Vida de Perros

Vida de Perros (23)

VIDA DE PERROS

Descubrí el mundo de la zoofilia cuando participé en una
fiesta campestre que describí en un relato que titulé "Confundida". A partir de
aquel momento he tenido algunas experiencias más y he conocido a muchas personas
que comparten esta inclinación, he oído sus historias y con la autorización de
las protagonistas quiero compartirlas contigo, así que al grano:

Hacia la mitad de mis estudios superiores dejé de recibir el
apoyo económico de mi familia debido a que mi padre quedó sin empleo como
consecuencia de la reducción de las plantas de personal con que los estados
pobres hemos recibido el tercer milenio. Mis opciones eran terriblemente
sencillas: Abandonaba mis estudios ó trataba de buscar alguna fuente de ingresos
que me permitiera costearlos. Comencé a sondear algunas posibilidades como las
asesorías en trabajos escolares, la asistencia en tareas, las clases a
domicilio, las ventas, y otras. Probé con la mayoría de los trabajos temporales
honestos pero los ingresos eran irrisorios y los trabajos agotadores quitándome
mucho tiempo por lo que tuve que dejar algunos cursos pendientes. Como éramos
muchos los estudiantes que compartíamos una situación similar, se formaron
"Centros de rebusque", nos reuníamos algunos amigos, para comentar y evaluar las
posibilidades que cada uno había explorado, en una ocasión un amigo nos habló de
un trabajo que le daba buenos ingresos y le dejaba tiempo para estudiar, se
trataba de cuidar perros, se necesitaba ser responsable, paciente y cariñoso con
los animales y cumplir con los horarios acordados con los propietarios; su
trabajo me llamó la atención y estando al borde de la desesperación, decidí
informarme mejor, encontré la manera de hablar a solas con él y le pedí que me
describiera mejor su trabajo.

Me dijo que era sencillo, solo hay que sacar a determinadas
horas al perro, llevarlo al parque para que alivie sus necesidades, tener un
recipiente y una pala o recogedor para recoger sus excrementos y ejercitarlo un
rato, luego regresarlo a su casa. Eso era todo. El trabajo me parecía un poco en
contra de mi dignidad pero en la situación en que me encontraba necesitaba
cualquier ingreso para mantener esa dignidad. Le pregunté como podría yo
encontrar un trabajo así y me orientó para colocar una anuncio en el diario. Así
lo hice y a la semana siguiente ya tenía algunos contratos, (no es tan feo
recoger los excrementos, si no miras al perro haciéndolo, eso te ayuda a
disminuir tu asco). Los contratos conseguidos me obligaban a moverme rápido por
una área amplia de la ciudad quitándome mucho tiempo y parte de mis ganancias
que debía gastar en transporte; decidí entonces organizar el trabajo y reducir
la zona. Comencé a ser selectiva y acepté contratos en un solo sector, esto me
permitía incrementar el número atendido y disminuir el tiempo necesario
favoreciendo ampliamente mis ingresos y el tiempo para estudiar, ah!, el pago
variaba según el tiempo que tenía que dedicarles, según la situación económica y
la vinculación afectiva de sus propietarios.

Los perros son como las personas, usualmente tendemos a
verlos todos iguales pero no, tienen sus particularidades, su personalidad;
jamás me comprometí a cuidar un bulldog, un rottweiler, un pittbull, un doberman
o un boxer , los primeros por su agresividad: siempre les he tenido miedo, y el
ultimo porque lo encuentro muy feo y perezoso. Me encariñé bastante con un Husky
siberiano de unos niños, era como ellos, cariñoso, juguetón y muy travieso. Una
perra pastor belga se parecía bastante a su dueña, era altiva, engreída y
petulante dándome la impresión de que me consideraba su sirvienta, no la tuve
por mucho tiempo. Un poodle de una periodista ladraba todo el tiempo y un collie
que pertenecía a un político, siempre se las arreglaba para comerse lo de los
demás y me daba la impresión de que se reía ladinamente.

Desde luego tuve varios contratiempos como aquel de dos damas
que me contrataron para pasear un dálmata fuerte, bien desarrollado; me gustaba
este animal porque era dócil, porque podía sacarlo después de cumplir con todos
los demás, porque me pagaban muy bien y porque había un parquecito solitario muy
cercano a la casa y no tenía que caminar mucho. Cierto día llevaba al perro
sujetándolo tranquilamente de la correa como de costumbre y al llegar a la
plazoleta se puso inquieto, olisqueaba como siguiendo un rastro y no quiso
obedecerme sino que siguió su propio camino tirando cada vez más fuerte de la
correa hasta que no pude sujetarlo y se me escapó a la carrera, lo seguí un poco
asustada y entonces vi la causa de su inquietud, era una perra de la misma raza
que paseaba en compañía de una chica un poco menor que yo, el can se lanzó sin
remilgos y comenzó a olerla allí en el lugar que codiciaba, la perra tenía la
vulva hinchada y roja y un hilillo viscoso colgaba de su vértice, pensé que
estaría enferma y temí algún posible contagio al perro que yo cuidaba, la chica
me sonrió y me pidió que lo dejara actuar pues su perra estaba en calor y su
unión podría darle unos lindos cachorros pura raza. Miré a todos lados y al no
ver mas gente en el parque me dispuse a satisfacer mi curiosidad puesto que
nunca había visto los animales en actividad sexual. Mi perro al tiempo que olía,
lamía y dejaba ver la punta de su verga que ya segregaba un poco de líquido, en
un abrir y cerrar de ojos se le trepó y la sujetó con sus patas delanteras en un
ademán casi humano, la perra trató de escapársele pero ya la tenía bien sujeta y
no logró huir, lo que consiguió fue que su viscosa entrada quedara frente al
pene del macho y de envión se la metió reacomodándose e iniciando un movimiento
excitante, uniformemente acelerado.

Creo que en un momento debió lastimarla porque dio un
chillido y volteó la cabeza tratando de morderlo, pero el perro estaba más allá
de cualquier sentimiento de compasión y por el contrario, se la clavó aun más,
luego se detuvo y quedó quieto como idiotizado durante un tiempo y ya satisfecho
se bajó,¡ pero que raro no podía separarse!, quedó allí enganchado, prisionero
de su amor, yo a estas alturas estaba muy excitada y húmeda (la dueña de la
perra estaba peor, lanzaba suaves gemidos y apretaba las piernas) pero con lo
que estaba viendo ahora, me asusté mucho al creer que el perro estaría lastimado
o que la perra le iba a arrancar pene. Quedaron los dos enganchados, con aspecto
triste y como avergonzados, la chica con voz entrecortada me explicó que siempre
era así, que sería el quinto embarazo de la perra y siempre había retenido al
macho después del encuentro sexual, entonces me tranquilicé y recordé algunas
escenas que había visto de reojo en otras ocasiones. Al cabo de una interminable
media hora por fin lo soltó y pude apreciar esa verga amoratada con una gran
bola en la base y un hormigueo recorrió mi entrepierna, miré a la perra
esperando verla destrozada pero estaba como si nada hubiera sucedido, solo el
líquido que goteaba abundantemente de su vulva daba testimonio de lo que acababa
de ocurrir. El perro se echó en el prado y se dio a la sucia tarea de lamerse el
miembro. Yo no disponía de más tiempo o perdería una clase y tuve que llevarlo a
casa con esa cosa colgando como el badajo de una campana.

Cuando una de sus dueñas salió a recibirlo y lo vio
exhibiendo sus atributos se armó la de Troya pero Troya era yo, llamó a su
hermana y las dos montaron en cólera reclamándome a gritos e improperios por
haber permitido que su "Niño" se hubiera manchado con cualquier perra; yo no
esperaba esta reacción tan inusitada y como me gritaba yo también grité, les
dije que no era un niño sino un perro, que controlaran su ataque de celos, que
me pagaran y en adelante le limpiara la mierda a su "Niño" ellas mismas y que si
lo querían tanto se la comieran. Me fui enfurecida sin cobrar la quincena.

Durante el día tuve tiempo de meditar sobre el incidente y la
explosiva reacción de las propietarias y por más que intentaba encontrar una
explicación sana, siempre llegaba a lo mismo: Celos, esta certeza me dejó un
poco desorientada, no comprendía por qué se pueda sentir celos rabiosos por que
un animal haya obedecido a su instinto.

Otros sucesos posteriores contribuirían a aclararme el
enigma: Entre mis clientes estaba un pastor alemán que pertenecía a una
jovencita de unos 15 años, la madre me había contratado para sacarlo dos veces
al día, en la mañana a las 5:30 y en la tarde a las 7:00, desde el comienzo vi
que había una relación muy especial entre la chica y el can, el perro era su
adoración , casi siempre nos acompañaba y corría o jugaba con él de manera que
mi papel se reducía a recoger sus excrementos, cuando la chica no podía salir me
pedía, casi me suplicaba que no le permitiera acercarse a ninguna perra, tanta
insistencia debía haberme llamado la atención, pero no comprendí cabalmente el
amor a su mascota hasta una tarde en que por requerimiento de mis estudios tuve
que adelantar la hora del paseo con el can, entonces llamé a la madre de la
jovencita para explicarle la situación, ella lo comprendió y me dijo que podía
ir a la hora que fuera más conveniente para mi, que ella por su trabajo no
estaría en casa pero si su hija. Llegué a su casa, timbré una, dos tres veces y
nadie abrió, pensé que la chica había salido, sin embargo esperé unos minutos
más y volví a timbrar, entonces oí algún ruido y seguí esperando. Por fin salió
la chica en ropa de casa, despeinada, y bastante nerviosa, como avergonzada;
concluí que habría estado durmiendo, la saludé y pasé por el perro, lo encontré
en el patio, echado, lamiéndose la verga la cual tenía descubierta hasta detrás
del nudo, la chica había desaparecido y pronto oí el ruido característico de la
ducha. No podía llevármelo así, se burlarían de mí, tuve que esperar unos 15
minutos para que guardara su falo, luego lo saqué a su paseo, estuvo dócil,
cabizbajo y con frecuencia se paraba para lamerse de nuevo. Todo esto me dejó
muy pensativa: ¿a qué mundo me estaba asomando?. En lo sucesivo la chica no
volvió acompañarnos, no la vi hasta unos dos meses después cuando, como de
costumbre fui por el perro y al parecer habían discutido seriamente madre e hija
y ésta le lanzaban unas miradas asesinas, desde la escalinata la niña le dijo
"no olvide que fuiste tu quien lo enseñó, ¿creíste que no lo sabía? ". La señora
trató de serenarse, me pagó el tiempo adeudado y me pidió que no volviera porque
había tenido que regalar el perro.

Estos y otros indicios me fueron dando una imagen clara del
tipo de relación que muchas propietarias sostenían con sus mascotas, no se si es
por su naturaleza o por algún tipo de aprendizaje que algunos (no pocos) canes
intentan montarse a las personas, esto me sucedió muchas veces ¡que vergí¼enza!,
si desafortunadamente había un hombre mirando no perdía ocasión para decirme o
proponerme alguna obscenidad. La primera experiencia fue poco tiempo después de
haber iniciado este trabajo, llevaba un perro de color amarillo y blanco de
patas cortas, cuerpo alargado como si lo hubiesen agarrado de la cola y las
orejas y lo hubiesen estirado, y con una funda desproporcionadamente larga, iba
pensando en dejarlo correr por ahí y sentarme en un banco a estudiar pero no
pude porque cuando me senté el perro me trepó sus patitas delanteras a las
rodillas y trató de hacerle el amor a mis piernas: Tuve que levantarme de
inmediato; me repetía la escena siempre que me sentaba. Muy similar era el
comportamiento de un pastor alemán de una pareja de cierta edad sin hijos, la
primera vez me dio un susto bárbaro: Cuando me agaché para anudarme un zapato en
un segundo lo tenía encima tratando de clavármela. Un gold retriever se
comportaba de manera semejante, con este no podía ni sentarme ni agacharme y más
de una vez, aun caminando me atacó por la espalda tratando de hacerme agachar.
Experiencias análogas tuve otros perros grandes y medianos de diferentes razas
pero más frecuentemente con labradores, daneses y pastor alemán.

Me había encariñado mucho con un labrador dorado bien
desarrollado que pertenecía a una familia compuesta por una dama joven y dos
niños, el perro era muy especial, me saludaba con grandes manifestaciones de
alegría, siempre caminaba a mi derecha muy dócil y obediente, si me sentaba él
se echaba a mis pies, en todo momento estaba atento a mis palabras y gestos para
obedecerme y al parecer había asumido el papel de protector porque adoptaba una
actitud amenazadora cuando otro perro o un hombre se me acercaba, cuando lo
dejaba en casa se quedaba mirándome con unos ojos tristes que partían el alma.
Su dueña era también muy especial, muy cordial comprensiva y generosa, más de
una vez me sacó de apuros económicos. Me tenía cariño y confianza y por eso me
dejó al cuidado de la casa y del perro en una ocasión que se fue de vacaciones
con sus dos niños, pagándome por esto generosamente. ¡Nunca olvidaré esas
vacaciones!

Durante los primeros tres días no estuve mucho por la casa
por requerimientos del estudio, solo iba a sacar el pero a sus paseos diarios y
darle su alimento, me conmovía verdaderamente su tristeza cuando me disponía a
dejarlo. Como la señora me había dejado las llaves pidiéndome que abriera las
alcobas para que se airearan, el cuarto día, un sábado en la mañana después del
paseo con el perro, me vestí con una camisa larga y como estaba sola me concedí
el placer de liberarme de la ropa interior; me dispuse a hacer un aseo de la
casa, mi compañero el perro estaba feliz y me seguía a todas partes, Al darle su
ración matutina tuve que agacharme para acomodar el recipiente y con ello quedó
al descubierto mi trasero, de pronto sentí entre mis nalgas el roce de algo frío
y húmedo, me levanté como impulsada por un resorte ¡que susto bárbaro!, pero de
inmediato me di cuenta de que había sido el perro, éste me miraba fijamente con
sus ojos tiernos como rogando mi aprobación, entonces le rasqué detrás de las
orejas y me agaché de nuevo por probar y sentí otra vez su nariz fría; era tan
tierno y cariñoso que lo dejé hacer, al momentito sentí su lengua áspera
explorando mi peluchito como he llamado siempre a mi vulva, una descarga
eléctrica de alto voltaje recorrió mi cuerpo dejándome momentáneamente sin
respiración, me dio unos lengí¼etazos que me dejaron paralizada, luego,
inexplicablemente se retiró. Me embargó una tremenda sensación de pérdida. El
animal se retiró un poco y se volvió dando un pequeño ladrido, como yo seguía en
mi puesto vino hacia mí, me olisqueó de nuevo con delicadeza y se alejo
repitiendo su acción anterior, comprendí que quería que lo siguiera y así lo
hice. Daba saltitos y movía la cola con evidente alegría al ver que lo seguía.
Se paró frente a la puerta de la alcoba de su ama y hacía el gesto de empujarla
con su hocico, entonces una chispa de comprensión brotó y fue creciendo en mi
mente: El perro me estaba seduciendo, me invitaba a la cama, hice ademán de
regresarme y di unos pasos y al instante estaba frente a mí empujándome con su
quijada y mirándome con unos ojos llenos de amor y súplica. Así fuese yo de
mármol igualmente me habría enternecido, regresé y cuando metí la llave en la
cerradura el animal cambió un poco su actitud mostrándose impaciente, arañaba la
puerta y la empujaba como tratando de abrirla con urgencia, al abrir fue el
primero en entrar, y se sentó en la alfombra de frente a la cama en actitud de
espera, admiré la alcoba muy bonita y cómoda, la pared del fondo estaba
completamente cubierta por un gran espejo, ¡que hermosa y delicada decoración!.
Entré busqué una toalla y me senté en ella en el borde de la cama con las
piernas abiertas para ponerlo a prueba, no necesité esperar nada, con ternura y
pericia buscó mi raja y comenzó a darme la lamida más maravillosa que he
soportado en mi vida, era increíble, no podía creer que un perro pudiera
proporcionar tanto placer, su lengua estimulaba al tiempo mi clítoris y mis dos
huequitos produciéndome escalofríos de placer y felicidad, tanto que en menos de
un minuto me sobrevino el orgasmo más maravilloso que había tenido hasta ese
momento, era para enloquecer. Me tiré de espaldas en la cama sin aliento y como
en las brumas de un fantástico sueño fui poco a poco consciente de que el can se
había retirado de mi feliz peluchito. Había recostado su cabeza en la cama entre
mis rodillas, respiraba agitado con la lengua afuera.

De una manera poco usual como si me trasmitiera su
pensamiento, tuve la certeza de que el perro me estaba esperando. Me concedí
unos minutos para calmarme y mientras tanto no se movió de su sitio, cuando me
senté de nuevo, me miró a los ojos y comenzó a darme unas suaves y acariciantes
lamidas superficiales. Me sentía en deuda con él y me acomodé mejor de tal forma
que podía acariciarlo a mi antojo al tiempo que permitía a su lengua recorrer mi
zona genital. Pronto la funda estuvo e mis manos, estaba calientísimo y con la
puntita por fuera rezumando líquido, llevaba un tiempo acariciándolo y ya estaba
nuevamente a nivel cuando cambió de táctica, dejó de lamerme y me enganchó con
una pata delantera por la cintura e intentaba darme la vuelta, lo comprendía al
instante y colocando la toalla sobre un almohadón me arrodillé en el y dejé
descansar mi busto sobre la cama, había olvidado el espejo y ahora lo veía, es
decir me veía con las nalgas desnudas y levantada y un perro lamiéndome el culo,
me quité la camisa para poder verme las tetas y al parecer fue la señal para que
el perro me montara; comenzó a hurgarme las nalgas con la punta del pene y yo a
tratar de acomodarme para que encontrara mi babeante gruta, pronto la encontró y
como estaba lavadita en mis flujos me la metió con suavidad. ¡Era todo un
galante caballero!, comenzó a menearse y a ganar velocidad, sentía su verga que
llenaba y abandonaba y volvía a llenar mi vagina, su pelo me acariciaba la
espalda causándome escalofríos y para completar la dicha lo veía todo en el
espejo. Su miembro se sentía mas grueso y ya me había llenado de su líquido
cuando empujó un poco más fuerte llegándome más adentro, di un gritito de
felicidad pero fue suficiente para que mi amante cesara en su avance y lo sacara
un poco, parecía estar preguntándose ¿qué debo hace ahora? cuando con una mano
lo atraje hacia mí, al instante reanudó sus movimientos y pronto me la volvió a
calvar a fondo esta vez debía estar más gruesa porque me produjo un notorio
escozor en la entrada, ahora se movía como si le fuera en ello la vida pero no
lo hacía con brutalidad sino con sabiduría y amor y yo era partícipe y
espectadora de esta electrizante escena gracias al espejo.

De pronto se quedó quieto y arqueándose al máximo se metió
aun más profundo en mis entrañas, había llegado a su perruno orgasmo. Mi
peluchito glotón estaba repleto y feliz, aun procuró espacio para la gran
cantidad de semen que estaba recibiendo, entonces todo se desdibujó, se hizo
borroso y sintiendo que yo era nada más que vagina, dando un alarido
incontrolable me sumergí en el pozo sin fondo del más sublime orgasmo que he
tenido mi vida. Creo que gritaba, estrujaba y mordía las sábanas y no terminaba
nunca porque mi amante se movía renovando la intensidad de mis sensaciones. Creí
que no podría salir de este arrasador vendaval de sensaciones y no lo deseaba
pero finalmente el huracán fue disminuyendo dando paso a una laxitud y un
desaliento que me dejó inerte en la cama mirando sin ver al espejo. El perro
también había terminado y estaba anudado a mí, ahora sentía las palpitaciones de
su caliente miembro y eso me daba un tranquilo placer. Mi tierno amante en lugar
de tratar de sacarla se me echó encima recostando su cabeza en mi espalda y
permanecimos así en un dichoso sopor durante por lo menos media hora, luego dio
un tirón que me causó dolor y su enorme bola abandonó mi vagina permitiendo la
salida a presión de un abundante torrente de semen, afortunadamente había
colocado una toalla y los líquidos no llegaron a las sábanas o al almohadón.

Ya repuestos de este maravilloso trance, mi inteligente galán
entró al cuarto de baño y volvió con unas babuchas en su hocico, las colocó a
mis pies y luego regresó arrastrando una bata de seda y la depositó en la cama
junto a mí y se echó a lamerse su aún hinchado y amoratado miembro.

Los días restantes hasta el regreso de la dueña de casa
fueron una completa enajenación, como autómata salía a la calle e iba a estudiar
pero no lograba concentrar mi dispersa atención y esperaba con insoportable
ansiedad el momento de encontrarme con mi amante, nos anudamos a diario hasta
dos veces, ya no volví a sacarlo a sus paseos diarios porque se tornó muy
agresivo con cuanto ser vivo macho se me acercaba. En este frenesí olvidé cuidar
de algunos detalles como el aseo y desodorización de la alcoba, cuando la dueña
llegó captó de inmediato nuestro olor que mi embotado olfato pasaba por alto y
en el momento oportuno mirándome fijamente a los ojos me dijo: "Se que te lo has
estado montando con mi perro, pero no te avergí¼ences, en verdad no esperaba otra
cosa conociéndolo como lo conozco, Yo lo he educado con arte y ya desesperaba de
no poder enseñarle mi obra a nadie, ahora todo será más emocionante porque
participarás en nuestros juegos y ya veremos si compramos otro cachorro, ¡Te
espero esta noche porque vengo muy caliente!"

 

Resumen del relato:
    Para poder continuar estudiando Nini tuvo que buscar esmpleo, despues de varios trabajos encontró uno que le daba buenos ingresos pero la acercó a la zoofilia y terminó metida de llano.

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