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Vanessa (II)
Hetero: General- 2008-03-07 09:14:59
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VANESSA

CAPITULO II

 

La muerte de Don Joaquín entre las piernas de Vanessa, me trajo muchos problemas. A fin de cuentas, el viejo era un acaudalado hombre de negocios y la prensa sensacionalista es atraída por un escándalo de sexo y dinero como los tiburones lo son por la sangre.

Laurent, moun cherie, aún tenemos amigos de la vieja época.

Los buenos amigos nunca mueren.

Me pregunto si sus contactos llegarán hasta aquí.

Había conocido a Laurent en Puerto Banús. Era el típico hombre que, con sólo verlo, sabías que podía ser peligroso si un negocio que hicieras con él saliera mal. En realidad, el lujo y el ambiente que en ese entonces lo rodeaban, no podían ocultar – ni lo pretendían – que su fortuna provenía de muchos años de trajinar en los bajos fondos de Marsella y mover pacas de cigarrillos de contrabando por toda la costa del norte de Africa.

Qué puedo hacer por ti.

Le expliqué lo ocurrido y lo incomodo que me resultaban los periodistas indagando en mi vida y los inspectores de impuestos visitando mi empresa.

Alguien te llamará – me dijo. Y terminó la conversación con él invitándome a pasar un tiempo de vacaciones en Marbella.

Unas tres horas después, el teléfono sonó. Al otro lado de la línea, el acelerado y nervioso director de un periódico amarillista me pedía disculpas por la información errada que se había publicado y prometía disponerse a lavar mi imagen con la mayor celeridad posible.

Por cierto – le dije – no me agrada que llamen a mi asistente: "la yegua uruguaya".

Vanessa, mientras tanto, seguía mostrándose desanimada y poco interesada en el sexo. Cuando le conté que pronto iríamos a España de vacaciones, su única reacción fue un gesto de desgano e indiferencia.

Escucha, puta de mierda – le dije, tomándola por el pelo y acercando su rostro al mío – estoy cansado de tu actitud y de tu falta de ganas de tirar. Así que nos vamos a ir a España, vas a follar como una perra y, ahora mismo, te quitas la ropa si no quieres que te la arranque.

Tan pronto dejé de halarle el cabello, ella se levantó del sofá. Se quedó mirándome a los ojos por unos segundos e, inmediatamente, comenzó a desvestirse.

Necesitabas que te lo ordenara ¿verdad?

Sí, amo.

Ven acá y chúpame la verga hasta que te diga que pares.

Sí, amo.

Un par de semanas después, estabamos en España. Aterrizamos en Madrid y continuamos inmediatamente el viaje hasta Marbella. Allí nos esperaba un chofer, con un majestuoso BMW, para llevarnos hasta Puerto Banús. Según éste, Laurent y su esposa nos estaban esperando, junto con otros invitados, para lanzarnos a navegar tan pronto nosotros llegáramos. Me pareció divertido el plan y no hice más preguntas. Sin embargo, al llegar al muelle donde el barco se encontraba atracado, mi sorpresa fue tan grande que sólo alcance a exclamar:

Whaoo!... ¿De qué Jeque es este yate?.

El señor Laurent tiene buenos amigos – fue todo el comentario del prudente conductor.

Aquello me hizo recordar a un viejo amigo, ya fallecido, al que siempre escuche decir: "No hace falta tener dinero, sólo hace falta saber estar... donde el dinero está".

Como pude comprobar más tarde, el yate era inmenso, podía albergar cómodamente a 18 pasajeros y tenía una tripulación de 12 personas; aunque hoy, nos haríamos a la mar con sólo 6 de ellos y 7 pasajeros. Laurent y su esposa, Nica, una hermosa y exótica peruana que mantenía la misma figura de cuando la había conocido 12 años antes; la hija de ambos, una muñeca de 16 años; Roger, un buen amigo y servicial empleado de Laurent, al que siempre derroté en amenas y largas noches de poker; Laura, su esposa, una despampanante rubia española con un rostro angelical y un cuerpo hecho para el pecado; Vanessa y, por supuesto, yo.

Imagino que esta noche jugaremos – comentó Roger, una vez que todos nos habíamos dado a conocer y disfrutábamos de la primera botella de champán en una de las cubiertas del yate.

¿A qué juego te refieres, Roger? - inquirió pícaramente Nica.

A poker o gin, querida, mi amigo Toní tiene mucho de mi dinero en su bolsillo.

Yo pensé que pretendías ganarte a Vanessa en una partida de poker – intervino Laurent.

Aún estoy muy joven para morir, viejo amigo – respondió Roger, con una risotada.

A mí no me importaría morir, si es en medio de esas piernas – concluyó Laurent, lanzando una morbosa e insinuante mirada a mi yegua.

En poker o en gin, siempre estoy dispuesto a apostar; en especial, si la ganancia a obtener es cualquiera de las hermosas damas aquí presentes – afirmé galantemente.

Es un desafío? – preguntó Laurent.

Sólo si alguien levanta el guante... – respondí.

Después de la cena, la mesa nos estará esperando.

En la tarde tomamos el sol, seguimos bebiendo champán y el ambiente fue tornándose cada vez más suelto. Laurent no perdía oportunidad de coquetear con Vanessa y yo no dejaba de observar a Laura. La españolita siempre me había gustado y pensaba que esta podía ser la oportunidad de tirármela. Sin embargo, la primera sorpresa llegó cuando tuve que ir a mi camarote para utilizar el baño. Al final del estrecho pasillo que tenía que caminar, me encontré con Nicol. Aunque todavía pretendía verla como una niña, la verdad era que ya estaba muy desarrollada y su figura era una auténtica provocación.

Y yo voy a poder jugar esta noche? – me preguntó, adoptando una pose con la que pretendía mostrarme su bien moldeada figura.

Eso se lo tendrás que preguntar a tus padres – le dije.

Si yo jugara y tu ganaras ¿me escogerías a mí?.

La pregunta me tomó de sorpresa. Intentando evitar el tono sensual e insinuante que ella pretendía usar, le tomé la mano, la besé en los dedos y, como un tío que juega con su querida sobrina, le dije:

Nadie podría resistirse a una princesa como tú.

Me separé de ella, abrí la puerta a mi camarote y me decidía a entrar cuando la escuché decir:

Sabes... ya no soy virgen!.

La cena fue exquisita. Langosta en abundancia y vino hasta para decir basta. A las dos horas, todos estabamos ya tocados por los efectos del alcohol y los comentarios se tornaban cada vez más picantes. En un momento dado, en el que un cuento de Roger nos hizo reír a carcajadas, Nicol aprovechó para venir a sentarse a mi lado de la manera más casual. En principio no me percaté, pero pronto sentí como su mano se dejaba caer sobre mi muslo y ascendía por el hasta llegar al encuentro de mi verga. Algún gesto debí hacer, porque al levantar los ojos me encontré con la mirada cómplice de Laura.

Necesito tomar un poco de aire fresco...¿me acompañarías Tony?.

Agradecido con su intervención, salí a cubierta acompañando a Laura y pensando en la peligrosa Nicol.

Te tienen el ojo puesto – comentó ella

Es sólo una niña loca...y mis ojos están puestos en ti – le dije.

Galante y mentiroso, como siempre.

No miento...Ni entiendo porque lo dices.

Tu lo sabes bien.

Al contrario, lo que sé es que mis ojos es lo único que me has permitido poner sobre ti.

Tal vez es que eras lento para entender.

Para entender qué...que te gustaba calentarme con la mirada, para después salir corriendo cada vez que me acercaba a ti.

Tal vez deberías haber corrido detrás de mí.

Laura...esta noche voy a ganar al poker, y después te voy a dar la follada más salvaje que te han dado en tu vida. Te voy a dar verga hasta por donde nunca te han dado.

Estamos listos para jugar – sonó de pronto la voz de Nica, interrumpiendo la conversación.

Seis jugadores, dos mil dólares en fichas para cada uno, cien dólares el valor de cada prenda que nos quitáramos, y un único estilo de poker: Omaha Hold Them. Cuatro cartas cerradas en la mano, cinco abiertas sobre la mesa. Gana, la combinación más alta de 2 cartas de la mano con 3 de la mesa. Al final, un único ganador y todo el resto de los jugadores desnudos. De ahí en adelante, el ganador hará todo lo que quiera con ellos, son simplemente sus esclavos.

¿Las reglas están claras para todos?... Entonces, cartas, damas y caballeros.

Vanessa no jugaba muy bien, pero se defendía pasando y apostando sólo cuando sus cartas eran extremadamente buenas. Así, en una ocasión que apostaba por tercera vez seguida, Roger se lanzó con todo:

Mi resto, incluida toda mi ropa.

Vanessa aceptó, y la escalera al as que presentó el francés, ella la aniquiló con un full de reinas y sietes.

Nica fue la próxima en perder toda su ropa. Poco después lo hizo Vanessa. Los pechos desnudos de ésta hicieron estragos en la concentración de Laurent, y mi amigo pronto nos mostró todos los atributos que la naturaleza le había dado. Quedábamos mi viejo deseo insatisfecho y yo.

¿Todo a una mano, querido? – me preguntó ella.

Yo acepté y perdí. Eufórica, gritando su victoria, Laura saltó de la silla, tomó una botella de champán abierta, la agitó y comenzó a bañarnos a todos con la espumante bebida.

Gané, gané... y ahora, todos son mis esclavos.

Riéndonos, todos corríamos y tratábamos de escapar de ella. Hasta que Nica preguntó:

¿Y qué vas a ordenarnos hacer?.

La rubia se detuvo de pronto, paso la mirada sobre cada uno de nosotros y dijo:

Tú, Nica, te irás a mi camarote con Roger. Vanessa irá al suyo con Laurent. Y yo ocuparé el camarote real con Tony.

Nadie dijo nada. El más apurado por cumplir la orden parecía ser Laurent. Vanessa cruzó su mirada con la mía antes de acompañarlo como él solicitaba. Yo hice un gesto de aprobación y me quedé esperando a que Roger y Nica abandonaran también el salón. Cuando quedamos solos, me acerqué a Laura lentamente, giré para situarme a su espalda, y le susurré al oído;

¿Qué más ordenes tiene para mí la Reina esta noche?

Quiero que cumplas tu promesa – comenzó a responderme, sin voltearse – que me folles como nunca lo han hecho... y que me hagas tu puta esclava durante el resto de este viaje.

Lo último lo dijo volteando su rostro hacia mí. Yo la tomé del pelo, estrellé su boca contra la mía y comencé a morderle los labios. Cuando ella soltó el primer gemido, llevé mis manos hasta sus pechos, busqué los bordes del escote y hale con fuerza, hasta que el frente del vestido se rasgó. Entonces, la hice voltear. Quedó ante mí con la mitad del vestido roto, los pechos desnudos asomando entre los jirones de la tela, la respiración acelerada, y una mirada de encendido deseo brotando de sus ojos.

Voy a follarte como a una puta...y voy a hacerte sentir la más puta de todas.

Tras decir esto, terminé de arrancarle el vestido por completo, la tomé del pelo nuevamente, y empecé a conducirla así hasta el que era el camarote principal del yate.

Una vez allí, y con la puerta ya cerrada detrás de nosotros, le di una última oportunidad de retractarse.

¿Estás segura que quieres jugar el juego según mis reglas?.

Sí – me contestó.

Yo le di una cachetada que le encendió la mejilla, la empujé haciéndola caer de espaldas sobre la cama y le dije:

Ahora quiero verte masturbar... quiero ver como te tocas y te excitas hasta hacerte venir... y no quiero que te detengas por nada del mundo... ¿Entendiste?.

Laura obedeció sin decir palabra. Rápidamente se acomodó sobre la cama, subió las piernas hasta que sus rodillas quedaron en alto y, usando su mano derecha, comenzó a palpar con sus dedos los labios externos de su ya húmedo coño. Yo, mientras tanto, busqué por el camarote hasta encontrar una pequeña nevera. Saqué una botella de champán, la abrí y comencé a tomar directamente de la botella. Después, me acerqué a la cama, tomé un nuevo trago y dejé que un pequeño chorro cayera sobre su cuerpo. Ella lo esparció por su vientre y sus senos y me pidió más. Tomé nuevamente de la botella y, con mi boca llena, me incliné sobre sus labios, besé su boca abierta y deposité el champán en ella.

Te gusta sentirte como una puta ¿verdad?

Ella respondió sólo con una sonrisa. Así que volví a preguntarle.

¿Desde cuando eres la puta de Laurent?.

¿Qué quieres decir? – preguntó ella de vuelta, rápidamente.

¿Qué desde cuando te folla Laurent?... Y espero que no lo niegues.

Desde hace unos 8 años – soltó al fin, resignada.

Nica y tu marido lo saben, por supuesto?

Sí...

Y Roger te entregó a él?... o fuiste tu misma?.

Un poco de las dos...

Qué significa eso?... y no dejes de tocarte – la advertí.

Cada vez que salíamos a cenar o nos encontrábamos socialmente en algún lugar, Laurent comenzaba a asediarme. En una ocasión, me puso una mano en las nalgas descaradamente. Yo intenté reclamarle diciendo que era una mujer casada. Y él me respondió que, por eso mismo, él tenía derecho a tocarme. A fin de cuentas, me dijo, todo lo que tiene tu esposo, me pertenece o me lo debe.

Y tu sabías que Roger no discutiría ese razonamiento.

Sí, lo sabia.

Entonces...?

Esa misma noche, un rato más tarde, Laurent me tomó del brazo, me llevó a una esquina del salón y allí se detuvo unos minutos haciéndose el que charlaba conmigo algo importante. Cuando consideró que ya ningún otro invitado nos observaba. Volvió a tomarme del brazo y me hizo salir rápidamente por una puerta que daba a un garaje cerrado.

Mientras ella hablaba, yo había comenzado a insertar uno de mis dedos dentro de su coño. En el momento que le pedí que continuara, le inserté el segundo.

Cuando le pregunté qué hacía trayéndome ahí, el me respondió que yo lo sabía muy bien. Me llevó hasta el fondo del garaje, me apoyó contra un carro, me hizo voltear de espaldas a él y me forzó a inclinarme sobre el capó. Después, sin ningún preámbulo, me subió el vestido, apartó mi tanga a un lado y me penetró de una.

El tercero de mis dedos entró a hacer compañía a los dos anteriores.

Sigue... – le dije, mientras ella soltaba un pequeño gemido.

Me folló con rudeza, con rapidez, sin preocuparse nunca por mi placer. Sólo lo metió y lo sacó hasta que descargó toda su leche dentro de mí.

Y desde entonces ha seguido usándote cada vez que quiere.

Sí.

Y te gusta.

Mantenemos un buen nivel de vida, con mi marido.

No me has respondido.

Me excita que me use como una puta, como un objeto.

En realidad, ninguna de sus respuestas me sorprendió. Todas resultaban predecibles; no obstante, me gustaba, me arrechaba escuchar sus confesiones.

Levántate – le dije, sacando los dedos de su coño e incorporándome yo mismo.

Cuando lo hizo, la tomé de la mano y la llevé frente al espejo del baño del camarote.

Mírate bien...mírate en el espejo, porque ahora quiero que veas como me follo a una puta como tú.

Hazlo... – me dijo, excitada – haz lo que quieras conmigo.

Abre las piernas, puta zorra – le dije al tiempo que descargaba una sonora palmada en sus nalgas.

Síiii...dame.

Volví a darle otra nalgada, esta más fuerte, y aproveche los fluidos de su coño para untar con ellos la entrada a su ano.

Sí, encúlame sí.

Tomando la verga en mi mano, la pase entre los labios de su coño buscando poder lubricarla. El gesto lo repetí tres o cuatro veces, hasta sentir que mi verga estaba lista y la ardiente española ya no podía aguantar más.

Métemela, cabrón, métemela...

Sin esperar más, coloqué la punta de mi instrumento en la entrada a su culo y comencé a empujar.

Me matas... – alcanzó a decir ella, antes de soltar un alarido de dolor.

No te gusta que te partan el culo? – le pregunté, mientras seguía empujándosela dentro y la tomaba de las tetas con mis manos.

Es demasiado grande...

Más que la de Laurent...más que la de Roger?

Laurent la tiene pequeña...muy pequeña.

Aquello me sorprendió de verdad. Primero pense que eran sólo palabras, un intento de halagarme. Pero, un instante después, la curiosidad pudo más que yo.

Cuán pequeña es...zorra?.

La picha de un niño...es la picha de un niño.

De pronto, casi me carcajeo pensando en la cara de sorpresa y frustración que habría puesto Vanessa. Entonces, levante la vista hacia el espejo y volví a fijarme en Laura. La vi hermosa, envuelta en una oleada de lujuria que recorría todo su cuerpo. Inclinada hacia delante, apoyada en sus manos, las nalgas lanzadas hacia tras, la cabeza moviéndose de un lado al otro, la mirada perdida, la boca abierta buscando aire, sus senos aplastados por mis manos y su culo invadido por mi verga.

Así te quería ver – le dije –así te quería tener.

Tuya, toda tuya.

Mírate al espejo... mira como te parto el culo.

En ese momento, la tomé del pelo y la obligué a levantar la cabeza para que nos viera a ambos reflejados, follando como animales.

Ella, no se lo que vio en el espejo. Pero yo, lo que vi, fue a la morena que unos meses antes había entrado en mi vida, y ahora no sabía si alguna vez podría llegar a sacarla de la misma. Al follar a Laura, al tomarla del pelo y penetrarla, no estaba de verdad montándola, estaba cabalgando sobre mi "yegua uruguaya".

Continuará...

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