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Fetichismo

Una noche con Ana, la de lindos pies

Una noche con Ana, la de lindos pies (9)

Hola a todos, amantes de los pies femeninos, les quedé
debiendo como terminó mi aventura con Ana, la principal protagonista de Seis
pies y 30 deditos 1 y 2, de esta misma categoría.

La pasé a buscar el jueves como habíamos quedado. Estaba muy
elegante y sensual. Vestido turquesa con cuello volcado y sin mangas, bien
pegadito al cuerpo y largo por sobre las rodillas, una carterita celeste y
sandalias con una sola tirita sobre el nacimiento de los deditos, que los dejaba
libres para unos labios y lengua ansiosos. Las sandalias tenían una pulsera de
tiritas anudada sobre el tobillo para sostener el talón, lucía anillos plateados
en los deditos medios y anulares de cada pie, y una pulserita del mismo tono en
el tobillo derecho, tenía las uñas de los piecitos pintadas de celeste cremoso.
Pulsera en la muñeca y una cadenita al cuello, con un pequeño delfín, todo
haciendo juego. El corto cabello rubio ceniza ondulado y recogido a un lado con
un moño turquesa de la misma tela que el vestido.

En definitiva una chica muy atrayente para cualquier hombre,
fetichista o no.

Me desplegó una sonrisa espectacular, la tomé del hombro
derecho y le besé levemente los labios, me aparté tomándola de las manos y le
dije que estaba arrebatadoramente bonita. Sonrió seductoramente y dio una vuelta
sobre sí misma. Estaba bellísima. No era una mujer exageradamente hermosa como
Belén, sino seductora, linda y de muy buen cuerpo, para los 41 años que me
confesó. Caderas estrechas pero redondeadas, cintura esbelta y pechos no muy
grandes, pero firmes todavía y con pezones enhiestos bajo la tela del vestido,
por el fresco del anochecer. No hice ningún comentario sobre sus pies, pues
quería hacerla disfrutar de una salida como mujer, a todas luces enamorada.

Fuimos a tomar un refresco, ninguno quiso tomar alcohol antes
de ir a cenar, nos sentamos frente a frente y la tomé de la mano, de dedos
largos y delgados y las uñas pintadas de celeste, como sus adorables pies. Me
contó la historia de su vida, bastante triste por cierto, ya que era prisionera,
casi, de su trabajo y no podía sustraerse, era plata fácil.

Me dijo, sin embargo, que estaba disfrutando mucho conmigo,
ya que era la primera vez que la trataban como una mujer y que nunca había
sentido algo así, tan fuerte, por un hombre con el que había tenido tan solo dos
relaciones prostituta – cliente. Yo le dije que para mí era una hermosa mujer, y
de la que iba a disfrutar de su compañía.

Fuimos a cenar, y ella sentada frente a mí, cruzó las piernas
bajo la mesa, y varias veces me tocó mi pantorilla con la punta de sus deditos,
yo le sonreí, pero no dije nada. Ella estaba feliz.

Después de cenar, salimos a caminar como una pareja de
enamorados y nos besamos varias veces en un plaza, nos sentamos en un banco y
ella apoyó la cabeza sobre mi hombro. Yo no quería arruinar la noche de ella con
sexo, pero ella me dijo de pronto:

– Quiero hacer el amor con vos, quiero que me hagas el amor,
no que me cojas, quiero que me ames, porque yo te amo…

– Ana, amor, esta noche es tuya y mía, no necesito de sexo,
estoy muy feliz y bien así…

– Pero yo quiero que me hagas el amor, soy tu enamorada y lo
necesito, hace tanto que nadie me hace el amor…

Fuimos a mi hotel, hablé en un aparte con el conserje y
subimos con Ana a mi habitación. Allí ella arrojó la carterita sobre la cama, me
echó los brazos al cuello y me empezó a mordisquear el labio inferior, mientras
se apretaba contra mi cuerpo. Empezó a ondular su cintura, frotando con su pubis
mi entrepierna. Mi miembro respondió enseguida, pues era una situación muy
erótica y sensual, a pesar que sus pies estaban lejos. Me besó cada vez con más
pasión y apretó sus senos contra mi pecho, yo me tomé fuertemente de sus
redondas nalgas y la apoyé contra mi miembro, ella se levantó el vestido y se
montó sobre mi cintura, cruzando los tobillos a mi espalda. Sentí su calentura
contra mi pantalón y mi pene muy duro por esta situación tan sensualmente
erótica.

Ana se bajó de mi cintura, se dio vuelta y apoyó sus nalgas
contra mi miembro, llevando mis manos a sus pechos, con los pezones paraditos y
sobresaliendo de la tela. Con las manos libres, trabajó un poco con el cierre de
mi pantalón y metió una suave mano, sacando mi durísimo palo afuera, se levantó
el vestido y metió la cabeza de mi pene entre la tela de su tanga y el canalcito
de sus nalgas, apretándome y moviéndose atrás, adelante y en círculos.

La verdad, es que era toda una experta y me gustaba muchísimo
lo que me hacía, siguió por unos minutos con ese cadencia. Luego se giró hasta
quedar frente a mí y me tomó el miembro con una mano y empezó a acariciarlo
suavemente desde arriba hasta abajo. Yo metí la mano bajo su falda y la deslicé
dentro de la tanguita, tocando una húmeda y cálida rajita, lo que hizo que Ana
se estremeciera de pies a cabeza. Me mordió los labios con fuerza y me empezó a
chupar la lengua hasta hacerme doler, luego me lamió el cuello y me empezó a
desabotonar la camisa, me la sacó y yo le quité el vestido por sobre la cabeza.
Tenía una fina lencería azul de encaje transparente, saqué uno de sus bien
formados pechos y me prendí al pezón con mi lengua y mis labios, aquello la
volvió una gimiente mujer excitada como pocas veces ví. Me lamía el pecho y el
cuello, me metía sus pezones en la boca y los volvía a sacar, me sacudía con
fuerza el miembro hasta casi hacerme estallar. Yo pensaba en sus hermosos pies
en mi boca pero no quise arruinar aquel momento que ella necesitaba más que yo.

De repente me soltó, se sentó en la cama, levantó las piernas
y gimió como una gata, diciéndome:

– Descalzame y chupame los deditos

Quise protestar, pero ella dijo:

– Silencio, corazón, somos novios, vos sos fetichista de los
pies, me lo contaste la primera vez que salimos y desde entonces siempre me
chupás los pies cuando hacemos el amor, porque a mí también me calienta.

No me hice rogar más y seguí con el juego. Tomé por el
tobillo un delicioso piecito y empecé a lamer uno por uno los deditos hermosos
con las delicadas uñas pintadas de celeste, estaba super caliente y mi miembro,
esta vez, ya reventaba. Me latían las sienes y estaba tan sensible que si me
tocaba con sus pies se los bañaba de semen ahí mismo. Ella gemía y se estiraba
sobre la cama con cada arremetida de mi lengua en el espacio que hay entre cada
dedito, me detenía a chupar cada dedo como si quisiera arrancarle la piel, le
lamía las plantas desde el nacimiento de los dedos hasat el talón, mordisqueando
la parte gordita y carnosa de detrás del dedito más grande. Ella estaba cada vez
más y más excitada y se pasaba las manos por los pechos el vientre y la rajita.

Le solté los pies para no acabar y poniéndole a un lado la
bombachita enterré mis labios y mi lengua en su húmeda vulva. Mordisqueé entre
mis labios sus labios vaginales e hice girar mi lengua sobre su pequeño
clítoris. Lamía toda la extensión de su vulva, desde la partecita que termina
cerca del ano, hasta llegar al clítoris, donde lo chupaba suavemente y le daba
besos húmedos. Ana se revolvía en la cama y me tomaba la cabeza hasta casi
enterrármela en su interior. Sentí sus talones suaves en mi espalda, hasta que
ella reventó en un orgasmo que la hizo gritar como un animal herido, y casi me
asfixió apretándome la cabeza con sus muslos divinos. Cuando me soltó me quedé
arrodillado al borde de la cama, creo que más feliz que ella. Cuando recuperó el
aliento, me dijo que nunca se acordaba de haber gozado así. Alguna vez en una
salida esporádica, pero un orgasmo pobre y apenas presente, pero nunca en sexo
por amor y con alguien que le diera placer tan desinteresadamente como yo.

Se tiró encima mío, hasta que caímos acostados sobre la
alfombra y me comió a besos la cara, los labios, mi cuello. La di vuelta sobre
la alfombra y le dije:

– Te quiero hacer el amor, amor…

Esa es la gran ventaja de las mujeres, en un santiámen están
listas otra vez, mientras que los pobres machos de la especie, debemos esperar
20 minutos, en el mejor de los casos, y con menos de veinte años.

Ella se arrodilló a mi lado, me sacó los pantalones, la ropa
interior, las medias y me besó los pies…y volvió a acostarse sobre mí

La di vuelta de espaldas nuevamente y se la quise introducir
de un sólo golpe, fallé, por lo mojada que estaba su vagina, ella metió una mano
entre sus piernas y las mías y condujo al pequeño bate de béisbol en que se
había convertido mi pene a su interior. Yo no puedo acabar si no es con los pies
de una mujer, lo que me convierte en un amante excelente, ya que conservo
bastante tiempo la erección, esperando que me toque a mí. Monté a mi amante y
empecé a moverme con fuerza, empujando como si quisiera atravesarla con una
espada, ella respondió a mis empujones y en poco tiempo se tensó como un arco
bajo mi cuerpo y explotó en otro fenomenal orgasmo. Se desmadejó en mis brazos y
respiró hasta recuperar el ritmo de respiración normal.

De repente me miró, parpadeó felinamente y me dijo:

– Ahora te toca a vos, precioso, vamos a empezar con los
pies, ¡¡pero como que me llamo Ana Luz que vas a acabar como un tipo normal!!

Y uniendo la acción a la palabra me puso boca arriba, ella se
puso a mi lado y me empezó a masturbar con esos maravillosos deditos con la
delicadas uñas celestes. Cada yemita que tocaba mi miembro, yendo hacia arriba y
hacia abajo me provocaba espasmos y oleadas de placer. Cuando calculó que ya
estaba por venirme, retiró sus piececitos, me metió con violencia cinco deditos
de un pie en la boca y me dijo que los chupara, mientras ella se introdujo mi
miembro en la boca y empezó a recorrerlo con labios y lengua desde arriba hasta
abajo. Se quedaba un rato en la cabeza, chupándola con fuerza y succionando casi
hasta hacerme doler, pero dejándome una sensación de placer que no terminaba
nunca. Me recorría toda la longitud desde arriba, por delante hasta el pubis,
envolviendo el tronco con la lengua y volvía hasta la cabeza y allí bajaba con
los labios entreabiertos rozando el pene hasta los testículos, los que me lamía
con fuerza y mucha habilidad.

Yo mientras tanto lamía, chupaba y mordía aquellos pies
preciosos y esos deditos tan hábiles, y cosa extraña, la combinación de su boca
y de sus pies me empezaron a llevar, por primera vez en mi vida, al borde de la
sensación conocida de un orgasmo de los fenomenales, sin tener mi pene entre los
deditos de un pie femenino, sino dentro una boca ávida y sensual que sabía muy
bien que lamer, que chupar, que mordisquear, mientras una mano dulce y
profesional me sobaba los testículos hasta que ¡al fin!, llegó desde el fondo de
las entrañas un orgasmo que me hizo gemir de placer, mientras Ana chupaba y
chupaba mi miembro para exprimir hasta la última gota, que se tragó para
homenaje de amor a mi persona, y no paró de chupar hasta que mi pene se derrumbó
entre sus hermosos labios.

Luego se acostó al lado mío, mientras colocaba una pierna
sobre las mías y me acariciaba el pecho.

– ¿Esto es el amor? ¿Así se disfruta cuando es por amor?. Es
más placentero que lo que alguna vez me imaginé, dijo Ana Luz con los ojitos
llenos de lágrimas.

Yo la abracé y le dije que sí, que así era, si ella lo había
sentido, y que yo sentía una sensación de inmensa ternura y que creía estarme
enamorando también.

Nos subimos a la cama, desnudos, nos abrazamos enamorados y
felices y nos quedamos dormidos…

deditos

 

Resumen del relato:
    Gracias a una bella mujer con lindos pies pude tener mi primer orgasmo normal .

Mi inicio en el fetishismo

Mi inicio en el fetishismo (9)

Esta historia que les voy a relatar sucedio cuando cursaba
apenas el segundo semestre de preparatoria.

Eramos un grupo de amigos que siempre andabamos de un lado
para otro.

Fumabamos juntos, tomabamos, en fin lo que hacen todos los
chicos a esa edad.

Dicho grupo era conformado por Carlos cuya casa servia como
centro de nuestras reuniones pues su unica hermana estudiaba en las mañanas y
sus padres trabajaban practicamente todo el dia, asi que su casa estaba todo el
desdesocupada.

Otro integrante del grupo, y el mayor de la clase, Leonardo,
era algo asi como una especie de lider de nosotros. Y por ultimo, Fernando que
era el mas loco de todos y tambien el mas pervertido de todos pues una vez nos
conto a todos como recibia mamadas por parte de su perro, pero bueno, esa es
otra historia, y yo, el mas serio y menos experto en cuestiones sexuales que los
demas compañeros de grupo.

Muchas veces no entrabamos a clases y nos reuniamos en
nuestra guarida, es decir, la casa de Carlos, habia ocasiones en que entre todos
nos cooperabamos y comprabamos una botella de tequila o cervezas y de paso
ibamos con un vecino de Carlos para que nos prestara alguna de sus peliculñas de
su vasta colección de videos XXX y nos sentabamos comodamente en la sala de la
casa a nuestras anchas pues no habia nadie en la casa y no iba a llegar nadie a
la casa sino hasta ya entrada la noche, asi que disponiamos de mucho tiempo para
disfrutar nuestras bebidas y nuestras sesiones de buen cine porno.

Poniamos la cinta en la videocasaetera y al correr de la
pelicula claramente se notaba como la exitacion de cada uno de nosotros iba en
aumento pues se manifestaba claramente por el bulto de nuestros pantalones
aunque todos buscabamos desesperados la mejor forma de ocultarlo.

Pues era uno de esos dias en que estabamos disfrutando dre
una pelicula en la que aparecian dos chicas muy hermosas que se lo estaban
haciendo entre ellas.

Ambas chicas se encontraban ataviadas por fina y hremosa
lenceria. Desconozco el nombre o tipo de las prendas, pero cubrian desde la
parte media de los senos hasta su rica vagina, era algo asi como un bikini de
playa pero de lenceria, tambien traian unas medias muy lindas y al mismo tono
que la lenceria que terminaban con un liguero, una chica usaba un conjunto de
color blanco brillante, y la otra de color azul a ambas les lucia fenomenal su
atuendo. yo nunca habia visto algo tan  exitante y es que las dos chicas
parecia que habian nacido para portar dicha ropa pues les quedaba de maravilla
sobre todo cuando se giraban y se miraba el contorno de sus nalgas y ya ni se
diga de sus hermosas piernas luciendo aquellas lindas medias hasta los muslos.
Se veian como unas autenticas diosas y mientras seguia embobado viendo aquel par
de chicas pense que cualquier chica, por fea que estuviera, si usara lenceria
como la de las chicas se veria fenomenal y levantaria hasta los muertos.

Ya durante el transcurso de la pelicula nadie decia nada.
Todos nos encontrabamos tan absortos viendo la pelicula hasta que Carlos hizo un
comentario que a todos nos sorprendio muchisimo. Y es que comento que su madre
tenia un conjunto de lenceria casi igual al que usaba una de las chicas de la
pelicula. El se referia al de color blanco. Nadie dijo a excepcion de Leonardo,
el mayor del grupo, que le propuso a Carlos que lo mostrara para ver si no
estaba mintiendo.

Enseguida Carlos salio corriendo a la habitación de su madre
y ni siquiera se habia dado cuenta de la tremenda ereccion que traia, o tal vez
no le importaba que todos pudieramos mirarla.a los pocos segundos regreso con el
conjunto de lenceria de su madre,era algo asi como brillante. Leonardo
practicamente se lo arrebato de sus manos y comenzo a tocarlo, a acariciarlo con
un fervor digno de admnirar, pues tal pareciera que estaba acariciando a su
novia. Y lo unico que atino a decir era que era inclusive mas bello que el que
estaban usando las chicas de la pelicua. Todos nos miramos sorprendido por
aquellas palabras que decia Le por lo que Carlos le dijo que si tanto le gustaba
que se le probara para ver como le quedaba. Todos empezamos a silvarle y a
hacerle burla diciendole que se veria muy guapa con ese conjunto a lo que el se
molesto y furioso nos mira a todos diciendo que el no era ningun marica, que no
por el simple hecho de que le gustara esa prenda lo convertiria en un marica y
que se lo iba a probar y que hay de aquel que se burlara o comentara acerca de
esto en la escuela.

Se metio a la habitación de la madre de Carlos y nadie dijo
nada, en parte por temor a el, ya que en varias ocasiones lo habiamos visto
pelear y en verdad que era muy bueno para los golpes. Y tambien nadie dijo nada
porque pues creo que a todos nos provoco cierto morbo y excitación. Y aunque
siento que todos por dentro deseabamos ver a aquella ropa tan provocativa aunque
fuera en el cuerpo de nuestro amigo, nadie dijo nada. Yo, me moria por las ganas
de ver como se le veia

pero no queria ser yo el que lo dijera, asi que me quede
callado.

Fue por fin Carlos el que hablo y nos pregunto que si
queriamos ver a Leonardo vestido tan sexy, todos fingiendo indiferencia, dijimos
que si. Yo en lo personal tenia una ereccion que amenazaba con romperme el
pantalon. Afortunadamnte nadie lo noto o mas bien todos estabamos tan
emocionados que nadie se habia dado cuenta de las tremendas erecciones que cada
uno de nosotros tenia.

Carlos toco a la puerta de la habitación de su madre a lo que
Leonardo contesto en tono molesto que que lo dejaramos en paz por lo que Carlos
le pidio que nos dejara verlo. Leonardo contesto que no, que si no dejabamos de
molestarlo cuando saliera nos iba a dar una golpiza a cada uno de nosotros.
Carlos, tratando de tranquilizarlo le dijo que en verdad queriamos que nos
enseñara su atuendo que todos deseabamos verlo aunque sea unos cuantos segundos,
por lo que Leonardo dijo que nos dejaria pasar solo si nosotros tambien nos
probaramos alguna prenda de la madre de Carlos, asi que nos pusimos deacuerdo en
fingir que aceptabamos sus condiciones con tal de que nos dejara entrar. Y asi
fue, nos dejo pasar y al abrir la puerta casi no pudimos entrar pues todos
queriamos entrar primero. Ya dentro de la habitacion lo primero que nos
encontramos fue a Leo cubierto con una toalla.

Nosotros le pedimos que se le quitara a lo que el respondio
que primero cada uno de nosotros escogiera una prenda de lenceria de la
habitación y que no la pusieramos.

Todos presos de una excitacion desconocida nos fuimos
practicamnte encima de el hasta conseguir quitarle la toalla, tras conseguirlo,
quedo ante nosostros una hermosisimo y fino conjunto de lenceria. Leonardo se
puso todo rojo. Yo creo que por la expresion de nuestras caras o quizas por la
calentura que se sentia en esa habitacion.

Leonardo al sentirse admirado se le fue pasando el bochorno y
entro en un estado de excitación increible, pues todos notamos como en su
preciado conjunto en la parte de la entrepierna algo iba creciendo y conforme
iba creciendo daba a la idea de que iba a reventar aquella finisima tela que
claramente se notaba que no fue presisamente diseñada para contener un pene
totalmente empalado,. Ninguno de nosotros dabamos credito a lo que estabamos
viendo y de la vista quisimos pasar al tacto pero Carlos fue el que se encargo
de darme la mayor de mis sorpresas y no solo a mi sino a todos, ya que se empezo
a masturbar frente a Leonardo y lo estaba haciendo justo a un lado de nosotros.
Lo hacia tan rapido que parecia que queria arrancarsela. Leonardo al sentirse
deseado a tal punto de provocar una masturbada por parte de su amigo,mostro ante
todos una cara de lujuria que nuca habiamos visto ni en las peliculas mas
calientes.Todos nos quedamos sorprendidos, y todos,(a excepcion mio), se sacaron
su pene y comenzaron a masturbarse freneticamente, yo no me uni a ellos porque
me daba mucha verguenza asi que me dedique solo a contemplarlos y uno a uno
fueron corriendose dejando caer su semen al suelo emitiendo ruidos tan sonoros
que estoy casi seguro que el vecino se dio cuenta. Una vez que todos, excepto
Leo y yo, se habian desfogado, me empezaron a reclamar que porque no me la habia
masturbado, que si no se me paraba, entones todos me empezaron a decir que tal
vez necesitaba ayuda.

Leonardo, ni tardo ni perezoso se dispuso a brindarme la
“ayuda” que tan urgente necesitaba y para esto ordeno a todos que me sujetaran y
acostaran en el suelo y asi fue, me tiraron en el suelo y me inmovilizaron
completamente, yo, la verdad no ofreci mucha resistencia y un poco jugando les
ordenaba que me soltaran aunque la verdad eso me comenzaba a gustar. Ellos se
dieron cuenta de eso y dejaron de sujetarme y permaneci en el suelo acostado,
expectante de lo que seguiria a continuacion.

Entonces, Leo, puso una pierna en cada uno de mis costados y
comenzo a bailar sensualmete dejandome una vista panoramica de ese hermoso
conjunto metiendose entre sus nalgas, para ese entonces yo ya no podia mas,
sentia que me iba a explotar la cabeza me saque mi pene que ya estaba
practicamente encharcado de mis fluidos y comenze a masturbarme. Leo comenzo a
agacharse poco a poco tal y como si lo fuera a encular, pero solo me dejo su
hermoso trasero cubierto por aqella delicada tela brillosa hasta quedar a
escasos milimetros de mi pene, asi que solo levanate un poco mi pelvis y pude
tocar con mi glande aquella rica tela que se sentia tan suave, fue una sensacion
muy placentera.

Al estar en esa posicion, con mi pene casi listo para
eyacular apunte directamente a lo que parecia el culo de mi amigo, el cual se le
notaba de forma magistral a traves de esa suave tela y empuje con mi pene, tal y
como si lo quisiera penetrar atraves de esa rica cubierta de tela, al ver esto
mis amigos comenzaron nuevamente a masturbarse con mucho mayor inbtensidad y
Leo, que estaba siendo casi enculado por mi, comenzo a eyacular con su pene
dentro de aquella prenda tan linda y fuen entonces que empezo a moverse
simulando que lo estaba enculando, yo, al comenzar a ver la mancha tan grande en
esa suave tela producto de su orgasmo no pude mas y lo tome por la cintura y
comenze a acariciar todo aquella suave tela y ya no me importo que fuera mi
amigo, yo solo queria sentir aquella textura que comenzaba a ponerme como loco y
lo acaricie por completo, inclusive le toque su bulto cubierto totalmente por
sus flujos en auqella tersa tela y ahi fue cuando eyacule en el trasero de mi
amigo. Fue el orgasmo mas intenso que había exoperimentado en mi vida.

Y creo que en ese mismo momento Leo tuvo otro pues comenzo a
gritar ya bufar como si lo estuvieran golpeando, yo no pude mas e hize algo que
nunca me crei capaz de hacer…..comenze a pasar mi lengua por todo aquel conjunto
de lenceria y yo no queria pasar mi lengua por su entrepierna, quizas por
vergí¼enza a lo que dijerna mis amigos, pero Leo. Al sentir que rechazaba esa
parte de el, me sujeto la cabeza y me dijo que sintiera la textura de la tela al
estar mojada por sus flujos, a lo que yo le respondi que me daba asco y que no
era marica para hacer eso, por lo que el respondio que aqui nadie era marica,
que solo estabamos disfrutando una buena masturbada y que de esto nadie se iba a
enterar volteando a ver a mis amigos los cuales inmediatamente dijeron que
inclusive ellos querian sentir como se sentia esa rica tela.

Dicho esto, entre todos comenzamos a besar todo aquel
conjunto de lenceria como locos, fue un placer muy grande. Leo, al sentir todas
aquellas lenguas, separadas de su cuerpo solo porquella delgadisima y suave tela
se comenzo a tener una tremenda erccion justo frente a mi cara. Yo me decidi, y
aunque nunca habia chupado un pene antes, me lo meti a lo boca tanto como
pude.se sentia delicioso ya que su ereccion le daba tremenda textura a l prenda.
Era increible, era como tener en la boca un pedazo de algo duro, pero con la
textura de un durazno. Esa tela tenia una magia especial, era algo unico y
terriblemente exitante.

Fernando al ver esto, bajo hasta mi cintura y comenzo a
masajearme mi pene, primero muy suvememente, como con miedo y despues con tanta
violencia que tuve que decirle que parara. Yo segui chupando el pene de mi amigo
cubierto por esa suave tela, chupaba y disfrutaba del rico sabor que tenia por
su semen que se encontraba ahiretenido por esa suave tela, cuando volvi a sentir
que mi pene era sujetado nuevamente por alguien que me ponia algo encima de el.
Y no fue sino hasta que voltee a ver que era y v a Carlos poniendome una
pantaleta de satin color negra sobre mi pene. Al ver que lo miraba me dijo que
era de su hermana. Yo no podia creerlo, se sentia de maravilla esa tela, era
algo que nunca habia experimentado, era una pequeñisima pantaleta con pequeños
bordados al frente y todo

el resto de la prenda era tan suave brilloso y liso como
ninguna prenda que jamas haya tocado. Se sentia tan rico en mi pene aquella
textura que inmediatamente comenze a mojarla sin poder evitarlo. Carlos. al ver
esto me dijo que si me gustaba como se sentia a lo que le respondi que si. Tanto
que le dije que me la pusiera bien, como se supone deber ir puestas. Asi que me
deje quitar el pantalon y mis

calzoncillos para dar paso a aquella rica tela tan suave de
la pantaletita.

Carlos la fue subiendo lentamente por mis piernas hasta que
termino por colocarla correctamente, yo sentia que me iba a correr ahi mismo y
peor aun cuando me dijo que me quedaba peciosa sobre mi bulto. Era maravilloso
saborear y sentir con mi lengua aquella delicada tela sobre el pene de mi amigo
y ademas sentir aquella pequeña y suave tela sobre mi pene y mi trasero, yo no
pude mas y me corri en el interior de la pantaleta, sin haber necesitado de
alguien que me tocara ni nada, fue solo por el hecho de sentirla en mi trasero y
en mi pene.

Carlos, al ver que ya la habia manchado me dijo que tenia que
lavarla ahorita mismo para que se secara antes de que llegara su hermana. Y sin
mas, me la quite y le entregue mi lindo tesoro a mi amigo, al igual que Leo, que
tenia ya muy mojada la prenda de la madre de Carlos.

Ya un poco mas calmados despues de habernos corrido como
locos, Leo me pregunto que como se sentia estar dentro de algo tan delicado que
fue diseñado especialmente para las chicas, yo le respondi que se sentia de
maravilla, que era increible como se sentia apricionado el pene, como si
quisiera salirse de aquella tela que se sentia como si aquella tela quemara al
pene pues en cuanto mi pene sintio el contacto empezo a segregar sus flujos y
que sujetaba increiblemente el trasero, como si fueran las manos de alguien pero
mucho mas delicado que cualquier caricia, respondiendome el que si que seria
maravillosos tener que usar todos los dias aquellas delicadas prendas. Yo le
respondi que si, y le prometi que de ahora en adelante solo usaria ropa interior
femenina y que la usaria hasta para ir a la escuela. El me respondio que el en
ocasiones iba a la escuela con alguna pantaleta de sus haermanas y que se sentia
maravilloso tener todo el dia el pene dentro de aquella prenda y que se sentia
mucho mas rico cuando pasaba frente a las chicas y les sonreia como diciendoles
en secreto que sabia exactamente lo que se sentia usar ropa interior femenina,
que era riquisimo decirles con la mirada que el se sentia igual de sexy que
ellas por el simple hecho de traer puestas secretamente unas pantaletas.

Asi que desde entonces me converti en un fetishista completo
de la ropa interior femenina y actualmente tambien de todo lo referente a las
chicas. Bien sean sus faldas, pantalones ajustados, medias, zapatos, etc. sin
atreverme nunca a vestirme como mujer y salir a la calle, aunque de verdad me
gustaria mucho hacelo algun dia.

Espero les haya gustado y por favor espero recibir correos de
personas con los mismos intereses que yo. Hasta luego.

POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Como descubrí lo que realmente me apasiona en la vida.

Las hawaianas de mis amigas lesbianas

Las hawaianas de mis amigas lesbianas (9)

Hola chicos y chicas amantes de los pies, antes de contarles
una historia de adoración de piececitos calzados con havaianas, ojotas, chinelas
o como les llamen en su país, les doy una receta para las chicas lesbis y
fetichistas de los pies de sus compañeras. Por la conformación del pubis
femenino, la posición de los labios y del clítoris, pueden, incluso siendo
adultas, disfrutar de un buen rato de sexo con los pies en una pileta y delante
de todos. Aunque no son fetichistas, una pareja de amigas lesbis (mis emjores
amigas) gozan mucho con esta técnica que les conté como una fantasía, y que
ellas aplican bastante seguido.

Todo lo que se necesita es una pileta, una de las dos sentada
en el borde con los pies dentro del agua (no crucen las piernas para no
despertar sospechas), y la otra como charlando se apoya con los codos en las
piernas de la amiguita, mientras que se monta sobre uno de los pies, tratando de
que el nacimiento de los dedos quede contra el espacio que media entre vagina y
el anillito marrón. Los deditos se levantan hacia arriba para masajear el ano de
la compañera, mientras que la vagina se abre ligeramente y se acomoda sobre el
empeine, que tiene la forma justa para amoldarse a esa zona. De esta manera, el
clítoris estará en la posición justa para ser masajeado por la parte alta del
empeine, y subiendo y bajando lenta y suavemente el piecito, le darás a tu
amiguita un trabajo de pies que nunca se olvidará, sin que los concurrentes se
den cuenta.

Es una técnica muy interesante para los varoncitos, para
subirse a caballito de algún piecito lindo y conocido y sentir algo más que
ganas de tocarlo. Las chicas en general, responden arqueando la punta del pie
hacia arriba por unos segundos. Si se tiene la suficiente confianza, uno puede
apoyar los antebrazos sobre las rodillas y quedarse sobre ese piecito de ensueño
por un rato bastante largo. ¡Traten de disimular la erección!, y podrán hacerlo
muchas veces.

Volviendo a mis amigas lesbianas, tenemos una muy buena
relación de amistad, fuimos amigos desde que me acuerdo, y las dos son amantes y
pareja desde hace más de diez años. Jamás se dejarían penetrar por un hombre, y
ni siquiera les atraen, sólo las mujeres, pero somos amigos íntimos y ellas
sabenal detalle de mis gustos por los pies femeninos desnudos. Hemos hablado
muchas veces, y ellas me dieron varios consejos sobre el comportamiento
femenino. Les he pintado las uñas y les he besado los pies y lamido los deditos.

La primera vez fue cuando estábamos en la casa de una de
ellas mirando películas. Ese verano, ambas andaban de havaianas. Tienen
agradables pies, no son la locura, pero los tienen bien cuidados, la piel es
suave, los deditos bien formados y se los arreglan con gusto con pulseritas y
anillitos y llevan generalmene las uñas pintadas. Les encanta andar en casa de
ojotas y por supuesto, yo me siento a propósito en el suelo entre las dos para
estar cerca de sus pies. Al principio les molestaba un poco, pero como sólo me
agradan, sexualmente hablando, sus piecitos, terminaron por aceptarlo.

Esa tarde de verano habíamos almorzado una pizzas y tomado
mucha cerveza, estábamos agradablemente borrachitos. Yo estaba somnoliento,
sentado en el suelo entre ambas, con la espalda apoyada contar un sillón de tres
cuerpos, mirando la tele. Ellas estaban agarraditas de la mano y tenían los
piecitos calzados con chinelas y las piernitas cruzadas, balanceando suavemente
los pies y ese lindo calzado. Yo estaba agradablemente calentito, por el alcohol
y los pies tan cercanos. Adormecidas como estaban, se dieron varios besitos en
los labios y se acariciaron los senos. Yo me lancé y tomé un piecito muy
próximo, de la tira de la ojota y lo besé suavemente. Hubo una breve sacudida de
cosquillas, pero su dueña me dejó seguir. Susy, la mayor me dijo:

– Hasta ahí, loquito. Hagamos un trato, se te ve caliente y
queremos hacerte un regalito, chupanos los pies, pero no podés pasar de las
pantorrillas ni descalzarnos.

Para que me lo dijo, yo ya estaba caliente, así que sin
sacarles las hawaianas empecé a chuparles los deditos uno por uno. Tomaba un pie
de Susy, lo lamía entre los dedos y bajo la tira de la ojotita y lo dejaba, para
tomar uno de Miriam y hacer el mismo trabajo. ¡Qué placer es lamer los pies de
una chica calzada con ojotas! Este calzado deja el pie totalmente libre para el
adorador, además, aunque no en este caso, son fáciles de sacar. Me puse boca
abajo para apretar mi duro miembro contra el piso, sabiendo que no podía tocar
esos piecitos más que con mis manos, lengua y labios.

Ellas se besaban cada vez con más pasión, y yo arremetía
contra esos pies tan suaves y deliciosos, no queriendo dejarlos.

Estaba tan caliente y les chupaba los deditos con tanta
fuerza, y me sobaba tanto y sin disimulo el pene sobre el pantalón para darme
algo de alivio con mis manos, que Susy se apiadó de mí y me dijo:

– Loquito, la verdad es uqe estás como una moto, seguramente
te habrás calentado con nuestros pies muchas veces. Como yo me reí, me dijo: –
bueno, te pisamos con las hawaianas y te dejo que te hagas una pajita.

Me puse de espaldas en el suelo, ambas pusieron un pie sobre
mi pecho y cruzaron el otro balanceando suavemente el piecito en el aire con la
ojota colgadita de sus deditos. Yo le empecé a dar máquina hasta que exploté,
fue la paja más exquisita que alguna vez me hice, con esos deditos calzados con
ojotas a veinte centímetros de mis ojos, balanceándose y calentándome cada vez
más.

Al final terminé con un enorme suspiro y Miriam me sobó el
pecho con su hawaiana y riéndose diabólicamente me dijo:

– Bueno fetichista loco, estás a nuestra merced, vos nos
viste coger varias veces y nosotras sabemos de tus gustos y te pajeaste con
nuestros pies como objeto de deseo. Estamos todos comprometidos entre los tres.
Aunque bastante mamados los tres, me gustó, porque te queremos mucho, y nos
bancaste muchas veces. Besanos los pies cuando quieras, calentate y hacete la
paja, pero prometenos que sólo los pies. Además me gusta, y creo que a Susy
también, la chupada de deditos, es una sensación fenomenal. Ahora sos nuestro,
más intimidad no puede haber.

Me relajé, besé los pies de las chicas y me fui a dar una
ducha. Al regresar las dos estaban abrazadas y con las ojotas puestas y los pies
como invitándome.

Esto pasó varias veces más, pero siempre como con esa extraña
relación de amigos, nunca como amantes. Cuando necesito pies comprensivos y un
poco de terapia, las veo a las chicas, les como los pies después de que me
calientan haciéndome mirar montándose a caballito una en el pie de la otra o
porque ya llego caliente de la calle o se da alguna otra situación (a veces de
sólo verlas de piernitas cruzadas), y luego me masturbo en la posición de
siempre, con chinelitas cerca de mi cara y deditos traviesos apuntándome a los
labios.

hasta la próxima

deditos

 

Resumen del relato:
    Como mis amigas lesbianas me dieron placer con sus piecitos calzados con hawaianas.

Seis pies y 30 deditos (1)

Seis pies y 30 deditos (1) (9)

Hola a todos, ya estoy grande para jugar al caballito en los
pies de las chicas así que me dedico a otras cosas, como por ejemplo, mirar,
acariciar, besar y chupar pies y de ser posible, tener sexo con ellos, previa
satisfacción a las dueñas con métodos usuales.

Siempre pensé porqué me gustan los pies descalzos o con
hawaianas, las piernas cruzadas, los deditos, la visión tipo giantesses y los
pies limpios. Bueno, algunas respuestas las tuve de las memorias infantiles con
mi tía Olga y la negrita Baión, algo que les relato en entregas anteriores bajo
el mismo seudónimo, deditos. El punto de vista desde un poco abajo y frente,
cosa que se vean los deditos y parte de la planta, debe ser de cuando se me fijó
la afición por los pies, ya que ese debe haber sido el punto de vista del pie
que estaba viendo cuando tuve la primera sensación placentera. Esto es casi
cierto en una teoría psicológica, ya que leí ejemplos de fetichistas a los que
les gustaban cosas parecidas a las mías, por ejemplo, porque tenían mucha
diferencia de edad con hermanas mayores y sus fijaciones fueron con los pies de
ellas. Otro cuenta que su fetichismo por los zapatos de tacón fue cuando
pequeño, bajo la cama, espiaba a su la mucama, y justo cuando sentía su primera
erección, la mujer pisó sin querer su mano con ese calzado. Y así otras
experiencias que les contaré más adelante.

Ahora un relato de experiencias personales de grandecito

Una vez, hace algunos años fui por negocios a la capital de
mi país y al llegar allí empecé a buscar clasificados sexuales referidos a mi
fijación, los incomparables pies femeninos. Después de pensar en varios, me
decidí por uno que decía "Gozá de mis pies" y un teléfono. Con una perversa idea
en mente llamé y pregunté por "la chica de los pies", una agradable risa me
contestó del otro lado de la línea y una voz alegre dijo:

– Yo soy una de esas chicas, me llamo Ana.

– Bueno, que bien, ¿y tus pies se dejan besar?

– Una vez que estás conmigo los podés besar, mirar, tocar,
acariciar, lamer, rendirles honores, lo que vos quieras, rico… contestó la
agradable voz.

Seguimos en contacto un par de minutos más, me contó que eran
cuatro chicas, dos para atender a fetichistas y otras dos a los pedidos normales
de sexo variado.

Quedamos de acuerdo con la dirección y para allá fuí.

Cuando llegué llamé al departamento que me había dicho y la
misma voz del teléfono me preguntó quien era, dije que venía por el aviso y me
dijeron que esperara. Del pasillo de la planta baja se abrió una puerta y una
agradable mujer de unos 40 años, rubia, de pelo corto ondulado, delgada, con
blusa, pantalones y unos elegantes zapatos cerrados me franqueó la entrada al
edificio.

– Hola yo soy Ana, y me dio un beso en la mejilla.

Me tomó de la cintura y me hizo entrar. Cuando entré al
departamento vi una sala muy agradable, con plantas dispuestas con gusto,
sillones y a dos mujeres jóvenes, una contestanto el teléfono, de jean y
zapatillas y otra sentada en uno de los sillones, de minifalda, medias negras
con liguero y sandalias abiertas en la puntera que dejaban entrever unos muy
bien formados deditos, con las uñas pintadas de oscuro. Ana me las presentó;
Marilú la del teléfono y Gloria la de sandalias. La cosa pintaba bien.

Ana me preguntó que servicio quería, y le dije:

– Soy fetichista y me gustan los pies descalzos, pero tengo
una fantasía que quiero hacer realidad…

Marilú había terminado de hablar por teléfono y me dijo:

– ¿Cuál, rico?

– Gozar de los pies de las tres, dije, bien convencido de que
era mi oportunidad…

– Pero yo no hago fetichistas – dijo Marilú – sólo ella y
Belén…

– Pero vos seguramente tenés dos pies muy lindos y estás
desocupada ahora, además no creo que ignores lo que ellas dos hacen con los pies
¿o no?, dije yo.

– Sí, lo sé muy bien, pero nunca lo hice, además alguien
tiene que atender el teléfono, siempre una debe quedar libre…

– Pero, ¿no son cuatro? pregunté.

– Sí, pero Belén está atendiendo un cliente, dijo Ana.

– ¿Puedo esperar? – pregunté – les pago a las tres por dos
horas juntos, cuando salga Belén nos vamos los tres a un dormitorio, y yo te
explico lo que me gusta.

Me dijeron que no se acostumbraba, pero, que bueno, les había
caído bien y recién estaba empezando el día. Nos pusimos a charlar de mis gustos
y lo que Ana y Belén sabían hacer, y a todas luces muy bien. Marilú se descalzó
un pie y cruzó las piernas, tenía las uñas pintadas de rojo y un pie muy pequeño
y gracioso, con deditos delicados y muy apetecibles. Ana hizo lo propio, pero me
colocó un hermoso pie con las uñas pintadas de azul oscuro sobre uno de mis
muslos, deslizándolo desde la rodilla hacia la entrepierna y volviendo, acerqué
mi mano y empecé a acariciar los deditos uno por uno. Eran suaves, firmes y muy
tentadores. Me empecé a poner como una moto y se me subieron los arreboles.

Al rato se escuchó otra puerta vecina y al segundo apareció
la tal Belén. Casi me caigo del sillón donde estaba sentado, era una bestia
vestida con un enterito negro brillante y una sandalias rojas con tiritas
finitas que dejaban ver uno exquisitos deditos, largos, delgados y con esa
graciosa forma que tienen de arquearse al estar su dueña sobre tacos muy altos.
La sandalia tenía una pulsera que rodeaba el tobillo y tenía las uñas pintadas
de rojo oscuro. Se acercó a Gloria, y se sentó en el apoyabrazos del sillón
cruzando las piernas y levantando los deditos hacia arriba.

Yo ya no daba más, esa visión me llevó a que casi me empalara
por la garganta…

– Hola precioso, parece que venís por pies, ¿sos fetichista?

– ¿se nota? – dije con la voz pastosa por la calentura.

Ana le explicó lo que yo quería y Belén aceptó.

Fuimos a uno de los cuartos, allí me desnudaron y me hicieron
acostar sobre una alfombra al lado de una cama, Belén y Marilú se sentaron sobre
la cama una lado de otra, Ana acercó una silla y descalzándose se colocó detrás
de mi cabeza. Yo descalcé a Belén con mucha delicadeza, sin dejar de acariciar
esos espectaculares deditos, las plantas, los talones y el empeine. Mientras
tando Marilú apoyó sus pies descalzos sobre mis piernas y por instrucción de
Belén empezó a acariciar mis muslos y cintura con sus deliciosos piececitos.
Mientras tanto Ana comenzó a frotarme con suavidad la frente, las mejillas, el
cuello, y también deslizaba sus plantas desde las axilas hasta la palma de mis
manos, en definitiva todos los lugares inervados con abundancia. Realmente sabía
hacer muy bien su trabajo. Belén me acariciaba desde el cuello, me pellizcaba
las tetillas con los deditos y bajaba con suavidad hasta el vello de mi pubis y
bajaba hasta los testículos, pero ni ella ni Marilú me tocaban el miembro, que
parecía la torre Eiffel. La calentura me estaba quitando la respiración, seis
pies hermosos, 30 deditos recorriendo mi cuerpo de arriba abajo. Ana metió sus
deditos entre mis labios y yo abrí mi boca ávida para chupar deseperadamente
esos deditos deliciosos, con un muy suave aroma a piel, a cuero y al perfume
embriagadoramente femenino que seguramente se había puesto en la depresión del
tobillo.

De pronto, hubo un cambio, sentí mi tieso miembro recorido
muy suavemente por unos deditos traviesos y me imaginé a Belén haciéndolo, era
una sensación maravillosamente placentera. Por otro lado, Ana y Marilú
intercambiaron sus lugares. Ana se sentó en la cama al lado de Belén, y mientras
ésta seguía con sus caricias localizadas, Ana empezó a acariciarme y pellizcarme
suavemente los testículos y la base de mi hinchado y muy bien atendido pene con
sus pies hábiles y suaves. Marilú siguió con la tarea de Ana y me recorrió la
cara, las axilas y los brazos con esos pies tan pequeñitos y delicados, luego se
movió hacia un costado e introdujo los deditos de un piecito en mi boca,
riéndose un poco porque le provocó alguna cosquilla. Su otro pequeño pie se
apoyó en mi cuello y me comenzó a recorrer el pecho, intercambió los pies
alternativamente entre el interior de mi boca y el resto de mi cara y brazos.
Mientras, bajo mi cintura, Ana y Belén se dedicaban a lo que tan bien
publicitaban en el periódico. Yo quería mirar, entonces Marilú se detuvo un
momento, me colocó un almohadón bajo la cabeza para que pudiera tener una buena
visión del trabajo de las otras dos chicas, y al mismo tiempo se corrió un poco
más hacia mi cintura, entonces acercó uno de sus exquisitos piececitos a la zona
de trabajo de las otras dos, y colocó el pie derecho sobre mis labios, así es
que mi lengua ávida comenzó a lamer y lamer esos deliciosos deditos.

La verdad es que ya no daba más, estaba al borde de explotar,
con diez deditos subiendo y bajando a lo largo de mi miembro duro como una
piedra, otros diez masajeando mis testículos, cinco más acariciando mi vello
púbico en la base del pene, yendo y viniendo hasta el ombligo y otros dos o
tres, y a veces los cinco, ya que los pies de Marilú eran pequeñitos, entrando y
saliendo de mi boca o dejando que mi lengua ávida y entrenada vagara entre cada
dedito, o llegara hasta la planta rosadita y suave.

Las chicas se dieron cuenta de que ya estaba al borde, así
que Belén tomó un pie de Marilú y le hizo apoyar los lindos dedos en la base de
mi hirviente pene, Ana siguió sobando mis testículos con un pie y con el otro se
acopló a Belén en el masaje de vaivén, luego, ya a punto de explotar, Belén se
dedicó a masturbarme la cabeza del miembro con sus maravillosamente hábiles
deditos, el tronco y la parte media estaban sostenidos desde atrás por un pie de
Ana y desde adelante por uno de los menuditos de Marilú, mientras Belén
aceleraba sus ardientes movimientos y Ana me sobaba cada vez con más fuerza los
testículos, pasados unos maravillosos segundos sentí una explosión de placer que
me venía desde las entrañas y revennté en un orgasmo brutal, no sólo genital
sino de todo el cuerpo, Ana y Belén siguieron con su trabajo localizado hasta
que el miembro empezó a ablandarse y a dejar de latir, mientras que Marilú me
acariciaba el torso y la cara con sus pequeños piececitos. Por fin el cuerpo se
me relajó, después de un último espasmo, y las chicas me acariciaron todo el
cuerpo con sus pies desnudos. Cuando me recuperé, vi que sólo había pasado una
hora y veinte desde que habíamos entrado a ese espacio de placer pédico. Pero no
me importaba haber pagado, porque lo que las chicas muy profesionalmente me
habían hecho no lo pagaba la mayor fortuna del mundo. Eso es lo bueno de las
cocottes, sólo una buena explicación y tenés lo que querés hecho cobn dedicación
y esmero.

Con pañuelitos perfumados limpié y sequé los pies de las
chicas y besé cada dedito, planta y talón, charlamos un rato y me preparé para
irme, al salir a la sala, vimos a Gloria, con cara de aburrida y sentada en un
sillón, comentándonos al pasar que no había llamado nadie. Tenía las piernas
cruzadas, así que le tomé un pie y le besé los deditos a través de la seda de la
media y le dije, mañana vas a participar vos. Me despedí de las chicas y prometí
volver, ya que mi trabajo en aquella ciudad me iba a insumir una semana.

Esta es la primera parte, porque efectivamente, a los dos
días volví, mañana se los cuento…

deditos

 

Resumen del relato:
    Cuando uno encuentra varios pies bonitos y dispuestos hay que aprovecharlos…

Mi tía Olga y sus pies

Mi tía Olga y sus pies (9)

En la anterior les conté de mi negrita baión y el juego del
caballito. Prometí la de mi tía Olga. Ya se los cuento.

Para que nos conozcamos más. Les dije ya que me gustan los
deditos, delgados, bien formados y largos. Esas dies perlitas rosadas son las
que más me motivan. Si embargo, me gusta admirar el pie femenino completo y lo
observo integral, completo, incluso los tobilos y las pantorrillas, que me
gustan delgadas y bien formadas. He visto pies muy bonitos, pero con
pantorrillas tipo varón, y pierden enormemente el encanto. De todas maneras, he
visto mujeres poco agraciadas pero con unos pies formidables y mujeres muy
bonita con pies muy feos y poc agraciados. Me gustan las mujers de pies limpios
y con olor a piel, no a pies sucios. Un pie femenino, en general, no tiene olor
penetrante, es más bien como manifesté antes. Olor a piel de pies, que es un
aroma muy suave, casi insinuante y que incita a besar y adorar ese pie. Las uñas
me gustan bien pegadas a la piel y redondeadas, como de nácar, no esas
separadas, como que apuntan para arriba. Además, si no se tiene ciudado,
lastiman la lengua del adorador.

Bueno, vuelvo a mi tía Olga. Mujer alta y bien formada, esas
tipo valquiria, redondeadas, pero muy bien proporcionadas. Más o menos 1,80 de
alto y con unos pies, que…bueno, siempre me dieron vuelta la cabeza. Calza del
40, mucho para una mujer. Pero como es toda proporcionada, los pies también lo
son. Pie delgado y largo, dedos largos y bien proporcionados, casi casi
perfectos. El dedito que sigue el mayor tiene su misma longitud, cosa que me
atrae mucho. Y el dedito más chiquito, el que más me gusta chupar, con esa
deliciosa curvita hacia abajo, al estar arqueado graciosamente, con una uñita
pequeña y redondita. Ella acostumbró simpre pintarse de rojo, o nacarado o sin
pintar. Pero de la forma que fuera, siempre, salvo en inviernos muy crudos,
dentro de su casa siempre anduvo de ojotas con tiritas finitas y cada vez que se
sentaba, puf! piernas cruzadas, pie en el aire, balanceándose graciosamente, a
un ritmo cadencioso, ni lento ni rápido. Y de chiquito, allí fuí yo, ¡a
caballito!. Y ella me hacía ese delicioso caballito en sus pies. A veces yo era
medio cargoso, pero nunca se enojó. Yo me quedaba en su casa después que Baión
se fue para casarse.

La cosa es que ya más grande, entre los 10 y los 13 años era
medio como sospechoso subirme a caballito de esos pies espectaculares. Así que
me conformaba con hacer los deberes en el piso, acostado panza abajo sobre una
manta y con un almohadón bajo el pubis. Mientras, a ciencuenta centímetros de
mis embelesados ojos, ese pie sobre el suelo me daba la impresión de estar
preparado para saltar. Esas uñas a veces rojas (la más linda visión), nacaradas
o sin pintar me llamaban a acercarme. Mientras que el otro delicioso pie, casi
descalzo, o descalzo cuando se le caía la hawaiana, se balanceaba y me llamaba a
montarlo.

Una vez no pude más, estando ella sentada como siempre,
enloqueciéndome en un sillón, o sea que su pie en el aire, forzado por lo bajo
del asiento y por la posición de la pierna, estaba a la altura de mi entrepierna
si me paraba.

Tímidamente, y con una erección brutal para mis trece años,
casi imposible de ocultar con el delgado pantalón corto que llevaba puesto, y
con la cara que me ardía de la calentura, me acerqué a mi tía Olga, me monté
sobre su pié y le dije:

¿Jugamos al caballito?, tía

Ay!, como cuando eras chiquito, me dijo ella riendo…

Entonces me tomó de las manos y me levantó con la punta de su
pie hacia arriba, y sentí sus maravillosos deditos en la entrepierna, y su
empeine contra mis testículos y mi pene hinchado. Fue el acabose, sentí como si
una bomba de placer que hubiera estallado en mi cerebro, se conectara
instantáneamente con mi miembro y desde allí me reventara hacia todo el cuerpo.
Nunca había tenido un orgasmo ¡fue el primero de mi vida!, pero me marcó para
siempre. Fue el placer más intenso que alguna vez haya sentido, fue único,
irrepetible y confirmó mi sexualidad con los pies de las mujeres.

Mi tía se sorprendió tanto que me soltó las manos, se cubrió
la boca con las manos, mientras todo su rostro se reía, pero no de burla, de
sorpresa. Por movimiento reflejo, se tiró hacia atrás, contra el respaldo del
sillón, por lo que su pierna se levantó más arriba, y su pie me dio una segunda
sacudida en las entrañas, por lo que el trabajo involuntario de los pies de mi
tía Olga fue completado exitosamente.

Mientras yo me ponía rojo como un tomate y sentía mojado el
pantalón en la parte de adelante, ella sacó su hermoso pie de donde lo tenía,
descruzó sus piernas y acercó su cara a la mía. Yo estaba austadísimo.

Ella me tomó de las manos, me dijo que no me preocupara y me
dijo que lo que me había pasado era normal para un varoncito de mi edad, aunque
no debía ocurrir con entre tía y sobrino.

Se acomdó en el sillón, me invitó a que me sentara en el que
estaba al frente y me preguntó si podíamos hablar. Mientras tanto volvió su pie
a la posición que amí tanto me gustaba. Se rió de nuevo al ver mis ojos clavados
en su pie descalzo y me dijo:

La verdad es que ni necesito preguntarte si te gustan los
pies de las chicas. Con la forma en que me mirás siempre a mí y a otras mujeres
con los pies al aire, con las revistas de modas recortadas, (quedan todas las
chicas sin pies), y lo que acaba de pasar…

Se quedó mirándome y me dijo que ese iba a ser nuestro
secreto, que ella no se lo iba contar nunca a nadie, pero que no volvería a
pasar nunca más entre ella y yo. Me dijo que me entendía y que iba a guardar mi
secretito, incluso estaba dispuesta a que yo le preguntara cosas sobre lo que
sentía sobre los pies de las chicas. No le iba a molestar que yo la mirara, pero
que tratara de que nadie se diera cuenta. Y que si alguna vez me ponía de novio
con una chica, que tratara de ser discreto hasta que supiera que no me iba a
llevar un chasco. Que no se lo contara a nadie que no fuera de confianza, porque
se iban a reír de mí. Me contó que había hombres que les gustaban otras partes
del cuerpo de las mujeres, y que a mí me había tocado una que no era común. Pero
si para mí era la más linda y excitante, que me quedara tranquilo, que mujeres
de lindos pies sobraban en el mundo.

Cumplió su palabra, nunca más ocurrió nada. Salvo las miradas
mías de siempre a sus incomparables pies, y sus ojos cómplices cuando estábamos
juntos y venían de visita sus amigas, especialmente en verano…

A veces le conté de chicas de las que me gustaban sus pies, y
tuve su comprensión y consejo, y hasta alguna picardía como que les pidiera
jugar al caballito…

deditos

 

Resumen del relato:
    Todos los fetichistas tenemos una tía Mi tía Olga me dió mi primer orgasmo con sus pies sin quererlo.

Nunca jugaron al caballito sobre un pie femenino?

Nunca jugaron al caballito sobre un pie femenino? (9)

Hola fetichistas, varones y mujeres:

Leí la cartita de Carmen, y la verdad es que me gustaría
encontrarme alguna vez con una mujer fetichista de los pies, aunque sea de otras
mujeres. Debe ser muy calentante ver a dos mujeres gozando de sus pies.

Supongo que si son lesbianas no me darían ni cinco de bola,
pero si tal vez besarles y chuparles los deditos.

Les quiero contar algo sobre mío y que tal vez arroje algo de
luz sobre los orígenes del fetichismo de los pies en algunos varones,
complementando los magníficos y sesudos análisis de Adrián.

Lo que más me atrae son las mujeres de piernas cruzadas,
balanceando un pie en el aire, y de ojotas (o hawaianas, o flip flops),
descalzas o con sandalias de tiritas muy finitas, de esas que contienen el pie,
pero lo muestran en todo su esplendor. En ese orden, y el calzado balanceándose
en la puntita de los dedos, o las sandalias con la pulsera desprendida y
llamándonos a meternos entre el espacio que hay entre el pie y la plantilla.
Deditos graciosos tratando de impedir que se caiga el calzado: ¿hay un
espectáculo mayor que ese?. He llegado a estar horas en las plazas, salas de
espera de clínicas, hasta en los velorios!!!, hipnotizado con un pie femenino
balanceándose con elegancia, como invitando a subir a caballito y salir a dar
una vuelta.

¡Jugar al caballito!, eso es lo que yo hacía cuando era
chico.

Recapitulemos, obviamente que mi primera experiencia
placentera con un pie, tanto visual como táctil fue con una mujer de piernas
cruzadas, con mucho de su pie al descubierto y seguramente hawaianas. Repensando
mi vida, tengo varias experiencias de ese tipo, mujer que veía en esa posición,
me le subía a caballito del pie. Digamos que eso, hasta los 7, 8 a lo sumo diez
años, casi no hay problema, pero a los 15 o 17, ya las mujeres calculo que
entran a sospechar.

Creo que tomé conciencia de mi fenomenal atracción por los
pies femeninos con una nana, una morocha trigueña a la que le decía
cariñosamente "Baión". Me acuerdo de ella cuidándome mientras mis padres
trabajaban. Veo en mi mente días de lluvia y los pies de mi nana, ella siempre
andaba de ojotas, y no se pintaba las uñas, pero me acuerdo de pies delgados con
dedos largos y bien formados, uñas grandes y bien adheridas a la piel, suaves y
muy limpios, y sus piernas cruzadas y balanceando un pie en el aire. Ese pie
colgando y subiendo y bajando delante mío era un misterio profundamente
atractivo para mí. Y allí iba yo, con algunos añitos, a montarme a caballito en
su pie.

Obviamente que a esa edad, sólo tengo recuerdos borrosos.
Pero yo me subía a caballito porque intuía que era lindo. Ella estuvo con
nosotros hasta que yo cumplí ocho años, y siempre jugué al caballito cada vez
que me quedaba solo con ella. Me daba vergí¼enza si estaban mis padres. De esa
edad, me acuerdo de recortar pies de las revistas de modas, y guardarlos
celosamente en un sobre. Además de una agradable sensación en la entrepierna
cuando el pie de Baión se apretaba contra mi pubis cuando jugaba al caballito
con ella. Me puse muy triste cuando ella se fue de mi casa. Y nunca más la volví
a ver, pero entre sus maravillosos piececitos y los de una tía mía, Olga,
transcurrieron mis primeros años de adorador del pie femenino.

Piensen, si no se acuerdan de alguna vez de haber jugado al
caballito con el pie de alguna amiga de la familia, vecina, tía, hermana, prima,
mucama o simple desconocida. Aún veo a algunos nenitos haciendo ese inocente
jueguito y los miro pensando en intercambiar cuerpos, para estar allí,
disfrutando de ese pie movedizo y seductor, cabalgando hacia las alturas del
placer que sólo los fetichistas de los bellos pies femeninos podemos sentir.

Enseguida nomás les cuento mi primera experiencia orgásmica
con mi tía Olga, que fue como de casualidad (para ella)…pero inolvidable para
mí. Nunca se repitió…pero para mis trece años fue como una bomba atómica en mi
vida de adorador de los pies femeninos.

deditos

 

Resumen del relato:
    Cómo comencé mis experiencias con los pies femeninos jugando al caballito.