Sometiendo a mi compañera de trabajo (2)
-¿Así que hasta mañana a mediodía no tienes que estar de
vuelta en casa?
La sonrío pero a ella esa sonrisa no parece tranquilizarla.
Tampoco lo pretendo. Quizás si hubiese tenido un espejo a mano me habría dado de
que mi sonrisa no es tranquilizadora en absoluto. Cuando se me presenta una
nueva sumisa (y mas aun si es novata… mas aun si se trata de alguien como
"ella)), no soy capaz de controlar mis rasgos faciales. Controlar los rasgos
faciales es tan difícil como controlar tus ganas de dominar o tus necesidades de
sentirte poderoso. Simplemente sucede. Y mis músculos faciales ante una sumisa
convierten mi rostro en algo demoníaco. Nada tranquilizador. Y ella lo ha
advertido. Ahora su temblor es real. Tan real como su desnudez o su miedo.
-¿Cómo te llamas? –le pregunto
-Ya sabes como me llamo.
Cierro mi mano y se la muestro, ella entorna los ojos y me
dice su nombre. Pero no es suficiente, la cojo del pelo y le doy un estirón que
la hace perder el equilibrio, cae al suelo.
-Mi nombre es AMO –le digo zarandeando su cabeza- ese es mi
nombre. Mi nombre para ti no es "Ricard", ni tampoco "señor", ni aun menos "tu",
mi nombre es simplemente "AMO"
-Si AMO.
La arrastro del pelo hasta uno de los retretes, abro la
puerta y le meto la cabeza dentro de la taza del lavabo. Ella se resiste pero es
pequeña y no tiene tanta fuerza como yo. Esta desnuda e indefensa. Pero eso no
es lo que le preocupa.
Tiro de la cadena y su cabeza queda empapada de agua.
Entonces la libero y ella inmediatamente se da la vuelta y me mira. Su pelo esta
mojado, su maquillaje se ha corrido. Su mirada es desafiante. Acerco mi cara a
ella y la miro directamente a los ojos.
-¿Tienes algo que decir? –la pregunto.
-No AMO.
-Levántate.
Ella se levanta y se queda frente a mi, mirando al suelo, el
agua que moja su cabeza comienza a resbalar por sus hombros, por sus pechos. Sus
pezones están erectos. Cojo uno entre el índice y el pulgar y lo aprieto con
fuerza, ella se retuerce pero no se retira. He soñado durante muchas noches con
castigar esos pezones y ahora los tengo entre mis dedos, erectos e inflados.
-Siéntate en el lavabo.
Ella obedece.
-Mea –la ordeno.
Ella lo intenta pero no puede. Es normal, el miedo y la vergüenza atenazan su
vejiga. Entonces bajo mi cremallera, me saco la polla y comienzo a mearla en los
pechos. Ella se tapa la cara y parte de mis orines van a parar a sus manos y su
pelo. Cuando por fin dejo de mear ella retira las manos de la cara.
-¿Por qué has hecho eso? -la pregunto.
-Me da asco.
-¿Asco? Soy yo, tu AMO. No hay asco. Límpiame la polla con la
lengua.
Le acerco mi polla flácida a su boca. Ella abre la boca y se
la mete torpemente, no la esta limpiando, se limita a mantenerla dentro de su
boca, aunque mi polla comienza a crecer poco a poco.
-He dicho "limpia" –le repito- utiliza tu lengua.
Ella comienza a lamer mi polla con la misa torpeza con la que
ha hecho todo hasta ese momento. Quizás necesita un poco de "motivación".
Retiro mi polla de su boca, la levanto del lavabo, le doy la
vuelta y abro su culo con ambas manos. Ella se resiste.
-Eso no –suplica- por favor.
Le doy un puñetazo en uno de los omoplatos que la obliga a
arrodillarse dejándome su culo en pompa. Lo vuelvo a abrir y meto un dedo de
golpe dentro de su ano. Ella se queja y comienza a revolverse pero con el brazo
libre la rodeo por el cuello y comienzo a sodomizarla con mis dedos. Primero un
dedo, luego dos, finalmente tres, hasta que noto algo liquido. Miro mi mano,
esta manchada de algo marrón, quizás se ha ido de vientre. Suele ser normal la
primeras veces cuando se relajan para intentar que no les duela.
Entonces retiro los dedos y pongo la punta de mi pene en su
culo.
-Te lo suplico –me dice casi llorando –ya basta.
-¿Ya basta? Prueba esto.
Y al acabar la frase le clavo mi polla en su ano hasta los
cojones, ella lanza un grito y se arquea, sus manos se aferran a las paredes
intentando encontrar un punto de apoyo, esta arrodillada, sodomizada, humillada.
¿Para que diablos necesita un punto de apoyo?
Entonces escucho una puerta que se abre a nuestras espaldas…
(continuará)