Grandes Series | Tus Relatos Calientes - Part 4
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Sin límites (V: Tres en una cama)

Sin límites (V: Tres en una cama) (11)

Las revelaciones que acababa de hacerme Paola me habían
dejado sin habla. Era mucho más de lo que yo me esperaba, pero el resultado era
magnífico, ¡al fin podría tener dos mujeres en mi cama!. Mi sueño se volvería
realidad y no haría nada que pudiese estropear lo que ya estaba planeando.

Sí, es cierto – aquí retomo yo el relato de nuestras
aventuras – creo saber cómo hacer para que Yolanda me lo cuente todo. Tal vez
ella piensa que soy uno de esos hombres que, en su estrechez mental, no saben
disfrutar de los placeres.

Señor, usted disculpe – me dijo bajando la voz – En
cualquier momento la señora Yolanda y la señorita Lucía deben bajar, y no creo
que usted quiera que lo vean, todo se complicaría.

Claro, claro – y después de pensar un momento continué –
Esto es lo que haré: Saldré por aquí para que no me vean. Buscaré el auto y
daré un paseo, tal vez compre algo para regalarle… y algo para ti también,
te lo has ganado.

Paola bajó la vista y dijo:

No se moleste usted, señor. Usted me hizo un regalo al
hacerme suya, ya le dije que soy su esclava.

Esta bien, está bien, ya veremos después.

Y me marché con suma cautela, sin hacer el menor ruido.
Llegué hasta mi auto y miré mi reloj. Eran solamente las 3:00 pm, Carmen todavía
estaría en la oficina. Necesitaba hablar con ella, saber como es que conocía de
las aficiones de mi esposa. Y me fui en su búsqueda.

Camino a la oficina, pasé por una boutique. Compré un vestido
para Yolanda y un lindo ropón de dormir para Paola, Abierto al frente, casi
transparente. Me relamía los labios de imaginarnos a mí y a mi esposa en la
cama, y a nuestra sirvienta caminando hacia nosotros, casi desnuda. Sería
perfecto.

Demoré un poco escogiendo los regalos, por eso cuando llegué
ya Carmen no se encontraba, se había marchado en busca de su hermana. Mirtha,
nuestra secretaria, estaba terminando de introducir en el ordenador la
información sobre un nuevo proyecto.

Mirtha – le dije – son casi las 4 de la tarde, ¿por qué no
te marchas a casa y terminas eso mañana?

No, señor, preferiría terminarlo hoy – me respondió, y
mirándome a los ojos prosiguió – Es que para usted me gusta hacerlo todo bien
– y subrayó el "todo" – Usted es muy bueno y gentil, pero la señorita Carmen
me dijo que esto tenía que estar listo para mañana temprano, además, ya casi
termino.

Bien, estaré en la oficina – y al llegar a la puerta me
volví y le dije – Cuando lo termines me lo llevas para verlo.

Entré a mi oficina y me senté, pero lo hice en una de las
butacas situadas frente a mi escritorio. Todavía flotaba en el aire el perfume
de Carmen, y junto al perfume, el olor a sexo. Cerré los ojos y recordé cada
detalle de nuestro primer encuentro. Las imágenes de Carmen se fueron mezclando
con las de Paola chupándome la verga y las de mi esposa haciendo el amor con esa
señorita Lucía que aún yo no sabía quien era. En mi cabeza estaba teniendo lugar
una verdadera orgía, donde las lenguas se buscaban con ansias, las manos
recorrían cada centímetro de piel, mi verga entraba y salía de puchas y culos,
era succionado por varias bocas y la mía se perdía entre unas piernas
desconocidas buscando desesperadamente un clítoris que era de Paola, pero que no
se encontraba en el cuerpo que mis manos aprisionaban.

Creo que me dormí, realmente necesitaba un descanso. Por eso
no sentí cuando Mirtha entró en el despacho. Sin embargo, algo debí notar,
porque abrí los ojos y allí la vi, frente a mí, con los papeles en la mano,
mirando fijamente el bulto de mi entrepierna. Parece que el sueño fue muy
excitante, porque mi verga estaba nuevamente bien dura, y además,
inconscientemente había bajado la cremallera.

La miré de arriba abajo, su respiración era agitada, sus
pequeños senos subían y bajaban aceleradamente, todo su cuerpo temblaba. La
visión que tenía ante mí, lejos de disminuir mi excitación, lo que provocó fue
que mi verga comenzase a saltar por sí sola. Entonces tuve una idea, muy osada,
por cierto, pero tal y como lo pensé lo hice.

Lentamente me abrí por completo el pantalón, bajé el slip y
deje que mi palo, completamente en atención, saltase fuera. Mirtha abrió los
ojos desmesuradamente y se pasó la lengua por los labios, pero no se movió. Sin
dejar de mirarla comencé a menearme la verga, descubriendo y volviendo a cubrir
mi glande que brillaba como un rubí, al tiempo que comenzaban a salir líquidos
preseminales por su único ojo.

Continué masturbándome despacio, viendo como Mirtha se
excitaba más y más. Sin darse cuenta, dejó caer los papeles al piso y sus manos
subieron hasta su pecho. Con dedos ávidos desabotonó la blusa y comenzó a
sobarse las teticas, frotando los pezones. Si una mano hacía esto, la otra
tampoco estaba quieta. Iba recorriéndose el cuerpo por sobre la ropa, desde su
pecho hasta su pubis, delineando sus caderas estrechas, apretándose las nalgas,
en una especie de masturbación que me estaba volviendo loco. Todo esto lo hacía
sin dejar de mirarme, mordiéndose los labios, sin decir ni una palabra.

Mis movimientos y la imagen de Mirtha frente a mí me
provocaron el orgasmo. La esperma comenzó a salir y las gotas fueron cayendo en
mi mano. Esto fue suficiente para que ella también llegara al clímax. Se comenzó
ha estremecer, moviendo sus caderas como si estuviese follando, abriendo la boca
y apretando sus senos con ambas manos. Fue abriendo las piernas todo lo que le
permitió su corta saya. Aquello distrajo mi atención y me puse a mirar
detenidamente. Comprendí entonces porque lo hacía, por sus muslos bajaba un
líquido blanquecino.

No lo pensé 2 veces. Me levanté de la butaca y con la mano
llena de semen acaricié sus labios. Ella me tomó la mano y comenzó a pasar su
lengua por mis dedos, tomando todo el semen que allí había. Mientras ella me
limpiaba la tomé del brazo y la senté en la butaca, después de subirle la saya.
Para sorpresa mía no llevaba bragas. Le abrí todo lo que pude las piernas y ella
sola las subió. Lentamente, sin apuro alguno, fui acercando mi boca a su pucha
completamente mojada. Pasé mi lengua por sus muslos, saboreando el sabor de sus
flujos. Besé su pubis y sus labios exteriores, mientras mis manos acariciaban
sus caderas. Su coño era un verdadero manantial, y su sabor era exquisito.
Introduje mi lengua y comencé a chupar con deleite. Hurgaba en todos sus
rincones, metía la punta de la lengua en su dilatada vagina y después la sacaba
para hacer círculos en su culito lindo. Mirtha jadeaba y acariciaba sus senos,
mientras con una mano hundía mi cabeza entre sus piernas, las cuales abría y
cerraba.

Chúpamelo así, bien rico – me decía con voz entrecortada –
Más duro, más duro, chúpame el clítoris …

Y de pronto arqueó el cuerpo, estremeciéndose como había
hecho momentos antes, mientras de su pucha volvían a manar sus jugos. Yo no
dejaba de chupar, de lamer, de mordisquear su clítoris y sus labios. Hasta que
no pudo más y su cuerpo de distendió.

Saqué mi cabeza de aquel lago y la miré. Los ojos cerrados,
una sonrisa de satisfacción en el rostro y sus dedos acariciando mi cara y su
pubis.

Ha sido fantástico, señor – me dijo al fin abriendo los
ojos – Lo deseaba tanto que solamente mirándolo me corrí por primera vez.

Eres un encanto, niña – y tomando sus manos le pregunté –
Hay algo que me intriga.

Pregunté usted lo que desee.

Primeramente, ¿tú no usas bragas? – le pregunté.

Sí, las uso – me miró con picardía y continuó – Lo que pasa
es que al entrar y verlo a usted tan excitado, pues yo también comencé a
calentarme y me las quité. Si se demora un minuto más en despertar me hubiera
pillado dándome dedo.

Pues ya sabes que sólo tienes que pedirlo – y bese sus
muslos con ternura.

Mi verga comenzaba a cobrar vida nuevamente. Me levanté
tomando sus manos. El impulso la pegó a mí e inmediatamente me tomó el miembro y
lo puso contra su vientre.

Creo que todavía tiene usted deseos, señor – sus ojos
brillaban y no dejé de notar que había acentuado la palabra "todavía".

¿Por qué lo dices? – le pregunté – ¿Por qué mi verga está
de nuevo lista para el combate?

No lo digo por eso – me dijo mientras sonreía – Es que hoy
ya tuvo otro combate… y aquí mismo.

¿Qué dices? – le pregunté haciéndome el tonto

Usted me disculpará, pero hoy por la mañana no pude dejar
de escuchar cuando usted y la señorita Carmen hacían el amor. Cuando ella
salió se dio cuenta de mi excitación y me preguntó si había escuchado. Le
respondí que sí y entonces me preguntó si usted me atraía. No pude mentirle y
le dije que mucho. "Pues no eres la única", me dijo, "pero no te preocupes, si
él lo desea, ya tendrás la oportunidad de disfrutar tanto como yo" – me besó
los labios y continuó diciendo – Por eso cuando usted salió no pude evitar
mirarlo con deseo, y por eso ahora estoy casi loca por sentirlo dentro de mí.

No te apures, muchachita – le dije separándola un poco de
mí – Tenemos tiempo de sobra. Vamos, te llevaré a casa, creo que por hoy es
suficiente.

Pero, señor…

Nada, silencio, aún tengo cosas que hacer.

Recogimos todo y salimos después de comprobar que todo estaba
en orden. Montamos en mi auto y partimos hacia su casa. Había sido un día
sumamente interesante, las sorpresas habían sido muchas y necesitaba tiempo para
pensar en ello… y para encontrar la forma de hacer que Yolanda me confesase
todo.

Llegamos a su casa en 20 minutos. Cuando bajó del auto, dio
la vuelta y me dijo:

¿Por qué no sube un momento y así conoce a mi madre?. Ella
me ha preguntado mucho sobre usted, es que le está muy agradecida por lo bien
que nos trata.

Esta bien – le dije – pero sólo unos minutos, ya te dije
que tenía cosas que hacer.

Subimos hasta su apartamento. Aunque pequeño, era muy
acogedor y cálido, me gustó. Mirtha me dijo que la disculpara un instante,
averiguaría donde estaba su madre.

Comencé a mirarlo todo con más detenimiento. Sobre una mesita
se podían ver varios cuadros con fotos, una de Mirtha pequeña, otra con una
amiga y otra, actual, junto a una mujer muy atractiva. Esta última fotografía me
llamó la atención. Se habían retratado en verano, en la playa. Ambas mujeres
eran casi de la misma estatura, Mirtha un poco más baja. Vestían tangas
minúsculas, la mujer de la foto evidentemente era mayor, pero su cuerpo era
maravilloso. El parecido entre ambas saltaba a la vista.

A pesar de haber tenido un día sexualmente intenso, mirando a
esas 2 mujeres abrazadas, casi desnudas, con una carga tan grande de sensualidad
y erotismo en sus caras y en la pose, comencé a soñar despierto. Imaginaba como
sería hacer el amor con ellas, haciendo de nuestros cuerpos uno solo, calentando
el aire con nuestros gemidos y nuestro aliento, fundiendo nuestra piel,
saboreando nuestros jugos, uniendo nuestras lenguas en una danza de placer y
delirio. Estaba absorto, casi soñando despierto, cuando una voz me trajo a la
realidad:

Al fin tengo el placer de conocer al jefe de mi hija.

De pie, vistiendo una ligera bata que se pegaba a la húmeda
piel, con una larga cabellera mojada que caía por su espalda, con una sonrisa
perfecta y mirándome complacida, se encontraba una mujer de unos 35 años, rubia
y bella.

Yo soy la madre de Mirtha – me dijo mientras se acercaba –
Muchos eran los deseos que tenía de conocerlo, señor.

El placer es mío – le respondí cuando al fin pude recuperar
el habla – No imaginé que fuese tan deseado… digo, que fuese tan importante
el conocerme.

El desliz no pasó inadvertido para la bella desconocida.

Mi nombre es Yanet, pero no se levante, siéntase como en su
casa – y se sentó justo frente a mí.

Ahora tenía la plena visión de unas piernas perfectas y de
una cara que rezumaba picardía.

No imaginé que fuese usted tan joven – le dije, tratando de
buscar un tema cercano a los deseos que provocaba aquella mujer en mí.

Es que tuve a Mirtha siendo muy joven – y cruzó las
piernas, separándolas primeramente lo suficiente como para que pudiese admirar
sus muslos tersos y duros – Y sobre los deseos de saber como era usted, pues
la explicación es bien sencilla. Mirtha habla mucho de usted, realmente lo
admira, aunque a veces creo que es algo más. Disculpe que me exprese así, pero
soy muy sincera, no sé ser de otra forma, además, usted debe conocer muy bien
a mi hija – dijo haciendo hincapié en el "muy bien".

Sí, es cierto, la conozco bien – y mientras hablaba no
dejaba de admirar las formas de su cuerpo que se entreveían por tener la bata
pegada al cuerpo – Es una muchacha muy eficiente… en todo. Y, ¿dónde está
ella?

Se está bañando – me dijo – Es que el calor es
insoportable. ¿Desea algo de beber?

Muchas gracias, una cerveza.

Se levantó despacio, para que pudiese admirarla, era evidente
que se estaba mostrando para mí. Me quedé mirándola mientras se dirigía en busca
de la cerveza, su culito se movía al ritmo de sus pasos, con un movimiento
cadencioso e insinuante, que hacía pensar en los placeres que escondía.

Regreso con 2 cervezas y vasos.

¿Por qué no nos sentamos en el sofá? – me dijo cuando
estuvo frente a mí.

Por supuesto – le respondí. Deseaba sentirme cerca de
aquella mujer, ya ni siquiera me acordaba de que su hija, con quien había
disfrutado un rato antes, se encontraba tomando un baño y en cualquier momento
podía llegar. Tenía que tener a la madre, después de haber tenido a la hija.

Nos sentamos muy cerca el uno del otro, tanto que nuestros
muslos se rozaban. Me dio un vaso y comenzó a servirme la cerveza, para ello se
acercó aún más y no pude evitar mirar hacia su pecho. Por la bata entreabierta
se veían unos senos del mismo tamaño que los de Mirtha, pero con unos pezones
más grandes… y ahora estaban completamente erectos. Yanet me deseaba tanto
como yo a ella.

La cerveza me relaja mucho – me dijo – aunque me marea
rápidamente y provoca que haga cosas que normalmente no haría – y chocó su
vaso contra el mío – Hagamos un brindis.

¿ Y por qué brindamos? – le pregunté mirándola fijamente.

Digamos que brindamos por haberlo conocido.

¿De veras le importo tanto? – Y bebí un sorbo de la
cerveza.

Mirtha me lo cuenta todo… y hoy está muy contenta – puso
su vaso sobre la mesa frente a nosotros, después de beber casi hasta la mitad
– Cuando llegaron, fue a buscarme y me encontró en la tina. Siempre me había
dicho que usted era muy bueno y respetuoso con los empleados, pero hoy su cara
era de felicidad. Le pregunté por qué estaba tan contenta y me contó lo
sucedido entre ustedes, con lujo de detalles. Si hasta ese momento tenía ganas
de conocerlo para agradecerle haberle dado trabajo a mi hija, en ese instante
lo deseaba por haberla hecho feliz. Es que Mirtha sólo ha tenido un novio y la
experiencia con él no fue para ella muy agradable. Llegó a temerle a los
hombres… y se refugiaba en mí. Siempre hemos sido muy íntimas… sumamente
íntimas y sin prejuicios, así me criaron y así la he criado. No es que me
disgustase, pero ella también necesitaba conocer el placer que puede brindar
un hombre.

Aquello me dejó sin habla, pero no tuve tiempo para replicar.
Yanet volvió a coger el vaso y levantándolo me dijo:

- Brindemos por la felicidad y el placer.

Pero en lugar de brindar lo que hice fue atraerla hacia mí y
besarla con pasión. Sus labios se abrieron al sentir los míos y su legua penetró
en mi boca, como si de una serpiente se tratase. Tanteando pusimos nuestros
vasos en la mesita y continuamos besándonos. Nuestras lenguas iban de una boca a
la otra, sin separarse, intercambiando nuestra saliva, saboreándonos, mordiendo
suavemente nuestros labios, mientras nuestras manos acariciaban todo lo que
podían.

Desde que ví la foto mi picha no había vuelto a estar
completamente en reposo, y aquellos besos y caricias terminaron por despertarla
del todo. Yanet comenzó a amasarme la verga al tiempo que yo apretaba sus senos,
sin dejar de besarnos. Me abrió la bragueta y su mano buscó desesperada mi
erecta pija, en cuanto la tuvo firmemente sujeta la sacó fuera del slip y
mojándose los dedos en saliva comenzó a masturbarme. Ya su bata estaba
completamente abierta y mis manos podían sentir el calor de su piel y la dureza
de sus pezones. Ella, mientras tanto, me pasaba la legua por los labios, las
mejillas, el cuello. De pronto, con la respiración muy agitada, se detuvo y
separó su cara de la mía. Me miró fijamente a los ojos, los suyos brillaban de
lujuria y deseo, terminó de quitarse la bata y quedó desnuda a mi lado. Se pasó
la lengua por los labios y arrodillándose ante mí comenzó a mamarme la verga. Me
la chupaba con fuerza, con desesperación, lubricándola en abundancia con su
saliva, sujetándola firmemente con una mano y con la otra amasando mis
testículos. Después de un rato mamando así, comenzó a pasarme la lengua de
arriba abajo, incluyendo mis bolas en sus lamidas, dándome besos a todo lo largo
de mi candente hierro. Fue bajando aún más y de repente su metió mis bolas en la
boca, acariciándolas con la lengua, y con las manos me masturbaba lentamente.

Nunca me habían hecho aquello, era fantástico, me recliné y
cerré los ojos, para disfrutar al máximo aquella fenomenal mamada. Me desabotoné
la camisa para estar más cómodo y puse mis manos detrás de la cabeza, como si
fuese un sultán.

Yanet era un experta mamando, tanto me estaba excitando que
ya me encontraba a punto de eyacular, deseaba demorarme más, pero era tan
sabroso lo que me hacía que me dejé llevar por las ganas.

El semen comenzó a subir por mi verga y cuando estuve a punto
de estallar como un volcán, ella lo notó y metiéndose mi picha en la boca
comenzó a tragarlo todo. Al principio me encantó como lo hacía, pero después me
sorprendí: ¡no había dejado de tener mis testículos en su boca!

Abrí los ojos y lo que vi me provocó un corrientazo en todo
el cuerpo. Mientras Yanet continuaba saboreando mis bolas, Mirtha estaba,
completamente desnuda, a su lado, con mi verga hasta lo más profundo de su
garganta, tragando mi semen, acariciando con la mano libre la cabeza de su
madre.

La corriente que recorrió mi cuerpo me hizo empujar mi pija
más profundo aún, pero Mirtha, la pequeña Mirtha, ni se inmutó. Cuando terminé
de expulsar mi carga, Mirtha retiró su boca, apretando sus labios alrededor de
mi aún erecto mástil, y halando los cabellos de Yanet la obligó a soltar mis
pelotas, acercó su boca a la de ella y la besó largamente, compartiendo el semen
que había recibido con su amorosa madre. Después de besarse y tragar ambas mi
leche, se separaron y me miraron sonriendo:

¿Te molesta que comparta con mamá lo que con tanto amor
derramaste en mi boca? – me dijo Mirtha, mientras su madre la besaba en la
mejilla.

Para nada – le respondí complacido – Esto es como un sueño
hecho realidad.

Pues este es solo el comienzo – Yanet se irguió trepando
por mis muslos – Cuando mi hija me contó lo mucho que la habías hecho gozar,
me propuse hacer el amor contigo. Ya te dije que somos muy íntimas, tanto que
si te complace podemos gozar los tres juntos, sin límites.

Será un placer – le dije besando sus labios – no lo duden.
Pero ahora deben esperar a que me repongan. Les confieso, y Mirtha conoce algo
de esto, que hoy ha sido un día agitado para mí.

Mirtha se fue acercando, restregando su cuerpo contra el mío
y el de su madre, acariciando mi pecho y las nalgas de Yanet al mismo tiempo.

Descansa amor, te prometo que no te arrepentirás – me dijo
mientras hundía su mano en la raja de su madre.

Y volviéndose hacia ella comenzó a besarla. Ambas mujeres se
abrazaron, pegando sus pechos, frotando sus pezones, amasando sus nalgas. Al fin
tenía para mí lo que tanto había deseado, estaba seguro que lo gozaría al
máximo, pero primero quería disfrutar mirando como aquellas dos bellezas se
amaban, madre e hija, sin recatos, entregadas a la locura del sexo y el placer.

Me corrí hasta el otro extremo del sofá, tomé mi vaso de
cerveza y me convertí en el más entretenido espectador del espectáculo que me
ofrecían.

Mirtha fue la primera en separarse de aquel prolongado y
sensual abrazo. Tomó entre sus manos uno de los senos de su madre y, tal vez
recordando su infancia, comenzó a chuparlo. Pero esta vez no buscaba
alimentarse, en su cara se notaba claramente el placer de sentir entre sus
labios aquellos hermosos pezones. Yanet no dejaba de acariciar la espalda y los
cabellos de su hija.

Así mi niña, chupa bien rico la teta de tu mamita, pásame
la lengua, muérdeme – y fue abriendo las piernas, pasando la mano por su
pucha, de la cual comenzaba a mamar un líquido espeso y con una fragancia que
comenzó a despertar el deseo en mí – Sigue chupando, mi amor… ven chúpame
los dedos, que los tengo empapados con mis flujos.

Mirtha chupó los dedos que su madre le ofrecía y los saboreó
con evidente deleite.

Ven, anda, mámame la raja, que es toda tuya ahora – y abrió
las piernas todo lo que pudo, mostrando sus abultados labios, entre los cuales
comenzaba a aparecer su clítoris, creciendo por momentos, debido a la
excitación – Ven, pásame tu lengua y hazme correr, mi niñita.

Su hija fue besando su pecho, su vientre, su pubis, hasta que
llegó a su raja. Con la punta de la lengua acarició el clítoris de su madre, que
exhaló un suspiro de placer. Con sus manos abrió la maternal vagina y fue
pasando la lengua desde un extremo a otro, bebiendo los jugos que fluían más y
más.

¡Así, así! – gritaba Yanet arqueando su esbelto cuerpo –
¡Méteme los dedos en el culo y chúpame bien duro la chocha!

Mi picha estaba ya nuevamente en guardia. Mientras miraba,
sin darme cuenta, comencé a halármela, primero despacio, ahora ya más aprisa.
Yanet abrió los ojos y me vió.

Métesela, hazla gozar, dale el placer que ella me está
dando – me dijo conteniendo el aliento – Llénale la pucha con tu leche, que yo
después la limpiaré toda.

Me levanté colocándome detrás de Mirtha, que continuaba
arrodillada ante la vagina de su madre, mamando con delirio, metiendo su lengua
todo lo que podía y con tres dedos bien enterrados en el culo de Yanet. Con
suavidad pasé mi verga por su vagina, la cual estaba inundada por sus jugos.
Poco a poco, despacio, para que no sufriese, comencé a meterle mi gruesa verga.
Su garganta comenzó a emitir gemidos entrecortados, que pronto se convirtieron
en un gemir constante, ahogado por los labios vaginales de su madre. Cuando se
la hube metido entera inicié un lento bombeo, que poco a poco fui aumentando.

Yanet continuaba gozando con la lengua de su hija, sólo que
ahora sostenía la cabeza de ésta y marcaba el ritmo de la mamada, el cual estaba
acompasado a las profundas estocadas que yo daba en la pucha de su hija.

Pronto el ritmo lento se convirtió en un movimiento frenético
de caderas. Mirtha empujaba hacía atrás, buscando que se la clavase más y más,
sin dejar de chupar la dilatada vagina de su madre. Yanet se retorcía y elevaba
la pelvis, apretando sus tetas y retorciendo sus pezones.

Llegamos los tres al orgasmo al mismo tiempo. Fui descargando
el poco semen que me quedaba en lo más profundo de la vagina de Mirtha, mientras
ella bebía todo el líquido que mamaba de la pucha de su madre, estremecido su
cuerpo por su propio orgasmo. Yanet, con los ojos en blanco, se estremecía
mientras le decía a su hija que continuase chupando su clítoris.

Al fin el terremoto se fue calmando. Saqué mi polla de la
pucha de Mirtha y esta se subió sobre su madre, besándola. Me uní a aquel beso y
entre los tres saboreamos el sabor de la vagina de Yanet, era algo
verdaderamente desquiciante, nuestras lenguas se entrelazaban y se buscaban unas
a otras. Yanet nos separó con ternura y le dijo a su hija:

Ven, acuéstate, que me comeré tu pucha ahora – y fue
colocándose sobre ella, con sus piernas a ambos lados de la cabeza de su hija,
besando los hinchados labios vaginales y metiendo la legua en la dilatada
vagina.

Con la punta de la legua iba capturando mi semen, que fluía
mezclado con los jugos de Mirtha. Y la hija, teniendo ante sus ojos nuevamente
la pucha materna, no tardó en comenzar nuevamente a pasar su lengua por la raja.

Era un 69 magistral, más erótico aún por el hecho de que lo
estaban haciendo madre e hija. No pude resistirme y me coloqué detrás de Yanet,
apuntando mi verga hacia su orificio trasero, el cual estaba dilatado por los
dedos que su hija había tenido allí.

Sin decir palabra le sujeté la cintura y se la metía
lentamente, pero sin detenerme. De la garganta de Yanet se escapó un grito, pero
no me detuve, continué hasta metérsela completa. Mirtha chupaba su clítoris y yo
la estaba sodomizando con ternura y fuerza, todo al mismo tiempo. El dolor no
podía durarle mucho, así que pronto sus gritos de dolor se trocaron en
expresiones de placer. Ahora movía las caderas ella sola, haciendo que mi verga
entrase y saliese con soltura, mientras su hija daba lengí¼etazos a todo lo largo
de su raja y por mis testículos, excitada por la forma en que su madre le estaba
chupando nuevamente la pucha.

Pensé que no podría mantener el ritmo, pero lo morboso de la
situación me hizo sacar fuerzas de donde no habían. Metía y sacaba mi verga con
rapidez, sintiendo que estábamos a punto de corrernos nuevamente. Hasta que no
pude aguantar más y empecé a venirme en aquel culito rico. Mientras me corría,
fui sacando la verga poco a poco, de forma tal que las últimas gotas de semen
quedaron justo a la entrada de su ano.

Cuando tuve la verga por completo afuera, Mirtha acercó aún
más hacía sí a su madre y comenzó a mamarle el ano, recogiendo mi semen y
saboreándolo, mientras yo me limpiaba la verga con su pelo.

Ambas bellezas también llegaron al orgasmo sin dejar de
chuparse y de apretarse la una contra la otra. Fue como un cataclismo de deseos
desatados, y yo era el único espectador privilegiado con semejante escena.

Cuando llegó la tranquilidad y la respiración se hizo normal,
ambas se pusieron el pie y me abrazaron. No dijimos ni una palabra, sólo nos
manteníamos abrazados, bien unidos, sintiendo el latir de nuestros corazones.

Yanet me besó los labios e hizo lo mismo con su hija. Mirtha
la estrechó con fuerza y le dijo:

Gracias, mamá, he conocido la felicidad de estar llena por
un hombre de tu mano – y volviéndose hacia mí me dijo – Gracias, amor, me haz
hecho mujer de la forma más bella que pueda existir, permitiendo que mi madre
participe del placer de mi primer orgasmo con un hombre dentro de mí.

No tienen nada que agradecer – le dije y besé sus frentes –
Me han hecho volar, simplemente volar.

Volvimos a abrazarnos y a besarnos.

Creo que debemos tomar una ducha los tres – sugirió Yanet
mientras nos tomaba de las manos.

Nos bañamos juntos, disfrutando y riéndonos.

Cuando ya me marchaba, ambas mujeres tomaron mis manos.

Las puertas de nuestra casa siempre estarán abiertas, amor
– me dijo Yanet.

Ya sabe que somos suyas – fue lo único que dijo Mirtha.

Las besé en los labios a ambas y me marché.

Era ya cerca de las 7 de la noche. Hacía rato que debía haber
estado en casa, por suerte estaba cubierto por la supuesta reunión con futuros
clientes, y por los regalos que llevaba.

(Continuara…)

 

Resumen del relato:
    Ernesto disfruta de Mirtha, su joven secretaria y después, como en un sueño, tiene un encuentro con ella y con su madre, los tres entregados al placer del sexo.

Jopeo (3: Las esposas)

Jopeo (3: Las esposas) (11)

Capitulo 3: Las esposas.

(Esposas: Manillas de hierro con que se sujeta a los presos
por las muñecas.)

En cierta ocasión acompañé a Emilio a comprarse un pantalón.
Fuimos a unos grandes almacenes que él llamaba "El Cortijo", y estuvimos mirando
varios hasta que se decidió por un modelo en concreto. Emilio es visceral, así
que en ese mismo momento se los quedó puestos, exhortando al vendedor a que le
quitase todas las etiquetas y tirase los que había traído. (Pantalón: Prenda
de vestir, antes propia del hombre y ahora también usada por las mujeres, que se
ciñe al cuerpo en la cintura y baja cubriendo cada pierna hasta los tobillos.)

Habíamos tenido alguna que otra "gracia" de Emilio, pero
hasta el momento, todo era mas o menos normal, mas o menos soportable. Por
ejemplo, lo primero que visitamos fue la sección de señoras. í‰l miraba las
capas, no me dijo el motivo.

Nos íbamos ya. Estabamos bajando por unas escaleras mecánicas
cuando me dijo "En ese probador había arenilla, tengo una piedra en el zapato",
y se sentó en la escalera mecánica, se quitó un zapato, y golpeó con él el
pasamanos, llamando la atención del resto de clientes que bajaban detrás de
nosotros, de los que subían por la escalera contigua y de las cámaras de
seguridad.

Mientras se sacudía el zapato, sentado en la escalera, me
hablaba distraído de cualquier otra cosa, como lo más normal del mundo. Todos
estabamos pendientes de él, pero él estaba disertando sobre Dios sabe qué.

Cuando llegó al final la escalera todos esperábamos que se
levantase y se acabase él numero, pero no, Emilio no podía hacer las cosas
normales, así que se quedo sentado en la escalera. Quería que la escalera lo
dejase sobre el suelo. Yo ya me estaba poniendo en prevención.

Ya estaba a punto de ser arrastrado a la parte fija de la
escalera, y entonces pegó un alarido, dio un salto y cayó sobre un puesto de
libros de ocasión, tirando todos cuantos libros estaban en el puesto. Y todo
esto sin dejar de gritar como un descosido.

Pensé en irme por otro sitio, alejarme, pero sabia que estaba
destinado a vivir un "numero" de Emilio, así que me acerque y le dije, "Pero que
coños haces?", la gente empezaba a arremolinarse y yo esperaba que en cualquier
momento los de seguridad nos pusieran de patitas en la calle, como mal menor.

í‰l me grito, y no dejó de repetirlo, "Mi culo!, Mi culo!".
Efectivamente en su culo se podía ver un roto del recién estrenado pantalón y
una mancha creciente de sangre.

Sigo? Os explico que no hubo manera de hacerle callar? Que
acabamos siendo conducidos por dos chaquetas rojas a las oficinas, él en
volandas sin parar de gritar, creo recordar que incluso, el muy cabrón, llego a
pedir un cura, tal era el numero que estabamos montando, y si, era cierto que la
mancha de sangre era cada vez mas grande, realmente se había herido en el culo,
pero la escandalera era como si le hubieran abierto en canal sin anestesia. Yo
iba unos pasos detrás. Veía como se extendía la sangre por su nuevo y destrozado
pantalón, incluso dejando surco en el suelo, porque llevaba los pies
arrastrándolos por el suelo dejándose llevar por los de seguridad.

Nos metieron en una habitación que debía ser un centro medico
a juzgar por el equipamiento, y le tumbaron sobre una camilla. Con los gritos
apareció una mujer en bata, que fue informada por los hombres de seguridad e
inmediatamente se dispuso a examinarle. Nos dejaron solos a los tres.

Pero que le pasa? Por que grita tanto?

Mi culo! Mi culo! Mi culo!

Pero como se le ocurre sentarse en las escaleras? – y
empezó a cortarle el pantalón y calzoncillo para dejar al descubierto la
herida – como un crío. – Note que había visto algo que le había llamado la
atención: eran los calzoncillos, unos calzoncillos de dibujitos de
rinocerontes haciendo el amor, en tono azul, muy bonitos si no fuera por los
motivos dibujados.

Prócer galena, una minúscula porción de feldespato me
incordiaba un pie y me senté a librarme del incordio

Qué? – ella se quedo parada al oír aquello, empece a
temblar, ya empezaba

No se pierda en disquisiciones accesorias y labore con
esmero en mi glúteo malherido

Esta loco? Siempre habla así? – dijo, mirándome a mí

No, es así, no le haga caso, le gusta montar el numero –
contesté

Hombre!, eso esta bien, Cain! Espero que al menos la
traición sirva para que esta simpática facultativa te dé un ósculo

Que gracioso! – la cagamos!, la doctora había dicho la
palabra mágica. Si alguien le reía las gracias esto podría acabar peor de lo
que me pudiera imaginar

Gracias al cielo hemos topado con alguien que en sus
tiempos de ilustración universitaria y doctoral, no usó el Vademécum para
escribir frasecitas de amor a un gañan lleno de granos y con gafas.

Es así siempre? – volvió a preguntarme

Si. – dije resignado

Que divertido, no?. Nada, esto no es nada, pero le tengo
que poner una inyección de tétanos.

Oh Rueda de la Fortuna que me desciendes al fondo de los
infiernos, espero que me recompenses de tan mala desdicha.

Has leído a Boecio? – le tuteo, yo acojonadito

No cabe duda que el popular aserto de que no hay mal que
por bien no venga, se ha hecho carne en ti, querida facultativa. Por fin, por
fin dioses! Por fin alguien inteligente con quien conspirar sobre Boecio. – y
con ojos de alegría le tiro un beso a la doctora

Estas loco! Anda bájate los pantalones que te tengo que
poner la inyección en el otro lado.

José, conoces mejor comienzo de una relación intelectual?
Boecio, yo desnudo, ella a punto de penetrarme, y tu, fiel amigo, de testigo
para los siglos.

Ja ja ja ja ja – ella río con ganas, tanto, que se le cayó
la jeringuilla con la vacuna clavándose en mi pie, sí, en mi puto pie.
Atravesó el zapato y noté un dolor inmenso al que correspondí con un grito con
todas mis ganas.


(Prócer: Persona de la primera distinción o constituida en
alta dignidad.) (Feldespato: Nombre común de diversas especies minerales, de
color blanco, amarillento o rojizo, brillo resinoso o nacarado y gran dureza,
que forman parte de rocas ígneas, como el granito. Químicamente son silicatos
complejos de aluminio con sodio, potasio o calcio, y cantidades pequeñas de
óxidos de magnesio y hierro. Entre los feldespatos más importantes están la
ortosa, la albita y la labradorita.) (Vademécum: Libro de poco volumen y de
fácil manejo para consulta inmediata de nociones o informaciones fundamentales.)

La verdad es que si en ese momento hubiese entrado alguien se
hubiera quedado afectado de por vida: Ella partiéndose de risa señalándome,
Emilio en pelotas partiéndose también pero con una mano en el culo, y yo dando
saltos a la pata coja, cogiéndome un pie con una aguja clavada. Os entiendo, no
lo creéis, lo sabia, pero así ocurrió.

Tras curarnos a ambos, lo mío al parecer fue que me pincho en
un nervio, porque no tenía nada, apenas se veía la herida, y ya mas sosegada, se
presentó y casi como sintiéndose culpable, nos trató de maravilla, por lo menos
a mi, pero cuando intentó conseguir otro pantalón igual para Emilio, este se
negó en redondo, decía que ese modelo estaba maldito por Boecio o por la Rueda
de la Fortuna y ahora solo podría traer desgracias. Pero el muy maricón tampoco
quería que ella trajese otro modelo, cualquier modelo, o lo elegía él o no lo
quería, y claro ir en pelotas por El Corte Ingles para elegir otro pantalón, no
era un plan aceptable. Así que nos dijo que solo aceptaría una …. manta! Si, una
manta.

Begoña, así se llamaba la doctora, sin mucha convicción le
trajo la manta, él le pidió un bisturí, y ambos nos quedamos mirándole con
expectación. Hizo un corte en medio de la manta, metió la cabeza por el corte, y
tras pedirle aguja e hilo, hilo de cirujano, se cosió los lados con puntadas
largas. Cuándo finalizó con su "poncho" artesanal, Begoña y yo estuvimos un buen
rato mirándole, boquiabiertos, asombrados, y él se movía cual modelo en
pasarela, cojeando. Era increíble! Tras dos o tres paseos mostrándonos su
"modelito", Begoña estalló en carcajadas y no era para menos. Se tiró por el
suelo, pateaba al aire, daba puñetazos al suelo, y yo pensaba que le había dado
un pasmo y tendría que llamar a alguien. La locura, pena de cámara. (Poncho:
Prenda de abrigo, que consiste en una manta, cuadrada o rectangular, de lana de
oveja, alpaca, vicuña, o de otro tejido, que tiene en el centro una abertura
para pasar la cabeza, y cuelga de los hombros generalmente hasta más abajo de la
cintura.)

Yo estaba acojonado por varios motivos: uno, por lo loco que
está Emilio; dos, por el ataque y las risotadas de Begoña, vendrían miles de
personas a ver que pasaba; tres, por mi postura, al ser, teóricamente, el mas
cuerdo y tendria que dar explicaciones a cuantos viniesen; cuatro, por como
coños saldríamos de allí, como salir con el Emilio con esa manta, no ya a la
calle, sino al centro comercial, y además, él iba medio cojo, pero yo también, y
cada uno de la pierna contraria, con lo cual salir los dos juntos, seria un
caramelo para cualquier policía profesional y otra vez mil y una explicaciones.

Asombrosamente no vino nadie, y Begoña, con la cara llena de
lagrimas, se fue normalizando, aunque cada vez que veía a Emilio con su poncho
escupía en un espasmo. A partir de la segunda vez me aparté de frente a ella.

No sé si realmente se había vuelto loca, o si le dábamos
pena, o si la labia de Emilio, que no había callado de decir chorradas, la había
engatusado, o si tenía prisa por irse para que no la vieran con nosotros, pero
el caso es que se ofreció en llevarnos en coche a casa, pues estaba a punto de
cambiar de turno y venir la compañera de tarde.

La hice una observación sobre que no podríamos ir muy lejos,
cojeando y con poncho, y ella optó por no quitarse la bata, dejar una nota a su
compañera y con su bolso, se puso en medio de los dos, así pasábamos por un
grupo de extraños enfermos acompañados por una enfermera. Eso si, le hicimos
jurar a Emilio que no abriría la boca si nos cruzábamos con alguien.

Nos llevó por pasillos internos del edificio hasta un
ascensor, hasta ese momento nadie. Pero el ascensor traía a gente, empleados del
nuevo turno, y claro, ocurrió. La puerta se abrió y los empleados iban a salir,
pero al vernos se quedaron inmovilizados, con los ojos abiertos, y la puerta del
ascensor se cerró sin que llegaran a salir. Los tres nos descojonamos, lo
siento, no pude resistirme, llevaba mucho tiempo de nervios, y ahora fui yo
quien se tiró por el suelo. La puerta del ascensor se volvió a abrir, y los
empleados salieron de uno en uno, esquivándonos, pegados a la pared. Como
pudimos entramos nosotros y nos fuimos hacia casa de Emilio en el coche de
Begoña, yo no paraba de llorar, recuerdo que me dolía el estomago de la risa.

Me iba calmando en el coche cuando me llegó un flás: la casa
de Emilio!!! Que pasaría cuando viera Begoña la casa?? Y empecé a reírme
anticipadamente.

Dice Emilio que ha estado en La Habana, yo no lo aseguraría,
y que allí vio en un bar de moda una moda: escribir en las paredes, y esa moda
la aplicó en su casa. Ventajas de ser soltero y vivir solo, nadie conviviría con
él en esa casa.

Al abrir la puerta y dar la luz, Begoña se encontró con un "Dubidubidu
(Frank Sinatra) 14/7/78 Ani" en la pared del recibidor, y se quedó parada
leyendo, no ese grafiti, sino el resto que le acompañaban de menor tamaño, todos
escritos a mano, todos por manos diferentes, estilos diferentes, en ángulos
diferentes, en colores diferentes, todos fechados y firmados.

Te aconsejo que leas solo los grandes, al menos en una
primera visita, hay cientos, tienes en todas las paredes, pasa, ven. – la
dije, y me reí internamente pensando cuando viera el salón.

En el pasillo le llamó la atención el que decía "Esta pared
pronto será editada. 21/5/86 Berta", y cuando dejamos a Emilio en su cama, no
quitó la vista sobre el que estaba encima de la cama que decía "Conciencia: ese
período desesperante entre dos siestas. 31/12/75 Emilio".

Estaba alucinada, podríamos ponernos Emilio y yo a hacer el
amor, podríamos gritar "Fuego!" y ni nos miraría, solo leía y leía las paredes
llenas de grafitis.

Emilio le contó lo de La Habana, y le pidió que dejase su
frase con las mismas condiciones que exigía a todo el mundo: nada personal.

Efectivamente, no lo oyó, siguió leyendo: "Llo hapollo la
educazion puvlicka", "Los infantes nunca se divierten tanto con la infancia como
los adultos con el adulterio.", "Dios creó al hombre y descansó; después creo a
la mujer y nadie ha podido descansar desde entonces.", "Cuando el amor es ciego
la oscuridad ayuda.", "Si no hay sexo después de la muerte, ¿qué importa si hay
vida después de la muerte?.", "Si Dios no hubiera creado la mujer. ¿a quien le
echarían la culpa de todo?." … … …

Emilio, me hizo un gesto para que me fuera, pero yo no quería
perderme la cara de ella cuando viera el salón, así que forcé la situación,
invitándola a ponerse algo de beber y así me acompañase al salón que allí tenía
un grafiti espectacular.

Cuando lo vio, no me defraudó.

Su cara y un "Ohhh" me compensaron. Empezó a tartamudear
"Es..es…es..to que..que es?".

Sobre la pared principal del salón, alguien con gran detalle
y realismo, había pintado un enorme pene con sus testículos y vello, sus venas,
su glande, en posición horizontal, y firmado "Manolo 79". (Testículos: Cada
una de las dos gónadas masculinas, generadoras de la secreción interna
específica del sexo y de los espermatozoos.)

Alrededor del pene mil y un grafiti alegatorios, de los
cuales uno especialmente me gustaba a mí "No hay que atribuir a malicia lo que
es simplemente explicado por estupidez. (Richeliu)". La encontraba muy
explicativa del conjunto de la casa, es el que pondría en el recibidor para
avisar del conjunto.

(Alegar: Citar, traer uno a favor de su propósito, como
prueba, disculpa o defensa, algún hecho, dicho, ejemplo, etc.)

"El falo de la vida", "908 238762, llámame! (El modelo)",
"Tiene cojones la cosa!", "Si todas fueran así las mujeres aparcaríamos mejor",
etc.…

Cuando Begoña volvió de su asombro y se podía medio hablar
con ella, me despedí muy cortésmente y los deje solos. Realmente ella estaba
allí por Emilio. Se me olvido decir que Emilio no esta mal dotado, aunque no me
quejo de lo mío, y ella le había visto desnudo.

Aquí tengo que hablar de mí, pero solo un poco. Convivo con
Marta, mi mujer para entendernos, aunque no estamos casados, y eso nos da mucha
libertad a ambos, no tenemos secretos, ni ataduras, así que comiendo, le conté
todo lo que había pasado en "El Cortijo".

Desde luego ese Emilio, es la leche, un día te traerá un
problema, bueno no, más gordos que los que ya llevas imposible. Esa casa la
tengo que ver yo

No te lo aconsejo, hace gracia al principio, pero luego
cansa

Así que los has dejado solos?

Si, estaba claro que se querían quedar solos, se liaran

Pero de verdad, ha montado todo ese numero?

Ufff, tenías que haberle visto, tumbado sobre el puesto de
libros, todos los libros por el suelo, la gente parada, un silencio total, y
él gritando

Nada, en cuanto puedas, le dices que nos invite a comer en
su casa, le conozco muy poco y si parece que esta algo loco, pero ya son
muchas movidas las que me has contado. Quiero verlo, quiero ver esa casa, y
quien sabe? A lo mejor monta algún numero estando yo.

Marta se divertía, reía con cada historia que me ha pasado
con o sobre Emilio, y además yo no le contaba todos los detalles a la primera,
los dejaba para ir contándoselos poco a poco, no por nada, solo para alargar sus
risas.

Ese día, hicimos nuestras cosas, que no recuerdo y al final
pues nos acostamos, debía de ser sábado o víspera de fiesta, recuerdo que al día
siguiente no trabajaba.

No entraré a contar intimidades entre Marta y yo, el caso es
que en pleno estado onírico, sonó el teléfono, eran las tres de la madrugada.
(Onírico: Perteneciente o relativo a los sueños.)

Si, has acertado, era Emilio.

Me pedía que fuese a su casa con una caja de herramientas,
que pidiera las llaves a la vecina de abajo, que entrase y que luego ya
entendería. Por supuesto me negué, pero Marta que estaba oyendo, no perdió la
oportunidad, y tomando ella el teléfono, acordó con él la cita. A mis quejas,
Marta solo me dijo "Esto no me lo pierdo!!", y se puso a vestir.

Así que aquí nos tenéis a los dos caminando por la calle,
vivíamos relativamente cerca, con una caja de herramientas a las tres de
madrugada. Me empezaron a temblar las piernas.

La vecina ya había sido avisada telefónicamente por Emilio y
nos dio las llaves fácilmente, pero lo difícil fue convencerla para que no
subiera con nosotros tal y como nos había advertido Emilio. No hacia mas que
mirar la caja de herramientas, y nos contó todo, sobre Emilio, sobre el tiempo,
sobre ladrones, sobre todo. Una de las pocas cosas que me molestan de Marta es
que se enrolla, y allí estuvimos, dándole a la húmeda y yo tirando de Marta que
ahora disertaba sobre el barrio. Creo que dije "Vale, gracias, buenas noches"
como unas diez veces. (Enrollar: Extenderse demasiado en una conversación.)

Ya en la puerta del piso de Emilio, pensaba en la reacción de
Marta al darse con el primer grafitti, pero al abrir todo estaba en penumbra,
solo una luz provenía del dormitorio, con lo cual Marta, no vio el onomatopéyico
grafiti del recibidor. (Onomatopeya: El mismo vocablo que imita el sonido de
la cosa nombrada con él.)

Sin encender las luces, fuimos hacia el dormitorio, una voz
nos guiaba "Aquí José, aquí!", "Ven, corre!".

Al entrar en el dormitorio, iluminado, nos quedamos parados,
y dejé caer la caja de herramientas, pero el estrépito ensordecedor no hizo que
Marta dejase de mirar.

En la cama, Begoña y Emilio desnudos, ella con cara de
enfado, con la mano derecha levantada y la izquierda tapándose sus pechos, él,
con su sonrisa de siempre "Hola tu debes ser Marta!", con su brazo izquierdo
levantado, y de muñeca a muñeca unas esposas a través de los barrotes de la
cama. Estaban esposados.

José, ya ves, nos hemos puesto a jugar, y me olvide la
llave en el despacho, mira a ver si la ves en la mesa. Espero que la
encuentres, que esté allí, sino tendrás que romperlas. – Hice un movimiento
con la cabeza de asombro, y me fui a buscar la llave de las esposas, pero
podía oírles – Que tal Marta?

…

Ah, que olvido imperdonable, te presento a Begoña, mi
salvadora. Supongo que ya te habrá contado José lo de mi mutilación ..

Mutilación? – era Begoña, en tono alto – Mutilación la que
te voy a hacer yo, cabronazo ….

Begoña, cielo, la vida nos pone estas traviesas en el
camino …

Cállate ya!! Gilipollas!! Me tienes mareada!!

Marta, que la ira temporal de Begoña no te impida ver sus
grandes cualidades como persona y …

Que te calles!! Joder!! – Marta, seguía inmóvil, muda,
mirándoles a los dos, mirando el grafiti sobre la cama, mirando el escenario,
la manta rajada en el suelo, las prendas interiores de Begoña, sobre la
televisión al otro extremo de la habitación.

Oye tío, allí no hay ninguna llave. Yo no la veo – volví

Intenta quitarnos esto, ya la buscaré yo, pero mira a ver
si puedes cortar la cadena. Empiezo a tener calambres en el brazo – Begoña le
miró con cara de ataque

Me cago en tu puta madre!!

Begoña por Dios, no seas soez!! – justo en ese momento me
interpuse entre ambos, sino, seguro que Begoña le habría atizado, en su cara
se veía la intención, la mía no era interceder, sino observar los eslabones de
las esposas.

Con maña, conseguí abrir un eslabón y liberarlos. Begoña,
rápidamente se puso su ropa interior, y Emilio, viéndola que echaba humo, fue a
buscar la llave. Yo me había quedado tumbado en la cama, vestido, y Marta
continuaba en la misma posición, inmóvil, con la boca abierta y mirándolo todo.
Al sentirse observada por mi, empezó a reír, pero con una risa continua,
contagiosa, una risa interminable. Emilio libró a Begoña de las esposas con la
llave y las suyas propias, Marta se reía de los gestos de Emilio, de la cara de
Begoña, de todo, y no paraba.

Llamaron a la puerta, era la vecina alertada por el ruido de
las herramientas al caer, Emilio la recibió en pelotas. Era así. Cuando Marta le
vio de espaldas con un esparadrapo en el culo, su ataque de risa se redobló, se
descojonaba, Begoña, se sentó en la cama y empezó a reír también mientras
meneaba la cabeza.

Sin querer, me contagiaron y los tres nos partíamos de risa.

Muchas gracias, no se preocupe, todo esta bien, mañana la
compensare por las molestias … – intentaba despedir Emilio a la vecina

Si vieras la que me ha montado Marta! De donde habéis
sacado a este tío? – intimaba Begoña con Marta

Uy esto no es nada, yo me he perdido muchas, pero a partir
de ahora, no me pienso perder ni una. Ja Ja Ja Ja Ja

De verdad Conchita que todo esta bien, gracias por todo y
no se preocupe mas, acuéstese que es muy tarde … – No conseguía despedir a la
vecina Emilio – … No, no es una fiesta, son unos amigos que han venido y están
contando chistes, ahora les diré que bajen la voz …

Dila que pase!! – grito Begoña, provocando mas risas en
Marta

Parece que habéis congeniado muy bien, no Begoña? – dije

Y quien no? Tiene algún enemigo? Es imposible con él

Me refiero a …

Ya, si, cuando esta callado es adorable, y dormido ronca,
así que….

Ja ja ja ja – intervino Marta

Marta, cariño, cálmate, te dará algo. Preparo algo de
beber?

Ha visto el salón? – señalando a Marta me preguntó Begoña

Nooooo, hasta que no se le pase, seria mortal, ja ja ja ja

Ja ja ja ja

Quiero verlo! Vamos! – y se levantó Marta tirando de mi

Espera que se vaya la vecina

… Si, Conchita, ya sé que el otro día el cartero se
confundió de buzón y le puso en el suyo mis revistas "guarras", lo siento,
como tenemos los mimos apellidos …

Ja ja ja ja ja, la madre que lo parió!

Ja ja ja ja ja

Nos hicimos muy amigos con Begoña, vino a nuestra casa,
fuimos a la suya, y lo pasábamos bien los cuatro. Emilio y Begoña intimaron y se
lo tomaron como nosotros, sin egoísmos y sin presiones, con libertad, así que
estaban muy bien, cada uno a lo suyo, pero juntos. De todas formas ya iréis
conociendo mas a ambas, hay muchas historias y ellas participan en algunas.

No contaré lo que pasó cuando Marta vio el falo en el salón,
solo diré que un día, al volver del trabajo, me encontré en casa una nota de
Marta: "Estoy en casa de Emilio, con Begoña, Je!", no pude resistirme y fui para
allí. Había gato encerrado en la nota, Emilio estaba de viaje, algo tramaban
ambas.

Me las encontré pintando una pared del salón, justo la que
estaba enfrente del falo, justo la mas visible. Tenían una foto porno de un
primer plano de una vagina, sacada de una revista porno de las muchas que tenía
Emilio, pegada en un lado de la pared, mientras ellas se afanaban en dibujarla a
escala gigante en la pared. Ese día fue cuando me compré la cámara y esperamos a
Emilio a oscuras, yo con la cámara preparada. Le dieron de su medicina. No viene
al caso, pero me haré publicidad: el dibujo de la vagina quedó muy bien gracias
a mis directrices: dividimos las fotos en cuadrados, y fuimos dibujando cada
cuadrado, así fue mas fácil imitar las proporciones. Eso me dio el honor de ser
el primero en poner un gratifi ad hoc "El gran coñon de Colorado 27/10/99 José".
Ya sé que no soy muy original, pero allí quedó para la eternidad.

 

Resumen del relato:
    Serie de humor

Jopeo (2: La final)

Jopeo (2: La final) (11)

Capitulo 2.

La final.

(Final: íšltima y decisiva competición en un campeonato o
concurso)

Aquel domingo, extrañamente, Emilio no quiso formar pareja
conmigo al dominó, excusándose con que tenia que hablar en una conferencia sobre
un tema social a una hora determinada y no podría acabar la partida. (Dominó:
Juego que se hace con 28 fichas rectangulares, generalmente blancas por la cara
y negras por el envés, con aquella dividida en dos cuadrados, cada uno de los
cuales lleva marcados de uno a seis puntos, o no lleva ninguno. Cada jugador
pone por turno una ficha que tenga número igual en uno de sus cuadrados al de
cualquiera de los dos que están en los extremos de la línea de las ya jugadas, o
pasa si no la tiene, y gana el que primero coloca todas las suyas o el que se
queda con menos puntos, si se cierra el juego.)

Los que le conocíamos no nos extrañábamos de sus raros
asuntos. No debería haber muchas conferencias sociales un domingo a las 11 de la
mañana, pero en fin, así era Emilio, y se quedó detrás de mí, viéndome jugar.

En un momento dado, tras consultar su reloj, me puso su mano
sobre un hombro y me dijo:

Me voy a ese tema, camarada. Espero darte una sorpresa
luego.

Y se fue. Yo me quede pensativo y un escalofrío de miedo me
recorrió. Le conocía muy bien, y verme metido en sus historias era para salir
corriendo a pedir confesión y testamentaría.

Regresó a las doce y cuarto. Traía una sonrisa de oreja a
oreja, y nada mas entrar me hizo uno de sus gestos para que le acompañase a un
lugar alejado de los demás.

He conseguido dos entradas para la final de la Copa del Rey
para el próximo miércoles, compañero. Iremos a la final a dar colorido al
triunfo de nuestro equipo y ser participes de la alegría de esta hermosa
ciudad.

Pero … en serio? – no me creía que las temidas malas
noticias fuesen tan buenas. Si no me había planteado ir a la final, era por el
precio, no por falta de ganas, así que aquella invitación me sorprendió.

Por supuesto que es en serio, y además son de palco, así
que deberás portar indumentaria apropiada para el evento. Veremos meter goles
a Rexach cómodamente sentados en nuestra butaca de palco, con nuestro gí¼isqui
y nuestro puro.

Rexach ya no juega, Emilio, y no metía goles.

Su espíritu impregna a su sucesor. Espero que de los
vegueros te encargues tu.

Por supuesto! Pero pensaba que no te gustaba el fútbol

Este evento transciende mas allá de un viril choque
deportivo, es un acto social de la máxima categoría. (Veguero: Cigarro puro
hecho rústicamente de una sola hoja de tabaco enrollada.)

Seguí soportando su extraña dialéctica, evitando siempre sus
gesticulantes manos. Hablar con él a solas, era un ejercicio para el cuello,
atento a sus manos, a su cabeza, y a sus aspavientos corporales.

Yo estaba muy ilusionado, era realmente una grata sorpresa y
todos mis temores por venir la propuesta de Emilio, fueron borrados por la gran
ilusión de poder asistir a la final. En cuanto llegué a casa me dirigí a mi
esposa, en realidad no estamos casados civilmente, pero nos consideramos
matrimonio:

Marta! A que no sabes que ha …

Escucha, ese amigo tuyo, ese raro, como se llama?

Emilio?

Sí, ese!

Pues precisamente ha sido él quién …

Ha salido en la radio

Qué?

Que sí! En un concurso!

Qué?

Estás tonto? Pues eso! Le he conocido por la voz y por la
cháchara

Pero … cuéntame …

Pues era un concurso que daban dos entradas para la final
de la Copa del Rey, pedían a los concursantes que adivinaran un bolero, y ha
salido él Emilio ese y no veas …

Que … que ha pasado?

Pues que no solo ha acertado los cantantes, sino que las ha
cantado enteras, y el presentador venga a decirle que ya estaba bien, que
había ganado, que no hacia falta que siguiera, pero ya sabes, les ha dado una
charla que "pa" qué!. Pero … que té pasa? – me había quedado pálido y me
derrumbé en un sillón

Me ha invitado a ir con él

No me digas! Que bien, no? No quieres ir?

Pero no me ha dicho nada del concurso

Ja ja ja, que tío!. Pues lo ha hecho muy bien.
(Cháchara: Abundancia de palabras inútiles.)

En un principio pensé en renunciar, pero fue mi mujer quien
más me animó. No importaba el origen de las entradas, es mas, eso debería
tranquilizarme acerca la procedencia de las mismas, habían sido ganadas
limpiamente en un concurso de sopas.

Hasta el día del partido, Emilio me estuvo aleccionando sobre
la ropa a llevar al partido. Teníamos que dar el pego en el antepalco. Eso me
mosqueaba, pero le seguí la corriente y el miércoles a la hora convenida iba con
mi mejor traje. Como prevención, llevaba toda la documentación que tenía, hasta
el pasaporte. Algo me decía que todo podía suceder, y deje a mi mujer
aleccionada para que si a una hora lógica no había dado señales de vida, avisara
a todos los cuerpos de seguridad, militares o civiles. Ella, por supuesto, se
río de mis miedos y me deseo una buena tarde. (Dar el pego: Engañar con
ficciones o artificios.)

Si yo iba elegante, Emilio iba deslumbrante. Entramos por una
puerta VIP y ese fue mi primer temblor al no poder convencerle que aquella no
era nuestra puerta. Para mi sorpresa, cruzamos sin que sonaran las alarmas, y
por un ascensor llegamos hasta las puertas del palco. No podía ser, el antepalco
no era el palco, allí no deberíamos estar, pero Emilio, sin duda de forma
intencionada, había burlado los modestos controles para llegar al palco.

Estabamos en una gran sala, rodeados de gente importante,
gente que solo veías por la televisión. Emilio me codeaba las costillas
anunciándome los cargos presentes: "Mira, el Alcalde", "Mira, ese es el Ministro
de Defensa, es del Barí§a", "Mira, Mendoza", me cambié de lado para aliviar mis
costillas derechas, y él atacó mi lado izquierdo, luego, mi mujer contaría los
cardenales y yo le podría ir diciendo el nombre de cada una de las
personalidades que los originó. Aquello me divertía, era una locura y de un
momento a otro esperaba que alguien uniformado nos detuviera y nos echara de
aquella sala VIP.

Efectivamente alguien uniformado se nos acercó, pero era un
camarero. Poco a poco nos fuimos acercando a una mesa donde variados canapés
eran atacados por los ilustres presentes, "Donde fueres haz lo que vieres" me
dijo Emilio y nos pusimos a saquear los canapés como el resto de presentes. En
un aparte le rogué que nos fuéramos a nuestro lugar, al antepalco, y su
respuesta fue: "Pero que dices? Esto es el antepalco!" En realidad el equivocado
era yo, nuestras entradas eran de palco, el antepalco era aquella sala de
recepción, pero con los nervios no me di cuenta, con lo que mi sufrimiento era
razonable.

De repente, Emilio dijo "Cáspita!" y salió corriendo hacia el
Ministro de Defensa, se puso detrás de él y le golpeó con fuerza en la espalda
mientras le sujetaba por los hombros. Rogué a Dios que se abriera el suelo y me
tragara, hasta que me di cuenta que Emilio trataba de aliviar al señor Ministro
que se habría atragantado con alguna oliva o almendra. Pero no todo el mundo se
percató como yo de la acción de Emilio, y cuatro policías de traje con gafas
negras, se abalanzaron sobre Emilio, inmovilizándole en el suelo y dándole una
somanta de palos hasta que el Ministro en persona los paró.

Yo había acudido a ayudar a Emilio a deshacer el entuerto con
los guardaespaldas, pero no fue necesario, el propio Ministro explicó, entre
toses, al resto de asistentes su gratitud por la acción de Emilio, y le pidió
disculpas publicas por la agresión sufrida, a la que Emilio resto importancia.
"A tal señor tal honor" me diría luego.

Desde ese momento fuimos tratados como auténticos VIP.
Primero Emilio me presentó al Ministro, y luego éste nos presentó a algunos de
los asistentes.

Realmente Emilio estaba en su jugo. Yo callaba por miedo a
meter la pata, por miedo a que nos descubrieran, pero armado de valentía y
viendo la hora que era, me atreví a preguntar al circulo en donde estabamos,
todos absortos oyendo la perorata de Emilio. (Perorata: Oración o
razonamiento molesto o inoportuno.)


Por que no pasamos ya al palco, queda poco para el partido?

Esperamos al Rey

El Rey!! Claro!. Todo mi cuerpo empezó a temblar, y mire a
Emilio quien me dio otro codazo mas fuerte, para destacar ese cardenal de los
demás, mientras me guiñaba un ojo.

Casi inmediatamente, hubo movimiento en un extremo y todos se
pusieron en fila para recepcionar al Rey, y nosotros al lado de nuestro
protector: el Ministro de Defensa.

Su Majestad fue saludando a cada uno de los presentes, cuando
llegara nuestro turno, primero le tocaría al Ministro, luego a Emilio y por fin
a mí. Estaba temblando.

Al saludar al Ministro, Su Majestad le dijo algo en catalán,
y luego el Ministro presentó a Emilio, que hizo una inclinación de cabeza tan
recia, tan erguida, tan fuerte, que golpeó con su frente en la barbilla de Su
Majestad, quien exclamó un "Hostias!!" y rápidamente se echó mano a la barbilla,
formándose un corro a su derredor. Yo me había quedado inmóvil, a-co-jo-na-do,
hasta que Emilio me dio otro codazo y con un gesto me indicó que nos fuésemos
aprovechando la confusión generada y el que todo el mundo estuviera pendiente de
Su Majestad.

Según bajaba las escaleras, me temblaban las piernas. Emilio,
delante de mí, me apuraba y yo le seguía como un zombie. Nos metimos en un aseo
y allí pasamos la primera parte del partido.

Durante el descanso, Emilio encuestaba a todos los que
entraban preguntándoles por el Rey. Que si "estaba en el palco?", "se le veía
bien?", "había pasado algo?". Todo parecía normal, alguno le dijo que llevaba un
pañuelo en la mano y que tenia una herida en el cuello, porque se lo ponía mucho
e incluso había visto un poco de sangre. Yo seguía apoyado en una pared del
mingitorio su charla y aun no podía dar ordenes a mis piernas. (Mingitorio:
Lugar destinado para orinar y en especial el dispuesto para el público en
calles, teatros, etc.)

Antes de comenzar la segunda parte, y seguramente por algún
chivatazo de los miccionadores que nos habían visitado, un militar con dos
policías secretas a cada lado, nos vinieron a buscar.

Es usted Emilio, verdad?

Mi coronel le aseguro que …

Soy general de campo, y no se preocupe, entendemos que ha
sido un lamentable accidente. Su Majestad quiere hablar con usted.

Cuando volvimos a la sala del accidente, Su Majestad estaba
sentado en una silla y una persona le aplicaba compresas en la barbilla. Al
vernos le llamó.

Emilio! Venga usted para acá!

Emilio se acercó y mientras se excusaba pidiendo perdón en
todos sus sinónimos posibles, se puso de rodillas ante í‰l, con lo cual provocó
una risotada de Su Majestad que nos dejó a todos alelados.

Pero levántese hombre! Si no ha sido nada – y en esto
alguien se acercó a Su Majestad y le cuchicheó algo al oído. Su reacción, fue
otra risotada – Así que usted ha ganado las entradas en el concurso de sopas
Maggi! Ja Ja Ja Ja (Cuchichear: Hablar en voz baja o al oído a alguien, de
modo que otros no se enteren.)

Todo el mundo río, y todos nos animaban a tranquilizarnos.
Pero desde ese instante, cuatro policías, dos para cada uno, no se separaron de
nosotros en ningún instante.

Yo no la había visto, pero la Reina estaba presente, y en un
gesto social se me acercó y me dijo. "Tranguilo bueng ogmbre. No pasa nadas" e
hizo un gesto para que se acercara un camarero y me ofreciera algo de beber, en
ese mismo instante, Emilio, aun con una rodilla en tierra, al ver que la Reina
hablaba conmigo, quiso venir a nuestro encuentro, luego me dijo que para que yo
no metiera la pata con la Reina, y fue a dar justo con su cabeza bajo la bandeja
del solícito camarero que se nos acercaba, derramando varios vasos sobre la
Reina y sobre mi. Emilio, trastabillando, cayó sobre el resto del liquido
derramado en el suelo. Yo simplemente me quería morir, era tal mi angustia, que
me orine. Supongo que nadie se dio cuenta al saber que había sido duchado con
las bebidas y pensaron que aquella mancha en mis pantalones era de martinis.

Emilio, se incorporó por fin y sacándose el pañuelo de la
chaqueta intentaba secar el busto de la Reina. Todo el mundo se quedo parado, ni
los guardaespaldas sabían como reaccionar, todos miraban a Emilio que frotaba su
pañuelo mojado de gí¼isqui sobre el busto Real. A mi todo me empezó a dar
vueltas.

Ja Ja Ja – reía el Rey – llévenselo de aquí que o nos
desgracia a todos o nos hace un bastardo, Ja Ja Ja

La Reina lanzó una mirada asesina a su Cónyuge y se retiró
seguida de mil y un ayudas de cámara.

Nos trataron muy bien. Llegamos al barrio en coche policial,
con todo el escándalo de luces y sirenas, por supuesto solicitadas por Emilio a
los amables policías que se lo concedieron, yo creo, para ver si se callaba de
una vez.

En cuanto vi a mi mujer, que junto a todo el barrio se echó a
la calle a ver que pasaba, me eche a llorar en su regazo, lo cual la alarmó
sobremanera, pero luego estuvimos varios meses llorando, pero de risa, sobre
todo cuando veíamos al Rey en televisión con media barba que al parecer se dejó
hasta que sanase la brecha y la explicación oficial de una extraña enfermedad
que le impedía afeitarse.

Con tal entrada triunfal y espectacular en el barrio, fuimos
interrogados por todos, pero yo no podía mas, y pedí auxilio a mi mujer, estuve
un día en cama, y efectivamente, pude reproducirle con el mapa de cardenales de
mis costados la composición de la camarilla del palco. (Camarilla: Conjunto
de personas que influyen subrepticiamente en los asuntos de Estado o en las
decisiones de alguna autoridad superior.)

En una de las ocasiones que Emilio narraba, exageradamente,
nuestra odisea Real en la tasca, un parroquiano sufrió una angina de pecho
motivada por los espasmos de la risa. Fue el punto negro de esta historia.
Cuando acudimos a su entierro, Emilio le arrojó en la fosa las entradas
recortadas, los que estabamos allí y sabíamos el motivo del óbito, tuvimos que
taparnos la boca para no ofender a la familia ignorante de la realidad, con
nuestras risas. (Odisea: Por extensión, sucesión de peripecias, por lo
general desagradables, que le ocurren a una persona.)

 

Resumen del relato:
    Serie de humor

Jopeo (1: La boda)

Jopeo (1: La boda) (11)

Capitulo 1.

La boda.

(Boda: Casamiento y fiesta con que se solemniza)

Un momento!!

Todas las cabezas se volvieron hacia el extraño que acababa
de entrar en la Iglesia. Un murmullo creciente inundó el sacro lugar.

Señor! Ocurre algo? – se atrevió a interpelarle el párroco
oficiante

Pues sí. Señoras y caballeros, amados amigos. Esta boda no
puede celebrarse. – y empezó a caminar hacia el altar por el pasillo central,
mientras desde los bancos a ambos lados los murmullos eran más grandes que las
desencajadas caras de las primeras filas de los bancos, ocupados por los
familiares de los novios

Tiene usted algo que alegar?

No pueden casarse porque … – Un súbito silencio se hizo y
todo el mundo quedó expectante – … son hermanos!!!. – Esta vez se oyeron desde
tacos hasta gritos: "Hostias!", "Joder!", "Coño!", "Eh?", "Ah!". Estas dos
ultimas exclamaciones venían de los bancos de los familiares. Cuatro padres,
dos matrimonios, se convirtieron en sosias, los cuatro tenían los ojos
desorbitados y la boca abierta. Los novios, se miraban, miraban al párroco e
iban perdiendo el color de sus rostros. (Sosia: Persona que tiene parecido
con otra hasta el punto de poder ser confundida con ella.)

Pero que dice usted buen hombre?

Lo que oye, amado hermano sacerdote – e hizo una pausa en
medio del pasillo para persignarse ostensiblemente. Todas las miradas estaban
pendientes de él. Con gran amaneramiento cruzó sus dedos por frente, pecho y
hombros.

Pero explíquese!! – le urgió el sacerdote

Yo soy su padre!. – "Qué?", "Cómo?", "Hostias!", "Joder!",
"Coño!" – Son hijos míos, de sus madres, pero yo soy el padre de ambos. A
pesar de mis ruegos, ellas, las madres, – y señaló con ambos brazos a las dos
primera filas de los bancos – no han querido parar la boda, pero yo no puedo
consentir que sangre de mi sangre, se una en pecado y en grave peligro medico,
que todo hay que mirarlo.

El escándalo fue mayúsculo, nadie se cohibió de expresar a
viva voz su sorpresa repitiendo los mismos tacos y exclamaciones, mas algún
añadido de los maridos ofendidos. "Hosssssssstias!", "Joooooder!", "Cooooooño!",
"Eeeeeeeeh?", "Aaaaaaaaaah!". "Pero que dice este señor Mari Pili?", "Pero …
pero … pero … Marisa!! Que es esto?". La novia ya había alcanzado en su rostro
la misma blancura que el elegante vestido nupcial que portaba y se desmayó, y
mientras caía, se agarró a lo primero que pudo: la casulla del sacerdote,
rompiéndola y dejándole a la vista una camiseta sobre la que unos tirantes
sujetaban un pantalón remangado hasta las rodillas. Antes de desmayarse del
todo, se vio a la novia durante un instante abrir mucho los ojos mirando al
semidesnudo cura, esa visión debió de ser definitiva para la lipotimia.(Casulla:
Vestidura que se pone el sacerdote sobre las demás para celebrar la misa,
consistente en una pieza alargada, con una abertura en el centro para pasar la
cabeza.) (Lipotimia. Pérdida súbita y pasajera del sentido y del movimiento.)

A las sorpresas de lo anunciado y de la desnudez del párroco,
siguió el caos. Un caos absoluto. Mientras, el extraño, inamovible en medio del
pasillo a mitad de camino del altar, contemplaba cuanto iba sucediendo. A cada
exabrupto oído de una de las familias, le correspondía con una mueca del rostro,
si era de la familia de la derecha, giraba la cabeza a la izquierda expresando
incomodo por las palabras oídas y cuando era la familia de la izquierda, movía
la cabeza al revés.

También se oía de fondo una risa histérica, proveniente de
los últimos bancos. Era una señora que no paraba de reír, y a ella, Emilio, el
extraño, le dedicó una sonrisa y una reverencia con la cabeza. Ella al verle
hacer el gesto, estalló en carcajadas con mas fuerza a pesar de los esfuerzos
recriminatorios de un hombre que la acompañaba. "Luisa por Dios! Compórtate!",
pero ella señalaba al cura con los pantalones arremangados, a las familias
insultándose, y a Emilio en medio del pasillo, y repetía las carcajadas. Si uno
atendía sobre el griterío reinante, podía oír que esa señora no era la única que
veía el lado cómico de la situación, había mas invitados riendo, pero más
comedidos que la simpática señora. (Histeria: Estado pasajero de excitación
nerviosa producido a consecuencia de una situación anómala.)

El novio y el párroco, que se iba poniendo una nueva casulla
traída por su acólito monaguillo, atendían a la desmayada novia. El griterío en
el banco de familiares de la derecha era seguido por los invitados que estaban
tras ellos, todos de pie, apoyados en los pasamanos, subidos en el reclinatorio,
alzando la cabeza para tener mejor visión. Y lo mismo sucedía al otro lado de la
Iglesia.

"Mari Pili! Mari Pili! Yo te mato!", "Andrés te juro que con
ese señor en particular, no he estado en toda mi vida!", "Cómo que ‘en
particular’?", "Mira que te lo dije, que era una pelandusca!", "Tú calla mama,
no metas mas cizaña a la leña", "Se dice mas leña al fuego, Andrés, que siempre
serás un ignorante. Y usted señora, si no estuviéramos en la Iglesia le diría
cuatro palabritas que tengo ganas de decirla", "Pues dilas, anda, atrévete, que
siempre me has tratado como a una extraña!", "Andrés no le consiento a tu madre
…", "Mari Pili! Mari Pili! Yo te mato!! Te mato y me mato!!", se oía por la
derecha, con gran goce de los invitados que había detrás, "Marisa como has
podido?", "Pero Juanjo, que este tío esta loco!, que no le conozco de nada, con
este no me he acostado nunca!", "Con ‘este’? Con otros si?", "Juanjo, no es
momento de sacar trapos sucios!", "Puta!!", "Impotente!!", "Guarra!", "Marisa
hija cálmate!", "Déjame mama, déjame que una ya esta muy harta de tan poco
hombre", "Yo poco hombre?, Yo?", "Si tu, desgraciado!". En este lado los
invitados se habían acercado y habían hecho un corrillo a los familiares, por su
mayor energía en los gritos y el peligro que llegasen a las manos. Al poco les
imitaron los invitados de la derecha con los otros familiares, pues las
acusaciones también iban subiendo de tono.

El sacerdote, una vez recuperada su compostura en el vestir y
la novia, sentada en un escalón, atendida por el novio, tomó la palabra:

Calma hermanos! Calma! Estamos en la Casa del Señor!,
Calma! Vamos a aclarar esto. Calma!. Usted! Explíquese! – la perspectiva de
que el extraño diese mas detalles escabrosos, hizo que los invitados callasen,
imitándoles al poco los familiares, todos de pie, rodeando cada grupo a cada
familia, expectantes al sujeto plantado en el pasillo, que con un gesto de
inclinación de la cabeza dirigido al párroco, comenzó a acercarse al Altar.
(Escabroso: Peligroso, que está al borde de lo inconveniente o de lo inmoral.)

Es fácil de explicar, caro diocesano, lances de juventud.
Tanto Camila como Genara sucumbieron a mis encantos. Eramos jóvenes y la vida
…

Quiénes son Camila y Genara? – le interrumpió el párroco

Pues las amantísimas madres de los nupcios

Las señoras madres de los esponsales son Doña María del
Pilar y Doña María Luisa …

No es este el enlace de Gutiérrez y Solana? – y Emilio se
quedó parado y mirando fijamente a los novios, al párroco y a las familias

No señor, esa boda fue el domingo pasado.

Hubo un instante de inmovilización total, nadie respiraba,
hasta que la simpática señora, soltó tal carcajada que cayó al suelo patas
arriba derribando un banco y llenando la iglesia de ruido. Algunos invitados la
imitaron. Emilio aprovechó la nueva confusión provocada por el estrépito, dio
media vuelta y salió corriendo.

Los familiares tardaron unos segundos en salir de su
perplejidad, asimilando el significado de lo que acababa de suceder, hasta que
sin mediar palabras entre ellos, salieron corriendo tras él, especialmente los
padres y hermanos, desoyendo las voces del sacerdote

Hermanos!! Calma!! Todo es un lamentable error!! Calma!!
Solo Dios puede impartir Justicia!! Hermanos!! – mientras decía esto un nuevo
estrépito inundó la Iglesia, todos los invitados salían de estampida tras los
familiares perseguidores – Hermanos! … Hermanos, ….. Hermanos? – y el párroco
comprobó que estaba solo, con su acólito monaguillo, la novia, otra vez
desmayada en el suelo a sus pies, la señora con el ataque de risa, pataleando
y con toda la cara congestionada, a la que daba aire su acompañante y, todos
los bancos esparcidos y algunos volcados – Dios mío!! Dios mío!! – y lanzó una
bofetada al monaguillo que había soltado una largamente contenida carcajada

Como cualquier domingo la gente paseaba por la calle, y al
ver la marabunta que perseguía a un individuo, todos elegantes, todos de traje,
todas de vestido largo, iba abriendo pasillo a tan agitada comitiva, sobretodo
por los gritos de Emilio que como punta de lanza atravesaba el paseo.
(Marabunta: Conjunto de gente alborotada y tumultuosa.)


Paso! Paso! Por Dios! Hagan paso!

Emilio, se metió por la parte vieja de la ciudad, y tras
doblar varias esquinas para dificultar la persecución, entró en un bar del
barrio chino, un bar sucio, viejo, maloliente, y con un gesto de su mano en la
bragueta, indicó al presumible dueño, única persona a la vista, su urgencia
urinaria y entró violentamente en el servicio. Al dueño no le dio tiempo de
advertirle, de pararle, y una vez que entró en el servicio, el dueño dijo en voz
alta

Que le den por culo! Ya se apañarán. Ya te digo.

El asqueroso aseo no estaba vacío. Una mujer entrada en años
y en carnes, grotescamente vestida de prostituta, le estaba haciendo una
felación a un joven de mala pinta, a un navajero de la zona. (Felación:
Estimulación bucal de los órganos genitales del varón para proporcionar goce
sexual.)

Por un instante los tres se quedaron mirándose, pero mientras
que Emilio tenia cara de sorpresa y espanto, los otros dos ponían cara de pocos
amigos. El joven sacó una navaja de su pantalón a medio bajar.

Tienes prisa por que te la coman o por morir?

Es solo un momento, me sigue la pasma – reaccionó
rápidamente Emilio

Date la vuelta – le ordenó el joven y obedeció. Estuvo cara
a la puerta mientras la pareja seguía con su negocio sexual.

Un griterío proveniente del bar, hizo que el joven dejase a
la puta y subiéndose los pantalones saliera a ver que ocurría. Emilio al
apartarse para que el joven saliese, se quedó enfrente de la mujer, con su
abultado pecho a punto de estallar, contra él.

Quieres que te saque el calostro? – Emilio con cara muy
seria le dijo

Señorita! Que cosas dice usted, por Dios!

Puajj – un escupitajo al sucio inodoro fue la respuesta de
la mujer


(Calostro: Primera leche que da la hembra después de parida.)

Afuera, el joven, ante la total pasividad del dueño, echó a
los perseguidores indicándoles que allí no había entrado nadie, y que se fueran
a gritar a otro sitio.

Una vez vacío el bar, llamó a gritos a Emilio

Tu!, Venga sal!

Uff, gracias, le he oído, ha sido usted muy amable, joven.

Así que te seguía la pasma, eh? Que pasa? Has dejado a una
novia en el altar?

Pero que se ha creído! Jamas dejaría a una mujer en el
altar, porque jamas lo pisaría

Tranquilito, tío, y afloja la pasta

Que pasta?

Crees que te he cubierto por tu cara bonita? Saca la pasta!
Todo lo que tengas!

Pero … pero … esto es un atraco!

Premio, se nota que fuiste a la escuela, capullo. Has visto
Tuerto como es bueno tener estudios?

Ya te digo. – contestó el sujeto tras la barra

Oiga! – se dirigía al Tuerto, que impasible jugando con un
palillo en sus dientes miraba aburrido la escena – No va a hacer nada?

Espere – y apretando los dientes, soltó un sonoro pedo

Juas! – río la mujer que divertida contemplaba el atraco
apoyada sobre un extremo de la sucia barra


(Pedo: Ventosidad que se expele del vientre por el ano.)

Emilio, presa de pánico y miedo, se dio la vuelta y echo a
correr, pero el joven le agarró por el bajo de la chaqueta que se descosió en
dos. Al ver la violencia del acto, Emilio se derrumbó e histérico comenzó a
gritar

No me pegue!! No me pegue!! – los presentes le miraban
perplejos. Empezó a gatear en dirección a la puerta y nadie se lo impidió. Una
vez solos, el joven comentó

No sé que coños le pasa al personal, pero cada día están
mas pirados

Ya te digo – dijo el Tuerto y escupió el palillo

Debe ser algo que le ponen en la comida. Ponme un orujo
anda – y se dedicó a examinar la cartera de Emilio que hábilmente le había
sustraído

Emilio, en cuanto se vio libre en la acera, se incorporó para
salir corriendo, pero sin mirar, pendiente de la puerta del bar para cerciorarse
que no le seguían y, nada mas levantarse se dio de bruces con una señal de
trafico. No se sabe si fue el golpe o la tensión acumulada de la tarde, el caso
es que no se levantó, quedo desvanecido sobre la acera, frente a la puerta del
bar. Un grupo de curiosos le rodearon y alguien llamó a los servicios de
urgencia. El joven navajero alertado por el dueño del bar, con igual destreza
que usó para quitarle la cartera, se la volvió a poner, aligerada
convenientemente del parné, en su destrozada chaqueta. (Parné: Del caló
parné, dinero, moneda.)

Cuando Emilio recobró el conocimiento estaba dentro de una
ambulancia camino del hospital. Debido a la edad y al fuerte golpe, tenia una
marca que le cubría toda la cara de arriba abajo, quedó en observación esa
noche.

Nosotros, sus amigos del barrio, no le extrañamos, sabíamos
que tenia una boda ese día, y nos pareció lógico que no apareciese por la tasca
donde nos reuníamos todos los domingos un grupo de amigos y en el hospital, al
no declarar familiares cercanos, y no presentar un grave estado, no hicieron
nada para dar aviso a nadie.

Le quitaron sus destrozadas y sucias ropas y le dieron el
clásico pijama del hospital, incorporándolo a una habitación vacía con tres
camas. Llevaba un vendaje que le cubría la zona central de la frente y la nariz.

A medianoche completaron la habitación con dos enfermos mas,
los dos recién ingresados. Uno de los nuevos compañeros de habitación, tenia la
cara totalmente vendada, el otro un brazo en cabestrillo, ambos venían en silla
de ruedas conducidos por celadores que les ayudaron a colocarse en sus
respectivas camas.

Al quedar solos, Emilio se hizo el camarada.

Que les ha pasado? Un accidente de coche?

No, una pelea familiar – contestó el del brazo escayolado

Pero hombre, la violencia nunca soluciona las cosas. Es
necesaria la comunicación para ….

Oiga, nos conocemos? Me han roto las gafas y no le veo
bien, pero su voz me suena

Tal vez nos conozcamos, soy un hombre de mundo que
frecuenta muchos lugares y es posible que hayamos compartido experiencias en
este valle de dolor que nos engulle y ….

No sé, tengo la cabeza como un bombo, ha sido un día
horrible

Pero que les ha pasado?

Pues nada, esta tarde se casaba un primo mío, hijo de este
señor, mi tío Juanjo, cuando ha llegado un cabrón …

Um hijonputan – murmuró el tío Juanjo, imposibilitado de
hablar bien por el vendaje de toda la cara

Qué?

Dice que un hijoputa, es que el pobre no puede hablar con
la cara así. Tenia usted que verle, le han dejado la cara guapa. Bueno, pues
como le decía, estabamos en plena boda cuando ha llegado un cabronazo y en
medio de la Iglesia ha dicho que los novios no se podían casar porque eran
hermanos, que él era el padre y que las madres se habían acostado con él.
Imagínese!. Pero ahí no acabó la cosa, no señor!. Después de montar el
escándalo padre, el muy cabronazo dice que se ha equivocado de boda. Que le
parece? – Emilio sentía una descomposición interna

Perdone, tengo que ir al aseo – dijo falseando el habla

No, no se preocupe, ríase, si es de risa, si, si en
comisaria se han descojonado todos y, si hubiera visto luego la que se ha
liado!

Lon maton

Dice que lo matará. Ya le vera mañana por la mañana cuando
le quiten la venda como le ha dejado mi tía. Menuda fiera! Y mi abuela, no vea
que patadas le daba al pobre en sus partes!

Emilio estaba acogotado, de momento estaba a salvo con los
vendajes que tenían los tres, pero vendrían familiares, y corría peligro. Tenia
que salir de allí, como fuera.

Disimulando ir al aseo, localizó una bolsa con sus cosas y la
acercó a su cama. Esperaría a que durmieran los otros.

A los ronquidos del joven, el tío Juanjo correspondía con un
"Lon maton!", "Hijonputan!", "Pusta!", y cada maldición del tío Juanjo, erizaba
los pelos de Emilio.

Sobre las tres de la madrugada, en pleno silencio, Emilio se
vistió con su destrozada ropa y salió al pasillo a medio iluminar. Caminaba en
silencio, pausadamente, solo se oían sus huesos crujir por la forzada posición
para caminar en absoluto silencio.

Se fue acercando a la sala de guardia, cuya luz iluminaba el
pasillo, no tenia puerta, y tenia que pasar ante ella, le verían. Miro al otro
extremo de pasillo y, se distinguía por la misma luz, al final del pasillo otra
sala de guardia. Estaba bloqueado, pero entonces oyó una voz proveniente de la
sala de guardia cercana, una voz que le llamaba en voz muy baja, muy suspirada,
muy silenciosa.

Emilio, ay, Emilio, si, Emilio, si

Se acercó al máximo al umbral de la sala de guardia y muy
lentamente asomó la cabeza lo justo para ver quien había y quien le llamaba.

Ay, ay, Emilio, ay

Sobre la mesa, un celador se ayuntaba con la enfermera de
guardia, que, irónicamente, debía llamarse Emilio, el celador, no la enfermera.
La posición de ambos, él de espaldas al pasillo y ella sobre la mesa, le
permitía salvar el obstáculo. (Ayuntar: Realizar el coito.)

Llegó a la planta baja, tenia dos salidas, por urgencias era
imposible, solo le quedaba salir por la recepción. Se compuso la chaqueta como
mejor pudo, y con un cigarrillo en la mano, hizo un gesto explícito al portero,
y salió a la calle. En cuanto pisó la libertad, se puso a correr hasta su casa.

Camino de su casa, sin darse cuenta, atajó por la calle del
bar sucio donde le habían atracado, y al pasar a todo correr no vio al joven y
al Tuerto que estaban cerrando el bar y, siguiendole con la vista comentaron.

Pero todavía le están siguiendo al tío este? Para mi que
esta zumbado.

Ya te digo.

Una vez en casa, ya a salvo, como se encontraba muy fatigado
se acostó, pero al cabo de media hora, un fuerte dolor en el pecho le alarmó y
no tuvo mas remedio que llamar a urgencias, que acudieron prestos en previsión
que fuese un infarto.

Le trasladaron al hospital, donde se dieron cuenta que ya
figuraba ingresado, y tras un examen, le volvieron a colocar en su cama, en la
habitación con el tío y el sobrino. Desde ese momento y hasta su alta
definitiva, no abrió la boca, y cuando los familiares de los otros les
visitaron, se limitó a comunicarse con gestos comedidos y precisos. Fue testigo
mudo de las tramas que urdían los familiares para localizarle y partirle en dos,
y apenas habló, debió de ser una de las pocas veces que se callaba tanto tiempo.
(Urdir: fig. Maquinar y disponer cautelosamente una cosa contra alguno, o
para la consecución de algún designio)

Tardamos tres días en enterarnos de su agitado día de bodas,
y cuatro en dejar de reír. En realidad he tardado mucho en saber todo lo que
paso, pero eso ya lo iremos viendo, la boda dio muchas más historias absurdas.

 

Resumen del relato:
    Serie de humor

Jopeo (0: Introducción)

Jopeo (0: Introducción) (11)

(Introducción: Exordio de un discurso o preámbulo de una obra literaria o
científica.) (Exordio: Principio, introducción, preámbulo de una obra literaria;
especialmente la primera parte del discurso oratorio, la cual tiene por objeto
excitar la atención y preparar el ánimo de los oyentes.) (Excitar: Mover,
estimular, provocar, inspirar algún sentimiento, pasión o movimiento.)

Desde que conozco a Emilio, siempre he creído que lo suyo no era normal. No
señor. Siempre pensé que alguien debía hacer una película con su vida o
dedicarle un documental científico. Es tan increíble la cantidad de sucesos
extraños que le ocurren, que sé que nadie creerá todo lo que voy a contar. Pero
tengo la prueba irrefutable que cuanto voy a relatar es cierto, además, es muy
simple y sencilla: Es imposible que yo o alguien en su sano juicio, sea capaz de
inventarse tal cúmulo de situaciones absurdas, pero a la vez corrientes. Como se
suele decir, la realidad suele superar a la ficción, así que todo esto no es
obra de mi febril imaginación, es simplemente una crónica, resumida, escogida,
de la increíble vida de mi amigo Emilio.

Trataré de presentar a Emilio, aunque casi es la parte más difícil de
describir. Imagínense a un Tati a la española, esa seria la más próxima
definición de Emilio en cuanto a su porte y gesticulación, o mejor aun, una
mezcla entre Tati, Louis de Funes, Alfredo Landa y Arturo Fernández, es decir,
mezcla lo absurdo con el histrionismo, lo chabacano con la elegancia, pero me
estoy perdiendo y no lo describo. Ya dije que era muy difícil.

Emilio es un sujeto que aparenta unos 40 años, siempre elegantemente vestido,
siempre muy refinado y con cortesía, con una cultura de lector ávido, pero sin
fondo, lo que lleva a afirmar los mayores disparates con la firmeza de un loco.
Misógino, ¿cómo no?. Mujeriego, y totalmente desvergonzado. Le da igual
presentarse de etiqueta en una hamburguesería que acudir a una recepción real en
bermudas. Eso sí, bermudas de primerísima marca y calidad. Para completar su
descripción, para intentar formar una idea del tipo, insistiré en calificarlo de
autentico histrión. Gesticula exageradamente como apoyo a sus palabras, lo cual
le hace el centro de atención a la primera palabra.

El mismo se define como un jopeador, extraña palabra que seguramente ha
buscado en el diccionario para no tener que decir que es un vividor y adornarse
de un termino extraño para darse una aureola de erudito, cosa muy habitual en
él. (Jopear: Corretear, andar de calle en calle, hopear.)

Pero como se suele decir "por sus obras le conoceréis" así que empecemos con
sus "obras".

El lector sagaz, o sea, tu, habrá visto ya, que acompaño una descripción de
aquellas palabras que bien por su escaso uso, bien por destacarlas, merecen
llegar con su correcto significado al citado sagaz lector, o sea, a ti. Para no
interrumpir la lectura, colocaré las definiciones al final del párrafo en que
aparezcan. También he querido ponerlas para el análisis de algunos términos que
usamos frecuentemente sin la fuerza necesaria, y que al conocer su significado
adquieren todo su esplendor, algunas veces nos sorprenderemos con algunos
significados, lo cual, si la historia no le gusta, por lo menos le ayudará a
usar dichos términos con mejor conocimiento de los mismos.

Para esos otros lectores, impacientes o lingí¼ísticamente cultos, mi consejo
es simple: No lea las definiciones que aparecerán siempre en cursiva al final de
los párrafos.

Espera un momento, no pienses que trato de dar una lección magistral sobre
vocabulario, o demostrar mis conocimientos de la lengua, al contrario, soy un
ignorante en dicho uso, simplemente trato de hacerlo lo mejor que puedo y por
ello me ayudo del diccionario y de la misma forma que me sorprendo yo, imagino
que te sorprenderás tu. Pero sobretodo, pongo las definiciones para destacar el
mal uso dado por mi querido amigo Emilio. La mayoría de las veces, el lector,
si, coño, tu, se preguntará: "pero que coños quiere decir?", pues eso, que al
poner el verdadero significado de las palabras usadas por Emilio, tu sorpresa o
admiración será mayor, con conocimiento de causa.

Eso es todo.

 

Resumen del relato:
    Serie de humor.

La niña (II: Divina tentación)

La niña (II: Divina tentación) (11)

Camino a casa recorde una y otra vez la escena en la escalera, ella
practicamente en cuatro patas y yo detras intentando hundirle el bulto de mi
entrepierna en la raja de su culo, ella sin decir nada, como aprobando la
situacion, resistiendo ante mi avance, firme en su posicion.

Nunca antes me habia llamado la atencion tanto una muchacha asi, es decir de
esa edad, bueno claro solo cuando yo tenia la misma edad. Al ver chicas de 16 o
18 años, las miraba y me parecian simpaticas, tendran un buen futuro pensaba
malicisiosamente, pero no pasaba de ahi, no despertaban tanto mi instinto sexual
como lo hacia esta niña. Yo lo hice por primera a los 14 años, edad que tiene
Cinthya, pero fue diferente porque los dos teniamos la misma edad, ella se
llamaba Susan, quizas en otra ocasion les cuente como fue.

Bueno al llegar a casa, ni la ducha fria, ni la masturbacion que me di
funcionaron, queria poseer a esa niña. Sabia que estaba mal, pero mis deseos
eran muy fuertes, decidi alejarme de ella un tiempo, era por su bien… y por el
bien de mi salud mental, ademas se acercaban mis examenes finales y tenia que
concentrarme en estudiar.

Sin embargo a los dos dias su madre me llamo, me asuste pensando que Cinthya
tal vez me habia acusado de propasarme con ella, pero no fue asi, al contrario
su madre me pedia que visite a su hija porque necesitaba ayuda, tambien se
acercaban sus examenes finales. Yo me excuse de ir amablemente, la señora
comprendio. La noche siguiente me volvio a llamar y me dejo a hablando con su
hija, con su dulce y aun infantil voz me pedia que la ayudara.

- Vamos solo es un momento, por favor, si … o si quieres voy a tu casa.

- Eehh, bueno, esta bien, pero ahora es un poco tarde y no puedo ir, quizas
mañana en la tarde.

Al dia siguiente casi a las tres Cinhya se aparecio en la puerta de mi casa
vestida con su uniforme escolar: una falda a cuadros (tipo escosesa) roja, que
la usaba por encima de las rodillas y una blusa blanca, y el cabello amarrado.
Antes ya habia visto fotos en revistas pornograficas de chicas sensuales que se
visten como escolares, incluso ahora en internet hay lugares fotos de este tipo
(“lolitas”), pero les digo que al ver a Cinthya vestida asi me excito mucho,
sera porque sabia lo que escondia ese uniforme… aunque en realidad el buen
rabo que se manejaba hacia que se levantara un poco la parte posterior de su
vestido, Dios esta niña viene con cojinetes incorporados. Yo en cambio acababa
de salir de la ducha, y al escuchar el timbre solo alcance a ponerme un short
suelto, y un polo, no llevaba ropa interior.

- Hola, que haces aqui, justo ahora iba a cambiarme para ir a tu casa.

- Ayer te avise que vendria, ¿asi es como me saludas?, me recrimino
juguetonamente.

Se acerco, me ofrecio su mejilla para que la besara, yo me incline y ella
volteo el rostro y mi beso termino en sus labios, luego entro. Algo perplejo, mi
reaccion fue revisar si es que alguien nos habia visto pero la calle estaba
vacia, igual que mi casa; mi madre habia salido hace poco a visitar a mi abuela,
mi padre no regresaba hasta la noche.

Subimos a mi estudio en el segundo piso, era un cuarto que habiamos
acondicionado cuando ingrese a la universidad, estaba al lado de mi habitacion,
una gran puerta corrediza comunicaba las dos habitaciones. En el estudio tenia
mi escritorio, mesa de dibujo y algunos libreros.

Nos acomodamos en el escritorio, ella estaba a mi izquierda y nuevamente
empezo ese viejo juego de seduccion que ella habia implantado en las ultimas
semanas; los roces, el frecuente contacto fisico, sus senos hundiendose en mi
brazo, sus muslos rozando los mios… solo que esta vez ella decidio dar un paso
mas… mientras le explicaba algo ella apoyo su mano cerca a mi entrepierna,
sera algo involuntario pense, debido al grado de confianza que habiamos
desarrollado, pero no quitaba su mano de ahi, al contrario no si era mi
imaginacion pero me parecia que la estaba subiendo, al igual que mi calentura.
Le propuse tomarnos un descanso, fui a traerle un refresco y mientras me decia a
mi mismo: cuantos años de carcel me darian por abusar de una menor, un
pensamiento realista y muy fatalista a la vez, pero era mi manera de mantenerme
a raya… aunque eso no duraria mucho.

Al regresar nos pusimos a conversar de cosas triviales, hasta que ella se me
pregunto:

- Y… tienes enamorada?

- No, por ahora no… creo que el querer terminar mis estudios no me han
permitido pensar en eso… pero te devuelvo la pregunta; tienes novio,
enomarado… algun amigo cariñoso.

- Estuve saliendo con un chico, pero nose, era un poco tonto, se comportaba
como un niño.

- Pero si tu tambien eres una niña!, le dije sin pensarlo.

- No soy tan niña por si no te has dado cuenta, me respondio algo molesta.

Claro que me habia dado cuenta, tenia el trasero mas apetecible que habia
visto en mi vida.

- Me refiero a que una niñ…, digo que me parece raro una chica tan guapa
como tu no tenga novio.

- Se que le gusto a algunos chicos de mi colegio, pero me gustaria salir con
un chico mayor, con alguien con mas experincia… dicho esto sus ojos verdes me
miraron con intensidad y con el brilo caracteristico de las niñas enamoradas .

Sabia por donde iba esa conversacion asi que decidi cortar el descanso y
volvimos a estudiar, al poco rato puso nuevamente su mano en mi entrepierna,
trate de no prestarle atencion, porque justamente eso es lo que ella queria:
atencion. Asi que decidio avanzar mas, al rato comenzo a quejarse que no podia
ver bien, que yo le tapaba y que asi no podia entenderme.

- Bueno, bueno y que quieres que hagamos, le pregunte.

- Mmmm, ya se… que te parece si… si me siento en tus piernas… asi no me
tapas, puedo ver y oirte mejor.

No era una niña, era el demonio que me tentaba, que trataba de ponerme a
prueba y ver cuanto mas resistiria mi voluntad. Quise oponerme, pero la idea de
volver a sentir sus tiernas y jugosas nalgas termino por hacer que aceptara.
Dicho y hecho, se subio mi pierna izquierda, y sus piernas flaquearon la mia,
con mi brazo izquierdo rodee su cintura.

Senti levemente a traves de su falda la separacion de sus nalgas y me verga
lentamente desperto del sueño al que yo habia intentado inducir. Ella resbalo un
par de veces sobre mi pierna y volvia a subir, en cada uno de estos movimientos
falda se plegaba mas, dejando sentir cada vez mas su blanca y tersa piel.

Su falda subio tanto y llegue a sentir su pequeño cazoncito, mi pene ya
estaba erecto. No se si fue voluntaria o involuntariamente, lo cierto es que
ella rodo un poco mas hacia mi, ahora sus piernas estaban entre las mias y sus
firmes nalgas se hundian en mi pierna y en mi ingle, su delgado y castaño
cabello rozaba mis mejillas, no dijo nada al respecto, mas bien parecia estar
mas comoda. Bueno niña todo hombre tiene un limite y tu ya me lo colmaste….
ahora me toca jugar a mi.

Continuara…

Adrian

POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    A pesar de todo intento por conservar la cordura… Adrian sucumbe ante los encantos de esta pequeña “Lolita”

Sin límites (IV: Yolanda)

Sin límites (IV: Yolanda) (11)

Yolanda

Aquella revelación la estaba esperando, no quería que Paola
se diese cuenta. El ver a mi esposa con otra mujer me había hecho entrar en otro
mundo, un mundo donde el sexo y el placer ocupaban el primer lugar. Sentado, con
el vaso de whisky en la mano, mirando a mi sirvienta que, para frente a mí,
prácticamente esperaba una orden, me imaginé en breves instantes un montón de
imágenes donde Yolanda, mi querida esposa, hacía el amor con Paola. Debía
continuar averiguando, y así lo hice.

¿Cómo dices? – le pregunté simulando asombro.

Déjeme explicarle, señor.

(A partir de ahora será la misma Paola quien les cuente todo)

Cuando comencé a trabajar aquí, hace 1 año recién había
cumplido los 18. Hasta esa fecha sólo había tenido un novio, desde que tenía 15.
El fue el primer hombre que me besó, el primero que acarició mi piel, del que
por primera vez recibí placer, en fin, con él perdí la maldita virginidad.
Recuerde usted que mi novio venía diariamente a buscarme cuando terminaba mis
labores. Era muy celoso, entre sus manos me había hecho mujer, ya no era más la
muchachita fea del barrio, los hombres me miraban con lujuria cuando iba por la
calle y esto no podía pasar inadvertido para él. Esto lo alteraba mucho.
Comenzamos a discutir por cualquier cosa, se fue tornando violento. Es increíble
lo que pueden hacer los celos.

Fue en esa época en que los ví por primera vez a usted y la
señora haciendo el amor. Un sábado había terminado de hacer las labores aquí
abajo y subí para recoger una de las habitaciones. El día anterior su asistente,
la señora Carmen, había estado trabajando con usted hasta muy tarde en el
estudio y se quedó a dormir aquí. Había dormido en la habitación continua a la
suya. Como le decía, subí para cambiar la ropa de cama. Estado en la habitación,
sin querer, comencé a escuchar como usted y la señora lo estaban haciendo. Mi
primer impulso fue el de bajar y esperar a más tarde. Pero la curiosidad fue
mucho mayor. Con mucha cautela salí al balcón y me acerqué a las ventanas de su
alcoba. Usted estaba acostado en la cama y su señora estaba sentada sobre usted,
dándole la espalda, con la verga completamente incrustada en el ano. Con una
mano se acariciaba el clítoris y con la otra se estaba amasando los senos.

Aquello me dejó paralizada. Jamás había visto a una pareja
haciendo el amor, además, nunca mi novio me la había metido por atrás. Algunas
veces lo intentó, pero yo siempre me opuse.

Su esposa comenzó a subir y a bajar. Cuando subía se sacaba
la verga y se la introducía en la vagina. Entonces bajaba por completo, sin
dejar de acariciarse el clítoris. Después repetía la misma operación, pero a la
inversa. Entonces vi su verga por primera vez. No pude evitar compararla con la
de mi novio y me di cuenta que lo que hasta ese momento había sentido era puro
juego si alguna vez llegaba a tener la de usted dentro de mí. Tal vez fue en ese
momento que me nació este deseo que al fin hoy se ha cumplido.

Yo los respeto mucho, porque son muy buenos conmigo, pero no
pude evitar el comenzar a excitarme. Jamás me había pajeado, pero había
escuchado a algunas amigas como era que se hacía. Conteniendo la respiración,
introduje una de mis manos en los pantys. Mi vagina estaba totalmente inundada
por los jugos de la excitación. Casi instintivamente comencé pasarme los dedos
por la raja, sin dejar de mirarlos a ustedes.

Su esposa tenía la verga en el culo y parecía gustarle mucho.
De pronto llevó una de sus manos hacía atrás, y de debajo de una almohada sacó
un consolador. Yo solamente había oído hablar de ellos, pero nunca había visto
uno. Era grande, con la misma forma de una verga, pero no tan linda y grande
como la suya. La señora se la pasaba por los labios, mojándola. Después se la
restregaba por los pezones, que tenía bien erectos. Poco a poco la fue acercando
a su raja. Se la pasaba de arriba abajo. Se introducía sólo la punta y volvía a
chuparla. Usted movía suavemente las caderas haciendo que su esposa se excitase
aún más. Por mi parte, yo pellizcaba mi clítoris, que siempre tuve grande, y que
mi novio con sus mamadas y caricias se había encargado de desarrollar un poquito
más. Me introducía dos dedos en la vagina, manteniendo la palma de la mano
apretada contra el clítoris, restregándolo. Como su esposa saboreaba el falo de
goma después de haberlo introducido en su vagina, yo decidí probar a que sabía.
Llevé mis dedos a la boca y los chupé lentamente. El sabor me embriagó por
completo. A partir de ese momento no he dejado de hacerlo nunca.

Ya su esposa estaba lista para completar la doble
penetración. Despacio fue introduciéndose el consolador en su vagina, al tiempo
que abría la boca, pasándose la legua por los labios, en un gesto tan morboso
que, unido a la paja que me hacía, me provocaron el orgasmo. Casi suelto un
grito cuando comencé a correrme, pero me mordí los labios y continué observando
mientras me corría.

La señora Yolanda subía y bajaba sobre su verga con
desesperación, al tiempo que usted elevaba las caderas y se clavaba su estaca
hasta las mismas pelotas. El ritmo con que ella metía y sacaba el consolador de
su vagina era vertiginoso. Comprendí que ustedes también se estaban corriendo,
lo cual quería decir que habíamos terminado los tres al mismo tiempo.

En el desespero del orgasmo yo había llegado a introducir dos
dedos en mi ano hasta más allá de la mitad. Cuando estaba terminando de correrme
fue que me di cuenta real de lo que estaba haciendo y los fui sacando despacio,
lo que me provocó otro orgasmo, del que disfruté como nunca antes lo había
hecho. Había cerrado los ojos, disfrutando el momento. Cuando los abrí la señora
se pasaba el consolador sensualmente por los labios, lamiéndolo de vez en
cuando, y tenía clavada la vista en mí. Todo el tiempo ella estuvo de frente a
mí. En sus ojos no había reproche, si no más bien complicidad y deseo.

Debo confesar que no sólo el mirar su verga y como hacía el
amor me había excitado. Mirando a su esposa a los ojos, con mis dedos aún en la
vagina, comprendí que la visión de su cuerpo, de la forma en que se acariciaba,
de sus movimientos, de sus hermosas tetas, de su vagina abierta prácticamente
ante mí, me provocaron sensaciones que nunca había sentido. Nuestras miradas no
se desviaban, se había establecido una especie de magnetismo entra nosotras.
Tenía ganas de correr hacia la cama y abrazarlos, de pedirles de rodillas que me
hiciesen gozar tal y como habían hecho ustedes, pero el respeto me detuvo. Me
ruboricé a causa de mis pensamientos y bajando la vista me aparté de la ventana.

Después supe que casi desde el mismo instante en que comencé
a acariciarme, la señora se había dado cuenta de mi presencia.

Entre en la habitación contigua y recompuse mis ropas. Salí
sin hacer el menor ruido. Cuando al cabo de unos minutos usted bajó en busca de
un trago, me encontró sacudiendo los muebles, como siempre. A propósito me
incliné para recoger algo, de forma tal que usted pudiese ver mi culo, pero
usted no se dio cuenta.

Esa tarde cuando mi novio vino a buscarme le dije que no me
iría con él. Había comprendido que nuestra relación ya no servía, además, había
comprendido que jamás él me haría sentir lo mismo que había sentido en el
balcón, mirándolos a ustedes, que jamás podríamos gozar como gozaban ustedes.
Mis palabras lo dejaron atónito. Por supuesto que no le conté nada de lo que
había visto. Simplemente le dije que no pensaba seguir saliendo con él, que lo
nuestro no tenía futuro, que ya no soportaba sus celos, que era inadmisible la
forma en que me trataba (y en ese momento pensaba en cómo trataba usted a su
esposa), que las discusiones eran insoportables.

Al ver su rostro comprendí que no se esperaba algo así. Se
sintió herido en lo más profundo y noté como asombro se iba transformado en ira.
Me empezó a decir horrores. Los calificativos que me endilgó me apena volverlos
a decir. Ya casi estaba gritando.

Usted estaba durmiendo en su habitación y la señora estaba
tomando un jugo en la cocina cuando escuchó la discusión. Llegó hasta nosotros y
lo conminó a marcharse, de no hacerlo llamaría a la policía, que volviese a
presentarse en la casa, que si se enteraba que él se acercaba a mí, lo acusaría
ante la justicia.

Todo esto lo dijo de forma tan decidida y firme que él no
tuvo más remedio que marcharse. Desde ese día no lo he vuelto a ver.

Al cerrar la puerta comencé a temblar. Temía que cuando me
fuese a casa me estuviese esperando para hacerme alguna barbaridad. No pude
contener el llanto. La señora me tomó por los hombros y me acercó a ella
diciéndome dulcemente:

Ven, no temas, no te pasará nada. Recuesta tu cabeza en mi
pecho y llora, eso te ayudará a calmarte.

Mientras así me hablaba me acariciaba el pelo. Hice lo que me
decía y puse mi cabeza sobre su pecho. La bata que vestía se había abierto
ligeramente y dejaba ver el nacimiento de sus senos perfectos. Con la mejilla
contra su piel, sintiendo su calor, mirando sus senos tan de cerca, se me fue
pasando el nerviosismo.

Pero estar abrazada con una mujer tan sensual, a la que había
visto gozar completamente desnuda hacía sólo un rato, provocó que mi corazón
comenzase a latir más aprisa. Mi respiración se hizo más agitada, pero ella
parecía estar sintiendo lo mismo, su pecho subía y bajaba al ritmo del mío,
sentía como su piel se erizaba al contacto de mi aliento, como su cuerpo se iba
apretando contra el mío, mientras sus manos ya me recorrían la espalda, desde el
cuello hasta la cintura.

El olor de su cuerpo recién lavado contrastaba con un olor
dulzón y atrayente que subía por dentro de su bata. Era el mismo olor que había
sentido cuando chupé mis dedos por primera vez, después de haberlos tenido en lo
más profundo de mi vagina.

Al pegarnos más una a la otra, sin quitar mi cabeza de su
pecho, su bata se había abierto aún más, dejando ver uno de sus senos por
completo. Tenía el pezón duro como piedra tan cerca de mi boca que sin siquiera
pensarlo comencé a besarlo. Fue algo involuntario, como si algo dormido dentro
de mí me incitase a hacerlo. Lo fui lamiendo con la punta de mi lengua, mientras
con mi mano apretaba el seno, que ya estaba hinchado por la excitación. Tomaba
el pezón con mis labios y lo sorbía con ansiedad y con deleite, lo mordía
levemente, poniéndolo más duro aún.

Ella comenzó a acariciar mis nalgas con una de sus manos,
mientras con la otra acariciaba mis mejillas tiernamente. De pronto me tomó por
los hombros con fuerza, obligándome a soltar aquel manjar que tanto estaba
disfrutando. Pensé que había vuelto en sí y me regañaría, pero fue todo lo
contrario.

Me besó en los labios con una ternura tal que casi me
desmayo. Introdujo su lengua en mi boca, buscando la mía, encontrándola y
enredándose con ella, comenzando una danza loca que iba de mi boca a la suya.

Nos besamos largamente, con deseo y lujuria, tocándonos por
todas partes, dejando que nuestras manos conociesen el cuerpo de la otra.

Con dulzura me separó de ella. Todo su cuerpo resplandecía de
deseo y mis muslos estaban empapados por la enorme cantidad de secreciones
vaginales que sus caricias me habían provocado.

Debemos detenernos – me dijo – mi esposo puede despertar y
bajar. Pero no te aflijas, quiero que esta noche te quedes a dormir aquí, no
podemos arriesgarnos a que ese imbécil de tu exnovio – y recalcó lo de "ex" –
e encuentre y te haga algo. Yo me encargaré de hablar con el señor.

Y besándome en los labios se marchó, al tiempo que me decía:

Esta noche conoceremos el cielo juntas.

Yo estaba sin habla de la emoción. Había tanto amor y tanta
ternura en su voz, en sus gestos, en sus caricias, que me había quedado muda.
Pero mi piel hervía de deseo.

Fui hasta la cocina después de ver como subía a la planta
alta. Me recosté de la mesa, donde había dejado listo todo para preparar la
cena. Mis manos buscaron instintivamente mi entrepierna. Estaba completamente
empapada y tenía el clítoris y los labios sumamente hinchados.

Comencé a acariciarme con lentitud, disfrutando cada caricia.
Pero fui acelerando el ritmo, incrementando la fuerza de los pellizcos y
tirones, metiéndome despiadadamente hasta tres dedos en el coño. Ello, lejos de
saciar mi deseo, lo aumentó. Entonces me fijé en uno de los pepinos que pensaba
preparar en ensalada. Lo tome y embarrándolo en aceite me lo empecé a meter en
la vagina. Tuve que hacerlo poco a poco, porque era muy grueso, en realidad era
algo descomunal, pero me lo introduje por completo y comencé a meterlo y sacarlo
con rapidez. Mis piernas fueron doblándose hasta quedar acostada en el piso,
arrastrando de paso algunas otras hortalizas que estaban sobre la mesa.

Y allí quedé, con las piernas bien abiertas, dándome duro en
el coño con un enorme pepino, satisfaciendo el deseo que una mujer había
provocado en mí. Me contorneaba como si fuera una serpiente, mi vagina estaba
sumamente dilatada y aquello entraba y salía con mayor facilidad. Entonces mi
mano tropezó con una zanahoria. Sin pensarlo me puse en cuatro patas, con el
culo al aire, y me la empecé a meter por el ano. Aquello fue suficiente para
provocar mi primer orgasmo, que se prolongó todo el tiempo que demoré en meterla
por completo. Después empecé a moverla igual que hacía con el pepino. Sentía
llenos mis dos orificios por completo, tal y como los había tenido su esposa. Y
pensar en ella mientras me los metía y sacaba me hizo estallar nuevamente.

Caí desfallecida por el esfuerzo, pero no dejé de chupar las
hortalizas hasta dejarlas limpias por completo.

Cuando pude incorporarme, fui a mi cuarto, me bañé, me vestí
y preparé la cena, durante la cual su esposa le contó a usted lo que había
pasado con mi novio y le dijo que quería que yo me quedase esa noche, para
evitar cualquier desgracia.

Esa noche, después de estar usted durmiendo, la señora fue a
mi cuarto …, y realmente conocí el cielo, o más bien una parte, la otra la
conocí con usted hoy. Desde esa noche la señora y yo compartimos el goce del
sexo, con ella aprendí a disfrutar realmente. Ella me permitía observar cuando
ustedes hacían el amor y después, cuando ella lo deseaba, gozaba conmigo y me
permitía hacerlo a mí también. Desde esa noche soy su esclava. Hoy por la mañana
me llamó al despertarse y me mostró su pubis embarrado con su semen, señor, y me
preguntó si quería probarlo. No le miento si le digo que me encantó la idea. Me
desvestí y comencé a saborear la lechita que usted le dejó allí. Cuando la
limpié por completo, continué haciéndole el amor con mi boca, disfrutando de su
sexo, el cual ella me ofrecía con tanto amor. Fue entonces cuando su esposa,
desde la cama, lo llamó a usted a la oficina. No sólo eran sus dedos los que
acariciaban su raja, mi lengua la recorría de arriba abajo, penetrándola con la
punta, excitándola al máximo. Nos corrimos juntos, señor, usted allá en la
oficina y nosotras aquí, ella con mi lengua y yo con mis dedos en el coño y el
consolador enterrado bien profundo en mi ano, como a ella le gusta. Gocé mucho.
Por primera vez, sin que usted lo supiera, lo había hecho correrse.

Pero sobre nosotras no debo ser yo quien le cuente, al igual
que otras muchas cosas. Creo que con lo que vio usted hoy y lo que hasta ahora
le he contado, ya sabe usted lo suficiente como para lograr que su esposa se
abra más y logré disfrutar de mucho más placer que el que hasta ahora ha
sentido. Bien sé cuánto su esposa desea que usted goce con nosotras de todo lo
que hacemos. Ya tuvo un ejemplo allá arriba y otro aquí, conmigo. ¿Verdad que es
preciosa la señorita Lucía?. Sólo tiene 15 años, pero estoy segura de que usted
se asombraría de las cosas que es capaz de hacer.

(Continuará…)

 

Resumen del relato:
    Paola, la sirvienta, le cuenta como fue seducida por Yolanda, su esposa.

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