Yo, Laura
Yo, Laura (30)
Queridos amigos, mi nombre es Laura y vivo en Perú. Hace dos
semanas tuve la mas gloriosa experiencia de mi vida y creo vale la pena
contarsela.
YO, LAURA
Después de haber publicado Wilfredo, mi marido, un aviso en
Latinparejas, un día respondió una persona llamada Eduardo quien dio una
descripción suya bastante interesante. Wilfredo concertó una cita en un café de
Miraflores.
Nosotros llegamos primero y mientras disfrutábamos de un
sabroso capuccino conversábamos sobre diversos tópicos hasta que llegó Eduardo.
Era una persona de unos 35 años, fornido, no mal parecido pero que tenía algo
que no terminaba de convencerme. Después de conversar un buen rato, quedamos en
que nos llamaría mas adelante. Yo le dije a Wilfredo que había algo que no me
terminaba de gustar y que prefería no salir con él (la verdad era que todaví¬a no
estaba muy convencida de tener una experiencia de trio).
Sin embargo Eduardo llamó a Wilfredo en las dos siguientes
semanas tratando de concretar una cita definitiva y ante tanta insistencia e
interés demostrado, aceptamos reunirnos con él , quedando en encontrarnos un
viernes a las 8:00 PM en un hostal bastante discreto y tranquilo donde permiten
el ingreso a una misma habitación a tres personas o dos o tres parejas sin hacer
de ello un problema. Nosotros vamos con cierta frecuencia por allí y sabemos que
es un lugar donde siempre la pasamos bien.
Cuando llegamos al hostal, Eduardo nos estaba esperando y
luego de alquilar una habitación subimos los tres. Ingresamos a la habitación
alfombrada que tenía una cama amplia, dos veladores, un televisor con cable y
circuito cerrado donde pasan películas porno y un baño con ducha fría y
caliente. Casi de inmediato tocó la puerta un muchacho que nos traía tragos de
cortesía (tres cuba libres ), y procedimos a brindar a fin de ponernos algo mas
cómodos.
Yo estaba algo nerviosa y apurí¨ mi cuba libre para sentirme
mas relajada. Conversamos sobre diversos temas y esperamos que nos trajeran otra
ronda de tragos. Tocaron la puerta y Wilfredo se acercí² a la misma y la abrií²,
apareciendo un muchachito de unas 20 años con una bandeja sosteniendo una
botella de ron , hielo y coca cola. Mientras el muchacho ingresí² a la habitacií²n
para servir el trago, me sentí¬a bastante incí²moda pues estando sentada sobre la
cama tení¬a la falda muy subida dejando ver mis bien contorneadas piernas y parte
de mis bragas. La situacií²n era extraña para mí¬, pues yo estaba en un dormitorio
con dos hombres y un muchacho al que se le iban los ojos tratando de captar lo
mas posible el panorama completo que ofrecí¬an mis piernas. Para hacer algo apurí¨
casi de un solo sorbo el vaso que me sirvieron, comenzando a sentir un
leve cosquilleo en la cabeza y en el cuerpo al mismo tiempo que notaba una
extraña calentura que me iba invadiendo.
Wilfredo, que estaba muy caliente, se acercí² a mí y
tomí ndome de la manos me ayudí² a bajar de la cama besandome ardientemente en la
boca y comenzó a acariciarme mis senos con una mano y mientras con la otra me
levantaba la falda y me  presionaba las nalgas. Al ver ello, Eduardo se acercó
por atrás apretándome contra su cuerpo, acariciándome mis senos y mis bragas por
la parte delantera. El trago ingerido comenzí² a hacer sus efectos pues de pronto
me sentí¬a absolutamente desinhibida y cada vez mas dispuesta a disfrutar de la
ocasií²n.
Me peguí¨ a Eduardo presionando mi trasero hacia í¨l y sentí
ní¬tidamente que su bulto crecía a medida que se restregaba contra mis nalgas. Me
gustó la percepción del aumento operado y por un momento me olvidí¨ de Wilfredo,
dandome vuelta ofrecí¬ mis labios para que me los besara, Eduardo me atrajo
hacia í¨l y me introdujo su lengua, jugando con la mía, besandonos con
desesperacií²n. Yo me sentí¬a muy caliente y mi ocasional amante, apretándose
contra mi cuerpo me hací¬a sentir con mas nitidez el gran tamaño de su
bulto. Wilfredo primero y después Eduardo se quitaron la ropa quedándose en
calzoncillos y luego comenzaron a desnudarme acompañando esta acción con besos
en todo el cuerpo y caricias cada vez mas audaces.
Yo ya estaba bastante excitada y sentía una gran humedad en
mi sexo. Procedí a bajarle el calzoncillo a Wilfredo besando como a el le gusta
su rico pene ( mide unos 13 o 14 cms. y es bastante grueso) . Me sentí¬a eufí²rica
porque al fin podía cumplir con una de mis caras fantasías, estar con dos
hombres a la vez y seguía disfrutando de manera golosa el rico aparato de mi
marido mientras Eduardo me rozaba las nalgas con algo que cada vez era mas duro
y que trataba de ser encajado entre mis nalgas por encima de mis pequeñas bragas
que apenas resistían tamaña presión. Me di vuelta, comencé a besar y
mordisquear el pecho de Eduardo y deslizando mi lengua por su torso hacia abajo
lleguí¨ al inicio de su slip color negro notando la cada vez mas evidente forma
que adoptaba su ya pronunciada carpa. Comencé a bajarle el calzoncillo a Eduardo
y con ello liberé un enorme pene que saltó balanceándose frente a mi cara
(calculo que medía unos 20 cms.) Yo estaba impresionada por la magnitud del
hallazgo pues honestamente no pensaba que fuera tan grande.
Impresionada pero a la vez fascinada. Su sola vista me
producía una intensa humedad y comencé a sentir como algunas gotas recorrían mis
muslos. Tomé el hermoso ejemplar entre mis manos y comencé a besarlo recorriendo
con mi lengua los 20 centímetros de gloria que se me ofrecía hasta llegar a la
base del monumento rodeada de pelos ensortijados que tenían un aroma
indescifrable que poco a poco me hacía perder la cabeza.
Traté de introducirlo en mi boca pero fue prácticamente
imposible por su gran tamaño, así que comencé a saborearlo como si fuera un
delicioso chupete o un helado en barquillo que necesita ser repasado
continuamente con la lengua. Wilfredo, que siempre me dijo que las mejores
mamadas de su vida se las había dado yo y que tenía una habilidad inusual para
el sexo oral, estaba también impresionado por el descomunal aparato y
acercándose a mi oído me dijo suavemente que esta era mi noche y que estaba
seguro de que yo alcanzaría mi satisfacción total.
Seguí succionando a placer la poderosa verga que tenía entre
mis manos, humedeciendo y lamiendo toda su extensión desde la punta de su cabeza
hasta la casi redondez de sus huevos, sintiendo como Eduardo se estremecía
moviendo acompasadamente su pelvis mientras me tomaba con fuerza la cabeza. Al
mismo tiempo, mi amor se banqueteaba con mi coñito introduciéndome la lengua y
moviéndola hábilmente en el interior y en los costados, recorriéndola a plenitud
, deteniéndose sabiamente en mi clítoris, bordeando su entorno con un fino y
rápido movimiento haciéndome estremecer de placer, inundando su rostro con un
chorro abundante de mis exquisitos jugos. Eduardo me tendió en la cama y ante la
espectacií²n de mi marido, comenzó a introducir su enorme pene en mi sexo que se
encontraba totalmente humedecido
 Al principio tenía algo de temor y pensé que no lo iba
a resistir por lo que le pedí¬ que fuera delicado , pero luego de cierta
dificultad, lo recepcioné con placer moviéndome cada vez mas a gusto mientras
sentía que paulatinamente, Eduardo empujaba con mas fuerza su ya encabritado
potro, ocupando totalmente mi cavidad. Creo que perdí la noción del tiempo pues
en ese momento solo existía la inenarrable sensación de estar siendo “ocupada”
literalmente por una pieza monstruosamente bella Esta nueva dimensión del placer
se acrecentaba porque tenía en mi boca la también formidable (por su grosor)
pieza de Wilfredo. Así pasamos un buen rato intercambiándose ellos arriba y
abajo y yo explotando permanentemente ante cada descarga de mis fluidos.
Calculo que hasta ese momento habría tenido no menos de nueve
orgasmos por lo que los tres estábamos totalmente mojados haciéndose evidente en
la gran mancha húmeda de las sábanas. Yo estaba encabritada y sentí¬a como mis
dos amantes disfrutaban a placer todos los rincones de mi cuerpo, no querí¬a que
se acabe la mas gloriosa follada de mi vida y se los hice saber gritando que
continí¹en, que me penetren , que yo les pertenecí¬a y que podí¬an hacerme lo que
quisieran. Besando desesperadamente a Eduardo le repetí¬a al oido  que me lo
meta, que querí¬a sentirlo todo dentro de mí¬, Eduardo me abrií² las piernas
separí ndolas cun tal fuerza que comencí¨ a sentir un fuerte dolor en las caderas
y tomí ndome por los tobillos me encají²Â brutalmente la totalidad de su pieza
sacando y metiendo, anchando cada vez nas mi hasta ayer reducida gruta. Sentí¬a
que la cabeza de tan formidable ariete me golpeaba internamente, de manera
desesperada y tení¬a la impresií²n que deseaba atravezarme, lo cual no me
importaba en absoluto. En un momento, Wilfredo se separó y fue al baño.
Nos quedamos solos Eduardo y yo. Sentí¬a que el mundo se habí¬a
reducido a nosotros dos y juntí bamos nuestros cuerpos, uní¬amos nuestros
alientos, sentí¬a su sudoracií²n impregnarme cada milí¬metro de mi cuerpo y querí¬a
mas, mucho mas, no estaba dispuesta a renunciar a tan maravilloso regalo que se
me habí¬a ofrecido esa noche y le dije que era suya que hiciera de mí¬ lo que
quisiera. Ante esa peticií²n,  Eduardo dejí² de empujar su gloriosa verga dentro
de mí¬ y la sací² dejandome un vací¬o desesperante que reclamaba ser llenado
nuevamente, yo sentí¬a que estaba quebrando todos mis records de venidas, siempre
fuí¬ multiorgí smica y la vez que mas vaciadas tuve fuí¨ en otra jornada gloriosa
con mi marido donde tuve 17 orgasmos.
Eduardo me ayudí² a levantarme y cambiando de posicií²n me puso
doblada sobre mis rodillas en posición de perrito, luego se colocí² detrí s mio
y  sentí¬ el dedo de Eduardo humedeciendo mi ano, introduciéndolo y girando por
los entornos despertando una extraña sensación . Adivinaba lo que vendría y un
estremecimiento recorrió mi espina dorsal cuando Eduardo comenzó a besarme las
nalgas apretándolas con sus manos , acercando su lengua a mi ano e
introduciéndola mientras con sus dedos separaba cuidadosamente mis nalgas, luego
me colocó su enorme pieza y comenzó a introducirla.
Por un momento se me paralizó la sangre al pensar en la para
mí infructuosa empresa de tratar de introducir tan descomunal arma en un
orificio tan reducido y delicado, pues Wilfredo muchas veces trató de ingresar
por esa vía sin resultados ya que su enorme cabeza no lograba pasar
produciéndome solo dolor. Grande fue mi sorpresa al sentir como se introducía
dentro de mí sin mayor esfuerzo hasta llegar a aplastar sus huevos contra mis
nalgas. Parecía mentira, mi pobre culito había recibido en toda su magnitud y
esplendor esa formidable lanza que taladraba sin miramientos mis profundidades.
Yo sentí¬a que le pertenecí¬a, nunca antes habí¬a sentido tal disfrute, todo
desaparecií², incluso mi marido, en ese momento glorioso solo existí¬amos los dos
, yo y mi amante furioso que sacaba y metía su enorme verga con fuerza y
velocidad. Nunca antes habí¬a sentido lo que era ser dominada literalmente  yÂ
me sentía desfallecer.
La sensación era extremadamente agradable y su intensidad era
tal que comencé a convulsionar estallando en una serie ininterrumpida
de orgasmos que mojaron por completo mis piernas , aumentando groseramente el
borde humedecido de las sábanas.
Yo gritaba sin ningí¹n tipo de control y le pedí¬a que me lo
metiera mas profundamente, pero ya no habí¬a mas que meter, pues sentí¬a el
golpeteo constante de sus huevos contra mis nalgas. Hubiera dado mi vida para
que ese instanta supremo continuara, que nunca acabara, yo seguí¬a convulsionando
ante cada ataque feroz de mi adorado amante. Sentí¬mos el ruido de la puerta del
baño y le comenté a Eduardo que mi marido nunca pudo hacerlo pues cada vez que
lo intentí² solo me causaba un gran dolor y seguramente le ba a parecerÂ
increible lo que estaba viviendo. Efectivamente, Wilfredo retornó del baño y se
quedó atónito ante el espectáculo que se ofrecía ante sus ojos. Vio a su mujer
totalmente encapsulada por detrás, gimiendo y gritando de placer mientras su
furioso jinete empujaba y sacaba violentamente su poderoso armamento.
No lo podía creer, se negaba a aceptar lo que veía y se
acercó para comprobarlo constatando que efectivamente el enorme pene de Eduardo
entraba y salía con pasmosa facilidad y su mujercita, a la cual nunca pudo
sodomizar disfrutaba hasta el delirio. Eduardo sacó su hermoso juguete y me
invadió un gran alivio pues sentía como si me hubieran descorchado, pero a la
vez también sentía que me faltaba algo, que por alguna extraña razón se me había
formado un vacío interior que necesitaba llenar pues en ese momento hubiera
jurado que el habití culo natural de ese monstruoso aparato era mi cavidad anal.
En ese momento Wilfredo tuvo una brillante idea y nos
 propuso hacer una doble penetración. A estas alturas yo estaba dispuesta
a todo y verdaderamente deseaba sentir desesperadamente esta nueva experiencia.
Eduardo se echó de espaldas sobre la cama mojada y yo me subí sobre el
poniéndome en cunclillas, tomé su enorme pieza con la mano, presionándola con
placer y la introduje de a pocos en mi ano, comencé a hacer presión al sentarme
sobre el, sintiendo como se llenaba totalmente mi interior y disfrutando de esta
nueva sensación moviéndome hacia arriba y hacia abajo, midiendo calculadamente
mis movimientos a fin de asegurarme mayor placer. Wilfredo mientras tanto me
besaba en la boca con sus labios y lengua experta trabándonos en una
desenfrenada y desesperada orgía bucal.
Yo estaba sentada sobre Eduardo, dándole la espalda y me
recosté ligeramente hacia atrás, luego, mi amor se acercó por delante, se
arrodilló y comenzó a introducir su pene en mi vagina, primero con mucha
dificultad y luego de manera abierta y decidida, llevándome al paroxismo. Lo que
sentía en ese momento era algo increible, ni en mi imaginación mas audaz me
había acercado algo a lo que estaba viviendo. Mis dos hombres introducían y
sacaban sus miembros a la vez produciéndome una gama de sensaciones que
estremecían de manera intensa todo mi cuerpo, sus enormes, queridas y
monstruosas piezas ocupaban totalmente mis interiores yo me sentía desfallecer
alcanzando una serie ininterrumpida de orgasmos que hacían brotar los líquidos
cual fuente milagrosa.
Yo gritaba de placer y los ojos se me llenaban de lágrimas de
gratitud por el sublime momento que estaba viviendo y quería que pararan ya de
una vez, pero al mismo tiempo deseaba que nunca se acabara el ejercicio. Mi ano
y mi vagina se habían unido en un solo elemento. Creo que si alguien hubiera
tomado una fotografía en ese momento, yo aparecía con una cara de loca desatada
pues en verdad el momento fue sublime y extraordinario, intenso y emocionante
por la novedad del exitoso experimento.
Sentía que todo se nublaba y me mojé varias veces. Wilfredo
no pudo resistir mas y se vació llenándome de leche caliente que se comenzó a
derramar por mis muslos alcanzando también a Eduardo quien no pudo resistir mas
y estalló en convulsiones mientras descargaba un potente chorro caliente que
llenó mis entrañas mientras yo me estremecía con varios orgasmos desatados en
cadena.
Fue en verdad una noche para recordar en la que tuve tal vez
unos cuarenta orgasmos y que hicieron de mí¬ una fervorosa devota del sexo
anal. Hoy tengo dos hombres que se comprenden muy bien y que siempre estí n
dispuestos a satisfacer mi cada dia mas fuerte adiccií²n pues después de haber
probado este delicioso manjar, siento que es una experiencia absolutamente
repetible.
- Siempre soñé con tener sexo en trio, pero jamás me imaginé que la experiencia fuera tan maravillosa
admin :: oct.26.2011 :: Trios :: No Comments »