Mi marido y yo siempre hemos sido bastante aventureros con
respecto a nuestras prácticas sexuales. Cierto día él me sorprendió.
Era sábado, y después de estar toda la tarde atareados en
casa, salimos a dar una vuelta por el barrio y, de paso, a tomar algo; cuando
llegamos a la altura del super...
- ¡Vaya! ésta mañana se me olvidó comprar una cosa,
espérame donde el quiosco que voy ahora.
Cuando llegó efectivamente, había comprado algo ya que tenía
una bolsa. Dimos otra vuelta y aparecimos en casa. Él, metió en la nevera lo que
había comprado; yo pensé que sería queso o algún postre especial, ya que todos
los fines de semana celebramos algo, aunque no haya algo concreto.
Me puse a hacer la cena...; cenamos, tomamos el café, el
chupito... y se levanta: abre la nevera y saca lo que había comprado.
- ¿ Nata? que vamos a hacer con un bote de nata.- Dije entre
un mar de dudas.
- ¿No te lo imaginas...? es... el postre.- Me dijo con
cara de... "te voy a comer entera".
Ese día me ayudó a recoger y a fregar; cuando ya estaba todo
recogido, me dio un suave beso; Cogió el bote de nata y con la otra mano a mí y
me guió hasta el salón; me senté en el sofá y me dijo que no me moviera mientras
él acababa con los preparativos. Bajó las persianas, cerró la puerta, encendió
una vela con aroma a canela, bajó la intensidad de la luz y dijo:
- Prepárate, que esto ya va a empezar.
Mi imaginación volaba, me excitaba sólo de pensar qué nuevo
placer probaríamos y disfrutaríamos hoy.
Encendió la minicadena y buscó una sintonía que tenía música
romántica; se sentó a mi lado; estuvimos un rato mirándonos; nos dimos un
pequeño beso; me levantó y me rodeó con sus brazos; su lengua recorría mi
cuello; su respiración se colaba en mi oído. Yo gemía y levantaba la cabeza
suspirando. Poco a poco, comenzó a quitarme la ropa: sus manos pasaban por
detrás de mi espalda para desabrocharme el sujetador, sus manos se movieron muy
gustosamente para mí, y recogieron mis pechos al caer. Me desabrocho la camisa y
quitó el sujetador del medio. Lamió mis pezones magistralmente para mojarlos,
mientras batía el bote de nata y después... me roció con nata el pezón. Yo gemía
y me movía al sugerente ritmo de la música; apretaba su cara contra mi pecho.
Tal era su excitación, que bajó una mano hasta mis rodillas y acariciándome la
cara interior de los muslos llegó hasta mis bragas; me las quitó y entretuvo un
rato a su mano bajo mi falda; yo seguía gimiendo y disfrutando de la gloriosa
circunstancia. Cuando acabó de comer la nata de mis pezones, le quité la
camiseta, le despojé de sus pantalones, le llené la boca de nata y se la comí
dándole un dulce, esponjoso y lento morreo; el cual lo puso a 100. Se sentó en
el sofá, yo me quedé de pie morreándole; se puso a jugar con mi sexo hasta que
acabó metiéndome un par dedos en él.
En ese momento, volví a coger el bote de nata: le mandé que
se tumbara boca arriba y lo rocié de nata: los pezones, el ombligo, la cadera y
los testículos. Me puse manos a la obra ya que lo que se ensucié, había que
limpiarlo, pero... como me gustaba limpiar aquello!!! um... que gusto. Empecé
por los pezones: lamiendo mu...y lentamente la nata, continué con la que estaba
alrededor del ombligo, ah...!!! mi nene gemía y yo suspiraba; continué con la de
la cadera, la cual eliminé rápidamente y seguí con la de los testículos... Los
tenía blanditos hasta que notó el tacto de mi húmeda lengua: pasaba y repasaba
hasta que me la comí toda. Cuando acabé, me hizo parar: me tumbó y me volvió a
rociar: en los pezones, alrededor del ombligo y una fina tira que llegaba hasta
mi entrepierna y no contento con eso me separó los labios y me llenó de nata la
misma cueva de mi felicidad.
- Ahora te toca a ti.- me dijo.
Se ladeó junto a mi, y le puse nata; le llené el pecho de
nata y, entre el monte de venus y su, ya, gran verga, la cantidad justa para
darme una buen atracón de nata con sabor a sexo varonil. Tapé el bote... y nos
dispusimos a comer el postre; me separó las piernas y comenzó a excitarme el
clítoris antes de saborear la nata mezclada con mis sabrosos jugos; yo hice lo
mismo: le separé las piernas y comencé a enmarañar mi lengua con su vello
púbico. Todavía no habíamos llegado a la mejor parte y ya estabamos totalmente
excitados los dos. Nos pusimos de acuerdo para empezar a comer la nata de los
sitios interesantes a la vez, y así lo hicimos.
Él separaba mis labios; yo estiraba su miembro y comenzamos;
me metía la lengua del todo; yo me comía su miembro hasta que llegaba a tocar mi
garganta; metía su lengua en mi y jugaba con la nata, um...!!! que placer; su
polla recorría toda toda mi boca, la metía y la sacaba y volvía a repetir. Al
final cuando nos cominos toda la nata que nos habíamos puesto,
¡¡¡felicísimamente!!! Llegamos a un orgasmo... qué orgasmo aquel. Como sobró
nata, la tengo en la nevera por si otro día "¡¡repetimos...!!".