Me encanta el sexo anal, a mi amante también, yo sé que la
parte de la anatomía femenina que más le gusta es definitivamente el culo,
aunque disfruta y admira el cuerpo de mujer en su totalidad.
Perdí mi virginidad anal el mismo día del primer encuentro
con mi amante. El se encargó de prepararme mental y físicamente para ello, y el
resultado fué una experiencia placentera, la cual hemos repetido infinidad de
veces.
Ya mi cuerpo responde tan bien a las caricias de mi hombre,
que no hace falta que me dilate, ni que trate con delicadeza mi huequito, este
se amolda a su sexo, a su lengua y sus caricias de una manera especial. Me
enloquece la sensación de penetración completa, de invasión divina, de sumisión
y goce que acompaña a estas sesiones, sentir la fricción de su miembro
adentrándose profundamente en mis entrañas, sentir todo su cuerpo disfrutando
con el mío es perversamente placentero, extremo.
En ésta ocasión, estábamos llegando de la playa a la
habitación, quemados por el sol, llenos de arena. Nos daríamos una ducha y
descansaríamos un poco para luego arreglarnos para la cena y unos tragos.
Al quitarme el traje de baño, noté que estaba llena de arena,
el canal que separaba mis nalgas, parecía haberse traído la playa consigo.
- quien te manda a tener esas nalgas tan apretadas me dijo mi
hombre sonriendo mientras entrábamos a la ducha. Agarrando mis nalgas con sus
manos, dio un apretón que hizo que toda la arena cayera al suelo, entre risas y
caricias nos duchamos.
Bañarnos juntos, ese es uno de mis momentos preferidos porque
nos dedicamos uno al otro en caricias dulces y cuidados completos. A pesar de su
altura, me las arreglo para enjabonarlo con mucho cuidado de pies a cabeza,
disfrutando cada pedacito de su cuerpo, a veces, lamiendo el agua sobre su piel.
Hacer de algo tan cotidiano como una ducha, un oasis de sensualidad ligera y
cómplice es algo que ambos disfrutamos.
Cuándo Mi macho me baña, lo hace como quien se encarga de una
niña, enjabonándome también de pies a cabeza. Además de lo dulce siempre está lo
sensual de las caricias húmedas en las partes más intimas, el énfasis en
enjabonar, acariciar y enjuagar mis tetas, mi sexo y mis nalgas, le gusta contra
la pared y penetrarme solo por instantes, lo que hace de la ducha un juego
delicioso.
-Sabes? Quiero que me partas el culo. Le dije mientras sentía
sus manos entre mis nalgas.
- Que divino mi puta, tu pides y te complazco, tanto que
cuando regreses mañana a tu casa, te dolerá ese culo y pensaras en mi, en tu
macho.
-mmmmmm...Que divino , me gusta sentirte así.
Salimos de la ducha entre besos y gemidos, lo que venía me
ponía a volar de la excitación. Medio mojados todavía, me alzó en un abrazo y me
tiró sobre la cama, moviéndose luego en cuatro hacia mí como un animal buscando
a su presa. Rugía suavemente en mi oído mientras su lengua se metía mojando mi
oreja. Me volteó abriendo mis nalgas y mamando solo brevemente mi culito.
- Te voy a violar ese culo puta, quiero que pongas
resistencia, hazte la dura , te lo ordeno perra.
Esto me descontroló por segundos, mi disposición es completa,
pero también lo es agregar nuevos ingredientes al juego sexual, así que
cambiaron las reglas.
-Te voy a partir el culo puta de mierda, siguió mientras me
tomaba por la cintura.
Salte de sus brazos contestándole - No, No quiero no joda.¡
Me voy!
En un movimiento bajé de la cama diciéndole que me vestiría
para salir, que no quería que me tocara. Antes de que pudiera dar un paso más,
saltó enfrentándome. La diferencia en estatura es más que notable y sin importar
cuanto pataleé y mordí sus brazos, solo conseguí una taquicardia tremenda. Me
pegó a su cuerpo en un abrazo que me dejaba si aire, solo podía mover las
piernas, por más que tratara, no logré desprenderme de él. Me sometía en una
forma salvaje, que nunca antes había sentido, sentía sus manos y brazos
apretándome hasta hacerme doler la piel.
Me colocó boca abajo en la cama, agarrando mis muñecas sobre
mi cabeza solo con una mano, con la otra, me daba unas nalgadas que hacían que
mi piel ardiera. Me decía:
- Quédate quieta ya puta, lo que vas a conseguir es que te
duela más la violada.
-Pórtate bien y te suelto perra, no grites que no quiero
quejas del hotel.
Me soltó suavemente a lo que contesté volteándome, saltando
como un resorte traté de salir de la cama otra vez. Esta vez me cruzó el rostro
con una cachetada, no muy dura pero suficiente como para ponerme a pensar si
quería otra o me tranquilizaba. Yo estaba descontrolada y tremendamente
excitada. Levanté mi mano para devolverle el golpe, algo que jamás haría en
condiciones normales, pero el me aferró la mano volviéndome a someter. Esta vez
me dolió la muñeca, me veía a los ojos con una mirada distinta, inquietante.
-Quieta te dije, coño!.
Llevando mi cuerpo hacia la pared de la cabecera, como si
fuera una muñeca, me colocó con las palmas hacia ella , piernas abiertas, como
si de un cateo policial se tratara. Con un brazo me inmovilizó mientras su mano
se metía entre mis piernas acariciando mi sexo mojado y mi culo.
Sabía que era un juego pero las lagrimas rodaban por mi piel
que ardía de excitación. La mezcla de adrenalina y expectativa me tenía al borde
-Te voy a violar y estas mojada, como serás de puta, vamos a
ver si me dejas entrar, dijo en el momento que apoyaba la cabeza de su guevo en
mi culito.
Comenzó a empujar y yo a apretar mi esfínter tratando de
impedirle la entrada. Eso no duró mucho ya que el dolor era más de lo que yo
podía aguantar, así que cedí poco a poco diciéndole- NOOO NOOO coño de tu
madre!! Me vas a partir el culo!!
Metió todo su miembro en mí, me ardía todo por dentro por la
falta de lubricación, ésta sensación nunca la había sentido porque él es siempre
cuidadoso. A su vez, el placer unido a la excitación del juego tomaba mi cuerpo
por asalto. A los pocos minutos, mis palabras no coincidían con lo que sentía
mientras su guevo entraba y salía de mi culo con un ritmo constante, rápido,
fuerte. Las sensaciones que subían desde mi interior por mi espalda y terminaban
en fogonazos orgámicos que se repetían.
-Perro maldito.......mmmmmm.....coño de
madre......mmmmmm.......Lograba decir con la voz entrecortaba.
-Y tu puta sucia, te dije que te dominaría perra, me
contestaba él mientras mordía mi cuello.
Perdía el balance en esa posición por la fuerza de sus
embates. Sentía como su cuerpo completo chocaba contra el mío mientras sus
caderas parecían adheridas a mis nalgas. Yo gemía, casi lloraba pidiéndole
descanso. Él inclemente se abrazaba a mí sacándome el aire, haciendo que
sintiera cada centímetro de su penetración. Finalmente cedió, poco a poco me
soltó, sin deshacer el contacto de piel completamente.
Salió de mí y me acostó en la cama, ya mi resistencia se
había perdido pero no la excitación de los dos. Boca abajo en la cama, con una
almohada bajo mi vientre, me volvió a penetrar, ésta vez de un solo empujón lo
que me hizo gritar. Sentía plenamente su sexo llenándome ayudado ahora por su
peso que caía controlado sobre mi cuerpo. Mi culito se abría para él en cada
embestida, sentía su cuerpo sobre mi espalda y su respiración agitada en mi nuca
mientras se deleitaba sodomizándome. No podía negar que el placer para mí era
máximo, aun así, acababa silenciosamente delatándome solo por las contracciones
involuntarias del orgasmo.
Se levantó saliendo de mi cuerpo yo quedé tendida en cama
bañada en su sudor y el mío. Sacó de sus cosas un gel lubricante, abriendo mis
nalgas, dejó caer un poco sobre mi culo, no lo entendí en ese momento, yo ya
estaba disfrutando de su sexo sin problemas. Sin decir palabra, comenzó a
introducir un dedo, dos, tres, los hacia vibrar un poco, les da vueltas. Lo
sentí penetrándome más intensamente, de una forma que antes no había sentido. En
ese momento un orgasmo se desencadenó violentamente ante lo cuál lo aprecié más
dentro de mí, pero distinto, una sensación dura y fría. Le pregunté que hacía,
no podía verlo por la posición. Me mostró entonces una botellita de agua
mineral, la cual rotaba introduciéndola delicadamente en mi culo para hacerla
entrar casi completa. La movía, la hundía en mí hasta hacerme gemir, yo solo
estaba atenta al placer y a su mirada. Disfrutando esta sensación nueva para mí,
disfrutando el morbo que le producía a mi hombre violarme de esa manera.
Ahora, retirándose de mí, se acostó boca arriba en la cama,
colocando su cabeza cómodamente sobre las almohadas.
-Móntate tú mi puta divina, te toca a ti, siempre por el culo
Bebé.
Su tono había cambiado, pero no su excitación ni la mía así
que lo cabalgué. Agarrando su miembro, lo apoyé en mi culo y me senté sobre él
deslizándolo rápidamente dentro de mí. Ya tenía mi huequito tan dilatado y
lubricado que a pesar de su tamaño, entro como pez al agua, nadando en mi
interior.
Me movía sobre él, haciéndolo salir casi completamente y
luego entrar de un solo empujón, así pasamos un rato para luego voltearme
dándole la espalda.
Mi culito estaba resentido, pero el trance de la excitación
era mucho más fuerte, disfrutaba la situación. Sentía el sudor bajar por mi
pecho, rodando entre mis tetas. Seguía el vaivén de mis caderas sobre su pubis,
enterrando su sexo en mi con violencia.
Ya me dolían las piernas, no podía más, caí a su lado
agotada, su erección seguía potente a pesar del tiempo que teníamos en ésta
tirada.
Cerré los ojos mientras escuchaba sus palabras.
- No te vas a quedar atrás ahora, vamos vida, mírame.
Me besó en la boca suavemente, metió su lengua bordeando mis
dientes, luego beso solo mis labios mojándolos con su lengua. Esta supuesta
violada estaba tornándose dulce pensé sonreída. Él pareció leer mi mente a lo
cual respondió abriendo mis piernas con sus rodillas, levantando mis nalgas para
volver a penetrar mi culo en esa posición, boca arriba. Mi cuca sentía los roces
de su cuerpo y reaccionaba con corrientazos de placer. Traté de llevar mi mano
hasta ella para tocar mi clítoris pero mi macho la quitó diciéndome que no, que
no era el momento. Ella solita consiguió sus orgasmos, intercalados con la
potencia de los anales. Me sentía morir de placer. No perdí nunca el contacto
visual con mi hombre, su mirada clavada en la mía, su expresión, sus labios.
Poco a poco lo sentí acercándose al final. El ritmo acelerado
de su respiración acompañaba a sus palabras que me anunciaban la llegada al
orgasmo compartido. Sentí su esencia llenándome por dentro, calmando mi morbo
como sedante mágico.
Un descanso merecido, mucha agua para beber y otra ducha
conciliadora fueron necesarias para ponernos a tono y salir a cenar. Estábamos
los dos con la piel ardida por el sol y las caricias, pero satisfechos.
Sentados en el restaurante, disfrutamos de la cena y un buen
vino. Mi mente volvía a esos momentos recién vividos y olas de calor subían
desde mi pecho hasta mi rostro. Se notaba, lo sabía porque él me miraba con
expresión pícara. Reía mientras me acariciaba con suavidad.
-Te duele? Me preguntó.
- Me duele un poco, pero me gusta, me gustas.
Ya por este viaje quedó fuera de circulación mi culito, solo
para ver y tocar, nada de sexo...hasta la próxima vez...por supuesto.