UNA FISCAL EN MANOS DE LA COSA NOSTRA, CAPITULO 3
Me encontraba simplemente destrozada. Las violaciones
repetidas, los golpes y las privaciones habían convertido mi cuerpo en un pozo
de dolor. No había postura en que encontrase alivio, y al moverme era aun peor.
Tuve que reunir todas mis reservas de autodisci-
plina para afrontar el dolor que me suponía acercarme al
lavabo para retirar de mi cuerpo toda la inmundicia que mis agresores habían
dejado dentro de mi cuerpo. Me lavé despacio y a conciencia, agarrada al borde
del lavabo puede ver mi lastimoso aspecto en el espejo metálico atornillado a la
pared. Mi querida melena, desaparecida. Rapada como una bola de billar, Parece
mentira la humillación que supone un gesto en apariencia tan nimio como la
perdida de nuestro cabello. Sentimos que nos falta algo de nosotros mismos, no
reconocemos el rostro que nos devuelve la mirada en el espejo. Los golpes.
Marcas en los pómulos, en el mentón, en la mejilla. Los toque con cuidado. No
parecían nada serio. los morados en las costillas me preocupaban más, aunque no
dolía al respirar, gracias a Dios. Contusiones en la espalda y costados. Incluso
en su ira, me habían apalizado con cuidado de no dañar órganos vitales. Mucho
debían temer a Don Salvatore. Y con razón. Cuando exploré mis partes íntimas, mi
mano temblaba. Inflamada, forzada, irritada. Violada por hombres, porras y
animales. No sabía cuanto daño interno había recibido, al menos no podía
quedarme embarazada en esa parte de mi ciclo hormonal. Si este encierro se
prolongaba tres o cuatro días más, ese iba a ser otro tema de preocupación. Si
me dejaban embarazada...¿ sacaría adelante ese crío ?. Siempre he sido católica
practicante. No sabía si tendría el valor para decir "no" a una oferta de
aborto. Tiempo al tiempo... En cuanto a mi ano, si no tenía pérdidas era
únicamente porque apenas había ingerido nada en los dos últimos días. Pese a
todo, tenía la impresión de que no había por ese lado daños permanentes, aunque
no podía estar segura.
Encontré una postura de costado que me permitió conciliar el
sueño durante breves periodos de tiempo. Esa noche hubo tormenta. A veces me
despertaban los truenos. A veces la necesidad de orinar, algo había afectado al
reflejo de mi vejiga. No podía pasar más de dos horas sin acercarme al retrete.
Escocía mientras me aliviaba. Otras veces me despertaban los gritos que alguien
daba, pero ya me estaba protegiendo tras una coraza. No sentía nada hacía esa
persona a la que no conocía. Era un hombre, parecía joven. No reconocí la voz.
Incluso he de confesar que me alegré... mientras tuviesen un "juguete nuevo", me
dejarían más tranquila. Varias veces escuche pasos frente a mi puerta. Me
vigilaban. Temía que entrasen a por una sesión de sexo nocturno, no estaba en
condiciones de ofrecer ninguna resistencia. En una de las ocasiones, esa persona
se quedó un buen rato frente a mi puerta, con la mirilla abierta. Yo estaba
tumbada de costado, desnuda, ofreciendo la espalda a la puerta. Escuché la
respiración pesada del desconocido... hasta que me dí cuenta de que se estaba
masturbando mientras me miraba por la mirilla. Eso me alivió y me hizo
preguntarme el porqué. ¿Por que motivo se la machacaba detras de la puerta?. ¿
Le habrían prohibido entrar en mi celda ?. Yo comenzaba a desarrollar instinto
de supervivencia... eso podía significar que me iban a dejar en paz toda la
noche. Así conseguí dormir sin pesadillas.
Y llegó la mañana siguiente. Parece increible lo que el sol y
el cielo azul hacen a nuestro ánimo. Nos da vida, fuerza. Los rayos del
ventanuco orientado al naciente bailaban sobre una telaraña intrincada y
perfecta. La vida siempre busca su camino. Yo buscaría el mío. Ya podía caminar
de nuevo, siempre que fuese despacio, sin sentir más que una leve molestia. La
inflamación de mis genitales era menor. Los moratones causados ayer eran aun más
obvios. En cierto modo eran como mis condecoraciones, las pruebas de que no
había cedido a mis captores. Un estúpido motivo de orgullo para una Marino. La
puerta se abrió de repente. Otro de los cerdos que me había violado el primer
día me dedicó una sonrisa lasciva, mientras me miraba de arriba a abajo.
"Ya no estas tan sexy como el día en que comenzamos a
disfrutar de ti, ¿ verdad señorita fiscal ?. Sin esa ropita tan fina ni esa
coquetería. Ya vas a ver que día mas agradable vas a pasar. Y querras desayunar
un poco antes. Aqui tengo tu comidita de perra, en un cuenco con tu nombre y
todo. Asi que si quieres comer ya puedes ir poniendote a cuatro patas, y
acercarte a lamerme los pies. " Ni siquiera le contesté. Tenía hambre, pero
no iban a someterme por un poco de comida. Si no me había vendido antes,no lo
iba a hacer ahora por ese cuenco. Pensaba que iba a pegarme por no hacerle caso,
pero en lugar de eso se fue sin más, cerrando la puerta de un sonoro golpe. No
sabía que me aguardaba... pero nada bueno. Asi que descansé mientras pude. No
fue demasiado tiempo.
A media mañana, Pietro entró en la celda, cargado con un par
de bolsas de unos grandes almacenes. "Levantate zorri, que ya has vagueado
bastante por hoy. Imagino que estarás más que harta de estas cuatro paredes, asi
que vas a hacer una salidita. Y no te hagas ilusiones, no vas a ser liberada
aun." Sonreía como un niño a punto de estrenar un juguete nuevo, o más bién
como alguien que iba a recibir la aprobación generalizada de sus congeneres.
Colocó las bolsas junto a él, en el suelo."Antes de nada, quiero que sepas
que tendras oportunidades de pedir ayuda o incluso de escapar. Si lo haces ya
sabes lo que ocurrirá, ¿verdad?. " Yo asentí. "Eso no me basta, puta.
Quiero oirte decir lo que ocurrirá si te haces la lista o me desobedeces en lo
más mínimo". Tomé aliento y le dije lo que quería oir de mis labios. "Si
no obedezco o te causo desagrado, quemaras un orfanato... con sus ocupantes
dentros. Y la responsabilidad sería mía".
Mi captor se encontraba exhultante. Me fué tendiendo prendas
de ropa una a una, que me fuí poniendo. Ropa de puta. Un tanga de golor rojo
escandaloso. Un liguero igualmente rojo. Una minifalda ajustadísisma de
imitación a cuero. Medias negras. Zapatos rojos baratos de tacón, que no se
pondría la mas arrastrada de las rameras. Una camiseta negra, sin sujetador. Una
peluca pelirroja rizada que se veía a un kilómetro que era falsa. Y un estuche
de maquillaje, que me apliqué del modo recargado que las prendas requerían.
Mientras me vestía pensaba que iba a llevarme a una esquina y obligarme a
practicar la prostitución, sin poder decir nada y sin posibilidad de que me
reconociesen tras ese disfraz de ramera de tercera categoría. La idea me hizo
llorar, era de lo más sádico, y estaba convencida de que ese iba a ser mi
destino. A veces la mente te hace malas jugarretas. Mis lágrimas le excitaron,
como debía haber supuesto. Cuando terminé de pintarme los labios, y me miraba en
el espejo, se acercó a mí. "Estas hecha una auténtica zorra callejera, mi
linda Valeria. Me recuerdas a los tiempos que era un chulo de putas... como tú
lo eres ahora. Veamos que tal recuerdas las lecciones".
Me pusó de rodillas, y con un movimiento rápido se sacó
el miembro, que esta semierecto. No esperé a que me diese órdenes, la cosa
estaba bién clara. Le ponía cachondo verme vestida como una de sus putas,
degradar a la señorita fiscal a esta condición subhumana. Y me comporté como
tal. Lamí su pene, le acaricié los huevos, besé ese pedazo de carne que se iba
poniendo cada vez más duro, manchandolo de carmín color "rojo pasión". Cuando
estuvo bien tieso, me lo metí en la boca lo más hondamente que pude. Estaba
verdaderamente escitado de verme así, no tardó ni cinco minutos en derramarse
dentro de mi garganta una vez que engullí su aparato. La idea de arrancarle el
equipo de un mordisco de hierro estaba fija en mi cabeza, brillante, pero sabía
que muchos inocentes pagarían por ello. Así que me comporté como lo que él
quería, como una ramera tragasables. Cuando todo terminó, le limpié con una
toalla. No quiso que me levantase aun... tenía ganas de jugar un poco.
"Pero que muy bien, Valeria. Como supongo que te habras
imaginado, si te he vestido así es porque quiero que actues como la puta barata
que en fondo eres, la puta barata que en el fondo sois la mayoria de las zorras
que os escondeis tras puestos de responsabilidad, donde os gusta joder a los que
tenemos polla. Pues hoy la situación va a cambiar, como te puedes imaginar. Hoy
vas a descender en la escala laboral". Soltó una risotada basta, encantado
del discursito que me estaba soltando. "Asi que dilo, Valeria, dime lo que
eres a partir de hoy".
- "Soy una puta barata, y haré lo que mis clientes me manden"
"Excelente, simplemente perfecto. Y dime...¿a cuanto se
cotiza la mamada de una puta de tu arrastrada categoría?"
Yo vacilé, que podía decirle... temía que tras sus
palabras se encontrase alguna trampa. Dije una cantidad miserable. "50
euros".
"No andas del todo desencaminada, pero te valoras demasiado.
Alguien como tu yo le echo que una mamada rápida en el coche la puedes hacer por
30 euritos. Asi atraes a la chusma, y haciendo 4 mamadas a la hora sacas a lo
largo del dia una caja mayor"
-"Como tu mandes".
"Anda, arreglate el maquillaje, que tienes clientes esperando
con ansia"
Asi lo hice, mientras me preguntaba que quería decir con eso
de que los clientes me estaban esperando... comencé a imaginar de todo, hasta
que me iban a llevar a una carcel para atender a una galeria completa de
reclusos. Sabía que funcionarios corruptos a veces aceptaban sobornos para
permitir que proxenetas entrasen su mercancia para placer de los presos, que
pagaban un buen dinero por volver a sentir a una mujer. Pero el riesgo era
tremendo si lo hacía, y no creía que el Don se permitiese un margen de fracaso
tan grande. Me esperase lo que me esperase, no iba a ser nada agradable. Eso
seguro.
Salí al pasillo con paso vacilante, temblando sobre los altos
tacones. No había nada característico en él. Antes de salir al patio me pusieron
lo que a cualquiera parecerían una gafas de sol cerradas, pero que por dentro
estaban pintadas. no podía ver nada, y así a ciegas me introdujeron en un coche,
en los asientos traseros. Pietro se sentó a mi lado, otro hombre conducía. Me
sentía aliviada de salir de ese centro de tortura, pero no me hacía ninguna
ilusión respecto a las horas que me esperaban. Al poco de ponernos en marcha,
Pietro de dió una fuerte palmada en un muslo. No entendí lo que quería de mí,
así que repitió el gesto, deciendo en tono enfadado. "Veo que eres
jodidamente lenta de entendederas. Eres una ramera barata, y las rameras baratas
no se sientan así". Yo estaba sentada con las piernas juntas, en una
posición defensiva. Adopte otra pose más acorde a mi nuevo papel, con las
piernas separadas y la corta falda subida. Eso gustó más a mi captor, que
comenzó a sobarme el interior de los muslos. No tardódemasiado en acaricirme el
sexo, primero sobre el tanga y luego retirandolo a un costado. Haciendome una
paja, tocandome con brusqudad, pero también como un hombre que hahecho esto
muchas veces. "A los clientes les gustan las putas cachondas, no un pedazo
frígido de hielo. Para eso se quedan es casa con sus parientas. Quiero verte
calentita, putita mia...". Esos dedos hurgaron en mi sexo, se metieron en mi
sexo, acariciaron mi clítoris. Me calentaron. Aunque yo no quisiese, aunque por
nada dle mundo quisiese que esa mano se manchase con mi humedad, que consiguiese
arrancarme gemiditos de goce. Incluso de mi torturado sexo se podía obtener
placer si se sabía como manipularlo. Se me ocurrió que ese hombre, con toda su
experiencia, debía ser capaz de volver loca a una mujer de placer si se lo
proponía. Un pensamiento breve, pero que me ensució el alma. Esos dedos me
tocaban sin cesar, no tenía ni idea de donde nos encontrábamos, pero parecía que
aun estábamos en una zona rural. Notaba el sol en la cara. En un momento dado un
camionero nos dió un sonoro bocinazo... debía ver desde su cabina elevada como
me metía mano. Temí que nos detuviesemos y me entregase a ese hombre, pero
continuamos la marcha sin una pausa. A su debido tiempo, y pese a hacer todo lo
posible a nivel mental para que no ocurriese, me corrí ante sus caricias. Fue
algo biológico, inevitable. Lloré dentro de mis gafas pintadas... era obvio que
había tenido un orgasmo ante sus manipulaciones. Los dos lo sabíamos. No había
sido algo devastador.. pero no el peor de mi vida. Pensandolo friamente ustedes
pueden decir que es normal, que si una mano artera y conocedora de la anatomia
femenina te explora a su antojo no puedes hacer nada... pero en ese momento yo
pensaba otra cosa. Que me estaba emputeciendo a conciencia, que todo era parte
de un plan no solo para usarme de cuerpo sino para corromper mi mente. Nunca he
odiado tanto a a nadie como a Pietro en ese momento. Distraidamente, me dio su
mano a lamer una vez que hube acabado. Olía a mi. Una vez acabé, no volvió a
prestarme atención.
Entramos en un casco urbano. El vehículo se detuvo. Me
quitaron las gafas.
Estabamos en un inmundo callejón, con sus contenedores de
basura y demás. Pietrome indicó que bajará. Abrí la puerta del vehiculo, y salí
con paso vacilante. Miré hacia la salida del callejón, que daba a la calle
bañada por el sol. Di dos pasos hacia esa luz savadora. Solo dos pasos. Me
detuve al escuchar el sonido del arma que era amartillada detras mio. Y la voz
de Pietro. "Eso no es necesario, Angelo. Mi puta sabe cual es su papel, no
nos va a fallar. Va a comportarse ahí dentro como una leona, como solo ella
sabe. ¿No es así, Valeria?.
Yo me giré hacia él, y asentí. Entonces se escuchó un sonido
debajo de unos cartones... un borracho eructaba. Ambos hombres se giraron
rápidamente. Parecía un vagabundo avejentado por la vida en la calle, que
apestaba a mierda y a alcohol. Nos miró sinver, con los ojos velados por la
niebla en la que vivía sumido. Ambos hombres se rieron. "Mira Valeria, que
cliente tan atractivo. Digno de ti y tu nueva carrera. Lástima que nos esten
esperando. Pero podras hacer algo por esta desgracia humana. Acercate a él. ".
Yo así lo hice, sintiendo más lástima por el que repugnancia por lo que
pudieran pedirme. Quedé ante el, tratando de percibir algo de lucidez en su
mirada. Nada. Me miraba como si no viese."Anda guapa, se buena y dale tus
braguitas, que total te las vas a quitar enseguidita". Asi lo hice,
dejandolas caer sobre su regazo. El no se movió. "Subete la falda y enseñale
tu coñito depilado". Su única reacción fue bostezar. Me cogieron del brazo y
me hicieron entrar en un edificio, parecia la parte trasera de un bar o algo
similar...
"Lo que esperamos de ti es algo muuuyyy sencillo. Este
club de striptease habitualmente se encuentra cerrado a esta hora, pero hoy lo
hemos abierto para ti y solo para ti. Tu vas a ser la atracción ùnica y
principal. Vas a subie a la plataforma y montarte un numerito digno de la ropa
que llevas. Y despuès atenderas a todos los clientes que lo deseen, por
supuesto. Y no creo que el nùmero sea reducido. Lo haras como una profesional, o
si no ya sabes cuales serán las consecuencias."
Yo estaba al borde de las làgrimas, pero conocìa demasiado
bien el precio de la desbediencia. Asi que entre en el establecimiento,
demasiado consciente del aspecto que ofrecìa, mientras el goce que habìa sentido
debido a las manipulaciones de ese bastardo me quemaba, como solo puede
quemarnos el sentir que nos hemos fallado a nosotros mismos.