Ella se sentó en la silla justo enfrente del despacho de su
jefe. No se dio prisa en sentarse y cruzó sus piernas elegantemente. Por
supuesto, llevaba una minifalda estrecha y relativamente corta. Sus largas
piernas quedaban expuestas para ser admiradas.
Él la observó complacido, inspeccionándola de arriba abajo.
Finge volver a prestar atención a unos papeles. Pasados unos segundos, los
aparta y le pregunta acerca de su estado de salud, el cual confirma que había
mejorado en pocos días tras las temperaturas que se habían dado. Todo parece una
conversación más en el despacho del "jefe", porque siempre reinaba una cierta
tensión en el aire y nerviosismo. Sin embargo, él, de repente, parece ponerse
mas tenso y serio de lo habitual, y comienza diciendo:
- Bueno..., quería hablar contigo acerca de un tema del que
estoy preocupado. Quiero pedirte que seas comprensiva y no te molestes conmigo,
.... voy a ser totalmente sincero. Veras, ... he estado escuchando algunas de
tus conversaciones, lo cual sé que no debería haber hecho, pero debes también
entender que se trataba de mi obligación.
- ¿Su obligación?
- Sí, es de mi incumbencia controlar el trabajo de mis
empleados, otra cosa no me permitiría saber si están haciéndolo bien o mal.
- ¿Pero se trata de conversaciones privadas?
- Entiendo que si las haces en el trabajo y si además tu
trabajo consiste en hablar por teléfono, deben estar sometidas a control por
parte de tus superiores, por lo que no son del todo privadas.
- ¿Pero a mí nunca se me ha dicho que mis conversaciones
podían ser escuchadas?.
- Pues debería habérsete informado; siento se haya pasado eso
por alto en tu caso. Pero puedes preguntarles a tus compañeras, todas saben que
se controla lo que hablan.
- En fin, lo que quería decirte es que...bueno ...creo que
haces muy bien tu trabajo; ... demasiado bien, debería decir.
- Bueno, no sé si tengo que tomármelo como un cumplido.
- Claro que si, lo haces muy bien, te felicito.
- Gracias.
- Pues eso,... creo que lo haces muy bien y ahora te escucho
solo por placer.
También tienes una voz muy agradable.
- Me alegro que le guste.
- Tengo que hacerte una pregunta, tengo curiosidad. No
interpretas ningún papel cuando trabajas, ¿verdad?. Eres tú misma.
- Si, así es.
- Lo sabía, sabia que era imposible que estuvieras fingiendo.
- Bueno, en honor a la verdad es que no siempre me lo paso
bien, algunas veces tengo que sobreactuar y otras fingir del todo.
- En cualquier caso, en todas eres buenísima.
- Gracias otra vez.
- ¿Puedo seguir preguntando?
- A ver.
- ¿Disfrutas mucho?
- Pues si, es irremediable, imaginando lo que se imagina...
- Pero te quedarás con las ganas de hacerlo de verdad, ¿no?.
- En ese momento, si, pero cuando terminas la jornada
necesitas un poco de reactivación para proseguir. No sé si me entiendes.
- Claro que lo entiendo. Y... podrías decirme si te tocas
cuando lo haces.
- No siempre, algunas veces sí, por eso pedí una habitación
privada.
- Ufff... como me gustaría verte...
Tras su sonrisa, no pudo resistirse a seguir preguntando.
- Y ...¿qué usas para hacerlo?; ¿los dedos?.
- Sí. Y mi imaginación.
- Lo sé, sé que tienes una imaginación muy especial para el
sexo. Me encantan tus fantasías.
- No todas son mías, ten en cuenta que los clientes ponen
mucho de su cosecha y ellos son los que piden y...mandan.
- Pero ¿no me negaras que la mayor parte de las fantasías de
las que hablas te gustan?.
- Claro que sí. Casi todas me entusiasman. Solo unas pocas ni
me van ni me vienen. Y hasta ahora no ha habido ninguna que me haya desagradado.
- Y si no estas sola, porque tienes que compartir habitación
con alguna compañera, ¿también te tocas delante de ella?.
- No. Solo en una ocasión con una chica que vino nueva. Ella
lo hacia y me excitó mucho. Al final terminamos liadas las dos.
- Vaya, eso no lo sabia. Lastima que me perdí las
conversaciones de esa noche.
Y cuando estás con otra compañera con la que no lo has hecho,
debes sentirte en todo caso muy mojada, ¿no?.
- Efectivamente, muy mojada. Casi como lo estoy ahora.
Algunas veces he llegado a mojar la falda, porque no suelo llevar bragas.
En ese momento descruza las piernas y deja ver en la sombra
su sexo, dándose cuenta él, inmediatamente, de que efectivamente no había ropa
interior. Su mirada no puede dejar de centrarse en ese hueco y ella siente su
excitación, a la vez que centra todos sus sentidos en esa parte de su cuerpo la
cual observan con deseo tangible.
- Y ¿cuál es la fantasía que me ha escuchado que más le ha
excitado?
- La verdad es que la mejor es aquella en que te insultan
llamándote "puta" y te usan como tal. Y creo que esa es la que más te gusta a ti
también, la que mas te pone. Ya te he dicho que te he escuchado muchas veces;
cuando te insultan y tratan como una puta es cuando te vuelves loca y pierdes
los estribos.
- Sí, es cierto que es una de las cosas que mas me excitan.
Me alegro de que compartamos gustos.
A lo largo de la conversación, el Sr. Arkin experimentaba un
incremento paulatino y desorbitado de su excitación. Notaba claramente como su
poya luchaba con la bragueta de su pantalón reclamando un espacio del que
carecía. Deseaba cada vez con más fuerza poder sentir a la mujer que se le
estaba insinuando a tan sólo unos centímetros de distancia, poder acariciar esos
pezones que se endurecían delante de sus ojos y comprobar el estado de humedad
de ese coñito; debía de estar muy, muy húmedo.
Ella podía percibir claramente los deseos de su jefe y, por
supuesto, también quería disfrutar con él. Sentía su coño muy mojado, ansioso
por que lo penetraran hasta el fondo. Tampoco llevaba sujetador, por lo que era
consciente de que sus pezones duros por la lascivia, se transparentaban y
señalaban a través su blusa. Eso la excitaba aún más, percibir su mirada en sus
tetas ardiendo.
Se hizo un silencio entre los dos. Lorna pensó que tenía que
llevar un poco la iniciativa, eso le gustaba y pensaba que también le
complacería a él. Decidió no apartar sus ojos de su futuro amante, mientras se
incorporaba un poco en la silla para situar sus piernas sobre los reposa-brazos,
primero una y después otra, hasta quedar completamente abierta de piernas
exhibiendo su coño como si de un gran tesoro se tratara. Pudo ver cómo en la
expresión de su jefe aumentaba el calor y, acto seguido, parecía llevarse la
mano hacia la bragueta. Notó también como esa parte de su cuerpo se movía
sospechosamente e intuyó, después, que ese miembro era liberado al desabrocharse
la cremallera del pantalón. Entonces, el Sr. Arkin se reclinó en su sillón y lo
desplazó hacia atrás, de tal forma que su observadora viciosa pudiera admirar
con claridad la polla que tenía entre sus manos. Tras observar el grado de
complacencia en la cara de su putita, le preguntó si era de su gusto, a lo que
ella asintió efusivamente y no pudo contener llevarse la mano a su clítoris y
labios para masturbarse de forma suave, queriendo reprimir todavía todo ese
placer que presentía iba a comenzar a sentir porque ya empezaba a hacerlo.
- Puedo ver que estas muy cachonda, lo tienes muy mojado.
Seguro que estás deseando que te follen, ¿a qué sí?. Pues ahora te voy a meter
mi polla en tu coño, ahora vas a correrte de placer cuando te la meta y te la
mueva un poquito. Verás como te corres, zorrita.
Se fue hacia ella, con la mano en la polla masturbándosela, y
la obligó a que se sentara en la mesa, le subió hasta la cintura la falda y la
abrió bien de piernas; Lorna se reclinó levemente para poder abrir aún más sus
piernas y recibir toda esa polla en su coño, la cual no podía dejar de tocar y
mirar anhelándola. Él se arrodilló en el suelo y comenzó a acercar su boca hasta
su sexo, primero caricias con los labios y la lengua en su ingle; cada vez más
cerca su boca de su coño, sin llegar a penas a rozarla, lo que hacía que ella se
estremeciera de deseo, de ganas ardientes de que lo hiciera, de que la tocara,
.... Cuando lo hace, el placer empieza a recorrer todo su cuerpo. Le come el
coño con pasión y suavidad, la hace sentir en el cielo.
Entonces, él deja de comérselo y se levanta..., coge la polla
entre sus manos, dura y desafiante, y le dice:
- Prepárate, te la voy a meter ya, no puedo contenerme, voy a
atravesarte ese coño de putita que tienes, estas muy caliente, zorra, y te lo
mereces.
En ese momento Lorna imagina su polla entrando en su coño, y
se deshace de emoción, de deseo. Efectivamente, la penetra de un golpe hasta el
fondo, hasta muy dentro de ella, de una forma un poco violenta, tanto que le
dolía a la vez que este dolor le suponía mayor placer. Empezó a moverse rápido
dentro de ella, notaba como su coño iba a correrse, ya no podía aguantar, pero
sentía tanto gusto que se resistía a correrse para no dejar de sentir lo que
experimentaba en esos momentos, así que aguantaba, contenía su orgasmo que
peleaba por aparecer, y eso le proporcionaba cada vez más gozo. Su pervertido
jefe seguía sacándosela y metiéndosela impetuosamente, y ella trataba una y otra
vez de contener su propio orgasmo, lo cual lograba, porque además sentía que se
hacía pipi, y eso le inhibía la corrida y con ello, más placer, y gozar más rato
antes de correrse. Después de muchas embestidas de su amante, seguía sin
correrse o, mejor podría decirse, seguía en una corrida interminable.
Sentirla era contagiarse de ese placer y explotar con ella;
tampoco pudo aguantar más y la llenó de su semen, y la zorrita disfrutó de esa
corrida tan espectacular que le había llenado entero su coño de leche. Gimió y
frunció su cara cuando se corría de tal modo que no pudo ocultar todo lo que
había disfrutado. Tras salir de su orgasmo, se quedó mirándola y la consoló
diciéndole que era una gran puta, que le había hecho pasar un buen rato. El Sr.
Arkin pretendió insinuar que todo había terminado, lo que a ella parecía
desagradarle. Pero pasados unos segundos, él le explicó que sabía que era una
zorra de verdad y que tenía más ganas de follar, que no se preocupara porque
había pensado en otras cosas para complacerla.
Se acercó al primer cajón de su escritorio y cogió un
consolador bastante grande, con una manita para frotar el clítoris y otra polla
pequeñita para el culo. Se lo mostró, orgulloso de su posesión, y le explicó que
lo tenía allí para las putitas como ella que necesitaban pollas a todo momento.
Por supuesto que cambió la expresión de la cara de Lorna,
aquel invento parecía que podía darle mucho gustito.
- A ver, tiéndete bien en la mesa, a lo largo y abre bien las
piernas. Te voy a meter primero esta polla grande por tu coño. Así,... hasta el
fondo, bien dentro,... que te duela un poquito, puerca... Así,... qué bien,
putita, ... cómo la disfrutas.
Y ahora vamos a probar esta manita en tu clítoris. Ufff...,
que bien..., así..., te gusta, ¿eh?... Tócate tú también si quieres, puta.
Estas muy cachonda, zorra, te vas a correr,.... ya no puedes
aguantar más, ¿verdad, putita?.
Mmmm.............
Y, por último, esta pollita pequeña en tu culo. Así.....;
así..... ¡cómo te gusta!, ¡cómo lo mojas todo!; mmm......; me gusta,.... Me
gusta que te guste, que seas tan guarra, ... uuummm.....
Ya sí que no puedes reprimirte, se va a ir tu orgasmo junto
con todo tu pipí, con toda tu meada. Seguro que sí .... Quiero verlo .... Eso
es, ... así, ....así,..., correte, .... correte, ¡puta!.
Cuando explotó de placer, efectivamente se meó encima,
incontroladamente, sintió como se había corrido a la vez por su vagina, por su
culo y por su clítoris. La sensación que embargaba su cuerpo era indescriptible,
la que nos sorprende a todos tras una buena corrida. La piel la tenía de carne
de gallina, sus pezones erectos, su coño hinchado de sentidos, y todavía seguía
gimiendo.