Considero imprescindible leer o releer el capítulo anterior
ya que es posible que no se entienda cómo se llega a la situación actual.
. . . . . .
Ese sábado pasé por casa de mis padres a dejarles el bebé. Mi
disculpa era que me habían invitado a una exposición de pintura, a la que saben
soy aficionada, y que ya estaba cansada de tanto tiempo en casa tirando del
nene. Me hacía falta una distracción. Mamá, como siempre fue comprensiva y se
hizo cargo de mi bebé sin ningún reproche.
Salí camino de Vallgorguina y antes de llegar a la mansión de
mis adorables amantes, paré en el camino para ponerme los grandes aros nuevos de
los pezones. El del clítoris ya lo llevaba puesto, pero los de los pechos aún no
porque se marcaban en el vestido y no podía arriesgarme a que los notasen mis
padres.
Me abrió la puerta la encantadora Olalla, vestida someramente
con unas medias y un corsé, que me besó larga y afectuosamente repasando toda mi
boca con su lengua.
- ¡Pero Mabel!, estás de lujo. Ese pelo corto te sienta muy
sexi y tienes una silueta que pocas consiguen después de un parto a los 40 años.
Anda, ven arriba cariño, vamos a prepararnos para los machos. Ellos están abajo
jugando en el gabinete SM con Café y Leche.
- ¿Café y Leche?
- Ah, perdona, no te dije. Son las dos novias de Luc. Café no
iba a venir porque le tocaba turno de trabajo, pero por fin ha podido cambiarlo
con una compañera. Ellas se llaman realmente Patty y Gloria. Pero Luc las llama
Café y Leche porque Patty es muy negra y Gloria es muy blanca. Verás qué
atractivo contraste hacen las dos.
- ¿Y a ellas les parece normal que Luc tenga dos mujeres?
¿Viven juntos?
- Si, viven los tres juntos. A Patty no le pareció nunca
insólito porque ella es musulmana, y en su país de origen, Senegal, es habitual
que los hombres tengan esposa y además algunas concubinas. Gloria es una
chiquilla atolondrada, no se cuestiona casi nada, se deja llevar.
- Y así que no estará tu marido, Eloy.
- No, está en Niza.
- Qué lástima. Vamos a ser cuatro coños para solo dos pollas.
- Bueno, cuatro coños, cuatro culos, cuatro bocas, ocho
manos, ocho pechos. Pero no necesariamente tiene que ser atendidos por una
polla, ¿no? .... y además puede haber otras pollas .... -dijo misteriosamente.
- Pues tienes razón. No es necesaria una polla. Me gustó
mucho tu boca jugueteando en mi vulva y tu mano en mi útero.
- Mira tesoro. Te voy a preparar para la verga de Luc. Es muy
grande y larga y conviene adoptar antes algunas medidas para que te resulte
agradable.
- Me asustas Olalla. ¿Tan grande es?
- En general pocas mujeres se la admiten dentro en su
totalidad. Sus dos mujeres sí, y yo también, pero es por la práctica. Yo creo
que tu no tendrás ningún problema porque acabas de parir y tendrás aún el útero
dilatado. Aún así déjame hacerte. Anda, desnúdate. ¿Traes las tripas limpias? Yo
tengo que ponerme un enema.
Mientras me desnudaba, Olalla buscó un frasco. Era de
lubricante anal como el que me puso la vez anterior. Me untó el culo y me
entregó un consolador muy grueso, larguísimo y de doble cabeza. Era rojo.
- Amor, fóllate el culo con esto y te lo metes lo más que
puedas. Ponte ahí, de rodillas en el suelo y las tetas sobre la cama, de
espaldas a mi, y así te veo desde el baño mientras me pongo la irrigación. Me
pone caliente verte nena. Me gustas mucho.
Yo me puse a mi labor. El consolador era demasiado grueso y
sentía cómo el esfínter de mi ano se lamentaba del intento por meterlo. Pero yo
ya confiaba en su capacidad de adaptación y terminé por doblegar el rebelde
músculo. Una vez dentro la cabeza comencé paulatinamente a meterlo cada vez más.
Sentía cómo mis tripas eran enderezadas por la gruesa butifarra colorada. Ni
quería saber cuanto de ella estaba ya dentro. Yo solo quería estar bien
dispuesta para acoger en mi interior la enorme polla negra que Olalla me había
prometido.
- Bueno ya tengo las tripas limpias, quiero ser la primera en
probar la leche de esas hermosas ubres que veo. Déjame antes que compruebe
cuanto te has metido en el culo. - Me dijo Olalla una vez terminada su ablución.
- Oooohh, nena. Mete un poco más. Si ya ha entrado en todo lo
ancho, no te preocupes por el largo. El intestino es larguísimo.
- Ya Olalla, pero es que siento rara la barriga, y gases.
- Anda nena, te lo saco, pedorreas y lo volvemos a meter.
- Me da corte Olalla.
- ¿Corte por pedorrear?. Eso es sano y necesario. Como purgar
la calefacción para que los radiadores estén más calientes. Levanta el culo bien
mientras te lo saco.
Cuando me sacó el descomunal dildo se me escaparon los gases
y me puse colorada.
- Bueno. ¿Y eso te preocupa?. ¿Un pedete?. Verás qué
guarradas llegas a hacer si sigues visitándonos.
Yo pensé en lo de su incesto con Dani y me puse aún más
colorada al recordar mis sueños con mi hijo mayor Carles.
- Ahora, amor, te lo meto yo.
Aguanté estoica la penetración del gran salchichón rojo,
sorprendentemente ni me morí ni hubo que llamar a una ambulancia. Me sentí más
confiada, a pesar de que mis tripas estaban algo inquietas y reclamaban su
postura normal.
- Cariñito, para el coño se encarga mi puño. ¿Confías en mi?.
No es como la otra vez que tenías dentro al bebé. Ahora iré más al fondo del
útero y voy a presionar hasta que vea si puedes admitir la polla de Luc.
- Me fío de ti Olalla, hasta ahora siempre has tenido razón.
Pero por favor, no me hagas daño.
La experta mujer me metió delicadamente su mano en el coño,
dedo a dedo, después, dentro la mano, cerró el puño y fue avanzando en su
interior poco a poco. La notaba casi en el estómago y seguía empujando, me
dificultaba la respiración. Vi que tenía todo su antebrazo dentro de mi. Me
entró pánico e iba a implorarle terminar cuando lo decidió ella.
- Entra, cariño, entra de sobra. Harás a Luc muy feliz y a ti
misma también.
- Pfffffssss. Ya estaba a punto de decir basta.
- Un beso cariño. Eres una heroína del sexo. Si hubieras sido
puta, mejor para miles de hombres. Lástima de tiempo perdido con ese imbécil de
marido. Vamos con la garganta.
- ¡Ah no!. Visto lo que tengo dentro del culo y que me has
metido el antebrazo casi entero en el coño, mi boca no da para tanto.
- No he dicho la boca. Te dije la garganta. Por supuesto que
la polla de Luc supera la boca de cualquiera. Antes dijiste que te fiabas de mi,
déjame una vez más, abre la boca.
Abrí la boca; Olalla me metió los dedos, todos. Y profundizó
hasta que tuve arcadas. Me dejó vomitar y repitió la maniobra. Otra vez me
dieron arcadas e iba a decirle basta cuando cambió de táctica. Me sacó el
inconmensurable dildo rojo del culo y sin limpiarlo me lo metió en la boca
diciendo que lo mamara como a una polla. Así lo hice. Y en ello estaba hasta que
de repente la muy animal le pegó un empellón y lo metió en mi esófago. Lo dejó
un par de segundos dentro y lo sacó pero dejándolo dentro de la boca. Respiré
ansiosamente y nuevamente otro empellón volvió a alojar el aparato en mi
esófago. Hasta mi estómago se cabreó. Lo sacó, respiré y ... vuelta adentro. Y
así varias veces hasta que me calmé y la cosa pareció funcionar. Como ella
decía: Cuestión de práctica.
- ¿Qué, cielo?. ¿se puede o no se puede? ¿estás muerta?
- ¡Joder Olalla!, se puede, ya lo veo. Pero no puede ser
sano.
- Según como se mire. Es posible que esta práctica te salve
un día la vida. Pero una vez cada quince días no puede ser perjudicial. Anda,
déjame ahora la primicia de le leche de esas repletas tetas. Te quitaré los aros
de los pezones para mamarte mejor. Mientras, te pongo una burbuja de bombeo en
la vulva para hincharla. A estos machos les gusta mucho ver los labios vaginales
bien gordos y no te hará daño.
Se fue a buscar el aparato de succión y me colocó la
semiburbuja en la vulva poniendo en marcha el pequeño compresor invertido.
Después me colocó un plug en el culo del que colgaba una cola imitando la de un
caballo.
- Es para que lo mantengas abierto. La cola produce mucho
morbo a los machos. Anda, déjame mamar de esas tetorras reventonas.
Me encantó la sensación de la boca de Olalla mamando mis
pezones y sacando la leche propiedad de mi bebé mientras sentía la extraña
sensación de la succión de mi vulva. Casi estaba al punto del orgasmo cuando
Olalla dio por terminada mi preparación.
- ¡Mierda Olalla!. Me has dejado al borde del orgasmo.
- Eso pretendía. Así recibirás más dispuesta y ardiente el
cortejo de los machos y sus vergas. Vamos a vestirnos para ellos. Ven al espejo.
Ponte este panty rojo de malla ancha sin entrepierna. Seguro que acentúa la
belleza de tus muslos y ese pandero gordo y alto que me seduce.
Me vestí la prenda con algo de dificultad para salvar el tubo
de la burbuja que me estaba succionando la vulva. En el espejo me vi los labios
vaginales tremendamente deformados a través del plástico de aquel artefacto.
Algo preocupada dije:
- Olalla, tengo la vulva monstruosamente hinchada. ¿No te
estarás pasando?.
- No querida, de todas formas ya terminamos. Yo creo que a ti
ta basta con las medias esas y unos zapatos de tacón muy alto. Busca ahí. Yo
tendré que ponerme un corsé. Ya tengo que subir las tetas y ocultar alguna
flaccidez de la barriguilla.
- Yo te veo fenomenal. ¿Está bien estos zapatos rojos?. Me
vienen que ni pintados.
- Estás arrebatadora. Anda que te quito la burbuja del coño,
te pongo los aros de los pezones y bajamos.
Cuando me quitó la burbuja y me vi los labios vaginales me
entró un repeluzno.
- Joder Olalla, un coño así de hinchado le repele a cualquier
hombre.
- A estos dos no. Te lo aseguro. Vamos. ¡Ah, espera!.
Me untó un poco del lubricante anal en el canal de los pechos
sin decirme el objeto. Me callé. Siempre tenía razón ....
En el salón estaba ya el resto de los asistentes a la orgía.
Olalla me presentó a los tres desconocidos mientras nos analizábamos mutuamente
calculando las posibilidades de darnos placer mutuo. Por mi parte los tres
obtuvieron aprobado y me prometí una gran tarde ... siempre que pudiera hacerme
con la amenazadora verga del negro que en reposo ya era un tanto temible. Los
tres, como Dani, se encontraban en cueros y pude contemplarlos a placer.
El negro Luc era una especie de dios, al margen de su pene,
su musculatura era seductora. Su culo, como una piedra y su sonrisa subyugante.
No era demasiado negro si se tiene en cuenta a su compañera Patty, o Café. Ella
era como el azabache, alta y escultural, piel satinada, culo prieto y erguido,
tetas en forma de calcetín y colgantes, ideales para hacer cubanas. En lo alto
de su teta izquierda mostraba el nombre de Luc y un dibujo a colores muy
enigmático.
Gloria, o Leche, era todo lo contrario: Rubia de cara
infantil, normal, solo tenía 17 años, bajita y regordeta, piel como la nieve,
culo gordo acorde con unos muslos y piernas bien rellenos, tetitas pequeñas como
perojillos pero de hinchadas aréolas y una graciosa y alegre sonrisa. Un
bocadito de nata, vamos. Un cenefa tatuada recorría su pelvis y se extendía por
la riñonada. Otra la exhibía en el brazo izquierdo y en lo alto del pecho
también tenía tatuado, como Café, el nombre de su novio compartido.
Leche presentaba sus voluminosas nalgas y las pequeñas tetas
bastante enrojecidas, parecía haber sido azotada. Tanto ella como Café tenían
los pezones aprisionados por pinzas unidas por una cadenilla y el coño depilado
como Olalla y yo. Las dos portaban un ancho collar de cuero con argollas y
tachonado.
Olalla interrumpió el lapso examinador. Me tomó de la mano y
me llevó ante el dios de ébano.
- Anda, cariño. Valora el género. Ahí sobre la mesa están los
certificados médicos de todos. A ti no se te pide hoy porque tu reciente parto
garantiza que si tuvieses alguna enfermedad te la hubiesen detectado. Pero las
próximas veces hay que traerlos por el bien de todos.
Tomé en mi mano aquella tremenda estaca y un impulso
irrefrenable me hizo arrodillarme ante ella. Sería una adoración atávica al
falo. Quedé extasiada viendo la pequeñez de mis manos –y no son precisamente
pequeñas- ante aquella cosa que apenas podía rodear. Con impresionantes venas
hinchadas recorriéndola. Casi tan inconcebible como algunos de los falos
artificiales distribuidos por aquél salón.
En un principio, presa del pánico, estuve a punto de
renunciar a entregar nada de mi cuerpo a aquella herramienta de tortura. Pero
otra sensación me hizo cambiar de criterio de forma inopinada. Fue el ver mi
anillo de casada reluciendo en mi dedo anular contra aquella oscura masa. Una
golfa, una zorra lasciva e incontinente, una adúltera indecente. Eso era y eso
quería ser. Y eso me produjo un agradable escalofrío que encogió y endureció mis
pezones y comenzó a humedecer mi deforme e inflamado coño. Y me lancé sin
reserva alguna a besar y lamer aquella cosa que podía reventar mi útero.
Haciendo un buen esfuerzo conseguí albergar el prepucio en la
boca. Sentí las manos del negro en mi nuca y supuse que me follaría la garganta.
Me dispuse a la muerte. Pero no, no pretendía eso. Al menos de momento.
Me hizo levantar y me sentó sobre una mesa tumbándome de
espaldas y sujetándome las piernas. Llevó su manaza a mis deformados labios
vaginales y los sobó a placer introduciendo también sus largos dedos en el
interior de la vagina y en el agujero del culo. Exploró cuanto quiso mientras el
resto del personal contemplaba el espectáculo alrededor. Café se había apoderado
de la polla de Dani y Leche y Olalla se acariciaban el pandero recíprocamente.
Dani se apoderó de mis repletas tetas amasándolas suavemente
y recorriendo desde su base hasta los pezones con la evidente intención de hacer
brotar mi leche, cosa que pronto consiguió con gran alborozo aunque se vió
frustrado porque el primero que aplicó su boca fue el dios negro.
Como Luc se olvidó de mis enormes labios vaginales, Dani se
aplicó a ellos. Extrajo de entre semejante masa mi clítoris, también
considerablemente dilatado, estirando de su anillo, y su lengua y sus dedos se
pusieron a trabajar esa parte de mi anatomía. Café no había soltado su polla,
que continuaba friccionando desde detrás de él mientras le pasaba sus largas y
atractivas tetas por la espalda.
Olalla se aplicó a besarme en la boca y Leche se deslizó al
culo de la anfitriona. Me encontraba en el paraíso camino de un buen orgasmo,
pero el caprichoso negro descompuso el agradable apaño y anunció su voluntad de
ensartar su mondongo en mi coño. Me acojoné pero no opuse resistencia cuando me
levantó de la mesa y me hizo acompañarle a un sofá donde se sentó.
- Y ahora, señora mamá, fóllese usted misma con esta verga.
Usted maneja, señora. Hasta donde pueda o quiera.
Me dispuse, pese a mi terror, a ensartarme de frente a él,
pero hubo protestas.
- Ehh, Ehhh, de eso nada. Queremos ver el sacrificio.
Me giré con pundonor y dándole la espalda a Luc me dispuse a
tal sacrificio y a que aquellos sádicos contemplasen mi fracaso y sufrimiento.
Agarrando con decisión el tremendo mástil lo dirigí a la entrada de mi vagina,
taponada por los inflados labios, y comencé a hincarme en él mientras los
espectadores me animaban.
Entrar, entró bien, con algunos sudores, y en gran parte
conseguí albergarla. Pero, aparte de su impertinente longitud, me molestaba el
plug con la cola de caballo que aún incordiaba mi ano. Me salí de la verga ante
las exclamaciones de decepción de los mirones. Me saqué el plug y enfrenté con
nuevos bríos la ardua tarea. Se renovaron las expresiones de ánimo.
Sudaba, me dolía, tenía que retroceder a veces. No quería
mirar cuánto me faltaba. Sentía mi estómago y pulmones comprimidos. Estaba a
punto de reconocer la derrota cuando Olalla proclamó conseguida la victoria.
Eché mano a mis bajos y, efectivamente, los huevos de Luc estaban pegados a mis
deformados labios.
De inmediato el chico empezó a bombear suavemente. Yo estaba
feliz por la proeza y ya no me dolió nada, comencé a cabalgarlo y al poco ya
sentía placer. Me sentía una gran zorra y esa idea me hizo olvidar todo. Arrecié
la cabalgada como una loca. Ni tan siquiera me percaté de que Café me quitó los
aros de los pezones y de que Luc me oprimía fuertemente las tetas.
El jolgorio me hizo abrir los ojos: de mis pechos, atrapados
por las manazas del negro, saltaban chorros de leche que salpicaban a los cuatro
mirones que hacían lo posible por beberla y Olalla disparaba fotos de recuerdo
de la hazaña.
Cuando saboreaba mi triunfo dispuesta a regalarme mi
merecidísimo orgasmo cabalgando con mi coño la polla de Luc, el impredecible
negro me la sacó dejándome una penosa sensación de vacío y me dijo:
- Señora, quiero probar su hermoso culo.
Ahí tenía yo menos miedo de la longitud pero un poco más del
grosor de la butifarra que iba a entrar. Olalla se aprestó a hacer de mamporrera
y arrodillada dirigió la penetración. Mientras me iba clavando, ella acariciaba
la colosal vulva que me había dejado -ya un poco más sensible ... y enrojecida-
con objeto de alejar mis sensaciones de la impresión de que mi esfínter se iba a
romper. Tras diez minutos de combate y con todo mi cuerpo chorreando de sudor,
se anunció mi nueva victoria. Los testículos del negro estaban en la puerta de
mi culo. ¡A cabalgar!
Llevaba cinco minutos sodomizándome yo misma con los ojos
cerrados sobre aquella garrota negra cuando escuché por duplicado: ¿Me
permites?. Al abrir los ojos vi el coño de Leche que me invitaba a comerlo. La
otra petición de permiso era de Dani que quería ensartar mi coño con su nada
desdeñable tranca. Di permiso a los dos.
Los relámpagos que me habían parecido de dolor primero y de
placer después eran de la cámara de fotos que manejaba Olalla. Acordándome de la
cantidad de veces que me había masturbado contemplando la foto que nos hicimos
el día en que los conocí, no me extrañó. Incluso me gustó que hubiera registro
de mis hazañas.
Cuando los dos machos que taponaban mis agujeros inferiores
se habían acoplado en el vaiven y me estaban conduciendo al orgasmo, se
desestabilizó la cosa y lancé un gemido de frustración.
- Enseguida seguimos, cielo -dijo Dani- Es que mamá me está
dando por el culo con su dildo.
A mi cerebro acudieron de nuevo las visiones follándome a mi
hijo Carles. Con ritmo o sin ritmo en el bombeo, aquella imagen me hizo
descargar la libido acumulada y me hundí en el mayor orgasmo experimentado hasta
entonces por mi poco usado cuerpo. Sentí la corrida de Dani en mi vagina y me
meé sin recato sobre su polla. Y si Luc me hubiera destaponado el culo y mis
intestinos hubieran contenido algo, me hubiera cagado.
Y no me dio ni pizca de vergüenza. ¡Quién lo hubiera dicho
hace dos meses en que era una recatada esposa!.
Tras reponerse durante un par de minutos, Dani me desatrancó
el coño al tiempo que Leche me regalaba la boca con su corrida. Pero Luc no me
llenó los intestinos con su lefa. Me hizo descabalgar sintiéndome muy vacía.
Me colocó de rodillas. Café puso la boca bajo mi coño para
regalarse con el esperma de Dani que empezaba a resbalar. Olalla le entregó al
negro un pequeño mosquetón con el que juntó los aros de mis pezones dejando las
tetas arrejuntadas. Metió su larga manguera por el canalillo de las tetas y
empezó a follarme entre ellas. Así me expliqué la aplicación de lubricante anal
que Olalla me había untado en el canalillo. Era muy cómodo no tener que sujetar
mis tetas porque ello me dio oportunidad de meterme un par de dedos en mi culo y
con la otra mano amasar mis hinchados labios y jugar con mi clítoris reventón
tirando de su argolla sin compasión. Estaba rabiando de lujuria.
Mientras Luc me follaba entre las tetas y Café bebía entre
mis muslos el semen de Dani, Leche estaba siendo sodomizada por Olalla con el
mismo dildo de arnés que había empleado en el culo de su hijo. Luc me sujetaba
por la cabellera obligándome a mirarle a los ojos. El poderío y fuego que
desprendía su mirada me inducía a pensar que aquel salvaje podría hacer de mi lo
que quisiera.
Cuando la enorme manguera comenzó a soltar el inacabable
contenido de aquellos testículos privilegiados bajé la boca para tragar todo lo
que pudiese. Fugazmente me pasó por la cabeza que no me importaría ser preñada
de nuevo con aquel semen de sangre negra. La idea me hizo correr de nuevo y caí
desmadejada sobre las largas y acogedoras tetas de Café. Al poco escuché los
gemidos de Leche y Olalla alcanzando un orgasmo simultáneo.
Como los dos machos se encontraban fuera de combate de
momento, acordamos hacer un alto para asearnos, descansar y tomar unas copas.
Cuando iba hacia la ducha, Dani me arreó una palmada en la nalga al pasar ante
él. Sin pensármelo dos veces me volví y le solté un tetazo en la cara. Después
abandoné la sala contoneando mis caderas y levantándome los pechos estirando
impúdicamente de los aros de los pezones. En la puerta me giré y abriéndome los
labios del coño hice un obsceno gesto al personal. En la ducha medité sobre qué
me había impulsado a hacer aquel impúdico numerito. No pude explicármelo.
El panty rojo que era toda mi vestimenta estaba hecho un
asco, así que lo arrojé al cesto de la ropa sucia que había en el baño. Busqué
por la habitación de Olalla y Eloy algo que ponerme y me encontré conque mi
amiga tenía una gran cantidad de ropa de lo más sugerente y atrevido. Al final
me puse un sujetador rojo de media copa, que dejaba mis pezones al aire pero
erguía muy garbosamente mis repletas tetas, y unas medias también rojas de malla
ancha como el panty que había echado a lavar. Lo completé con un inútil pero
erótico cinturón de cuero ancho y también rojo sobre mi desnuda tripa. Regresé
al salón de aquella guisa.
Al mismo tiempo que yo regresaban al salón Café y Leche, que
se habían aseado en otro baño y estaban tan en bolas como cuando las conocí.
Comenzamos a charlar e intimamos. Me preguntaron sobre mi vida y yo a ellas
sobre la poligámica relación con Luc. Antes de que aparecieran los chicos y
Olalla, Leche ya se había ofrecido para cuidar de mi bebé una tarde a la semana,
al salir del instituto, para que yo tuviese algo de tiempo libre. Lo acepté
agradecidísima ya que si no tendría que pedir demasiados favores a mi madre para
poder follar con mis recientes amigos. Tampoco era cuestión de acudir a follar
con el bebé a cuestas.
Olalla, también recién aseada y con corsé y medias limpias,
sacó una botellas de cava y algunos aperitivos. La muy guarrona se sentó sobre
la mesa, descorchó una botella, se metió el gollete en el coño, agitó la botella
para inundar su vagina de cava y se colocó un plug in.
- ¿Quién tiene sed?
Todos corrimos alborozados a sus pies. El primero en llegar
fue su hijo. Abrió la boca ante el atractivo chumino y Olalla se destaponó el
agujero manando a presión el burbujeante líquido del interior de su vagina. En
toda la tarde no usamos un solo vaso. El siguiente recipiente fue el coño de
Leche, después el mío y a continuación el de Café. El último surtidor de cava se
localizó en el ano de Olalla.
La desventaja de beber así es que quedamos todos un tanto
pringados del espumoso vino. Yo me acerqué a Leche para lamerle los pechitos y
limpiarla, pero con la ulterior intención de hacerme con su subyugante culo y
sus recios muslos. Ella me rechazó.
- Después cariño. Ahora Olalla sabe lo que quiero y me va a
facilitar.
- Si, ya sé lo que queréis Café y tu. Empezaremos por
satisfacer a Café.
Olalla trajo un aparato que estaba en una esquina del salón.
Parecía una silla de montar situada sobre un cajón de manera que se encontraba a
una altura que permitía sentarse sobre ella y apoyar los pies en el suelo.
Además era regulable. Después le enseñó a la negrita una caja con consoladores y
ésta seleccionó uno de buen calibre. Olalla atornilló el dildo por su base a un
vástago que había en la silla y lo untó de lubricante. Yo aproveché y me apliqué
un poco en el ano en prevención de un posterior uso. Café se sentó en la silla
de montar enfundándose sin contemplaciones el artificial pene. Olalla activó un
interruptor y la silla se puso a imitar un galope mientras el dildo vibraba y se
retraía y salía de la silla rápidamente follando el coño de la negra.
Dani se acercó a mi, me tomó de la mano y me sentó sobre sus
rodillas en un sofá. Mientras mirábamos como Olalla le metía un largo dildo de
doble cabeza a Café por el desocupado ano, Dani se puso a mamar la leche de una
de mis tetas al tiempo que con la otra mano acariciaba mi vulva, con sus labios
ya a tamaño normal aunque el clítoris todavía estaba bastante abultado. Sus
dedos exploraban también mi interior o jugaban con el anillo produciéndome mucho
placer.
Ante mi sorpresa, Olalla hizo entrar en el salón a uno de sus
temibles Rottweiler. Inmediatamente Leche se puso a nuestro lado arrodillada en
el suelo y con sus tetitas sobre el asiento del sofá. Mientras Olalla colocaba
al perro unos calcetines especiales, Leche se untó lubricante en el ano y la
vulva y después otra cosa de un tarrito. Olalla acercó al perro para que oliese
y lamiese los bajos de la adolescente estudiante mientras acariciaba el pene del
bicho que pronto estuvo crecido y en condiciones de combate.
- ¿Por donde quieres nena?
- Por el culo.
- Vamos allá.
El perro se subió sobre la espalda de la chiquilla y Olalla
condujo la verga a la negra entradita. Entró sin dificultad y el animal se
entregó a un frenético vaivén sin control alguno ya que Olalla se apartó y se
quedó observando un rato para después acercarse a Luc y apoderarse de su
inconmensurable rabo que comenzó a trabajar.
Yo estaba caliente como nunca, no sabía si mirar a Café, que
gritaba y gemía como una posesa sobre la diabólica máquina, mirar a Leche
sodomizada bestialmente o mirar la enorme verga de Luc entre la dulce mano
blanca izquierda de Olalla, quien con la derecha estaba todo el rato haciendo
fotos o filmando. Me di cuenta de que tenía en mi mano el rabo de Dani y que tan
estimable apéndice estaba pagando mi excitación ya, que lo estaba estrujando y
tirando de él inconscientemente con todas mis fuerzas. También él estaba
excitadísimo, porque la verga estaba bien dura y su mano amasaba mi coño sin
compasión, metiendo sus dedos y urgando tanto en la vagina como en el ano.
De pronto, Dani me hizo levantar y me colocó patas arriba en
el sofá, me ordenó abrirme bien la vagina con mis dedos y me clavó la verga sin
miramiento. Pero es que después empezó a empujar sus testículos en mi agujero
hasta que los consiguió introducir. Desde luego en aquella casa no paraba de
experimentar cosas por primera vez en mi vida. Daní enganchó una cadena a la
argolla de mi hinchado clítoris y comenzó a tironear como yo ya había gozado
gratamente la otra vez. Ya que no podía bombear por tener los huevos dentro de
mi, me pidió que moviese mis caderas apretando contra su pelvis para darle
placer.
Como era de esperar, dado mi estado de excitación, no tardé
en alcanzar un brutal orgasmo cuya demostración sonora se unió a los gritos de
Café y a los de Leche cuando el perro inundó su culo. Me quedé mirando cómo la
niña apretaba su ano para impedir que se escapase el bulbo del perro y mantener
la verga dentro de si. Al poco el orgasmo también le llegaba a Café.
Dani me exigió que siguiera moviendo las caderas ya que él
aún no había eyaculado. En tan agradable trabajo me encontraba cuando la enorme
verga de Luc se apoyó en mi cara conducida por la mano de Olalla.
- Te encuentras en inmejorable posición para que nuestro
amigo te folle la garganta.
Me aterré. Pero estaba dispuesta a lo que fuera para
complacer a aquel dios de ébano y que siguiese usando mi cuerpo en el futuro.
Olalla me hizo girar el cuerpo sin que Dani se saliese de mi útero hasta apoyar
la nuca en el brazo del sofá y dejar colgando la cabeza.
- Así tienes la boca alineada con la garganta, adentro Luc –
Dijo Olalla.
El negrazo me puso en los labios su tremebundo aparato y abrí
la boca para acogerlo. No se anduvo con mucho tiento. De inmediato metió el
prepucio hasta mi campanilla y, con un pequeño empujón, superó mi garganta
entrando en mi esófago. Mantuvo la polla dentro durante un par de segundos y la
sacó. Respiré. Volvió a entrar pero ya solamente un segundo estuvo invadiendo mi
esófago. Entonces adquirió una cierta cadencia a la que, contra mi pesimista
idea sobre mi capacidad, adapté mi respiración al poco rato y Luc pudo follarme
la garganta placenteramente golpeando mi frente con sus gruesas bolas hasta que
derramó todo su esperma casi directamente a mi estómago. Lástima que no pude
saborearlo.
Olalla me felicitó por mi satisfactoria superación de todas
penetraciones de mis agujeros por la gran herramienta de Luc. Me sentí muy
orgullosa cuando confesó que era la única hembra, aparte de sus novias, que
había conseguido ser penetrada hasta los testículos por los tres agujeros.
Dani se salió de mi vagina sin haber eyaculado y empezó a
follarse la boca de su madre. Ella me pidió que le comiese el gastado coño, pero
yo no quería perderme la morbosa escena incestuosa que tanto me daba que pensar
e imaginar con mi hijo Carles. Fue Café la que se hizo cargo de comer el coño de
Olalla hasta que se corrió poco antes de beberse la lefa de su hijo que me
apresuré a compartir besando su boca con ansia.
Los dos machos estaban nuevamente fuera de combate y ya era
tarde. Volví a casa después de despedirme de todos agradeciéndonos
recíprocamente tan maravillosa tarde y habiendo quedado con Leche para el jueves
de la semana siguiente, en que vendría para hacer de canguro y permitirme un
poco de tiempo libre. Olalla me entregó antes de partir un CDROM donde había
grabado las fotos y videos de la memorable orgía y el largo dildo rojo que había
usado durante ella.
También me dio una tarjeta con la dirección de una clínica de
confianza donde hacerme los análisis antes de acudir a la siguiente orgía, ya
que no era buena idea acudir a mi seguro médico. Tenía razón.
. . . . . . .
La visión de Dani follando briosamente la boca de su madre no
se me iba de la cabeza. Cada vez más frecuentemente soñaba con mi hijo Carles.
Ya hacía años que no le veía desnudo. Me preguntaba como sería su polla de 16
años.
Comencé a dar de mamar a mi reciente nene Lluis en presencia
de Carles siempre que podía. Me dejaba los dos pechos totalmente al descubierto
e incluso me acariciaba el que no estaba ocupado por la boquita del bebé con
objeto de provocar a su hermano. Pero Carles no parecía mostrar el menor interés
por mis suculentas tetas.
Cuando no estaba mi marido, pero sí mi hijo, me vestía de
forma sugerente y provocativa, pero ni por esas le llamaba la atención lo más
mínimo.
Cuando estaba sola me ponía en el ordenador para ver el CD
con las últimas fotos. Entonces no tenía más remedio que usar el dildo que me
regaló Olalla y masturbarme con él. Muy a menudo me metía las bolas chinas que
me regaló en la anterior ocasión y pasaba con ellas gran parte del día.
Frecuentemente tenía orgasmos espontáneos que aliviaban mi tensión por el
desinterés de Carles.
Cuando Leche –Gloria en casa- se presentó el jueves para
hacer de canguro de Lluis, estaban también los dos chicos mayores, Carles y
Enric. Carles no mostró el menor interés en la regordeta canguro pese a que solo
le sacaba un año de edad, pero Enric a sus cerca de 15 años, se mostró como un
encantador caballero con ella y muy dispuesto a enseñarle la rutina de la casa
hasta que se acostumbrase.
Ese jueves en que Gloria hizo por primera vez de canguro no
aproveché mi libertad para salir. Carles y Enric se fueron a sus cosas y Gloria
y yo terminamos en la cama con la cuna de Lluis al lado. Nos besamos, nos
chupamos y nos mordimos todo lo besable, chupable y mordible. Por mi no hubiera
salido jamás de entre aquella acogedora muslada de volumen impropio para una
adolescente en una era de anoréxicas o bulímicas. Y no digamos de las extensas y
erguidas nalgas que meneaba con sumo orgullo y que yo me empeñé en separar
-difícil combate- para lenguetear su ojete trasero. Ella por su parte se
amamantó de mi hasta dejarme los pechos con la cantidad mínima para la toma de
Lluis.
Usamos los regalitos de Olalla y el aparatito que la canguro
llevaba siempre en su mochila colegial, regalo también de Olalla. Era como una
pelota de golf de acero inoxidable con un hilo de nylon para su extracción
posterior. La podías meter en el culo o en el coño y un mando a distancia la
hacía vibrar a la frecuencia deseada. Era deliciosa y Gloria me la prestó hasta
el siguiente jueves. Terminamos con un mutuo fisting que me llevó al tercer
orgasmo de la tarde. Hubieran podido ser más, pero el ruido de la puerta de
abajo al regresar mi marido interrumpió la agradable sesión de sexo con la
gordita nena.
Se la presenté a mi marido quien la examinó dubitativo y, por
su mirada, no le pareció digna de mucha atención. Eso me confirmó que a mi
marido le iban las anoréxicas. Sin más que el saludo a Gloria se dirigió a mi:
- Joder Mabel, hueles a leche, creo que toda la casa huele a
leche.
Además de a leche, las dos olíamos a sexo, a flujos
vaginales. Pero el imbécil no sabía diferenciar.
Decidida a conseguir más independencia, cuando Olalla me
llamó para invitarme a acudir el sábado a su casa, invitación que
lamentablemente tuve que rechazar por tener ese día la boda de una sobrina,
aproveché para diseñar un plan que me permitiese más libertad sin atraer
sospechas.
El Domingo, que estaba mi marido en casa, Olalla se presentó
para tratar de mi participación en la imaginaria fundación para la promoción de
las artes que gestionaba. Yo era licenciada en Historia del Arte, y aunque no
había ejercido trabajo alguno desde que me casé, sí había seguido al día en esa
materia e investigado por mi cuenta. Por ello Olalla solicitaba mi colaboración.
A mi marido le pareció muy bien e incluso me animó. Bueno, ya había caído en la
trampa.
Otra cosa que me fastidiaba era dormir en la misma cama.
Tendría que hacer difíciles artimañas para ocultar por la noche las marcas que
me quedaban después de una tarde de orgía.
Decidí mojar la cama de leche estrujando mis tetas y a la
siguiente vez que se quejó del olor le sugerí que durmiese en la habitación de
invitados y así no tendría que soportarlo ni ser despertado por la noche cuando
Lluis reclamaba su alimento. Le pareció muy bien y fue un alivio para mi. No
sabía muy bien como explicar que mi conejo estuviese ya siempre depilado y
brillante. Cosa que por otro lado descubría bien la dilatación que había
adquirido mi agujero. Bueno, eso siempre sería achacable al reciente parto. Pero
la del ano no.
Ya había mejorado mi posición. Dormía sola, tenía
justificación con las cotillas de mi madre y mi suegra para dejarles al bebé con
la excusa de acudir a la inexistente fundación, teóricamente radicada en
Barcelona y las tardes de los jueves libres gracias a Leche/Gloria o
Gloria/Leche según donde estuviese con ella.
Por supuesto, salvo deberes familiares inexcusables, ya no me
perdí casi ninguna de las reuniones en la mansión de Olalla, Eloy y Dani. Conocí
a mucha gente y pasé por maravillosas experiencias que me proporcionaron
orgasmos innumerables. Era una orgasmoadicta.
Conocí la sensación de follar con un hermoso transexual. Eso
de tener entre los brazos a una mujer con polla es algo indescriptible. Supe de
las delicias lésbicas el día en que nos juntamos cinco maduritas casadas,
calentonas y cantidad de gorrinazas ya que ese mismo día me aficioné
definitivamente y sin ningún reparo ya a las sensaciones de la lluvia dorada. El
mismo día quedé asombrada de la utilidad de los juguetes que Olalla tenía
distribuidos por el salón. Pero fue de pocos, porque había otros muchos que ni
me imaginaba entonces cual era su uso. Los fui conociendo según era follada de
todas las maneras imaginables. Adquirí una maestría en el arte del sexo que
nunca hubiera soñado.
Un jueves al regresar a casa me encontré a Gloria/Leche en
pelotas sobre la mesa de la cocina con una cabeza hundida entre sus macizos
muslazos.
- ¡Pero bueno! Será posible lo que veo Leche ... ejem ¡leche!
Qué haces Gloria.
- Pues ya ves Mabel, lo que mejor me sale.
La cabeza que yo creía de Carles emergió de entre los jamones
y apareció el rostro de Enric sonriente y con la boca mojada del flujo de la
putita.
Me quedé pasmada. El mocoso aquel que yo aún creía inocente
dándole caña a una más que experta golfa. Y casi me caigo al suelo de la
sorpresa al escuchar:
- ¿Quieres unirte a nosotros mami?
- ¡Pero qué dices indecente! Eres mi hijo.
- Ya, como que no me he percatado de que andas provocando a
mi hermano para tirártelo. ¿Te crees que soy ciego?
Me puse colorada como un tomate y no supe ni balbucir algo.
- Ya veo por tu sonrojo que no estaba descaminado. Pero tu
empeño no tiene porvenir. Mi hermanito es de la otra acera.
-¿Queee?
- Que Carles es gay. Así que si te valgo yo ...
Anonadada por la noticia di unos pasos para apoyarme en la
mesa sobre la que estaba Leche. Al ponerme a su alcance me tomó de las manos y
me besó consolándome de que no era nada malo ser gay. Enric se situó tras de mi
para consolarme también. Comenzó a besarme en la nuca y abrazándome por la
cintura noté su dura herramienta sobre mis nalgas. Sus manos sacaron la blusa de
la falda y comenzó a desabotonarla. Leche colocó mis manos sobre sus tetitas y
se giró para ponerme su chochete ante la boca. Sin dudarlo me puse a comerlo al
tiempo que Enric me despojaba de la blusa, bajaba mi falda y levantaba mi
sujetador por encima de las repletas tetas que comenzó a amasar pellizcando de
cuando en cuando los ya duros pezones. Su verga estaba en el canal de mis nalgas
frotándose con la tela de las braguitas. Me puse enferma de calentura. Me bajé
yo misma las bragas y me abrí los labios para facilitar la entrada a la verga de
mi hijo sin ningún recato ni impresión de culpa.
Enric comenzó a bombearme con las manos aferradas a mis tetas
que soltaban chorros de leche sobre el coño de Gloria y que yo bebía junto con
sus flujos al tiempo que la follaba con tres dedos de una mano por el agujero
delantero y otros tres por el trasero.
Noté cuando Gloria se corrió y a continuación me llegó a mi.
El morbo de ser follada por mi hijo me había puesto excitada como nunca. Sin
embargo Enric siguió su mete saca. Gloria/Leche se bajó de la mesa y de la
aceitera se untó los dedos para lubricarme el agujero del culo.
- Enric, métesela por el culo, le gusta mucho.
Evidentemente, Enric ya estaba al tanto de mis aventuras en
la casa de Olalla, solo así se explicaría que le pareciese normal que Leche
supiera que me gustaba recibir por atrás. La chica debía ser algo indiscreta.
Enric me sacó la pilila de la vagina y la metió cómodamente
en el ano mientras Leche se ponía debajo para chuparme el desocupado coño. De
cuando en cuando pedía la verga de Enric en la boca y éste la sacaba para darle
tres o cuatro envites en ella. Me acordé de que no me había puesto enema y de
que Leche debía estar comiendo parte de mis caquitas. Desde entonces, por si
ocurre algo imprevisto como aquel día, me lavo las tripas dos veces al día, a la
mañana y al mediodía. Si hay follada segura son tres, porque parece ser que lo
más apetecible de mi es mi culo.
Por fin Enric se vació en mis tripas y Leche y yo nos
apresuramos a limpiar su adolescente verga de cualquier residuo. Para sus menos
de 15 años, el pene del chico prometía mucho. De momento resultó buen indicio el
que, al cabo de los cinco minutos que Leche tardó en sacar con su lengua hasta
el último resto de semen con caca de mi culo, la polla de mi niño ya estaba otra
vez en alto.
No pude disfrutar nuevamente de esa verga como yo quería.
Leche lo acaparó mientras yo daba de mamar a mi bebé Lluis que había reclamado
su cena. No obstante la afectuosa y gordita muchacha, después de manifestar
ruidosamente su éxtasis, permitió que, cuando Enric estaba a punto, me sentase
sobre su verga, que ella apuntó a mi vagina, y recibiese en mi útero el semen de
uno de mis hijos mientras el otro sorbía la leche de mis pechos sobre mi regazo.
Jamás olvidaré el orgasmo que me sobrevino sin apenas haberme trabajado y
provocado exclusivamente por la insólita situación.
- Mami, quiero conocer ese sitio que me ha contado Leche
donde se folla muy, muy bien y tienes qué y dónde escoger.
- Pero bueno Leche, ¿es que eres incapaz de ser discreta?
- Oye Mabel, tu has sido la indiscreta intentando tirarte a
Carles y dejando alguna foto mal guardada que Enric ha visto.
- ¿Y por eso te lo follas y le cuentas todo?.
- Me lo follo porque me gusta y Luc me ha dado permiso. Yo no
follo con nadie si mi hombre no quiere. Y Luc me dijo que era bueno para ti que
consiguieras tirarte a tu hijo, pero no es mi culpa que el que querías saliera
rana.
- Bueno ... er ... no es ... no es el que quería ... quiero
decir ... que es el mayor ... y pensé ...
- Pensaste que con el mayor era menos pecado.
- ejem ... Si.
. . . . .
Semanas más tarde era la mujer más feliz del mundo. Tenía en
casa una bonita polla desarrollándose y satisfaciéndome día a día y un coñito
entre unos fenomenales muslos los jueves. Y tenía en casa de Olalla un menú de
sexo verdaderamente variado. Y mi marido tan tranquilo.
Ni me había dado cuenta del transcurso del tiempo. Olalla me
llamó para invitarme a una fiesta para mi 41 cumpleaños que era el jueves
siguiente. Me encantó el detalle y le aseguré que asistiría.
Allí me planté ese jueves estando segura de que mi Enric
estaba impidiendo que Leche cuidase de mi Lluis debidamente.
Me recibió mi amiga y me condujo al conocido salón lleno de
falos. Y esta vez había unos más. Allí se encontraban cuatro negrazos, entre
ellos Luc, totalmente en pelotas y con vergas en reposo de tamaño cercano a la
suya.
- Mabel, cielo -dijo Olalla- te dejo con estos chicos como
regalo de cumpleaños. Yo me voy de compras.
Y se marchó. Y yo allí la mar de pasmada. Hasta que Luc se
acercó y me tomó de la mano para conducirme a uno de los sofás.
- Anda, amor. Trabaja con tu hermosa mano esta cosa entre mis
piernas y permite que Raoul reciba el mismo tratamiento con tu otra mano. Manuel
y Lorenzo mirarán ... de momento.
Ese día fue glorioso y consta en mis anales como mi récord de
orgasmos. Pero me dejó molida y fuera de uso para dos semanas. Incluso cuando
acudí a la clínica para mi certificado médico me comentaron que me había
excedido bastante. Olalla me recomendó alguna técnica para recuperar la amplitud
ordinaria de los dos agujeros. Estuve ronca durante un mes.
Uno de mis jueves libres por la gracia de Leche había estado
con unas amigas de siempre y al regresar a casa pasé cerca de Vallgorguina. Como
ya entraba el verano y el día comenzaba a ser largo me acerqué a saludar a
Olalla.
Me recibió un poco turbada y le pregunté si importunaba.
- No, no es eso. Es que hay trabajo en la casa y debo
atenderlo.
- Oye, si estás de limpieza te ayudo.
Se echó a reír a carcajadas y me explicó:
- A veces dejo mi casa para rodar películas porno. Hoy es uno
de esos días. Pasa y mira como se hace un peli porno. Y ... si quieres ....
participar ....
CONTINUARÁ.
Pasa por alli sin avisar:La peli porno,El baño de leche,Le
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Prostitución:El hotel. Follar en público en la playa con
Eloy.