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Encuentro realmente inesperado (3)

Encuentro realmente inesperado (3) (10)

Pese a que todavía era de mañana, no pude evitar sorprenderme
cuando me percaté que eran las 11:03. Es totalmente contra mi costumbre
levantarme tan tarde, y se lo hice saber a Fernando, que acababa de llegar a la
mesa luego de terminar lo que tenía que hacer allí.

Lo dejé servirse tranquilamente, mientras yo daba por
concluído el desayuno. La televisión mostraba las imágenes de una emisión por la
cual yo no tenía realmente interés, pero al menos me permitía desviar la mirada
a otra parte que su bajo vientre.

— Oye, ¿ya te fijaste que son las 11?– le cuestioné
súbitamente.

— ¿Sí, y qué?– responde, haciendo una pausa en el proceso
de servirse una tostada con mermelada.

El desayuno tardío también es contra mis costumbre más
elementales, pero en esas circunstancias especiales, intenté separarme un poco
de mis rituales, como concesión a su compañía.

— ¿Qué haces normalmente, los sábados por la mañada?

— Duermo, hasta que me duela la piel de tanto estar
acostado.

— Según recuerdo, me presumiste ser un chico más bien
deportivo.

— Lo soy, pero no el sábado por la mañana, ¿y tú?

— A esta hora yo debería estar en el gym, a mi edad es
necesario hacer atención.

–¿A tu edad? ¡no inventes! si solamente me llevas por 4
años.

— Diferencia importante, ya lo verás cuando tengas 33.

— Hablas como si deveras estuvieras al borde de la tumba–
me dice, y se sirve otra tostada. Yo había concluído desde hacía mucho, y fumaba
un cigarrillo mientras esperaba a que él terminara a su vez.

— La vida no es tan larga, ¿sabes?– le digo.

— Sobre todo si continúas fumando– responde.

— Eh, cuidado, que tengo en muy alta estima mis defectos.

— De eso ya me había enterado.

Yo continué en mis cavilaciones, pensando detenidamente en
qué es lo que haría con ese tiempo que yo robaba al asignado a mis viejas
costumbres. Fernando parecía dispuesto a continuar sin hacer nada. Me percaté
que había olvidado -por increíble que parezca- que esa era precisamente la idea
que habíamos tenido al principio: un fin de semana nada más para nosotros. Pero
por alguna razón, yo estaba con un humor levemente irritable. No queriendo
perjudicar la naciente relación con Fernado, se lo hice saber:

— Estoy un poco aburrido.

— Se te nota, desde que saliste del baño esta mañana estás
pensativo y hablas como si quisieras forzar una buena conversación.

Yo reí de su observación, pero no dije nada, él continuó.

— No tienes necesidad de impresionarme: ya lo has hecho, o
de lo contrario no habríamos repetido.

— ¿Repetir qué?

— La cogida, como la otra vez.

— A decir verdad, es sólo la mitad de la otra vez.

í‰l pareció haber sido atrapado ligeramente con la guardia
baja, pues estuvo reflexionando mis palabras durante unos segundos, pero
rápidamente hizo un gesto de reconocimiento, mezclado de una sonrisa peculiar.

— Solo te basta decirlo. Estamos en confianza, ¿no?

— Me da no se qué.

— Dilo, me gustaría escucharte pedirme lo que quieras. Con
tus palabras.

— Bien… estar contigo anoche fue maravilloso.

— Mucho mejor.

— Pero… creo que me faltó…

— Tomar el turno de ser el pasivo. Lo sé bien.

— ¿No que me ibas a dejar terminar?

— Me siento especialmente caliente, así que no quiero
esperar más para que vengas a chuparmela– diciendo eso, empuja la silla donde
estaba con sus pies y me muestra su verga, en una erótica semi-erección. Sus
pectorales y torso formaba una especie de rombo sumamente atrayente, de no ser
por la pieza de carne que pendía entre sus piernas, la cual definitivamente
atraía más mi mirada.

Empezó a frotar sus manos alrededor de ella, tallando sus
vellos púbicos de color negro y delineando sus ingles. Observé su vello púbico
ensortijado, y noté la gradual disminución de su densidad en los extremos de las
ingles. Me pasó por la mente la idea obvia que hombres y mujeres tienen en
realidad formas bien diferentes en la distribución del vello pubiano, y que la
forma masculina tampoco me resultaba para nada desagradable.

— Ven y chúpamela, anda.

Sintiendo la llamada ardiente de su sexo al descubierto, me
levanté despacio de donde estaba y me hinqué al lado suyo, mientras él me miraba
con aprobación cómplice.

— ¿Ves la punta?¿ves esa gotita de leche que le sale?

— Sí.

— Quiero que tu lengua la saboree ahora mismo.

Yo obedecí sin tardanza, saqué la lengua y la pasé sobre el
orificio al extremo de su glande al descubierto. El sabor salado de sus líquidos
seminales se extendió sobre mi lengua, procuré tenerlo en todas partes, para que
cada papila me demostrara el mismo sabor.

— Ahora chúpamela, métetela hasta al tope– me ordenó,
mientras finalizaba con su tazón de cereal.

Abrí la boca y empecé a ingerir su miembro, extendiendo un
poco el cuello y sintiendo como rozaba con las paredes internas de mis mejillas,
y con mi paladar. Sentí como se erectaba por completo, como cambiaba de forma de
ser una especie de golosina tierna a ser un cuerpo duro a la presión.

— ¿A tí hay que enseñarte las cosas dos veces? abre bien la
boca, no quiero que me muerdas.

Abrí bien la boca y extendí mis labios, para tocarlo
únicamente con las partes blandas tal y como ya me había enseñado. Su miembro no
tardó en encontrar el camino hacia mi garganta, cuando de nuevo empecé a
experimentar una fuerte sensación de náuseas. Empecé a dar de arcadas, pero
intenté contenerme.

— Por lo visto voy a tener que acostumbrarte a chupármela.
Métetela hasta el fondo.

Continué varias veces intentando introducirlala lo más
posible, acercándo los labios cada vez más del ras de su vello púbico. Lo hice
durante varios minutos, hasta que la sensación de asco empezó a disminuir. Es
una maniobra en apariencia complicada, pero la sensación de su glande en el
fondo de mi paladar me animaba a seguir.

En cierto momento, logré introducirla toda dentro de mi boca,
mis labios tocaban ahora sí la base de su vello púbico así como el comienzo de
la suave piel del escroto. El lanzó un gemido de reconocimiento.

— Oh, sí, puedo sentir tu garganta sobre mi verga.

Yo no podía decir nada, pero me contenté con lanzar un gemido
de reconocible placer.

— ¿Estás ganoso de verga?¿verdad?

Asentí con otro gemido.

— Quiero que te metas el dedo mientras me la mamas.

Cambié de posición para poder hace lo que él decía. Me
encorvé como una puta en espera de su macho y dirigí una mano hacia mi culo, y
empecé a repasar mi ano con mi dedo medio. Comencé a meterme y a sacarme su
verga de mi boca más a prisa.

Toda irritación desapareció de mi cabeza como por encanto. Yo
me entretenía adorando su falo, succionándolo. Esporádicamente me lo sacaba de
la boca, para admirarlo frente a mi cara y para luego lamerlo, dando giros
lentos con mi lengua sobre el orificio urinario, en el frenillo o detrás del
glande. Yo estaba totalmente transportado por mi actitud licensiosa, dejándome
llevar como él lo había hecho el día anterior.

De su verga fluía esporádicamente una descarga de fluido
lubricante, demostrándome que sí le gustaba que se la chupara como lo hacía. A
cada reflujo yo me separaba para recoger las gotas del líquido con la punta de
mi lengua, abriendo bien la boca y volteándolo a ver. El juego de las miradas
licensiosas era al parecer una nueva complicidad entre él y yo.

— Tú también adoras ser mi puta, ¿verdad?

Yo asentí, dejando que un hilo de fluido seminal se formara
entre su miembro y mi lengua.

— Así, bien–me dice, de pronto agrega : –voltéate–

— ¿me vas a dar?– le pregunté.

— Te la voy a meter toda, tal y como pides a gritos.

Yo me sentí intensamente tentado a dejarlo penetrarme tal
cual, mi culo ya adivinaba la sensación de su verga entrando y saliendo de él.
Pero la prudencia salió avante, a duras penas.

— Sin condón, no– le dije, para enseguida abrir la boca y
meter uno y luego el otro de sus testículos velludos. Yo sentía desde el
principio una especial predilección por sus dos suaves glándulas, siempre bien
guardadas en su saco de piel con una capa velluda suave al tacto.

— ¿Tu tienes una fijación con los condones o qué?– me dice,
mientras yo continuaba sintiendo ambos testículos deslizándose juntos en mi
paladar, mientras yo tiraba levemente con los labios para alejarlos de su
posición usual. Los liberé un instante para contestarle:

— Y tú tienes una fijación con el sexo sin condón.

— ¿No te gustaría tener esa verga que lames en tu culo ahora
mismo?

— Sí.

— ¿Entonces?

— Pero las enfermedades… tu sabes–

í‰l parecía contrariado, o al menos, contrariado de la manera
en que puede estarlo un hombre mientras le practican una mamada atencionada. Yo
estaba caliente, cierto, más no tenía la intención de dejarlo hacer.

Después de un par de insistencias, Fernando cesó de pedirme
que lo dejara penetrarme sin protección. Yo seguí sin embargo, lamiendo,
succionando, adorando sus testículos un buen rato. Era un juego para mí
agradable estar simplemente lamiéndole las bolas, y él también parecía
entretenido. Levantaba la cara, centrándose en mis atenciones, respirando más y
más agitadamente conforme yo aceleraba las succiones. Lo tenía por el pito y los
huevos, literalmente, así que era yo el que podía imponer mis reglas.

— ¡Oh, está bien!– exclamó de pronto –¡trae los pinches
condones!–

— ¿Hablas en serio?

— ¡Sí! pero rápido antes de que te viole.

— Voy entonces.

Me puse de pie y procedí a alejarme, pero sorpresivamente, él
me retiene de una mano y me dice:

— Espera un poco.

Me recliné ligeramente, para darle un beso profundo en la
boca y darle a probar un poco de lo que él mismo fabricaba. í‰l abrió la boca
ansioso y recibió con gusto lo que yo quería darle a probar, rodeando mi lengua
con sus labios. Sentí que sus manos bajaban por mi espalda, y sin mucho
préambulo se insertaban en mis nalgas, abriéndolas. Con un dedo se puso a buscar
mi agujero. Lo encontró pronto y comenzó a tallarlo.

— Este ano tiene ganas de verga.

— Sí, pero protegida.

— ¿Y si te meto el dedo no hay problema?

— No– e inmediatamente sentí la presión de su dedo
empezando a abrirme. Yo no estaba lubricado, así que sentí algo de incomodidad.

–¡Aau!–

— ¿te duele? ¿está muy seco?– me pregunta.

— Sí.

Sacó la mano de su lugar y la dirigió a mi boca, me ofreció
el dedo y me dijo:

— Lubrícalo.

Yo abrí la boca y empecé a succionar su dedo, que era
notoriamente largo y firme, un dedo áspero de hombre. De pronto lo extraje y le
dije:

–Tengo una mejor idea.

Tomé su mano y la dirigí hacia mi verga, que estaba
notoriamente mojada por toda la excitación que yo había experimentado esos
últimos minutos. í‰l comprendió lo que yo quería y empezó a empapar su dedo en
mis fluidos seminales, pasándolo sobre todas las partes mojadas sobre mi glande.

Separó su mano y la dirigió de nuevo hacia mi culo, el dedo
húmedo de mis secreciones seminales se sentía frío. Pero rápidamente se calentó
al empezar a presionar para entrar. El avance fue notoriamente más fácil: en
unos cuantos segundos lo tuve dentro. Yo me lancé para besarlo de nuevo, todavía
de pie y él en la silla, mientras sus manos me abrían las nalgas y uno de sus
dedos me penetraba. Yo estaba en el paraíso de la pasividad total. Empecé a
masturbarlo mientras tanto.

El humor licensioso extremo había vuelo, como el día anterior
en la bañera, pero ahora era yo el recipiente y él el donador.

 

Resumen del relato:
    Es sábado en la mañana y Fernando me ayuda a entretenerme mientras desayunamos.

En el teatro, y con Roberto

En el teatro, y con Roberto (10)

¿Qué tal estáis? Me llamo Pedro, tengo 17 años recién
cumplidos y soy gay. Hasta hace poco tenía novia, pero yo ya sabía que me
excitaban los hombres.

La primera experiencia que tuve fue muy bonita, excitante y
me proporcionó un gran, gran placer… Y esa será la que pase a relatar, la cual
ocurrió no hace mucho, en abril, pues yo cumplo los años en julio.

Durante varios meses en el instituto habíamos empezado a
preparar una obra de teatro, muy divertida, en la que yo protagonizaba a un
capitán pirata. En el reparto estábamos cuatro chicas y cuatro chicos, y uno de
ellos era Roberto.

Roberto tenía 16 años, le gusta el rap y en la obra salía
como bailarín de rap. Le gusta hacer tatuajes e ir de excursión en bici por el
campo como más tarde fui descubriendo.

El caso es que un día, en el Teatro Principal, a Roberto,
Ernesto y a mí nos dieron plantón, pues era viernes, día de ensayo, pero llamó
al móvil Julio, el profesor de Educación física, el cual se encargaba de los
ensayos, diciendo que ese día tenía una reunión en el instituto, y que si no nos
importaba mañana por la mañana acudiésemos al Teatro porque esa tarde le era
imposible ir.

Un poco decepcionados, aceptamos, y cuando Ernesto se iba
Roberto propuso que practicásemos por nuestra cuenta, pues entre bambalinas
podíamos estar.

Ernesto no se animó, y se despidió hasta el día siguiente,
pero Roberto y yo sí que nos metimos.

Allí ni siquiera empezamos a actuar, pues me dijo que si me
hacía un tatuaje con tinta china, y le dije que perfecto.

Fue entonces cuando empezó lo que para mí fue más excitante.

Me quité la camiseta, y cuando Rober me cogió el brazo,
empezó diciendo que vaya músculos, que como se notaba que hacía pesas. En
realidad yo tan solo hacía pesas y flexiones día sí día no, ese era todo el
ejercicio que hacía, pero se me notaba en los brazos.

Empezó pues ha hacerme el tatuaje, un dragón que estaba
chulísimo. Terminó pronto, y como era pequeño me propuso hacerme uno en la
espalda.

Mientras lo hacía, y como con ese tardaba más, había veces
que descansaba, que me hacía cosquillas, y me tocaba el culo de broma, dicienco
“ay, que te voy a dar, mamón, estate quieto”.

Al cabo de unos minutos más, estuvo terminado, y le pregunté
si él tenía alguno. Me dijo que sí, y que como no había nadie más me podía
enseñar uno que tenía en el culo.

Fue cuando me di cuenta de que Rober era en realidad bastante
guepo… Sí, era bastante atractivo. Se quitó la camiseta y vi que el también
hacía pesas, no se notaba mucho, pero era ancho de hombros. Era moreno y
completamente lampiño el pecho. Y siempre con esa sonrisa…

Mientras se desabotonaba los vaqueros para mi sonrojo, empezó
a soltarse y a decirme cosas que a mí personalmente me ponen, como por ejemplo
comentar que tenía ya bastantes pelillos en el ombligo, que entonces tendría que
tener un cipote peludo, que tendría el culo peludo también…


Yo me lo afeito, mira –y se bajó los calzoncillos, sin
darme tiempo a ver su parte delantera y dándose la vuelta.

¿Te lo afeitas? Yo no, y mira, me gusta más el mío –dije,
y lanzado yo me bajé la parte de atrás de los pantalones y de los
calzoncillos.

Mmm, ¿te puedo hacer un tatuaje ahí?

Pero, ¿cómo me los vas ha hacer ahí? No, no… –y nos
reímos.

Pero aun en la penumbra, a Rober se le distinguía su
cipote. Estaba medio erecto.

Tío, Rober, súbete los pantalones ya.

¿Por qué? –preguntó sentándose y mirando su manubrio. Lo
descapulló y enseguida comenzó a crecer entre sus manos. Era moreno y era lo
único que no se afeitaba, estaba claro.

Mi polla, encerrada, se disparó. Estaba muy excitado… ¿Se
daría cuenta?

Venga, hagámonos una paja. Qué te parece –me miraba con
una sonrisa pícara e invitadora.

Bueno…

Pues vamos, bájate los pantalones. Si seguro que ya la
tienes tiesa.

Yo me reí, y me los bajé cuado vi que el pene de Rober
medía más o menos lo que el mío, unos 15 cm de largo. Y me creció más cuando
Rober se acercó y terminó de bajarme los pantalones y los calzoncillos.
Entonces se repantigó y empezó a subir y bajar la piel del glande, muy
despacio, y mirándome para que yo lo viera con total claridad…

Yo hice lo mismo, y al cabo de poco empecé a gemir. Solo se
me ocurrió cerrar una vez los ojos y aprovechó Roberto para coger mi chorizo,
resbaladizo por el líquido que yo había extendido, y sin importale si pringó
la mano pero empezó a hacerme una paja.

A la vez podrías hacérmela a mí, no la dejes solita…


Sonreía pícaramente y cogí la primera poya ajena en mi vida
para dar una paja tan buena: ambos con las piernas abiertas, muy cerca y
enfrente el uno del otro, yo recibía su respiración y veía cómo intentaba carme
placer… La verdad es que la paja es un arte, y Rober lo hacía muy bien, pues
era como si supiese cuando parar, cuando seguir, cuando apretar.

Y así, sin más ni más, de repente se abalanzó y empezó a
chupármela.

De la sorpresa se la solté, y cuando sentí lo caliente que
estaba su boca, su lengua tan dinámica, me dejé hacer. Me eché sobre su espalda,
dejándole hueco en la entrepierna para su trabajo, y le masajeaba su culo, que
lo tenía también caliente y empezaba a sudar.

-Mmmm, vuelve a mover la cadera, métemela en la boca, muy
profunda… ¡Eso es ¡ Otra vez, sí, sin miedo que yo trago…

-Tío, me voy a correr…

Entonces paró y me dijo:

-No, antes mama tú –y echándose para atrás me enseñó aquel
mástil con dos bolas negras bajo él… Era unexperto, se lo dije, pero la verdad
es que en aquel instante me apeteció meterme en la boca aquel par de cojones
pelados.

-Eso, llámalos como quieras, cocos, pelotas, juevos –me decía
medio tumbado y disfrutando- Ohhh, lo haces de puta madre, con perdón, je je
je…

Aquella primera vez me estaba encantando. Pero cuando me
propuse hacer el 69, tampoco dudé. No sé si él era virgen, pero hacía lo posible
por perfeccionar las posturas… Me sentía un poco guarro por babear y chupar
aquella parte tan íntima de mi amigo, pero me gustaba, ma gustaba con locura.


Y… ahora, si not e importa… a cuatro patas, ponte a
cuatro patas.


Un vuelco me dio en el corazón, y me replanteé si debía
seguir con eso. ¡Estaba demostrando mi homosexualidad! Y ahora prentedía,
quería… por mi culo… No sabía cuánto dolía, pero mucho, seguro…


Tranquilo, no te haré daño –me sonrió; se le veía
inteligente y dispuesto- Hoy tan solo la punta –y se la tocó, aún bañada en
mi saliva.

Quiero seguir chupando…

No, el chupachups para después. Además, lo que te haga yo
me lo haces tú. Tenemos que hacer los dos lo mismo, ¿vale?

Bueno, pero ahora no la metas toda, por favor te lo
pido…


Y sin asco ninguno me metió su dedo impregnado en saliva en
mi agujerito, tan peludo, cerrado y caliente. Me dijo que le comiese un poco la
punta del cipote, y así lo hice, para darle la espalda de nuevo y dejarme
penetrar…

Todo fue bien, pues ese día solo me penetró con su gordo
glande. Me separó los glúteos y fue rápido. Conmigo fue igual, solo que yo le
metí un poco más.


¡¡Ah!! –gritó y apretó los dientes- Veo que te gusta
jugar con ventaja… –pero rió y me volvió a mirar con esos ojos, viéndolo
yo tan atractivo…


Después acabamos tumbados, yo encima de él, con las poyas aún
erectas, y nos frotamos… Yo froté mi cara sobre sus abdominales, su pecho
duro, y cuello… Y no me atreví a acercarme más a su cara, por si me besaba. No
estaba preparado…

Y al final, como no nos habíamos corrido, aunque parecía que
hubiese sufrido tres orgasmos seguidos, nos cogimos las poyas a la vez y
diciéndonos cosas, íntimas algunas, obscenas otras, incluso románticas,
eyaculamos.

Yo me guardé su semen, que había quedado sobre mi vello
púbico, el cual no limpié subiéndome los calzoncillos sin más.

Salimos de entre bambalinas al escenario y ya bajamos al
patio de butacas para salir a la calle.

Aun una vez más me tocó Rober el culo, y con la mano antes de
salir nos volvimos a refrotar los paquetes, mirándonos y riendo. Fue la primera
vez que me sentí excitado y erecto justo después de una eyaculación, a pesar del
cansancio…

Por la calle aún se notaban los bultos en la entrepierna.
Siempre son tan llamativos…

Más días nos vimos, unas veces para el teatro y sus ensayos,
otras en su casa. Y esas tardes en su casa, se pasaban volando…

Para la próxima vez, tengo preparado otro cuentecillo. Hasta
entonces, os espero a todos vosotros, actores…

Y si queréis, espero que sí, os responderé a vuestros e-mails
en POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Etnre bambalinas ocurren anécdotas, hechos graciosos, se pasa mucho tiempo… Pero si además es un día a solas con un amigo, puede ser mucho mejor… Se lo recomiendo.

Campamento e Instrucción (1)

Campamento e Instrucción (1) (10)

CAMPAMENTO E INSTRUCCIÓN (I)



"La infancia puede producir una sensación torturante y es
posible que los pequeños vivan con el temor de ser atrapados por tíos y tías
mayores que celebran ceremonias espantosas en su honor. Pero cuando estos
mismos niños llegan a la edad adulta, pretenden que sus hermanos y hermanas
ejecuten en honor de sus hijos las mismas ceremonias que tanto los
aterrorizaron o mortificaron (…) Como el preso que ha dormido durante
muchos años en un camastro duro sueña con una cama mullida pero descubre, al
salir de la cárcel, que sólo puede dormir sobre el primero."





"Compromiso y cultura." Estudio sobre la ruptura
generacional

Margaret Mead







"¡Lo llevas claro chaval! No sabes la mili que te espera."

De todo lo aprendido y de todo olvidado, este es el primer
recuerdo que viene a mí cuando vuelvo a aquellos años. Ha llovido desde
entonces, pero su recuerdo sigue sobresaltándome con el mismo poder del rayo.
Igual que éste, aquella recomendación venía vestida de amenaza, y era este
vestido el único que captaba tu atención y tu miedo.

De la miseria y esperanza de aquellos años, aquel tiempo lo
veo como un nuevo parto, como un nacimiento tardío, pero igual de doloroso, y
que llega cuando uno cree que ya lo sabe todo. Pero para esa alba, tenía que
llegar antes el olvido de lo que uno había aprendido a lo largo de todos esos
abriles; y tras ese vacío la violenta luz se colaba a golpe de tambor, arañando
profundamente tu sentir, para hacer hueco a un universo íntimo y profundamente
detallado que abarcaba un campo enorme de ritos, valores, códigos morales, que
delimitaban cada paso, cada segundo de la vida que allí se perdía.

En ese galimatías, los objetos sufrían las mismas condenas
que las personas. Era curioso que se igualara el tratamiento y la consideración
ante una escalera que ante un soldado raso. Las dos podían acabar detenidas. La
primera, por que soldado que finalmente se suicidó había utilizado ésta para
colgar bien la soga en las cuadras; el segundo, por incidentes peregrinos que
aquellas voces perentorias transformaba en gravísimas catástrofes. En aquellas
cuatro paredes que la gloria había dejado huérfanas, por mucho oropel de mierda
patriotera con que se vistieran, la realidad se creaba con mimbres que no tenían
la misma lógica ni el mismo sabor de lo vivido hasta entonces; pero que aún así,
no discutías por inevitable. Porque eso era la mili: algo inevitable, una parda
tan certera como la muerte.

Lo que vivías, y eso ni su apariencia lo borraba del todo,
era una cárcel de doce meses; ni un día menos, aunque puede que unos días más,
pues los calabozos estaban a la orden del día.

Esa gloria soberbia y hueca se expresaba en gritos
terminantes dictados con un nuevo lenguaje, venía empapado de una autoridad de
siglos columpiándose al abrigo dictatorial que profesaban. Aquellos gritos se
sucedían a una velocidad de vértigo, acelerando a su alrededor una vida hecha
para el vacío, pues eso era la mili: llenar el vacío. Sin embargo, pronto
aprendías que éste no se daba por vencido y poco a poco iba conquistando el
espacio que le era propio dentro de aquella paradójica organización.

La mili era un motor a dos tiempos. El primero determinado
por la premura de un campamento donde el tiempo se sucedía a golpe de
metralleta, creando la vana ilusión de que se agotaría con la gran cantidad de
cosas que había que hacer; después llegaba el segundo, aquí la nada lo llenaba
todo y ni el toque de diana era capaz de desviarte un milímetro del escaqueo en
el que habías entrado para reinar. Para algo eras el veterano, para algo tenías
el mejor hachís, para algo pronto serías abuelo… y un montón de memeces más,
con las que comenzabas a escudarte de ese orden, del que contabas los días que
faltaban para huir y olvidar.

Leí no hace mucho que las gallinas también gozan de cierta
organización social. Situadas en sus palos, el gallo caga por encima de todas
ellas, y así en una implacable y misteriosa disposición, cada una defeca sobre
su inferior, hasta que esa procesión continua termina encharcando de mierda a
las pobres parias que malviven al ras. Cuando lo leí, no hallé metáfora más
perfecta para describir la prepotente jerarquía que holgazanea tras los sólidos
muros cuartelarios, ajenas a cualquier control y empapadas en una legitimidad
que el paso de los años aún cuestiona.

Pero sobre esta mancha negra y espesa, que el recuerdo evita
remover, hay otros colores que me reconcilian con aquellos años.

Estoy en pelota, con mi cuerpo de diecinueve años. Estoy
musculado, pues en mi estupidez me he estado mamando un montón de gimnasio.
Quiero ir cachas a la mili y lo he conseguido. Mi polla esta dura, llena de esa
sangre que corre veloz en la juventud, y tengo que follar una peseta que me
espera seca sobre la litera. Intento seguir la coña y lo cierto es que estoy
erotizado. Algunos de mis compañeros de quinta están en cueros y verlos me la
pone dura. Se tapan las vergí¼enzas con temor y soportan con la misma carga la
burla y el toqueteo de los veteranos; pero miran, no paran de mirarme. Buscarán
consuelo, creyendo que lo que a mí me pasa es todavía peor que lo que les ocurre
a ellos; ¡pero no es así! ¡Ni de coñas es así! Estoy disfrutando, mi polla está
disfrutando, y la muy puta sólo está dura cuando lo pasa de puta madre.

Me excita que no dejen de mirarme. Los que temen, los que se
burlan…; y también los otros. Me la pone durísima que miren como el gallego se
folla a ese hijo de puta ferrolano, a ese Franco hijo puta muerto en la calle,
pero aún vivo en estas paredes. Entre embestida y embestida observo con
detenimiento qué ojos arden al verme de este modo. Tengo un rabo guapo, de la
misma altura que mi edad y que se yergue sobre unos cojones achicados y llenos
de vello formando en su unidad un mismo cuerpo. Mi pija comienza a babear
dándole brillo a mi acampanado capullo. Noto que en sus miradas no hay pasión,
sólo miedo. Puede que también haya envidia. í‰sta siempre aparece cuando se ve un
buena polla, y la mía lo es. Es guapa, y la muy puta es viciosa. No sabe de
límites, por eso los cruza todo. Le gusta existir, porque existir significa
follar. Sigo follando a la peseta, mientras escucho las burlas de esos veteranos
de mierda; pero hay uno que no sólo sonríe.

í‰l no tiene miedo, en su rostro no hay venganza por toda la
mierda que ha comido, tampoco se distingue ningún asomo de burla o curiosidad:
él tiene pasión; y su único miedo es esconderla. Así que follo para él. Quiero
que vea mi leche, quiero que vea lo que gana el puto Franco, que me mira desde
la moneda hacia la derecha, para que sepa lo que ese cabo puede perder sino
espabila.

El miedo que se alojaba en mis huevos ya no está. Me la pajeo
frenéticamente. Los comentarios jocosos enmudecen. Todo está en silencio. Todo
ese corro de maricones hijos de la gran puta mira para ver hasta dónde voy a
llegar. Mi mano se desliza por el tronco de mi pene a gatillazos rápidos, como
los de una metralleta. Me importa un nabo que me miren, quiero que ese cabo vea
mi leche, quiero que la envidie, quiero que me la pida. Distingo, a las puertas
del orgasmo, su paquete. Desde mi ceguera, brilla. Tiene cuerpo, color y calor.
Pone sus manos sobre él ocultándolo; pero no son manos hechas para ocultar.
Pienso que lo que desea en ese momento no es tapar, sino abalanzarse sobre su
polla, o la mía, y escoltar a paso marcial el pajote tan suculento que me estoy
marcando.

Los huevos se me achican y ese conocido cosquilleo comienza
su danza. Me convulsiono como una puta. No es la primera vez que me pajeo
delante de alguien; pero sí es la primera vez que ese alguien es desconocido y
no terminamos follando como locos. Esa circunstancia y el hecho de desear con
todas mis fuerzas al cabrón que no deja de mirarme con lascivia, hacen que
galope en uno de los orgasmos más bestiales que me dio mi juventud. Los
trallazos de leche salpican a ese hijo de puta impasible que me mira desde su
cárcel de cobre. La carrera continúa y los siguientes, cuando ya domino mi
cuerpo, los dirijo a ese grupo de veteranos que protestan y esquivan mi
virilidad; sólo el cabo está hipnotizado. Permanece quieto, estático, sin salir
de la atadura de mi cacho polla que aún sigue manando. No dice nada. Todo está
dicho. Al grito de "¡Apártate, guarra maricona!" salgo del escenario. Le toca el
turno a uno de esos tontolabas que pensaba que lo que temía no iba a ocurrir;
pero allí estaba: tocándose una polla que no se empalmaba ni para dios. No tenía
mala pinta, seguro que bien tratada haría las delicias a más de uno; pero no era
una polla para actuar en público, era una de esas de en privado y en postura de
misionero.

Sigue meneándose con brío la minga sin que el muerto reviva;
mientras yo me escurro las últimas gotas de semen que aún guarda la mía y la
acaricio entre mis dedos, y con calma, con mucha calma me visto al lado de "mi
cabo", despreocupadamente pero sin perder de vista ese cemento armado que aún
sigue cubriendo con su vergí¼enza de machito. Me pregunto, mientras termino de
vestirme, si las costuras del ejército están preparadas para soportar la tensión
de un semental como "mi cabo". No alcanzo la respuesta, cuando el maricón se
marcha. El murciano sigue sobándose la polla con ganas, pero sigue igual de
muerta, sin ningún signo de vida pese al empeño del maricón.

Miro su marcha, sus pasos firmes y serenos. Sé que lo voy a
follar. Es cuestión de tiempo; pero tengo claro que ese macho me chupará la
pinga, como que me llamo Matías Castro.

Han pasado dos semanas. Ya no he follado más pesetas, aunque
si me he pajeado abundantemente pensando en ese macho. Ya sé un poco más. Es
zamorano, de plena capital. Tiene un nombre que en ese momento se me antoja
precioso: íngel Salcedo; aunque todos lo conocen por "Chuski", sin que sepa aún
la razón. Dejó de ir a putas por unas ladillas que tomaron sus cojones como
lugar de veraneo; pero se cuentan historias asombrosas de su masculinidad. Eso
me calienta más, pues sé que estoy tratando con una maricona que es puto macho.

He tratado de entrarle, pero el cabrón me evita. Con buenas
maneras pero me evita. Es una prueba que para mi lujuria no pasa desapercibida.
Así que por la noche, en la ruidosa litera acompaño ese coro que producen los
muelles de todo el pabellón. Me pajeo con ganas, hablo de tal o cual tía; lo
cierto es que me la sudan. Sólo pienso en él. Mi polla sólo se pone firme ante
mi cabo.

Tiene una cara esculpida como a hachazos, de una fortaleza
que amilana. Sin embargo, cuando sonríe esa dureza se suaviza hasta convertir en
arrebatador su bello rostro. Unos ojos oscuros y recónditos desnudan todo lo que
miran hasta que terminas hundido en la profundidad de su mirada. Todo acentúa su
masculinidad. Su metro ochenta reforzado con ese atajo de músculos que lo
distingue; su porte marcial que subraya toda la parafernalia de la que nos
rodean en ese tiempo. Todo en él huele a macho, a un macho bravío y agreste;
seco como la piedra, duro como el acero, pero tierno como el cielo, pues así lo
ve mi corazón cuando mi pinga no se mete por en medio a calibrar el espécimen
que le espera.

Toda esta coraza es tan palmaria que pocos se atreven a
hacerle sombra. No inspira temor, inspira resolución. Uno sabe, pues así lo
presiente, que él que se cruce en su camino tendrá todas las posibilidades de no
contarlo, pues es un hombre que ataja en los desenlaces hasta lograr hacerlos
suyos y moldearlos a su gusto y forma.

Se aproxima el primer permiso. Estamos como perros antes de
salir de caza: olisqueando ya la libertad del campo sin parar de mover el rabo.
La conversación ha variado; aunque seguimos hablando de lo hijos de la gran puta
que son, ahora intercalamos estas verdades con las infinitas juergas,
borracheras y polvos que nos vamos a correr una vez que crucemos la puerta. Yo
no digo ni que sí ni que no. No paro de comerme el tarro pensando en cómo lograr
que ese íngel descanse en mi cielo. Fantaseo todo el rato. No para de
empitonarme salvajemente partiéndome el culo, de mamármela y mamársela, de
follarlo hasta que diga "basta", de besarle esa cara y que su lengua se enrede
con la mía, de comerlo, de que me coma. Creo que me paso el día follando con él,
y así me paso el día con la bandera alzada. Es un puro juramento todas las horas
del día, ni las pajas consiguen matar a mi calentura.

Cuando me quito el calzoncillo una gran mancha de presemen
señala la calentura. En ocasiones estoy tan empapado que recojo ese fruto como
si fuera un ovillo de lana, y un hilo elástico y suave, insípido pero sabroso,
se enreda entre mis dedos antes de que mi boca los engulla. Cuando me descapullo
unas secreciones blancas, como avanzadilla guerrillera de mi espesa leche,
adornan las comisuras. De nuevo junto toda esa semilla y a la boca, pensando que
es la suya y no la mía la que trago. Tiene una leche deliciosa.

Lo veo, la cosa se agrava. La pija se endurece con ese juego
de mira y no mira en el que me enredo con sus profundos ojos. í‰l sonríe, no dice
nada, y yo tengo unas ganas de darle de hostias y follarlo hasta morir. ¡Eso si
que sería una buena muerte!: Dar la última gota de mi semen, y todo por la
patria. No parar de follar en todo lo que me queda de mili, ¡y todo por la
patria! Una patria hija de las mil leches.

Desde que lo conozco no me conozco. Estoy todo el día
instalado en esa puta calentura que me hace ver lo que no sé si existe, que me
hace interpretar cada uno de sus gestos para traducirlos todos al lenguaje de mi
carajo y pensar en cada instante que él me desea con la misma fuerza que yo.

Mañana, a las tres de la tarde, salimos a la calle. Le he
entrado de nuevo con una disculpa pijotera de la que ya ni me acuerdo a estas
alturas; pero sí recuerdo una disculpa peregrina que vuelve a situarme en tierra
de nadie. Faltan horas y no tengo ni puta idea de cómo hacer. Recuerdo que en mi
delirio pensé en secuestrarle, atarle a la pata de la cama y no parar de
follarlo hasta que se licenciase. Desecho esta idea pues tengo dos zánganos, uno
de Vitoria y otro de un pueblo perdido de Badajoz, que no se despegan de mí ni a
sol ni a sombra, aparte del corro de gallegos, con los que aún no he intimado,
pues todos son del sur y a mí me consideran un pijito de La Coruña.

Intento buscar en ellos lo que encuentro en él, consolarme
con un segundo plato cuando veo que ni coñas tomo el primero; pero no hay
manera. Ni despierto ni soñando arranco de estos mercenarios una pequeña luz con
la que hacer sombra a "mi cabo". Llevo muchos días pajeándome por él como para
engañar a mi polla con una patraña de gilipollas mama coños.

Ya tenemos preparado el macuto. A la salida, queremos ir de
civiles, pero estamos tan apijotados que ni cuenta nos damos de la pinta de
militronchos de mierda que tenemos. Ni tres capas de pintura simularían el
abandono en el que vivimos; pero a los diecinueve años sirve lo que piensas, no
lo que ves. He decidido llevar mis mejores galas; si salgo a romper: rompo con
todo. Deseo con toda el alma llevarme el mundo por delante, volver a disfrutar
de un tipo al que no conozco entre tantas ordenes y gritos, y que durante
diecinueve años tantas alegrías me dio.

Como perros de Pávlov, babeamos. Creo que si en aquel momento
nos dicen que no salimos, nos atrincheramos en el cuartel y los pasamos a todos
a tajadas de bayoneta. La cantina está animada. El bullicio es ensordecedor y
aumenta a cada paso recordándonos que es el único modo de saber que aún estamos
vivos. Lo veo entrar con su grupito de mierda y buscar sitio a lo largo de la
barra. Va hacia una esquina y allí se queda mientras piden las consumas. Se le
ve feliz, como un gallo con sus gallinas, como si supiera que el resto de su
vida se dirige hacia ese destino de dormir, comer y follar. Me tomo la cerveza
de un trago y pido una copa de coñac del más peleón, del "Fundador" de toda la
vida. Unos diez minutos después la tengo entre mis manos. En ese tiempo no he
parado de hacer elucubraciones. "Si ahora mira hacia ese lado significa que me
quiere; si el vasco me suelta una pijada es la señal de que tengo que ir allí y
entrarle; si ahora entra el sargento es señal de que esta tarde me lo follo…"
Y así chorrada va y chorrada viene.

Me tomo un trago de la copa y ese coñac canalla baja
arrasando por la garganta. Con ese ardor me digo que le entro ahora o nunca. Así
que me aproximo con ese arrojo de soldado que no sabía que tenía. Serpenteo por
entre la gente sin perderlo de vista. Sabe Dios de qué estará hablando, pero las
risas son muchas. No me ve, ¡el muy hijo puta no me ve!, y estoy esperando su
mirada como si fuera una señal; pero la muy cabrona no viene. El valor que
llevaba me pesa y se baja a los pies; otro lingotazo y vuelve a subirme a los
cojones, y ocurre una cosa muy curiosa: lo tengo tan centrado que sólo está él.
Mientras me acerco todo ese barullo ensordecedor pasa a segundo plano hasta
desaparecer para mí; lo mismo ocurre con la gente, todos esos guripas de mierda
comienzan a tomar un tono como metálico en el que pierden toda su textura hasta
deshacerse en sueños, en chiribitas que se unen en sombras difusas hasta perder
todo su cuerpo, todo su significado.


¿Qué pasa "follapelas"? (De este modo me entero de cómo
me llaman, aunque ni siquiera me molesto en contestarle a ese burgalés de
ful, pero el nombre me quedará para lo que me queda de mili) ¿Andas perdido?
¿Buscas cambio para montarte una orgía esta tarde?


Estallan las risas, pero me la suda. En ese momento ni
existen. í‰l también se ríe, pero al momento corta esa sonrisa tan deliciosa como
si estuviera avergonzado. Ese pequeño gesto que pasa desapercibido para los
demás, aunque no para mí, me anima a continuar. He pensado en decirle mil cosas,
las ensayé de todas las maneras posibles, pero le suelto lo primero que se me
viene a la cabeza.


Mi cabo, quería hablar con usted –digo acercándome a su
oreja. í‰l asiente y se aparta hacia la ventana. Los demás dejan de
prestarnos atención y comienzan a soltar sus sandeces en una especie de
ping-pong compartido.

¡Dime! Tú dirás –me responde hablándome a la oreja.
Escuchar su voz así me excita.

Quería pedirle un favor mi cabo. Es una tontería, pero le
estaría muy agradecido. Hoy quedé en el centro con mi tío para pasar
inspección. (í‰l me mira extrañado, por su mirada sé que la mentira va por
buen camino.) Es para dar el visto bueno a todas las llamadas que he hecho a
casa. Es que antes de venir tuve bastantes follones con el hachís y querrá
comprobar que ando con buenas compañías (me sonríe) y la única que tiene esa
pinta es usted, mi cabo (vuelve a sonreír, ahora hay un pequeño reflejo de
incredulidad). No es peloteo mi cabo, que me vea con usted le indicará que
ya ando por buen camino. Total sólo será un momento.

No sé si debo.

El taxi lo pago yo y usted puede quedar después con la
basca. No será más de cinco minutos. Le aseguro que mi tío es puntual. Es
banquero (Se ríe de nuevo, esta vez francamente y escucho una risa que
espanta a las palomas). ¡Bueno, claro! Los banqueros nunca llegan tarde:
time is money.

Vale. Nos vemos a la salida. ¿Te parece dentro de veinte
minutos?

¡Hecho, mi cabo! A sus órdenes.


Estoy tan feliz que ni siquiera me preocupo porque no exista
ese tío banquero. Lo que sé es que lo voy a tener conmigo, y que por lo menos
durante quince minutos o media hora lo tendré para mi solo; después, el tiempo
dirá.

Estuve luchando contra el reloj, pero aunque llego siete
minutos antes, él ya está allí. Yo sigo con la felicidad a flor de piel y
rezando para que ésta no la joda con ninguna estupidez, pero a la muy puta se le
dio, mientras estamos esperando el taxi, de salirse por peteneras y comenzar a
comportarse como una estúpida enamorada. No recuerdo las mariconadas que dije,
pero es que para los malos recuerdos tengo el antídoto de que los sepulto en el
olvido. Por fin llega el taxi y cargados con nuestros macutos nos ponemos atrás.
De no parar de hablar como una cotorra pasé a una fase contemplativa en la que,
fuera de la dirección de la pensión, no dije esta boca es mía. Estaba demasiado
nervioso para decir algo; pero es que él tampoco hablaba. Cada vez que lo miraba
él estaba mirando el insulso paisaje; en ocasiones cruzábamos nuestra mirada y
al momento, como si quemaran, volvíamos al muermo de paisaje que nos acompañaba.

Sin venir a cuento me desabroché el pantalón. Ni tan siquiera
lo miré. No quería estropearle la vista que me brindada a ofrecerle.


¿No le importa, verdad jefe? Así llego a la pensión y ya
puedo salir.

Para nada, hijo. Lo que te pida el cuerpo. ¡Quién tuviera
vuestros años! –contestó el veterano taxista ya acostumbrado a otros
espantos.


Y ahí comenzó a darnos el coñazo durante todo el camino, sin
importarle que no le prestáramos puñetera atención, pues los dos estábamos a lo
que estábamos: yo a exhibirme y él a mirar. Me bajé con cuidado y lentamente los
pantalones dejándolos en el tobillo y abriendo el telón que tapaba la puñetera
de la camisa. Me coloqué el paquete para que luciera bonito: con los huevos bien
puestos y la polla en el mismo centro pidiendo espacio. Desabroché los cordones
de aquellas botas interminables, y como si fuera una starlet barata, que tras el
zapato quitara con sensual movimiento la media, obré de la misma manera. Me
desabroché la camisa y me la quité tratando de moverme lo menos posible para que
la ropa cayera por su propio peso. Y allí me quedé, con mi camiseta de tirantes
y gayumbos, disimulando sin saber qué venía después del desvestirse.

Busqué una postura en la que los músculos de mi cuerpo
mostraran su lenguaje. Me levanté los brazos palpándome los sobacos para recoger
el sudor y que me viera con todo lujo de detalles. Lo mismo hice con mis tetas.
Más que un aseo era un magreo puro y duro, en la que cada parte de mi cuerpo
recogía su merecido homenaje.

Durante cuatro o cinco minutos sólo presté atención a mi
cuerpo. En ese momento lo adoraba, pues era el único método que encontré para no
sucumbir al suyo. Pero pasado ese tiempo, cuando mi falo ya estaba como el
hierro miré por el rabillo del ojo para ver cómo estaba la suya. Y lo que vi me
la puso aún más dura, pues reventaba. Hasta que la pudiera tocar no quería
mirarlo. Así que comencé a vestirme con lo que rompía en ese momento: un vaquero
de pitillo, desechando la camiseta, pues la de tirantes me quedaba de puta
madre. Tuve que volver a hacer una coreografía y deslizarse como un loco para
que aquella ajustada prenda marcara lo que tenía que marcar. Tras este cierre el
taxista volvió a su estado catatónico escuchando la COPE y las loas de Encarna
Sánchez a sus admirados taxistas.


Así cuando llegue a la pensión bajamos a ver a mi tío y
cuanto antes termine, antes queda con la basca – dije a modo de disculpa
para cerrar el espectáculo que le había ofrecido.

Tampoco tengo tanta prisa. Además no quedé a ninguna
hora. Me será fácil localizarlos porque la ruta no cambia.

Ya. Pero no sé que me da que por mi culpa aún tenga que
hacer otra misión.

¡Bueno! La tarde es larga y hay tiempo para todo. Y
puedes tratarme de tú, ya no estamos en el cuartel.

Sí, claro.

Lo que nos sobra es tiempo, aunque no lo parezca. Es
sencillo pillar una moña si lo que queremos es pillárnosla. Algunos con
cuatro tragos están como con cuarenta.

Sí. Yo soy de los que voy rápido; no siempre. Pero he
tenido pedos con cuatro duros; en cambio, otras veces he privado como un
cosaco y ni de coñas agarraba la torrija.

Yo voy más lento. Me gusta saborear las cosas. Tomarme mi
tiempo; pero también me ocurre lo que tú dices; pero con las cosas caras y
guapas me tomo mi tiempo; sólo las baratas las tomo rápidas.

No es un mal método.

Pruébalo y ya me contarás.

Cuando esté montado se lo comentaré;¡perdón!, te lo
comentaré.

No todo se prueba con dinero. Si lo tienes, bien; si no
lo tienes, sólo perderás aquello que no puedas comprar.


Poco a poco comenzaba a entender de lo qué estábamos
hablando. Era un modo de bordearlo, pero de no perderlo de vista; de no citarlo
a gritos, pero de no parar de susurrarlo. Estaba convencido de que raspando un
poco, saldrían a relucir nuestras pollas con el lustre que ya lucían.


¿Y quedan bastantes cosas que sean buenas y gratis?

Para los que pueden pagarlas, no; para los demás, más de
las que crees.

Mujeres, por ejemplo.

Esa sería una –dijo sonriendo con picardía-, pero no la
única.

Sexo, drogas and rock and roll.

Todo depende de lo que quieras. Era como antes. Si lo que
quieres es beber, es fácil beber.

¿Y así con todo?

Si te lo sabes montar, te puedo decir que con casi todo.

¡Interesante…!

Claro que tiene sus riesgos, pero como dice un gallego de
la compañía… ¿Cómo es…? Si quieres…

Percebes tes que mollar o cu por eles.

¡Claro! El que no se moja el culo nunca sabrá el valor de
los percebes. Lo que hay que saber es lo que merece la pena.

¿Y cómo se sabe eso? ¿Cómo puedes saber que no estás
equivocado?

Bueno… A mí no me importan muchos los errores. Creo que
tengo una edad que aún puedo permitirme cometer todos los errores que quiera
sin que vaya la sangre al río. ¿Y cómo se sabe eso? Es fácil –se quedó un
momento reflexionando, buscando ese atajo que condensara un pensamiento sin
duda más extenso-. Se sabe porque lo deseas. ¿No es así, patrón?

Así es muchacho, así es… Sino que jodido sería ser
pobre –agregó el taxista-. Si nos quitan los deseos a los pobres, ¡jodidos
quedamos!

¡Ni que lo diga!

Quien me diera a mi tener deseos y años –dijo para sí.

¿Algo quedará digo yo? –pregunto.

Sí: mujer, hijos, hipotecas y este trabajo en el que el
día menos pensado acabo acuchillado por cualquier yonqui.

Ya.

Pero quítame años… y no veas los deseos que me montaba.

Lo ves –dijo dirigiéndose a mí y empleando un tono que me
llevó a la segunda lectura-. Lo creas o no, todo es cuestión de deseo y
años…


Y así llegamos al final del viaje y entramos en el principio
del paraíso. Era una pensión cojonuda, llevada por un ovetense que sólo tenía
ojos para su mujer a la que no perdía de vista, pues tenía el convencimiento de
que se la pegaba a la mínima de cambio. Esa obsesión hacía que poco o nada se
preocupara por los visitantes de aquella gruta infecta, pues sólo el dinero y su
mujer lo movían, así que una vez pagada la habitación, la paz estaba asegurada.

Subimos el desconchado tramo de escaleras para meternos, tras
pasar unas cortinas roídas y sucias, en un pasillo umbrío lleno de puertas. Una
de éstas era la nuestra. No podía distinguir muy bien su rostro, pero el mío
ardía. A esas alturas tenía el firme convencimiento de que no abandonaríamos esa
habitación sin habernos follado bien. Claro que aún quedaba un pequeño tramo de
representación para entrar en el meollo del drama que nos unía, pero la dureza
de nuestras mingas indicaba que aquella figuración duraría lo que un suspiro.


No tiene duchas, pero te puedes cambiar igual –dije al
entrar- La ducha, creo que es una de las puertas del pasillo.

No está nada mal; esperaba otra cosa –dijo inspeccionando
todo con serenidad mientras se dirigía hacia la cama y se sentaba como si
fuese un trono, y con la voz de rey continuo dictando- ¡Acércate,
follapelas!


El valor con el que ardía mi deseo se desvaneció ante esa
orden cargada de rotundidad. Aunque desde que tenía uso de razón, y pija para
jugar, siempre había estado en el mismo bando, intuía que lo que había aprendido
de poco iba a servir estando con un hombre escrito en mayúsculas. Al acercarme
me tomó entre sus manos, y con la seguridad de un terreno ya conquistado me
sentó en su regazo.


¿Era esto lo qué buscabas?


Yo ni respondí a la pregunta. Estaba turbado. Ahora que lo
tenía allí, todo me parecía demasiado grande para mí. ¡Dios, lo deseaba tanto
que lo temía! Era un hervidero a punto de estallar.


¿No dices nada?


Mi silencio se arrulló en mi rubor. No sabía qué decir pues
en mi cuerpo había como una tormenta que desechaba cualquier hilo de
pensamiento. í‰l buscó la respuesta en mis labios, y aquella cara esculpida, con
la belleza de las veinte primaveras, se acercó a mis labios que se abrieron como
una tímida flor a los suyos. Fue un beso breve, pero intenso. El solo contacto
con sus labios, la ternura que en ellos depositó, hizo que la pasión que sentía
tomase un rumbo más sereno, pues así obraba él con las cosas que le gustaban.


Veo que sí era eso lo que buscabas –sentenció sonriendo
con complicidad, mientras me abrazaba-. Te lo dije en el taxi, hay un montón
de cosas que se pueden conseguir si te lo propones. ¿No dices nada?

No sé qué decir –respondí murmurando.

No hará falta decir mucho. Creo que sobran las palabras,
¿no te parece? Tenemos deseos y años… ¡Todo está bien!

¡Dios, sí!


í‰l sonrió ante esta salida que reflejaba el mismo estado de
ánimo que uno puede sentir tras pasar una dura prueba.


Tranquilo. Ya te dije que tenemos toda la tarde, aunque
creo que se nos pasará como un suspiro –dijo besándome en la mejilla para
tranquilizarme.

Creo que en este momento no me llega toda la tarde.

¡Coño para el salido del gallego! Aún no empezamos y ya
siente morriña. ¡Sois la hostia!

¡Joder! –asentí avergonzado-. Es que ya la estoy gozando.
Desde que llegué la estoy gozando como una perra.

¡Ya lo veo, cabrón! –dijo palpándome el paquete- Eres muy
guapo, ¿sabes? Eres la hostia de guapo.

¡Tú sí que estás bueno! Eres un semental…

Me gusta la gente guapa; pero me gusta más la gente guapa
que se ama (yo lo miré con cara de alucinado). Me refiero a los que se
cuidan. Y tú te cuidas –dijo acariciando mis bíceps.

Creo que ninguno de los dos nos podemos quejar.

Eso será lo que no haremos: quejarnos. Puede que un
poco… (volví a mirarlo alucinado). Se descubre más del placer, si también
se descubre un poco del dolor. ¿No crees?

No sé… Nunca lo pensé. Lo que no paro de pensar es que
tengo unas ganas tremendas de que me folles.

Coincidimos entonces en lo de los deseos. ¡Yo también
quiero follarte, maricón! –subrayó esta palabra de un modo especial, dándole
un giro que hizo que llegara a mis oídos como un piropo- Yo también quiero
follarte…


Y ahí volvieron nuestros labios a fundirse en un beso tórrido
y húmedo que señalaba los grados de nuestra pasión. Su lengua se enroscaba en la
mía, la perseguía para atraparla y volverla a abrazar, para después dejar el
turno a nuestros labios que se besaban con gula mordisqueándose levemente. Las
caricias comenzaron a homenajear nuestros cuerpos que luchaban por abandonarse
al placer. Cambié la posición para situarnos frente a frente y que fuese la
pasión de nuestras caricias el amarre de nuestro precario equilibrio.

Nuestras pollas rugían con su dureza. Sabían del ardor que se
estaba cocinando, y el aroma del sexo las hizo entrar en un delicioso vaivén que
marcaba el ritmo a nuestros besos y magreos. Era delicioso sentir como incluso
oculto tras aquella camisa su cuerpo seguía marcando su glorioso empaque.
Deslizar la mano por aquella pujanza era darse de bruces con la virilidad
rotunda que aparece en nuestros sueños más húmedos.

Aunque yo había ido al gimnasio y presumía de cierta
carnosidad, seguía habiendo en mi una suavidad que evitaba las inserciones
bruscas y marcadas; en él, el concierto era otro. No era una musculatura
exagerada, de esa que por su desmesura, termina perdiendo la perfección por el
camino. Su estilo hacía que cada parte de su cuerpo estuviese perfectamente
delimitada, sin que se llegara a confundir con otras vecinas, sumando tan solo
su singular gallardía a la del conjunto. Esa cualidad hacía que no fuese
necesario desnudarlo para tener una idea certera del tesoro que se guardaba
entre esos paños. Para los ojos avariciosos de un maricón como yo, él estaba
siempre en cueros
.

Sospecho que era todo lo que llevábamos. Desde que lo vi, lo
deseé; desde que me vio, me deseó. Esa combinación sólo puede hacer fuego. Menos
es nada. Y desde ese calor, continuó nuestro encuentro. La sensación que
recuerdo era como la de subir a una montaña rusa. Primero esperas en la cola,
deseas que la puñetera avance de una puta vez; una vez que te sientas en el
coche, tu adrenalina comienza a multiplicarse y a viajar por tu cuerpo; y no
tanto por lo que vives, sino por lo que se anuncia en ese horizonte, al que te
aproximas a una velocidad moderada subiendo una inclinada pendiente que te lleva
a un clímax del que no bajas en todo el viaje. Pues así fue aquella tarde. En
esos primeros minutos caminábamos lentamente por la pendiente, entre caricias y
magreos que calentaban nuestros cuerpos; después nos deslizamos ferozmente en
una follada enérgica y sin límites que señaló cómo serían nuestros encuentros y
de qué pasta estaba hecha nuestra naturaleza.

Sentía su verga deslizándose bajo mis cojones, pues no dejaba
de cabalgar mientras morreábamos como posesos hechizados por el olor de nuestro
sexo. Aprisionada sobre aquel dril caqui la pujanza de mi encendida amiga
supuraba sus fluidos, y el aroma de su sexo me decía que su polla estaba
secretando el mismo sustento. Nuestros labios estaban empapados, babeando por
las comisuras, extendiéndose por la cara, pues no parábamos de viajar hacia
otras partes tan apetecibles como la que abandonábamos momentáneamente. En esos
lapsos de tiempo, nuestras miradas se unían reconociendo en esa milésima de
segundo la pasión que nos dominaba. No hacía falta decir más que lo que
decíamos. Las palabras frente a nuestras mingas y deseos, parecían como pequeños
intrusos indeseables, por lo que sólo aparecían aquellas que atizaban más el
fuego.

Hubiese deseado tener un coño. Desenfundar su tranca y sentir
como ésta penetraba en mis ardientes entrañas hasta hacerlas reventar de puto
placer. Aquel meneo lascivo que imprimía a sus caderas, llegaba a su cirio
alumbrando una intensidad que te cegaba. Sus manos recorrían con fiereza todo mi
cuerpo, magreando aquellas partes que despertaban su apetito. Sobaba mi culo con
avidez, exaltando toda la lujuria que allí se alojaba. No podía dejar de
menearme ante sus ataques, intentando, dentro del descontrol en el que me
hallaba, armonizar nuestros movimientos en choques cada vez más violentos e
intensos.

Una fuerza arcaica, nacida de nuestra entrepierna, pedía no
sólo la consolación del deseo, sino la violencia del instinto. í‰ramos dos
machos, cuerpo a cuerpo, enfrentados en una lucha sin cuartel por poseer el
mando de una calentura que nos calcinaba. Su polla seguía con esa embestida muda
que me exaltaba, hasta que mi deseo no pudo más y me lancé como una maricona
hacia su rabo.

Despuntaba en el pantalón como una especie de carpa de circo
apuntando hacia el cielo. Allí lance mi boca, y por encima de la tela comencé a
mordisquear ese apetitoso chorizo. Embadurnaba mi cara en su potente virilidad,
restregándome sin sentido por aquel mástil que me había llevado a ese estado
febril. Comenzó a jadear y a realizar movimientos guiados por un espíritu
refinado, que dilataba cada una de sus embestidas dibujando en el aire sensuales
virguerías. Yo apretaba con fuerza sus pelotas al tiempo que mordisqueaba con
gula, empapando la tela que ocultaba el tesoro al que se abrían mis carnes.

Aún oculto, su poder era inmenso. El aroma de su masculinidad
atascaba mis sentidos, embotándome para cualquier otra cosa que no fuese su
mango. Ese pijo duro que arañaba desde su guarida la obscenidad en la que
nadaba. Hizo un leve movimiento tratando de desabrochar el cinturón, y mis
diestras manos lo adelantaron en la carrera. Dejé de magrear sus bolas y quité
la hebilla en una sacudida rápida, a la que sucedió inmediatamente la apertura
de su bragueta, hundiendo mi cara en el pozo de los deseos.

Una ola de calor acarició mi piel. El olor de su polla era
ahora más concentrado, casi físico, apuntando con su acre dulzor la delicia del
manjar que se cubría tras el calzoncillo blanco. Allí sepulte mi cara moviéndola
violentamente tratando de tragar todo aquel aroma que se escapaba por ese aire
que tragaba a bocanadas. Su aroma intenso martilleaba mi deseo, adelantándome la
fiereza de la pieza que seguía con su dureza de cemento armado. í‰l me tiró del
pelo aumentando los movimientos que la desesperación de mi deseo se había
marcado. Mi lengua lamió con profusión el algodón de su calzoncillo, empapándolo
poco a poco, para extraer todo el jugo que su nabo había depositado durante todo
el día. Mis jadeos se mezclaban con los suyos, igual que mi saliva con el sudor
de su polla que degustaba con una glotonería insaciable. Toqué mi polla que
pedía a gritos salir de su cárcel. De nuevo, me tiró violentamente del pelo
hasta subirme a la altura de su cara para besarme con una efusión caníbal que le
hizo morder mis labios con la rabia de su calentura.

El dolor era placer. Aquel meteisaca no estaba escrito con la
delicadeza de los sentimientos, sin que estos desaparecieran, pues los había,
sino con el hierro candente de nuestros falos, que pedían estar a la altura de
nuestra fortaleza. í‰ramos dos machos cara a cara, despojados del más mínimo
barniz de civilización, vestidos tan solo con la lujuria y la avidez de nuestros
apetitos, que de puro encerrados, salían como toros del chiquero: a la arena
para matar.

Me quitó la camiseta de un tirón y comenzó a lanzarse sobre
mis pezones para encharcarlos y morderlos a placer mientras yo me derretía entre
sus brazos, gimiendo como una puta. El mismo hambre que destaparon mis pezones
erectos, lo llevo a mis axilas y allí restregó su lengua con furor en una de las
caricias más deliciosas que he vivido. Mientras una de mis manos apretaba con
fuerza su pija, iniciando un suave pero violento masaje, pues se la apretaba con
saña, él mordisqueaba mis pelos arrancando algunos que, en su voracidad, no
escupía dejando que estos cayeran por la comisura de sus labios llevados por la
saliva. Volvimos a besarnos, a calmar la sed de nuestro apetito, a enredar
nuestras lenguas y mordiscos en un lenguaje que sólo aparece cuando el sexo
hierve.

Seguía meneando su nabo y tras finalizar el beso me lancé a
mamársela. Seguía allí, cubierta por su blanco e impoluto calzoncillo, que a
estas alturas había tomado una leve transparencia que permitía entrever su
magnifico rabo. Metí el glande en mi boca guiado por sus jadeos hasta sentir la
carnosidad y el sabor de su pujanza. Bajé los pantalones hasta la rodilla y me
asombré de la hermosura que concentraba aquella parte de su cuerpo precisada por
una marcada dureza. Con mis dientes mordí la goma de su calzoncillo y el glande
apareció repentinamente, como si surgiera de una caja sorpresa. Estirando la
goma al máximo, la solté batiendo la goma con su acorazado capullo. De nuevo
repetí la jugada, como unas cuatro o cinco veces, hasta que hipnotizado por su
poder de seducción, baje violentamente los calzoncillos con mis dientes y una
codicia inaplazable.

Seguía deslumbrado por su visión. Permanecí estático durante
unos segundos, hechizado por la visión, como quien contempla un espectáculo que
la naturaleza tardará milenios en repetir. He gozado de muchas pollas, grandes y
torpes, chicas y virtuosas, y viceversa; pero ninguna se aproxima a la que
portaba este íngel. Ahora, analizando esto desde el recuerdo, creo que era la
única polla que podía casar con su envergadura.

Estaba marcada por el mismo sino que su musculatura. La
definición de sus partes era palmaria, pudiendo trazar un croquis de semejante
ejemplar. Medía como unos dieciocho centímetros, aunque esta medida era engañosa
pues era un arma preparada para engañar a la vista. Su tronco se fundía con los
cojones haciendo un todo recio que se veía surcado por infinidad de venas que
bañaban de pujante y brava sangre aquel regalo de carne. De un grosor medio, que
no variaba en todo su recorrido hasta acercarse al glande donde mermaba
ligeramente, de un modo casi imperceptible; apuntaba una rectitud que resultaba
arrogante, sino fuera por lo apetecible que se mostraba. Después venía la nota
más curiosa de ese instrumental. Un bálano acampanado y desproporcionado
culminaba aquella obra de ingeniería. Parecía que aquel glande había sido
colocado allí tras un transplante, pues la diferencia de su perímetro, te
llevaba a pensar que aquello no se correspondía con el tronco que la sostenía ya
que, en ningún momento, la unión de su glande se mostraba a la luz pública. La
piel era tersa y oscura, igual que sus pelotas cubiertas de un vello
ensortijado; pero aquella negritud saltaba de alegría en su capullo regado por
un color rosado y carnal que sugería la salud de la pieza.

Su punta supuró un chorro manso de presemen que cayó
suavemente por la fuerza del vértigo. La punta de mi lengua se acercó a ese
manjar y con un movimiento compulsivo tomó los primeros sabores de aquel
portento. Como todo lo bueno, una vez probado, uno siempre quiere mas. Cogiendo
la pinga por su base, cerré mis labios en torno aquel dócil surtidor que
empapaba con su brillo la fortaleza del bálano. Sorbí aquel jugo de su virilidad
y mis labios sucumbieron abriéndose a la pieza, engulléndola en una cálida
mamada. Tuve que tocarme la picha que comenzó a babear del mismo modo al
enfrentarme al vigor de su hombría. Mis labios abrazaron codiciosos aquel
sabroso glande llegando hasta el borde mismo de ese barranco que continuaba con
la tranca que ahora le meneaba.

Todas las pollas saben a macho, no pueden saber de otra
manera, saben a lo que son; pero ese baluarte desplegaba una artillería pesada
que terminaba embriagándote pues no dabas consumido su sabor. Parecía que la
energía su interior renovaba constantemente ese fuerte sabor que enaltecía tu
voracidad. Mis labios subieron y bajaron por ese glande empapado mientras la
punta de mi lengua masajeaba el meato de su capullo. í‰l me tomó por la cabeza
para acariciarla. Sus dedos surcaron mi pelo en movimientos descoordinados que
me hablaban de su goce y de mi maestría. Mi estriada lengua repasaba ahora los
bordes de su apetecible glande intentando buscar un resquicio inexistente, pero
sorprendiéndose de la rugosidad que encontraba. Cada uno de los movimientos de
salida terminaba en un beso; para después dirigir una mirada al rostro que
sucumbía, y volver, tras otro húmedo beso, a iniciar aquel celestial viaje. Mi
mano seguía masajeando su tranca, de arriba abajo; de ahí, a sus cojones para
estrujarlos con pasión y hurgar tímidamente por la vía hacia el ano; para volver
de nuevo a asentarme en la robustez de su mango que me permitía un poder
temporal sobre este macho. El sonido de la saliva acompañaba a sus jadeos,
teniendo como línea de coro el magreo que le estaba pegando a mi minga por
encima del pantalón, que armonizaba su ritmo con la mamada que le estaba
realizando. Comenzó a revolverse como una puta, y aquellos dedos, que momentos
antes acariciaban mi pelo, presionaron para que me tragase aquel cipote. Su
capullo se alojó en mi campanilla, y mi nariz reposó en el mullido colchón de su
vello respirando el seductor aroma de su sexo. Fueron unas penetraciones
deliciosas, guiadas por el más puro instinto que rejuvenecía con cada embestida,
como si para su movimiento necesitara alimentarme del sabor y aroma de su férrea
virilidad. Mi lengua pulió cada pulgada de su miembro, trabajándolo con el
primor que me inspiraba. í‰l follaba mi boca, y en un par de ocasiones su pija
tropezó con mis dientes, sin que ese dolor momentáneo supusiera alguna quiebra
en su ardor, más bien al contrario. Retiré la picha de mi boca y lamí toda la
superficie de aquel pasmoso engendro y me dirigí hacia sus cojones.

Levantó un poco la pelvis y tragué aquellos huevos peludos de
narcotizante aroma y sabor. Eran ovalados y pequeños, si los comparamos con su
vecino; de hecho, se podía pensar que era la envidia la que transfiguró a estos
cojones que alargaban la extensión de la verga hasta confundirse uno y otros.
Restregué mi cara por su anegada pija, aumentando la brusquedad de mis
movimientos como si hubiera entrado en un trance infinito.

Me cogió por los hombros y me tumbó sobre él para comenzar a
magrearme sin límites. Sus expertas manos recorrieron todo mi cuerpo, hurgando
aquellas partes que aún estaban encerradas. Era un intercambio intenso, pues lo
mismo que él perseguía lo buscaba yo. Nos revolcamos por la cama, sumando
nuestros delirios con una ferocidad caníbal. í‰ramos dos bestias en celo, dos
apetitos insaciables que buscaban en cada centímetro de nuestro cuerpo la llave
que saciara nuestra obscena lascivia.

Todos sus acciones eran bruscas, viriles; aunque a la vez
dejaban un poso que continuaba afilando tu placer aunque el dueño atacase con su
hombría por otro flanco. Pocas veces gocé de una sensación así, de sentir que él
estaba en todas las partes. Ese cuerpo que imanaba todo lo que tocaba, comenzó a
desvestirme con rudeza, como si en vez de un polvo consentido, fuese una
violación. Aquel ímpetu resultaba exquisito, haciéndote comprender que la pasión
del momento no era sólo la suma del deseo, sino la violencia con la que se
manifestaba este. Ahora comprendía su aviso: sin dolor, no había placer.

Marcaba mi cuerpo como si fuera una res, dejando los rastros
de su paso. Si en un principio, mi juego fue el mismo, pronto sucumbí al placer
de su fortaleza. Ya no respondía con la misma hostilidad que él, sino que me
corría de gusto ante ese ardor que me enrojecía y violentaba, porque era yo, y
sólo yo, quien se lo estaba provocando. íngel notó ese pequeño cambio y se
empleó con más saña en el camino que había tomado su polla. Me quitó
violentamente el pantalón, mientras yo, en mi placer, fingía resistirme para que
incrementase más su pasión. Comencé a darle patadas, que él devolvía con mayor
discordia, variando el menú con cachetes y sopapos que se repartían por todo mi
cuerpo, con esa saña que sólo pone la locura en la pasión.

Yo me corría de gusto. Su violencia, la virilidad de todos
sus ataques, lograba que mi pensamiento se embotase, sin tener una idea clara de
por dónde irían los tiros. Era alucinante, una experiencia única que me llevaba
a disfrutar del poder de su masculinidad mayúscula, de enfrentarme una y otra
vez a una fortaleza que me derrotaba de gusto, siendo únicamente la acción la
que catapultaba a la acción, con tal poder arrollador que yo me sentía como
barro entre sus manos. Así que buscaba el perdón en sus besos, acariciándole
primero sus labios con ardor para después comérselos con rabia. Una ira que
incrementaba la suya y con ella mi placer. Un goce que a esas alturas se
expresaba con toda su rotundidad.

Se tumbó encima de mí, aprisionándome con su cuerpo y me dio
uno de los morreos más salvajes de mi vida. Eran como dos movimientos
contrarios, como dos coches que se dirigen a toda velocidad el uno contra el
otro. Yo trataba de zafarme de su excitante intimidación, él de apresarme.
Nuestros cuerpos ardían y mordí sus anchos hombros en un intento por tragar a mi
amante. Aquello despertó aún más su gula y con el encarnizamiento que alumbraba
comenzó también a morderme con encono despertando un placer inaudito hasta ese
momento. Jadeábamos como locos, pues aquella violencia, por su intensidad, no se
manifestaba en gritos, sino que, como en las cloacas, viajaba más
soterradamente, como si temiéramos que el grito vampirizara la energía de
nuestros combates.


¡Te costará follarme, cabrón! ¡Antes te mato que dejar
que esa pinga de mierda me toque!

¡Cállate maricona de mierda! Te voy a follar a gusto. Lo
quieras o no. Te voy a matar follando –susurró esto apretándomelo
fuertemente- Y voy a dejar tu miga seca y pidiendo papas…

Mi nabo quiere una mierda.

Tu nabo, mi amor –dijo bajándome los calzoncillos y
cogiendo de la punta del capullo una muestra de mis fluidos para llevársela
a la boca-, está pidiendo a gritos que se lo coman.

¡Cuánto más me deseas, más te odio!

Así me gusta.

¡Te odio, hijo de puta!

Y yo creo que no he odiado a nadie tanto en mi vida como
a ti.


De nuevo nuestros labios se mordieron para expresar el odio
que sentíamos. Y tras esto un delicioso sesenta y nueve abrió el segundo acto de
la función.

Mamaba que daba gusto. Su lengua recorría mi picha con
extrema ansiedad despertando en ella rugidos hasta ahora nunca alcanzados.
Comencé a follarle la boca hasta atragantarlo; pero cuanto más le jodía, más le
gustaba. Me tomó por las nalgas y en un mismo impulso las magreo con saña
dándoles de hostias y empujándolas hacia él para pasar toda mi polla de un
trago. Eran movimientos tan violentos que en ocasiones no era su rugosa lengua o
sus succionadores labios los que llevaban el mando, sino sus afilados dientes
los que tomaban el castigo. Aquel dolor intenso, como un latigazo restallante,
afinaba aún más el sendero de mi placer, que estaba entre la polla que tenía en
la boca y la fiereza que la dominaba. Cuando no la embuchaba hasta la
empuñadura, su lengua recorría alocada con su excitante rugosidad toda mi polla.
Era increíble la velocidad de este instrumento. Creo que mamo muy bien las
pollas. Es uno de mis platos preferidos y llevo bastantes años cocinándolo como
para no hacerlo bien; sin embargo, ni en mi mejor día me acerco a las
revoluciones con las que era capaz de actuar su lengua, desde una frecuencia
vivísima y sincopada, a una lamida larga y mansa que esclavizaba tu sensibilidad
encumbrándola cada vez más alto, cada vez más lejos, presintiendo siempre un
clímax que volvía a alejarse pues aún llevaba más elementos de los conocidos
hasta entonces.

Sus manos separaron mis nalgas y con su nariz comenzó a
hurgar en el jebe. Hacía aspiraciones profundas, tratando de sorber todo su
aroma, de llenarse de mí. Restregó su cara por mi culo y comenzó a comérmelo.
¡Lo hacía de puta madre!, pues serpenteé como la mayor de las putas. Cada lamida
era realizada con mayor frenesí, como si buscara un empacharse. Yo por mi parte
presionaba con fuerza mi culo para que su rostro quedara marcado en él,
cogiéndolo entre mis piernas para privarlo de cualquier movimiento.


¡Cómeme el culo, maricón! –ordené despojándolo de aquel
abrazo y levantándome para quitarme el pantalón- ¡Cómeme el puto culo,
comemierdas!


Tras eso me situé de pie a la altura de su rostro, dejando
que por un momento contemplará mi polla tiesa, que babeara por ella como un
perro hambriento. í‰l miraba con los ojos abiertos de par en par y su lengua
salió de su escondite para pedir su ración, lamiendo frenéticamente el aire que
lo separaba de su objetivo. Yo me toqué los huevos, levantándomelos con lujuria
para después continuar un breve tramo hasta que mis dedos entraron en el pantano
de mi culo. Tenía los dedos empapados con sus babas y los bañe con las mías.
Después, en un viaje lento y caprichoso, aquellos transeúntes encharcados
recorrieron mis pezones, mi capullo, mis cojones, y siguieron hacia mi culo. No
lo dejaba de mirar mientras ejecutaba esto que me salía de lo más profundo de mi
nabo, me costará olvidar su cara cuando abrí un poco mis nalgas para sepultar el
dedo índice en la gruta que él tanto anhelaba y allí hacer un breve meteisaca.
Sabía que, en ese momento, deseaba con todas sus fuerzas que mi dedo fuese su
polla; pero no era él único, yo también lo deseaba.

Moviéndome como una maricona cesé repentinamente la
penetración y caí con toda la fuerza sobre su rostro.


¡Cómeme el culo, maricón! –mandé arrastrando mi culo por
toda su cara


Mis huevos quedaron a la altura de su boca y en un momento
ésta actuó tratando de tragárselos, casi comiéndolos literalmente, avanzando a
mordiscos hacia ese culo. Mis manos le ayudaron. Abrí las nalgas para mostrar en
toda su amplitud la gruta en la que sucumbiría su hombría. Sobre ella lanzó su
avaricia. La humedad de mis jadeos se mezcló con el goteo de sus chupadas. Su
lengua circuló por todo el perímetro en una carrera vertiginosa por llegar
primero a meta. Yo dilataba y contraía mi ojete para permitir que su rugosa y
magistral lengua cavara más hondo, hasta mis entrañas.


¡Te gusta, maricón! La estas gozando como una perra en
celo. ¡Lo estás haciendo de puta madre! Mi culo ya chorrea. Sigue así,
calentando mi puto culo hasta que arda. Quiero que arda, para que después tu
polla, tu leche de polla, se cargue este incendio que estás provocando.
¡Sigue, maricón, sigue!

¡Sabe a Dios! ¡Y cómo traga!

¡Claro que sabe de puta madre! Este culo es tu premio. Es
aquí dónde vas a gozar como una maricona, pues te va agarrar la pija de puta
madre. Nadie te va a apretar la picha como yo, con toda la fuerza de mi
deseo, con toda la maestría de mi culo, con todo el calor de mi polla.


Y yo seguía cimbreándome como una puta pues su lascivia me
estaba quemando el culo. Notaba como su lengua encharcaba todo mi ojete, como
sus dientes me mordían las nalgas, en una sucesión frenética y descontrolada. Mi
pijo chorreante chocaba con su frente, marcándosela con mis fluidos, yo
arrastraba mi culo, tratando de controlar tanto placer, por toda su cara hasta
sepultarlo entre mis nalgas, para volver después a bajar y encontrarme con
aquella lengua maravillosa que lamía con su rugosidad esa gruta que deseaba ser
horadada. Era un placer intenso e insólito. Me habían comido el culo un montón
de veces, era una práctica que me encantaba, pues ese cosquilleo tomaba caminos
imprevistos hasta situarse en mi polla y desde allí irradiar a otras partes.
Pero pocas veces me comieron el culo como en aquella ocasión. Sus mordiscos y la
astucia de aquella puta lengua, subieron varios grados la temperatura de aquella
jugada, hasta que noté que, de seguir así, me correría sin remedio. No es que me
desagradara la idea, pero aquella leche que hormigueaba en mis cojones llevaba
mucho tiempo macerándose y quería finalizar sus días en las entrañas de aquel
macho devorador. Así que, con fuerza, sepulté mi culo en su cara hasta ahogarlo
y fui arrastrándome poco a poco, venciendo sus protestas, hasta quedar mis
nalgas en su nariz y, ahí, tomar su huida.


¡Fóllame! ¡Fóllame, joder! –imploré a un macho más que
dispuesto- No. Pero así no. ¡ítame! ¡ítame bien fuerte!


Merece la pena describir su mirada. Era ardiente, como de
fuego, pero, sin embargo, tras este ruego, subió unos grados más, mostrando la
ardorosa condición que guardaba mi hombre. Mordió su labio empapado y una
sonrisa maliciosa se cruzo por décimas de segundo en su rostro, hasta juraría
que su verga también se rió, pues le dio un meneo con fuerza, como diciéndole:
"¡Prepárate, amiga! Esto era lo que estabas esperando desde que creciste". Su
recia musculatura se lanzó como un perro de presa a la búsqueda de un cinturón.
Yo, mientras tanto, "reposaba" en la cama, trémulo como un junco, sabiendo que a
partir de ese punto, nada sería igual a lo que había gozado, presintiendo, en
una palabra, que iba a tener lugar EL POLVO, y que pocos se acercarían ni
remotamente a lo allí alcanzado.


Esto servirá. ¿No crees? –dijo mientras su descomunal
polla portaba el cinturón del uniforme.

Pégame. ¡Pégame por qué te odio!


Primero tocó su polla con arrogancia; después cogió
suavemente la hebilla del cinturón y dejó que éste se deslizará con elegancia
por su miembro. El cinturón cayó pesado, sin vida, pero amenazador. Su color
negro y su anchura mostraron en su mano la diabólica cara que ocultaban.


¿Qué haces, joder? ¡Pégame, por qué te odio, hijo de
puta! ¡Me cago en tu madre!


El cinturón seguía inerte. El sudor regaba aquel cuerpo
vigoroso hecho a hachazos. í‰l estaba petrificado, concentrando toda su energía
en esa quietud amenazadora que deambulaba por sus formados músculos. El rostro
estaba serio, lacónico, sólo sus ojos mostraban el mismo odio que nos teníamos,
entendiendo en ese instante todo el amor que se reunía en la humillación. Pues
era la humillación el amor más desenfrenado que se podía entregar.

Como un rayo el cinturón restalló violentamente sobre mi
piel, dejando su rastro sobre mis piernas.


¡Así que me odias, hijo de la gran puta! Más me vas a
odiar. Tus carnes van a quedar marcadas como reses por mi odio. El puto odio
que te tengo.


Ni tiempo me dio a contestar, una segunda firma se depositaba
sobre mi sorprendido abdomen. í‰l avanzó hacia mí, se subió a la cama y
abriéndose de piernas me encerró en la cárcel de su belleza. Yo me abracé
extasiado de placer, tratando de protegerme de lo que más ansiaba, y dispuesto a
recibirlo, pues nada deseaba más. Las lágrimas anunciaron con su urgencia todo
lo que estaba disfrutando.


¿Me oyes? ¿Escuchas lo que te digo?

Te odiaré. ¡Te odiaré con toda mi alma! –contesté
sollozando entre jadeos-. ¡Un hijo de puta como tú sólo lo puedo odiar!

Pues aún te queda mucho por aprender… Voy a escribirte
una carta –dio otro latigazo más-. Línea a línea escribiré mi carta hasta
que la contestes como yo quiero. ¿Te has enterado, maricón? Dime… ¿te has
enterado de todo lo que te digo?


Y aquella mole empezó a azotarme con violencia. El canto de
mi cuerpo se fundía con el silbante viaje del cinturón, trazando una melodía
casi continua. Su maldad tomó el mando, llevándome a un placer salvaje, pues de
improviso, mis huevos comenzaron a cosquillear, iniciando ese viejo llamado que
anunciaba una corrida deliciosa. Yo lo miraba agradecido, mientras restal

 

Resumen del relato:
    “Fusilado” hace algunos meses aquí por un h.p. caritativo que me hizo volver a él y reformularlo. En sí, narra la “mili” de un joven y como esa crueldad cuartelaria se traduce en dominación en el encuentro entre dos compañeros. La 2ª parte, después de 3 años que lleva este relato por la red, acaba de comenzarse…

Mi segundo viaje a salta

Mi segundo viaje a salta (10)

MI SEGUNDO VIAJE A SALTA

Los primeros contactos y conocimientos que tuve con la ciudad de Salta se
produjeron cuando yo era liceal, en esa época estaba de moda cartearse con otros
jóvenes o no tan jóvenes los cuales usábamos la excusa del intercambio de
postales, estampillas y cualquier otra cosa que a uno se le ocurriese.

Ahora intercambiamos E-Mails o chateamos con personas desconocidas, en ese
tiempo el único medio de comunicación era el correo.

En una revista argentina, de las muchas que se compraban en mi casa, salían
avisos de intercambio, escribí respondiendo a muchos de ellos y después cuando
tomé más conocimiento del asunto, ellos publicaron un aviso mío solicitando
intercambiar estampillas, postales, etc.

Hice muchas amistades, no solamente de Argentina sino de todos los países donde
se vendían esas revistas, las cuales duraron varios años hasta que se casaron o
simplemente no quisieron más correspondencia.

De Salta me escribió una chica llamada Patricia Leales, no recuerdo muy bien
pero creo que era oficinista, muy bonitas postales me mandó de su ciudad de
residencia.

Esas fueron las primeras imágenes que vi de Salta, pero ni pasó por mi mente que
algún día iría a conocer esos parajes y menos que dos veces en un año iba a
estar por esos bellísimos lugares.

Patricia, dejó de escribirme porque se fue para Tartagal, creo que era oriunda
de allí y nunca más volvió a hacerlo, debido a eso no pude escribirle más, me
hubiese gustado conocerla cuando estuve por su ciudad.

Mi primer viaje a Salta se produjo inesperadamente, creo que ya lo conté en la
narración MI PRIME VIAJE A SALTA, David hacía años que quería conocer esa zona y
me invitó a ir con él, yo no tenía mucho interés porque prefiero los lugares con
costa, mar y playa, pero finalmente acepté.

Allí hice "amistad" con J. J. uno de los choferes, cuando llegamos a Montevideo,
me dio su teléfono y me dijo que lo llamase, yo lo guardé y le contesté que me
llamase él porque como siempre estaba de viaje iba a ser difícil encontrarlo en
su casa.

Lo llamé dos veces después de la despedida, pero siempre me atendió su mujer por
lo cual colgué sin preguntarle nada. Ya no tenía esperanzas de que se produjese
su llamado porque habían pasado como cinco meses del día en que nos despedimos
en la Agencia de Viajes.

Hace muy pocos día, más precisamente una semana antes de las vacaciones de
primavera, me sorprendió su llamado, me preguntó como estaba y todas esas
preguntas protocolares, al final me dijo el motivo de su llamado.

Me llamaba porque en la Agencia de Viajes tenían todo el pasaje vendido para la
semana de primavera, solamente les quedaba un asiento vacío en el ómnibus, él se
había acordado de mi y les dijo a sus compañeros que me llamaría para proponerme
ir otra vez a Salta.

Le agradecí el gesto, le dije que no tenía dinero porque en Semana Santa había
gastado mucho en ese viaje y en las vacacinoes de Julio había estado en la casa
de mi hermana en Buenos Aires y en Rosario…

No me dejó agregar nada más y me dijo que por US$ 250 me conseguía la excursión,
que me lo conseguía a ese precio porque compartiría la habitación con él, que no
me preocupara por el otro chofer ya que compartiría la habitación con el guía.

Ante mi titubeo, del dinero y de que no disponía de tantos día libres me dijo
que pidiese licencia en el liceo y me fuese con ellos y me recordó lo bien que
lo habíamos pasado en el otro viaje.

-Por el dinero no te hagás problema, lo sacás a crédito.

Quedé de contestarle lo más pronto posible, nos despedimos pero no me hizo
ninguna invitación para tener un encuentro en Montevideo.

Quedé pensativo, jamás se me había pasado por la mente ir a Salta y menos dos
veces en un año!!! No tenía el dinero suficiente, pero… me tentó la idea de
compartir el viaje y una habitación con él. Por eso llamé a mi hermano y le pedí
prestado el dinero.

Leo se sorprendió mucho de que apareciera con esa idea de irme otra vez a Salta
que pidiese día libres en el trabajo.

Me dijo: En que andarás, para hacer esto….!! Finalmente le conté la propuesta
de J. J. a lo que se rio mucho de mi diciéndome: -Lo que no haría mi hermanito
por una buena verga!!! Cuando conseguí el dinero y la licencia en el liceo,
llamé a J. J. a su celular, le dije que íria con ellos en la Semana de
Vacaciones de Primavera.

Me dijo que llamaría a la Agencia de Viajes y que fuera para allá a reservar el
pasaje, que les avisaría a sus jefes que yo iba para anotarme en la lista de
pasajeros.

Todo ocurrió normal, llegó el día fijado para la partida, me presenté allí a la
hora indicada y a media mañana salímos de Montevideo rumbo a la primera escala
de nuestro viaje que sería otra vez Tucumán.

J.J. iba en la cabina del ómnibus conduciendo por turnos con su compañero de
trabajo que era su jefe pues era el dueño del vehículo. Allí, además de ellos
dos iba el guía de la excursión, que no tenía asiento dentro del coche porque
iban todos ocupados por los pasajeros y el camarógrafo que llevaba la compañía
para registrar el paseo. El era mi compañero de asiento.

A veces J.J. para descansar venía a sentarse conmigo y el cámara iba a la cabina
con los otros dos.

Cuando J.J. estaba conmigo no me decía nada de lo que pensaba hacerme para que
ningun pasajero sospechase la morbosa relación que nos unía, o sea que me
trataba como a un pasajero más, no recién conocido porque el guía les había
dicho a los demás turistas, como publicidad de su empresa que yo volvía porque
me habían tratado muy bien.

Pero no les dijo que volvía por J.J. y no por el viaje, la agencia o la
atención.

El guía que era un zorro viejo, se imaginaría o simplemente J.J. le habría dicho
por qué yo estaba allí? No tengo respuesta para esa interrogante, pero ni me
interesó hacer averiguaciones, a mi que importaba si sabían o no. Yo iba a
disfrutar con J.J. y de J.J. por supuesto la excursión y la atención quería
disfurtarla pero mi prioridad era para que andar con rodeos, hay que decir las
cosas como se sienten, yo iba a disfrutar de y con LA VERGA DE J.J.!!!! Durante
el viaje hasta Tucumán, el guía repitió el mismo sermón que había hecho en su
viaje anterior. Claro, como eran pasajeros nuevos, para ellos era una novedad su
presentación y la historia de su vida. Siempre hace énfasis en que él es macho,
desde que la partera le dijo a su madre cuando se lo entregó que era macho. Se
vanaglorió de sus tres esposas. Aunque nunca lo dijo en los dos viajes que
hicimos juntos, supongo que es un anti-puto total por la forma en que hablaba de
sí mismo y de sus aventuras con sus mujeres.

No me demostraba mucha simpatía ni tampoco rechazo, creo que ponía una cierta
distancia entre los dos. Puede ser por que es anti-puto o por envidia a J.J. que
es más valiente que él en ese sentido de que si le gustaba un hombre no vacilaba
en llevárselo a la cama.

En Tucumán nos entregó las llaves de las habitaciones y subí solo a la mía
porque J.J. y el otro chofer tenían que limpiar el ómnibus, llenarlo de
combustible y guardarlo en el garage para que todo estuviese en su lugar para el
viaje del otro día continuando hacia Salta.

Me bañé, ordené un poco mis cosas, no mucho porque por una noche ni valía la
pena deshacer la valija, luego me fui a almorzar con gente del grupo y a
recorrer la ciudad. Aunque teníamos un City Tour programado para las 17 horas
ninguno de los pasajeros esperó a esa hora para la recorrida.

Cuando volví al hotel alredor de las 18 horas, J.J. estaba durmiedo muy
plácidamente con sus musculosos brazos para afuera de la cama.

Aunque procuré no hacer ruido, él se despertó, se destapó mostrándome su
desnudez e invitándome a que me meteise a la cama con él.

No me hice rogar y en un santiamén me quité la ropa y me meté bajo sus mismas
sábanas. Su cuerpo estaba caliente, me pasó los brazos por la espalda y me
empezó a besar de una manera tremenda, su lengua produjo tanta saliva la cual
entró a mi boca y casi me ahogué porque mis glándulas salivales también se
estimularon con su lengua, tuve que tragar la saliva mezclada para desahogarme
un poco.

Sus manos apretaban mi espalda e iban bajando hasta que llegaron a mis nalgas y
las apretaron con pequeños pellizcones, pude sentir su prominente vientre sobre
el mío y ni que decir su pija apretada sobre la mía se sentía muy dura.

Pasé una pierna sobre la suya y le apreté las nalgas mientras mi mano fue en
busca de su pija, la apreté y empecé a pajearlo un poco.

-No!! Chupámela estoy con muchas ganas de hacerte de todo!! Ni que decir nos
destapamos, se puso boca arriba con el "mástil" apuntando hacia el techo, yo me
monté sobre su barriga y me puse a lamer la cabeza de ese amigo que no veía
desde Semana Santa, mientras yo iba descendiendo con mi boca y me lo iba
tragando él se ocupó de separarme las nalgas con sus manos y se puso a lamer mis
cachetes con mucha vehemencia sin dejar nigun sitio sin mojar con su lengua
húmeda.

Mi garganta podía sentir las pulsaciones que emitía su verga cuando llegaba
hasta esas profundidades, era formidable sentir esa cabeza gorda agrandándose
allí!!! Su lengua se metía cada vez más profundamente en mi ano, y sus dedos
tambiém, sentía ese calor húmedo por mi entrada trasera al mismo tiempo que su
verga quemaba mi garganta.

Hice un descanzo, saquí su verga de mi boca mientras el seguía ocupado lamiendo
mis pliegues y con la otra mano me pajeba, saqué la lengua lo más que pude para
alcanzar sus pelotas y la empecé a lamer un rato hasta que me moví un poco más y
mi lengua llegó a las cercanías de su ano.

En esa posición no pude hacer mucho más, el empezó a gemir y me pidió que me
sentara sobre su verga.

Abandoné las lamidas a sus bolas y me senté sobre su vientre mirándolo a la
cara, podía sentir su verga entre mis nalgas y mi columna vertebral, me agaché
sobre su cuerpo y llegué hasta su boca y nos besamos nuevamente con intercambios
de saliva con sabor a pija y a culo.

El empezó a manipulear su pija de tal forma que mi cuerpo fue obligado a
levantarse y la acomodó en mi entrada, fue empujando hacia adentro y yo hacia
afuera hasta que la resistencia del esfinter fue vencida y entró esa cabeza
gorda que ya era hora de tenerla toda para mi sin apuros ni sobresaltos.

Contraje el esfinter y le apreté el glande de tal manera que lo hice gritar por
el dolor que le produjo, aflojé y bajé sobre esa vara de carne hasta sentir sus
bolas en mis nalgas.

-La tenés toda adentro!!! -Sííí…! Dejala allí, no te muevas…

Le contesté eso, y me puse a besarlo mientras sentía a mi pija apretada entre
nuestros dos cuerpos.

Estuvimos un rato así, besándonos, intercambiando saliva pero sin movernos hasta
que sentí que su pija latía mucho y su cabeza hacía presión extendiendo mi
recto. En ese momento me levantó con sus brazos separando nuestras bocas y me
dijo: -Que lindo trabajo me está haciendo tu culito..!!! Se contrae y me muerde
la pija, no necesito cogerte con sacar y meter estoyyyyyyyyy por
acabaaaar…!!!! Inmediatamente me incorporé y quedé vertical sobre él,
apuntándolo con mi pija en la mano.

Empezó a tocarse las bolas, mientras yo me pajeaba clavado en su estaca,
-AHHhhhhhhhhhhhhhhhh………..!!Uuuuuuuuyyyyyyyyyyyhhh…

Grité bastante alto, y mi leche empezó a saltar sobre su vientre y pecho
mientras la suya pegó dentro de mi recto con una fuerza tremenda.

Su pija dejó de latir, sentí como se achicaba dentro mío, pero no podía salir de
su prisión porque mi esfinter contraído no la dejaba. Mi pija también se fue
achicando hasta parecer una piltrafa entre mis manos.

Con el ano apretado para no perder a mi visitante, fui bajando en busca de su
boca y la encontré dispuesta a un nuevo intercambio salival. En esa bajada de mi
cuerpo fui arrastrando todo el semen que había caído sobre su vientre y pecho
hasta embadurnarle todo el pecho con él.

Nuestros cuerpos quedaron pegados por el líquido vizcoso que había sido
expulsado desde mis vesículas seminales.

Al bajar en busca de su boca mis nalgas fueron subiendo hasta quue sentí que su
mustia herramienta se iba saliendo y sentímos un ruido con bastantes decibeles
que salía de mi interior No fue un gas, fue el aire que había entrado cuando me
lo abría con sus dedos y lengua, además entró otro tanto cuando estuve tanto
rato clavado en esa quemante estaca.

Nos reímos mucho de eso, y seguímos abrazados por un rato, besádonos,
pegoteándonos con mi leche y la suya que empezaba a deslizarse hacia afuera de
mi recto y le mojó las bolas donde mi culo había quedado apoyado mientras mi
cuerpo yacía sobre el suyo.

Descanzamos bastante rato en esa posición, mientras el con sus dedos jugaba con
mi ano.

Luego nos fuímos a bañar para luego vestirnos para ir al espectáculo de luz y
sonido en la Casa de la Independencia.

Allí en el baño, me di el lujo de enjabonarle la pija, las bolas y el culo lo
lavé todo con jabón, lo enjuagué para luego hacerle una regia chupada de todas
esa zonas, J. J.

se excitó muchísimo pero no quiso acabar porque quería guardar la leche para la
noche.

Salímos a ver el show, luego fuímos a cenar a un restaurant destinando por la
compañía y a la noche sexo nuevamene.

Cenamos como bestias, como lo hacen todos los excursionistas, como está incluído
hay que tragar todo aunque uno reviente porque al otro día el almuerzo lo paga
uno y eso duele al bolsillo y allí no se come o se come lo más barato, hay que
desquitarse cuando paga la agencia de viajes.

Llegamos al hotel con el estómago muy repleto y sin ganas de sexo, pero J.J. me
lleví² al bar del hotel donde tomamos un café y luego un par de whiskeys con
hielo para bajar la comida.

Estuvimos como hasta la una de la madrugada conversando allí en un rincón muy
íntimo, donde me confesó que el no se dedicaba a los hombres pero que en la otra
excursión me vio tan necesitado de pija que quiso probar si me podía dar
satisfación y si yo podía hacerlo gozar de esta clase de sexo que él había
practicado muy pocas veces.

Hizo ese comentario, pero después dijo algo totalmente diferente, a lo mejor fue
el efecto del whisky.

Totalmente contradictorio fue lo que me dijo después. Me dijo que en viajes de
20 días por el nordeste brasileño, si no consigue a ninguna pasajera que hay
muchas que se desesperan por los choferes como si ellos fuesen los mejores
cogedoeres del mundo, si no había mujeres dispuestas él se desahogaba con los
otros compañeros de trabajo. Con pasajeros nunca lo había hecho para cuidar la
imagen de la empresa.

Cuando nos sentímos mejor del estómago regresamos a la habitación, donde lo hice
poner boca abajo con las nalgas en alto y le saqué brillo a sus nalgas y ano de
tantas lamidas y saliva que le deslicé por ahí.

Más de eso no me dejó hacerle a su ano. El nuevamente volvió a chuparme el mío y
hasta algunas lamidas muy esquivas llegaron hasta mi escroto pero no pasó de
allí.

Luego me hizo poner de rodillas en el piso con el torso sobre la cama y me la
metió en esa forma. Mis brazos extendidos sobre la cama no me permitían
manipular mi verga la cual se encontraba debajo de la cama.

El metía y sacaba cada vez con más velocidad hasta que sentí que sus manos me
agarraban la verga y me pajeaban con la misma fuerza e intensidad con la que su
pija se deslizaba dentro de mi culo.

Ayyyyyyyyyyy……..! Guachooooo, te gustaaaa como coge J.J!!! -Sííí…..!
Daaale quiero sentir tu lech……! No me dejó terminar la palabra leche cuando
sentí las pulsaciones características de la eyaculación y su leche inundó
nuevamente mis entrañas. A medida que jadeaba su mano apretaba cada vez más mi
verga y logró extraer los jugos de mi interior los cuales quedaron despositados
bajo la cama.

Una vez que su estaca se retiró de mi cuerpo, la besé y la chupé un poco más en
busca de restos de fluídos pero no había ni una gota más!!!!.

Dormimos profundamente y al otro día salímos muy temprano para los Diques El
Cadillal y La Ciénaga donde almorzamos unos riquísimos pescados en un restaurant
que hay allí.

A la tarde llegamos a Salta, J. J. fue a dejar el ómnibus en condiciones para el
otro día, mientras yo arreglaba mis cosas y me bañaba, al rato apareció él, se
dio un buen baño y nos fuimos a visitar el Cerro San Bernardo desde donde
tuvimos una espléndida panorámica de la ciudad de Salta que se encontraba bajo
nuestros pies.

A la noche mos llevaron a cenar y a disfrutar de un show en lo de Balderrama, el
cáamara registró todo para el video que estaba haciendo para venderle a los
excursionistas.

A la noche volvímos al hotel, dimos una vuelta por el casino y nos tomamos unas
copas.J.J. estaba un poco cansado y deprimido, con el alcohol recuperó su
temperamento y nos fuímos a la habitación.

Ni que decir lo que me hizo!! Me mordió el cuello y las orejas mientras su manos
buscaron mis nalgas para apretarlas y masajearlas espléndidamente.

Su verga estaba muy dura cuando terminamos de desvestirnos por lo que le hice
una mamada muy agitada para humedecer ese instrumento que venía disfrutando en
ese viaje.

Se abandonó tanto a mis "caricias" linguales y a las apretadas que le hice con
mi mano en la base de ese gordito aparato que no fue necesario mucho tiempo ni
otras técnica, cuando me di cuenta mi boca estaba inundada por la descarga de
sus vesículas seminales.

El simplemente me dejó hacer y se durmió dejándome de verga dura, yo como
castigo me pajeé sobre su cuerpo y le largué todo mi contenido sobre el cuello,
así al otro día tendría que bañarse para sacarse los restos de semen de allí.

Al otro día nos fuimos en una excursion de día entero a Cafayate, el itinerario
fue el mismo de la otra vez, y las visitas a los mismos sitios.

El anfiteatro, que es una gruta que se encuentra en la ruta a Cafayate, luego
seguimos disfrutando de las magníficas vistas de las diferentes montañas con sus
hermosas formas y coloridos, volvimos a visitar una bodega donde degustamos de
sus vinos y disfrutamos de la charla del guía del lugar.

Como yo ya conocía la explicación de la fabricación de los diferentes vinos que
allí se elaboraban y el recorrido por la bodega, ante una seña de J. J. me quedé
atrás del grupo y con él nos metimos en la casa de los dueños de la bodega.

J.J. me dijo que se había acordado que en mi viaje anterior le había dicho de
que coger con arroz pegado con miel dentro de un condón que era muy excitante.

-Me gustaría probarlo, ya que nunca lo hice….

Me dijo que cuando llegásemos a Salta fuese a un supermercado a comprar el
arroz, la miel y los condones porque no le quedaban más.

Mientras el grupo muy atentamente hacía el recorrido por las distintas
instalaciones de la bodega, J. J. me hizo subir nuevamente al mirador de esa
casa y allí arriba se bajó el cierre del pantalón, metió su mano por la abertura
sacando su gordita herramienta, corrió el forro mostrándome la cabeza de su
órgano que yo ya conocía muy bien y me dijo: -Haceme un adelanto de lo que me
vas a hacer esta noche.

No me hice rogar, esa cabeza me atraía y más me atraóa el morbo de chuparla
oyendo los murmullos de toda esa gente que allá abajo recorría el lugar y
comentaba lo que estaban viendo.

Me agaché y me la metí en la boca, pasé mi mano por detrás de las nalgas de J.J.
y empecé a chupar. Las voces se sentía más cerca, J.J. me dijo: -Apurate, la
visita está por terminar y nos tenemos que ir.

Chupé más de prisa hasta que sentí dentro de mi boca las contracciones que me
anunciaban que la verga de J.J.

estaba por expulsar una generosa cantidad de semen.

-Ahhhhhhhh…..! Seguííííííííííí….! La verga de J.J. depositó esa generosa
golosina dentro de mi boca pero me las ingenié para que no llegara más allá de
mi lengua.

Mi verga estaba dura dentro de mi pantalón, pero no tenía tiempo de sacarla ni
de nada más, por lo qué me levanté y besé a J.J. en la boca pasándole su semen
al interior de ésta cosa que no le agradó para nada y lo escupió dentro del
mirador, quedando una mancha viscosa en el piso de cemento de ese lugar.

Se enojó un poco, pero estaba hecho, me tocó la bragueta y notó la tremenda
erección que yo tenía.

-Vamos, hay que bajar tengo que ir a ayudar a los pasajero a subir al ómnibus,
guarda toda esa leche para esta noche… que me vas a hacer una gran mamada con
la miel y el arroz…..

El otro chofer estaba impaciente porque J.J. no aparecía, y nos teníamos que ir
para visitar la casa del alfarero donde nos recibieron con una "picada" de
diferentes quesos y fiambres de la región.

Nuestro último lugar del día fue Cafayate, donde hicimos una rápida recorrida
para luego subir al ómnibus de regreso a la ciudad de Salta.

En la excursión iban dos enfermeras hambrientas de verga de choferes,
persiguieron a J.J. y a Jorge (el otro chofer), pero no obtuvieron resultados
positivos. J.J. me tenía a mí para satisfacer sus necesidades que eran muchas y
Jorge extrañaba mucho a su mujer y a su bebé de un año y no tenía ganas de
enredarse con esas mujeres o simplemente no lo atraían, eso no lo sé.

Se ofrecían de una manera descarda y tanto empeño pusieron que terminaron en la
habitación y en la cama del cámara y la otra del guía, que como es "tan macho"
se habrá hecho una gran fiesta con la cuarentona de la enfermera.

Lo único que faltó en la casa del alfarero fue que las enfermeras se sentasen
sobre sus conquistas, porque compartieron las bebidas y las comidas con ellos.

Nuevamente en Salta J.J. se fue con el otro chofer a guardar el ómnibus porque
al otro día no lo íbamos a utilizar porque el paseo al Tren de las Nubes lo
haríamos con unas camionetas y guía locales.

Yo bajé con los demás pasajeros en el hotel y me fui a un supermercado a comprar
lo que J.J. me había pedido para "la gran noche" que me había ofrecido.

Compré todo lo necesario, luego fui a la habitación a darme una ducha y a
vestirme para ir a cenar a un restaurant cercano. J.J. se estaba bañando cuando
yo entré a la habitación y me invitó a bañarme con él.

Fue muy placentero sentir que sus manos me enjabonaban la espalda y bajaban en
dirección a mis nalgas, las separó y me enjabonó de tal manera el canal que hay
entre mis dos cachetes que demoró mucho en salirse toda la espuma que había a la
entrada de mi ano. Ni que decir mi pija se levantó en ángulo recto mirando al
techo. J.J. la enjabonó también poniéndose de frente a mi frotó verga contra
verga y con el jabón fue un roce de los más excitante, él se dio cuenta de que
yo quería expulsar el contenido de mis vesículas seminales por los movimientos
tan palpitantes que hacía mi pija contra la suya, por lo cual dejó de hacerme
esos frotamientos y me dijo: -Estás a punto, bien quemante pero no quiero que
acabes todavía, vamos a cenar y a la noche lo hacemos bien caliente.

Ni les cuento como estaba yo. A la tarde en la bodega no me dejó acabar y ahora
otra vez, pero lo que prometía para la noche parecía que iba a estar re-bueno
por eso me enjuagué con agua fría para sacarme la calentura, mientras el se
secaba con una toalla podía ver que su hermosa pija estaba en las mismas
condiciones que la mía.

Fuímos a cenar con el grupo de excursionistas al restaurant del hotel y luego
dimos una vuelta por el Casino que hay en la planta baja de ese mismo hotel y
con J.J. nos tomamos un par de tragos, en realidad fueron tres porque uno de
ellos fue doble.

Todo el grupo se retiró temprano porque al otro día había que madrugar para ir
en camionetas por la ruta del Tren a las Nubes.

Ya en la habitación J.J. me dijo.

-Apurate, traé la miel, el arroz y los condones que quiero probar de una vez por
todas los que se siente enterrándote la verga cubierta con los granos de arroz.

Así lo hice, muy velozmente ya que mi verga ardía de ganas por expulsar el semen
contenido desde la tarde allá en la bodega y los efectos del alcohol se hicieron
sentir…

J.J. metió la verga en el frasco de miel y se acostó boca arriba en la cama,
mientras yo me puse sobre él en posición de 69. Soplé sobre ese glande cubierto
por la abundante miel que se corría hacia abajo y enchastraba sus vellos púbicos
dejándolos todos pegajosos, metí mi lengua por el meato y algo de miel quedó en
esa cavidad. Cuando todo su glande quedó dentro de mi boca, mis labios empezaron
a hacer presión en el reborde que hay entre el glande y el comienzo del
prepucio. J.J. empezó a untarme el culo con miel y se puso a lamer mis nalgas
hasta que llegó con la punta de su lengua a la entrada de mi ano.

Allí ayudado por sus dedos fue metiendo miel hacia el interior de mi ser y luego
su lengua luchó por meterse en el agujero que sus dedos habían dilatado.

Mi cabeza bajó sobre esa vara erecta y pegajosa hasta que mi nariz tocó los
vellos pegajosos y comencé un baja y sube a lo largo de todo ese tronco
deliciosamente dulce y pegajoso.

J.J. se detuvo cuando notó que no había más miel, agarró nuevamente el frasco y
volcó una generosa cantidad en mi huesito dulce la cual fue deslizándose por mi
canal hasta que pasó el ano y llegó a deslizarse por los huevos y la miel se
corrió hasta el tronco de mi pija y llegó hasta el frenillo.

J.J. lamía mi canal y cuando me di cuenta su lengua se encontraba lamiendo mi
tronco desde abajo hasta casi llegar a la cabeza de mi querido órgano. Me
pareció mentira disfrutar de la lengua de J.J. después que tantas veces se había
negado a hacerme una buena chupada o aunque más mo fuese una lamida !!! Su verga
estaba totalmente metida en mi boca mientras mi pija era estimulada pos sus
labios que comenaron a lamerme el glande por detrás y dos dedos los tenía
enterrados en mi recto.

Mi mano tenía agarrada a su pija por su base mientras mi boca trataba de
chupársela toda cuan larga era. J.J.

no fue más de eso, solamente me la lamió, pero por lo menos era un adelanto….

Giró sus dedos dentro de mi ano de tal manera que ayudado por las lamida que me
dio en la parte sensible de mi pene, éste empezó a expulsar el contenido que dos
veces ese día fue forzado a retenerlo en el interior de mis vesículas seminales.

J.J. notó de inmediato los movimientos de mis testículos y de mi verga que
palpitaba mucho y me dijo: -Que apurado que estás!!! No me diste tiempo a
metértela con el arroz!!! No respondí nada, mi boca estaba llena con su tronco
que por la agitación lo sentía terriblemente hinchado.

Una vez que mi eyaculación terminó y quedó impregnada sobre el pecho de J.J.
éste me dijo: -Poneme el arroz y un condón que te voy a hacer ver las
estrellas!!! Salí de arriba de él, miré su verga la cual permanecía
terriblemnete dura y lustrosa pero si miel, me la había tragado toda!!!
Nuevamente la unté con el delicioso manjar, volqué el paquete de arroz sobre mi
mano y le apreté su verga con ella. El arroz se adhirió a ella en gran cantidad,
puse otra cantidad sobre el glande el cual quedó totalemnte cubierto por el
cereal y deslicé un condó hacia abajo.

Su verga quedó totalmente disfrazada por el pegote de arroz y miel, ni forma de
verga tenía. Asomaban bultos a lo largo y a lo ancho de su superficie los cuales
me excitaron nuevamente por lo cual mi verga que permanecía mustia después de la
gran acabada que había expulsado hacía unos instantes, nuevamente empecé a
sentir que estaba viva, dando unos movimientos hacia arriba y ensanchándose lo
suficiente para ver que aunque no era una pija extraordinaria era de buen
tamaño.

J.J. me puso con la espalda apoyada sobre la cama y las piernas en alto, dijo
que quería ver como me entraba y cuánto me entraba.

Metió otra vez dos dedos para impedir que mi dilatado esfínter volviese a su
lugar y apoyó el depositó del condó en mi agujero, sacó los dedos y empujó con
tal maestría que su cabeza pasó el portal sin ningón inconveniente. Me levantó
aún más las piernas, las cuales quedaron sobre sus hombros, se inclinó hacia
atrás empujado su pija más hacia adelante mirando extasiado como entraba. Una
vez que entró toda me dijo: -Se siente muy bien allí dentro!!!, apretá el culo
para que el rozamiento sea mas dificultoso y me de más placer.

Lo complací lo más que pude, él se agachó hacia adelante y comenzó un mete y
saca fenomenal.

-Ayyyyyyyyyyyy!!!!! AAHhhhhhhhhhhhh!!! Eran los gritos que emitían nuestra
gargantas al mismo tiempo, que su pija entraba y salía.

-Ayyy…!!! Omar, los granos de arroz me pinchaaaaaaannnn!! Yo sentía una
tremenda agitación y una sensación áspera dentro de mi recto de tal manera que
de agradable pasó a ser insoportable.

J.J. gimió muy fuerte hasta que sus gritos parecían de dolor y no de gozo.

Me agarró la verga y con su mano me hizo una paja a gran velocidad la misma
velocidad con que su pija era introducida y sacada de mi ser.

Con un Uyyyhhhhhh!!!! final J.J. se dsplomó sobre mi barriga enchastrada por el
semen que había logrado extraer de algún recóndito lugar de mis reservas.

Por un tiempo quedó sobre mi, hasta que su verga al perder la erección se salió
solita de mi intestino.

J.J. se hizo a un lado, y pudimos comprobrar el condón perforado y manchas
rojizas bajo su superficie.

Inmediatamente se lo sacó y pudimos ver que algunos granos de arroz le habían
hecho perforaciones en varios lugares de la delicada piel de su prepucio, al
sacarse el condón vimos que algunos granitos se le habían metido por el meato
los cuales impidieron que la leche saliese.

Se fue a lavar inmediatemante porque la pija le ardía en los lugares de las
perforaciones. Yo lo seguí al baño y nos duchamos juntos para sacarnos todo el
semen y la miel que había depositado sobre nuestros cuerpos.

Una vez que volvimos al dormitorio cada uno desnudo fue a su cama y se acostó.

-Omar, me pareció fabuloso!!! Sentir los pinchazos en mi pija al mismo tiempo
que la frotaba contra tu recto, pero las consecuencias de tanto placer hay que
pagarlas y ahora tengo la pija deshecha, muy dolorida…

Deshecha es un decir, la tenía muy irritada y colorada por las minúsculas
heridas de algunos granitos del arroz que habían perforado la piel superficial,
pero mi culo estaba re-satisfecho de la forma en que lo había tratado J.J.

Nos dormímos agotados por la buena cogida de la que habíamos sido protagonistas.

Al otro día salímos para el paseo programado, no hubo nada importante que
relatar de esa visita hasta San Antonio de los Cobres, solamente que las
enfermeras seguían con las suyas acosando al guía y al camarógrafo, a lo mejor
porque era muy buenos en la cama o porque ellas estaban insatisfechas en
Montevideo y con ellos lograron buenos encames? J.J. fue en una camioneta y yo
en otra así que en ese viaje nos vimos pocos, solamente en las paradas de visita
a Tastil, los viaductos y otras poblaciones o estaciones del tren que hay en ese
camino hasta nuestro destino final en San Antonio de los Cobres.

A la noche volvimos a Salta muy cansados por la gran cantidad de cerros que
subimos y por las sensaciones que produce la altura el apunamiento que le
llaman.

Luego de una cena ligera nos fuímos a dormir y J.J.

en cuanto cruzó el umbral de nuetra habitación se tiró en la cama y se quedó
dormido.

Después del desayuno, salímos de hotel con el equipaje, dimos una vuelta final
por Salta y el monumento a Guemes para luego diriginos hacia Jujuy, donde
llegamos en horas de la tarde.

Nos dieron libre hasta la noche en donde nos llevarían a cenar como todas las
noches en algún restaurant contratado por la agencia de viajes.

J.J. se bañó y me invitó a recorrer la ciudad, dado que él había estado muchas
veces allí, sabía de muchos lugares que a los turistas no nos llevan.

Mientras se bañaba, se enjabonaba la verga la cual no permaneció por mucho
tiempo inmune a sus manoseos, me llamó y me dijo que me preparara porque andaba
con ganas otra vez.

Como haría cuando iba solo? Tal vez aprovecharía a alguna turista como las
enfermeras que pasaron casi toda la excursión en las habitaciones del guía y del
cémara.

Me metí en la ducha con él y mientras el agua caía sobre mi cabeza su pija fue
tragada por mi boca en un exquisito ir y venir hacia las profundidades de mi
garganta hasta que mis manos buscaron su ano y comenzaron a masajearlo.

Luego de un rato, J.J. me hizo poner de pie, me besó con una tremenda
exploración de mi cavidad bucal por su lengua jueguetona, posó sus manos sobre
mis nalgas, me apretó tant contra su cuerpo que podía sentir a través de mi pija
los palpitantes movimientos de su verga al frotarse con la mía.

Me dio la vuelta y se pegó a mi espalda como una lapa se pega a las rocas hasta
que pude sentir su verga entre mis piernas chocando con mis huevos y pegándole a
mi pija por abajo.

Con su mano me la agarré y comenzó a pajearme mientras mis piernas apretaban su
verga entre ellas, cuando me di cuenta su verga ya no la sentía entre mis
piernas comenzaba a abrirse camino entre mis nalgas buscando mi agujero.

J.J. se agachó y pude sentir su nariz abriéndose paso entre mis nalgas, era su
boca que buscaba mi agujero, lo visitó con su lengua de una manera deliciosa,
fue tan rico lo que me estaba haciendo que mi esfínter se relajó, no opuso
ninguna resistencia al intruso que merodeaba por allí. A los intrusos porque
después de su lengua fueron sus dedos enjabonados los que se abrían paso por
allí.

Mi mano trabajaba mi verga mientras sus dedos me estimulaban por dentro…

Después de un buen rato haciéndome eso, se puso de pie, se enjabonó la pija, la
apoyó en mi entrada trasera y la mandó hacia adentro en dos estocadas.

Mi esfínter se contrajo y aprisionó al huésped tan suave que se hospedó allí.
J.J. empezó un ir y venir muy lento hasta que fue acelerando el mete y saca
acompañado por mordiscos en mi esplada, sus manos me aprisionaban la verga ya
que mis manos estaban apoyadas en la pared del duchero no podía atenderla como
es debido.

Mi cuerpo estaba inclinado hacia adelante con el culo empinado hacia atrás
recibiendo a la verga gordita de J.J. sin condn!!! Un rato más siguió metiendo y
sacando la verga de mi orto y sus manos me pajeaban al mismo ritmo que su verga
entraba y salía, Sentí el palpitar y los jadeos característicos de que en pocos
momentos más su vega expulsaría una buena dosis de lechecita recién hecha, mi
verga empezó a estirarse de una forma muy acelerada y mis gemidos fueron
acallados por una manos de J.J. que me tapó la boca.

-Callate, estúpido las viejas de la otra habitación van a sentir tus gritos!!!
Me dijo eso y la metió hasta que sentí sus bolas chocar con las mías y un
interminable: -AAAAAaaaaaaahhhhhhhhhhhhh J.J. me había depositado sus fluídos en
lo más profundo de mi ser al que pudo llegar. La dejó allí, mientras su manos
jugaban con mi verga que seguía dura y toda enchastrada por mis jugos los cuales
no le importaron a J.J. y con su mano comenzó a distribuírlos por mis pendejos y
huevos, pero con tan mala suerte que el agua los diluía y los llevaba hasta el
piso de la ducha para luego desparecer por el resumidero.

Sentí un ruido como hacen las zopapas cuando destapan un caño y un vacío
tremendo en mi recto. Era J.J. que me la había sacado de un solo golpe.

Me di vuelta y vi su verga coloradita, inflamada y con algunas gotas de semen
que salían por su meato, me agaché y a pesar de que el agua estaba haciendo de
las suyas la lamí y me me tragué toda esa rica cabeza gordita que ya empezaba a
ponerse bobona.

Después del bañod bañé, me vestí, cerré la valija y dejé todo en condiciones
para abandonar el hotel y me dirigí al salón a desayunar. Allí ya se encontraban
bastantes pasajeros desayunando, entre ellos las enfermeras que muy extrañamente
no estaban con sus respectivas conquistas.??!!! Cerca de las once de la mañana
partímos rumbo a Jujuy Hicímos algunas paradas en el camino, y almorzamos en un
restautrant que encontramos por allí para llegar finalemnte a la ciudad de Jujuy
como a las 15 horas.

Nos dimos una buena enjuagada y nos fuímos a recorrer la ciudad de San Salvador
de Jujuy.

A la noche depués de cenar J.J. hicimos una especie de 69 en el cual J.J. me
chupó el tronco de mi verga pero se negó a chuparme aunque sea la cabeza de mi
pija.

Mientras me lamía el agujero me pajeaba y me lamía nuevamente el tronco hasta
que sintió que latía mucho, me dio la vuelta y comenzó a rodearme el tronco con
su boca mientras su mano jugaba con mi glande, mirando hacia arriba vio cuando
mi eyaculación saltó por los aires y aterrizó sobre su cara, siguioó mordiéndome
hasta que mi verga comenzó a decaer en dureza y longitud.

Yo le hice una mamada de orto y de bolas de tal intensidad que ni oportunidad
tuve de chupar su miembro ya que éste pos sí solo expulsó su líquido salado y
blanquecino en unas tres o cuatro contracciones.

Nos dormimo placenteramente muy agotados por las emociones del día y las
devastadoras secciones de sexo que mutuamente nos dimos.

Al otro día J. J. como siempre se levantó primero que yo, porque como todos los
días con Jorge debía poner el ómnibus en condiciones para el viaje.

Yo dormía plácidamente mientras el se bañó y afeitó para estar presentable ante
los demás pasajeros, una vez que hizo todo eso me llamó diciéndome que tomara el
desayuno que ya estaba listo.

Se acercó a mi y con mis ojos adormilados vi su pija semi-erecta que se acercaba
a mi cara, saqué la lengua y le di unas lamidas aspirando el perfume del jabón
que unos instantes antes había sido extendido por las manos de J.J. sobre toda
la extensión de su grueso miembro de placer y tortura.

-Dale, levantate a desayunar que yo ya bajo.

Se puso el pantalón, ocultó la verga dentro de su slip, subió el cierre, se
dirigió a la puerta y desapareció por ella.

El guía ya había desayunado y estaba ultimando los detalles para la partida con
los empleados del hotel.

La enfermera que lo persiguió durante toda el viaje charlaba muy afanosamente
con el camarógrafo y la otra andaba por allí como desganada o cansada.

En el viaje noté que la otra enfermera ahora le dedicaba sus atenciones al guía.

Que habrá pasado? Se habrán peleado? Esas interrogantes pasaban por mi cabeza y
supongo que por la cabeza de muchos pasajeros porque el acoso tan descarado de
esas mujeres no creo que haya pasado despercibido para los pasajeros.

Nos dieron la tarde libre pero si alguno quería ir había un city tour con un
guía local y nos citaron para las 21 horas qie íriamos a una cena show.J.J.
invitó a Jorge y a mí a dar una vuelta por la ciudad por nuestra cuenta y fuímos
a ver el Salón de la Bandera donde nos atendió un custodio de ese salón, muy
amable que nos explicó muchas cosas de la bandera que había allí.

Lástima que fui acompañado!!! Ese custodio estaba para hacerle de todo!!!! Antes
de salir de nuestra habitación para ir a cenar, J. J. me contó que las
enfermeras querían hacer una orgía e intercambiar parejas, el guía no quiso
hacer el amor delante de otro hombre porque él era muy macho y terminaron
cambiando de parejas pero individualemnte.

Por eso yo había visto eso en la mañana de las enferemeras con distinta pareja.

También me dijo que Jorge andaba con muchas ganas de coger o de hacer algo ya
que hacía como una semana que habíamos partido de Montevideo y no lo había hecho
con nadie. El le propuso hacerlo conmigo y Jorge dijo que con hombres no tenía
interés.

-Vos que te crees que yo estoy a disposición de todo el pasaje!!! Le dije eso
bastante molesto, porque me había estado ofreciendo como si yo fuese una
prostitua.

-No te enojés. No te gustaría chupársela a Jorge? -Yyyyyy.., sí me gustaría…
pero…

-Pero nada… si te gustaría hacerlo lo hacés y listo.

-No es tan fácil convencerlo…

-Eso ya está hecho, le dije que si vos aceptabas chupársela que esta noche se lo
decía y después de cenar venía a nuesta pieza y se la chupabas para que se le
fueran las ganas…

-Así que arreglaste todo sin antes consultarme..

Supongo que durante la cena J. J. le dijo que estaba todo arreglado porque Jorge
me miraba de reojo a pesar de estábamos sentado en distintas mesas y lejos una
de la otra.

Después de la cena nos despedímos de los pasajeros y cada uno tomó rumbos
distintos, algunos se fueron a dar una vuelta por la ciudad, otros se fueron a
dormir porque al otro día tendríamos un día muy agotador visitando la Quebrada
de Humauaca y los pueblecitos que se encuentran allí.

A J.J. y a Jorge no los vi, por eso me fui directamente a mi habitación y casi
enseguida apareció J.J. diciéndome que Jorge estaba con una ganas bárbara porque
tenía los huevos llenos, ya que llevaba una semana sin vaciarlos, pero que dadas
sus nececidades… y ante la insistencia de J.J.

había accedido a que yo se la chupase, pero nada más.

Como yo acepté, él fua a buscarlo a su habitación y no tardaron en llegar.

Jorge es un tipo alto, y bastante robusto, me imaginaba que tendría una pija
acorde a su físico, pero eso nunca se sabe… porque hay tipos enclenques que
tienen unas vergas tamaño baño y en cambio hay otros gigantes que tienen unas
insignificancias entre las piernas que es para ponerse a llorar.

Jorge entró a la habitación muy tímidamente, no creo que él fuese así, estaba
muy nervioso por las circunstancias que se habían presentando así, a pesar de
que no tenía ningun interés en tener sexo con un hombre, su organismo pedía y
como no tenía ninguna mujer cerca o no tenía ganas de encontrarla accedió antes
la propuesta de J.J.

Se sentó en una silla y le pidió a J.J. una copa para deshinibirse un poco. Este
se la dio y se quitó la ropa quedando solamente con el slip. Masajeó su verga
por sobre la tela y al cabo de unos minutos noté que empezaba a abultar mucho,
me hizo una seña y empecé a morder y a besar ese bulto que seguía oculto por la
tela de algodón.

Jorge miraba y no atinaba a decir ni a hacer nada hasta que J.J. le dijo que se
pusiera más cómodo.

Al quitarse la ropa superior pude ver un imponente pecho totalmente cubierto por
vellos rubios, J.J.

sacó la pija por una pierna del slip y apareció su cabeza gordita la cual por
pocos instantes vio la luz ya que mis besos y lamidas pronto la hicieron
desaparecer dentro de mi boca.

-Sacate el pantalón y acercate más, vas a ver que bien que la chupa mi
"amiguito" Omar!! Jorge permaneció de pie con el cinturón a medio desprender y
acarciciando su bulto que se notaba muy generoso.

J.J. se fue para la cama y se quitó el slip ante la mirada de Jorge que no se
animaba a hacer nada yo me saqué la ropa y él pudo ver que mi pija también había
cercido pero nada más estaba dura y apuntando hacia el techo.

Me fui para la cama y empecé a besarle el pecho a J.J.

fui bajando lamí su ombligo mientra mis manos buscaban y jugaban con sus bolas
hasta que agarré su verga y la empecé a pajear muy suavemente.

Estaba tan atareado con mi deleite personal que ni me di cuenta cuando Jorge se
quitó los pantalones, cuando me di cuenta estaba en la cama acostado al lado de
J.J. y tenía un gran levantamiento del slip en la parte delantera.

No tardé en estirar mi mano y tocar aquella montaña, sentí una verga grande
pesada pero no muy rígida.

Jorge estaba con los ojos cerrado esperando que se produjese lo que tenía que
suceder pero sin intenciones de nada más.

Mi mano apretó ese bulto hasta que fui corriendo el slip y me encontré con un
soberbio ejemplar de pija!!! Sí, a pesar de no estar totalmente parada era larga
y gruesa, así a medio parar andaría por lo 20cm, que tamanño tendría en su total
plenitud!!! Acerqué mis labios a esa cabeza cubierta por un prepucio muy grueso
y le dí pequeños besitos hasta que noté que su dueño no oponía resistencia y me
animé a meterla en mi boca, se sentía pesada consistente pero no dura, miré su
cara y seguía igual sin expresión ninguna como queriendo que todo pasase lo más
rápidamente posible.

J.J. en cambio estaba atrás mío frotándome su pija por el ano, me separaba las
nalgas y en un momento dado sentí que su saliva era introducida hacia adentro de
mi recto por sus dedos que trataban de allanar el camino para luego introducir
esa barra de carne erecta por allí.

Yo seguí chupando la verga de Jorge, pero esta no adquiría la dureza de una
buena excitación, me animé a lamerle las bolas y como él no protestó seguí
lamiendo todo lo que tenía en mi camino, bolas, tronco de verga hasta que lleguí
al límite de su ano donde no me dejó avanzar más, ya que contrajo las piernas y
me apretó la nariz que andaba por allí.

-Chupame sólo la pija!!! J.J. me la metió de golpe, me hizo saltar hacia
adelante ya que yo me encontraba en cuatro patas sobre las piernas de Jorge caí
sobre su cuerpo y mi pija pegó en sus bolas de tal manera que le dió un grito de
dolor.

El miraba por arriba mío como J.J. la iba metiendo y sacando hasta que sentí que
su pija revivía y empezó a pararse.

Ignoro si se excitó por lo que veía, o por los jadeos de J.J. que a cada
embestida jadeaba y decía.

-Te gusta la pija de J.J.?? Tomáa pija!!! Tomás pija!!! La verga de J.J. estaba
creciendo, mi boca solamente tragaba la cabeza que se había puesto morada y
enorme, latiendo muchísimo por causa de las chupadas y por los empujones que le
daba su dueño tratando de meterme más y más dentro de la boca.

Jorge se ayudó con sus manos agarrándome la cabeza y empujando con fuerza me
metió más de la mitad, mientras J.J. la sacaba y la metía de una manera violenta
y rápida por lo que no tardó mucho en dar un alarido.

-Ahhhhhhhhhhhhhhh….!!! Uyyyyyyyyyy…!! Jorge miraba atónito los gestos, loa
jadeos y sentía los gemidos de su amigo hasta que no pudo resistir tanta
excitación en su verga, por lo que ésta aumentó sus contracciones y la saqué de
mi boca.

Tambié emitió unos: Agggggghhhhhhhhhh..!!! Daaaaleeeeeeee!!! Chupááamelaaaaaa
máááááááááááááás…!!! Le lamí ese rinconcito que hay donde se une la pija con
los huevos y mi mirada vuelta hacia arriba vieron a ese obelisco contraerse y
expulsar un interminable chorro de leche que inmediatamente cayó haci abajo
cayédome sobre la cara.

La verga de J.J. siguió enterrada en mi hoyo hasta que la verga de Jorge se fue
reduciendo y dejó de latir y este quedó con una expresión de paz en su rostro la
cual daba la impresión de que dormía.

Me puse a un lado quedando en el medio de los dos, ninguno dijo nada porque
vieron que yo seguía de pija dura, porque nadie le había hecho los homenajes
necesarios para que demostrase su satisfacción.

J.J. me dijo que se la chupase a su amigo mientras que él me iba a pajear para
darme placer.

El otro chofer no se opuso y le lamí los huevos mientras J.J. me pajeó con una
mano y con la otra me metía algun dedo en el orificio que había dejando su pija
cuando estuvo de visita por alló.

Ayyy……..!!! Ohhh!!…

Me desplomé una vez que mi leche hubo salido, pegando en las piernas de Jorge,
cosa que no le gustó mucho y fue inmedaitamente a lavarse al baño.

Fumamos unos cigarrilos y nos bebimos otros tragos hasta que al rato Jorge
andaba otra vez de pija bobona y me atreví a hacerle una nueva mamada un poco a
cada uno hasta que las puse juntas y las lamí al unísono.

Fue un enchastre total las leches de ambos se mezclaron sobre mi pecho con la
mía que había sido extraída nuevamente por la mano de J.J. qe pajeaba
deliciosamente.!!! Jorge se baño y se fu a su habitación sin hacer ningun
comentario, mientras tanto J.J. me dijo: -Me quedé con una ganas bárbaras al ver
que bien que lamías mi verga junto a la de Jorge, mirá no la tengo parada pero
si la chupas un poco puede ser que la revivas un poco…

El aroma a semen seco sobre mi cuerpo ya se empezaba a sentir y eso me excitó
sobremanera y al tener la verga de J.J. tan cerca móo me puse en acción otra
vez.

Me costó un poco de trabajo manual y bucal hacerla volver a la vida nuevamene
pero el que busca encuentra y con mucha paciencia lo logré.

J.J. me acomodó sobre su cuerpo mientras su pija iba y venía chocando con mi
garganta y se puso a lamerme las nalgas y a morderlas hasta que sus dedos
tocaron mi ano aun dilatado por las embestidas de un rato antes. Fue acercando
su lengua y se puso a lamer en círculos todo alrededor de mi aro hasta que su
lengua solita se fue introduciendo allí.

AAhhhhh….. J.J. seguíííííííííí… me gustaaaa muchooo.

Por supuesto que tuve que abandonar lo que estaba chupando para poder emitir
esos gemidos acompañados por palabras estiradas por el placer que estaba
sintiendo.

Mi pija se puso a latir locamente dentro de la mano de J.J. que la apretaba muy
suavemente mientras su lengua dejaba mi ano y se disponía a lamer esa zona entre
el ano y la raíz de la verga hasta que siguió por mi tronco palpitante y llegó
al frenillo…

Como zorro viejo y astuto en estas lides yo le hice lo mismo para que se diese
cuenta los lugares que más placer producen y al mismo tiempo indicándole sin
palabras donde tenía que poner su lengua para darme placer.

Pero no pasó de lamidas, él ni intentó lamerme el glande y menos chuparmela como
yo se lo estaba haciendo para que se diese cuenta como se hacía.

Unos pocos segundos después sus dedos iban y venían en mi ano hasta que no
aguanté más y mi pija empezó a latir muy aceleradamente hasta que expulsó sobre
su rostro las útimas reservas que había en mi interior.

J.J. hizo un comentario sobre el sabor de mi semen y al mismo tiempo que lo
hacía empujó violantemente su pija contra mi garganta y empezó a expulsar dentro
de ella con unos gemidos muy excitantes lo poco que también había en sus
reservas.

Mis dedos acariciaron su ano que también palpitaba pero no me atrevía a meter ni
siquiera la punta de estos por miedo al rechazo de J.J.

Nos dormimos muy extenuados y llenos de semen por todos lados, J.J. ni siquiera
se lavó la cara sus fuerzas no le permitieron ni pararse.

Al otro día me despertó cuando ya estaba vestido, porque nos iríamos a un paseo
de todo el día por La Quebrada de Huamaunca.

No voy a relatar todo el paseo porque ya mi narracií²n está resultando más
extensa de lo que pensaba.

Jorge fue muy indiferente conmigo en todo el paseo, como que estviese molesto
por lo que había sucedido la noche anterior o porque guardaba complejo de culpa
en el interior de su cerebro.

Recorrimos Tilcara, y otros pintorescos pueblitos hasta que arrivamos a Humauaca
donde almorzamos en lo de Fortunato con un show de música autóctona.

En el almuerzo Jorge me miraba desde su mesa con una mirada extravíada que al
mismo tiempo quería decir algo que yo no llegaba a entender o él no podía
expresar con ella.

Al terminar el almuerzo nos dieron un rato libre para compras de telas y
artesanías típicas que había en comercios cercanos al lugar donde habíamos
almorzado.

J.J. me alcanzó por una de esas callecitas y me llevó aparte para comentarme que
su compañero estaba muy satisfecho con lo pasado la noche anterior pero al mismo
tiempo estaba muy confundido porque nunca le había sido infiel a su nujer con un
hombre!! Tenía ganas de repetirlo pero no se animaba…porque quería llegar a
Montevideo con los huevos repletos para cogerse a su mujer hasta que se le
vaciaran.

Me dijo eso y se fue a comprar unas cosas para su familia. Yo me quedé pensando
en sus palabras…

Entré a uno de esos negocios, allí había tanta gente amontonada dado lo estrecho
del lugar que ni se podía pasar.

Entre ese aglomeramiento de personas estaba Jorge eligiendo una bufanda de
vicuña.

Me acerqué a él y lo ayudé a elegir el más bonito diseño y entre los empujones
de la gente mi cuerpo quedó pegado al suyo y aprovecé para meterle la mano en el
bolsillo y tantear su pija la cual estaba en total reposo pero al sentir mi mano
se estremeció y él apretó mi mano más contra su verga.

Me mirí² como diciendo que era una locura lo que estaba haciendo delante de tanta
gente, pero no intentó sacarme la mano.

En ese comercio hay una cortina que me intrigaba, yo quería saber que ocultaba
del otro lado y sin que lo notase la gente me metí trás ella, llevando de la
mano a Jorge sin resistencia de su parte.

Lo que ocultaba esa cortina era un baño sin puerta, sin inodoro, solamente tenía
una agujero en el suelo y una pileta.

Allí sin palabras me agaché y traté de bajarle el cierre de su pantalón, me
ayudó a bajarlo luego metió su mano por la abertura y sacó esa hermosa pija
larga y de prepucio grueso. Esta vez se le fue parando mientras la iba sacando
no tenía los temores de la noche anterior en la cual demoró en adquirir la
dureza necesaria para una bella acción.

Lamí esa gran cabeza, a la cual le fui corriendo ese forro extremadamente grueso
y la dejó libre para agasajarla con mi boca y mi lengua.

El no me rechazó en mingun momento, mientras empujaba su verga cada vez más
dentro de mi boca me agarraba la cabeza con ambas manos y la apretaba contra su
pubis.

Podía sentir en mi nariz el cosquilleo que le daban su pendejos al frotarse
contra esta y podí aspirar el aroma a limpio que emanaba de ellos.

Jorge trataba de contener sus gemidos ya que del otro lado del cortinado estaban
los pasajeros y los empleados del comercio que los atendían.

Como toda felación placentera llegó a su final y su leche se deslizó por mi
garganta al mismo tiempo que mi mano acariciaba mi pija por encima de mi
pantalón.

Sí, mi pija había mojado mi ropa interior casi al mismo tiempo que sentí la
leche del chofer que corróa por mi esófago en dirección a mi estómago.

Me levanté y lo llevé agarrado por la pija hasta la pileta y se la lavé, el notó
mi pantaló apenas mojado, no tuve otra solución que lavarme yo también la pija
para que los pasajeros en el ómnibus no percibiesen el olor a semen que de mi
cuerpo iba a salir.

Jorge se escabulló sigilosamente de detrás de ese cortinado y unos instantes
después yo hice lo mismo, ya no había tanto bullicio ni amontonamiento de gente,
la mayoría había ido a mirar y los que compraron estaban pagando y retirando sus
paquetes.

Supongo que le habrá contado a J.J. lo que sucedió en ese baño porque éste me
miraba y me guiñaba el ojo como diciendo que lo sabía.

Volvímos a Jujuy haciendo una escala en el Pucará de Tilcara para luego seguir
sin otra parada hasta nuestro hotel.

Allí en la cima del Pucará, J.J. me dijo riendo que yo era temendo que no me
podía dejar ni un minuto a solas que le metía los cuernos con su compañero de
trabajo!!!.

Yo como justificación le dije que me él me lo había presentado para que hiciese
una obra de caridad con un necesitado de sexo!!!! Terminamos riendo los dos ante
las miradas de los pasajeros que ignoraban de que se trataba tanto jolgorio.

El guía y el camarógrafo se hartaron de esas dos enfermeras, por lo que me dijo
J.J. eran insaciables y ellos se cansaron de tanto sexo. El guía andaría por los
sesenta años, (no me acuerdo si lo comenté), está fuerte pero no para el trajín
de la responsabilidad de tener todo en orden, los hoteles, restaurantes y paseos
y todavía las interminables secciones de amor físico que le solicitaban sus
pasajeras.

Al llegar a Jujuy ellas estaban de carácter muy malo y volvieron a su pieza sin
sus acompañantes los cuales volvieron a compartir su habitación como el primer
día del viaje.

Esa noche J.J. empezó a jugar con mi pija hasta que logró que se parase entre
sus dedos y ante mi asombro me besó el glande y lo empezó a lamer con un poco de
asco, pero finalmente lo rodeó con sus labios e hizo unos movimientos extraños
como de un principiante.

Casi inmediatamente se detuvo y me dijo: -Sabés Omar, Jorge me contó lo que
hicieron en ese baño, mejor dicho lo que le hiciste…Me lo dijo con tantos
detalles de que habías logrado darle placer con tu boca y con el temor de ser
descubiertos por esa gente que había detrás de esa cortina…Me calentó tanto
mientras me lo contaba que se me empezó a parar mientras manejaba y ahora quise
probar para saber que sentís vos cuando hacés una chupada.

No quiso pasar de eso solamente me chupó la cabeza de mi querida verga y luego
le hice una tremenda mamada la cual lo hizo gemir bastante.

Nuestro viaje estaba por llegar a su fin, al otro día tendríamos una jornada muy
larga, por eso no quiso repetir porque no quera estar agotado para las
interminables horas que tendría que conducir.

Abandonamos la ciudad de Jujuy luego del desayuno y nos dirigimos hacia el sur,
llegando a las Termas de Río Hondo en horas de la tarde.

Nos dejaron en la calle principal donde hay tiendas de toda clase de productos
árabes como manteles, almohadones, alhajeros y otros tipos de artesanías
recargadas con cuentas, perlas y piedras de colores.

Cenamos cabrito asado acompañado por músicos y cantores del lugar y como a las
diez de la noche regresamos al ómnibus para dormir a bordo mientras los choferes
nos llevaban hacia nuestro último destino: la ciudad de Paraná.

Arribamos a esta ciudad a orillas del Río que le da su nombre en horas de la
mañana.

J.J. estaba muy cansado y con sueño porque había conducido toda la noche con su
comapañero se bañó y se fue a dormir hasta la hora del mediodía.

Yo me fui con algunos pasajeros a dar una vuelta en barco por el Río Paraná y al
regreso comímos en un restaurant cercano a la plaza principal.

Cuando volví a la habitación J.J. todavía dormía y eso que eran como las cuatro
de la tarde!!! Se despertó al oírme entrar, me preguntó la hora y me dijo: -Es
nuestro último día juntos, vení a la cama….

Me abrzaó, me besó en los labios con un beso muy prolongado succionando mi
lengua de una forma terriblemente placentera y dolorosa. Sus manos recorríeron
mis nalgas acariciandolas hasta que sus dedos regordetes se apoyaron en mi
agujero.

Luego se puso a caballo sobre mí a lamerlo con toda voracidad mientras que con
sus piernas aprisionaba las mias. Me puso una almohada bajo mi vientre, empiné
el culo todo lo que pude hacia arriba para que lo lamiese más a gusto.

Se detuvo y un instante después sentí su verga que se abría camino por allí.
Estaba muy caliente y terriblemente resbalosa por la saliva que le había puesto
antes de apoyarla ahí.

-Ahhhhhhh…….!!!!!!!Uuuuuuuuuuuuyyyyyyy!!!…

-Te gusta Omar? -Sííííííííííí…!!! Daaaale más rápidooooooo…! Me obedeció y
su pija empezó a entrar y salir a toda velocidad, yo no podía pajearme porque mi
verga estaba apretada entre mi cuerpo y la almohada.

-Movete un poco…quiero agarrarme la pija….

J.J. se puso de costado y con su mano derecha me la agarró y empezó a pajearme
mientras no cesaba en sus empujones contra mis entrañas.

Sentí el aceleramiento de sus embestidas y los latidos de su verga dentro de mi
cuerpo hasta que su leche caliente pegó en las paredes de mis intestinos!!!!
J.J. se había olvidado del condón!!! -AHHhhhhhh!..Omaaaaaar, que lindo que lo
tenés!!…

-Su mano apretó mi verga y le dio unos cuantos tirones más hasta que quedó toda
pegoteada por mi eyaculación que fue bastante abundante.

-Sabés Omar, me hiciste disfrutar mucho el viaje…

aunque… para que te lo voy a negar hubo momentos que me aburrí de hacer
esto… tal vez fue por el cansancio de tantas hora manejando pero hoy que
descansé bastante volví a sentirme muy necesitado de tus encantos.

-Sí, a mi me sucedió lo mismo..hoy lo disfuté de otra manera….

J.J. encendió un cigarrillo, me dio unas pitadas, miré su verga estaba
terriblemente inflamada y toda mojada por sus jugos, le di unas lametazos hasta
dejarla seca.

El se movió un poco hasta que logró apoyar sus labios sobre la mía dándole un
beso, aspiró su cigarrillo y me sopló todo el humo en el agujerito.

Nos reímos mucho por su ocurrencia y una vez que terminamos el cigarrillo nos
fuímos a bañar para luego vestirnos y dar un a vuelta por la ciudad.

A la noche tuvimos una cena muy elgante en el hotel, ese medio redondo que está
a orillas del Río Paraná.

Nos fuímos a dormir porque al otro día emprenderíamos otro viaje largo que nos
traería nuevamente a Montevideo.

J.J. me pidió que me lavase todos los conductos porque en nuestra última noche
quería chuparme todo.

El también se lavó muy bien el culo, las bolas y la pija que al terminar ese
aseo tan minucioso ya estaba parada apuntándome a mi.

Hicimos un 69 como nunca!!! J.J. se decidió a chupármela en su totalidad!! Me la
besó un largo rato hasta que se animó y fue lamiendo el tronco hasta llegar a la
cabeza, la rodeó con sus labios y de a poco fue tragándosela toda, bueno es un
decir casi to

 

Resumen del relato:
    El chofer J.J. me invitó a Salta, pasamos una semana a full sexual en todos esos días que pasamos por allí.

Javier

Javier (10)

Hoy en la noche hice algo tan rico. Fui a la farmacia a
buscar un remedio y en el camino me encuentro con este chico robusto, de unas
160 libras, bien proporcionado, mas alto que yo que mido 1.75 así que debería
andar por los 1.80. Color trigueño, con una sonrisa un poco chueca. Estaba
parado en la calle, frente a un centro comercial y parecía que iba a algún lado
con pereza, cargaba uno de esos pantalones de los chicos skaters, bien ancho y
la verdad solo era el morbo que cargaba encima lo que me hizo mirarlo y hacerle
señas para preguntarle para donde iba.

Cuando se acerco me di cuenta que era mas joven de lo que
aparentaba, tal vez unos 19 años.

Se llamaba Javier y vivía cerca de mi casa. Le dije que se
subiera y comenzamos a dar vueltas por las calles alrededor de mi casa. En la
conversación me di cuenta que tenia realmente 17 años pero se veía bastante
grandecito para su edad, y eso que no me había dado cuenta de lo GRANDE que era.

Me dijo claramente que si yo lo "ayudaba" el me "acompañaba"
un rato. Yo como buen entendedor le pregunte de que de cuanto era la ayuda y me
dice "40 dólares".

Yo le hice mi contra oferta y le dije "NO PAGO POR SEXO" pero
soy agradecido cuando me tratan bien. Nos fuimos a un apartamento de los que
administro y que esta vació y en el carro comencé a tocarle el pecho y cuando
llego a la verga me doy cuenta que no solo la tiene durísima, como de piedra,
sino también es una vaina tan gruesa que casi no me cabe en la mano.

Javier se ve tan tranquilo y me inspira bastante confianza..
NO parece un putito de la calle, para nada. Llegamos al apartamento, que no
tiene sino un sofá y lo primero que hago es buscar una toallita y lavarle bien
la vergota y el culo. cuando se quita el pantalón veo que se jala no solo la
vergota sino unas nalgas bien proporcionadas y unos muslos de maravilla. Cuando
termine de lavarle me dieron unas ganas de lamerle la cabeza de la pinga y me
arrodille en el baño, a chuparle la pinga y a la vez le majaba los huevos, que
no eran tan grande o se veían chiquito al manejar esta tranca.

La tenía venosa, mas oscura que el resto del cuerpo y cuando
yo se la mamaba se le veía como trataba de metermela mas.

Yo le puse saliva y chupaba con mas ganas, el comenzó a
sóbrame las nalgas, que por cierto las mías no tienen nada que pedirle a nadie.

Le después le metí la cara entre las nalgas y se las mordí
con muchas ganas, me dijo que le gustaba mi culo y comenzó a meterme un dedo. Yo
había bajado un par de condones y lubricante pero la verdad me daba miedo pensar
en esa vergota en mi culo, no soy ningún chiquillo pero a mí la pasividad como
que no me entusiasma.

Como lo veía tan tranquilito y hasta un poco tonto le dije
que se sentara en el sofá y yo mismo me puse lubricante en el culo, le agarre
dos dedos y le enseñé a lubricarme, lo que hizo metiendome cada vez mas KY en el
ojo del culo, lo que me excito de sobremanera.

<Le volví a mamar la vergota y ahora yo la sentía mas gruesa.
Me le puse de espaldas y él me rozaba el culo con la pinga, pasando la cabezota
por la entrada de mi culo y por todas las nalgas y se comenzó a pajear (por fin.

Yo le dije que me metiera la cabezota esa en el culo y
después que se puso el condón comenzó a metermela suavemente, se acomodaba la
pinga con los dedos y el culo lo sentía como se me abría poco a poco, con un
poco de dolor pero solo de pensar en ese tuco de carne en mi culo.

Yo me pajeaba y sentía como me iba entrando todo, este chico
tenia ganas de cogerme a lo loco y me costo aguantarlo un rato hasta que ya pude
sentir como me rozaban sus vellitos en el culo, me tuve que quedar tranquilo un
rato para acostumbrarme y comencé a moverme lentamente, sintiendo como la pinga
me estiraba el culo a lo máximo.

Yo la verdad estaba gozando muchísimo pero Javier como que
no, él quería acomodarse detrás de mí para meterme el pipi y así me iba a sacar
la madre y meneaba el culo para arriba y para abajo mientras él me agarraba las
nalgas con fuerza, sin decir nada y en silencio

Yo me vine y los chorros de leche llegaron a la pared. El se
saco la pinga de mi culo y del condón y comenzó a masturbarse en mi cara, que
rico sentir esa verga palpitante que comenzó a tirar chorros y chorros de leche
caliente en mi cara, labios y me chorrearon todo.

Nos limpiamos y le dije que bajara solo, que le iba a dar
"algo" para el "taxi". Le prometí que lo iba a llamar para que hiciera un trío
con un amiguito mío y le sacara la muerda con esa verga tan bien proporcionada.

Tengo fotos y videos para intercambiar, me escriben los que
les interese………….

 

Resumen del relato:
    Un chiquillo de 17 años, solo, caminando cerca de mi casa, me sorprende con su tranca.

Las ardientes vacaciones de Dani (2)

Las ardientes vacaciones de Dani (2) (10)

Ya en Lisboa, después de una noche tan excitante, me sentía
"monísima" mientras bajaba del tren, bien limpia por la ducha, y después de
muchas dudas sobre cómo gustar más a mis amigos, vestida con los pequeños y
ajustados shorts y la camisa cortita, y con mucha bisutería encima: la cadena de
anillas doradas al cinto, la esclava de perlitas blancas en el tobillo derecho,
gargantilla, pulsera, brazalete y unos preciosos pendientes. Había decidido no
cortarme un pelo y completé mi atuendo de mariquita femenina con las sandalias
doradas de tacón y mi bonita peluca de rizos a mechas rubias y castaño. Todo un
cante. Como siempre me gusta tanto exhibirme sentía la excitación en los muslos
y el vientre desnudos, mientras procuraba mover con la cadencia más femenina mis
caderas y nalgas.

Allí estaba esperándome un amigo "motero", Ramón, con otro
desconocido, pero también vestido con cazadora y pantalón de cuero y botas de
moto. "¡Vicky, nena, estás espléndida! Me la pones dura sólo de verte", dijo
Ramón mientras me cogía por la cintura, bajaba las manos hacia mis nalgas y me
apretaba contra su paquete. Se volvió hacia su acompañante, que desde luego no
era portugués. Era un tipo alto, rubio, de casi dos metros, un poco grueso, con
aspecto de ser fuerte como un toro, con la cabeza afeitada y un grueso bigote
rubio que suavizaba un poco los rasgos de su cara, duros y agresivos. "Mira,
Han, éste es Dani, nuestra Vicky de la que tanto te hemos hablado, el culo más
caliente y siempre disponible que conozcas". El llamado Han se echó a reir.

– Ya veré si es tan hembra y tan rica de montar como dices.

Han hablaba muy bien el español, aunque el acento y su propio
aspecto indicaban que era alemán. Mostré mi mejor sonrisa. Me ponía caliente un
tipo tan grande y de físico tan viril. Si tenía el rabo a proporción me iba a
doler cuando me penetrase. Mis amigos me habían asignado un macho de primera
para las vacaciones, aunque, claro, no en exclusiva, porque, como siempre, todos
me pasarían por la piedra muchas veces.

– Cuanto antes me pruebes, mejor, Han. Soy tuya para todo lo
que quieras –dije, mientras echaba las caderas hacia delante en un gesto
femenino de ofrecimiento.

Nuevas risas de Han y Ramón.

– Este verano vas a disfrutar a todas horas Vicky –dijo
Ramón. Ya verás que cosa tan original ha puesto Han en su moto. Pero te tienes
que cambiar un poco, no puedes ir con los shorts. Seguro que tienes una de tus
falditas.

– Sí, claro –contesté, señalando mi bolso de viaje. Llevo dos
minifaldas tan cortitas como los shorts. ¿Cuál queréis que me ponga, la de cuero
lisa o una de volantes en colorines?

– Mira que eres putita. Anda ponte la de volantes que será
mejor para que vayas sin braguitas –los dos se echaron a reir ante mi gesto de
sorpresa.

"Sí, es necesario. No puedes ponerte bragas", dijo Han.
"Bueno, vale", dije. Me metí con mi bolsa de viaje en los servicios de mujeres
más cercanos y me cambié los shorts por una bonita minifalda de volantes, que
dejaba ver parte de mis nalgas al moverme para caminar. Enseguida volví junto a
Ramón y Han y salí con ellos fuera de la estación. A poca distancia estaban
aparcadas las motos de las dos. Conocía de siempre la de Ramón, una "Harley"
impactante y un poco incómoda, pero me dejó boquiabierto la aparatosa "Honda" de
Han. Era un moto gigantesca, ancha, espectacular, con grandes maletas laterales
y pintada de un rojo brillante. El asiento posterior, el del "paquete", es
decir, el que ocuparía yo durante las vacaciones, estaba más en alto, como en
todas las de este modelo, que me gusta mucho, porque llevas las nalgas y los
muslos como más a la vista, más "en exposición".

Pero la novedad era realmente extraordinaria. Del centro del
asiento posterior emergía, un poco inclinado hacia delante, un tubo de metal
cromado de cinco centímetros de diámetro y veinticinco de largo (estos datos los
supe con exactitud luego), terminado en una especie de cono redondeado. Una
auténtica superpolla de metal, brillante y descarada. "¿A que esto te gusta
Vicky?", me preguntó Ramón entre risas. "¿Ves por qué no puedes llevar bragas en
este asiento?". Sonriente y expeditivo, Han sacó del bolsillo un condón, abrió
el envase y lo deslizó en el tubo de metal. Llegó hasta algo más de la mitad del
tubo. "Es el más lubricante de todos los que venden, Vicky. Hay que dar
facilidades a tu culito", explicó Ramón. "Ahora, tienes que ocupar tu asiento,
que nos vamos". Nuevas risas de los dos, mientras yo subía a la estupenda moto y
ponía mi agujero sobre la punta redondeada de la polla metálica.

La verdad es que me sentía cachonda y excitada y eso
ayudaría, pero así, en frío, era una penetración de aúpa. Ramón me cogió las
caderas con las manos y empujó de mi cuerpo hacia abajo, mientras yo procuraba
relajarme al máximo para favorecer la dilatación de mis esfínteres. Me di cuenta
que Han me miraba con intensidad. El bulto de su pantalón demostraba que le
ponía caliente mi aspecto y la situación. Grité un poco cuando Ramón empujó
hacia abajo con fuerza y el tubo penetró en mi ano. Pero sentí enseguida como
mis esfínteres, bien trabajados durante la noche en el tren, se dilataban con
esa sensación de intenso placer que siempre tengo en ese momento.

A partir de ahí fue coser y cantar. Ayudado un poco por las
manos de Ramón que presionaban en mis caderas, noté como los veinticinco
centímetros del tubo penetraban en mis entrañas, hasta quedarme las nalgas
completamente apoyadas en el asiento, mientras la faldita de volantes cumplía su
función de cubrir mi polla y mis huevos. La inclinación del tubo hacia delante
hacía más sexy la postura, al obligarme a proyectar el vientre hacia delante,
con lo que las nalgas se hacían más ostensibles y descaradas. Sentí que me
excitaba a tope y los pezones se me pusieron erectos y duros como dos garbanzos
pequeños. Ramón lo vio y subió las manos hasta mis pechos, oprimiéndome con
fuerza los pezones entre sus dedos pulgares e índices. Di unos grititos mientras
corrientes de placer me recorrían el vientre y los muslos. "Tenías razón, Ramón,
éste es toda una hembra", dijo Han.

Todavía me quedaba algo por descubrir del singular accesorio
que tenía dentro de mí. Han movió un pulsador en el cuadro de la moto y la polla
de metal empezó a vibrar, elevando muchos grados mi excitación, entre las risas
de Han y Ramón. "Venga, vamos ya, que tenemos que reunirnos con los demás", dijo
Ramón, mientras subía a su "Harley". También Han subió a la moto y yo me abracé
a su musculoso cuerpo, excitado por el abrazo y por las intensas vibraciones que
agitaban mi culo. Las motos arrancaron con potentes rugidos y salimos a toda
velocidad hacia el lugar donde estaban los demás "moteros" y desde donde
saldríamos al recorrido hacia el sur. Mientras cruzábamos a toda velocidad las
calles de Lisboa, el viento me levantaba por detrás la minifalda de volantes,
dejando descubiertas mis nalgas desnudas, en esa posición forzada hacia atrás
que las hacía más descaradas. Me ponía más caliente saber que cualquiera que se
fijase notaría el brillo de la polla metálica entre mis nalgas desnudas.

Pronto llegamos a un camping a pocos kilómetros de Estoril y
las motos de Ramón y Han se detuvieron rugiendo en una zona donde estaban una
treintena de motos de todos los tipos y marcas, pero de grandes cilindradas.
Cerca de ellas vi el nutrido grupo de "moteros", la mayoría de ellos viejos
amigos de otras vacaciones y que me habían usado como hembra infinidad de veces.
Con cuidado me fui subiendo hasta liberar mi culo de la polla metálica, entre
las risas y frases obscenas de los "moteros". Me quedé allí, exhibiendo mi
aspecto femenino al grupo de duros y viriles encuerados, que me saludaban
efusivamente. En el grupo había cuatro mujeres de verdad, a las que ya conocía
de otras veces y que siempre eran muy simpáticas conmigo, como si fuera "una
más" de ellas, y dos maricas que no conocía, tan exageradas y femeninas como yo.
Entre las cuatro mujeres y los tres maricas tendríamos que satisfacer todos los
caprichos sexuales del grupo de "moteros" durante las vacaciones.

– Hola, Vicky, monada –dijo un "motero" de aspecto tan feroz
como buenísima persona, Andrés, una de las pollas más grandes del grupo, casi
treinta centímetros y gruesa como mi muñeca. Siempre que nos reuníamos era el
primero en montarme. Le excitaba dilatarme el ano, azotarme las nalgas y
llenarme de semen delante de todo el grupo. Esta vez, al tiempo que me saludaba,
me levantó las faldas con una risotada y sin más me hizo doblarme sobre el
asiento de una moto bien aparcada. La mayoría del grupo, incluyendo las mujeres,
nos rodeó en círculo, mientras Andrés apoyaba una mano en mi espalda para
mantener mi pecho contra la moto y con la otra se sacaba su enorme polla. "Lo
tienes bien dilatado, golfa, se ve que te va bien el invento de Han", me dijo
Andrés, mientras escupía en mi ano y me extendía la saliva con los dedos. Apoyó
la polla en mi agujero y con un fuerte empujón lo penetró. Tras el dolor
inicial, noté la excitante dilatación de mis esfínteres, mientras me penetraba
buena parte de la enorme polla de Andrés.

Han se puso entonces delante de mí, a horcajadas sobre la
moto y sacó su polla ya tiesa, poniéndola en mis labios. "¡Abre bien la boca,
Vicky!". Lo hice y la polla de Han entró en mi boca hasta la garganta, y empezó
a follarme la boca con el mismo ritmo con que Andrés me follaba el culo.
Alrededor, varios de los mirones se habían acercado a nosotros, habían sacado
sus pollas y se las meneaban apuntando hacia mi cuerpo. De pronto, Andrés sacó
la polla y me quitó la falda, mientras Han hacía lo mismo para sacarme la
camiseta, y una vez totalmente desnudo volvieron a penetrarme con más
intensidad. De vez en cuando, Han me cogía los pezones y los apretaba hasta
hacerme gemir de dolor, mientras Andrés palmeaba mis nalgas con toda su fuerza.

Todo llegó en una explosión de semen. Mientras los chorros de
Han entraban por mi garganta y llenaban mi boca hasta rebosarla, noté en mis
entrañas la intensa corrida de Andrés, y los que nos rodeaban empezaron a rugir
y correrse, lanzando sus chorros de semen contra mi cara, mi espalda y mis
nalgas. Así estuvieron durante unos minutos interminables. Luego, cuando se
retiraron, el semen cubría mi cara y escurría de mi boca, entre mis nalgas y por
todo mi cuerpo. Me quedé un rato en esa posición, sobre la moto, jadeando,
disfrutando mis estremecimientos, como corrientes eléctricas que me sacudían el
cuerpo. Luego, me levanté, recogí mi faldita y mi camiseta y me fui hacia las
duchas del camping a lavarme. Las vacaciones habían empezado bien y tenía que
prepararme para la noche, que todavía pasaríamos en el camping y que seguro que
iba a dormir muy poco.

(seguirá)

Hola, seguidores de esta serie sobre la vida sexual de Daniel
(no le deis vuelta, la mía, unas cosas como han sucedido y otras como me
gustaría que hubiesen sucedido). Soy conocido por unos amigos como Dani y por
otros como Vicky. La serie es un poco complicada de leer, con saltos en el
tiempo adelante y atrás, pero no se hacerlo mejor (hago mucho mejor otras
cosas…) Para que no os perdáis, os recuerdo los capítulos publicados y las
fechas para que los encontréis fácil:


6 octubre. "Sorpresa de fin de vacaciones".

6 octubre. "Sorpresa de fin de vacaciones (2)".

9 octubre. "Antes de vacaciones. Un hacker morboso".

11 octubre. "Esclava del hacker morboso" (2).

12 octubre. "Las ardientes vacaciones de Dani".

24 octubre. "Prisionero de un hacker morboso (2).

25 octubre. "Prisionero de un hacker morboso (3).


Ahora viene lo mejor. Todo lo que sucedió durante las
vacaciones. No os lo perdáis. ¡Ah! Y preguntadme todo lo que queráis a
POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO. Prometo
contestar.

 

Resumen del relato:
    Ya está Dani en Lisboa y sus amigos “moteros” le reciben con entusiasmo y “calor”.

Que Bruto

Que Bruto (10)

Bruto

Alan es un tipo de 24 años, trigueño oscuro, mide 1.82, pesa
unas 170 libras de puro músculo, jugador de basketball, futból y que tiene un
hijo de 6 años, su novia y muchas mujeres que lo corretean. Yo lo conocí en una
entrevista de trabajo a la que fué, sin éxito y de ahí tomé su número de
teléfono.

Me dio un poco de lástima que no lo contrataran y lo llamé
para un trabajo eventual en la empresa de un amigo. Ahí pude admirar lo guapo
que se veía con su cabello corto al rape, una barba incipiente y una mirada
triste pero sexi. Desde el primer momento su mirada me dijo que si bien no era
pato, sabía donde quedaba la charca!!
Lo invité a salir y le tiré los perros, como decimos acá en mi país y el se los
dejó tirar muy bien. Después de conversar un rato nos fuimos para un motel y ahí
me di cuenta del error que había cometido.

Alan está acostumbrado a cogerse a los hombres como si fueran
mujeres. Primero se desvistió y ví no solo el cuerpazo que se jalaba, producto
de muchas horas de deportes, tenía una pinga gruesísima, oscura como el resto de
su piel y unas nalgas paradas, duras, como de piedra y unos huevos que le
colgaban tanto que se le veían desde atrás.

Se acostó boca arriba, debajo del espejo del cuarto que
estaba en el techo y me atrajo hacia sí, agarrandome las nalgas y sobándomelas
con satisfacción. Yo tengo un par de nalgas bien ricas, grandes y velludas y un
culo muy muy limpio y buenas piernas, aparte que parecía le excitaba ver mi piel
blanca contrastando con la suya tan oscura.

El se había depilado y la verga le sobresalía entre los
huevos. Yo me puse a mamarla como un desesperado, sintiendo como me zampaba
hasta las amígdalas la verga cabezona. Le mamé un buen rato y me atrajo mis
nalgas hacia su cara, metió su lengua completa en mi culo y me separaba el ano
con los dedos mientras su lengua me ponía a gozar a mil. Gruñía de placer y me
lamía de arriba a abajo el culo, sobándome con una mano las nalgas y con la otra
pellizcandome las tetillas. Llego inclusive a mordisquearme los pliegues del
ano, haciéndome sentir en la gloria.

Mientras tanto el veía fijamente en la televisión como a una
mujer unos tipos le chupaban la chucha era una rubia y eso lo hacía el con mi
culo, metiendome la lengua todo lo que podía y raspándome con su barbilla
peluda.

Después me volteó y me puso en cuatro. Con las dos manos me abría el culo y me
lo ensalivaba mas y mas. Me comencé a asustar cuando vi que mientras mas
violenta se ponía la película, mas me trataba de meter la lengua y me apretaba
las nalgas con una calentura increíble.
Yo le pasé el tarrito de KY que llevaba y me untó el ano con el. Comenzó
metiendome uno, dos y despues tres dedos, abriendome el culo y pajeandose al ver
como quedaba abierto cuando el retiraba sus dedones oscuros. Tengo un culo
rosado y yo desde abajo podía ver en el espejo del techo como se abría
enrojecido. Logró meterme tres dedos y cuando comenzó con el cuarto yo me quejé
tan alto que se retiró un poco.
Me comenzó a meter la verga lentamente, siguiendo el guión de la película. El se
retiraba para ver como me iba taladrando y ajustaba la penetración con sus
dedos, bien lubricados.
Me cogió en cuatro patas, abriéndome las nalgas y dándome de vez en cuando unas
nalgaditas. Después me senté encima de él, meneando el culo para que la pinga no
me hiciera daño y el pudiera ver de cerca como me entraba su tranca en mi culito
rosado. Después se sentó en uno de los sillones y me hizo sentarme en su pinga,
de espaldas y me apretaba las tetillas y me lamía las orejas, llenandome de
saliva caliente, mientras me metía el pipi hasta el fondo, haciéndome sentar con
fuerza y culeandome hasta mas no poder.

Como tengo unas nalgas bien responsables, carnosas y ricas,
se fijó en un potro que había en una esquina. Yo nunca los uso, ustedes saben
que esos moteles algunos tienen toda clase de vainas para culear y no sabia
exactamente como se usaban. Me acostó boca arriba, se volvió a poner mas
lubricante y comenzó a abrirme mas y mas el culo, viendo por el espejo como este
me quedaba como una boca, abierto, rojo y con un dolor insoportablemente
delicioso.

Me llegó a meter cuatro dedos y me zampó de nuevo su pinga,
me levantó las piernas y las puso sobre los barandales, dejándome totalmente
abierto y a su disposición y SE AGARRO DE LOS SOPORTES Y COMENZO A BOMBEARME,
pero de verdad. Cogía impulso y me metía la verga hasta el fondo, con ganas.
Yo sentía un dolor sordo, como si me estuviera matando, pero el placer era a la
vez intenso. Vi como me metía la verga hasta los huevos, la sacaba hasta afuera
toda y volvía y la metía con mucha fuerza, empujándome cada vez mas hacia el
centro del potro mientras me retenía con las manos agarrandome las nalgas.

Me culeo y me culeo hasta que ya no aguante mas y comencé a venirme en chorros,
apretando con mi pobre culo su vergota y el se sacó el condón y me tiró la leche
en la cara, se vino encima de mi, restregándome los huevos encima para regarme
su pegajoso liquido en todas partes, especialmente en el pecho.

Salimos exhaustos pero con ganas de volver a repetir la
experiencia. Ahora le he propuesto un trío y me dice que con gusto, que solo le
ponga fecha!!!

 

Resumen del relato:
    Conocí a Alan en una entrevista de trabajo. Si les gustó escríbeme.