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Parodias

Arrimas

Arrimas (19)

ARRIMAS

Volverán, más peludas las vaginas,

otras vergas hundidas, a chupar,

y otra vez, del orgasmo en los finales,

la leche sacarán.

Pero aquellas que nunca rechazaban

la grosura de mi verga al empujar,

aquellas que gozamos los muy hombres,

ésas, ¡me esperarán!

Volverán, lubricadas, gruesas vergas,

de tu culo, el esfínter a estirar

y otra vez, tus dos nalgas, aún más ganosas,

placeres sentirán,

Pero aquellas mamadas, ¡oh, bien mío!,

que con ansias me dabas sin parar,

produciéndome la más dulce agonía,

de ésas, ¡no les darás!

Volverán, de placer, en mis oídos,

tus palabras ardientes a sonar,

cuando el lanzón, tan grueso como un leño,

pujando aguantarás.

Pero puto, abicado, de rodillas,

por un cabrón dejándome encular,

aunque esté muy jodido, desengáñate,

así, ¡no me verás!

 

Resumen del relato:
    La inspiración de Becquer no alcanzó a cubrir el aspecto sexual en su obra, es por eso que subsanamos esta carencia en esta parodia de sus “Rimas”.

Me gusta tirarme a Ginny Weasley

Me gusta tirarme a Ginny Weasley (19)

Me gusta tirarme a Ginny Weasley

Esta historia no ha sido contada en el quinto libro que narra
las aventuras de Harry Potter, el cual titula “La Orden del Fénix”, supongo que
al terminar de leerla se darán cuenta de por qué; de todas maneras, tampoco soy
el héroe de esa serie, aunque me la paso muy bien, como están a punto de leer.

Aquél había sido un día regular, hasta el final de la clase
de pociones, a cuya salida me dediqué como de costumbre a mortificar a mi archi
rival Harry Potter y a los imbéciles de sus amigos, el pobretón de Ron Weasley y
la mugrosa de Hermione Granger (mugrosa por lo de “sangre sucia”). Todo aquello
me había resultado tan sólo regular porque, ya estando en nuestro quinto año en
Hogwarts, mi clase favorita, Pociones, de pronto había quedado en manos de
Mundungus Fletcher, un mago que trabajaba para el Ministerio de Magia, en vista
de que mi profesor favorito, el profesor Snape, había tenido que reunirse a
finales del año anterior con el maestro Voldemort, yo sabía esto por mi padre,
que era uno de sus más allegados mortífagos. Sin embargo era evidente que para
el resto de los alumnos su desaparición era poco menos que misteriosa, pero poco
les importaba, ya que todos estaban radiantemente felices porque Snape no
impartía más clases en Hogwarts. En fin, como les iba contando, yo me había
quedado al final de la clase para hablar con Fletcher, ya que, de todos modos,
era el único que me podía proveer de algunos ingredientes que necesitaba para
una poción especialmente rara, que prepararía con ayuda de la profesora
McGonagall para convertirme en un polimago. Mi intención al principio había sido
sólo la de fastidiar como de costumbre al odiado Potter y sus dos ridículos
amigos, en su triste intento de convertirse en animagos, pero, al correr del
tiempo las cosas habían salido mucho mejor de lo que yo esperaba, ya que, según
la profesora, yo tenía talento para algo más que Potter y compañía, y sin duda
lo haría, pues no podía desperdiciar la oportunidad de aventajar a Potter en una
habilidad tan rara.

Bueno, el caso es que luego de hablar con Fletcher y de
conseguir su ayuda en la búsqueda de esos ingredientes, salí de prisa del aula,
ya que iba retrasado para mi siguiente clase, tan urgido que sin notarlo, choqué
con alguien en las escaleras, de tal manera que sentí tirarle todas sus cosas al
suelo. Me repuse rápidamente de la sorpresa y me dí cuenta que se trataba de una
Weasley, creo que su nombre era Giny, la menor de esa familia de magos de
deshonraba a sus semejantes de sangre limpia, como yo, poniéndose siempre a
favor de los muggles y de los sangre sucia. El caso es que, al ver de quien se
trataba, me limité a pasarme las manos por encima de la ropa, como quien se
limpia del polvo que le ha caído encima, por supuesto sin la menor intención de
levantar las cosas de esa torpe, a quien, sin embargo, noté muy cambiada con
respecto a la imagen suya que yo recordaba del año pasado…, la verdad es que
se estaba poniendo atractiva la chiquilla, lástima por su familia. Como era de
esperarse, por reflejo, abrí la boca para reprenderla, o ésa fue mi intención al
principio, pero en lugar de eso me oí decir: “Fíjate por dónde vas… tú…
tú… bella persona”, y sin darme cuenta la miré a los ojos, que sorprendidos,
también se posaron en los míos. Ambos quedamos congelados por un momento, y
luego, para salir de esa incómoda situación, me incliné para ayudarla a recoger
sus cosas, para luego despedirme con una sonrisa que me atreví a dirigirle y que
ella me devolvió alegremente. Me sentí extrañamente contento.

Los siguientes días me la pasé pensando en aquel incidente y
empecé a espiar con la mirada a Ginny, quien, para sorpresa mía hacía lo mismo,
así que naturalmente se dieron las condiciones para que yo la encontrara sola y
pudiera acercarme y llevármela a sitios donde no era fácil que nos vieran, y
donde pudiéramos conversar tranquilamente, lejos de todos, ya que era de dominio
público mi odio para con los Weasley, y el mutuo sentimiento que para conmigo
tenían sus hermanos, sin embargo nuestros amigos más cercanos estaban enterados,
aunque creo que nadie se lo dijo nunca a nadie de su familia. Así las cosas,
llegamos al punto en que la chica realmente a empezó gustar de mí, de modo que
yo podía citarla para que nos viéramos y ella acudía a las citas. Así, al final
de uno de nuestros encuentros en que nos la habíamos pasado riendo y hablando de
todo y de nada, decidí que la atracción que atraía sobre mí esta pelirroja,
empezaba a ser insoportable, lo que hizo que me quedara callado, mirándola
seriamente a los ojos; ella terminó de reír de mi última ocurrencia y al verme
serio y mirándola a los ojos, me devolvió la mirada y se puso seria también.
Nuestros rostros se acercaron lentamente y de pronto nuestros labios se
encontraron en un beso que al parecer resultó para ella tan electrizante como
para mí, ya que al cabo de unos segundos nos separamos un poco y abrimos los
ojos para ver que en la cara de cada uno se leía la sed de mucho más. Vino el
segundo beso. í‰ste, sin embargo, fue totalmente franco y frenético y me encontré
estrechando entre mis brazos aquella figura esbelta que me había estado quitando
el sueño las pasadas noches, y parecía que el sentimiento era mutuo, ya que los
brazos de ella se habían cerrado alrededor de mi cuello, aferrándose a mí
mientras su cuerpo se pegaba al mío, permitiéndome sentir sus pequeños senos,
demasiado abrigados por la negra túnica y demás uniforme del colegio. Nuestras
lenguas ahora jugaban en medio de nuestras bocas unidas por la pasión del
momento y mis manos, que acariciaban su espalda no encontraban suficiente
comodidad para abrirme paso hacia su piel entre tanta ropa, de manera que pensé
en un momento más apropiado para ello, y al final de ese segundo beso, jadeantes
ambos, le dije:

– Ginny, nunca había sentido esto antes.

– Tampoco yo – me respondió – y te confieso que estoy algo
sorprendida.

– ¿Por qué? – le pregunté.

– Porque, bueno, hasta antes de que tú empezaras a buscarme,
me gustaba otro chico.

– ¿Sí?, ¿Quién?

– No voy a decírtelo, te reirías – dijo, mirando hacia otra
parte.

– Claro que no me reiré – dije, empezando a sentir curiosidad
al respecto.

– ¿Me lo juras? – preguntó, mirándome seriamente.

– Te lo juro.

– Harry Potter – dijo al fin.

Al oír aquello no supe si reírme o ponerme celoso, pero de
repente comprendí que no podría hacer ninguna de las dos cosas, y que tampoco me
importaba. No podría reírme porque Ginny estaba empezando a importarme, y menos
podría ponerme celoso porque acababa de sentir en sus besos que ahora le daba
igual que a Harry Potter lo hicieran prefecto o capitán de su equipo de quiditch
(como en efecto ya había pasado), o que lo nombraran dueño de todo el mundo
mágico, o que Voldemort al fin lo destruyera. Sin embargo, de pronto sentí la
necesidad de poner a prueba ese sentimiento, y para empezar, hice míos de nuevo
aquellos labios de color escarlata y estreché nuevamente su cintura. Al
despedirnos, quedamos en que la recogería a la media noche en la entrada a su
sala común, en frente del retrato de una señora gorda, para un paseo nocturno,
no dudé que asistiera, ni de que hiciera todo lo que yo le pidiera.

A la media noche, nos encontramos como habíamos convenido, y
me agradó verla en un primoroso vestido informal azul claro, con el que supe que
no tendría tantos problemas como con la túnica reglamentaria del colegio. Ella
me sonrió y entonces yo saqué mi capa de invisibilidad (¡claro que yo también
tengo una!) y nos cubrí por completo, abrazándola por la cintura, al igual que
ella a mí. Mi plan era llevarla al baño de los prefectos, un sitio tranquilo y
hermoso en el que pensaba consumar mis deseos (sí, yo también soy prefecto, al
igual que Potter). Cuando llegamos frente a la estatua de Boris el
Desconcertado, nos detuvimos y dije la contraseña.

– “Frescura de pino”.

La puerta se abrió en medio de un chirrido, y ella me miró
curiosa.

– ¿Qué lugar es éste?

– Ya verás – le respondí.

Al entrar cerré la puerta y corrí el cerrojo tras nuestro,
por si acaso, para que nadie pudiera entrar e interrumpirnos. Ella parecía
sorprendida al ver lo que tenía delante, un hermoso recinto de mármol blanco,
tenuemente iluminado por una impresionante araña llena de velas; al centro
estaba la piscina rectangular, con muchos grifos de oro alrededor, cada uno
adornado con una joya de diferente color incrustada en la llave. A Ginny le
gustó que hubiera un trampolín y el efecto de las cortinas de lino blanco
colgando de las altas ventanas, así como el cuadro del fondo en el que una rubia
sirena dormía sobre una gran roca, mientras el pelo que le caía sobre el rostro
se agitaba cada vez que resoplaba. Me incliné a abrir todos los grifos para que
la piscina se llenara con los distintos tipos de gel de baño, que empezaron a
llenarla de agua, espuma y burbujas de todos los colores. Luego, me levanté y
caminé hacia ella que me devolvía una mirada cómplice, y al llegar frente a
ella, simplemente me detuve y le susurré:

– Te amo.

Ginny, por toda respuesta, se abrazó urgentemente a mi cuello
y me besó dulcemente. Poco a poco entramos en calor y la emoción nuevamente nos
llevó al frenesí que habíamos sentido horas antes. Nuevamente nuestras lenguas
luchaban golosamente, y mis manos ahora sentían mejor su tibio cuerpo, mientras
acariciaban su espalda. Poco a poco subí por ella, siguiendo la pista del cierre
de su vestido, hasta llegar al principio, luego de lo cual empecé a abrirlo, y a
quitárselo, a lo que no hallé ninguna resistencia, más, al contrario, me
encontré con que sus manos también empezaban a desnudarme. Casi sin darme cuenta
me encontré con la última pieza de ropa que la cubría, sus rosadas braguitas, y
me arrodillé para mirar lo que había detrás de ellas. Poco a poco, mientras
besaba su vientre, tomé los bordes con la punta de mis dedos y empecé a
deslizarlos hacia abajo, descubriendo poco a poco su tierno monte de venus y a
continuación, su rosada vagina de 14 años, totalmente húmeda, y su erecto
clítoris, que empecé a acariciar con la punta de mi lengua. Ella empezó a gemir
con deleite, mientras acariciaba con sus manos mi pelo, y al cabo de tan sólo
unos cuantos segundos exclamó:

– ¡Tómame, por favor, hazlo ya!

Entonces me levanté y la abracé nuevamente, atrayéndola hacia
mí y aplastando sus pequeños y hermosos senos con mi pecho, mientras la punta de
mi verga se colocaba instintivamente en medio de sus ardientes labios
inferiores, ante lo cual, ella me miró notoriamente excitada a los ojos, con la
respiración agitada, esperando que la hiciera mía en ese mismo momento. Sin
embargo pude controlarme un poco más y, tomándola de la mano, la conduje hacia
la piscina, que ya se encontraba llena de agua tibia y espuma perfumada. Ambos
sentimos el dulce estremecimiento del agua al mojar nuestros cuerpos y, con el
agua hasta el cuello volvimos a abrazarnos por debajo del agua y esta vez mis
manos corrieron suavemente por la suave piel de Ginny. Mientras nos besábamos,
exploraba su espalda y pronto traje mis manos hacia sus senos, firmes y
pequeños, con los pezones desafiantemente parados, lo que me invitó a
presionarlos entre mis dedos, a lo cual ella gemía y gemía, con muestras del más
absoluto placer. No me detuve ahí y mis manos nuevamente se movieron, esta vez
hacia sus nalgas, las cuales empecé a acariciar circularmente, separándolas cada
vez más, y acercando mis dedos poco a poco a la línea que las dividía. Sin
problemas el dedo medio de mi mano derecha se detuvo en la entrada de su ano y
empezó a penetrarlo, en medio de pequeños respingos de su parte, pero nada que
hiciera pensar que no quería. Aunque de manera un poco difícil al principio,
ahora mi dedo entraba y salía casi sin ninguna resistencia, y empecé a meter el
dedo medio de mi otra mano. Ahora, con ambos dedos dentro, empecé a abrir su
huequito poco a poco, entre gemidos y chillidos que ella emitía, mientras
cerraba los ojos con fuerza y me besaba con desesperación. Comprendiendo lo que
quería hacer, Ginny, sostenida por mis manos, levantó sus piernas y abrazó con
ellas mi cintura, cruzándolas en mi espalda para no soltarse. Ahora la tenía
levantada, con su ano abierto al máximo, así que la levanté un poco más hasta
colocar la punta de mi verga justo en la entrada, así que empecé a deslizar mis
dedos hacia afuera, sin dejar de jalar los bordes para mantenerla estirada y
abierta, y una vez que mis dedos estuvieron fuera, empecé a descenderla sobre mi
verga, y a penetrarla poco a poco, mientras ella se detenía en su beso, y me
atrapaba un labio entre los dientes, mordiendo un poco más de lo que a mí me
gustaría, pero provocando con este leve dolor, que le tuviera más saña para
meterle mi verga hasta el fondo. Un suave y prolongado quejido salía de su boca
mientras la ensartaba, y una vez alcanzado el fondo, me detuve un momento antes
de empezar a tirármela en serio. En verdad, quería separarme de ese beso en que
me mordía el labio, ya que cuando empezara la acción temía que me lo arrancara.
Le quité mi labio y la miré a los ojos, preguntándole:

– ¿Estás lista, Ginny?

– Más que nunca – dijo con una seguridad que no le conocía.

Acto seguido, empecé a moverme para afuera y para adentro, y
ella a gemir de dolor, y, poco a poco, de placer. Quién lo diría, el año pasado
apenas me había enterado de la existencia de esta niña, y ahora estaba
estrenando su hermoso culito, con todo el placer nuestro que jamás nos
hubiéramos imaginado. Cuando estaba en lo mejor, y ambos a punto de llegar a
nuestro primer orgasmo de la noche, resbalé en el fondo de la piscina y nuestros
cuerpos se hundieron en el agua. Yo caí sentado, y como tenía a Ginny ensartada
y abrazada con sus piernas a mis caderas, ella cayó sobre mí sintiendo la
violenta estocada de mi verga tomándonos por sorpresa, sintiendo lo cual, ambos,
nos vinimos en nuestro primer orgasmo de la noche, que hubiera podido ser el
último, ya que al encontrarnos bajo el agua, dejamos escapar un grito de placer
encerrado en grandes burbujas que huyeron a la superficie, con todo el aire que
nos quedaba en los pulmones. Sin embargo reaccioné rápidamente, y tomándola de
la cintura, la levanté, sacándole mi hinchada verga violentamente, en medio de
espasmos de placer de los dos, hasta sacar su cabeza a flote. Rápidamente yo
también me puse de pie en el fondo de la piscina, y al hacerlo alcancé a
distinguir hilachas de mi semen que flotaban alrededor de sus caderas. Mi cabeza
al fin salió a flote y mientras tomaba una bocanada de aire nuestras caras se
encontraron y empezaron a sonreir felices. Nuevamente la abracé y sentí de nuevo
cómo la punta de mi verga y su clítoris se encontraban sin pensarlo, como en un
beso inferior y subacuático. Otro pequeño gemido de su parte, y esta vez decidí
estrenar su rica y jugosa salteñita. Pero esta vez fue ella la que pudo
controlarse y se escurrió de entre mis brazos riendo y huyendo rápidamente a
nado lejos de mí. Por supuesto que yo no me iba a quedar con las ganas, de
manera que rápidamente la seguí, también nadando, y ahora los dos nos
encontrábamos en posición semi – horizontal, braceando y pataleando, yo detrás
de ella, decidido a alcanzarla y hacerla totalmente mía esa misma noche. Con
esas intenciones, y ya cerca de ella, me di un último impulso y alcancé uno de
sus tobillos, que dejó de agitarse al agarrarlo, mientras ella se reía con la
cabeza fuera del agua. Cogí su otro tobillo con mi otra mano y me situé por
debajo de ella y del agua, todavía en posición semi – horizontal, y así empecé a
jalar sus tobillos y sus piernas, haciendo que ella pasara rápidamente sobre mí,
restregando primero su vagina, su vientre y finalmente sus pechos sobre mi cara,
de manera que la acercaba rápidamente a mi verga, en la mejor coordinación de
dos cuerpos que se había visto hasta entonces, la que al fin fue coronada con un
acoplamiento perfecto de mi verga con su vagina, que se encontraron de repente,
y al fin mi ansiosa asta se hundió de una sola vez en su delicada carne, con un
grito placentero de su parte y un estremecimiento por parte mía que nunca se me
volverá a olvidar. Esta vez no hubo treguas y yo empecé a moverme por debajo de
su cuerpo mientras pataleaba, impulsándome más en el agua, y hundiéndome más
profundamente en el cuerpo de Ginny. Como quiera que mis pulmones estaban a
punto de estallar, llevé su cuerpo que tenía abrazado por debajo de mí, y me
puse encima, sacando mi cabeza para respirar, sin sacarle mi verga y a tiempo
para ver que éramos un extraño torpedo impulsado por la pasión a punto de
colisionar con la pared de la piscina, por lo cual extendí mi mano hacia delante
y nos desvié de ella hasta virar completamente y empezar a nadar hacia el otro
extremo. Ella también empezó a patalear, lo que produjo que su vagina apretara
mi verga, elevándome a un nuevo nivel de placer, lo cual nos estremeció a ambos,
haciendo que nos abrazáramos y nos hundiéramos al fondo de la piscina en medio
de los espasmos de un nuevo y glorioso orgasmo. Era una sensación macabra y
placentera. Los dos mirándonos a los ojos bajo el agua, los dos unidos por el
placer y abrazados, sin poder respirar por temor a ahogarnos, y sintiendo
nuestros corazones latir con tal fuerza que el pecho de cada uno sentía el
retumbar del otro. Una vez más nos separamos y yo la ayudé a salir a la
superficie, y cuando nuestras cabezas se hallaron nuevamente fuera del agua,
respirando fuerte y desesperadamente, ambos supimos que aquella no sería la
última vez.

Repuestos de esa segunda explosión de placer, puse mis manos
sobre sus hombros e hice que se arrodillara en frente de mí por debajo del agua.
Entonces puse mis manos a ambos lados de su cabeza y me preparé a meterle mi
verga en la boca, que no opuso ninguna resistencia, y que mas bién empezó a
mamármela por debajo del agua con la desesperación de la falta de aire. Era la
sensación más rara y placentera que jamás había tenido, por lo que quise
prolongarla hasta llegar a un nuevo clímax, sin importar que tomara más tiempo
del que tenía Ginny bajo el agua, por lo que empecé a moverme dentro de su boca
más y más rápido, y de pronto sentí que ella quería separarse, pero no la dejé,
la tomé de la cabeza con fuerza y la obligué a que mantuviera mi verga dentro,
mientras murmuraba:

– Ya falta poco, Ginny, mi amor, ya casi…

Ella hacía cada vez más fuerza para salir, y yo empecé a
soltar una carcajada de poder, mientras sentía que llegaba a mi orgasmo y que
ella me clavaba las uñas en las nalgas, en un intento desesperado porque la
soltara, mi risa se hizo más y más fuerte y al fin me disparé dentro de su boca
y deje de hacer presión con mis manos sobre su cabeza, ahora ella salió con sus
últimas fuerzas a la superficie, al borde de la asfixia y tosiendo. Luego de
tomar varias bocanadas desesperadas de aire, empezó a llorar, cubriéndose la
cara con las manos, no sin que yo pudiera ver mi semen escurriéndose fuera de su
boca, pero eso sólo duró un momento, ya que, recuperándose, y al ver mi cara con
una sonrisa burlona, me soltó una fuerte bofetada que casi logra que deje de
sonreír, pero que apenas me inmutó. Lentamente torné a mirarla de nuevo, aún
sonriéndole a su cara congestionada por la furia, y le dije:

– ¿Irías al baile de navidad conmigo?

Primero me miró desconcertada, luego apartó su mirada, y
soltando un rápido suspiro, volvió a mirarme y me abrazó mientras me besaba.

– Seguro, puedes hacer conmigo lo que quieras.

Aquella noche nos amamos varias veces más, mientras nos
secábamos con las mullidas toallas blancas que había ahí, y la regresé a su sala
común a eso de las cinco de la mañana, atrayéndola hacia mí con las manos en sus
nalgas, para un beso de despedida.

í‰sa fue la primera vez que me tiré a Ginny Weasley, y la
primera en que descubrí mi inclinación hacia el sadismo, ya que nunca pude
hallar placer mayor que el de tener la vida de alguien en mis manos, y ser dueño
de ella, para obligarla a que me proporcionara más y más placer, so pena de
dejarla extinguirse para siempre, y que aún así, se sometiera de nuevo a mis
deseos, como sucedió en el baile de navidad, pero ésa es otra historia, que les
contaré si ésta no les pareció demasiado aburrida.

A propósito, creo que no les dije mi casa, estoy en
Slytherin, y…, ¿Mi nombre?, ¿Es que no lo dije?, bueno, yo soy Draco Malfoy, y
creo que a partir de ahora seré más condescendiente con las chicas de las otras
casas, después de todo, Ginny no es la única Gryffindor que me llama la
atención, y la chica de Potter, Cho Chang, tampoco está del todo mal.

¿Continuará…?

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Resumen del relato:

    Cuentos de hadas para adultos (3)

    Cuentos de hadas para adultos (3) (19)

    ALADINO Y LA LAMPARA MARAVILLOSA

    La lámpara de Aladino

    tenía un genio mujer,

    a quien gustaba coger

    diariamente, con el chino.

    Tenía un culo divino

    del que, tan sólo con ver,

    daban ganas de tener

    ensartado el remolino.

    A ella nada le costaba

    lo que él pedía, cumplirle,

    porque mucho le agradaba

    que siempre fuera a pedirle

    las nalgas, pues le encantaba,

    la verga, en el culo, hundirle.

     

    EL SASTRECILLO VALIENTE

    Con la mano, fuertemente,

    tres moscas muertas dejó

    y a todo el mundo contó,

    como hazaña, el incidente.

    Era, además de elocuente,

    tan cachondo, que logró

    gran fama, y se apodó:

    "El Sastrecillo Caliente"

    El rey lo mandó llamar

    para matar a un gigante,

    que su reino hacía temblar,

    y antes, por ser muy galante,

    no se quedó sin gozar

    a la princesa, un instante.

     

    HANSEL Y GRETEL

    Hansel y Gretel llegaron

    oculta en el bosque umbrío,

    una choza, en un desvío,

    que de chiripa encontraron.

    Con un feo hombre toparon,

    que era un hechicero impío,

    a quien, por no pasar frío,

    asilo solicitaron.

    Pero él, sátiro, exigió,

    como precio a su posada,

    algo que les encantó,

    porque les dio una enculada

    que a los dos les agradó,

    ¡y no le pagaron nada!

    DUMBO

    Un paquidermo volante

    Dumbo era, por orejón,

    y este curioso elefante,

    también era muy vergón.

    De una hormiguita galante

    se prendó, de corazón,

    y al verla sólo un instante,

    le consumía la pasión.

    Como la verga es cabrona

    y la chica nada esquiva,

    si no, más bien, querendona,

    con gran constancia su viga,

    que embadurnó con saliva,

    logró clavarle a la hormiga.

    SIMBAD EL MARINO

    Simbad, siguiendo una estrella,

    en su nave naufragó,

    y a una isla llegó,

    donde encontró una botella.

    Al no hallar al dueño de ella,

    rápido la destapó

    y un gran genio apareció,

    tan raudo como centella.,

    Como deseo pidió

    que arrastrara en el camino

    la verga, … y se la cortó,

    porque era un genio cochino,

    que así el deseo cumplió,

    y fue, ¡sin bat, el marino!

     

    Resumen del relato:
      Nuevos personajes de cuentos infantiles, aparecen en situaciones eróticas, para que los adultos se vayan a la cama.

    De rodillas

    De rodillas (19)

    DE RODILLAS

    Hembras reacias, que no dáis

    de cogeros la ocasión,

    y no os bajáis el calzón,

    si antes no nos cobráis.

    Siendo vuestro goce igual,

    si nos acoplamos bien,

    ¿porqué en varios de a cien

    fijáis el precio carnal?

    Ponéis cara de inocencia,

    alegando castidad,

    y vuestra virginidad

    brilla ha tiempo por su ausencia.

    Al enterraros el dedo

    en el coño, poco a poco,

    tan sólo le hacéis al loco,

    pues de coger es remedo.

    Me parece que es muy necia

    vuestra actitud, si negáis,

    que hace mucho practicáis

    la inclinación de Lucrecia.

    Y para que quede claro

    que no soy ningún pendejo,

    gratis os doy mi consejo,

    luminoso como un faro.

    Si alguien os coge bien,

    aunque os vista de percal,

    si lo dejáis, hacéis mal,

    pues como esos, no hay cien.

    Dinero casi no gana

    la que su culo remata,

    pues sólo se lo maltrata

    al andar de casquivana.

    Si en esas danzas andáis,

    estamos a igual nivel:

    ¿se os puede, acaso, ser fiel

    si infieles os comportáis?

    ¿Porqué pedís más templada

    la verga que os atiende,

    si la vagina se extiende

    al paso de la estocada?

    Si, tener la boca llena,

    el vuestro gusto prefiere,

    a cada quien lo que quiere,

    ¡y hartaos enhorabuena!

    Sed siempre unas buenas nenas

    si, en la casa de hembras malas,

    debéis hacer antesalas,

    para ganar vuestras cenas.

    Y, ¿quién es el más jodido

    que queda, sin gozar nada?,

    ¿la que coge ya pagada,

    o el que paga y no ha cogido?

    Pues lleva las de ganar

    la que antes pide la paga

    y no se baja la braga

    para dejarse culear.

    Y, ¿porqué os espantáis

    si una verga grande véis?

    ¿No es así como queréis

    la que con gusto mamáis?

    Por favor, dejad de usar

    tan ceñido el pantalón,

    para que así, de un tirón,

    os lo podamos bajar.

    Mujeres de todo el mundo,

    ya no os déis tanta importancia,

    y coged con elegancia,

    si en vuestros culos me hundo.

     

    Resumen del relato:
      En esta versión erótica de las “Redondillas”, Sor Juana, transformada en Fray Juan, arremete duro y contra ellas y las aconseja para un mejor desempeño de sus aptitudes amatorias.

    Blanca nieves y los siete enanos

    Blanca nieves y los siete enanos (19)

    BLANCA NIEVES Y LOS SIETE ENANOS

    Guión para escribir un Cuento de Hadas erótico

    Personajes: Blanca Nieves, El Príncipe Azul, La Reina
    Bruja, El Leñador, El Rey, Los Siete Enanos: Doc, Gruñón, Tontín, Tímido,
    Risueño, Dormilón y Feliz.

    Tema:

    La Reina Bruja se casa con el Rey, que es papá de Blanca
    Nieves, pero el pobre viejo ya no podía ni con su alma.

    La Reina Bruja le ponía los cuernos con todo aquel que se le
    paraba enfrente.

    El reino se llamaba Puterania y toda la población estaba
    hechizada, de tal forma, que los varones andaban siempre con la verga parada, y
    las mujeres con los coños encendidos, buscando siempre la ocasión para ponerse a
    coger. Este hechizo fue lanzado por la Reina Bruja para poder joder con sus
    súbditos cuantas veces ella quisiera, porque así podía tener a su disposición a
    todos los varones del reino, para gozar de sus vergas, y a las mujeres, para sus
    antojos lésbicos.

    Blanca Nieves no escapa del hechizo y coge también a diestra
    y siniestra.

    Cuando aparece el Príncipe Azul, también coge con él, y le
    gusta tanto, que repite y repite, lo que disgusta a la Reina Bruja, quien trata
    de conquistar a El Príncipe Azul, pero habiendo llegado de lejanas tierras, no
    se encontraba bajo el influjo del hechizo, por lo que se niega a las
    pretensiones de la Reina Bruja, ya ha quedado lelo ante la inmaculada belleza de
    la puta de Blanca Nieves.

    En venganza, la Reina Bruja manda a llamar a El Leñador y le
    ordena llevarse al bosque a Blanca Nieves, para matarla.

    Para librarse de la muerte, Blanca Nieves le ofrece las
    nalgas al El Leñador y así escapa de un trágico destino, pero queda abandonada
    en el bosque, donde encuentra la casa de los Siete Enanos.

    Los Siete Enanos, como vivían solos, tenían un chingo de
    tiempo que no cogían y tenían los cojones bien llenos de leche, así que se dan
    un atracón con Blanca Nieves, quien, encantada de tener siete vergas disponibles
    para ella nomás, se queda a vivir con ellos.

    Enterada la Reina Bruja de que Blanca Nieves se encuentra
    cogiendo feliz con los Siete Enanos, se disfraza de una viejita, y con engaños,
    logra que Blanca Nieves se ensarte un consolador del tamaño de la verga de un
    burro, que la Reina Bruja hechizó, con el que consigue que Blanca Nieves se
    quede dormida después de haberse venido como loca, sin poder despertar.

    Los Siete Enanos la lloran, porque ya se les había acabado el
    mejor culito que habían probado.

    En eso llega el Príncipe Azul, y dándole una sabrosa mamada
    en el coño, consigue que Blanca Nieves despierte y se dan unas deliciosas
    cogidas para celebrar el momento feliz.

    El Príncipe Azul, enculado como estaba de Blanca Nieves, le
    pide que se case con él, y ella acepta, con la condición de que los Siete Enanos
    vayan a vivir al castillo, pretextando que les estaba muy agradecida por haberla
    socorrido. Pero nada, que como ya se había acostumbrado a las orgías que hacía
    con los Siete Enanos, quería llevarlos al palacio para seguir cogiendo con
    ellos.

    El pendejo del Príncipe Azul acepta, y todos se van a vivir
    al castillo, donde viven felices para siempre.

    F I N.

     

    Resumen del relato:
      Guión que pueden utilizar los que ejercen el arte de la parodia, para escribir un Cuento de Hadas erótico. Quien narre mejor tendrá un maravilloso orgasmo para ella, o para él.

    Cuentos de hadas para adultos (2)

    Cuentos de hadas para adultos (2) (19)

    BLANCA NIEVES Y LOS 7 ENANOS

    Estaba Blanca Nieves, canta y canta,

    regando florecillas perfumadas;

    llega el Príncipe Azul y le levanta

    las faldas, y le da sus ensartadas.

    Después de haber gozado su fundillo,

    jugando sus pezones, cual cerezas,

    -cogerte quiero, dijo, en mi castillo,

    y ahí, reina serás si me la besas.

    -No quiero, pues bien cogen los enanos,

    y en eso, ni a Tontín te le asemejas,

    que gusta de clavármela en la cola;

    si obtengo de ellos goces sobrehumanos

    y muy cachonda soy, ¿no es de pendejas

    cambiar, de siete vergas, a una sola?

    LA CAPERUCITA ROJA

    Habiéndose cogido a la abuelita,

    el lobo se limpiaba la vergota;

    en eso, le cayó Caperucita

    y sin perder el tiempo la empelota.

    Después de lametearle las tetitas,

    la lengua le metió sin gran trabajo;

    la niña, utilizando sus manitas,

    ansiosa masturbóle su carajo.

    El lobo la volteó, y como era tanta

    su prisa por clavarla en el coñito,

    la verga le metió hasta la garganta.

    -Más poses aprender debes, lobito,

    pues si la variedad mucho me encanta,

    ¿porqué siempre me coges "de a perrito"?

    PULGARCITO

    Bien pequeño era este niño, Pulgarcito,

    pero grandes sus ganas de coger;

    de condón, se ponía un gusanito,

    pues si hormigas se cogía, le iba a arder.

    Si trepado en un balcón se puñeteaba,

    dejando caer su esperma como un río,

    la gente que esto veía comentaba,

    que sólo eran gotitas de rocío.

    Sus sueños los tenía perfumados,

    tapándose, feliz, con los ya usados,

    calzones de su hermana y de su madre;

    Y siendo su verguita tan activa,

    logró, con un poquito de saliva,

    cogerse a las ladillas de su padre.

    RICITOS DE ORO

    En el bosque se perdió Ricitos de Oro,

    y a la casa de los osos llegó hambrienta;

    Papá Oso, dijo al verla, "me la atoro",

    pues con sólo oler un culo se calienta.

    Mamá Osa, de pendeja se pasaba,

    y sonriente, le dejó que la jodiera;

    El Osito, que la escena contemplaba,

    con su verga, le llegó por la trasera.

    Bien clavada, la chiquilla removióse,

    encantada de tener tan grande goce,

    que le daban por el culo y el coñito.

    Papá Oso, se venía como mulo,

    y la chica, que gozaba por el culo,

    coger, le gustó más, con el Osito.

     

    Resumen del relato:
      Hubo una vez un día, en que los personajes de los cuentos infantiles decidieron portarse mal, por lo que Blanca Nieves, Pulgarcito, Ricitos de oro y otros, vivieron situaciones completamente distintas a las acostumbradas.

    Victoria

    Victoria (19)

    VICTORIA

    No dejes de chuparme la cabeza,

    ni de lamerla con tu rica boca,

    para darle a mi verga gran firmeza

    al dejarla tan dura como roca.

    Apretado te encuentro el remolino

    y tenerlo ensartado es lo que ansío,

    será un rico derrame, bien divino,

    que rodar puede hacernos por el suelo.

    Penetrar lo más hondo de tu entraña

    puedo, con mi carajo, largo y duro,

    y dándome al coger una gran maña,

    del coño, acariciar, el vello oscuro.

    La puya del placer pronto me avispa,

    y el pito, que hasta el suelo tieso arrastro,

    se parece al de un toro y hasta crispa,

    cuando invade tus nalgas de alabastro.

    No ha de temer por nada tu capullo,

    que a meterla muy lento ahora accedo,

    ya verás que al ratito, hasta el murmullo

    dejarás placentero oir, de un pedo.

    Si la sientes muy grande y quieres, puja,

    si cogiendo al moverte te me igualas,

    harás que de placer cachondo ruja.

    ¡Oh, éxtasis divino, como calas!

    Erguida está mi verga todo el día,

    queriendo en tu coñito hallar la gloria;

    una y mil veces yo te jodería,

    hundiéndome hasta dentro, con euforia.

    Cogiéndote, prodigo mis afectos,

    y mi verga, que en cualquier hoyo se sume,

    se clava por los coños y en los rectos,

    aunque, fuerte, le impregnen su perfume.

    Tu coño lo han cubierto pelos de oro,

    y está tan apretado que degí¼ella;

    por eso, vida mía, yo lo adoro

    y a tu rica vagina que es muy bella.

    ¡Empezar a joder! ¡Coño encendido,

    que en tu fuego sexual yo me consuma!

    La leche brota si bien se ha cogido,

    y se derrama como blanca espuma.

    Los pocos pliegues que aún conserva tu ano,

    no han de salir de esta refriega ilesos;

    hay vergas que entierran su banano

    y no lo manchan, ¡mi carajo es de ésos!

    Ya pon el coño, que mi leche fluye,

    disfruta mi lanzón sobre la cama,

    y embriagada de dicha, a gusto mama,

    para que, al derramarse, se me arrulle.

    Confórmate mujer, ya te has venido

    y mi verga está fuera de combate,

    espera nada más que haya dormido,

    ¡para buscar los dos el desempate!

     

    Resumen del relato:
      Parodia de “A Gloria”, de Nájera, con un tratamiento especial para los sexo adictos.