Parodias | Tus Relatos Calientes - Part 2
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Sailor Moon: Un futuro diferente (III)

Sailor Moon: Un futuro diferente (III) (19)

La tarde había comenzado a caer cuando la familia Tzukino se preparaba
para abandonar el hotel y el "lago encantado". Todos estaba muy contentos
por aquel viaje, excepto Serena quien permanecía callada y renuente a
cualquier intento de hablar con ella. Por suerte nadie intento presionarla y
así pudieron salir sin incidentes. Cuando llego la hora de partir Serena
no pudo evitar mirar hacia el otro lado del lago, donde Ángel seguramente
disfrutaba del atardecer. Al darse cuenta de su debilidad Serena se puso furiosa
consigo misma y apresuro a la familia a marcharse.

El regreso transcurrió sin mayores sorpresas y casi a las 8pm llegaron
a su casa en la ciudad 10. Desde el tejado Luna los vio llegar y, con preocupación,
noto que la princesa de la luna no parecía más relajada que cuando
se marcharon. Pero tuvo que esperar a que ambas se quedaran a solas para poder
hablar con Serena.

-¿Estas bien?.-pregunto la gata apenas tuvo oportunidad.

-No quiero hablar de eso.-fue la única respuesta que Serena le dio. Durante
los siguientes días las cosas volvieron a la rutina normal. Levantarse,
ir a la escuela, regresar, hacer la tarea, etc. No obstante Serena seguía
muy confundida por lo ocurrido en el lago, el recuerdo de Ángel la perseguía
como un fantasma pero ella lo rechazaba con energía. Una mañana,
estando las calles aún estaba semidesiertas. salvo algunos estudiantes
y personas madrugadoras, Serena corría tratando de llegar a tiempo a
la preparatoria. De pronto, al pasar frente a un estrecho callejón, una
mano salió de la oscuridad y sin miramiento atrapo a la joven por el
brazo. Antes de que Serena pudiera hacer algo aquella mano la jalo dentro del
callejo, con tal fuerza que la chica perdió el equilibrio y cayo al piso.

-¡¿Qué le pasa?!.-grito la joven poniéndose de pie.
De inmediato sus ojos quedaron fijos en la silueta que le cerraba el paso. Le
tomo solo unos segundos reconocer aquella figura, alta y delgada, portando un
impecable uniforme de chofer; y esos ojos verdes que brillaban como los de una
pantera.

-¡Jessi!.- exclamó Serena mirando incrédula a la chofer.
Un escalofrío le corrió por la espalda y sin pensarlo intento
correr hacia el otro lado del callejón. Pero apenas había avanzado
un par de metros se dio cuenta de que otra figura la esperaba en esa dirección.
El corazón de la princesa comenzó a latir con fuerza al reconocer
esa magnifica figura, esa larga cabellera oscura como la misma noche que resaltaba
la palidez del hermoso rostro que enmarcaba; y eso ojos de oro liquido que la
miraban con tal firmeza que la joven sintió que las fuerzas la abandonaban.
-¡Ángel!.- dijo Serena al tiempo que retrocedía.-¿Qué
hacen aquí?… ¿Qué quieren?…- la mujer no le contesto,
simplemente avanzó hacia ella, disfrutando del temor y la sorpresa de
la joven rubia.

Serena siguió retrocediendo, con la vista fija en aquella mujer extraña,
hasta que se tropezó con Jessi, quien la sujeto de las muñecas
dejándola indefensa; la princesa intento liberarse pero la chofer era
demasiado fuerte.-¡Suéltenme!… ¡No pueden hacerme esto!…
¡Déjenme ir!… ¡Auxilio!…- Ángel llego junto a
las dos chicas y miro con fastidio a Serena quien no dejaba de gritar.- ¡Silencio!.-
dijo con firmeza la mujer al tiempo que cruzaba el rostro de la princesa con
un fuerte bofetada para luego volverla a golpear con el revez de la mano. Serena
quedo en silencio, sintiendo que sus mejillas le ardían a causa de los
golpes. Sus ojos azules se llenaron de lagrimas y comenzó a llorar como
una niña asustada.

Sin darle tiempo a nada Ángel tomo la cabeza de Serena entre sus manos
y levantándola beso los labios temblorosos de la joven. La princesa sintió
que sus mejillas le ardían más aún a causa del rubor.

-No.-murmuro Serena mientras intentaba desesperadamente evitar el contacto de
aquella boca roja como la sangre fresca. Pero aquellos ojos la tenían
atrapada, con mucha más fuerza que las manos oscuras de la chofer, y
cuando Ángel dejo que su lengua acariciara los labios cerrados de la
princesa estos se abrieron obedeciendo una voluntad más fuerte que la
de su dueña. Serena sintió como su corazón emprendía
un galope casi doloroso dentro de su pecho, al tiempo que su lengua salía
a recibir a aquel intruso, no como a un invasor sino como a un amo. El cuerpo
de la princesa pareció volverse de piedra, cada músculo y nervio
estaban dormidos, incapaces de responder de hacer algo más que mantenías
a la joven de pie.

Suavemente Ángel se separo de Serena y contemplo el bello rostro de su
víctima, lánguido y temeroso, mientras sonreía cruelmente.
Luego comenzó a acercarse de nuevo, muy lentamente tanto que el tiempo
pareció quedar congelado. Serena la miraba con los ojos muy abierto,
era como ver a la muerte descendiendo sobre ella pero al mismo tiempo una parte
de ella la anhelaba, la esperaba con ansia desde el día de su separación.
Ángel se detuvo a unos centímetros de Serena, dejando que su aliento
frío embriagara los sentidos de la princesa, entonces los párpados
de Serena se cerraron y sus labios temblorosos se lanzaron en busca de los de
Ángel.

Más tarde un estudiante retrazado intento cortar camino por el callejón,
mientras corría su pie tropezó con algo y cayo al suelo.-¡Diablos!.-dijo
mientras se levantaba y sacudía la tierra de su uniforme. Al buscar la
causa de aquel desaguisado sus ojos encontraron una portafolios tirado en el
lugar.

Cuando Serena abrió los ojos estaba sola en una gran habitación,
amueblada al más puro estilo europeo, con pesados muebles de madera,
grandes cuadros adornando las paredes y estatuas sosteniendo relojes o lámparas.
Pero lo que mas le llamo la atención fue el gran espejo que en un marco
dorado dominaba toda la habitación La princesa sentía la cabeza
adolorida, como si hubiera dormido años enteros, lentamente se levanto
y miro de nuevo a su alrededor. Lo último que recordaba eran los labios
ardientes de Ángel sobre su boca. ¿Acaso se había desmayado
por un beso? Aún a ella le pareció ridícula la idea. Pero
antes de que pudiera pensar más en ello la puerta de la habitación
se abrió. Serena se estremeció esperando ver aparecer a Ángel
o a Jessi, pero para su sorpresa quien entro fue una misteriosa enmascarada.
Era una chica de su misma estatura, acaso de su misma edad, llevaba un ajustado
corsé que la hacia verse casi como una avispa, altas botas de cuero brillante
que le llegaban por encima de los muslos, sus pechos lucían libremente
por encima del corsé coronados por areolas rosadas. Pero su rostro estaba
totalmente cubierto por una pesada capucha negra, incluso sus ojos quedaban
ocultos tras dos lentes polarizados.

Serena retrocedió temerosa del aspecto de aquella aparición. Esta
última se limito a hacerle una reverencia y a señalarle una puerta
al otro lado de la habitación. Serena, tras dudarlo un momento, camino
hacia donde la enmascarada le indicaba, con mano temblorosa abrió la
pesada puerta de madera y descubrió que se trataba de un baño
de grandes dimensiones. Con todos sus aditamentos hechos en mármol blanco,
uno de ellos, una gran tina, rebosaba de agua caliente y perfumada.

Serena comprendió lo que se deseaba de ella, pero no estaba dispuesta
a ceder más esta vez.

-No lo haré.-dijo desafiante volviéndose hacía la enmascarada.-¡Lo
que quiero es irme a mi casa!-

La enmascarada no se movió ni respondió. Serena no esperaba esa
respuesta y desconcertada volvió a decir con mayor fuerza.- ¡QUIERO
IRME AHORA!.- misma respuesta. La princesa sintió un escalofrío
corriendo por su espalda, aquella indiferencia era más temible que si
la amenazaran o la golpearan para hacerla obedecer. La doncella vestida de negro
no se movía, solo la miraba fijamente con sus ojos de cristal. Serena
sintió que detrás de esos anteojos alguien la miraba con ternura.
Pero ella estaba decidida y con paso firme empezó a caminar hacia la
puerta de la habitación. A cada paso estaba atenta a las acciones de
la enmascarada, pero esta no se movió ni cuando ella paso a su lado.
Al llegar frente a la puerta, aun abierta, Serena no pudo evitar volverse para
mirar las espaldas de la sirvienta. Por detrás de la mascara le salía
una larga cabellera negra, no tan oscura como la de Ángel, sujeta en
una fuerte y gruesa trenza. La princesa tenia la sensación de que había
algo familiar en aquella chica, pero decidió que no tenia tiempo para
averiguarlo y dio un paso mas hacia afuera de la habitación. Mas cuando
estaba a unos centímetros de umbral una figura le cerro el paso.

-¿Así que sigues dando problemas?- Serena retrocedió asustada
al reconocer a Jessi quien la miraba con fiereza, pero no solo fue su mirada
lo que impresiono a la princesa sino el hecho de que su torso estaba desnudo
dejando ver unos senos pequeños y puntiagudos, cubiertos solamente por
los delgados tirantes que le sostenían los pantalones de su uniforme.
Aún llevaba puestas sus botas de negro charol dándole un aspecto
militar. Jessi entro a la habitación y con un movimiento de su pie cerro
la puerta a su espalda. La princesa comprendió que si quería escapar
tendría que pasar por encima de aquella mujer y entonces tomo una decisión.
Poco le importaba lo que pudiera pasar solo quería irse de aquel lugar.
Así que levanto la mano derecha y grito con todas sus fuerzas.

-¡POR EL PODER DEL CRISTAL LUNAR! ¡TRANSFORMACIÓN!.- de inmediato
el broche en su pecho comenzó a brillar y en segundos las ropas de la
chica cambiaron, gracias a delicadas bandas de seda que la iban vistiendo con
una nueva ropa. Al terminar la figura frente a Jessi tenia puesto un traje similar
al de un marino, con una falda corta y plisada de varios colores y unas grandes
alas de tela sujetas a su cintura. Ya transformada en Sailor Moon Serena se
sintió confiada y desafiante encaro a la chofer. -¡SOY UNA SAILOR
SCOUT QUE LUCHA POR EL AMOR Y LA JUSTICIA!… ¡SOY SAILOR MOON Y TE CASTIGARE
EN EL NOMBRE DE LA LUNA!…- sorprendentemente ni la enmascarada ni Jessi dieron
muestras de asombro, simplemente seguían en su lugar. Esa aptitud desconcertó
a Serena.

-¡Que interesante!.-dijo Jessi sin mayor emoción.-¿Pero
no crees que estamos perdiendo el tiempo?. Mi señora vendrá pronto
y tienes que arreglarte para ella.-

-¡NO LO HARÉ!.-respondió Serena.

-¡Entonces muéstrame que puedes hacer con ese ridículo disfraz!.-
Serena seguía sorprendida, esperaba que al verla transformada Jessi la
dejara ir sin problemas, pero no solo no parecía impresionada sino incluso
burlona ante la revelación de su identidad secreta. Sin embargo, la suerte
ya estaba echada y no le quedo mas remedio que atacar.-¡POR EL PODER DEL
HALO DE LA PRINCESA DE LA LUNA PLATEADA!.-un fuerte resplandor broto del cetro
lunar y por un momento todos quedaron cegados por la luz. Pero cuando esta se
disipo Serena miro sorprendida que Jessi había desaparecido. Aunque eso
significaba su libertad Serena se sintió mal por haber destruido a otro
ser viviente.

Un poco asustada miro a la enmascarada que seguía inmóvil en su
sitio.-Oye.-dijo la princesa acercándose a ella.-¿Por que no vienes
conmigo? ¡Veámonos de aquí!-

-¿Te vas tan pronto?.- Serena sintió que la sangre se congelaba
en sus venas al escuchar la voz de Jessi justo detrás de ella.- Pero
si ahora es mi turno de jugar.- dijo la chofer tomando en sus manos las largas
colas de cabello rubio de la princesa para tirar de ellas con tanta fuerza que
Sailor Moon tuvo que soltar su cetro y sujetar a su ver su cabellera para que
no se desprendiera de su cráneo. En un alarde de fuerza sobrehumana Jessi
lanzo a Serena por el aire y la estrello contra el duro piso de mármol.
Luego la mando de línea contra las paredes derribando varios de los cuadros
adosados en ella. Cuando al fin Jessi la soltó Sailor Moon fue a estrellarse
directamente contra una especie de mesa, colocada a mitad del cuarto, que se
mantuvo firme a pesar del impacto.

Sailor Moon quedo recargada sobre la mesa, adolorida por los golpes, nunca supo
en que momento Jessi apareció frente a ella y tomando sus muñecas
les coloco dos grilletes de oro que la dejaron indefensa.

-¡NOOOOOOO!- grito al tiempo que tiraba desesperadamente de las cadenas
que la inmovilizaban pero su esfuerzo fue en vano y solo le dio tiempo a Jessi
para repetir la operación, ahora con sus tobillos que sujeto del mismo
modo. Dejando a su victima con las piernas abiertas y el trasero levantado.
En ese momento Serena se dio cuenta de que no estaba sobre una mesa sino sobre
una especie de potro, similar a los que se usaban en su clase de gimnasia para
saltar, cuyas patas estaban firmemente sujetas al piso.

-Como lo pensé.-dijo Jessi colocada a espaldas de Serena.-No eres mas
que una inútil que se cree mucho. Pero yo voy a enseñarte a respetar
a mi señora.- por un momento se hizo un pesado silencio en la habitación,
interrumpido solamente por los jadeos de Serena que continuaba tirando de la
cadena que la aprisionaba. De pronto la joven se dio cuenta de que unas manos
extrañas tomaban violentamente los pliegues de su falda para tirar de
ella sin la menor consideración. El sonido de la tela al romperse provoco
un sentimiento de pánico en Serena quien se sintió totalmente
indefensa. Pero lo peor fue cuando sintió el aire sobre la piel de sus
nalgas, señal inequívoca de que Jessi, o la enmascarada, había
roto totalmente su traje de Sailor. Aun así Serena no dijo una palabra,
no quería darles el gusto de oírla suplicar, aunque le intrigaba
terriblemente saber que iba a pasar con ella. Como respondiendo a su pregunta
Jessi se paseo frente a ella riendo cruelmente mientras hacia círculos
en el aire con un fino látigo de cuero negro. Luego volvió a desaparecer
de la vista de la princesa. Serena comprendió lo que venia, un sudor
frió le corrió por todo el cuerpo y espero.

Al fin, por un momento que se le antojo eterno, el chasquido del látigo
rasgando de aire se dejo escuchar en la habitación al tiempo que un dolor
lacerante nacía en su trasero. Serena se estremeció pero apretó
los dientes con fuerza y cerro los ojos para resistir el castigo. Por varios
minutos aquella lucha singular se llevo a cabo, el brazo de Jessi no dejaba
de subir y bajar con fuerza dejando gruesas marcas en la suave piel de la princesa,
cuyas nalgas alcanzaron una tonalidad roja intensa. Curiosamente Jessi no parecía
contrariada por la resistencia de su victima, mas bien lucia divertida y expectante,
solo esperaba el momento propicio para actuar. Sorpresivamente dio un paso hacia
atrás y descargo un nuevo golpe, pero esta vez la trayectoria no lo llevo
sobre las nalgas de Serena, sino hacia el interior de sus muslo abiertos donde
la vara alcanzo los finos labios íntimos de la joven.

-¡AAAAAAYYYYYYY!.-grito Serena sorprendida por aquel cambio de objetivo.
Al primer golpe siguió otro y otro mas todos llegaba certeramente hasta
su sexo que no tardo en hincharse por la fuerza del ataque. -¡AAAAAYYYY!….
¡NOOOOOO!… ¡DETENTE!… ¡POR FAVOR!…. ¡YA NOOOO!….
¡YA NOOOOOOO!…-pero los gemidos y gritos de la princesa solo estimulaban
la crueldad de la mujer que la azotaba. -¡OH!.. ¿Acaso la niña
mala esta arrepentida?.-dijo Jessi disminuyendo un poco la fuerza de los golpes.
Sailor Moon lloraba inconsolablemente sobre el potro.-¡¿LO ESTA?!.-interrogo
de nuevo Jessi soltando un golpe fuerte.

-¡AY!… ¡SI!.-respondió Serena al sentir el látigo
sobre su carne.

-¡¿SI QUE?!-

-¡ESTOY ARREPENTIDA!.-

-¡¿Y QUE DEBE HACER UNA NIÑA MALA QUE SE ARREPIENTE?!.-pregunto
la chofer lanzando un nuevo golpe contra la intimidad de Sailor Moon. Esta dudo
por un momento pero su resistencia al dolor había llegado a su limite
y un golpe final la derroto.

-¡LO SIENTO!.-grito con las fuerzas que le quedaban antes de derrumbarse
sobre el potro. -¡NO VOLVERE A SER MALA!… ¡LO PROMETO!… ¡LO
PROMETO!…-Sailor Moon se derrumbo sobre el potro con el rostro encendido por
el dolor y la vergüenza de su derrota. A sus espaldas Jessi se acerco y
contemplo su obra, las delicadas nalgas de Serena lucían rojas y llenas
de verdugones mientras que su delicado sexo temblaba presa del ardor que la
golpiza le había infundido. Delicadamente la mujer dejo que sus dedos
tocaran la lacerada piel, provocando que su victima brincara por el dolor, tras
los dedos Jessi dejo que toda la palma de sus manos acariciaran la carne caliente,
deleitándose con los espasmos que su toque producía en Serena.
Doblada sobre el potro la princesa de la luna se percato de que su verdugo caía
de rodillas frente a su culo, luego sintió sus manos fuertes apartando
sus adoloridas nalgas y acercando su rostro hacia sus partes intimas.

-¡Mmmmuuuuuu!- gimió cuando la lengua de la mujer empezó
a deslizarse por entre sus destrozadas nalgas para hundirse lentamente entre
los pliegues de su ano, Serena sintió que su culo, caliente por la azotaina,
se abría libremente al paso de la húmeda lengua de Jessi cuyo
rastro de saliva se volvía una fuente de alivio al dolor. La chofer penetraba
cada vez mas profundo dentro se de victima, derribando toda la resistencia que
encontraba a su paso, mientras sus lagos dedos comenzaron a tocar los hinchados
labios de la vulva para abrirlos y encontrar el no menos hinchado clítoris
de Serena para frotarlo cada vez mas fuerte.

-¡Aaaaahhhh!…¡Aaaahhhhhh!…- gemía la princesa al tiempo
que su corazón le saltaba dentro el pecho como un conejo asustado. Sentía
que no podía respirar, que la cabeza le daba vueltas y que el calor que
tenia en el culo se iba extendiendo a todo su cuerpo. Serena no podía
entender como la misma persona que la había lastimado en forma tan cruel
ahora la aliviaba de aquella forma tan… ¿placentera?. Por un momento
experimento un sentimiento de culpa por rendirse de esa manera, pero ya no tenia
animo ni fuerza para resistirse. Inconscientemente relajo su esfínter
permitiendo que Jessi entrara cada vez mas en ella al tiempo que sus caderas
comenzaron un movimiento de suave vaivén que se acompasaba a las arremetidas
de la mujer. Mientras esa maldita lengua seguía hundiéndose implacable
en sus entrañas como una serpiente que no tenia fin provocándole
unas intensar cosquillas que la hacían estremecer, sus pezones respondían
endureciéndose cada vez que sus movimientos los frotaban contra el frió
cuero que cubría el potro.

De pronto la larga lengua de Jessi abandono el ojete de Serena para ser reemplazada
por uno de sus largos dedos. La mujer giro un poco para que su cabeza quedara
entre los muslos abiertos de la princesa donde al instante se concentro en lamer
y frotar los abultados labios íntimos y el palpitante clítoris.
-¡Aaaagggggg!… ¡Agggggg!.- gemía Serena moviendo cada vez
mas rápido las caderas contra el rostro de su victimaria. Pero el tormento
no había terminado para la princesa pues los dedos de Jessi no dejaban
de entrar por su fundamento, primero uno y luego otro hasta que los cinco dedos
estuvieron dentro, entonces empujo son firmeza toda su mano en aquel conducto
que tan cuidadosamente había lubricado. El efecto fue fulminante, las
delicadas paredes del ano protestaron haciendo que un nuevo dolor sacudiera
el cuerpo de Serena, mientras un sudor frió le corría por la espalda,
al tiempo que una espantosa sensación de incomodidad la azotaba. Y lo
peor era que cualquier movimiento solo permitía que aquel invasor se
hundiera mas dentro de ella.

-¡No por favor!…-se atrevió a protestar.-¡Me duele!…
¡Por favor ya basta!…- pidió llorando como una niña. Jessi
no hizo caso a sus suplicas, por el contrario empezó a meter y sacar
su mano del ano de Serena cada vez mas rápido al tiempo que concentraba
toda la atención de su boca en el clítoris de su victima. Poco
a poco el dolor fue pasando y en su lugar Serena sintió nacer una mezcla
de emociones nuevas que la sacudían como una descarga eléctrica,
era como estar al borde de un remolino multicolor cuyo fondo jamás alcanzaría,
entonces no pudo hacer otra cosa que dejarse caer dentro de aquel infierno.
Sus entrañas se abrieron sin control y una hemorragia ardiente broto
de su lacerada vulva hasta los hambrientos labios de Jessi que se bebió
hasta la ultima gota, pero no solo por ahí hubo un escape pues el esfínter
de la princesa también cedió y un caudal de suciedad escapo de
su cuerpo para caer sobre la mujer que estaba debajo.

-Que cerda eres cariño.- fue todo lo que dijo Jessi sin dejar de masturbar
a su víctima que para ese momento se había desmayado.

Cuando Serena abrió los ojos estaba sola y tendida en la gran cama de
la habitación, todo su cuerpo, limpio y perfumado, le dolía horriblemente,
sobre todo sus posaderas que sentía enormes y duras como piedras. La
princesa se envolvió en las frías sabanas de seda, sin atreverse
a hacer el menor movimiento a causa del agudo dolor que le producía el
ano irritado. ¿Que seria después? Era la pregunta que rondaba
por su cabeza. ¿Que seria después?…. Conforme las sabanas de
iban calentando un delicado sopor la invadió hasta caer dormida nuevamente.

Ajena estaba a que, desde uno de los grandes medallones que adornaban las paredes
de la habitación un ojo electrónico la miraba fijamente, transmitiendo
su imagen hasta otra habitación donde Ángel la contemplaba mientras
bebía una copa de vino. A su lado derecho Jessi permanecía arrodillada
sosteniendo una pequeña bandeja donde su señora depositaba la
copa de vez en cuando. Mientras que a su lado izquierdo la enmascarada misteriosa
sostenía una botella de vino y estaba lista para volver a llenar la copa
de su ama.

-Acércate.-le ordeno a chica sin rostro.- Esta se arrodillo junto a ella
sin perder un momento.-Me has demostrado cuanto me amas.- dijo Ángel
acariciando el frío cuero de la mascara.- Ahora yo te daré una
prueba a ti.-con rapidez la señora de la casa desato los cordones que
sujetaban la mascara de cuero y esta cayo la piso. De inmediato Ángel
tomo el rostro de la chica entre sus manos y la beso apasionadamente haciéndola
estremecer. Al separase la joven apoyo la cabeza en el regazo de su señora
mientras esta le abría lentamente las piernas, dejándole el paso
libre hacia su abultado sexo oscuro.

-Solo falta un poco mas… solo un poco mas….-suspiro Ángel antes de
cerrar los ojos para disfrutar de las caricias que su esclava depositaba sobre
su vulva.

CONTINUARA…

AUTOR: "EL MONJE".
Dudas quejas y
sugerencias a: POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Las aventuras de nuestra querida Sailor Moon continuan.

Sailor Moon: Un futuro diferente (II)

Sailor Moon: Un futuro diferente (II) (19)


Esa mañana los rayos del sol iluminaron magistralmente la belleza de "El
lago encantado. Las aguas cristalinas, agitadas por el viento, emitían
pequeños destellos que le daban el aspecto de un espejo de plata. Los árboles
se mecían suavemente al compás de la brisa matutina y el canto de
los pájaros daba una atmósfera de paz y tranquilidad. Aunque en
el interior del hotel esas dos cosas estuvieran ausentes. La razón era
la desesperación de Serena por encontrar algo que ponerse para su cita
con la misteriosa mujer llamada Ángel. Simplemente la poca ropa que llevaba,
tomando en cuenta que solo iba con su familia de fin de semana, le parecía
de pésimo gusto.

-¿Porqué traje esta ropa?- pensaba una
y otra vez parada frente al espejo de la habitación.

En tan solo
unos minutos intento todas las combinaciones posibles con su ropa. Pero ninguna
la dejo satisfecha. Al fin se decidió por una falda plisada en color azul
pastel, una blusa blanca de manga corta y unas calcetas cortas. Para su calzado
escogió unos zapatos tenis también en color pastel. Cuando se miro
al espejo adopto varias poses, como una modelo tratando de encontrar su mejor
lado, pero tampoco quedo del todo convencida. Por fin tuvo que resignarse a que
no podría hallar una combinación mejor, sobre todo tomando en cuenta
que no llevaba más ropa.

Nerviosa tomo asiento en la cama y espero,
el tiempo parecía especialmente lento aquella mañana, luego se levanto
y camino de un lado a otro del cuarto. En ese momento una voz la saco de sus pensamientos.
-Serena.- era mamá Ikuko quien la miraba desde la entrada.- Vamos a desayunar.-
la joven princesa la miro fijamente mientras trataba de encontrar una excusa para
no ir con ellos. En ese momento el teléfono sonó. Serena prácticamente
se lanzo sobre el aparato para contestar. -Bueno.- dijo dándole la espalda
a su madre.

-Hola pequeña.- la subyugante voz de Ángel la hizo
estremecer.- Nos vemos en el lobby.- sin más colgó. Serena se volvió
hacia su madre, quien la miraba extrañada.

-Lo siento mamá, la
señorita Ángel me invito a desayunar.- antes de que Ikuko pudiera
decir algo Serena salió de la habitación. La mujer sintió
una rara inquietud, algo malo estaba pasando. Serena llego al lobby del hotel
y busco con la mirada a Ángel, pero no la encontró; en su lugar
se encontraba la chofer, vestida con su recio uniforme oscuro. Al ver a la joven
la chofer se le acercó, sus ojos parecían los de una fiera, y le
hablo con tono áspero.

-Soy Jessi, chofer de la señorita Ángel.
Te llevare con ella.- fue todo. Sin esperar respuesta echo a caminar rumbo a la
salida. Serena se sintió un poco desconcertada pero termino por ir detrás
de ella. Afuera del hotel los aguardaba la poderosa limosina negra. Marcialmente
Jessi se colocó a un lado de la puerta trasera y la abrió para que
Serena entrara. No bien la joven lo hizo, Jessi cerró de un solo golpe.
Luego tomo su lugar su la limosina emprendió la marcha. Serena se sentía
cada vez más nerviosa, sobre todo cuando el hotel se perdió de vista,
se sentía vulnerable y eso la asustaba. Por un momento considero la posibilidad
de pedirle a Jessi que la regresara, pero el solo pensar en Ángel la impulsaba
a continuar.

Por suerte la limosina bajo la velocidad y finalmente se detuvo.
La puerta se abrió y Serena se apeó del vehículo. Antes de
que pudiera hacer alguna pregunta Jessi le señalo un conjunto de cabañas
que se veían a unos 100 metros. Serena supo entonces que se encontraba
al otro lado del lago, en la sección de cabañas privadas, eso la
tranquilizo y sin esperar más echo a andar. Al llegar a las cabañas
noto que casi todas estaban cerradas y vacías, sin duda por la temporada
baja, pero al final llego hasta una de las más grandes, provista de dos
plantas, y ahí encontró a su misteriosa anfitriona, cómodamente
sentada y tomando el sol matutino en una terraza.

-Hola Serena.- dijo llamándola
por su nombre por primera vez.

-Hola.- respondió la princesa.

-Pasa
y sube. El sol esta delicioso.- La chica obedeció y entro en la cabaña,
el lugar era de lo más confortable, provisto de chimenea, con un mobiliario
en acabado rustico que daba un aspecto viejo a la cabaña, algunas esculturas
y tapetes decoraban a estancia. Al fondo había unas escaleras de pino,
temerosa de parecer mal educada Serena ascendió lentamente, evitando taconear,
hasta que llego a la planta alta. Ahí descubrió que la casa tenía
al menos tres habitaciones, pero lo que le importaba en realidad era llegar a
la terraza. Así paso sin mirar detenidamente hacia los cuartos. Al llegar
a la terraza la joven miro a su anfitriona tendida cómodamente en una silla
plegable de tela, vistiendo un diminuto traje de baño que apenas la cubría.
Serena se ruborizó y pudorosa desvió la vista.

Ángel
la miro de reojo, admirando a candor, y sonriente se incorporo para acercarse
a ella. Serena se estremeció al sentir el cuerpo de Ángel junto
al suyo, lentamente volvió la cara y se encontró de frente con ella.
Era aún más hermosa que el día anterior. Sin embargo, esta
vez, Ángel solo le dio un beso rápido en la mejilla. Serena se sintió
extrañamente rechazada. Ángel se puso de pie y camino hasta una
pequeña mesa, provista de una gran sombrilla, donde tomo asiento. Con un
suave ademán le indico a Serena que fuera a su lado cosa que la joven hizo
de inmediato. No bien lo había hecho la joven vio entrar a Jessi llevando
una gran charola plateada, provista de campana, misma que deposito con sumo cuidado
sobre la mesa.

-¿Me acompañas a desayunar Serena?- la princesa
respondió moviendo a afirmativamente la cabeza. Jessi retiro la campaña
y dejo al descubierto el contenido de la charola. Frutas, néctares y agua
era todo. Serena se sintió un tanto desilusionada dado su natural apetito,
pero no queriendo parecer impertinente se limito a sonreír mientras tomaba
una manzana. Ángel también sonrió y juntas dieron cuenta
de todo. Al final Ángel hizo una señal y Jessi se marcho llevándose
la charola.

Ángel la vio desaparecer dentro de la casa, luego miro
a su invitada; Serena aún daba cuenta de una sabrosa pera. -Bueno pequeña.-
dijo tomando una bata y un sombrero de ala ancha echo de mimbre.- Creo que es
hora de ir a tomar fotos.-

-¡Vamos!- dijo Serena entusiasmada. Ambas
salieron de la cabaña y caminaron por la rivera del lago. Durante varias
horas no ocurrió nada extraordinario, solo tomaron unas cuantas fotos aquí
y allá, luego Ángel se detuvo en un hermoso lugar, una pequeña
playa donde los rayos del sol hacían resplandecer el agua, a su alrededor
no había sino altos árboles que daban sombra. Con toda calma Ángel
se despojó de su bata y del sombrero, colocando las dos cosas al lado de
un frondoso árbol. Serena comprendió lo que su amiga se proponía,
de hecho ella también tenía ganas de nadar un rato después
de caminar bajo el sol de la mañana, pero de pronto se dio cuenta de que
no llevaba traje de baño.

-Soy una tonta.- pensó enojada consigo
misma por aquel olvido. Ángel terminó de acomodar sus cosas junto
al árbol y sin esperar más se lanzo en una carrera corta hasta el
agua. Serena la miro entrar al agua y sumergirse por unos segundos.- Aaaahhhhh.-
exclamo Ángel cuando salió del agua fresca. Sonriendo miro a Serena,
de pie junto a sus cosas, y extendiendo los brazos hacia el cielo llamo a la joven.

-¡Vamos
Serena! ¡El agua esta deliciosa!- Serena miro como el agua escurría
por el bello cuerpo de Ángel. Su negros pezones resaltaban como nunca bajo
la tela mojada, su cabello húmedo se estiro hacia atrás resaltando
su frente amplia.

-¿Qué pasa?.-pregunto un tanto molesta por
que Serena no se movía. Esta la miro avergonzada.

-No traje mi bañador.-
dijo quedamente. Ángel sonrió con malicia mientras salía
del agua. – ¿Eso es todo?- dijo burlona. – Yo tengo la solución.-
las manos de la mujer desajustaron las delgadas correas de su bañador y
este cayo al suelo. Serena tuvo que recargarse en el árbol para no caer.

-¿Lo vez? Ahora estamos iguales.- una gran sonrisa apareció
en el rostro de Ángel, como no dándole importancia al hecho de descubrir
su cuerpo frente a la chica japonesa. Serena admiraba aquel cuerpo desnudo, de
piel blanca y suave como la de una paloma, de senos medianos y decorados con grandes
aréolas rosadas y pezones como botones de flor. El vientre perfecto, sin
una molécula de grasa, y las caderas delicadamente trazadas, las piernas
largas y bien torneadas. En verdad parecía un ángel emergiendo de
las tibias aguas del lago. Los grandes ojos dorados de Ángel estaba fijos
en Serena, la cual seguía paralizada, nerviosa y asustada, recargada contra
la áspera corteza del árbol. Ángel se acerco lentamente a
la princesa y, sonriendo maliciosamente, comenzó a desabotonar la blusa
de Serena. La joven se puso roja como un tomate pero no hizo nada por impedir
que la mujer extranjera cumpliera su cometido. Sin prisa Ángel termino
de abrir la blusa y, rodeando el torso de Serena con ambos brazos, dejo que sus
dedos desajustaran el sostén blanco de la chica. Serena bajo la cara y
contemplo sus pechos, lucían pequeños y sin atractivo comparados
con las maduras esferas de su acompañante. Ángel tomo con una mano
uno de aquellos pechos juveniles y sonriendo comprobó que cabían
perfectamente en su mano.

-Que bella eres Serena.- dijo mientras juntaba sus
pezones con los de la joven. Ambas experimentaron un agradable cosquilleo que
poco a poco se fue transformando en una corriente pasional. Serena miro al fin
los grandes ojos dorados y sintió que caía dentro de ellos, no supo
cuando Ángel unió sus labios a los suyos, solo sentía su
cuerpo derritiéndose bajo los rayos del sol. Al cabo de un rato la extrajera
rompió el beso para caer de rodillas ante la joven japonesa, sus manos
repitieron la operación que habían efectuado antes y pronto la falda
y las bragas de Serena cayeron por tierra. La princesa de la luna estaba rendida
a la voluntad de Ángel y ella lo sabía. Suavemente Ángel
deposito un beso en la vulva de su amante, la cual se estremeció sintiendo
como su intimidad se abría como una flor ante el amanecer, al tiempo que
una fuente desconocida comenzaba a derramarse dentro de ella. Dueña de
la situación Ángel hizo que Serena se volviera presentando sus bellos
glúteos ante sus ojos.

El fuerte sonido de una nalgada se dejo escuchar
en el silencio del bosque. -¡Aaaaahhh!.- gimió Serena sorprendida.
Mientras un segundo golpe estallaba contra su piel blanca. – ¡Quieta pequeña
zorra!.- ordenó la mujer. -¡Deja que yo te enseñe!.- mientras
hablaba Ángel comenzó a establecer un cierto ritmo, golpeando alternativamente
con cada una de sus manos, como su tocara un tambor viviente. Mientras Serena
no salía de su asombro é increíblemente se preguntaba que
había hecho para merecer aquel castigo. Pero no se movía. Había
algo indescriptiblemente erótico en ser castigada como una niña,
aunque la verdad sus padre habían empleado poco ó mejor dicho nada
ese sistema en ella, sintiendo como nacía aquel calor que se iba extendiendo
por su cuerpo, incluso su vulva se sentía cada vez más cálida
y húmeda con cada golpe que Ángel le daba. Inesperadamente la mujer
de los ojos dorados le abrió las nalgas y sin pensarlo le hundió
la punta de la lengua en el ojos del culo. Serena dio un respingo ante esa caricia,
nueva y malévola, que le revelo que esa parte de su cuerpo también
podía darle un goce prohibido.

-¡Aaaaaahhhhh!…. ¡Aaaaayyyyy!….
¡Sigue por favor!…. Sigue…- suplicaba la joven aferrada al tronco del
árbol, Ángel sonrió y clavo más su lengua en el trasero
de su joven amante, inyectándole saliva para luego succionarla y repetir
el proceso de nueva cuenta. Serena no pudo resistir mucho tiempo y su cuerpo no
tardo en estremecerse presa de un orgasmo feroz. -¡Aaaaaaaahhhhhhh!.- grito
al tiempo que la fuente de su intimidad dejaba escapar un abundante caudal de
líquidos que escurrían por los labios trémulos de su coño.
La princesa de la luna se derrumbo y quedo de rodillas frente al árbol
que se había convertido en el altar de su entrega. Con firmeza Ángel
la hizo levantar, tomándola por los pecho adolescentes, para atraerla hacia
sí. Sus caras quedaron frente a frente y no tardaron en besarse de nuevo.

-Vamos
a nadar.- dijo la mujer rompiendo el encanto de aquel momento. Sin esperar nada
tomo a Serena del brazo y la hizo emprender el corto trecho hasta el agua. Por
un momento ambas nadaron felizmente, ejecutando un singlar baile bajo el agua
resplandeciente. De pronto Serena se sumergió en el agua y, con un rápido
movimiento salió detrás de Ángel abrazándose a sus
espaldas mientras sus manos acariciaban los grandes pechos de la extrajera. Esta
reacciono de forma inesperada liberándose violentamente y, dándose
la vuelta, deposito una fuerte bofetada en el rostro de Serena. La joven miro
a Ángel desconcertada y temerosa, incapaz de comprender lo que había
pasado, viendo como esos ojos dorados la miraba ahora con furia y rencor, como
se mira a un ser malagradecido. Con gran dignidad Ángel salió del
agua y comenzó a vestirse de nuevo, ignorando a Serena que la miraba aún
en el agua. Al terminar emprendió el camino de regreso a su cabaña.

Cuando se fue Serena reacciono al fin y saliendo del agua se vistió
también a toda velocidad y salió detrás de ella, su mejilla
estaba roja por el fuerte golpe recibido pero no le dio importancia. -¡Espera!…
-grito al ver las espaldas de Ángel.- ¡No te comprendo!… ¡Que
hice mal!… ¡Por favor dime que paso!… ¡Por favor!…- Ángel
se detuvo y volvió la cara, su rostro era severo y casi cruel, su voz antes
dulce sonó ahora como el chasquido de un látigo.-¡¿Qué
has hecho?!… ¡¿QUÉ HAS HECHO?! … ¡ME TOCASTE SIN
MI PERMISO! ¡ESO ES LO QUE HAS HECHO!…-

-¿Qué?.- dijo
Serena incrédula. ¿Cómo podía decir eso si ella misma
la había tocado sin pedirle su opinión?. -Pero tú…- murmuro
la princesa.

-¡NO ES LO MISMO!.- replico Ángel sin darle tiempo
a terminar.- ¡Yo tomo lo que quiero!… ¡Pero nadie puede tomarme
si no lo deseo!.-

-Lo siento.- dijo Serena casi sin darse cuenta.

-Será
mejor que te vayas. Ya no estoy interesada en ti.- sin decir más Ángel
se dio la media vuelta y siguió su camino. Serena la miro desaparecer entre
los árboles. No lograba entender a esa extraña mujer que tan abruptamente
había entrado en su vida. Su respiración se fue haciendo más
fuerte, conforme una repentina vuelta de su dignidad se presentaba en su pecho,
y con infantil alarde grito a los cuatro vientos.

-¡TU TAMPOCO ME INTERESAS!…
¡YO SOY UNA PRINCESA!… ¡¿ME OÍSTE?!… ¡UNA
PRINCESA!… ¡NO QUIERO VOLVER A VERTE NUNCA!… ¡NUNCA!.- conteniendo
las lagrimas de sus ojos Serena se alejo dando pisotones a cada paso, imaginando
que aplastaba a una pequeña Ángel cada vez que bajaba el pie. Ajena
estaba que no lejos de ahí, escondida tras un árbol, Ángel
la miraba alejarse. En su rostro estaba plasmada una expresión de burla
y lastima malsana.

-Yo se quien eres mi pequeña princesa. Lastima
que tu no sepas quien soy yo.- un intensa luz negra envolvió el cuerpo
de la mujer, pero solo por un momento, luego se alejo dejando un árbol
moribundo detrás de ella.

Continuara…

AUTOR: "EL MONJE".
Dudas quejas y
sugerencias a: POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Dos de mis personajes favoritos son Sailor Moon, que sin duda a entrado en la lista de clásicos de la animación japonesa, y Batman, un icono del cómic norteamericano.

Sailor Moon: Un futuro diferente (I)

Sailor Moon: Un futuro diferente (I) (19)

NOTA DEL AUTOR: Dos de mis personajes favoritos son Sailor Moon, que sin duda
a entrado en la lista de clásicos de la animación japonesa, y Batman, un icono
del cómic norteamericano.

Aquella
noche Serena Tzukino miro de frente a su nueva enemiga, una que no podía
ser destruida ni con 100 cristales de plata, una que atormentaba a muchas personas
y que ahora la había escogido a ella como su víctima. Esa enemiga
era la soledad. Si por irónico que parezca ella que tenía la facultad
de hacer feliz a las personas, que había luchado desesperadamente como
Sailor Moon por salvar al mundo varias veces, ahora se había encerrado
en si misma sin poder compartir sus sentimientos con nadie.

La razón
era el abandono de sus seres queridos. Ami, Lita y Mina ocupaban cada minuto de
su tiempo en perseguir sus sueños, cada una a su manera: estudiando después
de clases, haciendo audiciones para casas disqueras ó tomando cursos de
cocina internacional. Por desgracia ello implicaba que ya no se reunieran con
ella tan seguido como antes. En ocasiones pasaban varios días sin que supiera
nada de ellas. Darién el hombre que amaba se encontraba en Estados Unidos,
había partido poco después de la lucha con Sailor Galaxia, esforzando
por alcanzar un titulo universitario. Finalmente estaba Rey quien, por consejo
de su abuelo, había decidido hacer un viaje para poner en orden sus ideas
sobre su futuro, hacía un mes que se había ido sin que nadie supiera
cuando volvería.

La soledad llevo a Serena a meditar sobre su propio
futuro, ser la reina de Tokio de Cristal y regir el nuevo milenio de plata, ¿
porque tenía que ser así?, ella nunca había deseado ninguna
de esas cosas. Su gran sueño era casarse, formar una familia y vivir en
paz el resto de sus días. Recordó que en una ocasión Luna
le había dicho "es tu destino y no podrás cambiarlo",
esas palabras le sonaban ahora como una sentencia. La frustración la hizo
incorporarse sobre su cama, sus brazos rodearon sus piernas de modo que su barbilla
pudiera apoyarse en sus rodillas. Sus ojos miraron a su alrededor, la luz de la
luna iluminaba pálidamente su habitación. Por primera vez en su
vida se sentía perdida. Dando un suspiro resolvió acostarse de nuevo,
intentaría dormir una vez más; sus ojos se posaron en el reloj a
un lado de su cama, marcaba las 3 de la mañana, -Otra noche sin dormir-,
pensó. Sus ojos se cerraron y un último pensamiento cruzo por su
mente – Me gustaría que el futuro fuera diferente, aunque solo fuera un
poco-. Un viejo refrán dice "ten cuidado con lo que deseas, podría
hacerse realidad".

Al día siguiente Serena enfrento una vez
más la rutina en que su vida se había convertido, levantarse, ir
a la escuela, estar un momento con sus amigas, o al menos intentarlo, para después
verlas marcharse y regresar sola a su casa. Sin embargo, esa noche algo rompió
la rutina. Su padre se puso de pie durante la cena é hizo un anuncio.

-Chicos
con motivo del próximo cumpleaños de su madre he decidido que pasemos
el fin de semana en el balneario del lago encantado.- Todos los presente se sorprendieron.

-¿El
lago encantado?- repitió Sammy con incredulidad.- Pero papá ¿
no recuerdas lo que paso la vez que fuimos ahí?.- Por un momento todos
guardaron silencio, Serena recordó como Darién, dominado por el
Negaverso, había liberado a un demonio preso en el lago y como este estuvo
a punto de matarla a ella y a su familia. Por fortuna sus amigas llegaron a tiempo
y juntas acabaron con la amenaza.

-Vamos hijo.- dijo el señor Tzukino
sonriendo tontamente.- No creó que esta vez ocurra nada parecido. ¿
Tú que dices Serena?.- Antes de que la joven pudiera contestar sintió
el roce de unas afiladas garras en su pierna, eso la hizo mirar hacia abajo y
descubrió a Luna que con un movimiento de cabeza la instaba a aceptar.

-¿ Serena?.-

-¿Eh?… Seguro vamos.- Sammy se cruzo de brazos
y mamá Ikuko aplaudió alegremente.

- ¡ Muy bien! Mañana
partiremos muy temprano. Así que será mejor que nos vallamos a dormir.-
La familia termino de cenar y cada uno se retiro a su habitación a preparar
sus maletas de viaje. Al entrar en su cuarto Serena miro a Luna, que la esperaba
sentada en la cama, llena de extrañeza.

-¿ Por qué quieres
que valla a ese viaje Luna?.-

- Creó que un viaje es lo que necesitas
para resolver tu problema.-

-¿Cual problema?.- La princesa se sintió
incomoda al darse cuenta de que Luna se había percatado de su malestar.
La gata bajo la cabeza y respondió con tristeza. – No lo se. Hace mucho
que no me hablas de tus inquietudes y yo…. bueno creó que necesitas tiempo
para arreglar lo que sea que este mal.- Serena se sintió un tanto culpable,
así como sus amigas "la habían abandonado", ella también
se había alejado de la amiga que había estado con ella en las buenas
y en las malas.

-Luna… yo…. lo siento.- Serena se acerco a su amiga felina,
con mano cariñosa comenzó a rascar su cabeza, al tiempo que se sentaba
a su lado. – Perdóname. Tú siempre te preocupas por mi y yo te he
estado ignorando todo este tiempo.- Luna levanto la cara, sus ojos estaban húmedos
pero una chispa de alegría los iluminaba ahora, con una de sus patas se
limpio los ojos y sonriente animo a la joven princesa a empacar su ropa. Largo
rato estuvieron dedicadas a esa labor hasta que la maleta estuvo llena. Entonces
Luna bajo de la cama y se dispuso a salir de la habitación.

-¿
A donde vas?-

-Necesito comunicarme con Artemis. Le avisara que pasaremos juntos
el fin de semana.-

- ¿Una cita romántica?- Inquirió maliciosa
la princesa. Luna se sonrojo y se volvió molesta hacia ella.

-¿De
que diablos estas hablando?. Es solo que no quiero quedarme encerrada como la
última vez que se fueron de paseo.- Serena miro pícaramente a su
felina amiga.

-Bueno yo solo pensé… tú sabes… Diana es una
gatita muy linda.- La gata negra pelo los dientes, su lomo se erizo, sus ojos
eran los de tigre furioso, pero al fin solo levanto la cabeza en señal
de desprecio y con gran dignidad salió del cuarto. A sus espaldas la risa
de Serena de dejo escuchar, y eso la hizo reír también.

Al día
siguiente, tal como lo había planeado el señor Tzukino, todos estaban
ya listos para salir, o casi todos.-¿Donde esta Sammy?- Pregunto molesto
mientras consultaba la hora en su reloj.

- No se.- Fue la respuesta que tanto
mamá Ikuko como la joven princesa le dieron. – Serena, ¿podrías
ir a ver que lo esta deteniendo?- La princesa, que ya había tomado asiento
en de coche, se levanto refunfuñando y entro a la casa en busca de su hermano.
De inmediato subió a las habitaciones y sin llamar a la puerta penetro
en la de Sammy. El no estaba ahí. La mirada de Serena recorrió la
habitación, ahora lucia un poco diferente a la última vez que ella
estuvo ahí, las paredes decoradas con cromos de artistas ó deportistas,
nipones ó americanos, los viejos juguetes habían desaparecido y
en su lugar se encontraban discos compactos, cartuchos de videojuegos y revistas.
Poco a poco aquel lugar se transformaba en el cuarto de un muchacho. Su natural
curiosidad femenina la orillo a entrar y mirar de cerca. Así empezó
a husmear por entre las cosas de su hermano hasta que algo familiar llamo su atención.
Se trataba de una pequeña muñeca de porcelana, hecha a mano, con
la figura de Sailor Moon. En su mente vino la imagen de aquella pequeña
escultora que por algún tiempo fue novia de su hermano.

-Así
que conservas un recuerdo de ella. ¿Eh? Sammy.- La joven se sintió
un tanto conmovida y, colocando la muñeca en su lugar, se dispuso a salir
de ahí. Pero algo volvió a llamar su atención. Esta vez se
trataba de un grueso cuaderno abierto sobre el pequeño escritorio con que
contaba la habitación. La pagina expuesta mostraba los primeros trazos
de alguna obra inconclusa. Soltando un risilla picara se deslizo junto al escritorio
y comenzó a pasar las hojas frente a sus ojos. Estos se abrieron como platos
al tiempo que su cara se ponía roja como un tomate, en cada un de las hojas
aparecía la imagen de Sailor Moon desnuda chupando la polla a un hombre,
cuyo rostro era el de Sammy, En otra el mismo hombre se la estaba follando y así
sucesivamente. Serena estaba trabada de coraje y no acertaba a hacer nada hasta
que una voz sonó a sus espaldas.

-¡Qué estas haciendo en
mi cuarto!.- Lentamente se volvió y miro a su hermano parado en el umbral.
El chico descubrió su cuaderno en manos de su hermana, su rostro se puso
pálido como la cera, con un movimiento rápido se acercó a
ella y se lo arrebato de un manotazo.

-¡DAME ESO!- Serena reacciono por
fin dándole un fuerte golpe en la cabeza.

-¡PERVERTIDO! ¡SINVERGÜENZA!
¡COMO TE ATREVES A DIBUJARME DE ESE MODO!- Sammy la miro perplejo y disgustado.


¿DE QUE ESTAS HABLANDO?! ¡YO SOLO DIBUJO A SAILOR MOON!- Aquella
respuesta obligo a Serena a callar. Era verdad que nadie en su familia conocía
su secreto, por lo tanto para Sammy Sailor Moon era una chica ajena a él.

-¡PUES NO CREO QUE A "ELLA" LE GUSTARIA SER PLASMADA EN ESA
FORMA!-

-¡¿TU QUE SABES?!-

-¡TE VOY A ACUSAR CON PAPÁ!-
Sammy palideció aún más al escuchar aquella amenaza.

-¡Oye
no es para tanto!. Dijo mientras reía nerviosamente. Serena callo por un
momento, luego lo miro fijamente al tiempo de sentenciar.

-Escucha Sammy no
quiero arruinar el viaje de papá y mamá así que por ahora
no les voy a decir nada.- Sammy suspiro aliviado.- Pero cuando regresemos, tú
y yo vamos a tener una conversación.- Sin decir más la princesa
salió del cuarto. A Sammy le pareció una tontería tener que
hablar con ella sobre sus "asuntos" pero él tampoco quería
arruinar el viaje de sus padres. La voz de Serena lo saco de sus pensamientos.

-¡BAJA
DE UNA VEZ ENANO!- Cuando el chico bajo era obvio que algo no andaba bien por
lo que su padre los interrogo.

-¿Pasa algo chicos?.- Los dos hermanos
intercambiaron una mirada para después contestar a coro.- ¡Nada papá!.-

El
señor Tzukino se encogió de hombros y los hizo subir al coche. Minutos
después la familia emprendía el camino. Sentada en el tejado de
la casa Luna los miro alejarse y, sin motivo alguno, se arrepintió de no
haber buscado la forma de ir con ellos.

El viaje resulto un poco tenso, pues
Sammy y Serena no se hablaron todo el camino, pero ni Ikuko ni su esposo se preocuparon
por eso. Casi era de noche cuando llegaron al "lago encantado" un balneario
natural provisto de manantiales de agua caliente. Todos se alegraron de poder
estirar las piernas después del largo viaje. Sammy y su padre cargaron
con las maletas y se dirigieron a la administración a registrarse, era
taponada baja por lo cual el lugar estaba casi vacío de clientes y los
precios eran un poco más bajos. Mamá Ikuko se dirigió directamente
al restaurante del hotel para ordenar una cena familiar. Por su parte Serena se
quedo un momento a solas en el patio del hotel, desde ahí podía
ver el magnifico lago, brillando bajo los últimos rayos del sol, los árboles
se agitaban con una suave brisa, lo mismo que las largar colas de rubio cabello
de la princesa de la luna, dándole a la atmósfera un toque de paz.

Mentalmente
Serena agradeció a Luna el haberla animado a asistir a aquel lugar. Dando
un profundo suspiro la joven se dispuso a entrar al hotel. En ese momento noto
que otro vehículo se parqueaba frente al viejo edificio. Se trataba de
una poderosa limosina negra, cuya bien pulida carrocería reflejaba su imagen
como un espejo. Curiosa la joven se quedo observando. La puerta de adelante se
abrió y de ella se apeo una mujer portando un elegante uniforme de chofer
que le daba un cierto aire militar, pero lo que realmente sorprendió a
Serena fue el hecho de que su piel era negra, hasta ese momento solo había
visto gente de color en los noticieros y en la películas, las facciones
de su rostro era algo toscas, sus labios gruesos y sus ojos verdes como los de
una pantera tenían algo amenazante. Con pasos largos y veloces rodeo la
limosina para abrir la puerta trasera. Por un momento Serena solo pudo ver un
elegante sombrero de ala ancha, adornado con listones, moverse al otro lado del
coche.

Llena de curiosidad la joven camino despacio hacia la limosina y casi
temerosamente paso a su lado, deteniéndose como al descuido, para mirar
a la persona que se había apeado hacia un momento. Era una mujer alta de
cuerpo esbelto, adornado por delicados pechos y caderas breves, vestía
un elegante vestido negro, provisto de un pequeño saco, que se pegaba a
su cuerpo como una segunda piel, sus zapatos eran de altos tacones de aguja, que
la hacían parecer aún más alta. Serena no podía ver
su rostro pues estaba de espaldas a ella con los brazos cruzados, mirando a su
chofer descargar su equipaje, pero por debajo del sombrero pudo ver una larga
cabellera negra, la más negra que hubiera visto en su vida, que le llegaba
casi a la cintura. Por alguna razón Serena no se atrevía a moverse
mientras miraba a aquella mujer que no se daba cuenta de su presencia. De pronto
el sonido del cofre al cerrarse casi la hizo saltar. Ambas mujeres intercambiaron
una palabras en ingles, según creyó, y comenzaron a caminar hacia
el interior del hotel.

La princesa de la luna no podía apartar los
ojos de aquella grácil figura que parecía flotar más que
caminar. De pronto la mujer se detuvo y con lentitud volvió la cabeza,
el corazón de la joven salto con tal fuerza que creyó desmayarse,
su respiración se torno agitada, su boca se quedo seca de un golpe. Mientras
sus ojos se perdían contemplando el rostro de la desconocida, un rostro
de delicados rasgos, nariz pequeña y levemente respingaba, labios carnosos
pero delgados, teñidos con un carmín rojo. Pero lo más atrayente
eran sus grandes ojos color miel, semejante a oro liquido, hermosos y … temibles
a la vez. La piel era blanca como la leche, dándole un aspecto casi sobrenatural.
Parecía que emitía su propia luz. Serena sintió que todo
se desvanecía a su alrededor, el hotel, el lago, su familia, estaba sola
frente a ella. Sus propias emociones la avergonzaron y desvió la mirada,
pero no pudo moverse, de hecho creyó que estaba a punto de caer al suelo.

Para
su fortuna la chofer llamo a su señora y esta reanudo la marcha entrando
en el edificio dejando a la princesa sumida en un mar de confusión.-

-¿Qué
fue eso?- Una suave brisa fue su única respuesta.

-¡Serena!- La
voz de su madre, quien la miraba desde la entrada, termino de romper el ensueño
que la había atrapado.- ¡Ya vamos a cenar!.- Con pasos vacilantes
entro al edificio. No tenía apetito. Más tarde, mientras se preparaba
para dormir, Serena no dejaba de pensar en su extraño encuentro. En su
mente la imagen de aquella mujer persistía a pesar de todos sus esfuerzos.
¿Quién era? A juzgar por su ropa y su auto era una mujer rica. ¿De
donde venía?. Sus rasgos sugerían que era europea ó acaso
americana.

Desesperada sacudió la cabeza, como intentando arrojar fuera
de su mente aquella imagen. Finalmente se quedo dormida, pensando en ella.

Al
día siguiente Serena se levanto tarde y descubrió que su familia
ya había ido a disfrutar del lugar, ordeno un desayuno a su habitación
y rato después fue a chapotear a uno de los manantiales. El incidente de
la noche anterior le parecía un sueño a la luz del día.

-Buenos
días dormilona.- La saludo su madre cuando ambas se encontraron.

-¿Donde
están papá y Sammy?.-

-Fueron de pesca.- Dijo señalando
hacia el lago.- ¿Qué te perece si nos damos un baño de agua
caliente?.- Serena acepto la invitación y por el resto de la mañana
estuvo muy contenta al lado de su madre. Era cerca de la 1pm cuando mamá
Ikuko le comunico su deseo de dormir una siesta antes de comer. Cosa que no entusiasmo
a la joven. Así se separaron, Ikuko regreso al hotel mientras Serena comenzaba
un paseo por las orillas del lago. Por un rato su mente estuvo ocupada en sus
asuntos, sus amigas, Darién, su futuro, pero al final solo consiguió
un dolor de cabeza. Al fin se detuvo al pie de las viejas estatuas de piedra que
en recuerdo a dos enamorados, cuya leyenda daba nombre al lago, y las miro por
largos minutos. -Tal vez estoy siendo egoísta- Pensó mientras los
recuerdos de sus seres queridos desfilaban por su memoria. ¿Acaso sus amigas
no tenían derecho a perseguir sus propios sueños? Con eso en mente
resolvió volver al hotel. En ese momento escucho el sonido inconfundible
de una cámara fotográfica a sus espaldas. Volviendo la cara descubrió
a la mujer misteriosa, envuelta en una gran bata negra, en el momento en que realizaba
un nuevo disparo sobre los monolíticos amantes. Serena se sintió
cohibida, aunque la extraña parecía no darse cuenta de que estaba
ahí, las piernas le temblaban y al mismo tiempo sentía un primitivo
impulso por escapar… pero ¿escapar de qué?.

Torpemente la princesa
inició su camino, pero apenas había avanzado unos pasos un voz armoniosa
la detuvo.

-Disculpa.- Serena se quedo pasmada al escuchar aquellas palabras
en un perfecto japonés. Temblando como una hoja la joven volvió
la cabeza y miro el semblante sonriente de la mujer. – ¿Podrías
tomarme una foto?-

-¿Una foto?- Repitió como si fuera la primera
vez que escuchaba tal palabra. La desconocida se acercó a ella. A cada
paso Serena sentó que la temperatura de su cuerpo se elevaba, que todo
su ser estaba derritiéndose frente a esos ojos dorados. Por un momento
temió que su bata no pudiera ocultar las reacciones de su cuerpo. Cerró
los ojos, confundida y asustada de lo que le estaba pasando, pero la oscuridad
solo hizo que su corazón latiera más aprisa y que su cuerpo "sintiera"
más intensamente la aproximación de la extraña. Cuando esta
llego a su lado Serena abrió los ojos y levanto la cabeza, su cara quedaba
justo a la altura de los grandes pechos que los pliegues de la bata apenas y podían
contener, cuando sus miradas se encontraron Serena tuvo la certeza de que ella
podía ver su alma desnuda.

Sin mediar palabra la mujer le dio su cámara
y se colocó frente a las estatuas de piedra. Serena, como una autómata,
enfoco la cámara y busco un ángulo para tomar la foto. La mujer
adopto una coqueta pose levantando los brazos por detrás de su cabeza y
lanzando una de sus piernas hacia el frente. Serena la miraba extasiada, sus manos
temblaban tanto que por un momento la cámara amenazo con caer al suelo.
Al fin accionó el disparador. La mujer abandono su pose y acercándose
a la joven intento tomar su cámara.

-Gracias pequeña.- La mujer
se extraño al descubrir que Sarena no soltaba la cámara, solo la
miraba con la cara ruborosa. Impaciente la mujer tomo la cámara con firmeza.-
¿Me la devuelves?.- Serena pareció salir de un sueño y avergonzada
soltó la cámara. -Perdón.- Dijo al tiempo que hacia un sin
fin de caravanas. La mujer la miro extrañada y se dispuso a marcharse.
Serena sintió que estaba perdiendo una gran oportunidad, pero, ¿qué
podía decirle?

- Disculpe.- La desconocida, que ya se había alejado
algunos pasos, se volvió hacia la princesa. -¿Si?-

-Me llamo
Serena.- Fue lo único que se le ocurrió decir.- Serena Tzukino.-

-Es un bonito nombre.- Comento la mujer volviendo sobre sus pasos.- Yo soy
Ángel Beckford.-

-Habla usted muy bien el japonés.-

-No.
Lo hablo muy despacio.- Serena ya no sabía que más podía
decirle para retenerla a su lado. Ángel la miro detenidamente y un sonrisa
ilumino su rostro pálido.- ¿Conoces este lugar Serena?.-

-Si-
Respondió casi gritando.

-Estoy buscando un lugar para tomar una foto
del lago. ¿Sabes de alguno?.-

La mente de Serena trabajo velozmente
y recordó un lugar que podía servir. —–

- Creó que
si.-

-¿Me llevas?.- Con diligencia Serena le mostró el camino.
Mientras caminaban Ángel le dijo que era alemana, que estaba de vacaciones
en Japón ya que admiraba mucho la cultura del país. Eso fue todo
lo que Serena pudo entender, no porque Ángel no le hablara claramente en
su lengua, sino porque no le importaba nada de lo que le decía, solo quería
escuchar el sonido de su voz que en sus oídos sonaba como el canto de las
sirenas. Además no podía dejar de contemplar la belleza de la mujer,
las delicadas líneas de su cuerpo, los finos rasgos de su cara, la larga
cabellera negra que el viento del lago hacia danzar caprichosamente. El lugar
era una pequeña colina cerca del bosque que rodeaba el lago. Al llegar
Ángel estudio el lugar y una sonrisa de aprobación apareció
en su cara.

-¡Es perfecto!- Exclamo mientras preparaba la cámara
para tomar más fotografías. Serena la miraba encantada de haber
podido servirle. De pronto la mujer se volvió y acercándose a ella
estrecho contra su pecho. Un aroma dulce le hirió la nariz. -Muchas gracias.-
Le susurro al oído. Serena sintió que sus ojos se humedecían,
que su corazón se quemaba víctima de un fuego extraño. El
mundo entero dejo de existir en ese momento, solo importaba el calor de aquellos
brazos que la envolvían, el contacto de sus pechos adolescentes contra
los pechos maduros de Ángel. Con voluntad propia los brazos de Serena respondieron
al abrazo con fuerza, casi con desesperación. Fue entonces cuando la princesa
noto que una de las manos de Ángel se deslizaban lentamente por su espalda
hasta llegar a sus nalgas. Ahí comenzó a tocar, acariciando y oprimiendo
la carne por encima de la bata. Mientras la otra mano descubría el hombro
de la joven, que solo acertaba a permanecer quieta, los labios de la mujer cayeron
sobre la delicada piel. Serena sintió que estaba al borde del desmayo.
Pero desde algún lugar en su alma la imagen de Darién emergió
como un huracán.

-¡Noooo!.- Grito al tiempo que rompía
el abrazo. Sus ojos estaban llenos de lagrimas de frustración. Instintivamente
quiso echar a correr pero Ángel la sujeto por el brazo y la jalo de regreso
a sus brazos. Serena bajo la cara sintiéndose atrapada, Ángel la
tomo por la barbilla con sus largos dedos y ella, obediente al silenciosos mandato,
levanto el rostro. Las voces de sus amigas se escuchaban en su mente.- ¡No
lo hagas Serena!… ¡Serena detente!… ¡Para!…¡Para!…-
Pero nada podían hacer contra esos ojos dorados que subyugaban a la princesa.
Lentamente Ángel se fue acercando hasta que sus labios rojos se unieron
a los de Serena. Un gozoso abandono invadió a la joven, al tiempo que una
oleada de cálida humedad escurría por sus muslos, cerrando los ojos
se dejo cautivar. La lengua de Ángel se abrió camino entre los temblorosos
labios hasta tocar la a su similar dentro de la boca de la princesa. Suavemente,
como si la despertara de un sueño, toco a la tímida habitante de
aquel lugar hasta que consiguió que esta se trenzara con ella en una danza
de placer. El tiempo pareció detenerse. Al fin la mujer se separo de su
presa y aflojo la presión de sus brazos. Al verse libre Serena fue presa
de una culpa infinita y sin decir una palabra hecho a correr, la mujer la miro
alejarse con un sonrisa en iluminando su rostro pálido.

Al llegar al
hotel Serena fue directamente a su habitación, por suerte estaba vacía,
y dejándose caer sobre la cama comenzó a llorar. Rato después
su padre y Sammy regresaron, no pescaron nada pero se habían divertido.
Eran cerca de las 8pm cuando su madre decidió que era tiempo de bajar al
comedor y cenar algo. En un principio Serena se mostró renuente pero la
insistencia de su familia, y su falta de una excusa, la obligaron a bajar. En
el comedor del hotel había poca gente. Por lo cual fueron atendidos con
prontitud. Cada uno ordeno a su gusto mientras un mesero tomaba nota de sus deseos.
Apenas el empleado se hubo retirado, una silueta se coloco a un lado de la mesa
y sin dudar saludo a la familia.

-Buenas noches.- Todos voltearon a ver a aquella
mujer, elegantemente ataviada con un traje de noche y altos tacones, que los saludaba
tan cordialmente. Excepto Serena, ella sentía que que el frío de
la muerte corría por su espalda. Esa voz… esa voz suave y delicada había
estado a punto de hacerla caer de la silla.

-Buenas noches.- Respondieron los
demás. Un tanto extrañados. Sin inmutarse la mujer fijo su atención
en la joven rubia que permanecía silenciosa en su lugar.

-Hola Serena.-
La princesa volvió la cara, su semblante pálido como la cera, y
levantado la vista confirmo de quien se trataba.- Hola.- Dijo con una voz apenas
audible.

-Serena ¿Tú conoces a esta señorita?.- Interrogo
su padre mirando las extrañas reacciones de su hija. Antes de que la joven
pudiera decir nada la recién llegada se presento.

-Mi nombre es Ángel
Beckford. Su hija me hizo el favor de enseñarme un lugar maravilloso para
tomar fotografías del lago esta mañana. –

-Si.- Dijo la princesa
casi gritando.- Así fue.-

-Por favor. Tome asiento.- Dijo mamá
Ikuko apenada por la descortesía de su esposo y de su hija. La mujer tomo
asiento junto a Serena quien comenzó a sudar como una condenada a muerte.
-¿Nos acompaña a cenar?.-

-Con mucho gusto.- Aquella fue la
primera vez que Serena la vio reír. Su risa era la más encantadora
que ella hubiera visto nunca, tanto que todos se sintieron motivados para sonreír
también. Aunque sus miradas no se cruzaron Serena tuvo la certeza de que
la estaba mirando. Todo a su alrededor se torno lejano y hueco, veía a
sus padres y a su hermano moviendo la boca pero no entendía nada de lo
que decían y sus risas le sonaban huecas. Solo la voz de Ángel le
resultaba viva, llena de una música que la hechizaba, y su risa era como
un cantar del paraíso.

Finalmente la cena termino, Serena apenas comió,
Ángel se levanto y con una gran reverencia se despidió de la familia
Tzukino. Serena la miro alejarse y por un momento tuvo el deseo de ir detrás
ella. La voz de su padre la devolvió a la realidad.

-Es una dama muy
distinguida. Espero que aprendas algo de ella hija.- La joven asintió con
la cabeza.

-Yo no creó que Serena pueda aprender nada papá.-
Dijo Sammy burlonamente. La princesa lo miro furiosa. -¡Qué dijiste
enano!- Serena y su hermano se pusieron de pie, listos para pelear. Sus padres
los miraban avergonzados. En eso mamá Ikuko hizo una observación.

-Oigan.
¿Qué es eso?.- Todos miraron a la mesa. Ahí se encontraba
un pequeño objeto, negro y brillante, que despedía una diminuta
luz en color verde.

-Es un teléfono celular.- Dijo el señor
Tzukino tomándolo de la mesa. – Tu amiga debe haberlo olvidado Serena.-
Serena miro el teléfono y sin darle tiempo a nada se lo arrebato a su padre.
-¡Yo se lo entregare!- La joven se alejo corriendo sin que nadie pudiera
decir nada.

La joven fue directamente a la administración y pregunto
por Ángel. Pero el encargado le informo que la mujer había salido
y no sabían cuando volvería. Serena dio las gracias y lentamente
volvió a su habitación. Al entrar se encontró con sus padres.
-¿Pudiste devolver el teléfono hija?.-

-Si- Mintió sin
saber porque. Rato después toda la familia dormía. O mejor dicho
todos excepto Serena que no dejaba de sujetar el teléfono entre sus manos,
como si temiera que de alguna forma se desvaneciera. El tiempo paso. Serena empezaba
a caer en un leve sopor cuando sintió que el aparato vibraba entre sus
manos. Serena se asusto pero no soltó el teléfono. Entonces el agudo
sonido de un timbre se dejo escuchar en la habitación. Serena comenzó
a maniobrar el aparato desesperadamente tratando de hacer callar aquel ruido antes
de que su familia despertara. Al fin logro abrirlo y lo pego a su oído.

-Diga.-
Su voz era apenas un susurro. Sus ojos miraban a la cama vecina, donde Sammy se
revolvía bajo las sabanas inquieto por el ruido del teléfono. Por
suerte volvió a quedarse quieto. – Hola pequeña.- Serena reconoció
la voz de Ángel al otro lado de la línea.

- Hola Ángel.-
Respondió maquinalmente.

- ¿Aún estas despierta?.- La
voz sonaba dulce y acariciante.

-Si.-

- Eso no esta bien.- Dijo severamente.-
Tendremos que hacer algo al respecto. ¿Estas acostada?.-

-Si.- Serena
comenzó a temblar.

- ¿Estas sola?.-

- No. Mi hermano duerme
en la cama de junto.-

-Olvídate de eso. No importa.-

- Yo… mañana
le devolveré el teléfono.-

-Te lo regalo querida.- Serena no
supo que debía decir.- Tócate.- Ordeno la voz en el teléfono
con firmeza. La princesa se quedo quieta, sin creer lo que acababa de oír.

-¿
Cómo?.- Su voz sonaba temblorosa, asustada.

-Dije que que te toques.-
Ratifico sin titubeos la voz.

- No… no se como.- Dijo tímidamente.
Temerosa de provocar el disgusto de su interlocutora.

- Abre tu pijama.- Dijo
la voz. Las manos de la princesa obedecieron antes de que ella misma se diera
cuenta. -¿Llevas sostén?.-

- S.. si.-

-Quítatelo.-
Serena estaba asustada. Aquello era una locura. ¿Porqué sentía
el impulso de obedecer a aquella mujer que apenas conocía?. ¿Porqué
su cuerpo se estremecía con el solo sonido de su voz?. No tenía
respuesta. Simplemente dejo que sus dedos temblorosos desajustaran el broche de
su sostén. -Son hermosos.-

La joven sintió que su cara se encendía.
Era como si ella la mirara desde la oscuridad de la habitación. -Tócalos
suavemente con tus dedos. Imagina que son mis manos.- Serena comenzó a
pasar sus dedos por sus pechos adolescentes. Ella sabía que eran pequeños.
Pero esa noche le parecían grandes y sexys. Con la punta de sus dedos recorrió
toda la extensión de sus tetas, era como hacerlo pro primera vez, al fin
se apodero de sus pezones y los oprimió delicadamente, un delicioso cosquilleo
invadió todo su cuerpo.

-Uuuuuummmmm.- Gimió al tiempo que colocaba
el teléfono en su hombro para oprimirlo con la cabeza. Así pudo
liberar su otra mano para apretar su otro seno. – Despacio.- Ordeno la voz.- Hazlo
despacio. Deja que se pongan duros.- Serena lucho por controlarse y oprimir sus
pechos con menor rapidez. Un calor intenso se fue apoderando de su cuerpo. De
hecho sintió que sus pantaletas se humedecían a causa de los líquidos
que escurrían de su coño.

-Quítate los pantalones y las
pantaletas.- Fue la siguiente orden. Serena volvió a sorprenderse de que
Ángel supiera tan acertadamente la ropa que portaba. Obediente levanto
las caderas y se despojo de las prendas. Sus ojos miraron hacía la cama
vecina. Si Sammy despertaba se armaría un lío. Pero este seguía
hundido entre las sabanas. -¿Puedes ver tu coño?.- La princesa se
ruborizo más aún y miro por sobre su vientre.

- Si.- Dijo con
voz temblorosa.

-Anda. Tócalo.- Lentamente Serena acerco sus dedos hasta
su coño. Lo primero que advirtió fue una cálida humedad que,
como rocío, cubría su vello púbico. Luego sintió los
delicados labios de su coño, los encontró hincados y palpitantes,
como una herida en medio de sus piernas. Suavemente los abrió é
introdujo un de sus dedos, casi al instante se tropezó con su clítoris.
Este se sentía duro como un roca pequeña. Cuando la princesa comenzó
a frotarlo una oleada de lujuria sacudió todo su ser, sus nervios se tensaron
como cuerdas de violín, sin pensarlo comenzó a introducir un dedo
tras otro hasta que todos estuvieron dentro de ella. Solo la presencia de himen
impedía que se lanzara más a fondo. Aún así se frotaba
con intensidad disfrutando el escozor que le provocaba el tallar su sexo. Su otra
mano se mantenía ocupada oprimiendo y pellizcando sus pechos, a veces lo
hacia violentamente hundiendo las uñas en su carne hasta casi hacerla sangrar.
Su mirada estaba fija en aquella mano, su mano, entrando y saliendo de su coño,
mojada en sus líquidos íntimos, cada vez más rápido.

-
Aaaaaahhhhh…. Aaaaahhhhhh….- Gemía la princesa apretando los dientes
para no hacer más ruido.

- Piensa en mi pequeña… piensa en
mi…- La voz sonaba excitada. Serena cerro los ojos y comenzó a recordar
aquel beso prohibido en la colina. El calor de aquel cuerpo femenino apretándose
contra el suyo. Poco a poco su imaginación la hizo creer que eran las manos
de Ángel las que recorrían su cuerpo. Que esos labios besaban y
mordían a su antojo sobre su piel. – Si… si… soy yo quien te toca…
son mis manos…. Ooooohhhhh… que bellos pechos, que coño hermoso…
voy a chupar tu coño… estoy chapándolo…. ¿me sientes
verdad?… ¿lo sientes?..- Aquello era un sueño o una pesadilla,
cada palabra era dicha en el momento justo, como si realmente Ángel la
estuviera mirando desde algún lugar entre las sombras. Las caderas rotaban
desesperadamente. Repentinamente un hormigueo estallo en su clítoris, seguido
por un torrente de ardientes líquidos.

-¡Oooooohhhhh!….- Serena
sintió que moría al tiempo que aquella cascada de calor intimo.

-¡Hermoso pequeña!… ¡Hermoso!- La voz de Ángel
sonaba pastosa y desesperada. – Sigue…¡Sigue!…- El caudal que emanaba
de Serena pareció escuchar los deseos de una diosa, pues en vez de disminuir
continuo con mayor intensidad. -¡Aaaaaaaahhhhhhhh!.- Esta vez Serena no
pudo impedir que su gemido escara de sus labios con toda su fuerza. Las sabanas
de la cama vecina se movieron. La luz del cuarto de sus padres se encendió.
En cualquier momento la puerta se abriría, Sammy saldría de entre
las sabanas, todos la mirarían. Todos verían su coño escurriendo
líquidos, todos mirarían su mano entrando y saliendo de sus entrañas.
Pero no podía detenerse, sus manos seguían trabajando intensamente.
Era como si no fueran suyas, como si una fuerza le impidiera detenerse. Lo único
que logro fue girar sobre su costado.

Su corazón latía fuertemente.
Esperando escuchar la voz de su madre o de su hermano en cualquier momento. Pero
nada ocurrió. Jadeando se incorporo y miro hacía la entrada del
cuarto, la luz había desaparecido. Sammy seguía oculto entra las
sabanas. Era como si todo hubiera sido un sueño húmedo. Excepto
por que estaba semi desnuda, con el coño húmedo y los dedos impregnados
en sus propios jugos.

-No vemos mañana en la colina pequeña.
Buenas noches.- Un Clip y luego un largo y agudo zumbido. Serena cerro el aparato
y se cubrió con las sabanas. El sueño llego tan rápido que
fue como si se hubiera desmayado.

En una habitación vecina Ángel
colgaba el teléfono. Recostada en su cama, solo cubierta con un delicado
baby doll en color negro, a sus pies dos figuras la miraban expectantes. Una era
su chofer. Estaba totalmente desnuda luciendo toda la belleza de su cuerpo de
ébano. La otra era una chica ataviada con un ajustado traje de cuerpo negro.
Su rostro estaba oculto detrás de una mascara del mismo material.

-¿En
verdad le interesa esa mocosa ama?. Interrogo la chofer.

-¿Celosa Jessi?.-
Dijo Ángel con un gesto de burla en su hermoso rostro.

- Si.- Respondió
la mujer bajando la cabeza. Sabía que sus sentimientos no eran algo que
le interesara a su señora.

-¿Tú también estas celosa?.-
Ángel miró a la enmascarada. Esta solo movió la cabeza en
señal afirmativa. – ¡Ooooohhhh! Lo siento.- Ángel sonrío
cruelmente.- Olvide que aún sigues castigada.- Cariñosamente acaricio
la fría mascara de cuero.- Me siento muy bien esta noche. Tal vez mañana
te levante el castigo.- La enmascarada apoyo la frente contra el delicado pie.
Agradeciendo el gesto de su dueña.

Ángel sonrió y miro
hacia la ventana. La luna reinaba en el cielo pero una nube oscura la atrapo.

CONTINUARA….

AUTOR: "EL MONJE".
Dudas quejas y
sugerencias a: POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Una gran aventura del Sailor Moon, primera parte.

Supernenas X (III: Burbuja pierde la inocencia)

Supernenas X (III: Burbuja pierde la inocencia) (19)

¡Uy, uy, uy! Algo muy extraño
está pasando con nuestras heroínas. Es algo tan malo, tan perverso, retorcido,
depravado y vicioso que yo diría que tiene algo que ver con… Oh, no, no quiero
pensarlo. ¡No! ¡Agh! ¡Es él! ¡Es…!

“Ese” contemplaba la tierna escena
en su televisor maligno. Sus carcajadas diabólicas resonaban por
toda su glamorosa mansión, pues su plan iba sobre ruedas. Cactus había sido
la primera en sucumbir a los placeres de la carne.

Después de ella, Pétalo,
y después, por fin, Burbuja. Las tres supernenas perderían sus superpoderes,
a la vez que su dulce virginidad. Y entonces…

- ¡DOMINARÉ EL MUNDO!
¡JAAAAA JA JA JA! ¡PERO QUÉ MALO SOY!

“Ese” el malo más malo de
todos los malos habidos y por haber, ese malo mezcla de demonio y drac-queen, correteó
por toda su mansión, deleitado por su próximo triunfo.

Por fin, iba a dominar el mundo.
Y todo se lo debía al sexo, al dulce y sencillo sexo, el sexo seductor, sin frenos,
el sexo sucio y desesperado entre tiernas mujercitas.

Temblando de placer, se sentó
en su sofá con un bol de palomitas, dispuesto a contemplar el espectáculo
final.

Quedaba su favorita, la más
tierna e inocente de las tres hermanitas…

 

Cactus obligó a Pétalo
a no llevar ropa interior. La amenazó con que, si la veía usar bragas o sujetador, le confesaría
al profesor las guarradas que habían hecho juntas. Pétalo avergonzada,
caminaba por la casa sin ropa interior. No obstante, era algo delicioso sentir
su conchita libre entre sus piernas, al aire, y sus pechos sin más
atadura que el vestido rojo, contra el cual se adivinaban a veces sus pezones.

Cactus se divertía con la
vergüenza de su hermana, no podía creer que ella, la más lista de las tres, la
“jefa”, por llamarla de alguna manera, fuera tan mojigata. De vez en cuando, para
divertirse, le daba un cachete en el culo o rozaba uno de sus pechos como sin
querer, y se echaba a reír oyendo las protestas de Pétalo. Aquel
juego era muy divertido.

Aquella tarde el profesor volvió
de jugar al golf, y Burbuja de su cita. Pétalo sudó mares, temiendo que
el profesor se diera cuenta de su falta de ropa íntima. El profesor dieron la bienvenida
a Cactus, que se había marchado de casa hacía tanto tiempo para vivir su vida.

¡Qué guapa estaba
Burbuja! Siempre había sido la más bonita de las tres, y
ahora tenía el principio de un
verdadero cuerpo de mujer. Bajo su vestidito azul ocultaba una silueta estilizada,
una cinturita delicada, un culito gracioso y unos pechos apetitosos que nunca
antes había tenido. A pesar de que las tres habían sido creadas en el
mismo momento y tenían por tanto la misma edad, Burbuja conservaba aun cierta ternura
en su cuerpo. En parte a eso contribuían sus perpetuas
coletas rubias y sus risueños ojos azul claro.

Por su boquita torcida, Burbuja
no parecía muy satisfecha con la cita de aquella mañana. Cactus insistió
en que se lo contara todo, como una buena hermana. Subieron juntas las escaleras hacia
el cuarto. Antes de desaparecer en el piso de arriba, le guiñó
un ojo a Pétalo, señalando al profesor. Quería que
se deshiciese de él.

- Esto… Profesor… -comenzó
a improvisar.

- ¿Sí, Pétalo?
-dijo el profesor Utonium, que estaba viendo un documental en la tele.

- ¡Ah, sí! Que llamó
la señorita Bellum y dejó un mensaje para usted.

- ¿La-la-la-la Señorita
Bellum? -tartamudeó el profesor- ¿Para mí?

- Sí. Dice que… que…
Que le necesita desesperadamente. Que quiere que vaya ahora mismo al ayuntamiento. El
alcalde no está, está sola. ¡Fíjese que no me
ha dicho de qué se trataba!

- Ca-ca-ca-caray, entonces supongo-supongo
que tendré que ir ahora mismo como buen caballero que soy. Me voy,
Pétalo, cuida de tus hermanas.

- Adiós profesor.

En catorce segundos con ocho décimas,
el profesor Utonium se afeitó, se echó colonia, se puso un traje elegante
con corbata, y salió de la casa corriendo, más encendido que el dedo
de E.T.

Pétalo comenzó a
subir las escaleras, pensando con tristeza que algo muy grave iba a pasar en aquellas horas siguientes.

- Cuéntale a tu hermana
lo que te ha pasado con ese chico -decía Cactus a Burbuja, sentadas en la cama redonda-.
Me huelo que nada bueno.

- Bueno, pues no. ¡Ese chico
se ha pasado!

- ¿A qué te refieres?

- ¡Se ha pasado conmigo!
Estoy harta de los chicos. Son unos animales que sólo piensan todos en lo mismo. ¡Oh,
Cactus, estoy tan triste! ¡Todos los chicos quieren tocarme demasiado, y eso
no me gusta! ¡No se qué me pasa!

- Oh… cariño, no llores…

Cactus dejó que Burbuja
llorara sobre su hombro. Se excitó cuando notó sus lágrimas humedeciendo el
tirante de su camiseta. Sólo tenía un pensamiento en la cabeza, y no podía demorarlo
mucho más. Le dio palmaditas cariñosas en la espalda, intentando consolarla.

- No te preocupes -le dijo-. Tú
no tienes la culpa de nada. Eres una chica buena, simpática y preciosa.
Le gustas a todo el mundo. Y no hay que perder la esperanza en el amor. Es sólo
que…

- Oh, Cactus que buena eres conmigo.

- Es sólo que tengo comprobado
que los tíos son todos unos cerdos. Piénsalo bien, ¿quién necesita
a los hombres?

- ¿Qué quieres decir?
-dijo Burbuja, mirándola con sus enormes ojos azules llorosos.

Las dos hermanas estaban abrazadas,
sus rostros cálidamente cercanos entre sí. La respiración de Cactus
se aceleraba.

- Quiero decir que -siguió
Cactus- quizá hayas buscado en el lado equivocado.

Quizá no sea un hombre lo
que necesites. Si yo pudiera…

- ¿Qué? ¿Qué
te pasa, Cactus?

- Oh, Cactus, eres tan linda…

Cactus no pudo aguantar más
y la besó. Comprimió sus rojos labios contra los de su asustada hermana. Durante unos
segundos permanecieron soldadas por la boca, pero luego Burbuja se separó
violentamente.

Cactus gruñó.

- ¿Por qué te retiras?
-le preguntó- ¡Quiero besarte otra vez, ha sido maravilloso!
- ¡Cactus! ¡Ha sido
tan…! No sé… -gimoteó Burbuja.

- No seas tonta. Yo soy una chica.
Sé lo que necesita una chica. Sé como besar a una chica.

- ¿De… de veras?

- Déjame demostrarte.

Pétalo entró justo
en la habitación para ver el beso entre sus dos hermanas. Se besaban tiernamente al principio,
luego era un beso que se movía, que se humedecía, que se enlazaba.

Durante uno de esos instantes eternos,
Cactus abrió sus ojos y miró directamente a Pétalo. Ella notó
el calor naciendo en su cuerpo, los pelos de punta, la piel de gallina, mientras Cactus besaba
apasionadamente a Burbuja.

Cactus recorrió los labios
de Burbuja, los besó individualmente, los lamió hasta dejarlos brillantes, y luego abrió
mucho la boca para atraparlos en su interior.

Burbuja dio un brinco al abrir
los ojos y ver a la turbada Pétalo de pie ante ellas.

- No te preocupes -dijo Cactus-.
Pétalo hace todo lo que yo le ordeno. ¿No es cierto? – Sí, señora -refunfuñó
Pétalo.

- Es mi esclava personal. Para
empezar le he ordenado que no lleve ropa interior. ¿Quieres verlo?
- ¿No lleva? -rió
Burbuja.

Cactus agarró el borde del
vestido rojo de Pétalo y lo fue subiendo lentamente por sus piernas, hasta descubrir
un coñito pulcramente depilado. El coño que ella misma había desvirgado
hacía unas horas.

Dejó que Burbuja observara
bien el coño de su hermana. Le invitó a tocarlo.

Vacilante, Burbuja adelantó
una delicada mano. Uno de sus delgados dedos, con la uña pintada de azul, acarició
su vello.

Pétalo gimió.

Burbuja exploró aquella
menuda mata de pelo con sus deditos curiosos. La entrepierna comenzaba a humedecerse
con los flujos lubricantes. Los deditos acariciaron el monte de Venus.
Pétalo se retorció cuando llegaron a su raja. La inocente Burbuja estaba pasando
sus dedos entre los labios exteriores, no tenía ni idea del placer que le estaba
proporcionando.

Los dedos encontraron un punto
muy especial que estaba surgiendo entre aquella carne que se abría en flor.
Al acariciarlo y apretarlo, su hermana gemía, lloraba, y perdía el control
de los movimientos de sus caderas, que bailaban hacia atrás y hacia alante.

- ¡Ya basta! -cortó
cruelmente Cactus- Tenemos todo el tiempo que queramos, hermanitas. Y tú, Burbuja…
Mmmh, qué rápido aprendes…

Y recompensó a Burbuja con
un húmedo beso en los labios.

Pétalo temblaba de vergüenza,
no podía mirar a los ojos a su hermanita. Cactus la zarandeó bruscamente
para despertarla de su pudor. Se miraron fijamente, y la besó. Sintió su libidinosa
lengua retorcerse dentro de su boca.

- Ahora vas a ir a mi macuto -le
susurró al oído-. Vas a encontrar dos juguetitos iguales. Mientras yo
le doy placer a nuestra hermana, quiero que tú te pongas uno. Eres una niña
muy lista, seguro que sabes cómo se usa.

Con su mirada de gata perversa,
le ordenó que cumpliera la orden, mientras ella y Burbuja se tendían tan
ricamente en la enorme cama tricolor. Mientras se dedicaban besos aun más
profundos y ansiosos, acariciaba su delicado cuerpo sobre el vestido. Apretujó
sus pechos, recorrió su espalda con las manos.

Burbuja, a medias gemía,
a medias reía.

Pétalo casi se echa a llorar
cuando encontró los juguetes en la bolsa.

¡Definitivamente depravada!
Extrajo uno de los cinturones de cuero negro. Tenía sujeto un pene de goma de enormes
proporciones, dotado incluso con sus respectivos testículos.
En la parte interior del cinturón, sobresalía otro apéndice. Muerta de arrepentimiento,
pero cumpliendo las órdenes de su nueva jefa, se puso el cinturón,
encajando el apéndice interior en su vagina. Mientras hiciera el amor a otra persona,
aquel pene estaría penetrándola a su vez, en un demencial juego de dar y recibir.

Se acercó a su hermanas
con aquel enorme pene sobresaliendo de su cintura. Cactus soltó la teta de
Burbuja entre sus dientes para contemplar la divina aparición. Se relamió.

- ¿No es una preciosidad?
-dijo con voz melíflua.

- ¡Qué grande! -dijo
Burbuja.

- ¡Es una monstruosidad!
-protestó Pétalo.

- Esclava, ven a la cama, ¡vamos,
a la cama! Quiero que le hagas el amor a esta preciosa chica.

- ¿Esa soy yo? -rió
Burbuja- Oh, Cactus, es muy grande, y yo nunca…

- Tranquila, puedes empezar por
hacerle una buena mamada a tu hermanita la pelirroja. ¡Vamos! ¡Quiero
que le chupes la polla! ¡Obedece!

Burbuja acercó su boquita
al gran falo de su hermana. El primer beso en la punta hizo mover el instrumento en la
cavidad vaginal de Pétalo, que se revolvió de gusto, aun sin quererlo.

- ¡Venga, chupa, esclava,
chupa bien! ¡Métetela toda, hasta los huevos!

Burbuja tuvo que dejarse de besos
y engullir el pene directamente, para satisfacer a su ama. Era demasiado
grande, y sólo le cabía la mitad en la boca.

Pero Cactus no estaba satisfecha.
Sujetó su cabecita rubia y la obligó a bajar y bajar, hasta que la verga desapareció
dentro de su boca, tocando los testículos con los labios, hasta que la verga
le llegó a la garganta.

Burbuja gruñó: la
sensación fue angustiosa. Consiguió zafarse rápidamente
y soltar la verga. Un hilillo de
saliva colgó de sus labios, enlazándolos aún con el pene artificial. La estampa
era maravillosamente viscosa.

- Muy bien -dijo Cactus-. Parece
que ya sabes cómo chupar una buena polla. Ahora pasemos a algo mejor. ¿Sabes?
-dijo, dedicándole una mirada de cómplice a Pétalo- Creo que el desfloramiento,
el que de verdad nos interesa, podremos dejarlo para después…

- ¿Des-qué? –gimoteó
Burbuja -¡Oh, chicas, eso no suena nada bien! Vamos a dejar ya el juego, ¿vale? ¡Por
favor…!
- ¡Calla! –ordenó
la inflexible Cactus- Pétalo, quiero que desvirgues su culo.

- ¡No lo haré! –repuso
Pétalo- ¡Ella no lo soportaría! ¡Es demasiado
grande!

- Mmmh… Claro que podrás,
cariño. Sólo tienes que hacerlo con un poquito de dulzura. Estoy segura de que lo
harás muy bien. Y tú Burbuja… –dijo, volteando a su hermanita rubia sobre la cama,
alzando su suave culito ante Pétalo- Estoy seguro de que lo aguantarás
hasta el final. Eres una chica muy fuerte. ¿Vale?

Ahora yo voy a ponerme una cosita,
y enseguida vuelvo con vosotras. ¡Vamos, quiero que le desvirgues el culo!
¡Venga!

Cactus se retiró de la cama.

Pétalo y Burbuja se miraban
fijamente. Burbuja adivinó el miedo de su hermana.

Se acercó a sus labios…
y le dio un piquito.

- No te preocupes por mí
–dijo-, soy una tía dura, ¿sabes? –qué linda era, incluso en esos momentos de abuso
y bestialismo- Quiero que me hagas el amor…

Burbuja se inclinó y Pétalo
ya no dudó más. Apartó las castas braguitas de su hermana, y comenzó a ensalivarle
bien el ano con la lengua, para que aquel primer desfloramiento fuera lo
menos doloroso posible. Con cada movimiento de su lengua, Burbuja se contraía
y suspiraba. Cuando ya estuvo bien brillante, Pétalo comenzó a rondar el ano
con su verga. Le daba golpes y suaves empujones para que fuera habituándose. Cuando
creyó que ya estaba listo, cerró los ojos con fuerza, y empujó, empujó,
resbaló hacia su interior, hasta que la polla entró totalmente en su retaguardia. Burbuja soltó
un grito animal, no se sabía si de infantil sufrimiento o de satisfacción
plena al ser encajada de aquella manera rotunda.

Una vez abierto el camino, Pétalo
entró y salió, entró y salió. El culito de Burbuja la acompañaba en
sus movimientos, pidiendo más maltrato, queriendo retenerla dentro.

- ¡Oooh, nena! -dijo Pétalo-
¡Al final –uh- te ha cabido toda -ah- toda dentro -mmmh! ¡Eres una niña
buena!

- ¡Oh! ¡Oh! ¡Mh,
sí! ¡Oh!

- ¡Muévete! -gritó
Pétalo, sintiendo el aparato moverse en su interior al ritmo de sus propias acometidas- ¡Mueve
el culito, sí! ¡Qué bien –ungh- mi niña!

- ¡Métemela más
al fondo!

- ¡No puedo, no puedo más!
¡Es todo lo que tengoooooh-aaaaaah!

- ¡Síiiii!

Detrás de ellas sonó
la voz de Cactus.

- Seguid unidas, chicas, no os
separéis ni un segundo, ya estoy con vosotras…

No tenían ninguna intención
de separarse. Mientras Pétalo follaba a su hermana sin cesar en su ritmo, Cactus se
le acercó. Al ver cómo sonreía, exhibiendo entre sus piernas un nuevo miembro,
adivinó sus perversas intenciones, pero el placer era tal que no pudo parar
para hacer nada.

Con la habilidad de una serpiente
sinuosa, Cactus se deslizó bajo Burbuja.

Se agarró a su espalda,
y con agilidad pasmosa y sin preámbulos encajó su pene en la tierna vaginita de Burbuja.

Ahora la más tierna de las
tres hermanas estaba disfrutando de un doble desvirgamiento en toda regla: penetración
vaginal, penetración anal, dos enormes falos largos y gruesos que entraban
y salían de su carne sin parar.

Las tres estaban unidas en su frenesí.
La cama tricolor temblaba como sacudida por un terremoto.

Cactus, apartó la cara dolorida
de Burbuja para agarrar la de Pétalo y engancharse con su lengua. A partir
de entonces no la soltó, permaneció hasta el final agarrada con todas sus fuerzas
a su boca, a su lengua, siendo Burbuja la única que tenía boca
para gritar por el placer extremo del doble desvirgamiento.

- ¡AAAH! ¡SIIIIII!
¡OOOOOOGH! ¡MIS DOS HERMANITAS FOLLÁNDOME, QUE BUENO! ¡YAAAAA! ¡YAAAAAAAAAAAAAAAH!

Las tres hermanas alcanzan un potente
orgasmo juntas, con las patas de la cama a punto de romperse con la violencia
de tanto ir y venir.

- ¡OOOOOOHDIOOOOOSSSS!

- ¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAHMMMHAAAA!

- ¡¡¡MAAAAAAAAAAAASSSSSSSSSSSÍIII!!!

Se desplomaron inconscientes sobre
sus propios cuerpos, sin fuerzas siquiera para separar sus uniones de goma,
carne, sudor, saliva y flujos vaginales.

Unas gotitas coloradas caían
de la vagina de Burbuja…

…………………….

En fin. Así fue cómo
“Ese” destruyó los poderes de las Supernenas, y extendió por fin su control sobre Townsville,
obligando a todos los hombres a llevar minifaldas de cuero, cinturones
anchos y botas altas de tacón de aguja, y a todas las mujeres a cortarse el
pelo, maquillarse mucho y vestir siempre con boas de plumas.

¡FIN!

¿Algo que decir? POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Solamente una de las tres hermanas seguía siendo virgen… aunque no necesitará mucho tiempo para perder sus super-poderes al igual que Cactus y Petalo.

Expedientes secretos X (II)

Expedientes secretos X (II) (19)

04 de octubre, 10:30 horas.

Escuela Secundaria México Independiente

Sala de maestros.

Ciudad Netzahualcoyotl

Mulder y Scully esperaban pacientemente a que el profesor
Jaime se apersonara en la salita. Su tardanza era seña de lo poco que le
interesaba la investigación, y en general lo poco que le interesaba cualquier
cosa que no fuera él mismo. Cuando entró, lo que ambos agentes vieron fue una
extraña vertiente viril de David Bowie, es decir, Bowie siempre luce perverso,
camaleónico, estridente e intenso, y hasta cuando sale de barba y perfectamente
trajeado, se advierte un rayo ligero de bisexualidad que cualquier homófobo
criticaría, éste en cambio, no sólo se parecía a David Bowie en todo eso, sino
que a la vez despedía una virilidad implacable, tan implacable que uno estaba
seguro que podría meter la polla donde fuere. Su nariz era igual aguda, su
barbilla afilada, sus dientes algo vampíricos, delgado, eso sí, con un paquete
en los pantalones que nunca le hemos visto a David Bowie, la piel algo tostada.
Este hombre daba una imagen sucia, pero no era su aseo el que daba esa
impresión, pues sus uñas estaban perfectamente atendidas por la manicurista, su
cutis seguramente era cuidado con mascarillas y el resto de su piel visible
mostraba una tersura envidiable, su ropa estaba adecuadamente limpia e incluso
se percibía que le sentaba muy bien el último perfume de Polo Ralph Lauren, era
su iris, su pupila, su niña, lo sucio lo llevaba en el alma, y no era un simple
manchón negro, era una naturaleza oscura, de tinieblas.

"Me indican que me estaban buscando. Si no es inconveniente,
¿Puedo ver sus identificaciones?"

Jaime miraba con atención de dónde sacaba cada uno de los
Agentes su identificación. De hecho no perdía detalle de nada de lo que hacían
Fox o Dana, era un observador nato. "Mmmh. ¿FBI?, ¿No están algo lejos de su
país?, dudo que mi país haya hecho acuerdos, digamos, legales, para que ustedes
estén husmeando en esta escuela pública, sacándome de mis actividades. Sé que
sería lo más sencillo pedirles que se retiren y que dejen de andar de morbosos,
pues, si no lo hacen por trabajo, ¿Por qué coño investigan algo que ni les va ni
les viene?.

"Entiendo su postura" dijo Scully, para continuar "pero
creímos que usted, como maestro de esta escuela tiene el interés de que esto se
resuelva, y sobre todo usted, de quien hemos tenido referencias de que no teme a
nada, ¿No estará temiendo nada verdad?"

"No es necesario que haga tanto teatro Agente Scully,
comprendo sus intenciones, aunque le he de decir que no estuvo tan mal
queriéndome enganchar con su treta de provocarme una afrenta personal al sugerir
que soy cobarde para que luego yo quiera comprobarle lo contrario cooperando con
ustedes, que es lo que le importa en el fondo. Vamos, mi cobardía o valentía es
algo que a ustedes les importa lo que una puta madre. Le digo, no estuvo tan
mal, pues eso de decirme miedoso si funciona en mi caso, y créame, nunca he
perdido. Vamos a ahorrar tiempo, ¿Qué es lo que necesitan saber?"

"¿Mató usted a la señorita Hilda Alfaro?"

"Que simple, Agente Mulder. No fui yo quien la mató"

"¿Sabe quién fue?"

"Tampoco, pero lo sospecho."

"Hay algo que debe saber" Dijo Dana, Mulder la miró
extrañado, pues aparentemente se trataba de algo en que no estaban de acuerdo,
"Hace dos años fue acusado de violación a una estudiante…"

"Cosa que ha quedado perfectamente aclarada en la corte, por
lo que usted debe dar por cierto que soy inocente."

"Es verdad, pero en esa ocasión le fue practicada un análisis
de semen, sacaron el patrón de sus células reproductoras y fueron traducidas a
un código que permite reconocerlas siempre. Pues bien, su mapa reproductivo
coincide con el semen que fue encontrado en la escena …"

"¿Escena del crimen?, ¿Lo fue?"

"Ese dato sólo nos permite saber que fue usted el último en
verter dicho líquido dentro del cuerpo de esa chica, y en ninguna forma
demuestra que usted la mató, sin embargo es claro que aunque no tengamos
autoridad en este país, el dato de la exactitud que hay entre su semen y el
encontrado en el cuerpo de la chica lo hará sujeto a responder muchas preguntas,
y yo le haría una ¿A qué hay que temerle más, a una policía eficiente que lo
descubrirá tarde que temprano si usted fue el culpable o a una policía
incompetente que encontrará en ese simple detalle del semen la prueba
irrefutable que le permitirá cerrar el caso con agrado de la opinión pública?,
piénselo, no tenemos autoridad aquí, pero nos interesa encontrar al culpable, y
si usted dice no serlo pese a que hay cierta evidencia que así lo señala, tendrá
sin duda el mismo interés que nosotros en hallar rápido al asesino"

"Es muy lista agente Scully. Les ayudaré. Pero no se crea que
es por amor a la verdad, sino porque nadie va a burlarse de mi, ni intentará
hacer creer que estoy detrás de todo esto. Su argumento del semen es fácil de
rebatir, por lo que no debe creer que tiene las riendas de la situación conmigo.
Síganme."

El profesor los condujo por los pasillos hasta que llegaron
al centro de vigilancia de la escuela. Entraron y había una especie de
videoteca. Ordenados por día estaban enfilados muchos video cassetes, y el
profesor se encaminó a tomar el video del 01 de octubre. Lo colocó en la video
reproductora.

El cassete estaba justo en una parte en que se veía a muchos
estudiantes dentro de un laboratorio de biología. Todos estaban en gran
desorden, la imagen reproducida no era del todo nítida, pues el equipo de
circuito cerrado de la escuela era obsoleto. En la pantalla apareció el profesor
Jaime diciendo "Muchachos. ¿Quién ha robado la muestra de esperma que tan
amablemente he donado a la institución?, Regrésenla.", los muchachos reían hasta
que el maestro dio por concluida la clase veinte minutos después de la hora de
salida, tiempo en el cual sus caras habían pasado de alegres adolescentes a unos
patéticos prisioneros de la escuela.

"¿Ve la hora y la fecha que señala la cámara?, 01 de octubre
a las 13:15. Es imposible que haya estado en el lugar del asesinato si a las
13:15 estaba yo preguntando por mi semen en el laboratorio de biología y ahí
permanecí durante más de media hora. La media hora en que murió Hilda".

"¿Cómo sabe la hora exacta en que murió Hilda?

"Tuvo que haber sido entre las 13:15 y las 13:40 horas."

"Debe haber un video que haya registrado el asesinato Scully"

"No lo hay" dijo Jaime, "de hecho son cámaras desmontables.
Hay sólo cinco cámaras. Se desprenden con un desarmador especial, y se colocan
en los sitios más conflictivos, y esto de manera aleatoria. Dos siempre están
vigilando la dirección de la escuela y otra más está permanente vigilando la
bodega de artículos didácticos y de deportes. Las dos restantes se ponen en
lugares estratégicos."

"¿Quién decide dónde?"

"Este mes fui nombrado encargado de las cámaras. Luego de un
conflicto en las regaderas de mujeres tuve que colocar ahí una de las cámaras, y
la restante la alterno entre los diversos laboratorios. Fue cosa de suerte, esa
mañana del 01 de octubre acababa de quitar la cámara del laboratorio de química,
justo a las 13:00, para ponerla en el de biología, a las 13:15. De haber sabido
que habría un asesinato la hubiera dejado ahí"

"¿Quién más supo que usted había quitado la cámara?"

"Todos los alumnos están siempre muy pendientes de esos
cambios. Me pregunta que quién, puedo elegir cualquier nombre y mi respuesta
sería correcta, Dalila, por ejemplo"

"¿Cómo explica todo esto de los videos y la presencia de su
semen en la chica asesinada?"

"El video no sólo muestra que estuve en un lugar distinto y
muy público al momento del asesinato. Sé que fue en ese momento porque desde el
escritorio de el laboratorio de biología puede verse la entrada del laboratorio
de química, y fue como a las 13:35 en que acudió todo entorpecido el Director y,
luego de unos minutos, ordenó acordonar el laboratorio. Déjeme le digo lo que
podría ser un plan criminal. Alguien desea matar a Hilda, pero desea que me
inculpen por ello. Roba una caja de petry repleta de mi semen y acude con la
víctima a verse a escondidas en un laboratorio seguro, pues tiene las luces
apagadas y no hay cámara de circuito cerrado, empieza a penetrarla y en medio de
el follamen, embadurna su verga con mi semen y se lo mete a la putita esa de
Hilda. Luego la mata con ese estilo tan particular. Investiguen estimados
agentes. Este asesino me tiene con la boca abierta porque es fecha que no sé
cómo fue que lo hizo."

Scully preguntó "Una última pregunta profesor. ¿Por qué
llenar usted mismo la caja de petry que contiene la muestra se semen?"

"Me agrada su morbo Agente Scully. La respuesta es: por
vanidad. Quería que le quedara bien claro a esos infelices que ninguno de ellos,
y ni siquiera en grupo, eyacularían más esperma que yo. Por eso soy el maestro."

Una vez que el maestro se retiró, Mulder le dijo a Scully "No
creo en su coartada, estas imágenes de video son muy fáciles de editar. Lo
extraño es que el video estaba justo en el pasaje en que él preguntaba por su
esperma perdido. Creo que es demasiado listo para ser inocente. Tendré que
seguirlo esta noche"

 

04 de octubre, 23:00 horas.

Centro Histórico de la Ciudad de México

Andando por las calles de la Ciudad de México, avanzaba a
paso rápido el profesor Jaime. Había una niebla inusual, y se sentía un clima
húmedo y fresco. Jaime apuraba el paso y se metía por entre unos andamios que
parecen estar permanentemente rodeando la catedral y las ruinas del templo
mayor. Se detuvo e intercambió algunas palabras con un guardia y pareció
entregarle algo. Luego siguió avanzando.

A unos cien metros de distancia, vestidos de manera formal y
con tonos oscuros para disimular, venían Mulder y Scully. Veían a Jaime meterse
por unos callejones más bien hechizos a punta de láminas. Lo perseguían y veían
como se brincaba un pequeño protector y ayudándose con una zoga, se metía a las
ruinas de templo mayor. Momentáneamente ya no había ningún guardia vigilando la
zona arqueológica. En sí, poco hay que cuidar en esas ruinas, pues lo
interesante son las estructuras arquitectónicas, y difícilmente alguien podría
dañarlas. Tal vez podrías orinarlas o defecarlas, pero nada grave.

Jaime se había metido ahí, de noche, siendo que a esa hora
está evidentemente cerrado. ¿Cuál era su propósito de meterse ahí? Mulder
deseaba averiguarlo. Scully le indicaba que no dejaba de ser grave meterse a una
zona protegida en la forma furtiva en que se pretendía. Mulder no hizo caso, y
Scully solidaria lo siguió.

Uno no cree que existan laberintos modernos, pero lo cierto
es que aquellas ruinas, oscuras como estaban, milenarias como eran, asemejaban
un laberinto de penumbra en el cual sería fácil perderse. Scully y Mulder
caminaban casi a tientas, pues no cargaban sus acostumbradas linternas, e
incluso de traerlas no sería lo más viable encenderlas, pues ello los dejaría al
descubierto en forma inmediata. Así, guiados por un sexto sentido, avanzaban
lentamente, intentando identificar la silueta de Jaime. Un gato salió haciendo
un ruido felino. Scully se asustó y abrazó en forma inconsciente a Mulder, para
separarse de manera casi repulsiva e inmediata, cabreada de haberse visto tan…
¿femenina?.

Así avanzaron hasta que escucharon a espaldas suyas la voz de
Jaime. "Les estoy apuntando con un arma, y créanme, no sé qué es más ilegal,
matarlos, que me estén siguiendo o que estén ustedes en este centro
arqueológico. Tiren el cartucho de sus armas al suelo y patéenlos en dirección
mía. Bien hecho."

Mulder y Scully tenían sus brazos en alto. La camisa color
azul plomo de Mulder comenzaba a mojarse con un sudor nervioso. Estaban en un
pasillo un poco ancho que no ofrecía coba alguna. Mulder, en un arranque
proteccionista, se colocó entre Jaime y Scully, como si se interpusiera entre
sus balas y Dana. Jaime volvió a hablar.

"Déjenme adivinar. No tienen ninguna evidencia contra mí. Han
revisado mi expediente penal y les sorprende que haya sido acusado por tantas y
tan diversas causas criminales, pero los deja sin habla que en ninguna de ellas
haya sido declarado culpable, ¿No es cierto?, y todo ello se debe a que confían
demasiado en su intuición policíaca, su moral de sabueso. Algo en su olfato les
dice que no soy inocente, que no soy bueno, y déjenme aplaudirles, pues no soy
inocente, y menos aun culpable, soy integro conmigo mismo, y acertaron, no soy
bueno, soy más bien un ser malo, muy malo, disfruto haciendo el mal. ¿Eso es lo
que han venido a descubrir, que soy malo? Si soy malo. Pero no podrán demostrar
que mate esa chica porque no la mate. Sin embargo merecen una lección, una
lección que les deje claro que soy malo para que no vuelvan a dudarlo. Vinieron
a buscar sin saber exactamente qué, van a encontrar lo que a mi se me ocurra. No
me mire con odio Agente Mulder, no con esos ojillos ladinos que tiene, tampoco
usted señorita Scully, ustedes son muy parecidos a mi, les encanta estar
jodiendo al prójimo, joden y joden y joden; ¡Claro está!, joden a los malos,
joden al asesino, al secuestrador, al incendiario, al ladrón, y joden a ellos
porque es a quienes la Ley permite joderse, pero dígame Agente Mulder, ¿Qué
siente cuando atrapa a un malhechor?, ¿Acaso no piensa, "te tengo cabrón, tengo
la verga de más calibre que la tuya, te voy a joder, soy más listo que tu"?, si
es así, usted y yo somos almas gemelas. ¿Y que me dice usted, señorita Scully?,
¿La pone cachonda joder a todo el mundo a lado de este Agente del FBI?, Le gusta
dominar, le gusta ser fuerte, y cuando empuña su pistola es como si empuñara una
verga que escupe semen mortal."

"Que bueno que me siguen, pues no tenía nada en mente. De
hecho quería dormir en cualquier parte, a ser posible en un sitio en que sea
ilegal dormirse, como estas ruinas, por ejemplo, pero ya que están ustedes aquí,
se me han ocurrido nuevas cosas. Agente Mulder, comience a desnudar a su mujer."

Mulder se hizo hacia delante, como si pretendiera abalanzarse
sobre Jaime, sin embargo, éste lanzó un disparo que le agujeró una parte del
pantalón. "a la próxima no apuntaré a un sitio que no tenga carne adentro",
Mulder comenzó a quitar el saco a Scully.

"Hágalo con delicadeza. Pregúntese, ¿Hay alguna mujer en esta
tierra que le dé mayor inquietud sexual que ésta?, ¿Por qué tratarla así
entonces, como si le molestara tener que jodersela?. Porque sabe, a esta mujer
va a jodersela esta noche. Lo que debería de ser una noche gloriosa la está
echando usted a perder. A ver, pregúntele a la Agente Scully si es usted el
último hombre que desearía que la jodiera, pregúntele si desearía que antes que
usted la follaran todos los hombres del mundo. No me mires con esa cara de
imbécil, he dicho que le preguntes. Nada de lo que digo será broma, entiéndanme
eso.

"¿Scully, dejarías que todos los hombres del mundo te
follaran antes que yo?"

"No"

"Pregúntele a quién elegiría como violador si alguien la
tuviera qué violar a punta de pistola. Pregúntele."

"Quién elegirías como violador si alguien tuviera que hacerlo
forzosamente"

"Nunca elegiría violador"

"Señorita Scully. Deje de hacerse la difícil. Antes que
después va a ser penetrada por este hombre. ¿O me dirá que le va a abrir las
piernas ya que ambos estén viejos, ya que él no pueda mantener una erección y
usted no tenga más hormonas?, ¿O me dirá que no pasó nunca por su mente
jodérselo?. Una vez aclarado esto, quiero que le conteste al Agente Mulder la
pregunta que le hizo y se deje de idioteces."

Dana cerró sus inmensos párpados y dijo en voz muy queda, "te
elegiría a ti Mulder", para esto, sus células comenzaban a traicionar su célebre
integridad, sus mejillas siempre blancas estaban adquiriendo un tono sonrosado,
aunque ello no podría notarse por la penumbra en que estaban, su oído se ponía
más alerta e incluso el aire la parecía más tangible que antes. Su sexo
comenzaba a humedecerse entre el pánico y la excitación, y la razón era
sencilla, sabía que este tal Jaime no cesaría en sus acciones hasta ver que
Mulder la penetrara.

Frente a sus ojos pareció pasar aquel momento en que leyó
algo acerca de él y ello no le significó nada. Le había llamado la atención que
lo llamaran el "tenebroso", e incluso sonrió de aquel sujeto paranormal,
pensando que era un cretino. Recordó cuando la asignaron de compañera a él, más
que para acompañarlo, para fiscalizarlo, para juzgar todo y cuanto hacía. Pero
lenta y seguramente había aprendido a querer a ese hombre, y en su soledad no se
explicaba por que alguien que te salvaría la vida, que daría la vida por la
tuya, no podría disfrutar de los beneficios de que estés precisamente así, viva,
joven.

Mulder había quitado la blusa a Scully, y casi con ternura le
empezó a quitar el sostén. Mientras lo hacía, los ojos de ambos se tomaron al
vuelo, ambos disculpándose, ambos justificándose, ambos sorprendidos de lo que
estaban a punto de hacer.

"Mire esos pechos amigo Mulder, ¿Qué tienen de mal?"

"Nada"

"Claro que nada, son bellísimos. Tome uno de ellos en cada
mano y béselos como usted crea que lo merecen. Y tenga cuidado de hacerle creer
a la Agente Scully que sus pechos no se merecen el trato salvaje que todo hombre
da a los pechos que le enloquecen. Pobre de usted si no los besa bien, pobre de
usted si no los hace pararse de excitación."

Mulder miró a los ojos a Scully como pidiéndole permiso, ella
respondió misterio cerrando sus ojos. Mulder tomó los pechos de Scully y comenzó
a lamerlos con la punta de su lengua. Los pezones eran de un tono cobrizo, de
pezón grande y brillante, que al contacto de la lengua de Mulder comenzaron a
contraerse como si se prepararan para convertirse en anzuelos que no dejaran
escapar a la presa que osaba jugar con su boca en ellos.

Mulder sentía en su lengua, y luego en sus labios, el tenue
sabor de la nada, de eso que sabe sin sabor, de estar comiendo de algo que no
ingieres pero que te alimenta mejor que nada, mamando aquellos pechos como si de
ellos manara una leche sagrada que lo volvía mas joven, más bello, feliz y por
consiguiente eterno, pues la eternidad es la ausencia de tiempo y en sus labios
éste no existía desde hace mucho. Mordía y los gemidos de Scully se hacían más
evidentes.

"Abra su boca Señorita Scully, es más difícil gemir con los
labios cerrados. Dele a su boca el derecho de ser hermosa, de representar el
gozo."

"Ahhh" se escuchó. Y ese Ahhh de la boca de Scully fue como
la inauguración de un paraíso. Mulder se sintió aceptado y Scully aceptó
abandonarse. Mulder terminó de desnudar a Scully y comenzó por tocar con sus
manos aquel cuerpo imaginado tantas veces. Era como lo había soñado. El sexo de
Scully estaba cubierto de un tenue bello castaño, y de él emanaba una fragancia
que invitaba, y Mulder aceptó. La lengua del Agente comenzó a lamer la
entrepierna, luego la otra, hasta que las dos piernas se abrieron, y luego, la
lengua se encajó en el centro de su sexo, paseando por todas partes como un
platelminto divino. Dana estaba ya muy mojada.

"Señorita Scully, haga el favor de desnudar al Agente
Mulder." Lo hizo, procurando olfatear cada parte que desvestía, reconociendo al
hombre en lo que debería ser su compañero agente. Abría sus ojos al máximo, ella
que había visto cientos de cuerpos desnudos en las planchas de la morgue, tenía
la sensación de no haber visto un solo cuerpo en su vida, para ella este cuerpo
era el primer cuerpo. Cuando quitó el pantalón y los calzones de Mulder quedó
hipnotizada por la pesada verga que quedó al descubierto. Había imaginado a
Mulder desnudo, pero nunca lo había visto, y menos con el pene erecto."

"Béselo Agente Scully" Ella se puso nerviosa, sin embargo su
boca temblaba de una emoción por recordar aquello que sólo en sueños había
hecho, siempre con hombres sin rostro a los cuales, luego de besar un poco,
humillaba diciéndoles que eran sucios. Pero qué decir ahora, este miembro no le
parecía repugnante, sino que lo quería suyo. Su boca se abrió, su nariz aguileña
se distendió un poco y el lunar sobre la boca centelleó.

"No sea mojigata Agente Scully. Libere su mente, deje de ser
tan clínica. Mame bien esa verga o la mataré de todas formas" Scully comenzó a
engullir la verga de Mulder, llenándola de saliva, cerrando los ojos. Mulder
estaba sorprendido de ver con qué facilidad alcanzaba a comerse la polla entera
mientras que con sus manos le tocaba las nalgas. "Qué bien lo haces Scully",
dijo Mulder. Scully le contestó, "Por favor no hables".

Mientras Scully mamaba a Mulder, Jaime pasaba revista por el
culo de Scully, y veía una cadera que desde luego no era una cadera de una
modelo, pero era ancha, blanca como la leche, y con un sexo súper atrayente.
Escuchó que Mulder volvía a elogiar la manera de chupar de Scully y dijo:

"Tanto lo elogias que tendré que probarlo. Mientras quiero
que la cojas por la vagina y la penetres como crees que se merece esa cadera.
Cuidado con que no le quede muy claro a Scully que tiene un culo de lujo, que
hombres se matarían por metérsela, que dude que no tienes más deseo que correrte
dentro de ella."

Mulder si se enfureció, y Scully también, pues una cosa era
follar con Mulder y otra con un desconocido. El cañon de la pistola de Jaime fue
bastante afrodisíaco para Scully, quien se espantó un poco de ver el descomunal
miembro de Jaime, que fácil era un cincuenta por ciento más grande que el de
Mulder, quien no lo tenía precisamente pequeño. Descubrió una habilidad para
engullir pollas, pues la de Jaime también le cupo entera en la boca. Mientras
Mulder la jodía por la cadera, con cara de esposo engañado, como si le
estuvieran cobrando derecho de pernada.

La magia cedió y todo fue brutal desde ese instante. De rato
Mulder la penetraba por el coño y Jaime por el culo, y pese a que no es una
práctica usual para una primera vez, Scully no se inmutaba, lo que no es lo
mismo que no excitarse, pues estaba muy caliente, y no era ella la que más cerca
estaba de decaer. Mulder le abría las nalgas con las manos y la besaba en la
boca mientras que las dos vergas taladraban aquel cuerpo. Jaime fue el primero
en acabar. Se salió del ano y se paró frente a Scully. Pese a que ella abrió la
boca, el único interés de Jaime era correrse en las tetas, y comenzó a manar y
manar y manar, demostrando que era cierto lo que decía de tener mucho esperma,
de querer demostrarlo. Las pesadas gotas de semen se estrellaban en los pechos
de Scully , y por gravedad terminaban por caer en el plexo de Mulder.

Jaime se las arregló para vestirse en un santiamén, y se
perdió en la oscuridad. "Tengan cuidado", le dijo a los agentes. Mulder,
cabalgado por Scully, empezó a verter su leche dentro de ella, y ambos bramaban
de gozo. Atrás de ellos, un Dios Azteca sonreía.

En el coche, hablaron muy poco. Querían hablar, pero sabían
que cualquier cosa que se dijera era inadecuada. Por fin, calculando Mulder que
faltaba poco para llegar al hotel, empezó a hablar.

"Scully, te debo una disculpa"

"¿Una disculpa de qué?"

"Me comporté como un animal"

"Somos animales en el fondo Mulder, además fuiste todo un
caballero. No esperaba menos de tu desempeño. Espero coincidamos con que ese
sentimiento es mutuo. No es el fin de nuestras vidas, ni te quiero más o menos
por esto. Por el contrario, este incidente aclara muchas cosas, vuelve más fácil
el trato."

"Pero es que no es normal…"

"Ya que es una noche de libertades habrá que avanzar mucho.
¿No te preguntas por qué pude abarcar con mi boca el miembro de el profesor
Jaime?, ¿No te preguntas por qué me fue cómodo, en cierta manera la doble
penetración? Hago yo las preguntas porque tu vergí¼enza nunca te permitiría
hacerlas. Descubrí esta noche Mulder que no me hubiera lastimado eso, ni una
doble penetración anal, o vaginal. Mi cuerpo ha quedado preparado para eso y
para más. Sé que te sonará raro todo esto Mulder, que es lo más morboso que has
oído, pero sé que eres el único a quien puedo contárselo sin ser objeto del
ridículo, y el más discreto para no tratar el tema nunca más."

"La noche del rapto fui objeto de un acto sexual alienígena.
No sólo investigan tu cuerpo con aparatos. Esos seres tienen un cuerpo que es en
sí mismo un laboratorio, con ellos miden, modifican, aplican. Me introdujeron
objetos en la boca, en el ano, en la vagina, pero ahora me queda claro Mulder
que no fueron instrumentos médicos, sino sus órganos sexuales. Disfruté esa
experiencia, pero no dejaba de ser más que un trauma y un rechazo al sexo, hasta
hoy que descubrí que no se trata de la abominación que supuse sino de una
preparación sexual y cósmica. Lo más singular fue sin duda el último de sus
actos. Un ser de cuerpo humanoide me tenía tendida en una cama, con las piernas
abiertas, con mi sexo al descubierto, abierto. El ser se trepó encima de mí,
puso sus brazos alrededor mío, pero yo volteaba a ver entre sus piernas pero no
alcanzaba a ver ningún pene. Contrario a lo que pensé, no había pene entre sus
piernas porque éstas terminarían en convertirse en uno. Juntó sus piernas y
estas se solidificaron, convirtiéndose en un cilindro descomunal, frente al cual
el pene de Jaime resulta risible, y no porque lo tengan pequeño, sino porque el
otro era monstruoso. Temí como nunca, pues semejante miembro me partiría en dos,
pero no. El falo del alienígena estaba rodeado de una estela energética color
lila, que al contacto con mi cuerpo fusionaba ano y vagina, convirtiéndolos en
un solo orificio, mucho más elástico y sensible que los que ahora tengo, y tal
fusión no era una unión violenta de desgarre de tejidos, sino de un reacomodo
sutil de células, que, estando unidas estaban en orden. El ser sufrió un orgasmo
y yo con él, una sensación desconocida por mí. La misma que sentí cuando tu
eyaculabas dentro de mi. Por eso, no pueden lastimarme los penes humanos, soy
una mujer especial. No sientas celos, así fue. Y necesitaba decírtelo porque es
una circunstancia demasiado personal que no le contaría a ningún terapeuta, sólo
a ti. Y hoy es la noche ideal. Gracias Mulder, el sexo no es algo vedado para mi
ahora."

Llegaron al hotel. Satisfechos. Les esperaba un mensaje.
Había habido un nuevo asesinato en Ciudad Netzahualcoyotl. Las circunstancias
eran idénticas a las de Hilda, pero esta vez la víctima era un hombre.

05 de octubre, 00:27 horas.

Casa de Dalila

Ciudad Netzahualcoyotl

El policía ponía al tanto a los Agentes del FBI: "Su nombre
era en vida Fermín Ochoa. Según los vecinos tiene una hija y una esposa, ésta
última parece ser bastante escandalosa y seguido trae amantes al hogar conyugal.
La hija estudia en la escuela en que mataron a la chica, se llama Dalila Ochoa,
y los vecinos cuentan que la cosa era cada vez más insostenible desde que la
señora tomó como amante a un maestro de la escuela de su hija, un tal Jaime
Ruvalcaba."

De las investigaciones realizadas en la casa, pocos elementos
nuevos se podían tomar. "Mira Scully, aquí no se quebró nada más que el pobre
señor, no hay cristal ni nada parecido".

"Tienes que ver entonces esto" dijo Scully mientras señalaba
con su dedo índice un pequeño gato de cruza de angora, o lo que quedaba de él,
con los mismos síntomas que el señor, estaba hecho añicos.

"¿Dónde está la esposa ahora?"

"En una cantina, a veinte minutos de aquí, ahí ha estado las
últimas tres horas."

"¿Y la hija?"

"No se sabe"

"No entiendo" dijo Mulder, y pasó a la habitación de Dalila.

Encontró el desorden habitual de una habitación de una
adolescente que vive en un hogar disfuncional al 110\%, sabanas destendidas en
señal que dejaban ver que el cuarto no se había aseado en días. Un vaso lleno de
polvo con agua con vetas de arena finísima sobre el agua indicaban que nadie ni
nada había ocurrido en mínimo unos tres días. Sin embargo en esa casa estaba un
muerto. Abierto en canal en una forma insólita, y un pequeño gato también
reventado. En un pequeño librero había algunos libros, en su mayoría de tópicos
religiosos, o más bien sectarios. Mulder tomó uno de ellos y comenzó a hojearlo,
"gnosis" murmuró. Al leerlo, la elocuencia apocalíptica del autor le daba entre
miedo y risa, miedo de pensar que alguien creyera semejantes cretinadas, y risa
de pensar que el autor se autoproclamaba Emperador de Marte y Espada Justiciera
de Anubis. El libro tenía subrayado con marca textos amarillo: En realidad de
verdad os digo, humanidad doliente, que quienes desean ingresar al templo de
toda santidad ha de hacerlo dignamente, una vez que ha bañado su vestidura
astral. Nadie que cargue tras de sí pecado alguno podrá pasar el umbral de la
gran pirámide, y más aun quien lo haga deberá mirar frente a frente a la gran
sacerdotisa guardián, esa que no puede engañarse, la ama de todo, la que conoce
la intención oscura de cada persona, la que en su garganta tiene grabada la nota
síntesis de cada ser. Pobre del infeliz que acuda ante su presencia sin ser puro
de corazón, pues ella, la Diosa nocturna, la Divina, pronunciará una única
palabra, pero su entonación resonará tan profundo en el cuerpo de ese ser, que
estallará, así como la copa de cristal decrece ante el sonido del diapasón, así
la conciencia se rompe en mil pedazos, y más pobre es quien muere así, pues no
sólo se romperá el cuerpo, sino su alma. Yo, humildes hermanos, poseo ese poder
de conocer la palabra y entonación correctas, pero he jurado ante los Temp.`los
de luz de los mundos akashicos que no lo usaré en esta encarnación, ello como
dote de mi compasión para con ustedes.

"Scully, ¿Crees que un ser vivo pueda estallar con sonido?
¿Así como una copa de cristal ante un diapasón?"

"Imposible Mulder, la frecuencia debería ser tan extraña que
no hay instrumento que sea capaz de producirla"

Mulder se quedó inquieto. Scully, conociéndolo, le preguntó
"¿No estarás pensando que alguien pudo matar a estas personas con un emisor de
sonido?"

"Está registrado que en 1876 una persona murió en
circunstancias especiales dentro de una función de opera en Francia. Marcella
Mozzi, la cantante, dejó de cantar desde aquella función, considerando que su
voz era peligrosa. No ataba cabos hasta ahora Scully. Las reseñas de la época
señalaban que parte del virtuosismo de la Mozzi se basaba en una particularidad
de su voz: Se escuchaba como si hablaran dos personas a la vez, como Dalila."

"Es imposible Mulder"

"Ve a analizar el cuerpo. Lo llevarán a la misma morgue.
Mientras yo esperaré a Dalila"

"No tiene caso que esperes, probablemente no venga"

"Vendrá"

"Cuídate Mulder"

"¿Me lo dice la misma persona que hace un momento indicó que
mi teoría es imposible?"

Scully calló.

Sacaron el cuerpo de aquel apartamento. Mulder cerró la
puerta simplemente y esperó sentado dentro del apartamento. Poco a poco empezó a
haber un silencio abrumador. La gente que aun muy tarde seguía haciendo
escándalo, fue quedando quieta. Se escuchó el rechinido de la puerta y entró a
hurtadillas Dalila. Llevaba una lámpara pequeña, y con ella se orientó hasta su
cuarto, alumbrando perfectamente la silueta dibujada en el suelo de su padre
muerto, silueta que brincó con una indiferencia espeluznante, pasó a su cuarto y
tomó un poco de ropa, lo puso en una bolsa y se dirigía a la salida, sin haber
encendido más luz que la de su linterna.

"¿No te da curiosidad la marca en el piso? Es de tu padre, ha
muerto."

"¿Agente Mulder?"

"Prometo no desvirtuar el sentido de todo esto, pero dime,
¿Posees algún don en tu garganta?"

"La marca en el suelo seguro que es de mi padre, pero no me
pida que sienta dolor por él, no ha sido del todo bueno los últimos años y menos
aun las últimas semanas. Sabía que moriría muy pronto, disculpe que no me
sorprenda. Pero eso no es causa para que usted piense que soy yo la culpable,
¿Cómo lo mataría?"

"Con su garganta, tal vez"

Dalila dijo con desdén, "Por favor Agente Mulder, escúchese.
¿Cree que lo maté con mi garganta?" Dalila se acercó demasiado, a treinta
centímetros de Mulder. Tomó una mano del Agente y la colocó en su cuello, "Si
cree que mi garganta es malévola ¿Por qué no la aprieta Agente Mulder?, ¿Por qué
no la extingue para siempre, ahorcándome de una buena vez?, no crea que me gusta
mucho vivir. Anímese. Si no va a apretarme el cuello, ¿Por qué no toca con ambas
manos mi garganta y me dice si le parece que ésta esté mal?, siéntala, expulso
simplemente aire, y este cruza por mis cuerdas bucales y emite sonidos. Quisiera
tener una bonita voz, toda mi vida he sido objeto de burlas por ella, y de todas
ellas la más grave es esta que usted me hace, ahora mi garganta me vuelve una
parricida, según usted. ¿Quiere ajustar las cuentas del mundo, quiere que impere
la justicia?, hágale justicia a mi cuello, respírelo, huélalo, es dulce, dentro
tiene unas venas que son ricas en sangre y lo vuelven muy tibio. Si usted fuera
un vampiro me valoraría más. Por ahora parece tenerme miedo."

Dalila estaba ya tocando el cuerpo de Mulder, no abrazándolo,
sino simplemente repegándose en él. Mulder había comenzado a sentir que su
pantalón aumentaba de volumen, pues la voz sugerente, como si dos mujeres
quisieran a la vez ser poseídas, lo estaba volviendo loco. Sin embargo, su sudor
frío no era del todo convincente, pues Dalila aun temía que el agente quisiera
eludirla más. El pulso de Mulder estaba muy acelarado. Su verga vibraba como la
pipa de un órgano de una catedral medioeval al tocar un do mayor.

"Muérdame Agente Mulder. Pruébeme" Dijo Dalila poniendo su
cuello a la altura de los labios carnosos de Mulder, quien empezó a besarla
primero de una forma dócil, percibiendo el olor de la nuca y del cabello. Poco a
poco sus mordidas fueron siendo más vicerales, más frenéticas, pues la manera en
que Dalila se torcía ante cada mordisco, tal cual si la mordida en el cuello
tuviera repercusiones en el coño, lo estaba poniendo totalmente fuera de
control.

"Muerde mi cuello asesino" Dijo Dalila, y Mulder la separó de
sí con fuerza, pero la frase había hecho estragos en sus testículos, los que
quedaron hechizados al instante.

"Ve Agente Mulder. Este es el único poder que tiene mi
garganta, el poder de decirle cosas que lo hacen desearme por encima de todas
las mujeres, incluso más que su amiguita Scully." Mulder hizo una mueca, Dalila
continuó, "¿Qué diría ella si supiera las ganas que tiene usted de follarme
ahora?, ¿Qué diría si supiera que soy yo la que quiero follarmeló a usted y que
usted está encantado de cumplirme ese capricho?"

"Cállate" le dijo Mulder, aunque en su pecho realmente
deseaba que esta chiquilla le dijese cosas toda la vida.

"Mi garganta tiene otro don" le dijo Dalila mientras abría el
cinturón de Mulder, dejando caer los pantalones. Los boxers negros que llevaba
Mulder esa noche eran incapaces de reprimir el abultado paquete que tenía entre
las piernas. El ojo del pene lagrimeaba pidiendo una mamada. Dalila lo fue
engullendo lentamente, humedeciéndolo por completo, envolviéndolo con aquellas
paredes bucales tan calientes, bajando y subiendo, registrando cada vena y cada
palmo de piel. Dalila en veces mordía un poco a Mulder, y esto lo ponía muy
bravo. Con fuerza la boca de Dalila sustituía una vagina. Luego se puso de pie,
tendió a Mulder en un sillón y comenzó a cabalgarlo, apretando aquella polla con
toda la fuerza que daba su escasa edad, su vientre nuevo, intocado por el
hombre. Luego de notar que la excitación de Mulder era suprema, se retiró de su
pelvis y volvió a meter aquella verga entre su boca, comiéndola completamente,
aunque esta vez, empezó a mamársela con voz, es decir, chupaba en forma violenta
y pronunciaba a la vez una letra "O" muy grave y aguda a la vez. La voz es
vibración y lamida de labios, de lengua y voz hacían una sensación paranormal
que originó que Mulder sintiera tal gozo que empezó a correrse con mayor fuerza
que si hubiera encontrado a su hermana, vaciando todo el esperma que tenía en su
cuerpo, desvaneciéndose, sintiéndose… estallar.

05 de octubre, 13:00 horas.

Hotel Marriot Aeropuerto

Ciudad de México.

Scully azotaba la puerta de la habitación de Mulder. Fox
abrió la puerta con serias marcas de desvelo, su cabello enmarañado y
despeinado, sus mejillas hinchadas y sus ojos todavía más pequeños, eran seña de
que no había dormido del todo bien.

"Te vez cansado" dijo Scully haciendo notar un poco de
recelo. "¿Encontraste algo?", espetó.

"No. Creo que Dalila es provocadora de misterio, pero no creo
que sea ella quien está detrás de todo esto"

"Parece que te convenció a muy cercana distancia" dijo Scully
con los ojos un poco afiebrados mientras señalaba un rasguño que Mulder tenía
cerca de la clavícula.

"No es lo que piensas Scully. Por cierto, ¿Qué encontraste
tu?"

"No lo creerás. Dentro de la segunda víctima también había
semen de el profesor Jaime"

"Tenemos que hablar con la esposa"

"Ya hablé con ella. Estaba esperándome a la salida de la
morgue"

"¿Qué te dijo?"

"Escúchalo tu mismo. Lo grabé todo"

Mulder empezó a escuchar la cinta en el reproductor que traía
Scully, la voz se escuchaba gimoteante: "Era un inútil pero era buen esposo
señorita. La última noche que vivió no quise estar con él. Si le cuento lo que
pasó antes de la muerte de mi marido no es por morbo, sino porque creo que
ayudará a su investigación. Yo estaba en la cantina, esperando a Jaime, mi
amante, y este no llegó. Aburrida regresé a casa, para encontrarme que Jaime
estaba ahí, pero no me necesitaba. Mi esposo había caído cada vez en mayores
niveles de humillación, y yo lo humillaba porque creo que en el fondo era feliz
sintiéndose inferior. Los vecinos le dirán que soy una perra, pero no pueden
opinar, ellos no veían su cara de dicha cuando lo humillaba, su placer cuando
después me pegaba por puta y mil cosas más. Era una relación fuerte, pero una
relación. Por eso llegar allí y atraparlos divirtiéndose sin mi me hería
profundamente. Filiberto estaba en el piso, en cuatro patas, y Jaime le ordenaba
que actuara como un perro, y Filiberto lo hacía. Le pedía que olfateara el piso
y lo hacía, que diera la pata, que rodara haciendo gracias, todo lo hacía
contento. Luego Jaime le pidió que moviera la cola, y Filiberto movía el culo
gordo que tenía, Jaime se rió y le dijo que le faltaba la cola, así que le
ensartó en el culo un pequeño plumero que tenemos para limpiar las cortinas, y
aunque Filiberto tenía cara de dolor, no dejaba de menear de izquierda a derecha
el rabo postizo. Jaime le quitó el rabo y lo hizo sentarse, y le ordenó que le
mamara la verga, y Filiberto obedecía chupándo como un perro, y mientras mamaba,
Jaime le daba de palmaditas en la cabeza. Como si fuera un perro vil. No soporté
más y me retiré ofendida. Rumbo a la cantina me pareció ver a Dalila que
regresaba a la casa. No puedo decir si fue antes o después de la muerte de
Filiberto, pues estaba muy ebria. Lo que sé es que quiero que agarren a
quienquiera que sea que haya matado a mi esposo, creo que fue el profesor, a
quien ya no quiero ver jamás"

"Ahí tienes Mulder. El asesino no puede ser más que uno de
los dos, o Dalila, o Jaime"

Mulder no pensaba objetivamente. Recordar la garganta de
Dalila no era para él una cuestión criminalística, era más que eso. Estaba
convencido de la singularidad de aquella garganta, pero terminaba por rechazar
la idea de que fuese el sonido emitido por aquel cuello el causante de los
asesinatos.

Al no encontrar ni a Dalila ni a Jaime, Mulder y Scully
vagaron durante la tarde por algunos museos de la Ciudad de México. Dentro del
Museo Nacional de Antropología, Mulder miraba absorto un fresco relieve que
mostraba un sacerdote pronunciando la nota síntesis, o canto del colibrí,
mientras que la persona sobre la que se aplicaba el canto comenzaba
sencillamente a desmembrarse. Eso le hizo replantear en su mente el mito de la
nota particular. Sonó el teléfono de Mulder. "Soy yo, Jaime. Creo que Dalila me
sigue para matarme. Estoy en el parque de diversiones, dentro de la casa del
terror"

Mulder y Scully fueron hacia el parque de diversiones y
entraron a la casa del terror. Al entrar instruyeron al que controlaba el juego
que no permitiera la entrada de nadie, y que no echara a andar el trenecito. El
juego era automático completamente, y estaba completamente oscuro. En realidad
era una casona antigua que carecía completamente de luz normal en su interior.
La limpieza se hacía con lámparas de mano y su interior era un verdadero
infierno. El corazón de esta casa del terror era un laberinto de cristales y
espejos, lo que era más ruin, pues si te metías a ese laberinto, un monstruo, o
su reflejo, podría ponerte en problemas, no era raro que alguna gente rompiera
un cristal al huir. Pues bien, dentro de esta casona del terror estaba Jaime,
como un ratón de laboratorio, y por algún lugar estaba también Dalila, su
predador.

La jodida casa del terror podía frenar su trenecito, pero no
loe efectos especiales como luces intermitentes y efectos de sonido. Sin
embargo, detrás de los efectos de sonido convencionales, se escuchaba la risa de
una bruja moderna, de una bruja azteca que en su voz tenía un instrumento de
muerte. El canto del colibrí había comenzado. Jaime iba armado, Mulder y Scully
también. Dentro había algunos incautos que creían que las advertencias que
venían de afuera eran parte de la parafernalia tétrica del juego, algunos
estaban presos en el laberinto. La voz de Dalila se escuchaba como un fondo
musical muy perverso.

Como prisioneros de unas cloacas celestes, Mulder y Scully se
separaron para buacar cada uno por su lado a Jaime o a Dalila. La voz era
omnipresente, en teoría no salía de ningún lado, en teoría era un efecto de
sonido más, pero Mulder sabía que no era así. En el laberinto de espejos, Dalila
y Jaime ya podían verse. Jaime disparó contra una imagen que creyó era Dalila y
no hizo otra cosa que matar a un infeliz que estaba perdido detrás del espejo.
Jaime nervioso como nunca tenía una cara de predador presa, poco dispuesto a
dejarse atrapar, dispuesto a matar a todos si era preciso. La voz comenzó a
sonar cada vez más fuerte, hasta que sus decibeles y escalas eran entre
ensordecedoras e inaudibles. Un joven comenzó a estallar, y los ruidos que hizo
se sumaron a los muchos efectos de terror. La carne de Jaime comenzó a ceder, su
cuerpo a separarse, sus disparos ya no salieron de la boca de su arma porque al
hacer fuerza con el dedo éste se desprendió. Se convirtió en un algo. Pero no
sólo Jaime se rompió, también algunos cristales, y dentro de ellos, justo en
medio, estaba la sacerdotisa del canto del colibrí, y su rito cesó cuando un
cristal diminuto se fue a clavar en su garganta, esa garganta que tanto poder le
daba, esa garganta que amaba, esa garganta que la hacía distinta a todos. Al
romperse sus cuerdas bucales, cesó el canto, todo guardó un silencio sepulcral.

Elementos de protección civil atribuyeron el desperfecto
sonoro al equipo de sonido. En ninguna forma se atribuyó que la muerte de Jaime,
ni de Hilda, ni de Filiberto, fuera causado por Dalila, quien seguramente vería
lastimada su voz a raíz de la herida del vidrio. Los Agentes Mulder y Scully
salieron tensos pero ilesos de todo aquello.

Regresaron al hotel cansados, pensando si todo aquello había
valido la pena, e internamente opinaron que si. ¿En qué piensan luego de atender
un caso?, ¿Con qué se quedan de cada misterio que resuelven?, no se sabe, su
experiencia va a fundirse con todo y cuanto han visto. Sin embargo ese viaje fue
diferente, y sus conclusiones también. Esa noche la reservación estaba hecha
para la mañana siguiente, estaban seguros que nunca sabrían la verdad, Mulder
sabía que no vería más a Dalila, pero no le importaba, porque estaba seguro de
que en algo se había equivocado aquella voz, nunca, en ningún instante, una
mujer era más importante que la que tenía enfrente ahora, la distante y objetiva
Agente Scully. La dejó en la puerta de su habitación. Se quedaron mirando en
silencio. Scully dijo: "Creo que es hora de dormir, y cada quien debe ir a su
habitación"

Mulder guardó silencio. Sonrió repegando sus labios y
arqueando las cejas tristemente. Iba a decir que estaba bien, pero no lo sentía
así. Su cara se iluminó como la de un niño cuando Scully le dijo:

"A menos de que seas capaz de aprovecharte de una mujer que
duerme", y lo cierto es que si era capaz de ello.

POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Mulder y Scully continúan su investigación en medio de inquietantes interrogantes y pasiones muy fuertes para ser de este mundo.

Slayers (III)

Slayers (III) (19)

Antes de empezar esta parte del relato,
quiero aclarar que quizas algunos datos reflejados a lo largo de las historias
no son suficientemente claros o incluso son incorrectos con respecto la serie,
tales como el nombre del padre de Amelia, el de su reino, el nombre del último
Dios superviviente (Slayers I), y en este capítulo, la invocación
del hechizo Matadragones. En caso de que alguien pueda responderme a estas cuestiones,
le agradecería que me lo comunicara. Mi dirección:
POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO.
Muchas gracias y espero que os hayan gustados los relatos.

Después de desayunar, Reena y Gaudi
abandonaron la ciudad de Retalión. Gaudi se mostró contrariado
por no poder dedicar siquiera de medio día para conocer la urbe, pero
Reena se mostró inflexible en su determinación de abandonar la
ciudad. Gaudi no sabía que mosca habría picado a su compañera,
pero durante aquella jornada de viaje hacía Taravos, un conocido puerto
del continente, notable centro de comercio, Reena se mostró hosca, callada
y distante, lo cual le extraño. Normalmente, cuando Reena se enfadaba,
daba inmediatamente rienda suelta a su enfado, vociferando y despotricando contra
quién la hubiera enfadado, nunca se sumía en un estado tan pasivo.
El guerrero tenía la impresión de que Reena se sentía ultrajada,
como si hubiese sido insultada en su amor propio, pero no alcanzaba a comprender
ni él porque ni por qué la hechicera lo pagaba con él.

"Bueno" se dijo "Sea lo que sea, tarde o temprano se le pasará.
Cuando pueda lanzar diez o doce Bolas de Fuego contra un grupo de bandidos,
se relajará. ¡Pobres de aquellos incautos que se crucen en su camino!"
suspiró al pensar en el petulante noble al que Reena había vuelto
a chamuscar nadie sabía porque cuando toda la posada en la cual se habían
hospedado despertó a causa de un brutal rugido de origen desconocido.

"Digo yo… ¿Aquel rugido tendrá algo que ver con el malhumor
de Reena?" No tardó en desechar la cuestión encogiéndose
de hombros. "Tanto da. A fin de cuentas, el día en que pueda entender
a Reena, las ranas peinarán canas. Solo espero que los bandidos nos ataquen
pronto para que Reena se desahogue de una vez y podamos seguir el viaje como
si no hubiera pasado nada" pensó con un nuevo suspiro, deseando
oír lo más pronto posible la alegre y contagiosa risa de su compañera.

Por delante de Gaudi, Reena abría la caminata, también sumida
en sus pensamientos. Todo lo que había sucedido la noche anterior había
alterado la tranquilidad de su viaje por el Mundo Exterior, sumiéndola
en un caos de sentimientos. No podía olvidar que aquella noche, en la
que por primera vez en su vida, había saboreado los placeres del amor
y de la sexualidad con Calis, la sacerdotisa de La Dulce Señora. Había
sido una experiencia que quedaría gravada para siempre en su mente, pues
sentía que lo ocurrido con la hermosa sacerdotisa había cambiado
para siempre parte de sus percepciones y visiones sobre sí misma. Tampoco
olvidaría la visión qué había tenido de los sueños
de Gaudi, en los cuales ella misma y Gaudi hacían apasionadamente el
amor. Aquella visión le demostró a si misma cuales eran sus sentimientos
hacía Gaudi. Pero lo que nunca podría olvidar, lo que le hacía
sentirse de tan mal humor, era que tras despertar del sueño, Gaudi confundiera
a la mujer de su sueño, Reena, con Calis. Reena se sentía de algún
modo burlada. Cuando se identificó a sí misma como la mujer que
Gaudi amaba en su sueño, se sintió increíblemente feliz
al saberse amada por aquel al que ella amaba.

Para empeorar las cosas, la hechicera no se atrevía a encarar a Gaudi
por aquella situación; primero porque habían espiado la intimidad
de sus sueños a escondidas, y también porque tenía miedo
a que Gaudi se burlará de ella. Deteniéndose para no distanciarse
demasiado de Gaudi, Reena intentó no por primera ni última vez
mientras lo esperaba, olvidar aquellos pensamientos, y golpeando con fuerza
una piedra con el pie en la dirección en que venía Gaudi, se volvió
y continuó la marcha.

– ¡Espabila, Gaudi, que no tenemos todo el día! -dijo al guerrero
sin darse nuevamente la vuelta. Gaudi, suspirando, continuó la marcha.

Golpeada por Reena, la piedra pasó al lado de Gaudi sin ocasionarle ningún
percance y perdiéndose tras unos matorrales, donde se oyó un golpe
seco.

– Maldita seas, bruja endemoniada -musitó intentado no gritar de dolor
Adolphonse De Oldberza y Xupa. El malherido noble se palmó el chichón
que rápidamente se formaba en mitad de su frente por la pedrada perdida
de Reena, mientras sus hombres lo observaban con una mezcla de asombro y lastima
ante su mala fortuna.

Tanto el noble, como la docena de hombres a su servicio que lo acompañaban
habían abandonado Retalión siguiendo discretamente a Reena y Gaudi.
Adolphonse De Olberza y Xupa era en exceso arrogante y pretencioso, y en contra
del sentido común, que dictaría a cualquier persona juiciosa dejar
marchar a Reena con la esperanza de no volver a verla en su vida, había
decidido que no descansaría hasta hacer pagar a Reena sus afrentas en
la posada la noche anterior. Tras recuperarse como pudo de los ataques mágicos
de Reena, envió recado a sus hombres, que se alojaban en otro establecimiento
para que estuvieran prestos a seguir discretamente a la pareja de aventureros.
Sabiendo que sus hombres probablemente no eran rivales para la poderosa magia
mostrada por Reena, el tenaz noble estaba dispuesto a seguirla hasta que se
presentase una ocasión propicia de atacarla y capturarla en un rápido
ataque por sorpresa. Mientras, esperaba pacientemente el momento oportuno.

– Ya verás, maldita sucia cochina, ya verás el castigo de quienes
son superiores a ti, bruja -murmuró relamiéndose los labios al
pensar en el momento en que la tuviera indefensa entre sus manos.

Sumidos en sus pensamientos, ni Reena y Gaudi percibieron nada anormal durante
el resto del día. Finalmente, al atardecer, decidieron establecer el
campamento en un frondoso y refugiado bosquecillo por el cual discurría
un caudaloso riachuelo. Aprovechando esta circunstancia, y para estar sola un
rato más antes de cenar, Reena decidió tomarse un baño
mientras Gaudi preparaba el campamento para dormir y limpiaba su equipo.

"Esto no puede continuar así" pensó Reena mientras se
lavaba desnuda el cabello dentro del riachuelo. "Hoy no nos hemos dirigido
la palabra el uno al otro en todo el día salvo para decir que apures
o que me esperes, y todo por la visión de ese sueño. Creo que
lo mejor será que intente olvidarlo, que sigamos como si nada hubiese
pasado." Sin embargo, Reena se veía incapaz de olvidarlo, porque
aquello era la naturaleza de sus sentimientos, unos sentimientos muy profundos
por Gaudi. "Da igual. No podemos seguir así. Al menos he de intentarlo
o si no… 2 Reena no se atrevió a calibrar las consecuencias de la negativa,
y con un brusco movimiento, se levantó y salió del riachuelo a
la oscuridad de la naciente noche. "De todos, si consigo que vuelva la
normalidad, quizá, hablando con Gaudi, encuentre un modo de afrontar
el tema" pensó esperanzada.

Absorta en sus pensamientos y debido a la oscuridad, no reparo en nada extraño
cuando se acerco a los arbustos donde había dejado su ropa. Alrededor
de ellos, ocultos entre la hierba alta estaban Adolphonse De Olberza y dos de
sus hombres, que reptando, se habían acercado a la espera del momento
adecuado para saltar sobre Reena. La sonrisa que cruzaba su cara, debido al
perfecto desenvolvimiento de su plan de ataque y a la lujuria de ver el desnudo
cuerpo de Reena en el riachuelo, se borró cuando la hechicera pisó
inadvertidamente con inmejorable puntería su entrepierna.

– Curioso -comentó en voz alta Reena-, creía que este terreno
era más firme.

Sin advertir nada, Reena empezó a secar su húmedo cuerpo con una
toalla, mientras seguía pisoteando el cuerpo de Adolphonse De Olberza:
ahora la nariz, la barriga, otra vez la entrepierna, el cuello… El rostro
del desdichado noble amenazaba con desfigurarse debido a las muecas que en su
dolor, hacía para no gritar. Desgraciadamente, cuando abrió la
boca en un silencioso grito de dolor, Reena introdujo en ella su pie.

– ¡Eh! ¿Pero qué demonios…? -exclamó Reena sorprendida.

No pudo terminar la pregunta, pues inmediatamente, los dos hombres de Adolphonse
se levantaron raudos para atacar a Reena al comprender que era entonces o nunca.
Emergieron con las armas desenfundadas a muy escasa distancia de Reena y se
lanzaron sobre esta. Sorprendida y sin comprender aún muy bien que pasaba,
reaccionó a tiempo. Comprendiendo que no podía invocar ningún
hechizo efectivo para defenderse en aquella situación, no le quedo más
remedio que recurrir a la fuerza. Cuando el primero de sus agresores iba a caer
sobre ella, Reena le clavo de una certera patada el pie entre los dientes. Sin
pausa se volvió hacia el segundo agresor mientras intentaba cubrir su
desnudo cuerpo con la toalla. El atacante intentó golpearla con una maza
en la cabeza con un golpe en sentido horizontal, pero Reena se agachó
a tiempo y en esa postura golpeó con un fiero uppercut la entrepierna
del soldado.

– ¡Gaudi! -gritó hacía el campamento-. ¡Ayúdame,
me están atacando!

En el campamento, Gaudi estaba entretenido preparando la comida para la cena
cuando oyó la llamada de Reena.

– ¡Reena! ¿Qué sucede? -gritó alarmado. Sin esperar
respuesta se lanzó sobre su espada y corrió en dirección
al riachuelo, pero apenas avanzó cinco metros cuando se encontró
con cinco figuras entre los árboles que entorpecían su avance.

– ¡Ríndete, muchacho, estas rodeado y no puedes vencer! -dijo uno
de los hombres de Adolphonse.

Por toda respuesta, Gaudi cargó rápidamente contra los intrusos.
En menos de otros cinco segundos, los cinco hombres estaban fuera de combate
y Gaudi reanudaba su camino hacía donde le había llamado Reena,
alarmado al constatar que no se oía ruido alguno de pelea. Conociendo
como él conocía a Reena, eso podía ser muy mala señal.

Cuando llegó al lugar, se detuvo de golpe. Reena, vestida únicamente
por una toalla, estaba firmemente sujeta por un hombre con ropas aristocráticas
y que mantenía un cuchillo sobre el cuello de Reena. Su rostro le sonaba
a Gaudi de algo. Alrededor de ellos había otros cinco espadachines con
las armas prestas, si bien uno de ellos contaba en una mano los dientes caídos
de su boca y otro llevaba una mano a su entrepierna. Los restantes dos hombres
de la tropa de Adolphonse habían sido situados en las inmediaciones del
camino que habían seguido la joven pareja para prevenir posibles intromisiones.

– ¡Reena! -exclamó Gaudi-. ¿Qué ha pasado? ¿Quiénes
son estos bandidos?

– ¡No te entrometas en esto o lo lamentarás! -amenazó Adolphonse
a Gaudi-. ¡Esto es un asunto personal entre yo y esta bruja!

– ¡Ja! ¡Querrás decir que es un asunto entre vosotros y yo!
¡Habéis atacado a mi amiga en la privacidad de su baño y
la amenazáis con armas! ¡Soltadla inmediatamente!

– ¡Jamás! ¡Esta perra y yo tenemos asuntos pendientes!

– Reena, ¿de qué habla este loco? ¿Lo conoces? ¡Yo
no recuerdo haberlo visto en mi vida, aunque su cara me suena!

Reena no respondió. Permaneció en silencio, intentando cubrirse
con la exigua toalla y asustada por el filo del arma en su cuello. Aquello desconcertó
a Gaudi. A lo largo de sus viajes, Reena había estado en situaciones
semejantes o incluso más desesperada con la mirada firme y desafiante
sin miedo, pero esta vez temblaba en manos de su agresor. Esto era debido en
buena medida al hecho de estar casi desnuda. Cuando intentaba huir de allí
para vestirse de cualquier manera y poder enfrentarse a sus agresores sin preocuparse
de cubrir su desnudez, Adolphonse la derribó al sujetarla por los pies.
Al ser sorprendida y capturada desnuda por aquellos hombres, Reena se sentía
fuertemente cohibida e insegura, y la figura de Adolphonse detrás suya
con un arma en las manos susurrándole con saña y maldad las torturas
a las que la pensaba someter hacían mella en la habitualmente valiente
y confiada hechicera.

"¡Gaudi, ayúdame, por favor! ¡Ayúdame!"
suplicaba en silencio Reena, incapaz de hablar.

Gaudi, por su parte también estaba asustado. No por Adolphonse ni sus
hombres armados; estaba seguro de que podría derrotarlos incluso con
las manos desnudas, visto la poca oposición que le habían presentado
los cinco esbirros del campamento. Lo que le asustaba era la actitud de Reena,
tan asustada, indefensa y sumisa. A lo largo de sus aventuras con ella, Gaudi
nunca la había visto en semejante estado, y no estaba preparada para
la idea de que unos canallas de tan poca monta pudieran no solo capturarla,
sino incluso matarla cuando intentara liberarla, tal era su estado de indefensión.

"Reena, ¿pero qué te sucede? ¡Despierta, tienes que
luchar! ¡Estas aún peor que Fibia cuando fue capturada y juzgada
en aquella ciudad de chalados por ser un dragón!" pensó Gaudi,
desesperado, recordando una peripecia de su viaje con Fibia hacía el
Templo del Dios Dragón de Fuego. "¡Incluso Fibia mostró
más coraje que tu ahora!" recriminó en silencio a Reena,
al rememorar como Fibia se liberó de sus ataduras y adoptó su
forma de dragón cuando Theros empezó a burlarse de ella cuando
estaba prisionera.

– ¡Eh! ¡Eso es! ¿Por qué no lo intento? -exclamó
Gaudi cuando una idea cruzó su mente, sorprendiendo a los asaltantes.
Dirigiéndose a Reena, habló-. Bueno, tampoco importa mucho quienes
sean estos hombres, supongo que querrán darte tu merecido por tu mezquindad
y crueldad.

– ¿En serio? -preguntó uno de los hombres de Adolphonse. Reena,
por su parte, levantó la mirada como si reparará entonces la presencia
de Gaudi.

– La verdad, debería dejarles hacer su trabajo -prosiguió Gaudi,
quien hizo una larga pausa para improvisar su arenga a Reena-. Has hecho tantas
mezquindades y cometido tantos atropellos a lo largo del mundo desde que somos
compañeros, que comprendo sus motivaciones. Para ellos no eres más
que una siniestra bruja sádica que seguramente conserva su juventud gracias
a los baños en sangre de jóvenes vírgenes.

– ¡"Dios" mío! ¿Lo "dije" en "serio",
amigo? -preguntó el hombre al cual Reena había desdentado.

– ¡Increíble! -exclamó Adolphonse-. ¡Esta perra es
aún peor de lo que yo creía!

– ¡Tiene razón! -exclamó con una voz súbitamente
aflautada y aguda el otro hombre al que Reena había agredido-. ¡Una
autentica jovencita con esa cara no golpearía a ningún hombre
en ciertas partes!

Reena, por su parte, no podía dar crédito a lo que Gaudi decía.
Se sintió como si todo lo sucedido desde que había conocido a
Calis fuese una pesadilla. En su interior deseaba que todo fuese un mal sueño,
que aún no hubiese despertado tras hacer el amor con Calis, o que incluso
esto fuese otro sueño, pero no era así.

"¡Gaudi, pero…! ¡¿Qué dices?! ¡Soy yo,
Reena, tu compañera! ¿Por qué dices eso de mí, de
quién te ama tanto? ¡Tu me amas!"

El propósito de las mentiras de Gaudi era enfurecer a Reena, hacer que
recuperará su espíritu combativo tal como había hecho Theros
con Fibia. Pero si hubiera sabido hasta que punto afectaban sus palabras a Reena,
probablemente nunca las hubiera pronunciado.

– Ciertamente, no me extraña que con tu carácter te lleves tan
bien con Theros -añadió más leña al fuego Gaudi-.
¡Un demonio como él debe encontrarse como en casa a tu lado!

– ¡Increíble! -exclamó Adolphonse-. ¡Está bruja
ha hecho un pacto con demonios! ¡Seguro que le vendió el alma a
cambio de sus poderes!

– ¡No, una vampiresa! -exclamó otro de los hombres de Adolphonse-.
¡Seguro que le pidió además la inmortalidad y el demonio
la convirtió en vampiresa, por eso se baña en la sangre de las
vírgenes!

– ¡So burro! -exclamó otro-. ¡Los vampiros beben la sangre
de sus víctimas, no se bañan en ella! ¡Además, si
fuese una vampiresa, la luz del sol la hubiese destruido!

Reena ya no prestaba atención a lo que la rodeaba, pues estaba conmocionada
y derrotada: Gaudi no la amaba, ¡la despreciaba! Gaudi la consideraba
una persona horrible y despreciable, una autentica lacra. En su estado, percibía
las discusiones y exclamaciones de Adolphonse y sus hombres, que discutían
si ella era una vampiresa o una muerta viviente, pues en tal caso, para matarla
tendrían que usar o bien estacas o agua bendecida por algún sacerdote
del bien. En aquel momento, la aflicción de Reena cedió espacio
a la rabia y al odio mientras las lagrimas corrían por su rostro. ¡Aquellos
estúpidos tenían la culpa de todo! ¡Por su culpa se había
enterado de los sentimientos de Gaudi! ¡Por su culpa Gaudi la despreciaba!

– ¡¡Malditos, malditos seáis!! -gritó Reena. Revolviéndose
en los brazos del noble, lo golpeó en la entrepierna de una poderosa
coz, y en el mismo movimiento cuando el noble se doblaba, le propinó
dos contundentes codazos, uno en los dientes y otro en la nariz que lo derribaron.

Gaudi se lanzó al ataque nada más Reena se liberó de Adolphonse,
pero esta, al revolverse contra el noble, había dejado caer la toalla
que cubría su desnudez y cuando Gaudi se percató, se quedó
bloqueado, incapaz de reaccionar en mitad del ataque a los agresores.

– ¡"Maldición, matadla"! -exclamó Adolphonse a
sus hombres mientras caía. Estos, tras el momento de sorpresa inicial,
se apresuraron a cumplir sus ordenes, pero empuñando ahora además
de sus armas estacas de maderas, crucifijos y teas encendidas. Pero fue en vano.

Liberada del abrazo de Adolphonse, Reena se concentró inmediatamente:

– Más negro que la oscuridad, más oscuro que la noche…

Gaudi, que observaba fijamente la desnudez de Reena, fue incapaz de sustraerse
de ella cuando un ligerísimo velo de brillante niebla se formó
sobre Reena, iluminándola y realzando su belleza desnuda mientras su
hermosa melena pelirroja parecía cobrar vida. Pero no tardó en
volver a la realidad cuando comprendió las intenciones de Reena.

– ¡No, Reena, no lo hagas!

– …¡que aquellos que se opongan a nuestro poder sean aplastados!…
-proseguía Reena.

Los seis hombres ya estaban prácticamente sobre ella, pero desgraciadamente
para ellos demasiado tarde.

– ¡¡MATADRAGONES!!

La explosión fue devastadora. Aquella noche, los habitantes y viajeros
en muchos kilómetros a la redonda vieron el feroz resplandor de una estrella
naciente a muy poca altura en el cielo, y cuando su fulgor se extinguió
tras un prolongado momento, miraron asustados al cielo. En un pequeño
bosquecillo cruzado por un riachuelo, siete hombres, cinco de ellos heridos
por una brevisima y completa derrota, huían del idílico escenario
que se había transformado tras el ataque mágico de Reena. El caudal
del suave riachuelo se había modificado, y buena parte de la orilla opuesta
del mismo había sido devastada. De Adolphonse y sus cinco hombres no
quedaban más rastro que seis distantes y pequeños puntos de luz
que se alejaban del lugar simulando sendas estrellas fugaces.

– ¡Ree… Reena! -exclamó Gaudi-. ¿Te encuentras bien? ¿Qué..
quienes eran esos…? -no acabó la frase. Reena, sin intentar siquiera
recoger la caída toalla y cubrir su desnudez, se alejaba del lugar llorando-.
¡Reena, espera!

Gaudi la intercepto, y cuidando donde posaba sus manos (¡a fin de cuentas
no cabía duda de que seguía siendo la feroz Reena que él
conocía!), intentó animarla.

– ¡Vamos, Reena, ya ha pasado todo! ¡Estás a salvo, esos
canallas ya no te molestarán y no permitiré que te vuelva a pasar
algo parecido otra vez! -le dijo Gaudi, angustiado. La imagen de Reena tan abatida,
triste y sollozante le encogía el corazón y algo más. Descubrió
angustiado que no podía concebir a una Reena triste y desgraciada-. ¡Por
favor, Reena, dime que te sucede!

Finalmente, Reena levantó los ojos, humedecidos por las lagrimas que
corrían por su rostro.

– Gaudi… ¿Soy… soy… tan mala? ¿Por… por qué…
me odias?

Confundido, Gaudi no supo que responder.

– Reena… Yo… ¡Dios mío, yo…! ¿No te habrás
creído lo que decía, verdad? ¡Era mentira, era un truco
para…! Reena -dijo tras una larga pausa-, yo nunca haría nada que pudiera
herirte. Haría cualquier cosa por protegerte, eres la mejor amiga que
jamás pude tener.

– Tu amiga… -murmuró Reena-. Solo tu amiga. Pero yo quiero más,
Gaudi, necesito más.

– ¿Qué…?

– Necesito saber que siempre estarás a mi lado cuando te necesite. Necesito
saber que para ti soy más que un sueño de pasión y amor
olvidado, que no me confundirás con otra mujer cuando despiertes por
la noche. Necesito saber que me amas tanto como yo te amo a ti, Gaudi.

– Reena…-alcanzó a decir el atónito guerrero. Por su mente cruzaron
infinidad de ideas, se recuerdos a los que no había prestado atención,
de sentimientos que se escondían en lo profundo de su corazón,
intentando asimilar lo que Reena le había dicho, pero estaba superado
por las circunstancias; no encontraba las era capaz de encontrar ni las palabras
ni de formarse una opinión de lo que Reena le había dicho, tal
era su confusión. En estas circunstancias, Gaudi solo pudo guiarse por
sus sentimientos y sus impulsos más profundos.

– Reena -musitó. Sin decir más palabra, levanto con delicadeza
la barbilla de Reena para mirarla intensamente a los ojos. Ambos se miraron
intensamente durante un tiempo en el que el mundo a su alrededor se había
detenido hasta el momento en que ambos se besaron tierna y apasionadamente.

Atrayendo hacía si a Reena protectoramente, Gaudi empezó a acariciar
su desnudo cuerpo: la espalda, los hombres, su cabello, la cintura… Mientras,
Reena hacía lo mismo mientras no dejaban de besarse. Finalmente, Gaudi
abandonó los labios de Reena para besar y acariciar su barbilla, bajar
al cuello, ahora las mejillas… Reena, mientras tanto, acariciaba y besaba
la espléndida melena rubia de Gaudi, mientras no paraba de susurrar emocionada
su nombre.

Gaudi se sentó al pie de un árbol atrayendo consigo a Reena. Aprovechando
que esta seguía acariciando su cabeza, Gaudi se dedicó con pasión
a lo que tenía más a la vista: los pechos de Reena. Mientras los
besaba y lamía, en un rincón de su mente, por un brevísimo
instante le surgió el pensamiento de ya haber amado aquellos pechos,
pensamiento que desapareció tan rápido como surgió, habida
cuenta de la pasión que ambos amantes se prodigaban. En realidad, este
pensamiento era cierto. ¿Cuántas veces había soñado
Gaudi hacer apasionadamente el amor con Reena para despertarse sin recordar
la identidad de su amante? Qué Reena supiera, solamente una vez, pero
de saber la autentica cifra, se hubiera sentido aún más dichosa
de lo que era en aquel momento. Las manos de Gaudi ahora bajaron al culo de
Reena, para sujetarla mientras estaba sentada sobre él. Ahora Reena gemía
a causa de las caricias de Gaudi, y bajando la cabeza, besaba apasionadamente
al guerrero en los labios. Muy lentamente, las manos de Reena abandonaron la
cabeza de Gaudi y empezó a luchar con la vestimenta del guerrero. Al
percatarse de esto, Gaudi se incorporó del tronco del árbol sobre
el cual estaba para facilitar la tarea de Reena sin dejar de besarla y acariciarla.
De este modo, Reena no tardó demasiado en deshacerse de las hombreras
y el pectoral de la armadura de Gaudi. Inmediatamente desvistió la camisa
del guerrero, dejando su atlético e impresionante torso al descubierto,
vibrante de excitación y placer. Sujetando las manos de Gaudi, Reena
se las llevó a la boca, y mientras besaba los dedos, quitó los
guantes y las piezas de la armadura que cubrían el antebrazo, empezando
a besar y lamer deteniéndose especialmente en el pulso. Esto provocó
que Gaudi se estremeciera ante las exquisitas sensaciones que le provocaban
las caricias de Reena, pero a pesar de ello no pudo dejar las manos quietas
demasiado tiempo y pronto estas de nuevo acariciaban cada centímetro
del cuerpo de Reena.

Esta, ahora se deslizó hacía abajo, para prestar su atención
al desnudo torso de Gaudi. A diferencia del delicioso y femenino cuerpo de Calis,
el torso de Gaudi era duro y fibroso, pero ello no fue un inconveniente para
la pasión amorosa de Reena. De hecho, si bien era opuesto al magnífico
manjar que había saboreado con Calis, ello no quería decir que
no fuera delicioso. Reena saboreo cada rincón de piel disponible, desde
el cuello a los pectorales de Gaudi, deteniéndose en cada pezón
para continuar por su musculoso y plano vientre. Mientras, sus manos jugueteaban
con el pantalón de Gaudi, anticipándose al que sería próximo
objetivo de su boca, palpando la consistencia del extraordinario miembro que
pugnaba por escapar de la prisión de tela.

Gaudi, presintiendo las intenciones de Reena, intentó quitarse las botas
para facilitarle la tarea, pero puesto que tenía a Reena sobre él
y las manos ocupadas en su pelirroja cabellera, únicamente podía
ayudarse de sus propios pies, empujando con la puntera de las botas en la parte
posterior del tacón. Al juntar los pies para descalzarse, aprisionó
con las piernas a Reena.

– No, Gaudi -le dijo con una sonrisa feliz Reena-. Yo no huiré de ti,
Gaudi, nunca. Porque quiero estar siempre contigo.

Tras ayudar a Gaudi con sus botas, lo besó apasionadamente, mientras
ahora si bajaba los pantalones y los calzones de Gaudi. Ya libre de su celda,
el miembro de Gaudi emergió triunfante con fuerza, golpeando el monte
de Venus de Reena, que gemió sorprendida. Lentamente, besando, chupando
y lamiendo el pecho y el vientre de Gaudi, fue deslizándose hacía
abajo masajeando con su propio vientre la aprisionada polla de Gaudi, provocándole
fuertes jadeos de placer. Por su parte, Reena disfruta al sentir aquel hermoso
pedazo de carne acariciar su piel, sintiendo como palpitaba aquel miembro de
excitación, tratando de imaginar lo que sería sentirlo en su ser.
Cuando sus pechos llegaron a la altura de la polla, Reena se detuvo, y llevándose
las manos a sus pechos, las amoldó de modo que aprisionaran la polla
de Gaudi, apretando poco a poco más y más, al tiempo que se meneaba.
La excitación de Gaudi iba cada vez más en aumento, y pareció
que llegaría al limite cuando Reena, sin dejar de masajear con sus pechos
la polla de Gaudi, empezó a chuparla lentamente en la punta.

– ¡Reenaaa! ¡Siiiiiiii..! ¡Sii! ¡Sigue así!

Reena no se hizo de rogar y continuó con su tarea. Sentir la polla de
Gaudi en su boca la excitaba más de lo que hubiera imaginado: el calor
que desprendía, la forma que se estremecía en su boca, su sabor…
No tardó en querer mamarla más profundamente, chupar más
de ese maravilloso miembro viril. Sujetándola con las dos manos, intentó
tragarla entera, pero descubrió que era demasiado, que su boca no era
capaz de acoger aquel grueso pedazo de carne de veinticuatro centímetros
de largo. Contrariada, intentó introducir más en su boca la polla
de Gaudi, pero esta era sencillamente demasiado grande, y solo conseguía
atragantarse y tragar dos terceras partes del inmenso aparato. "Maldita
sea2 pensó Reena, "hoy ganas, pero no lograras vencerme para siempre"
prometió Reena al hermoso falo. Ya en aquel momento, aunque inconscientemente,
Reena tenía la absoluta certeza de que aquella solo sería la primera
vez que ambos se amasen, así pues, no sin cierta pena, renunció
de su objetivo y empezó a alternar sus atenciones también al tronco
de la polla, a la altura que no había conseguido tragar.

Gaudi estaba ahora en una actitud pasiva, disfrutando del buen hacer de Reena
en su miembro. A pesar de que era la primera vez que Reena estaba frente a una
polla, le proporcionaba a Gaudi un gran placer. De hecho, Reena estaba improvisando,
pero gracias a lo que había aprendido de Calis la noche anterior, estaba
realizando un magnífico trabajo. El cuerpo de Gaudi se estremecía
cada dos por tres de placer, hasta que finalmente se dio cuenta que de seguir
así, terminaría por correrse, y él no tenía la menor
intención de acabar, al menos, tan pronto. Incorporándose, atrajo
nuevamente a Reena hacía si, y estuvieron besándose y acariciando
cada rincón de sus cuerpos durante un tiempo, hasta que Gaudi la recostó
sobre el árbol, y lentamente, deteniéndose en cada pulgada de
la desnuda piel de Reena, bajó hasta su sexo. Este, a estas alturas,
ya estaba húmedo como un lago, pero ello no impidió que Gaudi
entrará en él para acariciarlo y besarlo. Reena ahora se estremecía
por momentos; Gaudi, aunque buen amante, no tenía el increíble
talento y tacto de Calis que tanto había hecho disfrutar a Reen

Pareció que Gaudi leyó el silencioso mensaje de Reena, pues finalmente
se incorporó, y llevó su endurecido pene a la entrada de la vagina
de Reena. "¡Oh, Dios mío, ahora, ahora…!"

Lentamente fue introduciendo su polla en la vagina de Reena. Esta, al principio,
no notó nada salvó un agradable cosquilleo, pero pronto se encogió
al sentir como su vagina intentaba acomodar al anhelado huésped. "¡Maldición!"
exclamó en su interior Reena "¡Esto duele!". A pesar
de ello, apretó los dientes, dispuesta a esperar y aguantar, convencida
de que el placer más tarde o temprano aparecería. Gaudi, al parecer
ajeno a lo que le sucedía a Reena, continuó introduciendo su polla
en el coño de Reena poco a poco, pero sin pausa. Así, no tardo
demasiado en llegar al fondo de la cueva de Reena. El dolor de Reena había
aumentado gradualmente, de modo que apenas lograba mantener la compostura y
no quejarse. Las sensaciones de placer que hasta el momento habían amortiguado
el dolor casi habían desaparecido, pero cuando luchaba por contener las
lagrimas, sintió súbitamente que algo cambiaba, que la polla de
Gaudi ya no se introducía más en su interior, sino que iba y venía,
y fue en ese momento cuando una corriente de sensaciones invadió su cuerpo
desde lo más profundo de su vagina. Las lagrimas corrieron por mejillas
y sus gritos rompieron la quietud de la noche cuando por fin el placer se extendió
por todo su cuerpo. Poco a poco, y con cuidado, Gaudi fue acelerando sus acometidas
mientras Reen

– ¡Oh, Gaudi! No pares, no pares, por favor… ¡Sigue, sigue!

No era necesario que Reena alentara a Gaudi. El joven guerrero estaba totalmente
entregado al placer. ¡Qué estrecha era la cueva de Reena! Su polla
rozaba se permanentemente con las paredes vaginales transmitiéndole un
inmenso placer, y ver a Reena esclavizada por el placer que la inundaba le excitaba
aún más: sus jadeos, sus tetas que subían y bajaban con
los jadeos de la joven, su expresión de lujuria… De repente, tras un
rato, advirtió como Reena abría súbitamente los ojos y
empezaba a gemir y jadear cada vez más rápido. Entonces, Gaudi
comprendió excitado que Reena estaba teniendo un orgasmo.

– ¡Aaaaaaaaahhh! ¡Aaaaaaaaahhahaaaaahh!! ¡¡AAAAAAAAAAAAAHH!
-Reena se retorció de placer aullando de placer. Hace una noche jamás
hubiera creído posible sentir tanto placer, ser completamente derrotada
y dominada por este, pero ahora ya conocía la verdad: Calis y Gaudi,
en apenas dos días le habían abierto los ojos a un universo de
sensaciones indescriptibles en las que abandonarse y perderse indefinidamente,
sumergida en placer. Reena no era capaz de concentrarse en Gaudi, ni de trazar
ningún pensamiento coherente. Únicamente se abandonaba a la increíble
oleada de placer que atravesó todo su ser. Cuando esta pasó, en
su mente solo había un pensamiento "Más, más, más,
por favor, más…" Gaudi se inclinó sobre su rostro para
besarla apasionadamente mientras seguía penetrándola. Reena, ávida
de la mínima sensación de placer más, recibió a
Gaudi apasionadamente, sellando sus labios, cruzando sus lenguas, acariciándolas,
en busca del anhelado y preciado placer.

Así prosiguieron durante largo tiempo, en el cual proseguía penetrándola
incansablemente provocando dos nuevos orgasmos a Reena. Fue después del
tercer orgasmo de la joven, que Gaudi, retiró lentamente su polla de
la vagina de Reena. Esta se mostró confundida por un momento, protestando
con su mirada anhelante de más sexo, pero no tardó en comprender
las intenciones de Gaudi cuando este la sujeto delicadamente y la volteo contra
el árbol. "Va penetrarme por atrás.

¡Dios mío! ¿No pretenderá penetrarme por el culo?
¡No lo podría resistir, y menos así de golpe!" pensó
alarmada, si bien a pesar de ello una corriente de excitación corrió
por su cuerpo al pensar en aquella idea. Afortunadamente para Reena, no era
esa la intención de Gaudi, si no penetrar en su cueva desde otra posición.
De modo que cuando Reena estuvo en posición contra el árbol, Gaudi
clavó su polla directamente en la cueva de Reena. Esta gimió sorprendida
ante lo brusco, pero se sorprendió cuando el dolor desapareció
casi tan rápido como apareció. Su vagina ya se había acostumbrado
al enorme miembro de Gaudi, y al penetrarla desde atrás, la polla de
Gaudi se acomodaba mejor a ella. Así pues, el placer muy pronto volvió
a recorrer el cuerpo de Reena, aún más intenso que antes sorprendiendo
gratamente a Reena, que sintió como Gaudi se echaba sobre su espalda
y sujetaba con sus manos sus tetas, empezando a acariciarlas y masajearlas,
suavemente al principio, pero más rápido y fuerte conforme aumentaba
el ritmo de su mete y saca, hasta alcanzar un ritmo infernal. En aquel momento,
Reena solo sentía…

¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHAAAAAAAAAAAAHH!!!!

A pesar de estar firmemente sujeta por Gaudi, Reena se revolvió como
un animal debido a la salvaje oleada de placer que la invadió, incorporando
a ambos de espaldas. Aún víctima de este placer, se salió
de Gaudi e instintivamente, casi sin ser consciente de ello sujeto la polla
de Gaudi con sus manos y sin el mínimo prolegómeno se la introdujo
en la boca empezando a mamarla con y acariciarla con una pasión desdemedida,
de manera que casi al instante Gaudi gritó de placer cuando se corrió
violentamente en la boca de Reena. La leche corrió a raudales en su boca,
por su garganta, por la comisura de sus labios al desbordar su boca, resbalando
hacía sus pechos; tal era su cantidad y fuerza. Finalmente, la polla
de Gaudi se paró aún firme pero evidentemente cansada, y con amor,
Reena empezó a limpiar con la lengua por la cabeza, el tronco, los huevos…
Finalmente, levantó la mirada hacía Gaudi. Este, con delicadeza,
limpió su boca y la beso con pasión y ternura. Cuando se separaron,
no se dijeron nada, pues en aquel momento mágico sus miradas eran lo
único que necesitaban para decirse la verdad.

¿Continuara?

Autor: Bullets

 

Resumen del relato:
    Aclarar que todos los personajes principales que intervienen en ella pertenecen a la serie Slayers (más conocida aquí como Reena y Gaudi, salvo la sacerdotisa Calis. Mi intención al escribir este relato basado en estos personajes es contar con un contexto ya desarrollado a partir de la serie para desarrollar mis propias historias.

Slayers (II)

Slayers (II) (19)

Después de aquella
aquel tórrido e increíble encuentro, Reena se había sumergido
en un sopor fruto del gran esfuerzo. La lógica decía que tras aquel
encuentro, Reena dormiría profundamente hasta más allá del
amanecer, incluso del mediodía. Sin embargo, cuando abrió los ojos,
la oscuridad de la noche seguía reinando en su habitación, solo
rota por las velas que había en la habitación.

"Dios mío,
¿qué he hecho?" pensó Reena intentado despejar su mente.
A ella acudían atropelladamente todos y cada uno de los recuerdos de aquella
noche de pasión y amor con Calis.

"¡Calis! ¿Dónde
está?"

Reena se irguió. La sacerdotisa estaba en el otro
lado de la cama a su lado, con su amplia capa sobre su cuerpo.

– Reena, mi
muchachita -saludó-. ¿Te encuentras bien, descansada?

– Si,
Calis -respondió Reena sin saber que hacer. Una parte de su mente le instigaba
a rechazar y olvidar lo que había ocurrido, pero otra parte de la misma,
no podía evitar deleitarse en el recuerdo de lo sucedido-. ¿Cuánto
tiempo ha pasado? -preguntó al ver que aún era de noche.

– No
más de dos horas desde que terminamos.

– ¿Solo dos horas? -dijo
Reena asombrada-. ¡Caramba, siempre oí decir que estas cosas cansaban
muchisimo! ¿Después de todo lo que ha pasado este día y con
el estómago lleno solo he dormido dos horas? ¡Debo de haberme tomado
diez litros de café sin darme cuenta al cenar!

– Oh, no. Te he despertado
con una invocación de restablecimiento. A fin de cuentas, como Sacerdotisa
de la Dulce Señora, es uno de mis atributos.

– Entonces… ¿Quieres
decir que eres realmente una sacerdotisa? -preguntó Reena asombrada. ¡Si
Calis era realmente una sacerdotisa con la bendición de poder de su diosa,
no se parecía en nada a cualquier clérigo que ella hubiese conocido!-.
La… La Dulce Señora. Perdona mi ignorancia… ¿Pero que clase
de Diosa es?

Calis sonrió.

– La Dulce Señora es la Diosa
del Amor, de la Pasión que une a los hombres y mujeres con aquellos a los
que aman, quieren o desean sanamente. La que enseña con su Pasión
y Amor a sus súbditos a conocerse y a conocer a los que les rodean para
hacer del mundo un lugar mejor.

– Ah -fue la escueta respuesta de Reena-.
Entonces, lo de esta noche…

– Desde que llegaste a nuestro país,
tu fama se extendió rápidamente por tus hazañas. Deseaba
conocerte, pues es evidente que un personaje como tu no está destinada
al olvido. Lo que sucedió entre nosotras… -hizo una pausa para escoger
las palabras adecuadas-. Surgió de improvisto. Al ver tu rechazo a la sexualidad,
decidí que debía instruirte en ella. Como sacerdotisa de la Dulce
Señora, es mi deber.

– Ya -dijo Reena con una sonrisa sarcástica-.
Supongo… que las sacerdotisas de la Dulce Señora son muy solicitadas
por estos lares.

– Solo en las fantasías de los jovenzuelos lujuriosos
-replicó sonriendo Calis-. Una autentica sacerdotisa de la Dulce Señora
sabe interpretar en el corazón de los hombres y mujeres. Nadie nos pide
ayuda, somos nosotros quienes decidimos quién necesita realmente nuestra
ayuda.

– ¿Nosotros? ¿Quieres decir que también hay sacerdotes?

- Sí. Nuestra Dulce Señora no hace restricciones en ese sentido
-respondió Calis-. ¿Te sucede algo, Reena?

– Yo… Esto… -intentó
encontrar las palabras-. ¿Quiere decir, lo que ha pasado esta noche, que
yo…?

– ¿Si eres lesbiana? No necesariamente. La respuesta debes de
hallarla en el interior de tu corazón. Lo que ha sucedido está noche
simplemente significa, que como yo creía, eres una persona extraordinaria.

- ¿Extraordinaria?

– Ciertamente. Cuando te vi en el comedor; la manera
en que comíais tú y Gaudi, como te enfrentaste a aquel noble, a
Gaudi… me di cuenta de que posees una voluntad indomable, que no se doblegará
ante nada, un apetito de experimentar nuevas experiencias y placeres fuera de
lo normal. Sin duda, cualidades notables en una hechicera de renombre como tu.
Y también en una amante -dijo con una significativa sonrisa, haciendo rememorar
a ambas lo sucedido hace apenas dos horas.

Reena miró fijamente a Calis.
A despecho de que perteneciera a una de las hermandades religiosas más
peculiares que la joven hechicera hubiera encontrado a lo largo de sus viajes
(¡y no sería porque no conociera hermandades religiosas realmente
extrañas!), no le cabía duda de que era una persona realmente sabia
y conocedora del carácter de quienes le rodeaban. Alguien que se entregaba
a su misión como sacerdotisa de la Dulce Dama con la sincera esperanza
de ayudar a quienes lo necesitaban.

– Creo además -prosiguió
Calis- que la respuesta a tu pregunta la conoces aunque no desees admitirla ante
los demás y tratas de ignorarla. Tú amas a tu compañero,
a Gaudi.

Reena apartó la mirada de Calis. Aquella última frase,
comprendió que era cierta. Aunque ambos se pelearan y discutieran cada
dos por tres por la comida, aunque ella le considerara un botarate incapaz de
recordar un rostro y él la considerada una cruel bruja ambiciosa, en el
fondo de su corazón sabía que ella lo amaba por lo que era: valiente,
leal, generoso, decidido…

– La pregunta, Reena, es: ¿aceptarás
realmente que amas a Gaudi? ¿Lo aceptarás ante Gaudi?

– Yo…
Yo… ¡Creo que me estoy dejando comer el coco! Tras… tras lo que ha pasado
estoy confundida, es lógico que tal idea se me pasa por la cabeza. ¡Ja!
Yo… ¡enamorada! -respondió Reena sin atreverse a mirar a Calis,
evadiendo su inquisitiva mirada.

Calis no dijo nada más, y ambas permanecieron
en silencio un largo rato, hasta que Calis se inclinó sobre un recipiente
de cerámica con símbolos religiosos que contenía un poco
de agua.

– Bien -dijo rompiendo el silencio-, por el momento podemos comprobar
en que está ocupado tu hermoso doncel.

Reena se inclinó sobre
el recipiente. En el fondo de la misma, veía la imagen de una habitación
a oscuras en la cual apenas entraba la luz de la luna sobre el lecho, en la cual
Gaudi dormía a pierna suelta, con las ropas de la cama completamente desechas,
los pies en la cabecera de la cama, y roncando tan fuerte que hasta el agua del
recipiente que servía para establecer la conexión mágica
vibraba.

Con un rictus en su rostro, mezcla de risa, vergüenza y asombro,
Reena dijo:

– En lo que nuestro hermoso doncel está ocupado es en la
encomiable tarea de no dejar dormir a las ratas y chinches de su habitación
y hacer estiércol en la cama.

Calis, con cara de circunstancias, solo
fue capaz de asentir asombrada.

– Pa… parece que tu amigo es de los que
tienen el sueño revuelto.

– Eres hermosa… la más hermosa…
eres única.

– ¿Qué? -exclamaron al unísono Reena
y Calis. Pronto comprendieron que era Gaudi quien hablaba en sueños a través
del recipiente.

– ¿Se puede saber a quién demonios está
hablando ese estúpido majadero? -preguntó Reena enfadada.


No sé, Reena -respondió Calis-. Pero su sueño ciertamente
debe ser muy interesante, obsérvalo más detenidamente, Reena.

Reena no sabía a que se refería Calis, pero ahogo un grito cuando
finalmente lo vio.

– ¡Dios mío! ¡Debe ser inmenso!

A través del recipiente, Reena vio claramente el gran bulto en los calzones
de Calis, que pugnaba por superar la barrera de la tela para abrirse camino hacía
el exterior.

– ¿Qué… qué está soñando?
¿Con quién…?

– Podemos observarlo también -dijo Calis-.
Deja que me concentre para invocar la visión de sus sueños.

En silencio, Reena observó como Calis realizaba su oración de invocación
mágica. El agua del recipiente se volvió turbia y oscura, se agitó
por una invisible mano desconocida (¿la mano de la Dulce Señora?)
y resplandeció bañando la piel de Reena y Calis en una brillante
tonalidad blanco azulada, para finalmente mostrar una nueva imagen, ya en el mundo
onírico de los sueños de Gaudi.

El paisaje mostrada por el agua
del recipiente, provoco en Reena una estremecimiento que no fue capaz de explicarse.
Gaudi se hallaba sobre una gran roca resquebrajada por numerosas grietas, en medio
de un espacio de impenetrable oscuridad. ¿Impenetrable? No, porque de vez
en cuando se atisbaban brevisimos destellos de luz o movimiento, que la hechicera
era incapaz de identificar. Pero fue cuando Reena fijó su vista en la mujer
que se hallaba con Gaudi en aquel desolado lugar, cuando emitió un respingo.

Ambos, Gaudi y la mujer, estaban abrazados. Pero mientras que los rasgos de Gaudi
aparecían claros y perfectamente definidos, los de la mujer permanecían
impenetrables. A juzgar por su figura, era una mujer muy joven, esbelta y bien
proporcionada, pero aunque ninguna barrera impedía la visión de
su rostro y rasgos, y los ojos de Reena no se apartaban de ella, esta era incapaz
de determinar el mínimo detalle de sus rasgos. Era como si al mirar a aquella
mujer, la mente de Reena fuera incapaz de discriminar lo que sus ojos le mostraban
de aquella mujer.

– Calis, ¿qué sucede? -preguntó asustada-.
No… no… ¡No soy capaz de distinguir sus rasgos! Es… ¡como si
cada vez que viese su rostro, lo olvidase!

– Creo… creo que -respondió
la sacerdotisa-, esto se debe a la propia naturaleza de la visión onírica.
Nosotras solo vemos lo que el propio Gaudi sueña. En este sueño,
su subconsciente ha creado una mujer que puede ser cualquiera, cualquiera mujer
con la cual Gaudi se haya cruzado, o alguien creada solo para esta ocasión:
puede al mismo tiempo ser una mujer determinada, como varias al mismo tiempo,
por eso es tan ambigua: sencillamente, la mente de Gaudi no le concede importancia
a su identidad y desvaría al darle una forma.

Reena escuchó
en silencio, mientras en el sueño, Gaudi y la desconocida mujer se abrazaban,
acariciándose y besándose con pasión y cariño, susurrándose
entre ellos dulces palabras de amor, de afecto. La desconocida mujer no tardó
en empezar a desvestir a Gaudi, acariciando y besando el musculoso torso del joven,
mientras este acariciaba lo que parecía la poblada melena de la desconocida.

Finalmente, la amante del joven guerrero, le bajo los pantalones y los calzones,
y Reena no pudo evitar que un gemido de placer escapara de su boca al ver el miembro
de Gaudi emerger firme y tiesto. Tal como la joven había imaginado al principio
de la visión, el miembro de Gaudi era magnífico. Mayor de 20 cm,
llegaba quizá a los 23 o 24 cms de longitud de un considerable grosor.
El conjunto de ver el músculo cuerpo de Gaudi en el esplendor de su desnudez
y dotado de semejante instrumente hizo que la hechicera fuera incapaz de reaccionar
en un buen momento, hasta que los gemidos de Gaudi le advirtieron de que ambos
amantes seguían en su encuentro. La misteriosa mujer había recogido
el gran miembro de Gaudi y ahora lo acariciaba, lo besaba, le chupaba el tronco,
la glande, los testículos…

– ¡Esto se acabo! -exclamo Reena
rompiendo el silencio en el que ambas, ella y Calis, observaban la escena-. ¿Qué
se ha creído? ¡Esa maldita zorra va a saber quien soy yo!

– Reena,
¿pero que dices? ¿A quien te refieres? -preguntó sorprendida
Calis al ver como Reena buscaba su camisón de dormir para vestirse.

- ¿A quién crees que me refiero? ¡A ella! -respondió
al tiempo que señalaba el recipiente de agua-. ¡Voy a la habitación
de Gaudi a acabar con todo esto! ¡Se va a enterar de quién de soy
yo!

– ¡Reena! No puedes hacerlo. Esa mujer no existe, solo es un producto
de la imaginación de Gaudi. ¡No existe! ¿Qué vas a
hacer? ¡No puedes entrar en su habitación para despertarlo en medio
de la noche y castigarlo como si fuera un niño malo que ha mojado las sábanas!

Reena no respondió, pero se volvió hacía Calis en silencio.
Por un segundo, la sacerdotisa parpadeó sorprendida al atisbar una lagrima
en los ojos de Reena, pero cuando volvió a mirar, no distinguió
nada.

En silencio, ambas volvieron la vista hacia el recipiente. En aquel
momento, la desconocida se llevaba el gran miembro de Gaudi a su boca y empezaba
a chuparlo y mamarlo, tragando todo cuanto podía de la polla de Gaudi con
bastante éxito. Parecía además que lo hacía realmente
bien, pues el cuerpo de Gaudi se estremecía con bastante intensidad. A
despecho del dolor y rabia que experimentaba al sentirse traicionada por Gaudi
en aquel sueño, Reena no podía evitar que aquella situación
la excitara. Veía a Gaudi amar a aquella mujer, recibir sus caricias, follarla
por la boca, como dirían más de un impertinente salteador de caminos,
y deseaba ser ella quien estuviese con Gaudi en aquel momento, pese a que era
un idiota imbecil incapaz de recordar el rostro y nombre de nadie, que no sabía
quien le amaba con todo su ser y que sufría por su culpa.

Gaudi incorporó
a la joven y lentamente empezó a besar sus pechos, acariciar con la lengua
sus pezones, acariciar su hermoso y bien formado culito, provocando en su amante
inconfundibles gemidos de placer. Conforme Gaudi fue bajando sus caricias a través
del ombligo de su amante y acercando sus manos a su raja por la parte posterior,
los gemidos de la mujer fueron ganando poco a poco en intensidad y fuerza. Cuando
finalmente llegó a su ya mojado coño y lo abrió, empezó
a besarlo y acariciarlo con una pasión que acabó por desbordar a
la desconocida mujer, mientras en su habitación, Reena, sentada sobre la
cama, inconscientemente acariciaba su propia vagina sin apartar la vista de lo
que sucedía en el sueño de Gaudi.

La desconocida joven parecía
estar al borde de un orgasmo. Sus gemidos ganaban en intensidad, y su respiración
a juzgar por sus hermosos pechos, que bajaban y subían con fuerza era cada
vez más jadeante. De repente, Gaudi cesó de lamer el coño
de la mujer. Incorporándose, la besó apasionadamente, mezclando
en su saliva los jugos que había recogido de su concha, al tiempo que la
tumbaba en el suelo, y abriendo con una mano su concha y sujetando con la otra
su gran miembro, la penetró hasta el fondo de golpe.

La reacción
fue inmediata. La misteriosa joven gritó, dolorida pero también
víctima del inmenso placer desencadenado cuando se produjo su primer orgasmo.
Sus convulsiones de placer fueron tales que por un momento pareció que
se desmontaría de la polla de Gaudi, si bien inmediatamente, y sin dejar
de gemir de placer, se impulso con su concha hacía adelante para seguir
sintiendo aquel enorme, hermoso y palpitante pedazo de carne que invadía
su ser. En la habitación de Reena, esta empezó a acariciar su coño,
ya bien mojado con más intensidad, sumando al esfuerzo su otra mano, e
introduciendo dentro la punta de tres dedos, imaginando que no era a aquella mujer
a quién Gaudi penetraba, sino que era a ella. Por su parte, Calis, contagiada
por la pasión y entrega de Reena al placer, también se masturbaba.
Echada de bruces sobre la cama, con una mano se acariciaba su concha mientras
con la otra mano acariciaba y masajeaba sus pechos.

– Gaudi… -susurro entrecortadamente
Reena-, ¿pero que me haces? ¿Cómo es que me haces reaccionar
así? ¿Por qué?

Calis oyó la pregunta y sonrió.
"Porque le amas" se dijo, "Porque habéis nacido el uno para
el otro, pero ni siquiera ahora lo aceptarás ante nadie, ni siquiera ante
ti misma, Reena Inverse".

Ajeno a la pregunta de Reena, en su sueño,
Gaudi apenas dejó tiempo a su amante para recuperarse. Pronto inició
un lento mete y saca en principio en el cual el cuerpo de la desconocida, que
tras el orgasmo se mostró por un breve instante más relajada, pero
las suaves embestidas de Gaudi pronto la hicieron gemir con cada vez más
fuerza, conforme Gaudi aumentaba el ritmo e intensidad de sus embestidas. Mientras,
Reena asistía hipnotizada al mete y saca de Gaudi, a como su viril y magnífico
miembro entraba y salía en aquella abierta y acogedora concha, provocando
estremecimientos de placer. Ahora ella había introducido en su coño
cuatro dedos para masturbarse con más fuerza, conforme aumentaba el ritmo
de las embestidas de Gaudi. Calis, por su parte, asistía al sueño
de Gaudi con más calma, pero no por ello renunciando al placer. Si sus
movimientos no eran tan frenéticos e intensos como los de Reena, si eran
más sabios, mejor dirigidos y aleccionados a proporcionar un placer más
sutil y moderado, pero no por ello menor al de Reena.

El ritmo de Gaudi no
paró de aumentar poco a poco en los siguientes minutos, de tal modo que
pronto Reena renunció a seguirlo y se dedicó a su propio placer
sin dejar de espiar el sueño de Gaudi. La desconocida gemía sin
cesar, cuando súbitamente Gaudi la volteó para dejarla tumbada de
lado sin sacar su polla de la concha de la desconocida, para inmediatamente después
volver a introducir su miembro con fuerza hacía el fondo. Esto provocó
de nuevo los espasmos de placer que precedieron a un segundo orgasmo de la desconocida,
cuyos gemidos de placer inundaban los oídos de Reena.

Gaudi siguió
en esa postura breves minutos hasta que lentamente, se salió de la desconocida.
Con ternura, dejo que esta se tumbara boca abajo sobre la roca, para empezar a
acariciar y besar toda su espalda, subiendo y bajando desde el cuello hasta su
hermoso culo, pasando también por sus pechos. Lentamente, la desconocida
se fue incorporando reaccionando a las caricias de Gaudi hasta estar a cuatro
patas.

En la habitación de Reena, Calis no se sorprendió en
absoluto cuando Gaudi introdujo su miembro nuevamente en la vagina de la desconocida
desde atrás. En esta postura, Gaudi empezó a introducirlo lentamente,
acariciando con su miembro cada centímetro del interior de la vagina de
su amante, para por fin empezar a moverse rítmicamente. Esta vez, la desconocida
empezó a moverse junto a Gaudi, para facilitar aún más su
penetración, y rápidamente alcanzaron un veloz ritmo en el cual
la intensidad de sus gemidos llegó incluso a alarmar a Calis de la posibilidad
de despertar a los huéspedes de las habitaciones contiguas. Por su parte,
Reena, tras dos nuevos orgasmos en su haber durante el sueño de Gaudi,
parecía estar cercana a otro más. En aquel momento, la pareja de
amante cayó sobre la roca al fallar sus extremidades debido a la intensidad
de su placer. Ahora, ambos seguían en la misma postura pero recostados
sobre un lado, mientras Gaudi levantaba una pierna de la desconocida para facilitar
en esta nueva posición la penetración.

– ¡Calis! ¡Mira!
¡Veo sus rasgos!

Sin saber en un principio a que se refería,
Calis investigo en el recipiente. En efecto, ahora los rasgos de la mujer dejaban
de estar envueltos en aquel halo de indeterminación que había mostrado
hasta el momento. Sus rasgos se mostraban a intervalos: primero la suave piel
de la mejilla, sus finos labios, un mechón de su cabello, la punta de la
nariz, otra vez sus labios, sus grandes ojos… Ahora, ambas mujeres, Reena y
Calis espiaban fijamente el rostro de la desconocida, en espera de que el misterioso
velo de indeterminación que lo cubría se resquebrajará totalmente.

- ¡Vamos, maldita sea! ¡Descúbrete de una vez! -exclamó
Reena.

En el sueño, la pareja de amantes estaba al borde de un orgasmo
que tenía visos de ser brutal. Su respiración era entrecortada,
jadeante, pero la intensidad de sus movimientos y estremecimientos se había
incrementado aún más. De repente, la desconocida empezó a
aullar de placer víctima de un intensísimo orgasmo. Para Reena y
Caris, sus rasgos eran cada vez más definidos y cada vez se descubrían
más: su peinado, sus blancos dientes, sus caninos, ligeramente afilados,
las pestañas de sus ojos, su barbilla… Aún así ninguna
de las dos podía aún resolver el rompecabezas, pero mientras la
misteriosa mujer aullaba aún de placer, Gaudi salió de ella y aproximó
su vibrante miembro a punto de estallar a su rostro. Sin decir una palabra, ella
lo sujeto con una mano y se llevo a la boca mientras lo acariciaba con fuerza
para tragárselo y mamarlo en el momento en que Gaudi rugió de placer
y se fue en su boca. Aunque la mujer intentó tragar toda la leche de Gaudi,
la fuerza de la descarga, así como la cantidad de la m En su habitación,
Reena y Calis observaban asombradas el desenlace del sueño. – Soy yo. Gaudi
ha soñada conmigo -repetía Reena asombrada, hasta que una sonrisa
cruzo su rostro-. ¡¡Vivaaaaa!! ¡¡Siiiii!! ¡¡Soy
yo!! ¡¡¡Gaudi me ama!!!

– ¡Reena! -exclamó
Calis llevando su mano a la boca de Reena para hacerla callar-. ¡Vas a despertar
a todo el mundo!

– ¡Jajaja! ¿Qué importa? ¡Gaudi
me ama! ¡Me ama!

Calis la dejo hacer. En realidad, se alegraba por Reena,
pues ahora si encontraría el valor necesario para declarar sus sentimientos
a Gaudi.

– ¿Eh? ¿Qué pasa? -interrumpió sus pensamientos
Reena-. ¿Por qué vemos de nuevo la habitación de Gaudi?

Calis se inclinó sobre el recipiente. En efecto, ahora este mostraba nuevamente
la habitación de Gaudi, el cual despierto, se incorporaba.

– Tu amado
debe haber despertado y ya no podemos seguir espiando sus sueños, por lo
que la imagen que nos enseña el cuenco es la inicial -explicó Calis.
En su habitación, Gaudi se despertaba.

– ¡Oooouaaaa! Vaya -se
dijo al ver que aún era de noche-, ¿cómo es que me despierto
tan pronto hoy? Aún es de noche.

Frotándose los ojos, Gaudi
se incorporó sobre su lecho. Tras un instante, se llevó la mano
a sus calzones y miró dentro.

– Vaya… Ahora me acuerdo. ¡Con
semejante sueño, tendría que estar muerto para no despertarme! Porque
la verdad sea dicha, fue fantástico. Aunque, ¿quién…?

En su habitación, Reena y Calis veían curiosas como Gaudi se sumía
en una profunda reflexión.

– ¡Ah, claro! -exclamó al final
el guerrero-. ¡Debí de soñar que lo hacía con aquella
sacerdotisa que estaba sola en el comedor esta noche! ¡Es ciertamente la
mujer más bella que he visto en mi vida!

Calis miró atónita
al despreocupado Gaudi, pero cuando fijó su mirada a Reena, su hermoso
rostro se volvió completamente blanco, como si todas las almas en pena
de los Avernos se hubiesen presentado para atormentar sus sueños.


¡¡¡RRRAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAGGGGHHHAAAAAAAAAGGGHHHH!!!

El
rugido de Reena despertó a todos los aterrorizados huéspedes de
la posada, que creían que una horda salvaje de dragones atacaban la posada,
e incluso a los habitantes de las casas colindantes a la posada. Mientras, en
su habitación, Reena, rechinando los dientes, observaba a Calis con una
mirada homicida inyectada en sangre.

– Esto… ¿Esto es una broma tuya,
Calis? -preguntó finalmente Reena tras un largo silencio en el que Calis
apenas fue capaz de respirar.

Calis, asustada, intentó mantener con
no demasiado éxito lo compostura.

– ¡Ree… Reena! ¿Cómo
puedes… pensar eso de mi? ¡Te juró por el nombre de Mi Dulce Señora
que estoy tan sorprendida como tu, que no tengo nada que ver con lo sucedido en
sus sueños!

– ¿Entonces cómo es que no se acuerda de
mi? ¿Qué cree que has sido tu?

– Yo… No tengo ni idea, Reena,
créeme. Estoy tan sorprendida como tu. No sé como el…

Sin
hacer caso de las palabras de Calis, Reena salto del lecho, arreglándose
el camisón de dormir. "No importa lo que Calis pueda creer o explicarme"
se dijo mientras salía de la habitación rumbo al comedor, "¡La
realidad es que Gaudi jamás recordará un rostro ni aunque sea el
de aquella a quién ama!" En el corredor de las habitaciones, los despertados
huéspedes intentaban averiguar la causa de aquel grito que los había
despertado a todos.

– ¡Esto es indignante, vergonzoso! -cacareaba el
petulante noble al que aquella misma noche Reena había agredido en el comedor-.
¡Exigiré al dueño de la posada que me devuelva mi dinero!
¡Este antro de mala muerte ha perdido la poca dignidad y decoro de la que
era merecedora! ¡Una guarida de trolls y goblins tiene más categoría
que este alojamiento de ratas y parásitos!

En medio de su discurso,
el noble tropezó con otra persona en el corredor.

– ¡Insolente!
¿Cómo osa interrum…? -la recriminación del noble terminó
bruscamente cuando al encarar a quien había chocado con él, descubrió
el furibundo rostro de Reena, que vagaba aún perdida en sus pensamientos.
En el corredor se hizo el silencio, y los ojos de Reena brillaron al tiempo que
con una taimada sonrisa identificaba al noble.

– ¡¡¡BOLA
DE FUEGO!!!

(continuará)

Autor: Bullets

 

Resumen del relato:
    Antes de iniciar este relato quiero aclarar que todos los personajes principales que intervienen en ella pertenecen a la serie Slayers (más conocida aquí como Reena y Gaudi, salvo la sacerdotisa Calis). Mi intención al escribir este relato basado en estos personajes es contar con un contexto ya desarrollado a partir de la serie para desarrollar mis propias historias.

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