El que la sigue, la consigue…

El que la sigue, la consigue… (24)

Todo empezó hace unos diez o doce años cuando una noche de amor con mi esposa le
dije que me encantaría hacerle el amor a Elisa, su propia madre, viuda desde
hacía muchos años.

Ella me dijo que estaba loco pero enseguida añadió que
decidiera por mi mismo si llevarlo a cabo o no. He de decir que mi mujer no era
muy ardiente que digamos en materia sexual; todo lo contrario a mí que soy un
hombre muy dado a toda clase de juegos sexuales. Creo que, si deseamos a
cualquier mujer merece la pena intentarlo. No importa su condición.
Personalmente lo he hecho con algunas, solteras y casadas: tardaremos más o
menos tiempo pero las probabilidades que tenemos los varones de conseguirlas son
muy altas si nos ponemos a ello sin desánimo. Ellas lo desean tanto como
nosotros los hombres pero han sido educadas frecuentemente en el recato y la
pasividad. Empecemos por las más cercanas, las mujeres de nuestras propias
familias, primas, tías, hermanas, sobrinas … suegras. La convivencia familiar,
a mi entender, también incluye el sexo.

Así que inicié mi plan dejándome ver por ella, por Elisa, en
ropa interior. Yo notaba cómo se alteraba cuando, aprovechando que Marisa, mi
mujer, estaba al otro extremo de la casa y yo irrumpía donde ella estaba
llevando encima tan solo un slip mínimo, blanco y muy finito, semitransparente.
Se le mudaba el rostro y hacía como que miraba a otro lado. A mí eso me excitaba
mucho: decidir el momento, ponerme el slip o el tanga más provocativo, espiar
para que mi mujer no se enterara y acercarme así a mi suegra con cualquier
pretexto banal pero con la intención de exhibir mi cuerpo ante ella. Por
supuesto que cuando me acercaba ya estaba empalmado y mi paquete ostentaba un
bulto considerable. Algunas veces incluso humedecía mi prenda más íntima para
que fuera aún más transparente. Yo gozaba con su azoramiento y, a veces, tenía
que terminar masturbándome para aliviar mi excitación.

En una ocasión en que estábamos Elisa y yo solos en mi casa
me fui a duchar. Lo hice con la puerta del baño abierta y la llamé para que, por
favor, me acercara la toalla. Cuando me la tendió a través de las cortinas
inicié una conversación lo más natural que pude en la que exponía la necesidad
que teníamos los hombres de obtener un continuo alivio sexual, que ella me
gustaba y que deseaba hacerle el amor. "Estás loco!" me contestó. En mi interior
le di la razón pero yo continué con mi plan de caza.

Entonces íbamos con frecuencia los tres a una casa de campo.
La puerta del baño tenía un pequeño agujero por la que veía a Elisa ducharse:
tenía un cuerpo atractivo aunque no era ya una mujer demasiado joven. Unas tetas
medianas y todavía firmes y el oscuro vello que cubría su chumino no era tan
poblado como para no permitir que se le viera perfectamente el corte de aquella
raja que tanto deseaba yo penetrar y comerme. Me ponía a cien … pero me decía
a mi mismo que aún no había llegado el momento.

El siguiente paso que se me ocurrió lo llevé a cabo en
aquella misma casa. Un día por la mañana me armé de valor y me levanté el
primero de los tres. Cuando oí ruido en el dormitorio de mi suegra supe que ya
empezaba a levantarse. Me quité el pijama quedándome completamente desnudo y con
mi verga dura como un poste me arrimé a una esquina de la mesa del salón sobre
la que apoyé mis cojones y, agarrándome con la mano el tronco de mi cipote,
empecé a bambolear mi cuerpo en un movimiento de vaivén que imitaba la
copulación. Se me saltaba el corazón cuando Elisa salió en bata de su dormitorio
como todas las mañanas para ir al baño y se encontró con el espectáculo gratuito
que yo había montado para ella. Anduvo unos pasos, se detuvo al verme, dio media
vuelta y regresó a su cuarto donde estuvo un buen rato hasta que se atrevió a
salir de nuevo. Para entonces yo había regresado a mi cama junto a mi mujer.
Como yo miraba en otra dirección mientras agitaba mi miembro en la mano no
cruzamos nuestras miradas pero supe que ella se había tragado la visión de su
yerno en pelotas masturbándose a un par de metros o tres de ella.

Así, más o menos, sin prisas pero sin pausas, siguieron las
cosas durante dos o tres años. Por otra parte nuestro trato era tan cordial y
agradable como siempre pero yo sabía que ella sabía, y ella sabía que yo sabía
… ! Fue entonces cuando mi esposa cayó gravemente enferma. Al tercer año de su
enfermedad y conociendo que su final estaba anunciado yo me volqué en ella, pero
eso no impedía que yo siguiera teniendo necesidades sexuales. Elisa se vino a
vivir con nosotros para poder atender mejor a su hija y un buen día decidí dar
un paso definitivo. Cuando oí que ella estaba en la cocina preparando el
desayuno me levanté de la cama, fui donde ella estaba y sin decirle palabra
alguna me acerqué, metí mi mano por debajo de su falda hasta llegar a sus bragas
que franqueé y empecé a acariciar su mata de pelo y su tajo.

  • Ay, chico, por Dios, déjame … que Marisa se va a enterar

  • No te preocupes que está dormida y tú y yo necesitamos
    esto, le dije.

  • No, no. Suéltame. Házselo a Marimar (una de nuestras más
    íntimas amigas). A ella le gustara y seguro que se deja.

  • Ya, pero no está aquí y tú sí estás. Además tú también lo
    necesitas y sé que te gusta.

  • No, no, yo no quiero esto.

Ella decía que no quería "esto" pero para entonces yo me
había sacado ya el cipote y los huevos del interior del pijama y le había hecho
agarrármelos a Elisa con su mano. Con la boca decía una cosa pero hacía otra:
parecía que le hubieran pegado la mano con cola y no la apartaba del poste de mi
verga por nada a la vez que protestaba contra mi acción y se negaba
pudorosamente a continuar. Yo sabía de su lucha interna: por un lado necesitaba
sexo ella también, por otra parte yo era el marido de su hija … al que ella
deseaba sin atreverse a confesárselo a sí misma.

Ahí quedó la cosa y dejé pasar unos días. Nuestra relación
era como si no hubiera pasado nada pero había pasado mucho. Yo empecé a repetir
lo de levantarme por la mañana pronto los fines de semana, ir directamente a la
cocina al encuentro de mi suegra, desnudarme delante de ella en silencio y
abrazarla por detrás. Ella seguía trasteando como si nada pero sintiendo la
dureza de mi miembro desnudo apoyado fuertemente en sus nalgas. Le tocaba las
tetas, le levantaba las faldas, le bajaba las bragas y pegaba mi miembro contra
su culo. Poco a poco le fui enseñando a ponerse detrás de mí, entonces yo
separaba mucho las piernas y le decía que me la agarrara desde atrás. Ella lo
hacía entre ciertas protestas de inocencia y se veía que le encantaba.
Finalmente le metía la mano izquierda por delante, entre las bragas, y le
acariciaba la pepita mientras me masturbaba con la derecha. Ella esperaba muy
dócilmente a que me viniera y vertiera mi producción láctea para desahogar mi
excitación.

Después del doloroso fallecimiento de mi esposa pasaron unos
meses hasta que volví la carga definitiva.

Una tarde, al levantarme de una siesta, me aparecí desnudo
del todo en el salón donde ella estaba y le dije sin más preámbulo: Elisa, voy a
follarte. Me acerqué a ella, empecé a quitarle la ropa y comprendí que iba a ser
definitivamente mía cuando no opuso la menor resistencia. La senté en el sofá y
le separé las piernas lo más posible. Al fin pude mirarla a mis anchas,
recostada ahí con los atributos de su feminidad mostrados en su plenitud y
observados por mis ojos con descaro. Luego me dirigí al vídeo y puse en marcha
una película porno sentándome a su lado. Ya a las primeras escenas tomé su
cabeza y le obligué a mamármela: le encantaba!

  • ¿Te gusta cómo usan a esas hermosas putas de la película?

  • Sí … sí …

  • ¿Verdad que están cojonudas?

  • Sí, están muy buenas. Ya lo creo.

  • Saca más fuera el culo para ofrecerme mejor tu chocho, que
    te lo voy a masturbar.

Seguí haciendo comentarios acerca de la longitud de aquellos
nabos que se ensartaban en los orificios de aquellas espléndidas y sumisas
hembras, "mira cómo la tiene ése, está para comérsela … ya me gustaría a mí
también que me agarrara un tío así por banda y que hiciera conmigo lo que le
apeteciera …". Nos gustaba especialmente mirar cómo se la sacaban antes de
correrse y se vaciaban en las bocas y rostros de las chicas. Ella obedecía en
todo. Era, por fin, mía. Y yo me volvía loco mirando cómo crecía su excitación
mientras yo le acariciaba su clítoris arriba y abajo por medio de su pelambrera;
a un lado y al otro, hasta que le hacía estallar, jadear de placer incontenible
… le faltaba la respiración y no sabía para dónde mirar mientras buscaba
ansiosamente el aire que le faltaba para poder soportar las oleadas del gusto
que se adueñaba de todo su cuerpo.

Normalmente a mí me gustaba y me gusta prolongar mucho las
sesiones de sexo. Siempre me invento cosas para ello.

  • Cuéntame cómo te usaba tu marido.

  • Ay, pues no sé. Lo normal … no?

  • Supongo que además de joderte a veces te pedía que lo
    masturbaras, verdad?

  • Sí, claro.

  • ¿Cómo lo hacías?

  • Pues me llevaba al salón cuando no estaban los niños en
    casa, se sentaba desnudo en una butaca con las piernas abiertas y yo tenía que
    cogérsela con una mano y se la movía arriba y abajo hasta que no podía más y
    se le salía toda la leche a chorros

  • ¿Se la chupabas?

  • Claro, claro, como a ti.

  • ¿Tienes fantasías sexuales?

  • Pocas. La más habitual es que estoy paseando sola en un
    parque, se me acerca un hombre y me fuerza. Yo me resisto pero él me obliga y
    acaba violándome.

  • Y ¿te masturbas?

  • Sí. En la cama y a veces en un sofá.

  • ¿Te has masturbado pensando en mí?

  • Por supuesto, muchas veces.

  • Eres una puta, una zorra! ¿Lo sabías?

  • Sí pero no más que cualquier mujer. Todas somos por dentro
    unas putas y estamos locas porque nos jodáis.

  • ¿Cuándo empezaste a usar tu mano sobre tu raja?

  • Tendría diez u once años. Una vez, con el movimiento del
    tranvía, me excité y me corrí allí mismo.

  • ¿Te gusta cómo te uso sexualmente?

  • Sí, mucho.

  • Bésame.

Y abría su boca de para en par y yo me la comía entera. Y su
coño. Y sus tetas. Y toda ella hasta que volvía a explotar de gusto.

  • ¿Te acuerdas de Isabel, nuestra amiga?

  • Sí, me acuerdo.

  • Otra zorra. ¿Sabías que durante años fue mi esclava sexual?

  • No, no lo sabía. ¿Qué le hacías?

  • De todo. Teníamos hecho un pacto por el cual ella se dejaba
    usar por mí. Me gustaba especialmente mandarle masturbarse frente a mí
    recostada en un sillón. Cada vez que la visitaba en su apartamento le pedía
    que me trajera un cinturón de goma que ella tenía. Sabía muy bien para qué.

  • No la pegarías …

  • Oh, sí, justamente es lo que hacía. Y siempre antes le
    explicaba las razones aunque se las sabía de memoria: que era doloroso pero
    que ella lo necesitaba mucho y era imprescindible para que se sintiera
    esclava; y que cuando hubiera terminado no olvidara darme las gracias. 

  • Luego le mandaba ponerse en posición y ella se iba
    dócilmente siempre frente al mismo armario, se colocaba de pie con las piernas
    abiertas, en ligueros y calzada con zapatos de tacón alto, las manos atrás en
    la nuca y a esperar la lluvia de golpes que se le venía encima. Antes de
    empezar le anunciaba cuántos y dónde se los iba a administrar. El miedo se le
    traslucía en los ojos pero ello no impedía que yo le diera unos cincuenta
    correazos repartidos por el bajo vientre, las nalgas y la cara interior de los
    muslos que son muy sensibles y era donde más le dolía. Cuando terminaba ella
    me daba las gracias, yo la abrazaba y la besaba para consolarla y acto seguido
    la penetraba hasta satisfacerme.

  • Vaya … la muy guarra …!

  • ¿Hace años que tú me deseas a mí, verdad? le pregunté.

  • Pues claro …

  • ¿Y tú sabías que yo iba a por ti cuando me aparecía en slip
    delante de ti dejándome ver algunos pelos de mi vello púbico?

  • Hombre, claro, no soy tonta. Lo notaba todo. Como cuando te
    pusiste a hacerte una paja allí en medio del salón …

  • Y luego tú te masturbabas recordándolo, no?

  • Lógicamente. Cuando volví a mi habitación asustada por
    haberte visto así me tumbé en la cama, me subí el camisón y me puse a
    masturbarme como una loca.

  • A ver, Elisa, me voy a rasurar toda esta molesta pelambrera
    de la polla y de los cojones, ven y mira, le dije.

Fui al baño y volví con todo lo necesario. La puse bien cerca
de mí para que contemplara cómo iba cortándome primero con unas tijeras la larga
y espesa mata de pelos que recubría mis genitales y luego le mandé que fuera
sujetando cada zona mientras yo iba lentamente afeitándomelo hasta quedarme como
un niño impúber pero completamente limpio (y me ha gustado tanto ir afeitado que
ya no soporto desde entonces tener mi sexo en medio de tan espesa selva y sólo
me dejo un centímetro de pelo sobre el vientre, el resto tan limpio como mi cara
y sólo puedo usar tangas pequeños que me sujeten el paquete por delante y una
cinta ceñida a la raja de mi culo). Ve a la cama y espérame allí boca arriba y
con las piernas bien abiertas, le dije finalmente. Ella obedecía ya sin
rechistar todas mis órdenes. Después de lavarme y secarme bien fui a donde ella
me esperaba en la posición que le había mandado y me monté encima, "ábrete bien
esa raja de puta que tienes, que te voy a clavar la polla en ella". "Sí, sí,
húndela en mi coño …", la penetré y comencé el vaivén, dentro y fuera para
masturbarme la verga en el interior de su chocho mientras ella me acariciaba la
espalda y el culo. "Así me follo a las furcias como tú, guarra …!" y la culeé
hasta inundar su coño con mis chorros de esperma.

De ésta o parecidas formas he venido utilizando a mi suegra
Elisa para mi placer durante estos cinco o seis años últimos hasta que por
circunstancias de la vida ella ha tenido que irse a vivir a una ciudad muy
distante.

 

Resumen del relato:
    Todo empezó hace unos diez o doce años cuando una noche de amor con mi esposa le dije que me encantaría hacerle el amor a Elisa, su propia madre, viuda desde hacía muchos años.

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El que la sigue la consigue

El que la sigue la consigue (13)

Soy un, no se como decirlo, bueno un madurito de 36 años, soltero, vicioso,
bueno ya se pueden imaginar. Trabajo en la costa mediterránea, en un hostalito,
la verdad sea dicha que no es mucha cosa, pero se ven bastantes chicas en
verano.

Bueno les voy a relatar una aventura de este verano pasado.

Corria el mes de agosto, y me vinieron una pareja de jovencitos, 21 el y ella
19 como pude ver en sus documentos. Simpaticos, cada dia charlábamos un ratito,
yo la verdad a ella no la perdia de vista. Media sobre 170cms, un poco llenita,
pechos grandecitos, morenita, etc… bueno ya se pueden imaginar, un tio de 35
como yo se la comia con la vista. Cada dia al venir a dejar las llaves les decia
los mejores sitios de la isla, y las discos de moda.

Corria el mes de agosto, y mi compañero de trabajo, raul se llama, de 26
años, se fue de juerga con los chabales simpaticos. A la mañana siguiente me
tocaba el turno de mañana, llegaron los tres: la pareiita joven, y raul el
compañero. El joven turista llevaba una buena tajada, y la verdad que los otros
tambien les bastaba bien. Me vinieron a ver y reimos un rato, raul me dijo que
entraba por la tarde a las 3 y eran las 6 de la madrugada, por lo que querian
tomar la ultima copa alli, por lo que reimos un rato.

Me volvi a dirigir al trabajo, y al cabo de un rato, bajo mi asombro vino
raúl a que le dejara la llave de una habitación porque habian dejado al
compañero de la jovencita, y el raúl me dijo literalmente : me quiero follar la
rubia. Yo estaba muerto de envidiala verdad. Le di las llaves de una habitación.
Raul se fue agarrado a la rubia hacia la habitación.

Deje las llaves encima de la barra de recepción y me encamine hacia el balcon
de la habitación vecina, de la cual estaba raúl con la chica. Me moria de ganas
por ver lo que hacián.

Sali al balcón y entre al otro que era la habitación que raúl llevaba la
chica y observe a traves de las rendijas.

Entraron en la habitación y empezaron a morrearse, después el le quito la
blusa, y le observo las tetas, grandecitas y bonitas, y acto sequido le quito el
sostén , sus pechos saltarón libres y raúl las observaba con deleite, no tardo
en deslizar la mano debajo de la falda, pude ver como la introdujo y empezo a
pasearlos por el coño, Raúl saco los dedos y los olio, por lo que deduje que se
los habia introducido dentro del coño.

Raul le quito las bragas , y ella se arrodillo, empezo a darle besos en la
polla de arriba abajo y después pequeños lametones, en eso que raúl la cojio de
la nuca y le endiño toda la polla dentro de la boca. Ella se sorprendio, pero
agarro el pene y siquio moviéndolo hasta que salio de la boca y con el
borbotones de semen, salpicando su cara y mojando los pechos. Raul gruñia
mientras era ordeñado.

La chica quedo un poco decepcionada por la corrida rapida de Raul, por lo que
Raul se ofrecio a hacerle una paja, con lo que ella dijo: dejalo tio!.

Ensequida me fui a mi lugar de trabajo y alli Raul vino al cabo de unos diez
minutos.

Me dijo: tio si hubieras visto, lo he soltado todo antes de cepillarmela, por
lo que yo mentalmente dije: si lo he visto y estoy a tope.

Al cabo de un rato paso la chica y no me pude resistir, por lo que le entable
conversación y la invite a beber, al cabo de un rato, la tenia en el bote y
basto darle dos morreos para llevármela a la habitación.

Alli tan salido y caliente iba yo, que la despelote enseguida y le masajee
las tetas que las tenia pegajosa de Raul aun, pero eso no me importaba. Con una
mano le estrujaba las tetas y con la otra busque su coño. Ella gimio cuando le
entre el primer dedo, ella me agarro la polla y empezo a meneármela, me
arrodille y se la introduje en la boca. La verdad es que ese dia queria un
completo, y mas con una jovencita.

Parecia que iba lamiendo con hambre, mi amigo Raúl solo la había entrado en
ganas.

Le embesti con fuerza igual que si le follara el coño. Ella se saco la polla
de la boca y se tendio , invitándome a que la follara.

Se la meti con rapidez y la folle con fuerza, se la hiba metiendo hasta que
mis huevos llegaban a tope. Ella me mordia el cuello y me apretaba el culo. Iba
completamente ciego, y en eso que le dije a ver si le habian follado el culo
nunca, y ella me dijo que no.

Dia de suerte. Poder encular por primera vez una jovencita.

La gire de postura y le observe el culo. Una delicia. Le introduci dos dedos
previamente lamidos con mi saliva, para tener lubricado ese estrecho trasero y
tenerlo bien dilatado para una buena enculada, ella gemia y se dejaba hacer.
Descapulle mi polla y la coloque sobre su culo, acto seguido la introduje al
mismo tiempo que le abria bien las nalgas con las dos manos, empece lentamente
un mete-saca, ella empezo a mansturbarse el coño y después se corrio. Saque mi
polla y me corri encima de su espalda. Vaya gustazo.

A la tarde se levantarón los dos jovencitos, el con cara de resaca y ella
otro tanto, los salude y entro Raúl por la tarde. Lo salude y le dije que habia
tenido que terminar lo que el empezo.

Tambien me viene a la memoria lo de hace un año, que vino un matrimonio a
pasar las vacaciones, pero estos eran mas maduros, tendría sobre los 40, pero
ella aun estaba de buen ver. Era de esas señoras que se cuidan mucho. Una señora
alta, tetas grandes y un buen culo.

La señora cada dia venia a vernos a Raúl y a mi, bueno a todos, su marido se
pasaba los dias pescando en las rocas por lo que la señora se aburría.

Todo empezo un dia que como siempre su marido se había ido a pescar, ese día
yo estaba hablando con el camarero del bar de al lado, un tío de mi edad muy
juerguero también, en eso que entablamos conversación y en eso que el tio, que
se llama Lúis nos invito a un café al terminar mi turno, cosa que acepte y la
señora tambien.

Hablamos y nos dijo que tenian un hijo de 15 años que habia quedado en la
ciudad, que le gustaba mucho el sol pero su marido siempre practicaba la pesca
en vacaciones.

En eso que mi amigo Luis la invito esa misma tarde a su casita de campo, en
eso que ella acepto, quedamos.

Sobre las 3 de la tarde vino sin su marido, cojimos el coche y fuimos a las
afueras a la casita de mi colega, alli bebimos chatos de vino reimos, y mi amigo
ya se lanzaba.

Empezo por morrearla, y a sobarla, yo les dije que me retiraba un rato
afuera, quiñandole un ojo a lúis que ya me entendio.

Me dirigi a la ventana y los observe. El le quito la blusa y le sobaba las
tetas, al rato ella le toco el paquete y le abrio la cremallera, el se tendio en
el sofa. Empezo a mamarsela de arriba abajo, después se metio los huevos en la
boca, parecia que ni podia respirar se los habia metido todos en la boca, era
muy viciosa la tia, el Luis estaba gozando se le veía, era una situción morbosa
la mia.

La tumbo sobre la cama, empezo por hacer movimientos circulares con el pulgar
sobre el coño de la tia, ella separo más las piernas y el empezo a lamerle el
coño, le cogia del pelo y le presionaba para tener una lamida profunda.

Poco después empezo a montarla, le acerco la polla al coño de ella y le pego
una embestida seca(supongo que la tia estaria bien lubricada) la iba penetrando
profundamente, o eso se veia en las embestidas, el ritmo se hacia muy intenso,
luis hacia un buen mete-saca, el ritmo se hizo rapidísimo y oi un suspiro de el
y después de ella. Deduje que se habian corrido.

Luis salio a fuera y fumamos un pitillo. Reimos y me dijo que tenia un buen
coño la tia, y que se notaba que sabia follar, le dije que habia visto la
follada, y el riendo me dijo que su intención era correrse sobre las tetas de la
tia pero que no ha aguantado. Me dijo que me la tirara que me gustaria.

Poco después almorzamos y reimos más.

Una hora antes de irnos agarre a la tia, y hice que me hiciera una mamada, lo
cual me hizo, incluido comida de huevos, y al pajearme me introducia un dedo en
el ano, es decir toda una experta. Poco a poco la tia se iba soltando y se le
veia el vicio, yo por mi parte comprobe el coño el cual lleque a introducirle 4
dedos, pero a la tia no le gusto mucho por lo que empeze la follada.

Se puso a cuatro patas. Pude ver todo el coño y el culo. De hecho lo hizo
para que lo pudiera ver, a partir de ahí, la embesti con unas buenas
zambonbadas, ese coño absobia mucha polla, y en fin me corri sobre la espalda.

Y aquí les he contado la vida de un vicioso hostelero.

 

Resumen del relato:
    Las aventuras de un hostelero de la costa.

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