Intercambios | Tus Relatos Calientes
Posts RSS Comments RSS 2,689 Entradas and 0 Comentarios till now

Archive for the 'Intercambios' Category

La fiesta

La fiesta (14)

Rosa, María, Carlos y Juan habían sido invitados a una fiesta
de la alta sociedad en una lujosa residencia en las afueras de Barcelona. Rosa
iba con un vestido largo y negro, con un generoso escote y la espalda
descubierta, casi hasta el culo. María llevaba una falda larga con una gran
abertura lateral y un body que tapaba sus senos dejando el resto del cuerpo a la
vista. Ambas, a pesar de la diferencia de edad estaban preciosas. Carlos y Juan
iban de etiqueta.

María y Rosa, a petición de sus maridos, llevaban ligas y sin
ropa interior, además les hicieron ponerse unas bolas chinas pues Juan y Carlos
deseaban que ellas estuvieran toda la noche calientes.

Durante la cena estuvieron charlando animadamente con sus
compañeros de mesa y para divertirse Rosa sé hacia pasar por la mujer de Juan y
María por la de Carlos.

Al finalizar la cena comenzó el baile y la gente fue
distribuyéndose por los jardines y salones de la casa. María le pidió a Carlos
que le acompañase a arreglarse un poco, pues los dueños de la casa habían
habilitado en el primer piso dos o tres dormitorios para la ocasión.

Ya en el dormitorio, Carlos cerro con llave la puerta, tomo
del brazo a María y la beso, esta se lo devolvió al tiempo que le metía mano en
su paquete. Al notar la polla dura de Carlos le bajo los pantalones, se agacho y
comenzó a mamársela mientras él jugaba con sus bolas. A cada tirón del hilo
María chupaba con más fuerza, Carlos al ver que eso la calentaba tiraba y
tiraba, y ella, totalmente fuera de sí, se comía su polla.

Carlos le saco las bolas y luego la puso de pie, y
levantándole el vestido y una pierna se la follo, ella se agarraba con fuerza
para notar toda su polla dentro de su coño. María se corrió primero, entonces
Carlos la puso de rodillas y ayudado por ella, que se la chupaba, se masturbo
hasta correrse en su cara. María le limpio el pene con su lengua.

Mientras Rosa y Juan bailaban y se besaban eran el centro de
las miradas por la diferencia de edad, así que ambos se fueron a un lugar más
discreto. Ella se sentó en un banco del jardín, Juan lo hizo a su lado y
siguieron besándose. La mano de Rosa acariciaba la polla por encima de los
pantalones al tiempo que Juan jugueteaba con el cordel de sus bolas, de su boca
escapaban gemidos de placer, su coño estaba ya chorreando.

Se agacho y le levanto el vestido. La lengua de Juan entraba
y salía del coño de Rosa al tiempo que tiraba de las bolas, unas veces despacio
otras rápido. Luego la puso a cuatro patas apoyada en el banco y la penetro por
detrás, con las bolas dentro, ella gritaba de placer puesto que su coño estaba
completamente lleno como si tuviera dos pollas en el mismo.

Al encontrase ambas parejas, Carlos le comento a Juan

- Me acabo de follar a tu mujer

- ¿Y que tal?

- Bien, me he corrido en su cara y con su lengua me ha
limpiado la polla

- Pues a la tuya me la he tirado en el jardín después de
comerle el coño

Luego ambos se fueron a buscar unas copas, mientras sus
esposas se habían ido a bailar y seguramente comentaban que se habían follado al
marido de la otra.

Juan, viendo que su mujer y Rosa iban todavía muy calientes,
le propuso a Carlos darles satisfacción a ambas y al mismo tiempo a su propio
morbo.

Fueron a buscar a sus esposas y con ellas subieron a uno de
los dormitorios que no se usaban, pues Juan conocía la casa, y que tenia la cama
con dosel soportado por 4 columnas. Ataron a sus mujeres, una a cada columna, y
les vendaron los ojos, luego las desnudaron.

Ambos, al verlas, decidieron follarse por el culo a sus
mujeres. Se pusieron detrás y después de poner saliva en su trasero Juan enculo
a su mujer y Carlos a la suya. Cuando terminaron las dejaron atadas y se fueron
al salón.

Allí se pusieron a charlar con dos jóvenes que al parecer
estaban sin pareja, Carlos no tardo en decirle a uno de los chicos

 

- ¿Oye sabéis que en el piso de arriba hay dos mujeres
desnudas y atadas?

- Venga, hombre, no puede ser

- No, no, de verdad, nosotros venimos de allí y nos las hemos
follado

- Que no me lo creo, tío

- Pues venid con nosotros. – Dijo Juan

Los cuatro subieron hasta el dormitorio, abrieron la puerta y
los chicos vieron a las dos mujeres atadas a las columnas. No daban crédito a lo
que veían. Juan les dijo

- Venga, entrad que nosotros vigilamos que no venga nadie.

Ambos jóvenes entraron y se acercaron a María y Rosa,
comenzaron a tocar sus desnudos cuerpos, sus manos acariciaban los pechos de
ellas mientras las besaban en el cuello y la espalda. Luego sus dedos fueron
deslizándose hasta llegar a sus coños, ya mojados.

Se desnudaron, no sin antes cerciorarse que Carlos y Juan
vigilaban, acercaron sus pollas a los culos de las mujeres y poniéndolas entre
sus nalgas se masajearon y cuando las tuvieron duras les pasaron la lengua por
los culos de Rosa y María. Ellas gemían de placer, y el morbo de no saber
quienes eran sus amantes.

Los dos jóvenes apoyaron sus pollas en la abertura del culo y
empujando poco a poco las encularon. Pronto un vaivén frenético, acompañado de
gemidos y gritos por parte de ellas que obligo a Carlos y Juan a entrar en el
dormitorio y cerrar la puerta. Allí estaban sus mujeres siendo folladas por el
culo delante de ellos.

Cuando los jóvenes terminaron, como Carlos y Juan estaban con
las pollas duras de ver enculadas a sus esposas se desnudaron dispuestos a
follarse a sus mujeres. Los chicos se iban a ir cuando Carlos les dijo

- ¿No os quedáis? Hay para todos.

Los jóvenes se miraron entre ellos y decidieron quedarse,
mientras Juan había cerrado la puerta con llave y desatado a María y Rosa. Les
quito la venda de los ojos y comenzó a besar a su mujer al tiempo que sus manos
acariciaban todo su cuerpo. Carlos hizo lo mismo con su mujer Rosa, la besaba e
introducía sus dedos en su mojado clítoris. Juan hizo una señal a los chicos y
estos se acercaron a María la cual toma en sus manos sus pollas y agachándose
comenzó a mamárselas.

Juan se fue junto a Carlos y su mujer, ahora era Rosa la que
estaba con dos hombres, su marido le metía la lengua en su coño mientras Juan
besaba sus pechos y le introducía un dedo en su culo.

Los dos jóvenes ya estaban follandose a María, la habían
puesto a cuatro patas y uno la follaba por la boca y el otro por el culo.

Carlos se echo en la cama y Rosa se monto encima, Juan le
pasaba la lengua por su culo y cuando estuvo lubrificado la enculo. Así
estuvieron unos minutos para luego proponer a los chicos un intercambio de mujer
cosa que así hicieron.

Juan fue ahora quien se echa en la cama y Carlos enculo a
María mientras Rosa montaba y el otro joven se la metía por detrás.

Cuando terminaron se ducharon los seis, por turnos de tres,
pues la ducha era muy amplia puesto que en realidad era una pequeña habitación
reconvertida en ducha. Allí, primero María y luego Rosa, fueron folladas por sus
acompañantes al tiempo que se duchaban.

Como era tarde Carlos y Juan decidieron quedarse en un hotel
cercano y volver a la ciudad al día siguiente. Ambos habían disfrutado y
compartido sus mujeres con desconocidos.

 

Resumen del relato:
    Dos parejas acuden a una fiesta dispuestas a organizar una pequeña orgía.

Juego peligroso

Juego peligroso (14)

Mi mujer, Ana, y yo siempre fantaseábamos cuando estabamos en
la cama con hacer un trío. Un día le dije que si ella quería que bueno pero que
llegada la hora ella no se atrevería.

Ana insistía en que no se cortaba por nada, yo no sé muy bien
porque pero acabe diciéndole que sí.

- De acuerdo, pero con una condición.

- ¿Cuál?

- Deberemos comenzar poco a poco para ir viendo como
reaccionamos. Primero saldremos a cenar o de marcha los dos solos. Te pondrás
ropa provocativa y ya veremos.

 

Cuando llego el fin de semana Ana se vistió muy sexy, como
era el principio del verano y hacia bastante calor se puso una falda corta con
algo de vuelo y un top muy ajustado que le remarcaba los pezones dejando el
vientre a la vista.

Fuimos cenar a un restaurante muy concurrido que hay en el
puerto, al entrar note como las miradas se dirigían a mi mujer Ana. El camarero
nos acompaña hasta la mesa, al poco en la de al lado se sentaron 4 ejecutivos de
mediana edad, sus miradas y comentarios se centraron en los pechos de Ana pues
era lo que de momento tenían accesible.

Al finalizar la cena le dije a mi mujer que porque no les
pedía fuego a los de la mesa de al lado. Ana se levanto y se acerco a la mesa de
los ejecutivos, estos al ver lo que se les acercaba mostraron su más amplia
sonrisa. Ella se apoya sacando su culo hacia fuera, uno de ellos le dio fuego
mientras los otros no sabían hacia donde mirar, la invitaron a sentarse y tomar
una copa a lo que ella asintió y no tuvieron más remedio que invitarme a mí.
Debieron maldecirme.

Entre copas y risas el ambiente se fue caldeando mientras Ana
tonteaba con todos y el que tenia al lado le ponía la mano en la pierna, cosa
que después supe por mi mujer, cuando vi que la cosa estaba a punto de
desmadrarse le hice una señal a mi esposa y con una vaga excusa desaparecimos
los dos.

Al llegar a casa y recordando lo sucedido yo me puse tan
caliente que hice el amor con Ana en el suelo del comedor.

Al cabo de dos días salimos a tomar una copa a un bar de moda
de la ciudad, ella llevaba unos pantalones blancos de lino transparente y un top
ajustado del mismo color, esta vez el juego seria que yo me sentaría en una mesa
y ella en la barra, cosa que así hicimos.

No pasaron ni veinte minutos cuando un apuesto joven se puso
a charlar con ella, pronto la cosa se fue calentando pues se cuchicheaban al
oído lo que él aprovechaba para besarla detrás de la oreja al tiempo que la
abrazaba por la cintura. Pronto un beso en la boca sustituye los primeros
escarceos.

Como vi aquello se me descontrolaba y que a ella le gustaba
le hice una señal para que nos viéramos en el lavabo. Allí le dije que nos
íbamos. Ella protesta pero yo no le di opción.

Ya en el coche de vuelta a casa me dijo

- Estoy harta de calentar braguetas ¿cuándo podré pasar a la
acción?

- No lo sé. Quizás la próxima vez.

- A ver, hacemos todo esto por que me dijiste que me dejabas
montar un trío pero yo ya me he cansado de mirar y no tocar.

Lo que no podía sospechar era que ella ya estaba decidida a
pasar a la acción.

El fin de semana fuimos a una discoteca después de cenar,
ella llevaba una faldita corta, un tanga y una camiseta ajustada y sin sostenes.

Después de estar dando vueltas durante una hora por la
discoteca nos pusimos en la barra a tomar algo cuando se nos acerco un joven a
pedir tabaco, mi mujer le dio uno y se lo encendió, mientras se lo encendía note
como le miraba los pezones que se le marcaban a través de la camiseta.

El chico no tardo en volver para invitarnos a sentar con
otros dos amigos en su mesa, Ana le dijo

- Ah si, fantástico que estoy cansada de estar de pie.

Ella se sentó entre dos de ellos. Ya se había tomado mas de
dos copas cuando comenzó a tontear con los tres, primero contaba chistes verdes
y cuando se reía inclinaba su cabeza hacia uno de sus acompañantes. Note por la
posición de los brazos que le estaban metiendo mano en las piernas cosa que no
parecía importarle pues lo único que ella hacia era tocarme los huevos con su
pie.

En un momento determinado se levanto para ir al baño que uno
de sus acompañantes dijo que también tenia que ir. Lo que sucedió me lo contó
Ana en casa y esto fue lo que paso.

El chico alcanzo a mi mujer en la puerta del lavabo la toma
por el brazo y sin ningún tipo de preámbulo la beso, ella lo abrazo y le dio su
lengua, durante largo rato intercambiaron su saliva y su lengua, él aprovecha
para arrancarle su tanguita. A continuación entraron los dos en el baño, el se
sentó en la taza del wc mientras Ana se colocaba enfrente, él le separa las
piernas e introduciendo su mano debajo de la falda comenzó a juguetear con su
clítoris, sus labios vaginales.

El coño de Ana empezó a soltar jugos vaginales de lo caliente
y cachonda que estaba, el chico se saco su polla y tomando a mi mujer la sentó
encima de su verga. Ella comenzó a cabalgar cada vez con mas fuerza que casi
rompen la taza del wc.

Paso casi media hora hasta que volvieron a la mesa, y no
tarde en notar algo raro en el ambiente pues los cuatro cuchicheaban entre sí.
Luego supe que los otros dos ya sabían que su amigo se había follado a mi mujer
y ellos también quería su ración.

Yo le hice una seña a Ana y me dirigí al lavabo, al poco
llego ella

- ¿qué ha pasado en el baño? Le pregunte.

- Nada

- Nada no, algo ha pasado que no soy tonto y no me chupo el
dedo.

- Que he pegado un buen polvo

- ¿cómo que has pegado un polvo?

- Si ¿acaso no veníamos a eso? ¿No es lo que querías? Que me
follase otro.

- Bueno si – balbuceé, sin saber muy bien que decía.

Ella volvió a la mesa y al poco yo hico lo mismo. El segundo
chico le dijo a Ana de salir a bailar pero me fije que el destino era el baño.
Yo que quede atónito, se la iba a follar otra vez en mis narices.

En el baño el chico apoyo a Ana contra la pared y levantando
la falda comenzó a lamerle el ano, ella gemía de placer pues era algo que no
había hecho nunca y la excitaba sobremanera. El chico comenzó a empujar la punta
de su pene en el ano de mi mujer, su polla fue penetrando poco a poco, cuando la
tuvo toda dentro la saco y volvió a comenzar la operación, así varias veces. A
cada embestida el culo de Ana se iba dilatando, pronto la polla del chico
entraba y salía con rapidez mientras ella trataba de ahogar sus gritos de placer
para no llamar la atención.

Yo que de alguna forma había propiciado lo que estaba pasando
ahora me arrepentía, me sentía un cornudo cabron con cara de imbécil al que se
estaban follando a su mujer.

Cuando volvió a la mesa no tuvo tiempo de sentarse pues el
tercer chico la toma por la mano y me dice

- Con tu permiso la saco a bailar

Y evidentemente se fue directo al baño, hizo sentar a mi
esposa en la taza y sacando su polla sé la metió en la boca. Ana se la chupo,
entraba y salía de su boca con brío y cuando este se iba a correr le sujeto la
cabeza al tiempo y que un potente chorro de semen caliente explotaba en su boca.

Cuando volvieron a la mesa uno comento

- ¿os parece que vayamos a mi casa a tomar unas copas?

- Estupendo – dijo mi mujer

 

Todos se levantaron y yo con ellos, subimos en el coche de
uno de ellos y a mí me hicieron sentar delante mientras Ana detrás se puso en
medio.

En el trayecto pude ver como Ana se puso a follar con el que
estaba detrás de mí mientras con una mano pajeaba a su compañero. SI realmente
yo me sentía gilipollas.

Al llegar al destino, en el ascensor Ana estuvo tonteando con
todos mientras los chicos le metían la mano debajo de la falda.

Al entrar en el apartamento sacaron botellas de alcohol, Ana
se puso un trago de vodka y que yo intente impedir, sin éxito, pues ya estaba
bastante bebida.

Ana se sentó en el sofá cuando un chico se le acerco, le
separo las piernas y comenzó a lamerle los labios vaginales, vi como su lengua
jugueteaba con su coño y yo allí con un vaso en la mano y preguntándome porque
no terminaba con aquella incipiente orgía.

Supongo que el morbo de ver como se follan a tu mujer puede
llegar a ser más fuete que otras cosas.

El segundo, que ya se había desnudado, se acerco y le puso su
polla en la boca. Ana le mamaba la polla con placer, sus ojos estaban cerrados y
sus piernas completamente abiertas para facilitar el trabajo de lengua en su
clítoris. El chico se incorporo y tomando las piernas de Ana la penetro. El culo
del joven se movía a cada embestida, cuando el que tenia su polla en la boca iba
a correrse le dijo al otro

- Ven que nos correremos en su cara

Acercaron sus pollas al rostro de Ana y mientras ella las
chupaba y con sus manos masturbaba dos potentes chorros de semen se estrellaron
en su cara, los tres se besaron. El chico que estaba conmigo y que todavía no se
había follado a Ana me dijo

- Anda vamos nosotros ahora que tu amiga pide más.

El se quita la ropa y se acerca a Ana para que le chupe su
polla, la boca de mi mujer parecía una vagina pues la verga entraba y salía con
rapidez

- Vamos, venga tío, follatela de una vez.

Y ya me veis, me desnude y me puse a follar a mi mujer
delante de otros tíos. Realmente, pense, era un imbécil.

Cuando nosotros dos estabamos a punto de terminar que uno de
los chicos de antes se había sentado a nuestro lado y se estaba pajeando y
cuando la tuvo dura le dijo a mi mujer

- Ana, ven y monta

Ella se deshizo de nosotros y se monto en la polla mientras
el que la tenia en la boca se sitúo de forma que pudiera seguir Ana mamándosela,
estaban los tres cabalgando que ya le estaban metiendo un dedo en el culo, ella
se echo hacia delante y el tercer chico la enculo.

Oh dios, Ana follada por todos sus agujeros y yo mirando como
un idiota y mi polla tiesa. Que imagen más estúpida.

Ya de regreso a casa estuvimos sin hablarnos cerca de una
semana, luego la cosa se fue normalizando y creí que todo había terminado pero
no fue así. Ana se echa un amante y durante un año fue de cama en cama, creo que
tuvo cinco amantes, hasta que al final acabo con tenia que acabar, con el
divorcio.

Ella se enamora de su ultimo amante y yo me quede solo,
cornudo y cabron.

Espero que os haya gustado.

 

Comentarios, criticas y demás a:
POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Tenían una fantasía, como no sabían cual iba a ser su reacción si la llevaban a la realidad, empiezan a -jugar- lentamente.

Mi amiga inocente

Mi amiga inocente (14)

Esta historia comienza a inicios del mes de Marzo, 2002, tenia una amiga
desde hace varios años con la cual nos veiamos muy poco y solamente la saludaba
por telefono, nunca me habia atraido como mujer, ya que siempre la habia
observado con su tradicional uniforme de trabajo, el cual no era nada atrevido
si no todo lo contrario..

Ella vivia sola, en una casa muy grande, la cual tenia varias habitaciones y
un espacioso jardin

Una noche ella me llamo, y me pregunto que si no queria ir a su casa a ver
algunas peliculas que habia rentado, debido a que no me atraia mucha , y estaba
muy cansado le dije que mejor otro día

Al pasar los días , me volvio a llamar y me pregunto nuevamente si queria ir
a su casa, que habia rentado unas peliculas de estreno muy buenas, bueno por no
quedar mal con ella le dije que si , cuando llegue a la casa de ella , me llevo
una gran sorpresa ella estaba con una camiseta blanca muy señida la cual asia
que le resaltaran unos ernormes pechos que nunca le habia visto, sus pesones
resaltaban en esa camisa ajustada , tenia puesto un shor muy ajustado que hacia
que se le notaran muy bien unas nalgas muy atractivas que se tenia , eso me
exito muchisimo que mi pene empesaba a inquietarse, luego me hizo pasar a a la
sala, donde tenia un sofa muy grande , donde cabian quisas unas cuatro personas
muy comodas, me sente a la par de ella, y mientras ella conectaba el vhs, para
ver las peliculas , mis ojos se deleitaban viendo ese ermoso cuerpo que nunca lo
habian visto, para poder conectar el vhs al toma corriente tubo que agacharse y
ponerse en cuatro patas, lo cual hizo que me exitara mas de los que estaba

Habia pasado quisas media hora de estar viendo la pelicula, cuando yo le dije
a ella que me dolia el cuello y ella sin pensarlos dos veces me dijo que si me
daba un masaje, yo gustosamente le dije que si, y empeso a sobarme el cuello,
tiene unas manos muy suaves y unas uñas muy bien cuidadas , derrepente ella me
empeso a sobar el pecho con esa manos tan suaves lo que hizo que me exitara ,
ella me pregunto si me gustaba yo le dije que si, que siguiera, ella me dijo
cierre los ojos y como niño obediente los cerre, luego ella me sobada mi pecho
mas suavemente y quisas observo que mi pantalon se ponia como carpa de circo

Y espeso a besarme el pecho pasandome su lengua de un lado a otro lo que hizo
que mi pene casi etallara me pregunto si me gustaba y le dije que me encantaba,
luego me pregunto que si no queria lechita , y sin responderle ella saco su
exquisitos pechos y mes los puso en mi boca y como buen niño comense a chuparlos
como loco, estaban tan ricos, yo seguia con los ojos cerrados, y cual fue mi
sorpresa ella me bajo los pantalones y comenzo a mamarmela como toda una
profesional era tan rico, ella me decia al oido que era la primera vez que hacia
esto, estaba como loca me la mamaba tan rico, que de mi pene se escaban unos
liquidos, que para ella eran deliciosos ya que ella me decia quiero mas mas mas
mas mas.. estas palabras me exitaban a cien por hora luego ella me dijo que
abriera los ojos , y me dijo que le mamara su pancito lo cual no dude en
hacerlo, estaba tan humeda la acoste en el sillon le baje sus pantaloncillos, al
parecer esto ya lo habia planeado ya que andaba sin tanga, luego de acostarla le
abri las piernas lo mas que pude, y empese a mamarle ese pancito tan calientito
que tenie a lo cual ella jemia y decia meteme mas tu lengua que rico que rico
que rico quiero mas mas mas , al parecer ella tubo su primer orgasmo ya que de
su vagina brotaba unos jugos tan sabrosos , ella se levanto y me dijo ahora
sientate tu, agarro mi pene muy suavemente y comenso a comerselo me decia que
rico esta tu pene, y cada vez me mamaba mas rico mi pene ya no aguantaba y le
dije ya casi me vengo, y me pidio que terminara en su cara, lo cual sin pensarlo
dos veces me corri sobre su rostro luego cuidadosamente termino de limpiar mi
pene con sulengua, que noche esa

Ya ni vimos la pelicula , hoy lo que hacemos es que yo la llamo todos los
fines de semana para hacerle compañia , o mas bien dicho para ponerla a mamar ya
qe eso es lo que le encanta a ella ………..

 

Resumen del relato:
    Esta historia trata de una amiga que tengo, la cual era muy conservadora pero que resulto ser muy diferente.

Fiesta con mi cuñada

Fiesta con mi cuñada (14)

Esta historia ocurrió cuando tenia 23 años, mi novia 21 y mi cuñada 23 ahora
tengo 35 estoy casado con la que era mi novia y me llevo de maravilla con mi
cuñada y cuñado.

Un fin de semana de verano nos fuimos al chalet de la sierra de mis suegros,
mi novia que tenia y tiene un cuerpazo iba para modelo y su hermana Carmen
aunque más bajita tenia una cara preciosa, un tipo muy mona con unas tetas
juguetonas debajo de la camisa y un culito respingón, al tener mi misma edad nos
llevabamos muy bien y existía cierto morbo ya que las conocí ambas juntas en una
fiesta e igual que empece a salir con Susana podía haberlo hecho con ella.

Eran las fiesta del pueblo y nos fuimos los tres, estuvimos bailando,
bebiendo mucho hasta nos fumamos uno porretes que a las dos les sentaron fatal,
teniendome que hacer cargo de ellas. Al llegar a casa Carmen mi cuñadita estaba
casi desmayada por lo que con la poca ayuda de mi novia la desnudamos y en ropa
interior la tumbamos en su cama. Estaba preciosa, por supuesto era la primera
vez que la veía así.

Me quede mirándola su cuerpazo así estirada, Susana se dio cuenta y de
repente me quede helado cuando dijo:

¿Si quieres la desnudamos del todo, total no se va a enterar?

No la conteste solo me quede mirándola y la sonreí.

Ella se acerco a su hermana y le retiro el sujetador, dejándome ver sus tetas
erguidas con las aureolas rosadas y algo abultadas apuntando al cielo y los
pezones sobresaliendo ligeramente, me quede alucinado ya no solo por la preciosa
vista si no por el morbazo de la situación, mi cuñada desnudada por su hermana.
Evidentemente se me puso el miembro a cien y Susana lo tuvo que notar ya que me
dijo:

¡ Y aun te queda por ver lo mejor ¡

le dio la vuelta , quedando de espaldas, Carmen entre quejidos se dejaba
hacer, le coloco el culo en pompa con esas braguitas de algodón su culo tenia
forma de corazón, con un tamaño proporcionado a su cuerpo pequeño, delgado y
firme. Me imaginaba su tacto suave. Como pudo Susana le bajo las bragas hasta
que se lo permitía las piernas dobladas ya que estaba casi de rodillas. Quedando
las bragas en sus muslos pude ver sus preciosas nalgas, de las que Susana no
tardo en separarle para mostrarme su estrella rosada y apretada y por supuesto
seguro que virgen. Notaba como se me mojaban los calzoncillos y a través del
pantalón empece a masturbarme, pero me dijo Susana.

ESPERA que ahora viene su coñito:

La giro y acabo de quitar las bragas, quedando esta totalmente desnuda,
estaba también un poco asustado porque en cualquier momento Carmen podría
reaccionar, pero la vista era impresionante

Lo lleva depilado, dejando el triángulo del monte de venus, así que se
apreciaban claramente los labios mayores.

Susana le separo las piernas, y pude ver la piel de un rosa profundo y
brillante, y observar donde se unen los labios menores y su clítoris.

Susana acerco su mano y con dos dedos separo sus labios menores, dejando ver
su cueva a simple vista estrecha pero llamándome a gritos ya que
incomprensiblemente estaba empapada.

¿ Quieres tocarla?me pregunto Susana riendo.

¿?¿ HUM , esto bueno … preferiría FOLLARMELA!!!!

Pues no la volverás a tener como esta en la vida, ósea que tu mismo…, me
dijo acostándose en la cama de al lado como pasando del asunto.

Me desnude rápidamente me coloque frente a Carmen, tenia ya los huevos a
punto de estallar y la picha se me salía de los calzones. Me coloque frente a
Carmen le separe aun más las piernas me coloque en medio, dirigí mi glande en su
apertura y sin ninguna contemplación de un empujón le metí la picha hasta rozar
los huevos en su culo, le apreté los senos, la morree y me salí para correrme
frente a su chocho abierto y su culo recibiendo ambos todo mi chorro.

Cuando mire al lado Susana estaba dormida, la desnude me acosté al lado y nos
dormimos en la habitación los tres desnudos.

Al día siguiente me desperté el ultimo me vestí, me fui a la cocina y ahí
estaban las dos desayunando.

VAYA RESACA QUE TENEMOS, HOY PASAMOS DE FIESTAS NOS QUEDAMOS AQUí TODO EL
DIA…

Benjie.

 

Resumen del relato:
    Tras volver de la fiesta del pueblo, mi cuñada cae en su cama medio inconsciente y…

Un suave masaje

Un suave masaje (14)

Hola, me llamo Carla y les voy a contar lo que me sucedió hace un año.

Todo comenzó hace tres años, cuando un día mi marido Mariano me dijo en una
charla que le gustaría hacer una tricota en la cama.

Desde ese día hasta hace un año sufrí, por ese y todos los comentarios que le
siguieron.

Nosotros estamos casados hace doce años y tenemos dos hijos y para mi el sexo
era como una etapa superada de mi vida, que la habíamos vivido muy fogosamente
durante mi noviazgo, todo dentro de un marco lleno de ética y moral, sin cosas
raras, como verán soy muy religiosa y no me gustan las cosas que afecten mi
moral, (pero esto me sirvió solo para sufrir como una tonta)

Ya, a los años de casada un día Mariano apareció en casa con un regalito para
mi, se trataba de un consolador, que se lo tire por la cabeza sin dudarlo, y le
dije que yo no era ninguna puta para usar esas porquerías.

Después de casi una semana de no hablarnos, me sentí un poco culpable al ver
a Mariano andar por la casa como un perro con la cola entre las patas, y nos
volvimos a poner bien, con la condición de nunca volver a hablar del tema. (como
verán tampoco me gustaba hablar de sexo, para mi era un tabú).

Muchos meses después mientras hacíamos un 69 (cosa que siempre disfrute
mucho) estaba muy excitada y sentí que Mariano me penetraba con algo que no eran
sus dedos, pero se sentía tan pero tan bien que solo me dispuse a seguir gozando
del momento, y esa noche lo hicimos tres veces, cosa que hacia mucho no pasaba.

Esa noche solo goce, pero sabia que había usado ese consolador de mierda,
(que suerte que no lo tire aquel día). pero a Mariano no le podía decir lo bueno
que se sentía después de haberle hecho semejante quilombo.

El tiempo paso y seguimos disfrutando de esa porquería.

Este relato fue de introducción para que me conozcan ahora empieza lo que
comenzó hace tres años atrás.

Un día estabamos charlando y me dijo que le gustaría algún día hacer una
tricota en la cama, a lo que respondí ni lo sueñes y me levante de la meso y me
fui a dormir, cosa que no pude hacer en toda la puta noche.

Mil cosas me pasaban por la cabeza creía que ya no me quería mas, que este
era el comienzo del fin de nuestro matrimonio, que no tenia vergí¼enza de querer
traer a una puta a mi cama, y que seguramente se la estaba cogiendo en otro
lado.

Esto no fue nada comparado con lo que vino después.

Unos días después me dijo que la tricota la quería hacer con otro tipo, Chau,
dije: cogemos tan poco que se hizo puto.

Pero con el tiempo me di cuenta que no era así y solo me insistía solo cuando
hacíamos el amor y yo estaba re caliente por acabar.

Siempre me decía que quería hacerme sentir como una reina junto al y otro mas
y que quería verme gozar con otro y bla bla bla.

Durante dos años me rompió las pelotas siempre con el mismo cuentito y yo ya
no le daba bola.

Hasta que un día hace un año volví a casa después de haber compartido un día
de pileta con unas viejas amigas, y me encontré con Mariano y José, uno de sus
amigos, Mariano estaba haciendo un asado, cenamos y tomamos café, levante la
mesa y un pocillo se me cayo al piso, demás esta decir que se hizo pelota, pero
cuando me agache para levantarlo me agarro una puntada en la espalda y me quede
dura.

Ellos me llevaron hasta un sillón, Mariano me hacia unos masajes pero me
hacia ver las estrellas.

José, que era medico dijo que lo mejor era un baño caliente, y los masajes
después, cosa que hice de inmediato.

Después del baño de inmersión caliente, ya casi me caía del sueño que me dio
y me acosté, Mariano delante de mí le dijo a José si no me hacia unos masajes ya
que el sabia.

No me gusto un carajo la idea de que otro me tenga que tocar por mas medico y
amigo que fuera, pero el dolor era tal, que me la banque.

José pidió crema, y se la puso en las manos y se las froto un rato para que
se le calienten, cuando me puso las manos encima me puse mas tensa, que una
cuerda de violín.

El se dio cuenta y me dijo que me relaje, después de un rato me di cuenta de
que los masajes eran maravillosos y sin ningún doble sentido, lo que me relajo
mucho más.

Al rato se acerco Mariano y le dijo que le enseñe, y ya eran cuatro manos
tocando mi espalda, me agrado mucho y Mariano se dio cuenta, porque cuando podía
me tocaba el culo, y yo con disimulo lo sacaba Yo estaba con una malla de dos
piezas y Mariano me desprendió el corpiño, con tal disimulo que no lo sentí.

El o no se quien, me comenzaron a masajear los glúteos, ya a esta altura
estaba tan excitada que deje a un lado todos mis prejuicios y me dispuse a
gozar, una mano me abrió suavemente las piernas, y otra entro por el costado de
la malla y entro hasta lo profundo de mi vagina, que ya estaba chorreando de
calentura, Mariano me agarro una mano y me la puso sobre su pija que ya estaba
afuera de su pantalón y lo comencé a masturbar, mientras que el me llevaba la
otra hasta la pija de José.

Cuándo se la agarre no sabia si era su brazo o la verga, pense que esas cosas
eran de película, me dio pánico de que me parta al medio, por eso ni lo dude y
me senté arriba para controlar la situación (o fue para cogerlo cuanto antes?)

La cosa es que esto duro toda la noche, cada uno se hecho cuatro y yo perdí
la cuenta.

Y a la mañana siguiente cuando José se fue, Mariano me abrazo muy fuerte y
volvimos a hacer el amor otro vez para sellar nuestro amor.

Después de esta experiencia, yo hablo de sexo con Mariano como nunca, y
acordamos repetir esto cada tres meses, (cosa que cumplimos muy puntualmente).

Fue así como deje de sufrir como una boluda por miss prejuicios y tabúes que
no me ayudaron a nada, solo a darme cuenta que sirven para joder.

También me di cuenta que estas experiencias solo las pueden hacer aquellas
parejas que se aman, porque es como disfrutar de un viaje, una buena comida, una
película, etc. se disfruta junto a tu ser querido.

Hoy ya no soy tan prejuiciosa y vivo mejor y puedo decir viva el sexo con
amor fidelidad y responsabilidad.

 

Resumen del relato:
    Nunca pense que la propuesta fuera tan buena: escuchen a esos maridos hincha pelotas.

Mi amigo se enamoró de los pechos de mi mujer

Mi amigo se enamoró de los pechos de mi mujer (14)

Hace ya bastante tiempo, entablamos relación con un matrimonio, dos chicos
estupendos con los que compartíamos algunas salidas: ir al cine, … tomar unas
copas …. El, Jaime, era un chico alto, sanote, algo más joven que yo, muy
atractivo físicamente y con un comporta- miento noble, leal y sin dobleces ni
envidias. Ella, Sylvia, tenía las mismas cualidades mora-les y de comportamiento
pero, en el físico, contrastaba notablemente. Era rubia, no muy alta, menuda,
pero redondita, con dos pechitos que eran poco más que dos limones y un culito
pequeño, redondo y respingón. Era como una muñeca, pero también muy atractiva y
que inspiraba un sentimiento muy particular de querer acariciarla, mitad por
ternura y mitad por deseo.

Se querían con locura. Se llevaban estupendamente bien y no había entre ellos
ninguna incomprensión, salvo que, según me confesó Jaime un día, había una
pequeñita laguna: Por culpa de que el tenía un pene demasiado grande y ella una
vagina pequeña, muchas veces, al intentar penetrarla, le causaba algo de dolor y
acababan haciéndose, mutuamente, una paja. Además, -me dijo- la pasión fuerte me
la provocan los pechos y caderas más grandes y ro-tundos que los de Sylvia. En
una ocasión se le escapó decir: -"Así como los que tiene tu mu-jer.-

Aquel verano, un sábado noche, habíamos quedado en cenar juntos para celebrar
que se ha-bían comprado coche nuevo.

Estaba yo, esperando que Mª Carmen terminara de arreglarse para salir,
sentado en el salón de casa, tomando una cerveza y cuando ella apareció casi me
atragante, al verla tan hermosa, bellísima, maquillada y vestida con un vestido
negro, ceñido que, aunque ya se lo había puesto algunas veces, nunca le ví un
escote tan espectacular que le hacían los dos pequeños tirantes y aquel
sujetador que le recogían las tetas, dejando ver la parte superior y el
canalillo que sugerían multitud de pensamientos eróticos.

En aquel momento cruzó por mi mente el recuerdo de Jaime y lo que, en aquella
ocasión, me había confesado sobre su predilección sobre los pechos y caderas
rotundos y le dije: -"Con ese escote vas a causar estragos"-

-"Me he puesto este vestido – me contestó- porque Sylvia me ha dicho que ella
iba a ir de blanco y, si yo me ponía este negro, haríamos un bello contraste.
Además no creo que vaya exageradamente provocativa pero, si dices eso, me echo
un echarpe por los hombros."

-"No seas tonta – le respondí – Te lo he dicho adrede. Vas muy bien y,
además, hace calor. Vámonos.

Fuimos a reunirnos con ellos. Al saludarnos, cuando Jaime besó a Mª Carmen,
notamos los tres el gran impacto que le causó aquel escote y aquellas tetas
esplendidas y exclamó:-"Me deja impresionado lo guapísima que estás o, con
permiso de estos dos te diría que estas "bue- nísima".

Reímos todos y yo también requebré a Sylvia diciéndole que estaba preciosa
con aquel ves-tido. Era verdad; era muy liviano, casi transparente y, como al
tener el pecho pequeño, no lle-vaba sujetador, se le notaban las tetitas y los
pezones. Parecía una muñeca.

Nos llevaron al restaurante en el que habían reservado mesa. Cenamos muy
bien, con exce-lentes vinos y champán en el postre. En amigable camaradería,
charlamos, reímos e hicimos

 

Todo tipo de comentarios que, conforme aquellos vinos surtían efecto, eran
cada vez un poco mas subidos de tono.

Al terminar la cena, para corresponderles, les invitamos nosotros a una Sala
de Fiestas que estaba junto al restaurante y en la que hacían un espectáculo
erótico. Nos sentamos en el di-ván de una mesa bien situada, pedimos unos
cubatas y contemplamos el pase de las atraccio-nes. Entre el vino, el champán, y
los cuba libres, lo que ocurría en la pista nos sugería comen-tarios cada vez
más procaces y de más alto contenido erótico.

Yo ya había observado en el restaurante que la mirada de Jaime se posaba, de
vez en cuan-do, en el escote de Mª Carmen, pero, ahora lo hacía más a menudo y
con más insistencia y mirada verdaderamente ávida. El ambiente se iba caldeando
más y más y, a lo que hablaba-mos, se unía que las manos, sobre todo las de
Jaime, cuando se posaban en el brazo o en la mano, ya no se retiraban tan rápido
como antes; se dejaban más tiempo, como no queriendo dejar el contacto.

Acabó el espectáculo; atenuaron las luces y sonó la música de baile. Sylvia y
Jaime se le-vantaron y se perdieron, enlazados, en la pista.

Nos quedamos solos Mª Carmen y yo. Le pasé el brazo sobre los hombros; se
recostó so-bre y le pregunté –"¿Qué tal estás?. Te noto algo rara." –"Sí – me
respondió – Entre las con-versaciones que estamos teniendo y que Jaime está
mirándome el pecho continuamente, la verdad es que cada vez estoy más nerviosa y
excitada y no sé en que puede acabar todo esto."

-" Ya te dije – le contesté – que ese escote iba a hacer estragos, porque
sabía que a Jaime le atraen los pechos y caderas como las tuyas y debe estar
poniéndose cachondo perdido. Tu no te preocupes, déjate llevar y vive el
momento."

La besé en la mejilla; le acaricié en los brazos desnudos y callados
estuvimos hasta que re-gresaron nuestros amigos.

-"¿No bailáis?". Preguntó Jaime.

Mª Carmen contestó: "A éste (por mí) no le apetece y como además mucho no le
gusta… Entonces le habló Sylvia: Yo también estoy cansada. Baila con Jaime que
yo me quedo aquí sentada."

Jaime le tendió la mano. Mª Carmen se levantó y enlazados se fueron a bailar.

Sylvia se sentó a mi lado. Estaba sofocada; se lo dije, achacándolo al calor
y ella me res-pondió: -"No es solo el calor. Es que no sé lo que le pasa a Jaime
que está supercachondo y la verdad es que, por bailar conmigo, nunca se había
puesto en ese estado. Fíjate, tal como están bailando de apretados, tiene que
notarle Mª Carmen el pene ya que lo tiene completa-mente en erección y duro como
una piedra.

Miré y, efectivamente, no solo bailaban completamente pegados, uno junto al
otro, sino que las manos de él iban acariciándole y, sobre todo, aquellas
caderas que debían estar volviendo-le loco.

Le dije: "Mira Sylvia. Yo creo que se ido poniendo así de cachondo por culpa
de lo que he-mos bebido y de los pechos y caderas de Mª Carmen. Continuamente
los está mirando cada vez con más pasión.

-"Sí – me contestó – ya me he dado cuenta y seguro de que tienes razón y será
eso, porque sé que le atraen mucho ese tipo de pechos y caderas como los que
tiene tu mujer. Una vez – me insinuó que podía operarme del pecho para tener
alguna talla más, pero a mí me da mie-do.

 

 

-"No digas tonterías – continué yo -. Esos pechitos que tienes, tan duritos y
con esos pezones que se notan a través del vestido, son una verdadera tentación
para cualquier hombre. Yo mismo estoy pensando toda la noche en lo delicioso que
sería acariciártelos y besarte en los pezones.

-"Calla, por favor. Como sigas diciéndome cosas así me vas a poner fuera de
mi y comple-tamente excitada".

Callamos. Le rodeé los hombros con mi brazo, la atraje hacia mí y, muy
suavemente, le acaricié la cintura que, con aquel vestido tan sutil, parecía que
le tocaba la misma piel. Subí la mano hasta sus pechos y al rozar sus pezones
noté que se encrespaban y que su cuerpo se estremecía todo. Seguí rozando su
vestido hasta que mi mano se posó sobre su muslo y su-biendo hasta su
entrepierna note su vello púbico a través del vestido y de sus braguitas.

A la vez que acariciaba aquel cuerpo tembloroso, con los ojos entornados
miraba hacia la pista donde Mª Carmen y Jaime seguían abrazados, bamboleando sus
cuerpos al compás de la lenta música, sin mover apenas los pies del suelo y las
manos de él explorando los mara-villosos rincones que tenía el cuerpo de mi
mujer. Contemplando aquello, mi excitación su-bió bastante más.

Al fín volvieron a la mesa. Iban ardiendo; la mirada algo perdida y cierto
nerviosismo al hablar. Además, él que, por cierto, al no llevar chaqueta, no
podía disimular el gran bulto de su entrepierna, continuó llevando enlazada por
la cintura y, sin soltarla, se sentaron. Yo tam-poco separé mis manos de los
hombros y de los muslos de Sylvia. Ya ninguno disimulába-mos lo que cada uno
sentía.

Entonces Sylvia habló así: -"Se me ha ocurrido una idea, a ver que os parece.
Tenemos en casa una botella de champán que llevamos mucho tiempo guardando para
una ocasión espe-cial y como no se nos va a presentar ninguna mejor que ésta, os
propongo vayamos a casa, nos la bebemos y acabamos allí la velada. Incluso os
podéis quedar a dormir.

Nos pareció estupendo; nos levantamos y nos fuimos.

Al llegar, mientras ellas se acicalaban en los aseos, Jaime y yo nos
instalamos en el salón y, después de sacra la botella de champán y las copas,
nos sentamos en dos sofás colocados en ángulo. Abrió la botella, llenó las copas
y esperamos. Cuando llegaron, sin saber el por qué y de una forma de lo más
natural, Mª Carmen se sentó en el sofá de Jaime y Sylvia en el mío.

Brindamos. Juntamos las copas, después las cuatro caras; nos besamos todos y
bebimos.

Sacó Jaime una baraja y propuso un juego que consistía en hacer cuatro
montones con las cartas y que cada uno de nosotros elegía uno y el que sacare la
carta más alta le impondría al que sacase la más baja una penitencia, que podría
consistir en quitarse alguna prenda o hacer-le algo a algún otro.

Como todos seguíamos muy calientes, aceptamos sin rechistar y con entusiasmo.

Comenzó el juego. Conforme avanzaba los comentarios eran más procaces, el
ambiente se iba caldeando, nos íbamos poniendo más y más cachondos y el sexo
flotaba en toda la habi-tación. En una ocasión Jaime, que había ganado, le pidió
a Mª Carmen, que había perdido, que tenía que dejarse que yo le quitase el
sujetador. Lo hice y, al sentirse libres de aquella cárcel que los oprimía, sus
pechos saltaron gozosos y se mostraron en toda se esplendidez.

Miré a Jaime y pensé que iba a marearse.

En justa venganza, cuando fui yo el que ganó le dije a Jaime que le quitase
el sujetador a Sylvia (yo ya sabía que no llevaba, pues la había estado
acariciando en la sala de fiestas). Al decirlo ella le exigí que se bajase los
tirantes del vestido, dejando éste en la cintura y al aire aquellas tetitas que
me produjeron un fuerte deseo de acariciar y de besar aquellas fresitas

 

Tiesas que parecían sus pezones.

Seguimos. Mª Carmen que, como los demás, estaba ya completamente sumergida en
aquel ambiente de lujuria y de deseos contenidos, cuando le tocó su turno, me
pidió que le quitase a Sylvia "la prenda más húmeda que lleve". Al sacarle sus
braguitas, blancas como su vestido, nos mostró su "rajita", coronada por un
pubis cubierto de un vello rubio.

A continuación fui yo el que le dije a Mª Carmen que tenía que quitarle los
pantalones a Jaime (no sabíamos que al llegar a casa e ir al baño, como estaba
excitado y el boxer le mo-lestaba, se lo había quitado y no llevaba nada debajo
del pantalón). Desabrochó el botón, bajó la cremallera y, al tirar de la prenda
hacia abajo, saltó, como un auténtico muelle, el pene, grande, grueso, tieso,
erecto y duro como una roca.

Mª Carmen, agarrando todavía el pantalón con manos temblorosas,, miraba con
ojos llenos de asombro, aquella espléndida "herramienta"que, aunque ya la había
sentido pegada a su vientre, cuando bailaron, no imaginó que era de aquel tamaño
y de aquella turgencia. Admi-rando aquello su vagina debió recibir una oleada de
calores y fluidos vaginales, de tanto deseo como la debió de invadir. Eso es lo
que yo pensé y también recordé el chochito de Sylvia y el por qué de sus
problemas de penetración.

Al fin vino el climax del juego cuando Sylvia, al ganar y perder Jaime tuvo
la idea "diabó-lica" de pedirle, como prenda, que acariciase los pechos de Mª
Carmen un tiempo mínimo de 25 segundos.

Jaime, sin pantalón y con aquella inmensa verga apuntando hacia arriba, se
giró, pasó sus manos por debajo de los brazos de ella, que le había dado la
espalda, y empezó a sobar aque-llas hermosas tetas que le tenían obsesionado.
Sylvia y yo contamos los segundos, 1 – 2 – 3. No pufdo aguantar los 25. Con los
ojos cargados de deseo, siguió magreándole los pechos y empezó a besarle el
cuello y las orejas. Le bajo la mano al pubis y, al empezar a acariciarlo, las
piernas de ella iban abriéndose, poco a poco, ofreciendo aquel coño encendido de
deseo a aquella mano que lo sobaba con fruición.

Mientras, en el otro sofá, mirando embobados el espectáculo que nos ofrecía
la otra pareja, Sylvia y yo llegamos a unos altos índices de excitación. Se
encontraba ella sentada, con las piernas encima del sofá, apoyada su espalda
sobre mi pecho. Yo le sobaba sus tetitas que pro-ducían en mí un sentimiento muy
particular; cogía sus pezones entre mis dedos, besaba su cuello y mi otra mano
jugueteaba con el vello rubio y suave de su pubis. Cuando abrió sus piernas y
bajé mi mano hasta su "rajita", estaba toda tan empapada que se lo dije: "Tienes
el chochito todo chorreando."- Sí – me contestó – y eso que cuando hemos venido
me he cam-biado porque ya lo tenía completamente mojado. Es que estoy muy
cachonda.

Mirando a la otra pareja vimos que estaban haciendo un auténtico 69. Ella
estaba completa-mente tendida en el sofá, con el cuerpo ligeramente arqueado de
cintura para abajo para que los labios y la lengua de Jaime pudieran penetrar y
chupar mejor aquella "almeja" palpitante.

Yo miraba embobado y, el contemplar aquello me produjo una extraña sensación.
Pensaba en el placer que sentiría aquel coño, que yo había chupado tantas veces,
con otra boca distinta y otra excitación diferente y mi cuerpo se estremecía de
deseo y de placer. Ella, por su parte, con una mano le manoseaba los huevos; con
la otra tenía agarrada la gran verga y bajándole el escroto, dejando al
descubierto todo el "capullo" chupaba con los labios y con la lengua ya que no
le cabía en la boca.

Sylvia, que toda excitada también miraba la escena, me dijo: – "Fíjate en lo
que le está

 

Haciendo Jaime a tu mujer. A mí nunca me ha hecho "eso" y jamás he sentido
una lengua en mi "rajita". Solo de pensarlo me corro.

Besándola, le pedí que se girase (para así poder yo seguir viendo el
espectáculo del otro sofá) y colocí ndola boca abajo le acaricié su culito menudo
y respingón y, cuando abrió las piernas le posé la punta de la lengua en el
"agujerito", respondiendo con un estremecimiento y un gritito de placer. Bajé la
lengua a su chochito; se la pase varias veces por sus labios, an-tes de
metérsela dentro, mientras mis labios succionaban su clítoris. Ella jadeaba,
gritaba y se retorcía de gusto.

La otra pareja, a la que yo veía perfectamente, ya estaban follando
salvajemente. La enor-me polla de Jaime bombeaba, una y otra vez, entrando y
saliendo completamente del coño de Mª Carmen, que ya se había adaptado
completamente a aquel tamaño, mientras los cojones le golpeaban en el culo a
cada embestida.

Yo miraba, a la vez que seguía chupándole el chochito a Sylvia y escuchaba
los gemidos y ayes de Mª Carmen cada vez que era penetrada. Aquellos sonidos me
transmitían sus orgas-mos y el grandísimo placer que debía estar sintiendo. Me
parecía que yo mismo lo sentía y mi excitación subió de tal manera que no pude
resistir más. Puse a Sylvia boca arriba, apoyó sus piernas en mis hombros y metí
mi polla en aquel chochito que estaba cachondísimo; mis manos acariciaban sus
tetitas, la follaba y se corría una y otra vez. Yo aguantaba, sintiendo el
placer que me proporcionaba aquel coñito humedecido de tanta corrida y el ver y
oir la felici-dad de mi mujer con aquel "polvazo" que se estaba echando y que
alguna vez debía de haber soñado.

Aguanté hasta que un grito más fuerte me hizo comprender que, al sentir en el
coño la le-che caliente y los espasmos del pijo de Jaime que se corría, Mª
Carmen sentía el orgasmo más fuerte, Me dejé llevar y me corrí dentro de Sylvia
con un intenso placer.

Estábamos ya los cuatro derrengados. Nos sentamos juntos, en el mismo sofá y,
todavía con la respiración entrecortada, nos besamos y, recogiendo las ropas nos
fuimos a nuestras habitaciones, desnudos, con mis brazos rodeando los hombros de
Mª Carmen y el suyo en mi cintura.

Ya en nuestro dormitorio la abracé, la besé en la boca y acariciando sus
tetas (que habían sido, indirectamente, las causantes de todo lo ocurrido
aquella noche), le besé los dos pezo-nes con cariño y pasamos al baño.

En la bañera dejamos que el agua corriera abundantemente sobre nuestros
cuerpos, Me pu-se gel en las manos y empecé a aplicárselo por todo el cuerpo,
sobándola a la vez muy suave y cariñosamente, sobre todo en aquel hermoso pecho
(que había sido la tentación irresistible para Jaime), en su vientre, sus
caderas, sus brazos, su culo, sus piernas y su coño, limpiando hasta la vagina
que aún conservaba restos del semen que allí depositó la polla de Jaime.

Sobando y sobando con aquella suavidad a la que ayudaba la espuma del gel,
poco a poco, iba subiendo en los dos una excitación que nos hacía rozarnos uno
contra el otro. Al secarla, con delicadeza, le pedí me explicase sus sensaciones
de aquella noche y ella, algo tímida y vergonzosa, a pesar de que yo la animaba
con mis caricias y mis palabras, fue detallándome las emociones que había ido
sintiendo. La primera el sentirse deseada, de nuevo, con aquella vehemencia y
notar que su cuerpo todavía despertaba pasiones y deseos tan fuertes. Las
cari-cias de Jaime en sus brazos, su espalda y sus caderas, la había
transportado a su juventud y sintió la misma turbación que la primera vez que
unas manos de hombre hurgaron en su cuer-po, despertándola al sexo. Al sentir su
pene, durísimo, contra su pubis, había vuelto a sentir, como entonces, que las
piernas le fallaban, que estaba embriagada mucho mas que con el al-cohol, y
había tenido que agarrarse a él, todavía con mas fuerza. Luego, cuando ya en la
casa, le hicimos que tirara de sus pantalones y apareció aquella polla como un
tronco quedó com-pletamente alelada y sin habla, al pensar lo que podría sentir
al tener todo "aquello" dentro de ella.

Al irme contando sus vivencias de aquella noche, volvía a revivir todo lo que
había senti-do y, a mí al escucharla, me hacía partícipe de todas aquellas
emociones y, en los dos, iba subiendo la excitación hasta unos niveles
insoportables. Puse mi mano en su coño y, nueva-mente estaba mojadísimo,
chorreando de deseo de nuevos placeres que se habían despertado al contarme todo
lo que le había ocurrido. A mí me ocurría lo mismo.

Me arrodillé en la bañera; cogí su culo con mis manos, la besé en el pubis y
ella, subiendo una pierna al borde de la bañera, me ofreció aquella "gruta del
amor", toda mojada y palpi-tante que pedía con ansia ser "comida".

Aplasté mi boca sobre su "raja, a la que la postura de pié hacía que se
proyectase hacia fue-ra. Chupé su clítoris metiéndomelo todo en la boca; metí la
lengua en la vagina y la punta al-canzó a lamer los rincones mas profundos a los
que nunca había llegado mi lengua, facilitado por la postura y porque ella se
abría todavía mas, al agacharse ligeramente y, cogiendo mi ca-beza, con sus dos
manos, la apretaba contra su chocho.

Al sentir mi lengua tan adentro y que no paraba de moverse, un temblor la
recorrió toda, dio un grito y empezó a correrse, una y otra vez, mejor dicho,
tuvo un orgasmo continuo que llenaba mi cara con los fluidos de sus corridas y
que me transportaron a un estado de borra-chera de amor, que me hacía chupar y
chupar de aquel maravilloso tesoro que mi mujer tenía entre las piernas.

No pude mas. La lleve a la cama y la penetré con tanta ansia que me dio la
impresión de que le metía también los cojones. Bombeé sobre su coño, con unas
entradas y salidas tan de-liciosas que me hacía gozar como nunca antes lo había
hecho y, enseguida, noté el chorro de fuego de mi semen que me recorrió la polla
y se depositó en el fondo de su coño

El orgasmo fue tan intenso que hizo que me quedase completamente sin fuerzas
y extenua-do, con la polla dentro, a la que sacudían unos espasmos de placer.
Besando y acariciando aquel precioso cuerpo de mujer, tuve la sensación de haber
conocido el Amor con mayúscu-las. Así nos quedamos dormidos.

 

Resumen del relato:
    Mi primer intercambio que facilitó el que mi amigo se prendo de las tetas de mi mujer. Fué fabuloso.

Grupo de amigos

Grupo de amigos (14)

Hola mi nombre es Alberto y formo
parte de un grupo de parejas que
practicamos el intercambio. Todos
somos amigos hace mucho tiempo pero desde
hace un año practicamos
el intercambio, en principio solo éramos un par de
parejas pero poco a poco se fueron
apuntando más gente y ahora somos 5
parejas todos rondando los 33 a
35 años, Ana-Luis, Carlos y Belén, Luisa y
Marcos, mi cuñada Luz y
Federico y nosotros Alberto y Patricia. Os parecerá
extraño pero si mi cuñada
y su marido también participan en nuestras
jornadas, la verdad es que a mí
me da más morbo, pero bueno voy al grano y
os explico la ultima que fue verdaderamente
excitante.

Carlos tenia un piso vacío
con cinco habitaciones y desde que empezamos  a
ser tanta gente ofreció
esta para nuestros encuentros. Lo habilitamos y
pusimos una cama de matrimonio
en cada habitación era el sitio perfecto para
nuestras juergas y si algún
día queríamos hacer una juerga conjunta nos
juntábamos todos en la más
grande, pero eso será otra historia.

Una tarde de sábado habíamos
quedado todos para disfrutar de una jornada de
amor libre como le denominábamos
nosotros. Procuramos hacerlo lo más morboso
posible y cuando llegamos a la
casa nos vamos separando hombres y mujeres,
nosotros nos juntamos en la cocina
y ellas en uno de los lavabos. Allí hay
unas pequeños percheros
donde colgamos la ropa. Ya desnudos todos, nuestro
rito es que solo sabremos con quien
nos toca al llegar a la habitación.
Primero empiezan  ellas donde
coge una bola en una bolsa del uno al cinco y
se reparten por las habitaciones
ya numeradas con ese numero. Después uno de
nosotros también coge una
bola y se va hacia la habitación que corresponde
con el numero de la bola, si la
persona con la que coincidimos es nuestra
esposa se toca una campana y ella
pasa a la habitación siguiente y llega
otra chica, complicado pero morboso.

Pues bien yo ese día tenia
el número cinco  y estaba impaciente de comprobar
con quien me tocaría aquella
tarde fui hacia la habitación mientras ya oía
algún que otro gemido en
las habitaciones. Abrí la puerta y era Ana, ella y
Luis son nuestros mejores amigos,
nunca me había tocado con ella por lo que
los dos nos alegramos, no dimos
muchos rodeos ya que estábamos desnudos, la
abrace y empecé a besarle
el cuello. Ana era una mujer normalita 1’70,
delgadita, morena y unos pechos
de adolescente, pequeños pero que tenían una
forma de perita muy bonita.

Fui besándola por todo el
cuello y empecé a bajar y chuparle sus pezones,
noté como se ponían
duros en mi boca fue impresionante, se le ponía la piel
de gallina, erizada. La tumbé
sobre la cama y deslicé mi lengua sobre su
vagina la note húmeda y
tocándole su clítoris su vagina se convulsionó y
noté como se había
corrido, le pregunte si estaba excitada y me dijo que sus
ganas de estar conmigo le estaban
traicionando.
Ella entró a la acción
y cogió mi polla y empezó a chuparmela su lengua
recorría de arriba a abajo
mi miembro su lengua rodeo poco a poco mis
testículos yo estaba a tope
y no espere mas cogí a Ana y la puse a cuatro
patas le abrí su vagina
y la penetre poco a poco un gemido salido de su boca
y susurrando me dijo me siendo
llena de ti, eso me puso a cien empecé a
moverme rítmicamente el
ruido de entrada de mi verga entrando en su vagina
llena de flujo me ponía
al borde del orgasmo, a su vez oía unos gemidos en
la habitación de al lado
reconocí a mi mujer y eso acelero mi ritmo, el culo
de Ana rebotaba en mi cuerpo, saque
mi miembro de su vagina y le di la
vuelta practicamos la típica
postura del misionero, se la clave en lo más
profundo y volví a penetrarla
rítmicamente ella gemía y su pequeños pechos
se movían de arriba a abajo.
Sus manos cogían mi culo y daba mas fuerza a
este para que la penetración
fuera mas profunda. Así estuvimos largo rato
hasta que ella se corrió
yo lo noté porque fue como una erupción de liquido
, acto seguido yo exploté
dentro de ella de forma brutal, tanto que mi semen
salía de su vagina manchando
todas las sabanas. Sentimos ambos tanto placer
que estuve un par de minutos encima
de ella intentando recuperar fuerzas.

Después de esto salimos todos
de la habitación, nos duchamos y comimos una
paella que hizo mi cuñado
Federico que es de origen Valenciano, le pregunte
a mi mujer que como le había
ido y ella dijo que muy bien le había tocado
con Marcos y que había gozado
mucho.

Eran ya las seis y después
de haber reposado, mi cuñada Luz propuso
continuar con la juerguita a nadie
le pareció mal  y volvimos al “sorteo”,
en este caso a mi me toco el tres,
oí cerrar la puerta a mi cuñado FEDE y
entonces salí yo de la cocina
y me dirigí hacia la habitación tres allí
estaba mi esposa ella me saludo
efusivamente con un beso pero toco la
campana y yo volví hacia
la cocina tuve que esperar el ultimo ya hasta que
se fueron colocando el resto ahora
tenia el cuatro y al abrir la puerta
encontré a mi cuñada
Luz, era una mujer resultona rubia con el pelo corto un
cuerpo bien hecho y unas tetas
grandes. Ya habíamos coincidido varias veces
y nos propusimos disfrutar de una
tarde-noche de sexo. Lo mejor de todo es
que ya estábamos desnudos
así que la cogí y la tumbe sobre la cama para
chuparle su coñito pero
ella se negó y me dijo que si no disfrutábamos los
dos no seguiría, así
que hicimos un 69. Mi cuñada tenia una habilidad
especial y cuando me chupaba la
polla se la tragaba hasta el fondo y notaba
sus labios tocar mis cojones, parecía
que le iba a salir por la nuca, eso
hacia que yo chupara su coño
con fuerza penetraba mi lengua dentro de su
agujero haciendo pequeños
circulitos, notaba como se convulsionaba y a su
vez ella succionaba mi polla con
fuerza. Yo estaba cansadillo por el polvo
anterior pero era hora de entrar
en acción. Mi cuñada no dejo que me
levantara y cogió ella la
iniciativa, me cogió la polla y la introdujo
lentamente en su coño, entro
fácil y empezó a montarme subía y bajaba con
tanta fuerza que mis cojones se
balanceaban arriba y abajo. Os comentare que
follando mi mujer y mi cuñada
se nota que son hermanas, hasta la forma de
gemir se asemeja.

Estuvimos largo rato cabalgando
juntos sus tetas se movían de forma que a mi
me excitaba aun más, agotada
del esfuerzo ella prefería estar mas pasiva así
que se dejo caer en la cama y con
sus piernas abiertas me ofrecía su coñito
abierto, no lo pensé dos
veces y la penetré, soltó un gemido tras otro
cuando yo entraba y salía
creo que se corrió  porque su coño se inundo y mi
polla resbalaba dentro de ella.
Aprovechando que mi polla estaba bien
lubrificada la puse a cuatro patas
y le introduje poco a poco mi polla en su
culo. Fue complicado ya que su
agujerito ofrecía resistencia pero una vez
dentro fue fácil iniciar
el ritmo, su cara reflejaba una especie de dolor y
placer, yo notaba una presión
fuera de lo común en mi polla, pero es que su
culo se cerraba entorno a mi polla,
ya no pude aguantar mas y me corrí
dentro de ella una sensación
de placer recorrió todo mi cuerpo, retire mi
polla de su culo y observe como
expulsaba por su bonito culo el semen que le
quedaba dentro, yo se lo limpiaba
con un pañuelo y nos quedamos los dos
extasiados en la cama. Minutos
más tarde acabamos la fiesta masturbándonos
uno a otro.

La fiesta acabó tarde y después
de ducharnos y cenar alguna cosa, nos
despedimos y nos fuimos a casa
quedando para una próxima jornada.

 

Resumen del relato:
    Varias parejas que practican el intercambio y difrutan todos juntos.

Next »