Transexuales | Tus Relatos Calientes - Part 2
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Mi primer anal

Mi primer anal (29)

Todo empezo cuando tenia 17 años , a esa edad ya tenia el
cuerpo bien formado y todos los hombres mayores me veian mi cintura pequeña y mi
hermozo culo que era demasiado bello para mi edad.En las calles siempre tenia
problemas con los hombres , me insinuaban muchas cosas sexuales, me seguian
hasta mi casa, me querian meter la mano y muchas cosas mas.

Yo me llamo Carmen y estaba sin enamorado esos dias de mi juventud que ya queria
vivir en los limites del sexo que no conocia. Un dia sali a patinar con mi amiga
Analia ella era mas bonita que yo su cuerpo era perfecto pero ella si tenia
novio que era mucho mayor que ella .al estar por la calle paseamos mucho ya
estabamos cansadas y al regrasar a casa un auto golpeo a la pobre de Analia y se
cayo al piso , luego el auto se detuvo y salio un hombre y una mujer un poco
rara ,yo les grite !malditos golpearon a mi amiga Analia/ y la chica muy
exuberante dijo ,llevemosla para ayudarla con sus heridas ,Analia acepto pero yo
dudava de ellos.Nos subieron a su auto y nos llevaron a su casa que era un poco
lejos de la nuestra .Al llegar el hombre que era grande y robusto cargo a analia
en brazos y la puso en el mueble mientras que la chica que hablaba raro
desapareció , Analia estaba con una minifalda muy apretada y su body pegado a
sus enormes tetas ,yo estaba con un jean tambien apretadito como me gustan y un
polo, el hombre agarraba mucho a Analia nose que hablaban que ella sonreia mucho
, huvo un momento que dejo de quejarse de sus heridas y le daba confianza al
hombre para tocarle sus piernas golpeadas.

Yo no sabia que hacer a si que le dije !Analia yo me voy a casa esto no me gusta
,pero ella me llamo me dijo al oido (el señor Cris dice que nos complacera por
los daños causados y nos dara una buena recompenza) Yo no entendia pero
conciendola ami amiga sabia que habia algo raro.

Analia empezo a sacarce su body sin sosten y el hombre empezo a besarle sus
pechos como loco , a ella le gustaba ,los dos se besaban y se manoseaban yo
estaba del otro lado del cuarto mirando sin saber que hacer , luego Analia dejo
que el le quitara su minifalda quedandose con su calzon hilo dental, Analia no
se quedo atras y le bajo el cierre sacando su pene de adentro y metiendoselo a
la boca, yo comense a exitarme mucho tqmbien queria participar pero no sabia
como hasta que por detras mio senti una mano en mi culo y otra que me jalaba
hacia atras , y cuando volteo era nada mas que la chica cuerpona y exuberante
que cogiendome de las manos me las llevo hacia debajo de su ombligo .

Y oh sorpresa lo que toque era enorme y duro ,sabia que no era una chica de
verdad era un transexual con cuerpo de mujer que me queria hacer el amor pero yo
en un momento pense que me iba pasar algo malo ,luego vi a Analia que ya tenia
sexo con el hombre y entonces me deje llevar por el travesty para que me hiciera
las que el desee y asi perder mi virginidad .

Ella o el me puso su enorme pene que creo que era mas grande que el de Cris en
mi cara y cada vez se ponia mas grande y grueso ,ella me dijo metelo en tu boca
y veras que es delicioso , escuchandola obedeci de inmediato tragandome toda esa
pichulasa me la meti en mi garganta era muy grande para mi boca luego le dije
que era virgen y que si un travesty puede quitar la virginidad a una chica
primeriza ,a lo que el transexual me respondio ! claro que puedo sacarte de la
virginidad pero para que lo disfrutes mas solo te sacare solo tu virginidad anal
.

Yo proteste pero entonces empezo a lamerme el culo ,me manoseaba las nalgas me
lamia el ano todo sin tocar mi vagina mojada de placer ,ella solo me lamia el
culo pero lo hacia tan bien que deje de quejarme y como ella era la experta en
sexo anal y no yo , la deje que me hiciera lo que quiera .

Con un dedo me habria el ano cerradito al comienzo me lo hacia despacio pero
despues aceleraba sus besos y sus lamidas, luego me dijo si queria sentir su
carne o si queria que use condon ,yo no sabia y le dije quiero tu pene al
natural asi que saco un pote de vaselina y me lo unto en el culo por todas las
nalgas hecho la vaselina pero mas en mi ano que estaba bien cerradito.

Practicamente ya estaba lista para la penetracion entonces ella me dijo primero
para hacerlo limpio sacaré todo lo de tu ano,me dijo que pujara para botar si es
que tenia algun reciduo fecal osea un poco de caca ,ella me lo dijo como si nada
pero yo no queria pujar,luego ella me dijo ,bota todo sino no podre meterte toda
esta pinga de 21cm en tu precioso culo.

Por algo era travesty la maldita me hizo arrechar mas, puje y puje y empezó a
salir un poco de caquita luego mis pedos que siempre me tiro al ir a cagar y me
gusto darcelo en frente suyo porque despues de mis pedos ella clavo su pene en
mi ano apretando con fuerzas y introduciendolo poco a poco ,con mi culo lleno de
vaselina y de un poco de mi caca , yo estaba aterrada mi ano no se abria para su
enorme pene pero el travesty igual insistia .

Me dolia mucho le iba a decir que ya no queria nada e irme a mi casa Pero
entonces empujo con fuerza y entro todos sus 21cm de carne en mi ano no lo podia
creer ya no era virgen analmente, pero luego me empezo a doler y empeze a gritar
de dolor anal pero cuando la sacaba y metia de nuevo sentia algo que me gustaba
,esa sensacion de apretar mi culo contra toda su enorme pinga dentro de mi ano
era delicioso no queria que se detubiera ,hasta que la saco de mi culo ,y la
chupe llena de caca y vaselina estaba rica esa pinga luego me la puso de nuevo
en el culo y la clavo con todo ya mi culo estaba semi abierto de sus arremetidas
por todos esos 20 minutos de penetracion anal hasta que el travesty dijo te dare
mi leche adentro para que me la devuelbas , y entonces senti que dentro de mi
ano recibia un liquido caliente pero ella me la seguia metiendo mas y mas ah era
lo maximo tener mi culo lleno de su leche transexual .

Y por ultimo ella me dijo debuelveme mi leche , a si que ya sabia lo que le
gustaba a ese travesty mañoso , entonces me puse a pujar y a sacar su leche de
mi ano ,dicho y hecho como el queria salio toda su leche mesclada con caca,
vaselina y mis ricos pedos para ella., A lo que ella me dijo tu culo paso la
pruba anal y ahora eres una princesa anal para mi .Cuando quieras vienes y te la
doy de nuevo con mas placer para ti.

yo le dije gracias por enseñarme de la menera mas mañosa y cruda del sexo anal ,
Analia no se quedo atras tambien me dijo que solo se la dieron por el culo y que
queria volver para nuetros encuentros anales con Cris y la travesty Silvia la
doble filo cosa que yo estaria dispuesta en cualquier momento.

Espero que despues de escuchar mi historia verdadera se unten el culo y se
vallan a disfrutar de sexo anal.

Carmen Gauge Anabolic 17 años

mexico city 2001

coopryght usa

@N@L

 

Resumen del relato:
    Todo empezo cuando tenia 17 años, a esa edad ya tenia el cuerpo bien formado y todos los hombres mayores me veian mi cintura pequeña y mi hermozo culo que era demasiado bello para mi edad.

Las vecinas

Las vecinas (29)

Era un día frío de enero cuando vi un camión de mudanzas que
aparcaba en el portal de mi casa, yo vivía por aquel entonces en un pequeño
apartamento en Londres, cual fue mi sorpresa cuando escuché unas voces en mi
idioma, hablaban en español, la alegría era muy grande, al ver que además eran
dos chicas españolas. Salí apresuradamente del apartamento, y las vi, no eran
muy guapas pues eran mayores que yo, pero eran las típicas tías que tenían algo
especial que las hacían atractivas. Me presente, y ellas se pusieron muy
contentas al ver que su vecino era español, les eche una mano con la mudanza,
que terminó pronto puesto que los bultos a subir eran más bien poco, ellas ( Ana
y Eva), iban a estar en la City, menos de un año puesto que iban a hacer un
asunto personal, esto fue la única explicación que me dieron, y yo por supuesto
la di por buena.

Como buen vecino, aquella misma noche las invite a cenar en
mi casa, y argumentando que soy un gran cocinero, cosa que ellas agradecieron mi
invitación, y a las ocho de la noche, se presentaron en mi casa, yo las
sorprendí con una paellita, que me había salido de dulce, y ellas agradecieron
con sumo gusto, al acabar la cena, me preguntaron el porqué de tanta amabilidad,
yo les respondí que llevaba cinco meses en Inglaterra, y que no había tenido
mucha relación con otras personas, puesto que mi trabajo era bastante agotador,
y que al llegar a casa me encerraba para descansar, pero que teniendo unas
vecinas tan guapas, era otra cosa. Al cabo de un rato, ellas se fueron a casa y
yo me fui a dormir sin más.

Llevamos dos meses con relaciones de vecindad sin que nada
especial ocurriera por nuestras vidas, había salido de vez en cuando con las dos
chicas que eran muy legales y divertidas, pero no había ocurrido nada especial,
hasta que una noche sonó el timbre, era Eva, estaba llorando, le había
notificado el casero que tenía que abandonar el apartamento puesto que tenía un
compromiso con un familiar y lo necesitaba por unos meses. Que podía hacer yo,
me vestí, y fuimos a negociar con el casero, llegamos a un acuerdo con él. En un
apartamento del edificio, tenían cuatro habitaciones, pero siempre estaba vacío
porque el dueño pedía muchas libras por él, entonces acordé con el un alquiler
mucho más barato, pero era mucho más de lo que ellas se podían pagar, entonces,
me ofrecí como compañero de cuarto y así repartir gastos, ellas se lo pensaron
un rato y aceptaron con ciertos reparos y era lógico puesto que no me conocían
mucho.

Al día siguiente nos mudamos, y comenzó una convivencia que
si en un inicio fue difícil, al cabo de un tiempo acabó siendo maravillosa, nos
convertimos en una pequeña familia. Un sábado, estaba duchándome, y se me olvidó
cerrar el baño con cerrojo, que era una de las normas impuestas por ellas el
caso, fue que Ana entró en él y se quedó perpleja, cuando vio lo que calzaba
entre mis piernas, siempre me he avergonzado de mi cosa, puesto era demasiado
grande, y nunca había tenido una relación satisfactoria, ni si quiera con las
más viciosas, tenia una especie de hipertrofia en mi rabo que la hacía medir
casi 30 centímetros eso siempre me hacía sentir fatal puesto que era casi virgen
con más de treinta años. Yo estaba avergonzado, y enseguida me tapé con una
toalla, me disculpé pero ella no articulaba palabra, entonces llego Ana y
contemplo el espectáculo tan ridículo que estaba protagonizando. Salí del baño,
y me puse un pantalón tan rápido como pude, me encerré en mi cuarto, y no quise
salir hasta que Ana, entró en él, yo había estado llorando, puesto que temía que
esto podía perjudicar nuestra convivencia. Que era genial hasta la fecha, ella
me pidió perdón, y me preguntó por que me avergonzaba de una cosa tan enorme, le
dije que no podía hacer el amor con ninguna mujer puesto que les hacía daño y
después de correrme no había manera de volverla a levantar hasta un par de días
después, Ana dijo que lo que tenía que hacer era aprender a usarla, pero yo le
conteste que ni las meretrices se atrevían ha hacerlo conmigo. Ana me dio un
beso en la mejilla, y llamó a Eva, que entró y me dijo que lo sentía a la vez
que oía las explicaciones que le había dado de boca de su amiga.

Ana se bajo el pantalón y entonces conocí su secreto, era un
travestido, y yo me quedé más perplejo todavía, cuando me volví Eva estaba
desnuda, era una mujer hecha y derecha, con un pubis depilado con un tono rosa
que lo hacía la mar de apetecible, yo note como mi aparato iba en aumento, ellas
no me dieron opción y de que quise reaccionar esta echado en la cama con ellas
encima con mi cosa en la boca que crecía y crecía sin parar, cuando estaba en
plena forma, Eva, se sentó en mi cara y empecé a comerle su almeja y su ano, yo
estaba pletórico, no noté cuando Ana roció en mi rabo un chorreón de crema que
me hizo sentir una especie de calor que nunca antes había sentido, Eva esta
lista para se penetrada y mientras comía el rabo a su amiga, yo la penetré muy
suavemente y ella emitía gemidos de placer que delataban su excitación, empecé
un bombeo leve y esta ponía los ojos blancos de gusto, yo seguía mi movimiento
rítmico, mientras Ana se puso detrás de mí, y comenzó a chuparme el ano, yo
estaba pletórico Eva gemía de placer, noté como alcanzaba varios orgasmos.

Al tiempo, que yo seguía follando a mi compañera, la otra
comenzó a penetrar mi culo con un dedo, yo creía que soñaba en colores, mi ano
se dilató lentamente hasta que ella llegó a introducir dos dedos, cuando pensó
que estaba listo para ser taladrado por detrás, ella lentamente fue
introduciendo su pene en lo más dentro de mis entrañas, yo emití un leve gemido,
al principio dolía, pero en segundos, el dolor se convirtió en un placer difícil
de describir pero un sentimiento pleno al tener todos mis sentidos invadidos por
el sexo. Al fin me corrí dentro de Eva, y mi leche inundó toda su cavidad
vaginal. Ana se corrió en mi culo, y note una agradable sensación de calor
dentro de mí que me dejó en un estado de relajación aunque sorprendentemente mi
polla no se vino debajo, Ana me besaba metiendo su lengua en mi garganta, acto
seguido la puse a cuatro patas y lubrique su ano con saliba y fui introduciendo
mi cosa en su culo, Eva se puso debajo de mi amiga, y aquella le introdujo su
pene en su vagína que estaba que echaba humo, de caliente que estaba.

La compenetración era total, yo esta excitadísimo y la
relación fue total, a Ana le fallaban las fuerzas de lo excitada que estaba, al
tiempo que masajeaba las tetas de silicona de mi profesora del sexo, tal era
nuestra compenetración que nos corrimos los tres al mismo tiempo. Acabamos
cansados y rotos por el ejercicio. No tiene que decirse que desde aquel momento,
somos trio. Y las cosas nos van cada vez mejor a los tres.

 

Resumen del relato:
    Mi gran sorpresa al conocer dos mujeres compresivas con un “gran problema” que tuve.

Aquella Mujer

Aquella Mujer (29)

Serian sobre las seis de la tarde, pues ya se habia marchado
la empleada que tengo trabajando conmigo, pocos minutos despues oi tocar al
timbre de la oficina, al asomarme a ver quien era pude ver a una mujer rubia, le
abri y la invite a pasar, me pidio que le diera un presupuesto por encargarme de
sus asuntos.

Era rubia ojos verdes y bien formada, tenia unos pechos no
muy grandes pero firmes, no llevaba sujetador y se adivinaban unos pezones
pequeños y prietos, yo no dejaba de mirar, ella debio de darse cuenta, y se
subio la falda dejando ver sus muslos.

Empezamos a hablar sobre el trabajo a realizar y cuanto
podría costarle, terminamos de hablar y me levante a coger unos documentos para
hacerle un presupuesto más detalladado del trabajo a realizar y del coste que
iba a tener, tenia el pene en ereccion, se me habia levantado mirando los pechos
de ella, se dio cuenta del hecho, y empezo a insinuarse, me preguntaba:

- "¿te pongo caliente?"

Me quede mudo sin saber que responder, entonces ella empezo a
desabrocharse la camisa azul que llevaba, me invito a cerrar las cortinas cosa
que diligentemente hice, una vez cerradas las cortinas, se quito la camisa, y
empezo a masajearse los pechos, invitandome a que lo hiciera yo, se levanto y se
quito la falda, ya no me podia aguantar más así que me levante de la silla y me
acerque a ella y empece a besarle en el cuello y sobre los hombros al tiempo que
le acariciaba sus pechos, ella desabrocho mi pantalon y saco mi polla
metiendosela en la boca, a los pocos minutos estabamos los dos desnudos, ella no
se habia querido quitar las bragas, estaba tan excitado que cuando se las quito
no me di cuenta, aquella mujer tenia un enorme aparato un pene de más de 20
centimetros, grueso y completamente erecto, me invito a sentarme y a que se lo
comiera, proteste pero no me sirvio de nada, aquella cosa empezo a entrar y
salir de mi boca con movimientos ritmicos…

La pare en seco y empece a pasar mi lengua por su glande,
aquello la excitaba cada vez más, antes de que pudiera pensar en cual seria su
proxima maniobra, me coloco boca abajo sobre la mesa, y empezo a lubricarme el
culo con saliva y me introdujo un par de dedos, protestaba me quejaba pero ella
seguia a lo suyo, cuando considero que tenia el culo dilatado me clavo aquella
cosa enorme, la dejo dentro un par de minutos dentro y entonces empezo a
bombear, primero suavemente, y luego con mas intensidad, aquella cosa entraba y
salia de mi culo y yo no protestaba sentia su trozo de carne dentro de mi,
estuvo un buen rato así, al cabo de diez minutos de meterla y sacarla de mi ano,
la dejo dentro, proteste por que no seguia, pero de golpe senti como un liquido
espeso y caliente, caia en mi recto, se habia corrido, la saco y me la acerco a
la boca para que se la limpiara cosa que hice.

Este relato es una fantasia con trans, si conoces o eres
alguna dispuesta a realizarla os espero, yo soy de Alicante.

 

Resumen del relato:
    Experiencia con una transexual. Toda una fantasía.

Un travestí muy macho

Un travestí muy macho (29)

Esta es una historia real que me ocurrió hace un par de
semanas.

Era un jueves y como no tenia nada que hacer decidí ir a dar
una vuelta en auto, no se porque o si lo se decidí ir hacia una zona de pacheco
donde suele haber travestíes, si bien no iba con la idea de levantar a ninguno
decidí que si encontraba alguno que me gustara lo levantaría igualmente no seria
la primera vez.

Una vez que llegue a la zona comencé a dar vueltas para ver
lo que había vi tres que me gustaron y me dispuse a ver que onda, lo que yo
estaba buscando era uno que fuera activo y pasivo ya que yo también lo soy y de
ser posible bien dotado ninguno de ellos cumplía con mis requisitos pero dos de
ellos me señalaron a uno que según ellos me iba a poder complacer.

Me dirigí hacia donde el estaba era de estatura mediana pelo
negro buen físico y unas tetas grandísimas, si bien no era mi tipo no me
disgusto, le pregunte si era activo a lo que me respondió que si y si estaba
bien dotado a lo que también respondió afirmativamente, llegamos a un acuerdo en
lo que a la tarifa se refiere y subió.

Mientras nos dirigíamos al hotel que quedaba a unas cuantas
cuadras charlamos lo clásico, como te llamas , que te gusta hacer y ese tipo de
cosas, el coloco sus manos sobre mi pierna y la llevo hacia ni pene tocándolo
por encima del pantalón a lo que yo respondí poniendo mi mano sobre su pierna y
preguntándole y por casa como andamos? En son de broma, entonces el tomo mi mano
y la metió por debajo de su pollera llevándola hacia su pene el cual por encima
de su ropa interior no me pareció gran cosa entonces me dijo a ver espera que te
lo presento y metió su mano sacando su pene por un costado de su ropa interior,
entonces nuevamente tomo mi mano y la puso sobre su pene y no pude dejar de
sorprenderme si bien no estaba completamente erecto le llegaba casi a la mitad
de la parte superior de la pierna por lo que me imagine que debía ser enorme,
después sabría que media 28 cm y además era gruesisimo.

Mientras lo masturbaba el aprovecho que paramos en un
semáforo para decirme que se la chupara yo me agache y me metí lo que pude de
ese enorme pene en la boca y se lo chupe un rato hasta que el semáforo me dio
paso.

Me propuso en vez de ir a un hotel que fuéramos a su casa lo
cual acepte en cuanto llegamos me indico donde estaba el baño y me dijo que me
esperaba en la habitación, fui al baño me quite la ropa y me higienice un poco,
cuando entre al cuarto el estaba completamente desnudo tenia un cuerpo fabuloso
y su pene era impresionante para colmo comparado con el mío me hacia quedar
ridículo le pedí un forro para chupárselo pero me dijo que se la chupara así y
tomo mi cabeza llevándola hacia su pene el cual metí en mi boca no sin
dificultas comencé a mamárselo a chuparle los huevos mientras el me tomaba del
pelo y acompañaba mis movimientos como si quisiera cogerme por la boca estuvimos
así un rato largo hasta que me tomo con las dos manos y me la hizo tragar hasta
el fondo y empezó a acabar dentro mío de una forma abundante, la mayoría me la
metió directamente en la garganta y lo que quedo en la boca me lo hizo tragar y
además me hizo limpiarle bien el pene hasta que no quedo rastro de nada.

Yo estaba bastante dolorido de la garganta pero muy excitado,
me miro me dijo que había estado genial pero que tenia mucho mas para mi que iba
a hacer conmigo lo que quisiera.

Me pidió que le besara las tetas así lo hice y luego fui
bajando hacia su pene semierecto y comencé a mamarlo hasta que estuvo nuevamente
listo entonces se incorporo y me tumbo boca abajo colocando un almohadón en mi
abdomen quedando mi ano a su entera disposición, se coloco detrás mío y me puso
algo se saliva en el ano entonces coloco la cabeza en mi agujero y antes de que
pudiera decir algo empujo con fuerza metiendo una gran parte a lo que respondí
con un grito entonces me tomo de los pelos y me apretó contra la almohada para
que no gritara y me embistió con fuerza hasta que me la metió toda, me soltó el
pelo y se quedo dentro mío un rato hasta que le pareció que estaba acostumbrado
entonces se incorporo un poco y comenzó un mete saca que me destrozaba por
dentro pero a la vez me sentía excitadísimo, lo deje hacer cambio a diferentes
posiciones la que mas me excitaba era yo arriba de el viéndome en el espejo como
me cogía y viendo mi pene chiquito y flácido frente a su enorme palo, finalmente
acabo llenándome de leche la cual cuando retiro su pene salía como un río de mi
ano.

Me quede rendido en la cama mientras el iba al baño luego de
un rato entro yo estaba casi dormido muy agotado se acostó al lado mío y me dijo
que había llamado a un amigo por teléfono porque quería compartirme con el, yo
me asuste le dije que no que me tenia que ir pero el me tomo del cuello y me
dijo que en su casa se hacia lo que el decía y si no quería me iba a hacer coger
por todos los que quisiera.

Me llevo hacia el comedor y me hizo chupársela de rodillas,
cuando la tuvo parada de nuevo me tiro boca abajo sobre un banquillo y me
penetro de una usando el semen que me había quedado dentro como lubricante,
mientras me estaba cogiendo se escucho un ruido de llaves y entro un hombre, el
se detuvo pero dejo su pene dentro mío, lo saludo, el se acercó y le dio un
beso, yo me sentía muy humillado, el hombre me miro y le dijo así que a este le
gusta que le den, bueno vamos a complacerlo no?

Entonces se quito la ropa, realmente estaba muy bien formado
y tenia un pene no tan grande como el travestí pero de unos 20 centímetros mas o
menos e igual de grueso que el otro, mientras el travestí había reanudado sus
embestidas el me tomo del pelo levanto mi cabeza y me metió el pene en la boca,
yo se lo chupe hasta que me acabo dentro y también me hizo limpiarle hasta la
ultima gota, el travestí calculo que porque ya era la tercera vez tardo mucho en
acabar por lo que le seguí mamando la verga al tipo, cuando el travestí acabo
entonces el me quito la pija de la boca y se coloco detrás mío, me la metió sin
dificultad y me cogió hasta acabar, luego el me cogió dos veces mas y mientras
el travestí me hacia mamársela aunque no acabo, cuando los dos se cansaron me
dejaron bañarme me vestí me dieron una gaseosa cuando le fui a pagar me dijo que
no me iba a cobrar porque la habían pasado muy bien conmigo y que cuando
quisiera lo buscara en su parada además me dieron su teléfono y me dijeron que
si yo quería ser la mujercita de ellos dos la iba a pasar muy bien y si alguna
vez quería que llamasen a mas amigos les avisara, nos despedimos me fui
realmente muy satisfecho y pensando si volver o no.

Si quieren hacerme comentarios o escribirme háganlo a
POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Se dispuso a salir con el auto, y visitará una zona de travestis… va a vivir una gran experiencia.

Atardecer junto al Mediterráneo

Atardecer junto al Mediterráneo (29)

Una tarde del verano pasado, como todas las tardes de todos
los domingos de verano desde hace muchos años, subí al tren en Plaí§a Catalunya y
me acerqué a la playa nudista de Sant Pol. Busqué mi lugar de siempre, donde ya
estaban los mismos vecinos de siempre. Extendí la toalla como siempre y, como
siempre, fui a darme un chapuzón en un mar que estaba tan tranquilo como
siempre. Como siempre, me adentré en el mar y desde allí, como siempre, di un
vistazo a toda la playa. En ese momento reparé que en la zona de rocas, a la que
tan solo se puede acceder desde el mar, había dos mulatas preciosas, dos
travestís sin duda ninguna, que estaban tumbadas desnudas al sol.

Dando un rodeo, salí del agua junto a ellas y al momento
reconocí a Marcela. Me acerqué, me presenté y les pregunté si podía hacerles
compañía, a lo que accedieron entre sonrisas. Fui a buscar la toalla, me hice un
sitio entre las dos y comenzamos a charlar. La amiga parecía divertida, pero
Marcela estaba prodigiosamente empalmada y yo no podía quitar la vista de encima
de aquella columna oscura y brillante por el aceite de coco, que apuntaba
amenazadora al cielo como un misil de largo alcance. Con aquella visión empecé a
tener mucho calor, así que aunque todavía no me había secado, decidí volver a
bañarme. Antes de entrar en el agua, me agaché en la orilla para mojarme la
cara, cuando oí un silbido a mis espaldas y un piropo dedicado a mi culo.
Intenté serenarme un poco nadando en el mar, sin embargo, todos mis esfuerzos
fueron en vano, en cuanto llegué nuevamente a mi sitio y me rocé la polla con la
toalla, empezó a enderezarse instantáneamente.

Cuando me tumbé entre las dos, vi que la amiga también había
decidido unirse al sindicato de erecciones, así que cuando estuvimos los tres
juntos sobre nuestras toallas, por un instante se pudo ver nuevamente a las tres
torres gemelas alzándose desafiantes junto al mar. Marcela, sin decir palabra,
me puso un buen chorro de aceite de coco en la polla, la cogió con las manos y
empezó a masajearla con dulzura. La amiga se levantó, situándose delante de mi
se arrodilló, de tal forma que su polla oscura, rígida y maciza, entro en mi
boca y empezó a moverse follándome sin parar, mientras yo le masajeaba los
huevos chorreantes de sudor. Para tener un mejor equilibrio me aferré con las
manos a sus nalgas lustrosas y empecé a masajearlas hasta que mis dedos
resbalaron hasta la frontera de su culito abierto. Ella cogió mi cabeza y me
ayudó, acompañando el movimiento de balanceo. Mientras tanto, Marcela se estiró
sobre las toallas y se metió casi toda mi polla en su boca. Succionando con
maestría y habilidad, me separó las piernas con su mano, lanzó sobre mis huevos
otro chorro de aceite y comenzó a masajearlos en círculos que se fueron
ampliando. Su mano llegó hasta mi ano, empapado de aceite y sudor, y deslizó uno
de sus dedos, que se coló dentro sin esfuerzo. Metió un dedo y después otro
hasta que tuve tres entrando y saliendo de mi culo.

El sol se estaba poniendo sobre el mar, sin embargo aún
calentaba. Estaba a punto de correrme y tenía un calor insoportable. El sudor de
la amiga de Marcela, se deslizaba por su vientre, empapaba su vello púbico y
caía sobre mi cara en gruesas gotas. El aroma de aquella polla mulata, bañada en
su propio sudor y mi saliva, deslizándose entre mis labios y sobre mi lengua,
golpeando el paladar rítmicamente, era embriagador. Marcela se incorporó, me
levantó las piernas que quedaron atrapadas bajo los brazos de su amiga. Apoyó el
inicio de su desmesurado pollón contra mi ano y presionó con suavidad. Su verga,
dura, ardiente y rígida como una viga de acero al rojo comenzó a abrirse paso
dentro de mí. Por un momento sentí un dolor y un escozor indescriptibles
mientras mi cuerpo se abría, desgarrándose, dejándose penetrar. Pero, el dolor
fue momentáneo, en seguida sentí una oleada de placer celestial cuando pude
notar como su tranca inexorable entraba una y otra vez en mis entrañas y sus
huevos golpeaban contra mi culo.

Ensartado por la boca y el culo, notaba como la polla de
Marcela penetraba profundamente en mi interior mientras me asfixiaba de placer
tragándome la polla de su amiga. Todo lo que podía ver si levantaba la vista
eran un par de enormes pechos siliconados, bañados de transpiración, lanzando
sobre mi cara una lluvia de sudor. Tenía la sensación de que con la fuerza con
la que embestía, y el tamaño descomunal de su tranca, en cualquier momento
podría partirme en dos. Mi polla, sin ninguna ayuda, también estaba a punto de
explotar, sentía como si estuviese reteniendo la lava de un volcán a punto de
estallar. No obstante, no quería correrme tan rápido, así que aparté con
suavidad a la amiga. Me incorporé, puse a Marcela a cuatro patas, tomé el bote
de aceite de coco y empecé a jugar con su ano para preparar la introducción de
mi polla. Ella tomó su propia verga dura como el acero y empapada en el aceite
que se deslizaba desde su culo y empezó a acariciársela. Era un visión divina,
delante de mí, sobre sus piernas musculadas, sus nalgas, dos órbitas perfectas
de piel morena, entre ellas se podía ver su ano, abierto de par en par, y
debajo, tras unos huevazos inmensos que formaban una esfera oscura, la mano de
Marcela deslizándose a lo largo de su columna de brillante azabache. Me apoyé en
su culo, y después de un par de intentos conseguí que se deslizará dentro sin
esfuerzo y empecé a arremeter con pasión.

La amiga, que había seguido mi movimiento, se situó detrás de
mí y a su vez empezó a embestirme a mí. Al sentir que me volvían a encular, sin
poder contenerme, me corrí dentro del culo de Marcela. Y cuando aún no había
acabado de salir toda mi leche, la amiga se corrió dentro de mi culo. Marcela al
oír nuestros gemidos, también descargó su semen sobre las toallas. En su
orgasmo, pude sentir los espasmos de su ano sobre mi polla, exprimiendo los
últimos restos de placer de mi cuerpo. Estuvimos aún unos minutos unidos los
tres, sin decir una palabra, mientras nuestras pollas se deshinchaban dentro de
los otros. Después nos dimos un baño, nos vestimos y fuimos a cenar a la terraza
de un restaurante de Caldetes. Aquella noche decidimos pasarla los tres juntos
en el Hotel Colón. Pero esa es otra historia, sin duda mucho más excitante.

 

Resumen del relato:

    Despertar al placer (Travestismo)

    Despertar al placer (Travestismo) (29)

    Siempre me a gustado travestirme, desde mi infancia como un
    juego, la excitación de descubrir lo prohibido en mi adolescencia y el despertar
    al placer durante mi joven vida adulta.

    Lo que les relato en estas líneas son los comienzos de ese
    sinuoso camino de mi adolescencia, en donde descubrí el inmenso placer que
    recibía al vestirme con ropitas de mujer.

    Esas largas horas recorriendo los cajones en busca de ropa de
    mis hermanas o de mi madre, de probarse, arreglarse maquilarse y que terminaban
    en el tremendo gozo de una masturbación vestida de mujer.

    En cuanto la casa quedaba vacía, mi transformación daba
    inicio. Primero siempre empezaba revisando la ropa de mi hermana mayor, era mi
    colección preferida. Siempre tenia Tops ajustaditos, minifaldas, Lencería de
    primer nivel, zapatos tacones alto, vestidos provocadores, etc. Ella era alguien
    muy bella físicamente y sexualmente activa por lo cual le encantaba calentar a
    los hombres vistiéndose provocativamente, afición que yo comparto con ella.

    Recuerdo algunos conjuntos celebres, como vestirme de
    colegiala usando la ropa de mi hermana pequeña, la cual me quedaba ajustadita y
    sexy, o vestirme de putita usando ropa de mi hermana mayor como tacones,
    minifalda , tanga y tops con transparencia. La excitación que sentía al rozar mi
    pene con esa ropa que llevaba puesta me daban una erección inmediata, la cual
    calmaba con una frenética masturbación que manchaba toda la ropa que usaba (La
    cual lavaba después, por supuesto).

    Con un poco de tiempo empecé a maquillarme, depilarme los
    sectores en los que tenia bello (soy prácticamente lampiña por naturaleza) y
    practicar poses y gestos característicos de las mujeres. Como la altanería y la
    fuerza que proyectaba mi madre, la inocencia y la dulzura de mi hermana menor o
    la sexualidad y seducción que proyectaba mi hermana mayor. Fui sintiéndome cada
    día un poquito mas mujer, mis juegos sexuales se extendían y empecé a explora un
    mundo nuevo a través del estimulo anal. Me excitaba muchísimo la idea de poder
    chuparle la verga a un hombre, escucharlo gemir, saber que le estoy dando placer
    y sentir como explota de gozo entre mis labios y me regala toda esa leche para
    mi. Pero sin embargo me preguntaba si sentiría el mismo placer al ser penetrada
    por un hombre y empecé a estimular mi anito para ver como respondía.

    Como dije, se abrió un nuevo mundo ante mi. Primero empecé a
    penétrame con mis propios dedos, pasaba horas “acariciándome” el agujerito y
    sintiendo el placer que esto me proporcionaba, después de un tiempo quería mas.
    NECESITABA mas, me empecé a penetrar con objetos de mayor tamaño. Pasaba
    secciones increíbles donde, vestidita de puta, me penetraba con objetos
    similares al pene, gemía de placer y por mi cabeza pasaban miles de fantasías:
    Con hombres desconocidos de grandes vergas, con compañeros a los cuales había
    visto masturbarse (y luchado el deseo por mamarles esas ricas pijas en ese
    momento, aunque no resistí mucho) amigos/as de Internet que me excitaban
    contándome sus fantasías o hasta mi propio padre, por el cual siempre e tenido
    un fuerte deseo sexual oculto.

    Me imaginaba siendo seducida, seduciendo, siendo forzada,
    sintiendo como me manosean o como me penetran con una brutalidad animal para
    estallar en un gozo infinito, o sintiendo a dos machos de grandes proporciones
    uno tratando de partirme mi culito y otro inundándome la boca de leche. Con
    estas fantasía sentía un placer inmenso y me penetraba de distintas formas ,
    suave y cariñosamente simulando el acto de hacer el amor, o desgarradora y
    brutalmente como si hubiera calentado a alguien a tal punto que no se pudo
    contener y me viola sin ningún recaudo.

    Así transcurrió parte de mi adolescencia, desbordada por lo
    nuevo y excitante de el mundo que descubría cada día. Llegué a sentirme mujer, a
    satisfacer mis ardientes deseos o a encontrar un inmenso apoyo en gente como mis
    amigos/as o mi hermana mayor. La cual comprendió a la perfección mi naturaleza y
    con al que vivo ahora, para sentirme mujer las 24hrs. Pero esas son otras
    historias que les contare mas adelante. Por ahora, hasta luego

    P.D.: Si quieren escribirme para comentarme algo, preguntarme o simplemente
    para conversar escríbanme a esta dirección.
    POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

     

    Resumen del relato:
      Mis comienzos por un camino sinuoso y confuso, pero lleno de gozo.

    Era una de esas noches tórridas de verano

    Era una de esas noches tórridas de verano (29)

    Me había ido a dormir temprano,
    la barahúnda, los golpes y las maldiciones que acompañan al camión
    de la basura me despertaron. Cuando levanté la mano y toqué mi
    frente, me di cuenta de que estaba empapada, mis cabellos bañados, liándose
    entre ellos en formas caprichosas sobre mis ojos como hiedra sobre la pared.
    Mi piel calada, engomada a las sábanas convertía la cama en algo
    angustiosamente acuoso. Era una de esas noches de verano en Barcelona singularmente
    tropicales, cuando las paredes arden, transpiran y su aliento cálido
    devora el aire del interior de las viviendas. Me asomé a la ventana buscando
    un poco de aire fresco, mojando de sudor un alféizar que no había
    conocido ni la humedad del agua ni la proximidad de una bayeta desde que me
    había trasladado hacía un año. El camión había
    desaparecido llevándose con él a la pequeña horda de tártaros
    dementes que lo alimentaba. De él tan solo quedaba un eco de cachiporrazos
    y un motor que se alejaba, un rumor sordo disipándose en el interior
    de las callejas de Ciutat Vella.

    Asomado a la ventana miraba sin ver la calle desierta, alumbrada por la luz
    pajiza de las bombillas de sodio de las farolas, adormecido por el ronroneo
    del tráfico en el Paral·lel, cuando un repiqueteo presuroso interrumpió
    mis ensoñaciones. Por un extremo de la calle aparecieron un par de travestís
    cabrioleando con prisa por una de las aceras, encaramadas en equilibrio inestable
    sobre brillantes zapatos con finos tacones de aguja. Lucían vestidos
    de vivos colores, terminados en escuetas minifaldas que, incluso en la distancia,
    realzaban apeteciblemente la rotundidad de sus culitos. Uno de ellos, una “mulatona”
    azabache de melena dorada, debía medir cerca de un metro noventa, tenía
    una hechura espléndida y bajo sus musculadas piernas de defensa central,
    los tacones se clavaban con poderío sobre el cemento de la acera. La
    otra travestí, que casi quedaba oculta bajo la sombra de su colega, mediría
    poco más de uno setenta, sin embargo, realzado por el blanco de su vestido,
    su cuerpo era la esencia concentrada y purificada de la lascivia. Me desvelé
    instantáneamente y desde la altura en que me encontraba me sentí
    fascinado por la perfecta cadencia de sus nalgas bamboleándose a uno
    y otro lado con frenesí, intentando mantener el paso, casi volando sobre
    la acera.

    Sin dudarlo, de un solo salto, desde la ventana entré en el dormitorio,
    me puse una camiseta de algodón, unos tejanos viejos, cogí la
    cartera y las llaves de casa y bajé trotando las enormes y solitarias
    escaleras hacia la puerta de entrada principal. En el silencio de la noche me
    asustaba oír el estruendo de mis propios pasos saltando los escalones
    de dos en dos. Intenté alcanzar a la pareja antes de que llegaran a la
    Ronda Sant Antoni. Quería tantearlas con alguna ocurrencia, preguntarles
    si estaban dispuestas a acompañarme a mi apartamento – por supuesto,
    si mi presupuesto me lo permitía -, y, quien sabe, si no llegábamos
    a un acuerdo, quizá obtener uno o dos besos de regalo. Sin embargo, no
    había descendido lo suficientemente rápido. La calle estaba tan
    yerma y muda como antes. Cuando llegué hasta la esquina, ellas habían
    desaparecido. Supuse que tenían que haber cogido un taxi y estarían
    yendo hacia una conocida discoteca del centro de Barcelona, preparadas para
    iniciar la velada.

    Desalentado, volví a subir a casa pensando que debía sosegarme
    lo suficiente para poder volver a dormir. Quizá miraría la televisión,
    quizá jugaría con el ordenador, o me abandonaría a la casi-vida
    virtual, o quizá escucharía algo de música y, casi con
    toda seguridad, me masturbaría con desesperación, en fin cualquier
    cosa que me serenase. Pero, mientras subía sudando los inacabables peldaños
    de la escalera, tramo tras tramo, la visión del delicioso balanceo del
    culito de la travestí más pequeña no abandonaba mi sobrecalentado
    cerebro. Cuando abrí la puerta de mi apartamento y volví a sumergirme
    en el viciado aire caliente que parecía abrasarlo todo, lo decidí:
    iría a follar con él esa noche, costase lo que costase. Sin pensarlo
    busqué las llaves del coche, fui al “parking” y me dirigí
    al “Di-ver-ti-do”, acelerando al máximo, sin respetar ningún
    semáforo, intenté llegar antes que su taxi.

    Al entrar en el local, en la penumbra interrumpida por las luces multicolores
    no pude distinguir ni la melena vikinga de la grandullona ni a su apetitosa
    acompañante. Era la una y media de la madrugada y otras doce o trece
    travestís estaban ya en la sala, meneando con salero sus lindas posaderas
    al son pegadizo de la música de sevillanas. No obstante, lo excitante
    que pudiese resultar la imagen, yo ya había hecho mi elección
    esa noche. Puesto que podía tardar en aparecer, resolví sentarme
    frente a la barra y a pedir una cerveza. Después de la primera cerveza
    y su consiguiente ración de ritmos andaluces, vino una segunda acompañada
    esta vez por los grandes éxitos de los años setenta, y después
    una tercera, adornada con ritmos caribeños, pero, después de las
    tres cervezas y la mixtura de ritmos cargantes, mi princesita seguía
    sin aparecer.

    Estaba ya descorazonado, pensando en “desahogar mi lujuria” en compañía
    de cualquier otro de los travestís que pululaban por el local, cuando
    ella entró en la discoteca. Tan solo abrir la puerta, debió darse
    cuenta de mi interés, ya que dio un rodeo para pasar junto a mi. Al pasar,
    me miró sonriendo y rozó mi pierna de una forma muy discreta.
    Mi polla comenzada ya a alborotarse con alegría dentro de mis calzoncillos.
    Los otros clientes de la barra, que a esa hora ya estaba abarrotada, parecían
    no haberse dado cuenta, concentrados en tararear el último éxito
    de Enrique Iglesias.

    En un segundo pase, la menudita todavía se acercó por detrás
    y me pellizcó el muslo. Era la invitación que necesitaba. Cuando
    la miré mientras se alejaba, ella me hizo un gesto inequívoco
    con la cabeza para que la esperase fuera. Llamé la atención del
    camarero lanzándole un beso con los labios, pagué la cuenta y
    salí tras ella. Una vez en la calle, entré en mi coche y, al ponerlo
    en marcha, ella se coló por la puerta del acompañante. Con solo
    mirar sus ojos supe que aquella noche no habría ternura, que no habría
    un beso en la frente, ni un mimo, ni una caricia. Supe que ella me perdería
    en un océano de vicio, sin una brizna de dulzura.

    Bianca – este, era su nombre -, cuando ya habíamos abandonado la calle
    Tusset y volábamos hacia mi apartamento, desabotonó la parte superior
    de su vestido, de modo que pude admirar sus pechitos. Parecían de una
    chiquilla de trece o catorce años y me hicieron recordar los tiempos
    del colegio, cuando jugueteaba con tetitas muy parecidas. Mientras meditaba
    sobre esto, su mano se deslizó hasta mis muslos, buscando un modo de
    abrir la enrevesada botonera de los tejanos. Allí, mientras conducía
    de forma delirante mi coche, sacó mi polla, se inclinó sobre ella
    y comenzó a acariciarla con su boca y lengua. La lengua era de terciopelo,
    lamía con tanta suavidad, y su boca estaba tan caliente que en un momento
    me sumergí en un mar de sensaciones. Delante de mis ojos, entre los faros
    traseros de los otros coches, las luces de los semáforos y las imposibles
    motitos de los repartidores de pizza a domicilio, comenzaron a centellear nuevas
    lucecitas. Empecé a sentir una serie de pequeñas descargas eléctricas
    y mi polla comenzó a alzarse aparatosamente. Ella me miró a la
    cara y sonrió con picardía, yo cerré los ojos para permitirle
    que siguiera, al tiempo que mi pie presionaba el acelerador, y la sensación
    que tuve cuando volvió a chupar me hizo pedirle que parara antes de que
    me corriera en su boca allí mismo o acabáramos con la mitad de
    la flota móvil de “Tele-Pizza”.

    No sé si fueron mis súplicas entrecortadas o la visión
    fugaz de su propia vida lo que hizo que estuviese de acuerdo. A partir de ese
    momento, y mientras cruzábamos la Gran Vía a más de noventa
    kilómetros por hora, empezó a acariciar mi pene con suavidad,
    conduciéndome a una sensación más relajada. Cuando entramos
    como una exhalación en las angostas calles de la Ciutat Vella, aún
    no había conseguido reducir lo suficiente la velocidad como para afrontar
    el primer giro con garantías suficientes de salir con vida, así
    que pisé con fuerza el freno y las ruedas aullaron sobre el asfalto caliente.
    Busqué un hueco donde estacionar, con tanta fortuna que dejé el
    coche aparcado en el único paso cebra del barrio.

    Abandoné el coche en aquel lugar, sin preocuparme del futuro próximo.
    Subimos a mi piso y en cuanto cerré la puerta la tomé entre mis
    brazos, y la besé en los labios. Su lengua se movía con maestría,
    y sus manos, dotadas cada una de ellas de voluntad propia, se paseaban sobre
    mi cuerpo con violencia. Me cogió por el pelo y estiró mi cabeza
    hacia abajo, llevándola a su entrepierna. Me coloqué de rodillas,
    levanté su faldita retirando con dificultad la diminuta braguita que
    llevaba y pude comprobar por su pene oscuro en erección y la pequeña
    mancha que había dejado en la tela de la braga que ella estaba tan excitada
    como yo. Sentí el calor del pene desnudo de Bianca y toda la dureza de
    ese palo cerca de mi cara. El aroma salado y acre a sexo que despedía
    era embriagador.

    Tomé su rabo con toda la delicadeza de que fui capaz y comencé
    a acariciarlo con los labios y la lengua: primero con el extremo de la lengua,
    la punta del pene y el meato, con un movimiento circular, muy, muy pequeño…después
    me deslicé con mi lengua hasta el pliegue del prepucio, recorriéndolo
    también en círculos… todo muy lentamente. En ese momento
    Bianca se apoyaba contra la puerta de entrada, gemía ruidosamente y continuaba
    estirándome el pelo con tanta fuerza que los ojos se me llenaron de lágrimas.
    Descendí con la lengua ensalivada por el balano hasta llegar a sus testículos
    perfectos, aterciopelados y redondos. En ese momento abandoné la delicadeza
    anterior y de un solo golpe, introduje su polla en mi boca hasta que su vello
    púbico, teñido de rubio, golpeó contra mi nariz, sintiendo
    ese sabor y ese olor que tanto me gustan.

    Bianca se apartó de mí bruscamente y me pidió que la dejase
    ir al baño. Cuando se lo mostré me ordenó que me arrodillase
    delante suyo, mientras ella se situaba de pie frente a mí. Con las dos
    manos apuntó hacia mi su polla erecta y mientras la miraba boquiabierto
    empezó a orinar sobre mí en un gracioso arco dorado. Aquello me
    encantó. En un tiempo eterno sentí las gotas doradas de lluvia
    resbalar por mi cara, mi pecho, sobre mi vientre y mi propia verga. Cuando hubo
    acabado volví a lamer su polla, limpiando con la lengua las últimas
    gotas bruñidas que resbalaban sobre aquel tubo ardiente. A continuación
    me ordenó:
    ¡Date la vuelta, la frente en el suelo, las manos en la espalda y las
    palmas hacia arriba!
    Hice lo que me pedía y quedé con la frente sobre las baldosas
    calientes del cuarto de baño, encharcadas por los meados de Bianca. Noté
    el calor acuoso de su lengua sobre mis nalgas. Podía sentir como se paseaba
    con lentitud y la humedad de su saliva. En pequeños círculos descendió
    hasta mi culo e introdujo la lengua con facilidad, una y otra vez, follándome
    sin piedad con ella. En un momento se separó y masajeó el esfínter,
    preparándolo, luego introdujo un dedo poco a poco con movimientos circulares,
    lubricándolo con su saliva. Aquel dedo entraba y salía con una
    suavidad celestial. Mi agujero se fue relajando, y en muy poco tiempo permitió
    el paso de dos dedos.

    Yo humedecí mis dedos con saliva y me lubriqué la polla con ellos.
    Cuando noté que su nabo intentaba abrirse paso dentro de mi culo comencé
    a acariciarme el capullo, sentía entrar su verga con suavidad y mi culo
    se abría ante la invasión sin oponer mucha resistencia. Miré
    hacia atrás y contemplé una escena gloriosa: el cuerpo moreno
    y delicado de Bianca, bañado en sudor, se arqueaba hacia atrás,
    de forma que proyectaba hacia adelante aquel rabo fogoso, que yo notaba desaparecer
    rítmicamente entre mis glúteos. Sus manos se apoyaban y acariciaban
    mis costados, mi vientre y mis nalgas. Dirigí mi mano libre hacia atrás
    y agarré sus cojones, que golpeaban mis nalgas cuando su polla alcanzaba
    la máxima profundidad.

    Bianca poco a poco aumentó el ritmo, el ímpetu de sus envites,
    la fuerza con que sus manos golpeaban mis nalgas que estaban en carne viva,
    y el volumen de sus gemidos, que ya se debían oír en toda Ciutat
    Vella. Con una potencia sobrehumana empujaba mi cuerpo que se deslizaba con
    las piernas muy abiertas sobre las baldosas orinadas. Yo seguía masajeando
    mi polla, aguantando aquella embestida feroz, y ya estaba a punto de explotar
    y descargar catarata de semen cuando Bianca, aullando, clavó sus uñas
    en mis nalgas, y sentí las convulsiones de su corrida en mis entrañas.
    Se quedó de rodillas, con el culo apoyado en sus talones, la cabeza gacha,
    totalmente extenuada, y con cara de haber dado todo lo que tenía dentro.
    Yo aún tenía munición en la recámara y la retención
    había sido excesiva. No podía continuar resistiendo. A pesar de
    mis esfuerzos me corrí con salvajismo. El chorro de semen se disparó
    contra mi pierna, se deslizó y, finalmente, se mezcló con los
    orines del suelo. Las contracciones de mi orgasmo estrangularon rítmicamente
    la polla de Bianca dentro de mi ano y pude escuchar un suave gemido cuando esas
    convulsiones exprimieron las últimas gotas de leche de su polla.

     

    Resumen del relato:
      Una noche de mucho calor en Barcelona, tras despertarse, ve a dos travestis con los que tendrá una excitante experiencia.

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