Confesiones | Tus Relatos Calientes - Part 2
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Atrapada y sin salida

Atrapada y sin salida (3)

Esta historia es auténtica, me la contó una pobre mujer
desesperada. Acababa de destetar a su hijo, para tener que dejarlo con sus
suegros y buscar trabajo, ya que con la llegada del bebé, con el sueldo del
marido no tendrian bastante…………

Nick: AKRON

Elena, se casó muy joven a los veinte años, estaba enamorada
de Alberto, y su amor no podia esperar más tiempo, tuvieron unos años en los que
se dedicaron a disfrutar sus jovenes cuerpos y a los 23 años se quedó
embarazada.

Al principio, todo fueron alegrias, por la llegada del bebé
(una preciosa niña), pero poco a poco la alegria fué desapareciendo, dando paso
a la mayor de las angustias economicas. La atención del bebé requeria un
desembolso de dinero bastante grande, cosa que con el sueldo de Alberto no
llegaba…(la hipoteca, los gastos de la casa, la lalimentación, ropa, etc….)
por lo que decidió volver a trabajar, no la hacia mucha ilusión que digamos
preferia poder quedarse con la niña, pero la vida………

Hablaron de éllo despues de echar un buen polvo, y al final
coincidieron en dejer a la niña al cuidado de los padres de Alberto, vivian más
cerca que los de élla y a partir de ése día se dedicó a buscar trabajo.

Al principio, no fué facil, en cuanto se presentaba en una
empresa y se enteraban que tenia una hija lactante, la decian que ya la
avisarian, pero no era así y su ya mermada economia se deterioraba más, con el
paso de los dias; hasta que un buen dia, como un milagro caido del cielo, la
aceptaron de administrativa en una gran empresa, parecia seria, las mujeres
tenian que llevar faldas o vestidos al igual que los hombres, trajes, nada de
vaqueros, aunque fuera con un contrato de tres mese, no importaba, lo importante
era meter la cabeza?- – - si entonces se hubiera imaginado Elena…….pero
sigamos con la historia.

Los primeros 90 dias de contrato, fueron maravillosos,
cobraba un buen sueldo, y su economia fue subiendo, sus compañeros de trabajo
eran agradables, no así el jefe de personal, un tio de 47 años, pero que se
conservaba en plena forma por su aspecto juvenil. Los problemas empezaron a
surgir a medida que se acercaba la fecha de caducidad del contrato, Elena estaba
nerviosa, no sabia si la iban a renovar y se lo comunicó a su marido, quien
despues de escucharla, la realizó una buena comida de su precioso chochito y
acto seguido penetrarla con fuerza, llegando juntos al orgasmo mientras él se
corria en su culo, después la mamó los pezones, pues sus pechos seguian cargados
de leche (cuando podia, seguia amamantando a su precioa niña) y la dolian de lo
cargados que los tenia. Elena podia presumir de un cuerpo esplendido a sus 24
años, todavia joven, con unos pechos pletoricos, rematados por unos gordos
pezones muy oscuros y bien firmes, lo que volvia loco a su marido, pero a pesar
! de haber de su buen cipote de 17 centimetros, segui nerviosa y no conseguia
dormir, sobre todo al pensar que faltaban ya 30 dias para que la renovasen y
justo al dia siguiente tenia un entrevista con el jefe de personal.

Al dia siguiente, al levantarse, se miró en el espejo y vió
que presentaba unas horribles ojeras, fruto de su noche en vela, decidió
aplicarse más maquillaje y sombra de ojos para disimularlas. Cuando llegó al
trabajo, Carla, su compañera, la dijo que el jefe de personal queria hablar con
ella en cuanto llegase y Elena, casi meandose del susto, acudió a su despacho,
llamó a la puerta y esperó a que la invitaran a entrar.

Pase, Elena, buenos dias, la saludó amablemente, pero élla
siguió mosqueada y muy nerviosa.

Me han dicho que queria verme.

En efecto, así es, queria hablarla de su contrato de trabajo
– (el corazón la golpeaba en el pecho con tanta fuerza, que parecia que se la
iba a salir).

Ya sabe que la politica de la empresa, no es precisamente,
hacer contratos indefinidos y no hay excepciones, dijo con rotundidad y Elena
notó como sus ojos se llenaban de lagrimas.

¿Es que no están contentos con mi trabajo?, preguntó casi sin
voz.

No, al contrario, la empresa está satisfecha con su labor,
pero la politica de empleo hay que respetarla y en eso es tajante.

Pero…… no lo entiendo, si están contentos
conmigo……..y qué voy hacer ahora, con el suel de mi marido no podemos salir
adelante, necesito este trabajo, suplicó.

El jefe de personal, se limitaba a mirarla, con el gesto
serio.

Haré lo que sea, me escucha?.

Si, si, la estoy escuchando y como puede comprender no es
agradable para mi…..

Pero no me ha escuchado, le acabo de decir que le "haré lo
que sea" por conservar el puesto de trabajo, ¿me entiende ahora?, dijo poniendo
cara de desafio.

í‰l, pensó lo que iba a decir, ese "lo que sea", quiere decir
"lo que sea"?.

Así es, contestó rotunda, llena de desesperación.

No se….. dudaba, no sé.

Vamos, decidase, seguro que una chica joven como yo, tiene
"ALGO", que usted desea.

¿Hasta dónde está dispuesta a llegar?, quiso saber interesado
por el rumbo que habia tomado la conversación.

No tengo limite, afirmó categoricamente.

Se levantó de su asiento y lentamente rodeó la mesa, se sentó
frente a élla y la miró.

Elena, desesperada, con los ojos llenos de lagrimas, le miró
a la cara y se arrodilló ante él, (mentalmente pidió perdón a su marido por lo
que iba a hacer, pero no tenia más remedio), alzó sus manos hacia la bragueta
del hombre, pero este la detuvo.

Espera un poco ¡¡¡¡, le miró extrañada, como se dirigia hacia
la puerta de salida y pensando en que iba a abrirla para que el personal viera
lo que iba a hacer, se puso de pié de un salto. Pero no, no iba a brir la
puerta, al revés la cerró con llave y se la guardó en el bolsillo, se giró hacia
Elena y sonrió, como un buitre ante una victima moribunda, se aproximo a élla,
la cgió del pelo con una mano y la obligó a rrodillarse de nuevo entre sus
piernas, se desabrochó la bragueta y extrajo su miembro flácido, pero de buen
tamaño (calculo 15 cm, osea que cuando la tuviera tiesa mediria unos 18 cm, más
o menos que la de su marido), cuando el tio habló la arrancó de sus
pensamientos.

Vamos, chúpamela, putita, veamos hasta donde estás dispuesta
a llegar.

Sintiendo asco, cogió el pene que tenia frente a su cara y se
lo llevó a la boca, engullendo el capullo, notó el sabor agridulce de los restos
de orina y sudor, el muy cerdo no se habia lavado, pensó, pero dejó a un lado
sus pensamientos y se concentró en mamarle la polla que ya sentia como se ponia
tiesa contra su paladar. El la observaba mientras se desabrochaba el pantalón y
se lo bajaba junto con los calzoncillos.

Aaaahhhhh ¡¡¡¡ Ssssiiii ¡¡¡¡, por lo menos sabes chupar una
polla, muy bien, decia dando gemidos de placer. Ahora lámeme las pelotas, así
muy bien, eres una buena mamona, ¿dónde has aprendido a chupar así?, quiso
saber.

En ningún sitio, sólo se lo he hecho a mi marido y…..bueno
ahora a usted.

Pues no sabe tu marido la suerte que tiene, encontrar a una
mujer que te chupe como lo haces tú, es bastente dificil, mientras hablaba, la
sacó la polla chorreando saliva de su boca y se dió la vuelta, poniendose boca
abajo sobre la mesa, Elena se lequedó mirando sin comprender.

Vamos ¡¡¡, a que esperas, méte tu carita en mi culo y chúpame
el ojete, eso me encanta.

¡¡¡ Qué hijo de puta ¡¡¡, pensó, se estaba aprovechando a
base de bien, pero……metió la cara entre sus carrillos y sacó la lengua,
hasta rozar su ano, y comenzó a lamerlo despacio.

Méteme la lengua, guarra ¡¡¡¡, quiero que me laves el culo,
la ordenó completamente salido.

Abrió más las nalgas y metió su lengua dentro del estrecho
orificio, no lo habia hecho nunca, y contuvo las arcadas, pero siguió chupando y
lamiendo como él queria.

Al cabo de un rato decidió parar y la ordenó quitarse las
bragas y sentarse en la mesa, queria comerla el coño.

Sumisa, se sentó y se abrió de piernas, sentia verguenza y
sobre su cabeza planeaba la sombra de su marido. Hasta ahora sólo se habia
espatarrado para él, notó la lengua, recorriendo su raja, llenandola de saliva,
la mordió los labios vaginales, pero cuando llegó a su clitoris un escalofrio la
recorrió la espalda y soltó un gemido sin poderse aguantar, el tio tambien gimió
y se cebó en su clitoris de tal forma que no pudo hacer nada cuando la arrancó
su primer orgasmo, haciendola temblar de pies a cabeza, la dió la vuelta y
metiendo la cara entre su culo, empezó a lamerla el ojetito; esto era nuevo para
ellla y fuertes oleadas de placer se desataron por todo su cuerpo, lo que ya no
le gustó fué cuando sintió la polla durisima tratando de abrirse paso en su
ojete estrecho.

No, por favor, por ahi, soy virgen, despues de decirlo se
arrepintió.

Perfecto, putita, voy ha disfrutar algo que el cabron de tu
marido todavia no ha tenido, la dijo echado sobre su espalda y a continuación
sintió una punzada de dolor en su ano cuando el galnde logró abrirse paso,
aguantó el dolor con lagrimas en los ojos mientras el cerdo del jefe de
personal, la taladraba el culo con fuerza, y se calmó un poco cuando sintió como
toda la verga se deslizaba en su interior, notando los cojones del muy cabron
contra su vulva, respiró hondo pues el culo la ardia.

Así, muy bien putita, relajate, respira, eso es, ahora te voy
a dar por el culo como nunca en tu vida lo han echo. ¿estás preparada?.

Empezó a meterla y sacarla lentamente, pero el dolor
persistia, pero mitigar el dolor, el cerdo del jefe, paso su mano por debajo de
ella y empezó a frotarla el clitoris. A la pobre Elena no le quedó más remedio
que volver a gemir de placer, definitivamente estaba disfrutando aunque no
quisiera y de nuevo tuvo otro orgasmo, el tio, decidido a disfrutarla a base de
bien, se la sacó del culo y la dió la vuelta.

Bien, putita, ahora me la chupas otro poco, todavia no quiero
correrme, no, quiero disfrutar un rato más. Al oir éso, Elena tuvo un
estremecimiento, mientras le mamaba el cipote se imaginaba horas y horas
dejandose joder por el cabron del jefe de personal, pero no, en algún momento
tendria que terminar y decidida a acabar se aplicó todo lo que sabia en chuparle
el nabo y los cojones, incluso para provocar que se corriera ya, le lamió de
nuevo el culo, metiendo su lengua en el ojete, pero el hijo puta sólo jadeaba y
bramaba como un perro en celo, de correrse, nada de nada.

Vale ¡¡¡, déjalo ya, ahora sientate, quiero mamarte las tetas
un poco.

No, por favor se quejó Elena, las tetas no, hace poco que he
dejado de dar de mamar a mi hija y quiero que se meretire la leche.

Pues a mi me apetece chuparte los pezones, asi que tu verás
lo que haces.

No tenia salida, no la quedaba más remedio que sentarse, así
que se sentó en el sofá que habia en el despacho, esperando que el otro
comenzara a sobarla los pechos todavia cargados con leche.

Asi, que guapa eres zorra, me excitas sólo con verte, no sabe
el cabron de tu marido lo que tiene y la sentó en su regazo y la pidió que le
diera de mamar como hacia con su hijita. Elena le acercó el pecho y le metió el
pezón en la boca, en cuanto el tio apretó su cara contra el pecho recibió un
cálido chorrito de leche materna en la boca y se volvió loco mamandola, Elena
lloraba, por un momento paó por su mente la imagen de su hija, tan tierna
mamando de su pecho, pero ahora….. en vez de su hija estaba el hijo puta del
tio este, vaciando sus pecho del preciado liquido.

De repente el contacto de de la mano en su coño húmedo la
arrancó de sus pensamientos y de nuevo tuvo otra oleada de gusto, desde su vulva
hasta sus pechos, era como si estuvieran conectados interiormente y de nuevo
aunque se resistia comenzó a jadear de placer y a gemir, el tio al darse cuenta
la introdujo dos dedos en la vagina al tiempo que la masturbaba sin piedad hasta
que sin remedio tuvo un orgasmo bestial, reprimia los gritos de placer
mordiendose los labios, cuando él terminó de vaciarla los pechos, se puso en pié
y tumbandola en el sofá se sentó encima de su pecho para hacerse una paja con
sus preciosas tetas, decidida acercó la cabeza para lamerle el capullo, decidida
a que se corriera de una vez, ya no aguantaba más la situación y al fin, el
cerdo se corrió soltando chorros y chorros de esperma sobre su cara.

Pasa al servicio y limpiate, la dijo abriendo una puerta (no
sabia que el despacho tuviera aseo) se introdujo cerrando la puerta, se miró en
el espejo y lloró en silencio y un rato, luego se sobre puso y se la vó la cara,
se espabiló con el contacto del agua fria, y todo por un maldito puesto de
trabajo, pensó, pero ya estaba hecho y no podia dar marcha atrás, se arregló y
se vistió y cuando salió, él, estaba sentado de nuevo con su gesto de seriedad
caracteristico, tenia unos papeles encima de la mesa.

Toma firma un nuevo contrato, te mereces una renovación de
seis meses.

¿Seis meses…..?, no daba credito a lo que oia, estaba
indignada, tenia que haber aguantado que la …….nada más?.

De momento es lo que hay, dentro de seis meses hablaremos y
decidiremos.

Me he dejado follar por seis meses de trabajo, decia negando
con la cabeza baja, Dios, es increible, es, es…..(su cabreo iba en aumento).

Antes de que continues y lo estropes, te diré que a partir de
este mes recibiras un plus extra de 40.000 pesetas en tu nomina.

Se calló de golpe, ya no supo que decir, sólo se le ocurrió
un gracias apenas audible.

No, no me des las gracias, a cambio de ése plus tendrás que
estar dispuesta para cuando te necesite, así que te trasladaras junto a Carla,
mi secretaria, así te tendré más cerca, eso es todo ya te puedes marchar.

Dios, en que lio se habia metido, pensaba mientras caminaba
hacia su mesa y Carla la salió al paso: ¿Qué tal?, ha habido suerte?.

Si, me han renovado el contrato por seis meses más, pero su
voz era desganada, no tenia motivos para celebrarlo.

Enhorabuena ¡¡¡¡¡, Elena, cuanto me alegro.

Pues yo, Noooooo ¡¡¡¡¡. Y se fué hacia su mesa.

Carla la vió alejarse y se quedó pensativa, tengo que hablar
con ella.

Esa noche, lo primero que hizo al llegar a casa, fué darse
una ducha, queria eliminar de su cuerpo el contacto sucio de la mañana y empezó
a frotarse con fuerza mientras lloraba………..luego más calmada, se puso el
albornoz y se preparó una tila.

Ya en la cama, permaneció pasiva mientras Alberto, la poseia,
no queria mirarle a la cara por temor a ver la cara del jefe de personal, cuando
su marido la pidió explicaciones por su pasividad, le puso la excusa que suelen
poner las mujeres "me duele la cabeza". Ah ¡, por cierto, tengo que darte una
buena noticia, me han renovado el contrato seis meses más y me han subido el
sueldo 40.000 ptas., ahora pertenezco al departamento de personal, junto a
Carla.

Eso es maravilloso, cariño, enhorabuena, le gritó Alberto.

Le costó mucho conciliar el sueño……….

Llevaba una semana trabajando en su nuevo puesto, junto a
Carla, pero de momento D.Luis (el jefe de personal), no la habia solicitado para
sus caprichos, que era lo que más temia, estaba pasando a máquina unos informes
cuando vió salir del despacho a Carla, venia sonriendo, la verdad es que Carla
era una chica muy simpática, siempre estaba alegre y como compañera de trabajo
era maravillosa, siempre dispuesta a yudar en todo.

Elena me ha dicho D. Luis, que quiere verte, la dijo con la
mejor de sus sonrisas.

Elena, se puso tensa, y caminó hacia el despacho que tanto
temia, llamó y esperó a que la invitaran a pasar.

Buenos dias Elena, pasa por favor y cierra la puerta con
llave (lo que se temia), cuando se volvió el estaba sentado encima de la mesa,
asi que ya sabia lo que tenia que hacer, se arrodilló entre sus piernas y alzó
las manos a la bragueta, pero, él la detuvo.

No, zorrita mia, hoy no quiero eso de ti, ya he tenido
bastante con Carla (Carla……tendria que hablar con ella), quiero mi ración de
teta, así que dame de mamar, vamos.

Se sentó en el sofá, ella en su regazo y se sacó el pecho,
metió el pezón en su boca y se dejó mamar mientras sus pensamientos volaban
dentro de su cabeza, ya estaba acostumbrada, a los gemidos de placer que daba el
cerdo mientras se bebia su leche caliente, cuando tuvo el pecho vacio, se lo
guardó y esperó a que se cambiara de postura, se sacó el otro pecho, lo tenia
más hinchado, con el pezón inflamado y repitió la misma operación, volviendo a
viajar con la imaginación……………… Se sobresaltó cuando sintió la mano
de D. Luis debajo de su falda, subia por sus muslos, en busca de su entrepierna,
le facilitó el camino abriendose de piernas y tuvo que permitir que la mano se
colara por un lado de sus braguitas en busca de su chochito, dos dedos se
introdujeron en su vagina mientras otro (el pulgar creia), la frotaba el
clitoris, era su punto debil, y sin poder contenerse poco a poco obtuvo un
orgasmo con la mano que la masturbaba, al mismo tiempo su pecho se vació de con!
tenido y el se incorporó.

Joder Elena, eres magnifica, qué gusto me das, si hasta gozo
haciendote una paja, a que tu marido no te trabaja como yo?.

(La verdad es que no, pensó), pero mintió, si, cuando me
trabaja me dá muchisimo placer.

¿Seguro?, insistia, ¿a que no te proporciona tantos orgasmos
como yo?.

(Sabia que no, uno y gracias, pero siguió mintiendo no queria
satisfacer el Ego del cerdo de su jefe), si tambien me corro muchas veces con
él.

Joder, es lo que me imaginaba, tú, con ese cuerpazo que
tienes, si fueras una puta profesional, no tendrias precio, anda hazme una buena
mamada en la polla que me he puesto muy caliente, la ordenó mientras se abria la
bragueta y se sacaba el miembro completamente erecto, se lo metió en la boca y
notó sabor a semen y olia a sexo (Carla pensó) y le aplicó una mamada de
campeonato, al tiempo que le masturbaba con la mano, ésta vez no tardó ni cinco
minutos en sentir los garndes chorros de esperma en su boca, se lo tragó todo y
le limpió el glande con la lengua, como a él le gusta, luego se arregló y salió
del despacho mientras oia como su jefe se despedia: hasta la próxima vez.

Al cabo de un mes, la confianza con Carla era muy intima,
tambien estaba casada, pero sin hijos, su marido Juan, se quedó en el paro y no
tuvo más remedio que hacer "algo" para que la renovaran el contrato, élla habia
admitido que tambien se dejó seducir por el jefe para obtener un puesto de
trabajo.

¿y que tuviste que hacer para que te hicieran fija?, quiso
saber Elena.

Este no es el mejor sitio para hablar, cuando salgamos, si
quieres te vienes a mi casa y comemos juntas y te cuento todo lo que quieras
saber. A las tres y cinco salian del edificio de la empresa camino de la casa de
Carla, se prepararon comida y se sentaron en el sofá, más relajadas para tomar
café mientras charlaban.

Pero dime, tú estás fija en la empresa, ¿como? (Elena estaba
impaciente por saber).

Primero, estuve nueve meses como vas estar tú en las garras
de D. Luis, pero de él no depende el hacerte fija en nomina, depende del
gerente, D. Ignacio, él si puede; D. Luis es como una especie de filtro, si le
gustas a él, fisicamente y trabajas bien para la empresa, entonces te propondrá
para que conozcas a D. Ignacio, el resto depende de como te lo hagas tú.

Y cómo es D. Ignacio?.

Como te lo explicaria……..¿tu marido tine una buena
polla?, (Elena se extrañó de la pregunta), no, no te creas que te quiero
proponer algo raro, te lo digo porque si no estás acostumbrada a los "buenos
calibres"……ya te puedes ir acostumbrando, tiene un aparato descomunal, de
unos 27 o 28 centimetros, y gorda muy gorda, si te la trabajas bien, la
encontraras deliciosa, palabra. En cuanto a D. Ignacio, dá la sensación de un
hombre tranquilo, tiene 58 años, es guapo fisicamente y se conserva en forma
para su edad, pero no te fies detrás de esa fachada, se encuentra un follador
insaciable, nunca está satisfecho.

Joder, pues si que me lo pintas bien, dijo Elena, haciendose
una idea.

No, mujer, no te preocupes, ya te digo que si te dedicas a
disfrutar, vas a disfrutar pero a tope, como ahora.

Por favor, Carla, AHORA, precisamente disfrutar, no disfruto,
su gesto se volvió sombrio, estoy echa un lio, no se que pensar, desde que
empezó esta locura, con mi marido no es lo mismo, me siento fria y distante y le
quiero mucho (sus ojos se llenaron de lagrimas que caian despacio por su
mejilla). – Bah ¡¡¡, venga no llores mujer, no hay que tomarselo así.

Carla la abrazó para consolarla, tienes que hacer lo que yo,
tú, limitate a disfrutar con tu cuerpo todo lo que quieras, con tu marido y con
otros, pero tu amor, sólo para tu marido, el resto…….a disfrutarlo. Elena la
escuchaba mientras lloraba silenciosamente, Carla la abrazó más para darla
consuelo y la besó en la mejilla, humedecida por las lagrimas, Elena enderezó la
cabeza, pero Carla no soltó su abrazo y las caras de las dos mujeres se quedaron
muy juntas, podian olerse una a la otra, Carla la miraba a los ojos directamente
y vió el brillo del deseo reflejado en ellos, no supo porqué pero se quedó
quieta, cuando los labios de Carla se posaron en los suyos, los sintió calidos y
jugosos, deseables, permitió que la lengua de su amiga penetrara entre ellos y
antes de que tropezara con sus dientes, abrió la boca, el contacto de las dos
lenguas rozandose, la produjo una sensación nueva, muy excitante y al final
Elena, llevada por el deseo, se abandonó al primer contacto le! sbico de su vida
cuando Carla deslizó una mano entre sus muslos en busca de su vulva; cuando
llegó a ella y notó los dedos de una mujer acariciando su coño y frotando su
clitoris, estalló en un orgasmo desconocido hasta ahora para ella, mil
sensaciones de placer se juntaron en torno a su cuerpo, terminaron en la cama
entregadas a la lujuria, chupandose, lamiendose, masturbandose y orgasmando una,
dos……y mil veces si cabe. Descansaban en la cama, abrazadas, Carla fumandose
un cigarro, le daba largas caladas, Elena, sobre su pecho, y abrazada a élla,
habian tenido una hora de lujuria lesbica sensacional y suspiraba completamente
satisfecha, cuando Carla apagó su cigarro, agachó su cabeza y sus miradas se
cruzaron de nuevo, no se dijeron nada no lo necesitaban, Elena empezaba a
descubrir el maravilloso mundo del sexo y queria conocerlo TODO, alzó la cabeza
y besó los labios de Carla, ahora fué su lengua la que avanzó en busca de la
otra, sus manos acariciaban lentamente los p! echos de su amiga, atrapando los
erectos pezones, juagndo con ellos entre sus dedos.

Espera ¡¡¡, la detuvo Carla, abrió un cajon de la mesilla y
sacó un pañuelo negro, la vendó los ojos. Es como si jugasemos a la "gallinita
ciega", verás que excitante, la dijo, se dejó vendar los ojos, sintió las manos
de élla, sujetando su cabeza y guiandola a………el olor era inconfundible,
estaba frente al chochito de Carla, sacó la lengua en busca de sus grandes
labios que cubrian su vagina, los rozó y los atrapó con sus propios labios,
succionandolos, introduciendo su lengua por el tunel de la vagina, hurgando cada
rincon, tratando de proporcionar el máximo placer a su amiga-amante, que segui
sujetando su cabeza frotando su cara contra su sexo. De pronto………

Una lengua invadia su propio sexo, atrapó su clitoris y
comenzó a frotarlo rápidamente, antes de ser cosciente de que una cabeza se
habia metido entre sus piernas, un orgasmo la invadió completamente y se entregó
a él gimiendo y jadeando. Cuando empezó a recuperarse, se enderezó en la cama,
queria ver al que le habia proporcionado tal orgasmo. Sshhhh ¡¡¡¡, Shhhh,
susurrába Carla en sus labios, tranquilizandola, no te quites la venda todavia,
disfrutaras mucho más por el morbo que produce no saber….., se dejó tumbar en
la cama, mientras sentia los labios de Carla bajando por su pecho, estomago y
finalmente su vulva, que chorreaba flujos por la calentura y el orgasmo que
acababa de tener, dejó escapar un gritito de placer cuando sintió los labios
inconfundibles de Carla sobre su chocho, su lengua incansable, penetraba por su
vagina, agitandose, (parecia tener vida propia), proporcionandola mucho placer.
Un cipote se apoyó en sus labios, el glande, luchaba con los dientes para !
abrirse camino hacia su boca, la abrió y notó como el desconocido miembro
penetraba lentamente, su sabor no le era familiar, recorrió el glande con la
lengua, era gordo, pero no exagerado, como el de su marido(pero él no podia ser,
entonces…..el marido de Carla seguro) más tranquila con el reconocimiento que
habia hecho, permitió que el miembro siguiera introduciendose, cogió aire cuando
la rozó la campanilla y lo soltó lentamente mientras empezaba a sentir la polla
desconocida por su faringe, la sensación era incomoda, tenia la boca muy
dilatada y la mandibula la molestaba un poco, aún así, sacó la lengua lo que
pudo y lamió un poco la base de los cojones que estaban pegados a sus labios,
oyó gemir de placeral propietario de los huevos y los lamió un poco más,
respirando ruidosamente por la nariz para no ahogarse. Pero no, el cipote que la
agogaba, comenzó a retirarse despacio, y cuando salió de su boca chorreante de
saliva, cogió aire a bocanadas hasta que se recuperó, vol! vió a sentir la boca
de Carla en su vulva y acabó teniendo un orgasmo.

Carla, se echó encima de élla: Disfrutas?, la preguntó Mmmm
¡¡, muchisimo, contestó Elena Ahora viene lo mejor, añadió Carla introduciendo
su lengua dentro de su boca. Jugó con ella, bebiendose su saliva. El
"desconocido", la levantó las piernas y se las apoyó en la espalda de Carla, una
polla luchaba por hincarse en su estrecho culito, relajó su ano sintiendo como
se introducia el glande primero y despues toda la tranca se deslizó dentro de su
culo; quiso gritar de placer, pero sólo oyó unos grititos apagados por la voraz
boca de su amiga, que para colmo se movia al mismo ritmo que le penetraba el
miembro "desconocido", parecia que la que la estaba dando por el culo fuese
Carla, el morbo de no saber "Quien", unido a la lujuria de su amiga, la llevaron
a una cadena de orgasmos que no parecian tener fin, Elena derrotada por la
lujuria y el placer se sometió completamente a las folladas que la daban, y al
final el miembro se introdujo entre las bocas de ambas mujeres y comenzó a
derramar espesos chorros de semen, procurando tragars! e todo lo que podian.

Te presento a juan, mi marido, dijo Carla cuando la quitó la
venda – ante élla tenia a un hombre joven como Carla y élla misma, era guapo,
con un cuerpo proporciando y un buen rabo (lo acababa de comprobar), se besaron
en la boca a modo de saludo.

Está enterado de todo, le contó Carla, no le he ocultado
nada, y ahora compartimos los amantes, siempre que podemos y nos queremos con
locura, así es como he podido superarlo, ahora debes dejar pasar tiempo, y pococ
a poco, si quieres nos presentas a tu marido y cuando cojamos más confianza, le
invitamos a jugar a "la gallinita ciega", le encantará, seguro, dijo confiada
Carla.

Que le va a gustar, no lo dudo, pero lo que no sé es como va
a encajar lo del trabajo.

De momento no se lo cuentes, insinuó Carla, acariciandola un
pecho.

Ten cuidado, la previno Elena, están llenos de leche aún.

Pero si hace seis meses, que dejaste de dar el pecho a la
niña, ¿como no se te ha retirado?.

El cabron de D. Luis, se encarga de mamarme las tetas todos
los dias, por eso es por lo que se retrasa.

Se acercaron los dos, uno a cada lado de Elena y atrapando un
pezon con sus bocas, comenzaron a mamar de ellas, gimiendo de gusto al recibir
los chorros de leche caliente en sus bocas, Juan, el marido, comenzó a
masturbarla el clitoris (como hacia El jefa) y sin poder contenerse, (era su
punto debil), empezó a gritar mientras la masturbaban y la vaciaban los pechos,
en el fondo se alegraba de tener leche todavia, pues la sensación de la mamada
unida a la masturbación era indescriptible, y tuvo un gran orgasmo.

Tu marido no te mama las tetas?, quiso saber Carla.

No se atreve, dice que le dá corte y no me atrevo a
pedirselo, por temor a que piense que soy una golfa.

Pues arrimale tú, tonta, y no le dejes escapar cuando empieze
a mamar.

No sé, ya veremos.

Verdaderamente, Elena, estaba atrapada y sin salida en un
mundo de sexo y lujuria que desconocia, y que despues de probarlo la encantaba,
el problema era introducir en ese mundo a su marido. A su favor tenian el
desahogo economico que gozaban, prosperaban rápidamente, gracias a los dos
sueldos, y sus suegro cuidaban encantados de su pequeña…….

Esa mañana, estaba muy nerviosa, contemplaba a su jefe, habia
intentado todo, mamrle la polla, dejarse follar, que la chupara las tetas, pero
lo habia rechazado todo y estaba mosqueada, no era normal. Escucha, dijo por fin
despues de un largo silencio, sabes que dentro de 30 dias vence tu contrato de
trabajo, así qué…….he hablado de tí a D.Ignacio, el "Gran jefe", y está
deseando conocerte, ahora depende de como te portes con él para conseguir tu
ansiado puesto fijo en esta empresa.

No se lo podia creer, Gracias, dijo timidamente, pero su jefe
la cortó. No, no me des las gracias, es lo menos que puedo hacer por ti, despues
de todo lo que tu has hecho por mi, la dijo, y ahora sube a verle y que tengas
suerte.

Se levantó de la silla y sujetó el pomo de la puerta…..pero
no abrió, cerró con la llave y se giró a D. Luis, rodeó la mesa y se arrodilló
entre sus piernas (estaba tan acostumbrada a ello, que lo hacia de forma
natural), le abrió la bragueta, extrajo la polla, que tantas veces la habia
hecho feliz y le dedicó su mejor mamada, hasta ponerla erecta, él, no decia
nada, se dejaba hacer; se subió la falda hasta la cintura, y se quitó las
bragas, se sentó encima de su polla y movió el culo, buscando nicarsela hasta lo
más profundo, le besó en la boca y sacandose un pecho, le metió el pezón en los
labios, se dejó mamar la teta mientras se follaba su polla, ella tuvo tres
orgasmos y lél se corrió abundantemente en su lujurioso coño. Se lavó en el
aseo, se arregló y se marchó, dispuesta a conseguir el puesto fijo.

La temblaban las piernas, estaba de pie, frente al "Gran
jefe", hablaba en esos momentos por telefono y no se atrevia a sentarse sin que
se lo pidiera, esperaria en esa postura el tiempo que hiciera falta, por lo
menos tenia tiempo para observarle y la verdad es que Carla se habia quedado
corta en su valoración, D. Ignacio era muy atractivo para su edad, su apariencia
era la de un artista de cine, y aún desde la distancia en que se encontraba,
podia oler su perfume, fuerte varonil y muy atrayente; vamos que si tuviera que
valorarle del 1 al 10 le daria un 12 a D. Ignacio, aunque estaba de lado
respecto a Elena, veia como la observaba de reojo. – Tú, debes de ser Elena,
dijo nada más colgar el telefono.

Si señor.

Luis, el jefe de personal, me ha hablado muy bien de ti, dice
que eres muy efeciente en tú trabajo y está muy contento contigo. (Elena intentó
captar si habia "sorna" en las palabras de D. Ignacio, pero no, parece que se
referia al aspecto laboral). Bueno, creo que ya sabes que la politica de la
empresa, en cuanto al personal fijo en plantilla…….No obstante y dado que
Luis te ha "recomendado" (ahora si que captó a lo que se referia), como
comprenderás tengo que comprobar que son ciertas tus referencias. (Elena asintió
con la cabeza timidamente, mientras le veia levantarse de su sillón de cuero, y
dirigirse hacia élla, lo que aumentó más su nerviosismo), se sentó en el borde
de la mesa y la ordenó girar sobre si misma, muy despacio, (mientras Elena
giraba despacio, como la habia mandado, sintió que la desnudaba con la mirada),
sonriendo la ordenó que se sentara en la silla. (ahora si que tenia la
oprtunidad de lucirse y lo hizo, se sentó con las pier! nas cruzadas, procurando
que la falda mostrara generosamente, – pero no desacaradamente – sus preciosas
piernas y muslos, al ver el brillo de sus ojos, comprendió que casi tenia ganado
el examen).

Se aproximó a ella, apoyandose en el brazo de la silla, paseó
su mano por su pierna, desde su rodilla subiendo por los muslos, sintiendo su
mano caliente pero no sudorosa. Eres preciosa, chiquilla, la tendió la mano y se
levantó, la atrajo hasta él y la abrazó con fuerza, pegando sus labios a los
suyos, sintió su lengua intentando abrirse paso entre sus dientes y abrió la
boca dejando el paso libre, su aliento era fresco y muy agradable, se dejó
devorar por la ansiosa lengua, mientras sentia las manos recorriendo su cuerpo,
apretando sus nalgas, como si fuera un pulpo (en ese momento recordó las palabra
de Carla, "no te fies por las apariencias……es insaciable"), el retrocedió
hasta sentarse de nuevo en el borde de la mesa mientras seguia morreandola, la
sujetó por la nuca y suavemente pero con energia, y la obligó a ponerse en
cuclillas (ya sabia lo que tenia que hacer), le desabrochó el cinturon y los
pantalones y se los quitó, miraba como hipnotizada el gran! bulto que tapaban
los calzoncillos, él se terminó de desnudar y se dedicó a observarla, Elena
tenia la cara justo frente a su tremendo paquete. ¿Te asustan las pollas
grandes, Elena?, me encantan, cuanto más grandes mejor (ni se lo pensó al
contestar), – bien, eso me gusta – Anda ¡¡, trabajame la mia, por favor. Tiró de
los calzoncillos para abajo y se la abrieron los ojos como platos, menudo pollon
que tenia "el viejo", y estaba flácida, calculó que totalmente tiesa debia
rondar 27 o casi 30 centimetros, en eso Carla no la habia mentido, la sujetó con
las dos manos y como si fuera una manguera se tragó el enorme capullo, tuvo que
dilatar la boca más de lo habitual, comenzó a recorrerlo con la lengua y al
poco, él comenzó a gemir de placer (eso queria decir que iba por buen camino),
despues de recorrer el tronco de aquel mastil, llegó a sus cojones, gordos,
apenas sin vello y los lamió a base de bien D. Ignacio, ya gemia y jadeaba y
tomó la decisión de pasar! al ataque.

Le tumbó encima de la mesa y le alzó las piernas, jugó un
poco más con sus huevos y animada por los jadeos del hombre, le abrió las nalgas
y le metió la lengua en el culo, dilatando su ano para profundizar con ella, D.
Ignacio bramó de placer, eso la hizo suponer que lo estaba haciendo bien, ledió
una mamada de nuevo y le pidió que la penetrara: "Ahora hinqueme su polla
profundamente, hagame explotar de placer, le necesito", (Elena se sorprendió así
misma de las palabras que acababa de pronunciar). No se hizo repetir y
volviendola de espaldas la apoyó una pierna sobre la mesa (estaba nerviosa y
excitada, no sabia como iba a reaccionar al sentir un miembro tan grande), notó
el glande de D. Ignacio, rozandola la entrada de su vagina, introduciendose
lentamente, cuando tuvo la mitad del miembro dentro, empezó a experimentar un
placer enorme, que iba en aumento poco a poco, se echó hacia atrás, clavandose
el enorme aparato hasta que las pelotas de D. Ignacio, hicieron ! tope, gritó y
bramó de gusto, aquello era sencillamente maravilloso, nunca se habia sentido
tan llena de polla como ahora, empezó a sentir el nacimeinto de un orgasmo en
sus entrañas, que fué ampliandose a medida que D. Ignacio metia y sacaba su
cipote, se corrió tres veces y se tumbó en la gruesa y mullida moqueta del
despacho (las piernas casi no la sujetaban).

D. Ignacio, se metió entre sus piernas, que élla alzó
facilitando así que la penetrara más a fondo, en cambio él, decidió cambiar de
destino y apuntando a su culo, se la clavó en dos golpes, al principio, era como
si la desgarraran las entrañas, pero una vez acostumbrada al descomunal tamaño
(y sobre todo gracias a las enculadas que habia tenido con D. Luis, su culo
acogió con placer a su nuevo inquilino), las embestidas arreciaron y se corrió
gritando otra vez. í‰l, la sacó el miembro, y lo mantuvo al alcance de su vista,
tenia el galnde amoratado, las gruesas venas, a punto de explotar, se lo arrimó
a la boca y le dedicó una deliciosa mamada, pero no queria que se corriera
todavia, queria seguir disfrutando de la experta polla un poco más, la guió de
nuevo a la entrada de su chocho y literalmente se la enchufó, luego cogió a un
D. Ignacio sorprendido del culo y lo atrajo contra ella, queria que el miembro
profundizara cuanto pudiera, moviendo sus caderas y empujando del culo ! del
hombre, que ya empezama a mostrar sintomas de cansancio, porque le temblaban lo
brazos. Al darse cuenta, Elena lo tumbó sobre su pecho, metiendole un pezón en
la boca, D. Ignacio dió un grito ahogado de placer al recibir los chorros dulces
de leche en su boca (aquello no se lo esperaba) y despues de correrse dos veces
más, el pobre viejo, descargó su semen por fin. A medida que sentia los chorros
de esperma en el interior de su coño, Elena, fué consciente de que aquel hombre,
en vez de correrse, parecia una fuente de la que no dejaba de manar semen,
incluso cuando se retiró, salieron espesos chorros de su coño totalmente
inundado, no obstante, D. Ignacio permaneció encima de élla, mamando la leche de
sus tetas hata que las vació, cosa que élla tambien agradeció pues si no la
empezarian a doler.

Cuando volvió de nuevo a su puesto de trabajo, Carla la miró
ansiosa, esperando una explicación.

Te quedaste corta, D. Ignacio es ………el perfecto amante
que pudiera desear una mujer y su polla…….sencillamente increible (los ojos
la brillaban de felicidad al recordar las cuatro horas que habia pasado con él).
Bueno y del contrato ¿qué?, quiso saber Carla.

Ah¡, éso, pues que………(dudó para darle suspense a su
respuesta), a partir de hoy, ya soy fija en plantilla……. – Carla la abrazó y
la besó en la boca, realmente se alegraba de que lo hubiera conseguido, sabia al
igual que élla que no habia sido fácil -, y con una subida de sueldo,
pero……(siempre hay un pero), a cambio, él me solicitará los martes y jueves,
concluyó satisfecha.

Tenemos que celebrarlo, dijo Carla, – se me ocurre una buena
idea, por que no nos vamos a cenar los cuatro y lo celebramos con una orgia por
todo lo alto, ¿que te parece?, (Los respectivos maridos, se conocian hace ya
seis meses, y se llevaban de maravilla, incluso en una ocasión, Carla habia
hecho el amor con Alberto, élla sóla para probarle, sólo faltaba ver como
reaccionaria cuando la viera follar con otro hombre), Elena, dudó un instante y
luego metió la mano por debajo de la falda de su amiga, hasta llegar a su sexo,
estaba muy mojado y lo acarició un poco por encima de sus braguitas, la besó en
la boca, es una idea perfecta, la dijo, así podremos jugar con Alberto, a la
"Gallinita Ciega".

En fin, sólo deciros, que aquella noche nos lo
pasamos….bueno podeis imaginaros cómo, a partir de ése dia, Alberto y Juan,
decidieron hacerse bisexuales mutuamente y en nuestros encuentros, nosotras por
un lado y éllos por otro, nos procuramos placer, acariciandonos y lamiendonos,
para luego montar una orgia alucinante. Después de dos años, estamos pensando en
cambiarnos de vivienda y comprarnos un chalecito, al lado de donde viven Carla y
Juan, así estaremos más tiempo juntos para nosotros, mis suegros, al margen de
todo ésto, siguen con nuestra hijita, crece preciosa rodeada de todos los
caprichos.

FIN.

 

Resumen del relato:
    Sexo Forzado, tetas lactantes.

Humillada pero contenta (II)

Humillada pero contenta (II) (3)

Una semana después, iba conduciendo presurosa hacia un
restaurante elegante donde nos habíamos citado, al entrar y preguntar por él en
la entrada, un mozo bien estirado me condujo a uno de esos reservaditos que se
ubican en el segundo piso, donde la puerta es una cortina y hay una ventana con
vidrios oscuros, que da vista a la parte baja del restaurante, todo con el ánimo
de crear una ambiente romántico y privado a las parejas que buscaban intimidad.
Al llegar ante Raúl, él se levantó y me recibió con un beso bucal cargado de
erotismo, no importando la presencia del capitán.

-Por favor, que Diego nos atienda, y que se desentienda de
otras mesas. –Mientras daba la orden, daba un billete al sujeto y nos sentamos
en el mullido sofá en forma de "L" que había tras la pequeña mesa.

-Lo que usted ordene Don Raúl.-El capitán se retiró y ambos
quedamos solos. Recordé que me dijo que fuese sin braguitas a como siempre, pero
por llevar una vestido blanco y de tela semi transparente, no me atreví a
hacerlo, ya que se me vería toda la melena peluda de mi coño a través de él,
preferí enfrentar el "castigo" que Raúl me reservaba.

-Permiso.-La voz venia detrás de la cortina, era el mesero
Diego, quién venia a por la orden.

Diego era un joven simpático, de cara aniñada pero un cuerpo
bien musculoso. Su porte era tieso, como un militar dentro de su uniforme.
Impasible, nos quedo viendo alternativamente a Raúl y a mi, esperando que alguno
hablara.

-Diego, por favor tráenos Vodka con jugo de naranja.

-A la orden don Raúl.

Diego salió pitado a cumplir con sus obligaciones, mientras
Raúl me abrazaba fuertemente mientras me besaba a como a mi me gustaba: lamiendo
mis labios con pasión, dándome su lengua y recibiendo la mía para chuparla con
locura. Al meter la mano debajo de mi vestido y por entre mis piernas, llegó mi
triangulo; emitiendo un "Hummm" de reprobación, se dio cuenta que aun llevaba
puestas mis bragas.

-"¿Por qué vienes con tus calzoncitos puestos?". Sin esperar
respuesta a su pregunta, continuó:- "Ahora recibirás una reprimenda, cuando
llegue Diego, le pedirás que te las saque y vas a excitarlo para que luego lo
mames y te encule a como a ti te encanta.

En ese momento llegaba Diego, quién después de un "permiso"
ingresó al privado con el licor. Nos sirvió un par de tragos en nuestros vasos,
el que yo tomé de un solo golpe, ya que con un trago, me sentía con el valor
suficiente para hacer cualquier locura. Diego me rellenó de nuevo el vaso y en
ese momento Raúl lo increpó:

-Diego, por favor sácale los calzones a mi puta.

-¿Co….co cómo dice?.

El mesero pareció confundido con el pedido de mi amante, por
lo que, después de darle otro sorbo a mi bebida, me puse en pie y acomodando mi
trasero contra el borde de la mesa frente a él, abrí un poco las piernas y
levantando mi vestido hasta mi vientre, le mostré lo bien torneadas que las
tenía y lo conminé:

-Mi macho quiere que saques mis braguitas, así que por favor,
adelante.

Diego quedó con los ojos abiertos como platos al verme en esa
posición, no se si admirado por lo que veía o por lo inusual del pedido. Como un
autómata y sin despegar los ojos de mi entrepierna abultada, se arrodilló ante
mi y llevó sus manos a los lados de mi tanga. Puso las palmas de sus manos en
mis caderas y las pude sentir frías y sudorosas, seguro de puro nervio; tomando
el elástico, inició a bajarlos muy despacio hasta que dejó completamente
expuesto mi peludo y hambriento coño. Diego se quedó como hipnotizado viéndome
la entrepierna, sin moverse de su posición. Esos eran los momentos que yo
disfrutaba horrores, morbosear con el sorprendido individuo, mientras mi macho
se excitaba al oírme ofrecerme como una perra en celo:

-"¿Te gusta mi coño peludo?".-Diego asintió mecánicamente. Yo
continué:-"Entonces chúpamelo, que en este momento deseo que me metas la lengua
en la hendidura".

Acercó su cara a mi raja y tomándome de las nalgas, trató de
llegar con sus labios a mi gruta, pero al estar yo de pie y su poca experiencia
en estos menesteres, no lograba llegar donde queríamos, por lo que pedí a Raúl
que retirara lo que había sobre la mesa. Inmediatamente escuchamos el ruido que
los bártulos al ser removidos de la mesita, yendo a parar al sillón. Ello me
permitió apoyar mi espalda contra la mesa, elevar mis pies y abrirme lo
suficiente para que mi raja ya humedecida de deseo, se la ofreciera en toda su
magnitud al joven. Ni corto ni perezoso, se abalanzo contra mi coño y lo comenzó
a chupar glotonamente. Con sus dos manos apartó los vellos que custodiaban mi
agujero y posó su boca contra mis labios vaginales, metiéndome la lengua bien
profundo y arrancándome gemidos de placer. Raúl se había incorporado y ya tenía
la verga de fuera, la que me ofreció para que se la mamara. Por quince minutos
estuve saboreando la verga de mi amante, mientras el meserito me sacaba un
orgasmo sabrosísimo, el que tuve que aguantármelo callada, por miedo a que mis
gritos de delicia se escucharan en todo el restaurante. Raúl estalló
violentamente contra mi boca, tomando mi cabeza con sus manos, mantuvo pegada mi
boca contra su leño, en tanto un ahogado "Aaaaaaaaaaaggggggggg", salía de su
garganta, chorros de semen lo hacían por la punta de su polla. Lo relamí
gustosamente mientras me lo tragaba. Terminada esa faena, me desembaracé de
Diego y me arrodillé frente a él, para con movimientos rápidos y ansiosos,
desabroché su pantalón y los bajé junto con los calzoncillos hasta la rodilla,
dejándome apreciar una verga bien tiesa y a punto de estallar. No la tenía tan
grande como la de Raúl o JJ, pero era de dimensiones respetables.

Me la metí en la boca y la saboreé deliciosamente con mi boca
y lengua, mientras la mamaba casi entera. La tenía bien caliente y cimbraba ante
cada embestida de mi glotona boca. Seguro nunca se la habían mamado tan
expertamente a como yo se lo hacía. Presintiendo que podría venirse en cualquier
momento, dejé de mamar e incorporándome, lo vi a los ojo y lujuriosamente lo
bese en la boca, para después suplicarle:"Quiero que me metas tu verga por el
culo. Quiero que me pringues los intestinos con tu semen. No tengas miedo y
zámpala sin compasión, quiero que me golpees fuerte con tu verga bien tiesa.
Hazme tuya por el culo, seguro nunca te han ofrecido un culo tan sabroso como el
mío".

Girando mi cuerpo, apoyé mi ingle contra el canto de la mesa
e incliné mi cuerpo hacia delante, hasta que mis tetas chocaron contra la
madera. Llevé mis manos hacia atrás y tomando una nalga con cada una de ellas,
las abrí lo más que pude, para que Diego pudiera ver a su gusto y antojo, mi
palpitante culo y me enchutara toda la verga. La cara de Raúl era de gozo
absoluto, realmente disfrutaba oír cómo me ofrecía, como puta en celo y yo,
seguro que tenía la cara desfigurada por el deseo intenso de ser enculada. Sentí
que la punta del inflamado glande de la verga del joven, se apoyaba contra el
pretil de mi culo y tomándome por las caderas, me jaló lentamente contra su
falo, enterrándolo poco a poco. Luego de haber depositado el brillante glande en
lo más hondo de mi ser, inició un mete y saca lento pero sistemático. Me
encantaba y me enloquecía, pero quería más, así que lo conminé:

-Vamos pendejo, no seas maricón y culéame duro, quiero que
trates de partirme en dos con tu verga. Enculame con ganas.

Se sintió picado en su amor propio y sin decir agua va, me la
sacó completa, solo para desgajármela de un solo envión hasta que sus cojones
chocaron contra mi ensortijada melena. Cinco veces repitió la operación de
enculada violenta y sentí que estaba a punto de correrse, por lo que yo también
me preparé para acompañarlo:

-Eso mi culeador, ya no aguanto tus puyazos, quiero correrme
y que tu me bañes de esperma mi culo. Inúndame las entrañas con tu cremoso jugo
que me ¡vooooooooooy!.

Terminando de gemir ahogadamente, sentí que me depositaba
bien hondo de mi, aquella verga que estaba palpitando dentro de mi culo y con un
"Yaaaaaaaaaaaa" apagado, estallaba tan fuertemente que sentí que los chorros de
esperma, me golpeaban mis intestinos. Cansados, nos desmadejamos contra la mesa,
mientras Raúl me jalaba la cabeza, solo para que me metiera su tiesa verga en la
boca, ya que con el espectáculo, se había estado sobando el bolillo y estaba a
punto de descargar su semen. Diligentemente me volví a tragar la nata que me
ofrecía, mientras Diego me desenchufaba de su verga y componiendo sus ropas,
volvía a ocupar su pose militar. Luego de terminar nuestros tragos, pagamos la
cuenta y nos retiramos a nuestras respectivas casas.

Raúl me había convertido y con mi propio consentimiento, en
una soberana puta gozadora. Cada cita con él, la esperaba con ansias y deseos
incontrolables. Sabía que siempre tenía algo preparado, pero lo mantenía en
secreto, despertándome una curiosidad malsana de adivinar cuál sería. Desde que
me quitaba las bragas en el baño de mi oficina, ya me encontraba mojada por la
ansiedad. Una de las veces que me llevó a cenar, todo transcurrió de lo más
normal: cenamos y tomamos una botella de vino. Lo único que rompió la monotonía,
fue que me hizo sobarle la verga con mi pie desnudo por debajo de la mesa. Pagó
y salimos del restaurante como una pareja de enamorados, abrazados uno contra el
otro. Al vernos salir, el portero se apresuró a llamar a un vehiculo que se
encontraba en el callejón adyacente al sitio. El vehiculo aparco frente a
nosotros y penetramos en el asiento posterior. A arrancar, me sentí
desencantada, esperaba tener otra noche loca, pero por lo visto, ahí terminaba
todo. Al haber recorrido unas cuantas calles, Raúl me pasó un brazo por los
hombros y me atrajo hacia si, pero con la clara intención de que le sacara la
verga y se la mamara; decidí disfrutar de su leche por lo menos, así que me
arrecosté contra su ingle y después de extraerle la verga linda que me
enloquecía, comencé a mamar con glotonería. Habíamos quedado de tal forma que él
estaba detrás del conductor y yo detrás del asiento del pasajero. Eso hacía
posible que el que manejaba, pudiera verme de la cintura para abajo, entre los
dos asientos delanteros. Ahí fue donde me di cuenta de las intenciones de Raúl,
ya que al estar de lado, hizo que me acostara completamente en el asiento y
recogiera las piernas, ya que no cabía completa. Tuve que abrirme un poco para
acomodarme holgadamente, haciendo que mi vestido se subiera lo suficiente como
para que un observador, pudiera apreciar mi pelaje bien poblado. Y eso era lo
que pasaba, sin darme cuenta por estar entretenida succionando ávidamente la
vergota de Raúl, el conductor había estacionado en un descampado a la orilla del
camino principal, fuera de la ciudad.

-"¿Qué te parece esta puta, Pablo?" –Oí que Raúl preguntaba
al chofer.

-Se mira que es una puta con clase, pero bien golosa la
desgraciada, Raúl. Seguro que le encantan la vergas grandes y gruesas.

Ante la insolente afirmación, levanté la cara, solo para
encontrarme con la de un hombre de mirar descarado, un poco barbudo y como de 40
años de edad. Estaba sonriendo cínicamente al verme despatarrada, mamando una
hermosa verga delante de él y mostrando toda la magnitud de mi melenudo coño.

-Tócale el coño, verás que lo tiene empapado y con ganas de
tragarse un buen leño.

Mientras regresaba a mi faena de mamar la verga de Raúl, pude
sentir los dedos toscos del conductor, que me comenzaban a masajear la maraña de
pelos con cierta aspereza, pero no tanto como para no sentir el cosquilleo de
excitarme concienzudamente. En un momento determinado, introdujo uno de ellos,
tan grande que parecía que me estaba metiendo una polla, obligándome a adelantar
mi cintura, ya que a esas alturas del juego, ya estaba ansiosa por que me le
prestaran atención a mi rajita. Sabiamente me introducía el dedazo y me lo
remolineaba en mis entrañas, haciéndome gemir de placer y mover mi cintura
frenéticamente, buscando que me lo enterrara más profundamente.

-Vamos Pablo, date la vuelta y enséñale a esta puta lo que
tienes.

Oí que Pablo abría su puerta y luego hacia lo mismo con la
que estaba a mis pies. Sentí que sus manos vagaban por mis piernas y me las
sobaba con torpeza, pero haciéndome disfrutar de las caricias. Al llegar
nuevamente a mi húmeda raja, volvió a introducirme su dedo, esta vez
vigorosamente, haciendo que mamara más fuertemente la verga de mi ofrecedor.
Mientras Pablo me dedeaba con deleite, Raúl me empujaba contra su verga,
indicándome que estaba a punto de correrse, así que me dediqué con esmero para
que estallara en mi boca y degustar el manjar que me extasiaba. A la par, yo
estaba como poseída, ya que el tipo, a la par que me metía profundamente un dedo
por el coño, me había introducido el dedo gordo de esa misma mano, por el culo y
se dedicaba a apretarlos uno contra el otro, teniendo como separación mis
intestinos. Eso me provocaba espasmos violentos de satisfacción, los que
terminaron por hacerme correr espasmódicamente, mientras Raúl gritaba:

-¡Que rica mamada, hija de la gran puta!. ¡Me
voooooooooooooooooy!.

Y mientras inundaba mi boca con su leche, yo bajé mi mano
hasta la del conductor, para ayudarle a masajearme con más furor mis agujeros,
para terminar en una soberbia corrida de campeonato. Sacándome la verga de Raúl
de mi boca, me desmadejé resoplando de satisfacción y al sentir que Pablo me
sacaba los dedos, me di lavuelta, solo para encontrarme que tenía una grandísima
verga fuera del pantalón. Al sentarme y acercar mi cara hacia él, pude apreciar
que era enorme, como una pulgada más larga que la de Raúl, pero aun más gruesa,
y Pablo, con una enorme sonrisa de satisfacción en su rostro, me la ofrecía para
que la catara con mi boca. Sorprendida de encontrar una verga más grande aun que
JJ y Raúl, le desabroché los pantalones y los bajé completamente, encarándome de
frente con aquel descomunal aparato. Parecía que le habían injertado la verga de
un caballo, y el glande sobresalía por su grandeza, pero aun así, me la llevé a
la boca y comencé a mamársela con ciertas dificultades. Por lo grande solo pude
acaparar como un cuarto del tamaño del leño, pero si pude lengí¼etear el glande a
mi gusto y antojo, arrancándole gemidos de placer al vergudo. A lo lejos pude
escuchar la voz de Raúl que conminaba al de la inmensa tranca:-"Vamos Pablo,
culéate a la puta esta y que sienta lo que es tragarse un leño de ese tamaño".

Volteando hacia él, con la voz ronca por la excitación, pero
cargada de temores, le dije:-"Raúl, esta verga si me va a partir por la mitad, y
con lo bestia que se mira este tipo, es capaz de sacármela por la boca de un
solo golpe. Me va a unir el coño y el culo, si parece un burro".

-No tengas miedo mi amor. Pablo, a pesar de lo cínico que es,
tiene tacto para acomodar bien su verga sin causar daño, además que tu eres una
golosa degenerada que cuando la tengas bien acomodada a tu coño, vas a pedir a
gritos que te culee más duro.

Con aprensiones, me acosté completamente, en el asiento, ya
que Raúl había salido para fumarse un cigarrillo, dejando que me enfrentara yo
sola con aquella inmensa verga. Los pies los apoyé en el respaldo del asiento
trasero uno y el otro en el descansa nuca del asiento del pasajero, quedando con
las piernas abiertas de par en par. Al verme la melena bien poblada, Pablo solo
pudo exclamar asombrado:

-¡Que coño más peludo que tiene esta puta, hermano!. Si
parece una mona de tan peluda que es.

Se despojó de sus ropas, quedando completamente desnudo. Se
acercó a la puerta y tomándome los pies alternadamente, me despojó de mi
calzado. Tratando de calmar mis temores, besó la planta de mis pies
delicadamente, a la vez que me decía:

-No te preocupes mi amor. Te voy a pegar una culeada que te
vas a mear de puro gusto. Vas a saborear mi leño y me vas a pedir más.

De lo que dijo, no le creí la mitad, pero estaba dispuesta a
saber lo que era tener una verga de burro aturugada en mi caverna. Mientras él
se acomodaba entre mis piernas, yo me frotaba mi chocho, a fin de extender mis
jugos por toda la entrada, para así lubricar el pasadizo y recibir de la mejor
manera posible, el leño amenazador del conductor desconocido. Delicadamente me
puso el enorme glande en la entrada principal de mi coño, fue en ese momento y
al estar ausente Raúl, le tome la cara y entre besos que le daba en los labios,
le supliqué:

-Con cuidado Pablito, recuerda que tienes una vergota como de
caballo. Métela suavecito, cuando mi coño se la trague toda, podrás culearme con
ganas. Deja que mi gruta se acomode a tu tranca.

-No te preocupes, mi verga te va a llevar al cielo, te va
hacer tocra las estrellas.

Dicho y hecho. Inició a ejercer presión con su cintura, en
tanto yo tenía agarrada con mi mano su verga, previniendo que se emocionara y
tratara de ensamblarla completa y de un solo golpe. Al principio tuvo
dificultades para abrirse paso, ya que al estar tensa, creo que cerraba el coño.
Pero poco a poco, la formidable tranca fue abriéndose paso por las paredes de mi
hueco, hasta que con mi mano sentí que me había zambullido hasta donde la tenía
agarrada. Entonces decidí tomar el riesgo y la solté completamente. A estás
alturas, estaba completamente excitada, por lo que la verga se deslizaba más
fácilmente por mi pasadizo. Pablo manejaba la situacion con bastante sabiduria,
ya que no me la empujaba directamente, sino que hacia movimientos semicirculares
con su cintura, provocando que mi coño fuera engullendo poquito a poco, la
vergota que ahora me estaba provocando grandes deseos de comermela entera. Me le
abracé al cuello y le enrosqué mis piernas en su cintura, disponiéndome a
disfrutar de la descomunal verga que me perforaba las entrañas.

-Así Pablito, mueve la cintura suavemente. Siento que me la
estoy tragando de a poquito, ya me la voy a comer entera. La siento bien
sabrosa. Sigue culeándome con cariño.

-Si mi amorcito. Siento que las paredes de tu coño se están
abriendo para recibir toda mi estaca. Yo se que te la vas a tragar completa y
vas a lloriquear de placer.

Entre "platicas", había conseguido acomodarla toda, ya que
pude sentir que su pubis chocaba con mi enmarañada entrada, quedándose quieto,
inmóvil, para que mi coño apreciara bien la trancota que tenía adentro. Ya
calmada por haberla recibido toda sin causarme daño, me solté lo suficiente para
disponerme a gozar y así se lo hice saber:

-Ahora si chiquito lindo, comienza a sacarla y meterla para
que me culees de verdad. Culeame con ganas, tomame, hazme tuya, perforame.

Pablo llevó una mano a mis nalgas, tomando una e iniciando un
mete y saca suave pero consistente. Yo estaba pegada a él como una garrapata,
abrazándolo con brazos y pies, con el coño bien abierto y recibiendo una
verdadera verga de burro con placer. Por espacio de 10 minutos, estuvo
haciéndolo delicadamente, pero de repente y jalándome de la nalga, me la
zambulló de sopetón hasta las cachas. La dicha fue infinita. Sentirme penetrada
hasta la saciedad por ese formidable leño, fue la locura para mi. Comencé a
mover frenéticamente mi cintura y hablaba si cesar, no era yo, era mi
subconsciente que me tenía dominada la lengua y como entre sueños, hablaba con
mi culeador:

-Que sabroso. Me estás dando la culeada más sabrosa de mi
vida. Me estás matando de placer, me tienes emputecida con tu hermosa tranca.
Quiero que me pases culeando toda la noche. Quiero sentir tu verga para siempre.
Sigue empujándomela hasta los huevos, que me estás haciendo la perra más feliz
de la tierra. Cada vez que quieras culearme, estaré dispuesta a darte mi coño
para que me lo partas y metas toda tu verga. Dame tu lechita mi amor, quiero
sentir que terminas conmigo y nos corremos juntos. ¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaay ay
ay!.

Moviéndome como batidora y convulsionandome enloquecida,
había estallado con alma, vida y corazón, en un orgasmo que casi me desmayo. A
lo lejos, oí su voz sin entender lo que decía, solo para recibir un potente
chorro de semen en las profundidades de mi ser, multiplicando por 100, mi
regocijo ante la espectacular venida de ambos. Todavía con estertores, continuó
atiborrándome con su enorme verga, haciéndome disfrutar cada onza de carne que
me atragantaba. Cansada y chorreando sudor y jugos a cantaros, pero feliz, me
desmadejé en el asiento. Solo tuve ánimos para agradecerle la soberana culeada:

-Gracias, gracias mi amorcito lindo por culearme tan sabroso.
Espero que haya una próxima vez, y espero que pueda comérmela también por el
culo. Quiero que me partas los cachetes del culo y me claves los chorros de
leche en las amígdalas.

Mientras se ponía la ropa, de uno de sus bolsillos extrajo un
papel que me entregó diciendo:

-Esta es mi tarjeta, ahí están los números de teléfonos donde
me puedes localizar y cuando tengas ganas de comerte mi verga, me llamas y yo
acudiré presuroso a calmar tu calentura, pero quiero que nos quedemos una noche
juntos. Quiero pasar toda la noche clavándote la verga, hasta que te deje
enardecido el coño. Te lo quiero desbaratar a puyazos y tu me lo vas a
agradecer.

Nos besamos intensamente y agarramos rumbo a la casa de Raúl.
Allí lo dejamos a él y le pidió a Pablo llevarme a mi casa. Grave error, ya que
el camino lo aprovechamos para hacer planes para nuestra siguiente cita. Me
había sentado a la par de Pablo y aun con la satisfacción de su soberbia cogida,
me pidió que le sacara la verga y se la masajeara. Aun con los fluidos de mi
chocho en ella, me la metí en la boca para darle una mamada de agradecimiento.
Aunque estaba un poco desarmada por el zarandeo anterior, la líbido se me subió
a límites estratosféricos al saborear el delicado pero potente gorro del
vergudo. Mientras mamaba con ansias, él había adelantado su mano y estaba
jugando con mi encharcada raja, hasta que, incapaz de soportar el martirio, le
supliqué:

-Pablito, buscate un lugar solitario que me quiero sentar en
tu leño. Deseo que me la metas de nuevo ya que estoy por estallar.

-Ya llegamos preciosa. Deja que me estacione y tendrás la
respectiva dosis de carne que tu coño necesita.

Por estar entretenida con la tranca en mi boca, no me había
percatado que Pablo había conducido hasta otro lugar oscuro y despoblado,
sabiendo ya de antemano, que esto terminaría solo con otra buena cogida.
Estacionó el vehículo y apagando motor y luces, bajó presuroso para abrir mi
puerta en escasos dos segundos.

-Baja.

La orden más que petición, sonó como un trallazo en el
silencio de la noche. En menos que lo cuento, ya me encontraba fuera del taxi y
Pablo tomándome por los brazos, me llevó hasta la parte trasera del coche. Hizo
que apoyara mis manos contra la cajuela y me abrió de piernas, subiendo el
vestido hasta arriba de mi cintura. Quedé en una posición en que ofrecía mi culo
en pompa. Tomándome con una mano de la cintura, con la otra, restregaba el
enorme glande contra mi raja, deslizándolo sabrosamente a lo largo de mis nalgas
abiertas y manteniéndome ansiosa por ser embestida de una buena vez.

-Aquí sí que vas a poder gritar como perra embramada. Cuando
te la hunda, no tengas miedo de berrear, ya que aquí nadie se va a enterar que
me estoy culeando bien rico a una buena puta.

Tomándome ya con sus dos manos por las caderas y mientras
dejaba apoyado su látigo contra mi cueva, me dio tal envión, que un sonoro
"Plas" se escuchaba en medio de la noche, al estrellar su pubis contra mis
nalgas. Sentir que de sopetón me había aticuñado todo su inmenso tronco dentro
de mi ser, casi me desmayo de puro placer. La violencia del impacto hizo que mis
pies se levantaran del piso, quedando apoyada solo con mis manos en el taxi y
por la enorme verga que tenía enterrada en mis entrañas. A partir de ese momento
los acontecimientos se desarrollaron como en una película porno de las más
crudas, ya que Pablo me la sacaba hasta la punta, solo para agarrar impulso y
alojar su tiesa verga, violenta y firmemente en las profundidades de mi coño,
mientras que de su boca salían puras obscenidades que encendían más, si cabe, mi
lujuriosa pasión.

-¡Así es quería culearte!. Que te tragaras todo mi leño de un
solo golpe. Si se ve que eres una puta golosa. Así es que te gusta que te
culeen, a lo bestia. Sentir que te la quieren a sacar por la garganta, te pone
como yegua en celo. ¿Verdad que estás encantada con esta culeada?.

-¡Si Pablito, así quería que me culearas!. Quería que me la
metieras con ganas, con fuerza. Me estás matando de gusto con tu rica vergota.
¿Te gusta cómo me trago tu herramienta?. ¿Te gusta que sea tu puta golosa y
tragona?. ¿Ah, mi vergudito, te gusta?.

-Si mi chiquita linda. Se nota que te encanta que te den
verga hasta por los oídos. Sabía que querías que te metiera la verga de sopetón.
Te babeas con solo verme la verga. Te voy a dar tal culeada, que el coño te va a
quedar hinchado.

De repente, me tomó por los hombros y dio tal impulso con su
cintura y contra mi, que sin exagerar, creí que la verga la tenía por el
pescuezo. Se mantuvo allí y con una maestría impropia de su rudeza, remolineó su
cintura, haciendo que el glande se me restregara contra las paredes de mi ser,
haciéndome ver la gloria y provocarme un fenomenal orgasmo.

-¡Así, mi amorcito lindo!. Que rico que me la restriegas por
dentro. Ya no aguanto más. Te voy a regar el leño con mis jugos. Voy a venirme
Pablito, voy a terminar, ya no aguanto, ¡Ay.. ay.. ay. Ay..
ayayaaaaaaaaaaaaaaaaaay!.

El alarido que pegué ante mi monumental orgasmo, restalló en
el solitario paraje como el de un alma en pena. Cualquiera que lo hubiera oído,
pensaría que me estaban asesinando y no andaría muy desatinado, porque Pablo me
estaba asesinando de puro placer, con un bestial puñal. Apoyé mis tetas contra
la cajuela, incapaz de mantenerme en pie y si no ha sido la verga de mi cogedor,
habría caído al piso. Pablo me mantenía incrustada la verga hasta el fondo y
como no había terminado, estaba tiesa como un riel, mientras yo seguía
disfrutándola a más no poder. Metió sus manos por debajo del vestido hasta
alcanzar mis tetas, las que masajeó con una inusitada experiencia. Me las
apretaba, las sobaba, metía mis pezones entre sus dedos y me daba pellizcos
alucinógenos. ¡Qué tipo para volverme una puta insaciable!.

-Te la quiero meter por el culo. Yo tampoco voy a aguantar
mucho y quiero llenarte los intestinos con mi leche. Quiero sentir las paredes
de tu culo ordeñándome el garrote.

-Ay Pablito, de verás que quiero comérmela por el culo, pero
tengo miedo. Es que es bien gruesa tu verga y me puedes destapar el culo.

-Hagamos un trato: tu serás la que trate de metérsela, si te
hago daño, la sacas, si no, te enculas sabroso. ¿Vale?.

Sin darme tiempo para responder, el tipo sacó su verga de mi
ya entumecido coño y me llevó hasta la parte posterior del carro, en donde
minutos antes, me había proporcionado una de las mejores cogidas de mi vida. Se
sentó en el borde del asiento y agarrando su garrote parado, lo meneaba
invitándome a que me enculara. Me di la vuelta y fui retrocediendo hasta que mis
pantorrillas se metieron entre sus piernas y apoyándome en la puerta del
vehículo, fui adoptando la posición como de sentarme, solo que me esperaba un
tronco de carne maciza, dispuesta a perforar mi culo. Mientras que con la palma
de una mano, me abría las nalgas, la otra me tomaba por la cintura para guiarme
hasta donde estaba su tiesa estaca. Sentí que el glande tocaba la puerta de mi
anillo. Involuntariamente contraje los músculos, quedándome inmóvil.

-Vamos ricura, ya tienes la punta en tu agujero. Ahora, baja
suavemente para que te la metas.

Con mucho cuidado fui bajando. Sentí que la punta del glande
comenzó a abrir poco a poco mi ojal. Seguí con la presión, repentinamente el
glande completo fue absorbido por mi culo y casi me da un infarto. A pesar de
haberme comido buenos leños por el culo, este sobrepasaba cualquier idea que
tuviera de ser penetrada por un tamaña verga.

-¡Aaaaaaaay¡.

-¿Te duele, mi amor?.

-No, es solo que tengo miedo y me sorprendí al enterrarme la
punta.

-Bien, ya te tragaste el gorro. Ahora, vas a soltarte
lentamente. Yo tengo agarrada la verga por la base, cuando llegues a mi mano y
si no te molesta, yo la soltare para que te la tragues toda.

Seguí liberando mi peso, que sostenía soportada por la
puerta. La verga entraba con alguna dificultad, pero irremediablemente iba para
adentro, además que ya era un reto para mi. Fui bajando lenta, pero muy
lentamente, hasta que entre mis nalgas sentí la mano de Pablo.

-Ya tienes media verga en el culo. ¿Te molesta?. ¿Te duele?.

-No, mi amor. Solo la siento grande. Quita la mano, que voy
por el resto.

Realmente, si lo más grueso era la cabeza, ésta al entrar, me
acomodaba para que toda la barra fuera bien acogida por mi culo. Solo que al ser
tan grande, costaba más que las demás. Ya más relajada, di más libertad a mi
cuerpo y en un abrir y cerrar de ojos, la verga se me atiborró completa en mis
intestinos. Sentirla toda completa dentro de mi, me hizo sentir como una
campeona sexual, ya que estaba segura que a otra, fácilmente le habría partido
el culo. Cuando estuve sentada completamente sobre el macho, moví mi cintura en
semicírculos y la sensación de sus vellos dentro de mis abiertas nalgas,
despertaros los bajos instintos animales que tenía dentro y me dispuse a
trabajar a conciencia ese enorme leño.

Sentí que Pablo se quitaba la camisa y la aventaba al asiento
delantero. Hecho esto, subió sus manos por mis costados, llevando mi vestido por
encima de mi cabeza, extrayéndolo completamente. Me pidió que me quitara lo que
calzaba y así sentada a como estaba, bien empalada con su rígida verga dentro de
mi culo, quité mis zapatos y los dejé a un lado. Moverme con semejante garrote
dentro, hacia que mi placer aumentara considerablemente a cada momento y cuando
ya estaba completamente en pelotas, deseaba ser cogida con toda mi alma. Se
acostó completamente en el asiento trasero, jalándome con el, quedando con mi
espalda pegada a su velludo torso, haciendo que mis cosquillas en el culo,
recorrieran todo mi ser. Sin pedir permiso, metí mis pies y los apoyé contra la
parte lateral del interior del vehículo, quedando completamente abierta y en
espera de ser bombeada. Pablo me abrazó y llevó una mano a mis tetas y la otra a
mi enardecido coño, indicándome que iniciaría mi enculada.

-Ahora sí te voy a encular como a una verdadera puta. Vas a
saber lo que es una buena verga partiéndote el culo.

Sin más palabras, apretujándome contra su cuerpo, comenzó a
mover la cintura de arriba abajo, sacando y metiendo su regio mandoble dentro de
mi abierto culo. Al estar enculándome, a la par que sobaba una de mis tetas y
mantener un dedo metido profundamente en mi coño, me tenía embobada de placer.
Tenía cerrado los ojos, respiraba agitadamente, jadeaba como poseída por el
demonio y movía mi cintura todo lo que me permitía mi culeador. Por diez minutos
solo se oían nuestros jadeos y suspiros mientras Pablo me bombeaba con firmeza,
enterrándome el pistón hasta donde nadie había podido llegar antes. Los
chapoteos eran claramente audibles, mi culo y coño estaban encharcados de
fluidos y la verga entraba y salía con una facilidad asombrosa. Los resoplidos
de mi amante los tenía en mi nuca, a la par que sacaba su lengua y me la pasaba
impúdicamente por mi cuello, ensalivándolo todo con deleite, demostrándome que
mi culo le estaba haciendo perder todo su aplomo.

-Voy a venirme, perra. Tu culo apretadito me tiene loco y ya
no aguanto más. Te voy a dar toda la leche que tengo en los cojones y te la voy
a regar en los intestinos.

-Vamos, hijo de puta. Ya me tienes como una yegua embramada.
Suéltame toda la leche, que la quiero sentir en la garganta. Yo también voy a
correrme. Ahí viene, ahí, ahí, ¡ahiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!.

Arqueando mi espalda hasta que me dolió, dejé ir mis nalgas
contra el falo que me penetraba, mientras que él elevaba su cintura y con su
mano que tenía en mi coño, me ayudaba a bajar contra su verga y dejándola
completamente enterrada dentro de mi, nos corrimos al unísono, pegando ambos,
unos alaridos de placer incontenible. Mientras me corría violentamente, la
contracciones de mi coño y culo fueron espasmódicas, mientras las palpitaciones
de su verga fue la delicia cabal para mi culo, mientras que la tibia leche
regaba mis profundidades. Quedamos resoplando como caballos, la culeada que
habíamos dado, era una culeada de campeonato. Mientras nos calmabamos, Pablo se
dedicó a recorrer mi cuerpo con sus manos. Nuestros resoplidos y los grillos,
fueron la música que aplacó nuestras bajas pasiones. Ya repuestos, me fui
desenchufando de la semierecta verga, que ahora lucía derrotada, pero dichosa de
haberse comido mi culo.

Procedimos a vestir nuestras ropas y sin decir esta boca es
mía, Pablo condujo su vehiculo mientras me llevaba abrazada por los hombros,
como si novios o esposos fueramos. Yo, sumisa, cansada, un poco adolorida, pero
dichosa y feliz de haber conocido un buen rollo de carne maciza y palpitante,
disfruté del abrazo masculino en todo el trayecto. Al llegar a mi casa, Pablo
impidió que me bajara, reteniéndome por el brazo, viéndome con unos ojos de
cariño infinito, me dijo.

-Ahí tienes mi dirección y números de teléfono, de mi casa y
del trabajo, ahí me pueden localizar por cualquier medio. Deseo que dejes a Raúl
y seas mi amante. Yo te voy a respetar a como te mereces y no te voy a ofrecer a
nadie más. Serás mi reina. No te humillaré ni te daré malos tratos, piénsalo y
me llamas cuando lo desees. Yo voy a estar para ti.

Sus palabras fueron como un aliento en mi tormentoso mundo.
De verás deseaba dejar la vida que tenía con Raúl, solo que había caído en el
torbellino de la lujuria, del sexo loco y desenfrenado, de retar a Raúl por
necesitar ofrecerme a otros hombres, de sentir que aun era una hembra que
despertaba grandes pasiones, pero esas pasiones disolutas. Quizás me gustaba que
me hiciese sentir así, como una mujer vulgar, una zorra, una puta que no
cobraba, pero una puta al fin y al cabo. Con mucho cariño, acerqué mi boca a la
suya y le di un beso de agradecimiento por todo, por sus ricas cogidas, por su
buen trato, por el placer, por sus palabras.

-No te preocupes Pablo. Pronto tendrás noticias mía. Buenas
noches.

-Buenas noches mi reina, que descanses.

Después de ducharme, me acosté en mi cama pensativa. Con las
palabras de Pablo, la campanilla de la cordura estaba repicando en mi cabeza. Ya
era hora que cambiara un poco el rumbo de mi vida. ¿Hacia donde?. Sin tener la
solución en mente, el cansancio venció a mi cuerpo y caí en un sueño profundo y
reparador hasta la mañana siguiente.

 

Resumen del relato:
    Una mujer cae el vertiginoso mundo del placer desenfrenado.

Humillada pero contenta (I)

Humillada pero contenta (I) (3)

Hola a todos, mi nombre es Dora. Soy una mujer de 30 años,
casada, muy buena posición social y económica, ya que soy ejecutiva importante
de mi empresa. Mi marido, Jorge me mima a más no poder, ya que sinceramente,
creo que me ama con locura. Aunque llevaba una vida alocada cuando adolescente,
incrementada en la Universidad, ya que me la pasaba haciendo travesuritas, como
acostarme con quien se me antojaba; me encantaba que saborearan mis húmedas
partes y que me cogieran en cualquier lugar y ocasión.

Hubo una vez, que me metí a un cuarto con dos tipos y les
bailé como esas danzarinas de cabaret, llegando a entretenerme con sus vergas
por todos los orificios de mi cuerpo, hasta que les dejé secos los cojones de
tantas eyaculadas que les provoqué con mis actos lujuriosos, privados de
cualquier cordura. Al graduarme, me enamoré locamente de aquel hombre serio,
atento, caballeroso, que habría de convertirse en mi marido.

Era tan dulce, tan tierno, que me motivó volverme más
recatada, mas centrada, cosa que me llevó a masturbarme constantemente, ya que
era y aun sigo siendo, una mujer extremadamente ardiente. Temiendo perderlo,
dejé a un lado todas mis locuras y nos casamos muy, pero muy enamorados uno del
otro. Era un amante pasivo, pulcro, hacía el amor como si lo hubiera estudiado
en un libro de texto y siguiera las instrucciones al pie de la letra. Aunque mi
"experiencia" era abundante, realmente los chicos con los que cogí, no me habían
transmitido muchos conocimientos acerca del sexo bien practicado, el sexo
verdadero, ya que se preocupaban más por darse gusto ellos y dejarme muchas
veces con la faena inconclusa. Mi esposo me hizo experimentar esos muy buenos
orgasmos que hacían falta en mi vida. Aunque sí había amor profundo, en nuestro
lecho faltaba pasión, fuego verdadero, algo de animalidad, de salvajismo
controlado.

No sabría cómo explicarlo mejor, pero no deseaba acostarme
con nadie más, para no poner en peligro el único y verdadero amor de mi vida. A
pesar de gustarme la paz de mi hogar, sumado a que ambos eramos ejecutivos de
empresas importantes, la monotonia se apoderó de nosotros, ya que las
responsabilidades laborales, nos alejaban de las personales. A la par, Jorge
estaba enfrascado en la tarea de ampliar sucursales de su empresa en el interior
del país, por lo que tuvo que viajar contantemente fuera, dejándome sola por
días, haciendo que mi mente vagara por locas fantasías sexuales y que mis manos
se ocuparan de mi cuerpo; pero no era igual, las vergas de los hombres nos dan
la dicha que nosotras anhelamos y si es bien manejada, nos llevan al paraiso
terrenal en una sola sentada.

Un día, estaba en mi oficina laborando y me percaté que ya
era tarde, las 10 de la noche. Me apresuré a guardar todos los cacharros y
retirarme a descansar. Al salir a la calle, el bullicio de la ciudad me inundó
completamente; recordé que era viernes y noche de parranda. Con cierta congoja,
vi pasar gentes alegres que iniciaban su noche de placer, que irían a bailar, a
tomar tragos, a tener un rato agradable con sus amigos, que las parejas se
dedicarían a un rato de sexo desenfrenado. Todo ello me hizo desear gozar con
ellos, alocarme, bailar, embriagarme un poco y disfrutar de mi soltería
obligada. Al poco rato estaba sentada a la barra del lujoso bar, digno de mi
posición. Pero una mujer sola, ataviada con un vestido negro, ajustado, cortito
y con un escote en la espalda que permitía ver toda mi bien formada anatomía;
siendo una mujer alta, de 1,76 de medidas generosas, morena, de pelo negrísimo a
los hombros, brillante y liso.

Como el vestido que llevaba puesto era muy ligero y se pegaba
a mis turgentes formas, sin medias, breve sujetador y unos preciosos zapatos de
tacón alto, los hombres del bar, inmediatamente me echaron el ojo encima como
moscas al pastel. Eso me hizo sentirme orgullosa de ser deseada aun; me levantó
el ánimo y la líbido como nunca antes lo había experimentado desde que me casé.
Unos Vodkas con jugo de naranja me alegraron bastante como para seguir la música
con movimientos sensuales de mi cuerpo, rítmicamente. Me dí cuenta de las
miradas de deseos que despertaba en algunos hombres, como caníbales dispuestos a
devorar mi cuerpo.

Me excitó también pensar en cómo se movía mi trasero,
provocando erecciones y deseos malsanos de más de uno, deseando tener sus manos
en mi culo y su vergas en mi coño. Los pezones me dolían, al estar enhiestos por
mis libidinosos pensamientos, apretados contra la tela. Los veía aproximándose
de forma disimulada, casi rozándome, sin perder ni un solo detalle de mi
lujurioso cuerpo. A esas alturas yo ya estaba en el suave éxtasis que precede al
estado de verdadera necesidad, notando el suave calorcillo de mis muslos, algo
mojados con sudor provocado por el calor de mi palpitante sexo. Estaba muy
excitada, y no quería hacer algo de lo que pudiese arrepentirme. Me sentía muy
mojadita, pletórica, henchida de deseo, de ser poseída, pero traté de
comportarme y al tratar de pagar la cuenta, el cantinero me dijo:

- El caballero allí sentado le invita Señorita y le suplica
si es tan amable de acompañarle en su mesa.

Miré hacia la mesa que señalaba el camarero. En ella había un
elegante y atractivo hombre, de facciones duras, mirada fija y sonrisa cínica
pero seductora. Caminé sensualmente hacia él y me senté a su lado, en un diván
afelpado. Charlamos cosas triviales por un rato. Dijo llamarse Raul y ser
soltero. Me atraía su masculinidad; se percibía tosco pero con adquirida
elegancia, muy seguro de sí mismo, suelto. Luego de un rato con las consabidas
presentaciones iniciales, me tomó de la mano y me llevó a la pista a bailar una
música lenta. No se cómo, pero abrazada a su viril cuerpo, me dejé llevar. Cerré
los ojos, percibiendo sus lentos avances: sus manos que subían y bajaban
suavemente por mi espalda acariciándola, sus labios en mi cuello, su aliento en
mi oído. Sentí de lleno su potente erección, restregándomela contra mi vientre y
sin pensarlo, me apreté mas a él, afirmándole mis pechos a su fuerte torso. En
ese momento sus dos manos se apoderaron de mi enhiesto culito y me apretó más
contra ese enorme bulto que pugnaba por romper su pantalón y a mi me tenía loca
de deseos de tenerlo entre las piernas.

-Te deseo con demencia; salgamos de aquí y amémonos sin
medida.

Sus palabras fueron como música para mis oídos. Realmente
estaba ansiosa por estar con él a solas. Después de un "si" ahogado de mi parte,
salimos como cohetes de la Disco y abordamos un taxi estacionado enfrente, que
nos llevaría a su apartamento que se encontraba un poco cerca. En el trayecto y
a pesar de mis quejas por la presencia del conductor, se dedicó a besarme como
nunca nadie lo había hecho, todo mientras me acariciaba por todos lados. Me
obligó a abrir las piernas, dándole al taxista una vista plena de mi chorreante
entrepierna y con su mano, acarició mi sexo brutalmente, haciendo que terminara
ahogadamente, en un sabroso pero refrenado orgasmo.

Entramos a su muy bien situado apartamento en el propio
centro de la ciudad, con prisas, comiéndonos la boca. Me empujó al sofá, y al
caer de cualquier forma, dejé mis piernas abiertas y me contempló mi cuerpo de
forma abobada, deseosa. Sonreí complacida, me mojé los carnosos labios con mi
lengua, de una forma que le daba a entender que yo también lo deseaba.
Arrodillándose entre mis piernas, tomó uno de mis pies y llevándolo a su cara,
me besó el tobillo deliciosamente. Sacó mi zapato y tomándome el pie
delicadamente, lo besó con ansiedad. Pasó su lengua por mis dedos bien cuidados,
lamió la planta de tal forma, que me hizo excitarme nuevamente ante la experta
caricia que me daba. Tomo mis dedos y se los fue metiendo en la boca uno por
uno, chupando y lamiendo hasta que no pude soportar y suplicante le dije:

-Tengo mi sexo deseoso, quiero que me penetres.

-No te desesperes mi amor. Esto solo comienza. Voy a hacer
realidad tu fantasía, de ser besada de los pies a la cabeza.

Sacó mi otro zapato y me ayudó a incorporarme del sofá. Tomó
los tirantes de mi vestido y me lo deslizó hacia abajo, cayendo hasta mis pies,
los que levanté para permitir que removiera mis ropas. Yo estaba con los brazos
caídos a los lados, no hacía nada, solo lo dejaba hacer. Luego fue hasta mis
calzoncitos y las removió de igual forma. Me quedé totalmente desnuda ante a sus
ojos; volteé mi cabeza para mirar su reacción y mientras me acariciaba las
nalgas delicadamente, me veía con una admiración inconmensurable y me fue
girando para quedar frente a él.

-Tienes el cuerpo de una diosa. ¡Qué belleza!. Pero lo que me
tiene totalmente asombrado, es esa frondosa mata de pelos en tu entrepierna.

Realmente soy una mujer pulcra en mi aseo y cuidado personal,
pero me es molesto estar afeitando constantemente mis abundantes vellos en mi
coño y no siendo temporada de verano, en la que por usar bikinis, sí me veía
obligada a depilarlo para que no sobresalieran a los costados de la tanga. Eso
si, le doy forma, porque soy vanidosa y me gusta verme bien. Me volvió a sentar
en el sofá e inicio a besarme nuevamente. Comenzó su recorrido a como había
prometido: los dedos de los pies, el empeine, la pantorrillas, los muslos. Ahí
se detuvo más tiempo, me los lamía experta y placenteramente, haciéndome
enloquecer de deseos. De repente, se levantó de su posición y me ordenó:

-Mientras me desnudo, apoya tus talones en el asiento del
sofá y acaricia tu sexo, deseo ver cómo te masturbas.

En otra ocasión no lo habría hecho, pero estaba tan
hambrienta de sexo y con una excitación enloquecedora, que sin pensarlo dos
veces, subí ambos pies como me decía, pegando mis talones casi contra mis
glúteos, dejando flexionadas y abiertas mis piernas, dándole una vista cabal de
mi peluda rajadura. Ansiosa por que me enseñara la verga que me había restregado
sobre las ropas, inicié a acariciarme mi coño con una mano, mientras que con la
otra me dedicaba a pasarla por mis tetas de forma muy sensual, mientras él se
desprendía lentamente de cada una de sus ropas. Al enderezarse y quedar solo con
su slip, pude apreciar que realmente disponía de una verga de tamaño
considerable, ya que estaba bien dura y casi la mitad le sobresalía por un lado.

Al verla, tuve deseos incontrolables de mamarla, de chuparla
toda; pero lo que hice, fue meter dos de mis dedos en las profundidades de mi
ardiente gruta, gimiendo de placer y temblando de ansiedad. Al retirar el
minúsculo calzoncillo, la hermosa tranca estaba ante mi con todo su esplendor.
Era un leño grande, de 9 ó 10 pulgadas de largo y 4 de grueso, duro y bien
parado, con un glande enorme y enrojecido por la excitación. Mientras lo
masajeaba con una mano, se acercó a mi, que me daba dedos vigorosamente deseando
ser ensartada por esa vergota tan linda. Pero él estaba dispuesto a
enloquecerme, arrodillándose nuevamente entre mis piernas, tomó la mano con que
me pajeaba y retirándola de mi raja palpitante, chupó los dedos que tenía dentro
de mi, paladeando mis líquidos gustosamente. Aquel juego me tenía anhelante,
ansiosa, ávida, excitada. Después de saborear mis jugos, llevó su boca hacia mi
sexo y comenzó a lamerlo y chuparlo, haciéndome venirme de forma brutal y
primitiva. Empujé mis nalgas hacia delante, solo para pegarle más mi palpitante
raja contra su boca y así gozar de la mamada que me estaba alucinando.

-Mámame bien rico la raja que voy a venirme. Voy a estallar.
No aguanto chiquito lindo, ¡qué riiiiiiiiiiiiiiiiiiiiico!.

Sentí que mi cuerpo se convulsionaba sin control. Me vine en
un orgasmo refrenado por tanto tiempo, que creí que me desmayaba. Solo se que
grité a pleno pulmón, mientras corrientes eléctricas me recorrían todo el
cuerpo. Disfruté plenamente del orgasmo. Quedé desmadejada, así que él me ayudó
a recostarme completamente. No me dio respiro, llevó su boca a mi vientre y
continuó besando y lamiendo cada parte de mi cuerpo. Metió la lengua en mi
ombligo, arrancándome gemidos de excitación. Siguió subiendo hasta llegar a mis
tetas, las cuales, saboreó en todo su esplendor, recorriendo cada parte de ellas
con su boca.

Me lamía los pezones fuerte pero delicadamente, haciéndome
vibrar constantemente y provocando que mi sexo despertara nuevamente. Llegó al
cuello y luego a la boca. Ahí nos entregamos alma, vida y corazón. Nuestras
lenguas intercambiaban fluidos de una boca a otra. No me pude contener, bajando
la mano, busqué glotonamente su hermosa verga; al llegar a ella casi desfallezco
de emoción. La tenía bien caliente y dura. Efectivamente era de proporciones que
nunca he visto. Al tacto era suave pero poderosa, se sacudía entre mi mano que
pujaba por cubrirla toda. Desprendiéndose de nuestro ardiente beso, me vio
voluptuosamente a los ojos y me dijo con voz ronca de emoción:

-Apuesto a que nunca has tenido una verga tan grande y gruesa
como la mía dentro de tu coño. Seguro que al sentirla bien parada mientras
bailábamos, deseabas acariciarla, deseabas mamarla glotonamente y que te la
metiera toda en tu coñito. ¿Quieres tener mi verga en tu gruta y berrear con la
corrida que te voy a sacar?.

-¡Si mi amor!. Eres el hombre más vergudo que he conocido y
me has hecho desear esa hermosa tranca y quiero que me la metas toda. Quiero que
me la hundas bien duro y me mates de placer. Culéame sin compasión, pero hazlo
ya, que estoy emputecida por las ganas que me culees con esa hermosa vergota.

-Primero quiero que la midas con tu boquita. Quiero que me la
mames para que aprecies cómo la tienes de dura, deseando ese cuerpo tan lindo
que tienes. Pero sobre todo, cómo la pones de tiesa con esa raja jugosa y peluda
entre tus piernas.

Me apoderé con verdadera codicia de su duro y enorme garrote.
Lo chupé con satisfacción, lo introduje hasta el fondo de mi boca y aun así no
conseguí engullirlo por entero. Tuve que abrir todo lo que pude mi boca, para
atrapar la mayor cantidad de carne que pudiera. Lamí con verdadera satisfacción,
aquel glande delicado que esperaba tenerlo en mis profundidades. Sin soportar
más, le grité:

- ¡Fóllame, cabrón!. ¡Hazme tuya…!. Culéame fuertemente que
quiero venirme con tu verga bien adentro.

Me empujó contra el sofá, quedé de pie, de espaldas a él,
apoyé mis manos contra el asiento y presentándole mi culito. Sentí que tocó con
sus dedos mi hirviente coño, puso su hinchada polla en la entrada de mi vagina,
tomándome de la cintura con ambas manos, de un solo empujón me la aturugó hasta
que su pelvis chocó contra mis nalgas.

Noté la violenta entrada de aquel pollón en mi coño,
causándome un placer que nunca había experimentado. Me corrí unas tres o cuatro
veces mas, como jamás me habían hecho correrme. Sentir la poderosa verga entrar
y salir violentamente de mi enardecida raja, mientras que me obligaba con sus
manos agarrándome la cintura, a embutirme hasta la empuñadura, aquel leño
colosal que me tenía emputecida de deseos. El, mantenía un ritmo magistral, me
la sacaba casi completa, solo para hundírmela hasta el fondo de nuevo e
incansablemente. Repentinamente sacó su pollota, me obligó a arrodillarme frente
a él, haciendo que me comiera su garrote, solo para que unos fuertes chorros de
espeso esperma brotaron de su verga y llenara mi boca.

Con inmenso placer, tragué vorazmente toda la crema que me
brindaba, degustándola junto con mis jugos abundantes, sintiéndome la mujer más
dichosa de la tierra, por haber disfrutado a plenitud de una verga espectacular
y de un macho que me había sacado la mayor cantidad de orgasmos de mi vida,
enseñándome a disfrutar plenamente de mi sexualidad reprimida. Ya mas relajada,
me metí toda su verga en mi boca, sorbiendo y dejando seco todo el glande,
disfrutando de los olores impregnados en sus vellos. Me mantuve así por largo
rato, chupándole la descomunal polla, que estaba ya casi flácida. Me alzó de los
brazos y me llevó a la cama. Nos tumbamos más tranquilos, nos abrazamos, nos
acariciamos, nos besábamos muy dulcemente en la boca, nos rozábamos la piel con
los labios y puntas de los dedos. No se cómo lo hacía, pero el cabrón me
excitaba nuevamente, hasta que no supe más y le solicité que me penetrara
nuevamente. Me pidió que le presentase el culito, y me hizo algo que me excitó y
mojó, cuando ya pensaba que él ya estaba en las últimas. Me chupaba el agujero
del ano, introduciendo la lengua con abundante saliva, seguro que para lubricar
bien el pasadizo. Aunque había experimentado uno que otro puyazo por el culo, la
verga enorme de Raul me preocupaba, por lo que le supliqué:

-Con cuidado mi amorcito. Métela suavecito para que no me
partas el culo con tu vergota. Hazlo con cariño para disfrutar sabroso por mi
culito.

- Calla mi putita. Te la voy a meter muy despacio para que
saborees cada pulgada de mi leño. Te vas a enloquecer con ella dentro.

Con temor, noté cómo poco a poco me penetraba con su duro y
gran miembro. Sentí que las paredes de mi culo se abrían a más no poder ante
semejante intruso; en efecto, no me estaba doliendo, solo me incomodaba un poco
por el tamaño. De a pulgada por minuto, me la fue depositando en mis intestinos
hasta que su pubis topó con mis abiertas nalgas, indicándome que había entrado
toda la polla. Estaba mojadísima, así que ayudé un poco a acomodármela mejor,
haciendo movimientos circulares con mi cintura. En ese momento él comprendió que
yo estaba lista, así que me comenzó a follar lentamente, despacio, haciéndome
saborear las delicias de ser enculada con maestría y esmero. Haciendo su cuerpo
hacia delante, tomo una de mis tetas con una mano, con la otra me sobaba el
clítoris, mientras que su cintura parecía batidora, moviéndose de tal manera que
me metía y sacaba deliciosamente la verga de mis sueños. No pude más, exploté
una y otra vez en un prolongado orgasmo. El macho seguía follándome a mayor
velocidad, notando que mi placer lo tenían al borde, ya que un segundo después.
me dio un violento empujón, ensartando de un solo golpe, toda la estaca en las
profundidades de mi culo, bañando mis interiores con su cálida esperma.

-¡Que rico que tienes el culo!. Lo tienes bien apretadito. Si
me comprime toda la verga cuando te la enchuto. Eres la primera que se traga
completamente mi verga por el culo y la disfruta ansiosamente.

Caímos unidos a la cama completamente cansados y rendidos. Mi
cuerpo me dolía todo. Recobrándome un poco, me deshice de su abrazo y me puse
mis ropas ante las protestas de él, pero jamás había dormido fuera de casa y no
seria ésta la primera vez, además que estaba un poco preocupada por si llamaba
mi marido. No quería despertar sospechas. Nos prometimos vernos en una semana,
aquí mismo en su apartamento, ya que conocía la agenda de mi marido y sabia que
regresaba en un par de días, para luego seguir su proyecto fuera de la ciudad.
Todo mi cuerpo me recordaba las soberbias gozadas que había disfrutado al lado
de mi amante. Quería llegar a casa, ducharme, descansar y recordar cada una de
las caricias y besos que habían recorrido las manos y bocas de Raul. Me sentía
feliz, pero a la vez me sentía como una vulgar puta, a la que se puede levantar
en cualquier bar o esquina, pero era una puta feliz.

Días antes de la cita, Raul me llamó para confirmar si yo
llegaría, además que deseaba que me presentara de cierta forma vestida: vestido
negro corto y ajustado, sin nada por debajo de él y con sandalias de tacón alto.
Confirmé nuestro encuentro y el atuendo que llevaría, quería complacerle, aunque
ello significara que antes de acudir a su apartamento, tendría que deshacerme de
mis medias y ropas intimas, en mi baño privado de la empresa y viajar casi en
pelotas en mi coche. Me presenté al lugar de la cita como él me pidió que fuese.
Mientras caminaba del estacionamiento hacia el ascensor, pude notar la mirada
lasciva de varios hombre que me devoraban con la vista; yo sentía que mis tetas
y culo se movían libres y se mostraban en todo su esplendor por debajo de la
delgada y ajustada tela. Por un momento me encantó despertar las bajas pasiones
del sexo opuesto. Seguro que más de alguno pensaría que era una puta cara.

Al entrar al apartamento, Raul estaba sentado en un sillón,
de frente a la puerta y al lado, en el sofá, un hombre de su misma edad solo que
era negro. Aquella inesperada visita me dejó cortada, intenciones de retirarme
no me faltaron, pero Raul salió a mi encuentro y después de saludarme con un
beso efusivo, cerro con llave la puerta y me condujo hacia donde se encontraba
conversando con su amigo. Nos presentó, ahí supe que le decían JJ, ya que se
llamaba Juan José. Al apretar mi mano, una corriente eléctrica me recorrió el
cuerpo, ya que al ponerse en pie y tenerlo de cerca, me di cuenta que era alto,
simpático, musculoso, pulcro en el vestir y me dio un cálido beso en la mano,
provocándome cosquilleos en mi cuerpo. JJ se sentó de nuevo en su sitio, Raul
fue a servirme un trago al bar. Yo estaba realmente perturbada, al estar de pie
frente a este hombre y sin ropas intimas, sabía que se notaban bien las formas
de mi cuerpo, pero si me sentaba, lo corto de mi vestido, haría que se me viera
el peludo coño. Por ello, me mantuve de pie pero con ganas de irme. Al llegar
Raul, me dio mi trago, el cual bebí casi de un solo golpe, con el animo de darme
fuerzas y mantenerme ahí. Me sirvió otro trago y rellenó los vasos de ellos. Al
encarar a JJ, pude notar que me estaba comiendo desde los pies a la cabeza. Al
encontrarse nuestras miradas, tenía la sonrisa satisfecha de un niño al que le
han dado su juguete predilecto. Había lascivia en su rostro. Al llegar Raul,
tomamos unos sorbos de nuestros tragos y tomándome por los hombros, me situó de
tal manera que quedé totalmente de frente al negro.

-Hoy te tengo una sorpresa, jugaremos el juego "Me comeré la
vergas más grandes de mi vida". Nosotros te daremos tanto placer, que vas a
enloquecer.

Sus palabras resonaron en mis oídos y aunque al principio me
dieron ganas de salir corriendo, luego se me vino a la cabeza que aquello lo
habían planeado muy bien, que me habían tendido una trampa, así que me entró la
malsana idea de demostrarle a Raul, que yo era capaz de gozar con cualquier
verga enfrente suyo. Además, me había picado el morbo y quería ver qué era lo
que guardaba ese hermoso ejemplar masculino. Raul tomó mi vestido por la parte
baja y lentamente comenzó a subirlo hasta casi mostrar mis vellos púbicos.

-JJ, ¿Te gustan las piernazas que tiene esta hembra?.

-Son las mejores piernas que he visto en mi vida.

-¿Quieres que te muestre el peludo coño que esconde una gruta
hambrienta de vergas?.

JJ solo asintió con la cabeza, sin despegar los ojos de mis
bien formadas piernas. Raul subió más el vestido, dejando al descubierto la
melena que guardaba mi raja. La situación me estaba excitando. Verle la cara de
deseo que ponía JJ y la admiración posterior al ver mi coño, tanta que solo pudo
musitar:

-Es el coño más peludo y más bonito que me han mostrado.
Seguro que su raja es bien húmeda y sabrosa.

Raul me quitó el vaso vacío de mis manos y luego sacó
totalmente mi vestido, dejándome solo con mis sandalias tacon alto, a la vista
complacida de su amigo. Este se llevó una de sus manos a la entrepierna, y pude
notar que tenía un bulto de buenas proporciones, el cual apretó con ansias, como
si le molestara estará encerrado entre sus pantalones. Raul se sentó en el
sillón y me hizo inclinarme frente a él, para que nos dieramos unos besos. Al
inclinarme, no flexioné las rodillas, por lo que dejé mi culo a la vista de JJ,
ayudando al abrir bien las piernas en una "V" invertida. Seguro que ante
soberbia vista, JJ se habría puesto como semental, con su verga bien tiesa y
deseando ensartarla en mis agujeros.

-Quiero que le mames el culo y la raja a esta hembra. Verás
que tiene los agujeros más sabrosos y ansiosos de este planeta.

Oi que JJ se levantaba de su asiento y me dediqué a
desabrochar el pantalón de Raul, ya que deseaba mamarle la verga. Estaba
excitada horrores. Nunca había estado con dos hombres vergudos a la vez, menos
me imaginaba que sería mi propio amante el que me brindaría esa oportunidad. Al
sacar la verga, ya estaba completamente tiesa, en ese momento sentí las manos
del negro que acariciaban mi trasero, unas caricias deliciosas que me provocaron
tragarme la verga de mi amante, para tener doble deleite. JJ abrió mis nalgas
ampliamente y comenzó a lamerme toda la zanja posterior. Su lengua tibia me la
pasaba por la raja con una dedicación sin igual, me ensalivaba el ojete y de
repente, sentí que me metía la punta de ella en el culo, provocándome que
apretara con la mayor fuerza de mis labios, la verga que mamaba apetitosamente.
Raul me obligó a despegarme de su garrote, tomando mi cara con sus manos, encaró
su vista con la mía y me exhortó:

-Cuéntame paso a paso lo que en negro te está haciendo.

Sentía un gran placer al tener la boca y lengua de JJ
dedicadas a recorrer cada centímetro de mis sensibles partes. Aumentada por el
morbo de advertir a mi amante ansioso por que le contara mis delicias. Así, que
poniendo énfasis y sin disimulos en mi voz, comencé:

-Me está mamando el culo y la raja deliciosamente. Me mete la
punta de la lengua en mis agujeros, saborea cada rincón de mis nalgas y me
chupetea entre ellas, siento sus manos abriendo la zanja de mis nalgas y
metiendo toda su cara dentro de ella.

-¿Te gusta, puta?. ¿Te gusta que el negro te mame el culo y
la raja?. ¿Estás disfrutando que te ensaliven todo el trasero?.

-Me encanta Raul, me tiene el coño chorreante. Este hijo de
puta me tiene en el cielo, siento que voy a venirme con la mamada que me está
dando.

-Entonces mámame la verga mientras te vienes, quiero sentir
que me aprietas la verga con tu boca durante tu corrida.

Mamé como loca. Y es que estaba loca de deseos, la boca y
lengua de JJ me hacían ver las estrellas, me provocaba un morbo sin igual.
Mientras le clavaba las uñas de una mano en la pierna a Raul, la otra mano la
llevé a la cabeza de JJ y la atraje contra mi culo, y con un –"¡aaaaaaaaaaaaay!"
estruendoso, exploté en la boca del negro.

-Desnúdate JJ, muéstrale a esta putita la verga que se va a
tragar.

Me di vuelta para ver desnudarse a mi mamador. Mientras se
quitaba la ropa, Raul metió su mano por detrás de mi y mi incrustó uno de sus
dedos en mi coño. Se deslizaba libremente por estar bien lubricada con mi
corrida anterior. Al terminar de desnudarse, JJ me mostró que aquella verga que
tenía bien parada, no tenía nada que envidiarle a la de Raúl, ya que se miraba
que tenía las mismas proporciones, solo que Raúl la tenía recta y la del negro
era un poquito curvada hacia un lado. Me lamí los labios de puro placer. Iba a
gozar de las dos vergas más espectaculares que haya visto en mi vida.

-Vamos a la cama.

Sin esperar respuesta, Raúl me condujo a la cama y él se
acostó boca arriba con su enorme tranca bien parada.

-Siéntate en mi leño.

Quitándome el calzado, me fui acomodando hasta que pude
apuntar la punta de su verga hacia mi embarrado agujero y me fui sentando poco a
poco, hasta que me la metí toda. Me jaló por los hombros hasta que mis tetas se
aplastaron contra su pecho, dejándome dispuesta para que JJ entrara por detrás.
Al menos era lo que yo pensaba. No me equivoqué, viéndome a los ojos me dijo:

-Te vamos a dar la culeada más espectacular de tu vida. JJ te
va a encular mientras te tragas todo mi leño,¿OK?.

-Ok, Raulito.

-Vamos JJ, disfruta de tu premio y encula a esta zorra.

Sentí a JJ subir a la cama y comencé a pasar mi lengua por
los labios de mi amante. Percibí un frescor en mi culo. JJ me estaba ensalivando
la entrada de mi ojete para lubricar el conducto que alojaría su gran tranca. Al
ponerla contra mi culo, las correntadas de jugos vaginales, brotaron
incontroladamente de mi chocho, ya que el solo contacto con el hermoso glande
del negro, me puso a cien por hora. Raúl percibió mi emoción y con una sonrisa
burlona en sus labios, me dijo:

-Eres la puta más golosa que conozco. Estás ansiosa porque JJ
te la ensarte hasta los cojones. Estás que te relames de gusto al tener dos
grandes vergas para ti solita.

-Si hijo de la gran puta, quiero que me culeen con esas dos
vergotas. Quiero que me dejen bien abiertos el coño y el culo. ¡Vamos JJ!,
méteme la verga rápido que las quiero gozar en mis agujeros. Quiero ser la puta
mas feliz sobre la tierra.

JJ no se hizo de rogar. Empujando fuertemente, dejó ir su
herramienta dentro de mi culo, arrancándome un quejido de placer desde lo más
profundo de mi alma.

-Que ricas vergas que me estoy tragando. Culéame JJ, quiero
que me la zambullas duro dentro de mi culo. Culéame salvajemente. Pártanme en
dos, cabrones.

JJ inició un mete y saca de campeonato. Me la metía con
movimientos rápidos. Sentía que estaba súper abierta, llena con aquellas
inmensas trancas taladrando mis grutas.

-Que rico tienes el culo. Te tragas toda mi verga bien
sabroso. Siento delicioso que se desliza hasta tus profundidades pero me la
aprietas bien rico.

-Si mi amor, me estás culeando bien sabroso. Con tus
embestidas, me pones la verga casi por la garganta, haces que me trague bien
hondo el leño de Raul. Así, mueve la cintura y restriégame el gorro contra las
paredes de mi culo. Estoy enloqueciendo con estás dos tamañas vergas. Perforenme
bien hondo y hagan que me venga a chorros.

No sabia qué me pasaba. Realmente estaba gozando como una
verdadera puta de los puyazos que estos dos cabrones me estaban dando. Las dos
vergotas entraban y salían con una sabrosura que me era imposible de creer. No
me creí capaz de aguantar la culeada de dos barras de carne del tamaño de las
que me estaba tragando, pero la realidad se encargaba de demostrarme que mi
destino sería disfrutar las vergas que me pusieran enfrente. 15 minutos más y
estaba al borde de un ataque orgásmico. Con la voz totalmente quebrada por la
emoción, babeante de dicha y placer, supliqué a mis culeadores:

-Por favor vergudos, venganse conmigo que quiero correrme
mientras me aturugan sus garrotes y me pringan de nata todos mis interiores.
Vamos JJ sigue culeándome así que me estás haciendo la puta más feliz de la
tierra.

-Ahí te va todo mi leño. Yo tampoco aguanto, voy a regarte
toda por dentro ¡essstaaaaallo!.

-Yo también me voy mi puta sabrosa, agárrame duro que me
voooooooy.

-¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaahgggggggggg!.

Mi alarido salió del mismisimo sitio donde tenía alojada a
las dos vergas que me partían por la mitad, ya que al sentir sus poderosos
chorros de leche bañando mis entrañas, me convulsioné como una verdadera posesa.
Sentía que todo mi cuerpo vibraba mientras ambos leños palpitaban ricamente
dentro de mi. Cansados y sudorosos, nos desmadejamos uno sobre el otro y me
abracé a Raul, como agradeciéndole todo el placer que me había brindado, aunque
fuera ofreciéndome a otro hombre. No se cuando tiempo permanecimos así, al cabo
de un rato, a como pude me desenganché de la posición en que me encontraba y si
no ha sido que JJ me sostiene, hubiera caído de bruces contra el piso, ya que
las piernas me temblaban y me sentía débil de tanto ajetreo que había recibido.

-Me siento más abierta que una puerta, desgraciados. Cuando
mi marido me coja, me va a entrar toda floja, me dejaron como una campana.

-No te quejes, que tu eres la culeona golosa que le encanta
tragarse buenos leños.

Los comentarios que hacíamos, nos hicieron sonreír a todos.
Bañándome y aseándome, me retiré a mi domicilio, no sin antes despedirme de mis
amantes con uno buenos besos lengí¼eteados y unas buenas sobada de vergas y culo.
Me sentía plena de satisfacción, Raúl me estaba iniciando en ofrecerme a otros
hombres, ello me hacia sentir un morbo irrefrenable. Se veía que gozaba viéndome
la cara de deleite que ponía mientras otro me hacia puercadas; lo excitaba
horrores verme como una gozadora, pero lo lindo del caso, era que yo lo
disfrutaba inmensamente también. Me regocijaba verme ofrecida por mi macho y
gozar de una buena culeada mientras él me veía la cara de zorra que ponía. Con
esos pensamientos, me dormí profundamente hasta la mañana siguiente.

 

Resumen del relato:
    Una mujer cae en el vértigo de la pasión desenfrenada.

El parque

El parque (3)

En primer lugar deseo expresar que todo cuanto voy a narrar
es verdad, aunque alguna que otra vez, he deseado que no lo fuera, en otras que
me sucediera nuevamente y que todos los que me escuchen y entiendan, puedan
disfrutarlo plenamente, a como yo lo he hecho al escribirlo.

Hasta hace un mes, mi vida era la de una joven de 18 años,
sin preocupación ninguna más que las normales; podría haber sido el ejemplo para
las demás muchachas de mi edad: joven, con una cara que todos me dicen que es
preciosa, yo me considero atractiva; un cuerpo bien formado con sus formas bien
distribuidas; unas tetas pequeñas pero bien duras y paradas, con unos pezones
rosados y puntiagudos; unas nalgas respingonas de campeonato; mis piernas bien
torneadas y toda mi piel es de un tono como acabado de broncear. En fin, que me
considero en cierta medida una mujer envidiable. Ello apoyado en las cantidades
de piropos que he recibido de todos, hombres y mujeres con razones de sobra. Soy
una mujer inteligente y ambiciosa.

Bien, todo da comienzo una noche hace exactamente un mes,
cuando mi novio me invitó a salir a bailar a una discoteca. Ahí la pasamos de
maravilla, bailamos como locos, tomamos algunas cervezas y nos dimos una que
otra caricia, que como a las 12:00 PM, estábamos que rabiábamos por echar un
buen polvo. Ya habíamos tenido relaciones unas cuantas veces y nos estábamos
volviendo adictos, ya que experimentábamos diferentes posiciones que nos hacían
disfrutar a cabalidad nuestros cuerpos. Pues bien, a falta de otra solución por
falta de dinero y vehículo para movilizarnos a una habitación de cualquier
motel, nos dispusimos a retirarnos de la disco y nos fuimos caminando hacia un
parque discreto, que queda a medio camino de mi hogar y que por poseer algunos
bancos ocultos por matas frondosas, nos permitirían desahogarnos antes de llegar
a nuestras casas. En efecto, el parque aparecía solitario y sin pérdida de
tiempo, nos ubicamos en uno de esos bancos, dedicándonos a darnos besos y
caricias en abundancia. El ambiente se caldeaba, ya que Ramón, mi novio, me
estaba masajeando mi raja por encima de la braguita que usaba. Metió su mano
dentro y al encontrar mi cavidad, metió el dedo profundamente, arrancándome
quejidos inconfundibles de placer. En pago, a como pude, le extraje su verga y
comencé a succionarla como una verdadera golosa. Repentinamente oímos risitas y
un voz ronca nos asustó al borde del ataque:

-¡Mira, que los tórtolos están a punto de darse el gran
banquete!.

Al enderezarnos y después de componer nuestras ropas,
encaramos a la voz y nos quedamos helados de susto y aprensión. Dos sujetos con
las claras características de ser delincuentes, estaban ante nosotros. En sus
manos descansaban sendas pistolas, manteniéndonos encañonados. Nos quedamos
mudos de miedo y al ver que nos tenían en sus manos, los tipos sonrieron
cínicamente.

-¡De pie!.

La orden del facineroso sonó como un trallazo en el silencio
de la noche, haciendo que nos levantáramos como si tuviéramos fuego en el culo.
Al verme, los tipos me quedaron observando con una cara de lujuria y deseo mal
disimulado, si es que lo deseaban disimular. Ramón, tartamudeando les dijo:

-Solo tengo este reloj y mi anillo, tómenlo y por favor, ¡no
nos hagan daño!.

El que parecía el jefe y que era el más alto y musculoso,
tomó ambos objetos de mi novio con una sonrisa sinvergí¼enza en sus labios.
Apoyando la pistola en la nariz de Ramón, lo que lo obligó a llevar la cabeza
hacia atrás y su cuerpo quedar en una posición forzada.

-Tu y yo vamos a hacer un trato, nos dejas tu reloj, tu
anillo y a tu hembra.

-"Pero… pero" –Ramón trataba de articular palabra, pero la
situación lo tenía muy nervioso y solo atinaba a tartamudear sin coordinar
ideas.

-"Calla y escucha"- La voz del tipo salía de su boca
amenazadoramente, sin deseos de ser cuestionada o replicada, a la par ejercía
más presión con su pistola en la nariz de mi novio, obligándolo a prestarle la
mayor atención posible. –"Te vas a ir hacia el otro parquecito que queda a medio
kilómetro sobre la avenida. Ahí esperas a tu noviecita para que la acompañes a
su casa y recuerda, si dices esto a alguien, el pescuezo de tu novia está en
juego, luego, haremos correas con tu pellejo.

Al oír eso, mis piernas se aflojaron de terror. Quedarme sola
con ese par de degenerados era lo peor que me podía pasar. Quién sabe qué
propósitos malignos me tenían preparados, pero de seguro no eran lo mejor para
mi. Quise protestar, pero el que estaba custodiándome, me sujetó fuertemente por
el brazo y me puso la mano en la boca. Mi voluntad estaba por el piso, sentía
que todo el cuerpo me temblaba de miedo. Tenía la boca seca y el estomago me
daba vueltas dentro del cuerpo. Ante un golpe en la cabeza que el tipo dio a
Ramón, este entendió que no había nada de broma en lo que le decían, por lo que
lentamente, con las manos en alto y caminando hacia atrás de forma tambaleante,
se fue alejando de nosotros. Al quedar sola con los brutos, sollozos
incontenibles salieron de mi garganta y se me aflojaron las piernas, y si no ha
sido el banco en donde habíamos estado disfrutando de lo lindo, mi cuerpo
hubiera golpeado en tierra; estaba desmoronada, era una situación en la que,
aunque no sabia lo que me esperaba, presentía que no me iba a gustar nada. El
jefe se sentó a la par mía y con una voz delicada, calma, sosegada, en
contraposición de la amenazante que hasta hace un minuto había hecho cagarse de
miedo a mi y a mi novio, me dijo:

-Calma, no te queremos hacer daño. Todo lo contrario,
deseamos terminar lo que tu novio no pudo concluir. Te vamos a llevar al
paraíso, pero para ello, tu tienes que cooperar y así, más pronto iras a
reunirte con tu novio y se podrán ir a casa sin salir lastimados.

Al oír eso, abrí los ojos como platos, ya que fue hasta ese
momento que comprendí que los degenerados pretendían hacerme lo que ellos
quisieran. La sola idea me revolvió las tripas y tratando de salvar la
situación, inicié una protesta:

-¡Estás loco hijo de puta….!!

-"Shhh, shhhh"- Puso una mano sobre mi boca, acallando mi
negativa. –"Mira, si haces lo que te digamos, vas a disfrutarlo de lo lindo, si
no, vamos a conseguirlo de todas formas, pero te iráscon una buena tunda a tu
casa; con el peligro que te causemos alguna herida en tu cuerpo, lo que en una
muchacha joven como tu, no se vería bien quedar marcada".

Me había calmado un poco y estaba revolucionando mi mente de
cómo salir de la situación, pero me la habían puesto sin opciones, por lo que
tendría que manejar el asunto de la forma más llevadera posible. De todas
formas, aunque me opusiera, harían de mi lo que deseaban y sumado, me golpearían
de mala manera, por lo que me propuse, cerrar mis sentidos y hacer lo que me
pidieran. Además, así terminaría rápido mi sufrimiento y, si cumplían su
promesa, me iría a casa solo con mi honor agraviado. Tomando su mano, me la
quité de la boca y con voz entrecortada, le dije viendo directamente a sus ojos:

-Si hago lo que ustedes dicen, ¿me dejareis ir tranquilamente
a casa?.

-Si lindura.- Su voz sonaba deseosa y su mirada me llegaba
hasta el alma.

-¿No me haréis daño?.

-No ricura.

Tomando aire con una bocanada, resignada a soportar
inevitablemente por unos momentos a estos dos desgraciados, resueltamente les
dije:

-Venga, que sea lo que Dios quiera.

Acercando su rostro hacia el mío, tan cerca que su aliento me
lo tragaba con cada respiro, poniendo una cara de apetito sexual malsano y
desenfrenado, me replicó:

-Tu eres quién lo va a desear, vas a pedirnos y suplicarnos
que terminemos porque te vas a morir de tanto placer que vas a recibir.

Un escalofrió recorrió todo mi cuerpo, no se si por miedo a
prever lo que venia, o ante la sensación contradictoria de sentir ese aliento
que no tenía nada de repulsivo a como esperaba, al contrario, me llegaba a lo
más profundo de mi alma, y lo peor es que por un momento lo disfruté a plenitud.
Su cara se pegó a la mía, aprisionando mi boca con sus labios, y aunque no
respondí a su lujurioso beso, los labios y lengua varonil, que inteligente y
expertamente me chupaban y lengí¼eteaban mi boca, hicieron palpitar mi sexo y no
hice nada por rehuir. Lo dejé que disfrutara de mi boca a como él quisiera y
cuando estaba en el éxtasis y a punto de responderle, su compinche me tomó de
los brazos, obligándome a levantarme y muy a mi pesar fui desprendida de su
caricia.

El tipo me tomo por detrás y con sus dos manos tomó, con lujo
de desfachatez y emitiendo sonidos obscenos con su boca, mis pequeñas pero
sólidas tetas. Mi cuerpo involuntariamente se electrizó, mis pezones se
endurecieron ante el contacto y las caricias de esas manos, que contra todo
presagio, me estaban dando un placer que no imaginé en un inicio. Calladamente,
para no demostrar que estaba disfrutando, involuntariamente separé las piernas y
al estar de frente al jefe, lo estaba casi invitando a meterme mano. El tipo
entendió el sutil mensaje de mi cuerpo. Metió ambas manos por debajo de m
vestidito, y tomando los laterales de mis bragas, las extrajo lentamente,
ayudándole en el proceso al levantar alternativamente los pies y que salieran
sin dificultad. Yo estaba que me derretía por dentro. Las manos apretaban muy
cariñosamente mis ubres, haciendo presión en los lugares precisos de mis
pezones, para llevarme a un estado de excitación que hasta ese momento no
conocía. Sentí su lengua en mi oído, cuello, mejillas y oleadas de escalofríos
se esparcieron por todo mi cuerpo, sobre todo cuando manifestó con vos
entrecortada por la emoción:

-Son las tetitas más duras y sabrosas que he tenido entre mis
manos. Con razón el pendejo de tu novio se babea contigo.

El jefe volvió a usar sus manos, esta vez para levantar mi
vestido hasta mi ombligo, dejando a su entera vista, mis bien torneadas piernas
y mi coño cubierto no por pelos, sino por una coqueta pelusa, denotando mi
tierna edad. Al verla, el tipo abrió los ojos y boca en una clara demostración
de admiración de mis encantos.

-¡Qué coñito más lindo que tiene esta hembra!. Si está
tiernito, si no lo han cubierto los pelos. Y qué delicioso al tacto.

Había llevado su mano al frente de mi coñito y pasaba sus
dedos por la felpa, disfrutando de tener un tierno y carnoso coño ante si, pero
haciendo que yo me estremeciera ante el contacto de su mano. Sentí que el que
estaba atrás, bajó la cremallera de mi vestido y tomándolo por los hombros, me
lo jaló hacia abajo, dejándome ante ellos solo con mis sandalias como
vestimenta. Extrañamente no tenía ninguna vergí¼enza de estar desnuda ante ellos,
al contrario, sentía un morbo muy especial al tener ante mi, a una pareja de
desalmados asaltantes, admirando mi cuerpo y como corderitos traviesos, tocando
tímidamente mis partes más sensibles. El jefe se adelantó hacia mi, iniciando
unos chupetes de película en mi plano vientre. Si no ha sido que estaba
recostada contra su compinche, mis huesos hubieran dado contra el piso, ya que
los besos en mi vientre y ombligo, me supieron a gloria, aflojando mis piernas.
Luego de un rato, se levantó del duro asiento y en su lugar colocó su chaqueta
de dril desteñido e invitándome a que me acostara. Procedí con la invitación,
echándome completamente en el banco y flexionando mis rodillas, en un gesto de
demostración de pudor, llegando incluso a cruzar mis brazos frente a mis
tetitas, como ocultándome avergonzadamente de sus miradas. Ambos tomaron, cada
uno un pie y delicadamente me sacaron las sandalias y ante mi sorpresa, los dos
tipos se dedicaron a chuparme todo el pie, cada cual con el suyo. Creo que fue
en ese momento que toda mi resistencia, si tenía alguna, se desmoronó por
completo. Al sentir sus tibios labios y sus húmedas lenguas recorrer cada
centímetro de mis pies, haciéndome sentir como una soberana venerada por sus
lacayos, además que chupaban con sabiduría cada palmo de ellos, me desinhibí e
involuntariamente solté un quejido de placer que me recorría la espina dorsal.
Al oírme, el segundón comentó pícaramente:

-La chiquilla ya está a tono, Silvio. Es hora que se dedique
a nosotros.

-Calma Lucho. Quiero que toque el cielo con las manos. Yo le
voy a mamar el coño y tu, mámale bien las tetas. Si estaba cagada de miedo,
ahora se va a mear de puro placer.

Sentí que mis pies los apoyaban en los poderosos hombros del
jefe, que al sentir sus músculos al contacto con mi piel, los afirmé bien para
disfrutar el contacto. Dejando mis piernas flexionadas y con ambas manos, el
jefe las separó para introducirse entre ellas. Inició besando la parte interna
de mis muslos, provocándome convulsiones de placer. Los besos se transformaron
en chupetes bien estudiados. A la par sentía las ricas chupeteadas de tetas que
el otro sujeto me brindaba. Creo que caí en éxtasis, ya que perdí por un momento
la noción del espacio y el tiempo, hasta que el augurio de un orgasmo, me
devolvió a la realidad. Tomando por la cabeza al que me mamaba las tetas, lo
obligué a permanecer ahí, mientras que mis piernas aprisionaban la cabeza del
jefe, dándoles a entender que iba a correrme. Ellos sabiamente entendieron y
aceleraron sus lamidas y chupeteos y entre jadeos entrecortados, sumado a
contracciones de mi cuerpo, me di una soberana corrida en la boca del musculoso
asaltante. Luego de más chupetes, ambos se situaron a mis costados, uno a cada
lado y tomando mis manos las llevaron hacia su entrepierna.

-Manosea lo que te vas a comer preciosura. Seguro nunca te
han ofrecido tanta carne en una sola sentada.

Al tocar sus endurecidos penes, casi me da un ataque, no se
si de temor o de emoción, ya que entre mis manos pude sentir un par de trancas
bien proporcionadas, palpitantes y bien tiesas por la excitación. Con un descaro
que aun hoy me da escalofríos, se las apreté con apetito desmedido, dejando que
mis manos sintieran en toda su magnitud, aquella pareja de vivas herramientas
que yo había hecho endurecer. Ambos, como si hubieran estudiado el repertorio,
tomaron mis manos y me ayudaron a sobar sus duros garrotes, poniendo de mi parte
al apretarlos constantemente, ya que realmente eran dignos de ser acariciados y
explorados en toda su magnificencia. Estaba embobada sintiendo entre mis manos
los aparatos de los asaltantes y después de todas las tensiones acumuladas,
deseaba descargarme de alguna forma. Poniendo una cara de deseo no fingido y
viendo a la cara del atlético jefe, dije:

-Vamos, sáquense las vergas que quiero vérselas y
acariciarlas sin ropa.

-Si que tenemos una puta ansiosa. ¿Eh Silvio?

Lo de puta, en vez de ofenderme, me levantó más el morbo y el
deseo, poniéndome realmente a tono para desear que me hicieran lo que quisieran.
Mientras pensaba eso, ni cortos ni perezosos, en vez de sacárselas por la
cremallera, ambos se desabrocharon los pantalones velozmente y se los quitaron
en un santiamén, dejando al aire como ocho pulgadas de carne bien hinchada, que
cada una de sus herramientas se gastaba y que al verlas, hicieron que una
corriente eléctrica y desenfrenada recorrieran toda mi médula espinal. Sin
pensarlo dos veces, tomé la verga de Silvio, un poco más gruesa que la de Lucho
y le di un beso cariñoso en el inflamado glande, para luego sacar mi lengua y
ensalivarle todo el gorro. Con mi otra mano tenía bien agarrada la otra tranca.
El olor y sabor de aquella enorme verga dentro de mi boca, despertaron mis más
bajas y primitivas pasiones, haciéndome comportarme como una perra en celo y
ofrecérmeles sin ningún tapujo. Viendo a los ojos complacidos del jefe, levanté
una pierna casi hasta su cara y le ofrecí sin ningún recato, mi encharcada y
ansiosa gruta:

-¡Vamos cabrón!. Prepárame la raja para este hermoso leño.
Lubrícame para que me entre toda. Me la quiero tragar completa. Entera.

-¡Si que eres una zorrona bien golosa!. Venga, que hoy te
vamos a dar leño hasta que te mueras de gusto y placer.

Mientras volvía a mamarla como un ternero hambriento, una
mano del jefe tomó mi pequeño piecesito para mantener mi pierna en alto y con la
otra comenzó a sobarme los peladitos labios vaginales; cuando ya estaban
empapados con mis jugos, metió con fuerza uno de sus dedos, haciendo que tres
cuartas partes de su vergón, se alojaran de golpe dentro de mi boca. El otro
tipo no se estaba quieto, había también sobado mi raja, humedeciéndose bien los
dedos, y cuando pegué el brinco de placer por el dedo del jefe, él hizo presión
contra el ojete de mi culo. También su dedo penetró dentro de mi, y aunque al
principio me incomodó un poco, su buen tino en el manejo del dedo, hicieron que
mi culo se relajara y recibiera con agrado todo el dedo, hasta que sus nudillos
chocaban contra mis abiertas nalgas. Mientras me metían sus dedos gustosamente,
me desentendí de la verga del segundo y abrazando al jefe por sus nalgas, le
dediqué una soberana mamada, que yo misma me desconocía. Sintiendo que me iba a
correr inminentemente, con temblorosa voz le supliqué al jefe:

-Anda chiquito, méteme la verga que la quiero sentir adentro.
Quiero que me culees bien rico mientras me corro. Por favor, culéame con tu
vergota. Métemela hasta la garganta.

-Si, mi zorrita. Ya te decía que nos ibas a pedir caña. Te la
voy a ensartar toda que hasta vas a voltear los ojos de emoción cuando la tengas
por la garganta.

Con una precisión casi estudiada, ambos, al unísono, sacaros
sus dedos de mis agujeros, dejándome en libertad para que me acostara
completamente en el banco, mientras abría y flexionaba mis rodillas, para que el
tipo me ensartara su soberbio tronco, que mi coñito pedía a gritos que lo
partiera. El tipo no me dio tiempo ni de darme cuenta, repentinamente me había
situado la punta de la verga en la entrada a mi agujero y de un certero empujón,
me alojó todo su mazo en el fondo de mi ser. Creo que casi me muero del gusto.
Apretando duro mis dientes para no gritar, lo abracé con mis brazos al cuello,
mientras mi piernas se enroscaban en sus caderas. Inmediatamente el bombeo del
tipo fue cadenciosamente sacando y metiendo su instrumento. Sentía que mi coño
se abría plenamente para recibir en toda su magnitud, aquellas bien distribuidas
medidas, que hacían a como él hubiera prometido, tocar el cielo con mis manos.
Tomando su cara entre mis manos, con un ansia desmedida, le vi a los ojos y le
supliqué:

-Métemela duro, que voy a correrme con tu verga adentro.
Lléname con su vergota y hazme ver la gloria. ¡Vamos, que ahora sí soy una
verdadera puta!. Ahí viene, ahí vieeeeeeene.

Para no pegar el alarido, que hubiera hecho despertar a media
ciudad, busqué su boca con la mía, poniendo en mi beso, todo el placer que
sentía al estarme corriendo con una soberbia verga perforando mis entrañas.
Después de terminar y aun con nuestras lenguas intercambiando saliva, el jefe
comenzó a resoplar, indicándome que estaba a punto de soltar su leche. Me apreté
más fuertemente contra él, clavándole mis pezones endurecido contra su torso y
moviendo mi cintura como batidora, apresurando su corrida. Dio un fuerte envión
de su cintura y depositando su verga casi por mi pescuezo, torrentes de leche
espesa inundaron mis entrañas. Lo acompañé en su corrida, restregué mi peloncito
coño contra su pubis y las palpitaciones de su tranca, se fundieron con los
estertores de mi raja. Se quedó sobre mi, ambos jadeantes y sudorosos por el
enorme zarandeo que habíamos tenido. Pero el segundo estaba en espera,
volviéndonos a poner los pies sobre la tierra.

-Vamos perrita, te falta más caña que moler. Mi verga está
ansiosa por partirte. Así que anda, dame una buena succionada.

El jefe se deshizo de mi, extrayendo muy a mi pesar, su
majestuoso instrumento, impregnado totalmente con mis jugos y su semen. El
segundo me puso la verga en mis labios y yo muy servicial y glotona, la atrapé
con mi boca, iniciando una mamada que hacía gemir de gusto al matrero. Con Ia
lengua, recorría toda la longitud de su verga, llegando a la base de los
cojones, en donde le daba chupetes que hacían que la verga brincara como caballo
salvaje y el tipo se babeara de gusto. El, la mantenía sostenida por la base y
de vez en cuando me la restregaba por la boca, como si de un pinta labios se
tratara. Luego de un rato de mamarlo consistentemente, y mientras el tío
inclinado sobre mi, me metía su dedo y lo remolineaba en mi encharcado coño,
estaba lista para una nueva batalla. Despegándose de mi, me hizo que me diera
vuelta, haciendo que me acostara boca abajo y que mis piernas trataran de
abrazar el banco, todo para dejarme el trasero bien abierto para él. Temiendo
que el tipo me partiera con su enorme verga, además que tenía apenas un par de
jincones por mi culo, cuando se arrecostó sobre mi y su mejilla presionó la mía,
con cierto temor le supliqué:

-Métela suave, mi amor. Tengo el culo casi sin estrenar y no
quiero que me hagas daño. Si la metes despacio y con cariño, mi culo te lo va a
agradecer y te va a dar la mejor enculada de tu vida.

Al oírme hablar sin disimulo, el tipo emitió unos quejidos de
satisfacción, creo que deseando locamente poseerme por mi casi virgen agujero.
Puso su mano ante mi boca y me dijo:

-Vamos perrita embramada, échame saliva en la mano, que te
voy a lubricar bien el culo, para que te tragues con todo gusto, mi leño.

Escupí en su mano una buena ración de saliva y pude notar
cómo la llevaba entre mis nalgas y la aplicaba generosamente en el ojete del
culo, aprovechando para meterme uno de sus dedos, con el cual estuvo jugando por
un rato, mientras yo elevaba lo que podía mi cintura, para que su dedo no
encontrara ninguna resistencia y así poder distender mis músculos y recibir con
agrado la verga del degenerado. Cuando que creyó que ya estaba lista para
tragarme su vergota, extrajo su dedo con un chapoteo de mi saliva y apoyó la
punta de su garrote contra mi culo y con movimientos lentos pero firmes, fue
ejerciendo presión contra la entrada, repentinamente, el glande de un solo
golpe, se alojó en mis intestinos, haciéndome pegar un brinquito de susto, pero
creo que fue más de placer.

-No brinques todavía putita. Solo te he metido el gorro.
Cuando te la hunda toda, ahí sí vas a brincar como un yegua en celo del gusto
que te vas a dar.

Suave pero firmemente, el enorme falo se fue abriendo paso en
mi ajustadito culo, hasta que los pelos de su pubis se me metieron entre las
nalgas, indicándome que las generosas ocho pulgadas de carne maciza, las tenía
firmemente alojadas en mi caverna. Con satisfacción, el degenerado se sentía
complacido que me hubiera tragado completa toda su verga, ya que sacando su
lengua y pasándola por mis oídos, mejillas y boca, me lengí¼eteó a su gusto y
antojo, mientras me decía:

-Eres la reputa más golosa que nos hemos comido. Nadie se
había tragado completos nuestros leños y sin chistar. Seguro que vas a ser la
zorra más golosa de tu sector y vas a buscarte las trancas más grandes para que
llenen tus agujeros.

En vez de mostrarme asqueada por el descaro del sujeto, lo
que hacia era provocarme un infinito deseo, poniéndome cada vez más caliente y
morbosa, haciéndome más obscena que él.

-Si hijo de puta, pero no te quedes quieto. Si tu eres un
caballo con esa enorme verga, yo soy la potra en celo y tragona que te la va a
dejar seca cuando te la ordeñe. Vamos, mueve la verga y párteme el culo. Quiero
que me encules a tope. Métela como si quisieras sacármela por la boca, cabrón.

Mis palabras fueron como un látigo arreando al segundo,
metiendo sus manos debajo de mi, con una me apretaba una tetita y con la otra se
encargaba de mi empapada raja, ensartándome uno de sus dedos con fuerza,
mientras agarraba impulso para hundirme sin miramientos, aquella verga que
palpitaba de pura emoción. Si el banco hubiera sido de madera, creo que lo
hubiéramos partido. El tipo, aguijoneado con mis palabras, buscaba cómo
penetrarme más profundo cada vez. Sacaba suavemente casi toda la estaca de mi
culo y con un impulso violento, me la metía de un solo envión a lo más profundo
de mis entrañas, hasta que un ¡plas! sonoro, indicaba que me la había atiborrado
completa. Me volví una verdadera putona, con ciertas dificultades, elevé mis
nalgas hacia él, con el único propósito de recibir la mayor cantidad de verga
dentro de mi culo. Llevé mis manos hacia atrás y aprisionando fuertemente sus
nalgas, lo jalaba contra mi, y al chocar nuestras carnes, yo volteaba los ojos
de tanto placer que sentía al estar siendo bombeada sin ninguna consideración
por este degenerado vergudo. El ojete del culo lo tenía bien abierto y
lubricado, permitiendo que su miembro entrara como Pedro por su casa y me
llevara al arrebato extremo del placer de ser vapuleada por el culo.
Repentinamente, sacó sus manos debajo de mi, se apoyó firmemente contra el banco
y tomando un impulso bestial, me la clavó ferozmente hasta que mi pubis se
restregó contra la chaqueta del jefe. Sentí que su verga palpitaba
incontrolablemente y que mi culo se contraía alocadamente, haciéndome ver oscuro
ante la inminencia de nuestros orgasmos. Clavándole las uñas en sus nalgas, no
permití que se saliera nuevamente, dejando que el gorro de su verga, se me
atorara lo más profundo de mis intestinos, comenzando un orgasmo de campeonato.
Claramente sentí sus chorros de semen inundar mis entrañas y con un –"¡
Ahhhhhhhhhhh!"- ahogado por mi atontamiento, me corrí furiosamente junto con él.
Quedamos pegados como perros. Jadeábamos de cansancio y gruesas gotas de sudor
corrían por nuestros desnudos cuerpos. Delicadamente, él me sobaba los cabellos,
como agradeciéndome por el excelente placer que le había dado. Súbitamente, una
voz nos sacó del trance en que nos encontrábamos. Al abrir mis ojos, vi la
enorme verga del jefe ante mi boca y a él hincado frente a mi, que con el jaleo
que habíamos armado, se había estado masturbando y ahora estaba a punto de
caramelo.

-¡Chúpame la verga desgraciada!. Te voy a perforar las
amígdalas con mi leche. Quiero que me saques la crema a punta de lengí¼eteadas,
gran puta.

Estiré mi mano y agarrando la formidable tranca, adelanté mi
boca y de un sopetón me metí todo lo que me alcanzaba en la boca. Chupe con
fuerza y con mi lengua lamía la gorda y punzante cabeza de la verga, solo para
que enseguida, me llenara la boquita con su espesa esperma que brotaba a
pequeños chorritos, mientras la verga brincaba jubilosa de ser succionada a como
se debía. Golosamente fui paladeando cada gota de semen que me caía por la
garganta, mientras movía mi culo contra la verga semi-erecta del segundo. No se
cuánto tiempo pasé con las vergas dentro de mi boca y culo. Inexplicablemente no
quería que me las sacaran, deseaba que permanecieran duras dentro de mi, pero al
cabo de un rato, las extrajeron de mis agujeros, sintiéndome vacía.

Procedí a vestirme nuevamente. Me costaba, ya que me sentía
azotada por las soberanas corridas que había sufrido por las dos esplendorosas
vergas, que me habían dado placer más allá de lo imaginable. Ni en mis más
degenerados y perversos deseos, habría previsto semejante culeada. Cuando estuve
lista, procedí a despedirme de mis asaltantes. Primero del segundo; le di un
beso lengí¼eteado mientras me tomaba descaradamente con sus manos, mi par de
firmes nalgas y las apretaba con lujuria. Al encararme con el jefe e iniciar
besarlo agradecidamente, tomándome por la cintura me alejó un poco de él y
viéndome a los ojos, me dijo:

-Déjame tocar por última vez el día de hoy, esa rica y
chorreante raja que tienes entre las piernas.

Subiendo mi vestido hasta la cintura, bajé mis bragas a las
rodillas y colgándome de su cuello, le dije:

-Tócamela, te lo mereces. Hoy has hecho que sea la raja más
feliz de la tierra y yo la puta más satisfecha del universo.

Al besarlo con toda la pasión que tenía en mi cuerpo, su mano
acarició mis ralitos vellos y luego llevó su dedo a la raja, en donde se deleitó
jugueteando dentro de mi. El segundo, ni corto ni perezoso, aprovechó la
oportunidad y también zambulló uno de sus dedo en mi ardiente culo, jugando unos
dos minutos con mis agujeros, hasta que me desprendí de ellos con mucho pesar.
Recompuse mis ropas y al querer soltarme del jefe, puso en mis manos el reloj y
el anillo de mi novio.

-Dile al cabrón de tu novio, que el botín más valioso y
suculento, lo hemos tomado de ti, y cuando tu quieras un par de vergas de
verdad, que te vuelvan loca de placer, ya sabes donde encontrarnos.

Como a los 500 metros de haber caminado, mi novio, cagado de
miedo salió a mi encuentro. Realmente se veía preocupado y perturbado, pero al
verme sana y salva, además de haber recuperado sus joyas, respiró más aliviado y
sin más dilaciones me fue a dejar a casa, con la advertencia firme que no
comentara nada de lo sucedido con nadie, so pena de decirle a todo el mundo, que
había huido y me dejó abandonada en manos de unos rufianes. Sin quitarme el
vestido, me tumbé en la cama y me dormí casi inmediatamente, sintiendo las
caricias de mis dos asaltantes en todo mi cuerpo.

Hoy, al cumplir una semana de este azaroso capítulo de mi
vida, me encuentro muy inquieta, ya que mi mente y cuerpo me traicionan
involuntariamente. He ido un par de veces a coger con mi novio y aunque he
gozado de lo lindo con sus cogidas, en ambas ocasiones he deseado que fueran los
dos degenerados vergudos, los que estuvieran sodomizándome a su gusto y antojo.
Algunas noches, incluso me he masturbado ricamente pensando en sus vergas y
ganas no me han faltado para salir en su busca. Estoy muy confundida y no se qué
hacer, además que no he podido compartir con nadie mi experiencia, por lo que
estoy a punto de volverme loca.

 

Resumen del relato:
    Una chica disfruta ser asaltada sexualmente.

Me la follé y ni se enteró

Me la follé y ni se enteró (3)

Esta historia es verídica y no la he contado antes por temor
a posibles represalias de mi mejor amigo. Me llamo Iván y tengo 18 años, si bien
cuando ocurrieron los hechos contaba solo 15. Mi mejor amigo se llama Fernando y
tenía 16 años. Cuando íbamos al Instituto a los dos nos gustaba la misma chica,
Raquel, de mi misma edad, que pronto empezó a interesarse por Nando y me dejó a
mi de lado.

Pasé los tres peores meses de verano viendo como Nando se
aprovechaba del lindo cuerpo de Raquel, una bonita chiquilla de 1.75 de altura,
melena larga y castaña (que me hacía calentar pensando en el color de los rizos
de su coño), unas tetas pequeñas pero ricas y un culo ideal.

La amistad con Nando era muy fuerte, pero cada vez que le
veía amorrándose a Raquel me ponía de una mala hostia, pero no lo exteriozaba,
al contrario, me hacía el simpático y procuraba arrimarme a la chica para
recibir su roce o su olor a hembra recién abierta, pues más de una vez Nando me
había contado como comenzó a tocarle las tetas por encima de la camisa para
acabar tirándosela sobre una manta un día de campo.

Con el tiempo conocí a una chica llamada Eva, de mi edad, que
por cierto era muy amiga de Raquel, y con la que acabé unas semanas después
perdiendo mi virginidad en la cama de mi habitación un día que no había nadie en
casa. Desde entonces me la follo cada vez que quiero, aunque la muy pija no
quiere que me corra en su coño, y siempre me obliga a usar condón, aunque si se
traga mi leche cuando me corro en su boca, cosas de adolescentes.

Nuestra relación con Nando y Raquel eran excelentes, salíamos
los cuatro en pandilla, y más de una vez nos pegamos el filete las dos parejas
en el salón de una casa que Fernando tenía en el campo y que sus padres casi no
usaban.

Siempre le hacía bromas a Raquel, pero cuando algunan vez me
intenté sopasar con ella, me tuve que conformarme con un rechazo claro, que yo
disimulaba como podía bromeando con ella. Un día, poco tiempo antes de que
comenzara el curso, nos desplazamos a un pueblo situado a pocos kilómetros de
dónde Nando tenía la casa del pueblo, dónde había fiestas. Estuvimos los cuatro
bailando y bebiendo, y hasta nos permitimos el lujo de fumarnos unos porros.
Cuando acabó la verbena, ya casi de madrugada, un amigo del grupo nos acercó en
su coche a la finca. Como él también iba con su novia en el asiento de adelante,
nos tuvimos que poner los cuatro detrás, mi novia Eva y Fernando en las puertas
y Raquel y yo en medio de los asientos.

Mientras duró el viaje por un camino rural, Nando y Raquel no
paraban de morrearse, bueno, casi era él quien la besaba a ella, pues tanto la
chica como mi novia estaban hechas unas piltrafas y apenas podían reaccionar.

Nando le metió una mano a su novia por la camisa, supongo que
para agarrarle una de las tetas que tanto me atraían, a la vez que le comía la
boca. Ante ese espectáculo, yo también abracé a Eva, y deslizando el brazo
derecho por su cuello, situé mi mano por entre los botones de su camisa, dejando
a un lado el elástico del sujetador hasta agarrar su pezón entre dos dedos.
Debido al alcohol y el porro su cabeza se meneaba y tuve que sujetarla junto a
la mía para que no se moviese.

Mi polla, entre el gusto que me estaba dando la teta de mi
novia y el roce que me dada el cuerpo de Raquel, sabiendo que sus tetas estaban
siendo estimuladas a pocos centímetros de mi, estaba a punto de estallar. Con
disimulo, y aprovechando el bamboleo del coche y la oscuridad apoyé mi mano
izquierda en la pierna de Raquel, esperando su reacción. Muy a su pesar, su
estado no le permitió distinguir de quien era la mano, por lo que ni se inmutó,
situación que yo aproveché para seguir subiendo por el muslo bajo su corta
faldita hasta tocar con la yema del dedo el elástico de sus bragas. El coche dió
un brinco, debido a lo malo del camino, momento que aproveché para empujar un
poco más mi dedo bajo el elástico hasta tomar contacto con los rizos de su coño.
Fue sólo un instante, lo suficiente para hacer que casi me corriese si no llega
a ser por culpa del conductor, que encendió en ese momento la luz interior para
poner una cinta de música en la radio.

Como pude saqué la mano de entre las piernas de Raquel y ante
el calentamiento que tenía no dudé en cambiarla de lugar, y tan pronto como se
apagó la luz corrí a meterme bajo la entrepierna de Eva. Le levanté un poco la
falda y le plante de lleno la palma de la mano en su conejo,que recorrí arriba y
abajo jugando con sus rizos.

Debido a que mi lengua jugaba con la de Eva, al roce de mis
dedos que se fundían con sus pezones, y al toqueteo bajo sus brajas, la muy puta
como pudo se abrió un poco, lo suficiente para que mi dedo corazón separara sus
labios introduciéndose hasta el nudillo en su mojado conejo. Allí estuvo casi
todo el camino que nos quedaba hasta llegar al chalet.

Nos dejaron en la puerta y el coche se fue. Las chicas se
habían sentado en el suelo, apoyadas contra la pared. Entre nando y yo metimos
como pudimos a Raquel y la tumbamos en la cama, para salir luego y realizar la
misma operación con Eva.

-Que te parece si le quitamos la ropa…- Me preguntó
Fernando.

-Vale…- le dije.

Comenzó a desnudar a Raquel, quitándole le camisa con
esfuerzo, pues su novia ni se movía, pareciendo más un cadáver que la niña
morena que quitaba el hipo.

Yo también le quité a Eva la camisa, mirando de reojo a la
chica de mi amigo. Sin camisa la niña se veía de muerte, con un sujetador blanco
de encaje que tapaba sus pechitos glotones. Como estaba mirando más a Raquel que
a mi novia, y debido al bamboleo del cuerpo inerte, no me di cuenta que a Eva se
le había salido un pezón del sujetador y que mi amigo miraba con descaro.

Me di cuenta y se lo volví a meter dentro.

Nando cogió a su chica y le sacó los zapatos y la falda. La
niña llevaba unas bragas blancas a conjunto con el sujetador que marcaba su
chocho, dejando algunos pelillos fuera del elástico.

De nuevo y de reojo miré aquel cuerpo, mientras desnudaba a
Eva del todo, dejándola sólo con las bragas y el sujetador. La visión del cuerpo
casi desnudo de Raquel comenzó a excitarme, y no pude ocultar el crecimiento de
mi polla cuando me quite la ropa. Fernando hizo lo mismo, y al ver mi empalme se
miró su bulto, que también estaba crecido.

-Vamos a follárnoslas…- me dijo a la vez que se tumbaba en
la cama de al lado sobre Raquel.

-Pero sin correrse, pues no llevo condones………-le dije

-Serás tú, mi chica terminó el período ayer y le voy a llenar
el coño en un instante…- me respondió mientras deslizaba hacia un lado las
bragas de su amiga y tras meterle de un golpe el rabo comenzaba el bamboleo.

Yo también se la metí a Eva, sin quitarle las bragas, aunque
mi cabeza no dejaba de pensar en la chica de mi amigo.

Aún con la luz apagada podía ver la forma de Nando menearse
sobre su novia. El cabrón con la calentura que tenía no tardó en correrse dentro
de la chica.

Yo también se las saqué a mi novia, después de llegar casi a
correrme ante la situación.

-Me voy a duchar…- me dijo Nando.

-Vale, ahora voy yo…-

Se levantó con el rabo goteando aún leche y se metió en la
ducha. Escuché el ruido del agua al caer y mi cabeza y mi rabo dieron un
respingo.

Me levanté y zarandeé a Eva. La tía ni se movía. Me acerqué a
la otra cama y moví a Raquel. Tampoco se movió. Superando mis miedos y ante la
situación que jamás se me volvería a poner en bandeja me tumbé sobre la novia de
mi amigo y excitado ante esa situación deslicé el elástico de sus bragas y le
metí un poco el dedo. El coño rezumaba sudor y leche por todas partes, así que
viendo que la niña no se movía me bajé el calzoncilo y le metí un poco el rabo.
Miré su cara para ver si se movía, pero como no hizo nada empujé hasta el fondo.
Enseguida noté el calor de su coño y el de la leche que aún hervía en su
interior.

Como Fernando no podía tardar mucho me apuré en la follada.
Le bajé el sujetador y chupé con ansia sus pezones oscuros. Besé sus labios y
sus tetas mientras mi polla se abría entre sus carnes lubricadas con la leche de
Nando.

No sé lo que pudo durar aquello, pero cuando escuché que se
cerraba la ducha empujé todo lo que pude mi rabo entre los pelos de la chica y
comencé a vaciarme dentro de ella. Una explosión que me salió desde lo más hondo
de mi cuerpo, y que ascendió por mi rabo hasta explotar dentro de su coño,
lanzando varios chorros de leche hasta el fondo de su vagina. Me incorporé, le
coloque la ropa y me tumbé en mi cama junto a mi novia. Miré las bragas de
Raquel y ví la humedad que se le traspasaba. Enseguida salió Fernando con una
toalla y se tumbó desnudo junto a Raquel.

Aún me duraba el gusto que acababa de proporcionarme con el
coño de la niña que no dudé en clavársela a Eva, mezclándole los jugos míos, los
de Nando y de Raquel con los suyos. Cuando desperté, sólo yo continuaba en la
cama, los demás estaban sentados desayunando. Me levanté de un salto pensando
que todo había sido un sueño, pero al ver una mancha amarillenta y seca en mis
calzoncillos supe que había sido real. Miré a Raquel con deseo mientras pensaba
para mí: -Te he follado y no te has enterado. Ahora seguimos siendo todos muy
buenos amigos, pero guardo para mí este secreto.

IVAN

 

Resumen del relato:
    Como pude follar con una amiga a la que siempre había deseado.

Lluvia

Lluvia (3)

Pues bien, estoy decidido a contar mi historia. Es cierto que
más de una vez me lo pensé, aunque aún no llego a saber si es mi necesidad de
"compartir" con alguien este secreto o la esperanza de saber que la
co-protagonista del relato lo encuentre, se reconozca en la lectura y sepa lo
que significó (y sigue significando) para mí.

Esta historia nace, como muchas otras, en la casualidad. Una
suma de circunstancias que, dadas en otro orden no hubieran permitido que pasara
lo que pasó.

Mi trabajo hacía que viajara con frecuencia a las diversas
Sucursales de la empresa a la que yo representaba por entonces (entonces es no
hace más de 1 año).

En una de mis visitas a esa sucursal, luego de más de 2 horas
de avión, mantengo la reunión con los integrantes de la misma (tal como era
costumbre) y me dispongo, una vez finalizada la charla, a trabajar junto al
Director de la oficina.

Antes, y como era mi costumbre, charlé en forma privada con
algún integrante del equipo de trabajo (elegido en forma aleatoria), a la vez
que ofrecía una charla individual a quien quisiera. Lo cierto es que estaba
acostumbrado a que nadie se animara, tal vez inhibidos por el temor que les
representara la llegada de un superior desde la Casa Central . Esto hacía que me
esforzara en "acortar las distancias", organizando salidas o cenas cuando me
quedaba en esas ciudades, demostrando que, fuera de la función de desempeñaba,
era un compañero de trabajo más y necesitaba saber si algo no funcionaba como es
debido, ya que mis visitas (por frecuentes que fueran), no me permitían reflejar
la realidad en la forma más certera posible.

Lo concreto es que la Secretaria del Director me pide unos
minutos para conversar.

Me vi sorprendido porque en general era el área comercial la
que yo conducía. No obstante, era mi obligación y nos reunimos luego del
almuerzo en un despacho de la oficina.

Luego de unos minutos de charla distendida sobre aspectos
generales de su trabajo "entramos en el tema" que a ella preocupaba. Lo cierto
es que podía esperar cualquier planteo, menos el que ella tenía………..Me
dice que está siendo víctima de un acoso por parte del Director.

Imaginen mi cara!!!! Y ahora,? No sabía por dónde continuar.
En un momento me pasó por la cabeza cualquier idea………Podía ser verdad.
Pero también podía ser que quiera lograr la desvinculación del Director pues no
lo soportaba.

Y si hubo alguna "historia" entre ambos y esta es la revancha
que se toma ella?

Todo es posible pensaba yo mientras analizaba los pasos a
dar. Ella da un paso más y me dice que, en realidad no lo sufre solamente ella,
que esto se extiende a dos o tres compañeras más.

Bueno, si esto es así alguna de mis hipótesis quedan fuera de
camino.

Me dice que esto ya lo ha planteado, pero no recibió
respuesta positiva de la empresa.

Dónde me he metido?, yo hacía poco que ocupaba ese cargo y
debía llevar a la empresa un planteo que, según ella, ya había sido elevado.
Pero si esta es una empresa más que seria, de primer nivel. Cómo puede ser que
no se hizo nada al respecto? Cómo no me dijeron al asumir que en determinada
ciudad tendría que "ver en detalle" algunas cuestiones?

Me dijo que sabía se estaba ella jugando el puesto pero que
si no se hacía algo, renunciaría.

Las percepciones son para el casino, aunque a veces hay que
dejarse llevar por ellas. En este caso le creí en un 90% y, al terminar la
reunión me pareció que era lo suficientemente honesta.

Madre de familia, marido reconocido en la ciudad. Estos
elementos me decían que había una alta posibilidad de realidad en su relato.

Volví a Casa Central, planteo el tema con la Dirección y se
decide mi traslado a esa ciudad hasta la solución del tema.

Ja! En buena me he metido……..tener que resolver estas
cosas, lejos de mi familia y en una ciudad donde no hay absolutamente nada para
hacer (eso creía yo entonces).

Pasaron los días y, la cercanía con la gente hizo que todos
confiaran un poco más en mi. El Director no entendía mi presencia "permanente",
así que la cosa se fue complicando.

Lo cierto es que, por averiguar una cosa detecté otra (no
viene al caso), que hizo que el Director de la sucursal renunciara.

Supe que lo planteado por su secretaria (a la que llamaremos
Lluvia) era verdad al ver el júbilo del personal ante la salida del director, en
especial dentro del cuerpo femenino y sobre todo de las más atractivas (hay que
reconocer que el muy pillo tenía buen gusto).

Bueno, esto me obligó a permanecer más días hasta la búsqueda
de un nuevo Director.

Lluvia se mostraba realmente feliz y sus compañeras le
agradecían por la valentía de haberse animado a plantear el problema. Yo estaba
muy cómodo con el equipo de esa ciudad y salía a cenar con algunos integrantes
en forma periódica. Esto me permitía pasar los días sin tanta añoranza.

Un día Lluvia me pregunta si conozco un pueblo cercano muy
bonito. Le digo que no y

me invita a ir una vez finalizado el trabajo. Acepté gustoso.

La pasamos bien, caminamos a orillas del mar y cenamos luego
en un lindo lugar. Algo se estaba generando (o yo me lo creía?). Repetimos ese
paseo un par de días después. Nos contamos nuestras historias. Ella cada vez me
parecía más linda. Rubia de ojos azules muy fuertes, unos pechos que sorprendían
y hermosas piernas, las que descubrí ahora porque hasta entonces solía llevar
pantalones.

Nos despedimos en el hotel mío y ella marchó a su casa (me
pareció o el beso de despedida se acercó peligrosamente a mi boca?). Cuidado, me
dije. No confundamos la fantasía con la realidad.

A la mañana siguiente me despierto temprano y pongo la TV
para saber la temperatura y las primeras noticias. Mientras abro la ducha
escucho que golpean a la puerta de mi cuarto. Al preguntar me dicen que traían
el desayuno (si no he pedido nada!!). Cuelgo la toalla por sobre mi cintura, y
al abrir la veo…………..Lluvia!

Su presencia hizo que me viniera una erección instantánea,
que intenté disimular arreglando la toalla. Notó mi nerviosismo y me preguntó si
podía pasar.

Claro, claro, adelante…….

Discupla un momento, fui por un short y una remera. Lavé mi
cara y mis dientes y me presenté nuevamente ante ella con una sonrisa nerviosa.

Lluvia caminaba por el cuarto con una campera larga hasta las
rodillas, mirando así, como al descuido el paisaje por las ventanas del hotel.

Bueno, le dije. Que sorpresa. De veras creí que traían el
desayuno por error.

Es que lo he traído yo, me dijo.

Instintivamente miré a la mesa del cuarto buscando lo que
dijo traer y no vi nada.

Se acercó a mi, su mirada me puso en órbita se quitó la
campera y debajo ………….nada.

Bueno, nada no. Debajo de la campera estaba el mejor cuerpo
que vi en mi vida.

Yo también quiero desayunar me dijo. Me dio un empujón con la
fuerza suficiente para ser extremadamente erótico y no violento.

Yo soy un tipo más que normal, de una vida tranquila y alguna
que otra aventura (ahora siento que estoy "retirado"), que podía mandarme un par
de polvos en momentos de calentura y chau. Lo cierto es que Lluvia me sacó.

Nos revolcamos en la cama con una pasión digna de ser
filmada. Recién veía su cuerpo y, en medio del forcejeo la agarré por su
cintura, y la senté sobre mi cara. La comí toda, su clítoris bailaba con mi
lengua. Sentía su orgasmo venir.

Te voy a ahogar, dijo. Lo tomé como que tendría un orgasmo
enorme y me dispuse a esperarlo, pero no. Me ahogó literalmente. En sus orgasmos
llegaba a orinarse y allí la tenía yo, bañándome.

Esto me puso como una moto y llegué yo también al orgasmo
antes de poder hacer cualquier otra cosa. En mi vida me había pasado esto.
Estaba absolutamente mojado. Mi orgasmo le llegó a su espalda. Al sentirlo hizo
que se acostara boca arriba en mi cuerpo, ensuciándome todo.

Le pedí por favor más y comencé a comerla nuevamente. No
demoró nada. Otro chorro mezcla de orgasmo y pis recorrió mi mejilla. Seguí si
detenerme, ahora solo le sacaba orgasmos. Uno tras otro hasta llegar a 6. El
frenillo de mi lengua estaba lastimado. Me detuve. Se dio vuelta y, exhausta se
sentó sobre mi verga y me hizo acabar al momento.

Alcancé a retirarla justo antes de acabar, por lo que
volvimos a mancharnos. Que enchastre era todo!!!!

Mi verga casi no bajaba, aunque yo no podía más. Mientras
charlábamos ella jugaba con sus manos en mi verga y, así sin pensarlo y en medio
de la conversación le regalé otro polvo.

Nos duchamos, volvió a su casa a arreglarse para ir al
trabajo (le dije que fuera por la tarde) y yo con mis restos de ser humano me
presenté en la oficina más muerto que vivo.

De allí en más aumenté mi frecuencia de visitas a esa ciudad.
Nos las ingeniamos para que se tomara algún día y me acompañara a otra ciudad.
Total, nadie nos vería si ella no saldría del hotel. Así que yo trabajaba en la
oficina y nos prodigábamos amor en las noches de diversas ciudades.

Un día le dije de "cortar" con la historia. La verdad es que
empezaba a confundirme y mi relación familiar podía deteriorarse.

Pasado ese lapsus volvimos a lo nuestro. Ahora nos superamos,
cierta noche, durante un viaje a un lugar hermoso que pudimos planificar durante
semanas, en medio del fervor amoroso, cuando percibía que yo estaba apunto de
estallar se separa de mi, me dice que tiene un reagalito. Se da vuelta y con sus
manos se abre las nalgas. Dámela por atrás, me dice.

Mi desesperación era tal que quería coger durante horas pero
sabía que iba a acabar en segundos, así fue. Tuve un orgasmo de tal magnitud que
la obligó a salir disparada hacia el baño.

Quedé tumbado en la cama preguntándome dónde había estado
esta mujer durante estos años. Quedé así, con los ojos cerrados hasta que la
escuché regresar. No abrí los ojos, pensé que se recostaría a mi lado, la
escuché gemir y al abrir los ojos la veo parada enla cama, las piernas abiertas
a amos lados de mi cuerpo masturbándose. Logró lo que sabía me gustaba…….un
orgasmo de esos en los que me da todo lo que tiene dentro. Ya nos conocíamos muy
bien y antes de cada encuentro ella tomaba litros y litros de agua, por lo que
al acabar recibía yo auténticas duchas. Este ha sido uno de esos casos.

Nos reíamos de pensar que dirían los servicios del hotel pues
dejábamos todo mojado

El destino quiso que yo cambiara de trabajo, de ciudad y de
país.

Hoy el contacto es por mail o teléfono. Somos excelentes
amigos. Sabemos que nos unió algo muy fuerte. Es nuestro secreto que ahora
comparto con Uds. y con la esperanza de saber que Lluvia lo leerá (aunque es
difícil). El ciberespacio es muy grande, pero la esperanza la tengo.

A ti, Lluvia, que sabes quién eres y quién soy. Aún perduras
en mis sueños.

POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO

 

Resumen del relato:
    Comparto co Uds. mi historia de meses, en el que descubrí la otra cara del sexo. Algo que empezó por una atracción sexual y permitió de de esto naciera un romance.

Sorpresa en unos Grandes Almacenes

Sorpresa en unos Grandes Almacenes (3)

En principio parecía que iba a ser un jueves más, con la
rutina y follones de trabajo que habitualmente teníamos. De hecho, la
posibilidad de estar con MªJosé nuestro par de horas en el apartamento cercano a
la oficina, desapareció en cuanto que recibí un mail del querido jefe en que me
citaba a una reunión a las 4:00 p.m.

Para situaros en MªJose y en mi os recuerdo como ya he
descrito en otro relato, que estamos casados, pero ella no es mi mujer ni yo su
marido, que laboralmente es mi secretaria y yo su jefe, y que ademas estamos
loca y peligrosamente enamorados.

Lo que sí teníamos claro debido a la semana complicada que
llevábamos por mis viajes, es que no nos íbamos a conformar, y que de alguna
forma nos tendríamos que quedar solos para compensar el distanciamiento
acumulado, solo hacia falta mirar a MªJose y observar su mirada sugerente y
hambrienta de mí, de mis caricias, de mis besos, de mi cuerpo, en fin lo mismo
que me pasaba a mí con respecto a ella, aunque yo tuviera que disimularlo por
los inconvenientes de mi puesto de trabajo.

Serian aproximadamente las dos de la tarde, y había
disminuido bastante el movimiento en los pasillos que rodean mi despacho, cuando
MªJosé entró con el portafirmas dirigiéndose hacia mi mesa pero situándose en mi
lado justo a la derecha para así depositarlo encima de la mesa y pudiese
proceder a su firma, recuerdo llevaba puesta una faldita estampada no demasiado
corta y una blusa blanca transparente con volantes por delante que impedían ver
sus senos, pero que hacian que todas las miradas de los compañeros se orientaran
hacia ellos esperando verlos al saber que no llevaba sujetador, ya que su
espalda totalmente transparente así lo delataba.

Lo primero que hice antes de firmar, fue ver su cara que
reflejaba unas ganas inmensas de que la acariciara, por lo que pase mi mano
derecha por debajo de su falda tocando sus piernas y subiendo lentamente hacia
la entrepierna, os diría que fue una sorpresa notar que no tenia braguitas pero
no era la primera vez que estaba así en la oficina y que lo aprovechaba cuando
estaba de frente a mí, para abrirse de piernas y provocarme sabiendo que yo
tenia que contenerme, pero volviendo a mi mano, ya estaba pasándola por encima
de su rajita y apretando con ansias su vello que tanto la gustaba tener cortito
al mismo tiempo que notaba como algo dentro de mi pantalón estaba creciendo
enormemente, cuando entró la secre del jefe para decirme que se había cancelado
la reunión, el susto que nos llevamos fue de infarto aunque realmente creemos
que no se pudo dar cuenta de nada, ya que no hicimos ningún movimiento brusco,
de hecho yo seguí teniendo la mano abarcando aún su vello y la postura que
manteníamos no era nada anormal ya que nos tapaba la pantalla del ordenador.

No acababa de irse cuando mis dedos entraron dentro de su
rajita, en principio dos, aunque luego solo deje el pulgar que sabía muy bien
como moverse y buscar su otro punto débil, el de dentro, a lo que ella ayudaba
en su medida reclinándose ligeramente hacia delante. En esa postura comencé a
mover mi dedo dando embestidas como si la estuviera follando y haciendo que el
dedo índice frotara con cada embestida su clítoris, la estaba llevando al clímax
tocando al mismo tiempo sus dos puntitos, ella iba cambiando su cara que se iba
configurando en una apariencia de viciosa y sedienta de sexo que pronto hizo que
empezaran a aparecer sus gemidos y notando que su cuerpo se tensaba al mismo
tiempo que alcanzo un orgasmo increíble, y que yo continué prolongando al seguir
con mis movimientos y caricias en sus dos puntitos. Sentía que iba a desfallecer
al apoyarse en la mesa y decir "Dios mío, para ya, que no aguanto más", que no
tuve más remedio que obedecerla al ser la primera vez en sus múltiples orgasmos
que me pedía que me parará. Deje que se recuperara mientras sacaba mi mano de
debajo de su falda y aproxime los dedos a la nariz, ya que me encanta el perfume
de su rajita, al recordarme la primera vez que la hice mía y estuve toda la
noche oliendo a su sexo.

Una vez recuperada, y viendo que yo seguía con mi erección,
la plantee la posibilidad de ir al apartamento para poderla amar y follar como
estabamos deseando y aunque no lo habíamos reservado durante la mañana por no
contar con ello, esperábamos poder encontrarlo libre para nosotros.

Un poco antes de las cuatro, nos fuimos cada uno por nuestro
lado como siempre, y quedamos en la puerta del edificio, con tan mala suerte que
la recepcionista nos comunico que estaban todos ocupados en el par de horas que
disponíamos, pensaba que nos iríamos a una cafetería a tomar algo cuando MªJose
me dijo que fuésemos al unos Grandes Almacenes que teníamos bastante cerca y al
no decirme nada mas creí que seria para comprar algo.

Cuando llegamos a los Grandes Almacenes, me llevo
directamente a la planta de ropa para ella, no había casi nadie a esas horas y
yo seguía detrás suya, mientras iba cogiendo ropa según íbamos pasando camino de
los probadores, nos metimos en el probador mas alejado de la entrada y una vez
dentro cerro la puerta, dejo caer toda la ropa en la silla y estaba clarisimo
que no íbamos de compra. Empezamos a besarnos y con las ganas que llevábamos nos
desnudamos alocadamente quedándose ella solo con su tanguita, yo la sitúe de
espaldas delante de mí mirando al espejo de la pared, mientras mis dedos
acariciaban sus pezones y lentamente empece a bajar la mano por encima de su
cuerpo hacia su rajita, la metí en el tanga y seguí bajándola hasta sentir que
estaba bastante mojada, no quise esperar mas y la recline ligeramente hacia
delante al mismo tiempo que separaba a un lado su tanga para que me dejase
penetrarla con facilidad, ella dio un respingo al sentir mi polla entrando y
empezando a moverme, seguía sin parar follandola cuando me di cuenta mirando al
espejo que en la parte superior nos estaba observando una vendedora que estaba
encima de una silla en el probador contiguo y al seguir mirándonos sin decir
nada, deduje que no nos iba a llamar la atención, todo lo contrario su mirada
era de complicidad, así que me decidí y la dije que pasara abriéndola la puerta,
MªJose no se creía lo que pasaba pero no estaba para negarse a nada solo deseaba
que siguiese follandola, la vendedora accedió a pasar y una vez en nuestro
probador cerré la puerta mientras ella se quedo en un rincón mirándonos ya que
no quiso participar con nosotros, yo seguí follando a MªJose en la misma postura
que teníamos y que nos encantaba al ser muy intensas las sensaciones que tenia
así.

Termine de correrme dentro, pareciéndome que la vendedora
estaba tocándose por dentro de su falda, entonces, MªJose se fue hacia el espejo
se quito el tanga y dándose la vuelta y de frente a la vendedora empezó a
acariciarse sus pezones, mientras su cara mostraba unas ganas de sexo aun no
satisfecho, bajo sus manos a su rajita y se dispuso a buscar sus orgasmos,
separando con la mano izquierda sus labios y dejando ver todo su sexo sediento
de caricias que no tardo en empezar a satisfacer, mientras tanto y con la visión
que tenia delante la vendedora se sentó en el suelo quitándose las braguitas y
empezando también a acariciarse, yo atónito con lo que pasaba me quede como
espectador mientras ellas se acariciaban, una desnuda totalmente y la otra con
la falda subida enseñando solo los muslos que el movimiento de sus manos iba
mostrándolos sin pudor haciendo muy excitante la visión que estaba ofreciendo,
situación a la que yo no pude sustraerme, me situe al lado de Mª José y empece a
pellizcar y tocar los pezones de mi chica, lo que ya la puso fuera de sí, y
entre gemidos contenidos que no tardaron mucho en aparecer, iban sin control a
hacia sus orgasmos que consiguieron casi simultáneamente, uniéndome yo a ellas
con un placer incontrolable.

Viendo que mi pene se estaba recuperando con el espectaculo
que me habian ofrecido, y que la vendedora ya sin pudor mostraba con la falda
subida hasta la cintura una mano entre sus muslos apretando su rajita, y que
MªJose estaba sentada exhausta sobre la ropa que se suponia se iba a probar, se
lo acerque a la boca de MªJosé, quien no tardo con la experiencia que tiene con
su boca, en ponerlo totalmente a punto y hacerme una mamada increible que
termine corriendome sobre su pecho, para que se restregara como a ella la
encanta, consiguiendo que la vendedora se animara y se acercara a extenderlo
también con sus manos sobre los pechos de MªJosé, pero cuando estaba a punto de
hacerlo se alejo diciendo que era ya demasiado lo que habia pasado.

Una vez recuperados, nos vestimos y nos dispusimos a salir
del probador esperando algún comentario de la vendedora, que por cierto era de
unos 25 años y muy maja, y al no decirnos nada la pregunte porque no quiso
participar, ella respondió que estaba disfrutando con lo que veía y no
necesitaba en ese momento nada mas. La dejamos toda la ropa que se suponía se
había probado MªJose y al despedirnos la preguntamos si podríamos vernos otro
día a lo que contesto que tal vez.

Lo cierto es que por morbo nos hemos acercado alguna que otra
vez por verla y hasta ahora no hemos tenido suerte, lo único que nos ha quedado
es que en nuestros encuentros amorosos fantaseamos con lo que pudiera haber
pasado si hubiese llegado a restregarse tambien en los pechos de MªJosé.

 

Resumen del relato:
    Al estar ocupados los apartamentos, MªJose decidií² ir a unos Grandes Almacenes, no precisamente de compras, encontrandose una sorpresa.

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