Barcelona, España.
Estaba profundamente dormida, tan dormida que no oí tu
llegada. Sólo me desperté cuando sentí que me besabas en el hombro. Abrí un poco
los ojos y vi una imagen borrosa de ti; estabas sentado al borde de la cama, a
mi lado y me mirabas. Yo estaba tumbada, casi boca abajo, abrazada a la
almohada. Intenté decir algo: hola... pero creo que el sonido no salió de mi
boca, solo sonreí con los ojos de nuevo cerrados y una sensación de felicidad y
seguridad al saber que estabas a mi lado.
Creo que al instante me quedé de nuevo dormida pues lo
siguiente que sentí fue tu mano acariciándome la espalda y no había rastro de la
sábana que hasta entonces me cubría. Estaba completamente desnuda y de alguna
manera sabía que tu también lo estabas, aunque no pudiera verte. Quería abrir
los ojos, abrazarte y besarte, pero no podía. Lo imaginaba y lo hacía en mi
mente como en un sueño, pero mi cuerpo no respondía.
Sentí tu mano bajando por mi espalda, por mi cadera, por el
muslo... me acariciabas lentamente como reconociendo un territorio grabado en el
recuerdo, disfrutando de esta oportunidad de observarme y acariciarme de una
manare casi furtiva. Yo seguía sin moverme, pero sentía como mi cuerpo se
estremecía con tus caricias.
Ahora ya no quería despertar, la sensación era maravillosa,
en un lugar más cercano a los sueños que a la realidad, sintiendo un placer
abstracto muy agradable. Tu mano subía ahora por la parte interior de mis muslos
... cuando llegó al final una vibración recorrió todo mi cuerpo haciéndome
soltar un leve gemido. Me abracé más fuerte a la almohada y flexioné un poco más
la pierna que tenía doblada ofreciéndome más a ti. Tenía el coñito todo pelado
como a ti te gusta y estaba muy mojada. Tus dedos deslizaban suavemente entre
mis labios, sin profundizar, acariciando levemente, incitándome, como
despertando muy despacio mi sexo al igual que habías hecho con el resto de mi
cuerpo.
Esas caricias tan suaves y lentas me provocaron una
excitación muy rápida y muy intensa. Ya no sabía si estaba despierta o dormida,
sólo sabía que te deseaba tanto que dolía. Sentía mi clítoris latir fuertemente
como si mi corazón se hubiera instalado allí y ya no quería que las caricias
fuesen tan suaves sino que respondieses a ese latido con igual intensidad, lo
necesitaba, lo pedía a gritos y sentía que si lo hacías me correría
inmediatamente, sin remedio y sólo pensarlo me excitó aun más. Y lo hiciste, y
sentí un orgasmo no tan intenso como había anticipado pero sí provocó en mi una
oleada de inmenso placer que hizo que te deseara aún más. Deseaba tu cuerpo -tu
peso sobre mi-, deseaba tu polla –sentirte dentro de mi-. En ese instante me
hubiese girado y gritado ¡fóllame! pero quería que lo hicieses tú sin pedírtelo,
así que seguí pidiéndoselo a mi sueño. Pensar que podías estuchar mis
pensamientos me parecía una idea terriblemente romántica.
Cuando te inclinaste sobre mi y sentí el calor de tu cuerpo
en mi espalda fue como una victoria y a la vez me sentía derrotada, vencida a
ti, totalmente dominada por tus caricias, suplicando que terminaras conmigo, que
me mataras... de placer. Y comenzaste a hacerlo clavándome tu polla hasta el
fondo y seguiste haciéndolo una y otra vez a golpes contra mi culo, primero no
tan rápido, saboreando cada envestida, besando mi cuello... Luego, de rodillas,
me tomaste de la cintura y me levantaste hacia ti aumentando el ritmo de tus
movimientos y tu respiración. Una de tus manos fue directa a mi clítoris y te
movías a un ritmo frenético, con rabia, con urgencia, sabiendo que esa
combinación acabaría conmigo.
Tus gemidos se unieron a los míos, yo ya estaba en lo más
alto y deseaba tu orgasmo ahora mucho más que el mío. ... no pares!!!! sentí un
par de envestidas más fuertes y cómo te derrumbabas sobre mí y tu aliento fuerte
en mi nuca, ....tu aliento, ...uuum me provocó un intenso escalofrío, me retorcí
bajo tu cuerpo y en ese instante, mientras sentía tu orgasmo sentí también el
mío. Pasó de tu cuerpo al mío y del mío al tuyo. Las sensaciones, los
sentimientos fluían de uno a otro por nuestros cuerpos como si fuesen uno, como
bombardeados por un solo corazón.
Y nos quedamos abrazados, sin despegarnos (para no
desangrarnos) hasta quedarnos dormidos. Y así seguimos hasta que horas más tarde
me desperté, y decidí despertarte poco a poco, ...suavemente. (....)