Intercambios | Tus Relatos Calientes - Part 2
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Archive for the 'Intercambios' Category

Grupo de amigos

Grupo de amigos (14)

Hola mi nombre es Alberto y formo
parte de un grupo de parejas que
practicamos el intercambio. Todos
somos amigos hace mucho tiempo pero desde
hace un año practicamos
el intercambio, en principio solo éramos un par de
parejas pero poco a poco se fueron
apuntando más gente y ahora somos 5
parejas todos rondando los 33 a
35 años, Ana-Luis, Carlos y Belén, Luisa y
Marcos, mi cuñada Luz y
Federico y nosotros Alberto y Patricia. Os parecerá
extraño pero si mi cuñada
y su marido también participan en nuestras
jornadas, la verdad es que a mí
me da más morbo, pero bueno voy al grano y
os explico la ultima que fue verdaderamente
excitante.

Carlos tenia un piso vacío
con cinco habitaciones y desde que empezamos  a
ser tanta gente ofreció
esta para nuestros encuentros. Lo habilitamos y
pusimos una cama de matrimonio
en cada habitación era el sitio perfecto para
nuestras juergas y si algún
día queríamos hacer una juerga conjunta nos
juntábamos todos en la más
grande, pero eso será otra historia.

Una tarde de sábado habíamos
quedado todos para disfrutar de una jornada de
amor libre como le denominábamos
nosotros. Procuramos hacerlo lo más morboso
posible y cuando llegamos a la
casa nos vamos separando hombres y mujeres,
nosotros nos juntamos en la cocina
y ellas en uno de los lavabos. Allí hay
unas pequeños percheros
donde colgamos la ropa. Ya desnudos todos, nuestro
rito es que solo sabremos con quien
nos toca al llegar a la habitación.
Primero empiezan  ellas donde
coge una bola en una bolsa del uno al cinco y
se reparten por las habitaciones
ya numeradas con ese numero. Después uno de
nosotros también coge una
bola y se va hacia la habitación que corresponde
con el numero de la bola, si la
persona con la que coincidimos es nuestra
esposa se toca una campana y ella
pasa a la habitación siguiente y llega
otra chica, complicado pero morboso.

Pues bien yo ese día tenia
el número cinco  y estaba impaciente de comprobar
con quien me tocaría aquella
tarde fui hacia la habitación mientras ya oía
algún que otro gemido en
las habitaciones. Abrí la puerta y era Ana, ella y
Luis son nuestros mejores amigos,
nunca me había tocado con ella por lo que
los dos nos alegramos, no dimos
muchos rodeos ya que estábamos desnudos, la
abrace y empecé a besarle
el cuello. Ana era una mujer normalita 1’70,
delgadita, morena y unos pechos
de adolescente, pequeños pero que tenían una
forma de perita muy bonita.

Fui besándola por todo el
cuello y empecé a bajar y chuparle sus pezones,
noté como se ponían
duros en mi boca fue impresionante, se le ponía la piel
de gallina, erizada. La tumbé
sobre la cama y deslicé mi lengua sobre su
vagina la note húmeda y
tocándole su clítoris su vagina se convulsionó y
noté como se había
corrido, le pregunte si estaba excitada y me dijo que sus
ganas de estar conmigo le estaban
traicionando.
Ella entró a la acción
y cogió mi polla y empezó a chuparmela su lengua
recorría de arriba a abajo
mi miembro su lengua rodeo poco a poco mis
testículos yo estaba a tope
y no espere mas cogí a Ana y la puse a cuatro
patas le abrí su vagina
y la penetre poco a poco un gemido salido de su boca
y susurrando me dijo me siendo
llena de ti, eso me puso a cien empecé a
moverme rítmicamente el
ruido de entrada de mi verga entrando en su vagina
llena de flujo me ponía
al borde del orgasmo, a su vez oía unos gemidos en
la habitación de al lado
reconocí a mi mujer y eso acelero mi ritmo, el culo
de Ana rebotaba en mi cuerpo, saque
mi miembro de su vagina y le di la
vuelta practicamos la típica
postura del misionero, se la clave en lo más
profundo y volví a penetrarla
rítmicamente ella gemía y su pequeños pechos
se movían de arriba a abajo.
Sus manos cogían mi culo y daba mas fuerza a
este para que la penetración
fuera mas profunda. Así estuvimos largo rato
hasta que ella se corrió
yo lo noté porque fue como una erupción de liquido
, acto seguido yo exploté
dentro de ella de forma brutal, tanto que mi semen
salía de su vagina manchando
todas las sabanas. Sentimos ambos tanto placer
que estuve un par de minutos encima
de ella intentando recuperar fuerzas.

Después de esto salimos todos
de la habitación, nos duchamos y comimos una
paella que hizo mi cuñado
Federico que es de origen Valenciano, le pregunte
a mi mujer que como le había
ido y ella dijo que muy bien le había tocado
con Marcos y que había gozado
mucho.

Eran ya las seis y después
de haber reposado, mi cuñada Luz propuso
continuar con la juerguita a nadie
le pareció mal  y volvimos al “sorteo”,
en este caso a mi me toco el tres,
oí cerrar la puerta a mi cuñado FEDE y
entonces salí yo de la cocina
y me dirigí hacia la habitación tres allí
estaba mi esposa ella me saludo
efusivamente con un beso pero toco la
campana y yo volví hacia
la cocina tuve que esperar el ultimo ya hasta que
se fueron colocando el resto ahora
tenia el cuatro y al abrir la puerta
encontré a mi cuñada
Luz, era una mujer resultona rubia con el pelo corto un
cuerpo bien hecho y unas tetas
grandes. Ya habíamos coincidido varias veces
y nos propusimos disfrutar de una
tarde-noche de sexo. Lo mejor de todo es
que ya estábamos desnudos
así que la cogí y la tumbe sobre la cama para
chuparle su coñito pero
ella se negó y me dijo que si no disfrutábamos los
dos no seguiría, así
que hicimos un 69. Mi cuñada tenia una habilidad
especial y cuando me chupaba la
polla se la tragaba hasta el fondo y notaba
sus labios tocar mis cojones, parecía
que le iba a salir por la nuca, eso
hacia que yo chupara su coño
con fuerza penetraba mi lengua dentro de su
agujero haciendo pequeños
circulitos, notaba como se convulsionaba y a su
vez ella succionaba mi polla con
fuerza. Yo estaba cansadillo por el polvo
anterior pero era hora de entrar
en acción. Mi cuñada no dejo que me
levantara y cogió ella la
iniciativa, me cogió la polla y la introdujo
lentamente en su coño, entro
fácil y empezó a montarme subía y bajaba con
tanta fuerza que mis cojones se
balanceaban arriba y abajo. Os comentare que
follando mi mujer y mi cuñada
se nota que son hermanas, hasta la forma de
gemir se asemeja.

Estuvimos largo rato cabalgando
juntos sus tetas se movían de forma que a mi
me excitaba aun más, agotada
del esfuerzo ella prefería estar mas pasiva así
que se dejo caer en la cama y con
sus piernas abiertas me ofrecía su coñito
abierto, no lo pensé dos
veces y la penetré, soltó un gemido tras otro
cuando yo entraba y salía
creo que se corrió  porque su coño se inundo y mi
polla resbalaba dentro de ella.
Aprovechando que mi polla estaba bien
lubrificada la puse a cuatro patas
y le introduje poco a poco mi polla en su
culo. Fue complicado ya que su
agujerito ofrecía resistencia pero una vez
dentro fue fácil iniciar
el ritmo, su cara reflejaba una especie de dolor y
placer, yo notaba una presión
fuera de lo común en mi polla, pero es que su
culo se cerraba entorno a mi polla,
ya no pude aguantar mas y me corrí
dentro de ella una sensación
de placer recorrió todo mi cuerpo, retire mi
polla de su culo y observe como
expulsaba por su bonito culo el semen que le
quedaba dentro, yo se lo limpiaba
con un pañuelo y nos quedamos los dos
extasiados en la cama. Minutos
más tarde acabamos la fiesta masturbándonos
uno a otro.

La fiesta acabó tarde y después
de ducharnos y cenar alguna cosa, nos
despedimos y nos fuimos a casa
quedando para una próxima jornada.

 

Resumen del relato:
    Varias parejas que practican el intercambio y difrutan todos juntos.

Sesión de fotos

Sesión de fotos (14)

He tomado fotos de mi esposa y uno u otro
amigo posando desnudos en
actitudes eróticas. Tenemos fotos en las que mi esposa sujeta la verga
de
Larry, y el le mete los dedos en la chucha mientras se besan, como si
estuvieran masturbándose mutuamente. También hay fotos en la posición"69"
con la inmensa verga de Larry dentro de la boca de mi esposa mientras el le
chupa la chucha. Inclusive hay fotos con el pene de Larry penetrando la
chucha de mi esposa. Lo que nunca pudimos obtener sin embargo, es una serie
de fotos de penetración anal. Mi esposa nunca fue capaz de relajarse
suficientemente para permitir que la inmensa cabeza de la verga de Larry
pase mas allá de los apretados músculos del ano. Esto era frustrante
tanto
como para mi esposa como para mi ya que queríamos gozar de una fotografía
en
la que ella era penetrada analmente.

Un día sin embargo mi esposa me dijo que pensaba que si una mujer la
estimulaba previamente ella podría relajarse suficientemente, de esa
manera
evitábamos que al estimularla Larry pudiese crearse una relación
emocional.

Hasta ahora todas las fotos las habíamos tomado en una forma totalmente
impersonal, durante el proceso no existía ninguna emoción.

La idea de que una mujer estimule sexualmente a mi esposa, en preparación,
para la sesión de fotos, me excitó y me pareció una buena
idea. El día
planeado, ambos fuimos a buscar una prostituta, mi esposa eligió una
que se
veía sumamente sexy. Le explicamos cual seria su limitado rol en la sesión
fotográfica y a ella le pareció bien.

Cuando llegamos a la casa Larry estaba ya casi desnudo tomándose un trago.

Mi esposa se quitó toda la ropa, Irma solo se quito todo menos una corta
minifalda. Irma le dijo a mi esposa que se acueste al borde del sofá
y le
dijo a Larry que se acomode detrás de ella. Entonces la puta empezó
a besar
y lamer los dedos del pie de mi esposa y gradualmente fue subiendo por sus
piernas hasta llegar a su chucha. Para entonces mi esposa estaba
trasfigurada de placer, sujeto a Irma por la cabeza mientras decía gimiendo
"ooooohh, que delicia….ahí.. Irma, siii, chupame ahiii".
Irma siguió
chupando y luego coloco la yema de su dedo pulgar en el agujero del culo de
mi mujer mientras lo acariciaba lentamente. "ooohh que rico, que delicia,
sigue, sigue" gemía mi esposa mientras empezaba a mover sus caderas
en
vaivén de tal manera que pronto el pulgar de Irma estaba prácticamente
enterrado en su culo.

"Esta lista para ti Larry, ya puedes hundir tu verga en su culo" dijo
Irma
mientras sujetaba la inmensa verga de Larry y la dirigía hacia el agujero
del culo de mi esposa.

Jamás había visto un pene mas enorme, nunca antes Larry había
tenido una
erección y un grosor tan inmenso. Yo pensé que seria imposible
que pudiera
metérselo. Mi esposa gritaba de placer rogándole a Larry que se
lo meta,
"Métemelo Larry, por favor métemelo" Mientras Larry,
con la ayuda de Irma,
empujaba su inmensa verga, mi esposa colocó una pierna hacia atrás
sobre las
piernas de Larry y con su mano ayudaba a empujar su cadera contra ella.

"Empuja un poco mas…, lo siento taaan rico…", jadeaba mi esposa,
"ya
esta entrando, siiiiii, que delíííícia!!.."

Hacia ya un buen rato que yo había decido cambiar la cámara fotográfica
por
una cámara de video. Veía que mi esposa estaba demasiado arecha
y que era ya
imposible tomar fotografías, tendría que ser video. Pude ver como
los
apretados músculos del culo de mi esposa se iban dilatando poco a poco
mientras que la inmensa cabeza de la verga de Larry perforaba su bello culo.

La cara de mi esposa era una mezcla de placer y dolor, hasta que finalmente
pude ver que el glande atravesó el músculo del culo, el cual se
volvió a
contraer alrededor del resto del pene de Larry. "Oooooh, que delicia mas
grande", gimió mi mujer mientras jadeaba de placer. "Mételo
hasta el fondo
Larry, culéame, me encanta, es una delicia increíble.! Irma había
estado
chupando hasta entonces el clítoris, ahora empezó a retirarse,
pero mi
esposa le sujeto la cabeza mientras le rogaba que siguiera. Irma siguió
besándola y gradualmente fue subiendo sus labios, pronto empezó
a besar los
pechos, los pezones de mi esposa, enviándola a un total éxtasis.
Mientras
Larry le metía la verga con pasión en su apretado pero húmedo
culo, Irma la
enloquecía jugando con sus pezones. Mi mujer pronto tuvo su lengua en
la
boca de Irma. Se besaban con pasión y deseo. "quítate la
falda ", gimió mi
mujer, "quiero sentirte junto a mi clítoris". Mientras filmaba
ayude a Irma
a quitarse su corta minifalda, fui el primero en darme cuenta que "Irma"
era
un travestí, tenia una gran pinga erecta!. Mientras tanto mi esposa
acariciaba a Irma, sus senos, sus pezones, la espalda y las nalgas, luego
movió una mano hacia adelante y descubrió el pene… Yo pensé
que ahora
tendríamos un escándalo y todo terminaría, pero para mi
sorpresa mi esposa
simio "aaaahhhh, eres hombre, travestí, me excita, no puedo
evitarlo…….métemelo en la chucha, siiii…", Mientras, agarro
la verga
del travestí y la guió a su mojada y hambrienta chucha.

Las caderas de mi esposa estaban en vaivén entre las dos vergas arrechas,
mientras ella besaba con pasión a uno y otro. "Perdóname
querido", me decía
mientras movía sus caderas locamente y besaba a travestí, "nunca
he sentido
tanta arrechura, ven, métemelo en la boca"….

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Resumen del relato:
    Una mujer la iba a estimular para hacer la mejor tirada de fotos de todas las que tenían.

Intercambio sensual

Intercambio sensual (14)

Hola, me llamo Jorge y estoy felizmente casado con una preciosa mujer que se
llama Maria. Después de leer bastantes relatos, he decidido escribir también
algo y que todos los navegantes lo lean y si les gusta, que disfruten como yo lo
hago también cuando leo los demás.

Lo que te voy a contar, amigo/a es algo que me sucedió el verano pasado y que
no me lo puedo quitar de la cabeza.

Llevo dos años casado, y aunque yo siempre he sido más activo en la cama que
mi mujer, ella últimamente, me está sorprendiendo por su voluntad a complacerme
y disfrutar de la vida como yo lo hago.

La verdad, es que aunque yo siempre he soñado con realizar intercambio de
pareja, nunca me lo he planteado en serio sopesando todas las ventajas o
inconvenientes que tiene el hacerlo. Algunas veces, he soñado con estar con otra
pareja, disfrutar del sexo con otra mujer estando la mía al lado disfruntado
ella también; es cierto que yo se lo he comentado a Maria más de una vez en la
cama, mientras hacíamos el amor, a lo que ella respondía con una sonrisa pero
nada más. Cuando hablaba era para decirme..: " yo eso … no sé…. quizás…."
pero nunca nada en concreto.

El verano pasado, en la playa de Benalmadena, Málaga, tuvimos un encuentro
con una pareja en la playa de cabo pino. Lo que sucedió en esa ocasión, con esa
pareja de Valladolid, creo que nos hizo pasar una barrera que nunca creía que
podría atravesar. Y digo creía y no creíamos, porque por supuesto a Maria ni se
le había pasado por la cabeza.

Lo que sucedió fue que salimos un día los cuatro con una falúa ( lancha
fueraborda) y en una calita apartada, hicimos el amor los cuatro, cada uno con
su pareja, pero al lado una de la otra. Mientras hacíamos el amor, nos
acariciamos y nos llegamos a besar, pero nada mas. Esa historia ya os la he
contado. Pero lo que supuso ese encuentro para Maria y para mí, fue algo más
profundo.

De regreso a casa, solo comentábamos entre los dos, lo bien que lo habíamos
pasado en la playa, lo placentero del descanso, merecido por otra parte, y lo
morboso del encuentro que tuvimos con Marcos y Elena (así se llamaban nuestro
nuevos amigos de Valladolid) . Después de hablar de ese encuentro, Maria y yo
coincidíamos en que fue todo un gustazo el hacerlo y la lástima de tener que
regresar a casa ya; pero en ningún momento nos arrepentimos de ese encuentro.

Ya de nuevo en casa, después de almorzar, sonó el teléfono y lo cogí yo. Era
Marcos. Estuvimos hablando un poco, yo le pregunté por Elena, él me preguntó por
María, en fin, lo clásico. Me preguntó que cuantos días me quedaban de
vacaciones yo le dije que diez; yo le pregunté lo mismo y él me dijo que le
quedaban seis días. Llegado a ese punto, me comentó que si nos parecía bien que
nos fuésemos a Madrid a pasar un fin de semana para agotar las vacaciones, que
Madrid en el verano estaba desierto y que no habría tantos agobios; quedamos en
que yo le llamaría después de consultárselo a Maria.

Mi mujer y yo, después de consultarlo entre los dos decidimos ir. Nos
encontramos los cuatro en el aparta hotel plaza de españa, en Madrid. Después de
los saludos e instalarnos en nuestras respectivas habitaciones, salimos a dar
una vuelta. Era viernes por la noche, cogimos el metro y fuimos a moncloa. Allí
estuvimos tomando unas copas en un ambiente estupendo. Elena iba guapísima, con
ese pelo negro y rizado y morenita por el sol…. estaba estupenda. Maria,
aunque sea yo el que lo diga, estaba radiante; alta como es ella, con esas
piernas largas…. la verdad es que Marcos y yo podiamos darnos por afortunados
por los dos bombones que llevábamos con nosotros. La noche pasó en esa tónica,
los cuatro charlando y animándonos cada vez más…. hasta que llegó el tema de
conversación estrella..: la experiencia la semana anterior en la playa.

Marcos dijo que estuvo bien, que fue excitante, mientras Elena le miraba
fijamente a los ojos con las mejillas coloradas. Yo contesté que para mi fue
genial, que era muy morbosa la situación…. entonces Maria dijo: " anda Marcos
que no te mueves nada mientras lo haces¡¡¡" echamos todos a reir por el
comentario, pero lo cierto es que a mi se me estaba poniendo el nabo durísimo e
imagino que a Marcos también porque no hacía más que moverse y estirarse los
pantalones para abajo. La situación se fue caldeando y en un momento dado Elena
dijo..: " lástima que no estemos en la playa ahora, me apetece un bañito, ¿
verdad Maria? ¿ a ti no?" a lo que contestó mi mujer que sí, que le apetecería
un montón bañarse de noche.

En ése instante salté yo:

-¡ vamonos a un club de esos que tienen para parejas, ahí suele haber
jacuzzis, pero nosotros a nuestra bola, sin nadie, y aunque no sea una piscina
para nadar pero por lo menos nos mojamos… ¿ que os parece?

Marcos dijo: " por mi estupendo, además sé yo de un sitio que está fenómeno y
no debe de haber mucha gente porque ahora en el mes de agosto suele estar todo
el mundo fuera"

  • "¿ y tú como sabes de esos sitios?" le dijo Elena a su marido.
  • " pues porque lo he visto en internet…. mirando … y mirando…
  • Marcos no sabía que decir más, pero se le notó nervioso con su mujer, él no
    se esperaba esa pregunta de Elena y se puso nervioso. La verdad es que como me
    dijo más tarde marcos, él nunca había entrado a esos locales pero que sí que
    había mirado información por gusto en internet.

    Elena miró a María y dijo que por su parte no había problema, ¿ y tu Maria?

    • por mi……. lo que digáis todos.

    Dicho y echo. Los cuatro cogimos un taxi y nos dirigimos a un local de
    parejas. Una vez allí, y después de hablar Marcos y yo con el gerente , nos
    conducieron a la sauna. Todo estaba lleno de lujo, nada de cutre. Nos sentamos
    primero en unos bancos que había al lado, con unas copas y en esto que María
    dice:

  • " ¡ anda y los bañadores!
  • " mujer, después de vernos los cuatro en la playa desnudos, imagino que
    eso no será un problema ¿verdad jorge?
  • " por mí no hay problema"
  • " pero es que me da corte…… ¿ a ti no Elena?
  • "Maria tú tranquila, si quieres, nos metemos primero nosotras desnudas sin
    que ellos nos miren y después que lo hagan ellos"
  • " pues nada Marcos, tú y yo nos quedamos aquí mientras ellas se meten en
    el jacuzzi …¡ que le vamos a hacer!"
  • " vale, no hay problema"
  • Elena se quedó un poco seria, imagino que se imaginaba que pasaría algo así
    pero no creería que sucedería. Como después me dijo Marcos, ellos al igual que
    nosotros, también habían hablado del episodio de la playa, y de lo bien que se
    lo pasaron. Y que mientras hacían el amor en su casa, fantaseaban con la
    posibilidad que se nos ponía delante en esos instantes.

    Marcos y yo, seguíamos hablando mientras nuestras mujeres, de espaldas a
    nosotros se iban desnudando. Casi me giro para mirarlas pero me contuve, así que
    no vi nada hasta que nos llamaron y al girarnos ya las vimos dentro del agua.

    Entre risas, María y Elena dijeron que nos tocaba a nosotros desnudarnos pero
    que ellas no iban a apartar la mirada. María tenia una expresión expectante;
    mientras nos íbamos desnudando no hacia nada más que mirarnos a los dos como nos
    quitábamos la ropa. Elena era la que peor lo llevaba, se le veía nerviosa, como
    si estuviera indecisa.

    Al quitarse Marcos los pantalones se le notaba que estaba excitado, la polla
    se le salía de los calzoncillos, y María parecía avergonzada pero no apartaba la
    vista.

    Una vez dentro del agua, con las copas en la mano, empezamos a reírnos, a
    hablar,… María no hacia mas que coger a Elena del brazo para situarla en los
    chorros de agua que salían riéndose las dos…. volvíamos a estar los cuatro
    juntos y desnudos, como en la playa, pero ésta vez iba a ser distinto; iba a ser
    espectacular.

    En un momento dado, cogí a María y le besé, le abrace y le subí un poco para
    arriba dejando fuera del agua las estupendas tetas que tiene. Después hizo lo
    propio Marcos con Elena, pero ellos se entretuvieron más que nosotros…….. y
    se hizo un silencio que aproveché yo para volver a besar a mi mujer. Estaba
    excitadísima porque pocas veces me ha besado igual, con la boca abierta y toda
    su lengua dentro de mi boca….. empezamos a morrearnos cada uno con su pareja,
    estábamos los cuatro excitadísimos….y muy juntos… yo besando a Maria y
    Marcos besando las tetas de Elena; la escena era de película.

    Cogí a María, le abrí de piernas y le hice sentar encima de mi polla, ella
    estaba fuera de sí, con la respiración entre cortada, la separé un poco
    echándole el cuerpo hacia atrás y en ese instante vi a las manos de Marcos como
    agarraban con fuerza las tetas de Maria, delante de mis narices.. a veinte
    centímetros de mi cara. La espaldas de Elena daban con las espaldas de Maria, y
    los cuatro estábamos como locos. Empezamos a movernos, nos pusimos los cuatro
    muy juntos, el hombro de Elena estaba junto al mío y el hombro de Maria junto al
    de Marcos, las piernas enlazadas, yo creo que ya no sabía yo ni lo que tocaba,
    pero la verdad, es que tampoco me importaba…..

    Entonces ocurrió; Maria se giró un poco y empezó a besar a Marcos en la boca,
    y yo mientras empecé a besar a Elena. Nos separamos de nuestras parejas y cogí
    con fuerza a Elena. Estaba realmente estupenda; esos labios suaves besándome,
    paseando su lengua por mi oreja y sintiendo su respiración profunda….. no me
    pude reprimir….

  • Elena, quiero que hagamos el amor…..
  • No Jorge, el amor lo hago con mi marido, contigo voy a follar.
  • Se me iban a salir los ojos de las cuencas….. Maria se echo más encima de
    Marcos y bajo la mano hasta que cogió su polla y empezó a rozarla en su
    clítoris, como a ella le gusta…. movimientos cortos pero rápidos. Marcos iba a
    estallar…. y entonces dijo..:

  • vamos a salirnos fuera, nos ponemos unos condones y follamos……
  • Y así lo hicimos. Nos salimos los cuatro sin para de tocarnos, de
    besarnos,…. era excitante..

    Maria se sentó en el suelo esperando a Marcos, no le apartaba la mirada de su
    polla mientras el se ponía el condón.

    Yo tuve más suerte. Cuando me lo iba a poner, Elena cogió lo huevos con una
    mano y con la otra cogió la polla y empezó a chupármela…. La verdad es que la
    chupa mejor que mi mujer. Con movimientos suaves de mano y el capullo en su boca
    yo estaba en el séptimo cielo..

    De un vistazo vi como mi mujer, echada en el suelo, se abría de piernas para
    acoger la polla dura de Marcos que sin pensárselo dos veces se la metió casi
    entera. Maria se retorció un poco pero enseguida se entregó. Con los ojos
    cerrados, mi mujer se retorcia de gusto y placer, mientras Marcos le besaba por
    el cuello, el pecho, los pezones… Era espectacular, un ambiente propicio, una
    pareja muy apañá y nosotros follando como locos…

    Elena, me pasaba la lengua por la polla, bajaba a los huevos y casi la metía
    en el culo, cosa que me ponía más nervioso todavía. Su lengua acariciaba mis
    pelotas y con un dedo empezo a masajarme el culo. ¡ que guapa estaba Elena!, le
    hice levantarse y empezé a besarle en la boca…Casi me corro cuando en ese
    instante Maria me miró y con un gesto me indicó que nos tumbásemos al lado de
    ellos, cosa que naturalmente hice. Estábamos haciendo un intercambio de parejas
    en toda regla, ¡no me lo podía creer! Mi mujer parecía estar en una nube y Elena
    no hacia nada más que mirar a su marido mientras yo seguía follandola como un
    cosaco. Las dos tumbadas juntas en el suelo y nosotros encima de ellas como en
    la playa, pero esta vez, con la chica cambiada. Ante tal espectáculo, el orgasmo
    me vino rapidísimo, así que me retiré un poco avergonzado de la rapidez y antes
    de correrme, me quité el condón y puse la polla en la boca de mi mujer para
    correrme, cosa que hice enseguida tragándose María toda la leche. Mientras Elena
    se levantó y cogió a su marido por las espaldas mientras se la seguía metiendo a
    mi mujer. Eso debió excitar a Marcos mucho porque también se retiro de mi mujer
    para correrse pero él, en lugar de hacerlo en la boca de Elena, lo hizo en su
    culo. Marcos se levantó, se quitó el condón y cogió a Elena por la cintura y de
    espaldas hasta que se la metió en el culo. En dos o tres embestidas, él se
    abrazó a las espaldas de su mujer y se corrió dentro de ella.

    Los cuatro nos quedamos tumbados un rato hasta que nos volvimos a meter en el
    agua de nuevo, ésta vez para relajarnos y descansar.

    Si os digo la verdad, no me importó para nada ver a mi mujer con otro hombre.
    Después lo hemos hablado María y yo y lo mismo de enamorados que antes de
    hacerlo. Los dos pensamos que hay que sentirse vivos de vez en cuando, y aunque
    esas experiencias no las hagamos por rutina, si que viene bien de vez en cuando
    realizarlas.

    POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

     

    Resumen del relato:
      Era mejor de lo que nunca imaginé.

    Intercambio

    Intercambio (14)

    Artur  me había caído
    bien, me gustaba su punto vicioso. Además, cuando pensaba en él
    no podía quitarme de la cabeza aquel inmenso apéndice de
    que estaba dotado: un largo y sobre todo grueso pene erecto hasta el límite,
    entrando y saliendo con decisión del coño de mi esposa.

    Un día, poco más un
    mes después de aquel episodio, sonó el teléfono y
    resultó ser Artur. Quedé un poco cortado al principio pero
    en seguida se estableció la cordialidad entre los dos. Dijo que
    si nos parecía bien le gustaría invitarnos a una velada muy
    especial en su casa, íntima, sólo nosotros, su novia Esther
    y él. Que nosotros le evocábamos la mejor época de
    su vida y quería compartir, aunque fuera interiormente, el espíritu
    de aquellas vivencias. Dije que me parecía estupendo y le pasé
    el teléfono a Silvana, que también aceptó encantada.

    Para celebrarlo pegamos un polvo
    glorioso, con ciertas incursiones de sus dedos en mi culo que me colmaron
    de felicidad y que últimamente habían adquirido un carácter
    especial de complicidad entre Silvana y yo.

    El día señalado llegamos
    a su piso con un gran ramo de flores y dos botellas de champagne. Artur
    abrió la puerta, nos saludó y presentó a Esther: una
    chica de unos treinta años, morena con el pelo corto y unos ojos
    preciosos de color verdoso. Alta como yo y un cuerpo que se adivinaba deseable
    bajo un vestido túnica que caía desde los hombros hasta casi
    los tobillos. Sonriendo nos besamos en las mejillas y nos acomodamos en
    el largo sofá sobre el que cabíamos holgadamente los cuatro.

    Esther y Silvana se dirigieron a
    la cocina y regresaron con la tarta de cumpleaños y una botella
    de champagne en un cubo de hielo. Brindamos y charlamos un rato hasta que,
    nada más apurar la segunda copa, Esther se levantó. “Vamos
    a felicitar debidamente a Artur”, dijo mientras se situaba frente al homenajeado
    y con decisión, mirándonos a los tres,  deslizó
    los tirantes de su vestido, que cayó al suelo desde los hombros
    dejándola desnuda, pues no llevaba ropa interior. “Sé lo
    que te gusta y hoy es tu día” y dirigiéndose a Silvana: “debemos
    tratarle como a un sultán, ¿quieres ser su odalisca conmigo?”.
    “Claro, será un auténtico placer…” respondió mi mujer
    al tiempo que se incorporaba para situarse junto a Esther y, como ella,
    quedarse desnuda en pocos segundos, pero no sin antes haberme besado en
    la frente. Se acomodaron en el sofá dejando a Artur entre ambas,
    de modo que quedé en el extremo, junto a Esther. Artur pasó
    el brazo alrededor de los hombros de Silvana y la atrajo hacia sí
    y me preguntó si me parecía bien. A modo de respuesta, me
    levanté y me fui desnudando mientras Artur se morreaba con mi mujer
    y le palpaba los senos y Esther, tras haberle desabrochado el pantalón,
    le acariciaba la verga, que ya comenzaba a erguirse.

    Una vez me hube quitado toda la
    ropa Artur me dijo que le sacara los pantalones y me arrodillé delante
    suyo para empezar a quitarle los zapatos y los calcetines. No sabía
    por qué lo hacía, por qué me humillaba desvistiendo
    a un hombre que a estas alturas tenía toda la mano en la entrepierna
    de mi esposa, sobándole el coño mientras ambos seguían
    comiéndose el morro. Esther le estaba mamando la polla  y tuvo
    que interrumpirse el tiempo necesario para que yo consiguiera quitarle
    los pantalones y los calzoncillos al muy cabrón. Me sentía
    humillado y vejado pero disfrutaba haciéndolo, sentía placer
    al servir al amante de mi mujer y quería facilitarle al máximo
    el goce y el placer que le proporcionaban aquel par de hembras. La interrupción
    motivó que Silvana se desasiera del abrazo para hundir su cabeza
    entre las piernas de Artur  e iniciara una húmeda serie de
    lametones a los huevos del fulano, que sobaba a la vez los culos que le
    ofrecían sus dos feladoras, ya que Esther no se sacaba de la boca
    aquel pollón tieso y nervioso.

    Yo seguía de rodillas muy
    cerca de ellos y también quise disfrutar del festín. Me armé
    de valor y dije, mirando a Artur, que quería desearle un feliz aniversario
    y que mi regalo no era sólo mi mujer sino que por mi parte quería
    hacer lo posible para también darle placer, si así lo deseaba.
    Respondió que sí lo deseaba, pero que mejor nos fuéramos
    al dormitorio, ya que la cama proporcionaba el espacio idóneo para
    nuestra fiesta.

    Se deshizo el abrazo lúbrico
    y nos fuimos hacia la estancia, que tanto Silvana como yo ya conocíamos,
    sin dejar Artur de acariciar el culo de aquella durante el breve trayecto.
    Se tumbó en el centro de la cama y Esther y Silvana lo hicieron
    a ambos lados y se reinició la sesión de toqueteos, ora con
    una ora con otra, ora con ambas a la vez hasta convertirse en un amasijo
    de carnes entrelazadas. Esther me tomó de la mano y me atrajo hacia
    ella, pero Artur tenía sus propias ideas y me pidió que me
    encargara de su polla, que se la pusiera a punto para poder follarse a
    Silvana en mi presencia. Obedecí sin rechistar y me situé
    entre sus piernas de modo que pudiera introducírmela en la boca
    con comodidad. Así lo hice e inicié la primera mamada de
    un pene de mi vida. Sabía bien y despedía calor y tersura.
    Me afané en mi tarea y pude entrever como mi esposa me miraba con
    ojos viciosos mientras con una mano acariciaba mi espalda y con la otra
    el pecho y el vientre de Artur.

    A todo esto Esther se había
    colocado detrás de mí y me besaba las nalgas mientras su
    diestra mano jugueteaba con mis huevos a punto de estallar. El homenajeado
    tenía ambas manos ocupadas, en el coño y en los pechos de
    Silvana. Y suspiraba de gusto el muy cabrón mientras sentía
    su polla ponerse rígida con mis lamidas, que de vez en cuando alternaba
    con lengüeteos en sus cojones gordos y rígidos de excitación.
    Mi placer era inmenso y sería injusto menospreciar la contribución
    que a ello prestaba Esther, quien sin gozar de caricia alguna al estar
    mis manos ocupadas en la entrepierna de Artur y las de éste dedicadas
    por completo a mi esposa, se atareaba en tratar de introducir su lengua
    en mi orificio anal –cosa que me hace enloquecer– y en masajearme con esmero
    la polla.

    De pronto Artur me dijo que parara,
    que lo hacía de puta madre pero que no quería correrse en
    mi boca en esta ocasión (oír esto casi provocó que
    me corriera). Quería follarse a mi mujer y yo le había puesto
    a punto. Silvana se incorporó y montó a horcajadas sobre
    él, colocando su precioso culo a la altura de la ingle de su amante.
    Con ambas mano agarró la polla y en un saltito de riñones
    se la introdujo en la vagina. Estaba embelesado viendo aquella preciosa
    criatura gozando en vivo, saltando sobre aquel pedazo de pollón
    y metiéndoselo hasta lo más profundo de sus entrañas
    para exprimir todo el placer que pudiera. Esther no había cesado
    de prodigarme las caricias más guarras y ahora la atraje hacia mí
    y la abracé y besé con ganas. Su boca era un volcán
    en llamas y sorbía mi lengua como si en ello le fuera la vida. Fui
    bajando, sin dejar un poro sin besar, hasta aquella mata de vello negro
    rizado sobre el que froté las mejillas. Poco a poco acerqué
    la lengua a su coñito y me sorprendió lo abierto y mojado
    que estaba. Metí la lengua y saboreé aquel chochito delicioso
    mientras sentía como de vez en cuando le provocaba pequeños
    estremecimientos. Continué hacia abajo, quería devolverle
    lo que me había hecho. Ella lo notó y levantando las rodillas
    separó las nalgas con las manos, para facilitarme la tarea. Devoraba
    su culito a mi antojo, al tiempo que le frotaba el sexo con todos los dedos
    y esto provocaba un incremento de sus estremecimientos.

    Mientras tanto, la cama se movía
    por los embates a que la sometían los pollazos que clavaba Artur
    a Silvana, ésta colocada ahora a cuatro patas –su postura favorita–
    . La llamaba “putita caliente” y de vez en cuando me miraba, buscaba mi
    mirada y la sostenía, gozando con la presencia del marido de la
    que se estaba tirando. De pronto empezó a gemir con fuerza, aumentó
    el ritmo de sus embestidas y jadeando descargó en el coñito
    de mi mujer toda la leche que sus huevos acumulaban. Se desenlazaron y
    quedaron tumbados boca arriba mientras Esther y yo deteníamos nuestros
    juegos para contemplarles. Artur dijo que su polla chorreaba los jugos
    de mi esposa y que yo debía recogerlos en mi boca. Así lo
    hice con presteza, hasta dejársela limpia. Entonces Silvana entró
    en el juego y pidió primero a mi y luego a Esther que le comiéramos
    el coño, sabedora de que yo encontraría en él el semen
    de su amante. Me estremecí de placer cumpliendo su deseo y tragando.

    Cuando cedí el puesto a Esther
    apenas encontró restos de leche, pero lamió todo lo que encontró
    y se centró en el clítoris de Silvana. Esther había
    quedado con el culo levantado, me puse detrás suyo y cogiendo un
    poco de vaselina de un tubo que había sobre la mesilla de noche,
    le unté el culito y comencé a penetrarla suavemente con un
    dedo. En pocos minutos, mientras ella seguía comiéndole el
    coño a Silvana –con sabiduría, a juzgar por los gemidos que
    provocaba– conseguí introducirle fácilmente tres dedos, momento
    que juzgué ya estaba preparada para la sodomía. Ante la mirada
    de mi esposa y de su amante penetré en el culo de la novia de éste,
    que la recibió con satisfacción.

    Sin dificultad alguna se la metí
    hasta el fondo; se notaba que esta vía no le era desacostumbrada
    y  que gozaba de ella, a juzgar por sus sosegados lamentos y por lo
    movimientos de caderas, más tendentes a absorber mi barra de carne
    que a repelerla. Disfruté como un animal dando por el culo y sometiendo
    a aquella belleza a mi vicio más sórdido.

    Esther gimoteaba y me pedía
    que le rompiera el culo y que la ensartara. No pude resistir por más
    tiempo y me corrí con violencia dentro de aquel culito enloquecedor,
    llenándolo de semen.

    Quedamos derrengados, jadeando y
    llenos de sudor. A los pocos minutos me dirigí al baño para
    lavarme y al regresar encontré a Silvana acariciando la polla de
    Artur, que iba recobrando poco a poco su esplendor gracias en parte a las
    manipulaciones de mi mujer y en parte a la tórrida visión
    que acababa de brindarle su novia al ser sodomizada en su presencia. Jugueteaba
    con los pezones de Silvana apretándolos, pellizcándolos y
    besándolos en una escena maravillosamente excitante, tanto que pese
    al cansancio y a haberme corrido minutos antes ya volvía a sentir
    el escozor del deseo. Artur, maestro de ceremonias y amo de la fiesta,
    dijo que le había encantado la follada que le habíamos ofrecido
    y que, sabedor de la virginidad anal de mi mujer, proponía que como
    compensación tanto ella como yo le pusiéramos otra vez a
    tono para continuar.

    Me ordenó más que
    pidió que prestara especial dedicación a sus huevos mientras
    mi mujer, de rodillas a su lado, se la mamaba. Silvana se entretenía
    sumergiendo la cara entre las nalgas de Esther y acariciándome entre
    las piernas, al tiempo que por mi parte rendía adoración
    a los cojones de aquel macho. El sabor me resultaba extraño pero
    no molesto y me entretuve jugando con la lengua entre los rizos de su vello,
    besándole en  esta zona que se extiende entre los huevos y
    el ano que tan loco me pone a mí. Silvana por su parte le dedicaba
    la mamada de su vida y Esther me prodigaba los toqueteos mas guarros, consiguiendo
    levantar mi polla otra vez.

    La dedicación de Silvana
    y mía produjo pronto sus efectos y Artur, con el mástil tieso,
    pidió a Esther que se pusiera en posición y ella, conocedora
    de los gustos de su novio, se colocó a cuatro patas apoyando las
    rodillas cerca del borde de la cama, dando cara al centro de la misma,
    de manera que Artur se levantó y se puso de pie detrás de
    ella y en pocos diestros movimientos ensartó aquel pedazo de polla
    en el culo oferente de Esther, quien desde el principio pidió más.
    Él la llamaba puta zorra y le daba fuertes y sonoras palmadas en
    las nalgas, mientras ella le pedía que la siguiera enculando hasta
    llenarla de leche.

    Silvana y yo nos enfrascamos en
    un goloso sesenta y nueve. Gocé lamiendo aquel adorado chochito
    que todavía sabía y olía a otra polla mientras me
    la chupaba con ganas, pero pronto dejó mi pene para colocarse entre
    las piernas de Esther y comerle el coñito con devoción, lo
    que unido al mete y saca que le horadaba un culo ya dilatado por mi incursión,
    motivó que se corriera sonoramente cayendo desplomada sobre la cama,
    de manera que quedó separada de Artur. Este quedó con la
    polla erguida y se masturbó hasta derramarse sobre la espalda de
    Esther. Silvana, encendida como una bacante, volvió a mamármela
    y en poco tiempo hizo que mi semen se mezclara con el de Artur sobre la
    espalda de Esther.

    Fue una bonita fiesta de cumpleaños.

    Barcelona, enero de 2002

    Autor: Mario.

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    Resumen del relato:
      Una gran velada con el nuevo hombre…

    Mi cumpleaños

    Mi cumpleaños (14)

    Era mi día y según las reglas
    del juego me correspondía ser homenajeado y disponer de todos los goces
    que pudieran proporcionarme Silvana y aquella pareja con la que habíamos
    entablado una simpática relación de buen rollo y placer sin límites.
    Para Silvana y para mí habían constituido un bálsamo en
    nuestra vida sexual, puesto que nos habían abierto una perspectiva totalmente
    lúdica, un juego sexual compartido en el que cabían las fantasías
    de todos los jugadores; y todo ello dentro de un marco de frescura vital, sin
    claroscuros.

    Por iniciativa de Artur, una iniciativa que
    le agradecí y valoré por su justa elegancia, habíamos decidido
    celebrar la fiesta en su casa. Así que cuando llegó el día
    acudimos a la cita en el ático de la calle Tallers, donde fuimos recibidos
    por una Esther sumamente atractiva -se había cortado la melena y el cabello
    corto le hacía parecer aún más juvenil, aparte de realzar
    su cara- embutida en un vestido-túnica que dejaba sus hombros al descubierto
    y no dejaba lugar a dudas acerca de la desnudez que envolvía. Artur se
    mantenía igual, jovial y educado, con aquella elegancia natural que le
    hacía atractivo. Nos acomodamos y dimos cuenta de una botella de champagne
    mientras nos poníamos al día de nuestras vidas desde la última
    vez que nos habíamos visto, que había sido precisamente allí
    mismo con ocasión del aniversario de Artur.

    La visión de Esther, espléndida,
    me complacía en extremo: estaba muy guapa. Mientras la veía no
    podía evitar pensar que dentro de poco podría disfrutar de ella
    y con ella y estos fugaces pensamientos iban anidando rápidamente en
    mi cabeza, haciéndome crecer el gusanillo de la excitación. Artur
    y Silvana hablaban entre ellos y en un momento dado, embelesado por la vista
    y la conversación de Esther, me pareció percibir que cuchicheaban
    algo en voz baja, de resultas de lo cual ambos se rieron quedamente. Pasé
    el brazo por detrás de los hombros desnudos de Esther y la abracé,
    atrayéndola hacia mí. Acomodó su cabeza en mi hombro y
    cerrando los ojos me ofreció su boca entreabierta. Nos besamos como dos
    enamorados y nuestras lenguas se enzarzaron en un placentero morreo que me hizo
    perder el mundo de vista, pues aquella chiquilla era una gozada dando lengua.

    Artur y Silvana nos contemplaban mientras bebían
    champagne y percibí que ella se levantaba para dirigirse al cuarto de
    baño. A los pocos minutos regresó a la sala vestida únicamente
    con braga y sujetador negros y nuevos, pues no los conocía. Se situó
    en el centro de la sala y giró lentamente varias veces sobre sí
    misma para exhibirse. -¿Te gustan?- me preguntó. -Sí, mucho-
    respondí -¿Son nuevos?. -Sí, me los acaba de regalar Artur
    para ti-.

    Esther se levantó y mediante unos hábiles
    movimientos se despojó de su vestido, que cayó al suelo revelando
    su espléndida desnudez.

    Apremié para ir al dormitorio. Me senté
    en la cama y las observé atentamente. Silvana se quitó las bragas
    y continuó con su sujetador, se lo quitó sin demasiada prisa.
    Me fui quitando la ropa con ansiedad, sin poder quitar la vista de aquel par
    de cuerpos preciosos y excitantes que esperaban a que los hiciera míos.
    Al mismo tiempo Artur, que se había despojado de su última prenda
    y exhibía aquel enorme miembro casi totalmente erecto, abrazaba por detrás
    a Esther, la besaba y cuchicheaba palabras al oído, que eran recibidas
    por gestos de asentimiento complaciente. Yo había quedado en calzoncillos
    y comencé a masturbarme a través de la abertura de los slips.

    Desnudas estaban ambas espléndidas y
    formaban el mejor regalo de cumpleaños que jamás pude haber soñado..
    No pude esperar más, me senté en el borde de la cama y llamé
    a Artur diciéndole que debía arrodillarse frente a mí para
    rendirme el homenaje preceptivo, cosa que hizo con viveza tal que en pocos segundos,
    tras prodigarme un húmedo lametón a lo largo y ancho de mi escroto,
    engulló mi tranca en su boca con maestría y sumisión. Le
    dije que me gustaba lo que me estaba haciendo y anuncié que deseaba que
    me pusiera la polla a punto para poder follarme a su novia, a la que en aquel
    momento sobaba yo las tetas mientras tenía la otra mano en la entrepierna
    de mi mujer, ya que ambas se habían sentado una a mi izquierda y la otra
    a mi derecha.

    Pedí a Silvana que comiera el chochito
    a Esther y lo hizo con prontitud, permitiéndome solazarme en la visión
    de las dos preciosidades montándoselo mientras tenía al amante
    de mi mujer a mis pies, pagándome el tributo que le exigía como
    esposo cornamentado. Le pedí que comiera el culo a mi mujer mientras
    ésta me la mamaba. Silvana dejó a Esther para dedicarse a mí
    y Artur se puso tras ella en posición para cumplir su cometido, cosa
    que debió hacer con solicitud pues en seguida provocó en ella
    una serie de suspiros de gusto que se traducían en un mayor vigor de
    sus lametones.

    Al poco les hice parar y ordené a Esther,
    a quien mi mujer había puesto el chocho como un pantano, que se dispusiera
    a ser penetrada. A Silvana y Artur les prohibí tocarse entre ellos, pues
    ambos debían expiar su culpa de haber estado juntos a solas y ahora les
    correspondía observar y estar a mi disposición. Como prueba de
    reconocimiento pedí al novio de Esther que de vez en cuando me diera
    algún lametón en el culo, mientras Silvana debía hacer
    lo mismo con aquella siempre que tuviera ocasión.

    Esther se situó en el centro de la amplia
    cama y me acogió en sus brazos mientras suave pero insistentemente le
    iba introduciendo mi polla ya a punto de reventar. Iniciamos un folleteo fantástico
    y pronto comencé a sentir el valor añadido de las caricias linguales
    de su novio en pleno orificio anal. Esther se corrió ruidosamente en
    pocos vaivenes y salí de ella. Llamé a Silvana para que me la
    cogiera en la boca y de esta manera descargué todo mi esperma en ella;
    la tragó sin perder una gota y siguió lamiendo hasta dejar la
    polla limpia de cualquier resto de semen. Le dije que se había portado
    muy bien y que como premio podía hacer lo que quisiera. Como respuesta
    se colocó a cuatro patas sobre la cama y le dijo a Artur que la montara
    y que follara a su puta ardiente cuyo coño no podía aguantar más.

    Él la llamó putita de mis sueños
    y después de frotarle por toda la cara aquel inmenso miembro, que ahora
    lucía todo su esplendor, se colocó detrás suyo y con una
    mano la agarró abarcando sus pechos mientras con la cogió el cipote
    para dirigirlo a la ya chorreante entrada íntima de mi mujer. Me incorporé,
    me situé junto a ellos y con un gesto indiqué a Artur que se detuviera,
    al tiempo que agarrándole la polla con la mano me apresté a dirigirla
    con tiento y decisión hacia la vagina de ella, no soltándola hasta
    que se hubo introducido en su casi totalidad. Me aparté y volví
    a mi posición anterior para, junto a Esther, contemplar aquella escena.
    Follaron como posesos y se montaron en todas las posturas imaginables, se devoraron
    uno al otro hasta que las sacudidas de un orgasmo al unísono les dejaron
    derrumbados y jadeantes. Artur gritó mientras llenaba con su leche el
    coñito de Silvana, quien no cesaba de reclamarle todo el contenido de
    sus cojones.

    Me pusieron otra vez caliente y la polla empezaba
    a erguírseme otra vez. Esther ya tenía en su mano el miembro de
    su novio y lo masajeaba con suavidad y dulzura, mientras Silvana encendía
    un cigarrillo y me guiñaba el ojo sonriendo en señal de complicidad.
    Nos enviamos besos en el aire.

    Pero estábamos todos un poco exhaustos
    a consecuencia de los juegos amatorios, así que despachamos con bastante
    prontitud una botella de champagne mientras descansábamos. Artur dijo
    que desde que Esther se enteró de la fiesta prevista para hoy, hace unas
    dos semanas, no ha querido follar con él mas que por el culo para tenerlo
    bien dispuesto para mí. Esther se ruborizó tímidamente
    dijo que en nuestro anterior encuentro se lo había pasado de puta madre
    y no recordaba nunca haberse sentido tan caliente. Había disfrutado sintiéndose
    como un objeto de placer entregándose completamente a nuestros placeres.
    Se había sentido la puta de los tres y aún se corría al
    recordarlo; y ahora quería sentir lo mismo, sólo que quería
    estar a mi merced, ser mi puta…

    Le previne que pretendía someterla a
    todos mis caprichos y que, para empezar, quería que comiera el culo a
    mi mujer hasta hacerla chillar de gusto. Quería oír a Silvana
    anunciar que sentía toda su lengua en su interior. Esther respondió
    "sí, amo" e introdujo la cara entre las nalgas de aquella,
    que ya se había puesto en posición para atender mi deseo. Ordené
    a Artur que hiciera lo mismo con su novia, aunque podía meterle también
    los dedos para ir abriéndola. Aquello era delicioso y me masturbaba lentamente
    mientras metía mano en todos los pliegues y prominencias que se ponían
    a mi alcance. Quise que Esther lamiera también el ano de Artur y así
    lo hizo.

    A continuación la agarré del
    cabello y tras llamarla todos los sinónimos de la palabra puta le dije
    que iba a mearme encima de ella. Su respuesta consistió en bajarse de
    la cama y ponerse de rodillas sobre el suelo embaldosado, con el pecho erguido
    hacia delante y la cabeza inclinada hacia atrás. No dudé en apearme
    del lecho y puesto de pie frente a ella, tras palparle groseramente las tetas
    agarré la polla con la mano y la dirigí hacia sus pechos para
    inmediatamente soltar la meada que hacía rato pugnaba por evacuar. La
    muy puta recibió el chorro sobre toda su parte delantera y ladeó
    la cabeza para que su cara quedara al alcance del mismo, por lo que sin dudarlo
    lo dirigí hacia su boca abierta, que se desbordó e inundó
    su mentón, mejillas, cuello y orejas. Era lo más fuerte que había
    hecho en mi vida: mearme encima de alguien; mearme encima de una mujer mientras
    su novio se folla a la mía, pues esto es ni más ni menos lo que
    estaba ocurriendo. La escena había sido también muy fuerte para
    ellos dos y especialmente para Artur, por lo que Silvana le pidió que
    se calmara en su coño, saciándola a ella también.

    Cuando hube terminado y tras habérmela
    sacudido con tranquilidad sobre su boca abierta para que pudiera absorber las
    últimas gotas, le dije que era la guarra más rastrera que había
    conocido y que fuera rápidamente a lavarse pues todavía sus servicios
    no habían hecho mas que empezar. Fue al cuarto de baño y yo regresé
    al lecho para morrearme con Silvana, que yacía de espaldas con las piernas
    elevadas y Artur, entre ellas, la follaba con fuertes embestidas que resultaban
    agradecidas a juzgar por gemidos de la hembra. Metí mano a los dos cuerpos
    en todos sus pliegues y rincones, cebándome especialmente en el culo
    de Artur, cuyo orificio acaricié y fui entreabriendo con un dedo, lo
    que debía ser de su agrado pues cada movimiento mío provocaba
    en él un gemido y mayor ardor en la follada que estaba metiendo a mi
    esposa. Ésta se dejaba cabalgar y movía el culo sin cesar para
    mantenerse bien pegada al pollón que la taladraba. Estaba completamente
    entregada al goce que recibía y murmuraba entrecortadamente que quería
    más; que aquella polla la hacía arder; que mirara yo, cabrón,
    como jodía con otro hombre. Todo ello provocaba nuevas incursiones mías
    en el culo de aquel pervertido que eran recibidas con gritos de placer y nuevas
    sacudidas en el chocho de mi mujer.

    Esther había regresado tras darse una
    ducha que la había purificado del olor y el sabor de mi orina -¡cómo
    había tragado la guarra!- y se había parado junto a la cama contemplando
    ensimismada la escena. Le dije que quería que me ayudara a meter la polla
    en el culo de su novio y de inmediato se acercó al grupo y se ocupó
    de facilitar el acoplamiento lamiendo indistinta y alternativamente mi pene
    y el culo de Artur. Untó éste con vaselina e introdujo primero
    un dedo y luego dos y hasta tres en su esfínter. Cuando consideró
    que estaba a punto, guió mi polla hacia su interior hasta conseguir,
    ayudada por mis empujones, que todo el miembro desapareciera en el interior
    de aquel ano y se consumara la sodomización, mi primera introducción
    en un culo masculino.

    Abracé con fuerza a mi bujarrón
    con una mano a la altura de sus tetillas, acariciándole el pene enhiesto
    y follándole con todas mis fuerzas. Me enloquecía estar en aquel
    cabrón, literalmente dándole por el culo. La fricción de
    sus paredes cálidas sobre mi polla y la visión de ésta
    entrando y saliendo en el agujero negro de sus nalgas eran más de lo
    que podía aguantar, pero no quería correrme todavía y procuré
    refrenar el impulso de acabar llenándole el culo de leche. Silvana, empalada
    por Artur, se corría en sonoros orgasmos; y Esther, por su parte, se
    estaba metiendo prácticamente toda la mano en su culito y miraba nuestros
    tres cuerpos en plena borrachera de lujuria.

    Salí de golpe del culo de Artur con
    algún gemido de protesta por su parte. Y ordené a Esther que se
    fuera preparando para recibirme del mismo modo que lo acababa de hacer Artur.
    Este empezó a gritar que se iba a correr y extrajo el pene del coño
    de Silvana, la que rápidamente giró sobre si misma para cogerlo
    con ambas manos y metérselo en la boca sin cesar de masturbarlo. Artur
    se corrió como un animal llenando de semen la boca de mi mujer, que tragó
    todo lo que fue capaz.

    Estaba encendido y necesitaba saciarme, por
    lo que me coloqué detrás de Esther y la cogí del cabello
    con una mano mientras con la otra guiaba a mi polla hambrienta hacia la entrada
    de su culo. La penetré sin miramientos, le tiré del pelo forzando
    su cabeza hacia atrás mientras la llamaba ramera y puta sodomita. Enculé
    como un poseso y al final expulsé todo el vicioso fluido de mis cojones
    en el interior de aquella criatura.

    Nos quedamos todos en silencio, sólo
    roto por nuestros jadeos. Al poco rato Esther gritó: ¡Feliz cumpleaños,
    Amo! Y el grito fue coreado por Artur y Silvana. De pronto los cuatro nos pusimos
    a aplaudir y nos abrazamos todos con todos. Había sido una bonita fiesta
    y… ¡el siguiente aniversario era el de Esther!.

    Barcelona, enero de 2002

    Autor: Mario.
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    Resumen del relato:
      Era su cumpleaños y el tenía el control sobre todo, fue una gran fiesta…

    Electrizante visita

    Electrizante visita (14)

    Hace años venimos teniendo la misma
    fantasía con
    Lorena, mi esposa: hacer un trío con otro hombre.
    Hasta el momento, nos había frenado el miedo a que
    esto trascienda en nuestro medio – vivimos en una
    pequeña ciudad de Sudamérica -, y por supuesto, el no
    encontrar a alguien que cumpla tácitamente los
    requisitos para compartir la cama entre tres. Por mi
    parte, especulaba que aquel hombre digno de intimar
    con mi esposa reúna algunos requisitos: discreto,
    limpio, fino y de buen físico, pese a que yo no soy
    ningún adonis. Ella pensaba lo mismo, pero en nuestras
    fantasías, me decía que quería un hombre con una verga
    gruesa, no importaba si grande o pequeña, pero ancha;
    capaz de arrojar mucho semen. De más está decir que
    ante estas confesiones, que ocurrían mientras hacíamos
    el amor, generalmente era yo quien la llenaba en ese
    mismo momento de leche.

    El tiempo pasaba y no aparecía ante
    nosotros
    oportunidad alguna de hacer realidad nuestros sueños.
    Hasta que un caluroso fin de semana, ocurrió algo que
    nos cambió la vida. Estábamos durmiendo la siesta,
    cuando de pronto, tocan el timbre de nuestra casa.
    Salí medio dormido y al abrir la puerta, encuentro a
    un joven de unos diecisiete años,
    ofreciendo sus servicios de electricista a domicilio.
    La primera impresión que me causó, fue la de ser un
    universitario buscando generar dinero para pagar sus
    estudios. Era apuesto, de buen físico y aparentaba una
    pulcritud desde su vestimenta hasta en sus modales.

    Lo hice pasar pese a que en mi hogar nada necesitaba
    reparación. Le sugerí que se sentase un momento en el
    living mientras le preparaba un refresco y urdía algún
    plan para sorprender gratamente a mi esposa. En un
    minuto, le alcancé una soda con hielo y le pedí que me
    espere unos minutos. Subí rápidamente a mi dormitorio,
    el cual se encontraba en penumbras, y observé que
    Lorena dormía plácidamente. De espaldas en la cama,
    totalmente desnuda, dejaba apreciar su redondo culo,
    apenas coronado por una mata de pelo rojizo que le
    salía desde su entrepierna. Con mucho cuidado, le abrí
    aún más sus piernas. Ahora se podía ver su concha, con
    los labios inflamados y totalmente mojada,
    seguramente, producto de algún sueño que estaba
    teniendo en ese mismo momento. Aprovechando la
    situación, clavé mi cara en su culo y empecé a meterle
    la lengua en el ojete, haciendo un mete y saca
    profundo. Semidormida y sabiendo de mi presencia,
    Lorena abrió más sus nalgas con las manos. Rápidamente
    me arrodillé y le enterré mi pija en la concha, la
    bombeé unos segundos y le dije al oído: "Espérame
    que
    enseguida regreso".

    Bajé las escaleras y regresé
    al living. El joven, que
    se llamaba Sergio – ya se había tomado el refresco.
    Sin dudarlo, le dije:
    – Mira, el aire acondicionado de mi dormitorio está
    haciendo un ruido extraño. ¿ Podrías repararlo ?
    – Sí, señor. No hay inconveniente.
    – Pero te pido un favor – le respondí -. Mi esposa
    está allí durmiendo. trata de no hacer ruido, ¿ está
    bien ?
    – Perfecto.

    Subimos lentamente y lo hice ingresar al dormitorio.
    Casi muere de susto el muchacho, cuando vio a mi
    esposa de espaldas desnuda en la cama. Lorena había
    acomodado las dos almohadas debajo de su vientre, para
    elevar su culo y así facilitar mi penetración. Lo que
    ella no imaginaba, es que ahora, alguien más la estaba
    contemplando sin decir palabra alguna. La primera
    reacción de Sergio fue retirarse avergonzado de la
    habitación. Lo tomé del brazo, le hice con mi mano un
    gesto de silencio y le pedí que observara. Frente a
    él, en el más profundo silencio, me bajé el short,
    saqué mi camiseta y comencé a meterle tres dedos en la
    concha a Lorena, quien empezó a gemir y comenzó a
    mover acompañando el ritmo de mi mano.

    Mientras tanto, Sergio miraba con los ojos
    abiertos,
    ostentaba una erección elocuente y masajeaba su pija
    por encima del pantalón. Haciendo gestos le pedí que
    se quite la ropa y acerque a la cama. Mientras tanto,
    aproveché la posición de Lorena y también le metí
    dos
    dedos en el culo.

    Cuando me quise dar cuenta, el muchacho estaba
    parado
    a mi lado, viendo como mis dedos llenaban ambos huecos
    de mi esposa. Pero la gran sorpresa fue comprobar que
    nuestro anónimo visitante, tenía una pija muy
    particular, calculo de unos 10 cm. de largo, pero unos
    6 cm. de grueso. Parecía un pequeño puño lleno de
    venas y con una cabeza roja e hinchada.

    Lo agarré de la mano y atraje hacia
    a nosotros sin
    mediar palabra. Él pareció entender cuál era el juego.
    Trepó despaciosamente en la cama, se agachó y apoyó la
    cabeza de su pija en la concha de mi mujer. Yo saqué
    un pañuelo de seda que tenía en la mesa de luz, y
    vendé los ojos a Lorena, quien en su sopor no opuso
    resistencia. Luego me acomodé delante de ella y a mi
    señal, Sergio enterró su pija hasta el fondo, y yo le
    metí la mía en su boca semiabierta. Lorena, sin saber
    lo que ocurría, comenzó a menearse como poseída.
    Prácticamente, se tragaba mi pija hasta los huevos, y
    levantaba su cuerpo como para que le entren hasta el
    fondo los huevos de nuestra ocasional visita. También
    muy excitado, Sergio le agarró las caderas y acompañó
    cada uno de los movimientos. Habremos estado en esa
    posición unos diez minutos, el muchacho le había
    vaciado su leche en la concha una vez, y sin sacarla
    seguía cogiéndola, pero yo me estaba reservando para
    el plato final.

    Acostándome boca arriba en la cama,
    agarré a Lorena -
    aún vendada – y la puse encima mío, llenando su concha
    con mi pija. Al apoyarla encima mío, un borbotón de
    semen caliente cayó en mis piernas, parecía que el
    joven electricista hacía tiempo que no eyaculaba. Una
    vez con mi esposa encima, Sergio entendió su papel y
    luego de lamerle el ojete a Lorena, le enterró sus
    diez centímetros en el culo. Ella gritó un poco, pero
    luego, adaptándose al grosor de nuestro amigo, nos
    regaló un compás apasionado de sexo y placer. En esa
    posición, Lorena tuvo cinco orgasmos seguidos. Sergio
    y yo, acabamos juntos en su tercer orgasmo. Ella
    estaba totalmente empapada en sudor y jadeante. Todos
    estábamos rendidos ante semejante sesión amatoria en
    penumbras.

    Finalmente, Sergio agarró su ropa y
    en silencio – como
    había llegado – se retiró. A los pocos minutos, Lorena
    se acostó a mi lado, botando leche por sus dos
    agujeros. Se quitó lentamente el pañuelo de seda y
    abrió sus ojos. Aún en la oscuridad, estaban más
    radiantes que nunca. Mirándome fijamente, se pasó una
    mano por el culo, agarró un poco de leche de su ojete
    en su mano, la lamió y me dijo:
    – Gracias. Nunca lo voy a olvidar.

    Y nos dormimos hasta el otro día.

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    Resumen del relato:
      Siempre la misma fantasía, hacer un trío con otro hombre… al final la convierte en algo real, y disfrutan como nunca.

    El verano pasado

    El verano pasado (14)

    El verano pasado, mi marido salió
    de viaje una semana, por cuestiones de trabajo. Tenemos unos amigos muy allegados,
    otro matrimonio como nosotros que tienen un bonito y acogedor chalet en una
    zona costera, dónde pasan los veranos y fines de semana; sabiendo que
    yo me quedaba sola una semana me invitaron a pasarla con ellos y yo acepté
    encantada, solo pensar que me tenía que quedar sola en casa, en el centro
    de la ciudad en pleno mes de agosto…así que decidí irme con
    ellos.

    Preparé mi maleta dónde metí
    algo de ropa de arreglar, por si salíamos por la noche, y mayormente
    metí ropa fresca, bikinis y pareos, con el calor que hacía no
    apetecía llevar mucho más puesto.

    El viernes por la mañana pasaron a recogerme por casa, y cogimos carretera
    hacia la costa. Hacía muchísima calor, aunque en el coche se estaba
    a gusto con el aire acondicionado. En dos horas ya estábamos allí.

    Me mostraron cual sería mi habitación,
    estaba al lado de la de ellos y si quería podía compartir baño,
    pero preferí acomodar mis cosas en el aseo, me resultaba más cómodo
    tener un par de estanterías para poder poner todos mis cosméticos.

    Pasamos un día de lo más relajado, paseamos por la playa, tomamos
    el sol, comimos una paella fantástica, nos bañamos en su piscina,
    en fin, una jornada muy agradable. Al anochecer Ana, que así se llama
    mi amiga, decidió que podíamos cenar en casa y ya quedarnos allí
    para descansar, a mí me pareció bien, hacía pocos días
    que había cogido las vacaciones y aun estaba un poco estresada.

    Después de una cena ligera y un rato
    de conversación, me fui a mi habitación para descansar, saqué
    del cajón mi camisón, muy cortito de satén, muy suave y
    cómodo, me desnudé y me lo puse. Enseguida escuché como
    ellos también se iban a la habitación, oía como hablaban,
    aunque no se entendía la conversación, tampoco me importaba demasiado.
    Se empezaron a oír risas, Ana se reía, lo intentaba hacer en silencio
    para que yo no lo escuchara, pero había tanto silencio en la casa que
    se percibía todo perfectamente.

    En pocos minutos se podían escuchar gemidos, respiraciones subidas de
    tono y el crujir del somier, con un movimiento regular.

    Paré mi respiración para poder oír aquel sonido, me empezaba
    a excitar, imaginaba como Iván estaba encima de ella , le chupaba las
    tetas y se la follaba, empecé a acariciar mis pechos por encima de la
    tela suave, mis pezones estaban erectos, bajaba mis manos por el resto del cuerpo,
    como si de un sensual masaje se tratara, me llevé las manos a mi raja
    que también acariciaba por encima de la tela, notaba mis labios y como
    el clítoris se había hinchado, y el suave tacto del satén
    rozando con él. Me levanté el camisón hasta la cintura,
    y me acariciaba por encima del pubis, chupé uno de mis dedos y lo volví
    a bajar hasta mi coño, lo abrí y empecé a frotarlo enérgicamente,
    me metía un dedo y luego dos, estaba muy caliente y aquellos dos seguían
    follando como conejos, el ritmo del sonido del somier había aumentado
    y los gemidos se hacían cada vez más profundos. Creo que me corrí
    a la par de ellos, me sonreía a mi misma pensando que había hecho
    un trío mental, me quedé dormida con el olor a sexo en mis dedos.

    Al día siguiente nos despertamos no
    demasiado tarde, desayunamos algo y nos fuimos a la playa, Ana simplemente llevaba
    la braguita del bikini y una camiseta de tirantes, yo me puse las dos partes
    del bikini y un pareo atado a la cintura, Iván un bañador y nada
    más.

    Llegamos a la playa y nos acomodamos, Ana se quitó la camiseta para poder
    lucir sus preciosas tetas, tiesas y redonda como las de una adolescente, yo
    solo me quité el pareo, no estaba muy acostumbrada a hacer top-less ya
    que poseo dos grandes cántaros y recibo demasiadas miradas indiscretas,
    eso me crea un poco de malestar. No obstante Iván me preguntó
    que si no me destetaba como Ana, le contesté con lo mismo, no me sentía
    muy cómoda, sonrió sin darle más importancia.

    Iván le ponía crema solar a Ana, repartido por todo el cuerpo,
    por la espalda, el culo, el abdomen, las tetas, etc discretamente a través
    de las gafas de sol le observaba, y pensaba que gusto que la sobaran así
    con crema, empezaron a venirme a la cabeza pensamientos impuros, y mis pezones
    se habían endurecido como anoche, me levanté y me fui al agua,
    para evadir aquella imagen.

    Después de un par de horas de playa,
    recogimos los bártulos y nos fuimos a dar un chapuzón a la piscina,
    para acabar de hacer boca antes de comer.

    Nos tumbamos en el césped, Ana y yo mientras Iván entró
    a hacer una sangría fresca. Ana se volvió a quitar la camiseta
    y el bikini, me miraba como esperando a que yo también lo hiciera, pero
    no fue así , entonces me dijo:

    -No te quitas nada?

    -Umm, no por que?

    -Aquí no te ve nadie, no hay vecinos.

    -Ya, no se…

    Y acercándose a mi, me dijo:

    -Ven anda, que te quitaré el bikini, así estarás morenita
    por todas partes.

    Me quitó la parte superior y aparecieron mis hermosas tetas, con sus
    pezones duros y rosados, y exclamó:

    -Pero Lara, si tienes unas tetas preciosas, no se por qué las escondes
    tan celosamente.

    Esbocé una sonrisa y contesté:

    -Por qué son enormes y me da corte.

    -No te preocupes, aquí solo estamos los tres. Me dijo mientras me quitaba
    la parte de abajo del bikini.

    Mi chochito estaba rasurado como el suyo, en
    eso estábamos igualadas. Me metí en la piscina, estaba fresca,
    el agua inundaba todos los recodos de mi cuerpo, era una sensación muy
    agradable, Ana se metió conmigo, estuvimos charlando mientras nos movíamos
    a través de la piscina con ligeros chapoteos. Le dije:

    -Salgo a tomar el sol.

    -Te acompaño. Me dijo.

    Y nos tumbamos cada una en su toalla, Ana sacó
    la crema solar y me pidió que le pusiera, yo accedí y se la empecé
    a aplicar por la espalda, los brazos y las piernas, me dijo que por el culo
    también. Tenía unas nalgas bien formadas, redondas y firmes, con
    una sensual marca blanca del bikini. Me gustaba masajear aquel culo, estaba
    suave, se dio la vuelta e hice la misma función, le apliqué bronceador
    por el abdomen y las

    piernas, entonces me dijo:

    -Ponme en las tetas también, que se
    me van a quemar.

    Eché un chorro de crema sobre sus pechos,
    que parecían dos flanes, morenos y perfectos, empecé a masajeárselos
    con cuidado, como si no quisiera que advirtiera que me gustaba tocarlos. Cuando
    acabé se ofreció para ponerme a mi y pensé, por que no?

    Repitió lo que había hecho yo anteriormente, sus manos eran suaves,
    echó crema en mis tetas, las cuales empezó a masajear no tan suave
    como lo hacía yo, parecía que no le importaba que yo me diera
    cuenta de que estaba disfrutando, siguió bajando hasta mi abdomen, con
    las dos manos hacía suave presión hacia abajo, era muy relajante
    aunque yo no estaba demasiado relajada, más bien empezaba a estar excitada,
    puso un poco más de crema en su mano y con la otra la frotó para
    tener las dos impregnada, empezó a aplicármela en el pubis, yo
    me sobresalté un poco, no me lo esperaba, ella se rió y me dijo:

    -También hay que proteger el chochito,
    si no se te va a quemar.

    Con una mano me masajeaba y con la otra me
    iba abriendo las piernas muy despacio, y poco a poco bajaba para tocar mis labios,
    yo levanté la cabeza sorprendida y dijo:

    -Lara relájate, que estamos de vacaciones.

    Se mordía los labios a la vez que seguía
    tocando, y me abría el coño para poder palpar mi clítoris
    y moverlo suavemente con movimientos circulares, hacia arriba y abajo, yo estaba
    muy excitada y me dejaba hacer, mi respiración era agitada y mi espalda
    se arqueaba a causa del placer. Metió su cabeza y con sus labios agarró
    mi clítoris, lo apretaba suavemente y con la lengua lo acariciaba y lo
    presionaba, con el dedo me acariciaba el agujero de mi coño, me estaba
    dando un gusto aquella zorrita…

    En aquel preciso instante apareció Iván,
    con una jarra de sangría y tres vasos, con una sonrisa en la boca, lo
    dejó todo sobre una mesita y se sentó en una hamaca a observar
    el espectáculo que Ana y yo estábamos dando, exclusivamente para
    él.

    Mientras miraba se acariciaba la verga, ya visiblemente dura y tiesa, aunque
    aún llevaba puesto el bañador, cuando creyó que ya estaba
    lo suficientemente caliente se acercó a nosotras, se inclinó sobre
    mi y empezó a chuparme las tetas, con la mano se las sobaba a su mujer,
    estaba gozando como nunca lo había hecho.

    Tiré de su bañador hacia abajo, para sacar su estaca, cuando la
    tuve ante mis ojos me la acerqué a la boca y empecé a chuparle
    la punta, a mordisquearla, hasta metérmela en lo más profundo
    de mi garganta, Ana seguía comiéndome el coño y el ano,
    mmm estaba muy, muy caliente, tardé segundos en correrme en la boca de
    mi amiga, la cual saboreó hasta la última gota.

    Ana se incorporó y se puso a horcajadas
    sobre mi, ofreciéndome su coño abierto, el cual yo no rechacé
    para nada, se lo lamí como se lame un dulce helado, me lo metí
    todo en la boca saboreando su clítoris, su agujero, todo, mientras le
    apretaba las tetas y estiraba sus pezones ella gemía como una perra en
    celo. Iván se colocó ante mi y con su polla tiesa apuntó
    hacia mi agujero, la metió entera hasta el fondo, hacia dentro y hacia
    fuera, la sacaba y me la metía por el culo con el mismo énfasis
    que lo hacía por el coño.

    En una explosión de placer, conseguimos corrernos los tres, Ana se corrió
    en mi boca, daba gusto saborear aquel néctar tan sabroso que mezclé
    con el de Iván cuando se corrió dentro de mi y sacando su polla
    me la ofreció para chuparla de nuevo y compartirla con Ana, que muy gustosamente
    acabamos de limpiar las dos.

    Una de mis fantasías se había
    hecho realidad, poder compartir con mis amigos aquellos gemidos que la noche
    anterior había escuchado al otro lado de la pared y tuve que saciarlos
    yo solita.

     

    Resumen del relato:
      Por no quedarse sola en casa en pleno agosto, acude con unos amigos de vacaciones, y será una grata experiencia.

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