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Control Mental

Un tratamiento muy particular (4)

Un tratamiento muy particular (4) (4)

Un Tratamiento Particular ( IV )

Autor: Hypnoman


Capítulo Once: Todo sea por el protagónico

El día había llegado. Paula se encontraba en su camarín,
dando los últimos retoques a su maquillaje, y desde allí se sentía el murmullo
del público que llegaba desde la sala. Hacía unos minutos que Paula, intrigada
y nerviosa, se había asomado al escenario y había observado que ya casi no
quedaba butaca por ocupar. El teatro estaba repleto. Como era una obra muy
difícil de interpretar, habían asistido gran cantidad de productores y
directores, en busca de jóvenes talentos. El resto de la sala estaba ocupado
por familiares y amigos de los actores. Debido a que a Paula se le había
asignado el protagónico femenino, tuvo el privilegio de reservar un par de
butacas en la primera fila. Su familia estaba "ausente con aviso". Los más
allegados, como el padre y la madre, no estaban de acuerdo con la vocación de
la hija, por lo que no prestaban mayor atención a su carrera (sólo por
complacerla habían asistido al primero de los estrenos de Paula y se habían
avergonzado de la interpretación, lo que reforzó más el rechazo que sentían
hacia la carrera actoral de su hija). Por lo tanto había decidido que las dos
plateas fuesen ocupadas por dos personas muy especiales para ella. Patricia ya
se encontraba desde temprano, tanto o más nerviosa que su amiga, y Paula la
había visto cuando "espió" al público. Pero la otra butaca todavía se
encontraba vacía, lo cual le produjo una ligera depresión. Había peleado mucho
para poder ganarse el personaje principal y quién más merecido tenía el
derecho de verla actuar todavía no había llegado. Para ganar la confianza del
director tuvo que utilizar todo tipo de armas, algunas nobles, otras no tanto.
Durante los ensayos descolló en su interpretación, lo cual le hubiese
asegurado el papel sin ninguna duda, pero era tal la desconfianza del director
de la obra hacia los súbitos ataques de pánico que asaltaban a Paula cuando
actuaba ante el público, que ya había casi decidido que el protagónico le
correspondería a quien le seguía en capacidad de entre sus compañeras. Una
semana antes del estreno y al final de un ensayo, Paula había ya casi asumido
que iba a quedar relegada y estaba a punto de retirarse a su casa, totalmente
desconsolada, cuando se convenció de algo que había observado durante todo el
ensayo: el director no le había sacado la vista de encima en todo el día, y no
precisamente por estar supervisando sus dotes actorales. Ahí cayó en la cuenta
que desde que había cambiado su "look" el director la miraba con otros ojos y
que, en más de una oportunidad, se había quedado conversando con ella, después
de clase, de cualquier tema banal, cosa que nunca había sucedido en todos
estos años. En un principio ella lo atribuyó a que él ya la había elegido como
protagonista y le dedicaba los cuidados que se les brinda a las "stars". Pero
al final de ese último ensayo y cuando ya estaba segura que sería desplazada,
se dió cuenta que el interés del hombre pasaba por otro lado. "Y, ¿por qué
nó?", pensó. Después de todo ella se sentía mucho más deshinibida que meses
atrás y no era ninguna novedad que algunos papeles se ganaban entregando otro
tipo de "actuaciones". Además ella confiaba ciegamente en sus aptitudes, así
que no iba a cometer ninguna injusticia si, por cualquier medio, se ganaba los
favores del director. Y eso que, ni remotamente, recordaba todo lo que había
hecho en materia sexual en el último tiempo.

Lo cierto es que, al final del ensayo, Paula se entretuvo
de exprofeso arreglando su vestuario y esperó a que se fuesen todos sus
compañeros. Como imaginó, el director hizo lo propio haciendo que daba los
últimos retoques al guión y al cabo de unos minutos quedaron solos. í‰l se
acercó a ella, intentando entablar una conversación en donde seguramente le
explicaría la decisión que había tomado de cambiar a la protagonista de la
obra, pero Paula se anticipó y le comentó que era una lástima que afuera
estuviese lloviendo, ya que se encontraba un poco resfriada (mentiras, por
supuesto) y temía que la lluvia empeorará su estado de salud y le impidiera
llegar al estreno en óptimas condiciones. Se dió cuenta que él cambió de
parecer sobre lo que le iba a decir, proponiéndole alcanzarla hasta algún
lado, ya que se encontraba con el coche. Después de hacerse rogar unos
instantes, aceptó. Ya en el auto, Paula cuidó muy bien su postura en el
asiento para que el director pudiese observar sus piernas y si se esforzaba un
poco, el color de su ropa interior. Abrió más de la cuenta su pierna izquierda
hasta que la apoyó suavemente sobre la palanca de cambios del vehículo. No
pasó mucho tiempo hasta que sintió el roce de la mano del hombre, cada vez que
pasaba un cambio. Notó también que ya no soltaba la palanca, por lo que,
disimuladamente, comenzó a mover su pierna y refregarla suavemente por la
mano. De vez en cuando miraba la entrepierna del hombre y observó como, entre
las piernas del director, comenzaba a asomarse el bulto inconfundible. í‰l
empezó a elogiar sus progresos actorales y por sobre todo el cambio de
apariencia que había desarrollado en el último tiempo. Ella respondió
halagándolo como profesional y diciéndole que se sentía muy a gusto con él,
como director, ya que notaba que no podía resistirse a nada que le pidiera. El
director "recogió el guante" y aprovechando la detención en un semáforo, la
encaró y le dijo:

– Es una lástima que no puedas resistirte a ningún pedido
mío, sólo como director

– Bueno, es que nunca me ha sugerido nada, más allá de lo
actoral – fue la respuesta de Paula.

El aparcó el coche a un costado y, quitando las manos del
volante, las colocó sobre los pechos de Paula, quienes, debido a la excitación
habían aumentado aún más su volumen natural. Ella no ofreció ninguna
resistencia, y más aún, llevó su mano a la entrepierna del hombre. Al cabo de
unos instantes le estaba haciendo la mamada más grande que él había recibido
en su vida, sin sospechar que su alumna, estaba siendo entrenada para estos
menesteres, por "otro maestro". De ahí se dirigieron a un hotel y pasaron la
noche juntos. Ella le prodigó todo tipo de favores y él quedó extasiado por
las atenciones recibidas, dignas de la mejor profesional. Hasta la misma Paula
se asombró de lo desinhibida que se encontraba en el último tiempo. Es obvio
concluir que en el siguiente ensayo, él se apresuró en dar la lista de los
actores y los personajes asignados y, por supuesto, el papel protagónico
femenino había recaído "en su legítima dueña".


Capítulo Doce: Una escena bien real

Pero ahora eso ya formaba parte del pasado, y el presente
de Paula la encontraba en su camarín, a poco menos de 25 minutos para el
comienzo de la obra y con toda una ilusión por delante. Lástima que había algo
que la apenaba: la butaca vacía. La persona a quien ella esperaba con más
ansias todavía no había llegado, y quién sabe si lo haría. Mientras retocaba
su maquillaje sintió que golpeaban a la puerta. Suponiendo que sería un
asistente ni se molestó en incorporarse y desde donde se encontraba pidió que
pasase. La puerta se abrió y, por el espejo, solo pudo observar una mano que
sostenía un enorme ramo de rosas. Pensó que era el director y le molestó la
idea de tener que seguir "agradeciéndole" el haberla elegido para el
protagónico. Pero no iba a echar a perder todo a pocos minutos, así que
decidió hacerlo sentir cómodo y se levantó de su silla para recibir el
presente. Casi se desmaya cuando, al acercarse a la puerta, descubrió que el
admirador era nada más y nada menos que el Dr. Michael Martins….. la persona
que ella tanto estaba esperando.

– Perdón, Paula, espero no interrumpirte, pero no quería
dejar pasar la oportunidad de desearte toda la suerte en esta noche tan
especial.

Paula no podía ni siquiera hilvanar una frase. Su expresión
era una mezcla de asombro, admiración y hasta podríamos decir devoción hacia
la persona que tenía frente a sí. Sólo atinó a decir:

– Por favor, pase. No sabe cuánto lo estaba esperando.

Lo invitó a sentarse y durante unos breves minutos hablaron
de banalidades y de lo importante que era para ella compartir el debut con las
dos personas más importantes de éste último tiempo y las que le habían
brindado tanta confianza. Martins le preguntó si había alguna parte de la obra
donde ella podría sentirse un tanto insegura. Paula respondió que solamente en
un acto ella tendría que interpretar cómo que hace el amor con el protagonista
masculino en un sofá, por supuesto completamente desnudos, y como lo habían
ensayado siempre con la ropa puesta, y era la primera vez que lo haría sin
ropa y ante una sala llena, tenía miedo que el pudor la dominase y la
paralizace. Por ese motivo, se animó a pedirle:

– Doctor, no quiero que se ofenda, se que no está en horas
de trabajo, pero sería muy importante para mí salir al escenario y hacer esa
escena con una confianza absoluta. No es que no la tenga, no sabe lo segura
que me siento, pero había pensado que quizás usted podría hipnotizarme durante
unos minutos para darme algunas sugestiones que refuercen mi autoestima.

Martins miró el reloj. Faltaban menos de 15 minutos para
comenzar. No había mucho tiempo para tener alguna "diversión sexual" con la
muchacha. Además no quería que se arruinase su maquillaje y su vestuario, por
lo que decidió hacerle caso e hipnotizarla para darle algunas sugestiones que
le permitan dominar su pudor en esa escena tan especial. Puso la palma de su
mano frente a la cara de la muchacha y chasqueó los dedos.

– Amo, estoy aquí para obedecerte. Pide lo que quieras y te
lo entregaré con la más absoluta sumisión -recitó Paula nuevamente
transformada en la más sumisa esclava.

– No, esta vez no, esclava. Sólo escucharás lo que voy a
decirte y lo tendrás presente en todo momento mientras estés actuando…

El doctor no pudo continuar porque en ese momento volvieron
a golpear la puerta. Le ordenó que preguntará quien era y escuchó que detrás
de la puerta decían "José". Paula, totalmente hipnotizada y ante el
requerimiento de Martins, le explicó que José era el protagonista masculino
que seguramente le venía a desear suerte. A la velocidad de un rayo, una idea
cruzó por la mente del Michael. No podía dejar pasar una buena oportunidad de
divertirse y de paso cumplir los deseos de su paciente de sentirse más
confiada.

– Escúchame bien, esclava. Ahora, cuando yo cuente tres,
despertarás y harás pasar al joven. Lo dirás que yo soy un profesional en el
arte de la relajación, que tú me has traído hasta aquí para ayudarte a
sentirte menos tensionada y lo convencerás, por todos los medios, a que se
deje tratar por mí. Quiero que sepas que para mi es muy importante que lo
consigas…Uno, dos…., tres.

Despertó, obviamente, sin recordar nada de lo que había
sucedido. Martins le dijo que tuvo que despertarla porque estaban golpeando a
la puerta. Paula hizo un gesto de desagrado, ya que le molestaba mucho que la
interrumpiesen en ese momento. De todas maneras se acercó a la puerta y abrió.
Cuando vió a José, su expresión cambió súbitamente y enseguida lo invitó a
pasar. Le presentó a Michael Martins y le contó lo que "había sido programada
para contar". Le pidió a José que participara de la sesión de relajamiento. En
un principio el joven se negó rotundamente, pero Paula no se daba por vencida
e insistía una y otra vez. Cada vez que se lo volvía a pedir, lo abrazaba, le
acariciaba la nuca y no olvidaba de apoyar sus irresistibles pechos en el
cuerpo del muchacho. La resistencia del joven se quebró. Un poco por la
insistencia de su compañera y otro tanto porque él también estaba bastante
nervioso, accedió. Al cabo de unos pocos minutos, José se encontraba
profundamente dormido y bajo el control total de Martins.

Cuando José ya estaba en total trance hipnótico, Martins
volvió a chasquear los dedos frente a la cara de la muchacha y la transformó
nuevamente en su más fiel esclava. Con los dos bajo su dominio, comenzó a
explicar su idea:

– Desde el momento que empiece la obra, comenzarán a sentir
una atracción sexual mutua. Al principio será leve y no le darán mayor
importancia, pero a medida que vaya transcurriendo el tiempo, se volverá cada
vez mayor hasta tornarse irresistible. Llegará a su punto máximo cuando tengan
que interpretar la escena de amor en el sofá. Allí, se olvidarán que están
actuando, no existirá el público ni nada a su alrededor y tendrán un coito
salvaje y real. Durará lo que está estipulado por libreto, y al terminar
tendrán el orgasmo más grande que hayan tenido en el último tiempo…..¿me han
comprendido?

– Sí, señor -respondió José.

– Tus deseos son mis órdenes, amo -hizo lo propio Paula.

Martins pensó que con eso era suficiente y decidió dejarlo
así. A José le ordenó que despertara relajado y tranquilo y a Paula le ordenó
que durante toda la obra mostrara la seguridad y las aptitudes que exhibía
normalmente. Cuando ambos despertaron, obviamente sin recordar nada, se
sorprendieron de lo bien que se sentían, es especial José, quien no estaba
acostumbrado a este tipo de tratamiento. Agradeciendo la "amabilidad" del
profesional, José se despidió y volvió a su camarín. Martins, por su parte,
volvió a desearle suerte a Paula y le dijo que era mejor que fuese a su butaca
pues sinó Patricia se pondría celosa. Si bien fue un comentario inocente, a
Paula le causó cierto desagrado. Por más amiga y algo más que se sintiese de
Patricia, la idea que tuviese algún "acercamiento" con el médico, la ponía
celosa a ella.


Capítulo Trece: Se levanta el telón.

A poco de salir a escena, Paula se dio cuenta que esa noche
todo iba a ser diferente. Se lamentó que su familia no estuviese presente,
pero por otro lado, el ver a Patricia y a Martins en primera fila le dio mucha
alegría. Cuando tuvo su primer diálogo con José, lo notó distinto. No parecía
el mismo que minutos atrás había estado en su camarín. Parecía tener otro
porte, más varonil, más sensual. Decidió no darle importancia, por miedo a que
esos pensamientos la desconcentrarán. No sabía que por la mente de José
estaban pasando los mismos pensamientos. Veinte minutos después del comienzo
de la obra, Paula se sentía muy atraída hacia José. Cuando se le acercaba, le
parecía que del cuerpo del joven salía un olor a macho en celo, como el que
despiden los animales para atraer a las hembras cuando quieren aparearse. José
tenía sensaciones similares. Las veces que tuvo que tener algún contacto
corporal con Paula, no evitó rozarle sus increíbles pechos y en un momento en
que tuvo que besarla no disimuló hacerlo como si estuviese besando a su novia
de toda la vida, la cuál, además, se encontraba también en primera fila
observando la actuación de "su amor", sin sospechar lo que en ese momento
cruzaba por las mentes de los protagonistas. A medida que iban pasando los
minutos, y tal como había sido programado por Martins, la atracción que
sentían era irresistible y el punto de ebullición llegó a su climax cuando
tuvieron que sacarse la ropa para protagonizar la escena "clave". En ese
momento la mente del muchacho se nubló. El ver a Paula, totalmente desnuda,
delante suyo, bloqueó todos sus pensamientos. Era como estar observando una
Diosa. En segundos tuvo una erección que convirtió su miembro en una estaca.
Cuando Paula lo notó, también entró en un estado de éxtasis total y se entregó
a José. A ese punto de la obra, el iluminador bajó considerablemente las luces
que iluminaban el escenario para darle un toque más íntimo a la escena y para
cuidar el pudor de los protagonistas. Lo primero lo consiguió. En cuanto al
pudor, no hacía falta, los dos jóvenes lo habían perdido totalmente hacía unos
segundos y se estaban entregando a un desenfrenado juego sexual. Paula se
recostó sobre el sofá, con las piernas abiertas, y José pudo notar que el
vello púbico de la muchacha estaba totalmente empapado de jugos vaginales, tal
era la excitación que tenía. Eso provocó una erección aún mayor del miembro
del joven y después de lamer sin ninguna discresión los pechos de Paula, la
penetró salvajemente. De ahí en más comenzó un concierto de gemidos y jadeos
que, naturalmente, nunca habían sido ensayados. El público estaba absorto y el
silencio en la sala era sepulcral. Estaban maravillados por la actuación de
los dos jóvenes, jurarían que de no encontrarse donde se encontraban, ese acto
sexual era real. El mismo director, a un costado del escenario, estaba
boquiabierto. Si bien tenia las mismas limitaciones para ver, como el resto
del público, a causa de la ilumnación, sabía que la escena distaba mucho de lo
que habían ensayado. En la primera fila las sensaciones eran diferentes: A la
novia del muchacho le salían los ojos por las órbitas y no veía la hora que
terminase la escena. Se había jurado exigirle a su novio que abandone la
carrera de actor, porque no podía soportar verlo tan expuesto. Además, cuando
hacía el amor con ella, apenas alcanzaba la mitad de la pasión que mostraba
sobre el escenario. Sólo la tranquilizó que fuese nada mas que eso, una
actuación. Por su parte, Martins, con un estado de excitación muy grande a
causa del espectáculo y aprovechando que todo el público estaba magnetizado,
con la vista fija sobre el escenario, colocó su mano frente a la cara de
Patricia y chasqueó los dedos, se acercó al oído de Pat y le dijo unas
palabras. Al instante, Patricia bajó el cierre del pantalón del doctor y
comenzó a masturbarlo para, posteriormente, aliviarle sus tensiones con una
mamada de verga descomunal, tragándose todo el "néctar" y limpiando con total
entrega y devoción el miembro de su amo.

Cuando la obra culminó, el público no dejaba de aplaudir de
pié. El elenco tuvo que salir varias veces a saludar y cada vez que lo hacía
Paula, a los aplausos se sumaban exclamaciones de todo tipo, premiando su
actuación. El propio director de la obra se encontraba sorprendido. Ese
público era muy especial, la gran mayoría eran colegas suyos, y en general
eran muy fríos. Si una obra les agradaba la premiaban con algunos aplausos
desganados y si por el contrario, no los convencía, se retiraban antes que
terminase. Esta vez nadie había abandonado su butaca y allí se encontraban, de
pie, saludando al elenco, en especial a la protagonista, quien lloraba
desconsoladamente y no dejaba de mirar a Martins, expresándole su
agradecimiento. El que se mostraba un poco confundido era José. Si bien estaba
más que conforme con su actuación, no podía entender como se había entregado
salvajemente hacia su compañera y sus sentimientos eran una mezcla de
verguenza y miedo, los cuales no eran del todo infundados ya que su novia,
desde la primera fila, lo observaba fijamente y no precisamente con buena
cara.

Patricia y Martins esperaron que Paula se terminase de
cambiar y que se pudiese liberar de la cantidad de admiradores que iban a
felicitarle, muchos de ellos ofreciéndoles excelentes y futuras oportunidades
laborales. Cuando Paula llegó hasta ellos, Martins la felicitó personalmente e
invitó a ambas muchachas a cenar. Por supuesto que ambas aceptaron al unísono
y, sin más preámbulos, subieron al coche del doctor, quien había reservado una
mesa en un lujoso restaurant para agasajarlas.


Capítulo Catorce: La prueba final.

Mientras cenaban, Martins pensaba hasta que punto Paula
podría resistírsele estando plenamente consciente. Necesitaba probar si las
sugestiones post-hipnóticas que había ido almacenando en la mente de la
muchacha estaban re-programando su cerebro y de esa manera sus actitudes.
Trataría de llegar lo más lejos posible, tratando de no recibir un rechazo de
la joven que tirase todo por la borda. Martins sólo había logrado hasta el
momento divertirse sexualmente con Paula, pero de ahora en más la tendría en
cuenta para sus "negocios paralelos". ¿Quién se resistiría a pasar la noche
con una joven estrella que en poco tiempo saturaría las tapas de las revistas
y los programas de televisión?. í‰l ya conocía como seguía esta historia:
primero la llamarían para hacer algunas publicidades, cuando su cara resultase
conocida para el público en general, la convocarían para el staff de algún
programa y así iría escalando posiciones. Cuánto más conocida fuese más rédito
sacaría de ella. Además, dentro de su harem de esclavas, había dos o tres
productoras de televisión muy importantes que, segúramente, no se resistirían
a una orden de su "amo" para convocar a Paula. Martins, de incógnito, se
convertiría en su representante y cuánto más famosa fuese su "esclava", más
ganancias le traería. Por ese motivo era que necesitaba estar más tiempo junto
a Paula. Primero, porque quería probar si se le entregaba sin necesidad de
hipnotizarla, y en segundo lugar, porque todavía estaba pendiente el
introducirle "comandos" post-hipnóticos para poder ponerla en trance a larga
distancia, ya sea telefónicamente o, por ejemplo, a través de un e-mail.

Mientras Martins se encontraba concentrado en sus
pensamientos, Patricia pidió disculpas pero comentó que necesitaba pasar un
minuto al toilette. Le preguntó a Paula si quería acompañarla. Estuvo a punto
de acceder, cuando presintió, por la mirada de Michael, que él quería
aprovechar que quedaban solos por un rato para decirle algo.

– No creo que sea muy cortés que dejemos a nuestro
anfitrión sólo -fue la excusa que puso Paula para quedarse.

– Sí, tenés razón. -dijo Patricia y se retiró.

Paula miró a Martins esperando que su premonición fuese
cierta, y el doctor no se hizo esperar.

– Bueno, Paula. En realidad quiero aprovechar este momento
para decirte que la verdadera agasajada de esta noche eres tú. Obviamente, por
caballerosidad, no podía dejar fuera a Patricia. Pero creo que la noche no
estaría completa si no pudiese agasajarte a solas, como vos te lo merecés.

– ¿Y cuál es su propuesta? -preguntó Paula con una sonrisa
cómplice.

– Hay un champagne bien helado en el refrigerador de mi
departamento, reservado para que lo podamos compartir

– Pero….a su familia, ¿no le molestará?

– Perdón, que torpe he sido, no te he dicho nunca que desde
que me separé, hace de eso algunos años, vivo sólo en mi
departamento……quizás eso te incomode.

– En absoluto. No se cómo agradecerle todo lo que usted ha
hecho por mí -fue la respuesta categórica de Paula.

Martins no supo si esa última frase era una insinuación o
si realmente era una muestra de agradecimiento, o quizás las dos cosas, pero
no se preocupó, en pocos momentos se daría cuenta.

– Perfecto, entonces. Con la excusa de que Patricia vive
más cerca de aquí que tú, la dejaremos primero a ella en su casa y luego
nosotros seguiremos viaje.

– Ok. -dijo Paula, mientras un cosquilleo de excitación
comenzaba a invadir todo su cuerpo.

Durante el trayecto entre la casa de Patricia y el
departamento de Martins, y estando los dos solos en el vehículo, el doctor se
comportó como un verdadero caballero. Tanto es así que Paula comenzó a
sospechar que sólo tomarían unas copas de champagne y ese sería el fin de la
velada, lo cual la decepcionaba con solo pensarlo. Hacía mucho tiempo que
había imaginado este momento y no quería desilusionarse.

El departamento de Martins era como una extensión de su
consultorio. Una decoración similar, el mismo estilo de cuadros y esa
fragancia tan particular que aromatizaba el ambiente. Era obvio que Paula se
sintió a gusto de inmediato en ese lugar ya que le pareciá haber estado allí
antes. Michael la invitó a sentarse en un cómodo diván y se dirigió a un
modular, donde tomó dos copas de fino cristal y se dirigió al refrigerador.
Una vez servida la bebida, levantó su copa y brindó:

– Por el comienzo de una brillante carrera

– Por el comienzo de eso y de muchas otras cosas más
-respondió Paula enigmáticamente

– De acuerdo, y también por el comienzo de muchas otras
cosas más….-repitió Martins, obviamente, con intenciones totalmente
diferentes.

Chocaron las copas y bebieron sin dejar de mirarse a los
ojos. Después de haber dado un pequeño sorbo, Paula dejó la copa sobre la
mesita que se encontraba al lado del diván y reclinó su espalda sobre el
respaldo, pasando su mano por arriba del mismo. Martins hizo lo propio y
acercó su rostro al de Paula. La joven cerró sus ojos y en segundos sintió el
roce de los labios del médico sobre su boca. Entreabrió un poco la misma y
dejó el camino libre para que Michael comenzará a explorarla. El beso que
recibió fue suave y cálido y pareció durar una eternidad. A continuación,
Martins comenzó a besar su cuello para terminar jugando con el lóbulo de su
oreja. La sensación que produjo en Paula fue de una alta excitación y trató de
controlarse para no meter mano en la entrepierna del médico, aunque se moría
de ganas de hacerlo, sólo que él se estaba comportando con total galantería y
ella no quería aparentar ser una prostituta, por lo tanto sólo se conformó con
acariciar su nuca. Martins comenzó a desprender la camisa que Paula llevaba
anudada a su cintura y en pocos segundos la liberó de la misma, dejándola solo
con el finisimo y excitante soutien que sostenían los voluminosos pechos de la
joven. Paula sintió pudor en quitarle su camisa, parecía como si necesitase
que él se lo pidiera. No sabía por qué, pero sentía que ese hombre podía
dominarla, que de ahí en más no podría resistirse a nada de lo que le pidiese.
Y sin embargo Martins no le pedía nada, solo había comenzado a acariciar sus
pechos sin dejar de mirarla a los ojos. Eso la excitaba aún más. Se sentía
totalmente entregada a ese hombre y él se estaba tomando todo el tiempo del
mundo explorándola, sintiéndola, estudiándola….seduciéndola.

De pronto Martins cesó con las caricias y la ayudó a
incorporarse. Paula no entendía pero no se resisitió. La puso de pié delante
de él, quien seguía sentado, y la cadera de Paula quedó frente a su rostro.
Con mucho cuidado desabrochó la parte trasera de la pollera y ésta cayó al
suelo. Ahora ella se encontraba totalmente en ropa interior y él se reclinó en
el diván para observarla mientras encendía un cigarrillo. Paula estaba
ensimismada y el hecho de sentirse observada como si fuese un maniquí en una
vidriera la ruborizó, pero la excitó más.

Martins le ofreció una pitada, sin dejar de sostener el
cigarrillo, y cuando Paula acercó su rostro lo alejó de su boca acercándolo
hacia su propio cuerpo. Paula lo miró un tanto sorprendida y nuevamente
intentó alcanzar con su boca el cigarrillo, pero otra vez Martins lo alejó,
pero esta vez apoyando la mano en su entrepierna. En ese momento la joven
entendió. Se arrodilló frente a Martins y mientras le daba una pitada al
cigarrillo comenzó a bajar el cierre de su pantalón. Cuando lo hubo logrado,
miró fijo a Martins, expulsó sensualmente el humo hacia su rostro y sacando
totalmente el miembro erecto del médico, lo introdujo en su boca. Michael
siguió fumando, como si nada ocurriese, mientras Paula saboreaba, succionaba,
y lamía la verga de Martins con toda la pasión de una joven enamorada. Llegó a
darse cuenta que se encontraba en una posición un tanto humillante, pero no le
importaba, quería agradar a su hombre. Al cabo de un rato, y cuando hubo
terminado de fumar, Martins tomó la barbilla de Paula y levantó su rostro,
dándole una orden silenciosa para que parase. Ella lo miró y él le sonrió
dándole a entender que estaba satisfecho. Fue entonces cuando Paula tomó la
iniciativa. Se incorporó de inmediato y sacándose la bombacha se sentó sobre
el médico, introduciéndose el miembro de una sola vez dentro de su vajina, que
ya para ese entonces estaba empapada de jugo vaginal, producto de la
excitación. Una vez hecho esto, desabrochó su corpiño, dejando al descubierto
sus pechos frente a la cara del médico. Mientras éste, sin perdida de tiempo,
comenzó a recorrer con su lengua los pezones de Paula, la joven comenzó su
cabalgata sexual, llevándose las manos hacia su cortísimo pelo y comenzando a
jadear como una verdadera hembra en celo.

Dos horas después, ambos se encontraban descansando en el
dormitorio principal. Paula había desplegado todos sus conocimientos en el
arte de seducir sexualmente a un hombre y Martins estaba realmente
sorprendido. Esa mujer era realmente oro en polvo. Por ese motivo no quiso
perder más tiempo y decidió terminar de re-programar su cerebro para poder
tenerla a su disposición en cualquier momento y desde cualquier lugar. Terminó
de fumar su cigarrillo y se dirigió hacia Paula, diciéndole:

– Te molestaría que vaya por unos minutos a la habitación
de al lado, que en realidad la uso como una especie de estudio, para poder
terminar unos informes que necesito presentar mañana.

– No, en absoluto. De paso aprovecharía y si no te incomoda
me daría una ducha -respondió la joven.

– Perfecto. Cuando termines puedes encender el televisor o
ver algunos videos. Debo tener algunos por allí sueltos.

Martins se colocó una bata y se dirigió al estudio.
Mientras tanto Paula tomó su ropa, que estaba repartida por todo el
departamento y se dirigió al baño. Unos minutos después, ya duchada,
nuevamente fue hasta el dormitorio, donde se encontraba el televisor. Al lado
del mismo se encontraban un par de videocassettes, de los que se compran para
grabaciones caseras, uno de los cuales tenía una etiqueta que decía
¡¡SORPRESA!!. Obviamente, Paula no pudo vencer su curiosidad y decidió ponerlo
en la video para verlo. Al cabo de unos segundos la pantalla se oscureció
totalmente. Una música por demás agradable y relajante comenzó a escucharse,
primero en forma muy tenue, alcanzando luego un volumen estable. Al mismo
tiempo la pantalla había comenzado a cambiar de color paulatinamente, al ritmo
de la música. Paula no entendía muy bien por qué, pero ese juego de colores y
sonido le resultaba muy atrayente, al punto de no despegar su vista del
televisor. Lo que realmente la sorprendió fue que de pronto la voz de Martins
comenzó a escucharse por los estereofónicos parlantes, en forma muy nítida,
invitando al televidente a compartir una experiencia muy agradable. Si hasta
ese momento Paula se encontraba interesada, ahora su atención estaba
totalmente concentrada en esa cinta de video. A medida que Martins hablaba, un
espiral de colores comenzó a formarse en la pantalla, girando sobre su centro.
Lo que Paula no percibía era que una ráfaga de mensajes subliminales
comenzaban a ingresar a su incosciente, invitándola a relajarse, a dejarse
llevar por el espiral, a sentirse bien, cómoda, relajada, a sentir sueño, un
sueño cada vez más profundo, a cerrar sus ojos sin dejar de escuchar la música
y las palabras, a dormir, a dormir, a dor……………..

Había pasado ya más de media hora, cuando Martins decidió
que era el momento de regresar al dormitorio. Se quedó en la puerta observando
a Paula. La joven se encontraba sentada frente al televisor, con la espalda
totalmente recta, la cabeza erguida y con los ojos bien abiertos, mirando
fijamente la pantalla. Ni siquiera pestañeaba. Martins entró. Abrió su placard
para buscar una nueva muda de ropa y Paula ni se percató de su presencia. Su
mente estaba totalmente en blanco recibiendo órdenes, algunas de las cuales
ingresaban a la parte conciente de su cerebro a través de la voz grabada de
Martins. Otras entraban directamente a su inconciente debido a los mensajes
subliminales que no dejaban de bombardear su mente. Michael decidió probar la
profundidad del trance de Paula. Se acercó a ella y comenzó a acariciar su
pelo. La indiferencia de la muchacha era absoluta. Martins sonrió complacido.
La cinta estaba por concluir y era conveniente que él saliese del dormitorio.
Tomó la ropa y decidió darse él también una ducha. Cuando salió del baño,
Paula estaba durmiendo plácidamente en la cama, mientras la televisión
mostraba todo el resto de la cinta que no había sido grabado. Martins se
acercó a la cama y tocó repetidas veces el hombro de la joven.

– Ehh… Uy, perdón me quedé dormida -atinó a responder
Paula despertándose abruptamente.

– No hay cuidado. Veo que te has aburrido con la cinta.

– No, nada de eso. Es más, no recuerdo ni de que se
trataba. Es que tuve un día muy agitado y enseguida me venció el sueño -fue la
sincera respuesta de Paula.

– Tienes razón. Fue un día muy cargado de emociones. Creo
que es hora de que te lleve a tu casa.

Paula no quería irse de allí por nada del mundo, pero
tampoco quería abusar de la "bondad" de su….¿médico?, ¿amigo?, ¿amante?. Ya
tendría tiempo para analizar la situación. Por lo pronto decidió aceptar la
sugerencia de Michael. Durante el trayecto en automóvil, Martins no dejó de
expresarle muestras de afecto. Acariciaba su pelo, le daba cálidos besos y
ella respondía con igual entusiasmo. Al llegar a su casa, Paula se despidió
fogosamente de Michael y antes de despedirse le pidio:

– Por favor, cuando llegues a tu casa llámame. No voy a
poder dormirme sin saber si has llegado bien.

– Por supuesto que lo haré. No te quepa ninguna duda -fue
la respuesta de Martins.

Mientras Michael se dirigía nuevamente hacia su
departamento, Paula repasó todos los hechos vividos ese día: los nervios
previos al debut; la presencia de Martins en la sala y en su camarín; su
sorpresivo e inesperado "encuentro sexual" con José, su compañero de elenco;
la cena con Martins y Patricia; y en forma estelar, la noche pasada con "su
doctor". Ya se había desvestido totalmente y estaba a punto de acostarse,
cuando sonó el teléfono.

– Hola, Paula

– Sí, Michael, ¿has llegado bien?

– Perfecto. Gracias por preocuparte. Espero que ahora
puedas dormir tranquila, yo haré lo mismo, no sin antes darle su ración de
comida a mi pez, al que hace bastantes horas que tengo descuidado.

– Un pez….¿dónde lo tienes que no lo he visto?

– Oh, perdona, es que no me has dado respiro para poder
mostrarte mi casa. Lo tengo en mi estudio y es una mascota muy preciada por
mí. Digamos que somos compañeros de cuarto…ja ja ja. Si hasta le he puesto
nombre y todo….

– Ah, sí. ¿Cómo se llama?

– Se llama…..¡MESMER!

La palabra viajó a la velocidad del sonido por la línea
telefónica y se incrustó directamente en el cerebro de Paula. En instantes su
mente se puso totalmente en blanco y la convirtió, en milésimas de segundo, en
la ferviente y devota esclava que buscaba desesperadamente la orden de su
amo…

– Amo, estoy totalmente a tus órdenes. Deseo escuchar tu
voz para obedecerla ciegamente. Vivo sólo para obedecer -fue la respuesta de
Paula.

– Ya lo creo, y lo sé, mi querido juguete. Veo que has
asimilado muy bien y muy rápido el contenido de la cinta.

Paula no entendía a que se refería su amo, pero ni se le
cruzó por la cabeza querer averiguarlo. No le estaba permitido averiguar cosas
que a ella no le importasen y su deseo era obedecer sumisa y devotamente. Por
lo tanto se mantuvo en silencio, a la espera de alguna orden.

– Muy bien, mi mascota. Quiero que me digas cuál es tu
nombre -preguntó Martins

– Mi nombre es Cindy, Amo -fue la respuesta de Paula.

Durante el tiempo que Paula estuvo observando el video,
miles de mensajes subliminales fueron alojándose en su cerebro. Uno de ellos,
transmitido infinidad de veces, la indujo a elegir un nuevo nombre, que
utilizaría y al que respondería estando en condición de esclava. Ella había
elegido Cindy, por su admiración hacia Cindy Crawford. La voz grabada de
Martins, mientras tanto, la programó para que ella olvidase totalmente su
verdadero nombre cuando entraba en trance hipnótico. Y la manera de entrar en
trance telefónicamente era al escuchar, sólo de la boca de su Amo, la palabra
MESMER

– Que raro, hubiese jurado que te llamabas Paula -dijo
Martins adoptando un falso tono de preocupación.

– No, Amo. Nunca me he llamado Paula. Mi nombre es Cindy.
Paula es otra persona -fue la respuesa convencida de…..¿Paula?

Del otro lado del teléfono, Martins sonrió satisfecho.
Ahora podía convertir a Paula en Cindy a través de un simple llamado. Estando
totalmente despierta y conciente, Paula jamás sospecharía de la existencia de
Cindy ni recordaría absolutamente nada de lo que ella hiciese. Al entrar en
trance, Cindy tomaría posesión de la mente de Paula y obedecería ciegamente
todas las órdenes que su Amo le diese. Y si esas órdenes tenían que ver con
algún cambio en el aspecto físico, ya sea un cambio de peinado, un cambio en
la manera de vestir o algún otro, Paula, al salir del trance, creería que fue
algo que surgió de ella misma, sin sospechar que había sido una orden dada a
"su otro yo". Es decir, era como si dos personas compartiesen el mismo cuerpo
y se prestaran alternativamente la mente. Michael Martins, mientras tanto, se
propuso jugar un poco más con su esclava.

– Dime, Cindy, ¿Cómo estás vestida en este momento?

– Estoy en ropa interior, Amo

– Ohhh, que excitante. ¿No te calienta saber que me estoy
excitando, Cindy?

– Siiiii….me calienta muchísimo, Amo -fue la respuesta de
Cindy mientras, instintivamente llevó su mano libre hacia sus pechos.

– Bien….quiero que te masturbes para mí, Cindy. Pero
tienes absolútamente prohibido llegar al orgasmo sin mi autorización. Darías
cualquier cosa por acabar, esclava, pero no podrás hacerlo sin mi permiso.
Además quiero que mientras te masturbas me cuentes cómo lo estás haciendo.

A partir de ese momento Cindy comenzó a masturbarse de
todas las formas posibles mientras le contaba a su Amo cómo lo hacía. Se tiró
en la cama, apoyó el tubo del teléfono inalámbrico entre su hombro y su oído y
liberó ambas manos. Mientras se masajeaba frenéticamente los pechos,
convirtiendo ambos pezones en dos rocas rojas y puntiagudas, con la otra mano
había comenzado a estimular su coño hasta colocarse dos dedos dentro del
mismo. Martins aprovechó para darle una última orden.

– Muy bien, esclava. Estoy bastante satisfecho. Ahora
penetrarás tu coño con la antena del teléfono y masturbarás tu clítoris. No
reprimirás el placer pues quiero escuchar tus gemidos. Mientras tanto
comenzarás a contar mentalmente hasta 50. Cuando llegues a esa cifra tendrás
un orgasmo fuertísimo e inaguantable. Gemirás como una verdadera hembra en
celo. Cuando termine tu orgasmo, limpiarás con tu boca la antena y te pondrás
nuevamente a mis órdenes….¡Hazlo!

Inmediátamente, Cindy llevó el teléfono hacia su
entrepierna. Penetró su vagina con la antena del teléfono y rápidamente
encontró su clítoris. Comenzó cepillarlo, primero con cautela, luego más
vigorosamente, mientras daba repetidos gemidos de placer, que Martins
escuchaba del otro lado de la línea. Cuando la cuenta mental que ella estaba
realizando llegó a 50, un torrente de placer viajó por todo su cuerpo y tuvo
un orgasmo espléndido, al punto que no pudo evitar dar gritos de éxtasis que
seguramente, de estar sus padres en casa, hubiesen escuchado. Acabado el
orgasmo llevó la antena del teléfono a su boca y limpió cuidadosamente todos
los restos de jugo vaginal que se encontraban impregnados en ella. Concluído
ésto dijo:

– Ya he obedecido, Amo. Nuevamente estoy a tus órdenes.

– Muy bien, pequeña esclava, muy bien -dijo Martins notando
que aún sin ver a su esclava estaba teniendo una erección muy fuerte.- Ahora
puedes irte a descansar. Dormirás profundamente y mañana, cuando Paula
despierte, seguiremos verificando como sigue la programación de tu mente.
Hasta mañana, mi putita, cuelga y duerme profundamente….

– Hasta mañana, mi Señor -contestó Paula y cortó la
comunicación, no sin antes comprobar que su Amo había cortado primero. Apoyó
el teléfono sobre su mesa de luz y un sueño profundo la fue invadiendo
rápidamente, hasta quedar totalmente dormida.

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Resumen del relato:
    Ha llegado el momento más esperado por Paula… pero también el que nunca se imaginó.

El centro

El centro (4)

Los últimos acontecimientos no pasaron inadvertidos para la
suspicaz Vanessa.Era una joven de 22 años,estudiante de medicina que disfrutaba
con sus amigas de su poco tiempo libre pero algo había cambiado.Sin saber porqué
la mayoría de sus amigas se habían alejado de ella y se comportaban de forma
poco usual.Sin embargo aún contaba con la confianza de sus dos mejores
amigas,Pilar y Cristina.

La última en cambiar de comportamiento fué Julia y ahora
formaba parte del grupo de las "pavas" como lo denominaba Vanessa.No parecía que
hubiese explicación para que siete de sus amigas hubieran cambiado
repentinamente de comportamiento.Siempre estaban reunidas y su manera de vestir
había cambiado radicalmente,vestían ropa muy insinuante.Ignoraban por completo a
Vanessa y a las otras dos.Pero Vanessa decidió interrogar en solitario a Julia.

-¿Qué está pasando?,¿porqué os comportáis así?-preguntó
Vanessa a Julia.

-No pasa nada,sabes eres un poco paranoica.

-¡Cómo que no pasa nada!, pero si hasta ayer tú misma creías
que algo sucedía-grito enfurecida Vanessa.

-No lo puedes comprender así que tranquilizate-dijo y se
marchó.

Vanessa estaba atónita ante la reacción de Julia,era
increible como de la noche a la mañana había cambiado totalmente de
parecer.Vanessa pensaba en la posible explicación de porqué sus amigas se
comportaban así pero no la encontraba.Decidió irse a su casa que compartía con
Pilar y Cristina.Allí les contó su pequeña conversación con Julia.

-¡Qué demonios está sucediendo!,no es normal-dijo exaltada
Vanessa.

-No me lo explico si ayer mismo Julia estaba de nuestra parte
y hoy es otra pava de esas-dijo con rostro preocupado Pilar.

-Creo que tengo la explicación a el enigma-dijo Cristina
atrayendo la atención de sus amigas.

Las mostró un folleto sobre un centro cuya publicidad
decía:"Nuevas técnicas experimentales de hipnosis,el futuro ha llegado y todos
vuestros problemas psicológicos pueden ser resueltos,¿pensáis quedaros anclados
en el pasado?"

-Vamos Cristina no pensarás que…-dijo Pilar.

-¿Porqué no?,es que acaso encuentras otra explicación-dijo
Cristina.

-Tienes razón ese centro es una tapadera para controlar a la
gente,seguro que allí les lavaron el cerebro-dijo asintiendo Vanessa.

-¿Y que vamos a hacer?,no hay nada que demuestre vuestra
teoria-dijo todavía excéptica Pilar.

-Yo investigaré en el centro y recogeré la información
suficiente para probarlo ante la policía-dijo lanzada Cristina.

Esta respuesta dejó perplejas a sus dos amigas y la
intentaron convencer para que desistiese pero Cristina estaba dispuesta a todo y
mañana a mediodia cuando cerrase el centro iba a arriesgarse entromiendose en
aquel sospechoso lugar.

Las tres esperaban escondidas a que el centro cerrase y al
final un hombre salió del centro cerrando las puertas.Cuando el hombre se fué
calle abajo Cristina decidió comenzar su plan.Sus amigas le hicieron una última
oferta.

-En serio Cristina no tienes porqué ir sola,podemos
acompañarte-dijo Pilar.

-Es mejor que sólo entre una por si surgen
complicaciones.Hasta la vista-dijo sonriendo Cristina.

-Espero que no la pase nada-dijo preocupada Vanessa.

Sus amigas la veían marcharse y la perdieron de vista cuando
magistralmente Cristina con una pequeña ganzúa logró forzar la cerradura.Las
habilidades de Cristina eran muchas,ella era atleta y con una férrea voluntad,no
temía a nada.Dentro del edificio apenas se percibia la luz,la penumbra era
asfixiante pero Cristina cuidadosemente se movia tratando de no hacer ruido por
si alguien vigilaba el centro.Caminaba por un pasillo cuando escuchó un
murmullo,lentamente se acercó más al lugar de donde provenia el murmullo hasta
que unas voces fueron audibles.

-No es suficiente,necesito más-dijo una voz masculina.

-Sí,mi señor-dijo una voz semejante a la de Blanca que era
una de las antiguas amigas.

-Esta preciosidad va a conocer mis métodos de persuasión-dijo
de nuevo el desconocido.

-No,por favor,tenga piedad-suplicó una voz femenina.

-Inyecta y ponle el mensaje-ordenó el hombre.

Cristina estuvo a punto de acometer en la sala pero se
contuvo porque había grabado la conversación y eso era suficiente para
incriminar a el hombre,no obstante sintió lástima por la muchacha con la que
experimentaba pero tampoco podía entrar sin saber quienes estaban en la
sala,hubiese sido una temeridad entrar así que dió media vuelta pero algo la
cortó el paso.

-Mirad quién está aquí,pero si es Cristina-dijo Elena otra
vieja amiga.

-Seguro que el amo está contento por esta captura-dijo Isabel
otra antigua amiga.

-Esperad chicas seguro que podemos solucionarlo-dijo Cristina
mirando a su alrededo ganando tiempo.

No había salida alguna y la superioridad de las chicas era
abrumadora así que Cristina fué reducida y llevada ante el dueño del
centro.Cristina observó una grotesca visión,la sala era enorme y la chica que
pedía clemencia estaba drogada y tumbada en una cama,llevaba unos
auriculares.Por otro lado estaba un hombre moreno y joven de unos 30 años,era
atractivo y vestía con una bata blanca de médico;al lado de él se encontraba
Blanca,sólo llevaba lenceria y tacones,era alta y rubia con un buen trasero y
unos pechos medianos.Lo que más repugno a Cristina era que Blanca estaba
acabando una mamada y no paró hasta tragarse todo el semen.Después de eso Blanca
estaba sumamente satisfecha y su amo se percató de la presencia de Cristina.

-Tú debes ser Cristina,la atlética según tus amigas-dijo
acercandose a la sujeta Cristina-Buenas tetas,caderas y piernas
excelentes,facciones marcadas,pelo moreno y pequeño trasero-dijo examinando cada
parte de la anatomia de Cristina.

-Nunca me tendrás-dijo escupiendo a el hombre.

-Como te atreves a escupirle zorra-dijo Julia tras pegarla un
tortazo.

-Me llamo Alonso pero me puedes llamar amo-dijo riendose
Alonso-Puedes estar segura de que serás mía igual que aquella belleza.Bien
esclavas preparen la inyección,un nuevo paciente espera.

Julia se fué para preparar la inyección mientras Elena cogía
otros auriculares listos para programar a una nueva esclava.

-Podría hipnotizarte pero las drogas hacen eso por mí así que
relajate,todo va a ser muy placentero a partir de ahora-dijo Alonso.

Poco después de sentir la inyección Cristina sintió
desmayarse y entró en un estado de catalepsia.Permanecia en el umbral de la
consciencia mientras en su interior resonaba el mismo mensaje una y otra vez.

 

Ya era de noche y Pilar y Vanessa todavía esperaban la salida
de Cristina,las dos aún mantenían esperanzas de que su amiga saliese de un
momento a otro y lo hizo pero junto al grupo de las pavas.Esto alarmó a Vanessa
y Pilar que escaparon corriendo porque no podían confiar en su amiga.Corrieron
sin cesar hasta llegar a su casa,allí descansaron un poco tras asimilar el
fracaso del plan.

-Vanessa,¿crees qué Cristina es otra de ellas ahora?-preguntó
Pilar.

-Sin duda,ya no vestía igual y su expresión no era la
misma,esa ya no era Cristina-dijo convencida Vanessa.

-Alguien llama-dijo Pilar para avisar a Vanessa del teléfono.

-¿Diga?-preguntó Vanessa tras descolgar el teléfono.

-Soy yo Cristina,he conseguido engañarlas de que soy una de
ellas,tenéis que venir ahora al parque,tengo pruebas-dijo jadeando Cristina.

-No te creo y no pienses que vamos a caer en una trampa tan
simple-dijo con rotundidad Vanessa.

-Esta bien eres lista pero vosotras seréis las próximas,el
amo lo puede todo-dijo Cristina tetricamente.

-¿Qué ha pasado?-preguntó Pilar cuando Vanessa colgó el
teléfono.

-Estamos atrapadas-dijo Vanessa.

Vanessa poseía gran inteligencia y sabía que no podía ir a la
policia para denunciar aquello y tampoco podía salir de casa porque sus amigas
la estarían esperando,su única opción era intentar infiltrarse en el centro y
conseguir pruebas.Aquello sería una misión suicida quizás pero necesitaba una
distracción para que la base estuviese sin vigilancia.La única esperanza era que
Pilar sirviese de señuelo para dejar vía libre a Vanessa.Era un plan arriesgado
y tal vez desesperado pero Vanessa no podía confiar en nada más,quizás hasta los
policias estuviesen controlados,sólo podía confiar en su amiga Pilar.

Todo estaba preparado,las dos salieron a la calle
temerosas.En cada esquina se paraban para ver si a la vuelta de ella se
encontraban sus amigas pero no rondaban por los alrededores.Poco a poco se
acercaron al centro y allí las vieron,estaban las ocho en la entrada como si las
esperasen para recibirlas.Pilar y Vanessa se escondieron.

-Aquí estamos Vanessa,deséame suerte-dijo sentimentalmente
Pilar.

-No la necesitarás,tú sólo corre cuando vengan a por tí,yo me
encargaré del resto.

-Te aseguro que nos volveremos a ver,ten cuidado no sabes
quien puede esperar dentro-se despidió Pilar.

Decidida Pilar se expuso a la vista de sus antiguas amigas y
tan rapido como la vieron salieron corriendo en tropel para capturarla.Vanessa
veía perderse la silueta de su amiga con sus perseguidoras al acecho.No había
tiempo que perder porque Vanessa no sabía el tiempo que podrían tardar en volver
así que entró en el centro.El ambiente estaba enrarecido,Vanessa respiraba
sonoramente y su agudo oido captaba cada sonido.Vanessa entró en varias salas
que apenas tenían documentación y ella debería adentrarse en la sala
principal,cautelosamente abrió la puerta y no vió a nadie dentro.La sala estaba
en penumbra pero sobre una mesa encontró varios informes valiosos.Mientras
Vanessa ojeaba los informes la luz se encendió y Vanessa se sobresaltó al ver a
un hombre junto a la puerta.

-No deberías fisgonear en asuntos ajenos,¿no crees?-dijo
Alonso.

-Se acabó Doctor Alonso tengo las pruebas que
necesitaba,recuperaré a mis amigas-dijo Vanessa.

-No dudo que recuperarás a tus amigas y en especial a
Pilar-tras lo dicho aparecieron todas sus amigas en ropa interior y con ellas
Pilar.

Eso fué un mazazo para Vanessa porque siempre había confiado
en Pilar y ahora estaba besando a su enemigo.Pilar le dirigió una sonrisa a
Vanessa que la observaba boquiabierta.

-Amo he cumplido mis órdenes y ella cayó en la trampa como
planeaste-dijo Pilar.

-Te creía una digna rival Vanessa pero me has
decepcionado,cómo te atreviste a entrar en las fauces del lobo-dijo humillando a
Vanessa.

-No,no puede ser-dijo la confusa Vanessa.

-De verdad creías que yo iba a dejar que robases tan
facilmente las pruebas,eres la más ingenua de todas.Además Pilar fué mi primera
esclava,ella siempre me mantenía informado sobre vosotras y vuestros
planes,necesitaba tener siempre una espía en el bando no controlado por mí,es mi
más eficiente esclava-dijo revelando el secreto.

De nuevo Pilar besó a su amo y este le pidió que se corriese
delante de todos.Pilar se quitó el sujetador y tanga para tocarse cada rincón de
su exquisito cuerpo.Se acariciaba los pezones y cuando estos estaban rigidos se
dirigió a su vagina.Los flujos húmedos lubricaban su vagina y ella gemía y
entornaba los ojos de placer hasta llegar al orgasmo.Terminado el espéctaculo se
volvió a poner la lenceria.

-¿Te ha gustado?-preguntó Alonso.

-Dios mío qué les has hecho.

-Las he convertido en esclavas a mi merced pero no pienses
que lo hago sólo por placer,hay muchos negocios que desconoces.

-¿Porqué nosotras?

-Está claro sois jovenes y guapas.En mi negocio hay demanda
de chicas jovenes y te puedes imaginar para qué propósitos.Te sorprendería saber
quiénes son mi clientela,desde cargos políticos pasando por policias o honrados
jueces,se mueve mucho dinero.

-Amo ya tenemos todo preparado,¿empezamos?-dijo Cristina.

-¿Alguna pregunta más?-dijo Alonso dirigiendose a Vanessa.

Su destino se acercaba con una jeringuilla y Vanessa no podía
escapar de él.Lo último que vió Vanessa era a su amiga Cristina inyectandole la
droga,después se sumió en un estado de catalepsia hasta que recuperó la
consciencia.Al recobrar la vista vió a todas sus amigas alrededor en
lenceria,por fín se sentía de nuevo parte del grupo,sonrió y se quedó en ropa
interior,ya era una más.En su cabeza sólo había un pensamiento servir al amo.

 

Resumen del relato:
    Un nuevo centro ha sido inagurado y sus actividades son de lo más sospechosas.

Rosa Rosae

Rosa Rosae (4)

Mi nombre es Alex Sims, ex – profesor de una prestigiosa
universidad Estadounidense.

Actualmente trabajo en el departamento de investigación de
una gran compañía de lencería, cuyo nombre no mencionare por cuestiones de
privacidad y para evitar que me pongan una querella, que los abogados salen
caros.

Se que les parecerá raro que una empresa de lencería disponga
de un departamento de investigación pero así es, en este mundo hay que ser mejor
que la competencia y si eso conlleva gastos elevados las empresas lo asumen con
tal de vender más.

Mi misión en esta empresa es descubrir nuevas cosas que
ayuden a vender más lencería, y estaba a punto de presentar el invento más
revolucionario de toda mi carrera en la empresa. Con este motivo convoque una
junta de accionistas, cuyo consejo estaba formado casi exclusivamente por
hombres; junto a mi estaba Amanda mi ayudante por decisión propia desde que
entre en la empresa.

Déjenme que les cuente algo de Amanda, ella se presento con
motivo de unas pruebas de investigador, tenia una carrera universitaria y muy
buena nota, pero el consejo formado por viejos verdes sexistas no le permito
acceder a esa prueba que finalmente quedo desierta ese año y solo le dejaron
acceder al puesto de azafata de los congresos que la firma realizaba cada año
con motivo de las nueva temporadas. Podrán imaginar la ira y la rabia de Amanda
a este respecto, pero acepto el puesto pues necesitaba algo donde trabajar con
urgencia, al año siguiente yo acudí a la prueba de investigador y como ya saben
me quede con el puesto, así pues tras estudiar detenidamente los currículums de
los empleados elegí a Amanda como mi ayudante personal, sobra decir que también
tuvo algo que ver que tuviese un espectacular físico.

Pues la junta comenzó y todos estaban ya en sus puestos, fue
entonces cuando di entrada a Amanda que vestía el típico uniforme de azafata de
congresos, falda a la altura de media pierna, suéter y chaqueta a juego, con el
pelo recogido en una coleta.


Señores les presento mi ultimo y revolucionario invento
lo que he dado en llamar el color Rosa Rosae, tras muchos experimentos y
multitud de Dólares invertidos he descubierto que los hombres cuya capacidad
de razonar se puede ver influida en un momento dado por el sexo, reaccionan
ante este color perdiendo mientras dure la visión su "yo consciente" dando
rienda suelta a sus mas bajos instintos sexuales hasta entonces reprimidos
por vergí¼enza y/o educación y en este perfil se encuentran el 80 o 90 % de
los hombres adultos.

Y como muestra de esto que les digo, Amanda cuando
quieras pasa al biombo, como lo ensayamos.


Tras unos instantes quite el biombo y Amanda salio de detrás
vestida solo con un sugerente conjunto de sujetador y braguita del color Rosa
Rosae, antes de que pudiese darme cuanta todos los componentes de la junta
estaban mirando fijamente a Amanda y no solo por su cuerpo, que era francamente
espectacular sino por que el color funcionaba como yo lo había previsto, y al
poco estaban todos con sus miembros en la mano masturbándose como posesos sin
importarles lo mas mínimo las circunstancias en las que se encontraban.


Y esto no es todo, cualquier hombre como dije antes que
se ve atrapado por este color y debido a la perdida de voluntad que sufre es
totalmente receptivo a las ordenes que le de quien lleve este color, para
demostrarlo que tal si baja aquí señor Kaffman.


El señor Kaffman era un hombre de unos 50 años casado con dos
hijos mayores y además presidente de la junta y de la empresa, aparte de máximo
accionista.


Señor Kaffman, dijo Amanda mirándole a los ojos, cuando
salga de este "trance", va a nombrarme Presidenta de la empresa y va
regalarme sus acciones, aparte de esto usted estará totalmente inapetente de
deseo sexual hacia su mujer, pero sin embargo le excitara sobremanera
cualquier otra mujer que usted vea. Si con esto no consigue que su mujer se
divorcie de usted en un plazo de unas dos semanas, comenzara a acostarse con
otras mujeres y procurara hacer todo lo que sea posible para que su mujer lo
sepa, y si aun así su mujer le perdona, derrochara en otras mujeres incluso
en prostitutas toda su fortuna acumulada. No sabrá porque lo hace pero le
resultara imposible dejar de hacerlo.

Y ustedes miembros de la junta apoyaran su decisión de
nombrarme Presidenta de la junta, ahora cuando yo cuente tres van a
corrererse como nunca antes lo habían echo y al hacerlo perderán su
personalidad y quedaran sometidos a mis deseos de por vida, atentos 1 notan
como el momento se acerca, 2 esta aquí y ya es inevitable y 3 corranse y
vean como sus mentes se doblegan a mi voluntad.

El espectáculo era dantesco los 30 componentes de la
junta estaban eyaculando grandes cantidades de esperma y en sus caras se
podía ver una felicidad como nunca habían sentido, era la venganza de Amanda
hacia los que la trataron de una forma tan machista, ahora ellos eran suya
como marionetas, solo que mas influyentes y con mas dinero.

Muy bien mis queridos esclavos, ahora vístanse vuelvan a
sus casas y olviden que esto ocurrió. Bueno Amanda conseguiste lo que
quieras la empresa es tuya ahora espero que cumplas el pacto que teníamos.

Claro Alex como nueva presidenta de la compañía doblo el
presupuesto de tu departamento, tu salario y te eximo de la responsabilidad
de investigar nuevos productos para la empresa. Con los productos que hay en
el mercado tenemos para vivir cerca de 80 años.


Eximido de toda responsabilidad y con más presupuesto tendría
tiempo para investigar productos más rentables para mi uso personal, sin que me
costase un solo centavo.

Quizás ustedes se estén preguntando porque a mi no me afecta
el Rosa Rosae, pues bien el color solo afecta al cerebro que a fin de cuentas
controla todo el cuerpo. Y para que te domine tienes que tener ansias de sexo,
casi todo el mundo las tiene, yo sin embargo gracias a mis inventos sabía que
podía llegar a tener a la mujer que quisiera cuando y donde quisiera, por eso no
me afecta el Rosa Rosae.

Más adelante les contare como siguió mi vida, tras este
descubrimiento.

Por cierto se me olvidaba decir que el Rosa Rosae nunca llego
al mercado, Amanda se quedo con el para uso privado, creo que quería formar un
"harén" de hombres que la sirvieran, pero su secreto estaba a salvo conmigo
mientras mi salario fuese tan sustancioso y mi trabajo tan placentero.

 

Resumen del relato:
    Un investigador de una empresa de lenceria descubre un color que despierta los instintos sexuales de los hombres.

Un tratamiento muy particular (3)

Un tratamiento muy particular (3) (4)

Un Tratamiento Particular ( III )

Autor: Hypnoman


Capítulo Ocho: David, un basquetbolista bien dotado

Cuando salió a la calle, Paula se sentía estupendamente
bien. Si bien no se había atrevido a seducirlo más allá de algunas posturas y de
algunas miradas, ella se dió cuenta que antes de hipnotizarla, Martins la había
observado de una forma diferente. Después no recordaba más nada. En algún
momento le iba a preguntar que sucedía mientras ella estaba hipnotizada, pero se
imaginaba que Martins le hablaría para sacarle sus miedos. En algún momento se
puso a pensar si el doctor sería capaz de propasarse con ella, mientras estaba
dormida, pero esa idea voló rapidamente de su cabeza. Martins era todo un
caballero y nunca haría una cosa así. Aunque a ella no le desagradaba la idea,
pero prefería que lo hiciese con ella despierta. Muy pronto lo iba a lograr.
Cada vez se sentía más atraída hacia el doctor y no podría resistir mucho tiempo
más. Además, cada vez la miraba con más detenimiento. "A él también le estaría
pasando algo con ella", se ilusionó al pensarlo. Antes de dirigirse hacia la
parada del colectivo, Paula decidió comprar unas pastillas de menta en un
kiosco. Desde que salió del consultorio sentía un gusto extraño en su boca. Miró
con detenimiento al kiosquero. Era un muchacho joven, de baja estatura y algo
menudo. Enseguida perdió el interés por él, pagó y siguió su camino. Al llegar a
la parada del colectivo se encontró con dos hombres esperando. Uno de ellos
tendría más de 50 años y una contextura física bastante descuidada. No le prestó
demasiada importancia. Sin embargo el otro era mucho más atlético, alto, con un
físico que se notaba había trabajado en un gimnasio. Además vestía una remera
bien apretada, que marcaba su cuerpo y pantalones joggins. Llevaba un bolso
deportivo sobre la espalda. Era evidente que iba o venía de un gimnasio. Paula
lo miró descaradamente y el muchacho pronto se dió cuenta, respondiéndole la
mirada. Cuando quedaron casi frente a frente, ella clavó su vista, sin ningún
disimulo, sobre la entrepierna del joven y no notó ningún bulto prominente.
Rápidamente perdió el interés, se puso de espaldas a él y siguió esperando el
ómnibus. No comprendía porqué la había asaltado ese súbito interés en mirar a
los hombres. Generalmente, cuando caminaba por la calle, nunca les prestaba
mayor atención, salvo que fuese un ejemplar digno de ver, y así y todo sentía
cierta verguenza en hacerlo, por miedo a que quedara muy evidente. Se respondió
asimisma que el motivo era la excitación que sentía cada vez que volvía de
encontrarse con Martins. Eso la dejaba alterada y seguramente provocaba en ella
esas reacciones. Mientras pensaba vió venir el ómnibus y dio por terminado sus
razonamientos.

Mientras sacaba el boleto, estudió el interior del
colectivo. Había muy pocos pasajeros en él, la mayoría mujeres, y sin saber
porqué, Paula se sintió decepcionada. Se sentó al lado de la ventanilla y
aprovechó el viaje para pensar en la obra de teatro que iba a representar junto
a su grupo en los próximos días. A diferencia de otras veces, donde ya días
antes comenzaba a sentir los ataques de pánico por tener que actuar ante el
público, esta vez Paula esperaba con mucha impaciencia que llegase ese día para
poder actuar y probar que había superado su eterno problema. Se sentía tranquila
y confiada, y sabía que todo eso se lo debía a Martins. Otra vez se le metía en
sus pensamientos. Estaba profundamente concentrada en sus pensamientos cuando el
ómnibus detuvo su marcha en un semáforo. El ruido de los frenos la volvió a la
realidad y decidió mirar donde se encontraba. Vió un bar en el que algunas
personas se encontraban tomando algo en la vereda. Una pareja discutía en una de
las mesas, en otra una madre estaba con sus hijos tomando unas gaseosas y en la
última mesa se encontraba un hombre de color, vestido con ropa deportiva,
seguramente un jugador de basquetbol. Sentado sobresalía de los demás. Debería
medir más de dos metros y era una masa compacta de músculos. El colectivo
arrancó y Paula no pudo dejar de pensar en ese hombre. Si bien no era racista ni
mucho menos, nunca le habían interesado los hombres de raza negra. Pero éste era
especial. Cerró los ojos y lo imaginó desnudo. Comenzó a inquietarse. Sin darse
cuenta, llevó una mano hacia su entrepierna y tocó su ropa interior. Su
cortísima minifalda se lo permitía perfectamente. La notó humedecida. La imagen
del hombre le bombardeaba la cabeza. Instintivamente se paró y se dirigió hacia
la puerta de adelante del vehículo. Le rogó al chofer que se detuviera,
argumentando que se debía haber bajado en la parada anterior. Descendió y se
puso a caminar en la dirección del bar. Estaría a dos cuadras del lugar. Sintió
deseos de verlo más de cerca y apuró el paso. Mientras caminaba su cabeza
funcionaba a mil por hora. ¿Qué haría cuando lo viera?, ¿y si ya se había ido?,
¿por qué ese interés por ver a ese hombre?, ¿tanto la había flechado?. Dejó de
hacerse preguntas cuando se encontró a casi media cuadra del bar y pudo observar
que todavía seguía ahí. Era demasiado grandote y moreno como para no verlo desde
esa distancia. Comenzó a elucubrar un plan. Pensó que estaba totalmente loca,
pero cuanto más se acercaba más excitada se sentía. Hacía muchísimo tiempo que
alguien no la impactaba tanto, a excepción de Martins, por supuesto, y decidió
que no lo iba a desaprovechar.

Cuando ya se encontraba a muy pocos metros de él, Paula
comenzó a caminar de manera mucho más provocativa. Su atuendo y la manera de
moverse enseguida atrayeron la atención del hombre. Cuando pasó delante de él,
Paula simuló un tropezón y emitió un gemido de dolor. Se quedó inmóvil,
tomándose el tobillo, como si se lo hubiese doblado. La posición que adoptó
estuvo perfectamente estudiada. De espaldas al hombre, semiagachada, dejaba ver
todas sus intimidades a la vista de "su" espectador. La pareja que se encontraba
en una de las mesas siguió discutiendo, sin percatarse de la situación. Los
niños que se encontraban con su mamá lanzaron una carcajada burlona lo que
provocó gran verguenza en la señora, quien se hizo la distraída. El hombre de
color inmediatamente se levantó de su silla y se acercó a Paula…

– Disculpa, ¿te has lastimado?,
¿puedo ayudarte?

– No es nada, gracias. Creo que me
doblé un poco el tobillo. Ya va a pasar.

– De todas maneras creo que deberías
sentarte un rato, hasta que pase el dolor, antes de seguir caminando.

– Sí, creo que sería mejor.

Enseguida el hombre invito a Paula a su mesa y ambos se
sentaron. Se presentaron, el dijo llamarse David y por el acento se notaba que
era norteamericano. Le contó que hacía poco tiempo que estaba en la Argentina,
que lo había contratado un club de basquet de primera división y que dominaba el
castellano pues anteriormente había jugado una temporada en Cuba. Paula, por su
parte, inventó que se dirigía a casa de una amiga que se encontraba un poco
enferma. David la invitó con una gaseosa y charlaron durante casi una hora de
diversos temas, aprovechando que Paula había viajado recientemente a Cuba y
recordando, de paso, los lugares más pintorescos de la ciudad. Si bien parecía
ser una conversación amistosa, Paula se cuidó, en todo momento, de adoptar
posiciones bastante provocativas y de mirar fijamente a los ojos de David con
miradas sugestivas y penetrantes. David acusó el impacto.

– Mira, chica, ha sido tan agradable
conversar contigo que se me ha pasado la hora de ir al entrenamiento. Si no te
molesta, permíteme hacer un llamado telefónico para avisar que hoy no podré ir y
seguimos charlando. ¿Ok?

– Bueno, a decir verdad a mi también
se me ha hecho un poco tarde para ir a lo de mi amiga. Mientras tanto yo la
llamaré desde mi celular para decirle que la veré otro día.

David sonrió complacido y se levantó. Paula, sin ningún
disimulo, clavó su mirada en la entrepierna del negro. Se notaba perfectamente
que todo estaba bien proporcionado. Sin poder hacer nada, notó que nuevamente se
volvía a humedecer. Se preocupó pensando que si David se lo proponía, ella no
podría resistirse a nada de lo que él quisiera. Cuando Paula quedó
momentaneamente sola en la mesa del bar, automáticamente entró en trance, tal
como se lo había ordenado Martins. Abrió su cartera y extrajo la pastilla que el
doctor le había dado. Cuidadosamente la disolvió en la gaseosa de David. Una vez
hecho ésto, despertó nuevamente. Se sintió un poco confundida, pero lo atribuyó
a la creciente excitación que estaba experimentando. Cuando David regresó,
continuaron charlando mientras terminaban sus tragos. Al poco tiempo David
comenzó a sentirse un poco incómodo, cruzaba sus piernas continuamente y se lo
notaba un tanto excitado. La pastilla estaba causando los efectos previstos.

– Oye, baby, me has dicho que te
gusta mucho el ron. Pues que yo vivo justo aquí enfrente y en mi departamento
tengo uno de los mejores. ¿Puedo invitarte a probarlo?….digo….si tu tobillo
lo permite
-broméo.

– Es una oferta tentadora
-dijo Paula mirándolo fijamente y entrecerrando sus ojos
sólo si me prometes que no me harás perder mucho tiempo. Es que quisiera
regresar temprano a casa.

– Seguro, chica -contestó
David, sin creerselo ni él siquiera. Se incorporó, cuidando de acomodar lo mejor
posible su "paquete", tomó de la mano a Paula y cruzaron la calle.


Capítulo Nueve: Dándole forma al cuerpo

El departamento de David era pequeño pero acojedor.
Mientras él servía ya la segunda ronda de bebidas Paula se detuvo a mirar
algunas fotos que se encontraban sobre un modular. La mayoría lo mostraban a
David jugando basquetbol, pero había una muy particular, especialmente para la
joven. El negro se encontraba en una playa, posiblemente de Cuba, vestido
únicamente con un suspensor de baño. Paula hubiese jurado que esa foto estaba
trucada, porque el bulto que sobresalía era sencillamente desproporcionado.
"Este muchacho tiene tres piernas", pensó, mientras su calentura alcanzaba
límites muy altos. Seguía ensimismada en la fotografía cuando sintió que unos
brazos grandes, con sus correspondientes manos, la abrazaban por detrás.

– Hey, baby, para que mirar en fotos
lo que puedes apreciar en vivo y en directo.

Paula se dió vuelta, despaciosamente y sin ofrecer
resistencia.David inmediatamente buscó su boca mientras subía lentamente sus
manos en busca de los atrayentes pechos de la muchacha. Ella, instintivamente,
bajó una de sus manos y palpó la entrepierna del negro. No pudo disimular una
expresión de sorpresa. Decididamente era algo fuera de lo común. Un sentimiento
mezclado de temor y deseo asaltó a Paula. Por un lado no veía la hora de tener
ese miembro dentro suyo, pero a su vez temía que ese mismo miembro la
despedazara. Sin dejar de besarla y de acariciarle las tetas, David la fue
conduciendo hacia el dormitorio. Una vez adentro comenzaron a desvestirse
mutuamente. Cuando Paula vió "en vivo y en directo" lo que tenía ante sus ojos,
inmediatamente se inclinó para metérselo en su boca. No tuvo que agacharse
mucho, debido a la altura del basquetbolista. Paula estaba más que sorprendida.
Tenía la pija del negro metida casi hasta su garganta y sólo se había
introducido una cuarta parte. David la guiaba con pequeñas presiones sobre su
nuca. En un determinado momento, David decidió que ya era hora de introducirse
dentro de Paula. Quitó su gigantesca pija de la pequeña boca de la muchacha y la
recostó sobre la cama. Instintivamente y sin pensarlo Paula le rogó:

– Por favor, quiero que me hagas el
culo…

David se sorprendió. Era la primera vez que una mujer le
proponía sexo anal en los preliminares de una relación. En primer lugar porque
la mayoría de las mujeres se hacían desear antes de entregarlo y además, porque
aquellas que conocían a David en la intimidad, se aterrorizaban de que semejante
miembro las poseyera por detrás. Mientras el joven salía de su asombro, Paula ya
se encontraba en la posición exacta para que David la penetrara. Sin saberlo,
había adoptado la misma posición en cuatro patas que adoptaba frente a Martins,
cuando este se lo ordenaba. David pudo observar el orificio de Paula. Si bien se
notaba que no era la primera vez que la iban a cojer por el culo, tampoco era un
orificio lo suficientemente dilatado para soportar el "paquete" que ya había
llegado a su máxima erección. Previendo esto, untó con vaselina su pene y el
orificio anal de Paula y poco a poco comenzó a introducirlo. Ni bien introdujo
una pequeña parte, Paula dió un alarido de dolor por lo que David se detuvo. Sin
saber porqué, Paula se escuchó repitiendo:

– Más…por favor….más….damela
toda…..

Eso fue suficiente para David. Su terrible calentura,
mucho mayor que en otras oportunidades, a causa de la "dosis" que, sin saberlo,
había bebido y los gemidos de Paula por recibir todo su atributo nublaron su
mente y empujó hacia adelante, introduciendo toda su pija dentro del culo de la
joven. Paula creyó que se iba a desmayar. El dolor era desgarrador. Gritó con
toda su alma y un torrente de lágrimas nublaron sus ojos. Sintió como si la
estuvieran despedazando. Se quedó inmovil durante varios segundos lloriqueando y
jadeando. No lo podía soportar. Giró su cabeza hacia David, quien se asustó al
ver su cara desencajada y amagó con quitarla. La respuesta de Paula fue
terminante, casi una orden:

– Hijo de puta….. cojeme…..
cojeme toda

David no pudo resistirse. Su calentura había llegado al
extremo y además, esa mujer lo estaba provocando como nunca nadie lo había
hecho, por lo que no tuvo ninguna consideración y comenzó a empujar con todas
sus fuerzas. Paula sintió el dolor más profundo de su vida y el más
interminable. Sólo varios minutos después, su cuerpo fue acostumbrándose al
extraño y voluminoso "aparato" y el dolor fue desapareciendo lentamente para
darle paso al placer. Si hasta ese momento, Paula había deseado que David la
poseyera una y otra vez, el hecho de sentir placer la erotizó al máximo y
continuó estimulando al negro para que siguiese sin parar. Mientras tanto, David
estaba sorprendido por la resistencia de esa mujer, quien había logrado
extraerle dos eyaculaciones poderosísimas. Lo que más lo sorprendía era que su
miembro se mantenía totalmente erecto y sus ganas no decrecían en absoluto. Su
único desconsuelo era que notaba que ella no había logrado tener un orgasmo y lo
exigía cada vez más. Su orgullo estaba herido y él no era de dejarse vencer tan
facilmente. No pararía hasta lograr hacer acabar a la muchacha. Aunque ello le
llevase toda la noche.

Cuando Paula miró el reloj, ya eran las 6 y media de la
mañana. A su lado, David estaba profúndamente dormido. Ni siquiera los ruidos
que hizo Paula al asearse y colocarse nuevamente la ropa lograron despertar al
negro. Había sido una noche muy exigente para él. Sólo hacía menos de una hora
que se había desplomado en la cama y ya estaba viajando por un sueño profundo y
pesado. Paula lo miró con una mezcla de ternura y desaliento. Lo había tenido
casi toda la noche haciéndole el culo y no había logrado llegar al orgasmo ni
una sola vez. Para David la historia fue distinta. Nunca en su vida había
eyaculado tantas veces como esa noche y nunca antes tampoco se había sentido tan
frustrado al no poder hacer llegar al climax a una mujer. Cansado y
desmoralizado, había decidido recuperar un poco de fuerzas y se había quedado
totalmente dormido. Para Paula había sido una tarea muy ardua tratar de
convencer a David de que sólo la penetre por atrás. Ni ella entendía porqué,
pero esa noche sólo había querido que le rompieran el culo en todo momento. Y
podríamos decir que lo logró, aunque para esto, en algunos momentos debió
acceder a los caprichos más extravagantes del negro basquetbolista. En un
momento de la noche, David, cansado de la exigencia de Paula de que sólo la
penetrara por atrás, le ordenó que se comportara como una perra. Le ató un
collar al cuello y la paseó por todo el departamento. En cada una de las
habitaciones la cojío por atrás, mientras Paula debía "ladrar" y "jadear" como
un verdadero animal en celo. En otro momento David abrió un pequeño aparador y
sacó un par de consoladores tan grandes como su miembro y, mientras descansaba
sobre la cama, exigió a Paula que se los insertara por delante y por detrás y
que se masturbara en su presencia. La muchacha accedía a todo lo que se le
pedía, sin saber realmente porqué, pero cada cosa la excitaba aún más que la
anterior. Su grado de "calentura" no decayó en toda la noche. Pero el orgasmo
nunca llegó.

Al salir a la calle, notó que no se había despedido de
David. No sólo no lo despertó, ni siquiera le dejó una nota con su número de
teléfono. Cuando lo advirtió, ni se preocupó. Intimamente sabía que no lo vería
nunca más. Y no le afectó en lo más mínimo. Lo que sí la preocupaba era que sus
músculos, al comenzar a relajarse, comenzaban a dolerle cada vez más fuerte, en
especial un músculo en particular: su culo. Necesito la ayuda de la pared para
poder caminar hacia la parada del colectivo, y cuando subió al mismo, aún
estando totalmente vacío, decidió viajar parada porque no podría soportar el
dolor de sentarse, aunque debió soportar la mirada extrañada y libidinosa del
chofer, quien pensó que Paula tenía otras intenciones más que viajar.

Llegando a su casa, Paula observó el reloj. Eran casi las
7 y media. Sólo tenía una hora para descansar. No podía darse el lujo de faltar
al trabajo. Verificó la alarma de su despertador, se desvistió y se acostó en su
cama. Mientras encontraba el sueño reparador decidió repasar mentalmente lo
sucedido durante toda esa última noche. Pero, para su sorpresa, a medida que
comenzaba a quedarse dormida los recuerdos iban desapareciendo de su mente.


Capítulo Diez: Amigas especiales

Una hora más tarde, la alarma del reloj la despertó. Le
costó muchísimo abrir los ojos y otro tanto más incorporarse, pero por razones
completamente distintas. Por un lado, parecía que no había dormido casi nada, y
eso, según Paula, era absolútamente imposible. Hasta donde ella recordaba, había
salido del consultorio de Martins a eso de las 21:00 horas, y si bien a partir
de ahí sus pensamientos se hacían confusos, recordaba haber llegado a su casa y
haberse acostado a dormir. Según sus calculos, suponiendo que se hubiese
acostado a eso de las 22:00, habría dormido casi 10 horas y media, y entonces no
tendría que sentirse tan cansada como se sentía. El problema para incorporarse
de la cama era otro: casi no sentía sus piernas. Estaban como anestesiadas y su
cola parecía arderle en carne viva. Cuando fue consciente del dolor, se asustó.
No encontraba ninguna explicación al respecto. Hasta donde ella recordaba, el
día anterior había transcurrido normalmente y ella se había acostado sin ninguna
molestia. Sintió mucho miedo al pensar que podría tratarse de una infección.
Faltaban muy pocos días para su "prueba de fuego" en el grupo de teatro y nada
podría ser tan lamentable como el no poder asistir por un problema físico. Con
lo que le había costado conseguir una nueva oportunidad. Y con lo esperanzada
que se encontraba desde que había comenzado el tratamiento con Martins. Cuando
logró incorporarse, pensó que se iba a desmayar. El dolor era desgarrador. No
podía mantenerse de pie y mucho menos intentar llegar hasta el baño, que se
encontraba a unos pocos metros. Ni pensar en sentarse en la cama, el solo hecho
de pensarlo le provocaba aún más dolor. Decidió quedarse inmóvil, sin saber que
hacer, hasta que con el correr de los minutos, el dolor comenzó a ceder.
Aprovecho para llenar la bañera y darse un baño de inmersión. Al cabo de un
rato, estuvo en condiciones de comenzar a vestirse para partir hacia su trabajo.
Demás está decir que llegar hasta su empleo fue un suplicio. Cada paso era una
puñalada. Su cara reflejaba la marátonica sesión de la noche anterior, aunque
ella no recordaba absolútamente nada, mezclado con la expresión de dolor que le
producía movilizarse. Cuando su amiga, Patricia, la vio llegar pensó que algo
grave le había sucedido en el camino. Llevó a Paula hasta su sillón y la ayudó a
sentarse. Tuvo que taparle la boca para que sus jefes no escucharan el alarido
que Paula dió al apoyar su trasero. Durante unos buenos minutos intentó que le
contase que le había pasado, sin conformarse con las respuestas que su amiga le
daba. Al cabo de un rato, entre frustrada y ofendida, Patricia le dijo:

– Bueno, che. Después de todo, si te
rompieron el culo y no querés decir nada es problema tuyo. Pero después no me
pidas que te cuente mis cosas.

– Callate querés -respondió
Paula, aún más ofendida que su amiga – Si me
hubiesen roto el culo, estaría dolorida pero feliz. No sé a que se debe este
dolor, y tengo mucho miedo que no pueda hacer la obra. Te juro que me mato si
no……
-no pudo continuar y rompió en llanto. Patricia, ahora
con un poco de culpa pero igual de confundida, se acercó, la acompañó hasta el
baño para que nadie la vea en ese estado y comenzó a consolarla. Primero con
palabras, luego instintivamente comenzó a acariciarle el pelo, luego la cara, el
cuello, los hombros………los pechos. Sin saber porqué, Patricia desde hacía
un tiempo se sentía intensamente atraída hacia Paula. Recordaba que todo comenzó
cuando la acompañó por primera vez a lo de Martins. Seguramente había sido el
cambio de "look" que experimentó su amiga lo que había provocado tal reacción en
ella. Hasta entonces sólo la había mirado como una compañera de trabajo y nada
más. Pero ahora era distinto. Ella nunca había tenido impulsos lésbicos, pero
desde hacía un tiempo que en su mente rondaba la imagen de su amiga. Hasta
cuando hacía el amor con un hombre, su fantasía derivaba en la cara de Paula,
pero especialmente en sus pechos. Mientras Patricia continuaba sumergida en sus
pensamientos, aunque sin dejar de masajear los pechos de su amiga, Paula había
parado de llorar. El "excesivo" consuelo que estaba recibiendo, si bien la
sorprendió un poco, no la molestó en absoluto. Es más podía decirse que hacía
tiempo que lo estaba esperando. A Paula también le pasaba lo mismo que a su
amiga, pero nunca se atrevió ni siquiera a pensarlo. Pero ahora era distinto.
Necesitaba contención y afecto y lo estaba recibiendo de quién más la
comprendía. Sin darse cuenta, comenzó a pasar su mano por las piernas de
Patricia. Al cabo de un rato, había llegado a su entrepierna. Patricia estaba
como "entregada". Su única reacción fue bajarse la bombacha para que la mano de
Paula pudiese llegar hasta su pubis. Paula entendió la intención y no se hizo
esperar. Comenzó a acariciar los labios inferiores y recibió la humedad de su
amiga como respuesta. Se excitó sobremanera y comenzó a introducirle su dedo
mayor. Patricia había comenzado a gemir, envuelta en una oleada de placer muy
intensa, lo que hizo que Paula intensificara la tarea. En segundos, eran tres
los dedos de Paula que se encontraban dentro de la otra joven. Casi al instante,
Patricia tuvo un intenso orgasmo y esta vez fue Paula quien debió taparle la
boca para que no se escucharan sus gemidos. Cuando todo acabó, se miraron un
rato, casi sin comprender cómo había pasado, se arreglaron su maquillaje y sus
uniformes y salieron del baño sin hablar. Durante todo el día casi ni se
dirigieron la palabra más allá de lo necesario. Algo muy fuerte se había
exteriorizado y ambas sentían una mezcla de culpa y verguenza.

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Resumen del relato:
    Paula ya ha sido programada. Ahora debe ser entrenada para que su cuerpo resista todo tipo de vejámenes…

La maldición de Murdok (2)

La maldición de Murdok (2) (4)

Bethany miraba el horizonte buscando un atisbo de
esperanza,todavía no había perdido la fé y sabía que pronto Lancelot llegaría
para rescatarla.Sheila interrumpió sus cavilaciones.

-¿Deleitandote con la vista?-preguntó con sorna Sheila.

-Sé que Lancelot vendrá para rescartame y entonces os hará
pagar-dijo estallando de furia Bethany.

-Vaya qué genio-dijo Sheila burlandose otra vez-¿Harías daño
a tu propia hermana?-preguntó Sheila para enfurecer a Bethany.

-Mi hermana ha muerto,aunque tengas su rostro no eres
Sheila-dijo Bethany mirando fijamente un anillo de Sheila igual al suyo.

Sheila demostró a su hermana contándole secretos de su niñez
que ella era su hermana.Bethany pensó que no era posible,sus recuerdos la
atormentaron de nuevo.Comenzó a llorar.Sheila la acogió en su regazo
aprovechando la situación.

-Nuestro padre no es un santo,él desterró a Murdok porque
tenía envidia de su poder-dijo Sheila mientras su hermana sollozaba.

-No eso no es verdad,déjame-dijo Bethany escapando a su
habitación.

A Bethany el mundo se le venía encima,todo lo que creía se
vino abajo.Su vida era una mentira,sus recuerdos carecían de significado,se
sentía engañada y deprimida,no podía confiar en nadie.Sin duda las declaraciones
intencionadas de Sheila habían afectado a Bethany.

-Buen trabajo Sheila-dijo Murdok.

-Mi hermana está llena de odio,pronto se unirá a
nosotros-dijo Sheila conocedora de las debilidades de Bethany.

El anillo era un sistema lento para canalizar el odio de una
persona e irla transformando paulatinamente en otro servidor de Murdok.Si bien
Murdok podía fácilmente convertir a cualquier persona en un títere a su servicio
gustaba más de convertir lentamente a Bethany.

El tiempo en aquel castillo transcurría relativamente
rápido.Ya cansada de llorar en su habitación se levantó,Bethany notó que su
camisón para dormir del que no se había despojado le estaba tremendamente
ajustado.Al mirarse al espejo descubrió la causa por la cual su camisón ya no le
valía.Su cuerpo había crecido y sus pechos y caderas con él.Una voz la
sorprendió.

-¿No crees que deberías ponerte algo menos ajustado?-preguntó
burlonamente Staci.

-¿Qué te pasa Staci?,debemos huir-dijo Bethany confiando en
que Staci reaccionara.

-Me pasa esto-dijo acercándose a Bethany.

Se paró justo delante de Bethany y la besó
forzosamente.Después se marchó de la habitación como si no hubiera pasado
nada.Bethany se quedó estupefacta por el beso pero un retortijón la recordó que
no había probado bocado desde su rapto.Bethany se enfrentaba a un problema o
salía con su camisón apunto de reventar o bien se cambiaba de ropa.Al final tuvo
que cambiarse de ropa,le costó elegir un vestido porque todos eran muy
insinuantes.Eligió uno de cuero con un generoso escote y ajustado marcando las
curvas de Bethany.Se miró una vez más al espejo,se abochornó de sí misma pero no
tenía otra elección.

De nuevo se encontró frente a frente con Murdok,sin embargo
ya no le producía pavor,simplemente respeto.

-Te queda de fábula el modelito-dijo Sheila admirando a
Bethany.

-Quiero comer algo-dijo Bethany sin hacer caso a Sheila.

-Staci trae algo para comer-dijo Murdok.

Bethany esperaba sentada al lado de Sheila que no paraba de
mirarla asombrada.Staci llegó cargada de todo tipo de manjares.Bethany
hambrienta comenzó a devorar la deliciosa comida.Pero la bebida no era de su
agrado.

-Yo no bebo vino,sólo agua-dijo Bethany derramando su copa
despóticamente.

-Pues en este castillo sólo se bebe vino-dijo Murdok
autoritariamente.

Sedienta como estaba Bethany tuvo que beber el vino.Nunca
había probado el sabor y le pareció dulce a la vez que amargo,un sabor
sublime.Ella no se imaginaba que aquel vino desataba todas las inhibiciones pero
pronto sus efectos se hicieron evidentes en Bethany.Ella se reía y hacía
comentarios estúpidos,se mostraba muy alegre.Sheila aprovechó la ocasión para
besarla y tocarla,pero Bethany cayó dormida.

Cuando Bethany se despertó estaba aturdida,recordando lo
sucedido Bethany se avergonzó de su comportamiento.En el espejo obsevó como
había de nuevo crecido,ahora su vestido si que estaba ceñido hasta el punto de
marcar sus pezones.Conmocionada se cambió de vestido.Ningún traje la gustaba
pero optó por un conjunto mucho más sexy que el anterior.Era un body de cuero
que dejaba parte de sus esponjosos senos y sus prietas nalgas al descubierto.Un
cordón regulaba el grado de ajuste del body y Bethany lo apretó lo
máximo.Bethany lucía tan sexy que hasta ella misma se calentó,el anillo
comenzaba a controlarla.

Repentinamente Bethany escuchó el nombre de su amado
Lancelot,el único en quien todavía podía confiar.Escuchó la conversación.

-Lancelot ha llegado hasta la ciudad y está en las puertas
del castillo,¿qué hacemos?-dijo Sheila.

-¿No ha llegado acompañado?-preguntó Murdok.

-Sus demás compañeros sucumbieron a los placeres de la
ciudad,son ahora tus súbditos-informó Sheila.

-Entonces que le dejen pasar-dijo Murdok maquinando su
próxima diversión.

Bethany se alegró inmesamente de que Lancelot viniera para
rescatarla.Salió a la habitación principal esperando deseosa a
Lancelot.Inesperadamente para Lancelot nadie impidió que llegase hasta
Murdok,cuando le vió se llevó una sorpresa al ver junto a él a su prometida y a
Staci tan ligeras de ropa.

-Murdok devuelvemelas-dijo con tono heróico Lancelot.

-Sálvame Lancelot-dijo Bethany sujetada por Murdok.

-Veamos tu aguante-dijo Murdok.

Con un gesto de Murdok la sirvienta Staci vestida únicamente
con un corpiño y tanga negros se acercó sensualmente a Lancelot que la miraba
atontado.Staci le besó y le tocaba sus genitales excitandole pero Lancelot
retomó su control y apartó a Staci con un empujón.Staci desde el suelo lo miraba
ávida de sexo.

-Parece que tu prometido tiene coraje.Sin embargo no podrá
resistirse a tu hermana-dijo Murdok a Bethany.

Tras esas palabras Sheila apareció con un impresionante
vestido de cuero.Lancelot dejó caer su espada asombrado por la sensualidad de
Sheila.Ella lo besó y le empezó a desnudar quitándole su pesada
armadura,Lancelot no se resistió lo más mínimo estaba como hipnotizado a merced
de Sheila.Una vez desnudo Sheila con un roce de su mano provocó en Lancelot una
erección instantánea.Sheila se introdujo el erecto miembro en su orificio húmedo
para comenzar la dulce agonía de Lancelot.í‰l ya no se contuvo más y chupó los
exhuberantes pechos,el placer le recorría su cuerpo en forma de espasmos.Sheila
lo excitaba más y más hasta un éxtasis mortal.Lancelot no aguantó más y se
corrió por primera y última vez,cayó muerto.

-¡Nooo!-exclamó dolorida Bethany.

-Tampoco te perdías tanto hermana-dijo la siempre burlona
Sheila.

-Maldita seas,te odio,os odio,odio al mundo-dijo estallando
de cólera Bethany.

-Eso es no reprimas tu odio,libérate-dijo Murdok.

Bethany proporcionaba al anillo el suficiente poder como para
transformarla totalmente.Su cuerpo se desarrolló por última vez y su mente se
entregó a Murdok completamente.Su expresión y mirada cambió era otra esclava de
Murdok.

-Bienvenida hermana-dijo Sheila.

-He despertado,gracias amo por abrirme los ojos-dijo Bethany
reverenciandose ante Murdok.

Las dos hermanas y Staci llevaron a cabo todo tipo de
perversiones sexuales incitadas por su amo Murdok.

 

Cuando a Sir Arthur le llegó la noticia de que Lancelot y sus
caballeros habían muerto en el intento de rescatar a Bethany se enfureció hasta
tal punto que decidió atacar con todo su ejército a Murdok y sus seguidores.La
batalla se avecinaba entre dos poderosos reinos.La noticia llegó a Murdok.

-Pobre diablo-dijo Murdok en alto refiriendose a Sir Arthur.

-Prométeme que lo dejarás con vida-dijo Bethany.

-¿Para qué?-preguntó Murdok.

-Esta claro para matarlo nosotras-dijo Sheila provocando la
risa de todos.

La lucha fué cruenta e igualada pero los ejércitos de Sir
Arthur sucumbieron ante la abrumadura superioridad númerica.Sir Arthur fué hecho
prisionero y llevado ante el nuevo rey Murdok.

Fué llevado ante la presencia de Murdok y sus más cércanas
esclavas.Allí con sus propios ojos Sir Arthur observó en lo que se habían
convertido sus dos hijas.Las dos vestían con idénticos bodys de cuero ajustados
y Staci con un corsette de encaje negro.

-Mira a tus hijas,ya te lo advertí cuando te atreviste a
desterrarme-dijo el prepotente Murdok.

-Mis hijas han muerto ellas no servirían a nadie como tú-dijo
Sir Arthur.

-Te equivocas son tus hijas y se arrodillan ante mi
poder-dijo Murdok.

-Te reto a duelo-dijo Sir Arthur agotando su última opción de
victoria.

-Esta bien,te voy a humillar abuelo-dijo Murdok levantandose.

Sir Arthur era un hombre de avanzada edad pero todavía poseía
vigor y cierta destreza.Arthur blandió su espada y Murdok transformó su cetro en
otra espada.Arthur atacó con fuerza pero Murdok detuvo el golpe sin esfuerzo,su
contraataque alcanzó a Sir Arthur en una pierna.

-Mirate,viejo inútil-dijo Murdok-Por cierto tu mujer disfruto
mucho antes de morir.

-Nunca me venciste y ahora tampoco lo harás.

Sir Arthur recuperó sus fuerzas e intentó un último y
poderoso golpe.Murdok se confió y su espada fué hecha añicos por el demoledor
ataque,la hoja alcanzó a Murdok causandole una herida mortal.Sangraba
abundantemente.

-Tu final ha llegado brujo-dijo Sir Arthur creyendose
victorioso.

Murdok se levantó sonriendo y con un golpe de su vara hirió
gravemente a Sir Arthur.

-Yo no muero tan fácilmente.A tí apenas te queda tiempo así
que voy a mostrarte un gran espéctaculo antes de que mueras-dijo Murdok.

Sheila,Bethanty y Staci se acercaron a Murdok.

-Padre,él es nuestro amo y nos mostró la verdad,él es el más
grande-dijo Sheila.

-Nunca hiciste nada bien,eres un despojo y por fín te ha
llegado la hora-dijo Bethany hiriendo a su padre más profundamente que Murdok
con su vara.

Acto seguido Murdok las desnudó y comenzaron a danzar a su
alrededor.Las tres se agacharon para que Murdok las penetrase.Bethany fué la
primera en ser follada por Murdok y gemía en cada acometida de su amo.La
siguiente fué Sheila que se mostró igual de excitada que su hermana.La última
fué Staci que jadeaba sin interrupción.

Murdok ya saciado de las tres ordenó que se excitarán entre
ellas.Bethany y Sheila se besaban apasionadamente mientras Staci repasaba con la
lengua sus respectivos clitoris.Aquella orgia no parecía tener fín para Sir
Arthur que agonizante prefería morir a presenciar la bacanal de sexo.

Murdok ordenó que las tres acabasen,quería ver morir a su
enemigo lo antes posible.Sheila y Bethany cogieron unos puñales y pusieron fín a
la vida de su padre gozando con su muerte.Ya nada se interpondria en su
camino,Murdok había cumplido la maldición,el trono y las hijas de Sir Arthur le
pertenecían y nadie se las arrebataría.

 

Resumen del relato:
    La prisionera Bethany caé lentamente bajo el poder de Murdok pero hay esperanzas de rescate. ¿Lancelot la salvará?.

La maldición de Murdok (1)

La maldición de Murdok (1) (4)

El día temido por el rey Sir Arthur se acercaba inexorable,el
día temido era del 18º cumpleaños de la princesa Bethany.Tan solo faltaban dos
días para la gran fiesta organizada por Sir Arthur.No obstante el rey estaba más
preocupado por otros asuntos,él había doblado la guardia en el castillo.Sir
Arthur tenía sus motivos para tanta vigilancia,su otra hija en el día de su 18º
aniversario desapareció sin dejar huella.Esta vez Sir Arthur no iba a cometer el
mismo error.

La princesa Bethany ya estaba prometida con un joven principe
de un país vecino,él se llamaba Lancelot.Bethany estaba impaciente por celebrar
su fiesta de cumpleaños,por fín podría casarse con su amado Lancelot.Los
preparativos tenían atareados a toda la corte excepto al rey que seguía
reforzando la seguridad del castillo.

Con el alba la princesa se despertó,observaba el último
amanecer de su niñez.Staci la más cercana sirvienta y mejor amiga de Bethany se
acercó para hablarla.

-Es maravilloso,¿no crees Staci?-dijo Bethany maravillada por
el amanecer.

-Sí precioso,¿estás nerviosa?-preguntó Staci confesora de la
princesa.

-Un poco,hoy veré a Lancelot y pronto me desposaré con él,qué
afortunada soy-dijo risueña.

-Será mejor que bajes para prepararte-dijo Staci.

Bethany hizo caso a Staci,debía preparse para comenzar los
festejos.Staci se quedó ordenando la habitación cuando observó un extraño
reflejo que provenía del espejo.Curiosa y algo temerosa Staci se puso delante
del espejo.La luz parpadeaba cegando momentáneamente a Staci.Cuando consiguió
abrir de nuevo los ojos una terrible visión la paralizó.El espejo reflejaba la
imagen de un terrorífico hombre vestido de negro y con un gran cetro en su mano.

-Staci escucha a Murdok,arrodillate ante su poder-dijo el
mago mientras su vara lanzó un destello que penetró en los ojos de Staci.

-Sí amo,yo soy su más fiel sirvienta-dijo Staci con un brillo
en sus ojos arrodillada.

-Cuando todos los festejos terminen,llevarás a Bethany ante
este espejo,mientras tanto comportate normalmente-ordenó Murdok.

-Sí,lo haré amo-dijo Staci controlada por el hechizo de
Murdok.

Bethany estaba ya vestida.Bethany era de mediana estatura,su
pelo rubio estaba rizado para la ocasión,sus ojos eran azules y su rostro muy
hermoso.Su vestido blanco apenas tenía un pequeño escote,con el vestido puesto
parecía un ángel.

Bethany pensaba en su vida y en lo que iba a cambiar tras esa
noche,un repentino pensamiento le vino a la cabeza el de su hermana
Sheila.Bethany apenas tenía 6 años cuando su hermana Sheila murió,eso es lo que
su padre le había contado,en realidad su hermana desapareció pero su padre la
mintió para no traumatizar más a Bethany.Pensaba en los recuerdos que aún
guardaba de su hermana,de su dulzura,su cariño,etc.Se entristeció porque su
hermana no estuviera allí pero la melancolía duró poco en su rostro.Lancelot
llegó.

-Bienvenido Lancelot-dijo humildemente Bethany.

-Dios salve al rey Arthur-dijo protocolariamente
Lancelot-Estás realmente hermosa Bethany-dijo tras fijarse en la engalanada
princesa.

-Gracias,veamos a mi padre-dijo Bethany ruborizada.

La relación entre Bethany y Lancelot era larga,desde la
infancia habían sido compañeros de juegos,en la adolescencia su amor se
intensificó y pronto se casarían culminando así su larga relación.

Llegaron al trono donde el rey los esperaba.

-Dios os salve, Sir Arthur-saludó Lancelot arrodillandose.

-Levanta Lancelot.Tengo entendido que vienes a pedir la mano
de mi hija-dijo secamente Arthur.

-Así es señor,¿me concede la mano de su más preciado
bien?-dijo solemnemente.

-Por supuesto-dijo Arthur riendose-¡Celebremoslo!-dijo
cogiendo del hombro al sorprendido Lancelot.

Los festejos empezaron con un gran banquete,después le
siguieron una actuación teatral y unos malabares.Los invitados disfrutaron de
toda clase de divertimentos.La noche se cernía y los festejos llegaron a su fín.

-Bethany, antes de despedirme hasta mañana quiero ofrecerte
un último regalo-dijo Lancelot enseñando un anillo de diamantes.

-Es precioso-dijo Bethany mirando el anillo.

Bethany agradecida se despidió de su prometido obsequiandole
con un gran beso.Bethany no era pasional pero el último regalo encendió las
llamas de su corazón.

Arthur aún permacía en guardia,él sabía que hasta que el día
no llegase a su fín su hija no estaría a salvo.Oteaba el horizonte a la espera
del más mínimo movimiento.Bethany observó a su padre mirando por la ventana.

-Es tarde padre,¿qué haces en la ventana?-preguntó extrañada
Bethany.

-Pensaba en tu hermana y en tu madre,en lo orgullosas que
estarían por verte convertida en una mujer-dijo Sir Arthur en tono melancólico.

-No merece la pena recordar el pasado si es para
entristecerse-dijo Bethany mostrando madurez y rudeza.

-Tienes razón,ellas no están aquí.Vete a dormir, mañana
temprano Lancelot vendrá para llevarte-dijo Arthur apesadumbrado.

Bethany se fué a su habitación para dormir.Aunque el día
había sido duro no lograba dormirse,estaba nerviosa por los importantes
acontecimientos del mañana.En esto Staci entró sin ser vista a la habitación de
Bethany que percató su presencia.

-¿Staci qué haces aquí?,¿ha sucedido algo?-preguntó Bethany
sobresaltada.

-Nada Bethany,venía porque todavía no te he dado mi
regalo-dijo Staci.

-No es necesario Staci,dámelo mañana-dijo Bethany
somnolienta.

-Es sólo un momento,está justo delante del espejo-dijo Staci.

-Esta bien lo veré-dijo levantandose Bethany.

Bethany miró alrededor del espejo pero no encontró nada.

-¿Dónde está el regalo?-preguntó algo molesta.

-Mira el espejo-dijo Staci.

Se dió la vuelta y observó una horrible figura,la figura de
Murdok.Sin tiempo de reacción Staci la empujó hacia el cristal.Lo siguiente que
vió Bethany fué a Staci inconsciente en el suelo y una tétrica
habitación.Entonces giró lentamente la cabeza intuyendo lo que vería a
continuación.Se espantó a ver al hechicero Murdok que estaba sentado en su
trono.Murdok vestía totalmente de negro,usaba una capa y pantalones,su dorso
estaba desnudo.Era tremendamente alto y su cara pálida era monstruosa,su mirada
infundía pavor,su pelo era largo y negro.Se podría asemejar bastante a las
representaciones medievales de un demonio.

-¿Quién eres?,¿qué hago aquí?,¿me vas a hacer daño?…-dijo
Bethany temerosa de la imponente figura.

-Demasiadas preguntas-dijo Murdok con una voz de
ultratumba-Tengo un regalo para tí Bethany,te gustará-dijo señalando a una
puerta.

Acto seguido la puerta se abrió,de entre la oscuridad
reinante en la habitación surgió una figura femenina.La mujer medía 1,80 ,era
rubia y esbelta,su rostro era el de una joven,su cuerpo era simplemente
perfecto.Estaba vestida con un ajustado traje de cuero con tirantes,el escote
llegaba hasta el ombligo y sus pechos solo estaban sujetos por las tiras de
cuero.Era una especie de body muy escueto y con pronunciadas aberturas.El rostro
de la mujer era bello pero su expresión era maligna,su pelo totalmente liso caía
sobre su espalda descubierta,su sonrisa era inquietante.Se paró justo delante de
Bethany que la observaba atentamente.

-¿No me reconoces?-dijo la mujer enigmaticamente-Soy tu
hermana Sheila-dijo dejando en estado shock a Bethany.

Aquella frase desmoronó a Bethany que sentía desfallecerse
por momentos.Con un arranque de cordura Bethany se recuperó de aquel duro golpe.

-Mi hermana está muerta-gritó indignada Bethany.

-Eso es lo que te hizo creer nuestro padre,¿no es así?-dijo
Sheila debilitando de nuevo a Bethany.

-No,tú moriste cuando yo tenía 6 años,es imposible-dijo
Bethany intentando convencerse a sí misma.

-Nuestro padre te mintió,tú nunca vistes mi cádaver,soy tu
hermana acéptalo-dijo Sheila atormentado a Bethany.

Bethany no pudo soportar más aquellas revelaciones y se
desmayó.

-Que poco aguante,hay que fortalecerla-dijo Sheila a Murdok.

-Ponle este anillo y llévala a su habitación,necesita
descansar-ordenó a Sheila.

Sheila cogió el anillo y se lo colocó a Bethany en su dedo
índice.La llevó a lo que sería su nueva habitación.

 

Amaneció y con ello Arthur se percató de la desaparición de
Bethany.Sir Arthur estaba destrozado,la historia se había vuelto a repetir y él
no había podido hacer nada para evitarlo.Pero si Sir Arthur estaba destrozado
más aún Lancelot.

-No puede ser,como ha podido desaparecer,¡maldita sea mi
suerte!-clamaba Lancelot.

-Sólo hay una pista sobre su paradero-dijo Arthur.

-Dime donde está y allí iré-dijo ávido de venganza Lancelot.

-Seguramente se encuentre en el castillo de Murdok-dijo
Arthur.

Incluso Lancelot languideció al escuchar ese nombre.Para
todos era conocido el hechicero y no por su benefactoras acciones
precisamente.La tarea de rescatar a Bethany era prácticamente imposible pero eso
no echó atrás a Lancelot que con sus mejores hombres se marchó en busca de su
amada.

Mientras tanto Bethany despertaba.Lentamente abrió sus
ojos,estaba tumbada en una gran cama con sábanas moradas,la habitación estaba
amueblada con un gran armario y un espejo.Bethany miró dentro del armario,había
muchos vestidos y todos eran de color negro,muy extravagantes y ceñidos o
escotados para la pureza de Bethany.Mirando el espejo se percató de que tenía
puesto un anillo con una joya negra,se lo intentó quitar pero el anillo parecía
haberse incrustado en su piel.Bethany temía salir de la habitación porque Murdok
la producía pánico.Sin embargo se armó de valor y se aventuró a explorar.

Bethany estaba otra vez en la habitación del trono de
Murdok.Sin poder evitarlo alzó su vista hasta encontrar al temido hechicero.

-¿Cómo has dormido?-preguntó Murdok.

Bethany no contestó y se dió la vuelta para escapar por una
gran puerta.Corrió pero su avance fué cortado por su hermana Sheila.

-¿Adónde crees que vas?-dijo Sheila agarrando de la mano a su
hermana.

-No me toques-dijo Bethany deshaciendose de la mano
violentamente.

Para Bethany la puerta era su salvación y corría con toda su
fé.Sin embargo una vez alcanzada la puerta una fuerza la impedía abrirla,no le
respondían sus manos,era frustrante.Las carcajadas de Murdok y Sheila hirieron
el orgullo de Bethany.

-Qué pena me das-dijo Sheila.

Bethany se dió la vuelta,estaba condenada a permanecer allí
pero no se acercó lo más mínimo a Sheila y a Murdok.Bethany recordó que Staci
había llegado con ella la noche anterior.

-¿Dónde está Staci?-preguntó Bethany pensando cosas
horribles.

-Si te refieres a tu sirvienta,está aquí-dijo Murdok que con
un ademán la hizo aparecer.

Staci salió detras del trono de Murdok como por arte de
magia.Staci ahora vestía con corpiño de cuero,tanga y liguero.También tenía un
collar que mostraba su calidad de esclava.Su pelo castaño lo llevaba liso y
recogido,su expresión era de total sumisión y subordinación.

-¿Qué la has hecho?-preguntó Bethany horrorizada.

-La he mostrado la verdad-dijo Murdok-Me lo debe así que
tendrá que recompensarme de algún modo.

Murdok excitado por Staci la cogió de la cabellera y le quitó
el tanga.De pie Murdok la penetró salvajemente tocando en todo momento los
pechos de Staci.Si Murdok estaba disfrutando Staci estaba extasiada de
placer,con cada embestida de Murdok ella alcanzaba un orgasmo,sus ojos
entreabiertos así lo demostraban junto con los fuertes gemidos.Sheila también
disfrutaba de aquello mordiendose los labios y excitandose acariciando sus
pezones.La única que no disfrutaba de aquello era Bethany que observaba lo que
para ella era un espéctaculo degradante y pecaminoso,sin embargo una fuerza la
obligaba a presenciarlo.Murdok finalizó el acto corriendose en las tetas de
Staci que encantada se tragó todo el viscoso liquido.

Staci se marchó no sin antes guiñar el ojo a Bethany.Murdok y
Sheila se sentaron alrededor de la mesa,al parecer era la hora de comer.Bethany
no se atrevía a sentarse,los obserbava de lejos.De repente Bethany sintió el
tacto de una mano que tocó su trasero,ella brincó del susto.A su lado pasó Staci
dedicándole una pícara sonrisa,ella llevaba la comida.

-Perdona a Staci,es muy impulsiva-dijo Murdok mientras Staci
ponía cara de inocente.

-¿Se te ha comido la lengua el gato?-dijo burlonamente
Sheila.

Bethany no iba a hablarles buscaba una vía de escape para la
situación y la encontró en un balcón que estaba detras del trono.Bethany sin
mirarles atravesó la habitación.Desde el balcón se podía ver una pequeña
ciudad.Era una ciudad oscura y tenebrosa,lo mismo que sus habitantes,los
súbditos de Murdok.Otra vez una presencia la sorprendió.Era Sheila.Esta vez
Bethany no corrió a esconderse.

 

Resumen del relato:
    Un poderoso hechicero tras ser desterrado lanza una maldición al rey.Las princesas al cumplir la mayoria de edad servirían a Murdok.

Marcada para toda la vida

Marcada para toda la vida (4)

El siglo X era una época de florecimiento del Islam,la
riqueza abundaba pero no todos eran felices.En aquella época era normal que los
califas o sultanes poseyeran suntuosos palacios y hermosas mujeres.Vender a las
mujeres era algo normal,eran utilizadas como simple mercancía.

Gania era una preciosa mujer de apenas 20 años.Ella
pertenecía a una poderosa familia,motivo por el cual había recibido una
educación muy avanzada para una mujer de la época.Su padre no estaba dispuesto a
casar a su hija hasta que un pretendiente de su talla le pidiese su mano.Gania
como todas las mujeres no se planteaba la tradición,simplemente estaba
acostumbrada a esa vida.

Por otra parte había personas que intentaban mejorar en la
sociedad.Uno de ellos era Amír,hombre de 43 años que había logrado con sus
negocios gozar de cierta riqueza.Era avaricioso y muy inteligente,sus ambiciones
no sólo abarcaban la riqueza.Su otra gran pasión eran las mujeres,pero debido a
su falta de linaje no le estaba permitido poseer un harén.Pero él buscó la forma
de arreglar su problema.

Un día Gania y su padre paseaban por el zoco.El padre de
Gania que se llamaba Ahmed se encontró con un viejo conocido,Amír.

-Que Alá te honre,¿cómo te marcha el negocio?-dijo Ahmed.

-El negocio marcha estupendamente,¿cómo te
encuentras?-preguntó Amír.

-Gracias a Alá gozo de buena salud y de una estupenda
hija,Gania,¿la conocías?-dijo Ahmed mostrando a su hija.

-No.Que Alá os honre,lo siento pero tengo que irme-se
despidió Amír.

Amír había quedado deslumbrado por la belleza de Gania.í‰l no
pudo hablarla porque Ahmed no se lo había permitido,las leyes eran sagradas.Sin
embargo Amír haría lo imposible por volver a verla.Para Gania el encuentro no
había tenido importancia,ella no sabía de lo que era capaz Amír.

-Venid vosotros dos-dijo Amír a dos sirvientes suyos.

-¿Qué desea señor?-preguntó Hakim.

-Quiero que vigileis a Gania,la hija de Ahmed,y que la
secuestreis en el momento adecuado-ordenó Amír.

-Pero amo,no podemos secuestrar a alguien tan
importante,pueden descubrir su harén-dijo Labib temeroso.

-Nadie lo descubrirá si hacéis bien vuestro trabajo,marchad
ahora mismo-resolvió Amír.

Los dos sirvientes buscaron a Gania hasta encontrarla.No
estaba acompañada por nadie así que era el momento idóneo para secuestrarla.Los
secuaces de Amír esperaron la oportunidad y en un callejón se abalanzaron sobre
la joven,la dejaron inconsciente y se dispusieron a volver a la guarida de Amír.

-Señor aquí la traemos-dijo Hakim tras sacar de un saco a la
joven.

-¿Nadie os ha visto?-preguntó Amír.

-Nadie señor-contestó orgulloso Labib.

-¿La habéis tocado?-preguntó Amír.

-Sólo la golpee para dejarla inconsciente-dijo Hakim.

-Espero por tu bien que no esté magullada,marchaos ya.

Los dos se fueron enfadados por no recibir su recompesa tras
realizar el trabajo.Amír observó a la todavía inconsciente joven.Poseía un fino
rostro,estaba vestida con ropas suntuosas y exquisitas.Poco se veía de su cuerpo
pues el vestido la tapaba de pies a cabeza,el rostro era lo único visible.Su
pelo moreno era precioso y sus ojos negros brillaban,su rostro era de tal finura
y exquisitez que Amír no resistió su deseo de acariciarlo,su piel era suave como
la seda.Gania se despertó sobresaltada.

-¿Dónde estoy?-dijo mirando a su alrededor.

-Te has despertado lindura en mi harén-contestó a la perpleja
joven.

-Usted no puede tener un harén,¿qué estoy haciendo
aquí?,déjeme marchar-dijo Gania enfadada.

-Tranquila,relájate-dijo cogiendo una ascua utilizada para
marcar a los animales.

-No se atreva a acercar eso a mí.

-Lo siento pero te debo marcar,vas a ser mi nueva esclava.

El hierro abrasó el hombro de Gania marcandola con una
serpiente.El dolor producido provocó el desmayo de la débil muchacha.Sin embargo
aquella marca de su piel era algo más que un simple adorno.Amír cegado por su
ambición de poseer un harén hizo un largo viaje.El destino lo llevó hasta un
hechicero negro.El hechicero le proporcionó a Amír un extraño símbolo de una
serpiente,este símbolo era mágico y según el hechicero poseía la habilidad de
convertir en esclavas a todas las mujeres que fueran marcadas con el
símbolo.Amír con el símbolo en su poder regresó con la finalidad de fundar su
harén.

Gania fué trasladada al harén.Allí despertó aturdida y
extrañada.A su alrededor varias esclavas la miraban detenidamente.

-¿Estoy en el harén?,debo de escapar-dijo tocandose la marca
aún caliente.

-No vas a escapar,drisfuta de tu estancia aquí-dijo una
esclava.

-Yo soy noble,no tengo porqué estar aquí,señaladme la salida
esclavas-dijo Gania.

-Esto siempre sucede con las nuevas,pero pronto cambiará de
opinión-dijo otra esclava hablando a sus iguales.

-Esperad,la salida…-dijo Gania haciendo un último esfuerzo.

Gania se levantó,se encontraba débil y hambrienta.El harén
estaba repleto de suculentos manjares y deliciosas bebidas pero Gania no iba a
probar nada de aquello,era indigno comer lo mismo que unas esclavas.El tiempo
pasaba y Gania no encontraba la salida,recorrió las habitaciones y los baños
pero no encontró la salida.Desesperada preguntó a una esclava.

-Dime ahora mismo dónde está la salida esclava o te
arrepentirás,mi padre es Ahmed-dijo amenazante Gania.

-Ya te lo dije antes,no vas a salir de aquí nunca así que
come algo y duerme,con el tiempo te acostumbraras-respondió la esclava.

-Yo no soy una esclava,ni lo seré-dijo despreciando a la
hermosa esclava.

Completamente sedienta no lo soportó más,comió y bebió hasta
saciarse.Algunas esclavas la obserbavan atentamente.

-¿Qué miráis?-dijo Gania.

-La marca comienza a actuar-dijo una esclava susurrando a
otra.

Gania no se había fijado pero todas las esclavas tenían la
misma marca,la suya empezaba a tomar color verde.En un espejo observó espantada
cómo la marca era ahora verde.Se tapó avergonzada el tatuaje.Con el paso del
tiempo ella se notaba rara.Por un momento observó los pechos de una esclava,su
grácil movimiento,pero rapidamente se sacudió la cabeza dejando el libidinoso
pensamiento.

-No luches contra ello-dijo una esclava.

-El diablo no me vencerá,pronto mi padre me encontrará y
castigará a Amír.

-Amír es el amo,pronto lo adorarás-respondió la esclava.

-Jamás-dijo Gania tras levantarse.

Gania corría incesante buscando una salida.Estaba
mareada,confundida,los pensamientos pecaminosos y las tentaciones se adueñaban
de ella pero luchaba por seguir pura e impoluta.Su cabeza daba vueltas y calló
sobre un diván.Horas después despertó.Gania aún mantenía una lucha contra el
poder de la marca pero había cedido algo de terreno.

Ahora Gania miraba fijamente a las esclavas,le parecían
hermosas y elegantes.Sin saberlo ella deseaba imitarlas,desde sus lujuriosos
vestidos hasta su maquillaje,lo deseaba ferviertemente.Una esclava se acercó a
Gania.

-Veo la manera en qué nos miras,¿deseas acompañarme?,yo te
proporcionaré todo lo que quieras-dijo la esclava.

Gania dudó porque todavía conservaba su moral pero el poder
venció su voluntad.

-Sí-dijo Gania sonriendo observando de arriba a abajo a la
esclava.

La esclava la acompañó hasta una sala donde había multitud de
vestidos,algunos estaban simplemente compuestos por un sosten y falda o vestidos
transparentes,aunque eso si eran vestidos muy insinuantes para el gusto de una
noble como Gania.La esclava dejó sola a Gania no sin antes mostrarle el vestidor
y el lugar para maquillarse y perfumarse.

Gania se encontraba ante un dilema,ella no podía sucumbir
vistiendose de aquella forma pero la voluntad de Gania poco a poco desparecía
por el efecto de la marca.Como poseída Gania eligió convulsivamente un conjunto
de una sola pieza.Tras el cambio se miró al espejo,ante ella había una hermosa
joven vestida sensualmente con un camisón negro transparente,debajo llevaba un
tanga y un sujetador que elevaba su busto considerablemente.Poseida se excitó
observando su propia figura.Gania todavía no estaba preparada,se tenía que
maquillar,para ello eligió un carmín rojo pasión que lleno de jugosidad sus
labios;para los ojos eligió un tono violeta y para las mejillas una tonalidad
rosácea.Después de maquillarse no parecía la misma,ahora irradiaba erotismo,ya
no solo por el vestido y el maquillaje,se comportaba como una esclava
más,coqueta y sensual.

La transformación de Gania no pasó desapercibida para las
otras esclavas.Todas la agasajaban peinandola,sirviendola
comida,masajeandola,etc.Gania se sentía esplendorosa y deshinbida pero
súbitamente volvió en sí.

-No me toquéis-dijo enfadada Gania.

-No os acerquéis servidoras del diablo-dijo cuando vió su
imagen reflejada en el espejo.

-No,es imposible-dijo recordando lo sucedido.

Gania buscó su vestimenta anterior pero no la
encontró.Enfadada corrió a desmaquillarse pero al ver su hermosa cara reflejada
cayó bajo el dominio de la serpiente.Nunca vas volvería a recuperar el
control.Una sonrisa iluminó la cara de Gania,ya prácticamente una esclava más.

Para servir al amo Gania debía superar una última prueba,ella
debía masturbar a otra esclava.Todavía Gania mostraba síntomas de resistencia
pero una esclava derribó su último prejuicio al menear ostensiblemente los
pechos.La expresión de Gania cambió radicalmente,de una inocente joven a una
lujuriosa esclava.Se abalanzó sobre la esclava para comenzar con la
prueba.Habilmente introdujo sus dedos en su vagina excitando a la esclava que no
tardó en correrse.Gania estaba lista para su amo.

Una esclava llevó a la deseosa Gania al aposento de su
amo.Amír estaba esperando recostado sobre cojines,iba a ver a su esclava Gania.

-Aquí la tiene amo-dijo retirándose la esclava.

-Acómodate mi esclava Gania,cómo has cambiado en tan poco
tiempo-dijo observando como Gania se acercaba contoneando sus caderas.

-Estoy deseosa por complacerle amo-dijo muy excitada Gania.

-Desde el momento en que te ví reconocí tu belleza,pero ahora
has mejorado increiblemente-dijo Amír tocando el pelo de Gania.

Amír disfrutó enormemente de la virginal Gania,que se entregó
totalmente a su amo.Amír penetró profundamente la vagina de Gania,ella gemía
extasiada de placer y felicidad.Gania se había convertido en otra esclava más
para Amír,ella era su mejor esclava.

 

Resumen del relato:
    Una hermosa joven llamada Gania es pretendida por un ambicioso mercader que utilizará su poder para llevarla hasta su harén.