UN AMOR DIFÍCIL
Cómo una chica trans, con mucho amor y paciencia
consigue finalmente conquistar al amor de su vida.
Mi nombre es Greta, soy una chica trans de 32 años. Me ganaba
la vida trabajando en un salón de belleza. Desde hace siete años vivo con mi
pareja. Esa es la experiencia que deseo compartir con ustedes, tal vez pueda
servir de ayuda para una chica que pueda estar en una situación parecida.
Todo comenzó, nunca lo olvidaré, un día martes 7 de agosto de
1997. Ya hacía ocho años que había asumido mi necesidad de vivir como una chica.
Debo confesar que durante un tiempo, casi dos años, ejercí la prostitución, lo
cual me permitió vivir de manera relativamente cómoda. Al contrario de otras
chicas, nunca vi la prostitución como algo definitivo. Con esfuerzo logré
ahorrar lo suficiente para costearme un curso de belleza y cosmetología. Fueron
años de intensos sacrificios, pero logré finalmente obtener mi cartón. Trabajaba
en un salón de belleza para gente gay y chicas travestis. Poseía una clientela
fiel y constante, además me llevaba muy bien con la dueña, tanto que tenía
pensado dejarme a cargo del local.
Bueno, pero vamos al punto. Aquel día, faltando como unas dos
horas para cerrar, en ese momento me encontraba sola, llegó un cliente que
rompía los esquemas de nuestros habitúes. A claras vistas no era travesti ni
menos gay, no tenía nada de afeminado. Su rostro era muy varonil, una barba
incipiente que le daba un aspecto descuidado y muy casual además de interesante.
Vestía totalmente de negro, cuerpo atlético y el cabello bastante largo, casi
hasta los hombros. Usaba un abrigo de cuero, negro, parecido al de Matrix.
Quizás esa era la idea que deseaba dar. Yo vestía un jeans muy ceñido y una
polera color rosa.
Encima mi delantal de trabajo. Debo decirles que mi rostro es
bastante femenino y frágil, lo cual hace que tenga bastante éxito entre los
hombres. Además hacía un tratamiento de hormonas para suavizar aún más mis
rasgos. Prácticamente no tengo vellos en mi cuerpo, excepto en la zona púbica.
-"Necesito que me recortes y me emparejes el cabello" - me dijo. -"Pero pobre de
ti si me lo dejas demasiado corto" - y sonrió ligeramente. Yo lo miraba
disimuladamente. Era un bello ejemplar de hombre. Se veía seguro de sí mismo. Al
parecer era de los que acostumbraban a dar órdenes y ser obedecidos a la
brevedad. Una extraña atracción emanaba de su ser. Sin hacer o decir nada me
atraía como a la polilla la luz.
Con mucho cuidado fui recortándole el cabello. Lo tenía
suave, brillante y muy sedoso. -"No lo había visto antes por aquí" - le dije
tratando de iniciar una conversación. Quedó callado un momento y luego me dijo:
-"Habitualmente no ando por aquí... pero..." y mirándome fijamente por el
espejo, agregó: -"...creo que ahora comenbzaré a hacerlo, Hay mujeres muy
hermosas por aquí..." - la peineta se me fue de las manos. El tipo me ponía muy
pero muy nerviosa. Una vez que terminé, esperé su aprobación. Me dijo que estaba
satisfecho. Se puso de pie, era bastante alto. Se colocó el abrigo y me preguntó
cuánto debía. Sacó un billete que cubría sobradamente el importe. -"Le daré su
cambio" - dije. Ël me tomó la mano diciéndome: -"No preciosa. Guárdalo para ti"
- y sin soltarme la mano me preguntó: -"¿Cuál es tu nombre?" - "Gr...Gr...
Greta" - balbucée. -"Lindo nombre" comentó. -"Pronto sabrás de mí". Me soltó la
mano y se fue rápidamente.
Me dejó impresionada por largo tiempo. No me lo podía
quitar de la cabeza. Ordené un poco el local, ya caso era hora de cerrrar. Llegó
Berta, la dueña. Hicimos caja y luego cerramos. Tomé el bus hacia mi
departamento que no quedaba demasiado lejos. Me quité la ropa y me puse algo
cómodo, también preparé algo rápido para comer. Su figura seguía clavada en mi
mente y ni siquiera había sido capaz de preguntarle su nombre. Pasaron los días
y no hubo señas de él. Un día viernes, iba saliendo de la galería donde está
ubicado el salón, camino a tomar el bus. Sobresaltada siento que me toman de un
brazo. Me doy vuelta dispuesta ya a gritar cuando lo veo. Era él. ¡Casi me
derrito! -"¿Te acuerdas de mí, preciosa?" - me dijo sonriendo y quitándose las
gafas para el sol. Seguía vestido de negro, pero sin el abrigo. -"Ssssssíiiii...
síiiii... te recuerdo." - le dije nerviosamente. -"¡Ven! ¡Ven!" - me dijo. Me
tomó la mano sin preguntarme nada. Ni siquiera se me ocurrió negarme o
preguntarle a dónde íbamos. Caminamos algunas cuadras y entramos a un hotel
discreto.
Las habitaciones eran sobrias pero acogedoras. -"Bueno, estamos solos"
- me dijo. Yo lo miré y le contesté: -"Agradezco tu gentileza por preguntarme si
deseaba venir". Sonrió y me dijo: -"Tuviste tiempo de sobra para negarte, pero
que yo recuerde... ni siquiera preguntaste a dónde te traía. Así que para qué te
vienes a hacer la santa ahora. Sabes perfectamente que res una zorrita. ¿Crees
que no conozco a las hembras como tú? ¡Te mueres de ganas por sentir mi pija
dentro de ti! Y eso es justamente lo que no te haré". -Era como si leyera mi
mente. Al escucharlo quedé atónita. Su avasalladora personalidad me envolvía y
anulaba mi voluntad. Tenía razón en todo lo que me había dicho. Como si no
tuviera secretos para él. Sin decir nada comenzó a desnudarse. Primero dejó todo
su torso al desnudo. Su cuerpo era totalmente fibroso, sus músculos muy bien
marcados.
Ni un solo vello. En el brazo derecho tenía un águila tatuada y en el
izquierdo una serpiente. Se acercó a mí. Yo estaba como tonta media aturdida,
parecía mentira que esto me estuviera pasando. Puso sus manos en mis hombros y
me hizo retroceder hasta la cama, donde me hizo sentar. Luego se apartó un poco
y comenzó a quitarse el jeans negro deteniéndose justo cuando comenzaba a
ponerse interesante mientras me decía: -"Mira zorrita, tengo lo que a ti te
gusta, sé que lo has estado deseando desde que me viste. ¿Tengo razón o no?" -
Obviamente que tenía razón. Más de alguna vez me habá masturbado pensando en que
me culeaba, pero por orgullo me negaba a contestarle. Volvió a repetirme la
pregunta, dos, tres veces más y yo sólo atinaba a mirarlo, esperando que
terminara de quitarse el jeans de una vez. Se me acercó y sin que alcanzara a
decir nada me propinó una bofetada que me hizo dar vuelta el rostro. -"¡Cuando
te haga una pregunta me contestas! ¿Entendiste, puta?" -Me llevé una mano al
rostro. La mejilla me ardía como los mil demonios sin embargo no sentía rencor
alguno. Más bien me había gustado. Estaba viviendo una experiencia totalmente
distinta, me estaba doblegando y me agradaba muchísimo. Al parecer estaba frente
a un hombre que sabía llevar muy bien puestos los pantalones. Seguí sin
contestar y la segunda bofetada no se hizo esperar.
Mis ojos brillaron a causa
del dolor. Allí estaba él, grande, poderoso, dominante, sin perder la calma. Su
jeans desabrochado dejaba entrever un poco la unga negra que llevaba.
-"¿Entendiste ahora?" Asentí con la cabeza. Estaba algo llorosa. -"Sí. Sí. Lo
deseo" - le dije y agregué: -"Desde que te vi me has dejado intranquila. Quiero
ser tuya, quiero sentirte dentro de mí… quiero saber qué se siente ser tu
mujer." Sonrió satisfecho y dijo: -"Eso está mejor. Mucho mejor. Veo que nos
vamos entendiendo, zorrita". Comenzó a bajar su jeans hasta que se lo quitó por
completo. Jamás había visto un cuerpo masculino tan exquisitamente armonioso.
Era como un dios griego. La zunga apenas contenía a su miembro que a estas
alturas estaba totalmente erecto. Se acercó a mí. La cara me ardía una
barbaridad.
Se acercó hasta dejar su sexo casi a la altura de mi rostro. -"Mira,
puta, lo que hay adentro es para ti. Solo para ti. ¿Sabes lo que es?" -Yo había
aprendido muy bien la lección y contesté de inmediato. -"Sí. Lo sé. Tu miembro"
- le dije. -"¡Exacto! ¿Y para quién es?" - preguntó. -"Es para mí"- La tercera
bofetada llegó como un rayo. -"¿Qué te has creído, grandísima puta?" y luego
siguió: "Jamás será para ti. ¡No te lo mereces!" Acto seguido me tomó de un
brazo y me chó de la habitación. -"¡Ändate, perra, ándate!" me dijo. Yo no sabía
qué hacer o qué decir. Salí humillada a la calle. Lo único que deseaba era
llegar lo más pronto posible a mi casa y echarme alguna crema en la cara y
llorar hasta que me diera hipo para poder desahogarme.
Los días siguieron pasando y no me podía olvidar de aquel
episodio. Estaba totalmente inquieta y ansiosa. Su hermoso cuerpo no desaparecía
de mi mente. ¿Cómo será su miembro? Seguro que portentoso. Lo deseaba, lo
deseaba como a nada en la vida. Como una semana después, iba llegando a la
entrada del edificio donde quedaba mi departamento. Escucho una voz: -"¡Greta!"
– era él. Mi corazón dio un vuelco, parecía que un rayo me hubiese traspasado de
lado a lado.. Se acercó a mí diciéndome: -"¿Cómo estás tesoro?" – Y}o lo iré y
le dije: -"Bien. La cara ya no me duele". Él sonrió y con una desfachatez única
me dijo:-"¡Qué bueno! Pero no irás a negar que te lo buscaste!" – No le repliqué
nada. Una vez más tenía razón. Me tomó de una mano diciéndome: -"No vamos a
quedarnos toda la noche aquí. Quiero conocer tu departamento." Obedecí como
corderita. Entramos, lo examinó todo con mucha atención, para luego decirme:
-"No está mal. Se ve muy femenino. Algo básico, pero bien. Se refleja bastante
tu lado femenino. Te he estado esperando desde hace mucho rato. Prepárame un
café." – "Prepárame un café" – así lo dijo, claramente, como si fuera su
sirvienta y no admitiendo ninguna réplica. Fui a la cocina y pacientemente
comencé a preparárselo. Se lo llevé. Lo saboreó. –"¡Malo, malo, malo! ¡Está muy
simple y muy azucarado! ¡Hazme otro!".
Mi indignación estaba llegando a su
límite. ¿Qué se habría creído? Pero nada dije. Boté el café, lavé la taza y le
hice otro. Se lo llevé. Después de haberle dado un sorbo, dijo: -"Bastante
mejor. Se ve que aprendes rápido". Me senté en un sillón frente a él. Yo llevaba
una mini, que aunque no era muy corta, al sentarme resultaba algo provocativa.
Sacó un cigarrillo, ni siquiera tuvo la gentileza de ofrecerme uno. Luego me
dijo: -"Dame fuego".
Me levanté fui a la cocina y le extendí la mano para
pasarle los fósforos. No dijo ni hizo nada. Me tenía con la mano estirada y
mirándome profundamente, esas miradas penetrantes, como si te estuvieran leyendo
el alma. Sentí que un estremecimiento me recorría todo el cuerpo. –"Te dije que
me dieras fuego, no que me trajeras fósforos". Su voz fue como una cuchillada
que rasgaba el aire. –"Parece que estás convencido que soy tu sirvienta" – le
dije con rabia, no pude reprimirme.
Me quedó mirando. –"Te lo diré por última
vez. Dame fuego" Entonces le dije: -"¿Y si no lo hago?". Su voz tronó
desafiante. –"Si no lo haces, no te volerán a quedar ganas de desobedecerme".
Entendí perfectamente el mensaje. Saqué un fósforo lo encendó y lo acerqué a su
cigarrillo. Volví a sentarme frente a él. Me miraba las piernas sin ningún
disimulo. –"Tienes un par de piernas muy hermosas" – comentó y haciendo un gesto
con la mano agregó –" Sepáralas un poco para verte mejor". Casi demanera
automática mis piernas comenzaron a separarse, cuando ya no podía más me detuve.
–"Mmmm, sí estás muy rica, como para darte una buena enculada". Me hacía sentir
como si fuera una vaca de exposición. Pero no podía evitar sentir una atracción
misteriosa por él, a la vez que me atemorizaba y me seducía a su antojo. Miró su
reloj y dijo que ya debía irse. Ni siquiera se despidió. Me quedé como una
estúpida esperfando lo que nunca pasaba. Al parecer me quería volver loca de
deseo. Qudé sentada, volví a abrir mis piernas, mi mano se deslizó por debajo de
la tanga y me masturbe con rabia inusitada, pero eso ya no me bastaba,
necesitaba de algo más y sólo ese maldito podía dármelo.
Mi vida se estaba
transformando en una verdadera locura.Deseaba a este hombre como a nada en el
mundo. Soñaba con sentir su miembro penetrándome, sentir su sabor en mi boca.
Estaba dispuesta a cualquier cosa por ello. Me acosté bastante desconsolada, el
sueño comenzó a hacer presa de mí de a poco. No sé cuánto rato habré dormido, el
timbre del teléfono me despertó sobresaltada. Me asusté bastante, ya que una
llamada a esa hora, generalmente no es para nada bueno. Levanté el fono y
contesté. –"Hola" – dije. Una voz muy sensual me contestó. –"Hola zorrita. ¿No
tienes frío tan solita en esa casa?" – reconocí la voz de inmediato. ¡Era él!
Con mi voz algo adormilada le dije: -"No he sentido frío, gracias por tu
preocupación".
Inmediatamente replicó: -"Tal vez no tengas frío, pero seguro que
la ansiedad y el deseo perturban tu tranquilidad. Deseo hacerte mía, arrancarte
gritos de placer. ¿Te desagrada eso?". Me mantuve en silencio sin decir nada. El
siguió: -"¿Te gustaría que te fuera a ver y así saciar tus instintos de hembra?
Basta que me digas una sola palabra y allí estaré para hacerte sentir la mujer
más feliz del mundo..." –Deseaba tanto estar con él que le dije: -""Sí...sí.
¡Ven que te estaré esperando." –"O.K. – contestó- quiero que esté muy hermosa
para mí. Muy seductora. Estaré allí en unos cuarenta minutos". No alcancé a
despedirme porque cortó de inmediato. Me apresuré para arreglarme un poco.
Quería estar lo más hermosa posible para cuando llegara. Me quité el camisón que
llevaba puesto, igual cosa con la tanga y saqué del closet un neglillé muy
coqueto color rosa. Un poco de perfume y a esperar. Los minutos pasaban y
pasaban pero nadie tocaba el timbre. Esperé hasta las cuatro y media de la
madrugada. No me podía entir más humillada y tan terriblemente caliente a a
lavez. Si esto se dilataba más, seguramente iba a terminar loca. Era algo tan
fuerte que realmente no sabía cuál era la mejor manera de poder entrentar esta
situación. Antes de dormirme tuve que masturbarme de nuevo pensando en él.
El viernes me estaba esperando a la salida del salón. Se
acercó con su aire de autosuficiencia, me tomó de la mano y sólo me dijo:
-"Vamos". Caminamos unas cuadras. Sacó unas llaves de su bolsillo y apuntó hacia
un hermoso auto deportivo de color negro. La alarma se desactivó. Se subió al
auto y con una seña me indicó que hiciera lo mismo. De más está decir que tanta
galantería me tenía confusa. Me trataba como si fuera cualquier cosa. Subí al
auto. Conducía muy rápido, se notaba que le gustaba la velocidad. Rápidamente
nos estábamos alejando del centro de la ciudad, le preguntá a dónde nos
dirigíamos. Secamente me contestó que a su casa.
Después de una hora de viaje
llegamos. Era un edificio de departamentos muy exclusivo. Estacionó el auto y
tomamos el ascensor. Vivía en el último piso, mejor dicho era un penthouse.
¡Todo el piso le pertenecía! Realmente no tengo palabras para poder describirlo.
Era todo de un lijo que jamás habría podido siquiera imaginar. –"¡Siéntate!" –
me dijo señalando un sillón que se veía muy cómodo. Una vez que estuve
instalada, comenzó a desnudarse frente a mí. Se dejó solo la zunga. Su paquete s
veía muy tentador.Comenzó a moverse voluptuosamente como si estuviera cogiendo a
alguien. Se llevaba las manos a su sexo y comenzaba a sobárselo mientras me
decía: -"Mira, puta. ¿Te gusta? Imagínatelo dentro de ti, llenándote el culo de
semen..." y se lo seguía acariciendo de una manera que me ponía los pelos de
punta. –"¡Dámelo! ¡Dámelo!" – le dijo con toda mi ansiedad. –"¿Me quieres matar
del deseo? ¡Por favor, papito! ¡Dámelo! ¡Quiero sentirlo! ¿Es que no ves cómo me
tienes?". –El se reía y seguía calentándome. –"¿Y qué has hecho para que te lo
dé?" dijo mientras se acercaba a mi rostro pero no dejaba que ni siquiera o
alcanzara a rozar. –"Sólo te dejaré verlo, puta.
Que lo veas para que tu deseo
sea más intenso. Si quieres tenerlo deberás hacer muchas cosas antes". Comenzó a
bajarse la zunga, quedó completamente desnudo ante mi vista. Si hasta ese
momento me tenía subyugada, con eso me dejó totalmente enloquecida. Ni siquiera
en las revista había visto un cuerpo masculino tan hermoso como el suyo. Sus
piernas largas y firmes, musculosas como todo el resto de su cuerpo, pero en el
punto justo, sin exageraciones. No como esos tipos que se desarrollan hasta casi
quedar deformes. Y su sexo... ¡Ayyyyy!. Su sexo era extraordinariamente hermoso.
Muy buen porte, calculé que por lo menos arriba de veinte centímetros, bastante
grueso y recto como una vara. al final de su tallo, dos hermosas pelotas que se
notaban cargadas de semen. Adivinó el deseo en mi rostro. La tomó en sus manos y
comenzó a blandirla como si fuese una espada. –"¿Te gusta?" – me decía. Yo le
contestaba afirmativamente con la cabeza. No pude evitarlo. Me eché hacia atrás
en el sillón, separé mis piernas y comencé a acariciar mi pija masturbándome
mientras lo miraba. De esa manera pude apaciguar un poco mi furor. El también
comenzó a masturbarse, era espléndido ver cómo su mano frotaba ese portento
masculino.
Me vine muy rápidamente, pero eso no era problema para seguir
disfrutando de la hermosa vista que tenía frente a mí. Cuando sentí que
suspiraba profundamente, me di cuenta que estaba acabando. Se acercó con su mano
derecha doblada. Me percaté que en ella estaba depositado su semen. La acercó a
mi rostro y con una voz muy dominante me dijo: -"¡Bebe!". Con mis dos manos tomé
la suya y me la acerqué a la boca y cual una gatita comencé a lamer el semen
hasta que no quedó ni una sola gota. No era la primera vez que probaba el semen
de un hombre, debo reconocerlo, pero éste marcaba la diferencia en sabor, en
textura en viscosidad. Estaba exquisito. Podría haber bebido litros sin
cansarme. Cuando terminé, sin siquiera pensarlo, me arrojé de rodillas frente a
él.
Mi idea era limpiarle el pene de los restos de semen que pudiera quedarle.
Me moría de ganas por hacerlo, sentirlo en mi boca. –"¿Qué haces, puta?" – me
gritó indignado, dándome un terible empujón que me hizo estrellar contra el
sillón en el cual había estado sentada. No me esperaba esa reaccoón. Asustada le
dije: -"Yo sólo que... que... quería..." No alcancé a terminar cuando una feróz
cachetada me hizo voltear el rostro casi completamente. Veía estrellitas por
todas partes. –"¡Las putas no deben querer nada!" Me dijo. –"¡Andate de aquí!
¡No quiero verte!" y me arrojó un billete de cincuenta dólares para que me
fuera. EWstaba muy lejos de mi casa así que no me quedó más remedio que tomar el
billete. Salí llorando como una Magdalena. En parte por el dolor y otra por la
humillación de que había sido objeto.
Pensé muchísimo en todo lo sucedido. Me hice el propósito que
esto no podía continuar. Así que me hacía la fuerte y lo mandaría al mismísimo
demonio. Total, sería él quien se lo perdía. Pasaron deos semanas desde aquel
triste episodio, semanas durante las cuales no dio la más mínima señal de vida.
Eso era lo que más rabia me daba ya que ni siquiera me daba la oportunidad de
vengarme. Vanamente esperaba cada noche que me llamara, pero nada. Así pasó todo
un mes. Ya estaba comenzando a hacerlo desaparecer de mi vida. Un día viernes
como a eso de la medianoche sonó el timbre. Algo asustada pregunté desde dentro
quién era. –"¡Abreme!" dijo la voz desde fuera. Lo reconocí de inmediato. Era
él. Pero esta vez tenía yo la sartén por el mango. Si decidía no abrirle no
podía hacer nada. –"¡Te dije que abrieras, puta!" dijo caso gritando. No me
pregunten por qué, ya que no tengo explicación. Dócilmente abrí la puerta. Me
miró fijamente de pies a cabeza y dijo: -"Estás más rica que nunca!". Muy brava
le contesté: -"¿Y de qué me sirve si no te atreves a cogerme?". Yo no aprendía
nunca. Al oír su respuesta su cara se desfiguró por la ira. Con su mano poderosa
me tomó del mentón apretándome fuertemente, casi haciéndome daño y luego muy
cerca de mi rostro dijo: "Aquí el que manda soy yo. Tú sólo eres una puta
obediente. ¿Está claro?". –Temerosa, asentí con la cabeza.
Me abrazó y comenzó a
hablarme al oído. –"Hace una semana que no me baño, puta. Huelo a hombre, a
macho, tu hombre, tu macho". Me lo decía de una manera que, debo confesarlo,, se
me llegaban a cortar los elásticos de la tanga. El podía sentir perfectamente ql
poder que ejercía sobre mí. Me seguía susurrando: -"Mi sexo huele a hombre, ese
aroma que te gusta y enloquece. ¿Te gustaría sentirlo?" –Yo toda trémula ya me
había olvidado de todas las promesas de olvidarlo y titritando como tonta le
respondí que sí. –"Entonces te dejaré un regalo, mi putita, para que ´pienses en
mí: mi esencia." – dijo. Yo no sabía bien de qué estaba hablando. Me soltó y se
dirigió al baño, a los pocos minutos salió y me dio una bolsita con algo
adentro. Antes que alcanzara a decir algo se marchó tan rápidamente como había
llegado. Curiosa abrí la bolsita, alli estaba su zunga, era negra y diminuta. La
tomé y la llevé a mi rostro. Estaba impregnada a su sexo. Me supo delicioso y lo
apretujé fuertemente contra mi rostro. Eso al menos era mejor que nada. Algunas
lágrimas brotaron de mis ojos y terminé inevitablemente masturbándome, pero esta
vez con el consolador que guardaba en mi mesa de luz.
Mi nivel de trastorno llegó a tanto que la zunga la andaba
trayendo en mi cartera y a ratos la olía, la besaba y pensaba en él. Lo ,ás
curioso era que ni sabía su nombre. A pesar que nuestro grado de intimidad no
era mucho, parecía conocer todo respecto a mí. Eso me tenía muy intrigada. Esta
vez su ausencia duró como dos meses. Estaba atendiendo a una cliente, cuando mi
celular comenzó a sonar con el timbre característico de haber recibido un
mensaje de texto. Apenas pude lo abrí y leí: -"Te espero a las 19:00 Hrs. En la
catorce con los Alamos".
Eso era todo. La dirección no quedaba lejos de donde
trabajaba. Unas tres o cuatro cuadras. Pedí permiso para salir antes. Por suerte
no me pusieron problemas. Me paré en la esquina. Me recordó los tiempos que
había trabajado de puta. Muchos automovilista me miraban fijamente, con esa
mirada que tienen los hombres cuando desean tirarse a una chica. Me desnudaban
con la mirada. Miré el reloj. Ya había pasado una hora . Cualquier persona con
un poco de sentido común habría esperado bastante menos. Sabía que debía irme,
pero algo me detenía, impedía que me fuera. ¡Tanto era el deseo de verlo! Seguí
parada en esa esquia, una hora y media, dos horas. ¿Qué me había dado este
hombre para tenerme así? Me tenía sorbido el seso. Al poco rato de haberse
cumplido las dos horas, un pequeño, un niño vago me entrega un papel doblado y
sin decir nada se fue. Lo desdoblé, había un pequeño mensaje: -"Puta, entra al
bar que está en la esquina frente a ti".
Una vez más mi indignación fue grande.
Por lo menos podía haberme avisado en persona. Me encaminé al bar. Allí estaba
en una mesa frente a la ventana. Lo primero que que le dije fue: -"Te felicito
por tu puntualidad. ¡Mira la hora en que se te ocurre llegar!" – Me miró conuna
fría indiferencia y me contestó: -"¿Y quién diablos te dijo que llegué recién?
Sus palabras fueron como un duchazo de agua fría. De solo pemsar lo que me
estaba imaginando me invadió un deseo terrible de matarlo, de asesinarlo,
arañarlo entero. Hacerle pedazos la cara con mis uñas. –"¿Me estás queriendo
decir que me tuviste todo este rato esperándote y tú estabas aquí?" – Con toda
desfachatez me dijo: "Exactamente". Mi rostro se puso rojo al grado máximo.
–"Pues bien, señor, para que vaya sabiendo. Lo que sea esta extraña relación que
tenemos se acabó de inmediato. Así que por favor te vas olvidando de que
existo." Rápidamente me tomó de una muñeca y me la iba apretando cada vez más
fuerte y sin que pareciera hacer el más mínimo esfuerzo. Muy suavemente, pero
con firmeza me dijo: -"¡Siéntate!". –Como no podía zafarme no me quedó más
remedio que obedecer. Casi sollozante y en tono de súplica le dije: -"¿Por qué
me haces esto?" – Ni siquiera tomó en cuenta mi pregunta. –"Mañana te quiero en
esta esquina de nuevo, pero que te veas lo más puta posible".
A continuación se
puso de pie y se marchó. Me mordí los labios de rabia. Por supuesto que no le
iba a hacer caso. Llegué a mi casa, me quité la ropa y me acosté. No quería
saber nada del mundo. Cuando sonó el despertador, hice el ademán de levantarme,
pero una idea se apoderó de mi mente y no me la pude quitar. Decidí llmar al
trabajo para hacerme pasar por enferma. Deseaba tener tiempo y calma para tener
el mejor aspecto de puta que pudiera lograr. Si el desgraciado quería a una
puta, pues bien le daría la mejor puta posible. Escogí una falda muy corta y
apretadísima, de tela muy delgada de un rojo furioso.. La tanga más pequeña que
tení del mismo color de la falda. Un top miy breve al tono. Botas con grandes
tacos tipo bucanero.
Mi maquillaje no arrojaba duda alguna acerca de lo que
deseaba aparentar.. Además una peluca rojiza de cabello muy abundante.
Inadvertida al menos no iba a pasar. Si quería jugar duro eso le iba a dar.
Cuando faltaba poco para la hora, llamé un radiotaxi. El pobre tipo casi quedó
sin ojos. No sé cómo no tuvimos un accidente ya que no quitaba la vista del
retrovisor para mirarme las piernas. Poco antes de bajar me acomodé un poco las
tetas, llevaba un sujetador que las juntaba y hacía ver más exhuberantes. Pagué
el importe de la carrera, me bajé y tomé mi ubicación en la esquina.
Demás está
decir que provoqué una verdadera locura. Los tipos de que pasaban me decían de
todo y los más tímidos disminuían su marcha y me comían con los ojos. Como a la
hora después, llegó en su auto. Se detuvo a mi lado. Se quedó mirándome por un
rato hasta que dio su aprobación y me hizo una seña para que subiera. –"Debo
confesar que no he vista a una puta más exquisita que tú" – me dijo. Sonreí y le
contesté: -"Bueno... es lo que deseabas ¿o no?" – "Sí-contestó- es lo que
deseaba y más" – No le pregunté a dónde íbamos porque lo más probable es que no
me iba a contestar. De printo rompió el silencio preguntándome: -"¿Sabes lo que
es un bukkaki?" – Jamás en mi vida había oído esa palabra. –"No tengo idea. ¿Qué
es?" – le pregnté intrigada. Secamente me respondió. –"Lo sabrás cuando
lleguemos". Quedé totalmente intrigada. Obviamente no íbamos a su departamento
ya que íbamos por otra parte. Dio tantas vueltas que ya ni sabía por dónde
andábamos. De pronto hizo un viraje brusco y se introdujo en un condominio que
no era tan elegante como su departamento, pero no estaba nada de mal. Estacionó
el auto y me dijo que bajara. Entramos al ascensor. Apretó el botón del tercer
piso. Mientras tanto sacó unas llaves de su bolsillo. Eran las del departamento,
entramos y para asombro mío habían cinco hombres jóvenes, bebiendo y riendo.
Cuando me vieron y por la forma de hacerlo, debo decir que el temor hizo presa
de mí. –"¡Hola muchachos! – dijo saludándolos - ¿Ven que cumplí mi palabra?
¡Aquí está la puta!". Los muchachos aplaudieron y festejaron las palabras de mi
extraño acompañante cuyo nombre yo seguía sin saber. –"No perdamos tiempo" –
dijo. Me hizo sacar la chaquetita que me cubría y me hizo poner de rodillas en
medio de la sala. Los chicos me rodearon. Estaba totalmente prisionera entre
ellos. Casi al mismo tiempo comenzaron a bajarse los pantalones. La escena
parecía increíble. Las pijas me rodeaban por todos lados. Eran de muy diversos
tipos, pero sin duda la que se llevaba las palmas era la de i querido amigo.
–"¡Quédate tranquila y no te muevas – me dijo en forma autoritaria como era su
costumbre - ¡Te daremos un baño de semen!" – de inmediato comprendí que eso
erale bukkaki.
Comenzaron los seis mastodontes a masturbarse, podía apreciar
como sus pijas se iban humedeciendo producto de la excitación. Muy hipócrita
sería si dijera que la situación me disgustaba. Pensaba en lo dichosa que debía
estar. Hay mujeres que llevab tanti tiempo si ver una sola y yo tenía allí a mis
disposición nada menos que seis. No habría pasado unos diez minutos, como si se
hubieran puesto de acuerdo, acabaron casi al mismo tiempo. Parece que se habían
estado preparando para algo así, ya que la cantidad de semen que les emanaba era
bastante considerable. Quedé con el rostro y el cabello hecho una miseria,
completamente inundado de semen. Me costaba parpadear debido a la gran cantidad
de maretia viscosa, se me pegoteaban. Con la lengua recogía un poco y lo
saboreaba. Sentía cómo, lentamente parte de él se escurria por mi cuello. Ni
hablas de mi ropa. Había semen hasta por las partes más inimaginables. Mi
querido amigo, antes de comenzar me había advertido que no debía limpiarme el
rostro. Imaginaba que debía estar muy bella con esa crema facial que me habían
prodigado. Lo poco que podía recoger con mi lengua lo disfruté mucho como es
debido. Así de rodillas estaba rodeada por estos machos que ya no podían
arrojarme más leche. El chorro de mi estimado amigo fue el más impresionante ya
que estaba justamente frente a mi rostro, de más estaba decirlo que se había
reservado para sí la mejor ubicación. Cuando ya vio que el asunto había
terminado se dirigió a los muchachos diciéndoles: -"Bien chicos. Eso es todo.
Después arreglamos. Ahora se pueden ir." Se arregñaron las ropa rápidamente y se
marcharon. Allí quedé, arrodillada en medio de la sala sintiendo como el semen
se resecaba en mi cabello y rostro sintiéndolo algo tirante. Curiosa me
preguntaba si me tendría alguna otra sorpresa. Una vez que cerró la puerta, se
había puesto una zunga blanca que se notaba humedecida en la parte de su sexo.
Tomó asiento y se quedó mirándome. –"¿Te gustó la sorpresa?" – me dijo. Asentí
tímidamente. –"Imaginaba que te gustaría. No puedes disimular lo puta que eres.
Eso es lo que me gusta de ti.". Yo lo escuchaba atentamente. Se veía tan hermoso
sentado con las piernas abiertas dejando entrever su bulto. El desgraciado sabía
muy bien cómo calentarme. Sabía cuánto lo deseaba y que estaba dispuesta a
asumir el precio que fuera. Ya no me importaba nada. Sólo tenía en mente el
deseo de ser cogida por él. –"Mi nombre es Iván" – dijo. Eso fuen como si un
rayo me hibiese partido en dos. ¡Al fin se dignaba a darme su nombre! Eso era un
claro avance. –"Levántate y acércate" me dijo con su tono tan característico. Me
acerqué lentamente. –"Te ves muy hermosa con esa crema facial" comentó. Me
sonreí y me segí acercando más a él. Se inorporó un poco y con su mano me tomó
por la nuca. –"Tienes una piel muy suave y una piernas muy hermosas""- dijo
mientras me acariciaba. Yo estaba totalmente dichosa. Era delicioso sentir cómo
esas manos recorrían mi cuerpo de una manera que me enloquecía. Se psaron por
unos momentos en mi trasero. Me sobaba las nalgas como nunca lo habían hecho
antes. –"Tu trasero es precioso – me decía – me muero por sentir su aroma, la
tibieza de tu intimidad" y diciendo esto su mano derecha se introdujo por debajo
de mi tanga.
Con la otra separó mis glúteos. Estaba clarísima la intención.
Buscaba mi ano. Cuando lo encontró comenzó a acariciarlo suavemente con la yema
del dedo. El placer se apoderó de mí. Luego me bajó la tanga dejándola a la
altura de mis rodillas. Me acerqué un poco más y apoyé mis manos en sus hombros.
Separé las piernas tanto como me lo permitió la tanga a fuin de facilitarle la
tarea. Su mano volvió a mi trasero y sentí como su dedo comenzaba a penetrarme.
Se me escapó un quejido. Sonrió. –"¿Te gusta, putita?" – me preguntó.
–"Ssssiiii... me gusta mucho. ¡Mmmmmmmmmm! ¡Ricoooo!" – le decía entre jadeo y
jadeo que me arrancaba. Cuando lo introdujo completo comenzó a hacerlo vibrar
muy rápido. Me produjo un placer indescriptible, yo estaba como una verdadera
loca. Cuando sentía que me tanía al borde del paroxismo se detenía o disminuia
la intensidad. Eso me provocaba una ansiedad casi insoportable. Le gritaba, lo
insultaba, le rogaba para que no se detuviera. Ansiaba llegar al orgasmo, pero
me lo tenía prohibido. Cuando me desesperaba mucho, con la mano izquierda me
daba unas fuerte nalgadas, pero eso en vez de tranquilizarme me calentaba
muchísimo más. Sólo conseguía enerdecerme más. En un momento se descuidó y ya
estaba a punto de ver el cielo, se detuvo bruscamente, dejando su dedo quieto
dentro de mi culo.
Mi desesperación y fristración fue tan grande que no sé de
dónde saqué el valor para darle una violenta bofetada. Se la dí con toda mi
alma. Quedé estupefacta cuando tomé conciencia de lo que había hecho. Esperaba
lo peor. Me miró, se sonrió y me dijo: -"Creo que me lo merecí". Sacó su dedo de
mi culo y asegurándose que lo veía se lo llevó a la boca para saborearlo. Me
sentí tan de él cuando lo hizo. –"¡Mmmm, eres de primera, chiquita, el mejor
culo que he saboreado en mi vida". De la rabia pasé inmediatamente a la ternura.
Mirándolo a los ojos le dije: -"Perdóname, mi amor, lo hice sin pensar" .
Quitándose el dedo de la boca me respondió: -"No te preocupes, chiquita. Me
agradó lo qie hiciste, en caso contrario no estaría tan tranquila.
No hay nada
mejor que una hembra con temperamento – luego agregó – ya que te mueres por
venirte te daré la oportunidad de hacerlo" Me subió la tanga y me hizo sentarme
en el piso muy cerca y frente a él. Se echó hacia atrás en el sillón, apoyándose
en el respaldo. Acarició su sexo sobre la zunga. –"Mira- me dijo – este paquete
será tuyo, pero sólo cuando considere que lo mereces...¿lo deseas?" – Sin
dudarlo siquiera le dije que sí y agregué: -"Más que a mi vida!"- -"Me alegra
mucho lo que dices – contestó – pero pata poder ganarte ese placer tendrás que
ser muy obediente" – Mi respuesta salió del alma. –"Haré lo que tú digas". Se
levantó. Era hermoso verlo con la zunga que a duras penas le tapaba el sexo. Su
piel brillante, perfecta. ¡Cómo deseaba a este hombre! Desapareció de la sala
por unos momentos. Cuando volvió traía en su mano un pequeño piso. Lo dejó muy
cerca del sillón dende había estado sentado. Luego se dirigió hacia un mueble
que estaba adosado a la pared, abrió una pequeña puerta y sacó un vibrador. Su
aspecto era muy real. Tendría unos 18 centímetros por unos cinco de ancho,
recto. Hasta las venas se le notaban. En la base una ventosa, con la cual la
pegó a la superficie del pisito. –"Quiero que te la comas entera"- me dijo. Tomó
asiento en el sillón, se echó hacia atrás y con las manos comenzó a acariciarse
el sexo de una forma extremadamente sensual. Con su rosatro me decía tantas
cosas. Podría haber pasado una eternidad observándolo y adorándolo. Me puse
frente a él, sentía mi piel tirante y reseca a causa del semen. Me quité las
botas para está más cómoda. Luego seguí con el resto hasta quedar completamente
desnuda. Mi pija estaba erecta, pero era una minucia comparada con la de Iván.
La mía no pasaba de unos 10 centímetros.
Cuando me la vio dijo: -"Es pequeñita.
Otro mérito para desearte." – Comencé a bailar y a moverme como una bataclana de
cabaret barato.Mis manos jugaban con mis pezones pellizcándolos suavemente,
luego me ubiqué delante del piso. El consolador me esperaba. Estaba brillante y
húmedo. Allí me di cuenta que había tenido la gentileza de lubricarlo con
bastante genorosidad. Ese detalle aumentó más mi pasión por él. Puse mi mejor
cara de puta caliente y comencé a agacharme lentamente, apoyé mis manos en las
rodillas y me preparé para empalarme. Mi culo rozó la punta del vibrador, me
concentré al máximo para relajarme y disminuir la natural resistencia a ese
magnífico objeto. Hice las manos hacia atrása, tomando mis nalgas y separándolas
lo más que pude. Afortunadamente, aunque su tamaño no dejaba de ser
considerable, me habian penetrado con miembros más grandes que ese. Aumenté la
fuerza. Me mordí el labio inferior sin quitar la vista de mi hombre que seguía
acariciando su sexo. Imaginaba lo hermoso que sería si fuera yo quien se lo
estuviera acariciando. Cuando sentí que la punta del vibrador habia penetrado
exhalé un hondo suspiro. –"Mi amor – le dije- ya está entrando en mí. ¡Que
hermoso sería si fueras tú!" –Me miró de una manera que me hacía sentir menos
que nada y me dijo: -"Cuando sea yo, no estarás tan tranquila, porque te volveré
loca de placer." Seguía comiéndome el cosolador, se iba acomodando muy bien a mi
culo. Era suave pero firme. Me demoré unos cinco minutos en completar la faena
hasta quedar completamente sentada en el piso. Nadie se podría haber dado cuenta
que estaba todo dentro de mí.
Cerré por un momento mis ojos para sentir mejor
ese placer tan único que solamente puede brindar la penetración. Fue en ese
momento que le dije a Iván: "Ya mi amor, mírame, está todo dentro de mí".
–Sonrió y me dijo: -"Esa es mi chica. Por ser tan buena te daré un premio."
Metió su mano debajo de la zunga y sacó su miembro. Ante su presencia los ojos
casi se me salieron. Era para perder la cabeza por algo así. Lo tomó desde su
base, dejándolo parado ante mi vista. Su cabeza era grande, roja, brillante.
Parecía la cabeza de un soldado con casco. Por la ranura posterior, que era lo
que estaba frente a mí, se notaba el frenillo de un prepucio recogido, como una
espada desenvainada lista para asestar su golpe mortal. Su cuerpo, un poco, no
demasiado, más angosto que su cabeza, en forma pareja, recto y duro como el
acero. Una vena ancha, centrada justo en la mitad lo recorría entero y numerosas
otras, más pequeñas desparramándose en diversas direcciones hasta llegar a su
nacimiento, dos hermosas bolas de un tono un poco más oscuro. Se veían grandes,
repletas de semen que yo deseaba con toda mi alma. Me daba rabia porque dilataba
tanto el momento para hacerme suya, pero no me quedaba más remedio que ser
paciente. Con soo verlo me estremezco entera y la hembra que hay en mí se
enfurece. Quiero todo ese placer que me puede brindar.
Deseo ser hembra, su
hembra, que me haga suya, que me inunde con su semen y recorra todo mi cuerpo.
¡Como deseo pertenecerle! Sentirlo dentro de mí, esperando aquel momento sublime
en que sea la causante de llevarlo al cielo. Que me apriete fuerte contra su
cuerpo en ese deseo inmenso de convertirnos en un solo ser, que esté
completamente dentro de mí. Que su semilla abrace mis entrañas, que me arranque
chillidos de placer hasta hacerme morir por unos instantes.
Allí, erguido y orgulloso como una torre frente a mí, tan
cerca y tan lejos a la vez, blandía su sexo despertando más y más mi apretito
voraz, pero no me dejaba acercarme y menos tocarlo. Se lo comenzó a frotar
suavemente con la mano recorriendo maravillosamente eres tronco formidable.
Entretanto yo subía y bajaba sobre el falo artificial. No se podía negar que
tenía una adherencia excepcional. Se deslizaba dentro de mí con mucha facilidad
y las protuberancias que tenía me excitaban al máximo cuando se movía.
Iván me
miraba y decía: -"Así chiquita, así. Cómetelo todo, enterito. Imagina que es el
mío." Y me lo mostraba. Noté su punta brillante, producto del líquido preseminal
que comenzaba a brotar. Pasé mi lengua por los labios, deseando probar su sabor.
Después de un rato en que estaba frenética subiendo y bajando mientras me
masturbaba y miraba a Iván, me pidió que me quedara tranquila y me acercara lo
más posible a él. Entonces pasé mi mano por detrás y con mucha dificultad pude
despegar el consolador del pisito. Su ventosa era muy firme. Me asegure que
quedara metido hasta el máximo ya que no deseaba por ningún motivo perderme de
esa emoción extra. Me ubiqué de rodillas entre sus piernas, pero antes me
advirtió: -" Greta, al menor intento de tocarme te muelo a patadas. Sólo quiero
que mires, observes y me desees de tal manera que tu excitación sea tal que te
vengas sin que te toque. ¿Está claro?" – asentí con un gesto de cabeza. Me
acerqué lo más que pude. Grande era la tentación de abalanzarme sobre él, pero
tenía la plena seguridad que hablaba en serio y que cumpliría su palabra.
Después de un rato agregó: -"...pero si te portas bien, si eres una buena chica,
te daré un premio".
Comenzó a masturbarse, veía cómo su mano se desñizaba
rideando todo su tronco. Era un espectáculo maravilloso. Me sentía feliz de ser
la causante de todo. Podía apreciar claramente como el líquido preseminal era
cada vez más generoso y se chorreaba por su pija para luego untar todo su puño
cerrado alrededor de él, tranformándose en una espumita, como si fuera
jaboncillo. Yo no tenía mente para otra cosa. Me excitaba tanto el espéctaculo
que me dejaba llevar por mis emociones. Sentí de pronto que mi ano se comenzaba
a contraer apretando fuertemente el consolador, era algo que me sucedía de forma
sintomática, superior a mí y que no podía evitar. Un calorcito muy agradable
comenzó a recorrer mi cuerpo, una puntada, una luz cegadora que no me dejaba
pensar en otra cosa y allí comprendí que estaba por venirme. Si me lo hubiesen
contado no lo habría creído. Fue un orgasmo increíble, producido sólo por la
estimulación visual. Di un alarido infrahumano y sentía cómo mi semen salía con
toda fuerza para caer sobre una pierna de Iván. Todavía no me recuperaba del
todo cuando comienzo a sentir los jadeos de Iván. Me preparé para el momento.
Observé que apretó fuertemente su miembro para evitar que el semen saliera
disparado. Sus quejidos eran callados, hacia adentro, pero se notaba que de un
placer intenso. Llegó a retorcerse en el sillón. Esperó unos momentos para
calmarse, pero sin soltar su miembro, cuya cabeza estaba cubierta por el
prepucio. Lo admirable era que, a pesar de todo, su miembro no perdia la dureza
y consistencia. –"Has sido una buena chica, obediente – me dijo – por lo tanto
te daré tu premio." Se acomodó, dejó su pene en línea recta. Quitó sus dedos del
prepucio. ¡Qué maravilla! Se asemejaba a un volcán en erupción, sólo que en este
caso era una lava blanca que comenzaba a desbordarse por todos lados como si
fuera una fuente sin fin. El líquido viscoso se deslizaba lentamente por los
bordes. Yo no me atrevía a hacer nada, pero moría por probarlo, por beberlo y
sentir su sabor salado en mi boca. Entonces dijo las palabras que tanto esperaba
oír:-" Bébelo, antes que se pierda". No me hice rogar dos veces y plena de
lujuria y calentura comencá a dar lenguetazos por los bordes, de abajo hacia
arriba para que no se perdiera nada. Lo saboreaba con verdadero deleite, casi
religiosamente. No podía menos que pensar en lo maravilloso que son los hombres,
dueños de nuestro placer. Nos dominan, nos subyugan, la mayoría de las veces nos
hacen sufrir, pero es tanto el placer que nos regalan. No existe nada que pueda
reemplazarlos, sentir su ternura dentro de su virilidad, en esos momentos
mágicos en que se entregan por entero a nosotras y que sólo ahí, en ese momento,
podemos decir con toda certeza que nos pertenecen totalmente aunque sea por unos
pocos segundos.
Cuando terminé mi labor de limpieza, reprimí cualquier otro
intento de pasión para no enojarlo. Ya me había hecho la idea que únicamente
podía hacer lo que él me permitiera, por eso lo hacía con mucha intensidad de la
que podía ser capaz. Su pene seguía erecto, yo estaba sorprendida por su rápida
capacidad de recuperación. Me sonrió. –"Cada vez estoy más seguro que eres la
hembra que necesito tener a mi lado." -No podía haberme dicho nada mejor. Con
eso podía soportar y aguantar cualquier exceso que deseara de mí. Ya me tenía
comiendo en sus manos. Lo llevaba tatuado en mi piel. Me moría por ser su
hembra.
Sabía que con un hombre así podía sentirme totalmente plena. Tener la
vida que siempre había soñado. Me tendió la mano, acarició mi rostro y dijo:
-"Te ves muy hermosa así". Sin decir más se uedó mirándome fijamente. Me
traspasaba con la fuerza de su mirada. Sentía que cada célula de mi cuerpo se
derretía como mantequilla al calor. En su mirada se reflejaba todo, no era
necesario que recurriera a las palabras. Sabía perfectamente el poder que
ejercía sobre mí y no dudaba ni un instante en que lo usaría al máximo. Salió de
improviso del momento de ternura que me estaba demostrando, para volver a ser
como antes. Fue entonces cuando escuché lo que dijo que sonaron como un latigzo
a mis oídos, fue como si una aplanadora me hubiese pasado por encima. –"Quiero
que seas mi mujer. Eso si estás dispuesta." Esperaba cualquier cosa menos una
maravilla como esa. Lo miré con mis ojos brillantes por la emoción. –"¿Lo estás
diciendo en serio? – respondí - ¿o es otro de tus caprichos?". Me miró, pensé
que me iba a golpear por la osadía de mi pregunta y apreté las mandíbulas
esperando el golpe. Nada de eso sucedió. –"Te lo digo muy en serio. Pero te
advierto que ser mi mujer no te será nada fácil..." No podía dejar pasar esta
oportunidad, entonces le contesté: -"No me importa en lo absoluto cuán difícil
pueda ser. Si hay algo que deseo en este mundo es precisamente ser tu mujer.
De
a poco voy aprendiendo a conocerte y cada segundo que pasa te amo más..."
–Sonrió para decirme: -"Bueno, recuerda que te lo advertí. Debes estar dispuesta
a todo. Soy muy exigente. Tengo el convencimiento que eres lo que tanto he
buscado, pero no quiero equivocarme. Debo asegurarme. Si lo consigues te haré la
hembra más feliz del mundo. Eso te lo aseguro." Sin salir todavía de mi asombro
le respondí:-"Ya verás que estaré a la altura de lo que quieres y necesitas, eso
también te lo puedo asegurar." –"O.K." – me dijo. Se levantó, abrió el cajón de
un mueble, de allí extrajo un pequeño cofrecito. Lo abrió. Me tenía
terriblemente intrigada. De allí sacó un hermoso anillo de platino con pequeñas
guarniciones de oro, muy delicado y deliciosamente femenino. Por la parte de
adentrp tenía una inscripción: -"Iván y Greta, siempre". Era la segunda vez en
el día que me dejaba turulata. Inclusive había tenido la osadía de adelantarse a
los hechos. –"Este será el símbolo de nuestra unión. No imaginas cuánto deseo
encontrar en ti la mujer que busco y necesito. Lo que estoy haciendo ahora no lo
haría con cualquier mujer, sólo con alguien muy especial. Eres la primera con la
cual hago un compromiso de esta índole". –Cada palabra que decía era como si me
diera un garrotazo. Nuestra relación, al parecer, estaba echando algunas raíces.
Iván podía ser todo lo que quisieran, pero en esto me inspiraba mucha seguridad,
que no iba a jugar conmigo ni menos burlarse de mi condición. Entendía también
que era un hombre desprovisto de prejuicios estúpidos. Si tenía la surte de
llegar a ser su mujer no me tendría escondida. Me llevaría con él a todas
partes, juntos, orgulloso de su pareja. Todo esto me animaba bastante. Era la
oportunidad de mi vida para realizarme definitivamente como mujer. Tomó mi mano
y me colocó el anilllo. No entiendo cómo, pero calzó de manera justa en mi dedo.
–"Espero que no te lo quites nunca" – me dijo En su voz presentí como cierto
temor al fracaso, de a poco el ogro estaba mostrando sus debilidades. Yo me
encargaría que fuera totalmente mío. –"Amor – dije – no tengo nada en este
momento para darte, pero quiero que sepas que te correspondo plenamente y mi
amor te pertenece por entero". Sin pensarlo me abalancé sobre él, ya no me
importaba si se enojaba o no. Me aferré a su cuello y mi boca buscó la suya
desesperadamente. Aceptó la invitación de mis labios. Los entreabrió y mi lengua
se introdujo entre ellos. Cuando ambas se encontraron, fue maravilloso sentir el
roce de ellas, la humedad de ambas.
Luego presionó la mía contra sus labios y
comenzó a succionarla suavemente. Besaba como los dioses y sin darme cuenta de
besadora me convertí en besada. Estaba en la gloria, pero ignoraba todo lo que
me iba a tocar sufrir. Cuando nuestras bocas se separaron me dijo:-"Arréglate
que te llevaré a tu casa". Me decepcioné bastante, ya que me había imaginado la
luna de miel. Mi mente había albergado la idea de pasar la noche con él.. Pero
bueno, ya las cosas estaban mucho mejor que antes. Le dije que deseaba ir al
baño para asearme un poco, quitarme el semen de mi rostro. Su respuesta fue
contundente. Por ningún motivo. Deseaba que me fuera así, como estaba. Me tomó
de la mano y salimos en dirección al auto. Algunas personas con las cuales nos
cruzamos nos miraban con curiosidad que no se preocupaban de disimular. De más
está decir que el centro de atención era yo, con la fachita que andaba y además
con un aspecto de puta que no dejaba duda alguna. A Iván parecía no importarle,
más aún, creo que lo gozaba intensamente. Nos subimos al auto y me llevó a mi
departamento. Antes que me bajara dijo: -"Greta, tengo mucho trabajo. No sé
cuándo podré verte, pero te aseguro que muy luiego tendrás noticias mías". Me
tomó de la mano y casi amenazándome, agregó: -"¡No te olvides que me
perteneces!.- Le dije que no se preocupara. Me bajé y lo perdí de vista.
Los días se iban sucediendo y no tenía ninguna noticia, eso
hacía que la angustia me consumiera. Si no hubiera sido por el anillo que
adornaba mi mano, hubiese creído que todo fue un sueño. Mi primer y último
pensamiento del día era para él. Me vestía pensando si le gustaría verme así y
me desvestía pensando que estaba allí contemplándome. ¿Se acordaba de mí? ¿Le
hacía tanta falta como él a mí? Esperaba que sí. Pasaron quince días. ¡Toda una
eternidad! Un día, había llegado hace poco del trabajo y llaman a la puerta.
Me
sorprendí, pues no esperaba a nadie. Miré por el ojo mágico. Era un chico y a
juzgar por el uniforme de algún servicio de entrega. Abrí, me traia un hermoso
ramo de flores con un sobre pegado en el celofán en que estaban envueltas. Le di
una propina al muchacho, coloqué las flores en un jarrón con agua, las olí. ¡Una
fragancia exqusita! Luego abrí el sobre, saqué la nota que había en él. Era de
Iván y decía: -"Mi amor, esperp que las flores logren aliviar al menos en parte
el dolor de no vernos. Has estado cada segundo y cada momento en mi corazón. Te
espero esta noche. Te enviaré un taxi a las 22:00 horas. Te espero. Un beso.
Iván.".
Miré la hora. Me arreglé rápidamente ya que el taxi llegaría
en cualquier momento. Me condujo a la casa de Iván, la primera. El penthouse.
Después me enteraría que tenía numerosas propiedades. Me recibió en la puerta.
Como siempre estaba magnífico, vestido todo de negro. Me abrazó y me dio un beso
en los labios. Tomaándome del hombro y haciéndome pasar me dijo: -" Te tengo una
pequeña sorpresa". Tomé asiento y me ofreció un trago que no sé de qué estaría
compuesto pero era exquisito. Me hizo ponerme de pie y para sorpresa mía comenzó
a besarme y acariciarme desesperadamente. –"¡Me has hecho tanta falta!" me decía
mientras me desnudaba con inusitada pasión hasta dejarme solo con la tanga. Me
tomó de la mano y me hizo bajar por una escalera, muy disimulada y que no había
visto en mi visita anterior. Bajamos hasta llegar a una sala muy amplia, el
clima era agradable. Miré a mi alrededor y vi una serie de elementos, algunos de
los cuales ya conocía y otros no tenía idea de cual pudiera ser su utilidad.
¡Esa era la sorpresa! Me traía a su sala de sadomasoquismo. –"¿Te gusta?" – me
dijo.
Asentí con la cabeza, más que nada por cortesía. Mis aproximaciones al
sadomasoquismo eran prácticamente nulos. Más todavía, la vista de esos atefactos
me atemorizaban bastante. Me llevó a una parte de la habitación, ,e tomó una
mano, la alzó y cerró un grillete en mi muñeca y luego hizo lo mismo con la
otra. Se le veía feliz haciendo todo esto. Luego colocó dos grilletes en mis
pies los cuales estaban unidos por una barra. Esto dejaba mis piernas levemente
separadas. Se hizo a un lado y tirando de unas especies de poleas, comenzó a
dejar tirantes las cadenas de mis manos. Mis brazos quedaban estirados hasta el
máximo lo cual me producía un pequeño dolor. Luego se arrodilló y comenzó a
girar la vara horizontal que unía a los grilletes de mis pies. A medida que la
iba girando se alargaba separando más y más mis piernas. Llegó un momento en que
no soporté más, estaban separadas hasta lo imposible. Sólo alli se detuvo. Se
acercó y me cubrió los ojos con una venda elástica negra, no podía ver
absolutamente nada. Luego silencio.
No podía saber si la luz estaba encendida o
apagada. Si estaba sola o no. Por otra parte mis brazos alzados comenzaban e
entumecerse y el dolor de mis ingles se hacía más fuerte debido a la desmedida
separación de mis piernas. No podría decir cuánto rato estuve así, pero de
pronto sentí algo que removió todo mi cuerpo, grité desgarrando el silencio que
había. Todos mis miembros se contrajeron lo cual me provocó un fuerte dolor al
tenerlos tan elongados. Quedé tiritando completamente. Había sido Iván quien me
había arrojado un balde de agua fría, muy fría. Allí estaba yo hipando y
tiritando como producto de la reacción ante el agua. Se acercó a mí por detrás y
me dijo al oído: -"¿Qué te pareció, chiquita?" – Nada contesté, porque no podía
ni hablar. Luego agregó: -"Bienvenida al mundo del sadomasoquismo"- luego
silencio absoluto. La temperatura de mi cuerpo estaba volviendo a la normalidad.
Lo incómodo de mi posición se hacía cada vez más insoportable, me mantenía en
pie únicamente por las cadenas que me tenían casi en vilo.
Nuevamente no sé cuánto rato pasó. Sentí pasos. Era Iván. Me
quitó la vensa de los ojos y allí estaba, hermoso y viril como nunca. Una zunga
tan pequeña que apenas podía contener su enorme falo. En las manos tenía un
objeto que, al verlo, supe de inmediato para qué servía. Era un mango negro y
que terminaba en una serie de tiritas del mismo color, de cuero. Se ubicó detrás
de mí y sentí en mis nalgas el poder de ese instrumento. Producía entre una
combinación de dolor, molestia , escozor y placer. Ya se estaba iniciando la
sesión de flagelo. Los golpes se comenzaron a suceder uno tras otro. Luego se
vino por delante de mí y castigaba mis pechos para terminar finalmente en mi
polla. Curiosamente, esta se puso erecta al sentir el primer castigo y se
mantuvo así durante toda la sesión. Iván estaba comenzando a despertar todos mis
malos instintos. El dolor podía ser fuente del placer. Eso y no otra cosa era lo
que me estaba enseñando.
Lo otro que me hizo descubrir es que me encantaba ser
humillada y dominada. Eso me daba la ventaja de hacer lo que quisiera sin sentir
remordimiento alguno ya que lo hacía por "obligación". Cuando consideró que el
castigo era suficiente, bajó un poco la cadena que sostenía mis brazos en alto.
No me había percatado que en la parte superior del techo había todo un ingenioso
sistema de poleas, roldanas y otras cosas que desconocía, pero que imaginaba
facilitaban todos lo caprichos que se le ocurrieran a Iván. –"Te has portado muy
mal este último tiempo, así que tendré que disciplinarte" – rápidamente entendí
el juego y se lo seguí. –"¡Papito lindo! – le contesté- te prometo que de ahora
en adelante seré buenita. Perdóname, cielito". –se notó de inmediato que mi
reacción le agradó. –"Lo siento, chiquita, pero es por tu bien. Verá que después
me lo agradecerás". –"¡Noooo! ¡Te lo imploro! ¡Sólo por esta vez! ¡Haré lo que
tú digas, papá!" le gritaba, le rogaba. Ël se mantenía inflexible. Se ubicó
detrás de mí, me bajó el calzón hasta dejarlo a media pierna. –"¡Prepárate,
zorra! ¡Ahora verás lo que es bueno!" dijo y me dio el primer palmetazo. Sentí
mi trasero arder. Me mordía los labios del dolor. Dos... tres... cuatro...diez
palmetazos. Comencé a gritar como loca pidiendo perdón. Las lágrimas me
comenzaban a brotar. Sentía mi trasero al rojo vivo, pero me gustaba, no lo
podía negar. Así me dio quince palmetazos, mi pobre culo estaba sanguinolento
pero excitada como nunca antes. Después de haberle prometido por todos los
santos que nunca más me volvería a portar mal, me soltó los grilletes de las
manos y los pies. Me sobé las muñecas y los tobillos. Estaba molida y ni hablar
de mi culo, me lo vi por un espejo, estaba en carne viva. No quería pensar
siquiera en sentarme. –"Ven aquí" – me dijo Iván.
Obedecí. Me hizo subir a una
especie de caballete, en cuatro patas como una perra. Me tomó las manos y volvió
a engrillarme, luego los pies. En cuatro patas con las piernas separadas. De un
cajón sacó un vibrador y me lo mostró. –"Te lo comerás enterito" – sentenció.
Por mi posición era una presa fácil. Se acercó, besó mis glúteos sangientos,
bebiendo con su lengua las gotas de sangre, gozando de su sabor como un niño
goloso. –"Mi pobre niña – decía – miren nada más cómo me la dejaron" – yo nada
le decía, pero se quejaba y ronroneba como un gatito. –"¿Quién le hizo esto mi
amor?" – me preguntó. –"Tú" – le contesté. –"Mmmmmm ¿se puede saber por qué?"-
Entonces de la manera más mimosa posible le dije: -"Me castigaste, porque soy
malita". –"Qué bueno que lo reconozcas mi amor" . Y a continuación, de manera
muy delicada me separó las nalgas con sus manos, pero de todas maneras no pude
evitar un grito de dolor. Acercó su rostro y se hundió en medio de mi trasero y
sentí su maravillosa lengua buscando ansiosamente mi anillo del placer.
Lo hacía
de una manera que me enloquecía. Primero pasaba la punta de su lengua por las
orillas de mi ano, lo cual me proporcionaba una especie de cosquilleo tan
deleitosos que me hacía pedir a gritos la penetración. Es increíble lo caliente
que se puede poner una hembra cuando su macho sabe cómo encenderla. Cuando el
instrumentista es virtuoso, es capaz de sacar las más dulces de las melodías ¡y
vaya si no me daba cuenta! Nunca antes un hombre me había tratado de esa manera
y menos enloquecerme hasta lo imposible. Dejaba la vara muy alta, de eso estaba
totalmente convencida, así que no escatimaría esfuerzos por ganarme su afecto.
Yo también quería dejar la vara muy alta, que fuera incapaz de encontrar a
alguien que le diera lo que yo le daba.
Tenía que lograr que me deseara lo más
intensamente posible, hacerle realidad todos sus deseos y caprichos más allá de
cualquier límite. Cuando dio por terminada la acción con su lengua comenzó a
lubricarme con un gel. Para mí eso era un gran avance. Tenía algunas
contemplaciones conmigo. Untó mi ano con mucha delicadeza por los bordes e
internamente llevándome a la gloria. Se dio cuenta de lo que me sucedía y
comenzó a estimularme más, pero cuidando que no llegara al orgasmo. Yo no sabía
cómo hacer para venirme, la desesperación me embargaba y por más que rogaba no
podía obtener su atención. Tomó el consolador que lubricó convenientemente,
después me daría cuenta que no era cualquier consolador. Era eléctrico, no a
batería y aparte de vibrar combinaba con ciertos movimientos circulares cuya
rapidez e intensidad se podían graduar. Comenzó a introducirlo, no le fue
difícil debido al estado de excitación en que me encontraba.
Cuando llegó hasta
el tope lo dejó al máximo de su intensidad. El sentir esa cosa dentro de mí,
moviéndose, me asustó al principio, pero cuando me fui acostumbrando le encontré
el gustito. Me mantenía en una situación de constante placer. Iván se acomodó en
una especie de banqueta roja, en la cual se acostó, quedando su sexo bajo mi
vista. Comenzó a acariciar su pija soberbia, incitándome, provocándome,
haciéndome desearlo cada vez más. Se movía sensualmente y me hablaba y se
quejaba. Hacía el intento de bajarse la zunga y luego se arrepentía, dejándome
con las ganas de ver su pija.
El consolador hacía lo suyo, sentía que mi ano ya
no me obedecía, no podía dominar sus espasmos y luego de un rato, sin poder
evitarlo tuve mi primer orgasmo. El chorro de semen cayó sobre la zunga negra de
Iván, quedando como un lunar blanco. Iván pasó su dedo por él, tratando de
recoger lo más posible y se lo llevó a la boca. Después me premió sacando su
pija y masturbándose delante de mí hasta que se vino, puso especial cuidado en
que el semen quedara depositado en la palma de su mano, se incorporó y me la
acercó para que lo lamiera. Y así como una gatita bebí de su leche fresca y
tibia. Sin decirme nada desapareció de la habitación y apagó la luz. Allí quedé,
sola, en cuatro patas encadenada con un vibrador metido en el culo que me
enloquecía. Un pene eléctrico que no conocía el cansancio. En esa soledad y
oscuridad quedé.
No podría decir cuánto tiempo porque perdí la noción tanto del
tiempo como de los orgasmo que tuve. El cansancio y el agotamiento estaban
haciendo presa de mí, cuando sentí que regresaba y que las luces se prendían. Ea
Iván. Desconectó el vibrador y me lo qitó. Costó un poco, ya que con el tiempo
el lubricante se había secado y al tratar de sacarlo se formaba un vacío que
impedía que se deslizara libremente y me causaba un dolor inmenso. Así que
tuvimos que hacer un esfuerezo mancomunado. Mientras él hacía fuerza para
retirarlo yo le ayudaba pujando lo más posible, como si estuviera pariendo.
Finalmente salió y la sensacion de vacío que me quedó era horrible, como si me
hubieran sacado todo lo de adentro.
Sentía mi culo como si fuera un enorme
túnel. Me soltó las manos y los pies. Todo mi cuerpo estaba adolorido. ¡No valía
un peso! –"¿Qué hora es?" le pregunté –"Las diez de la mañana"- conte