Fetichismo | Tus Relatos Calientes
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Los pies de Scully

Los pies de Scully (9)

Todo empezó cuando Skinner nos envió a investigar un caso en
un edificio de oficinas de Nueva York, nos dijo que se habían recibido denuncias
de que la gente que visitaba el inmueble se transformaba psicológicamente,
modificaba su comportamiento. Tampoco nos dio más detalles. Eso me molestaba a
mi y a Scully, que no pudo evitar el comentario.

- Ala, como siempre, a buscarnos la vida.

- Sí, pero ya deberías estar acostumbrada ¿no?

- A estos casos no se acostumbra uno nunca Mulder, nisiquiera
tú, reconócelo.

Yo callé, pero tenía razón. ¿Qué nos esperaría esta vez?

Nos dirigimos al edificio en cuestión y entramos. Saludamos a
las personas de la recepción, que parecieron totalmente normales. Luego
decidimos coger el ascensor para llegar hasta la planta 15, al parecer muchos de
los casos habían ocurrido allí.

le dí al botón del 15 y el ascensor comenzó a moverse. 1, 2,
3, 4… y de repente ocurrió. El ascensor se detuvo incomprensiblemente entre el
4º y el 5º piso. ¿Qué pasaba?

Después de dar varias veces al botón de la alarma y no
conseguir nada esperamos

pacientemente sentados en el suelo.

Empezó a hacer calor, nos preguntamos si la ventilación
funcionaba. Saqué mi movil para llamar a la central y avisar de nuestra
situación, pero comprobé que no había cobertura alguna en aquel sitio.

- ¡Genial! estamos incomunicados Scully. Solo toca esperar…

Ella emitió un sonido que debía significar algo así como "lo
que faltaba".

Pasaron los minutos y seguíamos sin oir nada. ¿qué podíamos
hacer?

Entonces decidí descalzarme y Scully hizo lo mismo, ya
puestos lo mejor era estar cómodos, no?

Ella iba vestida informalmente. Olvidé decir que este caso
nos pilló en domingo y nuestra indumentaria no era la habitual. Vestía vaqueros
y zapatillas de deportes.

Scully se las quitó y dejó a la vista sus calcetines, que
eran blancos y tenían unos dibujitos infantiles. Concretamente de Piolín. Me
hizo gracia porque nunca me la había imaginado con ese tipo de ropa de niña.

- Molan tus calcetines Scully.

- ¿Ah si? pues tomalos, tengo un calor que me aso.

Se los quitó, me los lanzó a la caray luego se rió. Me
sorprendió esa forma de actuar de Scully, desde luego nunca antes me había hecho
algo así, pero no me disgustó.

Yo no pude evitar oler los calcetines que impactaron en mi
nariz y aquello me gustó.

¡Sus pies olían extraordinariamnete bien!

Pasó un rato largo en el cual yo no podía dejar de mirar
disimuladamente aquellos pies descalzos tan bonitos que tenía Dana. Ella se
dedicó a levantarlos y a moverlos mientras canturreaba. Sus plantas estaban
limpias y no tenían ningún defecto, parecían de una niña. Entonces empezó a
tocárselos, a acariciárselos por el empeine, y finalemente a hacerse cosquillas
en la planta. Cuando ella vio que los miraba con cara de atontado sonrió y puso
su pie izquierdo sobre mi pierna.

-Hazme cosquillitas Mulder, me encantan en la planta del pie.

Empecé a acariciar la planta de su pie con mis dedos, y
sorprendentemente a ella pareció gustarla mucho. Su pie era perfecto, de color
rosado, con un arco precioso, sin un solo defecto. Le pedí al rato el otro pie y
continué con esas cosquillitas tan deliciosas que a ella le parecían transportar
al 7º cielo y a mí me estaban empezando a excitar. Mi dedo índice se deslizaba
por la planta de su pie, luego se entretenía un rato en sus preciosos deditos…
más tarde me atreví a acariciarla con las uñas, y ante mi asombro, a ella
parecía gustarle más!

-Qué gozada Mulder… por lo menos algo bueno está teniendo
la tarde… mmmmmmmm hazme más cosquillitas, por favor… por toda la planta…

Continué con las cosquillas, se las hacía cada vez más
fuertes, recorría toda su planta desnuda de arriba a abajo con mis uñas y ella
no solo no sufría, sino que parecía excitarse poco a poco por cómo empezába a
mover sus caderas mientras gemía tímidamente. Dimuladamente acercó el pié que
estaba siendo cosquilleado a mi entrepierna. Iba poco a poco, parecía como si
las cosquillas que recibía en toda su hermosa planta fueran alimentando ese ser
tan bello e independiente que parecía ser su pie.

-AAAAAHHH…! qué cosquillitas tan deliciosas…!
mmmmmmmmmmmmm

Al rato su empeine ya rozaba descaradamente mi pene que
empezó a ponerse duro. Empezó a mover su pie para arriba, para abajo, para
arriba, para abajo… Dios! Dana Scully estaba acariciando mi pene con su
pequeño pie desnudo! ¡qué momento tan excitante! Scully, con los pelos delante
de la cara me sonrió con gesto pícaro.

-Pero Fox, qué te ocurre? veo que te gusta hacerles
cosquillas a mis piececitos… pues ya sé quién me las va a hacer a partir de
ahora cuando me apetezca… oye, mi pie nota aquí debajo del patalón algo duro.
¿¿Qué te pasa?

Su pie siguió frotando bien mi paquete de arriba a abajo. Yo
no sabía ya si mi excitación podía llegar a un nivel más alto…

-Pero no pares agente, las plantas de mis pies quieren más,
son insaciables, se alimentan de cosquillas y ahora tienen mucha hambre…

No daba crédito. Dana tenía un placer oculto que la volvía
loca! las cosquillas en los pies! y yo podría satisfacerla siempre que ella
quisiera. Me estaba faltando el aire.

-Scully, son los pies más preciosos que nunca vi… y yo sin
saberlo.

-¿Sabes Mulder? cuando a mis pies se le hacen cosquillitas
adquieren vida propia, se vuelven muy traviesos y yo dejo de controlarlos. Eso
debe ser un expediente X, verdad?

-Habrá que investigarlo Scully… debo examinarlos
detenidamente… puedo lamerlos? el sabor puede indicar algo…

-Por supuesto agente, haga lo que quiera con ellos… si la
investigación lo requiere… son suyos…

Los llevé hasta mi boca y comencé a pasar mi lengua por su
desnuda planta, mientras ella gemía de placer…

- Aaaaahhh… chúpalo Mulder… ¡esa lengí¼ita que tienes hace
maravillas!

- Mmmmmmmmmm… Scully, este pie está riquísimo…

Mi lengua seguía recorriendo la planta de arriba a abajo una
y otra vez. El sabor era el más delicioso que nunca probé. Y estaba tan suave…
luego mi lengua buscó entre sus dedos algunas sensaciones nuevas que que a
juzgar por sus gemidos ella enseguida recibió… empezó a introducir su mano por
dentro de su pantalón… ¡Dana Scully se estaba masturbando delante mia! Comencé
a morderle suavemente los deditos e incluso la planta de su adorada extremidad.
í‘ammmm!

-Mulder, qué bien lo haces… comete mis piececitos! aaaaahh!
creo que me voy a correr! aaaaaahhhhhhhh… sigueeee! rascame bien la planta!
aaaaaahhhhhhh…

Dana se estaba corriendo… ante mis ojos, sus manos se
apretaban su entrepierna fuertemente mientras yo le rascaba fuertemente la
planta de su pie. Tras unos segundos en los que yo estaba boquiabierto y ella a
tenor de su cara se encontraba en otro planeta, me habló.

- Dios… ha sido fantástico… me ha encantado… y a mis
piececitos también. Agente, ahora soy yo la que tengo que investigar otro
caso… hay algo por aquí que está cambiando de tamaño sin motivo aparente…

Empezó a frotar con su pie mi polla a través del pantalón,
muy despacio. Me sonreía picaramente y seguía acariciándome. Abrió la cremallera
y saco mi pene, duro y enorme, con su glande rosado y brillante a más no
poder… sus dos pies descalzos comenzaron a frotarlo con una suavidad
increible… parecía que aquellos dos pequeños pies estaban adorando mi polla
como si tuvieran vida propia! era como un trio… sus deditos bajaban y subían
por el tronco del pene con una delicadeza exquisita, como si de seda se
tratara… esto era inenarrable! estaba deseando que los moviera más deprisa,
pero ella lo hacía lento, para excitarme aún más…

-Qué pasa agente Mulder, es que no le gusta este caso en el
que estamos envueltos?

-Scully, dile a tus pies que vayan más deprisa…

Pero ella siguió acariciandome lentamente con sus pies… muy
lentamente… sus dos plantas sujetaban suavemente mi polla, y se deslizaban con
mucho cuidado, arriba y abajo… y luego eran sus deditos los que jugaban con el
extremo de mi miembro… de repente paró. Acercó su boca y empezó a chuparme con
un estilo exquisito… su lengua me acariciaba la pequeña raja de mi pene…

-Mmmmm… pollita rica… mmmmmm… sabes muy bien pollita de
Mulder. Estás saladita… mmmmm

Tras varios minutos succionándola y saboreandola como si
fuera un caramelo, de nuevo sus pies se hicieron cargo de la situación… siguió
acariciandome con sus dedos… toda la saliva que había dejado en mi miembro
hacía que estuviera más brillante y que sus pies se resbalaran y deslizaran a la
perfección por mi pene. Era increíble, sus pies se manejaban con gran maestría,
pero a la vez muy lentamente…

-Scully, por favor, más deprisa, no puedo aguantar más…!

Ella paró y empezó a desnudarse. Se quitó sus pantalones y
dejó ver unas braguitas de algodón con florecitas rosas y con signos de estar
húmedas en su parte inferior que me dejaron bizco. Luego continuó con la blusa,
el sujetador… y por fin se bajó esa ropa íntima tan especial, dejando a la
vista su vientre…

- Pero Scully… lo tienes totalmente depilado!

-Sí Mulder, y es para ti solito… aprovéchalo…

Se tumbó y se abrió de piernas para mostrarme ese coño tan
espectacular. Ahí estaba, abierto ante mí, y no pude evitar lanzarme a chupar
esos labios que estaban nadando en fluídos de excitación. Su coñito era
precioso, con los labios carnosos y de un rosado increíble. Tenía el clítoris
muy duro, prueba de lo cachonda que estaba.

-Follame agente Mulder…

Pero yo quise pagarla con la misma moneda, así que empecé a
chuparla muy despacito para ponerla aún más cachonda, mi lengua jugó un rato con
su clítoris, después me dediqué a su vulva, recorrí sus labios docenas de veces
de arriba a abajo, pero siempre muy despacio… ella gemía y gemía… su coño
estaba lleno de un líquido transparente que para mí era como un elixir mágico.
Le brotaba de la vagina y le caía por su ano lo cual aproveché para que mi
lengua bajara a explorar esa zona que increiblemente olía a perfume. Toda Dana
era un ser perfumado. Se la podía oler y chupar enterita y disfrutar de todas
esas sensaciones. Mi lengua recorrió todos los rincones una y otra vez con un
ansia increíble.

-Aaaaaa… mmmmmmmm… aahhh! Fox, chúpame enterita… ¡me
estás volviendo loca de placer!

-Dana, ahora te vas a enterar de lo que vale un "pene"…

Le introduje mi miembro hasta el fondo, una y otra vez
mientras ella no paraba de gemir. Yo mientras la penetraba tenía cogidos sus
pies y aprovechaba para que mi lengua le siguiera haciendo cosquillas en sus
plantas, lo cual le excitaba aún más. Mi polla sentía un calor extremadamente
agradable cuando se sentía dentro de ella, era como estar en el lugar más cálido
y confortable del mundo.

-Sigueme haciendo cosquillitas en los pies mientras… y
fóllame agente!

Follamos durante un buen rato, y nos corrimos a la vez, entre
gritos de placer que debieron hacer saltar todas las alarmas del pentágono.

Luego, el ascensor se puso en marcha y subió hasta nuestro
lugar de partida.

-Scully, será mejor que nos vayamos a casa… otro día
continuaremos este caso, no crees?

-Será lo mejor Mulder… pero… ejem… por qué no te pasas
por mi apartamento y me haces unas cosquillitas en los pies? aún tienen hambre.

Yo creí que me desmayaba… pero naturalmente dije que sí.

 

Resumen del relato:
    Mulder y Scully se ven encerrados en un ascensor y él descubre la aficción de ella por ser cosquilleada en los pies.

Atracción por las pantymedias de mi terapeuta

Atracción por las pantymedias de mi terapeuta (9)

Este relato es verdadero.

Titulo: Atracción por las pantimedias de mi terapeuta
(Fetichismo)

 

Asisto a unas sesiones de Biofedback, Marisa una psicóloga de
unos 35/40 años.

Después de la sesión de Biofedback, Hablamos sobre la
película ítame; Marisa, me cuenta que Ella, no la había visto. Pero que una
amiga, le había comentado la película a Marisa. Según Marisa a una mujer, la
atan para hacerle el amor.

Le pago la sesión a Marisa. (Marisa tenia puesta una
minifalda & [Medias nylon Negras]). Antes de bajar, -le pregunto a Marisa, sí me
permitía tocarle, las 2 Medias nylon (negras). -Marisa levanta una de las
piernas. Y me contesta -Té dejo tocarme una sola. Yo le pase la mano,
acariciándole la pierna, sintiendo la Media nylon (negra).

Marisa, me dice que hablemos, me invita a sentáramos. Nos
sentamos y me dice, que a Ella, no le molestaba. Que Yo le tocara las medias de
nylon, pero que no estaba bien.

Después, me pregunto, si a mi Madre también le pedía eso. Yo
le conteste que no. Entonces, le pedí, que cuando se le rompieran unas medias.
Si me las podía regalar.

Marisa, me dijo que cuando se les rompiera. Las iba a tirar a
la basura. Que no me las pensaba regalar.

Después me dijo. ¿Por qué no me compraba unas medias?. Yo le
pregunto, como podía hacer. Marisa me dijo, que vaya a una lencería y que
comprara unas medias de nylon. Yo le pregunte, y si me preguntan, ¿para qué? Ó
¿para quien?. Que dijera que son para mí Madre.

Entonces le pedí que me recomendara una marca. Marisa, me
contesta. No sé, no recuerdo. Luego me dice, compra, la marca "Topacio".

Después de lo de Marisa, fui al centro de Martínez, entre a
la primera lencería, al entrar me atiende una señorita, y me pregunta. -¿En que
te puedo ayudar?, -estoy buscando un par de medias. -¿para vos?

–No estoy buscando medias de nylon. -¿Qué talle?, me
pregunta. –Me mataste, como alguien de mi estatura, le contesto. -¿Alguna marca
en especial?, me pregunta. –Le contesto, si "Topacio", recordando el nombre que
me había dado Marisa. -¿Y de que color, quieres?, Mostrándome el muestrario:
Introduciendo la mano cerrada, para mostrarme la textura. –Negro, quisiera de
color negro, (recordando el color de las medias de Marisa).

La vendedora se dio vuelta, busca una caja como de zapatos,
al abrirla. Estaba llena de medias nylon. –Ella me volvió a preguntar ¿negras me
habías dicho?, sacando un rectángulo de cartón cubierto con un sobre de
plástico. -Sí negras, por favor, ¿cuánto es?, Gracias. Pague y salí guardando en
mi mochila un par de medias de nylon idénticas a las de Marisa.

 

Resumen del relato:
    Marisa que voz de curiosa me pregunta. -¿Qué queres hacer Pumuckel?. –Yo le pregunto, sí le podía tocar las 2 Medias de nylon. Y Ella cruza una de sus piernas y me dice. –Te dejo tocarle una sola.

El pantalón

El pantalón (9)

Tras acabar la visita a un posible cliente de Santander,
paseaba absorto en mis cosas, cuando he pasado por delante de un escaparate de
moda, y un articulo me ha llamado poderosamente la atención. Un maniquí tenia
puesto un pantalón blanco de piel que con la iluminación y el espacio dejado a
su alrededor, destacaba del resto de artículos del escaparate.

El pantalón era precioso, se le veía elástico y como un
relámpago has venido a mi cabeza, "ese pantalón le quedaría a Rosa de
maravilla".

Siguiendo un impulso irresistible, he entrado dispuesto a
adquirirlo para regalártelo, cuando he preguntado por el pantalón, se han
encendido los ojos de la dependienta, debe ser carísimo, he pensado. Al cabo de
un rato, ha vuelto con el pantalón en una caja, y me ha empezado a descubrir sus
cualidades, mientras, no he podido resistir la tentación de tocarlo, su tacto
era delicioso, he pasado de tocarlo con dos dedos a pasar mi palma por su
textura, la dependienta ha callado y he visto en sus ojos una mirada de asombro,
seguro que pensó mal, ja ja, seguro que acertó.

Mientras he valorado el tamaño y lo he comparado con el
recuerdo de tu cuerpo, pareciéndome que encajaba a tus medidas. Ante su mirada,
solo le he dicho, "me gusta, me lo llevo, envuélvelo para regalo".

Procurando no rozar mis manos, ha recogido el pantalón y ha
vuelto a desaparecer por un rato, tras el cual y después de abonarle la
cantidad, he salido con una bolsa en la mano y una idea en la cabeza.

Siguiendo mi impulso, he parado un taxi y le he dado la
dirección de tu casa, que me enviasteis el otro día, habíamos quedado que te
llamaría antes, pero era casi la hora de la llamada y decidí hacerlo desde el
taxi para avisarte de mi llegada, tu no has puesto reparos, y me he alegrado de
ello.

Ante la puerta de tu casa, al llevar mi mano al timbre, he
notado un ligero temblor, muy internamente temo tu recepción: la bella y la
bestia.

Has abierto la puerta, y me he presentado

Hola Rosa, soy Jose Luis

Hola Jose Luis, pasa! – cogiéndome de un brazo para
introducirme, has cerrado la puerta, y me has dado dos besos de saludo.

Por un momento nos hemos quedado en silencio, valorándonos
mutuamente, no he podido evitar mirarte de arriba a abajo, eres preciosa!,
llevas una camiseta blanca que desvelan tus pezones, y un pantalón corto azul
muy bonito. Tus piernas se cubren con unas medias oscuras y lo rematas con unos
zapatos negros con ligero tacón.

He vuelto a tu cara, a tus ojos, a tus labios, tienes una
cara simpática, con una sonrisa maliciosa. Me has sacado de mi contemplación

Que? Que te parezco?

Maravillosa, Rosa, maravillosa!

Anda, anda, pasa y siéntate. Que tal el negocio? Ha salido
bien?

Si, creo que si, en unos días tendré la respuesta

Me has llevado mientras a un sofá, en donde te has sentado
invitándome a hacer lo mismo con un gesto, lo he hecho a tu lado.

Y yo? Que te parezco? – te he preguntado

Bien, no pareces tan mayor como dices – nos hemos reído los
dos al tiempo

Joder Rosa, tenia muchas ganas de conocerte, eres
preciosa!!

Que exagerado!, me pondrás colorada! Tu es que eres muy
galante.

No Rosa, de verdad, eres maravillosa – he insistido
mientras volvía a recorrer todo tu cuerpo con la mirada.

Quieres tomar algo?

Lo mismo que tu – te has levantado para ir a por las
bebidas y has dicho "ponte cómodo, ahora vengo". Me he quitado la gabardina y
he puesto la bolsa de la tienda en un sillón cercano, tapándola con la
gabardina.

Tu casa es como tu, preciosa, la decoración la hace muy
acogedora y el sofá y los sillones combinan con el tono de las paredes y la
decoración, el clima es agradable, y el salón es despejado.

Al poco has regresado con dos vasos, y una botella de malta,
me has preguntado si quería hielo, y ante mi negativa, te has vuelto a sentar
dejando la bebida sobre una mesa próxima, inmediatamente has servido dos culines
de whisky y me has ofrecido uno, hemos brindado mirándonos a los ojos.

Hemos estado un buen rato hablando de cosas como tu casa, mi
trabajo en Santander, el tuyo, de Ana, que no estaba, llegaría mas tarde, del
Windows 95, del NT, de tu PC, de tus compañeros, el tiempo ha volado, ha sido un
rato en que me he encontrado muy a gusto, en un momento me he quitado la
chaqueta y la corbata, siguiendo tu invitación.

No se como, ha salido el tema de la ropa, me has comentado tu
lista de ropa y me has ido enseñando algunas prendas, eran realmente preciosas,
no se si has visto en mi mirada el deseo, pero de repente has parado y te has
vuelto a sentar a mi lado.

Son preciosas Rosa, y esto que llevas ahora también te
sienta estupendamente – mientras te he acariciado una pierna -, estas medias
son muy bonitas y el pantalón – he subido mi mano por tu muslo – te queda de
maravilla, tienes pinta de una colegiala traviesa.

Tu no has dicho nada, y me has mirado con esos ojos profundos
que tienes mientras esbozabas una sonrisa. Te has acercado a mi, y yo he hecho
lo mismo, te he besado en los labios suavemente, recorriéndolos con los míos y
con la punta de mi lengua, mientras mis manos han empezado a acariciarte todo tu
cuerpo, nuestros cuerpos se han unido y he notado tu calor, tu pecho contra mi
pecho, una mano recorre tu culo y la otra tu entrepierna, el calor que transmite
me anima.

Has abierto mas la boca, ofreciéndomela, y mi lengua ha ido
en busca de la tuya en un largo beso fuerte y húmedo, te has reclinado hacia
atrás, y he caído encima de ti, eso me ha permitido meter la mano dentro de tu
pantaloncito, y acariciarte mejor tu sexo, llevas panties. El calor que
desprende tu entrepierna se va humedeciendo al mismo tiempo que noto el inicio
de una erección, no puedo creerlo, necesito verlo, verte que estas aquí, y yo
contigo, me separo de tus labios y quedo semi-incorporado sobre ti, tu me miras
y te sonríes, con esa sonrisa cautivadora que tanto me encanta.

Te he traído un regalo

Si? Que es?

He sacado la bolsa y de la bolsa el paquete de regalo y te lo
he dado, te has incorporado para abrirlo y mientras tomo otro trago de ese buen
malta, has quitado todo el envoltorio extrayendo los pantalones, al verlos, lo
has extendido y has exclamado

Son preciosos!! Gracias – me has dado un beso en los labios
– me los voy a probar ahora mismo

No! – te he cortado – déjame que yo te los ponga

Has cerrado un poco los ojos mientras esbozas una sonrisa
cómplice, entregándome los pantalones, y te has quedado de pie como invitándome
a que me levantara.

Antes hay que desnudarte, siéntate – te he cogido de la
mano guiándote al sofá

He cogido tus pies y los he puesto sobre mis rodillas,
lentamente te he desabrochado los zapatos, acariciando tus pies, por ultimo les
he dado un pocos besos. Deslizando mis manos por tus piernas he llegado hasta tu
pantaloncito y he tirado de el para sacártelo, tu has elevado un poco el cuerpo
para permitir la operación. Al dejar al aire el panty, he visto que no llevabas
bragas debajo.

Inicio la operación de irte quitando el panty, al hacerlo
queda al descubierto tu pubis y tu preciosa rajita, antes de acabar de sacarte
el panty, estoy besándola como loco, tus pies quedan sobre mi bragueta y me
froto contra ellos la erección que me provocas.

Recupero mi posición y termino de sacarte el panty,
aprovechando todo lo que puedo para acariciarte las piernas al hacerlo. Al
quedar tus pies al aire, vuelvo a llevármelos a los labios para besarlos,
mientras acerco el pantalón y lo preparo para írtelo poniendo. Meto tus pies por
ellos y como un guante, voy llevándolos hacia tu cintura, es delicioso el tacto,
me estoy poniendo a 100, según los voy extendiendo acaricio tus piernas a través
de ellos, se te ajustan como una segunda piel.

Para terminar la faena, tienes que levantarte, tu pubis queda
a la altura de mi nariz, y me llega el perfume de tu coño, le doy besos,
mientras sigo subiendo los pantalones y me lo impide. Por ultimo me levanto para
tirar de ellos y que queden bien ajustados a tu culo y tu coño, para
cerciorarme, vuelvo a sentarme y paso mi mano por la entrepierna enfundada en
ellos, te quedan de maravilla, es una delicia, te giro para ver el efecto en tu
culo y es perfecto. Tu haces una flexiones para terminar de ajustarlos y te
abrochas la cremallera.

Te quedan perfectos, temía que no acertará con la talla.

Si, están bien, además como son elásticos quedan
perfectamente, son preciosos Jose Luis

La percha es la preciosa

Voy a mirarme – y te has ido a otra habitación, mientras he
tomado otro trago, lo necesitaba

Ven!, mira!

He seguido el eco de tu voz, hasta lo que parecía ser tu
dormitorio, estabas de pie mirándote en un espejo de cuerpo entero.

Si, estas matadora, te sientan de película, da gusto
contigo, hay que saber llevarlos y te quedan fabulosos.

Has girado varias veces para ver el efecto en el espejo, y yo
me he sentado en la cama contemplándote. Has parado y te has vuelto hacia mi
abrazándome y besándome mientras me dabas otra vez las gracias. Yo te he tirado
hacia mi echándote en la cama, y poniéndome encima tuya. El beso ha sido
especial, preámbulo de una pasión que me late en la bragueta. He recorrido tu
cara con mis labios, para luego ir bajando por tu cuello y tus pechos, sobre la
camiseta he mordisqueado tus pezones, que han endurecido, y he seguido bajando
hasta tu entrepierna, mis labios han acariciado el pantalón, y mi lengua ha
lamido cada centímetro de tu entrepierna, mientras, me he quitado la camisa,
necesito sentir el roce de tu piel enfundada, en mi cuerpo.

Mi lengua se vuelve loca contra el pantalón, desea
atravesarlo para saciarse con el sabor de tu coño que esta detrás, mis manos
acarician tu culo y mi polla va a explotar. Me quito los pantalones quedándome
en calzoncillos, en ese momento me paro, un temor me invade, tu lo has notado.

Que te pasa?

Rosa, no soy ningún superdotado, y a mis años ya no es lo
que era

Pero eres tonto? Anda deja de decir tonterías, vamos a ver
esa cosa tan enana – has exclamado irónicamente

Y te has incorporado para quitarme tu los calzoncillos, yo me
he quedado quieto indagando tu cara en espera de algún gesto que me indique tu
impresión, pero sin quitarte la sonrisa de la boca, me has mirado diciendo

Las he visto peores, cariño

Y sin darme tiempo a responder, has empezado a besarla y a
chuparla

Lo ves, tontin? Esta bien! – has dicho sonriéndome

Te he levantado y te he besado, este beso es de cariño pero
muy sentido, nuestros ojos se miran cómplices. Vuelves a tu posición anterior y
yo me siento sobre tus pies para tener mi polla en contacto con el pantalón, e
insisto en el ataque con mi lengua a tu coño cubierto.

Al levantar la vista, veo sobre un perchero varios pañuelos,
los cojo mientras me observas con curiosidad, y acercándome por detrás de ti, te
pongo uno sobre los ojos para vendártelos, tu haces un gesto de desaprobación,
pero al ver que ni uso fuerza ni violencia, tras un instante de quietud, te
dejas hacer. Te pongo el pañuelo sobre los ojos vendándotelos, luego cojo otro y
te lo ato a una muñeca de la misma forma, sin presión, y ato el otro extremo al
cabecera de la cama, la atadura no es tal, basta un ligero tirón tuyo para
deshacer el supuesto nudo. Hago lo mismo con la otra muñeca.

En esa posición empiezo a quitarte el pantalón, sin hacerte
ninguna caricia extra, sin recrearme en tu piel. Luego al intentar quitarte la
camiseta los nudos se deshacen por lo que tras quitarla vuelvo a hacerlos de la
misma forma. Te abro las piernas. Estas sobre la cama desnuda, con los ojos
vendados y supuestamente atada de manos, las piernas abiertas.

Te contemplo largo tiempo, forma parte del juego dejarte
intrigar por lo que voy a hacer. Procuro no hacer ruido para que no sepas donde
estoy o que hago. Tu estas expectante, quieta.

Que estarás imaginando? No puedo evitar que notes mi
presencia, mi respiración o leves ruidos hacen que muevas levemente la cabeza
siguiendo el sonido.

Tras un tiempo que estimo oportuno, inicio mi actuación, me
acerco a tu cuerpo, evitando tocarlo, pero lo suficientemente cerca para que
notes mi respiración sobre tu piel, empiezo por el pie derecho, recorro a
centímetros todo tu pie, siguiendo su forma, respiro dirigiendo mi aire hacia tu
piel, paso al otro pie y hago lo mismo.

Pongo mi cabeza entre tus piernas y las voy recorriendo
lentamente con la misma técnica desde tus tobillos, te estoy explorando
centímetro a centímetro evitando siquiera rozarte. Poco a poco voy subiendo por
tus muslos, son maravillosos, me cuesta mucho retener mi lengua y no lamértelos.
Llego a tu pubis, mi nariz esta a milímetros de tu coño, y observo detenidamente
cada pliegue de tus labios, enviándoles mi respiración.

Sigo subiendo muy lentamente por tu vientre, rodeo el
ombligo, y llego a tus pechos, tengo tus pezones a milímetros de mi lengua pero
solo los contemplo, noto que me sientes, noto que se erigen, paso mi cara entre
ellos y subo hasta tu cuello que rodeo evitando tocarte en parte alguna.

Al llegar a tu boca, sonríes, me sientes, me dan ganas de
besarte, pero aun no toca.

Me retiro lentamente, y te dejo otro rato en mi
contemplación, eres preciosa. De la misma forma que antes, ahora subiéndome en
la cama, procuro que nada te toque excepto mi polla, solo mi glande, que empieza
a acariciarte la planta de los pies, las llemas de los dedos, el empeine, los
tobillos, el interior de los muslos, despacio, suavemente, llego otra vez a tu
coño, y mi polla lo acaricia con suavidad, explora todas sus partes y sigue por
tu pubis y tu rizado pelo. Tu has iniciado leves movimientos, deseando mayor
contacto, pero los evito retirándome lo justo para frustrarlos.

Mi polla te recorre el vientre hasta tu ombligo, va a tus
costados y sigue hasta tus axilas, inicia la ascensión de tus pechos y se
entretiene con tus pezones, voy pasando de un lado a otro de tu cuerpo,
arrastrando la polla por tu piel, sigo subiendo hasta tu cuello, lo recorro, de
lado a lado, llego a tu mentón y rozo tu labio inferior, sigo por los lados
acariciándote los lóbulos de las orejas. Paso por tu labios, intentas besarla,
pero lo impido en cuanto veo el inicio del gesto, te acaricio la nariz y vuelvo
a tus labios, la dejo reposar un momento sobre ellos y luego me retiro.

Te doy la vuelta y los nudos de las muñecas se desatan, te
pongo a cuatro patas y elevo tu culo al máximo, inicio la misma acción, la punta
mas sensible de mi polla acaricia tu culo, tu ano, tu raja, tus glúteos, luego
asciende por tu espalda para volver a acariciarte el ano.

Me retiro un momento y oyes como vuelvo al salón, para
regresar enseguida.

Comienzo a lamerte todo lo que mi polla acaricio en tu culo,
mi lengua lame tu ano, y toda la zona. Tu inicias una respiración mas fuerte.
Por un momento te dejo sin tocarte para vertirte sobre tu culo unas gotas de
aceite que he triado, al caer sobre tu piel, te estremeces, forman un pequeño
charco sobre el culo, con mi polla, lo extiendo y lo dirijo a tu ano, la froto
fuerte contra el para que el aceite te impregne, tu mueves el culo.

Cuando considero que esta bien lubricado, inicio la
penetración de tu precioso ano, lentamente, suavemente, es una gozada ver como
entra. Tu lanzas unos leves gemidos. Para poder introducirla bien, a cada avance
la saco y la restriego contra el aceite que queda en tu piel, adentrándome cada
vez mas en cada penetración.

Llega un momento en que mi modesta polla, esta al máximo
dentro de ti, e inicio la follada cogiéndote antes de los pezones con los dedos
y apretándolos.

Cariño foliar tu culo es delicioso!, tus gemidos se hacen mas
sonoros y dentro de ti noto tu presión contra mi polla, mientras te bombeo.

Una mano libera un pezón, y se dirige a tu coño, empieza a
estar húmedo y mis dedos buscan dentro de tu tesoro, mi polla nota mis dedos, es
el paraíso.

Cada vez gimes mas y te humedeces mas, me separo y cambiamos
de postura, yo me pongo tendido en la cama y te guío, aunque parte de la venda
se ha movido, para que te coloques sobre mi, de rodillas, te voy acercando hasta
mi polla que se introduce fácilmente en tu húmedo coño, en esta posición,
comienzas a moverte, mientras acaricio tus pezones y pechos.

Cuando llevas un rato saltando sobre mi polla, te hago
separarte para que de cuclillas te metas mi polla por el culo, al hacerlo tu
coño sobre mi pubis se abre, es una visión que requiere de mis manos para
acariciarlo y frotarle el clítoris, mientras vas elevándote e introduciéndote mi
polla en tu culo, tu cara refleja tu placer, y tu coño se humedece mas.

Cada vez tu movimiento se hace mas violento, y procuras al
mismo tiempo que mi polla te llegue profundamente y que mis manos se restrieguen
por tu coño. En un momento dado, paras entre convulsiones y tus pezones se
erigen aun mas, lentamente te dejas caer sobre mi, estamos sudando, y nuestros
labios se encuentran, tu respiración es agitada, y estas un rato quieta hasta
estabilizarla, mientras yo he acariciado toda tu espalda, y toco tu ano
perforado por mi polla, me encanta sentirla así.

Con el éxtasis y el movimiento, la venda se cayó hace rato,
cuando ya estas mas estable me miras y sonríes, me besas y lentamente vas
bajando por mi pecho al mismo tiempo que mi polla va saliendo de tu culo.

Besas mis pezones, mi pecho, vientre y llegas a mi polla que
sigue erecta, tu coño ha quedado sobre mi pie derecho que nota su humedad.

Comienzas a lamerme la polla, y en poco tiempo me haces
llegar al paroxismo, cuando notas que voy a correrme, dejas que lo haga fuera de
tu boca, y un chorro de semen empapa mi vientre y mi pecho.

Chupas las ultimas gotas de mi polla, y lentamente, vas
restregando tu cuerpo sobre el mío, juntando semen, sudor y piel, hasta llegar a
mi boca, tu lengua me lame los labios y la mía busca su encuentro.

Paras, y abro lentamente los ojos

Me encuentro con tu sonrisa y tu mirada picara mientras dices
"el comienzo de una gran amistad, eh?", yo sonrío y te abrazo.

 

Resumen del relato:
    Que bonito es un pantalón en un bonito cuerpo.

La Bruja

La Bruja (9)

Cuando me enteré de que la chica con la que me había
acostado, amiga íntima de mi novia, era una bruja, no supe cómo reaccionar; me
dio miedo, terror, y ese miedo pudo más que mi amor, así que, craso error,
amenacé con descubrirla, delatarla, aunque no sabía bien a quién.

Estábamos en su casa, acabábamos de hacer el amor, y sus
profundos ojos negros me estaban mirando fijamente cuando yo estaba de los
nervios; su cuerpo desnudo sobre la cama, su melena negra azabache desparramada
por la almohada, sus pechos erguidos y desafiantes, todo hacía que perdiera la
cabeza por ella, pero estaba tan asustado que no me paré a pensar en lo que
estaba diciendo.

Entonces, mientras me estaba vistiendo, Esther se concentró,
me miró, apuntó su dedito hacia mí, y antes de que me pudiera dar cuenta, me
encontraba dentro de una jaula de un tamaño que apenas me mantenía encogido. Me
revolví, gesticulé, grité, pero solo provoqué que ella volviera a apuntar su
dedo, y me vi rápidamente fuertemente atado y amordazado.

Me explicó que la única forma de controlarme es cuando
estuviésemos juntos, a escasos metros, por lo cual ya nunca se separaría de mí,
por mucho que yo protestase; ya podía ir olvidándome de todo, de mi novia, de mi
familia, de mis estudios, de mi vida, y que a partir de ese día solo viviría por
servirla, adorarla y darle placer. La verdad es que estaba en sus manos, ya que
con un movimiento de su dedo podía hacer de mi lo que quisiese; me había puesto
una mordaza en un instante, a lo mismo que las ataduras, y la jaula, algo más
grande no le había constado ni un segundo.

La jaula desapareció en un visto y no visto, y mi mordaza
desapareció también; fui levantado por una fuerza desconocida, levitado unos
centímetros y acercado a la cama donde Esther estaba echada, desnuda y
acariciándose el sexo. Mi cabeza fue llevada hacia su entrepierna, y aunque yo
quería girarla, aquella fuerza me lo impedía, con lo que mi cara quedó
perfectamente encajada. Entonces, aunque seguía mi cuerpo elevado en el aire, la
fuerza que me mantenía la cabeza desapareció, pero sin un momento para
relajarme, las manos de Esther me la cogieron y la apretaron contra su sexo
ávido de placer.

Mi nariz se enterró en el bien recortado monte de venus,
mientras mis labios se pegaban como una ventosa a sus labios vaginales, pero mi
lengua se negó a dar el placer que la bruja buscaba. Agarrándome por los
pabellones auditivos, aplastó más mi cara en su coño, instándome a que le
proporcionara lo que buscaba, pero como yo me negaba, conjuró una nueva treta;
yo sentí como si una lengua saliese de su propio coño, se enroscara a mi lengua
y la atrajese hacia el interior de la gruta. Cuando mi lengua entró en su coño,
la extraña forma que me la tenía atrapada la guió hacia las zonas que excitaban
a Esther, así que le hice una mamada dirigida que le llevó rápidamente al
placer. Se corrió abundantemente, en mi boca, e incluso la forma que tenía
atrapada mi lengua introdujo sus flujos en mi boca, empujándolos hacia mi
garganta a medida que emanaban, obligándome a tragarlos. Una vez satisfecha,
soltó mi cabeza y con su dedo me envió, a un metro de altura del suelo, a un
rincón de la habitación. Volvió a amordazarme.

Se pasó un buen rato pensando, cavilando, caminando de un
lado a otro de la estancia, meditabunda, mirándome de vez en cuando, una veces
con ternura, otras con curiosidad; finalmente se paró delante mío y me dijo que
le había estado dando vueltas a cómo me iba a tener siempre cerca, ya que para
tenerme siempre el control sobre mi debía estar siempre a menos de dos metros de
mi y encontró la mejor solución, tanto para arreglar aquella situación como para
obtener un extra de placer durante todo el día. Me sacó de la jaula una vez más,
me mantuvo desatado, de pie, pero inmóvil, y concentrándose, lanzó su dedo
contra mí. Cuando, lo hizo un escalofrío recorrió mi cuerpo, y al momento todo
cambió; yo podía ver la habitación, pero lo hacía como si estuviese tumbado en
el suelo. Veía el techo, pero me sentía el cuerpo extraño, siguiendo en la
inmovilidad en la que antes estaba.

Esther se acercó a mí, la vi agacharse y agarrarme. ¿Podía
subirme como si fuera un folio? Entonces pensé en qué me había convertido, y
para que tuviera plena consciencia de mi situación, me llevó hasta un espejo.
No, no podía ser, no podía creérmelo; Esther, sosteniendo en sus manos, mostraba
al espejo unas braguitas de algodón blanco, del tipo pantaloncito corto,
aparentemente normal, pero que yo supe que era yo mismo. Ya no tenía dudas de
que estaba completamente en sus manos, que no tenía escapatoria, y de que nadie
en el mundo sabría nunca de mi paradero.

La bruja entonces se dispuso a ponerse las braguitas; yo noté
como si abarcara sus piernas con mis brazos, y sentí cómo sus muslos se
deslizaban por mis biceps, acercándose su culo más y más a mi cara. Cuando las
tuvo puestas, sentía mi nariz entre sus nalgas, con la punta apoyada en su botón
rosado, mis ojos cegados por los glúteos y mi boca pegada a su sexo. No era una
sensación de dolor sino de bienestar, cosa de la que me sorprendí; acaso una
cierta sensación de ahogo, no, no de ahogo, sino de algo que me llenaba, como
una máscara. Cuando empezó a caminar sentía sus nalgas sobando mi cara y sus
labios vaginales restregarse en mi boca, pero tampoco era una mala sensación.

Pero cuando se sentó todo cambió; mi cara se vio aplastada
con una fuerza inusitada, mi nariz a punto de explotar apretada contra su ano, y
mi boca quedando totalmente introducida entre los labios de su sexo. De aquella
forma no podía ni respirar, la cabeza a reventar y mi vida en sus manos, o mejor
dicho, en su culo. Traté en vano de buscar una posición más cómoda, pero, ¿cómo
hacerlo siendo una braguita inerte?. Entonces oí la voz de Esther; ¡me estaba
hablando con la mente!. Me decía cómo me encontraba así, y le dije, no sé cómo,
que me ahogaba. Entonces noté como todo mi ser se introducía entre sus nalgas;
lo que en realidad estaba haciendo es que se metía las bragas por el culo,
oprimiendo todo mi cuerpo entre sus glúteos, pero de esa manera encontraba un
resquicio para respirar, aunque la sensación de agobio y presión persistían.

Conseguí decirle mentalmente que así ya podía respirar, con
lo cual se reclinó en el sofá en el que estaba sentada y cogió el teléfono; fue
entonces cuando su plan destrozó por completo mi vida. Llamó a mi novia Marisa,
y no sé cómo, cuando empezó a hablar era mi voz la que salía de su garganta; yo
me alarmé, quise impedirlo, pero, ¿cómo hacerlo?. No había manera de evitar que
Esther hiciese lo que le diese la gana, así que traté de llorar cuando oía cómo
la bruja le decía a Marisa, con mi voz, como si fuese yo, que ya no volvería a
verme, que me había enamorado de una extranjera y que desaparecería para siempre
de la ciudad y de su vida. Esther pudo notar cómo sus flamantes braguitas
humanas se mojaban, debido a mis lágrimas, y eso la excitó.

Esther notó algo que nunca había sentido; a pesar de que sus
poderes la habían acompañado toda la vida, no había tenido la necesidad de
usarlos para su provecho, pero al pararse a pensarlo, únicamente lo sentía
conmigo. Decidió que seguiría su vida normal, pero con un pequeño cambio en su
placer.

Se reclinó cómodamente en el sofá, se estiró la braguita, o
sea, a mí, de manera que mi nariz quedaba justo entre sus labios vaginales, y
comenzó a acariciarse, empujando mi nariz dentro de su coño, excitándose y
mojándose. Mi boca quedaba libre para poder respirar, pero mi nariz se llenaba
de jugos, y cuando se corrió, mi cara quedó empapada.

Una vez saciada se dedicó a hacer pruebas conmigo; se quitó
las braguitas y las dejó sobre una mesa; primero me convirtió en jarrón, y al
echarme agua me sentí totalmente mojado, pero introdujo dos rosas por la boca,
haciéndolo a la vez en mi culo. Me sentía humillado, mojado y penetrado. Luego
me convirtió en vela, que al encenderla me llenaba el cuerpo de cera, en lámpara
que me quemaba todo el cuerpo y en consolador, que al introducírselo en su coño
todo mi cuerpo quedó dentro de ella.

Después me convirtió en sofá, y justo cuando lo iba a probar,
llamaron a la puerta; era Marisa, desecha en un mar de lágrimas. Esther la
acompañó y se sentaron en el sofá (yo); el culo de mi novia quedó sobre mi cara
y Esther se acomodó en mi estómago. Mi novia le contó la conversación que ella
creía haber tenido conmigo y su amiga la escuchó con atención, como si no
supiese nada del tema.

A continuación sucedió algo que me llenó de rabia, aunque me
excitó también; Esther comenzó a acariciar a Marisa, susurrándole palabras de
cariño al oído, dándole pequeños besos en el cuello, y mi novia se dejó llevar,
sin duda afectada por el duro golpe que acababa de sufrir. Así que se relajó y
se entregó a las caricias de su amiga, retozando con ella, deleitándose con
largos morreos y magreos de tetas; eso sí, era Esther la que llevaba la
iniciativa, y Marisa se dejaba hacer, pero noté como la braguita de mi novia se
mojaba a marchas forzadas, así como el coño de Esther, ahora desnudo.

Cuando finalmente llegaron a su placer, Marisa le confesó a
su amiga que se había sentido muy bien, que le daba las gracias, pero que sentía
confusa, que necesitaba pensar. Su amiga se quedó con una sonrisa en los labios,
satisfecha de su manipulación en nuestras vidas, pero quería hacer a Marisa
suya, sin contarle nunca lo que había hecho conmigo. Volvió a convertirme en
braguitas y se acostó.

A la mañana siguiente se despertó pronto, para ir a clase; yo
estaba dolorido, cansado, y aunque había pensado en que todo era un sueño,
pronto salí de mi error. Al levantarse, lo primero que hizo fue ir al aseo, y se
sentó en la taza sin quitarme de su cuerpo; comenzó a mear y toda la orina fue a
para a mi garganta, sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo. Me ahogaba, mi
garganta esta a punto de estallar, y además ella tiraba de su braguita,
metiéndome dentro de su coño, con lo cual, si no es porque la meada no fue muy
larga, hubiera muerto.

Se metió en la ducha y fue entonces cuando se deshizo de mí;
cuando estaba en el suelo de la bañera, me convirtió en una persona normal,
aunque atado, y estuvo duchándome durante un rato, sentada sobre mi pecho,
frotando mi cara con una esponja, y es que me aseguró que la mayor parte de mi
vida la iba a pasar pegada a su culo, aunque, si me portaba bien, podría tener
algunos privilegios.

Me puso a prueba; tras la ducha, y mientras se vestía, me
dejó en mi forma natural y me mandó a prepararle el desayuno; me dio la espalda
y se metió en el cuarto, dejándome en la duda de salir corriendo o doblegarme a
ella. Lo mejor sería seguirle el juego, y esperar a que se confiara en su
dominio, no fuese que fallara en la primera ocasión y endureciese mi esclavitud.

Le preparé el café y cuando apareció en el salón estaba a
medio vestir; llevaba puesto el pantalón y la blusa, pero ésta abierta,
mostrando sus pechos. Me dijo que me pusiera a cuatro patas y se sentó sobre mi
lomo, y mientras desayunaba me contaba las ventajas de entregarme totalmente a
ella. Si así lo hacía, podria seguir disfrutando de Marisa, ya que estaba segura
de hacerla suya. Aguanté.

Una vez dispuesta, me convirtió esta vez en sujetador, y me
colocó en su pecho; yo sentía sus dos tetas en mis manos, y mi cara entre ambas.
Cuando me abrochó, mi cara se aplastó contra su pecho, terminó de abrocharse su
blusa y salió de casa para ir a clase. Mientras caminaba, sus pechos se movía y
balanceaban al ritmo del paso, y mis manos no podían sostener aquellos volúmenes
que además estrujaban mi cabeza entre ellos.

La mañana se pasó entre clase y clase, y la mayor parte del
tiempo estuve dormitando entre sus senos, solamente sobresaltado cuando, entre
clases, ella se levantaba, salía al pasillo, fumaba un pitillo o iba al aseo.

Por la tarde, después de comer, momento en el cual me había
devuelto mi forma y le serví la comida, nos fuimos de paseo, de compras, y el
resto de la tarde la pasó estudiando, y yo, un rato humano haciendo su colada,
limpiando la casa, un rato como consolador, alojado en su interior, luchando por
poder respirar.

Pasaron tres días hasta que volví a ver a Marisa; habían
quedado aquella noche de viernes para salir y bailar un ratito. Esther me
llevaba de braguitas, así que de entrada no pude verla. La bruja debía estar
bastante contenta conmigo, porque se dirigió al aseo, me quitó de su cuerpo y me
convirtió en un librito de bolsillo muy fino. Cuando regresó al lado de Marisa,
me mostró como algo que se había encontrado en el aseo; fue cuando pude
contemplar el rostro de mi amada, aunque nada podía decirle, y le pidió que se
lo guardara, ya que Marisa llevaba pantalones. Mi novia me metió en uno de sus
bolsillos traseros y quedé aplastado entre su nalga y la tela del pantalón; a
pesar de estar tan incómodo, sobre todo cuando se sentó un rato y me aplastó
completamente, un sentir de felicidad me llenó por estar cerca suyo.

Cuando se despidieron Esther le pidió el librito a mi novia,
y cuando llegamos a casa mi bruja me sonrió con benevolencia, diciéndome que si
en todo la obedecía y me portaba bien podría disfrutar de muchas veladas en
manos de Marisa.

La vida transcurrió de esa manera varias semanas, y hacía ya
una que Esther había propuesto a mi novia irse a vivir con ella. Pero aún debía
pasar una prueba bastante dura; un día se trajo a un amigo a casa para
follárselo, y tras los preparativos y juegos, él fue a penetrarla; entonces
Esther abrió el cajón donde yo estaba en forma de condón. Me puso en la polla de
su amante, y a la vez pude sentir como esa polla me entraba por el culo y por la
boca al unísono, rellenándome como a un pavo por Navidad. Entonces agarró por
las caderas a Esther, apretó y yo me metí dentro de la bruja una vez más, pero
enculado y con la boca llena; el espacio era mucha más limitado, ya que todo mi
cuerpo quedaba entre la polla del amante y las paredes vaginales del coño de mi
dueña.

Cuando se corrió, por supuesto toda la leche penetró tanto en
mi culo como en mi boca, y cuando la polla se encogió, yo lo hice como una pasa;
mi terror acudió cuando el hombre se fue al aseo, se quitó el condón y lo tiró
al water. Meó sobre él (yo) y se dispuso a tirar de la cadena en el momento en
que aparecía Esther y le dijo que no lo hiciera, porque estaba rota, que ya lo
recogería ella todo por la mañana. Una vez que el hombre se fue de la casa, mi
dueña me rescató medio ahogado, me devolvió la forma humana pero me dejó atado y
lleno de semen y orina, metiéndome debajo de la cama.

Dos días después mi novia, aunque ya no podía llamarla así,
apareció en casa de Esther con su equipaje, dispuesta a quedarse a vivir allí, y
aceptando la relación con la bruja; mientras Marisa colocaba sus cosas en el
armario, Esther se/me quitó las bragas y me convirtió en consolador, dejándome
encima de la mesilla para más tarde. No tardaron mucho en retozar sobre la cama,
ya que Esther agarró a Marisa por la cintura y la arrastró sobre el colchón.

Cuando se abrazaron en la cama, yo estaba encima de la
mesilla, erguido, contemplando como Esther acariciaba el sexo rasurado de mi
novia mientras le mordisqueaba los pezones; la pasión se desbordaba por los
límites de la cama, el calor subía hacia el techo en forma de nube condensada y
los sexos y bocas era volcanes en plena erupción.

Ahora era Marisa la que se encontraba sentada a horcajadas
sobre Esther, restregando su coño sobre las tetas de su amiga mientras ésta,
acariciándole el culito, le comía las tetas sin parar, recorriendo toda la
extensión de los globos con su lengua, mordiendo levemente sus pezones. El coño
de mi novia era un hervidero de vapores, de jugos, de placer, y Esther, notando
ese placer sobre su propio pecho, la apartó a un lado, la tendió boca arriba en
el lecho, abrió sus piernas y, poniéndose entre ellas, le prodigó una lamida que
parecía que iba a terminar con su vida.

Cuando la bruja me cogió de la mesilla sentí como si unas
enormes manos asieran todo mi cuerpo a la vez, y aunque ella no presionara lo
más mínimo sobre el supuesto ser inanimado, yo sentí una presión bastante
fuerte. Mi novia ya estaba a cuatro patas sobre la cama, con su culo en pompa y
su sexo ofrecido al invasor que le iba a llevar al séptimo cielo. Esther se
dirigió a mi, diciéndome que me portara bien, y acto seguido me apoyó sobre el
coño de Marisa, presionó levemente y mi cuerpo se fue adentrando en la gruta del
sexo de Marisa.

La sensación de entrar allí me impresionó fuertemente, era
como si me metiera en una de esas tripas de los monstruos que vemos en la tele,
pero aquello era real; hacía calor, mucho calor, todo estaba húmedo y la
estrechez del cubículo me hacía apretarme contra mi mismo. Mi posición era la de
firmes, con las manos pegadas al cuerpo, y como siempre, sin poder moverme, y
cada vez que Esther me introducía y sacaba del coño de mi propia novia, mi cara,
mi pecho, mis piernas, todo mi ser se rozaba con las paredes vaginales de mi
Marisa.

Estuvieron un buen rato así, y cuando me sacó medio ahogado,
se giró Esther, dejando derrotada a Marisa, y me conjuró para convertirme en
arnés, con la misma disposición que antes, pero con correas. Se colocó detrás de
mi novia y la poseyó durante largo rato, haciéndome penetrar en su coño, y a mi
manera, me hacía a la idea de que yo mismo le hacía el amor.

A partir de entonces casi nunca volví a tener la forma
humana, pero si tenía una u otra forma según el humor de mi dueña; cuando me
quería premiar me convertía en consolador o en braguitas, que algunas veces se
ponía Marisa, pero cuando no me portaba bien, me convertía en taza de wáter, en
condón o en zapato.

Ellas vivieron juntas por un tiempo, y cuando se separaron,
nunca más volví a ver a Marisa.

 

Resumen del relato:
    Es un relato de ciencia ficcion, que tiene que ver con el fetichismo de las braguitas, de los culos y del facesitting.

Excursión a la montaña

Excursión a la montaña (9)

Un día de vacaciones, mis padres
me dejaron en la casa de unos vecinos, esta familia tenía tres integrantes,
dos viejitos y una chica de 17 años, era solo por unas semanas hasta
que mis padres vuelvan de sus vacaciones.

La chica se llamaba Natalia y era linda, pero una de las cosas que más
me gustaba era que cada tanto andaba descalza dentro de la casa.

Pasaron los días y me había ganado la confianza de Natalia. Una
tarde me llama desde su habitación con la mano, no había nadie
en la casa, solo estábamos nosotros dos. Cuando entre a su cuarto le
mire los pies y estaba descalza, lo cual me excité automáticamente
y me dijo

-Si te cuento un secreto ¿lo guardarías?

-por supuesto-Dije

Sacó de un cajón unas fotos y me las entregó. Cuando las
miré vi dos chicas descalzas una era ella y la otra era su amiga (según
ella), en las primeras fotos se podían ver claramente como se excitaban
al olerse los pies una a la otra y a medida que pasaba de foto podía
ver como comenzaban a oler sus olorosas medias, luego empezaban a lamerse los
pies, había fotos donde se chupaban los dedos de los pies, dedo por dedo
o todos a la ves, eran fotos totalmente excitante. Natalia me contó que
hicieron una excursión a la montaña, cuando llegaron a la sima
de la montaña, tenían los pies un poco doloridos por la caminata
y decidieron descalzarse, su amiga Sara le dio los pies a Natalia para que se
los masajeara, pero me comentó que desde chica las dos eran amantes de
los pies femeninos, cuando los empezó a masajear la excitación
le hizo oler los pies a Sara y luego lamérselos,

Me pidió por favor que guardara sus fotos en mi habitación, por
que su madre tenía una sospecha y cuando Natalia no estaba en la casa
la madre le revisaba la habitación en busca de las fotos. Me las otorgó
a mí porque sabe que la madre nunca revisaría en la habitación
de un invitado.

Al aceptar, estaba esperando que me dé su pie para lamerlo, pero no fue
así, solo me dio las gracias. Me dirigí desesperado a mi habitación,
cerré la puerta y comencé a pajearme mientras miraba las fotos,
pero al rato entra Natalia y me ve. Antes de que yo reaccionara

me dijo

-No me digas que a ti también te gustan los pies femeninos?-

y respondí -Sí-

-No te preocupes no se lo diré a nadie, solo vengo a decirte que no dejes
las fotos muy a la vista.-

De nuevo pensé que era una ocasión justa para que me deje lamerle
los pies, pero me volví a equivocar, simplemente se fue.

Natalia era la única persona en el mundo que sabía que me gustaban
los pies femeninos.

Tengo que destacar que un día noto mi excitación por los pies
de ella, pero me dijo que no dejaría que lamiera sus pies, tenía
miedo que alguien nos viera.

Desesperado y preocupado de que no se me vuelva a presentar una ocasión,
le dije

-No te preocupes hoy también estamos solos -

-No puedo, un día, Sara y yo lo hacíamos en mi cuarto y estábamos
tan excitadas que no notamos que mi madre nos estaba viendo, me di cuenta cuando
terminamos. Mi madre nunca me dijo nada pero ahora me quedó ese miedo
que hace que no pueda hacerlo dentro de la casa.-

Pero me dijo no te preocupes, fue a su habitación y volvió con
una media, dijo que no la había lavado en dos semanas, lo cual me calmó
un poco lo excitado que estaba.

Todas las noches dormía con esa media bajo mi almohada, era un olor exquisito.

Pero aún no estaba conforme tenía que lamerle los pies.

Una mañana escuche hablar por teléfono a Natalia que irían
de excursión a la montaña con Sara. Le pedí por favor que
me llevara y ella me dijo que no hay problemas. La excursión iba a ser
dentro de una semana, durante toda esa semana no pude dormir fantaseando en
mis sueños con los pies de las dos.

Pasó la semana, Cuando estábamos en la sima de la montaña,
comenzaron a quejarse que les dolían los pies, se descalzaron y dijeron
vamos a masajearlos, Sara le dio el pie a Natalia y Natalia me dio su pie. Comenzamos
a disfrutar, estaba esperando para que se comiencen a lamer los pies cuando
Sara dijo

-tengo hambre, voy a prepara la comida-

Natalia dijo -Yo quiero crema-

Le dije – Estas loca, nada mas vas a comer crema-

Natalia – Solo observa-

Natalia tomó un poco de crema y la untó en un pie de Sara, le
tomó la pierna y dirigió su boca hacía aquel pie lleno
de crema, comenzó a lamérselo, empezaron a disfrutar cada segundo.

Yo dije que quería jalea, agarré con la mano un poco del frasco
y la puse en el otro pie de Sara, lamí todo el pie, era repugnante sentir
tanto dulce pero sus pies hicieron que no parara.

Era el turno de Sara, que era la que más tenía hambre, agarró
el pie de Natalia, le puso jamón y queso, colocó pan lactal abajo
y arriba del pie, se hizo un sándwich, lo empezó a morder suavemente,
Natalia sentía la mezcla de pan, jamón y queso lleno de saliva
envolviendo su pie dentro de la boca de Sara.

Pasamos todo el día tomándonos fotos, cuando se hizo de noche
nos volvimos. Nunca voy a olvidar el sabor de los pies de Natalia y de Sara.

Ghost

 

Resumen del relato:
    Necesitaba lamer los pies de su amiga… lo iba a conseguir?

La iniciación de la novata

La iniciación de la novata (9)

Estaba en el gimnasio, practicando ese
ejercicio que nunca le salía bien y
del que iban a examinarla dentro de pocos días.

Las otras dos chicas entraron y se sonrieron maliciosamente la una a la otra
en cuanto vieron que María, la nueva, se encontraba sola.

María era ya mayor de edad, como las sucias compañeras que se
le acercaban
por detrás, pero su aspecto era el de una chiquilla, y era lo que
a las conocidas lesbianas del Centro de Estudios más les gustaba: una
novata a la que iniciar.

Habían cerrado por dentro la puerta del gimnasio y se le acercaban por
la
espalda. Cuando llegaron a su altura una de ellas le gritó para que saltara
como lo hizo.

Pese al sobresalto, María se mantuvo tranquila
Qué susto me habéis dado, ¿venís a practicar?
Sí, exacto, ¿cómo lo has adivinado?, venimos a practicar
contigo
Vale, me llamo María y soy nueva. ¿Cómo os llamáis
Pero ellas no querían presentaciones de ese tipo, tenían su propia
tarjeta
de visita.

Tienes unas zapatillas de deporte muy chulas. ¿Qué número
calzas?
Un 37, respondió sin sospechar nada extraño ni siquiera en la
insistencia con que las dos chicas le miraban el calzado.

Yo calzo el mismo número, ¿por qué no te las quitas y me
dejas que me
las pruebe?
La otra sonrió, y repitió: Eso, que las pruebe, buena frase, yo
también quiero probar
Pero María seguía sin ver lo que estaba pasando: Ahora tengo que
practicar la voltereta lateral, luego…

Luego no, ahora, quiero que te descalces ahora mismo. ¿De qué
color
llevas los calcetines
Advirtió la amenaza que había en la voz de la que hablaba y en
los ojos que
la recorrían ya sin disimulo, de abajo arriba. Aún así
contestó: No
recuerdo, creo que me he puesto unos con dibujos
También quiero ver esos dibujos. ¿Y tú, Marta, quieres
ver esos
dibujitos?
Sí, Sonia, estoy deseando ver esos calcetines, y lo que hay debajo de
los calcetines
Mirar, no sé qué queréis, pero tengo que practicar, os
pido que me
dejéis en paz, no quiero problemas con nadie, soy nueva, no sé
de qué
vais
Esta chica además de nueva es sorda. Se lo voy a decir más despacio
a
ver si lo capta- dijo- y después, silabeando lentamente repitió:
Queremos que te descalces, queremos que te quedes desnuda de tobillos
para abajo Y acabó en una fenomenal risotada.

Estáis locas, y sois unas gilipollas, no me asustáis, pero me
marcho
Marta, que no se vaya muy lejos
Y al instante Marta había saltado sobre María y la había
sujetado del
cuello.

Trataba de zafarse del violento abrazo y se retorcía inútilmente.:

Suéltame, tortillera, paso de tías
Pero nosotras no, suéltala
Nada más verse libre de aquellos brazos trató de correr en dirección
a la
puerta, pero las otras estaban esperándolo y se le colocaban siempre
delante
mientras no paraban de repetirle: descálzate, enséñanos
esos
piececitos del 37, no nos obligues a hacerte daño, descálzate,
tontita, y cosas semejantes.

María corrió hasta las duchas, allí no había dónde
escapar más.

Sonia tomó de nuevo la palabra: Mira, no queremos dañarte, sólo
queremos jugar un poco con tus pies. Nos gustan los pies de nuestras
compañeras, conocemos el olor y el sabor de todas las que nos han
interesado, su tamaño, su forma, su suavidad, mmm, me estoy excitando.
¿Lo
entiendes? Tú sólo siéntate en el suelo y quítate
las zapatillas y luego los
calcetines, muy despacio mientras nosotras nos vamos preparando. Y a
una señal, ambas comenzaron a desnudarse de cintura para abajo. Sin embargo
no se descalzaron, y la explicación llegó enseguida.

El plan es el siguiente: tú nos das tus pies desnudos y nosotras nos
masturbamos con ellos mientras nos quitas zapatos y calcetines y nos chupas
los deditos. Así nos gusta hacerlo. Y venga, que queda poco para la clase
y
no queremos que nos jodas el chollo con tus remilgos. Descálzate de una
vez
María vio que era absurdo resistirse, delante de ella las dos chicas
habían
empezado a acariciarse los muslos una a la otra y a juguetear con sus
lenguas mientras no le quitaban la vista de encima. Así que se sentó
en un
banco y cruzó las piernas para hacer lo que le pedían.

Así, como una niña buena, despacito, que nos gusta el suspense
Se reían y le clavaban ansiosas las miradas.

María comenzó a desanudarse los cordones, primero de una zapatilla,
luego de
la otra, y después se las quitó tan despacio como le habían
exigido.

Mira, Sonia, qué calcetincitos más graciosos, sólo le llegan
por el
tobillo. Levanta esta pierna, quiero olerlos
La muchacha obedeció y Marta se llevó uno de sus pies a la cara.
Aspiró
profundamente sobre el calcetín mientras metía uno de sus dedos
por debajo
de la prenda. María, al sentir el contacto en su carne, hizo un gesto
de
rechazo y recogió la pierna. Pero el efecto no fue el que hubiera deseado,
pues Marta tenía el dedo que había introducido formando gancho,
y al retirar
la pierna, el calcetín quedó sujeto a su mano, y el blanquísimo
pie de María
quedó al aire..

La que parecía llevar el mando, abrió desmesuradamente los ojos.

Vaya, qué quesito más fresco y más blanquito tienes. No
me quedo con
las ganas de liberar también al otro, y te lo voy a quitar con los
dientes
La chica se arrodillaba para coger en su boca el otro calcetín, y María
aprovechó el momento para empujarla y salir corriendo buscando la salida.

Pero una vez más fue un intento fallido. Marta era muy veloz, y mucho
más
alta que ella y en dos zancadas la tenía de nuevo atenazada por el cuello.

Dejadme, por favor, no me gusta esto, dejadme y no se lo diré a
nadie, de verdad
Pero Sonia estaba enfurecida por el empujón recibido, y no escuchaba
sus
ruegos.

Túmbala en la colchoneta Y la chica calló al suelo pataleando
y en un instante se encontró aprisionada bajo el cuerpo de Marta que
le
apretaba los brazos con sus rodillas.

Cambio de planes,- amenazó la otra mientras le
atenazaba con fiereza el pie aún cubierto. Se lo introdujo en la boca,
lo
mordió con furia y le arrancó el calcetín.

La chica gritó de dolor y de vergüenza, porque Sonia primero había
vuelto a
morder, esta vez ambos pies desnudos, y ahora le estaba arrancando la parte
inferior del chándal.

Vas a notar mis dedos en tu coñito, y te va a gustar. No te
retuerzas, que me excitas más.

De un solo tirón le quitó los pantalones y las braguitas. Después
se
descalzó con velocidad y ya le estaba restregando las plantas de sus
pies
por su abierta rajita.

María gritó todo lo que pudo, pero de pronto notó que algo
tapaba su boca.

Era uno de los pies de Marta, que se había descalzado a su vez con mucha
dificultad por la postura que seguía teniendo sobre los doloridos brazos
de
la muchacha.

Chúpamelos, chupa mis dedos y deja de chillar, pequeña novata
Los pies de Marta olían mal y eso le produjo un gesto de repugnancia.

¿No te gustan mis deditos, niña escrupulosa? Ya veo, los tuyos
en
cambio huelen muy bien, eres una chica muy limpia, eso me gusta ,
lamía y mordisqueaba como una hambrienta los pequeños dedos de
la pobre
muchacha aterrada, que pedía entre sollozos que la soltaran.

La escena sin embargo aún fue larga. Ambas amigas se turnaban los pies
de
María para introducírselos con frenéticas sacudidas en
sus coños, y luego
les pasaban la lengua por las plantas, le mordían los tobillos, el empeine,
le acariciaban y retorcían los dedos. Otras veces eran ellas las que
metían
sus pies desnudos en el chochito de María y se los pasaban por la boca
gritando que chupara.

Pero María se negaba a separar los labios. Y Sonia le gritó aún
más fuerte:
Te has portado mal, muy mal. Pero voy a concederte tus deseos. No te
gustan las tías, ¿verdad?, pues tengo algo que sí va a
encantarte. Manuel,
ya puedes salir.

Y ante el espanto de la pobre prisionera, surgió del fondo del gimnasio
un
hombretón altísimo desnudo ya y con un enorme miembro en brutal
erección.

Ya era hora, me la he machacado ya tres veces viendo vuestro
espectáculo. Abridla de piernas bien abierta, que me temo que ésta
es
todavía virgen.

María se sacudía con todas sus fuerzas, gritaba que sí,
que era virgen y que
no quería dejar de serlo de esa manera, prometía que lo olvidaría
todo.

No, mi niña, esto te prometo que no lo vas a olvidar en tu puta
vida dijo el gigante y la sujetó de los muslos para separárselos
aún
más pese a que ya las chicas la tenían sujeta de los pies, apoyada
sobre el
cuello, de forma que María sintió que iban a partirla en dos.

El hombre metió profundamente dos dedos en su coño, los restregó
un rato en
su interior, luego los sacó, se lo chupó y dijo: Rica, rica, es
el
mejor bocado que me habéis traído, gracias, mis lesbianitas.

Inmediatamente apuntó su verga dura, nervuda, rocosa y de un golpe brutal
la
introdujo hasta el fondo en el cuerpo de María, que sólo pudo
lanzar un
lastimoso quejido al sentirse empalada.

Las chicas siguieron en su tarea implacable de pasar sus lenguas por los
pies de su víctima, mientras el salvaje bombeaba su polla con fuerza
descomunal dentro y fuera de aquel lacerado coñito.

Cuando despertó, se encontró
tumbada sobre una colchoneta en el gimnasio.

Estaba vestida, calzada, sin dolor alguno. Una voz tranquilizadora le decía:
María, ¿estás bien?, te han encontrado desmayada aquí,
tal vez una
mala caída mientras practicabas, no hemos querido moverte hasta que venga
un
médico.

Estoy bien, estoy muy bien contestó María sonriendo mientras
no advertía la entrada de dos compañeras que se habían
prestado rápidamente
a ayudar a la nueva.

Mi email, si alguien quiere hacer algún
comentario: POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Está muy atraido por los pies de esta nueva chica… María.

Los pies de mi prima

Los pies de mi prima (9)

Que tal mi nombre es David y les voy a
comentar una historia real de lo que ha sido mi historia dentro del mundo del
fetichismo.

Vivo en México en el estado de Veracruz, jalapa para ser
exacto actualmente tengo 26 años y una vida normal sin mencionar mi declinación
hacia los artículos de damas.

Desde que era pequeño sentí
una gran fascinación por las medias de las mujeres veía esas hermosas
piernas enfundadas en suaves paños y me causaban mucha calentura, a medida
que brotaba en mi este deseo tuve oportunidad de obtener medias de mis primas
mayores y me masturbaba hasta lograr vaciar todo mi semen en ellas era una sensación
muy placentera, algo que a los fetichistas les causa un morbo muy rico (por
lo menos a mi) es mirar las prendas con las que me masturba de vuelta con su
dueña y en algunas ocasiones visualizar restos de semen en la parte de
los dedos y los tobillos a mi me pone a cien.

Mis tíos me pidieron que
cuidara su casa ya que ellos salían de vacaciones, por supuesto que acepte
el simple hecho de pensar que me podría masturbar con la ropa de mi tía
y prima me hacia sentir muy bien. Tanto mi tía como mi prima son mujeres
muy atractivas mi tía una mujer joven de tez clara y unos pechos de campeonato,
un culo redondito y mi primita que aunque esta un poco bajita de estatura tiene
un cuerpazo y una boquita que se antoja.

Esos días me dedique a buscar
las mejores prendas de ambas recuerdo que tome unas bragas negras de mi tía
con encaje al frente y unas medias muy suaves también de color negro,
me desnude totalmente en su recamara y me masturbe como loco por mas de una
hora sujetando la cabeza de mi pene con las medias mi pene alcanzo una erección
como nunca, hasta que lanzo chorros de semen a través de las medias de
mi muy encamable tía.

Los días siguientes me masturbe con ropa
de mi prima, en aquel entonces sus formas ya dejaban ver el fantástico
culo que tendría esa fue la mejor experiencia en cuanto a fetiches. La
historia se fue repitiendo cada vez que mis tíos salían de vacaciones
y muchas veces días después veía las prendas en los pies
de sus dueñas la gama de prendas creció con el tiempo tomaba zapatos,
blusas, donas, brasieres y todo aquello que tuviera que ver con mis dos musas.
Cuando mi prima ingreso a la preparatoria ya se me antojaba mucho y me imaginaba
su desnudez frente a mí. yo por mi parte ya cursaba en ultimo año
de la universidad, estudie ingeniería por lo que las matemáticas
no se me dificultaban, cosa que a mi primita no se le da, a menudo me pedía
ayuda para estudiar ya que sus exámenes no los pasaba, yo aprovechaba
para tomar prendas y regresarlas además de admirar su cuerpo, creo que
ella también le gustaba este juego.

Una noche me puse a estudiar con
ella y sin que se diera cuenta tome del sillón unas bragas de color crema
muy ricas y empecé a jugar con ellas ocultándolas detrás
de un libro, ella tenia un pantaloncillo deportivo que dejaba ver sus muslos
bien formados y parte del encaje de sus bragas me estaba poniendo a cien, en
sus pies tenia unas calcetas nuevas que se ajustaban perfectamente a sus dedos
y cada vez que los movía mi pene reaccionaba violentamente queriéndose
escapar de mi pantalón, de repente y dentro de mi descuido me pregunto
que tienes en las manos "primito" no supe que contestarle sus pies
me tenían hipnotizado, ese día terminamos y nos despedimos como
de costumbre con un beso en la mejilla cosa que aproveche para acercarle mi
bulto a lo que ella solo sonrío. De aquí en adelante la forma
de comportarse de mi prima cambio un poco, cada vez que me pedía ayuda
vestía de medias y con ropa muy sensual que dejaban ver sus pechos ya
muy bien formados, así mismo cada vez que salían de vacaciones
sobre su cama encontraba prendas de ella como medias y bragas muy sensuales
junto con dulces y notas muy sugerentes como: "esto es para ti", fue
cuando entendí que mi primita quería su escarmiento.

Recuerdo
el 20 de noviembre como una fecha muy especial por la tarde me llamo y me dijo
que necesitaba estudiar y que mis tíos se irían a festejar el
aniversario de la revolución mexicana después de un rato por teléfono
acepte y acordamos vernos a las 9 de la noche en su casa. Cuando llegue mis
tíos todavía no se habían ido mi tía salió
de su recamara y se veía guapísima, llevaba unos zapatos nuevos
de tacón muy alto descubiertos al frente dejando ver sus perfectos dedos
debajo de sus medias, una falda corta y una blusa pegadita por donde se notaban
sus pezones grandes y robustos (en algunas ocasiones revisando su ropa me di
cuenta que ella tenia muy grandes los pezones porque en sus brasieres se marcaban
perfectamente), días después tuve entre mis manos tanto esos ricos
zapatos como sus medias que debo decir no me decepcionaron.

Se despidieron y
apareció mi primita a diferencia de otras veces esta vez parecía
esquimal toda cubierta con una bata, me dijo que estudiaríamos como era
costumbre en su recamara, pasamos y comenzamos a estudiar un poco de calculo
diferencial, de repente me dijo que se iría a poner mas cómoda
por lo que salió de la recamara y se fue para el otro cuarto. Cuando
regreso venia vestida totalmente diferente sensual y muy cachonda. Fue ahí
cuando me decidí y le dije que se vería más guapa de medias
negras a lo cual acepto y regreso a cambiarse cuando salió se me acerco
y me dijo que esas medias habían sido mías y que ahora se sentía
muy bien de usarlas para mí, el cachondeo no se dejo esperar mis manos
la acariciaban desde sus tobillos hasta sus pechos sentía sus pechos
firmes y sus muslos calientes sobre mi.

La desnude solo dejándola con
ese hermoso par de medias y unos ligueros para estas alturas yo ya estaba también
desnudo. El simple hecho de tocar sus pies me provocaba unos espasmos en mi
pene, la coloque en su cama y comencé a besar sus manos suaves y perfumadas
proseguí con sus muñecas y sus hombros, su piel se ponía
chinita cada vez que soplaba su nuca por mi parte el rozar de sus muslos con
esas medias me desquiciaba totalmente. Empecé a bajar hacia sus pechos
y note que sus pezones ya estaban bastante erectos, los roce con mi lengua,
fue entonces cuando logre arrancarle un quejido de placer de ahí en adelante
no paro de expresarse en ningún momento, seguí con su ombligo
notando el olor característico del sexo de una mujer, para lograr un
poco de mas excitación seguí con sus muslos brincando su sexo
cuando empecé a besar sus pies mi pene casi reventaba sus media y el
olor tan especial de estas solo aumentaban mi placer tarde cerca de media hora
besando sus pies, tobillos, plantas fue cuando la mire a los ojos y supe que
quería un poco de placer de mi parte separe sus piernas y ahí
estaba frente a mi esa joya ya con fluidos no me negué y empecé
a besar sus labios mayores separe un poco y encontré su clítoris
deseoso de ser mamado, lo lamí de arriba hacia abajo y de izquierda a
derecha mientras ella no paraba de gemir para terminar con esta parte clave
mi lengua en su vagina provocándole un verdadero orgasmo de su vulva
brotaba néctar que no dude en probar y degustar hasta el final de su
clímax.

Ahora me tocaba a mi se postro frente a mí y me empezó
a chupar el glande dando vueltas dentro de su boca y jugueteando con mis huevos,
la recosté y le comente que ahora si teníamos que terminar separe
de nuevo sus piernas y coloque una almohada debajo de su espalda baja, tenia
una vista de las mejores observe su otro justo como me lo imaginaba de color
rosita y pase mi glande por todas partes ella saco de un cajón de junto
un chocolate redondito que coloco en su ano lo lamí hasta acabar con
el completamente, después la penetre lentamente por su vagina sin ningún
problema, ensayamos algunas posiciones como el perrito, el misionero y también
la puse a cabalgar un rato ella tuvo otros dos orgasmos pero yo seguía
sin llegar al clímax, fue entonces que la coloque boca arriba y le retire
una de sus medias estaba caliente de tanto ajetreo la coloque en mi pene como
muchas otras veces lo había hecho cuando me masturbaba, ella se admiro
un poco y me dijo que iba a hacer, acto seguido me coloque un condón
(siempre traigo uno, ya que mi novia es muy caliente, pero eso es otra historia
que luego les cuento) encima de la media y le dije que no se preocupara la penetre
y sentía el borde de la media en mi glande cada vez que entraba y salía
fue lo mas rico que he sentido en mi vida duramos un buen rato antes de venirme
se la saque retire el condón y acerque mi pene a su boca todavía
tenia la media y los chorros de leche traspasaron hasta acabar en su garganta
trago todo lo que pudo y me chupo la verga con todo y media fue algo realmente
excitante apagamos la luz y nos seguimos masturbando un buen rato ella me masturbaba
con su ropa interior y yo con mi lengua.

A partir de ese día aprovechamos
cualquier oportunidad para hacer el amor cada vez que estudiamos y cada que
mis tíos salen de vacaciones ella pone de pretexto la escuela para quedarnos
solos, ya en algunas ocasiones ha accedido a usar ropa de mi tía cuando
me la cojo. La verdad la paso muy bien con mi primita que por cierto se llama
Amanda (que significa digna de ser amada) El caso es que siento que ella es
la mujer que quiero para la cama y espero les halla gustado este relato pronto
les contare algunas otras aventuras con chicas y muchas prendas Mail:

POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Una día, con la excusa de quedar para estudiar, su prima se pondrá las medias que más le gustan a nuestro protagonista.

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