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Sadomaso

Mis confidencias con Alexia (01)

Mis confidencias con Alexia (01) (20)

MIS CONFIDENCIAS CON ALEXIA (I)

Conocí a Alexia por una concatenación de casualidades… la
primera, coincidimos en una boda lejos de nuestros lugares de residencia. La
segunda, fuimos solas. Eran parientes lo suficientemente allegados como para
obligarnos a desplazarnos, e insuficientemente próximos para provocar una
invasión familiar. La tercera, las familias de los novios eran gente de dinero y
tuvieron el detalle de reservar habitaciones en el mismo lugar donde se
celebraba la fiesta, el Parador Nacional. Alexia y yo compartíamos habitación.
Por ultimo y más importante, nos sentaron juntas en esa mesa "escoba" que recoge
a gente suelta. Además, fallaron 4 invitados, quedando solo 4. A partir de la
tarta, la pareja que nos acompañaba nos dejo solas… y ahí empezó todo.

– ¿Alexia? ¿Princesa griega, por un casual? Dije cuando nos
presentaron…

Ni que decir tiene que la química entre nosotras empezó a
emanar a borbotones, y que en poco tiempo intimamos mucho mas de lo que podría
considerarse prudente. Yo llevaba el mismo vestido de kookai que provoco el
miniescandalo familiar de la entrada del 2000, y no sé si cuando lo llevo se
enciende la libido a mi alrededor o fue debido a los vapores del brut nature, o
qué, pero fue Alexia la que acerco su boca a mi oído para decirme:

– que a gusto besaría tus pechitos…

– eso no te saldrá gratis…

– cuanto debo pagarte…

– te lo diré en la habitación…

– hazme un adelanto…

– te dejaras hacer lo que yo quiera…

¿solo eso? – Pregunto inocentemente Alexia…

Di mi callada por respuesta mirándola fijamente a los ojos.
Apure la copa de cava y me levante.

– voy al aseo…

– te acompaño.

Nos dirigimos al espacioso baño. Estaba vacío. Nos metimos en
una de las cabinas y candamos la puerta. Yo me senté en el inodoro y baje los
tirantes del vestido dejando mis senos al aire. Alexia se sentó de frente sobre
mis rodillas y rozo con sus labios secos ambos pezones. Para humedecerlos me
beso en la boca, introduciendo apenas su lengua hasta tocar la mía. Busco mi
pechito derecho y lo chupo… pero de verdad. Era como si fuera un bebe
extrayendo leche. Nunca me habían libado así. No era precisamente mi forma
favorita de ser besada y cuando iba a hacer parar el ordeñe abrieron la puerta
del aseo y un sinfín de gritos y parloteos retumbo en las asépticas paredes. Así
que deje hacer los segundos suficientes para empezar a notar algo, y… ya me
abandone definitivamente al chup chup. Note como mi pezón parecía estirarse, y
mi vagina empezó a sudar. Aunque tenia las manos unidas al tórax a causa del
vestido caído, con una mano tome la cabeza de Alexia y la lleve al otro pecho.
Con la otra me abrí paso entre sedas y carnes alborotadas hasta separar el
elástico de mi ingle y buscar la profundidad de mi sexo. Con mis dedos
lubricados acaricie mi clítoris ya enervado mientras estaba a punto de manar
leche de mis senos por tanta succión. Yo no soy demasiado gritona pero tuve que
reprimirme mucho cuando me vino el orgasmo.

No sé cuanto tiempo paso hasta que pude recuperar el aliento
y las fuerzas suficientes para incorporarme. Alexia permaneció de pie, risueña,
esperándome.

– joder, tía, un día te dará un colapso.

– ya te he contado que no soy multiorgásmica, pero que cada
uno mío vale por diez – dije mientras me recomponía el vestido.

Cuando salimos al salón le dije por lo bajini:

– no creas que doy por saldada tu deuda.

– eso espero –, contesto Alexia.

– no sabes lo que te dices.

– ya será menos.

– espera a que subamos y veras.

Seguimos de cháchara el tiempo prudencial para no hacer un
feo a los novios y a la concurrencia. Cuando por fin subimos a la habitación nos
comíamos con la mirada ascendiendo por la amplia escalera. Cuando Inés cerro la
puerta se quedó inmóvil mirándome fijamente. Sus ojos brillaban de deseo, pero
era un deseo salvaje, impío… tanto que me dio un poco de miedo.

– quítate el vestido Alexia.

La obedecí sin replicar. Mientras me desvestía note como
crecía una especie de ahogo en mi pecho, señal inequívoca de que algo iba a
ocurrir, que deseaba fervientemente, pero que seguro no podría controlar. Mi
vulva estaba humedecida desde mucho antes de que me cebara en los pechos de esa
zorra. Mmmmmmmm, que cosa más buena… Como se pusieron duros de repente a poco
de entrar la jauría de adolescentes… y la muy guarra, como se corrió.

Cuando iba a quitarme el suje me hizo parar.

– no sigas… y no te quites las bragas. Arrodíllate en la
cama. En la esquina. Los talones fuera.

Hice lo que me pidió. Me sentía a su merced. Empecé a pensar
que me había equivocado. No me va el sado. Nada de nada. A ella sí. Me lo había
confesado. Y sin embargo…

La habitación era muy grande y espaciosa. Detrás del lecho de
baldaquino había mucho sitio. Yo oía a Inés haciendo cosas pero no la veía.

– ¿qué me vas a hacer? Pregunté.

– daño, me respondió.

¿mucho?

– el que tu quieras.

Callé. Y espere. Unas manos recogieron mi pelo en una coleta,
y unos labios besaron mi nuca. Se me erizaron los vellos. Inés arrastraba su
boca por mi cuello, suave, delicadamente, casi sin tocarme. No pude evitar
gemir. Sus manos me rodearon y se posaron en mis pechos forrados por la suave
seda marca Cacharel, y bajaron gozando de la piel de mi tórax hasta mi vientre.
Los labios se desviaron a mi hombro y mordieron el tirante estirándolo,
estirándolo… hasta que no dio mas de sí creo, por la violencia del golpe al
soltarlo.

– ayyyy –, mediogrité. No pude evitarlo. Me había dolido.
Pero no me moví. Aquello no era nada. Inés bajó el tirante deslizándolo con sus
dientes… y volvió a besarme las cervicales, mientras sus dedos jugaban con el
elástico de mis braguitas, estirándolo y dejando que volviera a su lugar. El
tirante del sostén que todavía quedaba en su sitio corrió la misma suerte que su
gemelo, después de besar un poco mas violentamente mi hombro. La dentadura de
Inés terminó con mis arneses íntimos, en mi cintura, sin que las gomitas de mis
braguis dejaran de hacer su trabajo. Con mis pechos al aire estaba en evidencia.
Los pezones erectos, duros, pedían guerra, que Inés, desde luego no les iba a
negar.

– estas caliente, ¿eh princesa?

Animada por la, – hasta entonces- delicadeza de trato, me
envalentoné.

– ¿este es todo el daño que ibas a hacerme? Dije
girándome sobre mis rodillas hacia ella.

– de ti depende. De ti depende- contesto, todavía enfundada
en ese sutil e insinuante vestido de seda oscura, causante de no-se-que
escándalo sansilvestrino. Ante mi cara de extrañeza continuó:

– ya sabes que me gustan los juegos, y vamos a jugar a uno. Y
tu serás la protagonista-

y tu. ¿Que serás?

– yo te haré cosas. Si aguantas diez minutos esas cosas,
ganas. Si no, pierdes, contestó con un pelín de sorna.

– ¿qué cosas? y… ¿que tengo que aguantar? – Pregunte
con cierto resquemor.

– Contestare a lo segundo. Aguantaras lo que te haga sin
correrte.

– ¿sin correrme has dicho? ¿sin correrme? – repetí
incrédulamente ante lo que había oído decir, y con indisimulado alivio. La
prueba estaba chupada.

– si. Lo que oyes: 10 minutos sin correrte – añadió sin
inmutarse.

– ¿porque 10 y no 20?

– es el récord.

– Ah… ¿y si me corro…?

– Entonces te azotare… con esto – Y me tiró un cinturón de
tiras de cuero trenzadas. Lo tomé con mi mano. Era duro pero flexible. Debía de
hacer bastante daño, desde luego.

– ¿Te han azotado alguna vez princesa?

Lo dijo en un tono de voz, como si lo estuviera haciendo
todos los días, y yo sabia que no era así, que se alimentaba de fantasías… sus
fantasías, como yo tenia las mías. Pero su aplomo y seguridad me fascino. ¿Y si
me había mentido? ¿Y si su inexperiencia relatada era falsa? ¿o era puro teatro,
una representación del papel de ama-dominante-torturadora, su papel soñado?

– ¿No me vas a contestar, cielo? Dijo Inés rompiendo mis
pensamientos.

– Ya te lo dije. No me gusta el sado – contesté.

– pues de ti depende que esta no sea la primera vez.

– ¿y si supero la prueba Inés. Entonces que?

– Entonces me azotarás tú a mí – contesto sin inmutarse.

– ¿Y si no quiero?

– Eso es cosa tuya.

Desde luego que lo haría, desde luego. Tenia unas ganas locas
de bajar los humos a esa zorra perversa, prepotente y… encantadora.

– ¿quieres que te tape los ojos, Alexia?

– No. No quiero.

– Gírate otra vez de rodillas hacia el cabezal. Con los
talones fuera, solo los talones. Así. Muy bien. Toma – Y me dio unas pinzas de
pelo, pequeñas, puntiagudas.

– ¿ Y esto…? – pregunte probando el muelle, muy duro,
por cierto.

– quizás las necesites – y acto seguido me bajo las bragas,
quitándomelas por debajo de mis rodillas.

– ahora ponte a cuatro patas. Así, bien apoyada. Abre bien
las piernas. Bien abiertas. Muy bien.

Tomó los almohadones de las camas, y… ya no vi más. Yo
miraba mis dedos, mis manos. Imaginaba que se estaría quitando su vestido
escandaloso, mientras contemplaba mis partes traseras, bien expuestas, bien
accesibles a esa mirada lasciva, impúdica, lujuriosa, obscena, que descubrí
apenas quedamos solas; y que pronto ¡muy pronto por favor!, serian objeto de a
saber que perversas caricias.

Sí. Ella estaba ya desnuda. Las puntas de sus senos rozaron
mis nalgas, mis muslos. Las de sus dedos mis costados, mi vientre, mi espalda.
Su pubis se paseó por mi trasero. Empecé a agrietarme, a abrirme, a
abandonarme… No, ni hablar. Alexia piensa en hacienda. En tu citación del mes
pasado. En aquel desagradable funcionario… siento unos labios que recorren mi
hendidura, acariciándola, casi sin tocarla… y una lengua húmeda y cálida se
desliza aviesa alrededor de mi esfínter, como jugando al escondite con él,
amagando, retirándose. Alexia piensa en esa oficina siniestra. Ese desprecio. "A
ver, papeles. Justifique ese gasto". Me derrito… esa ramera ataca mi punto
débil. Su músculo unta de impía saliva en un prolongado beso negro la estrecha
puerta. Entra sin llamar. Me esta sodomizando una lengua larga, increíblemente
larga… y dulce. Siento como late, como vibra, como se estremece mi anillito…
joder, ahora me toca mi vientre, mi pubis, esos dedos, esos dedos que juegan con
mis pelitos ensortijados. No. El pulgar no. Hay Inesita… así… así. Uffff.
Que bien… que gusto. Así, así, en mi clítoris. Joder, la lengí¼ita, no para. Me
voy a ir…joder, hay que aguantar un poco mas… El IVA, si, mañana vence el
plazo… mmmmm que bueno. Sí. Sí. Así. Mételo dentro de vez en cuando. Nota mi
humedad. Siiiiiiii, muy bien. Sigue Inesita… Joder, no voy a aguantar…

La pinza. Si, la pinza. Donde más duela… en mi pezón. Jo,
si, si que duele. Uff, que gusto, si Inesita… así así, sigue así, mueve tu
dulce lengua en mi culo… no pares. Voy a apretar la pincita con mis dedos.
Tiene que dolerme mas, más. Mmmmmm, si, duele. Joder, esto no hace nada, es
peor… ay, así me gusta, que bien, coño, estoy chorreando. Inés… puta,
cabrona. No pares si, así, así… uy no, no, noooo…

– Princesa, levanta. Venga, que no es para tanto.

– que bien mi amor, que bien… ven conmigo… bésame.

Me tendí a su lado y la bese despacio… en su boca, en sus
mejillas, tiernamente.

– entonces… ¿te ha gustado?

– siiiiiiiii, me ha encantado Inesita.

– ¿sabes cuanto has durado cielo?

– me da igual. No me importa.

– once minutos y medio.

– Vaya, gané.

– Si Alexia ganaste. ¿Que vas a hacer conmigo?

Me quede un rato haciendo la pose del pensador. Se me habían
ido las ganas de azotarla. A pesar de los detalles sado había sido tan dulce,
tan tierno… hacia años que no había tenido un orgasmo así.

– Inés, quiero saber cosas de ti, de tu vida, de tus
experiencias.

Me arrellane cómodamente en la cama. El balcón estaba abierto
y una suave brisa hacia muy agradable el estar, pero, Alexia sugirió salir
fuera. Apagamos la luz y salimos. Nos sentamos desnuditas en los cómodos cojines
sobre los sillones de mimbre:

– De verdad… ¿Te han azotado alguna vez Inés?

– Sí. Lo han hecho… y más de una vez.

– Inés, quiero que me cuentes la primera vez que lo hicieron.

– Esta bien – tome aire y empece la historia de mi tía
Balma…

continuará…

POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Un encuentro fortuito provocará algo mas que el inevitable rollito entre chicas…

Historias de Llafranch (03) – El Haren II

Historias de Llafranch (03) – El Haren II (20)

EL HAREN II

La siguiente era una flor muy delicada llamada Ilo. Rubia con
pelo largo y liso que adornaba graciosamente con una diadema de flores; tenía
una cara preciosa con ojos azules; largas piernas y pecho pequeño. Piel muy
clara e inmaculada como si no hubiera visto nunca el sol, pero tenía pequeñas
cicatrices en toda la cara anterior del cuerpo: pechos, costados, axilas,
vientre, pubis y muslos. Talle estrecho y caderas proporcionadas. Culo en
consonancia con el resto, redondo y provocador por su exquisita pulcritud. Tenía
un semblante tímido y recatado a pesar de su desnudez, ambas manos dejadas caer
disimuladamente sobre su sexo que se entreveía pequeño y suave. Magnífica para
ser atravesada y acabar como la puta de mi madre, pensó Flo con emoción. Para
comprobarlo le hizo repetir la operación de mostrar sus agujeros a corta
distancia de sus ojos, notando un delicioso aroma emanando de sus encantos, lo
que le turbó sobremanera. Inmediatamente le vino a la cabeza el consejo de su
tío, y decidió que una vez en casa sus carnes y las de Age serían las primeras
en medir con el látigo, esperando que Arius las pudiera recomponer puesto que
sería una lástima echarlas a perder.

Era la séptima hija de un rico hacendado de Palafrugell, cosa
rara puesto que las hembras tan fértiles y conejas eran cosa del pasado. A pesar
de ser la primera chica, su padre estaba hasta las narices de ver parir a su
mujer, y si ya de por sí el sentimiento de paternidad era mínimo en la época, en
este caso era menos que nulo. Su madre era una mujer bellísima pero tanto parto
la había afectado de forma apreciable. Este sería el último, puesto que su
marido la repudió y envió a vivir con la servidumbre como una esclava más, justo
al día siguiente de parir. La niña creció con sus hermanos para mal, puesto que
la utilizaron como juguete desde su más tierna infancia. Como era propiedad
particular de ellos, ningún esclavo osó nunca tocarla. Ni siquiera hablar con
ella. Así que se crió en la más absoluta ignorancia de la vida, que ella
identificaba con trabajar como una sirvienta de su familia y ser apaleada de vez
en cuando para diversión de sus hermanitos.

El padre y sus hijos eran muy aficionados a la caza y pasaban
largas temporadas, casi todo el tiempo en realidad, cazando en los vecinos
Pirineos, matando osos y preferentemente humanoides salvajes. Los primeros por
placer y para enmoquetar el suelo de sus pabellones particulares, y los segundos
por un placer todavía mayor, sobre todo las hembras, ya que les encantaba su
carne. Cuando la pequeña tenía doce años y ya venía sufriendo azotes y torturas
por parte de sus hermanos desde los cinco, fue violada por primera vez. No lo
había sido antes porque aquéllos tenían a su disposición el harén de su padre,
pero el mayor se fijó un día en ella mientras recogía agua del pozo de la finca,
y vio pelitos en sus sobacos al levantar los brazos a alzar una garrafa. No se
había percatado de que Ilo había cambiado, a pesar de que la había azotado
personalmente hacia un mes. Cayó en la cuenta de que lo había hecho mientras se
protegía con ambos brazos el cuerpo, de manera que no se fijó en su pechitos de
adolescente. Además, no la desnudó del todo y no apreció su pubis con vello
rubio. Como siempre andaba con una discreta túnica que le llegaba a las rodillas
como única ropa, ni cayó en la cuenta de en la belleza y voluptuosidad innatas
de su hermanita. Sin pensarlo dos veces de llamó a sus hermanos, tenían un
espíritu gregario, y la llevaron a una estancia que llamaban el pabellón de
caza, adornada con cabezas de oso y humanoides disecados.

Allí la conminaron a desnudarse y apreciaron lo que se
estaban perdiendo. La inclinaron en un sitial hecho ex-profeso, algo muy común
en las casas bien, y uno tras otro la violaron, penetrándola por vagina y ano de
forma violenta y cruel. Ilo gritaba de dolor y de vergí¼enza no entendiendo nada
de lo que estaba pasando, puesto que en anteriores torturas sus hermanos nunca
habían hecho lo que estaban haciendo. Hasta llegaron a hacerlo de dos en dos,
obligando a Ilo a adoptar posturas rarísimas. Al fin, con el ano agrietado y el
himen destrozado, manando semen y sangre por sus agujeros muslos abajo, fue
colgada de unas anillas con poleas e izada por las piernas colgando, dejando el
suelo forrado de piel de oso hecho una pena por goteo de líquidos. Sus hermanos
se pusieron en círculo alrededor de ella, cada uno con su flagelo favorito, y
fue azotada por puta. De izquierda a la derecha, el mayor utilizando un látigo
convencional que hacía restallar en el pecho de Ilo, abriendo surcos en su piel.
El segundo con una vara de bambú cuyos nudos se marcaban en el costado derecho.
El tercero portando una verga hecha con rabo de toro golpeando las nalgas. El
cuarto con una vara flexible que golpeaba a sus pantorrillas. El quinto usaba un
gato de nueve colas con el que desollaba en cada golpe la espalda y riñones de
la infortunada e inocente criatura. El sexto le sacudía en el vientre de revés
con una rama de olivo, y por fin el séptimo, situado frente ella la pinchaba con
un punzón, romo por fortuna para Ilo, en el monte de Venus muslos y ombligo. A
la tercera ronda al hermano mayor le falló el golpe y fue a dar al imbécil del
que tenía enfrente en plena cara, con lo que se pusieron a pelearse entre ellos,
dejando en paz a Ilo, que ya hacía rato que había perdido el conocimiento.

Desde ese día, cada vuelta de cacería era más de lo mismo,
con el añadido del padre que se sumó al carro dándola con un cable metálico en
el bajo vientre; tres veces intentó escapar al oír la llegada de la partida; en
vano. Mas aún, constituía un aliciente más para los brutos que la buscaban por
los bosques vecinos como si fuera una pieza más de caza, lanzando los mastines a
su caza y captura, llevándose la muchacha algún mordisco y azote de propina. Los
períodos de cacería los pasaba plácidamente cuidando jardín, esperando que las
piezas cobradas fueran abundantes y que volvieran de buen humor, evitando al
menos ser flagelada más de la cuenta. El mismo día que cumplía quince años
coincidió con la vuelta de los monteros que habían hecho porra. Ilo temió lo
peor. Para su suerte, su virtuosa familia tuvo la feliz ocurrencia de sustituir
el asado de humanoide habitual en la noche de llegada, por asado de ser humano
que, a la postre, era lo mismo. Así que escogieron como víctima a su propia
madre y esposa. La tendieron desnuda sobre la mesa de carnicero que había
construido para el menester con argollas para sujetar las piernas, brazos y
cuello de los humanoides que podían coger vivos. La sujetaron por las muñecas y
la pierna izquierda, justo en el tobillo, y entre cuatro tomaron la pierna
derecha abriéndola hasta romper la articulación de la cadera, mientras la mujer
aullaba como una ternera. Para hacerla callar le arrancaron la lengua con unas
tijeras y le cortaron las orejas, que reservaron para churruscarlas en el asado.
Depilaron su pubis y los sobacos y tomando un cuchillo de tocinero cortaron la
extremidad fláccida al nivel de la cabeza del fémur para secar la pata como si
fuera un jamón en su refugio de caza en uno de los valles del Valira, a dos mil
metros de altura donde hacía un poco más de fresco. Después la desguazaron
abriendo el vientre y sacando las entrañas: intestinos, útero, páncreas, vejiga
y bazo, y aprovecharon los riñones y el hígado. Limpia por dentro cortaron la
cabeza y manos que echaron a los perros y la colgaron de la única pata para que
se desangrara. Después la atravesaron por la guía de la asadora, poniéndola
sobre los apoyos, prepararon unas buenas brasas y la asaron al fuego lento
durante más de tres horas dándole vueltas un esclavo horrorizado. Les gustó
tanto y quedaron tan hartos que dejaran tranquila a Ilo esa noche. Buen provecho
y feliz cumpleaños.

La triste vida de Ilo se prolongó de esta forma los
siguientes tres años temiendo, con razón, que cuando su familia se hartara de
ella acabaría en sus estómagos, hasta que por sorpresa, una inspección de la
Hacienda Real llegó a la finca. La familia estaba de caza, por supuesto, así que
los inspectores se dedicaron a husmearlo todo. El padre de Ilo era catalán del
Norte, al fin y al cabo un país confederado al Reino de Aragó pero observado con
lupa. A base de sobornos el hacendado se había mantenido lejos de la mirada del
fisco, pero Ibnrazin que procedía del interior y odiaba a los polacos no era
cómo Pirrín y cuando tuvo ocasión mandó a su inspector jefe Borrell a sacar
pasta de los catalanes.

El jefe de la inspección se fijó en Ilo que no había perdido
un ápice de su belleza inocente, delicada y… bueno, muy lujuriosa, a pesar de
las señales del trato que recibía. El padre volvió a toda velocidad a intentar
salvar la situación, es decir, a negociar los cuartos con el mandado real, que
consideraba corrupto como todos. Cuando el acuerdo estaba prácticamente
ultimado, el funcionario se interesó por Ilo de forma tal que el hacendado no
tuvo más remedio que regalársela como esclava, lo que cerró el acta de acuerdo
mutuo inmediatamente. Para indignación de sus hijos, Ilo partió al día siguiente
con el séquito real. El jefe de la inspección no quería la chica para él si no
para su hijo que había quedado paralítico en un estúpido accidente múltiple de
carromatos a causa de la niebla. Así que llevó a Ilo a una clínica especializada
que curó las señales de látigo dejándola limpia y resplandeciente. Cuando la
mostró a su hijo esté quedó estupefacto por la belleza de la muchacha. Todo
parecía que iba a convertirse en una vida plácida para la nueva esclava,
haciendo compañía al lisiado y distrayéndolo con canciones y lecturas pero ¡ay!
La fatalidad acompañaba a la chica. El paralítico había quedado impotente en el
accidente, cosa que no quería admitir, no deseando otra cosa que tener una
erección. Al ver al Ilo comenzó a concebir nuevas esperanzas, y como todos los
hombres se excitaba con los sufrimientos y torturas de las chicas, sobre todo si
eran tan hermosas como la que le habían regalado. Sin embargo, gustaba hacerlo
el mismo personalmente y con sus propias manos que eran como tenazas. Con sus
duras uñas una vez llegó a desollar a una negra para después hincarle los dedos
hasta arrancarle el corazón. Por fortuna para Ilo también había perdido fuerza
pero el que tuvo retuvo.

Así que todas las mañanas se veía obligada a tenderse boca
arriba en una mesa sujeta de brazos y piernas, bien abiertas en aspa, para
colocarse el sentado en su silla bien apoyado en un hueco redondo, donde con
sólo agacharse podía morder casi cualquier parte de su cuerpo. Empezó
acariciando la suave piel arriba y abajo, pasando los dedos alrededor de y
rotando sobre sus suaves mugrones, pellizcándolos suavemente. Después por las
axilas rascando apenas los brazos con las poderosas uñas. Le hurgaba el ombligo
lentamente bajaba hacia el pubis, enroscando los dedos en su vello. Ilo sentía
una sensación de placer que nunca había conocido, apercibiéndose que los pechos
se le endurecían y que algo húmedo manaba dentro de ella. Cuando Cundo que así
se llamaba el lisiado introdujo los hábiles dedos en el interior de su parrusa
separando sus labios mayores y acariciándole el clítoris, éste se puso duro como
una piedra. Ilo tembló de placer mientras el pecho le oprimía. El líquido
chorreaba por la vagina. Cundo untó los dedos en ella y se embadurnó el fláccido
pene intentando lo imposible mientras su mano izquierda masajeaba las tetas de
la ya traspuesta Ilo.

El puñetazo seco y duro, de arriba abajo, con toda la fuerza
que da la desesperación descargó inesperadamente sobre el vientre de la esclava
que quedó sin respiración. El siguiente descargó sobre la teta izquierda
mientras las uñas de la otra mano se clavaban en el pezón de la derecha. Hubiera
muerto ahogada allí mismo de no ser porque el paralítico se puso a llorar con
desesperación llevándose las manos a la cara mientras la artillería colgaba
inerte. Al recuperar la respiración el dolor intenso la dejó sin sentido después
de lanzar un grito desgarrador. La despertó un terrible mordisco en la figa que
le arrancó un trozo de carne y vello mientras Cundo juntó ambos pulgares cuyas
uñas eran puntiagudas y fuertes como tenazas tomando entre ambos el pezón
todavía dolorido por el golpe. Presionó con fuerza y casi lo arranca mientras un
chorro de sangre salpicó su cara. Ilo perdió definitivamente el conocimiento, y
no lo recuperó hasta despertar en la clínica con todo el cuerpo vendado y presa
de un dolor inimaginable. El inspector jefe, cosa rara, amaba a su hijo y estaba
presto a cumplir sus caprichos pero aunque rico era lo suficientemente honrado
para no tener una fortuna personal suficiente para recuperar el material humano
estropeado, caro carísimo, así que reconvino a su hijo Cundo para que dosificara
sus torturas, parando el suplicio cuando se desmayara su juguete, y procurando
no matarlas del todo. El bestia abría continuado hincando las uñas por todo el
cuerpo de Ilo después de su pérdida de conciencia hasta que con seguridad
hubiera muerto desangrada.

Después de recuperarse Ilo fue llevada de nuevo en presencia
de Cundo. Cuando vio que de nuevo los criados las desnudaban y se disponían a
amarrarla al potro comenzó a gritar y vociferar como una posesa. Hicieron falta
cinco esclavos para reducirla y colocarla in situ mientras el joven se relamió
con perverso placer; intelectual, claro. El otro, ni de coña. Los esclavos le
pusieron una mordaza e Ilo, presa de terror vio cómo Cundo, sentado en su silla
desnudo ante ella tomaba con su mano izquierda su inútil polla, masturbándose en
un último e inútil intento de trempar, simultáneamente a pasar al suplicio. Con
su mano derecha agarró unas tenacillas para poder dosificar el tormento, tal
como había pedido su padre, y las dirigió hacia el blanco vientre. Allí comenzó
a dibujar círculos alrededor del ombligo, clavándolas en la blanda carne, y
presionando hasta reventarla tiñendo de rojo la bella barriguita. Ilo
manifestaba su dolor de la única forma de podía: sudando por todos sus poros y
meándose. Las heridas que producían los pequeños alicates debían tener unos tres
milímetros, pero al poco rato, todo su vientre tenía marcada una espiral
sangrienta que llegaba al pliegue del pubis. De ahí el torturador se dirigió a
la teta que tenía más cerca, la derecha. La primera incisión fue en su base,
continuando los pellizcos también en espiral y hacia arriba hasta llegar al
pezón. Una cruz dibujó entonces en cada pecho cruzando las redondas marcas.
Cuando se apercibió que Ilo estaba sin sentido, chorreando sudor hasta hacer un
charco que le caía sobre su picha, mandó a un esclavo que reanimara a la pobre e
infortunada esclava, qué se cagó al despertar con una mierda líquida y verde. A
Cundo le gustó eso y le quitó las mordazas para oír los gritos de espanto y los
gemidos desgarrados. Sin piedad hincó los alicates afilados en la parte interior
del brazo derecho, el más cercano, justo donde comienza el vello de las axilas,
abriendo la piel como si de un retal de tela se tratara. Una vez el arco fue lo
bastante amplio, tomo con sus manos los rubios pelos para estirar la piel y de
paso desollar el sobaco, pero le resbalaban por estar totalmente mojados. Así
que lo hizo a la tremenda, hincando las uñas de sus tres dedos medios en la
carne abierta y de un estirón salvaje se llevó toda la axila por delante, como
si de la cabellera de un indio se tratara, pasándosela por la cara y envolviendo
su picha con ella, como esperando poderes mágicos que, por supuesto, nunca
llegaron. Ilo, ronca de gritar había vuelto a perder sentido mientras Cundo,
dale que te pego a la manopla, bajo un manar continuo de sangre, sudor y
lágrimas, pisum y mierda. Retiraron a Ilo medio muerta, esta vez a un aposento
con un catre. Dos esclavos la bañaron y untaron con pomadas y la dejaron
descansar convencidos que no duraría otro asalto

Cuando al día siguiente fueron a despertar a Cundo lo
encontraron muerto. Se había suicidado cortando su polla miserable y
desangrándose por la cañería rota. Descanse en paz.

Ilo quedó maltrecha pero entera. Al cabo de seis meses sus
heridas cicatrizaron razonablemente, pero las huellas del martirio quedaron
visibles, sobre todo por la pérdida total del vello axilar derecho.

A partir de la muerte de Cundo nadie le hacía caso en la casa
y continuó siendo una chica dulce e inocente a pesar de sus pasadas
experiencias. Se adornaba con flores y hojas de colores, hasta que fue vendida a
Mussa.

Y esta que hace aquí? preguntó Flo a la vista de la última de
las chicas, la preñada.

Hagamos otro paréntesis y veamos su historia, que era un poco
singular, ya que esta chica era una humanoide de las montañas como las que
cazaba el amigo de Palafrugell. En realidad eran pueblos que no querían saber
nada de la civilización y vivían plácidamente en las montañas pirenaicas. Su
único problema era los cazadores, los comedores de carne humana y algunas
batidas de negreros de poca monta, ya que estos seres en su mayoría eran morenos
o negros, como muy oscuros, y se consideraba esclavitud de segunda fila. Una de
esas batidas de cazaesclavos dio con ella por casualidad en uno de los bosques
cercanos al valle del río Valira, mientras plantaba trufas en una cueva. Se
despistó al no oír el cuerno de aviso. Tenía trece años, morena aunque no negra
ni mulata, con una cara preciosa y piel suave aunque un poco peluda. Ya era una
mocita cuyos grandes pechos se evidenciaban bajo los huecos de la piel de ciervo
que la cubría. Antes de llevarla al campamento decidieron divertirse un poco: la
desnudaron, la abrieron de piernas, por cierto muy bien formadas, le miraron el
peludo coño, abriéndolo con los pulgares, y decidieron desvirgarla allí mismo.

La virginidad no era una virtud demasiado valiosa, así que,
cómo no iba a perjudicar su posible carrera como comida de gourmets, o como
esclava de segunda fila (?), se la hicieron los seis guardianes de Agentaria, la
compañía negrera para la que trabajaban. Se la metieron por delante y por
detrás. Por fortuna para ella tenía la regla en ese momento, ya que las hembras
de las montañas eran fértiles en su mayoría. Al ver la sangre caer por sus
muslos pensaron que era por la pérdida del virgo.

La presunta salvaje resistió muy bien el castigo, sobre todo
gracias a su elástico culo, que la salvaría más de una vez en su negro futuro.
Fue llevada al campo de clasificación en Olot, donde la registraron con el
nombre de Teme por ser el de la última esclava que se había vendido allí. Pronto
aprendió a leer y escribir, y los guardias de campo abusaron con ella de la
follanda y sodomizanda porque era con mucho la esclava más sexy, aunque a su
pesar, porque era muy tímida y recatada. No se quedó preñada porque los guardias
tenían autorización del gerente y usaban condón; nunca se sabe lo que puede
pasar con las chotas de montaña. Cuando tenía dieciocho años fue trasladada a
Girona al mercado de esclavos con doce chicos y seis chicas. Ya llevaba más de
tres años sin ser violada por precaución de echarla a perder, pues el gerente
esperaba sacar buen dinero de ella como esclava sexual, que eran las que mejor
se pagaban, a pesar de su morenez. Lástima que no fuera rubia, que tuviera la
tez más clara, o que sacara más partido a su espléndido cuerpo caminando más
erguida o mirando de forma más seductora. Aunque los buenos gourmets escaseaban
en esa tierra de olor cerdo y mierda de vaca que siempre ha sido l´Empordá, la
compañía no había perdido la esperanza de hacer negocio.

La vistieron con un traje de gasas transparentes que le
llegaba justo a tapar el chocho. Llevaba bragas del mismo material que solo
translucía el negro y abundante vello púbico. El vestido le caía desde los
hombros con un gran escote dejando los brazos a aire, y con un cinturón de cuero
que se recogía en su cintura. Con sólo quitar los cierres metálicos de los
hombros, los tirantes caerían y de cintura para arriba mostraría su espléndida
pechera.

El cabello, con una raya en medio caía suelto con media
melena. Los vellos axilares habían sido recortados y habían arrancado con pinzas
hasta la raíz gran parte de ellos para que la depilación durara una buena
temporada, pues no era moda tener una pelamenta tan abundante en los sobacos.
Era lo mejor de los veinte lotes de la subasta.

Desgraciadamente para la compañía, el público era
mayoritariamente granjero. A pesar de que el rugido fue general entre populacho
cuando el tratante soltó los amarres de los hombros, la mejor oferta no llegaba
al 50% de lo esperado. Este se lo pensó; lo consultó con el delegado de
Agentaria, y dudaron si la llevaban a Morvedre o Penyscola, grandes emporios del
vicio y de los buenos catadores, aunque tendría que competir con las walkirias
del Norte, blancas y rubias. Por fin decidieron venderla al ofertante: un
hacendado de Ultramort llamado Gil. En realidad este viejo pulgoso y fétido la
quería para regalársela a la vaca de su esposa, tortillera de pro; y para
sacarla como diversión en algunas fiestas con sus amigos. Incluso con un poco de
suerte podría traspasársela a su buen amigo Mussa, el mejor cazatalentos del
Mundo Conocido.

A Gil ni puñetera falta le hacía Teme ya que tenía a sus tres
mutantes. Era maricón perdido. Además, odiaba a las mujeres, sobre todo a la
suya. Prefería torturar a jóvenes mancebos. Así, el marica con Teme y sus 4
muchachos partieron hacia el pueblo.

Cuando se la mostró a su legítima, marimacho perdido, está ni
espero a comer con su marido. Se la llevó a la siesta, la desnudó y quedó tan
excitada al ver su juguete que la figa le hizo charco en el suelo. La bruja la
manoseó, le comió el chocho y el culo, le mordisqueó las tetas, le lamió los
pelos de los sobacos, el cuello, en su espléndida nuca, en las orejas, los dedos
de los pies; le metió la lengua hasta el garganchón, se la estacó en el culo.
Solo con eso se corrió tropecientas veces. Cuando parecía que quedaba satisfecha
se ató a la cintura un cipote liso y reluciente de tamaño descomunal y haciendo
arrodillar a Teme la inclinó e introdujo por su ano; primero la embadurnó con
mermelada para lubricarla, metiendo después la polla ortopédica muy despacio.
Cuando vio que la esclava lo tragaba todo, la penetró con violencia. Teme gemía
de dolor, pero sus esfínteres resistían los cañazos sin partirse. Cuando se
cansó del agujero negro le llegó el turno a su coño. Volvió a lamerlo y besarlo
hasta que se puso chorroso. Ni el natural recato de la chica podía poner trabas
a la madre naturaleza. Después se la estacó cuan grande era, y comenzó a
menearlo con violencia. Teme se corrió a su pesar, ya que tenía muy a mano su
punto G. La bruja se cansó al final y se acostó con las patas abiertas, y se
durmió mientras abrazaba a su esclava tocándole el chocho. Así comenzó su
estancia en Ultramort.

Teme pasó a pertenecer exclusivamente a la vieja. Esta la
tenía a su entera disposición y todas las tardes y noches disfrutaba como una
cerda con sus encantos y atributos. Jugaba con ella como si fuera una muñeca. La
vestía y desvestía, la bañaba, le cortaba el pelo, le dejó crecer la pelamenta
de los sobacos hasta dejar una abundante y lisa cabellera negra, asomando por
sus vestidos con tirantes. Le encantaba el olor a sudor que emanaba de sus
axilas. Nunca redujo sus espesos, ensortijados, negrísimos cabellos púbicos, ni
siquiera los que, bajando por la regata inferior, cubrían sus abultados labios
sexuales. Incluso el ojete del culo estaba lleno de vello. Sólo depilaba sus
piernas perfectas y bien torneadas, y más bien poderosas que gráciles. Era una
belleza salvaje y turbadora hasta el paroxismo. Así transcurrieron dieciocho
meses llevando una vida relativamente cómoda, puesto que se había habituado a la
concupiscencia. Sólo era azotada muy de cuando en cuando, si su ama se ponía de
muy mal humor y cometiera alguna falta, como romper un vaso o tirarse la sopa
por el vestido.

Hasta que para su desgracia llegó un señalado día: Gil dio
una fiesta con invitados en la finca. El marica degenerado de Gil suministraba
pienso a las granjas y haciendas ganaderas de los alrededores. Uno de sus
mejores clientes era un hacendado vecino de Palafrugell. Este iba a cerrar el
trato cuatrienal con Gil en el curso de una comida. Se presentó en la finca
acompañado de sus seis hijos. Teme contra la opinión de su dueña fue obligada al
incluirse en la servidumbre dada su buena presencia. Además, después de ser
convencida por su esposo de que la pela era la pela consintió en que la
vistieran de la misma insinuante forma con que la había comprado como esclava.
Cuando los comensales ocuparon sus sillas reclinadas y apareció ella con sus
pelambreras asomando de sus carnes deliciosas, apenas distinguidas bajo las
transparencias, los siete de Palafrugell se quedaron bocavadats. Era lo más
excitante que habían visto desde hacía dos meses, en que su esclava favorita,
hija del padre y hermana menor de los seis, había sido objeto de una transacción
comercial con el Fisco estatal. De todos sus múltiples atributos, los pelos del
coño asomando de las bragas transparentes les puso a cien. En la sobremesa se
cerró el trato, que incluyó una cláusula adicional: Teme sería cedida para uso y
disfrute de la familia desde la hora de la siesta hasta el amanecer. Por
presiones de la mujer, Gil llegó a renunciar a un contrato a perpetuidad para
venderla a los libertinos.

Cuando la muchacha fue entregada en el pabellón de invitados
los 7 elementos la estaban esperando desnudos y con las vergas empalmadas. No se
andaron con rodeos: le desgarraron los tules sin ningún miramiento y le pusieron
a 4 patas. La penetraron uno por uno peleando por ver quién iba primero, primero
por el ano, después por la vagina, nuevamente por el ano, y así sucesivamente. A
las tres corridas, cuatro de ellos cayeron agotados. Los otros no parecía que
iban a detenerse. El semen encharcaba el suelo y las colchas de los lechos.
Quedaron todos extenuados y ordeñados, aunque no el más pequeño que era medio
mongólico, que siguió dándole un par de polvos más, hasta que cayó rendido con
los huevos encogidos y secos. Habían pasado más de seis horas violando a Teme
que estaba semiinconsciente. Sin dejarle tiempo a recuperarse la cogieron y
colgaron de los pies separándolos lo más posible, después de haber atado sus
brazos detrás de la espalda. La izaron dejando su cabeza apenas tocándole suelo
y sus cabellos negros descolgándose sobre él. Después de descansar un rato
volvieron a la carga. Durante otras tres horas la volvieron a penetrar de dos en
dos, inclinando sus vergas hacia abajo. La leche se derramaba por el vientre y
por su pecho bajándole hasta su cara y cabellos que estaban empapados de semen y
sudor. Ya en el límite de sus fuerzas y cuando las fuentes estaban más que secas
y los cipotes arrugados y escocidos (imaginemos como estarían los conductos de
Teme), pasaron al tercer acto después de tomar un tentempié. A falta de látigos
y vergas tomaron sus correas y propinaron una soberana paliza a la pobre chica,
dándole por cada parte de su cuerpo con las hebillas, sobre todo a los chochos,
tetas, culo y vientre pero sin descuidar el resto: muslos, espalda, brazos.
Incluso en su cara y cuello arrearon sendos zurriagazos. Aprovechando los
últimos momentos antes de amanecer comenzaron a darle patadones con sus botas de
montaña, tres de ellos en la nuca. Una última coz le dio un pleno rostro cuando
llamaban a la puerta para pedir su devolución.

Cuando la vio su ama maldijo a su marido, a los brutos pero
sobre todo a la pobre Teme por tener un cuerpo tan lascivo. Estaba echada a
perder. La tiraron a la paja de las caballerías sin siquiera curar sus heridas.
De no haberse criado Teme en las montañas hubiera muerto a las pocas horas, pero
se recuperó en menos de un mes aunque con el cuerpo lleno de señales. Al ser
llevada de nuevo a presencia de su ama, está tenía una nueva Barbie, que su
marido hubo de comprar para no oír a su mujer. La bruja comenzó a reír a
carcajadas, a contarle los cardenales y cicatrices, para después, con la
colaboración de su muñeca, desnudarla, atarla y azotarla encima por puta.
Después se la follaron de nuevo con sus cipotes ortopédicos y la volvieron a
enviar a las cuadras a trabajar.

Lo peor aun no había llegado, estaba preñada. Tanto semen
depositado en su higo durante la noche de autos había producido el milagro. A
los tres meses se hizo evidente su estado. El amo era partidario de dejarla
tranquila, que tuviera a su hijo, y venderlo a algunos amigos a los que les
gustaba mucho la carne tierna; al fin y al cabo era hijo de humanoide, pero su
mujer se negó en redondo. Ella y Barbie se habían convertido en unas arpías
sádicas y la reclamaron para que se hiciera con ella un escarmiento ejemplar.
Así que Gil mandó encadenarla en el patio en una especie de barra, colgada por
los brazos con argollas en las muñecas, mostrando sus abundantes cabelleras. Las
piernas abiertas descansaban en otra barra con nuevas argollas en los tobillos.
Estaba totalmente desnuda con su vientre ya abultado por su preñez de cuatro
meses. Allí la dejaron en exposición pública. Todos los días atardecer, a la
vuelta del trabajo, recibía veinticinco vergazos delante de toda la servidumbre
en su bombo, con alguno de propina a sus voluminosas tetas. Por la mañana
temprano y al anochecer le daban alimento para mantenerla viva. Así
transcurrieron 15 días hasta que tuvo lugar una visita inesperada: el amigo
Mussa. Este se apiadó de esos culos y esas tetas tan apetecibles, porque era un
buen catador, y pensaba que le reportarían buenos dividendos, puesto que en
Penyscola comenzaban a cotizarse las pieles más doraditas. Así que Gil, no sin
gran cabreo por parte de su mujer, la malvendió, aunque la mala puta exigió que
en el contrato hubiera una cláusula por la que la esclava seguiría recibiendo
veinticinco vergazos en su vientre durante los nueve meses de embarazo, aunque
abortara antes de tiempo.

Musa se la llevó a su finca donde la curó adecuadamente.
Estaba extrañamente prendado de ella.

 

Resumen del relato:
    Seguimos contando la historia de las chicas de Flo.

Secretos de un matrimonio (07)

Secretos de un matrimonio (07) (20)

CAPITULO VII

SíBADO 1 DE MARZO

Cuando llegó a su casa a las cuatro de la madrugada estaba
agotada. Se pasaban mucho últimamente en dejarla colgada durante horas, y eso
empezaba a pesarle demasiado, sobretodo si solo estaba de espectadora pasiva
mientras zurraban a otra sumisa novata. Como no faltaban candidatas, a ella, ya
veterana, apenas le daban caña. Empezaba a aburrirle la cosa. Se tomó un
sándwich y se fue a su habitación, se desnudó y se metió en la ducha. Le dolía
la espalda y los brazos. El contacto con el agua tibia fue como un bálsamo.
Salió sin siquiera secarse los cabellos. Ya mas relajada se sentó ante el i-Mac
de su habitación, puesto aquí para su uso personalísimo. Quiso revisar su correo
electrónico antes de chatear un rato.

– hola, hola… mira lo que tenemos aquí- dijo en voz alta. Y
leyó el escueto mail:

Hola Loli

No voy a preguntar como estás después de tanto tiempo. No
quiero correr ese riesgo. Pero seguro que te encontrarás mejor después de leer
este mensaje. Esta tarde acabo de putear a la mujer de Joan. Y cuando digo
putear ya sabes a qué me refiero. Le he devuelto la moneda.

Ahora estamos en paz.

Alex

Guardó el mensaje en una de sus carpetas. Iba a conectar con
el chat pero se lo pensó mejor y apagó el ordenador. Se quitó la bata, puso una
toalla sobre la almohada, apagó la luz y se tumbó. Se masturbó con ganas y el
climax le llegó en un santiamén. Lo hizo de nuevo otras dos… tres veces con
otros tantos orgasmos. Extenuada se durmió con un sueño inquieto y poco
reparador.

 

* * * * *

LUNES 3 DE MARZO

Cuando Joan entraba en el despacho pasadas las nueve y media,
Alex estaba ya con una alumna. Lo compartían temporalmente mientras durase su
estancia en Valí¨ncia.

– bon día a tothom…

– hola, buenos días- contestaron casi al unísono.

Joan se quitó la cazadora y se puso la bata. Pasando de la
alumna dijo:

– voy a por un capuchino. ¿quieres uno Alex?

– (levantando la cabeza) espera y bajare contigo… ya
estamos terminando y quiero que hablemos.

El tono imperativo le sorprendió un tanto. Alex y la chica se
levantaron, y ella salió casi a hurtadillas, con su culo regordete atravesado
por las miradas de los dos hombres.

– ¿esta buena, eh?- comentaron mientras se dirigían al
montacargas. Tomaron de la maquina sus vasos de plástico con las bebidas.

– Joan, vamos un momento al campus. Quiero hablarte.

Se sentaron en un banco al cálido sol de marzo.

– bueno, ¿qué pasa?

– Joan… me he hecho a tu mujer.

– (visiblemente sorprendido) ¿ a Inés?

– si Joan… a Inés. He sometido a Inés… a tu mujer.

– (con voz de disgusto pero también de resignación) poco has
tardado en conseguirlo.

– si, es verdad. Muy poco en realidad. Demasiado poco.

– (con algo de amargura) si que estaba a punto, si.

– Joan, siento decírtelo pero lleva mucho tiempo a punto.
Para tu consuelo te diré que soy el primero.

– ¿el primero? ¿en qué?

– el primero con quien te traiciona.

Se produce un largo silencio. Joan cavila… piensa.
Finalmente, para tranquilidad de Alex habla con un tono mas acorde con el que su
viejo trato habría que respetar.

– ¿empatados, eh Alex?

– si, empatados, ¿quién lo iba a decir?

– y… ¿cuanto tiempo vas a conservarla?

– ¿recuerdas una pregunta parecida que yo te hice?

– si, perfectamente. Por eso te la he hecho.

– pues, tu mismo.

– (con un deje de tristeza) cuando te canses.

Alex no contestó. Había sido un golpe bajo. Joan volvió a la
carga.

– todavía la quieres…

– Joan, no lo tomes como un venganza. Te pedí permiso,
¿recuerdas? Me lo diste. Tu no hiciste lo mismo… ¿recuerdas? Si, Joan. La
quiero, pero eso es ya agua pasada. No tiene sentido recomponer lo que no tiene
remedio.

Joan estaba roto por dentro. Jamás lo hubiera sospechado.
Inés, su Inés, la cándida, la previsible, la discreta y pudorosa Inés,
convertida en la ramera de Alex. No, ni por asomo. Hubiera puesto la mano en el
fuego, por eso había renunciado a su sueño… un sueño que consideraba
imposible… y mira. Un sueño que antes ya había alimentado con Claudia, y que
había terminado con Lola. Lola… cuanto la quiso. Era suya. Suya… la había
conquistado en buena lid… y la devolvió. ¿haría lo mismo Alex con su Inés?
¿seguiría siendo “su Inés” cuando él se cansara de ella? Estaba haciendo de
tripas corazón aparentando indiferencia… pero esta roto… muy roto.

– bueno Alex… ¿pues que más puedo decir?… disfrútala.

– eso voy a hacer Joan…

* * * * *

El ambiente en la consulta de Eva era más relajado que en
otras ocasiones. Ambas mujeres parecían sentirse a gusto.

– ¿has vuelto a tener fantasías con ese amigo de tu marido?

Inés no contestó enseguida. ¿le contaría esta vez a Eva lo
sucedido en los últimos días? ¿la humillación y el desprecio a que se ha visto
continuamente sometida? ¿entendería que a pesar de ser prácticamente arrojada de
la casa de Alex y paseada como una perra, había gozado viéndose a si misma como
una ramera despreciable?

– No.

– Te has tomado mucho tiempo para una respuesta tan corta.

Inés se decidió a contárselo. Tarde o temprano acabaría
haciéndolo

– No he fantaseado con él. He estado con él.

– Te has acostado con él… ¿quieres decir?

– no… no exactamente.

La mujer sentada la miró con expresión de no comprender
demasiado bien. Inés lo captó.

– quiero decir… tuve un encuentro de índole sexual con él.
No se si llamarlo así. ha sido… diferente a pegar un polvo. Distinto.

– un encuentro equiparable a… ¿tus fantasías?

– si. Así es.

La doctora se arrellanó en el sillón, como era su costumbre.
La confesión de Inés abría un amplio abanico de posibilidades y había que
tomárselo con calma.

– no me interesan los detalles (mentía, desde luego), pero
quisiera que me contaras qué sentiste en tu interior.

– sentí… como si hubiera tenido algo que hubiera esperado
mucho tiempo. Algo que necesitaba.

– como en tu relación por internet.

– si… algo así, pero mucho más intensa.

– volvamos a la cuestión recurrente. ¿te sientes culpable de
ello? ¿sientes remordimientos?

Inés se tomó muy poco tiempo en contestar.

– no Eva, no siento ningún tipo de arrepentimiento por haber
dado ese paso.

La doctora tomo aliento, se quitó las quitó las gafas, las
limpió.

– Inés… ¿te das cuenta que has pasado de sentirte culpable
por experimentar placer al tener fantasías sadomasoquistas (repito, algo muy
común en mujeres de clase media-alta), a carecer absolutamente de sentido
critico hacia ti misma al pasar progresivamente esas fantasías al terreno real?

– (sin tomarse demasiado tiempo) si Eva, soy muy consciente
de ello… soy una puta. Sin paliativos. Una gran puta… y me gusta serlo.

A la doctora casi se le caen las gafas al suelo.

 

* * * * *

MIí‰RCOLES 12 DE MARZO

Tuvo que esperar un buen rato de pie hasta que abandonaron la
mesa en la terraza. Tenia que ser esa y no otra, según le mandó Alex. Estaba
incomoda. Por primera vez en mucho… mucho tiempo llevaba minifalda, y por
primera vez en su vida no llevaba bragas. De no haber sido por los pantys se
sentiría totalmente desnuda. Todavía recordaba cuando era una niña la foto
aquella de la mujer del banquero pillada “in fraganti”. Y ahora le tocaba a ella
hacer el papelón. Sentía como punzadas las miradas de los hombres. No era para
menos, tampoco llevaba sostén y aunque el tiempo era todo lo benigno y soleado
que puede esperarse en Fallas, la calle Juan de Austria al mediodía está a la
sombra, y ella con camiseta sin mangas… o sea que sus pezones estaban
apuntando a todo el mundo. Así, Inés, la comedida Inés, la discreta Inés,
absolutamente avergonzada, se sentó mirando hacia la plaza, y tal como le habían
ordenado cruzó sus piernas sin recato alguno.

Desde ese primero de marzo se había encontrado con Alex otras
dos veces, esta vez en su casa. La había tratado con extrema dureza, casi con
brutalidad mientras la interrogaba acerca de su vida, sus gustos, sus fantasías.
No tuvo arrestos de ocultarle ciertas cosas que después lamentaría, como su
obsesión por pasar desapercibida, o sus sesiones con una analista less. A Alex
parecieron alegrarle ambas cosas. ¿A saber porque pruebas habría de pasar a
causa de estas revelaciones? Inés sabia perfectamente que la doctora era
lesbiana como lo sabía media Valí¨ncia y esperaba sin demasiada esperanza que esa
confidencia no le ocasionara problemas, como se los estaba causando ahora mismo
el afán de Alex por exhibirla vestida como una puta barata. Confiaba no obstante
en su buen juicio para que las cosas no llegaran a ciertos extremos. Sin embargo
no le importó contarle su vida con Joan con pelos y señales, algo que pareció
interesarle mucho. En cambio pasó absolutamente de su vida amorosa anterior a su
matrimonio.

No podía cambiar de posición ni adoptar una postura con algo
más de decencia. Sabia que Alex la estaba observando o aparecería sin avisar. Si
la encontraba de otra forma a la que él había exigido seria castigada. Y
empezaba a saber lo que eso significaba. El ruido que llegaba calle arriba
significaba que la mascletá había comenzado. La invadió la ansiedad que fue
creciendo mientras pasaban los minutos. El ruido por fin cesó. Miró su rolex.
Tenia 5 minutos. la angustia la atenazaba. pasaron los 5 minutos… respiró
hondo. Vio a la masa de gente enfilar calle arriba, llegando hacia ella…
levantó las piernas apoyándolas en el borde del asiento junto a su culo,
rodeándolas con los brazos… y cerró los ojos, cuando los abrió vio las caras
de la gente ante el increíble espectáculo. unos miraban sin disimulo… otros de
reojo… madres tapando los ojos a sus hijos… llamándola de todo. Muchos de
los hombres que pasaban a su lado con la vista fija en su sexo le dijeron cosas
que harían enrojecer al mismísimo marques de Sade. Inés aguantaba…
aguantaba… por fin la marea de gente amainó. Una mano dio unos golpecitos en
su hombro desnudo. Era Alex.

– ya puedes bajar las piernas.

Mientras las volvía a su sitio respiró aliviada. El trago
había pasado. Pero sabia que habrían muchos más.

… continuará

POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Los acontecimientos se precipitan… las amistades se resienten…

Te sorprendí de nuevo Rhut (4)

Te sorprendí de nuevo Rhut (4) (20)

Te sorprendí de nuevo Rhut IV

Me has ofrecido estar los tres –para ver como se comportaba,
Anna-, es como un regalo sentimental, és la primera ofrenda de una porción de tu
corazón y con ello, eres más querida para mí. Sí, porque yo aprecio tú renunciar
a ser la única y compartirme con ella.

Por tí, ella se me ha dar; sí, aunque le gustan mas las
chicas. Solo que este nivel de entrega es un plus. Y además, es un darse
compartido, se entrega a tí Rhut y luego se entregará a tú amo, contigo.
Realmente, comparte una parte valiosa de tí, a tú amo, con ella…

 

Este relato es continuación de Te sorprendí de nuevo Rhut
III, que tratan de la pasión con mi sumisa Rhut. Recomiendo leer Kharlo y Rhut
"en la carretera comarcal" (2 partes….), la casualidad o el destino jugó un
importante papel….. y, luego surgió la pasión, tal como relaté en El Estudio
(3 partes…). Son relatos independientes, pero la visión de conjunto total, es
superior a sus partes….. Espero que los disfruteis, con eso me sentiré
afortunado.

La descripción de los personajes, que aquí está incluida, es
a efectos clarificadores, para quienes no hayan leido mis anteriores relatos…
y tal vez carezcan de tiempo para repasarlos. Personalmente estímo que los
relatos deben ser clarificadores en sí mismos.

Está claro que, si el lector lo desea puede leerlos, pero no
debe ser una semi-obligación. Se trata de un trio en formación y triplemente
consentido…y que "en ésta" como en cualquier relación, las personas siempre
tenemos varias opciones (cuando menos dos, aceptar o no) y, escogemos la que más
nos atrae…

DESCRIPCIÓN DE LOS PERSONAJES

 

Rhut, es una chica de 29 años, simpática, de 1’72, castaña,
de ojos verdes, nariz fina, sus labios semejan un corazoncito… Su cuerpo es
prieto, de 55 kilos escasos,sus pechos son pequeños y un culo es duro y
respingón. Es una esclava en formación, extrordinariamente receptiva y muy
mimosa…

Anna, tiene 23 años, 1’68, 52 kg y viste muy provocativa…
Usa tejanos y faldas super ajustadas, mini top y blusa que transparentan, y se
le adivina la ropa interior que lleva (con un suje y una tanga color azul
marino), le gusta que se le marque y se note el color de su vestido íntimo.

Es tan caliente, que si no ha estado con una amiga (le gustan
más las chicas), ha de masturbrse 2 o 3 veces, cosa que hace casi a diario. Ello
denota, que su vida amorosa no es plena y que está como aletargada a la
espera…

A veces incluso…, necesita tocarse despues de estar con
alguien; "últimamente, sus deseos se concretan, en la imagen de una chica en
concreto (en su prima y compañera de trabajo, en Rhut)".

SE siente rara, cuando SE TOCA. Sí pero necesita hacerlo,
poque NO HA SENTIDO antes lo SUFICIENTE. Y luego, pensando en RHUT NOTA SU
VACIARSE TAN RICO o si no puede engañarse con que con su sola presencia ya se
encienden todos los resortes de sus deseos…

Tubo que insistir, pero ha sido un acierto conseguir
compartir el despacho y tener su mesa junto a su "prima". Desde ese dia, el
placer le viene en ráfagas sorpresivamente, que ella quiere asirlas para
prolongar esos coletazos placidos y cuando ella la mira, el placer es más
intenso a la hora de saborearlo.

Cada día es más sensible y asume que és claramente bisexual,
con una marcada inclinación hacia las chichas. Tiene un fondo de sumisa
enmascarado, que esta brotando…

Yo, Kharlo, de 43 años, soy alto (1’74), delgado, ojos
azules, con una perilla, cabello rubio luciendo hondulado, llevo una nilla
redondeada en mi lobulo izquierdo…. Soy el que aporta la creación de
situaciones y encuentros maginativos y regulo la intensidad, realizo un
autocontrol y doy y recibo todo con ternura –como ha de ser–.

RESUMEN

Trabajando, sobre la mesa del despacho, ves como Anna acaba
su informe, y te mira con un "algo" de suplicante y ansiosa, de temerosa y de
entrega confiada. Es contradictorio, pero de esas cosas eres más consciente,
cuando sientes que las comentas conmigo Rhut.

Y ella, Annita, parece que cada vez, como que se situa y se
encaja más, en su papel de predisposición a la sumisión, se amolda en su manera
de ser, de actuar y en la espera.

Cada instante, se va conforma un algo más de ella y se su
emotividad ya se predispone a… algo (indefinible, pero que ella intuye). Ella,
de algún modo… ya espera activamente, porque sabe que lo que tiene que pasar,
va a pasar y pronto.

Ahora, Ana, asciende con su vista, furtivamente te mira, con
su vista, pero aún más con los ojos de su corazón, a ver las primeras
ensoñaciones y deseos que ha entrevisto y saboreado, desde la última vez, está
más agusto contigo…

Pero, su trayectoria es ser como tú misma Rhut, ser tambien
emoción y palpitación, ser de tú amo y tuya. Y tu la predispones….., la
acaramelas yle creas unos lazos afectivos. Tu mirada se adentra en ella, tus
miradas la motivan y la encienden, de modo semejante a como podrías hacerle con
tu mano.

Solo, que la mirada, te permite hacerla llamear, incluso
cuando hay más gente en la oficina, incluso delante de su padre… Y siembras,
en ella unos deseos que nunca intuyó vivir así, hasta que los vio reflejados en
tus ojos y en esa alegria, que pese a todo; incluso, pese a una parte de ella
misma, siente… cuando está junto a tí.

Es imperiosa, en tí Rhut, la necesidad se sentirla recibir
unas nalgadas y, constatar si arraigan en ella, esas sensaciones y si le suenan
tan bien como en tus muslos y en tus cachetatas.

Quieres que su universo, sea absorvido por el nuestro y esa
necesidad, de tener una hermana sumisa, es tan física. Deseas, alguien de tu
mismo sentir, regalarle eso a tú amo…; y tener también algún dominio sobre
ella, por es bien caliente, y una zorra… (por eso está en tus manos).

Y quieres ver como él –Kharlo- la educa, como la prepara y
como luego puedes tener una igual a tí misma (igual pero, a veces sera sumisa
tuya, como dijo Kharlo).

Tu amo, es alguien capaz de entenderte, en todas tus facetas
y necesitas tenerla sintiendo como sientes tú misma, cuando éstas con él (bueno,
no puede ser tan intenso, pero te relames, con sentirla asi ofrecida).

Tambien; quieres ver que le hace Kharlo, y ser cogida frente
a ella, caléntandola y dejarla ansiosa… Tiene que desear más, y tener ganas de
morirse entre esas nuevas sensaciones, como pasa a tí…

Hace dias que trabajas sobre su carácter, disminuyéndo sus
seguridades.. y haciéndole vivir nuevas emociones, haciéndole pequeñas
humillaciones y excitando su existencia. Son pequeñas cosas que, siendo
sencillas en sí mismas, van rompiéndole sus rutinas.

 

Cada instante, compartido con Anna, ves que ella se va
conformando alguna faceta más de ella. Su emotividad, ya se le predispone a…
algo indefinible, que ella intuye.

Tu prima, aguarda activamente, dialogando contigo y con ella
misma, porque sabe percibir lo que su cuerpo y su mente le demandan… Y
necesita que, lo que tiene que pasarle, le pase pronto.

Y, su destino es ser como tú, Rhut, ser toda emoción y
palpitación…. Ser, sumisa de tú amo, és un premio y tu desde hace días que la
predispones….., le tiendes unos lazos afectivos, y ves como calas dentro de
ella, con los filamentos sensuales, cual si la acariciras con tu mano (caricias
que por cierto, también le das sensualidad aunque espaciadamente).

Y la siembras, de unos deseos que ella intuyó, hasta que los
vio reflejados en tus ojos y en tu alegria…

Rhut, tu prima empieza a saber lo que és el placer y el
estrés emocional, amorosamente entrelazados. Y formando, una misma figura con
dos caras y que ahora además se le presenta en dos personas…

Ella al principio, sólo se fijo en tí (su adorada prima),
pero cuando os quedais solitas y juntas en la oficina…. Esa tarde luego de
haberse marchado todos. Se derritió… Sentía como algo grande, crecía y se
mecía dentro de ella, y luego le brotaba, no solo de sus senos, de su vientre,
de sus labios y de su intimadad palpitante y vibrando.

Toda su piel, y su mente vibraban, en una sensación total y
arrebatadora, de ir creciendo y elevándose, hasta ponerse punto en todo y cada
uno de sus poros y en cada pliegue de su piel, en cada rincon de su cabecita…
En toda ella…

Tu prima, está tan colada, por tí y por ésta nueva situación
y tan pillada (no sólo por lo que sabes –su sexualidad, su gusto por tomar
bebida y colocarse con coca).

Y recuerda las lineas, del polvo de coca, paralelamente
alineadas, encima del papel de plata. Su amiga, si cabe esa tal í‰lvira –cien
veces más zángana que ella- que, estaba relamiéndose un dedo, mismamente en la
boca, saboreando ese polvillo. Anna, tenía enrollado un billete, azul, sería de
20 euros, improvisando un cilindro, un canutillo tubular y, lo sostenía
presurosa, para aspirar y darse un instantaneo subidón…( que, se le cayó, al
verte a tí, in fraganti… sorprenderlas).

Es que Anna, está deseosa de sentir tu piel, y de vivir
aquello que sientes con tú amigo Kharlo…, tu amo. Eso, no la abandona –ni de
día, ni de noche-, ya nunca sintió, ni de forma remota esas pulsiones y ese
darse tan tan intensamente….

Mi amor, Rhut, tú mi vida la pones nervios si te la quedas
mirando fijamente; entonces su ansiedad la domina… -como yo te domino a tí-.
Tú, cariño, la vas domando lentamente, las prisas son contraproducentes (en
todas las cosas importantes).

LA DOMA DE UNA PRIMA

Y varios dias a la semana, despues de que se han ido el
resto… de los compañeros, os quedais sólas las dos, es cuando puedes acelerar
la doma de ese guarrilla, que desimulaba sus ansias…

Y la tienes muy acostumbrada, a aceptar como le tocas las
nalgas y a arrodillarse delante tuyo, con la puerta del despacho cerrada…

También, acepta entrar contigo al lavabo y tocarse mientras
tu haces chis…., notas que se excita y la hices ponerse de rodillas, para
lamer las últimas gostas, de entre tu cucha, cual si fuera una perrita.

Se derrite, esa contadas veces, que dejas que te lama la
anilla de tu pezón izquierdo, volviéndose a acariciarse ansiosamente, y se toca
con grandes ganas ve correrse, mientras sigue con esas lamidas, y se dá unos
toques en su concha húmeda, mientras te mira a los ojos…, tus ojos siempre
incendiaron su sensualidad.

Tú le administras unas nalgadas, teniéndola con su pantalón
desabrochado, bajado y situado a la altura de las rodillas; se calienta, hasta
que arqueándose y se te viene…, apoyándose en tí.

Otras ocasiones, cambias tus preferencias y la llamas para
que entre contigo y se baje el suje…. Lo hace y solícita ya sabe lo que sigue,
ha de estirarse de los pezones, eso lo lograste enseguida, al poco de verla con
aquella chica.

Tú, le gustabas mucho Rhut y por eso era tan descarada
contigo, para provocarte y para que te fijases en ella. La haces que, a sola
tenga que llamarte jefa, y que se coloque de cara a la pared; luego ha de
descubrirse las nalgas, y moverlas como una puta… (eso dentro del despacho,
candado).

Casi no puede disimular la tensión, y la angustia –en esos
momentos-. Pero, su mirada, además de eso refleja tambien el deseo y las ganas
de que la cojas…, de poder lamerte los pies, tus muslos y tus senos…. (lo de
lamer tu coñito goteante, solo a sido un par de veces… y no cree tener derecho
a eso…).

Y, cuando la notas a puntito…, te acercas y, estando ella
con esos primeros temblores, la haces ponerse de frente y le liberas los senos,
desabrochando su blusa, o bajándole el top…

Y así, te pones a masturbarle sus pezones, que ya estan tan
parados y la haces que mire al suelo; pero ella primero te mira los pies, y va
subiendo hasta tu intimidad. La dejas que, se fije en eso y asi se te viene…..

ESTA TARDE 10-10-2003

Sabeis, que Kharlo va a venir esta tarde. Te he llamado al
móvil y he dicho que vendría a traerte una carta para tú padre. Tú Rhut,
evidentemente me contestas que no está, pero que os quedareis un rato, hasta que
venga, y que luego podemos ir a cenar… Que estás, con tu compañera de
despacho, con Anna, acabareis un informe y con eso habra tiempo suficiente….

Te contesto, que aproveches para calentar a tú "amiga", que
quiero que empieces a humedecerla, y tu la miras. Con el movil en la mano la
repasas, y te fijas en como se empieza a poner nerviosa… Tal vez, intuye la
proximidad de se iniciada….

El sentirme, con la doble significación de lo dicho y lo que
implica, te excitas. Y empieza a latir tu sensualidad. Haciéndose imperiosa, la
necesidad de unas nalgadas y, constatar si Anna actuará sin que tú se lo
demandes.

Ante ella, te acaricias tus muslos y en tus cachetatas.
Quieres, que su universo sea absorvido por el nuestro y es palpablemente física,
esa necesidad de tener una hermana sumisa, alguien de tu mismo sentir y,
regalarle eso a tú amo…

Y quieres ver como él la educa, como la prepara y como luego
puedes tener una igual a tí misma, alguien capaz de entender, pero entender
sintiendo como sientes tú misma; pues el entender sentido, es mucho más completo
y real….

Tanto te pone eso y al ver como se le marcan los pezoncilles
a Anna que, confiadamente, te encaminas presurosa al cuarto de aseo y te haces
sentir tus propias manos, dándote cachetas a tí misma, imitando a Kharlo. Das
impulsos ágiles y bien fuertes, te autoexcitas y tristemente reconoces que…,
tus manos no son las de tu Amo.

Y sientes curiosidad, ¿ como será Kharlo con otra chica, como
se comportará?. Y como sería si Anna participase y, se convierte también en una
esclava…

Y todo eso tú lo imaginas en la oscuridad del departamento
del baño, sin dar el interruptor, porque así lo intuyes materializándose, y
sientes que el és el que te masturba y da contornos mágicos anticipados a los
futuros nuevos encuentros. ¿Que nuevas cosas se le ocurriran, a tu Amo?

Y, nuevamente, tus dedos, se te escurren entre tus pliegues,
e imaginas que, es… el valano de tu amo…. Aaaggggghhhhhhh, diossssss.

Te, hundes los dedos, en tu valle de amor rociado por tú
deseo. E imaginas que, pronto –si todo va según lo previsto-, como serán los
juegos y las largas… noches, a tres bandas, si convencemos a Anna.

Ella, Anna, también se ofrecerá, con su conchita abierta, y
con sus talones rozando espoleando sobre la sábana que cubre el colchón y con
sus dedos y uñas arañando las sabanas; sintiendo sus piernas tensarse y sus
muslos y nalgas dando compases de cogida se excitan con ese roce….

Sabes que Anna, sueña contigo, y ahora tambien fantasea con
Kharlo, como por imitación a tí, porque ella dice que tu objeto de deseo debe
ser algo codiciable, y ella incluso te sigue, cuando despues de una llamada, ve
como te diriges con el móvil al baño.

Rhut, tu crees, bueno estás segura de que ella viene en estos
precisos momentos para espiarte y para darse placer, bien cerca tuyo…. Está
totalmente encoñada contigo. Y en la oscuridad del departamento, sientes que
entre una mínima claridad –se se filtra bajo la puerta-.

Ella no hace ruido, porque Annita se ha descalzado y abre con
cuidado la puerta y la ajusta, notas una mí¬nima expresión de ruido, sólo
perceptible porque estabas muy pendiente…, de ese tipo de detalles…

 

Todo eso aflora, junto con el el bripppp, briipppp,
briippppp… de tu mólil. Conmoción y esperanza, complicidad y en el juego….
Las campanas de tu corazón repican y te anuncian que estoy cerca… Aunque no
tanto como Anna, que está pegadita a la pared y seguro que con una mano bajo su
tanga…, se se calienta enseguida, eso lo sabes… bien.

í‰s, solo una llamada perdida en que, te anuncio los
preliminares de lo inesperado, es el pistoletazo de salida, para el próximo
desborde de sentimientros y de sensualidad. Jejeje, seguro que, Anita… está
esforzándose en oir la conversación.

Anna, nos gusta a ambos y ella siente atracción, pero le dá
una sensación de enorme vertigo, el dar el salto, para pasar de esa orilla… a
la de lo desconocido.

No, no podíamos dejar de hacer éste tipo de travesuras,
juntos. Deseas sentir mi proximidad, de esa forma que te pone exacevadamente
nerviosa y a la par tu sensualidad se concentra entre los pliegues de tu
intimidad y, tu minitanga se te humedece y se extiende gradualmente.

Esa situación, en sí misma te excita crecientemente –cosa
parecida le sucede a Anna-. Es la proximidad con ella, saber que estarás conmigo
y deslizar tus dedos en tí misma. No sabes, como será todo, hasta que nos
encajemos los tres.

Rhut, se que te expones, pero es una tentación demasiado
fuerte, que trae el destino, eso te produce una subida de adrenalina y una
afluencia de humedad entre tus dedos. Sabes que no puedes correrte, pero sí
puedes acariciarte…, para que un eventual encuentro, con Anna –bastante
probale- sea más intensamente vivido por ella.

Es, esa misma situación, la que en sí misma te excita. Y la
proximidad con ella, conmigo y contigo misma. No sabes como será hasta que nos
encajemos los tres. Rhut, bien sabes lo mucho que te expones, pero es una
tentación al destino, la que te produce tanta adrenalina.

Se aceleran, las pulsiones y aumentan exponencialmente tus
feromonas y las endorfinas, circulando por tu flujo sanguineo y igualmente se
acelera el ritmo cardíaco. Eso debilita tus temores, te sumerges gustosa en la
emoción.

Anna, con su manita ha aflojado sus jins elástico y se han
colado dentro del tanga, y se ha frotado rapido. No sabe cuando durará, su
libertad y sus dedos se afanan en entrar y salir. Ella ya llevaba un rato,
húmeda. Desde que Rhut le doy cuatro nalgadas, dos en cada cacheta y le estiro
del tanga…. Se le ha metido, la tira entre el surquito de las nalgas y entre
sus labios…. y ella ha sentido eso, sin ganas de sacar nada…

Al principio, ese tipo de cosas le molestaron, pero no quiere
engañarse, sabe que a su prima, le va a dejar hacer lo que ella quiera. Y cuando
la toca, es superior a todo lo que ha conocido… Si hasta, luego en la
oscuridad de su habitación, se afana en recordar esos detalles y se viene como
nunca antes….

En ese momento, Rhut se ha sentado, y con pantalón y
mini-tanga bajados empieza a hacer chis… diosssssss Anna, se vuelve loca… Se
sienta en la taza, del wc, y empieza a darse estirones de un labio, del derecho,
mientras se hunde 3 dedos de golpe y se muerde, el labio inferior de la boca…
Que ahora, siiiiii…… lle viene un orgasmo de órdago que, rompe las últimas
barreras de su disimulo, a fuerza sadudidas de deseos y del deseo de vencer esas
represiones. Desearía ser lamida, o poder lamerle a Rhut su cuchita… como esas
dos veces….

Aaaaaaaaaaaaahhhhhhhhhhhh, se ha cojido de su capuchón y se
lo sacude como si fuera una pijita, y se le va endureciendo… Rapidamente, es
tan fuerte lo que siente…. que va a concentrarse en tocarse el clito, y curvar
otros 2 dedos, de la otra mano, por la parte anterior, como si quisiera
perforarse, para conectar con su clito. Ah, es una zonaaaaaaa
superrrrrrrrrrrrrrrrrr sensibleeeeeeeeeeee

Anna-Rhuttttttt, afffffffffggggggggg, te quierooooooooo. (lo
dice con sus labios, pero sin hacer ruido….).

Suena el móvil:

Kharlo:¿Cariño, estás en el lavabo?

Rhut: Si.

Kharlo:¿Ha entrado ella, está cerca…?

Rhut:Si.

Kharlo:Cariño… ¡Sube el volumen de voz y pon alto el móvil,
para que ella lo pueda oir…! Cuando esté alto escucha, y al final di ya….
¡te espero…! Entiendes…..

Rhut: Si.

Kharlo: A Rhut, le encantaría sentirse lamida, tal como se lo
haces tú Anna. En su initimidad, siente como sus flujos ya se le escapan, por
los bordes de sus yemas. Ella te dejará entrar, pero has de llamar a la
puerta…

En medio, de este silencio se oye todo, ambas dudan y
desean…. Finalmente se sinceran…. consigo mismas primero, … Sé, que tendré
que esperar un poco…

Finalmente, se dicen que no les importa, que seamos tres en
el tema y que mi intervención, desencadena, la manifestación de sus ganas de
compartir su placer, no… cuando les llega un placer tan intenso…

Rhut: ¡te espero…! Os espero….

Kharlo: Sácate la bragui… o el tanga (no puedo adivinar que
es un minitanga). Tampoco voy a hacer que se violente…, hablando tanto, de ese
tipo de cosas y en una fase tan inicial de la seducción de Anna…

Enrróllalo y te lo introduces en tu raja…, empújalo bien
dentro… Con el dentro, me dirás cuando estés dispuesta y cuenta hasta 100.
Luego, súbete el jin…y espérame… Y no le digas nada a Anna. Si no ha venido,
ignórala….

Rhut: se levanta, a quitar el pasador de la puerta, eso se
oye…. y se enrolla, su minitanga…. Lo estás hundiendo, y se oye… abrir la
otra puerta…. y…

Anna: Toc, toc…. Pu…, pue…., puedo…, pasar…. por
favor…. Rhut…

Es la vanguardia, de una ola confianza, de entrega y de
sensualidad compartida…, que siente chispear, entre temblores Anna cierra y se
apoya contra la puerta y que intimamente la cruzan miriadas de escalofrios, se
esta desbordando y ha renunciado a todo. Así ante su objeto de amor, ante ella
se baja su pantalón y empieza a acariciarse, ante ella….

SUS MIRADAS SE electrizan…, y se comparten, así….

 

(continuará)

 

Si os ha gustado, me siento feliz. Y me agradará que lo
voteis…., amigos. Gracias.

Kharlo

 

Resumen del relato:

    El dolor, medio y fin

    El dolor, medio y fin (20)

    El aire estaba enrarecido en el sótano, reconvertido en
    calabozo para prácticas sadomasoquistas unos meses antes.


    Siguiente. – ordenó una voz masculina, del otro lado de
    la puerta que daba acceso a la sala principal de torturas.


    Ada se estremeció, pero no tanto por la humedad reinante como
    por el hecho inexorable de que después le tocaba a ella. Miró a su amo,
    intentando transmitirle sus temores y a la vez ser consolada.


    Tranquila. Después de este trámite todo será mucho más
    sencillo. –

    Sí amo. –

    A partir del momento en que salgamos de esa habitación,
    todo dependerá de mí. ¿De acuerdo? –


    Ada había respondido más de una decena de veces a esa
    pregunta. Al principio contestaba que sí sólo por complacer a su íšnico Dueño,
    pero con el tiempo, tras reflexionar sobre el significado del evento que estaba
    a punto de producirse, comprendió que ella deseaba aquello por propia voluntad.


    Siguiente. –

    Nos toca.-


    Ada espero a que su amo se levantara para seguirle. Pero tuvo
    una duda. Cuando él iba a franquear la puerta, se volvió y la miró. Se hizo
    después a un lado, invitándola a entrar primero. Entendió en la situación un
    simbólico ultimátum. Se le ofrecía la libertad, el renunciar a la esclavitud
    permanente y escapar a la sociedad mundana.

    Suspiró, recordando todos los momentos, los buenos y los
    difíciles, que había experimentado desde que era una sumisa. Calibró los pros,
    los contras y todos los detalles relevantes que pudieran ayudarla a tomar la
    decisión. Pero lo único quela espoleó hacia delante fue la sonrisa de su amo.
    Una sonrisa de amor, de felicidad. No podía defraudarle a él. Ni podía
    defraudarse a ella misma.


    Bienvenida. –


    La sala era pequeña, y la iluminación estaba pensada para que
    sólo destacara de entre las sombras el potro. Los ojos de Ada se posaron en él,
    hipnotizados por el objeto. Allí iba a ser escrito su destino.


    Desnúdate. –


    La orden provenía de un varón fornido que emergió de entre la
    penumbra. Ada contuvo el aliento mientras aquel hombre le ayudaba a despojarse
    de la gabardina. Fue la única prenda que se quitó. Debajo del abrigo iba por
    completo desnuda.

    Sólo un reflejo blanco particularmente intenso indicaba la
    presencia de un anillo de plata en el dedo anular de la mano izquierda. Su
    anillo de compromiso con el mundo de la sumisión.


    Súbete. – dijo el hombre después de examinarla, señalando
    el potro. Ada obedeció.


    El travesaño central del caballete estaba cortado con forma
    de triángulo. La vagina de Ada se abrió y los labios reposaron en caras
    diferentes del prisma. No era un lugar cómodo. Estaba húmedo del sudor y jugos
    de las que la habían precedido.

    El hombre tomó una mordaza, pero cuando iba a colocarla, el
    amo le disuadió.


    Ada ha sido bien entrenada. Aguantará sin gritar. –


    Ada se asustó, aunque sólo se dio cuenta de ello cuando el
    sudor hizo resbalar más de lo acostumbrado las correas que la ligaron al potro
    en una incómoda postura. Gimió.


    Preparada. – informó el encargado.


    Las muñecas de Ada estaban atenazadas por muñequeras negras
    unidas entre sí, pero los brazos habían sido inmovilizados con varias vueltas de
    cuerda y dos firmes nudos. Ambos muslos estaban adornados con unas bandas
    cerradas con hebillas, pero su función no era puramente ornamental, pues de
    ellas partían dos delgadas cadenitas, muy tensas, que terminaban en dos
    tobilleras de diseño mas bien simple.

    Ada se dio cuenta de lo excitado que estaba el Amo. Su pene
    era más que un bulto una amenaza velada bajo el pantalón.


    Termine cuanto antes, que esta cerda ya va a recibir su
    merecido. –

    Sí. – se limitó a contestar el otro hombre.


    Un soplete se encendió y Ada vio por fin el hierro con que
    iba a ser marcada. Una filigrana forjada específicamente para ella. No sabía que
    unas semanas antes su Señor la había encargado a un artesano.

    El hierro fue puesto sobre la azulada llama. Ada, fascinada,
    sentía el calor del fuego, casi como si ya estuviera invadiendo su piel. El
    metal se puso incandescente pronto. Era el momento.

    El Amo sabía la tensión que en ese mismo momento pasaba su
    sumisa y la reconfortó. La acarició el cuello, retirando el pelo, rojo, casi
    tanto como el fuego.

    La primera sensación fue un pinchazo, pero pronto el dolor de
    la quemadura se extendió. Ada contrajo los músculos y apretó los dientes. El
    sufrimiento no cesó, sino que aumentó. La letra de fuego se aplastó contra la
    nalga pálida y la marcó con la firma, indeleble, permanente.

    Ada, buscando dejar atrás un pasado de mediocridad, encontró
    en la esclavitud de por vida todo lo que el sexo, el amor y la felicidad pueden
    ofrecer. El precio fue una minúscula letra, la H, la inicial de su Amo, de todo
    su universo.

     

    Resumen del relato:
      Sobre el potro, una esclava elige servir por siempre a su amo. El fuego sanciona su decisión.

    Las Tres Velas

    Las Tres Velas (20)

    Las Tres Velas

    Graciela era una mujer de unos treinta y ocho años de piel
    morena y delgada, ya había pasado por el quirófano para arreglarse los pechos y
    las caderas, quitándose lo que se llaman las pistoleras, su pelo era liso de
    color castaño y le llegaba hasta la altura de sus hombros. Tenía ojos verdes y
    unas pestañas enormes que junto con sus labios carnosos, también rellenados con
    silicona, daba la imagen de una mujer impresionante pero que se le notaba que ya
    estaba de vuelta de todo.

    Había quedado con ella en una cafetería de mala muerte, en
    una de las calles más escondidas de la ciudad, era de esas cafeterías donde sólo
    hay personas de avanzada edad apoyadas en la barra bebiéndose una taza de
    riveiro, y donde la jefa pasaba ya de los sesenta, bastante entrada en kilos y
    sin apenas espíritu de vida. El olor del sitio era bastante repugnante ya que se
    mezclaba el olor del riveiro derramado en el suelo y en la barra junto con el
    cocido gallego que se recalentaba para el menú del día.

    Treinta minutos después de la hora determinada, llegué al
    local, el retraso fue predeterminado, ya que mi pretensión es que se sintiera
    sóla y se viese observada por los vejestorios borrachos del lugar. Para la cita,
    le había dicho que viniese con una blusa negra desabrochada hasta el tercer
    botón de forma que se dejase ver todo su canalillo y parte de sus tetas las
    cuales no llevarían puesto el sujetador. Además, le insistí, en que se pusiese
    una falda holgada que le llegase hasta las rodillas y que no se pusiera bragas,
    ya que le había ordenado que al sentarse se levantase la falda para que su culo
    tocase directamente con aquella silla fría de madera. Me fui a la barra y pedí
    una taza de vino, desde allí, le hice una señal para que se acercase y
    metiéndole una mano en el culo por debajo de su falda, y apretándoselo todo lo
    que podía, sin decirle una palabra le hice beberse de un solo trago todo el vino
    haciendo que este rebosase de su boca y callese por el canalillo de sus tetas,
    le llamé puta y le di un bofetón por dejar derramar el vino, la agarré del
    cuello y la lleve hacia donde estaba un viejo y le pedí que le lamiese todo el
    líquido que había derrochado y para facilitarle el trabajo le desabroche la
    blusa hasta que tuvo al descubierto sus tetas de silicona. Aquel viejo,
    borracho, dejo caer su cara sobre las tetas de ella y sacando su lengua la babó
    entera mientras yo la mantenía agarrada de los pelos tirando su cabeza hacia
    atrás.

    Al llegar a mi piso le ordené que se desnudara y que se
    pusiese a cuatro patas y me siguiese. Me paré en la puerta del salón donde había
    colocado una barra de acero de un extremo al otro, la levanté por los pelos, le
    até las manos y la golgué de la barra haciendo que tuviese que estar de
    puntillas para tocar el suelo. La deje allí, alrededor de media hora, sóla, sin
    dirigirle ni una palabra, ni un gesto, con la advertencia de que si oía algún
    ruido que saliese por su boca la castigaría sin piedad.

    Volví con tres velas, una larga y fina y dos grandes y
    gruesas. Graciela, permanecía inmóvil y al verme llegar con ellas se asustó pero
    no dijo nada, cogí una de las velas gruesas y comencé poco a poco a metersela en
    su coño, que estaba totalmente húmedo, al principio parecía que no entraba pero
    debido al calor que desprendía su sexo la vela se iba poco a poco adaptando e
    introduciéndose cada vez mas y mas, ella no hacia mas que jadear, cuando
    comprobé que ya estaba prácticamente dentro, encendí la vela fina y larga y
    empecé a dejar caer su cera por sus pezones primero uno y luego otro hasta que
    estuvieran cubiertos de cera. Le abrí su boca, he hice que la mantuviese
    agarrada con sus dientes mientras la cera le seguía cayendo por todo su cuerpo.
    Entonces, cogí la otra vela gruesa y después de untarla con grasa se la empecé a
    meter por todo su culo, poco a poco para sacarla de vez en cuando de golpe y
    meterla otra vez de un solo impulso.

    Así estaba Graciela, colgada de la barra, de puntillas y con
    una vela en cada orificio de su cuerpo y llena de cera caliente en sus tetas.
    Fue entonces, cuando agarrando el cinturón comencé suavemente a pegarle
    latigazos en su espalda, nalgas y barriga. Mi excitación iba en aumento y cada
    vez le dama mas y mas fuerte, fue en ese instante que de golpe le quite la vela
    del culo y del coño provocando en ella un grito de extasis que hizo que me
    corriese inmediatamente. La desaté, y le obligué a que me limpiase toda mi
    polla. La besé tiernamente en los labios y la despedí.

    Saludos cordiales, comentarios al correo.

     

    Resumen del relato:
      Las velas no son solo para iluminar.

    Soy tu dolor

    Soy tu dolor (20)

    SOY TU DOLOR

    Soy tu dolor. No soy tu primer dolor pero si seré tu próximo
    dolor. Mírame a la cara. Mira mis ojos negros, intenta adivinar mis intenciones
    escondidas detrás de esta expresión. A veces veo en tu cara algo que podría
    definir como miedo y rabia.

    Cuando hables conmigo quiero esa expresión permanente en tu
    rostro. Y si no la veo, te juro por lo más sagrado que haré que aflore. Me
    cueste lo que me cueste. Soy tu próximo dolor. Aprende eso. Dolor físico. Dolor
    psíquico. Veo tu cuerpo, eres alta y proporcionada. Tus pechos son grandes y
    caen de manera quizás no demasiado estética pero perfecta para mis intenciones.
    Perfecta para pinzar tus pechos por sus bordes hasta que supliques que pare.
    Perfectos pechos para tu próximo dolor. Entonces te preguntas porque haces lo
    que haces. Te preguntas por que. Una y otra vez. No me lo preguntes a mí. Yo no
    tengo la respuesta.

    Solo te utilizaré para mí placer y si de ello consigues la
    respuesta, entonces me alegraré. Pero yo no voy a proporcionarte ninguna
    respuesta. Solo soy tu dolor. Soy tu miedo. Soy tus deseos insatisfechos y
    también los satisfechos. Soy el que te penetrará por todos tus agujeros mientras
    tu, inmovilizada en la cama y con la cara pegada a las sabanas, intentas
    respirar e interpretar ese dolor. Ese momento. Es cuando te preguntas si
    verdaderamente vale la pena sufrir para encontrar el sentido a tantas y tantas
    cosas. Tu vida cambia constantemente, a cada Amo que se cruza por tu camino.

    Unos son aquello que deseas pero desaparecen. Otros son
    simplemente mediocridades y tu les haces desaparecer. Tú no eres responsable de
    sus actos. Eso es lo que mas te gusta, abandonarte a un desconocido. Pero yo no
    soy un desconocido. Yo soy tu dolor. Yo soy tus miedos más profundos. Yo soy la
    persona capaz de fabricarte una imagen perfecta de ti misma.

    Yo soy tu espejo. Mira tu reflejo en mí e intenta comprender
    lo que eres. Te miro, miro tu cuerpo semidesnudo, observo la expresión de tu
    cara en la foto que me has enviado. Sabes que soy tu próximo dolor. No te
    engañes. Será mañana, la semana que viene, el mes que viene o quizás el año que
    viene. Pero será. Y cuando suceda tu interpretarás ese dolor. Cuando eso suceda
    no me preguntes que significa. Estaré demasiado ocupado jugando con tu cuerpo,
    proporcionándome placer con tu cuerpo. Mi placer. Tu dolor.

    Quizás creas que mi postura es la más cómoda. Yo en cambio
    creo que tu postura es la más cómoda. Mírate, solo tienes que obedecer e
    interpretar. Interpretar mis órdenes e interpretar tus sentimientos cuando las
    ejecutas. Si te digo que me chupes la polla tu abrirás la boca y me harás la
    mamada de tu vida, lentamente, durante horas, aunque te duelan las mandíbulas,
    aunque te quedes sin saliva. Pero lo harás y durante todo ese tiempo pensarás en
    muchas cosas, por ejemplo que haces sentada en una silla, atada, con la polla de
    un desconocido dentro de tu boca.

    Para mi simplemente es una prueba, si me comes la polla de la
    manera que deseo te recompensaré con mi leche e incluso te permitiré que la
    tragues. Pero solo si lo haces bien. Te preguntarás que ganas tú con ello. Nada
    físico. Mi recompensa es física, tu recompensa es psíquica. Y no voy a darte mas
    pistas.

    Cuando estés maniatada en el suelo, mientras mis dedos se
    introducen en tu culo, sentirás que algo se rompe por dentro y harás auténticos
    esfuerzos por mantener tu dignidad y no regalarme ni una muestra de debilidad.
    Tu mirada será desafiante. Yo seré tu dolor. Tú serás mi instrumento. Cuando
    sientas las gotas de cera enfriarte en tu piel, tus ojos estarán tapados.

    No conocerás el lugar donde van a ir a parar las gotas. Pero
    esas gotas acompañadas de punzadas de dolor te ayudaran también a conocerte. Yo
    soy tu próximo dolor. Tú eres mi próximo instrumento. Interpreta todo esto y si
    eres inteligente hallarás la respuesta. ¿Qué puedes hacer por mí? Esa no es la
    pregunta. La pregunta es: ¿hasta donde voy a llegar contigo?

    -¿Qué puedo hacer por ti, amo? –me preguntarás.

    Mis actos hablaran por mi. Yo soy tu próximo dolor y la
    pregunta es: ¿hasta donde voy a llegar contigo?

    -Vamos a descubrirlo ahora, sumisa –te contestaré.

     

    Resumen del relato:
      Soy tu dolor. No soy tu primer dolor pero si seré tu próximo dolor.