Tenía yo aproximadamente 14 años cuando de forma imprevista
presencié los siguientes hechos que sucedieron en mi propia casa durante una
ausencia de mis padres.
Mis padres habían salido esa mañana muy temprano en un viaje
imprevisto y nos quedamos solos mi hermana de 12 años y yo. Ambos asistíamos a
la secundaria y éramos dos enemigos viviendo bajo el mismo techo.
Mi hermana tenía sus amigos y amigas y yo los míos, aunque
debo aceptar que mi hermana era muy popular entre los muchachos y muchachas de
mi edad. Aprovechando la inesperada ausencia de mis padres, decidí irme de vago
con mis amigos al salir de la escuela y que mi hermanita se las ingeniara cómo
ella quisiera.
No sabía que mi hermana también tenía su plan: se salió de la
escuela o a la mejor no asistió. Nunca lo supe. Me di cuenta cuando volví a casa
mucho antes de la hora de costumbre y para entrar lo hice por la parte de atrás
ya que mi hermana traía la llave y ¡oh, sorpresa! que me esperaba: Mónica, mi
hermanita de 12 años en pleno agasajo con Arturo, mi amigo, de 15.
Al entrar por la parte de atrás de la casa, a través de una
ventana vi a mi hermanita Mónica y a Arturo, abrazados y besándose.
Sin que me vieran, de ahí me dirigí a la planta alta y tirado
en el piso del último escalón tenía una vista panorámica perfecta: mi hermana
estaba sentada en un sofá de la sala mientras que mi amigo arrodillado en la
alfombra la abrazaba acomodándose entre las piernas de mi hermana que las tenía
totalmente abiertas.
Ambos jadeaban y se besaban. Al ver aquél cuadro me excité y
me escondí para contemplar aquellas ardientes escenas de amor.
Mientras se besaban abrazados, Arturo metía sus manos por
debajo de la blusa de mi hermana y ella se dejaba tocara los senos que aún
estaban pequeños.
Arturo bajaba sus manos y acariciaba las piernas de Mónica
subiéndole las faldas poco a poco hasta que dejó su bikini al descubierto.
No entendí por qué yo estaba permitiendo que Arturo hiciera
aquello a Mónica, que aunque como hermanos no nos llevábamos bien, si la quería;
sin embargo estaba tan excitado que había sacado mi pene que estaba más grande
que de costumbre y me lo frotaba y deseaba que aquél juego continuara hasta su
consumación, como así fue.
Mientras mi hermana jadeaba, dejaba que Arturo poco a poco la
desnudara.
Así desbotonó la blusa de Mónica y quedaron sus pequeños
senos al descubierto. Arturo le empezó a succionar sus senos mientras bajaba su
falda y le quitaba el bikini.
Pude ver a mi hermanita totalmente desnuda: casi no tenía
pelitos en su pubis.
Arturo se empezó a desnudar sin separar sus labios de los
pequeños senos o del cuello o de los labios de Mónica, mientras ésta cerraba sus
ojos y jadeaba de lo excitada que estaba.
La acomodó en el sillón donde estaban y abrió más las piernas
de Mónica. Pude ver el pene de mi amigo Arturo perfectamente recto y duro
apuntando a su objetivo mientras éste le separaba los labios vaginales con sus
dedos. Mi hermana dijo entonces:
No, Arturo, no lo hagas, me harás daño, será muy
doloroso.
Arturo dijo:
Lo haré con cuidado. No te dolerá.
Mónica dice:
Puedo quedar embarazada, Arturo.
Arturo le contesta:
No te pasará nada; sé cómo cuidarnos.
Sin embargo no dejaban de abrazarse lo que me hacía suponer
que las palabras de mi hermanita no era lo que ella en verdad quería.
El pene de Arturo era un poco más grande que el mío, ya que
en algunas ocasiones nos habíamos masturbado junto con otros muchachos, amigos
de nuestra edad. Seguramente le medía como 15 cms. Y de un grosor regular.
Arturo tenía muchos pelos.
Estaba seguro que mi amigo Arturo no dejaría pasar tan única
oportunidad. Era su primera relación sexual, y también de mi hermanita.
Arturo acomodó las piernas de mi hermana sobre sus hombros y
pude ver como la casi lampiña rajita de mi hermanita quedaba lista para ser
penetrada.
Con sus dedos, nuevamente Arturo separó los labios vaginales
de Mónica y puso la cabeza de su duro pene en el hoyito de la rajita de mi
hermanita y empujó. Pude ver que entraba ya que al momento mi hermana gritó y le
salió sangre de su rajita.
¡Aaaayyyy, Arturo, sácala....!
Arturo no respondió, sino que empujó más fuerte.
¡Oooohhhhh, Arturo, me duele, sácala....!
Volvió Arturo a empujar y se que la introdujo toda ya que su
mata de pelos se apretó contra el pubis de mi hermanita.
Mónica lloraba y le suplicaba a Arturo que se la sacara, pero
éste continuaba en silencio mientras empezaba a moverse como un experto metiendo
y sacando su pene de la vagina sangrante de mi hermanita.
El llanto de mi hermanita cesó y pude ver como con gozo
abrazaba y besaba a Arturo.
¿Ya no te duele, mi amor? –preguntó Arturo.
Aún me duele, pero siento bonito. Me gusta que me cojas.
A mi también me duele mi verga. Es mi primera vez.
Te he entregado mi virginidad, Arturo. Seré tuya para
siempre.
Cuando seamos mayores nos casaremos y seremos muy
felices.
Métemela toda, Arturo, métemela toda.
Y Arturo ese día siguió cojiéndose a mi hermanita sin
compasión alguna y se veía que ella estaba gozando su primer penetración,
mientras yo me masturbaba por tercera ocasión tirado en la alfombra del segundo
piso de la casa desde dónde había contemplado el acto sexual inesperado en que
mi hermana fue penetrada sin que yo hiciera nada por evitarlo.
Este relato es totalmente verídico y sucedió en Culiacán
(México). Actualmente tengo 26 años y estoy a punto de casarme. Cada vez que lo
recuerdo me masturbo frenéticamente. He tenido relaciones sexuales con algunas
chicas pero nunca con mi novia, que es virgen.
Mi hermana Mónica se casó con otro hombre. Se que sigue
siendo amiga de Arturo. Desconozco si son amantes, pero dudo que esta haya sido
la primera y última vez que hayan tenido relaciones.
Arturo y yo seguimos siendo amigos y nunca le he hablado de
este punto. Seguro que él no sabe que yo se todo.
Si te ha gustado envíame un E-mail y te invito a que
intercambiemos este tipo de relatos.
Mi dirección electrónica es la siguiente:
POR CUESTIONES DE PRIVACIDAD ESTE EMAIL FUE REMOVIDO