Hola tíos, qué tal están todos???
Este relato va a ser muy rápido, porque no tengo mucho tiempo
para dormir si quiero ir mañana a trabajar. De todos modos, tengo que contar la
"movida" que casi puedo decir acaba de terminar con mi "primo"...
Os pongo en situación: Trabajo en un pub de un pueblo de
albacete, cuyo jefe es mi tío. Trabajo en la barra junto con mi prima y otra
compañera, y sirviendo las mesas de la terraza por las mañanas están mi tío y
Julián.
Pues bien, Julián vive con mi prima, y para mí están
"casados": tienen dos hijas (primas segundas mías) y viven juntos. Tiene el pelo
muy muy corto, siempre rapado al cero, no es muy alto pero tiene una apariencia
enjunta, de tío "prieto" (a base de trabajar como camarero durante toda su vida)
Julián hasta hoy era de los tíos mas heteros, futboleros y
divertidos de toda la ciudad: multitud de gente de entre 30 y 40 años son
clientes habituales del bar sólo por Juli, porque siempre va gastando bromas,
hablando en voz alta, riendo... y eso a la vez que trabaja a las mil maravillas.
Juli lleva la voz cantante en el puesto de trabajo: es serio
cuando tiene que serlo, aconseja a mi tío cuando lo cree conveniente, me anima a
"tirarle" a alguna tía, es decir, a decirle algo para poder pasar la noche con
ella... (no sabe que no me van tanto las tías como los rabos)... en fin, Julián
es ese tío de la familia que trabaja como el que más, al que más se le oye y el
que tiene el derecho de gastar más bromas.
...Hoy pasó algo con Julián.
En algunas fantasías que haya podido tener entraba en juego
mi tío, pero no Juli... ¿por qué? No lo sé, porque tiene unos brazos fuertes, y
a pesar de su narizota enoooorme, si lo ves como un tío más y no como el novio
de tu prima, es bastante "apetecible".
En un pub, cuando terminas la noche, pueden pasar dos cosas:
debido al cansancio te quedas un ratito sentado en una mase al aire libre en la
calle, tomándote un cabata o dos, o recoges tus cosas y te vas de fiesta por
ahí, a que te pongan los cubatas otras personas.
Esta noche nos quedamos mi prima, la compañera, mi jefe,
Julián y yo tomándonos un cubata, porque teníamos los pies hechos polvo.
...La historia parte de una costumbre que se da en el pub
familiar en el que trabajo desde siempre. Esta costumbre (algo "marrana") es la
de mear en el patio y luego pasar la manguera de agua por el suelo para, así a
la vez, limpiar el suelo llevándose la orina a la vez...
¿Quién estaba meando esta noche cuando yo iba para allá?
Julián, claro, que con su habitual voz gutural y riéndose, me
ha dicho:
-¡ostias Andrés! ¡Haber avisado que venías y te dejaba el
patio para que mees tú aquí!
a todo esto, debo añadir que yo ya lo había visto mientras
iba entrando al patio, pero claro, no es cuestión de volver a irme porque,
¡joder!, sólo iba a mear y da igual que esté Julián con su polla de fuera
echando el chorro. Pero es que yo me conozco, sé cómo soy, y sé que quedaré como
un tonto si me meto al aseo para "que no me vea Julián mi rabo", más teniendo en
cuenta que yo tengo 19 años, él 31, y que no se asustará de que meemos los dos
juntos...
Pues bien, yo le contesté:
-¡Tío, Julián, tranquilo! Podemos mear los dos, si no me voy
a asustar! –mientras, me voy bajando la bragueta, y rezando porque no se me pare
tan rápido como para que cuando vaya a mitad de mear mi polla ya mida 18 cm.
Y entonces se la veo: tiene un pollón gordo como cuando a mí
se me para, pero flácida. Largo, porque se la coge con una mano y le sobra un
buen cacho entre los huevos y los dedos, y potente porque le sale un chorro que
ríete tú de las cataratas... Eso –pensé yo- significa que va a dejar de mear
pronto, se va a guardar su verga (la cual nunca había visto y que me ha dejado
alucinado) y voy a quedarme solo para poder hacerme una paja monumental después
de mantenerme frío con la polla sin reaccionar...
Pero mi polla reaccionó. Y yo me quedé rojo como un tomate,
imaginaos: acabo de bajarme la bragueta, y me intento sacar un falo semi-erecto
que no hace sino crecer y crecer ante un sorprendido Julián que no concibe el
por qué de una repentina erección de un adolescente de 19 años que sólo va a
mear en compañía de otro tío...
Quizás hubiese podido explicarle esto: Mira Julián, que hoy
la tengo tonta, a mi polla me refiero... a lo que él me habría dicho: Pues sí,
un poco tonta sí. Se ve que no follas desde hace un tiempo y vas más caliente
que el pico de una plancha....
PERO el hecho de que no llevase ropa interior no pasó
desapercibido... Casi nunca dejo de ponerme ropa interior para ir a trabajar de
cara al público... pero ese día me dio morbo y pasé de mis boxer. Y Julián tuvo
que preguntarme:
-Pero, ¿tío tú te has visto? ¡me cago en la ostia, chaval!
¿Es que no usas calzones?
Y se me quedó mirando muy sorprendido. Yo, rojo como un
tomate... Bajo la mirada todo avergonzado, la polla me deja de crecer, y cuando
voy a decirle algo, se la veo: se le está poniendo dura, ha dejado de mear...
Y entonces, me pregunta el tío:
-Andrés... ¿si me quito yo mis calzones se lo dirás a
alguien?
Increíble... ¿por qué me pregunta eso? Yo, atontado, empiezo
a guardarme mi manubrio dispuesto a irme después de hacer el ridículo como nunca
y después de poner en entredicho mi sexualidad delante de mi "primo".
-Julián, haz lo que quieras... Yo me he puesto caliente y con
mi polla así no puedo mear... Me voy.
-No, no, Andrés. Ven, quédate vigilando que voy al almacén y
pruebo a ir sin calzones y con la polla rozando directamente por todas partes.
En dos segundos, me encuentro a mí en medio del patio
mientras Julián se pierde por el almacén para quedarse sin calzoncillos...
Lógicamente, yo no estoy solo: me acompaña una hermosísima erección.
Pero cuando me llama Julián... yo estoy flipando, espero
encontrármelo desnudo, y efectivamente, detrás de las cajas de cerveza me veo a
Julián con los pantalones por los tobillos, los calzones por el suelo,
riéndose... y jugando con su polla.
-Anda, Andrés, no me digas que mis ideas son mejores: vamos a
pasar 5 minutos aquí sin nada y, cuando nos hayamos corrido después de una paja,
nos vamos, tan panchos, ¿no?
-¿qué? ¿una paja? Pero tío... –y, machos, no pude acabar
porque mi sangre se concentró bestialmente en mi entrepierna cuando Félix se
empezó a frotar su rabo con un morbo y una cara que jamás le había visto...
-Oooh, ohh –gemía... ¡en cinco segundos había empezado a
pajearse!
Pues claro, no tardé en acercarme, temiendo que alguien nos
encontrará en esas poses, y me majé los pantalones. Ténía la polla dura, dura,
durísima... y Julián, que hasta entonces nunca había actuado de manera que
pudiese haberme dado una pista sobre un comportamiento así, dejó de pajearse
para decirme:
-Si tuviese un nabo como el tuyo, cuántos chochos habría
destrozado a mis 20 años...
-Julián, pero si tienes una poya más gorda que la mía...
-¡ostias chaval! ¡Y esta polla les daba miedo a las tías y a
los tíos!
-¡¿Los tíos?!
-Jajajaja, sí, porque hacíamos apuestas y nunca sabías cuánto
me habría crecido desde la última vez...
-andaaaa –le decía yo, pajeándome más fuerte... la verdad es
que empezaba a sentir placer. Podría correrme en un minuto-, menudo creído
eres...
-Andrés, va, mírala, pero si es enorme mi polla...
-Tampoco tanto...
-mira, ¡mira!, ten cuidado que te sacudo con ella...
-¡Ja ja, sí sí, sacudirla! ¡sacúdemela tú a mí!
-Pues venga... pero ¡rápido!, eh?? Y tú a mí, y nos corremos,
y nos vamos ya.
Pero ¿cómo es posible que un tío así me diga eso tan pancho?
Sólo le encontré una explicación en ese segundo: que estoy trabajando con un
maromo al que le ponen los tíos también. Y eso es todo un descubrimiento...
Y me la agarró para pajearme, ¡ya lo creo! Y yo la suya.
Sentí su vena inflamada en la palma de mi mano, su mano en mi
rabo, la otra en los conojes, sus ojos en mis ojos, y una mirada que decía: este
es el secreto más guarro de toda mi vida...
Y cuando de su verga de 20 centímetros salió disparado un
chorro que me dio en la cara, me morí del gusto, y me corrí yo también. Pegué un
gemido tan fuerte que me ha tenido que tapar la boca con su mano, sonriéndome, y
sacudiéndome en mi polla con su polla semi-flácida después de la corrida...
Ha sido de las corridas más rápidas de mi vida, el secreto
más morboso también y una noche en la que apenas voy a poder dormir porque
mañana a las 12 ¡lo vuelvo a ver trabajando!
Tengo que preparar un relato más extenso, pero quería hacer
este resumen para no olvidarlo, porque todavía siento el semen reseco de Julián
enmi barbilla...
Nos vemos tíos, el relato extenso para otra ocasión: nos
vemos!