Fetichismo | Tus Relatos Calientes - Part 2
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La Fiesta de Disfraces

La Fiesta de Disfraces (9)

Por J.L.L.M. "El Mercenario" 17-09-2001

 

Una Preciosa tarde de verano. Yo estaba a gusto, tranquilo,
sentado en una terracita, bajo una sombrilla, esperando al camarero para tomar
otro refresco.

Me encantaba el pintoresco acento de aquellas amables gentes,
la alegría del ambiente.

Un taxi paró frente a la cafetería. Por fin. Ella, mi mujer,
se apeó del taxi, pagó al taxista y lo sonrió, provocando ciertos inevitables
celos en mi persona.

Me saludó desde allí, me sonrió, una sonrisa encantadora, y
caminó hacia mí, despacio, recreándose en el movimiento de sus caderas, el fino
taconeo de sus increíbles piernas, a sabiendas del deseo que ella sabía que
provocaba en mí.

Me levanté, la ayudé a sentarse, colocándole la silla, y me
senté a su lado. Ella cruzó las piernas, tirando de la larga y ligera, casi
translúcida falda, se quitó las gafas de sol, y mirándome con sus ojazos azules,
me dijo al oído lo que yo anhelaba tanto.


Te quiero, bichito. ¿Sabes una cosita? No llevo braguitas.

Mmmmm… No sabes lo que dices, mi amor. Podría devorarte
aquí mismo.


Ella sonrió de nuevo, volviéndome más loco si cabe, mirando
cómo mi pantalón se hinchaba por momentos.

Saqué algo del bolsillo de la chaqueta, que estaba colgada de
la silla, y le dije a mi chica al oído:


Tengo una sorpresa para ti…

¿Siii…?

Je… je… Además esto no te lo esperas, mi amor.


Mientras decía esto, ya le estaba subiendo un poco la falda,
tratando de llegar a su entrepierna. Le susurré al oído palabras tiernas, para
que no parase mi escalada.


¿Qué haces, chiquitín? ¡¡¡Qué me ve la gente las
piernas…!!!

Tranquila, mi vida, déjame hacer.

No me irás a hacer aquí una pajita… loco.

Sé buena, ábrete un poquito, ya verás que bien.


Ella, bajándose la falda, apurada por si la veía alguien, se
abrió un poco, permitiendo que la introdujese dos deditos. Se mojó enseguida,
pero no se esperaba que yo la introdujese las bolitas chinas que tenía
preparadas para la ocasión.

Me miró asombrada, algo incómoda al principio, y quizá algo
enfurruñada.


Tranquila, mi amor, te he puesto unas bolitas chinas, algo
inofensivo, y deseo que las lleves, para que me desees, que permanezcas en un
estado de éxtasis, de lujuria. Aprieta las piernas, querida.

¡¡¡Mmmmm… oufff…!!! Eres cruel… ¡Que placer!


Mientras terminábamos y conversábamos sobre lo que haríamos
aquella tarde, noté que quería hacerse pasar por indiferente, pero la delataban
sus ondulantes movimientos de cadera, sus manitas acariciando mi brazo, sus
ojitos entrecerrados, anhelantes, su boquita expectante… ¡¡¡Estuve a punto de
tumbarla allí mismo, penetrarla, satisfacer mi loco deseo…

Al cabo de un rato caminábamos por las estrechas calles del
casco antiguo de la ciudad. Ella iba pegada a mí, cada vez más melosa. Yo estaba
que reventaba, pero quería hacerla pasar por ello, notarla ávida. Sensual.

Nos sentamos frente a una fuente, en un banco de aquel
parque, para contemplar el anochecer. Las parejas de enamorados, los niños, poco
a poco se iban retirando.

Ella me besó, en un largo y placentero beso. Me acariciaba el
cuello, el pecho, por encima de mi camisa. Noté su fuerte deseo de ser amada. Yo
sabía que cualquier cosa que la pidiese, la tendría. Y además, yo la quería, la
quería con locura.


Anda, chiquitín… ¿Me quitas las bolitas? No puedo más,
necesito que me penetres. Llévame a la cama. Por favor, te deseo.

No, no, no… Hemos de seguir paseando, mi vida.

Entonces vamos a comprar, quiero hacerte un regalo.


Dijo ella, que ya sabía que yo la haría de rabiar, y por su
mirada traviesa tenía algo en mente.

Al cabo de un rato, supe que ya estaba muerto. Entramos en
una antigua tienda de Lencería íntima.

Ella se dirigió a la dependienta, una amable señora.

Fuimos al probador. Yo permanecí sentado fuera. Ella salió,
con un conjunto negro, de braguita, sujetador, liguero, y con sus altos zapatos
de tacón de aguja.


¿Qué te parece, mi bichito? ¿Te gusta este?

¡¡¡Uuuufff…!!!

Pues te fastidias. Voy a probarme otro.


¡¡¡Que castigo!!! Ella se volvió, contoneándose, sabiéndose
observada, taladrada en cada detalle de su escultural cuerpo. Se acarició los
pechitos, pasó sus manitas por las caderas, las piernas… me dejó contemplar su
espalda, su culito, sus piernas…

Sabía en todo momento el estado febril en que yo me
encontraba. Sonrió, picarona.


¿Me esperas? Voy a probarme otro conjunto.


Salió de nuevo, exultante, hermosa, con un conjunto de
sujetador, braguitas… uuuufff, todo de color blanco.


Mi amor, tienes mala cara. No querrás que nos vayamos. Me
lo estoy pasando muy bien.


Aquello estaba tomando proporciones muy serias. Se estaba
vengando, la muy gamberra. Y además sabía que esa noche sería suyo. Hiciese lo
que hiciese…

****************************

Ella jadeaba, casi gritaba. Estaba a punto de llegar a lo más
alto. Yo me movía sobre ella, de forma frenética, con todo mi miembro
introducido en su bien lubricado sexo.

Gritó de placer y lujuria, mientras me clavaba las afiladas
uñas en la espalda, provocando cierto dolor, que no hacía mas que acelerarme
mas, causar mi salvajismo, mi desesperación.

Seguí follándola, a pesar de que llevaba unos segundos
relajada, distendida, con mirada extasiada.

Estaba yo a punto de vaciarme. Ella lo notó, se puso sobre mí
mientras yo caía a su lado, se introdujo todo mi pene en su boquita, chupándome
toda la sensible piel, saboreando sus propios jugos que lo embadurnaban. Siguió
bombeando con su manita, cada vez mas rápido. Un fuerte chorro de semen le llenó
la boquita, pero siguió chupando, fuerte, sorbiendo el glande, anhelando no
dejarme ni una sola gota de tan preciado manjar. Yo quedé agotado.

Mi amorcito, viendo que mi polla quedaba algo mas relajada,
se tumbó a mi lado, dejándose abrazar y acariciar. Saboreó sin tragar,
refocilándose, sintiendo en su paladar el fuerte sabor, la espesura del esperma,
la fluidez. Tragaba despacio, poco a poco, notando las flemas que se deslizaban
por su garganta, con cierto ardor.

Los dos sudábamos, cansados. Nos unimos en un fuerte abrazo,
acariciándonos, dejando que nuestras manos recorriesen nuestros empapados
cuerpos.

Con mi dedo le fui extendiendo por la mejilla y los labios un
poco de esperma que le había quedado en la comisura, para luego introducírselo
en la boca, y me lo chupase como si de mi miembro se tratara.


Te quiero, mi amor.

¡¡¡Mmmmm…!!! Que placer me das, loquita mía.


Mi hembra se movía lasciva, como una gatita en celo, y ví en
sus ojos lo que deseaba. Me situé entre sus piernas, y pegué mi cara, mi boca, a
su palpitante y mojado sexo. Dejé que mi lengua se deslizase muy suave, rozando
los abultados labios, escalando hacia su centro de placer. Tomé su clítoris
entre mis dientes, muy suave, provocando gritos de placer en mi mujer, y comencé
a castigarlo fuertemente con mi lengua.

Noté sus fuertes espasmos, sus gritos. Sus rodillas atraparon
mis mejillas, y por fín llegó a un largo orgasmo, seguido de mas espasmos y
pequeñas explosiones pseudo-orgásmicas, pues yo no quería parar. De hecho, no
paré de castigarla hasta que la noté bien relajada, distraída, con sus ojitos
cerrados, susurrando palabras de amor y deseo. Me lancé sobre ella, ciego de
deseo, la abrí más y la penetré, follándola sin poder contenerme, mientras la
besaba, toda mi cara impregnada de sus fluidos vaginales, el sudor, el fuerte
olor a sexo.

La madrugada nos sorprendió dormidos, abrazados.

 

*****************

Aquella tarde discutimos, celosa ella, se percató de ciertas
miradas que dirigía yo a las largas y preciosas piernas de una amable azafata.
La verdad es que yo no tenía intención de enfadarla, pero mi mujer era así,
posesiva, pasional. Yo era suyo. Mis miradas debían ser a su esbelto y bello
cuerpo. Nada existía cuando ella se plantaba ante mí.

No me habló durante unas horas, hasta que le pregunté si por
fín se animaba al Baile de Disfraces que en el gran Salón del lujoso hotel se
celebraba, y en el que era obligatorio participar con disfraz y máscara a juego.


Preciosa mía. ¿Has preparado el disfraz de esta noche? ¿De
qué irás?

Lo siento, es una sorpresa. No pienses que se me ha
olvidado el detalle de esta tarde.

Tampoco hace falta que te pongas así por tan poca cosa. Ya
sabes que eres la única.


Vaya, la señora estaba de morros. Sin problemas. Esa noche
quizá no habría sexo, pero por lo menos me quedaba el consuelo de admirar su
ingenio en el baile, su gracia bailando. Y quien sabe, siempre me quedan
recursos para provocarla, desatar su lujuria.

Mi mujer salió de su habitación con un largo y ligero abrigo
que le cubría todo el cuerpo, dejando a la vista sólo sus preciosos piececitos,
enfundados en unos delicados zapatos negros de tacón de aguja.

Llegamos a la recepción, donde nos entregaron dos bonitas
máscaras para cubrirnos. Ella, ya en el salón, entregó el abrigo (La verdad nada
apropiado en esta estación, excepto para su improvisado uso de cobertura) y
todos los presentes nos quedamos de piedra.


¿Te gusta mi disfraz, chiquitín?


Ante mí estaba ella, una mujer preciosísima, vestida sólo
con un sujetador, unas braguitas tanga, un liguero y unas medias de costura
clásica, todo ello en color negro,
además de unos guantes largos que cubrían
sus bracitos, sonriente, desafiante, sabiéndose observada y deseada.

Le hizo gracia ver mi rostro, primero asombrado, admirado, y
luego enfadado, hosco.

Me sentó mal el asunto. Caminamos entre la gente, muchos de
ellos conocidos, pero cubiertos por sus máscaras. Las mujeres observaban
escandalizadas, comentando la desfachatez. Los hombres admiraban, disimulando
sus fugaces miradas. Los machos solteros acechaban, suspiraban. Todos sabían
quienes éramos, aunque nadie se atrevería a asegurar en otra ocasión que había
sido ella la osada mujer disfrazada de "salto de noche"


Desde luego te has propuesto ser el centro de atención y lo
has conseguido. Creo que te dejaré sola un rato. Voy a la barra. Espero que te
des cuenta de que esto no ha sido una buena idea.

¿Te has enfadado?


Mi mujer, que se había dado cuenta de la magnitud de lo que
había hecho, provocando al máximo mis celos, y como no había marcha atrás, pues
siguió sola, moviéndose y saludando, conversando con conocidos, amistades…
llamando la atención.

Se me ocurrió una manera de vengarme. Le devolvería la
pelota, y disfrutaría viendo si era capaz de seguirme el juego.

Me acerqué a la pista de baile, donde algunas parejas
danzaban música lenta. Allí estaba ella, bailando con un joven galán, que la
apretaba contra él. Tomé nota de que las varoniles manos acariciaban su culito,
por encima de las braguitas. Ella me vió y sonrió, apartándose un poco de su
pareja.

Subí al podio y tomé el micrófono.


Señoras y señores, por favor. Préstenme atención. Mi mujer
y yo, conocidos de todos Uds. Queremos hacer una importante donación de fondos
a los familiares y huérfanos de los desaparecidos en el último desastre
natural del país vecino. Les rogamos su colaboración, y para hacer mas
especial el acto, Ella se ha ofrecido a subastar las prendas que lleva
puestas.


Ella dejó de bailar, aterrorizada. Me miró, enfadada,
desafiante. Se soltó de los brazos de su pareja, y subió al estrado. Pidió
música suave, y me hizo señas, con gesto decidido, de que comenzase la subasta.
Me desafiaba.


Para empezar, la Señora se despojará de sus guantes por una
cantidad mínima de 100000 pesetas. ¿Quién cubre la suma?


Pasó un rato, y ella se despojó de los guantes, las medias,
el liguero… muy despacio, bailando, con cadenciosos movimientos de su
atractiva figura.

El sujetador fue una prenda muy reñida. Mi mujercita
consiguió una importante suma, y hubo de despojarse de él. Todos estaban
encantados de sus firmes y turgentes senos.

Ella pensaba que aquí se acabaría todo, pero yo tenía ganas
de rematar la jugada.


Por fin, Señores, llega el momento que todos esperábamos.
La última prenda. ¿Quién abre con un millón de pesetas?


Ella me miraba, desafiante, avergonzada pero desafiante, y
supe que sería capaz de llegar hasta el final.

Por fín, al cabo de otra reñida lucha, un elegante caballero
consiguió tan preciada prenda. Mi mujer, presentando su culito a la babeante
multitud allí reunida, comenzó a bajarse las braguitas, muy despacio, se las
quitó, sacando uno a uno sus piececitos, y se las arrojó al caballero pujante.
í‰ste las olisqueó, y las guardó en un bolsillo.

Ella estaba desnuda y triunfal, y muy excitada, pero
enfadada.

Ya iba a dar por terminado el festejo improvisado, pero ella
me sorprendió. Me quitó el micrófono, llamó la atención de la gente, que ya se
retiraba, y dijo:


Señoras y señores, y ahora viene lo mejor. ¿Quién desea
bailar conmigo el resto de la fiesta, y retirarse a mi habitación, haciéndome
el amor toda la noche? Mi marido lo permite, y comienza la puja con veinte
millones. Por supuesto, mi marido y yo nos despojamos por fín de las máscaras.


Pasó un rato de enfurecidas y salvajes pujanzas. Mientras los
más sedientos caballeros lanzaban sus desesperadas ofertas, ella me pidió con su
mirada arrepentida que yo también pujase por ella.

A esas alturas todo el mundo se había despojado de sus
máscaras. Todos se asombraron de nuestro comportamiento. Muchos hombres y
mujeres permanecían morbosamente excitados ante lo que nadie se esperaba.

Yo monté en cólera. Mis celos no me dejaban ver más allá de
una terrible y horrenda visión de ella misma, tirada en el suelo abierta en
canal y boqueando sangre por su suplicante garganta. Me retiré de allí. Esperé
en la barra.

Mientras, mi mujer pasó el resto de la fiesta bailando con un
extraño, un apuesto hombre de negocios. Ella notó las manos de su nuevo dueño,
acariciando su culito, su graciosa espalda, rozando sus hombros y cuello con los
labios. Subieron a la habitación.

Decidí que me quedaría allí a aguantar el chaparrón, poniendo
buena cara y sonrisa a la gente que venía, y me mostraba su admiración por lo
osado de mi gran mujercita, y mi excelente talante y permisividad ante el hecho
de entregar mi mujer a otro hombre por una buena causa.

No podía más. Iba a estallar. Estaba muerto de celos, en un
"ataque de cuernos" como nunca nadie había sufrido.

Ya de día, bajé a la recepción del hotel. Dormí aquella noche
sólo, si se le puede llamar a eso dormir. No pegué ojo. Tomé El desayuno, y allí
estaba mi mujercita, abrazando a aquel desconocido, besándolo en la boca. Se
despidió de él y vino a mi mesa.


Hola, amorcito. ¿Me dejas que desayune contigo?


Su mirada me derritió. La amaba.


Estoy muy excitado, putita mía. Y me has tenido abandonado
toda la noche.


Nos fuimos corriendo a la habitación donde un poco antes ella
había estado follando con su anterior amante.

Me desnudó en el ascensor, presa de tal excitación, que allí
mismo me comió el pene, acariciando y sorbiendo con fruición.

En la habitación había un espeso olor a sexo y sudor. Caimos
en la cama, devorándonos, abrazándonos.

La penetré, haciéndola daño. Follamos como locos,
furiosamente. Excitados, salvajes, desbocados.


¿Quieres que te cuente como me han follado esta noche,
cariñito?

¡¡¡Sssssiiiii… PUTAAAA…!!!

Tranquilos, no la maté, pero os aseguro que, aunque no
tenemos problemas económicos, de vez en cuando alquilo a mi puta.

Además, es mi mujercita. He de hacerla feliz.

 

Por "EL MERCENARIO" 17-09-2001

Comentarios a
POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    El marido desafía a su atrevida mujer, buscando sus límites. Y se lleva una sorpresa…

Cuero y Metal, mucho Metal

Cuero y Metal, mucho Metal (9)

Por J.L.L.M. "El Mercenario" 09-11-2001

La pobre chica lloraba desconsoladamente. La abracé,
susurrándola al oído tiernas palabras, besándola. La acompañé a la puerta.
Abajo, en el vestíbulo la esperaba el taxi que había llamado para ella. Miré el
reloj. Eran las 3 de la madrugada y no tenía ganas de dormir. Unos cuantos
fotógrafos y reporteros acosaban a la famosa chica del mundo del espectáculo en
su rápido recorrido, desde el portal hasta el taxi, acompañada por el portero y
dos escoltas de seguridad. ¡¡¡Vaya escándalo mañana en las revistas!!!… Y su
marido de viaje en Brasil.

Por cierto, no me he presentado. Soy Roberto PL. o como
preferíais llamarme, pues mi nombre verdadero no importa.

No es por presumir, sino que soy realista y sincero si os
digo que soy alto, de 1’95 m. 32 años. De robusto y viril cuerpo atlético,
moreno, ojos verdes, y un rostro atractivo y exótico, con una sonrisa que pierde
a las mujeres. Diréis que exagero, pero para mi desgracia es la pura verdad. Por
si fuera poco, soy un rico y próspero empresario, de ilustre familia, con un
patrimonio económico y familiar muy elevado, mucha influencia en el mundo de la
política nacional e internacional, y perseguido por todo aquel que tenga cámara
fotográfica y trabaje para las revistas del corazón. Natural, como que soy el
"soltero de oro" de mi país.

 

La verdad es que yo hace tiempo, llevando esta vida, era todo
lo feliz que se puede desear. Tenía El Poder, la Posición, el Dinero, las
mujeres, vida cómoda. Normalmente seguía la corriente, como el resto de gente de
mi alcurnia, me presentaba en todos los "saraos" de moda, seguía el protocolo en
ciertas recepciones oficiales a las que era invitado, me dejaba ver con ciertas
personas influyentes en los sitios estipulados, era miembro de ciertos "Clubs" y
grupos de diversas actividades culturales y económicas…

Hasta que, buscando emociones, hace tiempo, descubrí otro
mundo. Un mundo duro, difícil. El mundo de los supervivientes, gente de todo
tipo, gente muy trabajadora, que gana en un mes lo que yo gasto simplemente en
unos zapatos, y además es su único sustento. Gente que nace con todas las
puertas cerradas, y viven para trabajar, sonriendo ante las inclemencias y las
dificultades.

Duros, recios, acostumbrados a lo peor como norma. Se
divierten con mucho ruido, como si esa fuera su última noche. Aprecian la vida,
y luchan por el "día a día". O sea, la gentuza, los "monstruos" y los "colegas
del Metal" que frecuento cuando me escapo. Los locales de Rock Duro y Heavy
metal.

Las Mujeres. ¡¡¡Dios…!!! Salvajes, hambrientas de cariño,
rebosantes de pasión, algunas frías, otras muy pícaras. Difíciles. Provocativas,
seductoras, celosas, posesivas. Arnold Schwarzzenneger pasaría calamidades
intentando satisfacer sexualmente a alguna de estas amazonas.

Y vamos a lo que me cambió totalmente todos los valores.
Aquella noche, a las 3 de la madrugada, y después de hacer el amor de forma muy
improductiva con la pobre señorita pija enamoradiza cuyo marido no la hace caso,
me vestí, sin ducharme ni afeitarme, cogí las llaves del "Lotus", y salí a toda
velocidad del garaje, seguido por dos cochecillos repletos de "Paparazzi". Dos
pisadas de acelerador, y despistados.

Llegué a un piso que tengo en los suburbios, también con
garaje. Me cambié de ropa, camiseta de color oscuro, pantalones muy ceñidos
negros de cuero, botas negras y cazadora de "motero", con el distintivo en la
espalda del grupo de Heavy Metal, "Sepultura". Gafas de sol negras, y ciertos
accesorios de chapa o negros, acorde con mi "look" de barriobajero chulo pasado
de vueltas.

Paré, frenando mi motocicleta "Harley", de gran cilindrada, y
de color negro, con detalles de cromo muy brillante, frente a la entrada de
aquel infecto y ruidoso tugurio, "EL Sapo Tuerto". Mientras el "portero", un
simiesco y poco delicado matón calvo con sonrisa infantil, propinaba puñetazos y
patadas en las costillas a un pobre borracho que no se tenía en pie, dos
drogotas "echaban la pota", una sanguinolenta mezcolanza de whisky a granel,
líquido de frenos de motocicleta, ciertos pedazos de chorizo y pan, y la papilla
de recién nacidos.

En un coche de puertas oxidadas follaban gritando y
jadeando… ¿Tres personas? Mas alejados, dos agentes de la Policía Local ponían
multas a ciertos vehículos mal aparcados, sin preocuparse de las altisonantes
actividades de alrededor.

El cadáver mal apoyado en la farola, de un fallecido por
sobredosis de heroína y pastillas de éxtasis, saludaba con las manos extendidas,
la mirada fija, y un cartel que rezaba: "Por fabor, eztoi enel paro con 3
ijos"
(Traducido: Por favor, estoy en el paro con tres hijos)

Buen ambientillo. La cosa se animaba. Le solté un billete de
5000 al entrañable bruto mecánico de la puerta, y entré, apartando el espeso
ambiente cargado con olor a alcohol de 96º, pólvora, tabaco reciclado, gas
metano procedente de espesos montones de detritus orgánicos (Que cuidé de no
pisar, quien cojones es capaz de cagar en el suelo rodeado de gente) colonia
"Barón Dandy", "Eau de Sobac", etc… ¡Que agradable!

Mis ojos se acostumbraron a la oscuridad, aunque el ruido era
infernal. Creo que aquí no había normativa en cuanto a decibelios. Pensé, o creí
distinguir, cierto ruido que me recordaba alguna pieza de lo más antiguo de los
"Iced Earth". La pista estaba abarrotada de gentuza, todos sacudiendo las
melenudas testas, empujándose unos a otros, hombres y mujeres.

Me hice sitio con los codos y un bofetón en la boca a un
desgraciado, en la infecta barra. Sus dientes rodaron como canicas por el
encharcado suelo. Un barman con parche en el ojo izquierdo, camiseta muy sudada,
pelos hasta en las encías, y tres dientes incisivos manchados de nicotina y Dios
sabe que más, con palillo colgando de la comisura, me dijo amablemente:



¡¡¡Me cago en tu puta madre, Hijo de la Gran Puta!!!
Te andan buscando los gamberros de Ascao. Te van a cortar los cojones, y
ponértelos en la boca, para que no puedas decir que no se han acordado de
ti. No se le ocurre a nadie mas que a ti follarse a la mujer del
"Calatrava".

Tú siempre tan simpático y cariñoso, colega. Dame un
"tubo" de lo más corrosivo que tengas. ¡Hostias!

Ahí va, una de Whisky "Matalascabras". De lo mejorcito
del barrio. Lo hago en la cocina, con la lejía y el Aguafuerte que roba mi
parienta en el curro.

¡Tú si que sabes, Popeye! ¡Joder, la tía esa me la tuve
que joder con un guante profiláctico de la limpieza, a manera de condón. Por
lo menos tenía Gonorrea, Salmonerosis, la Peste Negra, y yo que sé que más.
Toda una señora Guarra.



Me apoyé en la barra, observando el panorama. Un grupo de
músicos subió al escenario, cortaron la música para que pudiesen desarrollar su
repertorio. Me carcajeé un rato, cuando ví que pronto se convirtieron en blanco
de todos los cascos de cerveza que la gentuza les tiraba, en señal de no haber
satisfecho sus exigencias de calidad auditiva. Afortunadamente para estos casos,
los dueños del Local suelen avisar para que una ambulancia de "SAMUR" esté
prevenida a la salida, quienes esperaban que la multitud abucheante agrediese y
arrojase a los pobres músicos a "la puta calle".

Una suave caricia sobre mi hombro, por encima del cuero, me
hizo volver la cabeza, y me quedé atontado, totalmente bloqueado, sin saber qué
decir.

¡Uuuufff…! No podía apartar los ojos de aquella fija e
intensa mirada. Ojos azules muy claros. Su sonrisa, sus carnosos labios
entreabiertos, sus manos acariciando mi cuello, mis hombros…



Hola, cielo. Te he elegido. Quiero que me hagas el amor
esta noche.
Me encantas. Me perteneces.

Mmmm… Estás buena. ¿Cómo te llamas? Normalmente soy yo
quien toma la iniciativa.

Lo sabrás, pero no ahora. Sólo piensa en si estarás a la
altura.



Y diciendo esto, puso una mano sobre mi entrepierna, que ya
de por sí estaba bastante perjudicada, sobre el cuero del pantalón, lo que me
produjo una terrible hinchazón que me dolía, presionaba.

Tenía ante mí una mujer excepcional. Alta, morena, de rasgos
finos, aunque enérgicos, salvaje. Ojos preciosos, rasgados, casi como de mujer
oriental. Pelo negro "ala de cuervo", liso, al estilo "Cleopatra". Una figura
muy estilizada, curvilínea, de formas generosas, turgentes. Vestía un mono muy
ajustado de cuero negro, que la cubría todo el cuerpo, hasta el cuello, aunque
la cremallera estaba bajada mostrando el canalillo. Zapatos de tacón muy alto,
de aguja.

Desde luego, me había tocado el "Gordo de la Lotería".

Ella se abrazó a mí. Reaccioné, rodeándola con mis brazos,
acariciándola por encima del cuero, a sabiendas del efecto que en ella causaban
las yemas de mis dedos deslizándose despacio, recreándose en las leves
contracciones de placer, los jadeos entre beso y beso. Sus ojos entrecerrados,
disfrutando cada segundo, muy pegada a mí, frotándome, rozando mi pene con su
vientre.

Me tomó de las manos, y literalmente me arrastró a un
reservado, donde forcejeó con la cremallera de mi pantalón, para por fin
apoderarse de mi palpitante e hinchado miembro.

Me sorbía dulcemente. Noté como mi glande era castigado a
lengí¼etazas. Su mano acariciaba mis testículos, y empujaba el pene más dentro de
su boquita, anhelando tragárselo. Yo no conseguía reaccionar. Era suyo,
totalmente suyo, de su propiedad, y ella me estaba tomando, haciendo conmigo lo
que quería. Le apetecía comerme el pene, y me lo estaba chupando, regocijándose,
buscando el momento de mi orgasmo, para recoger y saborear todo mi esperma.

No podía más. Estallé en su boca. Todo el esperma salió
despedido. Una blanca y espesa nube que chocó en el fondo de su garganta,
llenando toda la cavidad bucal, salpicando en el pelo, la ropa… Me seguía
chupando, acariciando. Estuve un rato atontado, en éxtasis, hasta que me dí
cuenta de que se había ido. ¿Dónde cojones estás?

Me levanté y salí corriendo, buscándola. No quería perderla.
Me volví loco. ¿Era el desafío que andaba buscando? Salí a la calle, ví a la
salvaje amazona acelerando en su moto, a lo lejos.

Tomé mi motocicleta y seguí detrás de ella, a gran velocidad,
apurado. Maldita sea, no podía perderla. Me dí cuenta de que me estaba…
¿Enamorando? Sí, creo que me volví un poco "encoñado", pero es que la real
hembra me había hipnotizado.

Estuve dando vueltas como alma en pena por toda la zona, sin
localizar a mi pareja desconocida. Enfebrecido, enfadado. Miré el reloj y ví que
eran las 8:00 de la madrugada. Paré en una cafetería y desayuné unas
porras con un café bien cargado. Sonó el móvil. Me esperaban en la oficina para
unas consultas y firma de poderes.

Entré en la nave de oficinas de mi empresa, y sentí de que
manera me miraban todas mis empleadas. No se ve todos los días a tu jefe vestido
de "chulo motero" con barba de dos días. ¡Je…Je..! Creo que a alguna no le
hubiese importado ser acosada sexualmente.



Por favor, Marta, no me pases ninguna llamada. Pasa las
visitas al Jefe de relaciones externas. Y perdona por el atuendo.

Te veo muy perjudicado, Jefe. ¿De "ligoteo" esta noche?


Pasé el día solucionando temas en mi despacho. Dormí algunas
horas. Aquella noche saldría, buscaría a mi nueva adquisición. Aunque pensé en
aquel momento que más bien yo era el cazador cazado.

*****************************

 

Pasaron los días, aburridos. Las noches, largas, en busca de
mi hembra. (Como alguien diga que soy la versión masculina del anuncio en el que
sale una tia buscando a "Jaqs", le meto una patada en los cojones, leches)

Me levanté la mañana del martes. No salí por la noche, así
que me encontraba fresco y dispuesto. Me puse mi mejor traje y mi mejor sonrisa
de depredador, pues hoy era un día especial. Era mi decisión comprar ciertas
acciones de una nueva empresa puntera, en el negocio de las Telecomunicaciones,
y vendrían asesores de la misma a un encuentro, en el que mi equipo de
directivos estudiaría la oferta.

Entré en la oficina. Mis queridas empleadas me miraban. Pensé
que seguramente miraban mi entrepierna, soñando con el probable caso de que me
hubiese dejado abierta la bragueta. (Sonrisa morbosa)

Mi secretaria me entregó una citación para presentarme en un
Juzgado, denunciado por un marido celoso por "mal trato psicológico a su
mujercita", la revista del corazón donde salía ella en la portada, corriendo de
noche desde el portal de mi casa hasta su vehículo, y un sujetador muy fino que
me había olvidado encima de mi escritorio. Marta me dijo que ya me esperaban los
asesores en la sala de Reuniones. Tomé mi carpeta, pasé y tomé asiento en el
sillón de Presidente.

Y allí estaba Ella, preciosa, vestida de negro, un conjunto
de vestir de alta costura, una chaqueta, una falda de tubo, zapatos de tacón
alto, blusa de seda negra… ¡Bellísima!

No me enteré de nada de lo que se hablaba. Asentía a los
gestos y preguntas como un títere. Ella no hablaba. Me miraba fijamente, con
esos ojazos azules, su boquita entreabierta. Sus manitas, cruzadas sobre la
superficie de la mesa, de largos y delicados dedos, coronados por una largas y
bien cuidadas uñas.

Por fin, nos pusimos en pie, nos saludamos, y dos empleadas
nos pasaron unas bandejitas con canapés. Me acerqué a mi presa, sin dejar de
mirarla.



Hola, preciosa. ¿Te acuerdas de mí? En el Local de moda
de Vallecas, "El Sapo Tuerto", donde paramos todos los moteros y demás
gentuza de Madrid.

Creo que me confunde Ud. con otra. ¿Por que me mira así?

¡Vamos, vamos! No me digas que has olvidado lo que pasó
la otra noche entre nosotros. Me comiste hasta hacerme explotar, y me
dejaste allí tirado. Tomaste tu moto. Huiste de mí.

Por Dios, que si sigue Ud. hablándome así, no me dejará
mas remedio que irme de la reunión. Yo soy una decente mujer trabajadora, y
mis aspiraciones y deseos son los de ascender en mi empresa.



Me quedé helado, sin saber qué responder a tamaña frialdad.
Ella, que me la habían presentado como Silvia, aprovechó mi desconcierto,
y se fue a otro grupillo de gente.

Cuando pude, me encerré en mi despacho. Pedí a mi secretaria
que cancelase todas mis llamadas de hoy, y después de recostarme en la butaca,
me dispuse a abrir un paquete traído por mensajería, sin importarme de quien lo
mandaba.

Lo abrí. Un fuerte olor a sexo se extendió por toda la
dependencia. Unas braguitas negras de encaje, semitransparentes, mojaditas, al
parecer usadas. Y una nota en un sobre abierto.

"Estas braguitas son las que llevaba puestas el día que
te devoré el miembro. No me las quité hasta hoy. Y te las mando, con la promesa
de no usar ninguna braguita, hasta que nos veamos de nuevo.

¿Te gusta el aroma de mi sexo? Estoy muy excitada desde que
te conozco. ¡Hazme tuya! No llevo braguitas en este momento bajo mi faldita.
Acude pasado mañana por la noche al Local. Te deseo.

Silvia."

¡¡¡Siiiiiiii…!!! La ocasión la pintan calva. Acerté. Lo
sabía. Ya era mía. Desde luego, las hay que le echan imaginación para seducir a
alguien como yo, y si os digo la verdad, yo, mas que seducido, estaba bien
atrapado.

El olor a flujo vaginal concentrado de hembra de mi especie
me estaba mareando y poniendo muy excitado, en pie de guerra. Y pensando en la
acción bélica que se avecinaba, mi tortuosa y perjudicada mente estaba que
estallaba. En ese momento entró mi secretaria, para alguna nimiedad, y se quedó
parada, medio sintiendo el "ambientazo", medio intuyendo mi febril estado de
necesidad. Observó atontada el bulto que presionaba mi pantalón, mis manos que
se movían nerviosas, rompiendo un lápiz sin querer. Mis enloquecidos ojos
clavados en los sutiles detalles de su silueta, a través de la ropa de trabajo.

Ella tembló, cerró sus ojitos, se llevó una mano al pecho, se
pasó inconscientemente la lengua por sus carnosos labios… ¡Uuuuufff…!



Perdona, querida, pero como no salga de aquí en menos de
cinco segundos, no respondo de mis actos.



Como no era plan de follarme allí mismo a mi secretaria, lo
que hice fue salir corriendo a la calle, para refrescar mis ideas, dejando a la
pobre en un mar de dudas. Sé que lleva tiempo enamorada en secreto de mí, pero
está casada, y no es plan de que nos pillen los fotógrafos en algún hotel,
teniendo en cuenta que mi secretaria es buena, eficiente y feliz en su
matrimonio. Vamos, que ya basta de escándalos por una temporada.

 

***************************

 

Por fin llegó el momento. Ya estaba aparcado frente a "El
Sapo Tuerto". Tres "Skin" y dos drogatas peludos se acuchillaban y golpeaban con
navajas y cascos rotos de botellas de vino peleón. Mas allá, los sempiternos
policías locales se dedicaban a multar, tranquilos. Alguien había vomitado sobre
el cadáver que se pudría desde el otro día. En un arranque de piedad me acerqué
a los policías. Les solicité ayuda para retirar el finado del lugar.

Me dijeron:



¿Por casualidad el finado es familiar suyo?

Pues no, pero huele un poco…

¿Y Ud. Se atreve a afirmar que el caballero que descansa
y medita, está fallecido?

Pues hombre, ya que Ud. Lo dice… pero vamos, que está
cogiendo colorcillo de estar ahí.

Bien, si no tiene nada mejor que hacer, llamaremos a una
unidad de Recogida, al forense, al Señor Juez y otra dotación de Policía.
Pasaremos toda la noche rellenando formularios. Ud. Esperará para declarar
y…

Je… Je… perdonen la molestia. Acabo de ver que ha
movido la mano. Les dejo con sus obligaciones. Buen servicio.
(¡¡¡Funcionarios de los cojones…!!!)



El cadáver podía esperar una noche más.

Le di un billete de 5000 al malcarado matón de la entrada.



Kolega, necesitas unas vacaciones. Mucho estrés. Te
cambiará la cara.

Pasa, anda…

 


El espeso ambiente y el ruido infernal casi me tiran de
espaldas. "Sepultura" rugía por los potentes bafles. La gentuza de la pista se
sacudía enloquecida. La distorsión era tremenda. En la barra, Popeye le aplicó
el "Libro de Reclamaciones" a un "pastillero" borracho en pleno cráneo, y luego
lo arrojó de la barra, limpió esa zona de sangre con la servilleta, y me sirvió
un "tubo" de Matalascabras. Una gota rebosó y humeó, quemando y corroyendo la
madera de la barra.



¡Joder… Esto está de muerte, Popeye…!



Cerca de allí me pareció ver a Silvia, vestida como la otra
vez, de cuero. Estaba sentada, con alguien. Me acerqué. Me quedé de piedra,
alelado, al ver el cuadro.

Ella estaba allí, acariciando los pechos de otra atractiva
hembra, mientras la besaba suavemente en la boca. Su manita bajaba despacio por
el vientre, hacia la entrepierna, levantó la ligera minifalda, dejando así las
braguitas blancas de su pareja a la vista. Acarició, sin dejar de besar, los
muslos, la entrepierna, el pubis, por encima de la braguita. La otra chica
jadeaba, con los ojos cerrados, se dejaba chupar la comisura, los labios, su
lengua.

Aquello me estaba levantando los ánimos. Sentí una fuerte
presión testosterínica, seguida de cierto dolorcillo. Mi pene pugnaba por
abrirse paso a través de la tela.



¡¡¡Uuuufff…!!!



Sin poder evitarlo, me acerqué mas, y puse mi mano suavemente
sobre sus cabellos, para mesárselos. Ella, se incorporó airada, y me empujó,
gritándome, echándome. La otra chica se puso en pie, abrazando a Silvia,
calmándola. Se abrazaron y besaron, en un largo y apasionado beso,
intercambiando saliva, dejando que sus respectivas lenguas se tocasen. Yo,
excitado y dolorido, no sabía que hacer, salvo contemplar la belleza de la
lésbica escena.

Los tres estábamos en otro mundo, fuera del ruido infernal,
la gentuza, la oscuridad, el denso ambiente.


¡Llévanos a tu piso! ¡No puedo mas, he de comerle el
sexo…!



Los tres salimos, tomamos nuestras motos, su chica subida
tras ella, y me siguieron hasta el piso que tenía cerca.

Entramos, y me puse a preparar unas bebidas. Ellas dos, sin
decir nada, tomaron rumbo al dormitorio, sin hacerme caso, apasionadas,
salvajes.

Entré en el dormitorio, todavía vestido, y allí estaban
ellas, tumbadas, arrancándose la ropa mutuamente, mientras se chupaban y
acariciaban.

Me quedé quieto, empalmadísimo, gozando de tan sublime
espectáculo. Ellas estaban en pleno 69, chupándose sus respectivos coñitos con
hambre, regocijándose, paladeando. Silvia se estaba corriendo, jadeaba de
placer, y la otra le atacaba con mas ferocidad, mordiéndole los labios internos,
el clítoris, empapándose toda la cara de los jugos de mi Silvia.



¡Sigue…sigue! ¡Chupaaaa…! ¡No pares, chúpame…!
¡¡¡Aaaaaahhh…!!!

¡¡¡Siiii…!!!


Las dos se estaban corriendo a la vez, sentí sus espasmos,
sus orgasmos. Sus grititos. Movían las caderas al son de los latigazos de las
lenguas. Silvia, mientras chupaba, propinaba fuertes pellizcos en el culito a la
otra mujer, y le clavaba las uñas con saña en la espalda, lo que la hacía gozar
más, gritando de dolor y placer.

A esto que Silvia se puso de pie, de repente, y abofeteó a su
compañera, llamándola puta, guarra… Yo perdí la paciencia, me empecé a quitar
la ropa, con la intención de entrar en el juego. Silvia me rechazó de nuevo,
sacudió una sonora bofetada a la mujer, y se fue de allí, de un portazo,
llevándose la ropa y vistiéndose por la escalera. Aquello ya me estaba
cabreando. No seguí detras de ella. Contemplé a la pobre chica, desnuda,
llorando.



¡Y tú…! ¿Quien eres? ¿Que cojones pasa aquí?

Perdona, es que Silvia me ha dejado. Me siento muy mal.

Pues te vas a sentir peor después de que te folle. Si te
piensas que te vas a ir de aquí de rositas, después del espectáculo que me
habéis dado, es que vas mal.


Ella, que se presentó como Lucía, se abrazó a mí, llorando,
desnuda. Apretándose a mi sudoroso y desnudo cuerpo.



¡Mmmm…! No estás mal, para ser un hombre.



La abracé fuerte, apretándola contra mí, tocándola el culito
con las dos manos, subiéndolas por su espalda muy suavemente. Dejé que mis
labios rozasen la delicada piel de su cara, de su cuello, los hombros… La besé
en la boca, en un largo y sabroso beso. Nos tumbamos en la cama, acariciándonos.
Ella puso su manita en mis testículos, los rozó muy suave con las yemas de sus
mágicos dedos, y sus caricias fueron subiendo muy despacio por el tronco, hasta
llegar al hinchado y rojo glande. Se metió la polla en la boca, chupando,
sorbiendo despacio, sin prisa, a sabiendas de mi ansia por derramarme,
comiéndome, saboreándome.

- ¡Dios… Que grande la tienes, va a explotar! ¡Penétrame,
lo necesito…ahora!

Se subió sobre mí, dejando que todo mi miembro se introdujese
poco a poco en su mojado coñito, penetrándola hasta lo más profundo.

Su maravilloso cuerpo se movía lascivo, voluptuoso. Ella
vibraba, se dejó acariciar los enhiestos pechos, mientras me follaba. Estaba
erguida, empalada, moviéndose despacio, disfrutando del momento, dejando que los
músculos internos de su vagina se apretasen absorbiendo mi pene. Rozándolo hacia
adentro y hacia afuera.

Mis manos se movían muy suavemente, estrujando sus pechos,
pellizcando sus pezoncitos. Ella se movía sobre mí, cada vez mas deprisa, estaba
cercana a su próximo estallido de placer. Jadeaba. Miré hacia la puerta, y allí
estaba Silvia, desnuda, maravillosa, contemplándonos excitada.

Se acercó, despacio, dejando que mi mirada recorriese todos
los detalles de su cuerpo, regocijándose de su desnudez, de su poder sobre mí.
Me besó en la boca. Pegó sus labios a los míos, escarbando con su lengua,
mientras mi pene pugnaba por estallar dentro del coñito de Lucía, en una nueva
oleada de excitación. Agarré a Lucía por las caderas, y pegué un furioso empujón
de mi miembro, encajándolo dolorosamente. Lucía gritó de dolor y placer, intentó
escapar a mi agarre, sacudiéndose, y consiguiendo que la apretara con mas
fuerza. Sentí mi polla muy dentro, muy apretada.

Silvia se incorporó, vió a su lasciva pareja en ese estado de
éxtasis que precede al orgasmo, y la azotó con fuerza en el rostro, una y otra
vez. Lucía lloraba, gritaba de dolor, pero seguía sobre mí, follandome.

Yo estaba a punto de correrme. Jadeé. Silvia, presintiendo mi
estado, derribó de un fuerte bofetón a Lucía, justo cuando se sacudía en los
fuertes estertores de su incontrolado y doloroso orgasmo, la echó fuera de la
cama, al suelo, donde la golpeó con el fino tacón en el vientre, y se metió mi
polla en la boca. Me sorbió el miembro, y precipitó todo mi orgasmo en una nube
de esperma que llenó su boca, salpicó su pecho, su pelo…



¡Joder, que mal viaje, Silvia! Me has dejado hecho polvo.

¡Te deseo! Cerdo mío. ¡Bésame!



Me encantó el romanticismo, la sutilidad del momento. Lucía
dolorida, tirada en el suelo, Silvia excitada, ávida de sexo. Y yo, perplejo,
satisfecho de momento, pero en camino de saltar de nuevo sobre mi hembra. Mi
pene ya estaba otra vez en posición. Me apreté contra Silvia, la abracé,
tumbados los dos de lado, mirándonos a los ojos. Mi mano bajaba por sus nalgas,
por sus muslos, en dirección a su mojada entrepierna.

- ¡Mmmmm…! Que cabrón eres. Sabes como excitar a tu pareja.
Dame placer, mi amor.

Me subí sobre ella, separándola las piernas, penetrándola muy
despacio. Por fin, después de tan larga espera se culminaban todos mis deseos. Y
de mi boca salió la palabra prohibida, la palabra que creí que no pronunciaría
en mi vida.



Te quiero, Silvia.

¡Tómame, mi amor! Soy tuya.

 


***********************************

"Les anunciamos que mañana, por fin, se celebra la asombrosa
boda del famoso multimillonario Sr. P.L. con la Presidenta del Comité para la
restauración de los Monumentos de la Capital de la Nación, y principal
accionista de la empresa mas importante de las Telecomunicaciones.

La precipitación de la misma no se ha dejado notar en la
pericia de los preparativos para los casi mil invitados que acudirán, entre
ilustres familiares, y gente de la Alta Sociedad.

Por otra parte, Serena Flores, mujer del famoso deportista,
que fue sorprendida hace no más de un mes saliendo del domicilio del Novio de
esta boda, declara su indiferencia, a pesar de no haber sido invitada a la… "

Crónica del "Hola"

 

Y allí estaba yo, ante el Altar, donde pensé que nunca me
vería. Enamorado, seducido y "empaquetado", preparado para unirme de por vida a
mi amada y salvaje esposa, que en esos momentos bajaba por la rampa, acompañada
del padrino, al lento ritmo del órgano.



¡Si, quiero!

Yo os declaro Marido y Mujer. Puedes besar a la novia.

¿Sabes una cosita? (Leve susurro a mi oído) NO
LLEVO BRAGUITAS.

¡¡¡AAAAAAAAAAAARRRGGGHHH…!!!



La besé como nunca había besado a ninguna mujer. Lucía nos
esperaba, desnuda, atada y amordazada con grilletes de acero y sujecciones de
cuero, en la Suite Nupcial. Mi regalo de bodas.

GAME OVER

Por J.L.L.M. "El Mercenario" 09-11-2001

Comentarios a POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:

    Pies de seda

    Pies de seda (9)

    Hola, me llaman Descalzo y soy un hombre de 27 años que disfruta todo lo relacionado
    con el sexo. Particularmente lo que más me gusta es todo lo relacionado
    con la masturbación, el exhibicionismo y sobre todo los pies femeninos.
    Unos pies lindos y suaves pueden ser tan provocativos y sexys que fácilmente
    pueden producir en mi una excitación total que muchas veces me es imposible
    de ocultar. Hoy voy a compartir con un ustedes una experiencia que viví
    hace 2 meses con una chica que jamás olvidare.

    Era
    un día de trabajo como cualquier otro y me encontraba navegando en Internet
    durante la hora del almuerzo. Casi todos habían salido a comer y la paz
    del lugar me permitía meterme en paginas de historias eróticas.
    Me encanta leer sobre experiencias de otras personas que tenemos el mismo
    deseo sexual, y disfrutamos leyendo los que otros hacen para que, después
    de calentarnos un rato mientras leemos, terminemos con una rica masturbación
    a solas. Me encontraba totalmente sumergido leyendo una historia de 2 amigas
    que descubrían la masturbación juntas cuando comenzó
    a sonar el teléfono. Conteste y era la persona encargada de la entrada
    que me decía que había un cliente en la puerta y que no había
    nadie que lo atendiera. Yo molesto por la interrupción y con mi respiración
    aun exaltada le conteste a la operadora que no quería recibir a nadie
    en ese momento porque me encontraba almorzando. La operadora insistió
    en que la persona no quería irse y que le urgía ser atendida
    en ese instante. Finalmente, no tuve mas alternativa que suspender lo que
    leía y me fui molesto a recibir a la persona. Pero todo se nublo en
    mi mente cuando vi aquella chica de unos 20 años esperando en la recepción
    para ser atendida. Era muy sexy, elegantemente vestida con un taller, de cabello
    castaño y liso, alta, como de 1.78 m, delgada pero con unos pechos
    sobresalientes, una cintura pequeña y unos pies hermosos que resaltaban
    en unas divinas sandalias que solo tenían una pequeña tirita, lo
    cual permitía poder observar con detalle aquel par de pies grandes
    y bellos. Creo que evidentemente mi cara me delato cuando al verla me saco
    la mas dulce sonrisa y le estreche la mano gentilmente para invitarla a pasar.
    Para mí fue inolvidable el momento en que suavemente pronuncio su nombre…:
    "Carolina". Ella se mostró bastante agradada e inmediatamente
    comenzó a hablar de la compañía a la cual representaba
    mientras caminábamos hacia la sala de reuniones. Debo admitir que no
    le preste ninguna atención a lo que decía. Mis ojos lo que hacían
    eran devorarla sin disimulo mientras ella conversaba sin parar. Una vez en
    la sala de reuniones, mande a que nos trajeran café y ordene que no
    nos interrumpieran. Poco a poco trate de quitarnos la formalidad de la reunión
    y de repente cuando leía uno de sus informes para un proyecto ella
    me dijo: "Me encantan estas sandalias. Las compre hace 2 semanas y ya
    no sufro teniendo esos zapatos cerrados todo el día" al mismo
    que tiempo que decía esto, tenia una pierna cruzada, con su pie derecho
    descalzo encima de su muslo izquierdo, y su mano acariciando tiernamente la
    planta desnuda de su pie. Inmediatamente me comento "Me encantan además,
    porque me las puedo quitar en cualquier parte y mis pies se sienten frescos
    y libres". Quizás para ella ese era un tema de conversación
    trivial, pero para mi fue motivo suficiente para excitarme. Estaba en shock
    mientras veía aquella belleza acariciándose sus plantas sin
    ningún pudor en frente de mí. Lo único que alcance a
    decir fue: "Tienes unos pies preciosos Carolina". Ella sonrió
    y me contesto: "Gracias Luis; te puedo llamar Luis, no?" y yo conteste
    "Claro mi vida, dejemos tanta formalidad". Hubo un instante de silencio;
    un intercambio de miradas y de sonrisas. Poco después ella me dijo
    "Luis, porque no nos vamos a tomar un café en otra parte y hablamos
    con mas calma, te parece?" No podía creer que aquella mujer fuera
    la que estuviera insistiendome en salir de ahí. Me sentí confundido;
    incluso por un momento pensé que estaba soñando. Decidimos irnos
    en mi auto, y una vez en el auto su mirada se torno mas relajada y llena de
    picardía. Comenzamos a hablar con mas confianza y dejamos el tema del
    trabajo de lado. Mientras hablábamos ella se quito sus sandalias y
    recostó sus pies descalzos encima de la aguantera del carro. Inmediatamente
    después me dijo "Te juro Luis que si fuera por mí viviría
    descalza. Siempre me pasa que donde quiera que voy estoy es buscando el momento
    para quitarme las sandalias…" "Es que me encanta sentir que
    las plantas de mis pies tocan algo que no son mis zapatos…" "creo
    que por eso es que me la paso acariciándome los pies". Yo no podía
    creer que aquella mujer me hablaba tan frescamente de algo que para mí
    había sido motivo de excitación durante toda mi vida. Mi respuesta
    fue "Mi amor, es que realmente tus pies son preciosos… no deberías
    usar ningún tipo de zapatos… " al mismo tiempo que decía
    eso mi mano se dirigía a su pie y acaricie con ternura la suave piel
    de sus plantas. Ella dijo "Ay Luis… eso me encanta… síguelo
    haciendo, porfa". No había terminado de decirme eso cuando coloco
    sus 2 pies descalzos sobre mi pierna derecha. Casi sin pensar comencé
    a acariciarle las plantas de sus pies con mis manos… sentir aquella piel
    fresca… suave… bella… evidentemente cuidada… me hizo casi
    temblar mientras seguía manejando. Sus pies eran grandes, quizás
    calzaría un 43, eran delgados y largos y sus dedos eran perfectamente
    redondeados. Nunca había visto unos pies tan bellos con una piel de
    seda que era bella solamente para verla. A medida que le acariciaba los pies,
    sus ojos re tornaron muy brillantes y poco a poco fue cerrándolos mientras
    mostraba la mas dulce de las sonrisas. Con sus ojos cerrados me dijo a manera
    de confesión: "Luis, te tengo que hacer una confesión".
    A lo que yo le dije:"lo que quieras mi vida… dime". Ella contesto:
    "Eso que haces es lo que más me excita en el mundo… creo
    que estoy a punto de alcanzar el orgasmo si continuas acariciándome
    los pies de esa manera". Y yo le dije: "Carol, a mi también
    me excita hacerte esto, te juro que podría hacerlo toda la tarde".
    Y ella contesto: "…si sigues me voy a tener que masturbar".
    En ese momento sentí un escalofrio en mi cuerpo; por un momento pensé
    en solamente detener el auto y hacerle el amor en donde fuese. Mi reacción
    fue levantar uno de sus pies y comenzar a lamérselo con mi lengua,
    mientras yo seguía manejando. No sabia a donde iba. Solo queria lamer
    sus pies y siguió sintiendo esa locura del momento… quería
    hacerla delirar de ganas. Mi lengua recorría con ansias toda la piel
    de sus plantas y termine chupando los dedos de sus pies, uno por uno. No quería
    parar, quería mas, estaba saciando mi mas profundo anhelo con unos
    pies femeninos. Aun recuerdo lo suave que se sentía mi lengua cuando
    lamía sus plantas. Recuerdo incluso que sus pies olían al mismo
    perfume que ella usaba. Ella poco a poco reclino su cabeza hacia atrás
    y termino casi totalmente acostada. Comenzó a gemir, era como si ya
    no podía contenerse mas. Me decía "No pares mi amor, no
    pares, sígueme lamiéndome los pies, esta demasiado rico".
    Fue entonces cuando se bajo el cierre y vi como su mano desapareció
    dentro de sus pantalones. Su mano se movía frenéticamente, con
    ganas, casi con desesperación. Estoy seguro que en aquel momento ella
    no podía parar, aunque se lo hubiese pedido. Estaba como perdía
    en el placer, masturbándose con ganas y diciéndome "Papi,
    que rico, no pares, sígueme lamiendo los pies". Fue entonces cuando
    ya los gemidos se convirtieron en gritos… y mi boca ya no lamía
    sino que chupaba sus pies… era como un vicio… era como si yo tuviera
    el orgasmo al mismo tiempo que ella. Todo esto mientras yo manejaba. La verdad
    es que no note si alguna persona en otro auto nos vio, pero de haber sido
    así, ojala que haya disfrutado viendo solo el 10\% de lo que yo sentí.
    Casi llegando al orgasmo, ella se quito la blusa que cargaba puesta, así
    como el sostén, para así poder apretarse bien los senos y pellizcarse
    los pezones como tanto quería. Finalmente, su orgasmo fue una especie
    de convulsión en la que agitaba la cabeza y sus manos apretaban con
    fuerzas sus senos y su clítoris. Fue increiblemente bella su cara de
    felicidad al terminar y ver el brillo de sus ojos. Fue entonces cuando decidió
    sentarse de lado, viendo hacia mí, aun con sus senos al aire libre
    y con riesgo a que alguien en los autos cercanos notara que no llevaba nada
    puesto. Pero su cara de felicidad me demostraba que nada mas le importaba…
    que se sentía feliz y que había sentido algo que hacia muchísimo
    tiempo deseaba muy dentro de si misma.

    Yo
    disfrute increiblemente de aquel espectáculo, tanto, que solo con lamerle
    sus pies mi ropa interior estaba toda llena de semen. Poco tiempo después
    de su orgasmo, cuando ella recupero el aliento y yo seguía aun manejando
    sin rumbo, recostó su pie encima de mi pantalón, exactamente
    encima de mi miembro. Me dijo "Es tu turno mi rey". Sin decir, una
    palabra, saco mi miembro fuera de mi pantalón y lo comenzó a
    chupar divinamente por un largo rato. Lo hacia tan bien, se lo metía
    casi todo en su boca y lamía con suavidad la cabeza. Me sentía
    en el cielo. Después se acomodo y comenzó a masturbarme con
    la planta de su pie. Era divino, se sentía mejor que si lo hubiese
    hecho con su mano. El ritmo era perfecto… sin presionar mucho, ni poco.
    Por un momento creí perder el conocimiento mientras manejaba. Me siguió
    masturbando con su pie, y por pequeños lapsos, interrumpía lo que
    hacia y dirigía su pie a mi boca para que lo chupara. Me encanta aquel
    espectáculo, yo lamiendo sus preciosos pies con mi semen sobre ellos.
    Me fui excitando mas y mas y por un momento desee que eso durara para siempre.
    Cuando estuve mas cerca del orgasmo mis gemidos eran ya gritos… y no
    hacia mas que repetirle "Me encantas Carolina, no pares, dame tus pies,
    quiero chuparlos". A los pocos minutos sentí venirme y ella hábilmente
    cambio de posición y espero que todo mi semen fuera derramado dentro
    de su boca. Fue exquisito, chupo cada gota de mi semen, tragándoselo
    todo, sin dejar rastro. Finalmente, concluimos con un largo beso lleno de
    agradecimiento y placer. Después de mucho rodar terminamos en un motel,
    haciendo el amor toda la noche. Por supuesto, en todo lo que hicimos, siempre
    buscamos usar nuestros pies de alguna forma… pero ya esa será
    parte de otra historia. Lo que si es que debo admitir que esta fue la mejor
    experiencia sexual que jamás haya tenido en toda mi vida.

    Descalzo. POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

     

    Resumen del relato:
      No lo sabía pero una chica muy sexy le esperaba en recepción, mientras él en su despacho aprovechando que era la hora del almuerzo leía historias eróticas en Internet.

    Partida de Lamedores (V)

    Partida de Lamedores (V) (9)

    -"Esto no puede continuar"
    -"¿Lo dices tú? ¿Lo decís todos?"

    Se rió, borracho, de sus
    miradas bajas, acobardadas.

    -"Pues ya me contaréis
    qué vais a hacer en otoño"

    Se burlaba una vez más de
    todos ellos. Hacía tiempo habían decidido darse cada uno
    el nombre de uno de los meses de las cuatro estaciones. Desde entonces
    se llamaban: Octubre, Enero, Mayo y Agosto. A Octubre siempre le había
    parecido ridículo el nombrecito, y sus tres compañeros y
    la división de las salidas a cargo de cada uno según la época
    del año.

    -"Ya basta, no nos gustan tus
    ideas, tus métodos. Desde la primera vez rompiste las reglas"
    -"No escuché vuestras quejas con aquella chica. Tú hasta
    creo que se la metiste por el culo,¿no es así Enerito?"
    -"Fue un espantoso error" Levantó la vista. "Era
    la primera vez, estaba fuera de mí, pero yo puedo controlarme y
    tú estás loco, Octubre, estás loco" -"Y
    tú, Mayo primaveral, ¿acaso has olvidado la fiesta de disfraces?
    Esa fue una propuesta tuya" -"Se me fue de las manos, la idea
    era mía pero tú la echaste a perder" -"Jodidos
    cobardes. Hacéis lo que os digo porque deseáis hacerlo, nunca
    os obligué a seguirme" -"En esto estamos todos juntos,
    y lo sabes, pero no pareces recordarlo, te comportas como si fuéramos
    tus siervos. Aquí somos todos iguales. No eres el jefe. Y estamos
    hartos de que nos utilices" -"¿No dices nada, Agosto?
    A ti te correspondía preparar las actuaciones de verano. ¿No
    fuiste tú quién nos permitió colarnos en las camas
    de aquellas preciosas universitarias? Por cierto, ¿no estaban en
    tu propia casa, no les habías alquilado una habitación mientras
    asistían a aquellos cursos de español para extranjeros? Oye,
    ¿no eras tú uno de los que organizaban esos cursos, profesorcito?"

    Agosto movió la cabeza lentamente,
    asintiendo. Poco antes había leído un relato en una página
    de Internet, hablaba de un tipo que se había aprovechado de una
    de las invitadas a su fiesta de cumpleaños. Le excitó su
    lectura y decidió llevarla a la práctica. Sobre el papel
    resultaba todo más sencillo, no pretendía más que
    lo que hizo su protagonista, disfrutar de los pies de una muchacha dormida,
    borracha.

    -"Sí, yo organicé
    esa aventura, pero tú la llevaste, como siempre, demasiado lejos.
    Lo sabes perfectamente"

    Agosto recordaba bien aquel asunto
    en su casa. Las escogió él mismo, como profesor organizador
    del curso recibía las peticiones de hospedaje. Cuando las tuvo delante
    preguntándole en un mal castellano si sabía de algún
    lugar donde pudieran pasar esa semana porque la casa que habían
    reservado no tenía ya sitio para ellas, no lo dudó.

    -"Si no tenéis inconveniente,
    yo vivo en un piso amplio, con varias habitaciones, ya otras veces he recibido
    a alumnos que se encontraban en vuestra misma situación. Allí
    nadie os molestará, y además la Facultad está cerca.
    Pensadlo, y me lo decís si no encontráis nada mejor"

    En seguida aceptaron el ofrecimiento.
    La preocupación desapareció de los rostros de ambas chicas,
    Helena y Sofía, francesas, veinte años, ojos claros, melenas
    cortas, largas piernas, pies muy blancos. Calculó su número
    de calzado: Helena usaba sandalias de color crudo (¿qué color
    era ese?) y debía de calzar un 37; Sofía (la timidísma
    Sophie) no mostraba sus pies, llevaba un zapato bajo, cerrado, un 39, y
    su blancura se deducía por la de sus brazos, sus piernas, sus tobillos,
    su rostro debajo de su continuo rubor.

    -"Todo iba bien hasta que volviste
    a beber demasiado. Siempre pierdes el control, siempre lo jodes todo. Esa
    noche rechazamos tus pastillas, ¿recuerdas?, sólo tú
    habías tomado más de lo que podías aguantar"

    Qué ingenuos le parecieron
    aquel día sus estúpidos compañeritos. Tan mayores
    y tan ingenuotes. Les propuso que se comieran unos éxtasis que un
    colega del trabajo le había facilitado:"Con esto esos piececitos
    que vamos a saborear esta noche os van a saber como nunca, serán
    ambrosía, Agosto, serán el néctar de los dioses".

    Los rechazaron con una dignidad
    que le apestaba. ¿No los queréis por las buenas? Entonces
    se encargó de mezclar los ingredientes de la sangría.

    -"Tipical espanis sangría,
    buena, muy digestiva" Entró de vuelta al salón. Ellos
    cuatro, las dos francesas y una docena más de alumnos. El curso
    había terminado, era la noche elegida, al día siguiente todos
    debían regresar a sus países de origen, no tardarían
    mucho en abandonar la fiesta de despedida. Helena y Sofía dormirían
    allí por última vez.

    Todos bebieron de aquel estimulante
    brebaje. La falta de costumbre, la rotundidad de la mezcla, el "toque"
    de Octubre disolvieron en menos de una hora la reunión. Las francesas
    también se despedían, tenían sueño, se iban
    a la cama.

    -"Felices sueños, mis
    franchutas, a dormir, a descansar esos cuerpecitos" Les gritaba entusiasmado
    mientras las recorría de arriba a abajo con los ojos y trataba de
    besarlas en la boca : "Tres veces, como en vuestro país, tres
    besitos" Se carcajeaba del pudor de Sofía, de la turbación
    de sus compañeros, del banquete que le esperaba. Las muchachas se
    retiraron con forzadas sonrisas. Los dejaron solos.

    -"Cojonudo, ya era hora, llevo
    haciéndome pajas toda la puta semana soñando con este momento,
    estoy hasta los huevos de no poder tirame ese par de piernas. ¿Habéis
    visto los pies de Sofía cuando se ha descalzado para bailar? Dios,
    pienso lavárselos con mi saliva, vamos por ellas" -"Quieto,
    y cálmate un poco. Hay que esperar a que estén dormidas.
    Todos tenemos ganas de tener esos pies en la boca, pero hay que actuar
    con cautela. Establezcamos los turnos. Entraremos de dos en dos, los cuatro
    sería excesivo, se despertarían" -"Por eso no te
    preocupes, ya me he encargado de que caigan redondas. ¿Un poco más
    de sangría?"

    Ni entonces se enteraron de la razón
    de su desmesura, pensaron que estaba demasiado cargada, achacaron al exceso
    de alcohol el exceso de excitación.

    En la habitación más
    grande, junto al baño, Helena y Sofía se desnudaban con una
    torpeza que les producía risas apagadas por el temor de molestar
    a sus anfitriones.

    Ellos nunca supieron que llevaban
    juntas desde los trece años, desde que descubrieron sus comunes
    aficiones sexuales. Ahora Sofía estaba desabrochando la blusa de
    su compañera de juegos, sin rubores, nunca ante su amiga, nunca
    cuando le sacaba las mangas mientras sus lenguas se mezclaban ya fuera
    de sus bocas, ávidas, mientras se recorrían la una a la otra
    los cuerpos desnudos con las manos ansiosas de explorarse. Nunca se habían
    sentido tan excitadas, nunca habían notado tan dulces cada uno de
    sus gestos. Esa sangría española, era buena para el sexo.
    Helena debajo de Sophie, las lenguas de ambas explorando la dulzura de
    sus coñitos húmedos, los labios succionando los clítoris
    ya erectos, jadeando entre risas, acariciándose las piernas. Ahora
    Sophie encima, abriendo las piernas de su amiga, levantándolas.
    Y entonces los pasos en el pasillo que conducía a su habitación,
    su nido seguro de amor hasta aquella noche de pesadilla. Cada una a su
    cama, se cubrieron los cuerpos desnudos con las sábanas, se fingieron
    dormidas, y se alarmaron al oír cómo rozaba en la alfombra
    la puerta al abrirse.

    Octubre se había quedado
    fuera del primer turno, el anfitrión quería tenerlo vigilado.

    -"De acuerdo, pero deprisita,
    que tengo ganas de divertirme, demostrar una vez más que sois el
    orgullo de los eyaculadores precoces".

    Enero y Mayo ya estaban dentro de
    la habitación. No advirtieron nada extraño, los bultos, las
    chicas, dormían cada una en su cama. Las ropas de ambas estaban
    amontonadas en desorden, mezcladas.

    -"Están desnudas"
    -"Cállate y date prisa, ese gilipollas es capaz de entrar y
    montar cualquier escándalo si tardamos demasiado. Hagámoslo
    de una vez"

    Levantaron las sábanas con
    cuidado después de tirar suavemente de ellas para no despertarlas.
    Pero no habían contado con la oscuridad absoluta, querían
    ver sus pies, querían contemplar lo que iban a tener entre sus manos.

    -"Enciende la luz del pasillo
    y abre un poco la puerta, Mayo, quiero una imagen que recordar" -"Estás
    loco, ¿y si se despiertan?"

    Ellas no sabían, no entendían,
    pero decidieron seguir fingiendo.

    -"No hemos esperado tanto para
    nada, quiero ver esos pies, abre la puerta" -"Me largo, esto
    es una mierda, nos conocen, se trataba de …"

    Enero llevaba un rato acariciando
    las puntas de aquellos deditos inmóviles, y la tensión le
    hizo descargar sin llegar a haber visto nada. Se corrió sin apenas
    darse cuenta. No le gustó. Estaba extrañamente borracho.

    -"Me voy a cagar en la puta
    que te parió, cobarde de mierda. No he esperado tanto para esta
    mierda"

    La situación también
    empezaba a cambiar para Mayo, las pastillas hacían su efecto.

    -"Te has corrido" Y le
    dio la risa. "Yo también, nada más levantar la sábana.
    Ese octubre es un hijo de puta. Ja. Además has dicho mierda dos
    veces, pierdes."

    La carcajada las hubiera despertado
    si no llevaran atentas desde el principio:

    -"¿Qué pasa,
    qué hacéis, qué está pasando?"- Sofía
    había decidido hablar, y encendió la luz. -" A tomar
    por culo, se jodió el anonimato. Enero, enerito, estos pies tienen
    tetas"

    Las carcajadas de Mayo llegaron
    hasta el salón.

    -"Me gusta cuando sucede lo
    que debe suceder. Esto va a ser como estaba previsto" -gritaba Octubre
    mientras se largaba el resto largo del vaso hasta el fondo. "¡Maricón
    el último!"

    Habían dejado de fingir.
    Todos habían dejado de hacerlo. Ahora ya estaban los cuatro en la
    habitación, los lobos de nuevo, la excitación ante la presa.
    Ellas estaban muy asustadas, se les veía en los ojos que temían
    atrozmente lo que aquellos hombres, que ya no las miraban casi ni como
    mujeres, fueran a hacerles.

    -"Por favor, no nos hagáis
    daño, salir de la habitación y no diremos nada a nadie"

    Pero no las oían, sus cabezas
    zumbaban, estaban sordos a cualquier tipo de ruegos.

    -"¡Que empiece el espectáculo!.
    Yo quiero a ésta"-era Octubre, que ,como quien elige un cerdo
    para la matanza, se había lanzado hacia Sofía, le había
    arrancado la sábana que cubría su cuerpo desnudo, y , sin
    hacer ni el menor caso de los gritos y los pataleos de la muchacha, la
    tenía atenazada por los tobillos y le estaba lamiendo las plantas
    de los pies.

    -"Estás sucia, franchutita,
    pero te voy a dejar muy limpia, ya lo verás. Y deja de una puta
    vez de patalear que no me dejas disfrutar a gusto de estos piececitos tan
    preciosos que tienes". La mordió con tanta furia, que la chica
    soltó un aullido de dolor. "Si no te estás quieta, del
    próximo bocado te arranco un dedo, mira este chiquitito de aquí,
    ¿lo arranco?". Y volvió a apretar furioso los dientes
    en torno a su dedo meñique.

    -"Basta, por favor, me haces
    mucho daño, me estoy quieta, ya me estoy quieta, para, para, animal".
    - "No , ahora resulta que me ha gustado, voy a volverte loca de placer
    con mis dientes".Y como si de un león con una gacela recién
    tumbada se tratase, comenzó a darle dentelladas en los pies. Saltaba
    de uno al otro y le mordía hambriento los dedos, los talones, el
    empeine. Le dejó marcados los colmillos, y la blancura del principio
    se tornó roja, en algunos puntos los pies le sangraban. A tanto
    había llegado su locura.

    Los otros tres se desentendieron
    de la furia de su compañero, y ya se estaban desnudando para disfrutar
    más cómodamente de la otra muchacha. Helena lloraba nerviosa
    observando alternativamente la tortura a que estaba siendo sometida su
    amiga, su amante, y las miradas de lascivia de los tres hombres que ya
    estaban a su lado y trataban con una aterradora calma de arrancarle la
    sábana a la que ella se aferraba en vano.

    -"¿Crees que esa sabanita
    es un escudo, tontita?" Y de un fuerte tirón le quitaron su
    exigua protección y la dejaron completamente desnuda. Ahora era
    a ella a quien le tocaba gritar, suplicar, patalear intentando lo imposible,
    que Mayo y Enero dejaran de chuparle los dedos de los pies. La habían
    tumbado sobre la cama, le habían separado las piernas con fuerza
    y tenía cada uno un pie bien sujeto. Se los estaban recorriendo
    a conciencia, metían sus lenguas en cada rincón entre los
    deditos, se los introducían golosos en la boca, le lamían
    las plantas, le mordisqueaban los tobillos. Mientras tanto Agosto se estaba
    masturbando a la vez que trataba de meterse las manos de la chica en la
    boca : "Estas manitas de cerdita van a ser mi aperitivo" Entonces
    lo descubrió: "Pero a qué saben estos dos dedos , este
    sabor y este olor me resultan familiares. ¡A coño, joder,
    te huelen las manos a coño! ¿Te estabas metiendo los dedos
    en el coño cuando hemos entrado, delante de tu amiga? -"Anda
    ya, no me jodas, huéleselos tú, que yo tengo aún que
    recortar algunas uñitas de este delicioso bocado"- contestó
    mientras, en efecto, arrancaba pequeños pedazos de las uñas
    de uno de los pies de Sofía, que se tapaba los pechos con las manos
    y obedecía aterrorizada, ofreciendo sus piernas a la voluntad de
    su depredador.

    Agosto pasó de una cama a
    otra. Apartó sin miramientos las manos de Sofía y antes de
    llevárselas a la boca, decidió encargarse un momento de los
    pechos que había liberado. "Bonitas tetas escondías.
    Vamos a ver a qué saben". Comenzó a lamérselas
    apretándolas con fuerza, le daba violentos masajes circulares hasta
    que le cogió los pezones entre sus dedos. "Abre la boca, que
    me la vas a chupar, es para que no te aburras". Ella seguía
    con los labios cerrados. Entonces le estiró de los pezones hasta
    que la chica gritó.

    "Tú sólo entiendes
    el lenguaje de la fuerza, ¿verdad?" Y colocó su pene
    a la altura de la boca de la muchacha. "Chupa, e imagínate
    que no tienes dientes si es que quieres seguir conservándolos, chupa,
    chupa, chupa"- le gritó atronadoramente al oído. Ella
    comenzó a hacerlo con el rostro bañado en lágrimas.
    Poco a poco el hombre le fue introduciendo cada vez más dentro la
    polla hasta conseguir que le cupiese entera. Después la sacaba y
    de nuevo volvía a meterla. Entonces intervino Helena, que había
    decidido no mirar cómo aquellos dos hombres se masturbaban cada
    uno con uno de sus pies aún en las manos, y veía el horrible
    sufrimiento de su amiga: "Estate quieto, cerdo, ¿no ves que
    la estás ahogando?".

    Agosto notó entonces que
    su pene estallaba y lo mantuvo un rato dentro de la garganta de su víctima,
    que agitaba espasmódicamente los brazos. Cuando lo sacó,
    todavía goteante, sujetó las manos de la chica y se las llevó
    a la nariz:

    "Chúpame los restos
    o empiezo con tu amiguita la bocazas". Sofía se aplicó
    a succionar las últimas gotas de aquel glande que pendía
    sobre sus labios. Agosto le olisqueó entre los dedos y proclamó
    mientras mantenía su polla dentro aún de la boca de la muchacha:
    "¡Señores, estas dos amigas son novias! Acaben rápido
    que nos van a ofrecer un espectáculo gratuito de lesbianismo francés
    dentro de breves instantes".

    Los otros tres explotaron casi al
    unísono, explotaron sus carcajadas y explotaron sus miembros regando
    los cuerpos de ambas. Octubre se corrió entre los lacerados pies
    de Sofía., Enero soltó una de las piernas de Helena y fue
    a colocarse delante de la cara de ella para correrse en su rostro; mientras
    tanto, Mayo se introdujo los dos pies de la muchacha en la boca y le ordenó:"Cógemela
    con las manos y agítamela, vamos, arriba y abajo, arriba y abajo,
    con fuerza y hasta que suelte la última gota, agita, agita, así,
    más rápido" Y regó el vientre de Helena con todo
    el inaudito chorro que le salió de dentro mientras mordía
    con furia los deditos de un pie y del otro.

    "Cojonudo, esto ha estado cojonudo,
    ahora quiero probar a la otra" -"Veo que os ha gustado mi sangría,
    y su pequeño detallito, nunca os había visto tan bien dispuestos.
    Sigamos entonces, yo también tengo ganas de ver a qué sabe
    esa blanquita de ahí" -"Un momento, un momento" dijo
    Agosto deteniendo al hambriento Octubre que ya se lanzaba sobre Helena
    . "Un momento, tengo una feliz idea para que estas dos lesbianas nos
    muestren sus artes amatorias. Creo que os va a encantar: voy a buscar unas
    cuerdas, que se vayan lamiendo la una a la otra toda esa leche que tienen
    encima".

    (La historia continuará.
    Si alguien desea hacerme cualquier comentario puede escribirme a esta dirección
    : POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO Gracias.)

     

    Resumen del relato:
      El siniestro grupo cierra el cerco sobre dos estudiantes francesas, que resultan ser lesbianas, alojadas en casa de una de los fetichistas.

    El ático

    El ático (9)

    Por fin el día llegó
    y parecía que nos libraríamos del asfixiante calor de Madrid.
    Esta vez nuestro destino de vacaciones no era ninguna ciudad exótica
    sino una pueblecito en la costa mediterránea. Mi novia y yo llevábamos
    planeándolo tan sólo una semana pero nuestras ganas de sol
    y playa era indescriptible.

    Por fin llegamos y allí nos
    esperaba un pequeño ático con una única habitación
    en la que se encontraba en una sola estancia, el salón, la cocina
    y la habitación, por su orientación norte pensamos que sería
    bastante caluroso por las noches.

    Fuimos a comprar lo necesario para
    los primeros días al mercadillo cercano que se instalaba ese día
    de la semana.

    A la llegada de la noche y tras
    una larga siesta en la playa, volvimos a nuestra dulce morada. Tras ducharnos
    y cenar subimos al ático acompañados de una botella de vino.

    Cuando llevábamos más
    de una hora riendo y contando estrellas, se acercó a mi tumbona
    y me susurró al oído:

    -¿Te atreverías a
    hacer todo lo que te pidiera?

    Antes de que de mi boca se desprendiera
    palabra alguna, un bulto sobre el bañador pantalón del pijama
    me delató.

    Entonces me rogó que me deshiciera
    de toda la ropa que lleva puesta, así lo hice muy suave y lentamente,
    me encantaba ver cómo se impacientaba. Una vez completamente desnudo
    nos encaminamos a la parte de abajo y allí me pidió que me
    tumbara boca arriba sobre la mesa del salón. Sin mediar palabra
    cogió mi pene y lo metió en su boca empezó a lamerlo
    como sólo ella sabe hacerlo llevándome al borde del delirio,
    metiéndolo y sacándolo poco a poco, a los pocos minutos,
    se separó y retrocedió unos pasos para mirarme, sentirme
    observado por ella me encendía aún más. Volvió
    a acercarse a mí lamiendo mis piernas desde los pies, cogiendo el
    camino interior de mis muslos, me separó las piernas y puso un cojín
    en mi trasero, sus dedos recorrían una y otra vez la raja de mi
    culo, clavó sus dedos en las cercanías de mi agujero, separándolo
    y metió su lengua hasta el fondo fue una sensación que me
    hizo perder la cabeza, en ese momento esta dispuesto a todo lo que me pidiese
    y cuanto más fuerte e inconfesable mejor, se entretuvo durante largo
    rato saboreando tan recóndito lugar. Acercó la botella de
    agua de la nevera y derramó una pequeña cantidad de agua
    por el pliegue que formaban los cachetes de mi trasero, después
    introdujo uno de sus dedos en mi interior, probablemente una mezcla de
    vergüenza y el saber que sería nuestro secreto hizo que las
    sensaciones crecieran de forma exponencial.

    Su dedo entraba y salí cada
    vez con menos dificultad, entonces introdujo un segundo, era delicioso
    me estaba abriendo, de vez en cuando los sacaba y los ponía al alcance
    de mi boca para humedecerlos y reducir el rozamiento, después introdujo
    un tercero e incluso un cuarto, me encontraba al borde del delirio. De
    repente paró y volvió a derramar una pequeña cantidad
    de agua por mi raja.

    Entonces se acercó a mi oreja
    para susurrar que deseaba follarme, así lo hizo, sacó un
    preservativo y lo enfundó en un pepino. Al verlo sentí miedo,
    pero a la vez un gran deseo, esperaba para ser ensartado, inesperadamente
    la trayectoria de aquel falo se desvió, hasta mi boca y ella me
    obligaba a chuparlo, durante largo rato aquella escena se repitió
    hasta que inevitablemente aquel elemento se dirigió a mi esfínter,
    las maniobras de entrada se prolongaron durante algunos minutos y precisaron
    la ayuda de sus dedos y de algo de vaselina, debo reconocer que en algunos
    momentos el dolor se apoderó de mi cuerpo, pero había algo
    dentro de mí que me hacía disfrutar de todo aquello, supongo
    que el sentir esa parte mi cuerpo aceitosa y pringosa.

    Cuando aquel cuerpo se hizo el hueco
    necesario entraba y salía como tantas veces había hecho mi
    miembro, en ella, la imaginaba disfrutando como yo hacía con cada
    sacudida.

    Parece que ambos pensábamos
    lo mismo porque mirándome fijamente a los ojos me dijo:

    - Quiero sentir todo lo que tú
    sientes. Quiero sentirlo todo.

    Yo la contesté que era todo
    suyo y que podía hacer todo lo que desease.

    - ¿Todo? replicó ella.

    Entonces su cara cambió y
    empezó a tocarse los pechos, me moría, ella sabía
    que aquello era superior a mí, sin duda sabía cómo
    encenderme. En un segundo se encontraba completamente desnuda introduciendo
    sus pezones en mi boca.

    La sentía excitadísima
    y deseaba provocarla, entonces la dije:

    - ¿Eso es todo? – ¿Te
    atreves a más? Contestó ella, en un tono amenazante.

    Por supuesto le repetí que
    me atrevía a todo.

    Ella dirigió su coño
    a mi boca, al tiempo me indicaba que debía lamerlo. Al tiempo ella
    se masturbaba y acariciaba sus bolas.

    Comenzó a hablar.

    - Quiero sentir lo que tu sientes…
    - Hizo una pausa – Quiero correme en tu boca como tú haces en la
    mía.

    Yo la contesté que podía
    hacerlo cuando quisiese. No volvió a decir nada más tan sólo
    gemía sin parar, entonces chilló que se iba a correr y comenzó
    a derramar una larga meada sobre mi cara, especialmente en mi boca. Debo
    reconocer que desde luego disfruté con aquello, durante el tiempo
    que aquel líquido caliente chocaba con mi piel recordaba las veces
    que mi semen lo había hecho sobre la suya y como aquello me había
    hecho vibrar de placer, la sensación me pareció deliciosa
    y sólo deseaba que ella disfrutase con aquello tanto como yo lo
    hacía.

    Cuando su orgasmo finalizó
    me encontraba empapado, pero excitadísimo, ella se alejó
    y se tiró sobre el sillón.

    Desde esta posición no sabía
    qué hacer, el pepino estaba aún en mi interior y yo estaba
    completamente mojado.

    Fue cuando ella me rogó que
    levantara y me acercara a ella. Así lo hice, me senté a su
    lado, se incorporó y agarró mi nabo con una mano mientras
    me miraba a los ojos y me masturbaba deliciosamente, se agachó e
    introdujo el miembro en la boca, estaba húmeda y la conjunción
    de sus labios y su boca desplazando mi prepucio hacia atrás hacía
    cada uno de sus movimientos se convertía en un pequeño orgasmo,
    mi miembro se endurecía cada vez más y estaba a punto de
    explotar. Ella lo sabía y sacó el falo de su boca, siguió
    meneándomela hasta llegar al mejor orgasmo de mi vida.

    Cuando todo terminó sólo
    quería abrazarla.

    POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

     

    Resumen del relato:
      Una pareja disfruta de una noche de sexo especialmente caliente y excitante.

    Quiero tu semen

    Quiero tu semen (9)

    Hace tres años salgo con
    una mujer a la que adoro, pero, por esas cosas del destino, desde siempre
    me ha gustado su hermana, con 19 años y cuerpo harto voluminoso.
    Sus senos son enormes y solía imaginar el tamaño de sus pezones
    y su color. Y digo solía porque, como verán, tuve oportunidad
    de descubrir qué tan bien encaminados estaban mis malos pensamientos.

    Mi cuñada, de nombre Milena,
    estudia veterinaria y es una mujer muy consagrada, hogareña, de
    pocos novios y menos fiestas. Es más, siempre que voy a casa de
    mi novia, la veo sentada, aplicadísima, en su microscopio, estudiando
    muestras. Lo cual, dicho sea de paso, me da oportunidad de detallar ese
    par de enormes mamas que se desprenden de su cuerpo y parecen luchar infructuosamente
    contra la ley de la gravedad. Un día de tantos, pasé por
    casa de mi novia a recoger unos libros que había dejado allí
    días atrás. Mi novia estaba trabajando y de mis suegros dígase
    lo mismo. Me abrió Milena, quien se mostró un poco más
    amable que de costumbre. No era una mujer seca, pero quizás el hecho
    de estar tan involucrada en sus estudios la hacía algo retraída.
    Me invitó a tomar asiento y me puso conversación.

    -¿Sabes en qué trabajo?
    -Ni idea- le dije. -Pues, mira, estoy empeñada en analizar los hábitos
    de reproducción de los primates, y en eso he venido trabajando desde
    hace un año.

    El comentario, debo decirlo, no
    me pareció precisamente afrodisíaco, así que me limité
    a responderle con un obligado "¡qué interesante!".
    -No sé si tú lo sepas, pero el primate que tiene el más
    voluminoso miembro reproductivo es el hombre. -Sí, me he dado cuenta-
    respondí con una larga risotada como remate. -No te rías,
    es en serio- me dijo. -Bueno, en serio, ¿a qué va esta sesión
    de datos insólitos?- le respondí mientras lanzaba una mirada
    furtiva a sus pechos, cuya ropa interior apenas alcanzaba a ver por entre
    los botones de su bata. -A ver, no es fácil.. Es queeee. bueno,
    es queee no estudio precisamente el falo de los primates sinooooo… Sinnoooo
    su líquido seminal y… buenooooo… No es sencillo. -Habla tranquila
    que nos conocemos desde hace años y sabes que no me gustan los rodeos.
    -No te lo pediría si no fuera importante. Para mi proyecto de muestras
    comparativas necesito recolectar datos de supervivencia de espermatozoides
    en ambientes no controlados. Las muestras de simios ya se hicieron, pero
    parte de mi tarea es someter al microscopio y anotar datos inmediatos del
    semen humano una vez se ha producido la eyaculación. Para ello,
    como supondrás, se necesita una muestra "fresca" y no
    de laboratorio. Y… -¿Y…? -Y necesito que pongas parte de esa
    muestra en esta plaqueta fija del microscopio electrónico- me dijo
    ruborizada mientras señalaba el pesado aparato en la mesa. -Es decir,
    quieres que me masturbe y te traiga algo de mi eyaculación para
    que la examines. -No precisamente.. Como la muestra debe recogerse directamente
    y sin mediaciones, necesito que te masturbes junto al microscopio y eyacules
    tu semen en la plaqueta.

    Me quedé de una pieza, pero
    me alcanzó el ánimo para regalarle una pregunta: ¿habrá
    alguien mirándome? -Sí, yo. Debo estar presente en el momento
    de la eyaculación para tomar un registro detallado de los primeros
    segundos en que la muestra entra en contacto con el aire. -Y no crees que
    es una petición sumamente embarazosa. -Mira, Jaime, yo sé
    que lo que te estoy pidiendo no es nada fácil y que tú podrías
    decirme simplemente no y listo. Pero no tengo a nadie más a quien
    recurrir. Sería incómodo pedírselo a uno de mis compañeros
    de materias. Orlando (su novio), como sabes, está de viaje. a mi
    papá, ¡ni pensarlo! Sólo cuento contigo. -Milena, yo
    te aprecio mucho, pero no creas que es un favor cualquiera que me pidas
    masturbarme a unos centímetros de ti y que, además, eyacule-
    se lo dije, lo confieso, entre avergonzado y excitado. -Jaime, te repito
    que entiendo por lo que estás pasando y que mi vergüenza es
    infinita, pero si yo no tengo esos resultados mañana temprano, puedo
    ir despidiéndome de la beca en la universidad y tú sabes
    lo que eso significa para papá. Te lo suplico. Mira, te prometo
    que mientras te masturbas yo me dedico a estudiar algunos papeles, a mirar
    mis datos en la mesa y ni te miro. -Si accedo, ¿cuándo lo
    haríamos? -Ahora mismo. -Ayyy, yo no sé qué decirte,
    y si alguien se entera, ¿qué? Sería muy incómodo.
    -¡No, te lo prometo! Jamás nadie lo va a saber. -Está
    bien, está bien, está bien. pero qué locura.

    Ella no podía ocultar la
    dicha, me dio un beso enorme en la mejilla y me tomó de la mano
    para conducirme al microscopio. Mientras ella organizaba los aparatos,
    comencé a desvestirme.

    -¿Qué haces? -me dijo.
    -Me desvisto. -¿Es necesario? -Milena, digámonos las cosas
    como son: hace una semana que no me acuesto con tu hermana y creo que mis
    reservas de esperma serán abundantes, lo cual es bueno para ti (se
    puso roja como un tomate), pero no para mi ropa. No quiero mancharme los
    pantalones o la camisa, así que. -Te entiendo, te entiendo, y discúlpame
    por la mojigatería.

    Mientras, estaba yo ya en calzoncillos.
    Pero como que no me decidía. Y, para ser sincero, estaba tan incómodo
    con la situación, que no tenía ni erección. Ella me
    clavó la mirada y no quedó más remedio que bajarme
    la ropa interior.

    Pude darme cuenta de que cuando
    vio mis 18 centímetros en reposo, el corazón le dio un brinco.
    Casi se le salen los ojos, pero trató de disimularlo con un comentario
    salido de tono.

    -Sí, definitivamente el más
    grande de los primates. -Nada diferente al pene de otra persona, ¿o
    sí?

    Y sucedió algo que nunca
    me imaginé. Corrió su silla hacia mí y, movida más
    por el interés científico que por el instinto sexual, tomó
    mi pene entre sus manos. Descubrió con delicadeza el glande y, con
    la otra mano, palpó mi escroto. No dije nada.

    -Como vez, el tamaño de tu
    pene es de unos quince o dieciséis centímetros en estado
    de reposo, lo cual excede el standard. Tu glande es contorneado y bien
    definido y tus testículos también son de dimensiones afortunadas.
    En términos de esta investigación, por supuesto.

    Mientras hablaba, su respiración
    rozaba la cabeza de mi pene y ello sumado al movimiento de sus manos, terminó
    causándome una erección fenomenal. Tanto que mi glande casi
    tocaba sus labios. Yo de pie y ella sentada y, gracias a ello, con la posibilidad
    de ver su brassiere a través del cuello de la bata. Estaba muy excitado.

    -Si tú me lo permites, quisiera
    medir tu pene. -Claro.

    Sin soltarlo con la mano libre alcanzó
    una escuadra y dijo: "¡25 centímetros! Tienes un pene
    envidiable".

    Ella lo sabía, pero lo que
    estaba por suceder es cosa de no creerse. Se los contaré en un par
    de días.

     

    Resumen del relato:
      Un sorprendido novio escucha cómo su futura cuñada hace comentarios científicos sobre su pene después de aceptar masturbarse para recoger muestras para investigación.

    Mi querida alumna

    Mi querida alumna (9)

    Esto que les cuento me sucedió
    hace unos meses. No tenía trabajo y sí muchos gastos por
    la universidad. Me costaba mucho acudir a mis clases porque no tenía
    dinero, así que empecé a buscarlo, encontrando una oportunidad
    de empleo como profesor en una escuela preparatoria. Inmediatamente obtuve
    el trabajo y me preparé para dar mi primera clase ese día.
    Estaba algo nervioso, pero afortunadamente todo salió bien.

    Así pasaron los días
    y tenía más confianza con mis alumnos. A los hombres les
    contaba algunas cosas y con las chicas también llevaba buena relación,
    pero siempre respetuosamente, pues no quería que pensaran que quería
    aprovecharme de ellas.

    Noté que siempre me miraban
    todas y, a veces, se reían conmigo. No soy muy guapo, pero mido
    1.80 y por el ejercicio que hago tengo un buen físico, aparte que
    siempre voy bastante bien vestido. Pero yo no daba pie a que se malentendieran
    las cosas, pues no quería perder mi empleo, además ninguna
    me llamaba la atención. Hasta que un día, estando en otra
    clase, vi pasar a Blanca, una de mis alumnas, vistiendo una minifalda bastante
    corta y una blusa bastante ajustada; me saludó y se fue por el pasillo.
    Hasta entonces no me había fijado que estaba muy bien. Ella no es
    muy bonita, es delgada, morena clara, tiene el cabello castaño,
    no muy alta, pero tiene unas piernas impresionantes y unas grandes tetas
    que casi no se le notan con su uniforme, pero lo que más me gustó
    de ella fueron sus nalgas, enormes, redondas y bien paraditas; aparte,
    tiene una mirada tierna y unos ojos café oscuro preciosos. Desde
    ese día me propuse observarla con más atención.

    Al día siguiente pensé
    que no llegaría y ya empezaba a sentirme un poco desilusionado.
    Empecé la clase y 5 minutos después tocaron la puerta, era
    ella, se le había hecho tarde y la dejé pasar. Ésta
    vez llevaba una playera tan ajustada que me permitía admirar sus
    tetas y un pantalón blanco que me dejó ver su redondo trasero
    en todo su esplendor. ¡Vaya niña! Pensé. Como siempre
    se sentó frente a mí, siendo el único que podía
    apreciar la magnífica vista de sus hermosas tetas. Empezaba a ponerme
    un poco nervioso, pero de ahí no pasó esa vez, aparte que
    Blanca es una niña muy tierna y, a la vez muy seria, por eso no
    pensaba que lo hiciese a propósito.

    Pasaron los días y, en secreto,
    seguía observándola. Trataba de no demostrar alguna preferencia
    especial con ella y cuando llegaron los exámenes la senté
    hacia delante y frente a mí, ya que llevaba la falda que me enloquecía,
    pues me dejaba ver sus hermosas piernas y ella no se sentía incómoda,
    pues veía que yo no le faltaba al respeto. Todos contestaban sus
    exámenes en silencio, pero notaba que Blanca estaba algo nerviosa,
    hasta que me di cuenta de que estaba copiando las respuestas. Cuando le
    quité sus hojas, ella bajó la mirada. Pensaba romper su examen,
    pero al ver su cara angustiada no pude hacerlo, le devolví el examen
    y le dije que no tenía necesidad de hacerlo, que en realidad era
    una buena estudiante y que sabía que pasaría el examen. Ella
    sonrió aliviada y siguió con su examen, todo eso se lo dije
    en voz baja para que no me oyeran los demás.

    Cuando terminó el examen
    pasé al otro grupo y cuando salí me sorprendió verla
    esperándome en la calle.

    -Sólo quería agradecerle
    que no me reprobara. Sabe, tengo que ayudar a mis papás y no siempre
    tengo tiempo de estudiar, pero le prometo que no volverá a pasar-
    me dijo mientras caminábamos.

    - Esta bien, no te preocupes, espero
    que sea la última vez. No quisiera que reprobaras mi curso, pues
    he visto que eres inteligente – le dije y me despedí de ella.

    Pasando los días noté
    que me miraba fijamente y sonreía al verme, por mi parte me sentía
    un tanto raro, ¡me estaba enamorando de mi alumna!. Poco a poco,
    no dejaba de pensar en ella. Ya contaba los días para volver a verla
    y cuando llegaba al salón ahí estaba esperándome.
    Poco a poco me fue ganando, pero no podía hacer nada, no antes de
    que terminara el curso. Así que así siguieron pasando los
    días, hasta que llegó, muy a mi pesar, el fin del curso,
    pues eso significaba que ya no la vería; así que si quería
    decirle lo que sentía tendría que ser pronto o si no la perdería.

    Empezaron sus exámenes y
    empecé a aplicarlos a los demás grupos, a ella sólo
    la veía cuando salían en el pasillo. Acabé con el
    grupo que tenía y fui al baño. Saliendo pasé por un
    salón vacío y vi que estaba sentada leyendo un libro, sus
    compañeros ya se habían ido, de modo que prácticamente
    estábamos solos. Me acerqué y al escucharme volteó
    y me sonrió; le pregunté qué leía y me dijo
    que estaba estudiando para mi examen y empezamos a platicar un poco de
    todo. Me preguntó si iba a extrañarlos y le dije que sí,
    pero más a una persona, mas no le dije a quién; ahí
    vi mi oportunidad de decirle lo que sentía, ella insistía
    en saber a quién, hasta que le dije que era una alumna muy especial
    de la que me había enamorado sin pensarlo, sólo que no le
    había dicho nada por evitar problemas y ella empezó a nombrar
    a sus compañeras, mientras yo decía que no, hasta que solamente
    quedaba ella. Fue entonces cuando le dije que esa alumna era ella y su
    mirada se hizo más tierna aún. Sin decir ella nada, le dije
    que me gustaba mucho, que me encantaba su forma de ser (no le dije que
    también me encantaban sus tetas, sus piernas y, sobre todo, sus
    enormes y deliciosas nalgas) y que, sin darme cuenta, me había enamorado
    de ella, que se lo decía pues no quería perderla sin que
    lo supiera. Se quedó callada y por un momento pensé que iba
    a molestarse, pero afortunadamente me dijo que también ella sentía
    lo mismo por mí y que también quería decírmelo.
    Fue entonces cuando comencé a besarla y a abrazarla. Al principio
    muy suave y tiernamente, pero después subieron de intensidad las
    cosas. Por fin mi oportunidad de acariciar su hermoso cuerpo se me presentaba,
    así que empecé a sobarle las tetas por encima de la ropa
    (eso fue delicioso, estaban duritas y a la vez muy suaves) e inmediatamente
    sentí cómo se levantaban sus pezones, podía sentirlos
    grandes y duros; así seguí hasta que me di cuenta de que
    podrían vernos, así que le dije que fuéramos a otro
    lado, ella dijo que no, que tenía ganas de quedarse en la escuela,
    pues esa era una pequeña fantasía suya. ¿Quién
    lo diría?. ¡Mi alumna más seria era bastante cachonda!
    Así que le sugerí ir a la sala de maestros, pues a esa hora
    no había nadie, todos los demás maestros ya se habían
    ido y sólo quedaba el de computación, pero estaba al otro
    lado de la escuela, así que nadie se daría cuenta.

    Cerré la puerta e inmediatamente
    seguimos en lo que nos quedamos. Me encantaba besarla, sentir su lengua
    acariciando la mía, mis manos apretaban sus tetas y poco a poco
    las bajé hasta acariciar sus nalgas, eran perfectas, redondas, duras
    y firmes y así seguí tocándola hasta que le fui quitando
    la blusa del uniforme; sus enormes tetas parecían reventar su sujetador,
    sentía su calor, las besé sin desnudarla. Ella gemía
    y también me empezó a quitar, primero, el saco, después,
    la corbata y la camisa, después desabrochó mi cinturón
    y bajó el pantalón, yo estaba bastante excitado y no dejaba
    de acariciar sus tetas, no me permitía quitarle el sujetador.

    -¡Todavía no! -me decía-.
    Primero déjame a mí y después tú.

    Asentí y sacó mi pene,
    estaba duro y con sus caricias manuales me sentía en la gloria,
    me acariciaba mis bolas con gran delicadeza, y empezó a masturbarme
    suavemente. No podía creerlo, mi alumna no era tan inocente cómo
    creía, pero eso no me importaba, dejé que me pajeara con
    calma, en verdad ella lo disfrutaba, y cuando le dije que me la chupara
    inmediatamente obedeció.

    -Sí profesor, cómo
    usted diga.

    Y si vieran qué deliciosa
    mamada me hizo; su lengua recorría todo de arriba a abajo, mis bolas,
    luego el glande, y chupaba delicioso. Sentía que me iba a venir
    y no se lo dije. Blanca sólo me miraba a los ojos y me preguntaba
    si me gustaba, que cómo calificaba eso y que si merecía pasar
    el curso, yo sólo le decía que sí, no podía
    pensar nada más.

    Seguía chupando con gran
    deleite, no aguanté más, ya era suficiente, tenía
    que venirme en su boca y después darle por ese culito tan rico que
    tenía, bueno, todavía no lo había visto, pero con
    esas nalgas maravillosas tenía que ser así. Así que
    jalé su cabeza y le acaricié el cabello, trataba de ser tierno
    con ella, aunque a mí me hubiera gustado arrancarle la ropa, voltearla
    boca abajo sobre el escritorio, abrir sus nalgas y sodomizarla hasta que
    ya no pudiera más, pero no. Lo estaba disfrutando tanto que, cuando
    llegó el momento de venirme en su boca, le manché toda la
    boca con mi semen. Le apreté la cabeza contra mí y ella no
    decía nada, sólo tragaba y tragaba hasta que me quedé
    inmóvil. La levanté y vi que sonreía y abrazándola
    me dijo:

    -Profesor, ¿no merece un
    diez una chupada así?.

    Nos besamos de nuevo, pero ahora
    me tocaba a mí; bajé hasta su cuello, después bajé
    la tira de su sujetador y sus enormes tetas salieron, eran hermosas, firmes,
    suaves sus pezones grandes, café oscuro, y empecé a lamer
    alrededor de ellos. Estaba bastante caliente y quería que se los
    comiera todos, quería sentir mi lengua en sus pezones, quería
    que se los chupara, y seguí en lo mío, hasta que, al fin,
    ella, desesperada, me metió un pezón en la boca y empecé
    a chuparlo. En verdad era delicioso, mientras chupaba empecé a bajar
    su falda y la dejé sólo en ropa interior, para mi sorpresa
    era una tanga ajustadísima y le tapaba sólo lo necesario.

    Bajé mis manos, mi pene empezaba
    a resucitar, así que la puse boca arriba en el escritorio y con
    la boca le quité su última prenda, vi su chochito depilado
    y se lo empecé a comer, estaba delicioso, caliente, chorreaba sus
    jugos y su clítoris estaba húmedo; así que con mi
    lengua le empecé a corresponder por su anterior mamada. Blanca estaba
    excitadísima, gemía y se retorcía con los ojos cerrados.
    Sentí poco después su primer orgasmo, estaba demasiado húmeda,
    no podía dejar de chupar y lamer ese coñito, metía
    mi lengua, masajeaba su clítoris, y metía mi lengua de nuevo.

    A partir de ese momento me hice
    adicto a ella, sabría que no la podía dejar escapar, ella
    seguía gimiendo y otro orgasmo más llegó, después
    otro, estaba cómo loca y me dio miedo de que nos fueran a descubrir,
    era hora de poseer completamente ese cuerpecito qué me había
    vuelto loco meses atrás. Me levanté y le abrí las
    piernas, ella al ver eso me dijo que no, extrañado le pregunté
    por qué, me dijo que era virgen todavía y que no quería
    dejar de serlo, me quedé extrañado, pero le dije que, ya
    que en verdad la quería, respetaría su decisión, así
    que me aparté un tanto desilusionado, pero ella me abrazó
    y seguimos besándonos, entonces no le dije nada, sólo me
    limité a acariciar sus nalgas.

    Pero era hora de hacerle el honor
    a su ano, así que, sin decirle nada, la puse de espaldas a mí,
    empecé a besar su cuello y luego su espalda, la acomodé boca
    abajo sobre el escritorio y al fin vi sus nalgas, las besé por encima
    y después puse mi lengua en medio de sus globos, después
    poco a poco las seguí abriendo con las manos, hasta que al fin vi
    lo que tanto había soñado: su ano estaba ahí, a dos
    centímetros de mi lengua, oscuro, caliente, apretado y totalmente
    cerrado; no esperé más y le puse la lengua encima. Blanca
    sólo apretaba su ano, me enloquecía ver ese culito cerrándose
    más de lo que estaba, abrí más sus nalgas y empecé
    a meter mi lengua en su ano. Era delicioso, sus pliegues se estremecían
    al recibir mi lengua y poco a poco se fueron abriendo, así que también
    decidí chuparlo, era algo exquisito, le estaba comiendo el culito
    a mi alumna en mi propia oficina y pronto lo haría mío. Cuando
    estaba más relajada le empecé a meter el dedo índice,
    ella protestó:

    -No por ahí no, me vas a
    lastimar -gritó, pero yo seguía introduciendo mi dedo; como
    todavía estaba apretada, saqué el dedo y metí más
    mi lengua. Para mí era lo máximo, me encantaba y a ella también,
    nunca pensé sentir tan rico.

    -Sigue, me gusta -me decía
    y aflojaba más su anito.

    Luego metí de nuevo el dedo,
    esta vez no me dijo nada, sólo suspiró y seguí hasta
    sentir su cálido interior, estaba tan apretado que no quería
    sacarlo, pero debía meter otro más…

    -¡Ay me duele!. Pero síguele,
    me esta gustando. No creí que se sintiera tan bien tener algo metido
    por ahí -me decía.

    Saqué de nuevo los dedos
    y la seguí relajando con mi lengua, en verdad no quería dejar
    de chupar su ano, pero era hora de hacerlo mío.

    Me levanté y ella entendió
    lo que seguía, se quedó boca abajo y le separé las
    nalgas de nuevo.

    -Tengo miedo -me decía-,
    no me lastimes, mira que nunca se me había ocurrido que se hiciera
    por ahí.

    -No te preocupes, no te lastimaré,
    te va a gustar.

    -Bueno, dime qué hago.

    -Primero relájate y abre
    un poco tus nalgas, así te dolerá menos y entrará
    mejor.

    Y así lo hizo, abrió
    sus nalgas y me ofreció su ano virgen, le puse la cabeza en la entrada
    y empecé a empujar.

    -¡Ay, me sigue doliendo!.

    -Espera, afloja un poco tu culito,
    sino te dolerá más.

    Se relajó y le dejé
    la cabeza dentro, era algo delicioso e indescriptible; ya cuando se acostumbro
    le metí más, hasta que estuve dentro de ella totalmente.
    Me relajé al sentir sus nalgas rodeando mi pene, estaba en la gloria,
    y Blanca se quedó inmóvil, terminando de acostumbrarse a
    mi miembro.

    -¡Ay, siento riquísimo,
    tenías razón, esto es lo máximo! -me respondió
    y empecé a moverme dentro de ella.

    -¡No! -me dijo-, quiero sentirte
    así.

    Y no me moví, era delicioso
    su ano, apretado, estrecho, caliente. Sentía sus palpitaciones,
    ella se movía muy poco, no dejaba que saliera nada, hasta que al
    fin el fantástico mete y saca empezó a crecer en intensidad.
    Seguimos, hasta que ella dejó de moverse y se quedó quieta.
    Apretaba más el culito y eso me provocó una gran venida dentro
    de ella, su intestino quedó inundado de semen; ella pegaba más
    y más sus nalgas hacia mí y se movía en un seductor
    movimiento de lado a lado. Era suficiente para mí, me quedé
    encima de ella hasta que salió mi pene. Abrí sus nalgas y
    miré su ano, estaba un poco rojizo, abierto y dilatado y se cerraba
    poco a poco, le escurría semen y un poco de sangre y mi pene estaba
    un tanto irritado también y mojado en un líquido color marrón:
    era semen mezclado con sangre y un poco de sus heces. Su ano se cerró
    completamente y le di un último beso por encima, ella volteo y me
    dio un gran beso.

    -Te amo -le dije-, gracias por entregarte
    a mí.

    Y la besé de nuevo. Ella
    me correspondió y empezamos a vestirnos. Abrí las ventanas
    y vimos que era hora de salir. Salimos del salón. Ella caminaba
    con dificultad.

    -Me duele un poco y a la vez me
    arde -se quejó-, pero no me importa, en verdad lo disfruté
    y ¿tú?.

    Sonreí y le dije que también.
    Salimos de la escuela cada cual por su lado. En la calle nos volvimos a
    encontrar de nuevo, la subí a mi coche y la dejé en su casa
    y nos dimos un último beso.

    Llegó el día del examen
    y, después la graduación, mi adorada Blanca salió
    con honores y, ya al final, me despedí de todos los alumnos. Ya
    que había terminado todo, Blanca me besó frente a todos y
    a partir de ese momento no la dejé escapar. Cada día la quiero
    más y ella a mí, hoy seguimos juntos y pienso casarme con
    ella, todos sus antiguos compañeros están invitados. Por
    supuesto que la adoro, por eso quise compartir mi primera experiencia con
    ella, espero les haya gustado. Les contaré después de otras
    cosas que hemos pasado juntos.

     

    Resumen del relato:
      Un buen profesor es aquel que se esmera en enseñar todas las materias a sus alumnas más aventajadas, sobre todo si éstas están en buena condición física y son muy agradecidas.

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