VANESSA
CAPITULO II
La muerte de Don Joaquín entre las piernas de Vanessa, me
trajo muchos problemas. A fin de cuentas, el viejo era un acaudalado hombre de
negocios y la prensa sensacionalista es atraída por un escándalo de sexo y
dinero como los tiburones lo son por la sangre.
Laurent, moun cherie, aún tenemos amigos de la vieja época.
Los buenos amigos nunca mueren.
Me pregunto si sus contactos llegarán hasta aquí.
Había conocido a Laurent en Puerto Banús. Era el típico
hombre que, con sólo verlo, sabías que podía ser peligroso si un negocio que
hicieras con él saliera mal. En realidad, el lujo y el ambiente que en ese
entonces lo rodeaban, no podían ocultar – ni lo pretendían – que su fortuna
provenía de muchos años de trajinar en los bajos fondos de Marsella y mover
pacas de cigarrillos de contrabando por toda la costa del norte de Africa.
Qué puedo hacer por ti.
Le expliqué lo ocurrido y lo incomodo que me resultaban los
periodistas indagando en mi vida y los inspectores de impuestos visitando mi
empresa.
Alguien te llamará – me dijo. Y terminó la conversación
con él invitándome a pasar un tiempo de vacaciones en Marbella.
Unas tres horas después, el teléfono sonó. Al otro lado de la
línea, el acelerado y nervioso director de un periódico amarillista me pedía
disculpas por la información errada que se había publicado y prometía disponerse
a lavar mi imagen con la mayor celeridad posible.
Por cierto – le dije – no me agrada que llamen a mi
asistente: "la yegua uruguaya".
Vanessa, mientras tanto, seguía mostrándose desanimada y poco
interesada en el sexo. Cuando le conté que pronto iríamos a España de
vacaciones, su única reacción fue un gesto de desgano e indiferencia.
Escucha, puta de mierda – le dije, tomándola por el
pelo y acercando su rostro al mío – estoy cansado de tu actitud y de tu
falta de ganas de tirar. Así que nos vamos a ir a España, vas a follar como
una perra y, ahora mismo, te quitas la ropa si no quieres que te la arranque.
Tan pronto dejé de halarle el cabello, ella se levantó del
sofá. Se quedó mirándome a los ojos por unos segundos e, inmediatamente, comenzó
a desvestirse.
Necesitabas que te lo ordenara ¿verdad?
Sí, amo.
Ven acá y chúpame la verga hasta que te diga que pares.
Sí, amo.
Un par de semanas después, estabamos en España. Aterrizamos
en Madrid y continuamos inmediatamente el viaje hasta Marbella. Allí nos
esperaba un chofer, con un majestuoso BMW, para llevarnos hasta Puerto Banús.
Según éste, Laurent y su esposa nos estaban esperando, junto con otros
invitados, para lanzarnos a navegar tan pronto nosotros llegáramos. Me pareció
divertido el plan y no hice más preguntas. Sin embargo, al llegar al muelle
donde el barco se encontraba atracado, mi sorpresa fue tan grande que sólo
alcance a exclamar:
Whaoo!... ¿De qué Jeque es este yate?.
El señor Laurent tiene buenos amigos – fue todo el
comentario del prudente conductor.
Aquello me hizo recordar a un viejo amigo, ya fallecido, al
que siempre escuche decir: "No hace falta tener dinero, sólo hace falta saber
estar... donde el dinero está".
Como pude comprobar más tarde, el yate era inmenso, podía
albergar cómodamente a 18 pasajeros y tenía una tripulación de 12 personas;
aunque hoy, nos haríamos a la mar con sólo 6 de ellos y 7 pasajeros. Laurent y
su esposa, Nica, una hermosa y exótica peruana que mantenía la misma figura de
cuando la había conocido 12 años antes; la hija de ambos, una muñeca de 16 años;
Roger, un buen amigo y servicial empleado de Laurent, al que siempre derroté en
amenas y largas noches de poker; Laura, su esposa, una despampanante rubia
española con un rostro angelical y un cuerpo hecho para el pecado; Vanessa y,
por supuesto, yo.
Imagino que esta noche jugaremos – comentó Roger, una
vez que todos nos habíamos dado a conocer y disfrutábamos de la primera
botella de champán en una de las cubiertas del yate.
¿A qué juego te refieres, Roger? - inquirió pícaramente
Nica.
A poker o gin, querida, mi amigo Toní tiene mucho de mi
dinero en su bolsillo.
Yo pensé que pretendías ganarte a Vanessa en una partida de
poker – intervino Laurent.
Aún estoy muy joven para morir, viejo amigo – respondió
Roger, con una risotada.
A mí no me importaría morir, si es en medio de esas piernas
– concluyó Laurent, lanzando una morbosa e insinuante mirada a mi yegua.
En poker o en gin, siempre estoy dispuesto a apostar;
en especial, si la ganancia a obtener es cualquiera de las hermosas damas
aquí presentes – afirmé galantemente.
Es un desafío? – preguntó Laurent.
Sólo si alguien levanta el guante... – respondí.
Después de la cena, la mesa nos estará esperando.
En la tarde tomamos el sol, seguimos bebiendo champán y el
ambiente fue tornándose cada vez más suelto. Laurent no perdía oportunidad de
coquetear con Vanessa y yo no dejaba de observar a Laura. La españolita siempre
me había gustado y pensaba que esta podía ser la oportunidad de tirármela. Sin
embargo, la primera sorpresa llegó cuando tuve que ir a mi camarote para
utilizar el baño. Al final del estrecho pasillo que tenía que caminar, me
encontré con Nicol. Aunque todavía pretendía verla como una niña, la verdad era
que ya estaba muy desarrollada y su figura era una auténtica provocación.
Y yo voy a poder jugar esta noche? – me preguntó,
adoptando una pose con la que pretendía mostrarme su bien moldeada figura.
Eso se lo tendrás que preguntar a tus padres – le dije.
Si yo jugara y tu ganaras ¿me escogerías a mí?.
La pregunta me tomó de sorpresa. Intentando evitar el tono
sensual e insinuante que ella pretendía usar, le tomé la mano, la besé en los
dedos y, como un tío que juega con su querida sobrina, le dije:
Nadie podría resistirse a una princesa como tú.
Me separé de ella, abrí la puerta a mi camarote y me decidía
a entrar cuando la escuché decir:
Sabes... ya no soy virgen!.
La cena fue exquisita. Langosta en abundancia y vino hasta
para decir basta. A las dos horas, todos estabamos ya tocados por los efectos
del alcohol y los comentarios se tornaban cada vez más picantes. En un momento
dado, en el que un cuento de Roger nos hizo reír a carcajadas, Nicol aprovechó
para venir a sentarse a mi lado de la manera más casual. En principio no me
percaté, pero pronto sentí como su mano se dejaba caer sobre mi muslo y ascendía
por el hasta llegar al encuentro de mi verga. Algún gesto debí hacer, porque al
levantar los ojos me encontré con la mirada cómplice de Laura.
Necesito tomar un poco de aire fresco...¿me acompañarías
Tony?.
Agradecido con su intervención, salí a cubierta acompañando a
Laura y pensando en la peligrosa Nicol.
Te tienen el ojo puesto – comentó ella
Es sólo una niña loca...y mis ojos están puestos en ti –
le dije.
Galante y mentiroso, como siempre.
No miento...Ni entiendo porque lo dices.
Tu lo sabes bien.
Al contrario, lo que sé es que mis ojos es lo único que me
has permitido poner sobre ti.
Tal vez es que eras lento para entender.
Para entender qué...que te gustaba calentarme con la
mirada, para después salir corriendo cada vez que me acercaba a ti.
Tal vez deberías haber corrido detrás de mí.
Laura...esta noche voy a ganar al poker, y después te voy a
dar la follada más salvaje que te han dado en tu vida. Te voy a dar
verga hasta por donde nunca te han dado.
Estamos listos para jugar – sonó de pronto la voz de
Nica, interrumpiendo la conversación.
Seis jugadores, dos mil dólares en fichas para cada uno, cien
dólares el valor de cada prenda que nos quitáramos, y un único estilo de poker:
Omaha Hold Them. Cuatro cartas cerradas en la mano, cinco abiertas sobre la
mesa. Gana, la combinación más alta de 2 cartas de la mano con 3 de la mesa. Al
final, un único ganador y todo el resto de los jugadores desnudos. De ahí en
adelante, el ganador hará todo lo que quiera con ellos, son simplemente sus
esclavos.
¿Las reglas están claras para todos?... Entonces,
cartas, damas y caballeros.
Vanessa no jugaba muy bien, pero se defendía pasando y
apostando sólo cuando sus cartas eran extremadamente buenas. Así, en una ocasión
que apostaba por tercera vez seguida, Roger se lanzó con todo:
Mi resto, incluida toda mi ropa.
Vanessa aceptó, y la escalera al as que presentó el francés,
ella la aniquiló con un full de reinas y sietes.
Nica fue la próxima en perder toda su ropa. Poco después lo
hizo Vanessa. Los pechos desnudos de ésta hicieron estragos en la concentración
de Laurent, y mi amigo pronto nos mostró todos los atributos que la naturaleza
le había dado. Quedábamos mi viejo deseo insatisfecho y yo.
¿Todo a una mano, querido? – me preguntó ella.
Yo acepté y perdí. Eufórica, gritando su victoria, Laura
saltó de la silla, tomó una botella de champán abierta, la agitó y comenzó a
bañarnos a todos con la espumante bebida.
Gané, gané... y ahora, todos son mis esclavos.
Riéndonos, todos corríamos y tratábamos de escapar de ella.
Hasta que Nica preguntó:
¿Y qué vas a ordenarnos hacer?.
La rubia se detuvo de pronto, paso la mirada sobre cada uno
de nosotros y dijo:
Tú, Nica, te irás a mi camarote con Roger. Vanessa irá al
suyo con Laurent. Y yo ocuparé el camarote real con Tony.
Nadie dijo nada. El más apurado por cumplir la orden parecía
ser Laurent. Vanessa cruzó su mirada con la mía antes de acompañarlo como él
solicitaba. Yo hice un gesto de aprobación y me quedé esperando a que Roger y
Nica abandonaran también el salón. Cuando quedamos solos, me acerqué a Laura
lentamente, giré para situarme a su espalda, y le susurré al oído;
¿Qué más ordenes tiene para mí la Reina esta noche?
Quiero que cumplas tu promesa – comenzó a responderme,
sin voltearse – que me folles como nunca lo han hecho... y que me hagas tu
puta esclava durante el resto de este viaje.
Lo último lo dijo volteando su rostro hacia mí. Yo la tomé
del pelo, estrellé su boca contra la mía y comencé a morderle los labios. Cuando
ella soltó el primer gemido, llevé mis manos hasta sus pechos, busqué los bordes
del escote y hale con fuerza, hasta que el frente del vestido se rasgó.
Entonces, la hice voltear. Quedó ante mí con la mitad del vestido roto, los
pechos desnudos asomando entre los jirones de la tela, la respiración acelerada,
y una mirada de encendido deseo brotando de sus ojos.
Voy a follarte como a una puta...y voy a hacerte sentir la
más puta de todas.
Tras decir esto, terminé de arrancarle el vestido por
completo, la tomé del pelo nuevamente, y empecé a conducirla así hasta el que
era el camarote principal del yate.
Una vez allí, y con la puerta ya cerrada detrás de nosotros,
le di una última oportunidad de retractarse.
¿Estás segura que quieres jugar el juego según mis reglas?.
Sí – me contestó.
Yo le di una cachetada que le encendió la mejilla, la empujé
haciéndola caer de espaldas sobre la cama y le dije:
Ahora quiero verte masturbar... quiero ver como te tocas y
te excitas hasta hacerte venir... y no quiero que te detengas por nada del
mundo... ¿Entendiste?.
Laura obedeció sin decir palabra. Rápidamente se acomodó
sobre la cama, subió las piernas hasta que sus rodillas quedaron en alto y,
usando su mano derecha, comenzó a palpar con sus dedos los labios externos de su
ya húmedo coño. Yo, mientras tanto, busqué por el camarote hasta encontrar una
pequeña nevera. Saqué una botella de champán, la abrí y comencé a tomar
directamente de la botella. Después, me acerqué a la cama, tomé un nuevo trago y
dejé que un pequeño chorro cayera sobre su cuerpo. Ella lo esparció por su
vientre y sus senos y me pidió más. Tomé nuevamente de la botella y, con mi boca
llena, me incliné sobre sus labios, besé su boca abierta y deposité el champán
en ella.
Te gusta sentirte como una puta ¿verdad?
Ella respondió sólo con una sonrisa. Así que volví a
preguntarle.
¿Desde cuando eres la puta de Laurent?.
¿Qué quieres decir? – preguntó ella de vuelta,
rápidamente.
¿Qué desde cuando te folla Laurent?... Y espero que
no lo niegues.
Desde hace unos 8 años – soltó al fin, resignada.
Nica y tu marido lo saben, por supuesto?
Sí...
Y Roger te entregó a él?... o fuiste tu misma?.
Un poco de las dos...
Qué significa eso?... y no dejes de tocarte – la
advertí.
Cada vez que salíamos a cenar o nos encontrábamos
socialmente en algún lugar, Laurent comenzaba a asediarme. En una ocasión, me
puso una mano en las nalgas descaradamente. Yo intenté reclamarle diciendo que
era una mujer casada. Y él me respondió que, por eso mismo, él tenía derecho a
tocarme. A fin de cuentas, me dijo, todo lo que tiene tu esposo, me pertenece
o me lo debe.
Y tu sabías que Roger no discutiría ese razonamiento.
Sí, lo sabia.
Entonces...?
Esa misma noche, un rato más tarde, Laurent me tomó del
brazo, me llevó a una esquina del salón y allí se detuvo unos minutos
haciéndose el que charlaba conmigo algo importante. Cuando consideró que ya
ningún otro invitado nos observaba. Volvió a tomarme del brazo y me hizo salir
rápidamente por una puerta que daba a un garaje cerrado.
Mientras ella hablaba, yo había comenzado a insertar uno de
mis dedos dentro de su coño. En el momento que le pedí que continuara, le
inserté el segundo.
Cuando le pregunté qué hacía trayéndome ahí, el me
respondió que yo lo sabía muy bien. Me llevó hasta el fondo del garaje, me
apoyó contra un carro, me hizo voltear de espaldas a él y me forzó a
inclinarme sobre el capó. Después, sin ningún preámbulo, me subió el vestido,
apartó mi tanga a un lado y me penetró de una.
El tercero de mis dedos entró a hacer compañía a los dos
anteriores.
Sigue... – le dije, mientras ella soltaba un pequeño
gemido.
Me folló con rudeza, con rapidez, sin preocuparse nunca por
mi placer. Sólo lo metió y lo sacó hasta que descargó toda su leche dentro de
mí.
Y desde entonces ha seguido usándote cada vez que quiere.
Sí.
Y te gusta.
Mantenemos un buen nivel de vida, con mi marido.
No me has respondido.
Me excita que me use como una puta, como un objeto.
En realidad, ninguna de sus respuestas me sorprendió. Todas
resultaban predecibles; no obstante, me gustaba, me arrechaba escuchar sus
confesiones.
Levántate – le dije, sacando los dedos de su coño e
incorporándome yo mismo.
Cuando lo hizo, la tomé de la mano y la llevé frente al
espejo del baño del camarote.
Mírate bien...mírate en el espejo, porque ahora quiero que
veas como me follo a una puta como tú.
Hazlo... – me dijo, excitada – haz lo que quieras
conmigo.
Abre las piernas, puta zorra – le dije al tiempo que
descargaba una sonora palmada en sus nalgas.
Síiii...dame.
Volví a darle otra nalgada, esta más fuerte, y aproveche los
fluidos de su coño para untar con ellos la entrada a su ano.
Sí, encúlame sí.
Tomando la verga en mi mano, la pase entre los labios de su
coño buscando poder lubricarla. El gesto lo repetí tres o cuatro veces, hasta
sentir que mi verga estaba lista y la ardiente española ya no podía aguantar
más.
Métemela, cabrón, métemela...
Sin esperar más, coloqué la punta de mi instrumento en la
entrada a su culo y comencé a empujar.
Me matas... – alcanzó a decir ella, antes de soltar un
alarido de dolor.
No te gusta que te partan el culo? – le pregunté,
mientras seguía empujándosela dentro y la tomaba de las tetas con mis manos.
Es demasiado grande...
Más que la de Laurent...más que la de Roger?
Laurent la tiene pequeña...muy pequeña.
Aquello me sorprendió de verdad. Primero pense que eran sólo
palabras, un intento de halagarme. Pero, un instante después, la curiosidad pudo
más que yo.
Cuán pequeña es...zorra?.
La picha de un niño...es la picha de un niño.
De pronto, casi me carcajeo pensando en la cara de sorpresa y
frustración que habría puesto Vanessa. Entonces, levante la vista hacia el
espejo y volví a fijarme en Laura. La vi hermosa, envuelta en una oleada de
lujuria que recorría todo su cuerpo. Inclinada hacia delante, apoyada en sus
manos, las nalgas lanzadas hacia tras, la cabeza moviéndose de un lado al otro,
la mirada perdida, la boca abierta buscando aire, sus senos aplastados por mis
manos y su culo invadido por mi verga.
Así te quería ver – le dije –así te quería tener.
Tuya, toda tuya.
Mírate al espejo... mira como te parto el culo.
En ese momento, la tomé del pelo y la obligué a levantar la
cabeza para que nos viera a ambos reflejados, follando como animales.
Ella, no se lo que vio en el espejo. Pero yo, lo que vi, fue
a la morena que unos meses antes había entrado en mi vida, y ahora no sabía si
alguna vez podría llegar a sacarla de la misma. Al follar a Laura, al tomarla
del pelo y penetrarla, no estaba de verdad montándola, estaba cabalgando sobre
mi "yegua uruguaya".
Continuará...