Hola, mi nombre es Luis y os contaré lo que me pasó el día
del cumpleaños de mi novia (Luisa).
Cuando Luisa y yo hacíamos el amor en nuestra cama, muchas
veces, mientras mi polla ocupaba todo su coño, le preguntaba si no desearía
tener otra en el culo. Primero respondía que sí, pero más tarde se desdecía y no
quería hablar del tema.
Dos semanas antes de su aniversario, me pregunto si ese año,
en lugar de comprarle un regalo preferiría satisfacerla en un deseo. - Por
supuesto que sí. Lo que quieras! – No sabía a que se refería.
El día de su cumpleaños, y sin que hubiéramos hablado más del
tema, me dijo que había reservado una habitación en un hotel de la ciudad para
satisfacerla. Enseguida pensé que pasaríamos la tarde follando como locos. Nada
más lejos de la realidad, aunque con algunos cambios.
Llegamos al hotel y subimos a la habitación. En ella, había
tres botellas de champán en sus respectivas cubiteras y tres copas de cuello
alto. Me sorprendió el número de copas, pero en principio no le di mayor
importancia.
Después de servirnos y beber una copa, se lanzó sobre mí,
llevándome a la cama donde me desnudó y empezó a chuparme la verga que endureció
rápidamente. Parecía poseída por el diablo. Chupaba y chupaba. Enseguida noté
como unas convulsiones sacudían mi cuerpo. Ella, al notarlas, se apartó y siguió
masturbándome con una mano. Al momento exploté. Un disparo de semen salió
expulsado hacia arriba, cayendo sobre las sábanas. Luisa seguía sacudiendo la
polla, que irremediablemente, volvía a disparar esperma caliente. Un total de
seis expulsiones dejaron satisfecha a mi novia. Entonces, acercándose a la
mesilla de noche, realizó una llamada telefónica. Me indicó que no hiciera
preguntas.
En un par de minutos llamaron a la puerta. Al abrir, apareció
un chico de unos 30 años, alto, fuerte y pelo ligeramente largo. Luisa me dio
alguna pista sobre el motivo de la visita.
Ha venido a satisfacer nuestros deseos.
Inmediatamente pensé que Luisa haría realidad el deseo de un
trío.
Luisa condujo al chico hasta la cama, donde le ayudó a
desnudarse mientras él la acariciaba y manoseaba cuidadosamente sus pechos.
Cuando estuvo desnudo, le indicó que se tumbara a mi lado. Empezó a masturbarle.
El miembro de aquel tío empezó a crecer de forma descomunal,
hasta alcanzar unas dimensiones envidiables. Los ojos de Luisa se abrieron a
tope. Cuando la chica consideró que aquello ya estaba lo suficientemente duro,
se situó sobre é y, con la ayuda de una mano, dirigió la punta de aquel miembro
a la entrada de su coño. Restregó el capullo por los labios interiores,
impregnándolo con sus jugos vaginales, para después descender su cuerpo
lentamente, introduciendo la polla de aquel chico en su interior.
Mientras recibía aquel miembro en su interior, Luisa me
miraba y veía como mi polla también se ponía dura. Empezó a cabalgar a su nuevo
amante, lentamente pero sin descanso.
Luisa apoyó ambas manos en el pecho del chico, controlando la
profundidad de penetración, aunque a juzgar por como sus piernas descansaban
sobre la pelvis del chico, juraría que la introducción fue plena. Él, con sus
manos, acariciaba la cintura de la chica y disfrutaba de una buena follada.
Me incorporé y, arrodillado al lado de la pareja, empecé a
besar el cuello de Luisa que, al rato, empezó a jadear levemente. La chica
aumentó la frecuencia de sus movimientos, subiendo y bajando cada vez más
rápido. La respiración del chico se volvió mucho más profunda y fuerte. Ella
también aumentó la respiración. No había duda que ambos estaban disfrutando.
Luisa, subiendo y bajando sin parar, empezó a masturbarse con
una mano, mientras con la otra me agarraba de un brazo. El chico soltó su
cintura y apretó sus pechos. Al instante, ella soltó un grito y dejó de moverse.
Había alcanzado un orgasmo, no había duda. Entonces, el chico la agarró por la
cintura y la obligó a moverse otra vez. Luisa accedió a su petición y volvió a
subir y a bajar.
A los pocos segundos, las manos del chico apretaron
fuertemente la cintura de Luisa. La ayudaban a subir y la obligaban a bajar
fuertemente, provocando los golpes del culo de ella contra los testículos de él.
El chico soltó la cintura de su amante. Ella entendió que estaba a punto de
correrse, así que siguió cabalgando sin parar. Inclinó su cuerpo hacia delante
hasta que sus pechos se apoyaron sobre la piel del chico. Siguió cabalgando.
Un gritó antecedió el espasmo que inundó al amante de Luisa.
Ella se movió unas cuantas veces más sin abandonar su posición. No pudo mas que
abrir la boca y apretar sus piernas fuertemente, al notar como la leche de aquel
chico inundaba sus entrañas. Leves suspiros salían de su boca, coincidiendo con
cada una de las expulsiones de semen, que rebotaban en la parte más profunda de
la vagina de Luisa.
Cuando el chico notó que ya no eyaculaba más, relajó su
cuerpo. Luisa, sin abandonar la posición, se puso de rodillas, provocando que el
esperma del chico empezara a resbalar por sus piernas. Entonces, con unos
pañuelos de papel se limpió y limpió la polla del chico.
Servimos unas copas de champán, hasta vaciar las tres
botellas que nos habían dejado.
¿Esta era la forma de satisfacerte? – le pregunté.
No. Solo una parte. Ahora vendrá el resto.
Por unos instantes pensé que "el resto" eran más chicos. Me
la imaginé cabalgando sobre pollas enormes durante toda la tarde. Luisa adivinó
mi pensamiento y me "tranquilizó".
No te preocupes, no hay más chicos. Este basta.
Entonces la imaginé follando sin parar con esa polla enorme
que instantes antes había visto desaparecer en el interior de su cuerpo, para no
volver a verla hasta que había dejado inundado el coño de ni novia.
El champán me hizo efecto, notando como la cabeza respondía
con cierto retraso a mis pensamientos. Luisa me acompañó a la cama y me tumbó
boca abajo. Al momento, oí unos ligeros gemidos. Volví la cabeza y vi como la
chica, arrodillada frente al chico, estaba chupando aquel enorme falo, mientras
sus manos aprisionaban los muslos de su amante. Por su parte, las manos de él
sujetaban la cabeza de Luisa, impidiendo que pudiera alejar demasiado los labios
de su polla.
Cuando aquel miembro estuvo erecto de nuevo, la chica se
acercó a mí, y colocando numerosas almohadas bajo mi vientre, me situó cara
abajo y con el culo en pompa, con las piernas suficientemente separadas como
para acceder a mis testículos sin ningún problema. Luisa sabe que me gusta que
me lama la zona que hay entre los huevos y el ano, así que la dejé hacer lo que
quisiera.
Noté como la lengua lamía el interior de mis muslos,
acercándose cada vez más a mis testículos. Noté como la humedad mojaba mis
huevos, y como unas manos separaban mis nalgas para acceder mejor a mi agujero
trasero.
Un músculo suave, caliente y mojado depositó una gran
cantidad de saliva en mi culo, dejándola deslizar lentamente hacia los
testículos. Un lametazo le cortó el camino. Luisa me estaba lamiendo el culo con
una fuerza inimaginable, introduciendo su lengua en el interior de mi entrada
posterior. Aquella sensación me volvía loco.
Cuando consideró que ya estaba suficiente húmedo, noté como
introducía uno de los dedos. Le costó un poco, así que cuando al siguiente
intento, noté algo caliente y pastoso, imaginé que estaba utilizando vaselina.
Noté como mi agujero ya no ofrecía ninguna resistencia a los dedos de Luisa. Me
relajé y disfruté del momento.
Empezó introduciendo el dedo pequeño, paso al anular, luego
el índice. Cuando comprobó que entraban sin ningún problema, introdujo el
pulgar. Como tampoco ofreció resistencia, introdujo dos dedos. Las esfínteres de
mi ano se dilataban fácilmente, dejando que los dedos de la chica accedieran a
mi interior.
Noté más producto caliente y pastoso en el ano. (Más
vaselina, pensé). Levanté el culo y separé más las piernas. Por lo que yo
notaba, cada vez introducía más dedos en mi cuerpo, hasta llegar al punto que me
pasó por la cabeza que había introducido la mano entera.
Luego noté cono unas manos separaban mis nalgas, al mismo
tiempo que notaba como algo apretaba mi ano. Sentí como algo duro y grueso me
penetraba lentamente. Poco a poco. Las manos se separaron de mi cuerpo.
¿Te gusta? – me preguntó Luisa.
Sí. Ya sabes que cuando me excito mucho me gusta
cualquier cosa.
Mi mente imaginaba un vibrador entrando y saliendo de mí
mientras mi cuerpo disfrutaba de unas sensaciones desconocidas hasta el momento.
Noté como el objeto que me llenaba el culo se contraía ligeramente, en golpes
secos. Luego, volvía a salir y a entrar, cada vez más profundamente. Las manos
seguían separando mis nalgas.
Luisa acercó sus labios a los míos y me besó suavemente.
Ahora sí que me satisfaces, amor mío – Me dijo muy
bajito.
Abrí los ojos. Si los labios de Luisa habían besado mi boca,
¡quien me estaba introduciendo el vibrador por el culo? Tenía que ser aquel
chico.
Giré la cabeza hacía la pared, donde un espejo me devolvía la
imagen de la cama. Allí estaba Luisa. Su cuerpo estaba tapado por el mío, que
permanecía reposado sobre la cama y un montón de cojines, con el culo en pompa.
Tras de mí, las manos del chico seguían separando las nalgas de mi culo, dejando
camino libre para que su enorme polla me penetrara profundamente. El que había
sido instantes antes amante de mi novia, proporcionándole un enorme placer, era
ahora el responsable de mi disfrute, de mi placer.
Las manos del chico soltaron mi culo, para pasar a agarrarse
por la cadera. Me sujetaban fuertemente. Notaba como la polla del chico salía de
mi interior suavemente, notaba como sus manos agarraban mi cuerpo y lo empujaban
de nuevo hacia él. Notaba como ese enorme miembro ocupaba todo mi espacio
interior. Cada penetración era más fuerte y seguida, hasta que se volvieron
continuas y profundas. En ese momento, yo ya no solo no ofrecía resistencia,
sino que intentaba facilitar los vaivenes del chico.
Me agarré fuertemente de las sábanas, mientras le pedía mi
amante que siguiera. Noté como la mano de Luisa agarraba mi polla, masturbándola
fuertemente, después de retirar las almohadas. Mi excitación estaba llegando a
límites insospechados. El chico seguía empujando. Aquel falo enorme y duro como
una roca me penetraba sin compasión, provocando escalofríos en mi interior cada
vez que llegaba hasta lo más profundo de mí, coincidiendo con el golpeo de sus
testículos contra mis nalgas.
El chico aumentó la velocidad de penetración. Luisa hizo lo
mismo con la de masturbación. Las manos de mi amante me apretaron fuertemente.
Pensé que había llegado el momento de la eyaculación. Así fue. Unos escalofríos
salvajes recorrieron todo mi cuerpo. Una enorme cantidad de semen se esparció
por las sábanas. Luisa seguía masturbándome fuertemente. Me estaba corriendo
como nunca antes lo había hecho. La cantidad de esperma que salió de mí hubiera
llenado un vaso, sin duda.
Junto al placer del orgasmo, había que añadir el placer que
aquel chico me proporcionaba. Sus manos apretaron fuertemente mis caderas. Noté
como sus empujones alcanzaban una potencia enorme y como la penetración era la
mayor que se podía conseguir. Mi amante gritó, y apretó su cuerpo contra mi
culo.
Salvajes contracciones movían la polla del chico, que empezó
a derramar todo su esperma en mi interior, mientras seguía penetrándome. Salió y
entró cinco o seis veces más, y en cada una de ellas noté como eyaculaba. Su
líquido espeso y caliente llenó por completo mi cavidad posterior. Luego se
retiró.
Luisa soltó mi miembro y me ayudó a incorporarme. Situó un
vaso detrás mío y me indicó que me sentara sobre él. Noté como algo viscoso
salía por mi culo. Al cabo de un rato, al levantarme, comprobé la cantidad que
aquel semental había depositado en mi interior. No llenaba el vaso, pero poco le
faltaba.
Nuestro amante se fue tal y como había entrado, sin mediar
palabra. Ni siquiera sabía como se llamaba. Luisa y yo hicimos el amor otra vez.
Después de felicitarla por su cumpleaños nos dormimos. Yo soñé con aquella
enorme polla que me había follado sin compasión, seguro que mi novia soñó con la
mismo. Ahora, estoy impaciente por saber como quiere celebrar mi cumpleaños, que
es dentro de dos meses.