El juego de las prendas (16)
Esta es mi primera historia eróticofestiva que he decidido
escribir después de deleitarme leyendo alguna de estas historias eróticas por
primera vez en la red hace escasos días. Espero que lo disfrutéis al menos la
mitad que lo hice yo.
Por razones de anonimato, los nombres originales y algún otro
dato revelador, serán modificados. Lo entendéis ¿verdad? Bueno, empecemos.
Eramos tres amigos de la provincia de Barcelona, que
decidimos irnos a Salou a pasar siete días de las vacaciones de Verano
aprovechando que Sergio, de 19 años, ya tenía el carné de coche. El cuarto día
de estar en Salou, lo pasamos en la playa, como el resto de días y ahí fue donde
conocimos, gracias al morro de Jaime, de 18 años, y con lo típico de -¿tenéis
fuego?, a tres chicas Aragonesas que habían venido con sus padres. Tras las
presentaciones de rigor y gracias a que ellas eran bastante simpáticas y
abiertas, y por lo tanto no nos echaron, estuvimos jugando en el agua y
pasándolo muy bien durante toda la mañana.
Tras la tarde, que también coincidimos en la playa y donde
permanecimos charlando y jugando a la pelota, las invitamos a que vinieran al
chalet de los padres de Sergio donde nos alojábamos solos, ya que sus padres se
habían ido al extranjero de vacaciones. Ellas accedieron no muy convencidas,
pero bueno… el hecho es que se presentaron a las 7 de la tarde. Mas que nada
esa tarde estuvimos bebiendo un poco, fumando y jugando a las cartas y al
parchis. Elena, que por entonces tenia 18 años y era pelirroja, tenía bastantes
pecas pequeñas por la cara y el cuerpo que resultaban monas y seductoras. Tenia
un fantástico cuerpo de curvas como para marearse, y era bonita de cara. Propuso
jugar a una especie de prendas, pero solo con revelaciones personales, así que
quien perdía debía revelar a los demás sus secretos personales. Fue bastante
divertido y pudimos saber cosas secretas de cada una de las chicas, así como
ellas de nosotros.
Elena por ejemplo nos reveló que no era virgen, aunque solo
lo había hecho dos o tres veces con un noviete que tuvo. Que se excitaba viendo
películas porno y que también le gustaban las chicas. Patricia que tenía 17
años, era morena con el pelo ondulado sobre los hombros y de cara atractiva y
juvenil, su cuerpo estaba ya muy bien desarrollado –como todas las de su edad-
pero su cara aparentaba uno o dos años menos. Tenía unos pechos bastante
grandes, y unos ojos negros impactantes. Dijo que era virgen pero que por
detrás… sí, por ahí, algunas veces se había introducido los dedos y que la
excitaba mucho.
Natalia que tenía 17 años, era holandesa y llevaba cinco años
viviendo en España con sus padres, que por lo que comentó eran muy liberales…
ella, no tanto, de momento. Era rubia con un pelo liso que le llegaba a media
espalda y una figura esbelta, de metro setenta y poco. Dijo que no era virgen,
pues se había introducido los dedos en más de una ocasión, junto a algún plátano
y otras fálicas verduras… sí, eso fue lo que nos comentó con una timida
sonrisa, pero hasta ahora nunca lo había hecho con tíos.
Por si alguna chica curiosa lee esto –quizá vosotras no leéis
estas cosas, aunque me temo que sí- le diré, que Jaime era moreno, un poco
bajito y rellenito aunque no obeso, pero resulta que tenía éxito con las chicas,
por su labia claro… y reveló que no era virgen y que le gustaban mayores que
él, ¡ah! y que la tenía gruesa, aunque igual de larga que Sergio y yo, entre
dieciséis y dieciocho cm. para que os hagáis una idea. Sergio era alto, rubio y
delgado, atractivo según las chicas pero algo tímido y confesó que era virgen,
aunque entre los chicos ya nos conocíamos, como supongo que entre ellas también,
y como la mayoría de chicos, él se masturbaba con revistas eróticas o porno. Yo
era, con dieciocho años, más o menos como ahora, pelo castaño, de mediana
altura, complexión atlética y de cara supongo que normal, es difícil definirse
uno mismo objetivamente, y confesé que no era virgen y que lo había hecho con
dos chicas algo mayores que yo, y que me excitaba como a muchos, ver a las
chicas en ropa interior.
A las nueve y media de la noche tuvieron que irse a cenar con
sus padres, para lo que quedamos para el día siguiente en la playa, ya que de
noche no saldrían. Al día siguiente fue más o menos lo mismo en la playa donde
jugamos con ellas en el agua y lo pasamos francamente bien. Esa noche sí que
salieron, pero los papas solo las dejaban salir hasta las cuatro de la mañana,
ya que por lo visto al ser amigos e ir juntos tomaban todos las mismas
decisiones para con sus hijas, que por cierto eran amigas intimas en su ciudad.
Pues nada… quedamos con ellas y fuimos a una zona de bares a tomar chupitos,
bailar y reír pero nada más. Curiosamente ninguno de nosotros había aun ligado
con ninguna de ellas, sino que nos movíamos en grupo, juntos, y lo pasábamos
bien pero sin roces o contactos entre nosotros y ellas, de momento. El día
siguiente era el último que pasaban entero en Salou, ya que al día siguiente se
irían todas a medio día, por lo que decían.
Esa noche no paso nada, pero lo pasamos genial bailando y
riendo, y ellas también, o eso dijeron al día siguiente en la playa donde nos
reunimos de nuevo. En la playa ya empezó el primer roce, ya que me ofrecí para
untarles crema y ellas accedieron, por lo que nos repartimos cada uno con una a
untarlas, a mí me toco con Patricia, la virgen, y fue un poco excitante entre el
morbo y el sol que caía. Tenían unos cuerpos morenitos por el sol que las hacía
más deseables aún. Estábamos en una cala lejos de las miradas de sus padres.
En mi caso unté de crema a Patricia, que me dijo, –hazmelo
bien ¡eh! Empecé por la espalda y bajando, con unos suaves masajes rotatorios le
pasé crema por las piernas, subiendo con mis manos hasta por la parte interior
de éstas que tenía un poquito separadas y le rocé, intencionadamente, en alguna
ocasión, el tanga por su parte baja donde se apreciaba ese sugerente bultito, y
subiendo por las tiernas nalgas que el tanga no ocultaban. Le pregunté si lo
estaba haciendo bien, y ella me respondió –lo haces muy bien, tu sigue así.
Después continué deslizando mis manos por su espalda y sus costados hasta rozar
sus pechos que estaban algo descubiertos por los lados al aplastarse contra la
arena, tras desabrocharle el sujetador como pidió, para no ensuciarlo. Fue
bastante excitante para mí y supongo que para ella también por lo que comentó
mientras la frotaba.
Luego optaron por untarnos a nosotros, y aunque nosotros no
solíamos ponernos cremas, no nos opusimos; a ver quién se opone ante unas
preciosidades como eran estas. Patricia se puso sobre mí y se dispuso a
pringarme la espalda con su crema protectora. Como hice yo, empezó con unos
suaves masajes con sus manos por la espalda y fue bajando para continuar por mis
piernas. Al subir por la parte interior de las piernas, que yo también tenía
algo separadas, me hizo lo mismo que yo le hice, la muy guarra –eso decimos lo
chicos, de las tías que no se cortan- y me rozó por dos o tres veces los
testículos, como quien lo hace sin intención, que la había… suerte que al
estar yo tumbado no se percató de la erección que eso me había provocado, no es
que hubiera ocurrido nada, pero me daba cosa. Pero bueno… de ahí no pasó la
cosa y nada más ocurrió entre los dos, y por lo que vi, tampoco entre los demás.
Por lo visto era solo un sutil calentamiento y nada más, un aperitivo por lo que
habría de venir.
Ya solo les quedaba una noche que pasar en Salou, y para
sorpresa nuestra, que no sería la última, ellas nos sugirieron cenar en el
apartamento de Sergio, ya que sus padres por ser el último día, las dejaban
cenar fuera y además, regresar bastante más tarde.
Ellas llegaron a eso de las ocho, y nos ayudaron a preparar
la cena mientras veíamos la tele y tomábamos un aperitivo con vermú… para
cortar el hielo. Aunque ellas eran bastante jóvenes –poco más que nosotros-,
entre diecisiete y dieciocho años, ya habían salido bastante con amigos de copas
y aguantaban bien la bebida, por lo que no se les subía con facilidad a la
cabeza. Tampoco es que quisiéramos emborracharlas sino que bebíamos todos sin
pretensiones ajenas a pasarlo bien, como hacen una gran parte de la juventud,
nos guste o no.
Después nos pusimos a cenar y el vino corrió bastante por la
mesa, y se notaba por la risa y el alboroto que había. Ya serían las doce cuando
Jaime, que era el más atrevido, sugirió jugar otra vez a las prendas y a ellas
les pareció bien. En principio continuamos con lo del otro día y cada vez que
uno fallaba, debía responder a una pregunta personal que el grupo de chicas o
chicos conjuntamente le hacían, según fuera el caso. Las preguntas iban en
aumento en cuanto a temperatura sexual se refiere. Por ejemplo, hasta le
preguntamos a Elena, ya una vez entrados en tema y animados, si la habían
enculado en alguna ocasión, a lo cual ella respondió que no le habían
introducido nunca un pene pero sí los dedos y que le había gustado. A Natalia le
preguntamos si le había hecho una mamada a algún chico, y dijo que sí lo había
hecho en alguna o algunas ocasiones, ya no me acuerdo bien. A mí me preguntaron
por ejemplo, que si le había comido la almeja a alguna chica, a lo cual asentí
con la cabeza y también que si le había follado el culete a alguna chica, que
dije -entre risas- que no, pero no por falta de ganas, como la mayoría.
Esas preguntas y bastantes más sobre fantasías sexuales, que
no expondré para no extenderme, las fuimos respondiendo nosotros y ellas por un
buen rato, como si hubiera una confianza de toda la vida. Las cervezas y algún
que otro chupito ayudaban bastante, mezclado con el humo de tabaco de más de la
mitad que fumábamos.
Como era de esperar, el ambiente se iba caldeando, y yo
propuse, como en broma, continuar el juego pero con prendas de vestir para darle
más emoción al juego, a lo que Elena, la mayor, junto con Patricia dijeron que
sí… así, sin pensarlo… que les hacía gracia y que nunca lo habían hecho, y
además ya las habíamos visto en bikini en la playa, así que no había demasiada
diferencia, añadiendo que ya les habíamos desnudado el alma con todos sus
secretos íntimos que nos habían confesado.
Natalia, la holandesa, era algo más tímida o eso parecía –no
sé- y no le hacía demasiada gracia… pero al ver que sus dos amigas se habían
lanzado, y tras que estas le dijeran que o jugaban todas o ninguna, Natalia
accedió a jugar. Mis amigos como es habitual en la mayoría de chicos, y más
junto a unas bellezas, atrevidas y simpáticas como éstas, ni por un segundo lo
dudaron.
Precisamente la primera que tuvo que ceder prenda fue
Natalia, que empezó por un zapato. Habíamos quedado en partir todos con el mismo
numero de prendas, para igualar el juego. Antes que a ninguna chica le tocara
enseñarnos el sujetador, yo ya había tenido que quitarme los pantalones y
quedarme en calzoncillos.
Patricia, fue la primera que hubo de quitarse el jersey y
mostrarnos el sujetador blanco con bordes de encaje que llevaba y que ocultaban
sus portentosos senos. La cosa iba bastante igualada y todos nos íbamos
despojando de las prendas superficiales. La primera en quedarse en bragas fue
Natalia. Tenía un buen tipo además de guapa. Era condición el sacarse la prenda
de pie encima de una mesita grande y redonda que había en el centro de la sala,
rodeada por todos, sentados en unos sofás. Al quitarse Natalia los jeans con un
buen movimiento de caderas, quien diría que antes se resistía a participar, pues
no se la notaba cortada sino alegre y desenfadada, gracias quizá al vino de
antes y al calimocho que ahora ella bebía.
Yo me sentía excitado, pero debido a la timidez, que iría
desapareciendo en todos los presentes con el transcurso del juego, no tenía el
miembro erecto aún; ni mis amigos, por lo que observé, tampoco. Jaime fue el
primero que le tocó quitarse los calzoncillos, pero primero les preguntó a
ellas, ya que no habíamos aún puesto un límite, que ellas deberían hacer lo
mismo cuando les tocara –aun les quedaban el sujetador y las bragas-. Ellas, no
sé si por las ganas de verle el aparato reproductor –y no de MP3- a Jaime, o por
la excitación que te impide reflexionar demasiado, dijeron que sí, que ya que
habían empezado pues hacerlo bien, ya que habíamos cogido confianza mutua y
perdido la vergí¼enza. Así que Jaime se bajó los calzoncillos y les mostró su
pollita… ya que aún no estaba rígida, pero sí morcillona y no tardaría en
estarlo. Me fijé en la cara que ponían ellas, no de demasiada sorpresa pero sí
con aplausos y alboroto… para animar a la sangre a que irrumpiera en el lugar
que le corresponde, supongo.
Después el turno fue para Elena que de forma lenta… dando
unos giros, se fue despojando del sujetador y nos mostró sus bonitos pechos de
muy buen tamaño y perfectamente firmes y contorneados. Quedamos en que cuando
uno estuviera ya desnudo quedaría exento del juego hasta terminar todos, para no
discriminar a nadie que estuviera de mala suerte. La impresión era de que solo
queríamos jugar y divertirnos pero sin tapujos y dando espacio a la imaginación
y la fantasía que se nos iría desarrollando durante el juego.
La siguiente en perder partida fue Natalia… y sin complejos
ya, se desabrochó el sujetador y nos presentó sus pechos pequeños -aunque no
tanto como suponíamos- y con los pezones erectos y abultados por la excitación
del momento. Yo fui el que la seguí y me quedé en pelotas… con el aplauso de
ellas, aunque aún no estaba empalmado… que lo estaría ya mismo.
Antes de ver las tetas fantásticas que nos exhibiría
Patricia, le tocó el turno a Elena y fue el primer chochito que presenciamos yo
y mis amigos, tras ella bajarse las braguitas mientras nos miraba a la cara con
una sonrisa. Lo tenía rasurado y su bello púbico pelirrojo, dibujaba un
triangulo perfecto y pequeño, sin ocultar el corte que señalaba su morada
prohibida. El siguiente conejito dispuesto a mostrarse fue el de Patricia que
nos hizo unas contorsiones mientras se bajaba lentamente las bragas, como si de
una Striper se tratara. Su pubis no estaba tan rasurado como el de Elena sino lo
justo para no sobresalir del tanga. Las tías tomaban rayos uva, ya que no se les
notaba mucho la marca del bikini. A nosotros se nos marcaba algo más sin estar
tan morenos.
Luego le tocó a Natalia que se bajó sus braguitas verdes, sin
tanto arte como Patricia y enseñándonos su rubio pubis y también bastante
rasurado –estará de moda- y dibujando una línea recta como un dedo de gruesa que
continuaba el corte de los labios que se mostraban rosados y pequeñitos… ya
crecerían en su momento.
Al desnudarse sobre la mesita, podíamos ver con mejor detalle
la parte baja y los labios de sus apetecibles sexos, a poco que se abrieran de
piernas -¡Que alegría para el cuerpo! Como un niño el día de reyes estaba yo.
Terminó la tanda Sergio, el dueño y virgen de la casa, mostrándoles su flamante
miembro que ya estaba, donde deben estar –¿verdad chicas?- en su máxima
erección, y que se llevó el mayor aplauso, por el hecho de ser la primera
erección de la velada, que no la última que estas espléndidas chicas verían, en
vivo y en directo.
Ahora que ya estábamos todos desnudos, decidimos aumentar la
temperatura de la sala, mostrando con más detalle las partes púdicas. Fue
entonces que Elena, la mayor, sugirió que para enfriar un poco el ambiente y ser
más higiénicos si cabe, nos ducháramos de uno en uno o de dos en dos… pero
rápido, para no enfriarnos demasiado. Mientras unos se duchaban, el resto y
desnudos continuábamos hablando bebiendo y riendo, como si de un intermedio se
tratara.
Una vez todos duchados, una media hora, el juego prosiguió.
El grupo de chicas o chicos, según tocara, debía pedir al perdedor, que les
mostrara en sus narices sus más íntimos secretos, pero sin tocar ¡eh!… Me tocó
a mi primero y me pidieron que les mostrara la obertura del pene… por donde
sale el pipi. Ahora ya la tenía erecta –faltaría menos- y les mostré la obertura
a unos diez centímetros de sus caras, ya que se acercaron mucho para presenciar
aquello que quizá no habían visto nunca con tanto detalle. Se oyó algún Huauu…
Después le tocó a Jaime al que le pidieron lo mismo, pues él la tenía bastante
gorda, y les hacía ilusión ver los detalles de un glande en estado de alerta y
brillante, sin el prepucio.
Patricia fue la primera en perder y le pedimos que nos
mostrara sus labios mayores, y los menores… ¡ah! y que los abriera con sus
dedos para poder presenciar su entradita vaginal que aún permanecía sin
estrenar. Por fuera, los labios tenían un color oscuro pero al abrirlos de par
en par nos reveló lo rosado de su morada secreta, que por ser virgen no era muy
estrecha –será lo normal… no sé. Ya no hablo del estado de nuestra excitación
que era en grado sumo y la fiesta solo había hecho que empezar.
Le siguió Natalia a la que le pedimos que se pusiera de
cuatro patas y nos enseñara el culete. Así lo hizo y tras levantar su hermoso
trasero y con su cara apoyada en la mesa, con sus manos separó lo que pudo sus
nalgas y nos exhibió su precioso agujerito que se abrió un poco al hacer ella un
movimiento intencionado del esfínter. Cuando una de ellas mostraba sus rincones
preciados, las otras dos chicas prestaban la misma atención que los tíos. A
Sergio le pidieron lo mismo y ellas con expectación se lo contemplaban mientras
en sus bonitos ojos se reflejaban, el deseo y la pasión, que aumentaban a cada
nuevo hallazgo sexual. Parecía como si estuviésemos descubriendo el sexo por
primera vez… y en buena parte así era.
Después de pasar todos por más o menos lo mismo y ya
desvelados nuestros más secretos rincones sexuales, continuamos, pero la
siguiente prenda que le pedimos a Natalia, tras perder partida, ahora ya, fue
meterse un dedo en su chochito o en el culo… a escoger, y escogió el primero.
Esas prendas, o penalidades, acordamos en que duraran entre 10 y 15 segundos
para no alargarnos demasiado y cortar a tiempo. Natalia me acercó su dedo medio
y me lo metió en la boca para que se lo chupara, y acto seguido, no sin antes
abrirse de piernas, se lo introdujo suavemente todo dentro y empezó a sacarlo y
meterlo con lentitud para así nosotros apreciar mejor su leve masturbación.
Incluso ahora que estoy escribiéndolo, me excita esa escena, y las otras, al
recordarlas. A Jaime le pidieron tras perder su juego, que se la meneara un
ratillo, por lo que la excitación de todos iba en aumento. Claro, si te
masturbas delante de tres deliciosas y desnudas chicas, o chicos en su caso,
aunque por un leve periodo, la calentura aumenta… que no te cuento. Cuando le
tocó el turno a Patricia, ésta decidió meterse el dedo por el culito, y nos
pidió una crema, que en ese caso fue una de manos con la cual se ungió el dedo
para introducírselo sin mucha dificultad -tras masajearse el circulo anal- por
el recto que se dilataba a su paso. Eso… como antes, debía hacerlo muy cerca
de nuestras narices para así poder contemplarlo en sus más íntimos detalles. Si
los estudiantes prestaran el mismo interés por las asignaturas que nosotros
prestábamos a eso, este país no estaría donde está.
El ambiente se iba caldeando, si cabía más, y tras unas
cuantas prendas de este estilo, le tocó a Sergio, y decidieron cambiar de juego
y jugar a la adivinanza. Teníamos que dar un beso con la lengua o morreo con los
ojos vendados, a las tres chicas y adivinar cual era cual, al que menos
acertara, le pondrían una prenda o pago. Yo solo acerté a Elena, aunque disfruté
de la fogosidad, no sé de cual, que me metió la lengua hasta la garganta, sin
importarme mucho que los otros también las hubieran morreado antes. Entre beso y
beso… eso sí, nos pegábamos un trago.
Como los otros dos no acertaron ninguna, lo echaron a suertes
y perdió Sergio. Como a estas alturas ya habíamos perdido los prejuicios, y
ellas, por lo que comprobé… también… ya se dejaban llevar por la fantasía
sexual y el placer en estado puro. Le pidieron a Sergio que les metiera, una a
una claro, la lengua en su preciado ojete trasero, por unos veinte segundos que
duraba el "castigo".
Empezó con Natalia, la holandesa, que se puso de cuatro patas
en el sofá, con su carita apoyada en éste y el trasero empinado. Una mano en
cada nalga y abriéndolas al máximo… y se le escaparon algunos leves gemidos,
por el leve pero buen trabajo de él. Continuó Patricia y utilizó la misma
postura que Natalia en el sofá y con sus preciosas piernas morenas y bien
separaditas… para facilitar el camino a la diestra lengua ya experta de
Sergio. También tuvo su momento Elena, que de igual forma, gozó en lo profundo
de sus prohibidas partes… de un éxtasis nuevo y embriagador… y sus dulces
gemiditos fueron escuchados en el cielo.
Tras los lengí¼etazos de rigor y sus consecuentes gemidos no
ocultados, les pedimos, ya que nos tocaba… que se introdujeran nuestro pene en
la boca con los ojos vendados, por turnos, para descubrir a sus dueños. De
momento no se oponían y se las veía bastante excitadas y desenfrenadas, como
nosotros. Empecé yo, y de pie frente a Elena, la mayor, que estaba sentada, le
puse mi mano por detrás de su nuca y le acerqué la cabeza con mi mano hasta que
mi glande brillante y dispuesto, besó sus labios… y su boquita se abrió para
que mi polla fuera bien recibida… y me la chupó con lentitud y algo de torpeza
primero, pero con maestría unos segundos después.
Tras de mí, Sergio y Jaime disfrutaron de lo mismo… y
Elena, como después las otras, pudo degustar el liquido seminal que en alguna
gota nos salía de semejante excitación. Luego continuamos con Natalia, que de
igual forma dispuesta, fue la que se introdujo mi miembro más hacia adentro,
como si se lo quisiera tragar. Suerte… o no, que eran poco más de diez
segundos, que si no, quizá me hubiera corrido en su boca. No parecía que tuviera
diecisiete años al igual que Patricia y que fueran inexpertas, por la forma como
la mamaban.
La que acertó menos fue Elena que solo acertó con Jaime…
por su grosor, pues entre Sergio y yo no había casi diferencia de tamaño. Como
dijo que también le gustaban las chicas, le impusimos como prenda que les
metiera la lengua por los húmedos y ardientes labios vaginales de sus queridas
amigas, Patricia y Natalia. Ellas no se negaron lo mas mínimo, quizá porque les
parecía morboso que una intima amiga les comiera el coño. Empezó con Patricia
que con sus dedos abrió lo más que pudo sus labios para que la lengua ya lista
de su amiga se adentrara bien adentro y degustara el néctar sexual que tal
excitación originaría. Patricia gimió cuando le mordisqueó el clítoris y tuvo
alguna convulsión pélvica, que llegó a su fin al terminar los poco más de veinte
segundos que acordamos.
Esos cortes en seco, solo hacían que acrecentar la excitación
general de todos, pero seguimos con el control del juego antes que abandonarnos
al desenfreno general. Después de que Elena hiciera lo propio con Natalia, que
prontamente se tumbó y separó sus largas piernas, para disfrutar de unos
instantes de sueño, les tocaba a ellas… y optaron por que les comiéramos su
húmeda concha y degustáramos los mismos néctares que Elena probó… con los ojos
vendados y descifrar la de cada una. Al perdedor le meterían una a una, el dedo,
eso sí, bien untadito de crema, en el culo. Las tres reinas estaban bien
abiertas de piernas en el sofá, esperando unos instantes de gloria -¡eso era un
espectáculo y no la "Champions League"!- y a Jaime que fue el primero, le
guiamos hasta los labios inferiores de Natalia donde se recreó lo justo para
arrancar un gemido o dos y después prosiguió con las otras que estaban con sus
chochitos bien desplegados, esperando que sus frutos fueran degustados, como se
merecían. Pude comprobarlo yo… al pasar y repasar mi lengua por tan hirvientes
partes. Patricia me empujó la cabeza más adentro, ya que la volvían loca los
lengí¼etazos.
Jaime fue el que menos acertó, y procedieron una a una, tras
él espatarrarse de espaldas y levantar las piernas, a meterle sus deditos en su
virgen culete, por sus 20 segundos cada una, tras aplicarse crema. Ya nos daba
todo igual y teníamos pocas manías, incluso para eso. Empezó Patricia, que tenía
en estas partes más experiencia que sus amigas, y le frotó suavemente en
círculos la entrada anal hasta que ésta se relajara y aceptara bien el dedo que
le fue metiendo hasta el nudillo, tras un instante así, empezó con los vaivenes,
metiendo y sacando, para después dejar paso a los traviesos dedos de sus
amiguitas que aguardaban turno para penetrar a nuestro amigo.
Ahora éramos nosotros los que escogíamos… y decidimos que
ellas con los ojos vendados fueran penetradas en su ya caliente sexo, por el
tiempo acordado, y debían adivinar quien era quien, aunque Jaime pasaría el
último para no dolerles tanto, ya que tras nuestro paso estarían más lubricadas
y abiertas. La prenda a pagar sería ser desvirgada por detrás por uno de los
tres hasta correrse o por los tres por unos veinte segundos. Patricia dijo que
no sin pensarlo, pero Elena y después Natalia, que por lo visto sí estaban
dispuestas por la calentura que habían cogido, le explicaron que hoy tenía una
buena oportunidad de perder la virginidad con unos tipos majos, y que se lo
harían bien, y que otra ocasión como ésta para hacer realidad sus fantasías no
se repetiría de nuevo. Así que… accedió ahora ya más convencida. Nosotros poco
podíamos decir. Ya estábamos otra vez todos metidos en el juego, que aunque
sexual era un juego de descubrimiento para todos.
Empecé yo tras colocarme el preservativo que exigieron, y la
primera sería Patricia, que ya con los ojos vendados, dejaría de ser virgen,
pues ya estaba ahora más relajada y no quería esperar más. Primero para
excitarla un poco me agaché y pasé mi lengua por sus labios y el clítoris, hasta
que la vi lo suficiente húmeda y ardiente. Ella no sabía quien era y eso la
excitaba más. Me agarré el pene y se lo introduje, tras frotarlo un poco de
arriba a abajo, por sus labios vaginales, primero despacio, ya que costaba un
poco y avancé según lo pidiera. Emitió un gemido de dolor pero con la
excitación, el placer era más intenso que el dolor y me abrazó con las piernas
para tenerla ya sin más dilación toda dentro… tras unos movimientos de
pelvis… me pidió que no la sacara, aún cuando habían pasado ya los diez
segundos, y proseguí hasta cuarenta segundos metiéndola y sacándola. Sin tardar,
ya que Patricia estaba muy caliente, le tocó a Sergio follarla por diez o veinte
segundos –ya no éramos tan estrictos- y aun ella permanecía con los ojos
vendados.
Después prosiguió Jaime ahora que ya estaba mi amiga Patricia
un poco dilatada y parece ser que no notó mucha diferencia. Al sacarla teníamos
los tres el condón algo sucio de sangre, pero lo cambiamos por otro nuevo y
listos, y ella fue al baño a lavarse bien, mientras tanto… nosotros procedimos
a introducir nuestro miembro expandido a la dispuesta Natalia, y tras ella a
Elena también con los ojos vendados. Yo hubiera preferido continuar hasta el
final como todos, pero eso de quedarse con las ganas formaba parte del juego.
Era duro para mí y para los demás eso de tener que sacarla a
los diez o veinte segundos de empezar. Pero decidimos continuar con el juego, a
la vez que tomábamos algún trago he incluso fumábamos algún cigarrillo. Patricia
fue la que menos acertó, y tras ser desflorada en su estrenado coñito, ahora lo
sería, por el agujerito vecino, aunque ya había dicho que se había metido los
dedos en ocasiones. Prefirió que solo la penetrara uno hasta correrse, pues
intuía que sería muy rápido. Sergio y yo lo echamos a suertes y ganó él –nunca
he sido afortunado en el juego- pues Patricia no quería ser desvirgada por
Jaime. El no se enfado y lo entendió, pues tener eso a veces no es una suerte,
que tampoco era tanto… bueno, más gruesa que la mía sí lo era.
Jaime tuvo el privilegio de abrirle el camino a Sergio con
sus dedos untados en crema. Primero uno y después dos dedos son los que le
introdujo sin mucho esfuerzo en el ojete rectal de Patricia, que se expandía con
el movimiento rotatorio y adelante y atrás de la mano. Ella gemía dulcemente y
meneaba su culito respingón al ritmo oscilante de los dedos. Tras un tiempo de
ablandamiento, le pidió a Sergio que probara a penetrarla, cosa que hizo sin
demasiada dificultad… primero introdujo el glande para verificar la dilatación
y tras unos movimientos cortos, le siguió el resto de su polla que fue bien
recibida. Patricia estaba tumbada de espaldas en la mesa, con las piernas bien
abiertas y hacia atrás, que Jaime y yo le sujetábamos para una mayor facilidad a
mostrar su ya inaugurado culito. A la vez que Patricia era desvirgada, nosotros
le acariciábamos sus redondos y duros pechos que tenía y a ella… eso le
agradaba, y me pidió que a su vez le frotara el clítoris para así excitarse más,
cosa que hice por unos tres minutos que fue lo que aguantó Sergio antes de
correrse.
Luego nos fuimos todos a la habitación de los padres de
Sergio donde sería más cómodo en la gran cama que había. Hicimos otro juego que
consistió en que nosotros con los ojos vendados les chupáramos a ellas los
pezones sin tocar el resto del pecho y adivináramos su procedencia. El perdedor
habría de chuparle el chochete a una de ellas hasta llegar al orgasmo.
Yo al chuparlos vi una semejanza entre Elena y Patricia y me
costó acertar, aunque las tetas de Patricia eran mayores, los pezones eran
semejantes. El que tuvo menos aciertos con los pezones fui yo, así que me tocó
comerle el coñito rasurado a Natalia, la esbelta y rubia holandesa. Con sus
dedos abrió sus labios al fin de facilitarme la tarea y despejar obstáculos. Con
lo modositas que parecían, cuando se sueltan… Yo le lamía los labios
superiores, inferiores y del medio… de haberlos y le mordisqueaba el pequeño
bultito que por encima emergía palpitante, cosa que le provocaban unas
convulsiones tremendas. No tardó mucho en llegar al orgasmo, aunque de fluido
soltó más bien poco, y algo salado. Cada vez que uno de nosotros, hacía sus
deberes del juego, con una de ellas tres, los demás mirábamos con expectación, a
la vez que nos excitábamos con el show de turno.
Patricia luego dijo que ya que ella había sido desvirgada por
detrás y para no haber recriminaciones que luego sus dos amigas le pudieran
echar en cara, que ellas también debían pasar por la misma prueba. Ellas se
solidarizaron con Patricia a la que habían antes convencido, o quizá es que
deseaban probarlo y accedieron, no estoy seguro, aunque nos pidieron que
tuviéramos cuidado y no les hiciéramos daño. Como Sergio ya había enculado a
Patricia, y Jaime no les hacía mucha gracia por el grosor de su pene, pero no
querían dejar a nadie al margen, decidieron que yo las penetraría primero y una
vez ya dilatadas, lo probaría Jaime.
Elena se puso tumbada de espaldas con sus piernas bien
separadas y el culo sobresaliendo un poco de la cama. Sergio con sus dedos
cubiertos de crema fue introduciendo su dedo medio en el ano de Elena que no
ofrecía resistencia y dejaba lugar para otro dedo sin que ella se quejara, y fue
moviéndolos con fuerza sacándolos y meciéndolos cada vez más rápido, y cuando
ella pidió más fue cuando Sergio los sacó y dejó que yo introduciera con
lentitud mi polla que estaba a punto de reventar. Le pregunté si le dolía y
contesto que un poco pero pidió que continuara… que se la metiera más adentro,
hasta el fondo pero despacio. Empecé el vaivén despacio para ir aumentando el
ritmo según jadeaba, mientras Jaime le lamía las tetas y le mordía sus erectos
pezones. Al poco rato y antes no me corriera, la saqué y sin que Elena se
moviera, Jaime se la introdujo de golpe, a lo que ella soltó un grito, pero le
dijo que continuara y así lo hizo por unos minutos hasta que la sacó, pues
debíamos hacérselo a Natalia, mientras Elena se reponía –comentó que fue mejor y
más placentero de lo que esperaba-.
Natalia prefirió ponerse de cuatro patas y con su carita como
antes, apoyada en la cama, me pidió que le metiera primero la lengua para
excitarla y así relajarse más –pedían cada cosa, que nos sorprendían a los
tíos-. Sin rechistar, le lamí el agujerito mientras ella se separaba sus duras
nalgas para que la lengua se adentrara más en su oscuro orificio. Pareció
gustarle eso… por los suspiros que lanzaba, y proseguí hasta que ya le metí el
primer dedo y le eché saliva para lubricarlo más. Tras unos movimientos y abrir
paso, le metí los dos dedos en la vagina para lubricarlos con sus jugos, y con
dos o tres movimientos ya soltó su primer gemido, que fue cuando los saqué y se
los introduje en su precioso culo que ya empezaba a dilatarse y más que se
dilataría. Cuando creí que ya estaba bien, Patricia que estaba de pie a mi lado
sin perder detalle, me agarró la polla y ella misma me la guió hasta el
agujerito de su amiga, mientras con la otra mano abría un poco el paso… y no
me la soltó hasta que la mitad estuvo dentro. Proseguí con lentitud y ya una vez
toda dentro fue ella misma la que hacía los movimientos con el culo adelante y
atrás mientras jadeaba.
Jaime –que no se cortaba nunca- se puso de rodillas delante
de Natalia y le dijo que se la chupara un poco para así estar más lubricado y
ella… no dijo nada pero se la agarró con una mano, se la meneó un poco y se la
metió hasta la garganta, luego él comenzó a moverse adelante y atrás como si la
estuviera follando, pero en la boca, y al poco tiempo, ella misma, pidió que se
la metiera ya Jaime por detrás, con lo cual yo me aparté y él que estaba a cien,
se la metió suavemente por detrás sin que ella notara mucho la diferencia… o
eso dijo Natalia al menos. Jaime le preguntó, ya que a los dos minutos no
aguantaba más, si podía correrse dentro de ella y Natalia que como sus amigas
estaban ya muy dispuestas a todo, le respondió que sí que quería notar su leche
inundando todo su culo, y antes de terminar la frase ya se había corrido.
Ahora solo faltaba yo por eyacular, y Sergio, pensando en mi
disfrute, al que se lo agradezco, les propuso un juego a ellas para así luego
estar los tres corridos y que no hubiera desventajas. Les explicó que como en
una ruleta rusa, me hicieran una felación las tres, por turnos, entre 10 y 15
segundos, hasta que yo me corriera en la boca de una de ellas, la que tocara.
Ellas aceptaron la propuesta y me vendaron los ojos. A ellas les gustaba esto de
los juegos, parecía todo como más inocente y divertido, y es que lo era, además
de espontáneo, ya que nada fue premeditado, que es lo divertido y excitante de
estas cosas.
Las tres se sentaron en la cama una al lado de otra y ellos
me acompañaban a mí que estaba de pie para desplazarme de una boquita a otra. La
chica del medio es la que se me la tragaba más a fondo, y a la tercera de la
derecha le noté el roce de sus dientes y como sus labios carnosos oprimían mi
pene y acrecentaban mi erección. Hice cuatro o cinco rondas –mucho para mí-
antes de correrme en la de la izquierda, que no la sacó de su boquita y cumplió
fielmente con lo pactado, en ese momento Jaime ya me sacó la venda de los ojos y
pude ver los ojos negros de Patricia que me miraban con su cara de quinceañera
mientras tenía mi ardiente polla dentro de su boquita y el semen, liquido como
el agua, por la prolongada excitación, salía por la comisura de sus labios.
Natalia y Elena para no ser menos, también se acercaron… y primero una y
después la otra también me la chuparon un poco para degustar las últimas gotas
del codiciado liquido. Ya estaban decididas a probarlo todo y hacer realidad sus
fantasías eróticas. Mi erección duro como cuatro o cinco minutos más con la
ayuda de ver y sentir esas bellezas comiéndomela de tal manera.
Las chicas se dijeron algo al oído y posteriormente nos
pidieron hacer realidad una de sus fantasías eróticas, ya que ellas habían
accedido a ser penetradas por detrás, exigieron hacer lo mismo con nosotros y
meternos los dedos en el culo. Jaime ya lo había probado. Accedimos, para no
quedar mal y luego que en otro juego no fueran ellas las que se echaran atrás.
Sergio con intención de sacar algo de ello, les dijo; -Vale, pero primero nos
tenéis que meter la lengua. Con las ganas que tenían de desvirgarnos el trasero
no dijeron que no. Nos pusimos de cuatro patas los tres y cada una con uno
empezaron su faena. A mí me toco Natalia, y empezó a lamer mi ano con fruición e
introdujo lo que pudo su lengua algo dentro, -a mí me daba mucho placer y
excitación-. Lo hizo un buen rato sacándola y metiéndola de nuevo, hasta que
untándose de crema los dedos, me metió de golpe uno y tras un buen meneo como si
me follara, me metió otro y continuó así una largo rato. Yo sentí gran
excitación por la escena y notaba una sensación extraña de placer pero no,
dolor. Al sacar por fin sus dedos, metió otra vez su juguetona lengua dentro y
me sentí en el cielo.
Ya eran más de las tres y media… y en dos horas debían
estar de regreso a casa, ya que ese día tenían más margen, así que teníamos un
buen rato más para la imaginación y el disfrute. Como Natalia ya se había
corrido en mi boca les tocaba gozar y correrse a Patricia y Elena que ya lo
estaban pidiendo, pues no querían ser menos.
Empezamos con Elena Y le vendamos los ojos para más morbo y
ella dejarse llevar por los sentidos. Jaime se mantuvo al margen y guardó
energías para Patricia, por lo que empezó Sergio a comerle el ardiente coñito y
arrancó pronto los primeros gemidos de Elena que se la veía muy excitada,
mientras yo le masajeaba y lamía sus pechos tiesos y su lengua. Sergio se puso
de espaldas en la cama y yo la coloqué encima de él pero de espaldas a él y le
hice unas señas a Patricia que le metió dos dedos en la húmeda vagina de Elena
para humedecerlos e introducírselos después por el estrechito orificio
colindante hasta que lo vio dilatado y entonces cogió el pene erguido de Sergio
y se lo introdujo todo dentro. Y Patricia prosiguió frotándole el clítoris
mientras esa verga entraba y salía a un ritmo lento y armónico. Ahí me incorporé
yo apartando a Patricia y le lamí el clítoris húmedo a la vez que le introducía
dos dedos en su vagina al ritmo de los espasmos que le sacudían todo el cuerpo.
Natalia entonces le dijo a Elena; -¿no dijiste antes que una
fantasía tuya era ser penetrada por dos hombres a la vez?- Bueno pero…
Contestó Elena no muy convencida. A mí que me pareció buena idea, le dije;
Tranquila Elena y relájate que iremos con cuidado, pues estamos aquí para
disfrutar y no para pasarlo mal. Bueno vale… pero tener cuidado ¡eh!
-respondió Elena, que por su entonación dio a entender que nos tenía confianza.
Así que aparté los dedos e introduje mi miembro, rígido a tope, con cuidado
mientras continuaba la penetración anal por parte de Sergio. Fui cogiendo el
ritmo y el compás, junto a los movimientos de Sergio y el la sacaba un poco
mientras yo la metía adentro y viceversa. Ella aumentó su gimoteo, lo cual me
excitaba casi más que la penetración en sí, a la vez que Patricia continuó
frotándole el clítoris. No tardó Elena en tener su primer orgasmo, pero nos
suplicó que no la sacáramos, y así lo hicimos, pues no teníamos muchas ganas de
abandonar aquello.
Por un tiempo que no sé lo que duró, proseguimos hasta que le
llegó el segundo orgasmo y fue entonces cuando primero yo y un momento después
Sergio nos corrimos. í‰l dentro de su culito, pues ahí no les importaba, y yo que
llevaba puesto el preservativo, pues eso… ahí fue todo. No sé como aguantamos
tanto rato, tal vez por que ya nos habíamos corrido antes. Los dos la sacamos
con el mismo cuidado que la metimos y, Elena, al igual que nosotros,
se incorporó extenuada.
Ahora le tocaba a Patricia… y Jaime estaba fresco como una
rosa. Elena dijo entonces, creo que por seguirle el juego, -¿No confesaste
Patricia, que tu fantasía era que uno o dos hombres te hicieran pipi encima?
Claro… ella había accedido y su amiga Patricia no se podía ahora echar atrás y
quedar mal, así que dijo; -bueno, de acuerdo, si no lo hago hoy con lo que ya
hemos hecho, nunca me atreveré. Fuimos todos al espacioso cuarto de baño del
chalet, y Patricia se estiró desnuda en la bañera con sus bonitas y morenas
piernas abiertas y frotándose sus partes intimas para una mayor excitación a la
vez que se separaba los labios para que su rosado sexo fuera bañado por el pipi
nuestro.
Como solo dos teníamos ganas de orinar, Natalia que tenía
ganas igual que su amiga de vernos mear, me cogió la polla y la encaró al cuerpo
desnudo de Patricia, Elena hizo lo mismo con Jaime. Los dos teníamos una
erección de caballo. Bueno… yo después del polvazo con Elena se me había
encogido a tope pero… viendo a Patricia en aquel estado y tras cuatro meneadas
que me hizo Natalia con su manita, mi verga recuperó su firmeza. Nos costó un
poco, quizá mear nos daba algo de corte, pero tras unos masajes masturbatorios
de ellas, empezamos a hacer pipi encima del bello cuerpo juvenil de Patricia.
Ellas como si de una manguera se tratara, lo esparcían sobre su raja abierta y
sus pechos, e incluso Natalia se atrevió a encarar mi polla a la cara de su
amiga. El pipi era transparente como el agua –como siempre que uno bebe bastante
y mea a menudo-. Primero tenía la boca cerrada, pero en un instante la abrió y
dejó que mi orina llenase su boca, pero no lo tragó sino que lo echaba fuera.
Cuando se nos terminó el pipi, Jaime le dijo a Elena que ella
también debía probar el gusto y que se la chupara un poco para degustar las
últimas gotas, y así lo hizo Elena, -pero Natalia también ¡eh!- Dijo Elena, y
ambas se metieron nuestros miembros en la boca y escurrieron las ultimas gotas
con deleite. Ni corta ni perezosa, Patricia dijo que si alguien tenía más ganas,
que ya puesta… a lo que sus dos amigas no lo dudaron ni un instante y se
metieron de pie en la bañera y empezaron su turno de lluvia dorada sobre el
desnudo y mojado cuerpo de su amiguita. El de Elena fue directamente a la boca
de Patricia que parecía ahogarse, pero no lo tragaba, quizá algo sin querer sí.
Esto ya fue algo más fuerte, o no, que lo que habíamos hecho hasta entonces en
esa noche de locura. Ya no comentamos nada de las fantasías de los chicos porque
prácticamente esa noche habían quedado todas satisfechas.
Ya todos meados, ellas salieron y quedó en la bañera Patricia
a la que Jaime y yo nos dispusimos a duchar. La enjabonamos bastante y de paso
nosotros también, y como nos tocaba satisfacerla a ella, con la esponja y las
manos jabonosas estuvimos masajeándole sus tiernos senos a la vez que también su
palpitante sexo, mientras la limpiábamos. Ya sin jabón encima y limpios, Jaime
se agachó y empezó a lamerle en la humedecida rajita que ya le hervía, mientras
yo la besaba y además le mordisqueaba y chupaba sus erectos pezones oscuros que
apuntaban a las estrellas. Nos secamos rápidamente un poco, y fuimos a la cama
grande con los demás, de espectadores, pues nadie quería perderse detalle de
todo lo que allí ocurría. Así fue toda la noche, unos actuando, y otros mirando
y poniéndose cachondos –inevitablemente-.
En la cama también a Patricia le vendamos los ojos. Jaime
prosiguió, como en el baño, relamiéndole todo su sexo, y yo con los mismos
placeres lingí¼ísticos que antes. Luego él la puso de cuatro patas y empezó a
meterle los dedos que ya iban solos, y rápidamente los sacó, se colocó el
condón, y metió en su lugar su rolliza verga tiesa que sin problemas entró hasta
el fondo. Yo le fui masajeando sus contorneados pechos y frotándole en ocasiones
su tenso clítoris, que no era muy necesario, ya que con el rozamiento de ese
gordo pene por sus paredes vaginales, ella jadeaba como un ángel… y sus
gemidos me ponían a cien.
Jaime se tumbó en la cama y ella se colocó encima, primero de
cuclillas, que le permitía ser penetrada más a fondo, y cuando se cansó se puso
estirada sobre él con sus bonitas piernas abiertas. Ya que Patricia tenía el
ojete de su respingón culo a la vista de todos, que no quitaban sus miradas de
aquel espectáculo, yo le metí dos dedos en la boquita de Natalia para bañarlos
con su saliva tras lo cual fui a insertarlos en ese orificio que se nos mostraba
tan huérfano. Ella no musitó salvo más gemidos y proseguí hasta que tuvo su
primer orgasmo. Jaime se corrió un minuto después y ya la sacó. Como Sergio
estaba a la expectativa y Natalia se la estaba meneando con la mano mientras
miraban, éste se ofreció para completar la faena, pero como hacía ya mucho que
Natalia no se corría y no había sido un buen polvo como dios manda, sino que yo
se lo había comido, Natalia dijo que se la follára a ella, y así lo hizo Sergio.
Como yo soy buena gente y por colaborar que no quede, me
ofrecí para completar el polvo que Patricia se merecía y al que había
colaborado. Me coloqué el condón… me acerqué y ella misma me la cogió y se la
fue introduciendo en su morada divina que aún daba para más juego. Ya se había
quitado la venda de los ojos. A mí ya me empezaba a doler la polla de tanto
meneo, y esa noche habría de quedar para el arrastre, pero el éxtasis del
momento se imponía. Fuimos combinando con Patricia varias posturas, mientras
Sergio y Natalia se entregaban al sexo como desesperados –mejor para ellos-.
Luego me pidió que se lo hiciera por detrás –por lo visto les
había gustado eso- y sin pensarlo ella misma la sacó, y con la ayuda de su mano
experta fue metiéndosela por el culito que ya antes con los dedos yo le había
dilatado suficientemente, y que se contorneaba como queriendo atrapar una
pelota. Ahora… yo estaba tumbado de espaldas y ella sobre mí de espaldas a mí
y con la mano le masajeaba el clítoris y le metía los dedos por la calentita
cueva que quedaba libre. Patricia jadeaba y se agitaba como una loca. Poco tardó
en correrse de nuevo, pero proseguí, ya que aguantaba más. Sin sacarla, nos
dimos la vuelta y se puso de cuatro patas. Yo permanecí perforando el agujerito
secreto del respigón trasero de Patricia por un rato; ya luego la saqué y se la
introduje de nuevo en el coño… y seguí follándola y ella follandome, al ritmo
musical de sus gemidos –los míos eran más leves- hasta que se corrió por tercera
vez al poco rato.
Como yo no me había corrido aún –ya, casi ni la notaba- ella
prosiguió meneando el culo con frenesí para acelerarme el orgasmo. Un minuto
después le dije que ya estaba a punto de eyacular y ella se apartó bruscamente,
me sacó el condón y se la metió en la boca sin decir ni hola. Empezó a chupar y
a metersela cada vez más adentro y más rápido, e incluso se metió mis testículos
en la boca, lo que ya me puso a cien y me corrí en su cara. Ella la agarró y con
las ganas que tenía a esas alturas de probarlo ya todo, se la metió de nuevo en
la boca y se tragó la poca leche que quedaba y que salía liquida como el agua de
mi polla –ya antes ella había probado el pipi-. Luego me pegó un largo morreo
para que yo compartiera su manjar, ¿o era el mío?
Sergio y Natalia habían terminado antes y ya estaban
duchándose y Jaime, agotado como Elena, seguían desnudos observándonos pero sin
ellos hacer nada. Nos duchamos el resto y ellas se vistieron, nosotros ya no,
solo los calzoncillos y punto. -Bueno, ha estado muy bien-, dijo Elena, -a ver
si lo repetimos el año que viene- contestó riendo Natalia. Sergio le dio la
dirección de su e-mail a Elena y le dijo que si querían que ya llamarían.
Aquello había sido muy fuerte y estábamos todos un poco como parados. Nos
despedimos con unos besos en la cara, respetuosamente y se fueron. Al día
siguiente a medio día debían partir hacia Aragón. Nosotros nos quedamos una hora
más, despiertos y comentando la jugada… que nos resultaba difícil de creer.
Resumen del relato:
Tres chicos conocen en la playa a tres chicas y se ponen a jugar de forma casual a las prendas.
admin :: oct.27.2011 ::
Orgías ::
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