Podríamos quedar en una cafetería y según llegaseis daría un
beso en las mejillas a María y un apreton en tus manos. Nos sentamos todos a la
mesa y nos pedimos algo para tomar y charlar un rato
Entre charlas y risas, llega la hora de salir. Antes
debatimos el plan para la noche, aún a sabiendas que no vamos a respetar ningún
plan. Vamos a un pub muy bonito y confortable. En él estamos otro buen rato
charlando animadamente, aunque esta vez los temas derivan de manera sutil hacia
terrenos más abruptos. El asunto que en realidad nos ocupa es abordado desde
alguna de sus vertientes más básicas hasta llegar al plano sexual.
En ese momento, Jose decide ir al servicio quedando solos por
primera vez María y yo. Cómo parece que no surge conversación animada entre
ambos, me temo lo peor. María me toma de la mano y me dice -¿No creerás que
queremos irnos, tonto?-, le contesté que eso me temía.
Sonriendo me toma la cabeza y me atrae hacia su pecho, como
quien acuna a un bebé. Entonces, aprovechando su ausencia, le pregunto por su
marido. Me cuenta que se querían mucho pero empezaban a caer en la rutina, que
habían estado fantaseando mucho tiempo con un trío, sopesando todas las
opciones, y que, al final, mi primera respuesta les había atraido. Le confieso
que me he empezado a masturbar con vibradores pero con una introducción muy
corta. Le sorprende más lo segundo, pero es que ella no esta muy decidida a eso
de los intercambios.
Llega Jose y seguimos charlando los tres, ahora más
distendidos y entrando cada vez en confesiones más íntimas de cualquiera de
nosotros. Cuando lleguo a la mesa, observo que tú y María os habéis acercado y
os estáis acariciando.
María me invita a sentarme a su lado y queda prisionera entre
los dos. Entonces me doy cuenta que una de las manos de Jose revoloteaba bajo la
falda de María. Sin palabras me invita a acompañarle y acerco mi mano a la
fuente de calor intenso en que se había convertido aquel coño. Tú retiras la
tuya rápidamente para ocultarla bajo la leve blusa que viste María en busca de
sus pechos. Mientras os besáis como posesos, pajeaó rápidamente a María buscando
su clítoris con mis dedos. Decidimos marcharnos pero María no esta dispuesta a
irse de allí sin su primer regalo y así se corre con unos débiles jadeos,
afuortunadamente acallados por la música del local.
Llegamos enseguida al coche y nos dirigimos hacia mi
apartamento. No esta lejos, pero el corto trayecto da tiempo a María a tu polla
de entre tus pantalones. Lo hace más para que yo lo vea que para hacerle algo
ella, ya que casi no mueve su mano. Al natural me parece más bonito aún que en
foto. Incluso en la oscuridad del vehículo, puedo apreciar su mediano pero
interesante tamaño, su precioso glande,
Viendo María que no perdía detalle de cuanto me ofrecía, toma
la polla por la punta y alcanzo a ver sus grandes huevos peludos. Me entran
ganas de decirle que detanga el coche y probar aquella maravilla allí mismo,
pero me contengo hasta llegar.
Subimos enseguida a la habitación nada más entrar me voy al
baño. Cojo una bolsa de viaje y me encierro en el cuarto de baño. María y tu os
quedais solos ante la cama sonriendo tontamente hasta que ella empieza a
desnudarse. Con un gesto te indica que la imites y en poco tiempo estáis los dos
sólo con la ropa interior.
Jugais a acariciaros por encima de la ropa con la boca.
Entre caricias y lametones os vais poniendo cada vez más
cachondos, pensando ya en la perspectiva de la noche que se avecina.
Al poco rato, Jose siente una mano acariciando dulcemente su
espalda, y bajando hasta su trasero. Se dá la vuelta y !sorpresa¡. Soy yo y
además he dado un cambio radical. Llevo un top rosa diminuto, unas medias de
encaje sujetas por un liguero elástico. En medio de todo esto, una polla que no
coje en el tanguita y te apunta descarado. María te indica que te lances a mi y
beses mi capullo. El resto ......................