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Una habitación para dos desconocidos
Hetero: General- 2008-03-22 00:05:19
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UNA HABITACIÓN PARA DOS DESCONOCIDOS.

Un 7 de Noviembre estando en la oficina entre papeles ideé un plan para el fin de semana, el plan constaba de los siguientes pasos:

Arreglármelas para que mi mujer creyera que me iba ese fin de semana a Madrid.

Hacerle pensar que un extraño le pedía una cita a ciegas.

Tenerla intrigada con la cita.

Hacerle gozar el sexo en toda su plenitud, sin límites.

Bueno trazado el plan empecé diciéndole a mi mujer que en Madrid había una convención de Empresarios y que tenía que hacer presencia el fin de semana entrante, le pedí que me acompañara, pero yo sabía que ella tenía que trabajar el sábado por la mañana de ahí que el plan empezara con buen pie. Una vez convencida empecé a trazar la segunda parte de mi plan, escribiré una carta de parte de una persona imaginaria desconocida por ella pero a la vez que la conoce muy bien. La carta diría más o menos lo siguiente:

"Hola María, me llamo José no se si me recordarás, pero hace tanto tiempo que me fui del pueblo que es comprensible que no te acuerdes de mi, me describiré un poco: soy alto, moreno, ojos negros, en el pueblo me decían "el gato", te escribo para decirte que voy a pasar unos días en Huelva y he pedido tú dirección en el pueblo, me hospedo en el Hotel Lux en el número 21. Te diré que mi mujer viene el fin de semana y si no sería mucha molestia me gustaría invitarte a ti y a tú marido a una cena aquí en mi piso.

Bueno espero que vengáis. Se despide José "el gato".

P.D.: Estoy impaciente por volver a verte".

La trampa estaba preparada, el viernes recibió la carta, la leyó y por supuesto no recordaba a ese tal José. Yo por mi parte la animé para que acudiera a la cita aunque fuese sin mi, pero le prometí que camino a la oficina me pasaría por el Hotel para conocerle, en efecto me pasé por el Hotel y alquilé la habitación 21, que por casualidad estaba vacía, por todo el fin de semana.

El sábado por la mañana me despedí de mi mujer hasta el lunes y le comente que había conocido al tal José, mi tocayo, y que me había parecido una persona muy amable y atento, he incluso dijo que si no iba yo que podía comprender que tú no fueras a la cena, así que si iba o no estaba en su mano, por supuesto le dije que mejor que quedarse sola podía ir con la pareja, cosa que conseguí. Una vez el punto dos y el más difícil conseguido sólo me faltaba acondicionar el lugar con un toque romántico. Me llevaría todo el día pero no estaba dispuesto a abandonar después de lo que había conseguido.

Lo primero que hice fue acercarme a un sex-shop, compré unas películas pornográficas y unas botellas de aceite que estaban de oferta. Unas velas y unos caramelos en forma de pene. Después me acerqué a un restaurante de comida caliente y pedí una cena de lo más excitante con un primer plato compuesto de sopa de pollas, coños y tetas con un liquido blanco parecido a una corrida, de segundo plato una polla impresionante de pescado, para ella, rellena de queso fundido y de una increíble almeja, para mí, rellena de almíbar, o algo así, y por supuesto de postre plátano, y por la compra me regalaron una lata de nata batida.

Compré en una tienda unos pañuelos de seda rojos para darle ambiente al asunto y lo más importante una caja de preservativos, para que después no hubiera sorpresas, además de un montón de globos con forma de pollas.

Una vez que tuve todo lo imprescindible para mi plan me dirigí al Hotel y me puse a decorarlo, con los instrumentos del deseo, además camino del Hotel me paré en una librería y compré el libro erótico "Cien posturas más una", por si nos quedábamos sin ideas.

Me puse a decorar el apartamento con los globos y sobre los bombos de las luces puse los pañuelos rojos, cerré todas las ventanas y coloqué el libro en la mesita del dormitorio y la nata que me regalaron al lado de la ducha. La cena la metí en el microondas y la calenté, minutos más tarde llamaron al timbre, como siempre puntual vi por la mirilla a mi mujer, le abrí la puerta y le dije con voz ronca que dejase el abrigo en el ropero y que pasase a la salita, cuando entré en la salita estaba mírándolo todo con cara de asustada, los globos, la comida y el ambiente en general, encendí el vídeo y aparecieron unas imágenes pornográficas de una mujer chupándole la polla a un tío mientras otro le chupaba el coño, yo dije acercándome a ella, ¿Le apetece comer?, al hablarle me conoció se giró y me abrazó juntando sus labios a los míos, y me dijo con voz temblorosa, creí que me había metido en casa de un maniático sexual y estaba por irme, después me preguntó ¿y la pareja?, yo le contesté: - tú y yo. ¿Y tú viaje a Madrid? Volvió a preguntar ella, yo le dije: algo tenía que inventarme para darte esta sorpresa, bueno ¿comemos o no?, le volví a preguntar, pues comamos eso, dijo ella, nos sentamos y comenzamos a comer uno en frente del otro, cuando comencé con la almeja no utilicé los cubiertos, sino las manos, empecé chupándolo y me caía por la barbilla, esto la puso a cien, ya que ella cogió el pescado y comenzó a metérselo en la boca y después a sacárselo cayéndole el queso fundido en el traje, al mismo tiempo que con un pie me acariciaba la polla y yo a ella el coño, la película seguía funcionando y el ambiente se iba calentando a cada instante, me levanté y le limpié la boca con mi lengua, al mismo tiempo que le desabrochaba el vestido y le quitaba el resto de la ropa, dejándola en cueros, me senté y esta vez se levantó ella, me limpió la boca con su lengua y me quitó toda la ropa, se sentó y siguió comiendo, el queso fundido se le caía sobre los pechos, alargó el pie y empezó a frotarme la polla, yo adelanté también el pie y le empecé a frotarle el clítoris, yo me movía para sentir mayor gusto a la frotación, mientras que ella movía la cadera para que mi dedo le entrara dentro del coño, le dije: "como sigas así vas a hacer que me corra", así que retiró el pie, pero me pidió que siguiera frotándole la pepitilla, al mismo tiempo que yo le frotaba ella cogió la polla de pescado, la levantó y la presionó sobre su boca, parecía que se estaban corriendo sobre su boca y sus pechos, soltó el pescado escurrido en el plato y empezó a frotarse los pechos al tiempo que mi pie se mojaba por sus flujos, se había corrido, me metí debajo de la mesa y le limpie la corrida con la boca, seguí para arriba hasta llegar a los pechos que también los limpié del resto de queso fundido, seguí hasta llegar a la boca y la besé tiernamente en un beso interminable, la miré fijamente le sonreí y volví a mi silla, el vídeo seguía funcionando y un hombre le estaba haciendo una paja a una tía con la boca ayudado de un par de dedos que los introducía lentamente por el coño, cogí lo que quedaba en el plato lo abrí por la mitad e introduje la polla entre medio y empecé a frotármela, ella se metió debajo de la mesa me quitó el envoltorio y empezó a mamármela, la cogí por la cabeza para acompañarla en sus movimientos y le frota la espalda para sentir su pelo erizado bajo mi mano, cogí un plátano del postre, lo pelé e hice que se levantara delante de mí, le metí el plátano en la boca y ella lo chupó, se lo saqué y lo fui refregando por su cuerpo hasta que llegué al coño y se lo metí poco a poco, allí lo empecé a mover como si fuese una polla juguetona, lo saque y lo chupé yo, y se lo volví a introducir, esta vez con más fuerza, pero sin dañarla, lo saqué y metí lo más rápidamente posible, dentro de lo que cabía, hasta que se corrió nuevamente, cogí el plátano y me lo comí con el sabor salado de su corrida, el resto de la corrida le resbalaba por el muslo.

Después de la caliente cena, mientras ella llenaba la bañera de agua para bañarnos yo quité la mesa, cuando llegué al cuarto de baño estaba metiéndose en el agua, cogí la nata y empece a llenarle los pechos para chuparlos, después de la demostración la saqué del agua y le dije que se tendiera en el suelo, ella se tendió, le abrí las piernas y los labios del coño y le llené todo el interior de nata, ella al notarlo dio un quejido de sorpresa y gusto, le di el bote y empecé a chuparle el dulce coño, con lo que ella pegaba pequeñas arremetidas de caderas para que mi lengua le entrase más adentro, cuando se lo limpie todo, me tendí al lado suyo y mi polla quedó derecha mirando al techo, así que ella cogió y me lleno toda la polla de nata, incluidos los huevos, abrió la boca y se tragó mi polla por completo, llenándose la barbilla con la nata de los huevos que después los limpió con la lengua, me levante cogí el bote de nata y le volví a llenar el coño, le di el bote y ella me llenó la polla, la apoyé contra la pared le levanté una de las piernas y le fui introduciendo la polla poco a poco, la nata hacía que no costase trabajo la entrada, parecía como si resbalase la polla en el coño, a cada envestida la nata fundida salía por los bordes del coño y se mezclaba en los muslos de ambos, de pronto ella empezó a chillar y a clavarme las uñas en la espalda, se estaba corriendo, pero yo continúe con el mete-saca muy lento, de vez en cuando bajaba la mano hasta el coño cogía un poco de nata y se la untaba en los pechos, para después chupárselo y degustar los jugos de su corrida enlazados con el gusto dulce de la nata, cambiamos de postura yo sin sacársela me tumbé sobre la tapa del water y ella fue la que puso el ritmo, esta vez más acelerado, me estaba llegando la corrida, cuando ella volvió a gemir y a decirme que me vaciara sobre ella, cosa que hice con mucho gusto, esta corrida fue casi al mismo tiempo con la mía, me incorporé, ella bajó la cabeza y me chupó la polla que todavía goteaba, no se si de mi corrida o de la corrida de ella, pero cuando terminó ella bajé yo la cabeza y le limpie el coño de su corrida, de la mía y de lo que quedaba de nata, nos metimos en el baño y nos bañamos los dos juntos.

Cuando llegué al dormitorio, ella estaba sobre la cama viendo el libro, me miró y me preguntó ¿Cuál es tú número favorito? Yo le contesté el 21, buscó la postura con ese número y se llamaba "deseo animal", me la mostró y se colocó en la cama tal como la mujer del dibujo, o sea a cuatro patas, separó las piernas y me miró, yo me puse detrás de ella y se la fui metiendo poco a poco, después se la saque y volví a metérsela, ella gemía y mordía la almohada, percibiendo toda la longitud de mi polla, sintiendo cada centímetro de carne, ya no pudo aguantar más mi sádico juego y empezó a culear hacia delante y hacia atrás, al mismo tiempo que hacía círculos con su cadera, de tal forma que mi polla tocara toda su cueva y de vez en cuando su botoncito mágico, su velocidad fue en aumento hasta que consiguió que me corriera, poco después ella también se corría, se puso boca arriba y volvió a coger el libro, me tumbé a su lado y me enseñó otra postura, la número 12 "el balancín", sin decir nada empezó a acariciarme el pecho y siguió bajando hasta que encontró mi polla que empezó a acariciar de tal forma que en nada de tiempo estuve empalmado de nuevo, al ver la postura me di cuenta que esa era la siguiente, se sentó encima de mi polla, pero mis pies le servían de espaldar, cogiéndonos de las manos ella empujaba con ambos pies en la cama y mi polla se clavaba más en su coño, y efectivamente hacía una especie de mecedora o balancín, pero esta postura necesitaba gran preparación física ya que las piernas me dolían mucho, así que cambiamos a la postura 32 "a remolque", no tenía ni siquiera que sacarla, bajé las piernas y las tendí sobre la cama, ella puso las piernas para atrás y apoyó sus manos en mis piernas, así también era ella la que mandaba tanto en el ritmo como en la penetración, de vez en cuando utilizaba la postura 40 "la amazona más amada", al incorporarme apoyando las manos en la cama ella echaba para atrás el cuerpo de forma que su espalda tocara mi pecho y mi boca llegase y recorriese todo su cuello, y la 59 "la sillita de la reina", pasando sus piernas de tenerlas atrás a tenerlas delante, y apoyándose con las manos en la cama, de esta manera yo seguía recorriendo su cuello con mi lengua, pero mis manos buscaba su clítoris o sus tetas, llegamos al orgasmo nuevamente, pero esta vez fue algo nuevo para ambos, la penetración era mucho más profunda y daba mucho más gusto tanto a ella como a mi, ya que ella era quien llevaba el ritmo y conseguía un retardo de mi orgasmo. Más tarde una vez recuperadas las fuerzas le pregunté cuál era su número favorito, ella me contestó que el 69, y a que no sabéis cual era la postura, por supuesto "el número mágico", cual otra podía ser, se puso encima mía se abrió de piernas y puso su raja al alcance de mi boca y mi lengua buscó sus jugos, ella se apoderó de mi instrumento, comenzó pasando su lengua por todo el tronco para terminar jugando con los pelillos de la base, después subió hasta llegar a la cúspide, mientras yo lengüeaba de arriba a abajo y de abajo arriba la abierta raja, jugaba con el clítoris hinchado y con el bello del monte de Venus, yo me corrí sobre su cara y ella sobre la mía, fue alucinante yo no dejé ni una gota se su corrida, al igual que ella no dejó ni una gota de mi corrida. Todavía quedaban fuerzas así que abrimos el libro y apareció la postura 15 "cara a cara", ella se sentó de nuevo en mi picha, pero esta vez nos dábamos la lengua, pero ella se giró sobre mi picha dándome la espalda y volviendo a la postura 59 "la sillita de la reina", como esta postura ya la habíamos practicado decidí parar y cambiar a la número 72 "la presión del elefante", la tumbé boca abajo, pero no le di por le culo, busqué la entrada de la vagina y la penetré, ella apoyó la cabeza en uno de sus brazos, para sentirse más cómoda, empece a ir atrás y adelante, ella cerró y apretó con fuerza los muslos, aprisionando mi polla en su interior, las frotaciones eran más excitantes tanto para ella como para mí, solo tenía un nombre lo que estábamos sintiendo, era ¡el placer de la selva, el deseo animal!, nos corrimos nuevamente, los cuerpos sudorosos presagiaban el placer tan enorme que habíamos conseguido con una sola postura, el último orgasmo de la noche lo conseguimos con las posturas 89 "tijeras de pasión", donde ella tumbada abre las piernas para que mi polla la perfore, ella apoyando sus piernas sobre mis muslos y cogiéndonos las manos tanto ella como yo cambiábamos de ritmo, otra postura la 95 "el puente de la pasión", donde yo le suelto las manos para agarrarle por los cachetes y subirle un poco, ella apoya los pies en la cama y la penetro acercándola y alejándola de mi, terminamos este orgasmo con la postura 100 "el cuerpo a cuerpo", los dos completamente estirados en la cama, mis sacudidas además de darnos un placer incalculable se le sumaba el rozamiento del clítoris con lo que se corrió antes que yo y para que no me fuera con un orgasmo menos me cogió por el culo y me empujó hasta que mi polla quedó en medio de sus tetas haciéndome una cubana, al correrme abrió la boca para degustar parte de mi leche, la que quedó entre sus tetas, en el cuello y en la cara yo me encargué de esparcirla por todo su bello cuerpo.

Me levanté para ir al servicio, al volver estaba mi mujer en el centro de la cama, igual que nuestra madre Eva en el Paraíso, pero sin ninguna hoja, y abierta de piernas y con las manos a la altura de la cabeza, cogí los pañuelos de seda que utilicé para darle un matiz romántico a la cena y la até a la cama de pies y manos y comencé a recorrer su cuerpo con mi lengua, empezando por la boca, metiéndole la lengua buscando la suya, cuando despertó e intentó moverse le susurré al oído, prepárate para el placer tan inmenso que vas a recibir, vas a chillar de gusto, te acordarás de mi familia, me dirás las barbaridades más grandes que jamás me dirías, pero todo esto va a ser parte del clímax máximo, al nivel de gozo donde nunca has llegado, ella se quedó sorprendida con mis palabras, le dije: sólo te tienes que relajar y dejarme hacer, pero antes quiero que me digas que estás preparada, y si no quieres que siga por algún motivo me digas: "Esto es el poder del amor", y yo pararé y te desataré, minutos más tarde, me dijo estoy preparada, mátame de gusto. Atada tal como estaba, abierta de piernas y con las tetas apuntando al techo, me preguntaba que podría hacer para matarla de gusto, empece como empezaría cualquier amante, me acerqué a sus labios y metí mi lengua dentro de su boca, ella buscaba con la suya mi paladar, de su boca pasé al lóbulo de la oreja, después al cuello, hasta llegar a los pechos, ella se movía, jadeaba, se mordía los labios, chupé el pezón de un pecho mientras que al otro le daba pequeños pellizcos, abarqué un pecho con una mano, mientras que el otro era recorrido por mi lengua, después cambie de pecho notando como se endurecía el que chupaba, a ella empezaron a escapárseles algunos gritos ahogados, debido a la impotencia de su sumisión obligada, seguí bajando acariciando o chupando todo su cuerpo hasta llegar a su ombligo, metí la lengua como si se tratara de otro agujero más, un poco más tarde mi lengua llegó al monte de Venus, dominado por un monte de pelo enrollado, que intenté desenrollar con mi lengua, hasta que el flujo caliente de su interior me indicó que había llegado a la hendidura, y por la cantidad de flujo que fluía de su interior me decía que ya se había corrido una vez, le limpié los labios exteriores, ella seguía sin parar de moverse, pero también intentaba dominarse, entonces sentí que se corría nuevamente, sobre mi boca esta vez, con un orgasmo múltiple y de nuevo volvió a emitir unos gritos pero esta vez más fuertes y menos contenidos que los anteriores, le limpié el coño de todos sus flujos, pero seguí mi camino bajando por su muslo, hasta llegar al pie, después empecé a subir por el otro hasta donde ambos se juntan y me perdí en lo más profundo de su ser, mi lengua seguía escarbando y sacando liquido de su coño, ella movía sus caderas, de pronto sus movimientos se hicieron mucho más rápido, hasta que un nuevo río de flujo me inundó la boca, al tiempo que ella gritaba de puro gusto, me aparté y acerqué mi polla a su coño babeante de líquido viscoso, empecé a pasar el glande por toda la raja, ella intentaba abrirse más de piernas, empezó a decirme que le metiera la polla que no le hiciera sufrir más, pero yo seguía con mi juego, de vez en cuando le metía un poco la polla y después volvía a sacársela para refregársela por los pezones y la boca, pero sin que la chupara solo por los labios, de nuevo volvía para abajo, dirección a su coño, ella me decía todo lo que venía a su mente, desde ¡Cabrón, fóllame ya de una puta vez! hasta ¡Hijoputa, no me quites la polla de mi boca déjame chuparla! y muchas otras frases por el estilo, por fin la empecé a follar, pero muy lentamente, poco a poco, milímetro a milímetro, luego se la sacaba y la volvía a meter, mis manos sobaban sus tetas y mi lengua impedía que siguiese hablando, pero ella seguía murmurando obscenidades y seguía moviendo las caderas para que mi polla follase con más rapidez, de pronto mis manos se separaron de sus pechos y mi boca de su boca, mi cuerpo se separó del suyo y mi polla empezó a follarla con más fuerza y rapidez, mis embestidas cada vez eran más violentas y penetrantes, ella me decía: reviéntame el coño, rájamelo a la mitad, entre otras muchas barbaridades fruto del gusto que estaba recibiendo, por fin de la punta de mi polla salió un río de lava blanca que inundó todo el interior de mi mujer, al tiempo que ella me empapaba toda la polla con su liquido blanco viscoso, al llegar al clímax se desmayó de puro gusto, me aparté de ella, la desaté le froté ligeramente en las muñecas y en los tobillos y me tendí a su lado, al cabo de un buen rato volvió en si, me miró me abrazó y me dijo: a sido increíble, nunca me había pasado nada igual, pero de pronto recordó todas las barbaridades que me había dicho y me pidió perdón, yo le dije: no importa lo que me dijeras, lo bueno es que casi te mato de gusto ¿o no?, ella me contestó con un profundo beso en los labios.

Yo ya estaba duchado y había cambiado las sábanas de la cama, ella llegó unos minutos más tarde, se quitó la toalla que la cubría y se acostó acercándose a mi lado, no tardamos mucho en conciliar el sueño.

De pronto noté que algo caliente se apoderaba de mi polla, abrí los ojos y allí estaba ella arrodillada delante mía y pasando su lengua por mi polla, intenté moverme pero estaba atado de pies y manos en la cama, ella me dijo, esta es mi revancha, las reglas son las mismas y prepárate para morirte de gusto, se acercó hasta mi boca y metió su lengua hasta mi garganta, sus ojos me miraban con malicia, puso el coño a la altura de mi boca pero no a mi alcance y empezó a masturbarse encima mía, los jugos iban saliendo de su coño y goteaban en mi cara, alguna que otra gota caía sobre mi boca, que yo saboreaba con gusto, de pronto una catarata cayó sobre mi cara, se había corrido encima mía, saqué mi lengua y traje a mi boca todo el flujo que estaba a mi alcance, lo que no pude limpiar yo con mi lengua me lo limpió ella con la suya, de mi cara pasó a mi cuello, del cuello al pecho, del pecho a mi barriga, pero muy lentamente, chupando o manoseando todo mi cuerpo, llegó a mi montón de pelo que linda con la polla y se entretuvo mientras sus manos paseaban por mis piernas o mi polla, se tendió sobre mi aprisionando mi polla con sus tetas y comenzó una lenta bajada y una lenta subida, yo intentaba contenerme, pero todos mis músculos estaban tensos, de pronto paró y yo pegué un suspiro, aprisionó nuevamente mi polla pero esta vez con sus labios, mientras su lengua jugaba con el agujero meatorio, mis piernas se volvieron a tensar y mis puños se cerraron con más fuerza, ella se apartó de mi polla y se puso a chuparme los huevos, primero uno y después otro, mientras con la mano pasaba todo lo largo de mi polla haciéndome una paja muy lenta, yo de vez en cuando intentaba decirle algo, por desgracia no me venía nada a la mente, ella dejó su juego para volver a ponerse encima mía, pero esta vez si que puso el coño sobre mi boca, y ella su boca en mi polla, estábamos haciendo un 69, pero a la segunda o tercera bajada de su boca mi polla empezó a escupir una cantidad increíble de semen, que la llenó desde la cara hasta los pechos, y le fue resbalando por todo el cuerpo, ella se apartó de mi y empezó a untarse toda mi corrida en su cuerpo, de pronto salió del cuarto y trajo un bote de aceite, de los que yo compré y no habíamos utilizado, y comenzó a embadurnarse de aceite, empezó por los pies, para luego subir por las rodillas hasta los muslos, cogió otra cantidad de aceite y puso ambas manos sobre el coño, comenzó a meterse un par de dedos en el coño, siguió metiéndose dedos hasta que perdí de vista la mano, yo estaba excitadísimo, mi polla ante tal vista latía a la par que mi corazón con un ligero balanceo, sacó la mano del coño y siguió untándose el aceite hasta llegar al cuello, después se untó en los brazos, conmigo hizo lo mismo comenzando por los pies, parándose intencionada y maliciosamente en mi polla y terminando en mis manos atadas, cuando terminó puso su espalda contra mi pecho y comenzó a frotarse contra mi, se dio la vuelta y me besó metiéndome la lengua hasta la garganta, me miró con ojos maliciosos y juguetones, colocó su coño encima de mi polla y comenzó a bajar muy lentamente, yo sentía mi polla clavarse en el resbaloso coño milímetro a milímetro, hasta que estuvo completamente dentro, luego fue sacándola igualmente como la había metido, para después volver a bajar, yo cerré los ojos e intenté concentrarme de forma que pudiera controlar y alargar mi orgasmo el máximo tiempo posible al ritmo que ella me imponía, pero se dio cuenta de mi estrategia y empezó a subir y bajar rápidamente, eso me sorprendió, abrí los ojos y me di cuenta que me estaba mirando fijamente, con la boca abierta y suspirando entrecortadamente, entonces bajó su boca hasta tocar la mía me besó para que no gritásemos ninguno de los dos, sus manos buscaron mi culo y lo apretaba contra si, de pronto sus uñas se clavaron en mi trasero, al tiempo que a ella le venía el orgasmo, al igual que yo me derramé en su interior en una mezcla de flujo, semen y aceite, estuvimos un buen rato en esa postura, hasta que ella se incorporó y me desató, frotándome donde antes estuvieron las ligadura, y me dijo al oído: ¿que te ha parecido mi venganza? Yo le contesté: lo que dicen de ella, que es dulce.

Camino de nuestra casa me preguntó: ¿Cómo se te ha ocurrido esta idea?, yo le contesté: en la oficina mientras escuchaba una canción de Cecilia, la del ramito de violetas, por supuesto en nuestra casa le esperaba un gran ramo de violetas, con la dedicatoria "Cada 9 de Noviembre".

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