en mi boca y exclamó en
voz alta:

¡Mira como chupa esta cerda!.

Yo le chupé los dedos. Luego me arrodillé junto al guardia,
le bajé la cremallera, extraje su miembro y comencé a lamerlo, a chuparlo con
deseo, introduciéndomelo en la boca. Deslizaba mi lengua por toda la longitud de
la polla del vigilante, sin dejar de mirar a los ojos de Juan, que empezó a
masturbarse contemplando la escena. Le hice una inolvidable mamada. Cuando iba a
correrse Juan me dio un preservativo y me dijo:

Ahora, ¡fóllatelo!.

Le puse el condón en su polla, le tumbé en el suelo, me senté
sobre su duro miembro, a horcajadas, introduciéndomela yo misma hasta el fondo.
Tenía un buen tamaño y se deslizaba a la perfección dentro de mí. Le cabalgué
mirando a Juan, pidiéndole que me insultara mientras follaba con otro, que me
llamara puta, su puta, y se corrió. Saqué su polla y cogí el preservativo, lleno
de semen.

¿Quieres que me lo beba? ….. , le pregunté.

Juan no tuvo tiempo para contestarme. Casi al instante me
tragaba la corrida del guardia, relamiendo como una viciosa los restos de semen
que asomaban por mi boca.

Seguidamente me acerqué a Juan. Tenía ya la polla flácida
pues se había corrido antes que el guardia. Todavía le quedaban restos de semen
sobre los muslos, restos que, tras mirarle de nuevo a los ojos, recogí con mi
boca para besarle a continuación, traspasándole el sabor a la leche de los dos
hombres, él y el guardia, cuya corrida me había tragado.

Por fin me vestí, nos entregó la cinta y nos marchamos. Juan
me llevó a casa. Estaba agotada. Había sido una noche muy intensa y me esperaban
muchas más.

 

Resumen del relato:
    Marta se licencia en derecho mostrando sus partes a ……, lo celebran y terminan en un parking……

De borrachera

De borrachera (22)

De borrachera

í‰ramos novios mi esposa y yo cuando un fin de semana nos
escapamos a Guanajuato capital de parranda, nos metimos a un bar bastante
concurrido, ella iba de minifalda y una blusita sin sostén… se veía riquísima.

Estuvimos un buen rato bebiendo hasta que estábamos ya
bastante tomados, la música estaba muy prendida y ella se puso a bailar sobre la
mesa, había momentos en que se le veían todas sus nalguitas y en medio una
tanguita negra de locura, los chavos de los alrededores estaban con la boca
abierta mirando a mi entonces novia, yo me sentía orgulloso de ir con una chica
guapísima y buenísima, todos me envidiaban.

Me fui hacia la barra por un par de tragos mas y ella se
quedo en la mesa bailando, cuando regresé había una bola de chicos rodeándola
viendo el espectáculo que les daba al moverse y al mostrar sus encantos, ella
nunca fue tan desordenada, pero como nadie os conocía y andábamos ya tomados se
deshinibió bastante.

Yo me subí a la mesa y empecé a bailar con ella, me calentaba
bastante que otros estuvieran mirándola, la abracé por la cintura y empezamos a
bailar bastante cachondo, tanto que un tipo de seguridad nos hizo bajar de la
mesa, pero seguimos bailando a un lado de esta, los tipos seguían viéndonos y yo
empecé a calentar mas el ambiente, le agarraba las nalgas y le levantaba la
falda, ella se me pegaba y bajaba lentamente pegando su cara por mi pecho y
bajaba hasta llegar a mi entrepierna y abría la boca atrapando mi verga por
encima del pantalón, los tipos estaban que reventaban con nuestro baile, ella se
ponía de espalda hacia mi y restregaba su trasero contra mi bulto que estaba ya
durísimo, yo le agarraba las tetas por encima de la blusa y le metía la mano por
la falda para tocar su vagina la cual estaba super húmeda a través de la tanga.

En eso uno de los tipos se acercó a bailar con nosotros, se
le pegaba a ella de frente y le agarraba las nalgas, cuando ella hacia eso yo me
le pegaba por atrás quedando la mano del tipo entre sus nalgas y mi bulto el
cual el sobaba con el dorso de la mano, esto me sacó de onda pero me puso mas
caliente de lo que estaba, ella ya le acariciaba la verga por encima del
pantalón al chico que estaba bailando con nosotros, estábamos irreconocibles.

Ella se volteó hacia mi, y me dijo "quiero coger", palabras
mágicas para pedir la cuenta e irnos a un hotel que quedaba cerca del bar, yo le
pregunté si quería invitar a nuestra pareja de baile, ella dijo que no, que
quería irse de ahí conmigo nada mas, y así fue, llegamos al hotel, pedimos un
cuarto, y en lo que la chica de la recepción nos anotaba ella y yo estábamos
fajando recargados en el mostrador. La chica nos llevó hasta el cuarto y abrió
la puerta, en cuanto lo hizo mi novia me jaló hasta la cama quedando ella
acostada con las piernas abiertas y yo en medio de estas, la besaba como si me
la fuera a comer, la chica solo dijo "con permiso, pero como no la pelamos se
quedó parada en la puerta viéndonos, yo le levantaba la blusa dejando al
descubierto sus tetitas las cuales me empecé a comer como desesperado, sabía que
la chica estaba en la puerta viéndonos y decidí darle un buen show, así que
empecé a bajar hasta quedar en medio de las piernas e hice a un lado la tanga y
empecé a lamer su clítoris.


mmmh, así comételo, papito, así

te gusta amor?, que rico sabe, quieres probarlo?

Si, quiero probarlo

Metía un dedo en su vagina y lo sacaba mojado para
ponérselo en la boca y ella lo chupaba, la chica seguía en la puerta
viéndonos.

Yo me fui quitando el pantalón mientras seguía comiéndome
la rajita de mi novia, me subí a la cama y me puse en "69", pero yo encima, le
metía la verga en la boca a mi novia hasta el fondo que en momentos la
ahogaba, en esta posición podía ver perfectamente a la chica que estaba con la
puerta emparejada y solo se veía la cara, podía imaginarme que se estaba
masturbando, pero no lo podia ver, pero estaba como paralizada, ni parpadeaba.

Estaba a punto de chorrearme así que le avisé a mi novia

vente!, en mi boca vente!

Yo me arrodillé y ella se metió debajo de mis piernas y me
lamía los huevos, cuando ya no aguanté mas, se lo metió en la boca y empecé a
acabar en ella, se comía todo lo que salía, pero no soltaba mi verga, quería
mas y siguió mamando hasta que se puso dura de nuevo, la chica seguía absorta
viéndonos, mi novia se incorporó y me aventó quedando yo acostado boca arriba
con los pies hacia la puerta, ella se puso encima de mi y se lo empezó a meter
despacio, la chica podía ver como mi verga entraba y salía de mi novia, que se
movía como si fuera la ultima vez que cogiera,

así, que rico, cógeme mas duro

muévete chiquita, que ricas tetas (le decía mientras se
las mamaba)

aahh, estoy a punto, me vengo, me vengooooo

así zorrita, eso querías no?, sigue muévete mas perra!

ssii, dame mas duro cabrón, mas duro!!

Estas deliciosa, eres mi putita

Si, soy lo que quieras, me encanta tu verga

Me voltee y la agarré por los tobillos, le abría las
piernas hasta donde podía y la bombeaba duro

perro!, voy a acabar otra vez… aaarrggghhh….

se la saqué y le di la vuelta, la acomodé de perrito en la
orilla de la cama, me paré atrás de ella y se la metí de un golpe, ella
gritaba como loca, la chica seguía en la puerta, pero ya no le ponía mucha
atención, estaba a punto de terminar, me aguanté hasta que mi novia acabó de
nuevo, se la saque y la agarré del cabello y la puse a mamármela, cuando
estaba por terminar, se la saque de la boca y le disparé mi leche en la cara,
ella gritaba como si estuviera teniendo otro orgasmo, y se embarraba la leche
en la cara y se la metía a la boca.

Me limpió lo que quedaba con la lengua y se acostó, yo fui
al baño a orinar y cuando salí la chica ya no estaba, cerré la puerta y me
acosté a un lado de mi novia, la abracé y me quedé dormido.

Al otro día habia un chavo en la recepción y no volví a ver
a la chica.

Esperamos sus comentarios y manden sus fotos, nos gustaría
tener contacto por correo y tal vez algo mas con gente por aquí.

, POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Lo que hace el alcohol.

Soy una zorra (3)

Soy una zorra (3) (22)

Aprendiendo a usar mi cuerpo (III):

Marta aprende a masturbarse ……………

Tras mis dos primeros encuentros con Juan me notaba cambiada.
De ser una chica bien, universitaria, acostumbrada a no escandalizar, a vestir
correctamente, a disfrutar hasta aquel momento de experiencias sexuales
consistentes en follar a lo clásico, incluso prefiriendo el romanticismo (aunque
alguna experiencia no fue como previamente la había imaginado), había pasado a
preferir el sexo por el sexo, a ser más salvaje, a gozar comportándome como una
mujer vulgar, asumiendo que lo que se pasaba por mi cabeza se podía realizar. Y
así acepté excitada desnudarme en medio de la calle o subir las escaleras de la
casa de mi novio completamente en cueros, lamí excitada su culo, y me gustó, me
bebí su semen, le permití sodimizarme …… ¿Dónde había dejado mi inocencia,
mi buena educación, mis modales en público? ¿Por qué me atraía comportarme como
una ramera si siempre había sido comedida?.

……………..Todavía me quedaban diez días para
examinarme de civil, lo que hizo que durante la siguiente semana Juan y yo nos
limitáramos a dar una vuelta a última hora del día, a conversar, tomar algún
café, darme ánimos con los estudios, etc. De sexo, solo deciros que al dejarme
en el portal de casa de mis padres y al despedirnos con un apasionado beso, Juan
siempre aprovechaba ese momento para mojarme, para acariciarme el coñito por
encima del pantalón, o de la braguita si llevaba falda, dejándome caliente y con
ganas de marcha. Le había prometido que el sábado le dedicaría toda la tarde a
él, y habíamos quedado de nuevo en su casa para "ensayar y adiestrar mi sexo",
según sus propias palabras.

Juan me había dado la llave de su apartamento así que esta
vez no llamé al portero automático. Durante la semana había renovado mi ropa
interior y me había comprado dos braguitas de encaje, muy sexys, una blanca y
otra negra, y dos tangas uno rojo, y otro negro, muy pequeño, con solo un cordón
o hilo por la parte posterior. Si los hubiera visto mi madre seguro que habría
pensado que me había vuelto puta o algo así, o al menos una desvergonzada (y no
estarían muy desacertados). El tanguita negro es el que decidí ponerme para
encontrarme con Juan, no sin antes haber precisado de un recorte del vello de mi
pubis para que no sobresaliera por los bordes. Subí las escaleras andando y en
el cuarto piso me desvestí quedándome solo con el tanguita puesto. La verdad es
que desnudaba mi culo por entero, y me hacía parecer una de esas mujeres
brasileñas de los carnavales (tener en cuenta que en esa época los tangas no
estaban tan de moda como ahora).

Llamé al timbre y la cara de Juan al verme fue de
estupefacción y también de satisfacción. í‰l no me había pedido ni que me
desvistiera, ni que me pusiera ninguna ropa especial, ni nada. Todo lo había
hecho por mi propia iniciativa, quise sorprenderle gratamente, y lo había
conseguido. Sonriendo, abrió la puerta por entero y me dijo:

¡Menuda zorra estás hecha, Marta, vaya bragas de fulana que
te has puesto!. Estas divina. Espera aquí un momento, y desapareció, dejándome
así en la puerta de su apartamento. Al cabo de unos instantes volvió con una
cámara de vídeo en sus manos y me dijo:

– Marta, voy a inmortalizar este momento, tu entrada en casa
vestida como una vulgar furcia. A ver cómo te mueves y meneas ese trasero.
¡Vamos!.

Le sonreí lascivamente, empecé a caminar hacia él, hacia la
cámara, me di la vuelta, mostré mi culo, me bajé ligeramente las braguitas, me
volví a girar para enseñarle el coñito, y todo ello HABLANDO a la cámara,
bailando sensualmente y diciendo: Me llamo Marta, soy la PUTA de Juan, he subido
así por las escaleras, en tanga, y ahora le voy a pedir que me follle.

Juan dejó la cámara en una mesa, grabando, cerró la puerta y
me besó.

Te quiero, le dije, y me tienes dispuesta y preparada para
que me enseñes a usar mi cuerpo como a ti te gusta. Haré todo lo que me pidas.

¿Todo?

Sí, cariño, lo he pensado y tendrás mi sexo a tu entera
disposición. Puedes hacer conmigo todas las marranadas que se te ocurran, seré
tu cerdita, una verdadera guarra para ti, le dije, poniéndo la mayor cara de
vicio de que era capaz.

Juan me explicó que lo primero que íbamos a hacer era
preparar y acondicionar mi coño, conocerlo mejor, hacerme comprobar para qué
puede servir, qué cabe en su interior, cómo tocarme el clítoris, cómo
acariciarme. etc.

Me coloqué tumbada en el sofá, desnuda, y con las piernas
totalmente abiertas. Juan se arrodilló frente a mi conejito y empezó a lamer mi
coño, a comérmelo, llenándolo de saliva, a ratos escupiendo sobre él. Pronto
introdujo un dedo, dos, y hasta tres, metiéndolos y sacándolos como si me
follara hasta que obtuve mi primer orgasmo. Cuando me acostumbré a ellos, trajo
un bolsa que contenía unos cinco consoladores de diferentes tamaños, los cuáles
fueron entrando por mi coño sucesivamente. Cuando Juan los sacaba yo los
limpiaba con la boca. Juan me animaba diciendo que era una su putita y que si me
gustaba, que en menuda guarra viciosa me había convertido y otras lindezas
parecidas. Yo no paraba de correrme una y otra vez, despatarrada da en el sofá.
El último consolador era enorme, negro, y tuvo que metérmelo con vaselina, pero
lo conseguimos, me ensartó con él y yo misma lo moví hasta correrme, gritándole
excitada y fuera de mí: ¡Mira Juan, me cabe, qué cerda soy, tu puta, mira como
me follo yo solita!.

Tras el consolador negro Juan me dijo que todavía podían
caber más cosas en mi coño.

Le dije que ya no podía más, que me había corrido un sinfín
de veces, pero fue inútil: Me acercó un montón de objetos y me dijo que quería
ver como me los iba metiendo dentro de mi coño: Así, me introduje el mango de un
martillo, un plátano, unas zanahorias juntas, un pepino, una vela, el cuello de
dos o tres botellas diferentes y por hasta cuatro dedos de la la mano de Juan,
que me cupieron sin apenas dolor, ya que tenía el coño muy abierto pues llevaba
casi una hora sacando y metiendo los objetos que os he descrito, y con la ayuda
de la vaselina, claro está. Lo último que probamos fueron unos pinceles que,
todos juntos, haciendo un ramillete, me los introdujo y que arañaron levemente
el interior de mi sexo pero que me ocasionaron un brutal orgasmo. Todo ello lo
había grabado en vídeo, inmortalizando todas las escenas para poder recrearlas
juntos, me dijo, en otras ocasiones.

Nunca me había masturbado tantos tiempo seguido, y había
perdido la cuenta de las veces que me había corrido. Estaba tumbada en el suelo,
con las piernas y el coño completamente abiertos, agotada pero feliz. Juan
estaba recostado a mi lado, acariciándome los pechos dulcemente. Estuvimos así,
sintiendo el calor de nuestros cuerpos juntos, sin hablarnos, dejando que mi
cuerpo se recuperase del trato recibido.

Estoy destrozada, agotada, le dije.

¿Has gozado? ¿Te arrepientes de algo?

Como una posesa. Juan, me has hecho muy feliz, me he
corrido hasta la saciedad. Te quiero. Le besé.

Yo también. Eres la mujer con la que había soñado, me gusta
verte dispuesta a probar cosas nuevas, sexo diferente, distinto, por perverso
que sea lo que te pido, te prestas a ello.

No me importa ser viciosa contigo. No hacemos nada malo, me
gusta ser tuya, tu zorrita, solo disfrutamos del sexo, verdad?. Oye Juan, me
gustaría saber una cosa, …………..

¿Qué?

Lo has grabado en vídeo, no? Lo de cuando llegué a casa
vestida solo con el tanga, y a cuatro patas, y metiéndome los consoladores y
lo demás, no? ¿Para que lo quieres?

Todavía no lo sé. Te filmaré otras veces más, veremos
juntos la cinta y luego ya veremos, cuando tengamos más material lo decidimos
juntos. A lo mejor lo vendo, o lo cuelgo en Internet.

Venga en serio, no digas tonterías.

Ya veremos. Ahora, y hablando de filmar, ¿por qué no me
grabas a mí un poco?

Vale, pero esta vez harás lo que yo te pida, conforme?

Sí, guarra.

Cogí la cámara, la encendí de nuevo y le indiqué que se
pusiera mi tanguita negro y adoptara la postura del perrito.

Cabrón, a mí también me gusta tenerte a cuatro patas y
ahora te voy a meter los consoladores por el culo.

Dejé la cámara sobre la mesa, grabando sola, y cogiendo uno
de los consoladores empecé a penetrarle. La verdad es que entraba bien, se
notaba que Juan ya tenía abierto el culo. Me puse la otra parte del consolador
en la boca y comencé a follarle su cálido pompis.

– Eres un marrano, lo tienes ya abierto, a lo mejor incluso
te cabe el negro. ¿Lo probamos? ¿Quieres tenerlo en el culo?

Juan, gimiendo, asintió. Y se lo metí, parecía que le rompía
el culo.

Vamos zorra, me voy a correr, agárrame del rabo y hazme una
paja mientras me follas.

Casi al instante de asirle la polla con mi mano derecha se
corrió, inundando de leche el suelo de madera.

Uff, … ha sido bestial, qué corrida.

Yo le contesté: Ya lo creo, es increíble que tuvieras
dentro esa cantidad de leche, después de todo lo de hoy.

Entonces me dirigí gateando hacia donde se había depositado
toda la corrida y le dije que me enfocara bien con la cámara. Juan se levantó y
cuando estuvo preparado, mirando a la cámara, a cuatro patas, saqué la lengua
empezando a lamer toda la leche desparramada por el suelo, limpiándola con mi
lengua, degustándola como una cerdita, relamiéndome de gusto y poniendo la mayor
cara de vicio de que era capaz.

Descansamos un rato, cenamos, vimos la televisión y entonces
le dije a Juan si podía poner en la tele lo que habíamos grabado.

Se levantó y montó todo el tinglado de conexiones y cables
entre la cámara de vídeo y la televisión necesarios para poder reproducir la
cinta, y nos pusimos a verla. No sabéis lo mojada que me puso el hecho de
contemplarme a mí misma follando, chupando la polla y el culo de Juan, verme
abierta de piernas sin pudor alguno, contemplar mi cara de viciosa mientras me
corría. Tanto me excité que le dije a Juan que necesitaba correrme. Estaba
todavía desnuda por completo. Juan apagó la tele y puso la cámara en función de
grabar. Me cogió la mano e indicándome que le siguiera me llevó hasta el sofá.
Me hizo subir al brazo de la butaca, y entonces me pidió que me masturbara
frotando el coño y moviendo mucho el culo, para mostrarlo a la cámara de vídeo y
grabar mis movimientos, más rápidos a medida que iba llegando al clímax.

Y así volví a correrme, yo sola, mientras él actuaba de
simple espectador, miraba como me satisfacía sobre un sofá, restregándome como
una vulgar perra, como un animal que solo busca satisfacerse y saciar su deseo
sexual.

Continuará.

 

Resumen del relato:
    Juan enseña a Marta a masturbarse con toda clase de objetos.